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Qué sientes cuando no sientes nada, de Víctor Panicello

Que sientes cuando no sientes nada

Que sientes cuando no sientes nadaSiempre he tenido la sensación de que, para muchas personas, es demasiado fácil juzgar algo o a alguien sin conocerlo realmente. Sin saber lo que es ponerse en la piel de la otra persona, con sus circunstancias, sus miedos y sus luchas internas. Nunca he llegado a comprender por qué nos solemos quedar con las apariencias, con los aspectos superficiales de algo, sin mirar más allá.

Algo parecido a esto es lo que ocurre con los trastornos alimentarios. Las enfermedades como la bulimia, la anorexia o la obesidad esconden problemas mucho más graves que el simple hecho de no querer engordar porque en nuestra sociedad parece que se premia la delgadez. Me da mucha rabia que se desconozcan todos los problemas que conllevan estas enfermedades para aquellos que la han sufrido o que, como yo, las han vivido de cerca. Por eso creo que este libro es tan necesario.

Qué sientes cuando no sientes nada es una novela que nace del trabajo del autor con un grupo de jóvenes que han padecido estos trastornos y que habla de la soledad, la inseguridad, el miedo y la rabia que les llevó en el pasado a encontrarse con estas enfermedades. Lo más interesante de esta lectura (que ya de por sí es interesante) ha sido conocer todo lo que estos problemas hacen sentir a las personas que lo sufren o que lo han sufrido de primera mano, desde la experiencia que le ha dado al autor hablar con este grupo de personas. Sobre todo porque no es fácil describir este tipo de emociones cuando no las has experimentado, cuando es solo algo de lo que has oído hablar.

Además, otra razón por la que este libro se ha hecho un hueco en mi corazón han sido sus personajes principales. En este sentido, se ve que el libro no solo trata de los trastornos alimentarios, sino que también narra los problemas que todos experimentamos en la adolescencia: quiénes somos, quiénes queremos ser, de quiénes queremos rodearnos y cómo afrontar el cambio físico y psicológico que supone estar a un paso de convertirnos en personas adultas. Víctor Panicello ha conseguido transmitir todo esto a la perfección desde el principio, poniéndose en la piel de cada uno de estos personajes y tratando de sacar lo mejor de ellos.

De esta forma, además de relatar una historia tan profunda como llena de sentimientos, incorpora entre cada uno de los capítulos una receta en la cual no solo aprenderemos a cocinar sencillos y apetecibles platos, sino que también descubriremos todo lo que ha experimentado la protagonista en cada una de las fases de la anorexia nerviosa que padece. Las ansias de alcanzar el perfeccionismo, la inseguridad, el miedo, la culpabilidad y la ansiedad nos hacen (y no solo a la protagonista) sentirnos tan vacíos por dentro que nos olvidamos de intentar alcanzar nuestra propia felicidad y tratar de ser nosotros mismos. Una gran lección que, para mí, no ha pasado desapercibida a lo largo de esta lectura.

Creo que este es uno de los libros que todo el mundo debería leer en este 2017, sobre todo porque ya ha ido a mi lista de libros imprescindibles. Es muy difícil que un libro consiga emocionarte hasta llorar, empatizar con los personajes, entretenerte y hacerte aprender y abrir tu mente. Por eso este ha sido tan especial para mí. Es una de las pocas lecturas 100% reales que he leído en estos últimos años y siento que es muy necesario que en la sociedad actual se entiendan más estos problemas que afectan a tantos adolescentes, además de a gente adulta. Es de vital importancia que los padres, además de los profesores y educadores, intenten evitar estos problemas desde la base. Y siento que este libro es una magnífica manera de concienciar a todos ellos.

Gracias, Víctor Panicello, editorial Comanegra y la Fundación ABB para la prevención de la anorexia, la bulimia y la obesidad por hacer de Qué sientes cuando no sientes una herramienta imprescindible para conectar con la gente de todas las edades y todas las culturas que han sufrido tanto como los personajes de esta novela.

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El Cuarto Mundo vol.1, de Jack Kirby

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Jack Kirby es, sin lugar a dudas, el dibujante de superhéroes más famoso de todos los tiempos. Creador junto a Stan Lee de casi todo el Universo Marvel (Los 4 Fantásticos, Los Vengadores, La Patrulla X, Iron Man, Thor…), pero hay que señalar que también trabajó para la competencia (DC Comics) para los que crearía, encargándose tanto del guion como del dibujo, un universo entero: El Cuarto Mundo. ECC Ediciones recupera (respetando el formato original, cosa siempre de agradecer por parte de los nostálgicos) en cuatro volúmenes imprescindibles esta obra del genio neoyorkino.
Kirby ya había dado muestras de su elevadísima capacidad para crear en Marvel. Por ejemplo, cuando Stan Lee quiso introducir a un personaje con categoría de dios en el Universo Marvel, ideó un personaje llamado Galactus. Kirby, al trabajar en el proyecto, le devolvió las páginas incluyendo a un personaje con el que Lee no contaba: Silver Surfer (Estela Plateada), argumentando que todo dios necesitaba un escudero. Esa saga está considerada una de las más importantes de toda la historia de los cómics y, en poco tiempo, Silver Surfer se convirtió en todo un icono de los 70.

Pero quizá esa desbocada creatividad le pasó factura, ya que los lectores de la época se vieron desbordados por un cómic que no acababan de entender del todo. Es prácticamente imposible encontrar un cómic que nos escupa tantos conceptos por viñeta. En el prólogo de la presente edición, Grant Morrison nos lo explica con precisión:

“La obra de Kirby funcionaba a una frecuencia demasiado alta y mi cerebro preadolescente no podía sintonizarla; me producía un escalofrío interno por lo asombroso de sus operísticas visiones de planetas ardiendo y rugientes deidades… Kirby era demasiado salvaje, demasiado terrorífico, demasiado crudo”.

Por este motivo las colecciones fueron acabando y tras cinco años en DC, Kirby volvería a Marvel en 1975 terminando la que fue su etapa creativa más individual y significativa.

En El Cuarto Mundo, el autor demuestra el ilimitado poder de su talento. Los personajes parecen salir de las páginas, adueñándose del espacio y del diseño de la viñeta. La tecnología imposible, la ciencia ficción psicodélica, las razas extraterrestres, la manipulación genética y la mitología vista desde la perspectiva cósmica son los ingredientes que Kirby cocina en el interior de su privilegiada cabeza.

Apoyado por diferentes colecciones, Kirby creaba una mitología moderna, llena de personajes omnipotentes, representantes del mal y del bien absoluto. La identidad como villano de Darkseid es simplemente perfecta hasta el punto que será la gran némesis de la versión cinematográfica de Liga de Justicia, según dan a entender desde Warner.

Hoy en día es imposible entender el Universo DC sin El Cuarto Mundo. Darkseid (una imponente criatura que parece hecha de piedra y asemeja un ídolo pagano) es uno de los villanos más famosos de la historia de los cómics de superhéroes. Estos personajes han protagonizado historias realmente inolvidables aparte de inspirar a otros grandes dibujantes como Alan Moore, John Byrne, Frank Miller o Grant Morrison.

El Cuarto Mundo es un clásico que gana con los años, y que ahora podemos degustar en su edición definitiva. Parece increíble como el trabajo de Kirby aguanta el paso de los años. La realidad es que El Cuarto Mundo es un cómic adelantado a su tiempo, con tal cantidad de épica y novedad que es imposible no notar su influencia en multitud de grandes títulos posteriores.

Decía Frank Miller decir que su Kirby favorito era el del Cuarto Mundo. Mantenía que ese era Kirby de verdad, haciendo lo que le gustaba, sin que nadie le dijese cómo debía trabajar. Lo cierto es que, aunque es casi seguro decir que El Cuarto Mundo no es su mejor trabajo, todo Kirby está aquí. El Cuarto Mundo tiene todo lo que no pudo hacer con los 4 Fantásticos y todo lo que no llego a contar en Thor.

Ha tardado pero por fin ha llegado a nuestro país una edición a la altura del contenido. Una edición de auténtico lujo que engrandece y dignifica la obra del genio de Nueva York. El primer volumen establece las bases de una idea, un modo fundamental de entender los cómics desde el punto de vista de la pasión, pero con el objetivo de que el lector se lleve a casa algo para el recuerdo. Algo que le haga viajar. Viajemos todos, entonces, al Cuarto Mundo.

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Gorda, de Moyoco Anno

Gorda

GordaTengo que empezar esta reseña contando una anécdota porque si no reviento. Los que estéis hartos de mis asuntos podéis pasar al siguiente párrafo. Ya os he dicho que no sé mucho sobre el tema cómic y manga, pero que con el tiempo me va gustando cada vez más. Resulta que el día que recibí el libro, estaba en casa con mi amiga Marina. Cuando abrí el paquete y tuve el libro entre mis manos me quedé un poco loca. “¡Está al revés!” Mi amiga, muy lista ella, me miró con cara rara y me dijo: “es un manga, pava, se leen al revés.” Menos mal que estaba con ella en ese momento y me explicó cómo tenía que leerlo, porque, ¿os imagináis la reseña que hubiera hecho yo si no lo supiera? Quién sabe, a lo mejor si hubiese leído este libro de la otra forma me habría salido un mensaje satánico o un anuncio divino de Raticulín. Y ahora sí, después de esta introducción, que me deja en muy mal lugar, paso a comentar el libro.

Gorda es el título de este manga de Moyoco Anno y, por supuesto, la contundencia del título fue lo que me llamó la atención. Gorda es una palabra sonora, nada de eufemismos ni leches, una palabra directa que en principio te deja muy clarito de qué puede tratar el libro. Claro que si bien yo pensé que este manga iba a ser gracioso y banal estaba muy equivocada. La sensación que te deja el libro después de acabarlo es bastante agridulce, pero paso a contaros la historia primero.

Noko es una chica joven que trabaja en una empresa. Últimamente ha cogido unos kilos, pero es algo que no parece preocuparle demasiado. Mientras pueda comer, todo va bien y esa armadura de grasa que rodea su cuerpo no es algo que le traiga de cabeza. Pero parece ser que al resto del mundo sí le molesta. Noko empezará a escuchar los comentarios que sus compañeras de trabajo hacen a sus espaldas. El detonante será cuando se entere de que su novio, con el que lleva ocho años, se la está pegando con la tía más buena y más gilipollas de su oficina, una chica insoportable que se dedica a hacerle la vida imposible a Noko. Es entonces cuando comienzan las inseguridades. Quizá sí que esté gorda. Quizá lo que necesite es adelgazar y ser tan guay y tan guapa como las otras chicas. Quizá así su novio no le pondría los cuernos.

Lo que viene después es un auténtico calvario que incluye clínicas de adelgazamiento, dietas, peleas con el novio y con la penca malvada, atracones de comida, vomitonas y demás torturas que van haciendo mella en Noko.

Yo pensaba que Gorda iba a ser una historia más amable, algo más divertida. Aunque el manga tenga sus toques de sarcasmo, ha resultado ser una historia mucho más dura de lo que creía. Una bofetada en la cara que me ha hecho reflexionar bastante. Y es que este es un asunto bastante peliagudo que no hay que tomarse a broma. Un papel que la sociedad se empeña en atribuirle a la mujer: a las mujeres perfectas y delgadas todo les va bien y sus vidas son maravillosas. No nos damos cuenta de todo el dolor que arrastra ese papel que la sociedad nos impone. Amigos, no seamos tan imbéciles, por favor. No nos hagamos más daño. Libros como éste son necesarios para hacernos ver lo superficiales que podemos llegar a ser. Vamos a empezar a querernos tal y como somos, seguro que todo va mucho mejor.

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La Torre Oscura: El Pistolero (Integral II), de Stephen King

la torre oscura el pistolero integral II

la torre oscura el pistolero integral IIAhora ya sabes quién es el Hombre de Negro. Ahora ya sabes quién es el Pistolero. Ahora ya sabes por qué huía el Hombre de Negro a través del desierto y por qué el Pistolero iba en pos de él. Todo ello, todo lo que necesitabas conocer para entender esta lucha descarnada, te fue explicado en La Torre Oscura: La canción de Roland (Integral I). El narrador, engendrado por Stephen King pero adoptado por Robin Furth y Peter David para la adaptación al cómic, ya te explicó cómo el Hombre de Negro encendió la chispa que calcinaría todo lo que Roland Deschain, ahora más conocido como el Pistolero, amaba. “Quemados, apuñalados, disparados… y la lista sigue y sigue”. Y cuando alguien te lo arrebata todo, ¿no es justo devolverle ese daño multiplicado por cien? O por mil. Venganza. Eso busca el Pistolero; pero para llevarla a cabo debe alcanzar a su presa. Pero, ¿es realmente el Hombre de Negro una presa o finge serlo mientras atrae a Roland Deschain a su mundo de retorcidas ilusiones? Y La Torre Oscura, ¿podría ser uno de esos espejismos creados por Walter O’Dim, Randall Flagg, sí, el hombre de los mil nombres? ¿Es tal vez, únicamente, una retorcida metáfora de una empresa irrealizable o, al contrario, es una tangible y titánica estructura que alberga poderes inimaginables y que puede devolver a Gilead (el hogar caído en desgracia del Pistolero) la gloria perdida? Cuando las preguntas se amontonan se torna indispensable hallar respuestas, dejémonos pues de preámbulos y empecemos de una condenada vez con La Torre Oscura: El Pistolero (Integral II).

Lo primero que llama la atención al abrir la novela gráfica es descubrir que las ilustraciones ya no son creación de Jae Lee. Cuenta la leyenda que por ser un poco lento con los lápices fue invitado a bajarse del carro y ahora vaga por el desierto, bajo un sol de justicia, pensando en asociarse con George R.R. Martin. Leyendas… Aun así no será un cambio traumático, ni mucho menos, y se hace mucho más llevadero gracias al colorista Richard Isanove. Pero esto puede esperar. La Torre Oscura: El Pistolero, empieza justo donde también daba el pistoletazo de salida el integral anterior, pues como recordareis, La canción de Roland era realmente un flashback que abarcaba la infancia y adolescencia de Roland Deschain a lo largo de más de 800 páginas. Con El viaje empieza, primer tomo de los seis que reúne esta obra, nos adentramos realmente en la búsqueda que rodea a toda la saga y que sirve de pretexto para transportarnos a aventuras terroríficas o a mundos que parecen sacados de la mente de George Miller, creador de Mad Max.

Ciencia ficción, terror, fantasía, en La Torre Oscura hay cabida para estos tres géneros; y para algunos más si observamos con lupa. Además nos zambulliremos en situaciones que son tema recurrente en las novelas de Stephen King. Como por ejemplo, esas circunstancias, poco saludables, en las que una turba obnubilada, y manipulada por una persona de religiosidad extrema, decide que el forastero está de más. Algo que descubriremos en La batalla de Tull. O con Las hermanitas de Eluria, donde monstruos que ocultan su verdadero rostro tras la aparente belleza de unas monjitas de sexuales y ávidos instintos, le pondrán las cosas difíciles al protagonista. Pero si hay algo que a Stephen King se le da bien es crear personajes juveniles de ostensible carisma. Como Jake, que se convertirá en inseparable del Pistolero, a pesar de que pertenecen a mundos diferentes; algo que quedará patente en todas esas expresiones que a Roland lo dejarán meditabundo. “Asaltemos esas montañas heladas Aragorn”. O como Sheemie, muchacho de corto intelecto pero con poderes paranormales y que, tras conocerlo en La canción de Roland, en Últimos disparos, y gracias a un cuento contado por él mismo, sabremos dónde lo llevó su destino.

Retomemos el tema visual. Jae Lee no está. Te echaremos de menos, sí, pero solo un poquito. Sobre todo al principio, con Sean Phillips encargado de dar vida a Roland y a todo lo que lo rodea. Rostros duros y figuras de proporciones extrañas. ¡Eh, mira, la niebla ha desaparecido! En la lejanía incluso se vislumbran montañas por las que cabalgar. Luke Ross será el siguiente, haciéndote pasar un mal rato al mostrarte la cara oculta de las monjas que cuidan de los caídos en combate en Eluria. El siguiente en tomar el testigo es Michael Lark, asiduo de DC y Marvel y que aquí realiza un trabajo más que decente. Laurence Campbell y Alex Malev (sobre todo éste último) elaboran lo que para mí es el mejor trabajo de todo el integral: rostros que transmiten lo que dicen y paisajes que cautivan. Y finalmente nos encontramos a Dean White, que da color al último tomo mientras Richard Isanove se ocupa del dibujo. Sí, el mismo Isanove que ha dado color a todos y cada uno de los dibujos que han pasado por esta adaptación gráfica; ese color que ha logrado unificar los distintos estilos, consiguiendo así que no se noten demasiado los diferentes cambios de dibujante. ¡Chapó señor Isanove!

Llegamos al final. Al final de esta reseña, al final de la aventura, al final de La Torre Oscura… o eso creías. Ya que La Torre Oscura: El pistolero (Integral II) no es ni mucho menos un final. Es realmente el final de un principio, ya que esta adaptación gráfica, precuela de las novelas, enlaza de forma extraordinaria con la saga que en 1982 Stephen King inició y que a día de hoy sigue más en forma que nunca; transportándonos a mundos de pesadilla de los que temeremos no despertar, a lugares de ensueño a los que querremos regresar y a realidades paralelas que dejarán nuestra concepción del espacio-tiempo hecha un guiñapo, y que nos obligará a repetir una y otra vez el credo de los pistoleros para no perder la cordura: “Apunto con el ojo. Disparo con la mente. Mato con el corazón”.

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El pianista, de Manuel Vázquez Montalbán

El pianista

El pianistaEsta es mi primera lectura de Manuel Vázquez Montalbán. Aparte de ser el creador del detective Pepe Carvalho, no sabía nada más de este autor y, tras haber leído El pianista, me da hasta vergüenza confesarlo. Porque ahora tengo claro que es un intelectual indispensable para entender la sociedad española del último siglo.

El pianista, publicada por primera vez en los años ochenta, es la primera de la trilogía que Vázquez Montalbán denominó «ética de la resistencia», que se completa con las obras Galíndez (1990) y Autobiografía del general Franco (1992), y que gira en torno a la memoria y el olvido, tanto en el ámbito individual como en el colectivo, mucho antes de que este tema cobrara protagonismo en las esferas públicas y políticas.

Vázquez Montalbán pasa de la historia de unos jóvenes desencantados en los primeros tiempos de la transición española a la de unos vecinos que tratan de sobrevivir a las carencias de los años cuarenta, para hablarnos de aquellos que fueron vencidos y callados por la historia. Estas dos primeras partes transcurren en el barrio del Raval, en Barcelona, en el que el propio autor se crió, mientras que la tercera parte sucede en el París de 1936, el paraíso prometido de la vanguardia española. Todas ellas tienen una potente carga autobiográfica y son el homenaje que Vázquez Montalbán hace a la generación de sus padres, republicanos de izquierdas que defendieron sus valores por encima del beneficio personal. Pero El pianista es mucho más que unas historias de tres épocas distintas unidas por el personaje de Rosell, cuya profesión da nombre a la novela; es el retrato del vínculo existente entre esas tres etapas, ya que el presente siempre nace de un pasado que se rememora o se intenta olvidar, y fantasea con un futuro, a veces con el deseo de que sea mejor y, otras veces, ni siquiera con esa esperanza.

«Cada barrio debería tener un poeta y un cronista, al menos, para que dentro de muchos años, en unos museos especiales, las gentes pudieran revivir por medio de la memoria». Esta es mi frase favorita de la novela y su esencia misma, pues El pianista es un collage de personajes de diferentes clases sociales y aspiraciones; anécdotas reales confundidas entre las ficticias; canciones populares, tanto de España como de Francia; párrafos de artículos de revistas, anuncios y periódicos; reflexiones sociales, políticas e históricas; conformismos y luchas interiores. No cabe duda de que el calificativo de «escritor enciclopedista», con el que se denomina a Vázquez Montalbán en el extenso prólogo de la edición de Cátedra, es más que adecuado.

En definitiva, tres momentos de nuestra historia contados desde la perspectiva de aquellos que nunca pudieron hablar o a los que nunca se les escuchó. Vázquez Montalbán es el cronista que merecía el Raval y tantos otros barrios olvidados, y El pianista es una mirada certera y crítica de lo que fuimos, de lo que somos y de lo que seremos, gracias a la memoria y a pesar del olvido.

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Coincidencias, de Luis Goytisolo

Coincidencias

CoincidenciasSe suele vincular a los escritores desencantados con una forma de narrar fragmentaria, agenérica, con estilos innovadores y rompedores por la propia voluntad vital de apartarse de lo que está estipulado o normalizado y con lo que ellos no están de acuerdo. Luis Goytisolo es sin duda uno de los mayores ejemplos de ello que tenemos en nuestro país. Con una escritura muy pegada a la calle y un estilo que va directo a la yugular del lector, el escritor barcelonés empapa sus páginas de una bilis que a primera vista no sabe mal, es graciosa e incluso parece banal. Pero ya os puedo decir que no lo es.

En Coincidencias, Goytisolo construye una narración discontinua formada por retazos textuales a cual más sarcástico e irónico. Decía Vargas Llosa al hablar de él que «el autor se divierte y nos divierte y, sin embargo, al final de la carcajada, en los pliegues de la sonrisa, descubrimos de pronto un desagradable sabor». Ese sabor es lo oculto que lleva todo lo escrito por Goytisolo, una mezcla de humor inteligente con una pésima visión de la vida.

Goytisolo nos ve como meros instrumentos sociales hacia un fin que no se sabe cuál es pero del que se tiene la certeza de que será desolador. Y esto se demuestra solo con abrir el libro y ver que todo es un seguido de parches literarios que en vez de reparar hurgan en la herida, con un cierre que no deja lugar a ninguna esperanza. Como si fuéramos ese saltamontes con el que acaba el libro que, desde el parabrisas de un coche, ve que su hábitat ha desaparecido para volverse de color gris y decide dispararse en la sien; como él somos nosotros lectores leyendo este libro. Por eso este no es un libro para aquellos que buscan en la lectura la huida al problema que es la vida, este no es un libro para los que creen en él como jardín portátil, como tabla de salvación. No, este es un libro para los que siguen confiando en la otra perspectiva de la realidad que ofrecen las lecturas, para la ayuda, el empujón, el soporte con el que esclarecer la niebla que tenemos siempre enfrente cuando intentamos mirar la vida.

Coincidencias, como todo lo que escribe un hombre que tuvo que aguantar el peso de ser visto como el otro en la sociedad española durante mucho tiempo – al igual que le pasó a su hermano Juan Goytisolo -, es el punto de fijeza, el reflejo inmóvil, quieto y eterno de la mirada perdida de alguien que nunca se ha podido perder, porque no le han dejado. Los vicios, las taras, las castizas y añejas costumbres, lo malvado y reprimido que todos tenemos dentro y ocultamos mostrando los dientes en una sonrisa o diciendo unas mentiras repletas de maquillaje, el transcurso del río humano de las ciudades, la individualidad más colectiva que se ha visto nunca y la capacidad de meterse en la piel del otro son los rasgos de un Luis Goytisolo que se erige como un dios: alguien que lo ve todo sin actuar. Te animo a que leas este libro si alguna vez te has sentido como se siente uno al ver su portada: un simple ojo apartado pero nítido ante una multitud automática.

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El caso de Charles Dexter Ward, de Lovecraft y Culbard

El caso de Charles Dexter Ward

El caso de Charles Dexter Ward«Se lo volveré a repetir: no evoque nada que no pueda dominar». Si este imperativo lo ubicas en el primer tercio del siglo XX, en una granja de Providence donde un joven con inquietudes por las ciencias oscuras y la nigromancia se dedica a realizar conjuros que escapan a toda comprensión humana, el relato no puede pertenecer a otro que a H. P. Lovecraft. Y de él es este siniestro caso de desaparición dentro de un cuarto cerrado; el clásico enigma policíaco que tanto gustaba a escritores como Gaston Leroux, Arthur Conan Doyle o Edgar Allan Poe.

El caso de Charles Dexter Ward cuenta la historia de un suceso oscuro que se remonta a un pasado muy lejano y que ahora ha despertado. En un manicomio de Providence, Rhode Island, un peligroso paciente internado desaparece de su celda misteriosamente. El último hombre en haber tratado con el paciente es el Dr. Marinus Bickwell y ahora tiene la obligación de contar la verdad que rodeaba a este siniestro hombre. Lo que duda es que el mundo esté preparado para aceptar los hechos de cuanto consiguió investigar acerca del desaparecido Charles Dexter Ward tal y como sucedieron.

Es este uno de los relatos escalofriantes de Lovecraft que se desarrollan con paciencia, desgranando poco a poco el entramado que incluye varios personajes en los que él mismo se veía reflejado en sus lacónicas y existenciales vidas, y a lo largo de diversas generaciones para enredar el asunto. Los elementos que caracterizan los relatos de Lovecraft se manifiestan en la narración a través de conjuros de indescifrables lenguas extraídos de los oscuros libros del Necronomicón para invocar de una larga letanía bestias desterradas. La influencia de Poe en el desarrollo policíaco y la ambientación también están presentes. Todo envuelto en una atmósfera tétrica, en un frío páramo donde los pocos vecinos cercanos escuchan alaridos de ultratumba y extrañas luces procedentes de una de las granjas. Dentro del género de intriga, el relato va dejando pistas a lo largo de sus páginas que hacen que intuyas por dónde pueden ir los tiros. La misión de los médicos del manicomio es descubrir la extraña desaparición de Charles Dexter y será su médico personal quien narre los terribles episodios que investigó sobre él. Hechos que se remontan a sus primeras sesiones en casa de Charles donde le reveló un cruento descubrimiento que afectaba al linaje de su familia; las misteriosas noches que su paciente se aislaba y asustaba a sus padres por extraños rituales que preparaba en soledad; la revelación que padeció en primera persona de eso que tanto aterraba a su paciente.

Como ya me ocurriera con Reanimator, otro gran relato de Lovecraft (sí, este hombre tiene más historias aparte de ese pulpito tan «salao» que es Cthulhu), El caso de Charles Dexter Ward lo he descubierto gracias a esta adaptación en cómic que ha editado Norma. El dibujante Culbard adapta este clásico del terror en cómic con un dibujo que a mí me recuerda mucho a las tiras de periódico. Nada criticable, por supuesto. Creo que ha sido una elección como dibujante excepcional. No es un gran arte estético o excesivamente expresivo pero sí muy efectivo que, a mi parecer, hace más fluida la historia con viñetas muy narrativas que en ningún momento despistan y te sacan del argumento, y con una estructura básica de cómic de 3×3. Un argumento que tiene sus enredos temporales y trucos clásicos de novela de intrigas en la que se intenta mantener el suspense hasta el desenlace final.

He leído bastantes relatos de Lovecraft. El intruso o El grabado en la casa son de mis favoritos por su destreza descriptiva y ambientación que, con el léxico de este escritor, casi puedes sentir palpitar la historia según acaricias las páginas. Es un detalle sensorial que solo puedes descubrir en su apogeo leyendo sus relatos originales. Las adaptaciones, por norma general, te alejan de esos elementos sensoriales por cuestiones de espacio y fluidez narrativa. Para eso emplean los dibujos como útil para el desarrollo. Me he encontrado el caso en este cómic de dar con un leal adaptador de cuentos. Cada viñeta, cada texto que la acompaña y cuando solo el dibujo narra el relato, han conseguido poseerme de tal modo que me sentía dentro de ella, dentro de esa granja donde se sucedían las siniestras evocaciones. Una formidable opción para leer y acercarse al vasto universo lovecraftniano.

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Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante

tres tristes tigres

tres tristes tigresLo único que sabía de Tres tristes tigres, de Guillermo Cabrera Infante, es que aparecía en más de una lista de libros imprescindibles. Y yo, que siempre tengo curiosidad por descubrir qué tendrán esos libros para merecer tan alto reconocimiento, he aprovechado la edición conmemorativa por su cincuenta aniversario que le ha dedicado Seix Barral para descubrirlo.

Lo primero que destaca de esta obra es la fijación que tuvo el Ministerio de Información y Turismo español por censurarla, allá en los años sesenta, y cuyos respectivos expedientes se recogen en esta edición. «Obsceno», «moralmente objetable» y «políticamente condenable» son algunas de las razones alegadas y por las que se postergó su publicación hasta 1967, tres años después de haber ganado el Premio Biblioteca Breve. Reconozco que tiene varias escenas sexuales que pudieron escandalizar a algunos en la España de aquellos tiempos, aunque en la actualidad no causarán ni sonrojo; también que hay afirmaciones moralmente criticables, incluso hoy en día delictivas, pero que acepto como opiniones de los personajes y no del autor (espero); pero lo que apenas he percibido es ese ensalzamiento de determinadas ideas políticas, pues sus alusiones a Trotsky, Batista o Fidel Castro son, a mis ojos, anecdóticas.

Lo segundo más llamativo de este libro es que Cabrera Infante escribió lo que le dio la gana. Literalmente. Porque si me preguntáis de qué va Tres tristes tigres, no sé qué decir. Quizá, que de Cuba, porque Cuba lo impregna todo; y también de la noche, del sexo, de la desinhibición, de la muerte y del humor. Y de pasión, porque hay muchísima pasión; por las mujeres, por la música, por el cine, por la lengua, por la literatura. Recoge relatos al uso, reflexiones, duelos dialécticos, juegos de palabras, trabalenguas, dibujos, escritos al revés, páginas en negro o en blanco. En definitiva, un cúmulo de textos dispares, en el que todo tiene cabida si sirve como medio de expresión.

Lo tercero que sorprende de Cabrera Infante y su Tres tristes tigres es el uso que hace de la lengua. Desde la primera página se salta las normas de la gramática y la ortografía, las acribilla sin miramiento, captando la esencia de las diferentes jergas habaneras (saveis de ke os avlo, no?), para más tarde pasar a un discurso con el vocabulario más cultivado, saltando de un registro a otro como si nada. Este arriesgado ejercicio está al alcance de muy pocos, solo de aquellos que dominan el lenguaje a la perfección, como es el caso de Cabrera Infante, que juega probando sus límites, coqueteando con el inglés, mezclándolo con el español, creando «palabras a-fines» para sus «ideas sinfines».

Que Tres tristes tigres sea tan moderna hasta para los tiempos que corren, fuera de cualquier encorsetamiento artístico, y, pese a ello, tan reconocida, me asombra gratamente. No busca la perfección, sino que disfruta de la imperfección, muchas veces más expresiva. Una obra atípica que nos demuestra que con «dos palabras y cuatro letras» se pueden crear «un himno y un chiste y una canción» y esa es, a fin de cuentas, la grandeza del lenguaje y de los escritores. Personalmente, no considero que Tres tristes tigres sea una lectura imprescindible para cualquier lector, pero sin ninguna duda me parece que es una obra indispensable para la historia de la literatura.

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El solar, de Alfonso López

El solar

El solarSabemos por experiencia que la relectura de un libro de nuestra juventud siempre nos depara sorpresas que, como tales, pueden ser buenas o malas. Las segundas, que son quizá las más habituales, acostumbran, con esa sensación de “¿de verdad esto me gustó tanto?”, a dejarnos decepcionados, chafados, y a amargar para siempre lo que hasta entonces había sido un grato recuerdo. Pero, por fortuna, la visita a nuestras lecturas juveniles o incluso infantiles también nos puede deparar sorpresas agradables, como descubrimos, curiosamente, leyendo una obra completamente nueva: la estupenda El solar, de Alfonso López.

Poco podía sospechar este aficionado a los tebeos, que en su infancia devoraba con pasión Pulgarcitos, TBOs y todo lo que tuviera viñetas, que aquellas historietas de personajes tan singulares y, para el niño que era servidor, tan estrafalarios como Carpanta, Don Pío, Doña Urraca, El doctor Cataplasma, Pepe el hincha, u otras cuyos títulos a menudo eran impagables pareados, como Rigoberto Picaporte, solterón de mucho porte, El profesor Tragacanto y su clase que es de espanto, o La familia Trapisonda, un grupito que es la monda, poco podía sospechar que en realidad estaba leyendo una auténtica crónica social de la España de posguerra hasta el final del franquismo.

La historia que nos ocupa transcurre en el undécimo año triunfal del glorioso alzamiento. En Miranda de Ebro, donde se encuentra el último campo de concentración para prisioneros de la república, Pepe Gazuza recupera la libertad tras haber cumplido su pena y saldado cuentas con el nuevo régimen del generalísimo. Ahora empieza lo más difícil, que no es la reintegración en la sociedad, sino, simplemente, la superviviencia en un país estragado por la escasez, el estraperlo y el racionamiento.

Estamos en la España de Berlanga, en quien Alfonso López se inspira no sólo para esa vista general de la página 20, sino sobre todo para sus diálogos. La miseria del pueblo empuja a Petro, recreación de Petra, criada para todo, a buscarse la vida en la gran ciudad, una Barcelona que nunca se nombra, adonde también se dirige Gazuza, evidente homenaje a Carpanta. La historia que se desarrolla tiene mucho de comedia berlanguiana, en la que se mezcla el costumbrismo de botijo y pandereta con una parodia de una película de espionaje. Cine y tebeos, como vemos, son la referencia constante de El solar, por donde se pasean, además, personajes como la ya mencionada Doña Urraca, Gordito Relleno, Zipi y Zape, Mortadelo, las Hermanas Gilda, y otros casi olvidados como Doña Tomasa; actores como Fernando Fernán Gómez, James Cagney, Edward G. Robinson, o personajes históricos como Simon Wiesenthal, Manolete, Antonio Machín, Nikita Jrushov o el mismísimo caudillo cagando durante una de sus cacerías. Uno de los placeres de esta obra es releerla con detenimiento e intentar identificar todas las referencias, sean éstas a tebeos como a actores. Si el desafío no os parece lo bastante grande, os reto a que identifiquéis los rincones de Barcelona que aparecen, alguno de los cuales, como ese maravilloso bar de la página 75, imagino que ya no existe.

Alfonso López consigue recrear a la perfección el ambiente gris, opresor y desesperanzador de aquella sociedad, al mismo tiempo que rinde un merecido homenaje al cine, la música y, sobre todo, los tebeos, que ayudaron a nuestros abuelos a sobrellevar tantas carencias con buen humor. Y lo hace con una obra divertida y, a pesar de tantos cameos y referencias, personal y original, que nos recuerda de dónde venimos y, algo fundamental, nos ayuda a bajarnos los humos. Que la boina nos la quitamos anteayer.

 

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La Torre Oscura: La canción de Roland (Integral I), de Stephen King

la torre oscura la canción de Roland integral I

la torre oscura la canción de Roland integral IEl cosquilleo ¿Lo has sentido alguna vez? El cosquilleo, ese ardor, en las yemas de unos dedos impacientes por abrir la primera página de un libro. Ese cosquilleo que recorre las entrañas del lector ávido al encarar una lectura de la que poco sabe o ha querido saber; virgen, premeditadamente, en su conocimiento. Sí, seguro que lo has sentido. Una suerte de electricidad estática que reacciona ante lecturas postergadas. Y que en mi caso tenía que ver con la obra magna, y vertebral, del maestro del terror: La Torre Oscura. He sentido el cosquilleo, todas esas ocasiones en las que mi camino se ha cruzado con la saga; todas esa veces que he tomado uno de los libros y he decidido que no era el momento; con todas esas lecturas que se interponían entre la colosal obra de Stephen King y mi interés lector, sin que yo, es justo decir, opusiera excesiva resistencia. Luego llegaría la adaptación gráfica y mi flirteo sensorial sería completo. ¡Las palabras de Stephen King convertidas en imágenes! Me lo ponían en bandeja. El cosquilleo se intensificó hasta niveles electrizantes. A pesar de todo, todavía pasaría un tiempo hasta que, virginal, decidiera lanzarme, sin protección, para averiguar qué llevó al Pistolero a atravesar su árido mundo en busca del Hombre de Negro. El tiempo justo y necesario para que La Torre Oscura: La canción de Roland (Integral I), cayera en mis manos, aplacando así mi eléctrica necesidad.

Pero, ¿quién es el Pistolero? ¿Y el Hombre de Negro? ¿Y esa Torre Oscura que está tan ligada al destino de ambos? El Pistolero es Roland Deschain y pertenece a la noble casa de Gilead, hogar de los pistoleros, caballeros con reminiscencias artúricas pero portadores de revólveres, y guardianes de la paz. Pero ésta es efímera cuando hombres como John Farson, bandido sanguinario y bastardo a secas, conocido irónicamente como El Hombre Bueno, decide que a Mundo Medio le hace falta un toque de destrucción y muerte. “Y Farson contempló la obra de sus ejércitos y vio que eso era bueno” El Hombre Bueno… ¡Ja! El Hombre de Negro, Marten Broadcloak, Walter O’Dim, sí, el hombre de los mil nombres, está a su lado. El Hombre de Negro es el que mueve los hilos. El Pistolero es el bien. El Hombre de Negro es el mal. La eterna batalla de final inalcanzable. “El Hombre de Negro huía a través del desierto, y el Pistolero iba en pos de él”. Una lucha de titanes. Una batalla que los desangrará, que sacará lo peor de ellos y que los llevará a lugares remotos y a realidades paralelas. Como bien has supuesto esta no es una historia típica de indios y vaqueros.

En La Torre Oscura: La canción de Roland, hay tal amalgama de géneros literarios que mal perpetrado no hubiera pasado de pastiche incomible, por suerte Stephen King aúna todos esos géneros creando una aleación inquebrantable. Western con toques de aventura medieval, fantasía onírica, ciencia ficción post apocalíptica y, como no, terror a raudales. La lectura de cada uno de los capítulos es única e impagable. Todos ellos con la voz de un narrador que habla directamente al lector. “¿Te consta?” Una voz intensa, íntima, probablemente rasgada, que parece susurra al oído cuentos y leyendas mientras duermes; en ocasiones también fábulas, o cuentos de hadas, de corte pesadillesco, que te harán despertar empapado en sudor; o tal vez no. Tal vez eres uno de esos que encuentran placer en cierto sufrimiento, como yo.

Porque leyendo La Torre Oscura vas a sufrir de igual manera que vas a disfrutar. Y es que leer esta novela gráfica implica cierto grado de compromiso, de atención, de fe ciega en las historias raras y complicadas. Historias que se nutren de toda la obra del maestro del terror. Historias que al leerlas nos acercan a la desgarrada mente de Stephen King y, también, a las de Robin Furth y Peter David que han trasladado la esencia del libro al cómic. Historias que también entran por los ojos. ¡Y de qué forma! Animales y humanos con deformidades, monstruos de sangre y carne, objetos mecánicos de metal y aceite, pero también rostros suaves devorados por las sombras que convierten a héroes y amigos en seres del más allá. El dibujo típicamente gótico de Jae Lee, unido al espectacular colorido de Richard Isanove, crea parajes tétricos, mágicos, lúgubres, infestados de lo que parecen rostros en troncos de árboles, en las piedras del camino o incluso en la niebla, presente a lo largo de toda la aventura. Y todo ello sin bajar en ningún momento el nivel a lo largo de las 800 páginas que recogen los primeros cinco tomos de la serie.

La Torre Oscura: La canción de Roland (Integral I) es la mejor, aunque no la única, forma de adentrarse en el mundo del Pistolero y su mitología para acabar con ese cosquilleo del que hablé anteriormente. Justicia contra ignominia. El héroe contra el villano. Sí, la opción más asequible para descubrir los recuerdos de infancia y adolescencia del protagonista. Para entender cómo empezó y acabó todo. Asimismo para asistir a terribles traiciones y a poderosas alianzas. También es perfecta para conocer de primera mano cómo se gestaron todas las batallas y cuáles fueron sus resultados. Para honrar a Steven Deschain. Para amar hasta el tuétano, hasta que duela el corazón, a Susan Delgado, y para estallar en carcajadas con las ocurrencias de Cuthbert Allgood y Alain Johns, amigos inseparables de El Pistolero; una vez, hace mucho tiempo, conocido como Roland Deschain. “Si El Pistolero te resulta familiar, bien, así es como debe ser”.

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Diarios completos, de Sylvia Plath

Diarios completos

Diarios completosEl destino, tan caprichoso él, me ha llevado a escribir esta reseña un sábado como hoy, justo el día en el que se cumplen cincuenta y cuatro años desde que Sylvia Plath decidiera quitarse la vida a la edad de treinta y un años, justo la que tengo yo ahora. No sé qué quieren decir todas estas coincidencias, pero me han hecho reflexionar bastante sobre por qué una persona tan talentosa e inteligente decide acabar su vida así. Es algo realmente complejo de entender, así que hoy, en lugar de acordarme de esa fecha (aunque sea inevitable), voy a decidir celebrar su vida, la vida de una mujer y escritora maravillosa. Brindo por ella.

Sylvia Plath es bastante conocida, así que creo que sobran las presentaciones. Quien no haya leído alguno de sus libros como La campana de cristal o alguno de sus maravillosos poemarios, puede que haya visto la película biográfica de 2003 de título Sylvia o simplemente reconozca su nombre como una de las grandes poetas de todos los tiempos. Algunos simplemente conocen su final (hay gente muy macabra). En cualquier caso, Sylvia Plath se ha ganado, justamente, su propio lugar en la literatura universal y una de las mejores formas de conocerla es gracias a sus Diarios completos.

Debo matizar que aunque conocer a alguien a través de sus diarios es una de las mejores formas posibles, éste es un libro que recomiendo especialmente a los amantes de Sylvia Plath. Quizá si nunca has leído a Plath y no sabes demasiado sobre ella sus más de ochocientas páginas de confesiones íntimas pueden que te abrumen, aunque no tiene por qué. Eso sí, a los lectores que ya hayan caído rendidos ante los encantos de esta gran poeta, se lo recomiendo sin dudarlo un momento. La figura de Sylvia siempre me ha atraído, tanto literalmente como personalmente, así que cuando descubrí que Alba sacaba esta edición enseguida quise tenerlo. Me lo he tomado con calma, pues es un libro que he estado leyendo durante más de dos meses (algo muy raro en mí). Quise saborearlo despacio e ir leyendo cada día unas pocas páginas de sus diarios.

Diarios completos de Sylvia Plath es una nueva edición que incluye más material del que aparecía en la antigua edición de 1996. Entre ellos, dos cuadernos que su viudo, Ted Hughes había prohibido publicar hasta 2013. Estos diarios están fechados desde sus años de estudiante universitaria hasta 1962, justo un año antes de quitarse la vida.

Hablar de estos diarios es algo difícil, porque sería hablar de la vida de esta poeta durante todos estos años y de sus sentimientos e intimidad. Lo grandioso de estos escritos es que no solo se trata de un diario íntimo, sino que entre sus páginas encontramos inestimables reflexiones sobre la escritura o el arte. Reflexiones propias de una mujer tan lúcida como Plath que ayudan a abrir nuestras mentes y que, a su vez, nos hacen reflexionar y cuestionarnos a nosotros mismos.

Aunque quizá esa faceta suya de mujer con tendencia a la depresión (hoy día se cree que padecía un transtorno bipolar) y que intentó acabar con su vida varias veces sea una de las más conocidas, hay mucha Plath por conocer y creo que descubrirlar a través de sus propios diarios es la mejor manera posible. En su Diarios completos, Sylvia logra atrapar al lector, hacerlo cómplice y participe de sus experiencias y reflexiones. Qué experiencia tan bonita la de dejarse llevar de la mano de esta escritora a su propio universo. Un paseo maravilloso junto a una escritora excepcional. Recomendado, amantes de Sylvia Plath y amantes de las emociones y la literatura.

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Sangre en el ojo, de Lina Meruane

Sangre en el ojo

Sangre en el ojoHay algo profundamente atrayente en Sangre en el ojo, de Lina Meruane. Quizá sea la hondura que tiene para lo simple que parece; quizá la sensación de cercanía y a la vez de asombro literario, quizá la novedad de un Santiago de Chile tan poco novelado para mí; el caso es que este texto es uno de esos que se atraviesan en un suspiro y se terminan con cierta pena porque uno comprende que no les cabe segunda parte.

Recorre Sangre en el ojo un esqueleto tan inadvertido como resistente. Un orden dentro del desorden que supone la trama, claro. Lina, Lucina, hija y pareja, centro absoluto del relato, se queda de repente ciega, o casi, durante una fiesta. Nada sobrenatural, sino una consecuencia de la insistencia de sus venas por llenar sus ojos de sangre, algo que ya había advertido su oculista (un maravillosamente bien trazado doctor Lekz), que también le da cierta esperanza de recuperar la vista en un futuro cercano. A su alrededor, un novio reciente, Ignacio, es el único punto de referencia en una ciudad monstruosa como Nueva York, en la que por lo demás Lina solamente tiene un puñado de amigos fugaces y una beca que se menciona casi únicamente para hacer referencia al seguro. Para colmo, una mudanza, preparada desde hacía semanas y, por tanto, inevitable, termina de descolocar lo poco que antes había tenido un lugar fijo.

Una ciega, o casi, en la capital del mundo. Por fortuna Meruane no cae en la tentación de describirnos con todo detalle sus vicisitudes por NY como invidente. La novela retrata su entorno, cierto, pero lo hace más como el recuerdo de lo que vio que como lo que puede palpar y sentir en ese momento. Además abandona pronto la metrópolis y pone rumbo a Santiago de Chile, para pasar un angustioso mes de espera entre diagnósticos con sus padres, familia y el propio Ignacio. Y en Santiago se descubre la verdadera naturaleza del relato, que no es otra que trazar un mapa de las relaciones de Lina (y, en general, de las relaciones). Un entramado complejo de sumisiones, rencores, atrasos y faltas, una interesante visión de cómo las dependencias sentimentales, tanto las elegidas como las impuestas, condicionan nuestra vida.

Sangre en el ojo es una novela en apariencia simple, autoficcional, engranada en torno a un suceso que da la impresión de que le podría pasar a cualquiera y que, inicialmente, parece que podría escribir cualquiera. No plantea grandes complejidades técnicas y sin embargo en ese sentido me parece perfecta, justa en el detalle, sin ser aburrida y tampoco sin resultar banal. Un ejemplo de cómo se puede conseguir la calidad muy lejos del barroquismo. Quizá, como ya se apunta, la autoficción comienza a cansar un poco y les puede resultar cargante a quienes busquen libros menos pegados a la realidad y, por qué no decirlo, menos personalistas. Pero no sería justo achacar nada de ello a Lina Meruane, por supuesto.

En la faja de mi edición, antes de hacerla pedacitos como hago siempre, decía que este es uno de los cien mejores libros de los últimos 25 años según Babelia. Una verdad a medias, que no deja de ser una mentira, porque aquella lista se refería solamente a los libros escritos originalmente en español. No obstante, estoy dispuesto a perdonárselo esta vez. Sangre en el ojo merece tener esa segunda vida en las listas, en las conversaciones, en las traducciones.

Pero sobre todo merece ser leído antes de que nos quedemos, todos, ciegos.

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