
El efecto mariposa es un concepto de la teoría del caos que viene a decir que una pequeña acción puede generar grandes cambios. El término proviene de un proverbio chino: “el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo” o “el batir de las alas de una mariposa puede provocar un huracán en otra parte del mundo”. La idea se popularizó al comienzo de los años 2000 con la película El efecto mariposa, protagonizada por Ashton Kutcher. Guardo un gran recuerdo de esta película, que en plena adolescencia –cuando estaba más centrada en mí misma y en mis problemas que en la gente que me rodeaba–, me hizo tomar conciencia de lo mucho que cualquier acción nuestra puede influir en la vida de los demás. Es difícil creer que podamos provocar o cambiar algo al otro lado del planeta, sin embargo, es más sencillo ver cómo impactamos en la vida de la gente que nos rodea, de nuestros amigos y familiares, aunque a veces no queramos ser conscientes de lo mucho que al tomar un camino u otro, decidir una cosa u otra, repercutimos en ellos. Esta idea podemos verla en De buena familia de Cynthia D’Aprix Sweeney.
En este libro conocemos a la familia Plumb: Leo, Bea, Jack y Melody, cuatro hermanos que han crecido en un ambiente disfuncional que ha afectado a la relación que mantienen entre ellos. Su único nexo de unión es lo que llaman “El Nido”, una cuenta corriente con una gran cantidad de dinero que su padre les dejó en herencia con la condición de que se repartiese una vez la hermana menor, Melody, cumpliese cuarenta años. Cuando la fecha se acerca, Leo, el hermano mayor y de vida más disoluta, da al traste con los planes que todos han construido alrededor del dinero que van a recibir. Este “pequeño” accidente revuelve el mundo de todos los integrantes de la familia que, de repente, se ven obligados a retomar la relación y a decidir cómo solucionar sus problemas financieros e impedir que los castillos de naipes construidos con los sueños de cada hermano se derrumben.
“El Nido. Más allá de lo infantil de la palabra, le resultaba incomprensible que un grupo de adultos pudieran usarla sin perder la seriedad, ni pararse un momento a pensar en lo perversa que era la metáfora, y en lo que tenía de reflejo de sus conducta disfuncional como individuos y como grupo. (…) Sabía que el dinero –y los privilegios que solían ir de la mano no ya del dinero, sino de su idea– podía trastocar las relaciones, los recuerdos y las decisiones”.
Cynthia D’Aprix ha escrito una novela que gira en torno a una familia y a su manera de relacionarse, pero también en torno al dinero y a lo mucho que puede afectar y suponer en la vida de las personas. El dinero, ya sea su abundancia o su escasez, incluso su simple idea, tiene un peso importantísimo en la manera en la que actuamos día a día. Por eso, su pérdida o su ganancia altera nuestros planes y, en mayor o menos medida, nos altera y cambia a nosotros mismos. Ésto es lo que les pasa a los hermanos Plumb, que han crecido sabiendo que en un momento determinado van a recibir una elevada cantidad de dinero, y con eso en la cabeza construyen su vida con la mira puesta en ese día.
De buena familia es un libro sencillo y cotidiano que, de manera ágil y con un toque de ácido humor negro, narra la relación de muchas familias que por el simple hecho de tener la misma sangre no tienen por qué llevarse bien; de familias que se pelean por una herencia; de familias que rompen y retoman su relación mil veces a lo largo de los años… pero, sobre todo, es un libro que habla de personas, ni buenas ni malas; personas complejas e imperfectas que se equivocan, que se caen y se vuelven a levantar, que están perdidas y les cuesta madurar, que decepcionan a los demás tanto como los demás los decepcionan a ellos. Lo mejor de esta obra es que a pesar de su simplicidad te hace ser más consciente de ti mismo y de tu familia, de tu vida y de cómo la estás viviendo. Y es que, generalmente, no queremos creer que el dinero nos cambia, que seríamos capaces de poner entre las cuerdas a la gente que más queremos por su causa. Pero en muchas ocasiones es así y este libro te hace reflexionar sobre ello: ¿qué harías si mañana heredaras una fortuna?, ¿cambiaría la relación que mantienes con tu gente?, ¿cambiaría tu forma de ser?, ¿y si pasa lo contrario y pierdes una gran cantidad de dinero?, ¿qué estarías dispuesto a hacer para recuperarlo?
Muchos son los que dirán que es una novela para pasar el rato sin muchas expectativas y, de algún modo, puede que sea así porque De buena familia no es un libro para recordar a largo plazo y releer cada año, pero si es un libro para disfrutar y meditar mientras dura su lectura, lo que en los tiempos que corren, ya es mucho.

Periferias, Gran libro ilustrado de lo extraordinario es el último trabajo del artista Ricardo Cavolo. A primera vista no sabía muy bien de qué iba este libro (confieso que la mezcla estridente de colores en la portada es lo que me atrajo en un primer momento), pero en realidad el título es muy fiel a lo que nos vamos a encontrar. Dentro de este libro, lectores, solo existe lo extraordinario. Recorrer sus páginas repletas de coloridas ilustraciones es dar un paseo por el lado extraordinario de la vida, así que les recomiendo que se dejen llevar.
Siempre he escuchado – o leído – a los escritores diciendo que una de las tareas más complicadas a la hora de narrar son las escenas de sexo. Argumentan la mayoría que tras leer su intento se ven cayendo en lo ridículo, en lo leve, sin llegar nunca a transmitir lo que buscaban. Pues bien, ese problema no lo tiene ni Julián Herbert ni León Plascencia Ñol.
Estoy hecha de 
Supongo que a estas alturas de la película decir que me gustan los buenos libros, cómics y cintas de vampiros es algo redundante, como lo es insistir en que con buenos me refiero a vampiros de verdad, lejos de crepusculitos que brillan y van al mismo insti al que también van hombres lobo. No. Vampiros de verdad de la buena, de los sanguinarios, de los que acojonan, de los que de niño hacían que por la noche te taparas bien el cuello en la cama aunque fuera verano y sudaras mares.

¡Santa bagumba! (me entenderéis cuando leáis el libro). Amigos, cada vez me gusta más la literatura juvenil. Creo que cuando leo un libro de este tipo rejuvenezco (al menos unos meses). ¿A vosotros no os pasa? Os recomiendo, si no la hacéis ya, que de vez en cuando intercaléis lecturas “más serias” con este tipo de libros. Al leerlos es como si volviera a tener esa edad y me meto tanto en la historia que hasta voy leyéndolos en el autobús. La gente me mira raro cuando saco mis libros infantiles y juveniles, pero qué me importará a mí la gente.


Hace 76 años nació una superheroína. Sería William Moulton Marston, psicólogo de profesión, inventor en sus ratos libres y tipo versado en el arte de amar a varias personas a la vez, el que crearía a uno de los personajes más icónicos de DC cómics poco después de que estallara la segunda guerra mundial. Hasta entonces repartir estopa entre los villanos había sido labor exclusivamente del género masculino. Wonder Woman cambiaría las reglas y demostraría que podía golpear igual o más fuerte que sus camaradas de profesión. Con cada patada, con cada puñetazo, también luchaba por la igualdad de género. ¡Más patadas, más puñetazos; adelante! A pesar de que las causas de su lucha no han cambiado demasiado, de que su meta sigue siendo la misma, 76 años son muchos y, de tanto en tanto, al igual que ha pasado con 
Este año se celebra el bicentenario de la muerte de 
Mujeres con sombrero y sin sombrero, jóvenes y viejas, con hijos que hacen preguntas molestas o amantes que llegan, te usan, saludan y se van… Cuentos en los que hablan, lloran, caminan las mujeres de 
Joaquín Sabina decía en una canción que “al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver”. He escuchado esa canción como un millón y de veces y siempre he tratado de buscarle un significado a esa frase. Al final he llegado a una conclusión: las personas cambian, evolucionan, crecen, maduran. Para bien o para mal. Volver a un sitio donde fuiste muy feliz no garantiza en absoluto que allí lo vuelvas a ser. Es más, te darás cuenta de cómo eras antes y entenderás por qué ahora no puedes ser feliz como lo fuiste en aquél entonces. Pero, ¿qué pasa si es al contrario? ¿Si en vez de tratarse de un sitio que te trae buenos recuerdos, es un lugar en el que solo asolan las pesadillas del pasado? Aquí, entonces, según esta teoría que llevo años desarrollando, nos encontraríamos con dos opciones: una, que al volver allí te des cuenta de cuánto ha cambiado tu vida y te sientas feliz por ello. Y, dos, que al volver a aquel lugar rememores todo aquello que te impidió disfrutar de la vida y, por lo tanto, haga que no te sientas dichoso, sino triste y angustiado.