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Pequeños tratados, de Pascal Quignard

Pequeños tratados

Pequeños tratadosCuando decidí reseñar a Quignard sabía que me metía en un berenjenal. ¿Cómo le explicas Quignard a otra persona? No se lo explicas. Coges uno de estos pequeños tratados y le dices: lee. O les hablas a tus amigos con tanta pasión de su obra (sin decir nada en realidad, porque ya os lo dicho y lo repetiré varias veces: no se puede explicar) que acaban leyéndose uno de sus libros y luego otro, y otro. Pero como no os tengo a todos a mano para irnos a tomar unas cervezas, no puedo hacer ninguna de esas dos cosas. Así que intentaré explicarlo.

Los Pequeños tratados de Pascal Quignard son un compendio de cincuenta y seis textos breves en los que el autor mezcla vida, historia, pensamiento y ficción. Él mismo cuenta su génesis en el primero de ellos, dedicado a su amigo Louis Cordesse y que marca el tono de todos los demás. Los tratados fueron escritos entre 1977 y 1980, empezaron como un juego y pasaron por un largo periplo editorial hasta ver la luz en 1991. Ahora han sido traducidos por el catedrático Miguel Morey para Sexto Piso, que los presenta en dos volúmenes y en una edición excelente. Ellos mismos lo dicen, son “la joya de la corona”.

Los más de cincuenta tratados, aunque siempre breves, viajan por los géneros (¿o acaso recuperan un género antiguo?) con una flexibilidad envidiable. En sus páginas encontramos desde reflexiones lingüísticas, hasta juegos de palabras; desde narrativa, como fragmentos de cuentos, una escena de novela suprimida o anécdotas históricas narradas con una técnica excepcional, hasta sentencias, citas de Tácito, de Horacio, pero también de Pierre Nicole, de Guy Lefèvre de la Boderie y de decenas de pensadores que configuran el universo referencial del autor.

Quignard conversa con su propia tradición y obsesiones y al mismo tiempo integra al lector en ese mundo que ha creado para sí mismo, pero también para los demás. Iba a escribir que “te lleva de la mano por ese mundo”, pero eso no es cierto. No te guía paso a paso a través de sus ideas, no te da el texto masticado ni te lo pone demasiado fácil. Leer a Quignard es un reto. A veces tienes que correr para seguirle, hay decenas de referencias que se te escapan y hay otras que acabas comprendiendo páginas después, cuando vuelve a ellas por tercera o cuarta vez. Los Pequeños tratados están plagados de puzles, de enigmas y juegos que el autor le plantea al lector, de retos intelectuales de los que poco a poco nos va dando más pistas. Y en ese reto, en la presión lúdica de seguir su hilo de pensamiento, radica la magia del texto. Cuando al fin comprendes, sientes que el trabajo lo has hecho tú. Y ahí Quignard también te engaña.

Estos Pequeños tratados podrían ser independientes, pero permanecen fuertemente conectados. Crean una obra completa y cohesionada aunque de una manera extraña; como dice el propio autor: son como una suite barroca. Son también un compendio de “cosas rechazadas”, de personajes históricos que han quedado en tercer o cuarto plano, de ideas oblicuas, complejas y recurrentes que los atraviesan como el hilo de una araña: escribir es callar, la voz y el silencio, el lenguaje es un constante desafío en el que sabemos desde el inicio que vamos a salir perdiendo. Pero no tiene sentido que intente explicároslo: tenéis que leerlo.

Porque otro punto que debéis ver por vosotros mismos es el estilo. Cuando la gente se aproxima al ensayo, y en última instancia este texto tiene más de ensayo que de narrativa convencional, tiende a pensar que lo que importa no es cómo está escrito, sino la información que aporta. Esa idea ha acabado saturando el mercado de textos sosos para dummies y de prosa directamente incomprensible. Olvidamos que, en realidad, es tan importante el fondo (qué se está contando), como la forma (cómo se cuenta). Y Quignard brilla en ambos campos. Todos hemos dejado ensayos porque el autor no lograba fascinarnos. Y otra cosa no, pero, en los Pequeños tratados, la fascinación está garantizada.

No quiero irme sin dejaros una cita de esta obra, el inicio del primero de los tratados, que justifica que Quignard sea uno de los autores que más he subrayado: “Todas las mañanas del mundo carecen de retorno. Tácito dice que no hay más que una tumba: el corazón de un amigo. Dice que la memoria no es un sepulcro sino una detención en el pretérito indefinido”.

Laura Gomara @lauraromea

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La casa de los espíritus, de Isabel Allende

La casa de los espíritus

La casa de los espíritusDe tantas razones existentes para invitarte a la lectura, ¿por cuál sueles dejarte seducir? A veces nuestro propio instinto nos hace coger un libro al azar en la librería; otras veces necesitamos que sea la televisión o el cine el que nos indique qué es lo que está de moda o qué libro no deberíamos dejar escapar; un amigo puede ser aún más mejor amigo si su recomendación nos invita a pasar unas tardes de lectura de lo más gratificantes. Todas son válidas y, en el caso de los libros, ninguna deberíamos pasar por alto. Una vez leídas las primeras páginas, o primeros capítulos si fuera necesario, ya nos daremos cuenta de si ha sido o no una buena inversión. Pero, ¿tiempo perdido? Eso nunca. Leer desde la ignorancia a un autor o un género concreto, aunque sean cosas que no nos agraden, no es tiempo perdido. Y cuando la elección de nuestro libro ha sido la correcta, ha sido ese libro que nos ha abierto otra perspectiva y consigue que deseemos penetrar aún más en ese nuevo universo que se nos ofrece, entonces no tendremos más que agradecer enormemente la labor de aquel o aquella que nos abrió ese mágico portal.

La casa de los espíritus, de Isabel Allende fue un auténtico bombazo en su año de publicación allá por 1982. Supuso para su autora un estreno que entró por la puerta grande en la literatura escrita en español. LITERATURA con mayúscula. Eso me parece a mí.

La historia narra los acontecimientos que viven paso a paso la saga familiar de los Trueba desde principios del siglo XX hasta nuestros días. Toda vivencia quedó nítidamente escrita en unos cuadernos por la madre de familia. Tanto su marido, Esteban Trueba, su hija Clara así como la nieta, Alba, relatarán cada uno de los sucesos que el destino extravagante y trágico les puso en su camino. Romances: ¡cómo narra esta escritora los romances en las distintas generaciones! Impecable. Guerras: ¡qué soberbia y sangre fría para mostrar el horror de las revueltas militares! Violencia: el carácter rudo y cruel de Esteban Trueba a la par que la empatía que se siente hacia él en sus últimos años de vejez es la prueba de la calidad literaria de Isabel Allende a la hora de desarrollar personajes. La vida dura en el campo y el retrato costumbrista de una sociedad mermada por la pobreza y el abandono, los poderes paranormales y apariciones fantasmales, todo, absolutamente todo descrito de una forma magistral con un estilo impecable que muestra una visión oscura de la sociedad de Chile de aquellos años de revueltas políticas en una trama generacional muy bien enlazada.

La casa de los espíritus, siendo una gran novela, yo no caí prendado a ella aun conociendo su existencia; aun paseando por las librerías y verla siempre en los escaparates de los autores más vendidos y reconocidos de nuestra lengua; aun cuando alguna amiga me había comentado tímidamente algo sobre la historia. ¿Quieres saber cuáles fueron los elementos que me hicieron coger este libro y devorarlo cada noche? La película y una inquietante impresión que tenía mi hermano sobre el argumento: es como si fuera una de las historias de no terror de Stephen King.

Dos recomendaciones de lo más dispares y que puede choque mucho con el parecer de algunos de los que hayan leído la novela de Allende. Por un lado surgirá esa confrontación famosa entre si es mejor la peli o el libro. Pues qué quieres que te diga, una película con semejante reparto, música y dirección no se queda en absoluto coja. Además, salvo licencias y variaciones propias del cine, creo que capta con total fidelidad y respeto la trama de la novela. Al igual que muchas veces el cine rompe el ritmo narrativo o el drama que el escritor ha conseguido plasmar en su libro, en este caso no sucede así. A veces puede conseguir mejorar ciertos elementos que funcionan mejor en cine que en la novela. A mí, por ejemplo, me gusta más la idea que tratan en la película de repartir el drama, en lugar de en tres generaciones, Clara, Blanca y Alba (madre, hija y nieta respectivamente), tan solo en dos, siendo la madre y la hija quienes sostienen todo el peso dramático de los sucesos históricos. En la novela, en este aspecto, deja al personaje de Blanca en algo menos relevante para la historia.

Y por otro lado queda el elemento paranormal. Aquello que me gusta considerar la parte más «kingniesca». Y es cierto. Elementos muy comunes de las obras de Stephen King como los poderes de telequinesia y telepatía de Clara se muestran aquí en todo su esplendor. Es más, diría que King estaría dispuesto a vender varias de sus obras por las descripciones tan escalofriantes y detalladas que consigue Isabel Allende. La escena en la que el patrón, Esteban Trueba, llega a la habitación donde su madre yace en su lecho de muerte es de lo más terrorífica y sentida. Y lo de la cabeza… bueno, eso te dejo que lo encuentres en el libro si es que he conseguido motivarte a leerlo.

La editorial DeBolsillo vuelve a traer a los principales escaparates y estantes de las librerías esta belleza. Ha creado una nueva edición que estrena portada un tanto psicodélica y en versión para uso escolar con material educativo para su comprensión y estudio. Muy necesario tratándose de una novela que sitúa a la lengua española en un lugar privilegiado dentro de la literatura universal.

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Modigliani, príncipe de la bohemia, de Fabrice Le Hénanff y Laurent Seksik

Modigliani

ModiglianiMi madre es pintora y lleva muchos años impartiendo clases. No sé si lo he contado ya, porque me enrollo mucho y mis reseñas empiezan a parecerse a un diario, pero bueno, ahí va el dato. Supongo que por eso me gusta el arte en general y la pintura en particular. Hay varios pintores que me fascinan especialmente: Marc Chagall, Salvador Dalí, Tamara de Lempicka, Gustav Klimt y una lista que podría alargar mucho más. Entre mis favoritos, sin duda, está también Amadeo Modigliani. Los retratos de mujeres de este pintor italiano, tan estiradas, tan lánguidas y ensimismadas siempre me han emocionado de una forma especial. No puedo deciros por qué, no sé qué es lo que tienen, pero supongo que eso es lo que hacen los buenos pintores: conmoverte. Además, Modigliani y yo compartimos día de cumpleaños y recuerdo que cuando vivía cerca de París, visité su tumba en el Cementerio de Père-Lachaise. (Yo iba a ver la de Jim Morrison, como buena veinteañera atormentada que era).

Por otra parte, también he comentado ya en alguna ocasión que no he leído muchos cómics ni mangas y que para mí ese mundo es bastante desconocido. Sin embargo me gusta. Así que os dejo que me recomendéis algunos. Cuando la editorial Norma publicó Modigliani, príncipe de la bohemia no pude resistirme. Tenía que gustarme sí o sí. En cuanto eché un vistazo por encima me emocioné, pero emocionarme de quedarme con la boca abierta, ¿eh? Este libro trata sobre un artista, pero el cómic en sí es ya una obra de arte. A lo mejor los entendidos conocéis al dibujante: Laurent Seksik. Para mí era un auténtico desconocido, pero he alucinado con sus dibujos. Cada viñeta (¿se dice así?) me parece una auténtica maravilla, un cuadro perfecto y conmovedor. (Mamá, quiero ser artista).

El guion es obra de Fabrice Lé Hénanff. El cómic se centra en la vida de adulto de Modigliani. De origen italiano, Modigliani o Dedo, como le llamaban en su familia, se traslada a París en 1906, ciudad de la vanguardia por excelencia. Allí es donde desarrolla su carrera artística principalmente. Como os decía, el cómic se sitúa en aquella época en la que un Modigliani ya adulto e instalado en París se dedica a recorrer los suburbios de la ciudad de bar en bar. Era un guaperas algo derrochador y algo alcohólico. Como muchos otros artistas, no obtuvo demasiado éxito en vida, pero posteriormente su obra comenzó a ser apreciada y a venderse a precios desorbitados. También, según vemos en el cómic, tenía un carácter algo difícil que traía de cabeza a su representante y a su siempre fiel Jeanne Hebuterne. Enfermo de tuberculosis y debido a su mala vida, su médico le recomienda que se aleje de París y de su mala vida y, casi obligado, se traslada una temporada con Hebuterne a Niza. En esa época,  hablamos de 1919, Modigliani y Hebuterne tienen una hija que se llamará Jeanne.

Finalmente, acaban por regresar a París, donde el artista, muy deteriorado,  continuará con sus antiguos vicios. Tras varios días de desaparición y una noche de excesos (con pelea incluida), Modigliani, afectado por una meningitis a la que su tuberculosis no ayuda, fallece el 24 de enero de 1920 a la edad de 35 años. El final es terriblemente trágico. Su mujer, embarazada por segunda vez, se suicida el día de su funeral lanzándose al vacío desde un quinto piso.

Un historia conmovedora y trágica de un artista que se movía perfectamente en el complicado mundo de los excesos. Modigliani, príncipe de la bohemia, es un cómic fiel al espíritu del artista y una auténtica maravilla para nuestros sentidos. Ya os digo, una pequeña joya a la altura del pintor.

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Che. Una vida revolucionaria: El doctor Guevara

Che. Una vida revolucionaria: El doctor Guevara

Che. Una vida revolucionaria: El doctor GuevaraEl periodista Jon Lee Anderson y el caricaturista José Hernández regresan con la segunda entrega de la biografía del Che Guevara en forma de novela gráfica. Che. Una vida revolucionaria: El doctor Guevara es en realidad la primera parte de su trilogía, aunque sea la segunda en publicarse –después de Los años de Cuba–. En esta ocasión, volvemos al Che más idealista y joven que, después de licenciarse en medicina, se embarca en largas travesías a través de América del Sur y Centroamérica, en un periodo de tiempo que abarca desde 1952 a 1956. Estamos, por tanto, ante sus primeros años como revolucionario y su primera toma de contacto con Fidel Castro. Los años de las inquietudes políticas juveniles. El inicio estratégico de la revolución cubana.

Basada en la novela homónima de Jon Lee Anderson, El doctor Guevara, como ya lo hiciera su anterior publicación, funciona muy bien como primera aproximación a la vida del comandante. La adaptación corre a cuenta del mexicano José Hernández. Ya insistí en Los años de Cuba, y reitero mi insistencia en esta ocasión, es precisamente esto, la calidad gráfica de la novela, uno de sus grandes puntos fuertes. Rica en matices, sus viñetas abren y cierran planos, de lo general al detalle, sombras y luces, con una precisión absoluta. Como si fuera fácil convertir un folio en blanco en una película, entre sus páginas se desprende la esencia de los años 50 y el ambiente revolucionario instalado entre los países que acogieron a Guevara, tras su salida de Argentina.

El otro punto fuerte es su documentación. Y eso a pesar de que, en algunos momentos dé la impresión de que todo quede demasiado condensado, algo superficial, como si ocurrieran demasiadas cosas, o demasiados viajes, en poco espacio para asimilar. En este sentido, además, uno tiene la sensación de que la segunda parte es algo más contundente que esta primera. Tal vez solo sea una cuestión de efectos especiales. Faltan la lluvia, que ya empieza a asomarse al final, y más balas.

Así las cosas, con un marcado trasfondo social y político de la época, el cómic pasa de puntillas por la vida más personal del Che, cuyas inquietudes ideológicas, a veces, le muestran algo frío y distante. Algo más pragmático y resolutivo, ya nos lo advierte en su comienzo: “Costará vidas inocentes”. Su lado más humano lo encontramos en sus cartas y testimonios, sus momentos con su hija y su vertiente más poética. Al menos, uno de mis pasajes favoritos está relacionado con la poesía. Especialmente, con el poema que el propio Ernesto Guevara le dirige a María, la anciana moribunda que está bajo sus cuidados médicos. Como si realmente las palabras de su protagonista cobraran tono, su voz suena de fondo, mientras se intercalan con el resto de viñetas.

Después, Che. Una vida revolucionaria: El doctor Guevara termina con el principio de Los años en Cuba. Dos novelas gráficas, cada una con sus matices, que se completarán con un tercer tomo, su viaje al Congo y su regreso a Cuba y a Bolivia. Lo bonito de esta historia es que, aunque todos sepamos ya cómo termina, realmente tengo curiosidad por ver cómo nos la cuentan. Hasta entonces, de momento, habrá que esperar un poco.

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Infección, de Robin Cook

Infección

InfecciónDesde hace unos meses estoy enfrascada en la elaboración de mi trabajo de fin de carrera. Estudio Derecho y el TFG (que es como se conoce a este trabajo) es el último paso antes de conseguir el título. El tema que he escogido es el uso de test genéticos directos al consumidor. Os explico un poco de qué van: es un mecanismo que permite a una persona, fuera del ámbito médico y sin doctores de por medio, hacer un “chequeo” de su ADN para comprobar si es propenso a tener alguna enfermedad. Es algo que, a priori, parece muy útil y muy interesante. ¿A quién no le gustaría saber si el día de mañana va a padecer diabetes, por ejemplo? Pero como casi todo en esta vida, estos test son un arma de doble filo: por una parte, está bien que te orienten y te adviertan sobre unas posibles futuras enfermedades, pero por otra, no dejan de ser algo que se queda en el aire. Es una hipótesis, algo predictivo y que no asegura absolutamente nada. Eso puede llevar a una persona a volverse paranoica, a pensar que va a padecer una enfermedad sí o sí, a cambiar su modo de vida, a vivir esclava de esa futura desgracia. ¿Qué precio estarías dispuesto a pagar? ¿Preferirías vivir sabiendo que vas a padecer una posible enfermedad o estarías más tranquilo si no supieras nada?

Lo que está claro es que la ciencia avanza. Pasamos del médico que visitaba las casas con un maletín como único instrumento a tener hospitales equipados con las últimas tecnologías (aunque muchos de ellos, sin los profesionales suficientes para hacer uso de ellas. Pero ese es un tema en el que hoy no voy a entrar. Quizás otro día). La ciencia intenta actualizarse, ser lo más útil posible y quedar al alcance de todos. ¿Y qué es lo que hoy en día las personas más utilizamos? Exacto, el teléfono móvil. Por eso unos magnates estadounidenses decidieron crear iDoc, una aplicación para el móvil que hace que siempre lleves a tu médico en el bolsillo. Es más, mediante esta aplicación, podremos saber qué enfermedades padecemos y cuales somos propensos a sufrir. Una especie de test genético del que os hablaba antes. Pero George Wilson, nuestro protagonista y estudiante de radiología, sabe que algo raro está pasando con esa aplicación. Es más, está convencido de que la muerte inexplicable de su prometida, Kasey, está relacionada con esta nueva tecnología. Eso le llevará a investigar un poco más y a descubrir que hay mucha información que los creadores de iDoc están ocultando a sus consumidores. Información que, de saberse, haría que la empresa cayera en bancarrota de inmediato.

Robin Cook nos tiene acostumbrados a novelas rápidas, en las que las explicaciones médicas son el hilo conductor de sus tramas. En Infección encontramos una historia un poco más lenta, más pausada, que se centra también en reivindicar el papel de los médicos y a teorizar sobre el avance de la tecnología. Es un autor que siempre me ha gustado. En casa tenemos varios libros de él y normalmente ha sido una buena opción cuando no sabía qué leer y me apetecía una historia con gancho, de esas que hacen que te pases la tarde leyendo sin que te des ni cuenta.

Es curioso que, sin haber leído la sinopsis, me decantara por este libro. Justo ahora que estoy con el TFG del que os hablaba. Casualidades de la vida. Y esta practicidad es una de las cosas que más me gustan de Robin Cook. Nos trae historias de ficción pero que sin dificultad podrían ser casos reales. Él te lo está contando como algo casi de ciencia ficción, pero en realidad no hay más que abrir un poco los ojos para ver que no se aleja mucho de la realidad. Ahora solo me queda saber si puedo incluir Infección dentro de la bibliografía y las referencias de mi TFG. No sé… puede que incluso me pongan una matrícula.

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El rey Pelé. El hombre y la leyenda, de Eddy Simon y Vincent Brascaglia

El Rey Pelé. El hombre y la leyenda

El Rey Pelé. El hombre y la leyendaLa primera imagen que se me viene a la mente de Pelé no es precisamente halagadora hacia el ídolo brasileño. Como tantos y tantos jóvenes me he criado viendo dos capítulos de los Simpson diarios durante años, así que es inevitable que venga a mi memoria el episodio en el que la familia amarilla va a ver un partido de soccer y antes de que éste dé comienzo aparece Pelé para saludar al respetable y ya de paso promocionar una marca de papel para el horno, tras lo cual un hombre trajeado le entrega una bolsa cargada de dinero. Por suerte también he tenido la oportunidad, a partir de algunos vídeos recopilatorios, de comprender la magnitud de su figura; si hoy en día alucinamos con lo que son capaces de hacer Leo Messi o Cristiano Ronaldo —dos jugadores que están, aún hoy, a mucha distancia del resto de los mortales—, no quiero ni imaginar lo que suponían aquellas gambetas, esos cambios de ritmo explosivos y esa calidad para definir de cara a puerta en una época en la que este deporte era tan distinto al actual.

El rey Pelé. El hombre y la leyenda hace honor a su nombre, ya que escarba en las dos magnitudes del bautizado como Edson Arantes do Nascimiento. Así, además de hacer un repaso por su carrera futbolística desde sus primeras pachangas en Três Corações hasta su (última) retirada en el Cosmos de Nueva York, este cómic profundiza bastante más de lo que esperaba en su vida fuera de las canchas. Siempre he creído que una biografía no es tal si sólo se centra en el ámbito laboral del protagonista, por muy interesante y apasionante que éste haya sido; si no nos aporta una visión de la persona, con sus luces y sus sombras, sus buenas y sus malas decisiones, no deja de ser una caricatura. Y en este cómic, para mi sorpresa, se atreven a bajar al ídolo al barro, tocando aspectos tan peliagudos como sus frecuentes infidelidades o sus momentos de depresión. También creo que es muy oportuna la decisión de los autores de combinar la narración de la vida de O Rei con la evolución política y social de Brasil, ya que ayuda a meterte en el ambiente y a comprender algunas de las decisiones del futbolista, especialmente durante la etapa de la dictadura militar.

Con todo, a nivel general este es un libro en el que predomina lo positivo, con muchos colores cálidos y unos dibujos que priorizan ser agradables antes que ser realistas. En los recuadros superiores que acompañan a la mayoría de las viñetas se van dando datos biográficos, mientras que las ilustraciones y los bocadillos están dotados de mucha mayor libertad, por lo que juegan con el humor en no pocas ocasiones. No sé hasta qué punto todos los datos que se aportan están contrastados —como los que se refieren a los primeros amores del delantero— pero los autores consiguen construir un relato muy completo y ameno.

Por todo esto, creo que pese a estar elaborada en formato cómic, El rey Pelé. El hombre y la leyenda es una biografía con todas las letras, ya que su nivel de detallismo y de profundidad es lo suficientemente alto como para que el lector pueda conocer mejor a uno de los jugadores más destacados de la historia del deporte rey.

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Leonard Cohen, La biografía, de Alberto Manzano

Leonard Cohen, la biografía

Leonard Cohen, la biografía“Oh, let me see your beauty when the witnesses are gone
Let me feel you moving like they do in Babylon
Show me slowly what I only know the limits of
Dance me to the end of love
Dance me to the end of love.”

Hace un par de días leía unas palabras del enormísimo cronopio Julio Cortázar con las que estoy muy de acuerdo. Os copio:

“(…) que si la poesía del hombre de hoy puede darse como se da en un Octavio Paz o en un Drummond de Andrade, también se da cada día más en el lenguaje de las tizas en los muros, de las canciones de Léo Ferre, de Atahualpa Yupanqui, de Caetano Veloso, de Bob Dylan, de Raimon y de Leonard Cohen (…)”.

Para mí, igual que opina Cortázar, Leonard Cohen es poesía y el Premio Nobel 2016 de literatura se lo ha llevado un poeta, con todas las letras, como lo es Bob Dylan. Y no pienso entrar en más discusiones sobre este tema, porque como Oliverio Girondo, soy irreductible. Si no sois capaces de ver que la poesía tiene muchas más formas que las habituales, que la poesía está en las calles y en las canciones, peor para vosotros. Y ahora, después de este alegato exaltado contra el puritanismo poético, procedo a hablar del libro en cuestión.

Leonard Cohen, la biografía no es un libro más sobre este músico canadiense, o al menos a mí no me lo ha parecido. Escrito por Alberto Manzano, amigo del autor desde 1980 y traductor de la mayor parte de su obra literaria, esta biografía es auténtica y sincera. Quién mejor para hablar del músico que alguien que lo conoce bien, ¿no?

A mí me ha gustado Leonard Cohen desde pequeña y muchas de sus canciones forman parte de la banda sonora de mi vida. Recuerdo que mi madre tenía un vinilo suyo que sonaba de vez en cuando en el antiguo tocadiscos de casa. Hoy día, sus canciones siguen acompañándome y tengo la impresión de que siempre estarán ahí. Aunque hace poco que nos dejó (en noviembre de 2016), Leonard Cohen siempre será eterno.

Nacido en el seno de una familia judía de clase alta, Leonard destacó desde pequeño. ¿Sabéis qué poeta es el culpable de que el músico comenzase a disfrutar la poesía? Nada más y nada menos que nuestro Federico García Lorca. Cuando el poeta encontró una edición traducida de Lorca, siendo adolescente, descubrió que existía una poesía desconocida para él hasta entonces que avivó su consciencia poética. Tanta era su fascinación por el poeta granadino que una de sus hijas se llama Lorca Cohen. Gracias a un guitarrista español, que le enseñó unos pocos acordes, Leonard comenzó a interesarte también por la creación musical y el resto, lectores, es historia.

Amigo de grandes poetas de su generación, Leonard vivió la vida que quiso. Frecuentaba los cafés y los bares, acudía a recitales y se entregaba a los excesos como la mayoría de sus coetáneos. Etapas que alternaba con otras de retiro y mayor espiritualidad (debido, quizá, a su tendencia a la depresión).

Decepcionado con su carrera como escritor, Leonard puso rumbo a Nueva York para entregarse a los brazos de la música y la jugada le salió muy bien. Consiguió ser poeta y músico a la vez, algo al alcance de muy pocos.

Leonard Cohen, la biografía, es un libro íntimo, reflexivo y muy sincero en el que Leonard Cohen aparece reflejado como el gran poeta del rock que fue y que siempre será. Las viejas glorias nunca mueren y Leonard Cohen ocupa un lugar privilegiado en el Olimpo de los genios de las letras y la música.

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La charla, de Linda Rosenkrantz

La charla

La charlaSi me lo permitís, voy a hablar un poco sobre una de mis series favoritas. Se llama Girls y es idea de Lena Dunham, que también es una de las protagonistas. Esta serie habla de Hannah (Lena) y de sus otras tres amigas, unas chicas neoyorkinas que intentan sobrevivir en la Gran Manzana. Marni es una mujer preciosa, disciplinada, organizada pero cuya vida parece ser un desastre. En su cabeza sabe cómo tiene que ser, pero luego se revela contra ella misma haciendo cosas que no son propias de una chica de su clase. Shosh es una especie de bicho raro, vive en su mundo de cosas extrañas y parece que es la más inocente de las cuatro. Jessa está como una cabra; hace lo que quiere cuando quiere. No tiene límites. Y luego está Hannah, una chica que se sale de todos los estereotipos imaginables. Está gorda y no es que sea una preciosidad; pero a ella, le da lo mismo. De hecho, creo que no hay ni un solo capítulo en el que no enseñe una teta, por ejemplo. No tiene ningún complejo, se muestra tal y como es. Y eso es lo que me encanta de esta serie. Cuando veo Girls sé lo que me voy a encontrar: un grupo de chicas que bien podrían ser sacadas de cualquier barrio y que se muestran al natural. Y esto, señores, es algo que a muy poca gente le gusta. Cuando termino un capítulo, suelo leer los comentarios que los demás dejan por Internet y solo puedo decir una cosa: ¡alucino! El 99% de ellos habla mal de Lena Dunham: que si está gorda, que si no debería enseñar las tetas porque las tiene muy feas, que si debería depilarse el coño (sí, también lo enseña bastante a menudo), que debería hacer dieta, que no está bien que muestre su cuerpo en la serie… y en cambio de los desnudos de la actriz que hace de Marnie, nadie dice nada. Porque ella es perfecta. ¿Pues sabéis qué? ¡bravo por Lena y por sus tetas imperfectas!

Y os preguntaréis por qué estoy haciendo aquí una crónica de una serie que no viene al cuento… pues bien, sí que viene. Y mucho. La charla es como una antesala de las series como Girls. Es una novela-reality. Os pongo en situación: Linda Rosenkrantz, allá por los años sesenta decidió hacer una especie de experimento. Se fue con su grabadora a una zona de veraneo y se dedicó a grabar conversaciones y conversaciones de tres amigos. Sacó tantas horas de grabación, que el primer original del libro tenía más de 1.500 páginas. Tras duros años de trabajo, consiguió reducir ese manuscrito a lo que hoy tenemos en nuestras manos. Con una sola condición: no iba a manipular ni a modificar ninguna de las conversaciones. Lo que leemos en esta obra es exactamente lo que se habló en aquella playa de East Hampton en los años sesenta. Y se hablaba con sinceridad, sin filtros ni tapujos. Un poco como lo que hace Lena Dunham en su serie.

Hay una anécdota sobre La charla, y es que uno de los primeros editores que lo leyó dijo que era de “una obscenidad asquerosa”. Este señor, obviamente, no llegó a editar la obra. Así que Linda Rosenkrantz tuvo que buscar otro cauce para su publicación. Y al final lo consiguió. Y gracias a eso hoy podemos disfrutar de una obra sincera y natural que hará que veamos los realities de otra manera. En ella encontraremos temas de toda clase: sexo, drogas, filosofía, arte… para todos los gustos, vaya.

Esta novela me recuerda un poco a esas noches desinhibidas en las que el alcohol y las estrellas hacen que la filosofía sea una más en la mesa. Esos momentos en los que nos creemos capaces de solucionar el mundo. Pero cuando nos levantamos al día siguiente vemos que todo lo que estábamos diciendo era una soberana estupidez. Pero lo bueno de esas charlas, es que hablamos libres. Hablamos sin miedo al qué dirán, a ser juzgados, a no gustar a los demás. Nos da igual. No hay nada más bonito que la libertad. Y no hay nada más bello que el que tienes al lado te escuche con esa libertad dentro de su cerebro. Hablemos más y más alto. Eso es lo que nos dice Lena. Y también lo que proclama Linda en su libro. Quizá no solucionemos el mundo, pero habremos hablado libres. Que al final, es lo que importa.

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Las marcas de la muerte, de Veronica Roth

Las marcas de la muerte

Las marcas de la muerte“¿Y qué si duele? De todos modos, la vida está llena de sufrimiento.”

¿Os imagináis por un segundo cómo sería vuestra vida si experimentarais el dolor a diario? ¿Pensaríais en algún momento que ese dolor pudiera ser merecido…? Cuando leí la sinopsis de este libro por primera vez no vi el nombre de Veronica Roth, una de mis autoras favoritas de literatura juvenil, sino que me centré por completo en su sinopsis. Un mundo en el que el que las personas reciben dones que pueden convertirse en maldiciones. Un universo en el que algunos de sus habitantes conocen sus destinos en la infancia. Unos protagonistas que se ven obligados a convertirse en héroes para salvar a sus seres queridos. Parecía realmente interesante…

Es muy curioso cómo casi todas las novelas actuales, sobre todo en las distopías juveniles, nos presentan a unos personajes principales valientes, capaces de luchar contra todo lo que se les ponga por delante, convirtiéndose al final en los héroes de la historia. Personalmente, estoy bastante cansada de este tópico que cada vez es más fácil de encontrar entre las ofertas literarias actuales. Por eso este libro me ha sorprendido tanto.

Pero comencemos por el principio. El don de la joven Cyra consiste en causar dolor, no solo a los demás sino también a ella misma. El don de Akos le permite ser inmune a los dones del resto de los habitantes de la galaxia. Ambos se ven obligados a sobrevivir en un mundo que les plantea dificultades cada día, con una guerra que se avecina y un destino que ninguno de los dos eligió…

A pesar de que con Divergente ya lo consiguió, Veronica Roth me ha dejado con la boca abierta después de leer Las marcas de la muerte. Si estáis acostumbrados a adivinar cada una de las cosas que suceden en un libro y estáis hartos de ello, esta sin duda debería ser vuestra próxima lectura. A pesar de tener casi 500 páginas, esta historia engancha desde el primer capítulo. Para ser el primer volumen de una saga, que suelen ser bastante introductorios, me ha parecido que la autora logra mezclar la presentación de un mundo nuevo, con todo lo que ello implica, con la acción. En ninguno de los capítulos he sentido que la historia flaqueara, a pesar de su narración descriptiva y muy atenta a los detalles.

Además, el desarrollo de sus personajes principales destaca en esta novela, no solo por su profundidad, sino por todo lo que evolucionan a lo largo de la misma. Tanto que descubren quiénes son realmente en un mundo en guerra, en el que no todo lo que hacen se puede considerar lo “correcto”… Por eso creo que esta obra me ha impresionado más que la primera y famosa trilogía de la autora. Es una novela mucho más adulta y reflexiva.  Porque, ¿quién decide qué es lo correcto y qué no lo es? ¿Por qué nuestros actos deberían definir nuestra personalidad? A veces, son las circunstancias en las que vivimos las que la forman…

Las marcas de la muerte es, en definitiva, una novela para aquellos que, como yo, buscamos algo diferente dentro de la literatura juvenil adulto. Una historia original, con una historia de amor creíble (¡por fin!), que nos haga reflexionar y que nos lleve a un mundo en el que no todo es lo que parece y en el que no puedes confiar en nadie. Un libro que demuestre que no existen los héroes, que las personas reales (incluso dentro de los libros, las películas o las series de televisión) tenemos debilidades y cometemos errores. Pero que eso no nos define, ni en nuestro planeta ni en cualquier otro.

No podéis dejar pasar este primer volumen de una saga que promete demasiado en sus continuaciones y que muestra que el dolor es necesario para descubrir qué es lo que realmente nos importa. Por lo que merece la pena luchar.

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Contra el fanatismo, de Amos Oz

Contra el fanatismo

Contra el fanatismoHace poco leí que después de que Donald Trump venciera en las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos, el libro 1984, de George Orwell, aumentó sus ventas en el país exponencialmente, 68 años después de su publicación. Incluso hasta España ha llegado la tendencia, ya que el libro entró entre los 50 más vendidos en nuestro país en 2016. Las similitudes entre el régimen distópico que construyó el autor nacido en el Raj británico y algunas de las actuaciones y declaraciones del nuevo ejecutivo norteamericano son verdaderamente alarmantes. Por desgracia, la llegada de este ser promuros y antimedios de comunicación a la Casa Blanca no parece que vaya a ser una excepción, sino una tendencia al fanatismo que comienza a tomar grandes apoyos en la opinión pública de occidente. Son muchas las causas a las que podemos atenernos para justificar esta deriva, como la crisis económica, el miedo al terrorismo islamista o el desencanto de la población con una clase política que se ha distanciado demasiado del pueblo al que representa. Sin embargo, si bien novelas como 1984 pueden ayudarnos a identificar los peligros que nos acechan, para combatirlos creo que son mucho más útiles textos como Contra el fanatismo.

Lo primero que me sorprendió al comenzar a leer este ensayo es la sencillez con la que escribe Amos Oz. Acostumbrado como estoy, por culpa de mi pasión (ligeramente masoquista) por la lectura de textos políticos, a tener que descifrar frases complejas y recargadas, la prosa directa y clara de este pensador israelí me hizo sentir como en mitad de una conversación coloquial en una cafetería, sin ningún tipo de grandilocuencia ni de excesos estilísticos. La otra de las claves, para mí, de este pequeño libro es la sinceridad que emana de sus palabras. Oz toma posición desde el comienzo y centra su discurso en el peliagudo conflicto palestino-israelí, más peliagudo aún de acometer si tenemos en cuenta que este escritor es natal de Jerusalén.

En torno a este tema el autor defiende la necesidad de un acuerdo entre los dos contendientes, que nazca desde el reconocimiento mutuo y en base a las concesiones imprescindibles para que ambos pueblos puedan tener un futuro digno y en paz. «Nunca lucharía por más territorios. Nunca lucharía por una habitación más para la nación. Nunca lucharía por los santos lugares ni por las vistas a los santos lugares. Nunca lucharía por supuestos intereses nacionales. Pero lucharía, como un demonio, por la vida y la libertad. Por nada más», resume es escritor.

Pero el texto de este libro que más valor simbólico tiene, en mi opinión, en los días que vivimos es en el que trata el  tema del fanatismo. «¿Quién iba pensar que al siglo XX le iba seguir el siglo XI?» se preguntaba Oz hace ya más de una década. En este capítulo se dedica a analizar en profundidad al fanático, al que etiqueta como un ser con una actitud de superioridad moral, que se caracteriza por preferir sentir a pensar. Y es que qué duda cabe de que muchas de las decisiones más preocupantes que se han ido tomando en el mundo en los últimos meses han salido de las tripas, y no del cerebro, de quienes mandan ejecutarlas. Frente a esta tendencia, Oz llama a combatir al fanático desde la inteligencia, obligándole a salir de sus marcos preestablecidos y haciéndole ver las múltiples contradicciones con las que siempre cargan los defensores del pensamiento único, pero que tanto se esfuerzan en esconder debajo de la alfombra de su mollera.

Pienso que Contra el fanatismo debería tener un sitio privilegiado en colegios e institutos de todos los lugares del mundo, ya que enseña una serie de valores que estoy convencido de que si se interiorizan bien en las primeras etapas de crecimiento intelectual, las nuevas generaciones estarán mucho más preparadas de lo que seguramente estamos las actuales para combatir a ese mal que tanta fuerza está tomando en estos últimos tiempos.

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Animales fantásticos y dónde encontrarlos, guión original de la película, de J.K. Rowling

Animales fantásticos y dónde encontrarlos, guión original de la película

Animales fantásticos y dónde encontrarlos, guión original de la películaPues sí, estoy aquí otra vez para hablaros de Harry Potter. Qué extraño, ¿verdad? Pero es que no lo puedo evitar, veo que se pone algo en venta relacionado con la saga más maravillosa que se ha escrito en todos los tiempos (obvio) y no puedo más que hacerme con ello. Esta vez ha sido Animales fantásticos y dónde encontrarlos, guión original de la película. Como su nombre indica es el guión de la película que se estrenó en noviembre de 2016 y que dejó con la boca abierta a medio mundo.

Cuando se emitió la octava película, Las reliquias de la muerte, segunda parte, todos los fans de la saga nos quedamos con un sabor agridulce. Fue un final más que digno y la película estuvo a la altura de las palabras de J.K. Rowling, o al menos a mí me lo pareció. Pero, por otra parte, se cerraba un capítulo de nuestras vidas. Vale, podríamos volver a ver las películas todas las veces que quisiéramos y hacer maratones de fin de semana una y otra vez (sí, es algo que hago al menos una vez al año). Pero no volveríamos a sentir la emoción que se siente cuando estás esperando en la cola del cine para ver a tus personajes favoritos, ni imaginando cómo será, si la adaptación ha sido buena y si saldrás con ganas de volver a entrar en la siguiente sesión. Pero entonces, la escritora inglesa nos dio la noticia que todos estábamos esperando: la magia de Harry Potter volvería a la gran pantalla, pero esta vez encarnada en la piel de Newt Scamander, un magizoólogo nacido mucho tiempo antes que El niño que sobrevivió y que decide emprender un viaje a Nueva York, en busca de información sobre las criaturas mágicas que guarda dentro de su maleta. Una vez allí, descubre que un mal acecha la Gran Manzana y se ve envuelto en una aventura junto con otras dos brujas y un muggle.

Leer el libro es como ver la película. No hay que olvidar que es el guión de esta, por lo que en el libro no encontraremos más de lo que ya vimos en la gran pantalla. Aun así, es algo que merece la pena tener y leer con detenimiento. Recuerdo que cuando vi la película estaba tan emocionada que pasé muchos detalles por alto. Tenía tantas cosas que ver y que comentar con Óscar —mi gran amigo y cuyo fanatismo por Harry Potter se puede asimilar al mío— que muchas cosas se quedaron en el aire. Pero, al leer el guión original, he podido detenerme en todos los detalles, con la ventaja de que estaba visualizando todo el rato la película y sus personajes.

Volviendo a la historia de Newt Scamander (que me voy por las ramas y no me decís nada), tendremos que tener en cuenta que esta es la primera parte de una saga. Hasta ahora se ha dicho que va a estar compuesta por otras cuatro películas —que no sé si también llevarán su guion original pertinente publicado—. Y sobre todo, tendremos que tener muy presente la historia de Albus Dumbledore, director de Hogwarts, que se cuenta en el último libro de la saga original. Tampoco podremos perder de vista a Grindelwald. Y si no os suena este nombre, más os vale revisar la saga, porque si no os perderéis una de las cosas más importantes de este libro. A mí ya se me ocurren una serie de teorías que no voy a comentar por aquí porque no quiero hacer ningún tipo de spoiler, pero estoy deseando ver cómo continúa la historia para saber si mis hipótesis son ciertas o no. Aunque para eso me temo que tendré que esperar a 2018, año en el que saldrá la segunda película.

Para mí volver a Hogwarts es siempre una alegría. Aparte de que Harry Potter y la piedra filosofal fuera el primer libro que leí “en serio”, teniendo unos nueve años es la historia que me hizo soñar durante toda mi infancia. Y, sobre todo, la que me animó a escribir. La saga llenó mi cabeza de historias, de cuentos, que quería que todo el mundo conociera. Fue entonces, con unos diez años cuando decidí que quería ser escritora y que quería que los personajes que rondaban por mi cabeza cobraran vida algún día. Todavía no he podido ver mi sueño cumplido, pero espero que algún día una de mis historias haga tan feliz a alguien como a mí me hace Harry Potter.

 

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La impaciencia del corazón, de Stefan Zweig

La impaciencia del corazón

La impaciencia del corazónLa compasión es un sentimiento muy peligroso. De hecho, sentir compasión por alguien a veces tiene una connotación negativa. Que alguien te dé pena es malo. Es incluso ruin. Porque solo se siente compasión por alguien es inferior a otra persona en alguna circunstancia en concreto. Y eso puede dar lugar a que nos creamos superiores y nos haga mostrarnos vanidosos. Y eso algo que es así. Cuando pensamos en una persona que nos da pena, es porque no tiene la suerte que tenemos nosotros. “Pobrecillo, no viste de marca, no tiene pareja, sus hijos no le quieren, ha tenido un accidente, no tiene trabajo, tiene un trabajo de mierda…”. La compasión, como vemos, se puede aplicar a diferentes ámbitos pero siempre implica una cosa: el que la siente, se cree (voluntaria o involuntariamente) mejor que el otro.

Esta es la idea con la que Stefan Zweig juega cuando narra La impaciencia del corazón, o La piedad peligrosa, título con el que también se conoce a esta obra. Y este último título quizá sea incluso más adecuado que el primero que he nombrado, porque esta obra habla de la piedad que siente el teniente Anton Hofmiller cuando conoce a Edith, hija del gran magnate de origen húngaro Lajos von Kekesfalva. Y siente esa compasión por ella porque esta joven sufre una grave parálisis que le impide andar. Ella se enamora perdidamente de él y con el paso del tiempo el teniente empieza a corresponderla, pero lo que no sabemos es dónde empieza el amor y dónde termina la piedad. No sabemos si está con ella porque es incapaz de decirle que no a una pobre chica paralítica o si realmente la ama con todo su corazón. Toda esta historia, por si fuera poco, está contextualizada casi al comienzo de la Primera Guerra Mundial, por lo que la decadencia del Imperio Austro-Húngaro —que parece inminente— inunda la atmósfera con un tinte trágico. A pesar de ello, contra todo pronóstico, lo importante de este libro no es la Gran Guerra en sí. No es un libro histórico en el que la guerra sea el eje principal. De hecho, cuando estalle la batalla, nosotros apenas nos daremos ni cuenta, pues Zweig la introduce en la narración de una manera muy sutil. Lo importante son los personajes, desarrollados exhaustivamente y que abren su alma al lector.

De este escritor austriaco se ha dicho que “su habilidad para comprender el sufrimiento de las personas era formidable”. Y yo añado: no solo para comprenderlo, sino también para transmitirlo. Porque su narración es desgarradora. Crea una atmósfera perfecta con lo que parece una facilidad innata.

Lo que está claro es que los humanos somos compasivos. No podemos evitar sentir pena por los demás. Incluso muchos la sentimos por los animales. Parece que tiene una connotación negativa, como decía al principio. De hecho, no sé si el teniente Hofmiller se hubiera prometido con Edith si esta no hubiera estado enferma. No lo sé y ¿sabéis qué? Prefiero no pensarlo. Porque la compasión también ha movido montañas. De no existir esta, nadie habría fundado jamás una ONG; las perreras serían cosa de la ficción. Y no hablemos de los orfanatos. Será que yo intento buscarle la cara amable a todo lo que me rodea. Pero Hofmiller tendrá que batallar con estos sentimientos, desgranarlos hasta reducirlos al mínimo, para poder comprender si realmente ama a Edith o si ha sido la presión social y el estado de la joven lo que le ha llevado a ese enamoramiento.

Es una novela para leer sin impaciencia, poco a poco. Es densa a ratos pero llega un momento en el que se convierte en algo que no podemos dejar escapar. La impaciencia del corazón o La piedad peligrosa, si lo preferís, es, en pocas palabras, una obra maestra que debería hacernos reflexionar a todos, compasivos o no, sobre nuestros propios sentimientos.