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Lo que más me gusta son los monstruos, de Emil Ferris

lo que mas me

lo que mas meVaya papeleta hacer esta reseña. Es una de esas que cuesta; que no sabes qué decir porque, inevitablemente, digas lo que digas, te vas a quedar corto. Pero mucho, además.

Y el caso es que lo veía venir. Lo barruntaba. Es de las veces en las que la intuición acierta cuando te dice “síguele la pista a ese libro/cómic/autor…” Pero es que además, medios entendidos, de los entendidos de verdad, no de los de la fajita, aseguraban que este iba a ser uno de los cómics del año. Y no se han equivocado.

De primeras lo que llama la atención, aparte de la espectacular portada en la que se ve el trazo de los lápices de colores, es el tamaño. El cómic en cuestión es todo un señor tocho. 432 páginas. 432 páginas que imitan la apariencia de un cuaderno de los de espiral, con línea de margen roja a la izquierda y líneas horizontales azules separadas aproximadamente un centímetro. Y es así porque lo que vamos a leer es el diario de una niña escrito en ese cuaderno. El diario de una niña de 10 años, Karen Reyes, en el Chicago de los años 60. Una niña muy peculiar, pues le encantan los monstruos (Drácula, Frankenstein, El hombre invisible…), el cine de serie B, los cómics de su hermano y dibujar. Ella misma se cree una niña-lobo y como tal se dibuja en su diario, además de con un sombrero y una gabardina de detective. ¿De detective? Sí, porque va a investigar un asesinato: el de su hermosa vecina de arriba, Anka Silverberg, superviviente del Holocausto. La policía dice que ha sido un suicidio, pero ella no lo cree.

Karen comenzará una  investigación en torno a ella y Emil Ferris nos contará con pasmosa habilidad tanto la historia de la fallecida como la vida de nuestra niña protagonista, enmarcada esta última en el contexto de una familia cuyo padre huyó, una madre enferma, un hermano que guarda un secreto y tiene todos los billetes para ir a Vietnam, y unos vecinos, –entre los que se encuentra el casero y a la vez jefe mafioso–, a cual más extraño.

Pero además, las “rarezas” de Karen no facilitan su día a día: en el colegio la llaman rara, sucia, ridícula y su mejor amiga, víctima de la presión social y el qué dirán la abandona por el grupo de las guays.

Así pues, la vida de Karen, no lo olvidemos, una niña de solo 10 años, va a estar llena no solo de sus monstruos imaginarios, sino que por desgracia también de monstruos propios presentes en su día a día en forma de racismo (disturbios raciales, asesinato de Luther King,…), homofobia, acoso escolar, enfermedad… y estos, a su vez, van a entremezclarse con gran destreza con los monstruos ajenos del pasado que irá descubriendo a medida que avance en la investigación de la sospechosa muerte de su vecina.

El apartado visual es demoledor. No hay viñetas al uso, hay una variedad de técnicas y estilos, dibujos e ilustraciones que conforman un tomo como nunca antes había visto. Un tomo potentísimo, brutal y me quedo muy corto, repito. Es para verlo. Es algo rompedor que hará gozar a ilustradores, dibujantes y a todos aquellos lectores que disfruten de un buen dibujo, a veces ortodoxo y otras no tanto, pero siempre cien por cien disfrutable.

Además, hay algo que quiero resaltar, que me parece importante y que es algo parecido a lo que conté del dibujante de Black Hammer, Dean Ormston. Y es que la autora, Emil Ferris, contrajo en 2001 el virus del Nilo Occidental, que aparte de derivar en meningitis y afasia, la dejaron paralizada de cintura para abajo y perdió la movilidad de la mano derecha, con la que dibujaba. Tras un largo periodo de rehabilitación y diez años después consiguió terminar el libro y Sony ya ha adquirido los derechos de adaptación al cine bajo la dirección de Sam Mendes. No obstante, creo que es una obra puramente comiquera y, llevada al cine, difícilmente causará el impacto que provoca cuando uno pasea la vista por sus páginas.

Para terminar decir que pensaba que este Lo que más me gusta son los monstruos contenía la historia completa, pero resulta que no, que esta es solo la primera parte y que pronto podremos disfrutar con la segunda. Y esperemos que sea muy pronto, porque este número acaba con un cliffhanger de aúpa.

Lo que más me gusta son los monstruos es el cómic que debes leer si solo vas a leer un cómic este año, si no has leído nunca ninguno y quieres animarte a hacerlo, si te gusta una buena historia, fluida pero también con múltiples tramas oscuras, personajes bien definidos y situaciones creíbles y excelentemente ambientadas.

Una bomba visual acojonante.

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El árbol de las historias, de Eulàlia Canal

El árbol de las historias

El árbol de las historias¿Os imagináis que un día la prensa anuncia que las bibliotecas van a desparecer?  Y no sólo eso, además, los libros van a ser reemplazados por cápsulas de lecturas. Con tan sólo tomar una pastilla, habremos “ingerido” el libro y no habrá necesidad de leerlo. Supongo que, en algunos casos, tiene sus ventajas. Se me ocurren algunos tostones que hubiera ingerido gustosamente. Pero no, ni con esas. ¿Qué haríamos entonces sin la magia de los libros? Yo, sinceramente, me ahogaría. Necesito los libros para vivir, es así de sencillo. Así que ese invento del demonio sería una de las peores noticias que podría recibir.

A Jonás, el protagonista de El árbol de las historias, le ocurre lo mismo que a mí: los libros son su vida. Además, él es el bibliotecario de la única biblioteca de la ciudad, por lo que la idea de sustituir a los libros por cápsulas de lectura y la biblioteca por un dispensador de estas pastillas le parece una barbaridad. Pero el Señor Petróleo manda, y ya ha dado la orden de derribar la biblioteca.

Por si fueran pocos sus problemas, la noche de Reyes, una misteriosa niña llamada Luna aparece en su biblioteca. Jonás no tiene ni idea de quién puede ser, pero sabe que tiene que cuidarla, porque esa niña es muy especial, hay algo en su mirada que le transmite a Jonás esa empatía. Para ello contará con la ayuda de Julio e Itsar, dos niños a los que les encanta leer y que siempre acuden a la biblioteca a que Jonás les lea nuevas historias. Ellos también saben que Luna es especial y que tienen que hacer todo lo posible para que se sienta bien. También está Lina, la maestra del pueblo y amiga de Jonás, para quien la biblioteca es uno de sus lugares preferidos.

El día que la señorita Mala Espina se presenta en la biblioteca con la orden de derribo todos juntos deciden plantarle cara y, con la ayuda de Luna, organizarán un plan para salvar todos los libros de la biblioteca.

Una historia preciosa la que esconde El árbol de las historias en sus páginas. El amor por los libros y la amistad pueden con todo, eso lo saben bien nuestros protagonistas.

Escrito por Eulàlia Canal, el libro va acompañado de las preciosas ilustraciones de Bartomeu Seguí.

¿Conseguirán salvar la biblioteca?, ¿podrán plantarle cara al Señor Petróleo y la señorita Mala Espina?, ¿estarán los libros a salvo? Tendréis que leer esta original historia para saber más, queridos lectores.

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La primera mano que sostuvo la mía, de Maggie O’Farrell

La primera mano que sostuvo la mía

La primera mano que sostuvo la míaAsí como la realidad supera a la ficción en ocasiones, muchas veces una buena ficción es la mejor manera de explicar la vida. Es lo que ocurre con la maternidad en La primera mano que sostuvo la mía, la última entrega que llega al castellano de Maggie O’Farrell, después del excelente sabor de boca que nos dejó con Tiene que ser aquí.
O’Farrell es una narradora con talento, capaz de desenvolverse en épocas diferentes con una particular maestría para desarrollar un estilo detallista, rico, que sin embargo no recarga el resultado final de sus novelas. La primera mano que sostuvo la mía progresa en dos frentes: el Londres de la década de los cincuenta y sesenta, en plena y burbujeante recuperación posterior a la segunda guerra mundial, y las mismas calles medio siglo más tarde, con una ciudad transformada en decorado y sus habitantes reducidos a meros figurantes del sistema de consumo. Y para dos ciudades, dos mujeres. Por un lado Lexie, que deja su Devon natal para establecerse en la capital con Innes Kent, mayor que ella, casado, entregado a una vida libérrima y radicalmente diferente a la que conocía la joven Lexie en el campo. Por otro, Elina, llegada de Finlandia y siempre fuera de lugar, una madre primeriza que se despierta por las noches pensando que no ha dado todavía a luz y recuerda vagamente que tuvo problemas durante el parto, pero no sabe bien por qué. Entre ellas unos cuantos hombres que las entienden menos que los lectores, siempre un paso por delante de la mano de la narradora, y algunos secretos que entretejen pasado y presente y terminan haciendo encajar las piezas narrativas de un puzle simple pero efectivo.
A mí, que nunca he sido madre y nunca lo seré (salvo que la ciencia me sorprenda) me ha acercado más a ello este libro que cualquier manual científico sobre el tema. No puedo caminar sobre los zapatos de Lexie y Elina pero he llegado a comprenderlas y a compartir algunos de sus problemas a lo largo de las páginas. He sentido angustia con su desazón y alegría con su gozo, he mirado a través de sus ojos y he podido vislumbrar un universo que me es completamente ajeno.
Además me he enamorado de Lexie, como no puede ser de otra manera. La joven que comienza acercándose a la verja de su casa en Devon, curiosa y pícara, termina comiéndose las páginas. Se convierte en un torbellino que pone Londres a sus pies y nos hace desear dar un tener una cita en un café del Soho con ella, teclear artículos en su máquina de escribir o perder las horas muertas de su mano en galerías de arte. En fin, desear que pasen las páginas del resto para volver a encontrarla, como diálogos superfluos en una obra de teatro que solo vamos a ver para escuchar hablar al protagonista.
Con todo el mérito que tiene construir un personaje con tanto gancho, también se puede considerar esto mismo como es uno de los puntos flacos del libro, dado que tiende a oscurecer a su contraparte. Elina se difumina con el paso de las páginas y termina siendo instrumental en su parte de la trama (no diré más por no desvelar ningún detalle). Es cierto que su pareja, Ted, pasa al primer plano, pero le falta fuerza y la resolución del misterio que los envuelve a todos resulta un tanto predecible.
Sin embargo, no creo que los lectores acudan al encuentro de Maggie O’Farrell esperando que les lleve a una montaña rusa de emociones, así que no es impedimento para disfrutar hasta el final de su prosa, cuidada pero ligera, y de su magnífica ambientación. Un notable alto, por tanto, para esta nueva-vieja novela (es de 2010), y que pasen las siguientes (por favor).

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Desnuda, de Judith Teixeira

Desnuda

DesnudaNo sé si alguna vez he hablado por estos lares de mi amor por Portugal, su lengua, su cultura y su gente. He vivido allí algunas temporadas y Lisboa me sigue pareciendo una de las ciudades más maravillosas donde quedarse mucho tiempo. Algo que no descarto hacer en el futuro, la verdad.

Portugal nunca deja de sorprenderme. Una de estas últimas sorpresas ha sido descubrir, gracias a la editorial Amistades Particulares, a la poeta Judith Teixeira. Si para vosotros es tan desconocida como lo era para mí, dejadme que os cuente.

Judith Teixeira nació a principios de 1880 en Viseu. Con 27 años adoptó los apellidos de quien para entonces era el marido de su madre. Nunca supo quién fue su verdadero padre. Con esa edad, Judith vivía en Lisboa. Unos años más tarde se casó, pero el matrimonio duró poco pues en 1913 el marido pidió el divorcio acusándola de adúltera y de abandono del domicilio conyugal. Con 34 años contrae de nuevo matrimonio con un joven de origen noble de quien adoptaría el apellido.

Desde adolescente escribió versos, pero no fue hasta 1923 cuando autoeditó su primer libro: Decadência. Tan solo un mes después, el Gobierno civil de Lisboa incautó el poemario junto con otras obras de otros artistas. Sus obras eran consideradas inmorales y fueron quemadas. Judith Teixeira fue acusada de “desvergonzada”. Y aunque algunos intelectuales de la época, como Pessoa, salieron en defensa del resto de autores, nadie dio la cara por Judith. Quizá por ser mujer y lesbiana, palabras mayores en aquella época.

Judith siguió autoeditando sus libros y dirigiendo la revista Europa. Con su último poemario publicado, Nua. Poemas de Bizâncio, volvió a ser criticada, difamada y acusada de perlas tan bonitas como “vergüenza sexual y literaria”, o “loca porque sí”. Tras la publicación de un manifiesto estético y de una novela corta titulada Satânia, Judith desaparece de la faz de la tierra. Vivió el resto de su vida como una persona anónima, viuda, sin hijos ni bienes hasta que con 79 años falleció.

Como podéis ver era necesario que os resumiese la historia de mujer, que aparece detalladamente explicada en el prólogo del poemario. Judith fue una mujer adelantada a su época y precisamente por eso, por ser mujer y visionaria, la ridiculizaron y despreciaron. Menos mal que el tiempo es sabio y hoy día podemos disfrutar de ella.

Desnuda es una antología de su poesía, que por primera vez podemos disfrutar traducida al español. La edición es, de todas formas, bilingüe, algo que me ha encantado pues he podido leer los poemas en su idioma original y apreciar la belleza y los matices de estos.

Su poesía es tremendamente sensual, libre y valiente. Sin duda, modernista y adelantada para su época. Aunque esta frase hecha en este caso me rechine un poco. Más que ser ella una adelantada, que lo era, sus compañeros eran un retrógrados que veían en una mujer con ideas propias y lesbiana una especie de amenaza. Menos mal que, como he dicho antes, el tiempo es, a veces, justo y nos acaba poniendo en el lugar que nos corresponde.

Traducir poesía siempre me ha parecido un demonio. Creo que es muy difícil y que la máxima de “traduttore traditore” se cumple de lleno cuando tratamos de ser fieles al traducir un poema. Sin embargo, la traducción de Desnuda me ha parecido muy buena y la idea de presentar esta antología en una edición bilingüe creo que es todo un acierto.

Sin duda merece la pena descubrir a Judith Teixeira, darle voz y devolverle el protagonismo que en su día le arrebataron. Gracias a estas mujeres valientes que no se amedrentaron nosotras estamos aquí.

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La mujer en la ventana, de A. J. Finn

La mujer en la ventana

La mujer en la ventanaTengo que reconocer que, desde que leí Perdida, de Gillian Flynn, pocos thrillers han conseguido que me enganchara tanto a una historia, incluso después de haberla leído. Me apasionan esos libros que tienen la capacidad de hacer que pienses en sus personajes y en todo lo ocurrido horas, días y semanas después. Creo que es en estos momentos cuando la literatura se convierte en algo más. Cuando consigue conectar contigo y calar hasta el fondo de ti.

Y esto es lo que he sentido mientras leía La mujer en la ventana porque, aunque la historia parte desde el punto en el que una mujer presencia el asesinato de una nueva vecina, el autor va mucho más allá. Desde el punto de vista de la trama y el misterio que la rodea, me ha encantado la forma en la que A. J. Finn logra mantener el suspense desde el principio y hasta el final, con giros inesperados que me mantuvieron pegada a sus páginas hasta que se descubre todo.

Pero me pareció aún más interesante todo lo que rodea el crimen: los personajes y la profundidad con la que narra todo lo que les ocurre. Cómo consigue dar un toque más humano y real a la novela. Es decir, que el lector quiera seguir leyendo y que el motivo no solo sea todo el misterio que necesita desentrañar. Y creo que pocos thrillers psicológicos consiguen aunar ambas cosas.

Y es que el autor ha conseguido centrar casi toda la historia en sus personajes y sus trasfondos psicológicos. Sobre todo, en la protagonista: Anna Fox. Una psicóloga que vive recluida en su casa y que se refugia en el alcohol y en graves problemas que le impiden continuar con su vida. Desde el principio me di cuenta de que era un personaje muy interesante, ya que crea un personaje femenino fuerte, que es capaz de salvarse a sí misma de su sufrimiento. Pero también es un personaje desequilibrado, que te descoloca a lo largo de la historia, ya que no sabes si deberías creerte lo que cuenta o no, pero a quien terminas cogiéndole un inmenso cariño por lo tremendamente humana que es. Por cómo trata de superar sus problemas, por cómo se hunde y también muestra sus errores e inseguridades.

Respecto a la narrativa, me ha gustado mucho cómo A. J. Finn nos presenta a sus personajes y cómo profundiza en ellos, sin demasiados detalles descriptivos, pero con diálogos intensos que hacen reflexionar al lector. Creo que esto es lo que realmente estaba buscando él, una forma de conectar con sus lectores a través de las emociones y situaciones en las que pudiéramos empatizar. Porque sientes todo el rato que es una historia que podría sucederte a ti también, que son gente que podríamos conocer y que es algo que podríamos haber vivido o vivir algún día.

Creo que La mujer en la ventana es de esos libros que reelería sin dudarlo, por su capacidad de aunar una historia humana, que profundiza en personajes cercanos a todos nosotros, con problemas de la vida real, con una trama de suspense que te mantiene pegado a sus páginas hasta el final. Además, no me esperaba ninguno de sus giros y consigue mantenerte en vilo hasta que descubres todos los secretos de ese misterioso asesinato, que no se sabe si ocurrió de verdad o son imaginaciones de la protagonista. Debo admitir que me ha sorprendido muchísimo, porque me esperaba algo muy similar a La chica del tren, ya que en principio parece que tienen muchos aspectos parecidos, y me encontré con algo mucho más profundo. Esta novela va mucho más allá y ha conseguido que la disfrute hasta el final, uno de los mejores que he leído de novelas de este tipo. Inesperado, emocionante y cautivador. No puedo esperar a leer lo siguiente del autor…

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Antes del huracán, de Kiko Amat

Antes del huracán

Antes del huracánTengamos la casa donde la tengamos, seamos de la manera que seamos, todos vivimos en algún momento en el extrarradio, todos somos alguna vez diferentes. Por eso, ese «Ser diferente y vivir en el extrarradio» que protagoniza en blanco sobre rojo la faja de esta novela es un grito a todo aquel que se crea lector, es decir, tú y yo, ¿no? Primer punto para Anagrama. Pero además, si la obra en cuestión está firmada por Kiko Amat, la luz que emerge de todo libro en el plagado mar de novedades y nos llama y nos incita a cogerlo dentro de una librería, a pesarlo con la manos, a darle la vuelta, a pasar la mano por encima para dejar al tacto la decisión de compra, a olerlo, es todavía más intensa. Dos puntos.

Antes del huracán, de Kiko Amat, puede ser dos cosas, diferentes pero indivisibles: por un lado, una fuerte sacudida a todo aquel que esté tranquilo en el lugar o estado en el que esté, y por otro, esa palmada al hombro que a veces te da la vida, sin excusas, sin porqués, dejándote un mensaje en el cuerpo de calma, o mejor dicho de comprensión, de confianza ante algo que sucede a todos pero que cuando ocurre el paciente cree que solo le pasa a él: la vida, sus miserias, el discurrir de un río que siempre viene en contra. En esta novela, Amat presenta a Curro, protagonista indiscutible de una narración con dos focos, el del Curro niño y el del Curro adulto. El Curro niño, de once años, vive en el extrarradio de una Barcelona preolímpica, con unos padres que siempre parecen estar a punto de llevarse el bote de la desesperación. Él, al estilo de un Holden Caulfield barcelonés, bordea el desastre de unas vidas cercanas que parecen acumularse siguiendo la verticalidad de los edificios de Sant Boi del Llobregat. Siempre ajeno, el Curro niño, precoz en todo (sentimientos, vida, pensamiento), buscará adivinar hasta dónde es capaz de llenarse de sufrimiento, ajeno y propio. El Curro adulto, desde la actualidad que da un 2017, se encuentra ingresado en un hospital psiquiátrico, muy cerca de la casa de su infancia. Allí, junto a su fiel y sanchificado compañero y sirviente Plácido, crea una realidad en la que será el lector (que se atreva y sepa; yo no sé) quien decida qué es verdad y qué no. Realidad totalmente palpable mezclada con fantasmas, con delirios, con ¿ficción? Estos dos flujos de tiempo, tocados en ocasiones por interludios de un Curro todavía más actual pero menos localizable que llena huecos de su pasado con palabras a un amigo de bar, se mezclan hasta conseguir crear la vida completa de Curro según Curro.

Una voz nos habla y es a quien debemos o deberíamos creer. Pero esa voz viene de alguien que ha acabado (¿o ha empezado?) en un centro psiquiátrico. La novela se inicia con un aviso: «Me he inventado todo esto». ¿Lo dice Kiko o lo dice Curro? Se busca lector interactivo para novela de Kiko Amat.

Antes del huracán, además de todo lo dicho, es la muestra de cómo lo risible puede ser trágico y de cómo lo trágico puede ser risible. Curro y Plácido, desde la atalaya externa de la cordura, provocan risa pero dejan poso de pena. Curro y Priu, amigos niños y cracks en el regate a la ruina,  provocan pena pero dejan poso de risa. Desde las citas célebres de Churchill en boca de Plácido hasta los tecnicismos nazis que domina Priu, pasando por la botella de Xibeca en ronda, las pastillas de una madre totalmente desconectada, el deporte del padre como excusa negra, la desaparición de las coordenadas de un mapa que es la vida. Todo ello se encuentra en este recorrido vital por el deambular perdido de alguien que ve convertir su vida, sin posibilidad de arreglo ni control, en un saco al que todo aquel que pasa golpea. Curro es algo así como un bidón de basura que, al llenarse de todo lo que tiran en él, en vez de rebosar, se vuelca.

Leyendo Antes del huracán, (prosa excepcional, por cierto) me preguntaba: ¿Y si Curro Abad fuera el anverso de Alonso Quijano? Uno se vuelve loco por el exceso de ficción, otro se vuelve loco por el exceso de realidad. A veces, muchas, lo más bonito se ve en el instante antes de la catástrofe. A veces, muchas, lo más bonito se ve en el instante antes de.

«Antes del huracán, cuando el mundo estaba aún encajado en su eje».

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Por el olvido, de Aitor Saraiba y Paula Bonet

Por el olvido

Por el olvidoAitor Saraiba quería escribir un libro sobre Roberto Bolaño, pero escribió Por el olvido. Lo que yo no sé es si Saraiba sabe que ha escrito mucho más que eso, porque más que un libro sobre Bolaño este es un homenaje precioso. Saraiba ha creado un universo, que es el suyo propio, y que gira alrededor del escritor chileno. Y ha condensado ese universo en este libro, que es pura magia.

El punto de partida y de regreso es Roberto Bolaño, un escritor capaz de unir a personas que ni siquiera se conocen. Eso es lo que pasó con Aitor Saraiba y la ilustradora Paula Bonet, a quienes, sin ellos saberlo, Bolaño ya había unido hace mucho tiempo con un vínculo especial: el de su Chile y su México, el de las palabras, el de su literatura. Ahora los dos artistas son hermanas, intercambian postales desde donde quiera que estén y juntos han creado Por el olvido, esta maravilla de la que hoy os hablo.

Si esperáis encontrar una biografía de Bolaño o un análisis exhaustivo de su obra este no es vuestro libro. Hay muchísimos libros  que podéis consultar si lo que os interesa eso. Ya os he dicho que este libro es mucho más. Es una especie de almanaque o de laberinto que siempre conduce al mismo camino: Roberto Bolaño como salvación. Sus libros y poemas como botes salvavidas y este libro como mar donde nadar a la deriva, donde perderse en las historias que relata Saraiba, en las perfectas ilustraciones de Bonet, en las fotografías y recuerdos que llenan sus páginas.

Podría contaros mucho más. Como, por ejemplo, que para mí Bolaño también funciona como bote salvavidas. Sobre todo sus poemas. Más de una vez me ayudaron a salvarme de naufragio. Podría deciros que leer este libro ha supuesto toda una catarsis, un viaje precioso de la mano de dos de los artistas más brillantes y llenos de sensibilidad del momento.

Podría haber escrito una reseña mucho más normal. Deciros que no podéis dejar de leer este libro, que si os gusta Bolaño es casi obligatorio, que la técnica, que blablablá. Pero, ¿sabéis qué? Me basta con la magia. Con haberos transmitido todo lo que Por el olvido esconde en su interior. Ahora, lectores, es cosa vuestra el querer entrar o no en este universo Bolaño. ¿Que si merece la pena?, ¿cuándo no merece la pena la magia?

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Morla Esculturas: sujetalibros convertidos en obras de arte

sujetalibros literarios Mowgli Bagueera

Los amantes de la literatura, a veces, no nos conformamos con las novedades editoriales y los clásicos reeditados y buscamos primeras ediciones, ediciones especiales o cualquier rareza literaria, para atesorarla en nuestra librería personal. Y por si esto no fuera suficiente, también sucumbimos ante toda clase de objetos personalizados con las historias y personajes de nuestras novelas preferidas: juegos de mesa, camafeos, bolsos, camisetas, fundas de móvil… La lista es interminable. Pero pocas veces un objeto literario había llamado tanto mi atención como los sujetalibros de Morla Esculturas.

Los sujetalibros de Morla Esculturas están inspirados en los personajes de la literatura clásica y de aventuras. Hasta aquí, nada fuera de lo común. Sin embargo, lo que marca la diferencia es que son pequeñas esculturas de bronce hechas a mano, numeradas y certificadas individualmente. Así, un sujetalibros se convierte en una obra de arte que cualquier bibliófilo desearía tener presidiendo sus estantes. Por ejemplo, al pequeño Mowgli y su inseparable Bagueera (de los que hay hasta tres piezas diferentes), Aladino volando en su alfombra mágica o el clásico entre los clásicos, el ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, al que Morla Esculturas ha inmortalizado cargando con una pila de novelas de caballerías, para que nos sintamos identificados con su locura por los libros. Y entre todos estos personajes clásicos, se cuela la rata Firmin, protagonista de la novela de Sam Savage, una lectora empedernida que al menos a mí me robó el corazón. ¿Cómo elegir entre tantos personajes inolvidables de la literatura?

sujetalibros literarios Mowgli Bagueera

sujetalibros literarios aladino

sujetalibros literarios quijote

sujetalibros literarios firmin

Morla Esculturas no se queda ahí y complica nuestra elección dedicando varias esculturas a la mitología. Entre mis favoritas está la de Geras, el encargado de colocar las estrellas en el firmamento cada noche, que ahora podría ser el que sostuviera una de mis hileras de libros.

sujetalibros literarios Geras

Aunque quizá vosotros prefiráis a Mogrovejo, el que vivía entre las cocinas y las librerías escondiendo y desordenando todo lo que encontraba a su paso, pero que esta vez se esforzaría por mantener en pie vuestro montón de libros pendientes.

sujetalibros literarios mogroviejo

Además de personajes de ficción, hay esculturas de lectores como nosotros, así que también podemos buscar la figura que mejor nos represente. Es posible que vosotros seáis como el niño estudiante, que lee apoyándose en cualquier lado, pero yo reconozco que soy igual que Nesto y me encanta pasarme horas tumbada con un libro entre las manos.

sujetalibros literarios leyendo

sujetalibros literarios nesto

Resulta imposible ver estas esculturas en el sitio web de Morla Esculturas y no enamorarse de alguna, porque todas y cada una de ellas transmiten pasión por los libros, la misma que sentimos nosotros y que siente el autor de estas obras de arte labradas en bronce. Con acabados y pátinas únicos en cada pieza, se convierten en el regalo soñado de cualquier amante de la literatura y del arte en general. Así que si queréis hacer felices a vuestros familiares y amigos lectores, habladles de Morla Esculturas, o mejor aún: sorprenderlos con una de estas originales esculturas en un día especial para ellos. Y, por qué no, vosotros también podéis daros este capricho, porque pocas veces encontraréis objetos literarios tan excepcionales como estos sujetalibros de bronce hechos a mano. Son los compañeros ideales para las ediciones más queridas de vuestra librería.

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Perversidad, de Javier Sagastiberri

La novela negra española vive una edad dorada en la que no se aprecia un final cercano. La gran cantidad de buenas historias que llegan a nuestras librerías le hacen a uno ser confiado, y cuando nos encontramos con el binomio “novela negra” y “escritor español”, sabemos que tenemos un alto porcentaje de posibilidades de estar ante una lectura, cuanto menos, prometedora.

Y eso mismo me ha pasado con Perversidad, la segunda novela del escritor donostiarra Javier Sagastiberri, protagonizada (al igual que la primera) por la oficial de la Ertzaintza, Itziar Elkoro y su compañera, la suboficial Arantza Rentería. Ambientada en Vizcaya, esta novela se inicia en la playa de Azkorri, donde aparece el cuerpo sin vida de Jacobo Macallister, miembro de la familia Olarizu de Neguri, un selecto barrio de Guecho donde vive la burguesía del lugar. Jacobo fue siempre un padre de familia ejemplar, pero dos años atrás había decidido dar un cambio a su vida saliendo del armario de una forma de lo más llamativa; haciendo una peculiar performance del martirio de San Sebastián en una de las carrozas del Gay Pride del madrileño barrio de Chueca.

Lo primero que llama la atención de la novela es lo rápido que sucede todo. En la primera página ya tenemos el cadáver, y en la segunda ya tenemos a la Ertzaintza investigando. Nada de presentaciones, nada de circunloquios. Itziar y Arantza… ¡pónganse ya a investigar! Este dúo de investigadoras, pese a lo diferente de su carácter, parece congeniar bien. El autor define muy bien el perfil de cada una, añadiéndole un toque de humor a los personajes que es muy de agradecer, como en la primera visita a la casa de los Olarizu, que tiene alguna que otra escena en la que las carcajadas salen solas.

Perversidad es una novela que respira y destila aroma vasco por los cuatro costados. Javier intenta reflejar en todo momento la especial idiosincrasia de sus gentes. Se nota la diferencia entre Itziar y Arantza, dos guipuzcoanas entre vizcaínos, o la existente entre un hincha del Athletic y alguien a quien no le gusta el fútbol. Y también se nota esa diferencia social tan marcada, sobre todo en el norte del país, entre la gente humilde y los habitantes de los barrios más selectos de Bilbao y alrededores.

La investigación de las dos protagonistas sucede deprisa, quizá demasiado. En ocasiones se echa de menos un poco de calma por parte del autor para profundizar en ciertos asuntos o investigar más a fondo pistas y personajes. Aun así, el curso de los acontecimientos lleva a las dos ertzainas por lugares muy interesantes, descubriendo poco a poco la cantidad de males que habitan en el ser humano y conociendo de primera mano cómo los miedos y los odios acumulados en el pasado pueden llenar el presente de maldad y, sobre todo, y como reza el título del libro, de perversidad.

He de decir también que esta novela tiene un elemento que ha conseguido descolocarme bastante. Uno de los capítulos del libro, llamado Troncalidad, hace un pequeño paréntesis en la narración, y lleva a las dos protagonistas a investigar otro brutal asesinato en la zona. Por una parte, analizando ese capítulo individualmente, encontramos un relato corto bellísimo, muy interesante y que trata un tema muy desconocido y explicado a la perfección, el de la troncalidad y las herencias en el derecho foral vizcaíno. Pero, por otra parte, ese capítulo, aunque importante a la hora de resolver el caso, corta mucho el ritmo de la narración y hace olvidarse al lector por un momento todo lo sucedido en el asesinato de Jacobo Macallister.

Pero me gustaría analizar más globalmente Perversidad. Pese a esos pequeños detalles, la novela que Javier Sagastiberri nos propone consigue un aprobado más que notable, ayudado sobre todo por su buen final, lleno de tensión y acción. Pese a ser el segundo de la saga, y hacer algunas referencias al primer título de la misma (El asesino de reinas), la novela puede leerse y disfrutarse sin haber leído la anterior. Así que léanla y verán que eso de que “novela negra y escritor español es sinónimo de acierto” es algo bien fundamentado y comprobado.

César Malagón @malagonc

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Fractura, de Andrés Neuman

Fractura

Fractura

El Kintsugi es una técnica japonesa  que consiste en reparar con barniz de resina o con polvo de oro o plata las fracturas que se producen en una cerámica cuando ésta se rompe. Es decir, una técnica de reparación que consiste en dejar expuestas las cicatrices en lugar de esconderlas, que es lo que venimos haciendo más o menos todos. Me parece maravilloso, sinceramente, que exista una técnica capaz de mostrar la desnudez y la fragilidad de quienes somos y además alardear de ello. Porque este arte, aplicado a los objetos, también nos vale para el alma. No sé, al menos a mí me encantaría poder llevarlo a la práctica.

Fractura, de Andrés Neuman tiene un poco de este arte de Kintsugi para el alma que me acabo de inventar. Al terminar de leer la novela tienes la sensación de que has conseguido encajar todas las piezas, que las cicatrices están a la vista, que siempre lo han estado, y que todas las fracturas en las que se descompone un objeto, nuestra vida, son, sin duda, el recuerdo circular que nos completa.

Eso es lo que hace el señor Watanabe a lo largo de las páginas de esta novela: recoger esos pedazos, esas fracturas, para reconstruir, dejando bien visibles las marcas, los fragmentos que componen su vida. No estará solo en esta tarea, para ello cuenta con las voces de cuatro mujeres que compartieron esos pedazos rotos y que narran sus recuerdos a un periodista argentino. Como telón de fondo están las ciudades de Tokio, París, Madrid, Nueva York y Buenos Aires. Un crisol de culturas y lenguas diferentes que conforman sus vidas, la del señor Watanabe y estas cuatro mujeres con las que resulta imposible no empatizar al leerlas narrar sus recuerdos y sensaciones.

Imposible también el no empatizar con esa memoria colectiva de los supervivientes de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, como el propio señor Watanabe. Porque le memoria perdura, pero el olvido también se cuela entre esas cicatrices, tratando de desaparecer hasta que una nueva sacudida, como el terremoto que provocó el accidente de Fukushima, vuelve a agrandar la grieta, dando más visibilidad a esa fractura.

Con Neuman me pasa algo que me ocurre con muy pocos escritores y es una conexión que no sé bien cómo llamar. Como si ya hubiésemos estado antes en esa fractura, como si sus palabras ya me hubiesen roto antes. Me lo confirman sus poemas, sus anteriores novelas y la vez que pude oírle recitar un fragmento de Hablar solos en la feria del libro de Cáceres. Sí, definitivamente ya me ha roto otras veces.

Con un estilo exquisito, en el que combina el humor y una narrativa muy seria, Fractura me ha parecido una maravilla de novela. Uno de esos libros que se quedan dentro y que creo que no voy a poder sacarme. ¿La verdad? La verdad es que no me quejo en absoluto.

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Vivir bien la vida, de J.K. Rowling

Vivir bien la vida

Vivir bien la vida¿Cómo no iba a estar yo hoy, aquí, hablándoos del nuevo libro de J.K Rowling? ¿CÓMO? Por nada del mundo me perdería algo de lo que esta mujer tiene para ofrecerme, así que cuando supe que la editorial Salamandra iba a publicar un nuevo libro de la autora británica, tuve que hacerme con él.

Lo mío con Rowling viene de largo. Ella, en gran parte, fue la culpable de que hoy no pueda vivir sin la lectura; y eso es algo por lo que estaré agradecida eternamente.

Esta vez me encuentro con ella de nuevo, pero no en el mundo de Harry Potter, sino en su propio mundo. Me he topado con la Rowling de verdad, la persona que está detrás de todas esas historias que tanto me hicieron soñar y que hoy en día siguen emocionándome. Se ha presentado ante mí sin tapujos, sin máscaras, solo con su verdad por delante y con unos consejos que espero que jamás se me olviden.

Por si no lo sabéis, la vida de la escritora no fue nada fácil. Ella siempre quiso dedicarse a la literatura pero sus padres querían para ella algo más (¿cómo decirlo?) útil. Querían que estudiara una carrera productiva para que no pasara por las penurias que ellos habían pasado. Y ser escritora no es algo que te dé de comer así por las buenas. Luego su madre sufrió una enfermedad muy grave y, tras su muerte, Rowling se mudó a Portugal, para intentar empezar de cero. Allí conoció al que sería el padre de su hija y quien la maltrataría hasta el punto de tener que volver a Inglaterra con una mano delante y otra detrás. Y, mientras tanto, la historia de Harry volaba por su cabeza y se quedaba plasmada en papeles que luego guardaba en una caja. Un día esos papeles se juntaron y viajaron por todas las editoriales inglesas. Todas rechazaron el manuscrito. Nadie entendió absolutamente nada. Hasta que un día, una chica que trabajaba en una editorial convenció a su jefe de que tenía que leer ese libro. Ella había descubierto la esencia, eso que revolucionaría la manera en que los niños veían los libros. Y así, Rowling se convirtió en la persona que es hoy en día.

Su historia es importantísima para entender Vivir bien la vida, el libro del que vengo a hablaros, ya que en él se recoge un discurso que dio años atrás en la universidad de Harvard. Este discurso se sostiene sobre dos máximas imprescindibles: saber convertir los fracasos en éxitos y no perder jamás la imaginación.

Y, qué queréis que os diga, esta mujer, de fracasos e imaginación, sabe mucho.

Dice que el haber fracasado tanto y tan estrepitosamente fue lo que le enseñó a seguir adelante y a luchar por sus sueños. Y, en cuanto a la imaginación, dice que esta fue la que le enseñó a ponerse en el lugar de los demás, lo que le enseñó a ser empática. Y eso, la empatía, es algo de lo que siempre ha estado muy orgullosa.

Vivir bien la vida no es un libro de autoayuda, aunque pueda parecerlo. Es más bien un mensaje motivador y que contiene valores que jamás deberíamos olvidar. De un tiempo a esta parte, he aprendido a darle prioridad a lo que verdaderamente me gusta, arriesgándome y luchando por lo que de verdad quiero en esta vida, a pesar de que los demás piensen que estoy loca o que soy una ilusa. He aprendido a no escuchar lo que no quiero oír y a hacer caso a lo que realmente siento. Por eso me ha gustado mucho leer estas palabras de Rowling, como si me estuviera diciendo “sigue así, vas por el buen camino”.

Juro que cuando llegó a mi casa me dije que el libro tenía que durarme al menos tres días, para poder disfrutarlo poquito a poquito. Pero no me ha sido posible. Lo abrí y, veinte minutos después, lo cerraba con la sensación de haber invertido maravillosamente mi tiempo. Además, las ilustraciones que acompañan todo el libro (todas en color rojo, negro y blanco) hicieron que me sumergiera todavía más en el discurso.

Y, ¿cómo no iba a compartir con vosotros esta lectura, que tanto me ha gustado? ¿Cómo no os iba a decir que estoy enamorada de esta mujer, de su mente y de todo lo que tiene que compartir con nosotros? Es inexplicable. Por eso, sin más, dejo ya esta reseña con la sensación de sentir que estoy haciendo las cosas bien y que, si todavía puedo emocionarme con lo que Rowling escribe, es porque algo marcha muy bien dentro de mí.

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Los perros duros no bailan, de Arturo Pérez-Reverte

los perros

los perrosDos tardes, y eso porque no pude dedicarle una entera, me ha llevado leerme lo nuevo de Pérez-Reverte. Suelo leer todos los libros del académico (a pesar de habérseme atragantado Cabo Trafalgar y El tango de la guardia vieja –para más inri, este último incluso firmado por él)  y este nuevo libro, uniendo a perros con novela negra, no iba a ser una excepción.

Lo cierto es que en un principio, meses antes de la publicación, al anunciarse el libro y un breve extracto del mismo, se hacía raro. ¿Pérez-Reverte escribiendo diálogos y reflexiones para un protagonista perruno? ¿Una historia en la que los personajes son perros? Es bien sabido el amor que el autor profesa a los perros. ¡Pardiez, si incluso se han recopilado algunos de sus artículos de temática canina que ha escrito para una publicación dominical en el libro Perros e hijos de perra! (Aunque también es cierto que choca mucho ese amor hacia los perros pero que no vea mal las corridas de toros. Pero bueno, cada uno tiene sus “cadaunadas” y lo que tenemos que tratar aquí son los libros). El caso es que no lo veía claro, pero había curiosidad. Mucha.

Y una vez saciada la curiosidad puedo decir que Los perros duros no bailan es una lectura agradable y que se reconoce el estilo del autor pero, desde luego, no es ni de lejos lo mejor que ha parido. Es un cuento sencillo, a veces parece una fábula para adultos, sin mayores pretensiones y muy fácil de leer, cuyo personaje es el de un tipo duro, por más que en esta ocasión se trate de un perro, que arrastra un pasado oscuro y violento del que, dada su edad, comienza a olvidar algunos detalles o bien estos le asaltan de buenas a primeras sin él quererlo. Un tipo, como tantos otros antes en la bibliografía perezrevertiana, con un fuerte sentido del honor, de la amistad, del deber y, cómo no, yendo esto de perros, de lealtad y fidelidad.

¿Pero de qué va, de qué va?  Pues va de que Teo, el mejor amigo del Negro, y Boris el Guapo han desaparecido. No se sabe nada de ellos y por eso el Negro decide investigar, igualito que un detective privado, pero sin fumar ni beber güisqui. Preguntando irá de aquí para allá, siguiendo el rastro, sorteando peligros y metiéndose en algún que otro jaleo, con perros neonazis incluidos y… y poco más puedo decir sin destripar la trama.

Y así, a medida que la investigación va avanzando, pasaremos de un inicio de novela policiaca a un nudo y desenlace de novela negra mientras somos testigos de un mundo y una vida de perros adaptado del nuestro, con su propio Rodolfo Perrostino,  con refranes o dichos populares, con los perro-corridos de Los Chuchos del Norte, con los equivalentes en perro de humanos famosos como, por ejemplo, Charlize Theron o Brad Pitt y con los oficios o roles que cada personaje ha asumido (Agilulfo es filósofo, Margot regenta un abrevadero, Fido es perro policía, Susa la lumi…)

Aprovecha también Pérez-Reverte, el pistolero más rápido de Twitter (y posiblemente el escritor español más presente en dicha red), para criticar, con toda la razón, el trato que esta sociedad de animales humanos da a los perros. Tratados por muchos como cosas que se regalan en Navidad y son abandonadas en verano, cuando la “cosa” ha crecido y ya no es tan mona o graciosa como cuando cachorra, y, sobre todo, arremete contra las peleas de perros, contra los desalmados hijos de puta que se deshacen de los galgos cuando ya no les son útiles, contra la pasividad de la justicia y contra lo barato que sale el maltrato en este país.

Habrá lectores amantes de los perros a los que alguna escena tal vez le revuelva el estómago, y eso, sinceramente, es buena señal.

“…por un momento pensé en todos los que ladraban. En aquellos compañeros de infortunio sentenciados a un final infame: perros que, como había dicho el dogo, tal vez un día fueron cachorrillos mimados, felices, arrancados de su sueño confortable por la estupidez y la crueldad humanas, y que ahora, en aquellas sucias jaulas, esperaban su destino…”

En resumen, Los perros duros no bailan es un libro menor del autor. De fácil lectura, entretenido y con un ritmo ágil, que no se para en chorraditas innecesarias y va al meollo. Un libro para todo fan de Pérez-Reverte, (y yo me considero uno más, aunque repito, no es de lo mejor de su obra), para completistas y para todos los que saben lo que es tener o haber tenido a un perro como compañero.

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