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Leer con Rayos X, de Roy Peter Clark

Leer con Rayos X

Leer con Rayos XUn día te pierdes y alguien, generalmente un buen amigo que te conoce bien, aparece con un mapa. El mapa es, en realidad, una brújula y la brújula un libro: Leer con Rayos X, de Roy Peter Clark. Un billete de ida hacia el principio de las cosas, que es a donde hay que volver cuando uno se siente perdido. Al menos, es un comienzo. También una lección. Cómo aprender, o reaprender, a leer o a escribir. En mi caso, además, es un repaso, una suerte de diario o álbum de fotos, por algunas de las lecturas que más he disfrutado a lo largo de mi vida.

Un recorrido literario que cruza a través de 25 obras maestras que mejorarán tu escritura, así reza el subtítulo de este manual de lectura, con vistas a Fitzgerald, Nabokov, Steinbeck, Flannery O’Connor, Didion o Shirley Jackson, entre otros muchos. En él, Roy Peter Clark, un prestigioso profesor de escritura estadounidense, somete a sus Rayos X los grandes textos de la historia de la literatura con un tono más cercano a la anécdota que al academicismo.

Y es que, como si cualquier excusa fuera buena para hablar de literatura, que lo es, sus lecciones están repletas de referencias televisivas a series como Breaking Bad o Buffy Cazavampiros. Clark, que lo aprovecha absolutamente todo en su empeño, igual te habla de los recursos de las telenovelas que de Los cuentos de Canterbury, el Decamerón o Hamlet, además de acordarse de El padrino. ¿Qué tienen en común Homero y Virgilio con Hitchcock? ¿Y la literatura con Sharknado? Porque sí, uno sabe que la cosa va en serio cuando alguien habla de Sharknado en términos de “la mejor película cutre de todos los tiempos”. Por supuesto, la respuesta es Moby Dick.

Que su autor no tenga reparos para mezclar la cultura popular con la gran literatura es, en realidad, un punto a su favor. De fondo, Leer con Rayos X es una lectura sobre las lecturas de otros que, a partir de un análisis exhaustivo, aborda de manera amena y efectiva, a veces en clave de humor, aspectos formales como la elección del nombre o la métrica de las frases, pero también las técnicas de construcción narrativa. En esto, es un acierto que la edición acompañe en ocasiones su traducción, obra de Pablo Sauras, con algunos textos en su versión original, además de una última parte más didáctica, donde se incluyen algunas de las frases más valoradas por críticos y lectores, para que podamos llevar a la práctica sus teorías literarias.

Un maravilloso ejercicio de reaprendizaje que, como poco, se convertirá en un interesante recorrido repleto de matices y texturas. Pero también, fundamentalmente, un manual de escritura. Entre sus páginas, Clark te ofrece recursos suficientes como para empezar a asimilar algunas de las principales pautas del proceso creativo. Un efectivo método que fija la mirada en el detalle y que te incita a cambiar el modo de leer según qué cosas. Ideal para aquellos que están empezando y perfecto para los que necesitan volver a empezar. Porque a veces, como la tecnología a menudo nos enseña, es necesario reiniciar. Y en este sentido, al menos en mi caso, todo comienza siempre con los libros.

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Asesinato en el Comité Central, de Manuel Vázquez Montalbán

Asesinato en el Comité Central

asesinato-en-el-comité-centralLa moda siempre vuelve, los vinilos nunca se han terminado de ir, el Atlético regresa cada diez años para llevarse algún doblete; la Historia es cíclica y desentierra continuamente sus tesoros más o menos relucientes, y por eso Pepe Carvalho está entre nosotros de nuevo. Cuatro de sus novelas han llegado en tropel a las librerías en enero como novedades, reeditadas por Booket, con su dosis inagotable de gastronomía, política, espías y noir, y es la oportunidad para que aquellos que llevan años oyendo hablar de la influencia de Carvalho en la novela negra actual puedan hincarle el diente, nunca mejor dicho en este caso.
En medio de una crisis de identidad, el Partido Comunista de España afronta un Comité Central de lo más tenso: el partido ha sido capaz de aglutinar gran parte del descontento social pero ha fallado a la hora de convertir ese apoyo en votos. Las luchas internas se recrudecen: los partidarios acérrimos de la URSS, grandes dirigentes históricos, se mantienen firmes en sus posiciones ideológicas, mientras que una nueva hornada de dirigentes apoya la apertura de miras. ¿Les suena familiar? ¿Quizá les recuerda a la tesitura actual de algún partido? En efecto, la Historia, esta vez en forma de ficción, también se empeña en ponernos delante espejos en los que mirarnos. Asesinato en el Comité Central, de Manuel Vázquez Montalbán, se me antoja como una lectura perfecta para este momento concreto.
Esperemos, no obstante, que la sangre de nuestro tiempo no llegue al río. En la novela, el secretario general del PCE es asesinado durante un apagón en el Comité. Nadie ha entrado en la sala mientras la luz permanecía apagada, el asesino tiene que ser uno de los suyos, pero nadie se atreve a señalar a ningún sospechoso. Frente al detective Fonseca, con un amplio pasado como represor franquista, puesto al mando de la investigación oficial por el Gobierno, el Partido contrata a Pepe Carvalho, investigador privado, antiguo militante comunista.
Gourmet, donjuán, deslenguado… desde el año 1981 (fecha de la publicación original) hasta ahora Carvalho ha envejecido bien en algunos aspectos y menos bien en otros. Vamos por partes. La gastronomía, siempre presente, sigue resultando uno de los puntos más interesantes del libro. Carvalho deja su querida Barcelona para adentrarse en un Madrid tenso, entre pistoleros filofascistas, agentes de la CIA… pero eso no le quita el hambre ni la sed. Come fuera, mucho (Lhardy, La Gran Tasca), pero también encuentra cocinas en las que preparar alguno de sus propios platos. Dan ganas de desconectar la wifi por un rato y lanzarse al intento de replicar las recetas del investigador.
El reparto también sigue siendo un acierto. La mayoría hemos olvidado ya (o nunca hemos conocido) a los personajes reales con los que más o menos se podían identificar los imaginados por Vázquez Montalbán. Quien quiera puede jugar todavía a hacerlo, pero en este sentido el texto gana con el tiempo, ya que permite distanciarse de aquel “quién es quién” y apreciar el retrato de cada personaje tal cual es. Las referencias históricas están muy bien trabajadas, el entramado ideológico detrás de cada uno de los protagonistas es un acierto, y un buen análisis del comunismo en clave de ficción nunca pasa de moda. En medio de todo ello, consigue el autor hacer correr una trama divertida, entretenida, nunca falta de ritmo, sin perder de vista la reflexión ideológica. Pero tampoco queda como un alarde de intriga. En el fondo, después de hacer al protagonista pasarlas canutas por Madrid perseguido por unos y por otros, la resolución del asesinato es bastante simple, y deja más el poso de una novela de aventuras al estilo 007 que de un complot perfectamente estructurado.
Aparte de esto último, entre lo que quizá no haya soportado tan bien el paso del tiempo también podríamos citar al propio Carvalho. Tiene lectores acérrimos, lo sé, y es un personaje singular, casi diría que único en nuestra literatura, pero quizá a otros les pueda resultar indigesto a alguno a estas alturas. Excesivo siempre con sus vicios, la comida y las mujeres, siempre por encima del bien y del mal, representa un tipo de detective un poco pasado de moda.
Pero la moda, ya lo decía en la primera línea, siempre vuelve. Y lo ha hecho para quedarse Carvalho.

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Microcuentos de amor, lluvia y dinosaurios, de VV.AA.

microcuentos

microcuentosYa hice en su momento (Todos estaban vivos) una encarnizada defensa del microrrelato. Del arte que exige la capacidad de concretar en pocas, poquísimas palabras, una historia que tenga desarrollo, nudo y desenlace (o al menos dos de ellos) y que en muchos casos parece llevarte por un camino cuando en realidad te está dirigiendo justo al contrario, porque es el lector el que va llenando las lagunas que el texto no deja claro de manera intencionada. Y eso es algo que me encanta y que, aunque lo parezca, no es nada fácil. Una palabra mal empleada o colocada al principio o al final de una frase puede cambiar por completo el sentido del microrrelato. Es una labor de orfebrería. El detalle y la precisión son algo vital para un microrrelatista. Siempre está puliendo y dando brillo a las piezas, asegurándose de querer decir lo que quiere decir y de hacerse entender (o malentender).

¿Había vida en la microliteratura antes de Monterroso (de quien erróneamente se cree que es el autor del microrrelato más breve de la literatura universal)? Por supuesto, pero ahora mismo hay mucha más, posiblemente por los tiempos que nos tocan y las tecnologías con las que vivimos/disfrutamos/sufrimos.

Microcuentos de amor, lluvia y dinosaurios es, precisamente, fruto de una de esas tecnologías modernas, Twitter, y de una cuenta, @microcuentos, que expone, una vez al día, lo mejor de este género literario.

Son cien textos con el límite de los 140 caracteres, escritos tanto por profesionales como por entusiastas de lo micro de todo el mundo, que van desde la anécdota hasta el aforismo pasando por el chiste, la parábola, el terror y las frases lapidarias.

–¿Me olvidarás?

–Todos los días.

Lo bueno, lo buenísimo, es que pueden leerse en cualquier orden, en cualquier momento, a sorbitos y, sobre todo, sin prisas, aunque nos tiente pasar de uno a otro sin freno. Parece una contradicción, pero estas pequeñas obritas, deben paladearse y, como si de una cata de vinos se tratara, sacar no ya el gusto, sino el retrogusto. Leer, pararte a pensar qué has leído, volver a leerlo y entonces ya, una vez entendido el posible doble sentido, pasar al siguiente.

Además, los textos tienen unas ilustraciones preciosas, salidas de la mano de Elizabeth Builes, que completan el significado del relato hiperbreve al que acompañan.

La ignorancia del pueblo hizo que la bruja fuese lanzada a la higuera. No le pasó nada.

Como indica el subtítulo, Microcuentos de amor, lluvia y dinosaurios está dividida en tres partes: historias de amor, nanorrelatos de melancolía y tristeza y, la última de ellas, en claro homenaje a Monterroso, es campo abonado para el terreno de los cuentos y las fantasías pero, en las tres partes nuestra imaginación lectora tendrá trabajo que hacer, creedme. Es esencial en cualquier buen microrrelato, es parte de su ser y, aquí, obviamente, se cumple.

Por otra parte, el libro en sí es precioso; una joyita en tapa dura, cuidadosamente editado y muy atractivo a vista y tacto, y su interior está repleto de cuentos que pueden leerse una y otra vez cada cierto tiempo, con la frecuencia que queramos, porque cada vez será como enfrentarse de cero a ellos.

En serio, si eres de los que te gusta leer microrrelatos o escribirlos, de entre todos los libros que puedas tener del tema, este no puede faltar en tu biblioteca. Y si eres de los que tiene prejuicios contra este género, dale una oportunidad.

Es, como diría Tarantino sobre un buen café, una jodida delicia. Y Tarantino no tiene mal gusto, ¿no?

No lo dudéis. Hacéos con él.

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Prosas reunidas, de Wistawa Szymborska

Prosas reunidasCasi siempre les digo que se dejen sorprender por la lectura, que los prólogos unas veces animan a la lectura del libro que tenemos entre las manos y otras pueden echarnos tan para atrás que volvamos a dejarlo en la estantería.

Pues bien, este prologo pueden leerlo cuando quieran, es más, les confesaré que he pensado que si en alguna ocasión escribo un libro, o alguien se le ocurre hacer un libro con mis reseñas literarias, quiero que el prólogo lo haga alguien tan bueno como Manel Bellmut Serrano, que como verán es no solo quien ha realizado el prólogo de esta obra, sino que también es suya la no menos brillante traducción al castellano.

Y digo brillante porque yo, tengo que reconocerlo, no sé polaco y no puedo comparar con el original, pero esta traducción ha hecho que me enamore de la autora, de la que solo conocía, y poco, un puñado de poemas que busqué cuando recibió el Premio Nobel de Literatura. No fue fácil encontrarlos entonces, era 1996, finales del Siglo XX, y no se pueden hacer a la idea de lo mucho que ha cambiado internet mi vida desde entonces.

Por un lado este nombre, Wistawa Szymborska, que por aquellos finales de siglo no lo había oído jamás, esto suele pasar con algunos premios Nobel de literatura, del resto ni hablo; por otro lado está la forma de escribir de esta mujer, el dominio que tiene del vocabulario, la capacidad de concreción para decir tanto en con tan cortas reseñas.

El Premio Nobel se lo dieron por su poesía. Y ella, como suele ser habitual, leyó su discurso al recoger tan alto galardón, y un día yo leí este discurso, años después de ser pronunciado, después también de leer algo más de su poesía y hoy recuerdo, porque no podría ya olvidarlos, algunos fragmentos:

”…No existen profesores de poesía, lo que haría suponer que esta actividad requiere de estudios especializados, exámenes presentados en fechas precisas, disertaciones teóricas rematadas con bibliografía y notas y, finalmente, los diplomas recibidos con solemnidad. Todo esto, a su vez, significaría que para graduarse de poeta no bastarían las hojas de papel, aun cuando estuvieran llenas de excelentes versos, sino que se necesitaría, sobre todo, un papel con sello y firma…”

El final de su discurso fue:

“…De acuerdo, en el habla cotidiana, la cual no recapacita sobre cada palabra, usamos expresiones como la vida común, los acontecimientos comunes… Sin embargo, en la lengua de la poesía, donde se pesa cada palabra, ya nada es común. Ninguna piedra y ninguna nube sobre esa piedra. Ningún día y ninguna noche que le suceda. Y sobre todo, ninguna existencia particular en este mundo.
Todo indica que los poetas tendrán siempre mucho trabajo…”.

Todo su discurso me gustó, casi puedo decir para ser más exactos que me conmocionó, y es por ello que al ver que la editorial Malpaso reunía en un solo volumen toda la prosa de Wistawa Szymborska (¡menos mal que no me escuchan ustedes pronunciar el nombre!), no lo pensé dos veces y me dije, pues este para mí.

Y este es el libro que me ha acompañado en los últimos días allá donde fuera, y me he divertido como nunca pensé divertirme con una poeta polaca, y en la fila del banco o de correos la gente me miraba como si no comprendiesen que me podía hacer tanta gracia en un libro del que no podían pronunciar el nombre de la autora ¡Ya ven!

En realidad he descubierto que estas Prosas reunidas son reseñas literarias publicadas en diversos medios que alguien se ha preocupado de reunir y publicar. Un poco, y salvando las distancias ente una Nobel de literatura y nosotros mismo, como nuestro querido Anuario, pero en este caso solo reseñas y todas de ella, y lo que es más interesante, prácticamente todas las lecturas que utiliza para estos menesteres son ensayos, o en cualquier caso lecturas que ella entiende como no obligatorias, otras lecturas no obligatorias y más lecturas no obligatorias. Una mujer que como ven ha tenido tiempo para leer lo que dicen que importa y lo que quizá importe y no lo sepamos. Una gran lectora, y la imagino ahora también como una persona con un gran sentido del humor, porque sabe reírse hasta de sí misma, y eso es fundamental para reírse de los demás con inteligencia.

Me ha impresionado la capacidad de reflexión de esta mujer, su conocimiento sobre tantas cosas y su sinceridad para decir que algo no es capaz de comprender, o, de llevarlo al terreno en el que ella se mueve con más frescura que el propio autor del ensayo. Es muy ligera pero profunda, incisiva, divertida y coloquial, esto se nota mucho en la traducción, quiere que se le entienda, quiere que sea divertido lo que para ella es un placer, LA LECTURA, y es por ello que ensalza a los autores que le han hecho más sabia y más feliz con lo que han escrito, porque leer un ensayo no debe estar reñido con hacerlo de forma grata e interesante para el lector. Es como el profesor que sabe mucho de su materia pero que no es buen comunicador porque le falta pasión por lo que hace. Esos no deberían ser ni profesores.

Me encanta el ofrecimiento que Malpaso hace a sus lectores para obtener gratis este libro en formato digital, porque les aseguro que las esperas pueden ser mucho más gratificantes, casi desearán cuando lleguen a la consulta médica que esté abarrotada de gente, o dejará de importarles tener que hacer cada día un trayecto largo en metro o autobús poder leer alguna de sus reseñas; son cortas y da tiempo de aprender siempre alguna cosa sobre un hecho histórico, o sobre la vida de un actor, escritor, filósofo…, o buenas y malas biografías, o zoología, antropología, arqueología, botánica, psiquiatría, y otras muchísimas cosas y gentes (y naturalmente donde vean un masculino singular pueden poner ustedes mismos un femenino). Y efectivamente mediante su lectura comprobarán, como bien dice el traductor, que queda perfectamente marcado su antiantropocentrismo, vamos que niega que seamos la culminación del mundo animal y que este nos pertenezca.

Me encantaría poder dejarles aquí una de sus maravillosas reseñas pero no sabría elegir, me sería casi imposible, pero si algún día yo fuese capaz de escribir una reseña como alguna de las suyas no me importaría que fuese como la titulada ¡SEÑORES DEL TRIBUNAL!, que encontrarán en la página 120 y que habla de un libro titulado Animales nocturnos, de Hanna y Antoni Gucwinski, y que termina tal que así:

«… Pero basta ya de lamentaciones, es hora ya de contar un chiste aunque sea viejo. ¡Señores del Tribunal! —dice el abogado durante el discurso de la defensa—, mi honorable oponente se muestra pródigo a la hora de imputar a los acusados los más viles comportamientos humanos. Ayer acusó a un ciudadano de tener la inusitada osadía de robar a plena luz del día. Hoy acusa a otro ciudadano de tener la malevolencia necesaria para robar de noche. Y yo pregunto, Señores del Tribunal, ¿cuándo se supone que deben robar mis clientes?»

O como el titulado ESTÚPIDAS LISTAS, del libro Los cien mayores tiranos, de Andrew Langley, que empieza como se inician muchas de nuestras reseñas que ustedes leen todos los días, reseñas de estos locos lectores que nos dejamos llevar por cualquier cosa para adquirir un libro: La portada, el título, una sensación…

Si por conocer a la poeta y darle un abrazo por hacer de la poesía un lugar para todos hubiese dado cualquier cosa, por haber hablado durante una hora con esta mujer tras haber leído estas reseñas suyas, no sé lo que hubiese hecho, dicho o dado.

Y ya saben que no soy yo muy mitómana…

Lean este libro

Lean libros

Lean.

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El suplente, de Marcelo Birmajer

El suplente

El suplenteCreo que tendría como doce o trece años cuando llegué un día extasiado a casa a contarle a mi madre lo genial que era el nuevo profesor que iba a tener ese curso. Solo había estado unas horas con él, pero me había parecido completamente distinto a lo que había visto por las aulas hasta el momento: divertido, simpático, que se interesaba por nuestra opinión sobre temas que hasta entonces parecían ser exclusivos de los adultos y que incluso tocaba la guitarra en un grupo de rock. Ni en mis mejores sueños. Mi madre, siempre tan astuta, me dijo que se alegraba mucho pero que tuviese cuidado, que normalmente los profesores que mejor pinta tienen al principio suelen ser los peores. Y meses después no podía sino darle la razón; mi ídolo se había convertido en un sufrimiento al que había que reírle todas las gracias, que ridiculizaba a los alumnos cuando le discutían sus soflamas y que era quisquilloso y estricto en sus exámenes. Es lo que tienen las primeras impresiones, que rara vez suelen ser correctas.

El profesor de León Zenok, protagonista de El suplente, es bastante peor que aquel mío, siendo sinceros. O al menos eso intuye el chaval desde un principio, desde el momento en que a éste se le encarga impartir matemáticas en su colegio hasta final de curso por el suicidio del profesor titular. Raúl Merista, el nuevo maestro, se mete pronto en el bolsillo a todos sus pupilos con su forma de impartir las clases: entretenida, reflexiva, asequible…si bien poco o nada tiene que ver con la asignatura de la que es responsable. Esto hace que León comience a investigar por su cuenta qué es lo que ocurre realmente detrás de esta situación. A sus quince años vive solo, dado que su madre abandonó el hogar familiar cuando él era niño y su padre ha ido a probar suerte como actor en España. Es la década de los años 70 en Argentina, marcada por la cruel dictadura de Rafael Videla, en la que los asesinatos y las desapariciones de los insurrectos están a la orden del día.

Lo cierto es que ya sólo por el contexto en el que se sitúa la trama me sentí atraído por esta novela, pero creo que incluso con independencia de su localización me hubiese parecido una historia entretenida y muy bien contada; si bien en un principio me costó adaptarme a su ritmo narrativo, caracterizado por las frases cortas y por la aparición de numerosas tramas secundarias, con el paso de las páginas Birmajer sabe hilar todas ellas de manera impecable. Es precisamente su ritmo lo que permite que en una novela tan corta como esta podamos pasar por muy distintas situaciones, algunas más trilladas que otras, pero, en todo caso, lo suficientemente bien elaboradas para que el lector siga los acontecimientos con atención. Una de las que más me ha gustado, por lo original de la misma, es aquella en la que León trata de conquistar a la chica que le gusta a partir de sus relatos y, tras ser amenazado por otro de sus pretendientes, comienza a escribir una obra para éste, pero haciéndola excesivamente pomposa para ridiculizarle.

Pese a que está catalogada como una obra de terror yo no le pondría esta etiqueta a El suplente. Quizás en un público más joven pueda causar esa sensación, pero en lo que a mí respecta me ha resultado una novela de suspense muy bien resuelta, que sabe mezclarse a la perfección con la época de violencia y represión en la que se sitúa para contarnos, con un humor muy característico, la historia de un adolescente obligado a hacerse mayor muy pronto y a enfrentarse a sus fantasmas.

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Mi silencio habla de ti, de Holden Centeno

Mi silencio habla de ti

Mi silencio habla de tiHolden Centen ha vuelto. Este veinteañero, uno de los más exitosos de la  generación millenial, acaba de publicar su tercer libro. Ya sabéis (y si no, os lo digo ahora) que no soy muy fan de esta nueva hornada de poetas de miles de ejemplares vendidos, seguidores y demás. No tengo nada en contra de ellos y me parece bien que tengan su público, pero su estilo no va mucho conmigo. Aun así, lo intento. Trato de entenderles y de estar más o menos al día sobre sus publicaciones, porque para poder opinar hay que saber de lo que se habla. Además, trabajo con adolescentes (el gran público de esta generación) y algunos de mis alumnos me hablan de ellos, así que, para no ser una carca, me gusta saber de qué me están hablando.

Tras el éxito obtenido con sus anteriores publicaciones La chica de Los Planetas y 365 días con la chica de Los Planetas y haberse convertido en prácticamente un fenómeno viral, Mi silencio habla de ti, su último libro, llega para confirmar que aunque se empeñe en hablarnos de silencio, él tiene mucho que decir. Esta vez, los textos que aparecen en el libro vienen acompañados de las ilustraciones de José Luis Algar. Siguiendo la corriente, tan de moda ahora, de libros ilustrados, lo cierto es que le dan un toque especial a las palabras de Holden Centeno. Las ilustraciones son realmente buenas y se nota que hay mucho trabajo y dedicación tras ellas.

La verdad es que no había leído nada de este autor hasta ahora y pensaba que se dedicaba a la poesía y que este libro sería un poemario, pero no. Mi silencio habla de ti se compone de varios relatos, vinculados entre sí, que conforman una historia que nos habla de catarsis. Tampoco sé si lo que aquí se narra es autobiográfico o no, aunque eso en realidad no importa mucho.

El narrador, un joven escritor insatisfecho con sus anteriores libros y, con su vida en general, tiene la extraña y recurrente obsesión de convertirse en pez, o al menos reencontrarse y encontrarse a sí mismo sumergido en el agua. Esta obsesión le llevará a conocer a personajes tan insólitos como Rufino, el mendigo voluntario que vive en el parque de El Retiro y que se dedica a salvar a los suicidas que deciden acabar sus días lanzándose al río, o Rufino, su compañero de trabajo que acaba dándole el mote de pescadito. Pero de todas las personas que va encontrándose una de ellas será la más especial: Carol. Con ella comenzará una relación amorosa con fecha de caducidad, una relación original, espontánea e irrepetible.

El estilo de Holden Centeno es sencillo y bastante asequible. Es directo y sabe bien lo que quiere decir y cómo hacerlo. Aunque en ocasiones se cuelen poemas entre los relatos, prefiero su faceta más narrativa. Creo que no se le da mal contar historias y este libro es la prueba. Lleno de referencias culturales, muy cortazarianas y musicales, el libro incluso incluye al final la lista de canciones que sirven de trasfondo de toda esta historia.

Mi silencio habla de ti habla del amor como una catarsis, como una liberación que nos desnuda y nos muestra tal y como somos: auténticos e irrepetibles. Sin duda, un libro repleto de pasión que ahonda en los sentimientos humanos. ¿Será otro rotundo éxito de este escritor?, ¿volverá a vender tantos ejemplares?, ¿ha llegado Holden Centeno para quedarse? El tiempo lo dirá, lectores.

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La casa del lago, de Thomas Harding

LA CASA DEL LAGONo es normal que yo empiece una reseña hablando del autor, pero en este caso, y teniendo en cuanta que este libro del que les estoy hablando es un ensayo, creo que es lo más justo.

Thomas Harding es un escritor británico nacido en 1968, estudió antropología y ciencias políticas, trabajó en televisión y parece que el mundo del periodismo le atrapó, supongo que por esa curiosidad que hay en él y que es trasversal en todo lo que le rodea. No es de extrañar que sus inquietudes le llevasen a la literatura periodística de investigación.

También les digo ya, adelantándome a lo que luego les pueda contar, o no, que el libro es muy ameno, no sea que lo dicho hasta aquí les pudiera hacer pensar en otra cosa, que es lo que se suele pensar cuando se empieza a hablar de un ensayo, que muchos son duros de leer pero eso es solo por la falta de habilidad del autor, y solo esos, casi de forma exclusiva, pudieran resultar no atrayentes para el lector de ficción. Ya les repito que no es el caso y que está divinamente narrado.

Dicho lo anterior les puedo contar, porque así lo cuenta él en el libro, que es descendiente de judíos alemanes que como ya imaginarán, porque él está en este mundo, sobrevivieron al Holocausto. Mejor dicho, lo vieron venir y tuvieron la posibilidad, no solo económica, que también, sino sociopolítica de poder dejar Alemania y marchar a vivir casi toda la familia a Inglaterra.

Antes de hablarles de La casa del lago, tengo que adelantarles, y otra vez por si no lo hago más tarde, que no deberían dejar de leer, después o antes de éste, otro de sus libros titulado Hanss y Roudolf. El Judío Alemán y la caza del Kommandant de Auschwitz, que esta misma editorial publicó al inicio de 2014. Un libro que fue galardonado, en Estados Unidos sobre todo, con un gran número de premios. Todos, desde mi punto de vista de humilde lectora, muy merecidos.

La casa del lago, es su historia familiar, la historia de su propia saga familiar, la de la casa de su familia, una casa de recreo o fin de semana y vacaciones en la que llegó a vivir su abuela, de hecho el autor viajó con ella en 1993 hasta la propia casa que un día debió abandonar. Pero la historia de la casa de los Alexander junto al lago, como todos ustedes podrán comprobar, se convierte ante nuestros ojos, casi sin darnos cuenta, en la historia de Europa de una gran parte del Siglo XX.

Los terrenos junto al lago eran de un noble, los Alexander, una familia judía adinerada adquieren una parcela en la que construyen su casa con un camino que lleva hasta el lago, cuando debieron salir de Alemania, se instaló en ella un famoso compositor, que si bien en un principio parece algo escrupuloso con los nazis, termina como todos, mirando hacia donde más le conviene… Y así se sucederán una familia tras otra, hasta que nuestro autor la encuentra años después en un estado deplorable y se interesa por toda la historia que ahora nos cuenta.

Bien documentada, y salpicada de fotografías en las que podemos ver, no solo la casa sino a muchos de sus habitantes, la historia se nos hace cercana y real. No está novelada pero es tan cuidadosa su forma de narrar que casi lo parece.

La casa existe ahora restaurada gracias a la insistencia de esta familia… Como Alemania, también restaurada, ya sin muro, un muro que por cierto pasó muy cerca de la casa. Alemania quiere y debe recordar… Como todos, todos debemos mirar, ver lo que se nos viene, reconocer que los muros no solucionan los problemas del mundo, ni los de un país, ni los de una casa. Lo importante es la gente, las personas, la vida.

Y recordar la historia una y otra vez es imprescindible, dejar legados que nos recuerden que el ser humano debe controlar su espíritu egoísta, y los miedos que “los otros” nos pueden producir… LEER y LEER y VIAJAR y VIAJAR, y todo con los ojos y el corazón bien abiertos.

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Los criminales de noviembre, de Sam Munson

Los criminales de noviembre

Los criminales de noviembreDesde siempre me han gustado las historias narradas en primera persona por el personaje protagonista, tanto en literatura como en cine y televisión. Hablo de aquellas en las que el narrador nos hace partícipes de todos sus pensamientos y sentimientos, por insignificantes o banales que estos sean. Cuando este tipo de obras están bien elaboradas, algo que, por desgracia, no siempre sucede, hacen que empatice fuertemente con el protagonista, por mucho que sus vivencias tengan poco o nada que ver con las mías. Quizás El guardián entre el centeno es la novela que mejor se adapta a lo que comento, ya que tuve la fortuna de leerla en un momento en el que mis dudas existenciales eran enormes; el testimonio de Holden Caulfield me ayudó, si no a superarlas, sí al menos a sentirme acompañado en esos momentos, lo que creo que es una de las mayores virtudes que puede tener un libro.

Addison, el protagonista de Los criminales de noviembre, no es Holden, por mucho que parte de la crítica haya tendido a asociar a ambos personajes. En lo que sí se asemejan ambos es en la forma de contar lo que les ocurre en sus primeros años de juventud: desnuda, sincera, directa y con un sentido del humor muy particular.  A partir de ahí es cuando comienzan las diferencias. El protagonista de Sam Munson es un chico resabiado y pedante, con una personalidad muy fuerte y con la firme convicción de que sabe más que nadie de la vida a sus dieciocho años. Sus principales pasatiempos son el tráfico al por menor de marihuana y la lectura de La Eneida —en latín, claro—. Sé que esta descripción no invita a encariñarse mucho con este chico, pero el autor es hábil a la hora de lograr que acabemos cogiendo simpatía a lo que en el fondo solo es un joven que busca sentido a su vida.

La trama se centra en la investigación que emprende Addison para descubrir quién ha asesinado a Kevin, un compañero de su instituto. Lo que comienza como simple curiosidad —el protagonista y el chico asesinado ni siquiera eran amigos—pronto se convierte en una obsesión para él, lo que le lleva a dedicarse en cuerpo y alma, junto a su «no novia» Digger, a localizar pistas que les puedan ayudar a esclarecer los hechos, lo que les causará no pocos problemas.

Pero, como comentaba, el núcleo de este tipo de novelas es el propio narrador y me atrevería a decir que en ésta la importancia de la personalidad de Addison es muy superior a la media. La manera en la que cuenta lo que le ocurre y lo que se le ocurre, ligeramente desordenada pero cargada de detalles, me atrajo desde el principio, así como otros recursos que a medida que avanza la novela se van haciendo familiares, como sus continuas interpelaciones al lector para llamar su atención o sus tiras y aflojas con Digger para mantener su pacto de no noviazgo. Al final, o al menos es mi impresión, la trama queda en un plano muy secundario y creo que dependerá mucho de cuánto le atraiga a cada lector Addison como personaje para que este libro le acabe gustando o no.

En lo que a mí respecta, Los criminales de noviembre me ha parecido un trabajo entretenido y original, que tal vez flaquea en su ritmo narrativo pero que lo compensa con un personaje tan bien construido como el irritante y entrañable Addison. Y soy de los que nunca se cansa de este tipo de seres.

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Jugaban con serpientes, de Francisco Solano

Jugaban con serpientes

Jugaban con serpientesEste es un libro pequeño, la edición, quiero decir, es un cuento largo, una reflexión enredada, pero en un formato de bolsillo, de verdad. Supongo que por eso está editado en minúscula micra.

El contenido ya es otro cantar. Se trata de las reflexiones sobre el adulterio de un amante clandestino. El amante de Cristina, casada con Santiago Aguado que será, sobre todo en la primera parte del relato, una obsesión para el amante. Aguado trabaja en una notaría y es un hombre casi invisible “se le ve difuminado, impreciso, como si le faltara luz, o hubiera, al mirarlo, telarañas en los ojos. Su cuerpo está borroso”. Cristina se queja continuamente de la forma de ser de su marido y el protagonista se pregunta cómo será para ella abrazar a una “tachadura”.

El protagonista es escritor y amante casi profesional. Parece que la mayoría de sus relaciones se quedan en relaciones clandestinas; también lo podríamos tachar de borroso a él mismo, que incluso se presentó a Cristina con un nombre que no era el suyo. En ciertos momentos parece que le gusta esa condición, aunque al mismo tiempo, espera las llamadas de Cristina, espía al marido y le da demasiadas vueltas a lo que no debería ser más que un desfogue físico y anónimo. En otros pasajes, él mismo reconoce que esta forma de relacionarse con las mujeres es algo que debería cambiar, ya que en muchas ocasiones no se siente bien, ya no deja de ser “el otro”, a la sombra siempre de un marido, abocado a esconderse, a esperar, a desaparecer cuando era conveniente, sin derecho a nada.

El narrador nos habla en primera persona y nos muestra casi todo el tiempo sus sentimientos y sus pensamientos más íntimos, poniendo bastante distancia con el resto de los personajes, a los que describe y de los que habla, pero de los que sabemos muy poco de verdad. La intención del protagonista, según él mismo cuenta, era elaborar una narración ajustándose a la crónica de la relación con Cristina, pero “los sentimientos, o mejor, la confusión, contaminaban el registro de los hechos imponiéndose” por lo que a veces se pierde algo en desvaríos y elucubraciones, sintiéndose más cerca, en algunos momentos, del marido cornudo que de la mujer.

Francisco Solano es escritor y crítico literario; tiene una forma de escribir muy personal y especial, casi mágica. Tuve la sensación de estar leyendo más poesía que prosa, porque tiene un ritmo perfecto, redondo. Me resulta muy difícil definirlo; por una parte, porque yo no tengo esa maravillosa facilidad que tiene él para utilizar el lenguaje y la gramática, y por otro lado, porque me siento el aprendiz del ayudante del auxiliar del que le lleva los bolígrafos y los cuadernos a este señor. Es que cuando lees algo así, te sientes ínfimo en cuanto al arte de escribir se refiere. Por eso he utilizado algunas frases del propio libro durante esta humilde reseña, pero es que lo tengo lleno de marquitas y es casi imposible decir algo sobre lo que ya está dicho de la mejor manera posible.

“Cuando se es inteligente a rachas, como me sucede a mí, para clarear el pensamiento necesitamos que alguien nos estimule, y a esa persona le debemos la sagacidad”

… hay constancia de que escribir, además de una forma de emplazar una concatenación imprevista, es una objeción al silencio, habitualmente cómplice de la autoridad. Alguien dijo que se escribe contra las ofensas de la vida.”

Y así todo el cuento, con párrafos precisos en su ritmo, que vuelves a leer y puedes analizar, porque son profundos, porque dicen mucho más. Jugaban con serpientes no es fácil y eso es parte de su encanto. Ya os dije que era un libro pequeño en su forma física pero muy grande en su contenido y en la forma de contarlo.

 

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Cada monstruo con su tema, de Javier Chavanel

cada monstruo con su tema

cada monstruo con su temaMe alegro mucho de haber apostado por esta lectura. Una lectura de un autor desconocido, que se gana la vida como ayudante de realización de El secreto de Puente Viejo, pero que, además, ha escrito y dirigido varios cortos seleccionados y premiados en festivales nacionales e internacionales (cosa que no sabía cuando el libro llegó a mis manos y que tiene muchísimo mérito).

Siempre hay miedo a fallar la apuesta, pero también hay siempre algo que te hace arriesgarte e inclinar la balanza, y en esta ocasión ese algo fue que Cada monstruo con su tema era un libro de relatos de terror. Si fueran relatos cómicos la balanza hubiera caído a plomo del otro lado. Es mucho más difícil hacer reír que meter miedo (y ojo, que esto último tampoco es que sea fácil…)

Las primeras páginas del primer relato, Afán de superación, ya anticipaban que estaba ante un muy buen escritor. Esos diálogos frescos, vivos, rápidos y graciosos entre una mosca que se ha enamorado de una humana y el padre de la mosca son dignos de Faemino y Cansado por lo menos. Hilarantes y con un desparpajo brutal. No puedes ni quieres dejar de leer la historia, muy cronenberguiana, y por eso mismo, más asquerosita que terrorífica, pero muy bien contada, como si estuvieras viendo una peli en lugar de leyendo un relato.

El siguiente relato no pierde ni chispa ni frescura en su narración. Una empresa convierte la vida de la gente normal en un cómic. El terror no lo sientes, ni crees que vaya a aparecer. No imaginas cómo puede algo así aterrar. Pero lo hace. Al final lo hace. Genial y original como el primero. Y van dos de dos.

El tercer relato me recordó mucho a Con la muerte en los talones debido a la confusión de identidad que sufre el personaje de Cary Grant con un tal George Kaplan (el nombre se me quedó de tanto ver esa gran peli). Más bien me recordó a una mezcla de la peli de Hitchcock con Reservoir Dogs. Y poco se puede esperar del desenlace con un inicio como el que tiene. Me quito el sombrero. Es como, volviendo a Hitchcock, cuando en Psicosis la prota muere al inicio en la ducha, dejando asombrado al público. El giro viene al principio… Poco más diré, salvo que el nivel sigue sin decrecer.

No voy a pararme a analizar los once relatos que conforman el libro, pero si quiero destacar, además de los ya mencionados, Los bromistas y Papá; ambos son terror puro, del que acojona de verdad. Uno por ser terror muy factible y cotidiano y el otro por ese final tan terrorífico y abierto a la vez.

Todos, absolutamente todos los relatos están muy inspirados tanto argumental como narrativamente. Se leen de un tirón, con angustia y en algunos casos con una sonrisa. Sí, copón, no os quedéis así, es muy posible que eso suceda porque a mí me ha pasado. Doy fe. Javier Chavanel escribe muy suelto y ágil, sabe cómo hacerlo y no le da miedo demostrarlo con un lenguaje normal, sin emperifollamientos innecesarios que ralenticen y entorpezcan la lectura.

Para ser un primer libro la sensación que deja es muy positiva. Nos da terrores que no tienen nada que ver con zombis, vampiros o criaturas lovecraftianas sino con el propio interior del ser humano porque, como dice la contraportada, “Los monstruos o los villanos, por muy malos u horribles que sean, nunca saben que lo son. En sus historias son, sencillamente, los buenos…” Y es la pura verdad.

Cada monstruo con su tema es un divertimento muy recomendable y, si bien es cierto que al igual que la comedia esto del terror es muy subjetivo, también es cierto que se pasa mal. Y eso es lo que pretendía al leer este libro.

Misión cumplida.

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La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera

La insoportable levedad del ser

La insoportable levedad del ser“Pero luego se acordó de que ayer, poco después de aparecer él en la puerta de la casa, sonaron en una iglesia de Praga las seis de la tarde. La primera vez que se vieron, ella terminaba de trabajar a las seis. Lo había visto sentado en el banco amarillo y había oído sonar las campanas de la torre.

No, no fue la superstición, fue su sentido de la belleza lo que la liberó de la angustia y la llenó de ganas de vivir. Los pájaros de la casualidad volvían a posarse en su hombro. Tenía lágrimas en los ojos y estaba inmensamente feliz de oírle respirar a su lado”.

No soy muy dada a empezar las reseñas con citas. Pero hay veces que, después de leer un libro, este me parece tan asombroso y tan deslumbrante que me resulta muy difícil empezar a hablar de él. Por eso he querido comenzar con una cita. Para no romper la magia que se ha creado a mi alrededor y que se quedará conmigo un tiempo, aunque ya haya cerrado las tapas de esta obra maestra para siempre.

La insoportable levedad del ser es una historia de amor. Pero no os imaginéis una novela empalagosa y llena de clichés. No, es una crónica real. Sin idealizar, mostrada al natural y sin adornos. Los protagonistas son Tomás y Teresa, dos checos coetáneos de la década de los sesenta y que verán cómo las tropas rusas van avanzando filas por lo que antes era su hogar. Tomás tiene dentro de su cabeza casi tantos conflictos como los que existen en la Europa oriental de aquella época. Y todos los problemas se reducen en uno: las mujeres. Ama a Teresa con toda su alma, pero es incapaz de no estar con otras mujeres. Entre ellas, se encuentra Sabina, una joven artista que ve el mundo desde una perspectiva muy particular y que descubrirá, con el paso de las hojas, qué significa la insoportable levedad del ser.

Si por algo me ha encantado esta obra, ha sido por sus constantes alusiones a la filosofía. Rápidamente identificaremos la idea del eterno retorno propuesta por Nietzsche, por ejemplo. Milan Kundera, escritor de origen checo, aborda los problemas existenciales a los que los humanos plantamos cara día a día, deleitándonos con frases tan exquisitas como la que apuntaba al principio.

Hacía tiempo que tenía este libro entre mis pendientes; formaba parte de esa lista interminable de obras que quiero leer pero para las que nunca encuentro el tiempo necesario. Porque este libro hay que leerlo con calma, saboreándolo, exprimiendo cada frase que Kundera nos regala y, sobre todo, teniendo un lápiz a mano para subrayar todas esas citas que deberían formar parte de nuestra vida.

Un amigo mío me recomendó su lectura muy efusivamente. Cuando le dije que me disponía a leerlo, me dijo: “es la historia de amor más bella que he leído nunca”. Yo no sé si la calificaría de bella. No es una narrativa feliz; hay dolor, hay llanto y hay lágrimas literales que rodaron por mis mejillas al llegar al final de la historia. No sé si eso es bello. Lo que sí es, es emocionante y desgarrador. Gracias a Kundera he descubierto que hay muchos tipos de amor. Que se puede querer de muchas formas y que tal vez todas sean válidas. No sé, quizá una guerra de por medio hace que uno se replantee las cosas.

Lo que sí tengo claro es que este libro ha ascendido hasta encontrarse entre mis cinco favoritos. Y es curioso que, cuanto más me gusta un libro, más me cueste hablar sobre él. ¿Os identificáis con esa sensación de que os gusta algo pero no sabéis por qué? Eso me pasa a mí con La insoportable levedad del ser. Por eso, voy a terminar esta reseña tal y como la he empezado: citando una de las frases que he subrayado:

“Aquel que quiere permanentemente “llegar más alto” tiene que contar con que algún día le invadirá el vértigo. ¿Qué es el vértigo? ¿El miedo a la caída? Pero ¿por qué también tenemos vértigo en un mirador provisto de una valla segura? El vértigo es algo diferente del miedo a la caída. El vértigo significa que la profundidad que se abre ante nosotros nos atrae, nos seduce, despierta en nosotros el deseo de caer, del cual nos defendemos espantado”.

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La palabra mágica, de Augusto Monterroso

La palabra mágica

La palabra mágica«Vivir es común y corriente y monótono. Todos pensamos y sentimos lo mismo: solo la forma de contarlo diferencia a los buenos escritores de los malos.»

La importancia de la mirada, el saber de los contrarios con los que está compuesta la realidad, la comodidad – o la poca incomodidad – en terrenos adversos es lo que hacen a alguien escritor. Me da miedo decir que un escritor es bueno y que otro es malo porque me da miedo pensar que algún día pueda diferenciar esas cosas. Yo lo único que consigo ver es si un escritor me gusta o no. ¿Eso significa que sea bueno el que me gusta y malo el que no lo haga? Yo no me atrevo a decir eso. Pero sí me atrevo a decir que acabo de descubrir a Augusto Monterroso y me atrevo a decir que me gusta.

En La palabra mágica, compendio de breves artículos multitema que la Editorial Navona vuelve a traer a las librerías dentro de su colección ‘Los ineludibles’, el escritor hondureño y nacionalizado guatemalteco ofrece una amplia – pero reducida en forma – visión de las cosas. Digo las cosas y me gustaría no tener que hacerlo pero no puedo acotar más. Estamos leyendo cómo un libro se hace famoso o cómo es el trabajo del traductor y pasamos de repente a conocer la trágica vida de Horacio Quiroga. Todo separado brevemente, dividido, algo así como lo que algunos han llamado fragmentarismo ontológico. Pero hay algo en común en estos veinte ensayos: por un lado, que Monterroso siempre está presente, como si quisiera controlar que nunca nos perderemos en ningún laberinto de ficción porque él, como Ariadna, está al otro lado manteniendo el hilo de lo real; y por otro, que todo parte de una vida, sea la del propio autor o la de otro.

Conoceremos datos curiosos de la vida de Shakespeare, Borges, Ernesto Cardenal o Góngora; su opinión con respecto al género de la autobiografía o viviremos su “encuentro” con Kafka. Y todo ello bañado de una ironía que a cada libro que leemos se erige más como la mejor vía de escape a la tragedia de la vida. Reírse, reírse de la Historia en mayúsculas, de los estigmas sociales, de las convenciones, de lo impuesto, creído y defendido siempre. Reírse de los otros partiendo de uno mismo, reírse de la vida porque se sabe que esto es lo que hace ella con nosotros. Reírse de aquellos que se lanzan a escribir en libros sus vidas íntegras cuando, por supuesto, estas todavía no han terminado; reírse de que se tradujera a La importancia de llamarse Ernesto lo que debería haber sido La importancia de ser honrado (The Importance of Being Earnest); reírse de todo para convertirlo en nada y desde ese punto empezar a disfrutarlo.

Sé que hay mucha gente, y no sé por qué, que desprecia el refranero popular cuando este nos ha dado cosas tan grandes como por ejemplo Sancho Panza. Dicen que quien bien te quiere te hará llorar. ¿Y si se refieren a la risa? ¿Y si La palabra mágica fuera la que provoca la risa? Descubrid a Monterroso, nunca es tarde para hacerlo. Os lo dice alguien que se equivocó – como tantas otras veces – pensando lo contrario.

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