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Breve historia de Gengis Kan, de Borja Pelegero Alcaide

Breve historia de Gengis Kan

Breve historia de Gengis KanA diferencia del mundo actual, en el que el planeta tiende a dividirse cada vez en más países (por conflictos políticos, pedidos de independencia o conflictos culturales) el pasado histórico nos permite rememorar la época de los grandes imperios, y entonces nos encontramos con Imperio Romano en la época de Trajano, que, desde el Atlántico en el Oeste al Golfo Pérsico al Este, tenía una extensión de 6,5 millones de kilómetros cuadrados, o aún mucho más grandes, con los Imperios Chino Qing (14,7) o Ruso (23,7 km2), pero pocos tenemos tanto conocimiento acerca del más extenso de todos los imperios que hayan existido: El mongol. Y quien llevó a este Imperio a su máxima extensión fue su caudillo nómada, Gengis Kan, principal figura de este libro que aquí reseñamos.

A lo largo de poco más de 200 páginas, Borja Pelegero Alcaide (Licenciado en Historia por la Universidad de Barcelona) nos ofrece una visión global acerca de la vida y obra Gengis Kan, pero antes de meterse de lleno en su vida, prepara el terreno para que al momento de la entrada en escena del personaje principal, los lectores puedan tener un conciso pero esclarecedor panorama de la coyuntura en la que Gengis Kan aparece; por eso mismo, al comienzo del libro podremos aprender sobre el origen de los pueblos nómadas, sus costumbres, armamentos, estilos de batalla y etnias existentes, además de prestarle suma atención a la relación entre los pueblos nómadas y sedentarios y los conflictos latentes con la vecina China; seguramente muchos lo saben, pero siempre es bueno recordar que era tal el poder de los diversos pueblos nómadas, que la China milenaria, para contenerlos, tuvo que construir la famosa Muralla.

Cronológicamente, el líder militar comenzará a ser parte del libro con un breve recurrido por su dura infancia, cuando aún se llamaba Temujín (Gengis Kan es un título que obtuvo luego) y debió sufrir la muerte de su padre y un secuestro, pasando por su adolescencia en la que comenzó a irradiar con su carisma, hasta llegar a convertirse en el líder militar que a lo largo de su vida uniría a todas las etnias nómadas para, mediante sangrientas matanzas y conquistar, conformar el más grande imperio de la historia.

Las más famosas de sus conquistas están narradas detalladamente (admito que esta parte del libro se me hizo un poco pesada, pero hará las delicias de los amantes de las batallas militares) y cabe destacar la importancia de Gengis Kan en los numerosos triunfos, no solo por su liderazgo en el campo de batalla, sino sobre todo por sus reformas internas y la disciplina que inculcó en sus tropas.

El capítulo final de Breve historia de Gengis Kan resulta de lo más interesante, ya que el autor hace un resumen equilibrado de los aspectos positivos y negativos de Gengis Kan, destacando su carisma, organización y justicia con los que lo ayudaron, pero también el lado sangriento de sus conquistas visto desde los parámetros humanistas actuales.

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Apegos feroces, de Vivian Gornick

Apegos feroces, de Vivian Gornick

Apegos feroces, de Vivian GornickCuanto más me gusta un libro más me cuesta hacer la reseña. Es algo que vengo notando últimamente. Debo tener alguna tara, porque se supone que es cuando más debería explayarme, pero me quedo en blanco, quizá asimilando aún lo que he leído y solo me sale deciros: leed, leed, malditos. Y podría quedarme ahí, simplemente en la vehemente recomendación y puede que ya con eso me entendierais. Pero claro, es mucho más lo que puedo contaros de esta novela, así que allá voy.

Ya que Apegos feroces es una novela autobiográfica, me parece imprescindible hablaros de Vivian Gornick, su autora. Nacida en 1935 en el Bronx, (Nueva York), Vivian ha trabajado como periodista para medios como Village Voice, The Nation o The New York Times. Es periodista y ensayista y ha escrito textos críticos, periodísticos y memorias. Eso sí, su escritura siempre viene marcada por el mismo rasgo y es que todos sus escritos se conciben desde la perspectiva de género. Gracias  a esta característica, Vivian se ha convertido en una de las voces más representativas del feminismo en Estados Unidos. Algo que me fascina, pues ya sabéis mi devoción por la gente que promueve y reivindica el feminismo. La literatura, además, me parece uno  de los mejores vehículos para ello.

Publicada en 1987, gracias a la editorial Sexto Piso podemos disfrutar de ellas en español por primera vez. Como os decía, Apegos feroces es una novela sobre mujeres. Las memorias de Vivian Gornick se desarrollan a través del vínculo de ésta con su madre. Y creedme cuando os digo que es una de las relaciones madre-hija más desquiciada, cautivadora y, en cierto modo, emotiva sobre la que jamás haya leído. Ese vínculo, tan estrecho, tan irrepetible e inquietante que sólo puede establecerse entre una madre y una hija aparece reflejado a lo largo de toda la novela. En torno a él, la autora realiza un ejercicio autobiográfico que no sólo se limita a la relación materno-filial, sino que resulta ser el reflejo de la sociedad de aquella época.

Ahora que las dos son ya mujeres mayores y que, a pesar de lo conflictivo de su relación, ambas disfrutan (o comparten) sus paseos juntas por Nueva York. Y entre caminos, parques y calles transitadas, se desgrana la historia de madre e hija. Una historia irremediablemente compartida, pero que cada una interpreta a su modo. La infancia de la autora en el Bronx en casa de sus padres, las historias de los vecinos y amigos, su relación con los hombres, su vida, en suma.

Y la sombra de su madre siempre presente, en cada momento, en cada decisión, en cada vivencia. Porque, a pesar de lo difícil de la relación entre ambas, su madre es la figura que prevalece en el relato de su vida. Como una especie de recordatorio o de advertencia de lo que podrá ocurrir, de todo lo común y todas las diferencias.

Todas las vivencias, todos los recuerdos vienen acompañados de todas las mujeres que conforman la vida de la autora. Mujeres fuertes, valientes. Dos modelos antagónicos en los que fijarse, que van a servir como guía de su propia vida: el de su madre y el de Nettie, la independiente y apasionada vecina.

Una novela sobre mujeres escrita por una de las voces más destacadas del movimiento feminista. Se me hace imposible no recomendar Apegos feroces, no invitaros a adentraros en esta relación madre-hija, en este brillante reflejo de todas esas grandes mujeres. Sin duda, una de las mejores novelas que he leído últimamente.

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Lobo Negro: Historia de una amistad salvaje, de Nick Jans

lobo negro historia de una amistad salvaje

lobo negro historia de una amistad salvajeCuenta una vieja leyenda que en una época no muy remota los indios de Norteamérica y los lobos acordaron una tregua. Decidieron no agredirse los unos a los otros por el bien de la comunidad. Con el tiempo este trato los llevaría a cooperar, cuidando no solo de la tierra que habitaban sino también de sus respectivas familias y en especial de los más pequeños. El compromiso de paz con el tiempo mudaría en una amistad entre especies. Desgraciadamente aquel pacto sagrado llegó a su fin cuando los primeros colonos europeos pusieron un pie en Norteamérica, y una bala en cada lobo. La amistad entre indios y lobos expiró por unos terceros que, aun siendo de la misma especie que los nativos de aquella tierra, nada tenían que ver con el acuerdo. Tras la separación, los indios tomaron asiento en las llanuras cercanas a los ríos y los lobos huyeron hacia los bosques, al abrigo de la espesura que les brindaba la naturaleza.

Sabemos que las leyendas no son más que cuentos ornamentados con magia y fantasía para disfrazar, y retorcer, lo que en su momento podría haber sido un hecho real. El germen que dio pie a la leyenda del pacto sagrado entre indios y lobos tal vez fuera un suceso similar al recogido por el libro que hoy nos ocupa; un hecho real, una biografía inverosímil y emotiva que bien podría convertirse en una estupenda leyenda. “Esta es una historia con luces y sombras, esperanza y tristeza, miedo y amor, y quizá una pizca de magia.”

Lobo Negro: Historia de una amistad salvaje publicado por Errata Naturae, cuenta la asombrosa historia de un lobo negro en busca de la amistad. Un lobo que, contra natura, se acercó a los perros que eran paseados por los habitantes de Juneau (capital de Alaska) en busca de amigos con los que jugar pero que, por extensión, fue trabando amistad también con los humanos. Nick Jans, vecino de la ciudad, será la voz que nos llevará por las diferentes etapas que marcaron la vida de Romeo (nombre con el que sería bautizado el lobo). Aunque Nick Jans es el autor del libro (porque alguien tenía que contar esta historia) y principal testigo de todo lo que aconteció, su narración se construye con el andamiaje que le facilitaron las entrevistas de vecinos, amigos, turistas, artículos del periódico local y expertos en fauna, como biólogos o agentes del Departamento de Pesca y Caza de la zona que eran incapaces de dar con una respuesta satisfactoria al misterioso comportamiento de Romeo. “Al margen de dónde viniese el lobo negro, todos coincidíamos en algo: no había nada a la altura de ese espectáculo en todo el planeta.” El autor además utilizaría esta confraternización entre especies no solo para estudiar a uno de los animales más hermosos sobre la faz de la tierra, sino también como una forma de redimir su época de cazador con los Inuit.

Aunque el hilo conductor de la narración es el singular y hermosísimo lobo Romeo (disfrutad y quedad cautivados con las fotos que incluye el libro), Nick Jans aprovecha la coyuntura para explorar todas las facetas que rodean la vida salvaje de estos cánidos, consiguiendo al final realizar una exhaustiva y pulcra radiografía de tales animales. De esta manera, y siguiendo siempre la huellas del carismático Romeo (al cual, tras unas pocas páginas, veremos como a un amigo especial y peludo) el autor nos hablará de los hábitos alimenticios de los lobos, del apareamiento, de los lobeznos y las enseñanzas que estos reciben por parte de congéneres más experimentados y hasta de las habilidosas técnicas de caza que éstos emplean, mostrándonos además, y haciendo especial hincapié, en el importante lugar que los lobos ocupan en la cadena trófica.

Pero Lobo Negro no es solo una historia sobre una amistad fascinante entre especies que se fraguó a lo largo de los años, es también una oda a la naturaleza salvaje. Lugares de nívea blancura, laderas boscosas de verdor primaveral, lagos helados, titánicos glaciares y montañas escarpadas serán escenarios recurrentes que a lo largo de la novela os transportarán al mismísimo corazón de Alaska gracias a las descripciones que emplea el autor y que en ocasiones tienen cierto cariz poético.

Lobo Negro: Historia de una amistad salvaje encantará a toda persona que cuando observa la naturaleza ve belleza y cuando mira a un animal ve algo sagrado. Sin embargo, no es a ellos a quienes voy a recomendar leer este libro, sino a todos esos que a la tortura y posterior muerte de un animal lo llaman con orgullo arte, o a aquellos que únicamente contemplan la vida animal a través de una mira telescópica antes de segarla. Tal vez leyendo Lobo Negro: Historia de una amistad salvaje descubran que los animales son algo más que un trofeo que colgar en la pared de su particular salón de los horrores.

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Mi madre, de Richard Ford

Mi madre

Mi madre ¿Quién no querría desplegar su mejor literatura hablando de su madre?

Supongo que si todos los escritores intentan dar lo mejor de ellos mismos al hablar de su propia infancia, de su familia, incluso de sus hijos, imaginen cuando hay que centrarse en una sola persona que además es tu madre.

Mientras leía Mi madre, de Richard Ford, he pensado mucho en mi misma. Verán, pensaba que es complicado escribir un libro como este en un país como el nuestro, porque por lo general tenemos hermanos, tíos, sobrinos, nuestras familias son extensas y también, por lo general, solemos vivir de forma próxima. En eso nos parecemos poco a los norteamericanos.

También es cierto que esta forma de vida nos ha salvado siempre, incluso ahora, de las grandes crisis. La familia es el arma solidaria contra la pobreza y la exclusión.

Siendo así, para los latinos, escribir sobre un miembro de la familia es escribir sobre muchas relaciones transversales, y no es eso, precisamente, lo que nos ha presentado Richard Ford.

¿Qué lleva a los grandes autores a hablarnos de sus cosas más íntimas y personales? ¿Puede haber algo más personal que la relación de uno mismo con su madre?

“Mi madre se llamaba Edna Akín y nació en 1910, en el lejano rincón noroccidental del estado de Arkansas, Benton County, en un lugar de cuya localización exacta no estoy ni he estado nunca seguro”.

Pero Ford no nos hablará de esa época ni de ese salvaje Oeste, para él son datos lo que para cualquier otro serían circunstancias perfectas para elucubrar sobre la vida e infancia de su madre. Pero no, no es eso lo que nos quiere contar el autor.

“A mi madre, algo de esa época debió de hacerle pensar que era inenarrable, no valía la pena contarla o no era necesario hacerlo …”

En realidad nos muestra un retrato absolutamente aséptico de su madre, eso en lo que escribe, porque lo importante en la escritura de Ford, es tanto aquello que dice como aquello que no nos dice, esos espacios que deja entre frase y frase, como queriendo que sean rellenados por el propio lector.

“…Y yo, que no tenía la necesidad de tener un pasado completo, sin lagunas, como les ocurre a algunos muchachos, nunca pregunté”.

Richard Ford no preguntó, no nos habla de lo que no conoció, sí para darnos cuatro pinceladas de la relación entre sus padres, y ahí dejar paso a la evocación de la niñez y la primera juventud, el recuerdo lejano de un padre que falleció siendo él muy joven. Ese él, ahora para mí, podría ser tanto el padre como el hijo. Muy joven es un padre que muere dejando un hijo en plena adolescencia. Y muy joven el hijo adolescente que aun requiere de la figura paterna… Quizá una figura especial para nuestro autor, por ser un padre al que apenas conoció, por su trabajo, por su no estar, por su falta de necesidad de él…

No me ha gustado que Anagrama nos presente este libro en tapa dura, las tapas duras en estos libros son poco acogedoras, excesivamente rígidas, pero comprendo que un libro de apenas 70 hojas requiere darle cuerpo, además del que le da la propia escritura. La imagen de la portada es su propia madre, es curiosa la elección, la propia Edna al filo; al filo del mar, al filo de la vida, al filo del recuerdo…

No me ha parecido que sea este un libro biográfico, tampoco me ha parecido ninguna especie de oda a la madre, ni mucho menos. Yo creo que es una despedida honesta, ajustada y conmovedora desde la asepsia.

Despedirse nunca es fácil, mucha de la gente que vive cerca de mí ha tenido que despedirse de su madre, y sé que duele, que el vínculo persiste, pero que como todo en la vida es pasajero, y al final queda lo bueno, quedan los recuerdos que nos acercan, las vivencias y emociones; es lo que tiene el amor, que se idealiza en la ausencia, y más aun en la ausencia perpetua.

Richar Ford, con Mi madre, ha conseguido eso de que todos agarremos un bolígrafo o el ordenador y queramos escribir un libro, porque lo que él nos hace percibir como fácil, parece que es ponerse y que ha de salir solo, pero no, ni mucho menos, en este autor hay una pericia exquisita, y no es por nada que hoy por hoy esté considerado como uno de los mejores escritores del mundo. Porque escribe estos setenta folios y nos deja con la boca abierta y el corazón encogido, y la sensación de que tenemos suerte de ser lectores, pero podemos ser escritores, y lo intentamos, porque su hacer nos proyecta, y es posible que no lo hagamos de la mejor manera, pero lo hacemos y dejamos plasmada en papel una parte de nosotros, y eso, que puede no ser muy literario, es, sin duda alguna, profiláctico.

No les voy a dejar salir de esta reseña sin que conozcan a Mi madre, a la que he querido dedicarle, ahora que aun está a mi lado, unos versos y naturalmente toda esta reseña.

MAMA

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Breve historia del Rey Arturo, de Christopher Hibbert

Breve historia del rey arturo

Breve historia del rey arturoEl plus que tiene leer, viviendo en Europa, es que las historias que uno disfruta y aprende, luego pueden ser visitadas. 27 años viviendo en Argentina y leyendo tanto, hicieron que acumulara cientos de lugares a mi lista de destinos a conocer in situ y así pude disfrutar de Roma y su Foro, donde imaginé las idas y vueltas de la política en plena calle, o su imponente Coliseo, en el que no fue difícil volver a ver a los gladiadores dejándose la vida en la arena; así, también, pude caminar por Sevilla y estar a escasos metros del sitio en el que alguna vez estuvo detenido el hombre que escribió El Quijote, o ver la Torre Eiffel sin dejar de pensar que en ese mismo lugar en el que me sacaba fotos con mis padres, alguna vez estuvo un Hitler sonriente posando para las cámaras tras invadir la capital francesa; y por supuesto, en medio de una emoción profunda, caminé por el campo de concentración de Auschwitz, en Polonia, en medio de una nevada, sin dejar de comprender el dolor de aquellas pobres víctimas del holocausto. Y así, podría mencionar muchos otros lugares. Es que leer es un vicio sano que, en lugar de enfermar la mente y el cuerpo, lo abre en pos de nuevas experiencias y gracias a los vuelos low cost uno no puede menos que seguir leyendo y viajando. Mi próximo viaje, sin lugar a dudas, me llevará a conocer las antiguas tierras del mítico y real Rey Arturo.

Todos alguna vez escuchamos hablar del Rey Arturo, su famosa espada y, claro está, su mesa redonda, donde los caballeros medievales se sentaban para debatir sobre los asuntos importantes del reino. Yo era uno de los tantos que escuchamos y leímos sus épicos relatos, pero, tal vez como muchos otros, llegó el día en que me pregunté cuánto había de verdad y cuánto de mito en la historia del Rey Arturo; y buscando libros interesantes para saciar mis dudas, me encontré con la colección “Breve historia” de la editorial Nowtilus y específicamente con Breve historia del Rey Arturo de Christopher Hibbert

Bajo una excelente edición, maquetación y contenido, que incluye fotografías que ayudan a seguir la historia, el autor desmenuza la vida y obra del Rey Arturo alternando capítulos en los que se encarga del personaje mitológico y capítulos en los que se intenta poner de manifiesto al personaje real, pese a que muchas veces la delgada línea entre realidad y ficción resulta casi imposible de separar.

Me resultó interesante descubrir que la construcción del personaje mitológico del Rey Arturo, aquél monarca idealizado, tuvo más que ver con la necesidad inglesa de poseer alguien importante y perfecto en el que cimentar su historia y al mismo tiempo a través del cual superar la etapa romana en la isla y resaltar el valor y la resistencia de los pueblos abandonados ante el posterior avance e invasión de los anglos y sajones; muchas fuentes indican que el Arturo real podría haber sido un jefe guerrero que utilizó tácticas romanas para resistir largo tiempo el sin embargo inevitable triunfo sajón.

Para confirmar al Arturo real, bastante alejado del mitológico, el autor detalla todas y cada una de las menciones directas o indirectas (textos históricos, excavaciones arqueológicas) existentes y a través de ellos, ya en el final del libro, logra conformar una más que aceptable biografía del Arturo real. No obstante, Breve historia del Rey Arturo no deja de lado al Arturo más famoso, el mitológico, y a todo su mundo, ese que incluye no solo al Rey Arturo, sino también a su mítica espada Excalibur, al Mago Merlín, a los Caballeros de la Mesa Redonda, los torneos y por supuesto al reino de Camelot. Christopher Hibbert, detalla, además, los lugares actuales de Inglaterra en los que según los estudios arqueológicos, podrían ubicarse los lugares famosos de la mitología artúrica, como por ejemplo Camelot, que se asocia con el castillo de Cadbury, en Somerset.

Y como vivo en Inglaterra y el viajar es un placer, allá iré, a seguir los pasos del mítico y real Rey Arturo, “el único y futuro Rey”

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Un largo camino a casa, de Saroo Brierley

Un largo camino a casa

Un largo camino a casaPor mucho que protejamos a los niños, es inevitable que tengan algún tipo de miedo. Creo que no conozco a nadie que no tuviera miedo a algo o a alguien cuando era pequeño. Cuando somos grandes también, claro, pero la mayoría somos conscientes y lo vamos llevando, asumiendo o soportando. Los miedos de la infancia nos parecen más irracionales, pero si lo pensamos bien, de eso nada. Por ejemplo, es muy común temer a la oscuridad; no se ve, no sé lo que hay, es un miedo lógico. El miedo a perderse, a quedarse solo, a no volver a ver a tus padres, ese es terrible y también muy común. Mis mellizos me seguían por la casa cuando eran pequeñitos, mi padre se reía y decía que parecía la gallina con los pollitos o la pata con los patitos. Saben que nosotros los alimentamos, les damos cariño y seguridad, el perdernos les produce angustia. Quizá mucha culpa de los miedos de los pequeños la tengamos los mayores, que se los transmitimos, es la paradoja de ese afán de protección, pero otros vienen en el ADN, estoy convencida. Juan sin Miedo es un cuento, hay niños más valientes o atrevidos, pero algún miedo tienen aunque sea pequeño.

Saroo, el autor y protagonista de Un largo camino a casa, tenía 5 años cuando se perdió en la inmensidad de India, un país caótico y superpoblado. Vivía con su madre y sus hermanos en una casita muy humilde, pasando hambre y carencias de todo tipo, pero era un niño alegre, aventurero, responsable y feliz. Una noche insistió en irse con su hermano mayor a lo que fuese que hacía para ganarse la vida en los trenes y las estaciones. Se quedó descansando y esperando en la estación, se durmió y cuando se despertó y se vio solo en el andén, decidió meterse en el tren que tenía delante en ese momento para buscar a su hermano. Estuvo un montón de horas encerrado en aquel vagón, solo, hasta que llegó a Calcuta. ¿Os imagináis el papelón? Con 5 años no había ido nunca a la escuela porque tenía que quedarse en casa cuidando de su hermana pequeña, no sabía expresarse bien, nadie le hacía ni caso y no sabía dónde estaba. Una pesadilla. Saroo nos contará en el libro toda esta aventura. Como sobrevivió a esto, la gente con la que se encontró y la suerte que tuvo, después de todo, ya que cinco meses después de coger aquel tren estaba volando rumbo a Australia, adoptado por una pareja maravillosa.

Si esta parte de la historia os parece increíble, la que viene después, lo es todavía más. Ya adulto, Saroo decide buscar a su familia. Es feliz con su vida pero siente que es su deber encontrar a su madre biológica para explicarle que está bien, que se perdió. Su mamá australiana siempre le ayudó a mantener vivos los recuerdos de su casa en India, así que cuando apareció Google Earth en nuestras vidas, Saroo empezó la búsqueda de su casa en India, poco a poco, con una paciencia infinita y obsesiva. Sus recuerdos estaban algo distorsionados, incluidos los nombres de los sitios, así que no fue nada fácil seguir líneas férreas a lo largo y ancho de un país que se mueve básicamente en tren, intentando identificar la estación de donde salió. Después de muchos meses, da con un sitio que encaja casi en todos sus recuerdos, muy alejado de Calcuta, y decide ir a averiguar si es donde nació y si su familia sigue allí después de 25 años.

Hoy os he contado más del contenido del libro de lo que suelo en las reseñas, pero es que prácticamente sabes lo que pasa desde el principio, el libro es más bien una narración detallada de la aventura, pero no es un misterio. La película basada en las vivencias de este niño se estrenó a finales del año pasado, con Nicole Kidman como la madre australiana y Dev Patel como el Saroo adulto. No la he visto, supongo que será tan emocionante como el libro, porque la historia es increíble, aquí se puede usar lo de que “la realidad supera la ficción”. El libro no tiene una gran calidad literaria, es sencillo y fácil, lo interesante es la aventura que nos cuenta, no cómo lo hace. Leyendo la contraportada, define la historia como un drama. Sí, se debería definir como un dramón, pero me cuesta calificarla así. Saroo lo cuenta como algo terrible que le pasó, pero reconoce que también tuvo mucha suerte, conociendo las condiciones de cientos de miles de niños en su país de origen. La narración no es dramática, es agradecida, vital, llena de esperanza y de mucho amor.

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Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre, de Sergio Galarza

Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre

Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madreNo podéis decirme que el título de este libro no es realmente llamativo y original. Antes de leer siquiera la sinopsis yo ya tenía claro que quería leerlo para descubrir qué tenía que contarme esta novela con un título tan sugerente. ¿Que si me gusta Bob Dylan? Claro, cómo no. Creo que ya he reivindicado y manifestado por aquí que Dylan es un poeta y que para mí, independientemente de que no me gusten demasiado los premios Nobel (o quizá por eso), me parece un galardón totalmente merecido. Sí, Dylan también es poesía. La poesía admite muchas formas, amigos.

Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre es obra del escritor peruano Sergio Galarza. Autor también de La soledad de los aviones o la premiada trilogía Paseador de perros, JFK y La librería quemada, entre otros. Sergio ha colaborado en revistas de prestigio y ha sido incluido en varias antologías. Con su última novela, la que hoy nos ocupa, ha obtenido gran éxito y buenas críticas en países como Perú y Chile.

Me gustan los libros purificadores, los libros que sirven para curarse el alma y ajustar cuentas con uno mismo. Libros en los que el duelo es una fuerza capaz de exorcizarnos. Son libros extremadamente duros, claro, pero siempre encuentro una recompensa en ellos. Será porque el duelo compartido es menos duelo o porque una aprende a curarse leyendo a los demás, como me ocurrió también con El duelo es esa con alas, de Max Porter.

En Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre, el duelo se presenta a través de las memorias del propio autor. El cáncer que mató a su madre, ese que ella misma se empeñó en ocultar hasta que las evidencias se manifestaron ante todos, es el punto de partida de esta novela. Desde ese punto tan doloroso, Sergio reconstruye la biografía de su madre, sus memorias y recuerdos. Doris Puente, una madre al servicio de su familia y de sus hijos. Una madre entregada a su carrera de abogada y a sus pasiones, entre las que también se encontraba escribir. Una relación materno-filial incondicional y entregada, pero también difícil y llena de sobresaltos.

En el último viaje que Doris realiza a Madrid para visitar a su hijo, cuando ya sabe que está enferma y que no le queda mucho tiempo de vida, ambos tratan de reencontrarse después de tanto tiempo separados, no sólo física, sino también emocionalmente. Ella anotará en su agenda sus impresiones y sus vivencias en ese último viaje juntos. Unos apuntes que más tarde Sergio encontrará y que le servirán para reconstruir la historia de su madre y su propia vida. Y entre esas pequeñas anotaciones escritas a mano por su madre, Sergio encuentra copiada la letra de Blowing in the wind, de Bob Dylan y es como mirar a los ojos a su madre, tan conocida y desconocida al mismo tiempo.

Como os decía antes, Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre es una novela dura y muy emotiva. El retrato íntimo y genuino de una madre auténtica, apasionada e infinita, como son todas las madres.

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El último francotirador, de Kevin Lacz

el ultimo francotirador“Durante aquella experiencia fui escribiendo un pequeño diario. No recuerdo que otros compañeros lo hicieran. Lo hacía por si algún día tenía hijos y quería explicarles lo que pasó. Esa información me ha sido muy útil después. La primera versión del libro parecía escrita por un robot. Mi mujer me sacó de mi zona de confort y me dijo que tenía que acompañar cada hecho preciso con lo que sentía en ese momento. No es fácil hacer esto para nosotros, me ponía en una posición muy vulnerable pero tuve que hacerlo para contar la historia de los compañeros que perdí y lo hice. Ahí están los días más tristes de mi vida. Cada cosa que me pasó en el frente está contada desde un punto de vista emocional”.

Esa es la declaración de intenciones de Kevin Lacz, quien cuenta cómo sobrevivió en el campo de batalla. Cómo la experiencia en la guerra de Irak le convirtió en otra persona y cómo al terminar su experiencia bélica, se le presento la oportunidad para participar en la película “El francotirador” donde aconsejaba al actor Bradley Cooper, su protagonista.

El autor no quiere decir a cuántos enemigos mató él exactamente: “Los suficientes. Más de diez y menos que Chris”, señala en las entrevistas haciendo referencia a su compañero y mentor Chris Kyle (La Leyenda). Varias de esas muertes están narradas de manera exhaustiva en el libro, “neblina rosada” (el efecto al salpicar la sangre) incluida, en un texto que tiende a deshumanizar a los “muyas”, los muyaidines, el enemigo.
Más allá del valor histórico de su testimonio literario, el texto describe el coraje que se le supone a un SEAL estadounidense, extendido a cualquier soldado que participa en una guerra. Pero no es en este punto en el que el libro incide sino en cómo tras enfrentarse a la crudeza de una guerra, hay que recomponerse por dentro para intentar volver a llevar una vida normal.
El último francotirador contiene un texto totalmente ajeno a la política, en el que los autores presentan un libro honesto y directo que se adentra en los procesos conscientes e inconscientes del funcionamiento de la mente de un SEAL, donde se plasma el deseo implacable por la eliminación de los enemigos.

P. ¿Qué le llevó a los SEAL?

R. Quería luchar contra los terroristas. Sabía que no iba a tener un debate político en ellos. Íbamos a emplear nuestra fuerza y los terroristas iban a morir. Sabía que se me exigiría matar y que iba a correr un alto riesgo.

P. ¿Recuerda la frase de Clint Eastwood (ya que estamos) en Sin perdón?: “Cuando matas a un hombre no solo le quitas todo lo que tiene sino lo que podría llegar a tener”. ¿No se lo ha planteado?

R. Mis blancos no se merecían un futuro. Por su brutalidad. Eran los malos, y eso los validaba como blancos. Esa cita a quienes se podría aplicar es a mis camaradas SEAL que murieron. Marc, por ejemplo, al que le entró una bala por la boca, quería ser ministro de la Iglesia.
P. Pero, al seguir a su objetivo por el punto de mira, ¿nunca piensa que ese tipo es en cierto modo otro soldado, posiblemente un padre de familia, y que el mal no es una categoría absoluta?

R. No, nunca pensé en sus familias, realmente. Porque cuando uno has visto de cerca ciertas atrocidades, como las de los terroristas que amarran bombas a mujeres y niños, los hacen caminar hacia zonas pobladas y entonces los hacen explotar; o las de los escuadrones suicidas que decapitan a sus víctimas… Ningún hombre de familia hace eso. Alguien así puede tener hijos, pero no es gente de familia. Y ningún acto humano, como procrear, le redime de sus barbaridades.

Una verdad cruda y sin contemplaciones, que plasma una bibliografía bélica, plagada de dureza, en la que el concepto de camaradería cobra una nueva dimensión.

A mí, personalmente, la figura del francotirador me parece muy interesante. Casi magnética ¿Cómo pasan las horas? En este texto el autor eleva el concepto de camaradería, dejando claro que en momentos de tensión, el humor es un gran aliado:

 “-¿Y ahora aparcarás la bicicleta otros veinte años, doc?-pregunté-. Quizá en tu próximo despliegue yo tendré un hijo en los Equipos y tú, prótesis de caderas. ¡Te veo liquidando muyas a los setenta!
-Te veo puesto en lo del hijo, sí. Pero que muy puesto – dijo el doc, que bajó del camión y asintió con la cabeza, mirándome la entrepierna.
Con la emoción, me había olvidado del reventón de los pantalones y de que iba enseñándolos huevos. La sección entera se echó a reír a carcajadas.
Me rendí y me puse a reír yo también. El viejo se las sabía todas. Pero aún le quedaba repartir el correo.”

Desde su atalaya en forma de torre, esperaba con el ojo derecho puesto en la mirilla de su MK11, un fusil semiautomático de ocho kilos y un calibre de 7.62 milímetros con la calavera de ‘The Punisher’ grabada en la culata. La vida y la muerte era todo lo que veía a través de ese círculo.
Kevin Lacz participó en la batalla por la que él y Chris Kyle serían recordados, la de Ramadi en 2006. El enfrentamiento se ganó, pero a costa de un sufrimiento que queda explicado perfectamente en el libro. En él, los «Castigadores» se enfrentaron a mil dificultades. Algunos no salieron con vida. Eso es este libro. Morir o impartir la muerte. Un libro cargado de peso moral. Una imprescindible descripción de la guerra.

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Porcia, la esposa de Bruto, de Adelheid Van Beuningen

Porcia, la esposa de Bruto

Porcia, la esposa de BrutoDurante la última visita que hice a Roma, ese museo al aire libre que uno no puede dejar de disfrutar, bajé al Foro y visité el Ara de César, el lugar exacto en el que el líder militar y político romano fue incinerado luego de su asesinato en los Idus de Marzo. Estar presente allí, hacía que mi mente se trasladara al instante a las miles de imágenes que series y libros me habían regalado a lo largo de tantos años de lectura sobre ese fabuloso periodo histórico: El complot y la posterior Guerra Civil que marcó el tránsito de la Republica al Imperio en Roma.

Teniendo en cuenta que sobre el magnicidio de Julio César ya se escribió todo lo que se puede escribir, y por ende la originalidad es difícil de conseguir, siempre es interesante buscar al menos diversos puntos de vista sobre tan famoso suceso; y ahí aparece, como una digna alternativa, Porcia, la esposa de Bruto, de Adelheid Van Beuningen.

La que fuera hija de Catón El Joven, es hoy sin embargo más conocida por haber sido la segunda esposa de Marco Junio Bruto, quien siempre será recordado como el principal protagonista del asesinato de Julio César. Porcia, en este libro, se encuentra al borde de la muerte, pero decide previamente, a través de un formato de diario íntimo, rememorar cómo vivió personalmente aquel asesinato histórico, lo que permite al lector actual observar un nuevo punto de vista de aquellas trágicas jornadas.

Así, capítulo a capítulo, Porcia, a quien se presenta como una mujer con personalidad que sin embargo lucha constantemente entre el amor a su esposo y los valores republicanos que le inculcó su padre, va detallando y novelando cronológicamente el proceso conspiratorio contra César, desde los primeros e intrigantes indicios de complot, pasando por las nocturnas negociaciones de su marido con otros miembros destacados, sin dejar de relatar sus interesantes diálogos con las esposas de Casio y el mismísimo Julio César o el ambiente que se vivía tanto en el Senado como en las calles de Roma y la creciente sensación de que algo grande iba a ocurrir.

Narrada en primera persona, la figura principal de Porcia toma relevancia por tratarse tal vez de la única mujer en estar al tanto de la conspiración para asesinar a César; el período que ocupa su diario íntimo, y por ende la novela, abarca desde los meses posteriores al magnicidio, detallando claramente el 15 de marzo, día del asesinato, para culminar con las consecuencias de este histórico momento y la aparición con fuerza de personajes históricos como Marco Antonio, cicerón o Augusto, que a la postre se convertiría en el primer emperador de Roma.

Como dijimos anteriormente, la novela no es original, porque los acontecimientos relatados son de sobra conocidos, pero sí resulta interesante tratar de comprender cómo vivía esos momentos, en el día a día, una mujer romana de elite y tan cercana a Bruto, el asesino principal, además de sus debates internos acerca de lo moralmente correcto de semejante decisión, poniendo como eje de discusión si el fin justifica los medios, si un asesinato en bien de la República es válido, si vale todo para detener a un hombre que, según ellos, se encaminaba a ese mundo que los romanos juraron no regresar, el de un Rey gobernando Roma.

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El campeón prohibido, de Dario Fo

El campeón prohibido

El campeón prohibidoTodos hemos leído y visto decenas de historias basadas en la época en la que el régimen nazi ocupó el gobierno alemán y puso fin a la democracia en el país. De hecho, soy de los que piensan que ha habido una sobreexplotación de este periodo, ya que no por el hecho de poner como contexto esta terrible etapa lo que se narra tiene que ser memorable. Sin embargo, la que cuenta El campeón prohibido es una historia tan dura y tan épica que parece mentira que nadie antes se atreviera a pasarla a papel. Tuvo que ser el actor y escritor italiano Dario Fo quien se atreviera a hincarle el diente poco antes de fallecer, con lo que consiguió rescatar la figura de Johann Trollmann, un talentoso e inteligente boxeador de raza gitana cuyo único fallo fue el haber vivido en la época de la barbarie nazi.

Con un lenguaje sencillo y con frases cortas Fo, que fue nombrado Premio Nobel de Literatura en el año 1997, nos va dando a conocer la vida del púgil desde el mismo momento en que, con apenas ocho años, comienza a dar muestras de tener unas habilidades muy superiores al resto de los chavales de su edad en este deporte. Es curioso lo que ocurre con esta lectura, ya que desde el momento en que uno hojea este libro se da cuenta de que está escrito por un autor lleno de talento. Sin embargo, esto no se debe a que el escritor italiano haga gala de numerosos recursos estilísticos o de un vocabulario ostentoso y complejo; todo lo contrario. Lo que hace que uno disfrute de esta lectura es precisamente la ausencia de necesidad del autor por gustarse a sí mismo, acompañada por el deseo de contar lo mejor y lo más detalladamente posible la historia de una profunda injusticia.

El desarrollo de la vida de Trollmann, tanto a nivel personal como profesional, va acompañado por la narración de los acontecimientos transcendentales que van ocurriendo a nivel global, entre los que destacan las dos guerras mundiales. El autor sabe jugar muy bien con los tiempos y se detiene solo en aquellos momentos de la vida del púgil que tienen verdadera importancia para su evolución. Especialmente sobresaliente es la forma en la que el Fo sintetiza el ascenso de Hitler al poder, momento a partir del cual va desgranando la tremenda injusticia que Trollmann pasa a sufrir solamente por su raza.

El campeón prohibido es un trabajo muy periodístico, en el que la fuerza de los propios acontecimientos hace que todo artificio sea innecesario. Sí que recomendaría leerlo en un momento en el que no se tengan muchas preocupaciones en la cabeza, ya que es de esas historias que te hunden o, como poco, que te dejan muy mal cuerpo. Aunque, por otra parte, si bien no se puede negar en que esta pequeña y sobresaliente novela provoca rabia e impotencia, al mismo tiempo hace honor a un campeón al que ni la peor de las creaciones del ser humano fue capaz de robarle su dignidad.

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Manual de exilio, de Velibor Čolić

Manual de exilio

Manual de exilio“No te metas con los bajitos”, este es uno de los consejos que le dan al protagonista cuando acaba en la calle.  Porque los bajitos llevan toda la vida peleando duro para que no los destrocen aquellos que son más grandes que ellos y están más acostumbrados a devolver los golpes. En cambio, los altos nunca han tenido que meterse en una pelea. Solo con su tamaño han logrado evitar la mayoría de enfrentamientos. El protagonista de la novela mide cerca de dos metros. Con esta metáfora, Velibor Čolić, autor y al mismo tiempo protagonista del texto, define a su personaje y a sí mismo.

Bosnia, 1992. Velibor es escritor, ha ganado premios literarios y lleva un programa de radio. No es soldado. No quiere ser soldado. Pero eso al ejército le importa poco. Por eso, va a la guerra y tras un tiempo en el frente, deserta del ejército bosnio. Con 28 años y apenas tres palabras de francés (Jean, Paul y Sartre), recorre media Europa y se planta en Rennes pidiendo asilo político. Se convierte en un refugiado. Sí, como esos que están muriendo a miles en el Mediterráneo. Pero él consigue llegar a su destino, Francia le acepta, le dan ayudas.

¿Y ahora qué?

Manual de exilio trata sobre ese “ahora qué”, sobre cómo vives cuando lo has perdido todo y tu nuevo país te tolera (es decir, no te mete en un CIE) pero te da la espalda (chaval, apáñatelas). El libro nos deja ver, por unas horas, la vida de esas personas que nos cruzamos por la calle y de las que huimos, porque nos dan miedo. Nos deja desnudos con nuestros privilegios y nuestros prejuicios. Y Velibor Čolić se las apaña para que, por encima de todo esto, te rías con él. Solo con el subtítulo “Cómo aprobar su exilio en treinta y cinco lecciones” ya nos dice por dónde van los tiros.

Esta novela, autobiográfica, de autoficción, cómo queramos llamarla, no es Los bosnios, la obra, también publicada por Periférica, en la que Čolić describió, punto por punto, con un estilo seco y sin humor ni ironía (¿cómo iba a tenerlo?) el horror que vio durante la guerra. Manual de exilio habla de lo que pasa cuando te quedas solo, después de salvar el pellejo, y empiezas a pensar (o evitar pensar a toda costa) en lo que has visto.

También trata sobre la pérdida de todo referente social o personal. Sobre la pregunta: ¿y ahora quién soy? Sobre la obsesión con la literatura como único referente compartido con el país de acogida. Sobre el abandono institucional. Sobre  la depresión. Sin adjetivos. Sobre la nostalgia. El desasosiego. La pérdida. La soledad. Pero también sobre la belleza. Tiene momentos de una belleza fulgurante encuadrados en escenas cotidianas, como descripción de los gestos de una cajera de supermercado o del piso destrozado de su vecino en Budapest.

La narración empieza en 1992, con el personaje llegando a Rennes una mañana lluviosa*, y termina en Estrasburgo en 1999, pero estos siete años pasan como un suspiro para el lector. Porque apenas sucede nada y pasan muchas, muchísimas, cosas. El protagonista escribe de manera frenética tres o cuatro novelas (muchas de ellas publicadas más tarde), aprende francés a marchas forzadas, hace el ridículo, busca imposibles en los cuerpos de algunas mujeres, se emborracha, le publican, cena con Toni Morrison y Salman Rushdie, trabaja como mozo de almacén (durante dos horas), vive en Milán, en Budapest, cita a Verlaine en plena cogorza, se cree Borges, desprecia sus textos, recorre kilómetros y lee miles de páginas, se ve incapaz de salir de la cama… Y al terminar la novela, te quedas con la sensación incómoda de que la historia no ha acabado, pero ¿cómo terminar una historia así? ¿Qué final hollywoodiense esperábamos?

Lo que más me ha gustado de esta novela es su estilo, cómo está escrita. La lengua, las metáforas, las imágenes y el juego que hace Velibor Čolić con su lengua de adopción, el francés, pese a pasarse la mitad de la novela repitiéndose que no lo domina. Manual de exilio es uno de esos textos raros que el editor no necesita explicar para que el lector se interese por él. Con mucho acierto, Periférica ha usado las primeras líneas de la novela como texto promocional. En cuanto las leí, sabía que tenía que leer este libro. Os las dejo aquí. Y, sí, es todo así, no baja el nivel en ningún momento:

Tengo veintiocho años y llego a Rennes con tres palabras de francés por todo equipaje: Jean, Paul y Sartre. También llevo mi cartilla militar, cincuenta Deutsche Mark, un boli y una gran bolsa de deporte desgastada, color verde aceituna, de marca yugoslava. Su contenido es escaso: un manuscrito, algunos calcetines, un jabón deforme (parece una rana muerta), una foto de Emily Dickinson, una camisa y media (para mí, una camisa de manga corta sólo cuenta como media camisa), un rosario, dos postales de Zagreb (sin usar) y un cepillo de dientes. Estamos a finales del verano de 1992, pero voy vestido como para una expedición polar: dos chaquetas pasadas de moda, una bufanda larga, y en los pies las botas de ante, dadas de sí, tras sufrir diez mil mordiscos de la lluvia y el viento. Soy un caballero liviano, un viajero de rostro marcado por un frío metafísico, el último grado de la soledad, del cansancio y de la tristeza. Sin emociones, sin miedo ni vergüenza. Murmuro una queja estúpida e infantil, a sabiendas de que las palabras no pueden borrar nada, de que mi lengua ya no significa nada, de que estoy lejos, y de que ese “lejos” se ha convertido en mi patria y mi destino.

 Laura Gomara @lauraromea

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El diario de la princesa, de Carrie Fisher

el diario de la princesa

el diario de la princesaLa luz rojiza del atardecer iluminó la sonrisa que se había dibujado en mi rostro tras dejar atrás la penumbra de la vasta sala de cine en la que había disfrutado de la película Rogue One: Una historia de Star Wars. La sonrisa había sido consecuencia de ese final de la que, por el momento, era la última entrega de la saga galáctica más célebre. Un final que no solo enlazaba a la perfección con Star Wars: Episodio IV – Una nueva esperanza, sino que además tocaba la fibra sensible de nostálgicos, recuperando, como si no hubieran pasado los años para ella, a aquella princesa menuda, pero estoica, que luchaba con la fuerza de un titán. Sí, la princesa Leia Organa.

Minutos después, y ya en casa, una noticia que corría como un reguero de pólvora por internet dinamitó mi sonrisa hasta convertirla en un puñado de escombros. Carrie Fisher acababa de morir. ¡Qué cruel es en ocasiones el destino! Fue en ese preciso momento cuando dos pensamientos fugaces cruzaron por mi mente para convertirse en dos dolorosas revelaciones. La primera: Cuando esos famosos a los que has admirado desde niño empiezan a morir (de una muerte más o menos natural) es que ya no eres tan niño. Y la segunda: De la princesa Leia lo sabía todo. En cambio de Carrie Fisher, ¿qué sabía? Solo lo poco que me había molestado en buscar en internet, que, no os voy a engañar, tampoco fue mucho. Supe que podría ponerle remedio al asunto al conocer la noticia de que Nova publicaría El diario de la princesa. Por fin iba conocer los secretos de Carrie Fisher, los derroteros que había tomado su vida tras rodar Star Wars, sus pensamientos más íntimos… ¡y todo contado por ella misma! Las páginas de El diario de la princesa serían como un susurro desde el más allá, y eso, en cierto modo era tan triste como emocionante.

El diario de la princesa se convirtió en un proyecto que llevar a cabo en el preciso momento en el que Carrie Fisher encontró los diarios que escribió cuando era solo una muchachita de diecinueve años. Esas reflexiones timoratas e ingenuas, los poemas ñoños no aptos para diabéticos y esos eslóganes de reflexión vacua, que bien podrían haber estado escritos en la carpeta de una adolescente, sorprendieron a una Carrie Fisher ya adulta. Desde la perspectiva que dan los años decidió que tal vez había llegado la hora de dar ciertos matices a aquellos pensamientos donde los únicos colores que parecían imperar eran el funesto negro y el cándido rosa.

Lo primero que llamó mi atención a las pocas páginas de empezar a leer (a parte de la facilidad que tenía la autora para encontrar las palabras adecuadas) fue su sentido del humor. Nunca hubiera imaginado que Carrie Fisher gozara de un humor tan incisivo. Con la ironía, el sarcasmo y en ocasiones el gamberrismo más refrigerante como estandarte principal de su narración, no duda en ningún momento en hallar esos trazos de comicidad que le rodearon durante el rodaje de la primera película de Star Wars y que siendo más joven fue incapaz de vislumbrar. Humor que tiene que ver con los fans, con sus compañeros de rodaje o con ella misma y con lo que significaba convertirse en una súper estrella de la noche a la mañana. “No creo que nadie pueda pensar en Leia sin que yo merodee también por sus pensamientos. Y no estoy hablando de masturbación.” Humor que incluso llegaría a ser profético. “Resulta difícil imaginar una necrológica televisiva que no use una foto de esa niñita de cara redonda con sendos absurdos rodetes a los lados de su escasamente experimentada cabeza.”

Ese humor rápidamente se diluye y Carrie Fisher desgarra sus vestiduras y descubre su alma a los lectores. Sin inhibiciones, y solo guardándose para ella las escenas más morbosas, nos hace partícipes de unas reflexiones imprescindibles para entender cómo funciona la insaciable maquinaria de Hollywood. Dinero y reconocimiento a una edad muy temprana. ¿Qué podía salir mal? Mientras leía, mientras Carrie hablaba sobre los peajes que tendría que pagar por rodar por la autopista de la fama, un viejo proverbio chino me vino a la mente: Ten cuidado con lo que deseas. Una vez más la sonrisa se diluía en la amargura de la nostalgia.

Una extensa parte de El diario de la princesa está dedicado a Harrison Ford. El Harrison Ford que interpretó al inolvidable Han Solo y del que la jovencísima Carrie Fisher se enamoraría hasta las trancas. Un amor prohibido. Un amor imposible descrito en los cuadernos manuscritos que acompañan al libro y que en ocasiones dan cierta vergüenza ajena y en otras resultan conmovedores. La Carrie Fisher adulta arroja luz sobre la verdad en su relación con Harrison Ford; cómo era él, cómo la trato y qué es lo que todavía sentía por él son algunas de la incógnitas que encontrarán su respuesta.

¿Y qué hay de Star Wars? Sí, es evidente que también habla de la película. Pero más que del producto final Carrie Fisher se hace eco de los entresijos de aquel set de rodaje, de las curiosidades, las anécdotas y las fiestas (con ese secuestro, del que ella fue víctima, perpetrado por varios miembros del equipo que a mí, sinceramente, y a pesar de que lo describe como una broma, me resultó algo espeluznante).

El diario de la princesa es un libro escrito a cuatro manos: las de la jovencísima, ingenua y enamoradiza Carrie Fisher y las de la adulta, sagaz pero también enamoradiza Carrie Fisher. Unas memorias divertidas, apasionadas y de evidente carga nostálgica que revelan no solo lo bien que se desenvolvía Carrie Fisher a la hora de escribir, sino también lo aguda y certera que llegó a ser en sus críticas hacía la industria del cine.

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