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El verano de Raymie Nightingale, de Kate DiCamillo

El verano de Raymie Nightingale

El verano de Raymie Nightingale¿Recordáis algún verano de vuestra infancia con especial cariño?  La verdad es que yo guardo muy buen recuerdo de casi todos ellos. La infancia es una etapa maravillosa en la que todos los niños deberían ser felices. Pero no voy a ahondar mucho en este tema, porque conociendo el mundo en el que vivimos, me pongo de muy mal humor.

Como nosotros éramos familia numerosa, los viajes a la playa en verano eran una pequeña odisea. Mi madre siempre se ponía nerviosa, mi padre se mareaba, el coche se llenaba de maletas para quince días (o tres meses) y en la parte trasera dos adolescentes y dos niños nos acomodábamos como podíamos durante cuatro horas de viaje. Ah, qué tiempos aquellos, ¿verdad? Recuerdo con cariño aquellos viajes en familia, aquellas playas de Cádiz, Málaga y Huelva, a mis primos. Recuerdo que varios veranos llegamos a juntarnos en aquellos bloques de apartamentos más de treinta niños. Eso sí que era una pandilla de verano. Lo pasábamos tan bien juntos que el último día, el de la despedida, aquello se convertía en un drama de llantos y promesas de cartas. Cómo me gusta pertenecer a las últimas generaciones que no tenían móviles y todavía se escribían cartas.

De esto mismo trata El verano de Raymie Nightingale, de una niña, una promesa e insólitas amistades de verano. Cuando Raymie descubre que su padre se ha largado de casa con una asistente de dentista se le ocurre el plan perfecto para hacer que vuelva a casa con ella y su madre. Se presentará al concurso Pequeña Miss Florida 1975, lo ganará y cuando el padre vea las fotografías de su hija en el periódico volverá a casa. Un plan aparentemente sencillo que llevará a la pequeña Raymie a vivir un montón de inolvidables aventuras.

Pero, para poder ganar el concurso, Raymie acude a las clases de bastón de la campeona Ida Nee. Así podrá deslumbrar a todos con su habilidad con el bastón. En las clases conoce a Beverly, una niña fuerte y segura de sí misma dispuesta a sabotear el concurso. También conoce a la dulce Louisiana , quien quiere ganar el concurso para conseguir el dinero y poder vivir bien con su abu sin tener que ir al hospicio. Tres niñas que no tienen demasiado en común más que el vínculo que les une, a su manera, al concurso Pequeña Miss Florida.

De algún modo las niñas se necesitan. Ya sea para ayudar a Raymie a recuperar el libro que olvidó en la residencia de mayores cuando trataba de realizar una buena acción, para ayudar a Louisiana a rescatar a su querido gato Archie del Refugio de animales o para hacer descubrir a Beverly ese lado más dulce que parece que olvidó cuando su padre se fue. A pesar de las diferencias todas tienen algo en común, todas tienen un secreto y muchos motivos para ser felices.

La exitosa Kate DiCamillo ha escrito una preciosa novela de amistad llena de valores. El verano de Raymie Nightingale nos habla de lazos invisibles que forjan amistades de verano, nos habla de diferencias que unen, del respeto y el amor por encima de todo. Una novela que encantará a los lectores más jóvenes y que yo, cada vez más fan de la literatura juvenil, he disfrutado como una niña.

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¿Ha llegado ya la “Bisagra”? y otros disparates farmacéuticos, de Guillermo Navarro

¿Ha llegado ya la "bisagra"?

¿Ha llegado ya la "bisagra"?Este es un libro para reír. Me diréis ¿nada más? Y yo os digo: ¡nada menos! Os aseguro que reírse no es poca cosa. Es algo muy importante en nuestras vidas. Hay estudios que garantizan, prueban y demuestran que reír es buenísimo para la salud, tanto mental como física. A no ser que tengas algo que solo te duele cuando te ríes, que entonces es mejor dejarlo para otro momento. También hay que procurar no reírse de los demás, a no ser que nos acompañen en la broma y tampoco es buena la risa maléfica, sobre todo para el que la sufre. Por lo demás, rían, rían, que mejora muchas cosas: la respiración, el cutis, aunque salen algunas arruguillas más, son chulas, porque son de risa. Aumenta las endorfinas por lo que mejora nuestro estado de ánimo, atenúa dolores y evita la depresión. Nos hace tener más amigos, caer mejor a la gente, que nos tengan más cariño si tenemos cara de risa, que si tenemos cara de palo seco o de pena. Y así podría estar un buen rato, explicando las bondades de la risa, que soy una experta con certificado y todo. Además, lo he probado: he dado cursos de risoterapia y no veas lo que mejora la gente. Tuve una señora que vino una par de veces y me dijo que no volvía, que se lo pasaba bien, pero que ella estaba diagnosticada de depresión y no iba a reírse tomando antidepresivos y tranquilizantes, que no le parecía bien, que a ver que le explicaba ella al doctor y a sus hijas, si dejaba de tener cara de pena todo el rato y se enteraban de que dos veces por semana se iba a reír como una loca con otras diez locas. Necesitaba seguir enferma. Esa ya es una elección de cada uno, claro.

En fin, pues eso, que Guillermo Navarro se ha propuesto que pasemos un buen rato en ¿ha llegado ya la “Bisagra”? y otros disparates farmacéuticos. Aunque no consiga arrancar risas, desde luego sonrisas fijo. Cada uno tiene un sentido del humor diferente y llegar a la risa de todo el mundo por el mismo camino, no se puede, pero os garantizo que vais a pasar un buen rato.  Este es un humor blanco, no como el de enfermera saturada, pero se nutre también de anécdotas, del día a día de la profesión, en este caso de farmacéutico. A veces me ha recordado a la señorita puri aunque yo me reí más con ella. Me sentí más identificada con Puri, que con Guillermo, pero aún así, es muy gracioso. Se lee en un periquete y es divertido leerlo con alguien, en alto, para poder compartir los chascarrillos.

Guillermo Navarro es farmacéutico, ahora ya está jubilado. Tuvo una farmacia en una ciudad cercana a Madrid. Tiene un montón de anécdotas de su trabajo durante más de treinta años. Supongo que cualquiera que trabaja detrás de un mostrador o cara al público, se sentirá representado. Entre él mismo y la gente que trabajaron con él, fueron recopilando estas pequeñas cosas graciosas que pasan en algo tan cotidiano como una farmacia. Bueno, alguna cosa no era tan graciosa en sí misma, como cuando cuenta un atraco de los que sufrió, pero es divertido cómo sale del apuro, visto en la distancia. Para acordarse, anotaban en una libreta las cosas que les pasaban, e incluso las notas que les enviaban sus clientes, son graciosísimas. Están recopiladas, algunas de ellas, al final del libro.

Está dividido en 23 capítulos cortos, cada uno dedicado a un tipo de cliente, o a casos que se les daba habitualmente, conversaciones en la farmacia, guardias, atracos, etc. Muchos de ellos los acaba en forma de prospecto, con las indicaciones pertinentes.  Algunas parecen increíbles, pero son ciertas, como la vergüenza que pasan algunos para pedir cosas relacionadas con “el sexo y áreas colindantes”, como dice él; entiéndase: condones o pomada para las almorranas, por ejemplo. ¡Las vueltas que da el señor Venancio! En algunos casos me he sentido yo retratada, pero como cliente, sobre todo el capítulo dedicado a la memoria de farmacéutico; nos creemos que ellos se tienen que acordar de todo lo que nosotros tomamos: “dame esas pastillas que tomo yo, las de la caja blanca y azul, que empieza por t, no me acuerdo de más, ya tú sabes…” yo creo que eso lo he dicho yo en la farmacia de mi pueblo, y lo hace aquí casi todo el mundo. Menos mal que tengo una farmacéutica lista y que tiene una paciencia infinita. Le tengo que regalar el libro, para que se ría un rato. 😀

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La muñeca catalana

 

la muñeca catalanaQueridos amigos, en ocasiones empiezas una lectura como en este caso a ciegas. Es decir, no sabes nada de ella, pero te la regalan y el título, La muñeca catalana,  ya te hace pensar que algún motivo hay para que haya caído en manos de una amiga, y ella, a su vez, te lo ofrezca a modo de regalo especial.

No he podido olvidar mientras lo leía, bien por su pequeño tamaño, menos de 200 páginas, bien porque ambos escritores son franceses y se nota en su forma de narrar, aquella Nieta del Sr. Linh. Ya ven que no la comparo a cualquier cosa, es fue la primera novela que reseñé para LibrosyLiteratura.es y en aquella ocasión quería ir sobre seguro.

La muñeca catalana ha sido otra gran sorpresa. La he leído en tan solo unas horas, pero sé que rondará durante muchos días por mi cabeza.

La autora, Brigite Piedfert, es profesora de Lengua Española en diversos lugares de Normandía; yo pensaba cuando llevaba casi media novela leída que sería hija o nieta de españoles, aunque por los apellidos no me parecía muy lógico. Y digo esto porque el inicio nos lleva directamente a los inicios de la II República y rápidamente a la Guerra Civil española, vista de aquella forma especial e idílica con la que la miran los que han escrito desde el exilio o desde la más absoluta de las derrotas. Ese final de la contienda en Barcelona, y la huida a Francia en aquellas enormes, tristes y largas columnas que todos hemos visto en imágenes y que se asemejan muchísimo a lo que hoy todos estamos viendo por la televisión en los informativos respecto a los miles de refugiados que también intentan salir de sus guerras, de sus persecuciones y de sus miserias.

Pero en realidad la novela no va de la Guerra Civil, ¿o sí?, ¿o irá de los niños españoles que llegaron a Francia y de cómo fueron recibidos? ¿o no? Un libro corto que en realidad creo que va del daño que la violencia y la desesperación causan en el alma del ser humano.

La historia surge de dos hechos reales: una guerra y un orfanato francés para españoles situado en la bellísima Normandía y llamado “Orfelinato Francisco Ferrer”… Me ha hecho gracia lo de “orfelinato” porque es una palabra que no escuchaba desde que vivía en Valls, localidad en la que nací y que está muy cerca de Cambrils, lugar en el que se desarrollan algunos de los hechos de la novela.

Orfelinato, yo creía que sería o estaría relacionado con el catalán, pero en realidad en catalán se dice “orfenat”, al parecer está más relacionada directamente con el francés orphelin (huérfano), por lo que deberíamos incluirla entre los galicismos que mantiene el castellano.

El caso es que en poco más de cien páginas la autora me ha dejado impresionada con la historia que cuenta, por como lo cuenta, y sobre todo por el giro final tan inesperado que se saca de la manga.

Verán, yo empecé a leerlo después de comer, sentada en el sofá con manta y un té caliente, poco más de una hora de lectura y descanso, después a trabajar un rato, pero lo leído me rondaba y solo deseaba cenar y sentarme a terminar la historia, que intuía que no iba a ser lo de siempre, y desde luego que no lo ha sido. En el libro la protagonista es una niña, la nena, y su muñeca de trapo, una de esas cosas a las que uno se aferra para poder vivir cada día…

A ese “Orfelinato Francisco Ferrer”, que curiosamente era para niños, fue a parar Felicia, junto a un grupo de chavales fundamentalmente catalanes y algunos supervivientes del bombardeo de Guernica…

El orfanato, u “orfelinato”, cerró a los tres años de la llegada de los chavales por orden del Gobierno de Vichí. Muchos de los niños fueron repatriados a España, otros, como nuestra pequeña protagonista, y su muñeca, quedaron en Francia. La original forma de relatar su vida y esa fórmula de narrar en múltiples voces pero no de forma coral, nos dan una visión más completa de unos hechos que nunca me han desenganchado como lectora.

Brigite Piedfert con ‘La poupée catalane’ (‘La muñeca catalana’) ha sabido ir a su terreno, la novela histórica, pero dando una forma que no defraudará al lector al lector amante de este tipo de novelas de cientos de páginas describiendo momentos, lugares, personajes famosos. No, no les defraudará pero no es eso lo que encontrará, en este caso una niña de cinco años y su muñeca, un chaval llamado Salvador, Elvira, Francisco… son nombres muy comunes para una historia muy particular.

Y el esperanto de fondo uniendo el principio y el final. El esperanto, nunca había leído nada sobre que los esperantistas fueran perseguidos durante la Guerra Civil …

¡Hay tantas cosas que no sé y tanto que leer!

Ahora mismo ya tengo ganas de leer sobre este tema, sobre como está el asunto del esperanto en la actualidad, sobre esta autora que no conocía, y quiero ir a esa bella Normandía que ya recorrí en una ocasión y me dejó maravillada.

Y es que esto de leer es un no parar de querer más y más.

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¿Quién es el 11º pasajero?, de Moto Hagio

¿Quién es el 11º pasajero?

¿Quién es el 11º pasajero?Sé que habéis venido aquí en busca de la valoración de un manga, pero permitidme, por una vez, que empiece hablándoos de un juego. El juego es conocido popularmente como El hombre lobo. El concepto de éste es tan simple como atractivo. Entre todos los jugadores se crean dos grupos: aldeanos y hombres lobo. Depredadores y presas. Nadie sabe si el jugador que tiene enfrente es un aldeano o un hombre lobo. ¿Amigo o enemigo? También dependerá del rol que a ti te haya tocado desempeñar. El verdadero atractivo de este juego es el clima de desconfianza que se crea; sobre todo en las primeras rondas donde reina el desconcierto. Los aldeanos deberán sobreponerse a la discordia sembrada por los licántropos y acabar con ellos. Pero conjeturas erróneas, probablemente engendradas por un monstruo manipulador, los llevarán en ocasiones a asesinar a aldeanos inocentes.

¿Quién es el 11º pasajero? de Moto Hagio, excelentemente editado y por primera vez en castellano gracias a Ediciones TomoDomo, me ha recordado a grandes rasgos a este juego de mesa. Aunque cabe señalar que por este manga de corte juvenil discurre menos violencia y sangre de la que se vierte en una de las imaginarias partidas, y tal vez veáis por las viñetas algún aldeano, pero ningún hombre lobo, ya que el género al que pertenece nada tiene que ver con la fantasía o el terror. Sí encontraréis extraterrestres. Es lo que tienen las historias de ciencia ficción. De hecho el relato está ubicado en un futuro distante. A años luz del nuestro. Un futuro en el que gracias a nuevas formas de energía los terrestres alcanzaron a colonizar la friolera de 51 planetas. Pero la historia que hoy nos ocupa ocurre mucho después de estos hechos, muchísimo después. La fecha es irrelevante. El lugar concreto es la Universidad Estelar. Allí se reúnen seres venidos de cualquier parte de la galaxia, la flor y nata de cada sociedad, jóvenes con mucho potencial, con el único objetivo de ingresar en ella y convertirse en los mejores pilotos de naves espaciales. Pero primeramente hay que pasar una prueba de ingreso. Diez aspirantes son embarcados en una nave que orbita alrededor de un planeta abandonado. Su misión: sobrevivir y enfrentarse a diversos retos a lo largo de 53 días. La cuestión es que nada más embarcar descubren que son once. La desconfianza se adueña de sus ánimos. ¿Quién es el undécimo pasajero? ¿A qué ha venido? ¿En quién puedo confiar? No son solo los actores de esta epopeya espacial los únicos que se plantean tales cuestiones, yo como lector no deje de hacérmelas hasta el final.

Ahora permitidme que me dé el lujo de hacer una comparación, y es que ¿Quién es el 11º pasajero? es también como esos reality shows de convivencia. Con concursantes mucho más capacitados intelectualmente y de profundidad psicológica más acentuada (por supuesto) y con un experimento de supervivencia y sociológico inmensamente más complejo (sin lugar a dudas), pero con unas bases cimentadas en el mismo concepto: congregar a gente diametralmente opuesta y lanzarlas a situaciones límite. Diferentes razas, diferentes personalidades, diferentes religiones, en definitiva, seres muy alejados unos de los otros que tendrán que aprender a convivir y superar obstáculos. Esos obstáculos se presentan de formas variadas: virus descontrolados, errores en el sistema de navegación, cargas explosivas diseminadas a lo largo de la nave… pero, ¿son parte del examen todas estas dificultades o realmente se enfrentan a contratiempos reales que podrían poner en peligro sus vidas?

Con el final de ¿Quién es el 11º pasajero? no solo se responderán todas las preguntas, sino que Moto Hagio nos propondrá algunas nuevas con Al horizonte del este, eternamente al oeste. Si la primera parte era un thriller de suspense, con vagas similitudes con el libro Diez negritos de Agatha Christie, en la continuación son las intrigas palaciegas las que toman el mando. Reyes destronados, guerras interplanetarias, traidores, espías y amor. Sí, amor. Lo hay. De igual forma, y tratado con mucha naturalidad, encontraréis el tema de la identidad sexual en la adolescencia. No os engañaré, este tomo de ¿Quién es el 11º pasajero? tiene sus momentos azucarados, pero no hay peligro de diabetes. Además, ¿no es la raíz, o la finalidad, o incluso el hilo conductor, de toda buena historia el amor en todas sus formas?

Hablemos ahora de Moto Hagio, una de las precursoras del shojo manga, y de su soltura para crear y dar forma al humor. A lo largo del cómic se hace patente esa agudeza; a pesar de que en ocasiones se excede e interrumpe el ritmo o la acción. Pero es en las últimas páginas donde podremos disfrutar de la Moto Hagio más gamberra y socarrona a través de un puñado de historias cortas que a pesar de ser de corte humorístico tienen también cierto calado filosófico y existencial.

Mientras que en estas últimas historias que completan el tomo la autora crea unos dibujos que son caricaturas infantiles de sus propios personajes, en ¿Quién es el 11º pasajero? y su continuación nos muestra qué podía hacer esta mangaka allá por los años 70. Rostros angulosos, enormes ojos que albergan la belleza de las galaxias, muchachos de frondosos cabellos y rizos imposibles. Si el diseño de personajes es correcto, el de vestuario, curiosamente, es realmente llamativo por la mezcolanza cultural. Se observa en algunas viñetas ropajes que bien podrían haber vestido los mosqueteros de la corte de Luis XIV, vestimentas de cuando el zar Nicolás II gobernaba en Rusia o incluso ropajes tradicionales de Japón. Una mixtura que no añade nada a lo que cuenta pero que pone de manifiesto que Moto Hagio, a lo largo de ¿Quién es el 11º pasajero?, da importancia a todos los detalles; dando especial trato de consideración a la psicología de sus personajes así como a las relaciones entre ellos.

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Tan solo el fin del mundo, Jean-Luc Lagarce

Tan solo el fin del mundo

Tan solo el fin del mundoLa llegada del hijo pródigo es carne de literatura desde tiempos inmemoriales. Una prueba de madurez en forma de relato mítico que ya hemos absorbido como propio. Muchos de estos relatos nos invitan a formar parte de la revancha implícita y la alegría explícita del reencuentro. Sin embargo, son pocos aquellos que destejen el por qué de la marcha y la probabilidad de que dicho regreso sea ominoso e incluso macabro. Estamos ante un caso que rompe el molde. Si bien es cierto que presenciamos el regreso de un hijo a la casa familiar, también lo es que las alegrías y el rechazo llenan las habitaciones a partes iguales. Y es que el nuevo título publicado por Dos Bigotes, no sólo empieza a estar en boca de todo el mundo por la reciente adaptación cinematográfica de Xavier Dolan. Tiene méritos propios como para colarse en las mejores lecturas de 2017. Decir esto, empezando febrero es ser de todo menos comedido. Pero pocas veces uno encuentra una obra capaz de hacerte parar la lectura para entender qué está pasando tanto dentro de la página como dentro de ti. Tan solo el fin del mundo es una obra mínima en ejecución que acaba desbordando al lector en más de un sentido y consigue remover cimientos aparentemente sólidos.

La pieza teatral comienza cuando Louis, ante una inminente enfermedad que acabará con su vida, decide volver a la casa familiar para comunicar el terrible diagnóstico y, de paso, reconciliarse con su pasado. Poco de este plan podrá llevarse a cabo cuando entienda que aquellos que nunca se marcharon tienen tanto o más que decirle. Una madre que le extraña, un hermano que le niega, una hermana que le idolatra y una cuñada que no le conoce. Estos cinco personajes vivirán las horas más tensas de sus vidas. En el mero transcurso de un día, verán cómo todo lo que creían enterrado encuentra su camino a la superficie, dejando claro que el olvido que nos promete el tiempo tan sólo es un préstamo que tarde o temprano debemos devolver. Como si de un asesinato cometido años atrás, al reunirse todas las piezas, cada uno de estos seres infelices, entendemos la dimensión del crimen y las medias mentiras que han servido para evitar el derrumbe. Todos bajo el mismo techo y sin poder apartar la mirada. Y es tanto el rencor y es tanta la rabia que, poco a poco, la futura muerte de Louis se diluye en un sinfín detalles de una vida pasada que cada uno recuerda a su modo.

No he visto la obra representada y la adaptación cinematográfica de Dolan dista lo suficiente como para que puedan complementarse, pero no reflejarse la una en la otra. Sin embargo, no puede negarse la fuerza violenta que su autor, Jean-Luc Lagarce, ha insuflado en el texto. Cada uno de los personajes necesita decir, pero no puede. Cada uno tartamudea de un modo diferente en el intento vano de hacer llegar a los demás su dolor o su nostalgia. De hecho, el autor ha usado el monólogo en gran parte de la pieza para dejar claro esta ausencia de diálogo. La comunicación no sucede de un modo bidireccional. Los personajes sueltan las palabras y nunca sabemos si calan en el interlocutor. Siquiera si hay interlocutor en algunas de las escenas. Esto duele por potente y porque deja claro que en el fondo Tan solo el fin del mundo es una obra que nos habla del aislamiento en el sentido más letal del término, aquel que nos impide llegar a otro humano incluso cuando lo tenemos justo enfrente. Incluso cuando tiene dentro nuestra misma sangre.

La familia es la máquina del tiempo más rudimentaria que existe. Nos hace volver a un tiempo que ya fue, pero cuyo recuerdo dista mucho de la imagen distorsionada que uno recibe. No hay botones de emergencia que pulsar si uno quiere volver al presente. Ni cinturones que nos aseguren que no saldremos heridos del viaje. Te lleva atrás y te enfrenta a cosas que fueron y que te formaron. Cosas que aún duelen y que por tanto no hemos aprendido a pronunciar. Como ya nos enseñó Lorca, la muerte y la familia son dos hechos inevitables en la vida de todo ser humano. Y la reconciliación con ambas potencias hará válido nuestro paso por el mundo. Si sucede, claro. Jean-Luc Lagarce nos muestra las infinitas posibilidades de este duelo. Y es que esta hermosa pieza de orfebrería cuenta con aristas rencorosas y con silencios prolongados. Todo el equipaje que nos hace falta para viajar atrás y decir ‘He vuelto a casa’ aunque todos estén mirando a un extraño.

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El libro de cocina + fácil del mundo, de J. -F. Mallet

El libro de cocina + fácil del mundo

El libro de cocina + fácil del mundoYa que nos ponemos sinceros, os voy a hacer una confesión. Desde hace unos meses estoy metida en un proyecto muy gordo: estoy mirando casas para irme a vivir con Aarón, mi pareja. Hemos tenido que mirar terrenos, promotoras, hipotecas (bancos y más bancos), hacer más papeleo del que nos gustaría, pensar en la distribución de la casa, los muebles, los acabados… en fin, una lista interminable de cosas. Y ahora, cuando ya está el proyecto en marcha y ya veo la casa de mis sueños como algo palpable, voy y me pregunto a mí misma: “¿y tía (porque yo a veces me llamo tía a mí misma, cosas de la vida), se puede saber de qué narices te vas a alimentar cuando vivas con Aarón?” Porque no es que él sea un manitas de la cocina, y yo tampoco, para qué nos vamos a engañar. De hecho, yo solo suelo cocinar “en serio” los fines de semana. El resto de días me alimento de cosas a la plancha/arroz/verduras que se hagan en menos de 20 minutos. Incluso 20 minutos me parece mucho tiempo. Si se puede hacer en 10, mucho mejor.

Muchas veces, por no decir todas, es por falta de tiempo. Trabajo por las mañanas y por las tardes me dedico de lleno a la oposición (y a LyL, no os pongáis celosillos). Así que, sinceramente, lo último que me apetece cuando tengo un rato libre es ponerme a cocinar. Y ya no digamos ir a hacer la compra… muero solo de pensarlo.

Entonces un día vi en un escaparate El libro de cocina + fácil del mundo y fue una sensación como de atracción inmediata. Como si el libro fuera un imán y yo una chapa metálica enorme. Ese libro estaba pensado para Aarón y para mí y, sobre todo, para nuestra próxima convivencia juntos. ¿Sabéis lo bueno de este libro? ¿Lo grandioso, lo maravilloso, lo increíble, lo ¡impresionante!? Pues bien, se trata de que en cada receta solo se usan de media unos cuatro ingredientes. Sencillos. De esos que se pueden encontrar en cualquier sitio (incluso en mi nevera) y que  no hay que ir a buscarlos a Mordor ni al Corte Ingles —que para mí vienen siendo un poco lo mismo—. Te plasman fotografías de los ingredientes, para que no haya lugar a confusión y la explicación del plato te la resumen en unas cinco o seis líneas, yendo al grano. Sin florituras ni palabrejos extraños. Vaya, para que todo el mundo pueda entender las directrices sin cagarla y no hacer un trifle como aquel que hizo Rachel de Friends el día de Acción de Gracias. Y no todos tenemos un Joey en nuestra vida que se coma nuestros desastres, así que mejor hacer las cosas bien. Por cierto, haciendo un inciso en esto, AMO Friends con todas mis fuerzas y más o menos en todas las conversaciones que tengo sale alguna comparación con un capítulo de esta serie. También aplicable a los Simpsons. Tenía que decirlo, ya que nos estamos sincerando y empezamos a conocernos un poco mejor.

Cuando recibí el libro, subí una foto a Twitter (esto es más bien marujeo, pero tenía que contarlo). Y la editorial, Larousse, me contestó diciendo que cuando hiciera mi primer plato basado en las recetas del libro de J. –F. Mallet, tenía que subir una foto del resultado. Pues bien, hoy me he atrevido y he hecho unas endivias con bacon al horno para chuparse los dedos. Bueno, a mí no me han parecido tan buenas porque no es que me gusten mucho las endivias. Pero el plato ha quedado monísimo y al menos he podido usar unas endivias que sino iban a acabar poniéndose malas. Así que nada, creedme cuando os digo que este libro me va a sacar de más de un apuro. Además, me he enterado de que dentro de muy poco sacarán la versión light, así que no puedo pedir más.

No sé si mi convivencia con Aarón será más fácil teniendo El libro de cocina + fácil del mundo —cariño, si estás leyendo esto, no pienses que va con segundas ni nada de eso ;)—, pero al menos esa conversación de “¿qué comemos hoy?” nos la podremos evitar.

 

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Tonto de remate, de Richard Russo

Tonto de remate

Tonto de remateNo sé cómo me las apaño, pero aquí estoy, hablando sobre un libro que es la continuación de otro que ni siquiera he leído. Ya me vale, ¿verdad? Lo cierto es que estas cosas me ponen bastante nerviosa. Ya os he comentado alguna vez que soy desordenada, pero que con el tema papeles y libros es cuando más organizada soy, así que no creáis que me emociona leer la segunda parte de un libro sin haber leído el primero. Pero, ¿sabéis por qué lo he hecho? Porque me han asegurado que Tonto de remate, la continuación de Ni un pelo de tonto puede leerse independientemente del primero. Así que respiré aliviada y me propuse disfrutar del libro.

Obviamente, el título llama mucho la atención, y entre eso y las críticas que leí sobre él que hablaban sobre un libro tremendamente divertido, revoltoso y repleto de una esperanza humana irrefrenable mis ganas de leerlo aumentaron.

Como os he dicho, Tonto de remate es la continuación de Ni un pelo de tonto, novela publicada en 1993. Richard Russo, el autor, es un escritor norteamericano con varios libros publicados y un premio Pullitzer bajo el brazo que recibió en 2002 por su novela Empire Falls.

En esta ocasión, el autor vuelve a traer a sus personajes a North Bath, un pueblo ficticio en el norte de Nueva York. Donald Sullivan, o simplemente Sully, es nuestro protagonista. En la taberna White Horse (que también fuera escenario de la primera parte), se fragua la vida del pueblo y de sus personajes. Un pueblo donde la vida transcurre de manera monótona y previsible y donde, a simple vista, no ocurre nada. Pero como sabéis, lectores, la tranquilidad y la monotonía siempre esconden algo y esa calma aparente agita la vida de sus vecinos. En esta ocasión, Sully es un hombre rico, pero una dolencia cardiaca diagnosticada le augura un corto porvenir: apenas dos años más de vida. Junto a Sully, encontramos a otro protagonista indiscutible. Se trata de Douglas Raymer, jefe de policía de North Bath. La tarea de Raymer en esta entrega está bastante clara: averiguar a qué garaje pertenece el mando a distancia que encontró tras la accidental muerte de su esposa. Para ello no durará en ir probando en todos los garajes que encuentre hasta descubrir la identidad del que fuera amante de su esposa. Un trabajo personal bastante inquietante, la verdad.

El resto de personajes, bien elaborados, incluye a Ruth, una mujer casada con la que Sully mantiene un romance; el insistente Rub Squeers, empeñado en convertirse en el mejor amigo de Sully o Gus Moynihan, alcalde del pueblo. Lo cierto es que es inevitable coger cariño a todos los personajes que desfilan por las líneas de esta novela. Richard Russo tiene el don de dotar con alma a los personajes que crea y eso es algo que el lector capta enseguida.

Por cierto, me he enterado de que existe una adaptación cinematográfica de Ni un pelo de tonto dirigida por Robert Benton y con Paul Newman en el papel de Sully. Habiéndome gustado tanto Tonto de remate y gustándome tanto como me gusta el señor Paul Newman me planteo hacer trampa y ver esta película antes de leer la primera parte. No sé, ya os contaré (o tendréis noticias en forma de reseña, tal vez).

Richard Russo me parece un muy buen escritor. Sabe bien cómo hacer y qué hacer con sus personajes. Sabe plasmar la otra cara de Estados Unidos, ese lado amable, popular y único de los pueblos. Una novela repleta de humor y sentimientos tan contradictorios como los personajes que Russo crea. Sin duda un gran descubrimiento la prosa de Russo y su magnífica imaginación.

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Luces de bohemia, de Ramón del Valle-Inclán

Luces de bohemia

Luces de bohemiaAño 1920. España. Hombre flaco, gallego, de extravagante porte. Capa sobre sus hombros, larga melena cubierta por un sombrero —uno de copa—, quevedos y barba de chivo. Y manco, que eso también hay que saber lucirlo. ¿Su nombre real? Ramón Valle Peña. Él mismo decidió cambiárselo por el más sonoro y molón Ramón María del Valle-Inclán. Mucho mejor.

Este hombre, que gustaba de codearse y reflexionar sobre filosofías irracionalistas en el seno de hombres graves y concentrados como Unamuno, Azorín o Baroja, resultaba siempre la nota discordante por sus excéntricas y bohemias costumbres. Fíjate hasta qué punto llegaban sus ideas que decidió abandonar los estudios de Derecho e irse a vivir a México porque, según él: «México se escribe con x». Y se quedó tan ancho. ¿Y cómo llegó a quedarse manco? Ese es otro capítulo de su esperpéntica —¡oh, fabuloso calificativo!— vida. Resulta que, tras su experiencia mexicana, todo con muchas x, y regresar a Madrid, su vehemencia le llevó a zurrarse con un amigo a bastonazo limpio. Decían los habituales del Café de la Montaña que Valle-Inclán era asiduo a acalorarse en debates y recurrir al duelo con sus homólogos. ¡Qué tiempos, oiga! En una discusión que no iba con él sobre la relación entre españoles y portugueses, Manuel Bueno dijo algo que no resultó del agrado de Valle-Inclán. Ni corto ni perezoso le espetó: «¡Qué quieres decir con eso, majadero?». Y Manuel Bueno, que no era muy dado al diálogo, le asestó un bastonazo en el brazo cuyo resultado fue la amputación por la lesión. Pero todo dentro del sentido más puramente bohemio, por supuesto. Nada de chocarrería castiza de borrachines literatos, que nuestro Valle-Inclán era mucho Valle-Inclán. No era ningún cualquiera.

En el año 1920 el autor perteneciente a la Generación del 98 revolucionó el teatro español publicando Luces de bohemia y un subgénero que él mismo creó, el esperpento. Se acuñó el término del esperpento a una mordaz visión de la sociedad española, una deformación caricaturizada del habla y de sus gentes de un modo grotesco. En la obra encuentras esta teoría en la escena XII en la que el protagonista, que en seguida hablo de él, toma la palabra y dice:

«La tragedia nuestra no es una tragedia […]. El sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada. España es una deformación grotesca de la civilización europea».

La técnica de la deformación esperpéntica se produce de la transformación que sufren los rostros en los espejos cóncavos que decoraban los escaparates del callejón del Gato en Madrid. Esa visión deformada, junto con las imágenes grotescas de los cuadros de Goya (según el protagonista: «El esperpentismo lo ha inventado Goya») inspiró a nuestro Valle, que era un cachondo, no lo olvides, a desarrollar ese género.

Luces de bohemia trata sobre un escritor ciego, Max Estrella, un soñador perdido en Madrid y hambriento que, sin dinero, se deja guiar por un lazarillo, don Latino de Híspalis, a través de los callejones sombríos y tabernas del Madrid de la época. En su paseo nocturno se producen una serie de sucesos de lo más triviales donde, paradójicamente, es el ciego quien ve la verdad que rodea la sociedad; lo grotesco. En una taberna comparte charla con su buen amigo Rubén Darío, se cruza en su camino con unas prostitutas, coincide con un grupo de amigos cuyos cánticos revolucionarios le llevarán preso al calabozo… En fin, lo que suele dar de sí una noche madrileña. No me digas que no te sientes identificado con el pobre Max. Un pasaje de escenarios múltiples de técnica muy cinematográfica (y de compleja representación en teatros de la época) le llevará a un funesto desenlace que pone la guinda a este goyesco cuadro esperpéntico.

Luces de bohemia fue en mi instituto lectura obligada. Y la disfruté. Mucho. Años después, vuelvo a encontrarme con una edición de esas que da gusto tener por sus comentarios de texto, esta vez a cargo de Francisco Caudet, y la soberbia documentación y profesionalidad con la que analizan la obra. Leer un libro en las cuidadas ediciones de Cátedra es una apuesta ganadora segura. Tiene todos los detalles necesarios para la comprensión de la lectura, la trayectoria del autor, el contexto espacio-temporal y un análisis crítico en profundidad y de gran rigor para aprender con cada página. De mis años de estudio en Literatura Española, y que ahora he vuelto a retomar, Bécquer y Valle-Inclán siempre fueron mis favoritos; con quienes más disfrutaba leyendo sus obras, de quienes más me fascinaban sus biografías. Ya solo me queda tener la oportunidad de ver representada esta genial obra de teatro.

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Jardín sombrío – saga Dollanganger 5 -, de V. C. Andrews

Jardín sombrío

Jardín sombríoEl ser humano es de por sí curioso, lo que le lleva a preguntarse siempre el porqué de todo. Las cosas no pueden pasar porque sí, es necesario hallar respuestas. Pero hay ciertas incógnitas a las que difícilmente les podemos encontrar un por qué: la muerte, principalmente. Las personas mueren a diario, pero ¿a dónde van? ¿por qué ha tenido que morir esa persona y no otra? ¿por qué ha muerto alguien tan joven? Preguntas y más preguntas. Y por eso surgió la religión, para dar respuesta a cuestiones irresolubles. Y hay soluciones para todo tipo de gustos: se ha reencarnado, ha ascendido al cielo, se ha transformado en energía… En el momento en el que todas estas preguntas tengan una solución científica, al traste la religión. Mientras tanto, solo nos queda creer que esas respuestas nos satisfacen. Así dormimos más tranquilos. Así le tenemos menos miedo a la muerte.

Porque está claro que saber la respuesta de alguna incógnita es algo que nos produce alivio y bienestar. Me he presentado a más exámenes de los que puedo recordar y el tema era el mismo siempre: encontrar una solución a la pregunta. A veces era de librillo, de memorieta o de carrerilla. Otras veces no quedaba otro remedio que dejar fluir un lenguaje extremadamente técnico y enrevesado para que no se pudiese percatar el profesor de tu falta de conocimiento de la materia en cuestión. A veces colaba. Pero en realidad yo siempre he necesitado saber la respuesta de todo. No me valen placebos ni hipótesis, tengo que saber el por qué, cuándo, cómo y dónde. No hay más. Así que al leer, sobre todo, el primer ejemplar de la saga Dollanganger, Flores en el ático, mi cabeza se fue llenando de preguntas sin respuesta. ¿Qué hace que una abuela permita que sus cuatro nietos pequeños estén encerrados en un ático durante más de tres años? ¿Qué le ha tenido que pasar en su vida, ¡qué trauma!, para que fuera tan fría y tan gris?

V. C. Andrews fue consciente de que dejaba unos cuantos cabos sin atar desde que comenzara a escribir la saga, así que recompensó a los lectores con una quinta y última entrega donde se resolvían algunas de las incógnitas más importantes de la historia. En realidad no es que sea una quinta parte, sino que Jardín sombrío es una precuela, algo que sucedió muchísimo tiempo atrás, antes de que existiera un ático, una herencia o incluso una madre malvada y loca llamada Corrine. Este libro nos cuenta la historia de los abuelos, Olivia y Malcolm. De cómo se conocieron y cómo se enamoraron. Pero también cómo sufrieron y cómo él tuvo sus idas y venidas con otras mujeres. Es una historia desgarradora que hace que nos pongamos en la piel de Olivia. Hace que entendamos su forma de ser, comprender por qué es tan cruel y tan fría. Y el lector tendrá que verse en la tesitura de elegir entre compadecer a Olivia u odiarla todavía más si cabe.

Ya conté en la primera reseña de esta saga que yo leí estos libros cuando apenas tenía once años. Tenía pocos recuerdos de la historia, a decir verdad. Había algunas cosas que sí que me resultaban familiares pero la mayoría del cuerpo de la trama lo había olvidado por completo. Pero hay una cosa que en todos estos años no se ha ido de mi cabeza: el pánico que me daba Olivia. Por suerte yo he tenido —y tengo— dos abuelas maravillosas, que son una parte muy importante de mi vida. Así que no podía entender cómo una abuela podía tener la sangre fría de hacer las barbaridades que hizo Olivia a sus nietos. Era algo incomprensible. Y, aunque después se revelase que la madre era la mala malísima en realidad, para mí Olivia siguió y sigue siendo uno de los personajes más odiosos que he tenido el placer de conocer mediante mis lecturas. Y eso, queridos míos, es de las cosas que más me gusta a la hora de coger un libro. Encontrarme un personaje que me marque, para lo bueno y para lo malo.

Cierro para siempre —o no, ya veremos si dentro de diez años me da por revivir mi odio hacia Olivia y Corrine— esta increíble saga que tanto me ha hecho disfrutar y también sufrir. Gracias, V. C. Andrews, gracias, gracias, gracias de verdad, por escribir esta maravilla. Gracias.

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La Bella y la Bestia, de Jeanne-Marie Leprince de Beaumont

La Bella y la Bestia y otros cuentos

La Bella y la Bestia y otros cuentos“Érase una vez, en un país lejano, un joven príncipe que vivía en un resplandeciente castillo. A pesar de tener todo lo que podía desear, el príncipe era egoísta, déspota y consentido…”

Seguro que para vosotros es tan inevitable como para mí amar el comienzo de una película tan especial como La Bella y la Bestia, de Disney. Esa maravillosa historia de una bestia que, aunque al principio nos transmitió rechazo y maldad, terminó haciéndose un hueco en cada uno de nuestros corazones. Es inevitable, también, no reconocer que soy una gran apasionada de esta película. Es una de mis favoritas de la factoría Disney, que ha enamorado a niños y también a adultos desde hace más de cuarenta años. Por ello, no podía dejar pasar la oportunidad de leer el cuento original en el que está basada.

La Bella y la Bestia y otros cuentos comienza con este maravilloso cuento que le da nombre, con una verdadera historia de amor entre una bella mujer y un monstruo. Pero esta historia no es tan simple como parece y este es justo uno de los mensajes que nos quiere transmitir esta historia: las apariencias engañan. ¿Por qué las princesas y los príncipes deben ser siempre los héroes de los cuentos? ¿Por qué los monstruos siempre son los malos?

Jeanne-Marie Leprince Beaumont, ya en su época (siglo XVIII) supo que había que dar una vuelta de tuerca a esta “verdad universal”. En la vida real nada ni nadie es lo que parece y esta historia me gusta por eso, porque logra sorprender a todos aquellos que la conocen. El amor siempre surge tras conocer el interior de una persona. Tras conocer todo lo que esconde en su corazón, sus motivaciones, sus sueños, sus capacidades y su espíritu de lucha y ayuda a los demás.

 Pero no es este el único cuento que se encuentra en este libro, aunque sea el único que se ha hecho famoso de esta autora. Este libro continúa con otras fábulas similares en las que Mme de Beaumont, por medio de varias historias de reyes, príncipes, brujas, hadas y otros personajes de los típicos cuentos de hadas, nos quiere hacer llegar el mensaje de la bondad, la virtud, el amor y la generosidad. No dejarnos llevar por las apariencias ni por las tentaciones que nos encontramos todos los días en nuestro camino, sino que aprendamos de nuestros errores y que siempre intentemos mejorarnos a nosotros mismos.

Esto puede parecer un mensaje demasiado utópico, por eso creo que este libro me ha devuelto a la infancia, a esos años en los que la inocencia, la bondad y la virtud de compartir todo lo que tenía con los demás estaba en mi día a día. Ojalá todos cambiáramos nuestra forma de pensar y esto no fuera un simple ideal o una utopía a conseguir. Ojalá dejáramos de juzgarnos a nosotros mismos y a los demás solo por sus apariencias.

Hay libros y LIBROS. Y, La Bella y la Bestia y otros cuentos, está en este último grupo para mí. Aunque esté considerado como un libro infantil, creo que es un libro que debería leer todo el mundo. Con un vocabulario sencillo, poco más de cien páginas y unas ilustraciones en blanco y negro maravillosas, me ha trasladado a mi infancia y, después de leerlo, me ha dejado con una sonrisa en la boca. No todos los libros tienen ese poder, por eso me ha resultado tan especial y espero que lo sea para todos vosotros.

“No hay mayor verdad, la belleza está en el interior.”

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Amor y Amistad, de Jane Austen

amor y amistad

amor y amistad¿Alguna vez os habéis preguntado con qué escritor o escritora os iríais a tomar una cerveza? No tengáis en cuenta si sigue vivo o hace años —siglos— que murió, dejad volar vuestra imaginación.

¿Ya lo sabéis?

Puede que hayáis optado por un autor que sepa de todo y que seguramente os dé mucho tema de conversación. Quizá, a vuestro escritor favorito, para decirle cuánto lo admiráis. O tal vez a ese que os cae muy bien por lo que deja traslucir de su personalidad en los libros que escribe o escribió, al que incluso os hubiera gustado conocer en la juventud y ser amigos de farra. Yo no me había hecho esa pregunta hasta ahora, pero tras leer Amor y Amistad pienso que me hubiera gustado conocer a Jane Austen y, en concreto, a la Jane Austen adolescente.

Jane Austen me conquistó con su célebre obra Orgullo y prejuicio, sobre todo por el grandísimo matrimonio de los Bennet —lo que me pude reír con ese adorable padre y esa insoportable madre—, me supo a poco en La abadía de Northanger y Persuasión, y en Amor y Amistad, que recoge tres cuadernos escritos durante su adolescencia, ha vuelto a sorprenderme. Si algo me gusta de esta autora, por encima de las historias que cuenta, es cómo las cuenta, con ese derroche de sentido del humor y de crítica inteligente a la forma de vida y costumbres de su época (por eso, pese a las pequeñas decepciones, siempre vuelvo a ella). Y en Amor y amistad, estos elementos que tanto disfruto están multiplicados por cien. En este conjunto de relatos y esbozos de novelas escritos entre 1791 y 1793, la jovencísima Jane Austen dio rienda suelta a su ingenio y su desenfado. Diálogos ocurrentes y sátira social sin filtro destinados a los lectores de su entorno; hermanos, primos, amigos o sobrinos, a los que una chica de quince años les dedicaba sus textos sin saber que algún día, varios siglos después, serían leídos por millones de personas. Jane Austen en estado puro, demostrando que el talento es algo innato, pero también que hace falta mucho trabajo para encarrilarlo. Porque algunos de estos escritos tienen tramas forzadas, inconexas o inacabadas, pero ya destilan la impronta de la autora: esa elegancia para hablarnos de lo absurdo del comportamiento humano, esa retranca con la que se ríe de sus personajes.

Qué suerte haber tenido una pariente así en la estirada época victoriana. Lo que debieron de disfrutar sus conocidos con sus pequeñas historias y con sus comentarios cotidianos. O quizá les sacaba los colores y no le hacían ni caso, quién sabe. Incluso hoy, en el siglo XXI, dejaría sin palabras a más de uno con sus irreverentes observaciones. Y es que Austen es mucha Austen, se ponga en la época que se ponga y con los años que sean. Por eso, a mí me hubiera encantado conocerla y tomarme algo con ella. Si leéis Amor y Amistad puede que penséis lo mismo. Tal vez, si somos muchos, nos dé para pagar el viaje en el tiempo: de nosotros hacia el pasado o de ella hacia el presente. Un té con pastas a las cinco o una caña en cualquier bar, da lo mismo. Si es en compañía de la joven Jane Austen, el buen rato está asegurado.

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Inyección, de Warren Ellis y Declan Shalvey

Inyección

Inyección“La ciencia proviene de la magia. Y la magia es, ni más ni menos, que una manera de entender y alterar los sistemas y procesos invisibles del mundo.”

Tengo que reconocer que nunca he sido demasiado fan de los cómics y las novelas gráficas. Siempre he sido más de novela y teatro y, cuando he entrado en una librería, nunca me ha llamado la atención ni siquiera el pasarme por esa sección. No sé si ha sido por desconocimiento o por falta de interés, pero he estado muy equivocada hasta ahora. Creo que es necesario que, como lectores, abramos nuestra mente a nuevas experiencias literarias, ya que solo así podremos conocer por nosotros mismos si nos interesa o no, o si hay algo en ellas que nos pueda aportar algo positivo y de lo que poder aprender.

Así es como descubrí el apasionante mundo del cómic y continúo descubriéndolo gracias a obras brillantes como Inyección. Lo primero que me llamó la atención de este fue, además de su magnífica y oscura portada, su mezcla entre la ciencia y el suspense del mundo real con la ciencia ficción y los fenómenos inexplicables. Pero vayamos a la trama. Este libro comienza con un grupo de cinco ambiciosos científicos que, aburridos en sus respectivas vidas, deciden jugar con las leyes de la naturaleza y crean un sistema de aprendizaje inconsciente con el objetivo de instalarlo en internet y cambiar el mundo que los rodea. Sin embargo, este experimento no sale como ellos esperaban y ahora deben pagar un precio…

Esto está presente en cada una de las páginas de este libro, pues está dividido en pasado y presente, siendo el pasado el tiempo en el que este grupo de cinco personajes creó la Inyección y, el presente, todos los problemas y complicaciones que genera este experimento para cada uno de ellos. Y recalco para cada uno de ellos, pues el sentimiento de culpabilidad, ese “precio que deben pagar”, está presente en cada una de sus vidas del presente, si es cierto que en distinta medida dependiendo de quién se trate…

Por este y otros motivos, es muy fácil empatizar con estos protagonistas, sin importar su edad o sexo. En nuestras vidas, todos hemos hecho algo de lo que nos arrepentimos. O, si no lo hemos hecho, es muy posible que en algún momento lo hagamos. Todos cometemos errores. Esto es algo que humaniza a los protagonistas de esta historia y los hace cercanos al lector. Además, es fácil llegar a entenderlos, puesto que la ambición y la necesidad de conseguir algo que cambie nuestro mundo a mejor es algo que todos o casi todos tenemos en nuestro interior.

Pero en este libro no todo es tan fácil de entender. Los fenómenos extraños y el terror se respiran en cada uno de los capítulos y convierten este cómic en una lectura no apta para todas las edades. Y, sin embargo, es una de las cosas que más me ha enganchado de él, junto con el suspense y ese juego contra las leyes de la naturaleza y de la ciencia, que está tan presente y lo hace tan interesante. Hablando de interesante, sería demasiado guay ver esta historia en los cines… Ahí lo dejo caer.

Por último, en cuanto al lenguaje científico que se precisaba en esta historia, creo que está muy bien llevado por parte de los autores, puesto que es fácilmente entendible por todo tipo de personas, incluso para aquellas que, como yo, no tienen ni idea de ciencia. Esta es una de las cosas que más me preocupaban antes de comenzar con este libro y creo que han sabido llevarlo muy bien.

Inyección es de ese tipo de libros que enganchan de principio a fin, que sabe mantener la intriga en cada una de sus páginas y que te obliga a seguir leyendo para descubrir qué es lo que sucederá al final. En tan solo dos días he acabado con el libro y, aún así, siento que quedan más incógnitas por resolver que cuando lo empecé. ¡No puedo esperar para tener el siguiente volumen entre mis manos!

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