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Paraísos oceánicos, de Aurora Bertrana

Paraísos oceánicos

Paraísos oceánicosEditada con el mimo que merecen las obras cuya recuperación es mucho más que un lanzamiento al mercado editorial, Paraísos oceánicos es sin duda una de las sorpresas más gratificantes que se puede encontrar en las librerías. En primer lugar por motivos estrictamente literarios, si lo que define una buena obra es que te permite vivir otras realidades sin duda ésta lo es porque logra que el lector pasee y se sienta parte de un mundo que ya no existe, pero que en las letras de Aurora Bertrana se puede disfrutar con tal intensidad que deja en ridículo el concepto de realidad aumentada que se utiliza en cuestiones tecnológicas. Pero no son solo literarias las razones de Paraísos oceánicos, algo no especialmente sorprendente tratándose de una edición de :Rata_, una editorial que publica las obras que necesita publicar, no por capricho, negocio o militancia, sino por necesidad literaria y puede que hasta fisiológica. ¿Y cuál es el origen de esa necesidad? Supongo que desde un punto topográfico el origen está claro, las tripas de Iolanda Batallé, pero no se trata de esa búsqueda, esta edición nace, o así lo creo, de Aurora Bertrana, la autora, un personalidad magnética que supo ser mujer y libre cuando la libertad era un lujo para las mujeres, que supo abrir la mente cuando las de sus conciudadanos se cerraban a cal y canto. Y pese a su éxito padeció las consecuencias de ambas cosas, de ser mujer y de ser libre, y que finalmente la condenó al olvido. Al menos fuera de su ámbito geográfico, que debiera haber sido el mundo pero no, me refiero a su Cataluña natal.
Paraísos oceánicos nace de una mirada limpia de prejuicios, de una mujer capaza de buscar la belleza en la belleza, sin condescendencia ni rastro de superioridad moral. Una mujer capaz de elogiar la libertad sexual en una época, en plena dictadura franquista, en que era un concepto herético de más allá de los pirineos. Aurora Bertrana tuvo una vida tan literaria como su obra, los círculos literarios le estaban vedados por su condición de mujer, pero para cuando publico estos paraísos (que gozaron de gran popularidad) ya había vivido en Suiza, en lo que entonces se llamaba, con cierto tono de anatema, “el extranjero” y fundado una orquesta femenina de jazz (en los años veinte, la primera orquestra femenina de Europa). Una mujer que viajó a Indonesia y la hizo suya, no la vivió con espíritu de colonizadora sino de espectadora deslumbrada.
Bertrana no sólo nos transmite sus experiencia y sus opiniones, nos regala la belleza de un paraíso que ya había empezado a dejar de serlo porque los occidentales lo habíamos inundado de alcohol, intrigas y prejuicios, pero que se mantenía lo suficientemente vivo como para que una autora de su sensibilidad nos lo mostrara como la dulce tierra de amor y belleza, pequeño paraíso de luz que vive en estas páginas.
Esta edición contiene, además, una breve biografía, la traducción de un capítulo de sus memorias y diversos paratextos que enriquecen la experiencia hasta convertirla en una de las que no se olvidan. Terminaré con algo que dice en la solapa que me parece es el cierre inmejorable a un texto sobre Paraísos oceánicos: Lee este libro porque, a pesar de todo, el mundo sigue siendo aún el lugar luminoso, abierto e inocente que aquí se describe.

Andrés Barrero
@abarreror
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Led Zeppelin, Un tributo a los más grandes del rock, de Chris Welch

Led Zeppelin

Led ZeppelinA ver, voy  a ser muy clara y muy directa: si te gusta Led Zeppelin este es un libro que sin duda tienes que tener. Y como veis no digo tan solo leer, no. Digo tener. Podría daros más motivos, pero creo que con esta introducción he sido bastante clara, ¿verdad? De todas formas, no puedo dejar esta reseña así. Aunque a mí me encantaría, pero será mejor que os cuente por qué.

Antes de  hablaros de Led Zeppelin, Un tributo a los más grandes del rock voy a daros un poco la chapa. Led Zeppelin no es mi grupo favorito. Qué decepción, ¿eh? Tranquis. Es que yo no tengo grupo ni persona favorita. No me gustan los fanatismos, qué le voy a hacer. Soy más de disfrutar de todo sin adorar a nadie. Pero si tuviera que hacer un top ten musical sí que estarían dentro, junto con Bowie, Queen y otros tantos que no os voy a contar ahora porque tampoco se trata de eso. La primera vez que escuché a Led Zeppelin yo tenía unos diecisiete años. Encontré en casa un casete (¡¡pero qué vieja soy!!) y recuerdo que era de madrugada y que estaba en el salón de casa estudiando para un examen que tenía al día siguiente. Puse ese casete, que pertenecía a alguna de mis hermanas mayores, en mi walkman (¡toma ya!) y me dispuse a escucharlo. Lo primero que sonó fue Stairway to heaven y el resto, amiguitos, es ya historia. El idilio había comenzado. Esa melodía se había metido en mi cabeza y creo que esa misma noche puede escuchar la misma canción como cinco veces seguidas. Luego vendrían más y más canciones del grupo, pero aquella noche, gracias a esa canción, comenzó todo. Y esta, queridos, es mi historia de amor con Led Zeppelin. Supongo que las habrá mejores, pero ésta es la mía.

Me apeteció mucho leer Led Zeppelin, Un tributo a los más grandes del rock cuando me enteré que Libros Cúpula lo acababa de publicar. Además de ser un pedazo de libro (en todos los sentidos) está repleto de material inédito, de fotografías, documentos y recuerdos de la banda. Una auténtica delicia para los amantes del grupo.

No seré yo quien os vaya a contar ahora la historia de Led Zeppelin, porque para eso tenéis el libro. Sí os diré, en cambio, que es uno de los mejores libros sobre la banda que he visto nunca. Completo, original, repleto de fotografías y material, y con un análisis tan exhaustivo del grupo realizado por Chris Welch que os vais a caer de culo cuando lo tengáis en vuestras manos. Palabrita.

Así que solo puedo dar las gracias a Libros Cúpula por esta pedazo de publicación, al Rock and Roll por existir y a Led Zeppelin por haber sido, sin duda, una de las bandas del rock más geniales de la historia. Long Live to Rock ‘n’ Roll, my friends!

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Eso no estaba en mi libro de Historia de la Literatura, de Lorenzo Gallardo

Eso no estaba en mi libro de Historia de la Literatura

Eso no estaba en mi libro de Historia de la Literatura«La pequeña anécdota nunca es gratuita. Ocurre por la personalidad o forma de reaccionar de una persona ante su entorno». Eso es lo que opina Lorenzo Gallardo en la introducción de su libro Eso no estaba en mi libro de Historia de la Literatura. Por eso, ha reunido en él curiosidades sobre ciento veinte autores, ¡ahí es nada!, para que descubramos detalles sobre sus vidas y caracteres que nos harán comprender mejor sus obras.

Y a mí me encantan las anécdotas. Es ver un libro sobre eso, ya sea de cine, ciencia o literatura, y allá que voy. De ahí que conociera varias de las historias que se cuentan en este libro, pero debido a la gran cantidad de escritores retratados, han sido muchas más las que he descubierto. Además, se agradece que no solo hable de escritores famosos y recuerde a otros que hoy en día son bastante desconocidos, pero cuyas obras y vidas merecen capítulo propio, no solo en este libro, sino en la historia de la Literatura.

Lorenzo Gallardo comienza su repaso cronológico de la literatura con la poetisa griega Safo y le pone el punto final con el autor de los estados de Facebook de millones de personas: Paulo Coelho. Nos cuenta los aspectos más curiosos de las personalidades o de las vidas de los escritores, con la cercanía y el sentido del humor con los que lo haría un amigo nuestro en la barra de un bar.

¿Sabías que Virgilio se gastó 800 000 sestercios (325 000 euros de los de ahora) en el funeral de su mosca?

Ni te imaginas la que lió La cabaña del tío Tom. Tuvo tanto éxito que crearon todo tipo de merchandising: juguetes, cuberterías y hasta papel pintado.

No sabes cómo se las gastaba doña Emilia Pardo Bazán. Ahí donde la ves, ¡fue traficante de armas!

¿Y qué me dices de H. G. Wells? Fue un adelantado a su tiempo, y no solo en la ficción: practicaba abiertamente el poliamor, no se cortaba ni un pelo.

Y no te pierdas lo que le pasó a Jean Cocteau una noche… Conoció a una enigmática doncella, peeeero… ¡en realidad era un señor! Y uno muy famoso, que tú y yo hemos estudiado en los libros de Historia.

Pero el mejor de todos era el escritor argentino Omar Vignole: le gustaba pasear por la calle con su vaca, mientras increpaba a todo el mundo.

Como veis, algunas de las historias son tan surrealistas que parecen de broma. Y es que, como no podía ser de otra forma, la vida real de los escritores supera muchas veces sus ficciones.

Lorenzo Gallardo también nos relata los asombrosos encuentros entre artistas. Por ejemplo, los infructuosos proyectos que llevaron a cabo Maquiavelo y Leonardo Da Vinci, lo que disfrutó Quevedo siendo casero de su archienemigo Góngora, la confrontación dialéctica de Lope y Cervantes por el amor de una bella dama, lo que ocurrió la noche en la que Enrique Jardiel Poncela quiso matar a Jacinto Benavente o por qué Ray Bradbury le debe su carrera literaria a Hugh Hefner.

Estas anécdotas son tan atípicas que nos desmontan la imagen que teníamos de muchos escritores. Y es que saber que Agatha Christie era surfera, que Borges era fan de Rolling Stones y Pink Floyd o que Yukio Mishima planeó un golpe de estado en su país, nos hace verlos con otros ojos irremediablemente.

Lorenzo Gallardo habla de todo eso que nunca se menciona en las enciclopedias o en los libros de texto y que sirve para bajar a los escritores de su pedestal y hacerlos humanos, lo que ayuda a que nos atrevamos, por fin, con las obras de aquellos que nos parecían inaccesibles. Y es que Eso no estaba en mi libro de Historia de la Literatura es una lectura perfecta para volver a enamorarnos de la literatura y sus creadores.

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Borges, el laberinto infinito, de Nicolás Castell y Óscar Pantoja

borges el laberinto infinito

borges el laberinto infinitoConfieso que tuve miedo a Borges mucho tiempo. Bueno, no miedo; respeto sería una palabra más ajustada. Me parecía uno de esos autores inextricables y me resistía a leerlo. Hará unos tres años, probé con el relato El inmortal. Y sí, comprobé que Borges era un escritor tremendamente complejo… y fascinante. Así que me atreví a dar un paso más y leí Ficciones. En cada uno de los cuentos que lo componen, Jorge Luis Borges dejó patente que era un erudito de imaginación desbordante, un literato que pocas veces ha sido igualado o superado. Pero poco sabemos del hombre, del joven, del niño que fue. Borges, el laberinto infinito, escrito por Óscar Pantoja e ilustrado por Nicolás Castell, es una biografía ficcionada en formato cómic, publicada por Rey Naranjo Editores, que retrata acontecimientos clave de la vida del escritor argentino, lo que nos permite entender mejor cómo alcanzó tan extraordinario nivel de sabiduría y el porqué de sus laberintos literarios.

Hace unos meses, disfruté de Rulfo, una vida gráfica, escrita también por Óscar Pantoja para la misma editorial, así que cuando vi que publicaban Borges, el laberinto infinito supe que era una gran oportunidad para conocer un poco mejor a uno de los escritores fundamentales del siglo XX. Esta biografía ficcionada repite la misma estructura que la de Juan Rulfo, con continuos saltos temporales que van del joven Borges al niño, pasando, de vez en cuando, por el anciano. Aunque la biografía de Borges no me ha impactado tanto como la de Rulfo, cuya novela gráfica me pareció una joya de lectura imprescindible, he de reconocer que ha sido también una lectura gratificante y que me ha sorprendido en muchos momentos.

Nada sabía yo del Borges hombre, más allá de su ceguera y de que nunca le concedieron el premio Nobel de Literatura. Pero gracias a Borges, el laberinto infinito, he descubierto que los suyos lo llamaban Georgie, que su padre lo animó a ser escritor antes, incluso, de que aprendiera a leer (un respaldo poco habitual, como sabrá cualquiera que haya mostrado inclinación por alguna de las áreas del mundo artístico), que tenía una entrañable relación con su hermana, que tuvo miedo a los espejos desde temprana edad y que hubo una traición amorosa que le marcó de por vida y que convirtió en su gran obra, El Aleph.

A pesar de que he leído pocos relatos de Borges, he entrado en el juego de referencias a sus historias más conocidas. Y es que, si algo ha conseguido Borges, el laberinto infinito con el mismo éxito que Rulfo, una vida gráfica es avivar mi curiosidad por el escritor protagonista y el deseo de redescubrir sus obras. Sé que cuando vuelva a atreverme con uno de sus relatos, ya no solo me perderé en laberintos metafóricos y metaliterarios, sino que en cada vuelta veré el lado humano de Borges, con sus miedos y obsesiones infantiles y con sus fracasos juveniles.

Al final, Borges puso luz a sus sombras cuando se dio cuenta de que el paraíso era, simplemente, su biblioteca. Y conocer un poco más al hombre que hizo semejante afirmación, ha hecho que mi respeto hacia él aumente, ya totalmente desprovisto de temor y repleto de franca admiración.

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Diario de un incesto, de Anónimo

diario de un incesto

diario de un incesto“Tengo, y siempre he tenido, la impresión de que en realidad mi padre quería matarme, y que yo le seduje para impedir que lo hiciera. Recurrí a la sensualidad para seguir con vida. Salvé mi vida dándole placer sexual. Y él se hizo adicto a nuestras relaciones sexuales, y a mí me ocurrió lo mismo”.

Es jodido hablar de este libro. Es jodido recomendarlo también. El título ya deja bien claro lo que vamos a encontrarnos dentro, no es como uno de esos títulos ambiguos en los que el autor o la editorial se estrujan el magín hasta dar con uno que perfectamente puede intercambiarse por otro, como puede ser, por decir algo, La víspera de casi todo, A plena luz… No. Aquí no hay confusión posible: Diario de un incesto (aunque lo cierto es que no sigue la estructura lógica y cronológica de un diario sino que, más bien, parece algo que la autora nos cuenta con saltos atrás y adelante en el tiempo, como si ella estuviera tumbada en un diván y nosotros fuéramos su terapeuta) es una narración en primera persona de los abusos, maltratos y violaciones que la protagonista sufrió desde los tres hasta los veintiún años. Una narración que gracias a esa forma de diario consigue aportar el componente de confidencia y sinceridad y que en muchas ocasiones desgarra al lector por dentro. Una narración brutal, concisa y descarnada, con un lenguaje seco, y directo que llama al pan pan, al vino vino, a la polla polla y al coño coño, y da como resultado una mezcla extraña de erotismo-porno y literatura provocando como resultado un abanico de sentimientos tales como asombro, comprensión y asco.

Para muestra un botón, y es que podría plagar toda la reseña de putas citas, a cual más desconcertante, y aún me quedarían cientos. No hay página que tenga desperdicio:

“Mi padre es mi secreto. Sus violaciones son mi secreto. Pero el secreto que encierra ese secreto es que a veces me gustaba. A veces lo estaba deseando y a veces lo seducía para que me follara”.

Sin embargo no resulta nada fácil comprender a la protagonista. En varias ocasiones a lo largo del breve relato (128 páginas) manifiesta su odio, asco y ganas de matar a su padre o incluso dar de comer con su cuerpo a los perros, pero afirma que a la vez lo desea y disfruta siendo usada por él.

“Mi padre sigue excitándome y sigue dándome miedo. Cada vez que pienso en él me pongo a cien. Percibo en el coño una tensión, una sensibilidad constante, y a veces incluso unos dolores agudos. Noto el estómago tenso y siento crecer un agujero negro en él. “

Pero más doloroso aún que el hecho en sí del incesto es el silencio familiar. Una madre que no quiere saber nada del tema, un hermano que no puede afrontar la verdad, y una amiga que le dice que lo olvide. El no hablar y afrontar el tema, la incredulidad de los seres que te rodean dejan a nuestra anónima aún más herida y desprotegida, en completa soledad.

Por supuesto, cuando un libro de este tipo sale al mercado es inevitable que genere polémica y se creen dos bandos: el de aquellos que lo valoran por su valor testimonial, por hacer visible algo que es real y tabú y el de otros que solo reparan en los detalles más crudos y lo califican de pornográfico, gratuitamente morboso y repugnante.

En mi opinión, es un libro necesario y Malpaso ha sido muy valiente al editarlo en España.

Escrito con una prosa clara y cortante como un bisturí. Sin adornos ni recursos estilísticos que distraigan al lector de la gravedad de lo que se le cuenta, hay incluso quien lo califica de “extraordinariamente bello”.

En cualquier caso, Diario de un incesto es un libro sobre el horror, pulcra y hermosamente escrito, (eso no puede negarse), que te obliga a leer página tras página, no por morbosidad, sino por intentar comprender a la superviviente y al infierno mayor al que se enfrenta años después.

Para acabar me gustaría recordar que en España el incesto no es delito salvo que se produzca sin consentimiento de una de las partes o como producto del abuso de un menor. Ahí lo dejo…

Como decía al principio, un libro realmente jodido e imprescindible, pero no apto para cualquier tipo de lectores.

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El diario de la dama Murasaki, de Murasaki Shikibu

El diario de la dama Murasaki

Si uno supiera únicamente de esta obra que es un diario de una dama de compañía de la emperatriz Shōshi en la corte imperial nipona alrededor del año 1005, ya sería suficiente atractivo como para acercarse a ella. Si además empezase a leerla en la librería:

A medida que el aire se vuelve más otoñal, la atmósfera de la mansión Tsuchi Mikado gana en indecible elegancia. Las copas de los árboles que rodean el estanque y las hierbas que crecen a la orilla del arroyo del jardín van poco a poco adquiriendo esos colores rojizos del otoño, de modo que el cielo, en casi toda su inmensidad, parece encenderse hermosamente.

Y se dejara seducir por su delicadeza y elegancia, y si además se uniese a lo antedicho lo cuidado de la edición, sin duda hermosa y completa (incluye poemas, árboles genealógicos, mapas de las mansiones…), sin duda acabaría en su librería. De modo que el libro en si mismo ya es un verdadero regalo, así que el dato autobiográfico que nos dice que la autora de El diario de la dama Murasaki lo es también del Genji monogatari, probablemente la más antigua de las novelas de la historia (data del año 1003, aproximadamente), una obra monumental considerada el Quijote oriental, podría parecer menos importante de lo que en realidad es. Y lo es no sólo por la evidente relevancia que desde el punto de vista literario tiene sino porque da buena medida del talento narrativo de la autora y de su cultura, que es importante porque explica que no se trata de una dama de compañía cualquiera sino de una que ejercía, probablemente oculta a los ojos de la corte, de tutora de la joven emperatriz, a quien enseñaba chino, lo que era muy necesario para un hombre pero mal visto en una mujer.

No es inferior
al frío de la escarcha
que al pato cubre,
el frío de esta casa
en la que tú no estás.

Tiene El diario de la dama Murasaki ese ambiente detallista y sutil que uno espera en una obra de las características y la época de esta, pero es muchas más cosas. La descripción de la vida de la corte y las relaciones entre las familias, los diferentes niveles de los nobles y todo lo que conllevan, el no siempre cordial trato entre las damas o el ejercicio del poder y sus intrigas son temas muy presentes en la obra. Su interés no sólo se refiere a las costumbres, a los que la autora vivió en primera persona, sino que tiene unas dimensiones histórica y literaria difícilmente soslayables.
Tiene varias partes diferenciadas, la más brillante es la que propiamente se deduce del título, la de diario, pero hay también una epistolar que es muy diferente en tono y estilo. Es una carta probablemente dirigida a su hija y es mucho más ácida que el resto. La explicación podría ser que el papel era un artículo de lujo y que se escribió en la parte de atrás de hojas del borrador del diario. Una más de las muchas cosas interesantes que descubre uno con esta obra (y su pertinente e interesantísimo prólogo).
Murasaki Shikibu es una incisiva observadora capaz de caracterizar a los personajes con gran profundidad psicológica en pocas palabras. El retrato de la corte es sumamente interesante, más si tenemos en cuenta que comprende un momento francamente excepcional, el nacimiento del heredero del trono. Sus propias relaciones familiares enriquecen el relato de forma que hace recomendable una lectura reposada y reflexiva para no detenerse sólo en la belleza del texto, sino en todo lo que de forma más o menos críptica esconde. Merece la pena el esfuerzo de detenerse en sus páginas y dejarse llevar por su embrujo hasta convertirse en un callado espectador de la vida secreta de la corte imperial, del trono del crisantemo.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Nocturno de Chile, de Roberto Bolaño

nocturno de chile

nocturno de chileEn menos de tres meses, he vuelto a caer en un libro de Roberto Bolaño. La culpa la tiene la editorial Alfaguara, que no deja de colocar sus obras en la sección de novedades. Pero no me quejaré, porque a mí me sirve para profundizar en este peculiar escritor, que siempre me había provocado curiosidad. Así que he pasado de El gaucho insufrible, la colección de siete relatos de la que ya os hablé, a esta novela corta, Nocturno de Chile, para ver si me decido a unirme a su legión de admiradores o no.

Nocturno de Chile es el monólogo interior de Sebastián Urrutia Lacroix, un sacerdote chileno vinculado al Opus Deis, crítico literario y poeta ignorado, durante su última noche en este mundo. Después de una vida entera mudo —y, por eso mismo, en paz— ante todo lo que sucedía a su alrededor y en su propio interior, la cercanía de la muerte le hace replantearse sus equívocos. Es su intento de justificarse ante ese joven envejecido que lo ha estado difamando durante años y del que no sabremos la verdadera identidad hasta el final de la novela.

En este monólogo de ciento cuarenta y un páginas, en el que no hay ni un solo punto y aparte, la literatura y Chile son las piedras angulares de los recuerdos de Sebastián Urrutia Lacroix. En ellos aparecen personas tan dispares como Neruda o Pinochet, con los que vivió episodios de lo más rocambolescos años atrás. Precisamente, la parte dedicada a las clases sobre comunismo que el sacerdote imparte al dictador chileno y a otros miembros destacados de su gobierno, como el general Leigh, el almirante Merino y el general Mendoza, es de lo mejor de la novela, ya que en ella Roberto Bolaño desata su sentido del humor —hasta entonces, más comedido— sin dejar de lado su crítica soslayada a la aciaga situación de su país y de América en general en aquel momento.

A pesar de ese torrente de recuerdos, hay silencios obstinados que Sebastián Urrutia Lacroix no llega a romper del todo. Y es en esos silencios donde está la clave del relato de su vida. Porque una cosa son la sucesión de anécdotas que nos cuenta y otra muy distinta lo que realmente quiere confesar. Será el lector el que tendrá que rellenar los huecos que deja por el camino, reordenar algunos episodios y reinterpretar algunos otros. Bolaño en estado puro, diría yo, que ya lo voy conociendo.

Reconozco que el primer tramo de Nocturno de Chile me cautivó por completo. Sin embargo, en algunas partes, la narración sin (aparente) rumbo se me hizo cuesta arriba. Y eso, a una novela tan corta, le resta muchos puntos. Así que sigo sin saber si me uno al club de fans de Roberto Bolaño. Tendré que esperar a ver qué otras obras reedita Alfaguara o probar con alguna de las que ya han recomendado mis compañeros . Algo me dice que el libro que me hará rendirme a los pies de Bolaño me está esperando. Y yo estoy deseando dar con él.

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Recordarán tu nombre, de Lorenzo Silva

Recordarán tu nombre

Recordarán tu nombreLos literatos españoles siguen demostrando que pese a haberse contado casi todo sobre la Guerra Civil, aún siguen quedando héroes a los que es necesario rescatar del anonimato para rendirles el homenaje que en su día les fue negado. Esta vez le llega el turno al general José Aranguren Roldán, máximo responsable de la Guardia Civil en Barcelona en tiempos de la sublevación militar del 19 de julio de 1936. El destino, siempre caprichoso, puso a este gallego a defender una plaza de vital importancia para la contienda. Su negativa al alzamiento y su defensa a la República y a la Generalitat, pero sobre todo a su honor y a su palabra, es uno más de los episodios que el tiempo y la memoria han borrado de nuestra historia.

Lorenzo Silva, siempre dispuesto a homenajear la labor de la Guardia Civil, aparca por el momento a los ficticios Bevilacqua y Chamorro para centrarse en un personaje real, cuya historia da cuerpo a esta novela-homenaje titulada Recordarán tu nombre. Lorenzo comienza contando al lector cómo llegó Aranguren a su vida y por qué decidió escribir sobre su figura. Y no esconde en ningún momento sus intenciones al lector; la historia de Aranguren acaba mal, como acaban muchas de las historias ocurridas entre 1936 y 1939. Pero para llegar a ese punto clave del 19 de julio de 1936, hay que esbozar la trayectoria de este gran hombre, desde su nacimiento en 1875 hasta su fusilamiento en 1939, pasando por una impecable carrera dentro de la Benemérita tanto en territorio africano como español.

El autor aprovecha los primeros capítulos (sublimes, a mi entender) para presentar la figura de Aranguren, pero también para contar la historia de sus dos abuelos paternos y la familia consiguiente. Los dos parientes de Lorenzo no dejan de ser meros actores secundarios en esta historia, pero que se cruzaran, aunque fuera mínimamente, en la vida de Aranguren es la excusa perfecta para demostrar la admiración que por ellos siente y que tan bien queda reflejada en estas líneas. Los capítulos van pasando y la figura de Aranguren va cogiendo forma. La campaña africana, siempre polémica, y la no menos discutida II República, empiezan a definir el papel que José Aranguren y su rival en esta historia, Manuel Goded (General sublevado), protagonizarán en la sublevación. La vida de ambos se desgrana mientras se cuece a fuego lento el momento crucial que pondrá en una encrucijada a ambos y cuyo resultado marcará el devenir de la contienda.

En su afán por contar con todo lujo de detalles lo sucedido en Barcelona esos días, Lorenzo Silva bucea entre informes, crónicas, memorias y ensayos, para terminar creando un relato de lo más realista. Sin embargo, esa sobredosis de información puede hacerse pesada para el lector. Llega el momento cumbre de la historia y uno se pierde en el maremágnum de cargos, nombres, hechos y momentos relevantes de la sublevación fallida en Barcelona. Porque uno se ha encariñado de Aranguren. Incluso quiere saber un poco más sobre Goded. Pero el resto de personajes que participan de esos días cruciales empiezan a desvirtuar el sentido que se presuponía a la lectura, convirtiendo la biografía de un héroe en una exhaustiva y detallada crónica de guerra. Aun así, y puestos a elegir, prefiero encontrar el defecto en el exceso que en la carencia.

Pero esta pequeña grieta no logra empañar un libro bien escrito y bien montado, que culmina con unos capítulos finales cargados de emotividad. Una emotividad que hacía años que no me transmitía un libro, y que confirma lo que pocos ponen en duda, que Lorenzo Silva es un gran contador de historias. Por Recordarán tu nombre pasan un sinfín de personajes, muchos buenos y otro gran número de malos, pero que pese a todo forman parte de nuestro pasado, ese pasado que algunos quieren tapar y otros tampoco se esfuerzan en recordar. Y ese pasado, además, vuelve a ponerse de actualidad, pues leyendo esta historia es imposible no extrapolarla a la situación que vivimos actualmente en Cataluña. ¿Cómo actuaría hoy en día Aranguren? Es difícil y atrevido hacer predicciones, pero gracias al perfil que crea Lorenzo, la tarea se facilita bastante. Y por eso creo que un libro así se convierte en una lectura necesaria, aprovechando para aprender las lecciones de vida que personajes como Aranguren todavía nos pueden regalar. Y de paso, disfrutar con este homenaje que se hace a su persona y a la gran cantidad de héroes que el tiempo y el olvido han sepultado.

Siento que contar historias es justamente esto: encontrar la conexión que logra reunir a los seres humanos más allá del tiempo y el espacio

César Malagón @malagonc

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Cartas de amor de músicos, de Kurt Pahlen

Cartas de amor de músicos

Cartas de amor de músicosEl enorme talento de músicos de la talla de Mozart, Beethoven, Haydn, Puccini y un largo etcétera, y todo cuanto nos han legado, parece obra de hombres que no pueden ser sino de otro mundo. Casi divinidades. Una suerte de mitos modernos que, desde finales del siglo XVIII y hasta el siglo XX, han dejado su huella en la historia universal de la música a través de unas composiciones geniales. Pero todas estas obras, en realidad, pertenecen a hombres profanos, hombres con miedos, alegrías, inseguridades, caprichos. Hombres terrenales que, tras las puertas de sus dormitorios, se desnudaron en cuerpo y alma hacia un sentimiento, este sí, divino: el amor.

Cartas de amor de músicos, editada por el musicólogo Kurt Pahlen, recoge entre sus páginas la correspondencia que mantuvieron estos músicos con sus amadas, muchas de ellas, inspiradoras de sus enormes creaciones musicales. Un elaboradísimo trabajo de documentación en la que el autor nos transporta a la época de cada uno de los músicos y nos abre esas puertas de sus dormitorios para encontrar al hombre temeroso, enamoradizo o lleno de celos que se esconde tras las notas de los pentagramas. En cada una de las cartas o fragmentos de diarios personales descubrimos la personalidad de cada uno de ellos y el tipo de relación que mantenían con su correspondiente amada. Así, en Mozart se aprecia la ingenuidad y la siempre buena actitud, aun en momentos de enfermedad, que demostraba hacia su querida Konstanze. Entre su correspondencia nunca faltaban palabras llenas de cariño infantil, reflejo de su amabilísima personalidad, con ingenuos juegos léxicos que entre ellos inventaban:

«Pesca por el aire… vuelan 2.999 besitos y medio míos que esperan ser cazados. […] y abrimos y cerramos los morros, cada vez más y más para acabar diciendo: es por Plumpi-Strumpi».

Frente a las críticas siempre escrutadas hacia la joven Konstanze por muchos historiadores, Kurt Pahlen defiende su persona por ser, en gran medida, la causante del buen estado de ánimo de Mozart y aquella que le propició crear sus grandes obras como Las bodas de Fígaro o Don Giovanni.

En este repaso epistolar por la historia de la música, el autor nos presenta la situación personal de cada músico y de este modo contextualiza tanto el tiempo que viven como la relación mantenida con la amada. Con una amena introducción para ponernos en situación, Kurt Pahlen nos da las claves de cada músico y nos hace conocer su biografía y la época que les tocó vivir. Nos menciona el modo en cómo llegaron a conocerse las felices parejas y nos acompaña, casi a hurtadillas, hacia los rincones íntimos donde el músico escribía bajo la luz de una lámpara. A través de sus escritos podemos apreciar la impronta que dejó en ellos el Romanticismo, de ahí que sus cartas llegaran a poseer un carácter literario muy elevado y exaltado en figuras como la de Carl María von Weber, en las que en sus primeras misivas queda patente su profundo amor juvenil hacia su querida Karoline, mientras que en las últimas se refleja la tragedia y la desesperación del músico por regresar junto a los suyos.

Mención aparte merece la correspondencia de Beethoven. Es, sin duda, el relato del amor más elevado y distinguido entre sus homólogos. De una profunda emoción, sus palabras están llenas de sentimiento. Se desconoce la identidad de la destinataria, aunque Kurt Pahlen intenta esbozar, contrastando datos, fechas y localizaciones, la persona a quien el genial músico de Bonn dedicó las más emotivas palabras de amor recogidas en esta antología. Ella, su amada, recibe la sonora denominación de «amante inmortal», un noble título que no puede más que engrandecerse aún más con el arranque de tan romántica carta: «Mi ángel, mi todo, mi yo…».

Se trata de una carta triple, o tres cartas simultáneas, en las que el músico declara su leal amor por ella y, siendo un hombre tumultuoso de carácter, su creciente temor y desazón que le provoca el sentir que pueda perderla. Una suerte de Goethe se adivina en sus palabras. Tras la lectura de esta carta, uno se pregunta si todavía existe alguien que, llevado por la emoción del amor, escribe así. Me encantaría pensar que la respuesta es un sí rotundo, si no, ¿qué sentido tiene enamorarse?

«Solo puedo vivir o enteramente contigo o por completo sin ti. ¡Ninguna otra poseerá nunca mi corazón, nunca, nunca! ¡Oh, Dios, por qué hay que alejarse de lo que tanto se ama?

Si en Beethoven se refleja el influjo romántico de Goethe, en Héctor Berlioz destaca la figura del primer amor platónico que sintiera Dante hacia Beatrice. En el caso del músico, su pasión le conduce siempre hacia su primer amor, Stella Montis. Otras mujeres pasaron por su vida, pero siempre en sus pensamientos y su corazón late la esencia del regreso a ella. Es en su vejez donde consiguen reencontrarse y a través de la correspondencia mantenida. Otra de los grandes capítulos de este libro es el que recoge las cartas del músico español Enrique Granados, siempre dirigidas a su mujer y madre de sus seis hijos. El tono infantil recuerda a Mozart y en algunas de sus cortas temporadas de separación es donde el músico le escribe con enamoradizo fervor:

«Recibirás la carta el martes y el miércoles en vez de carta tendrás a tu Quique al ladito para decirte cosas ricas».

Cartas de amor de músicos es un romántico repaso por la historia musical de los más grandes compositores que sirve para conocer su psique, sus profundos anhelos y donde, al margen de estar dedicado en exclusiva a las cartas de ellos, también se aprecia el poder y fuerza de algunas mujeres que se convirtieron en reflejo de modernidad ante su época —léanse los capítulos dedicados a las amadas de Chopin o Franz Liszt— y que, en definitiva, el amor hacia ellas inspiraron sus grandes piezas musicales.

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La hora violeta, de Sergio del Molino

La hora violeta

La hora violetaEl duelo, como el amor, es una historia de dos en la que nadie debería entrometerse. Después de que su padre se suicidara, David Vann escribió una novela pequeña, del tamaño de una isla, Sukkwan Island, en la que diseccionaba a modo de hipótesis, “qué hubiera pasado si”, su propia relación con su progenitor. El resultado era una historia oscura y tortuosa, lírica pero violenta, donde los cuerpos pesaban, y las frases, las palabras, el dolor se descomponía. No era una hermosa visión. Y, sin embargo, era literatura y era duelo.

Tras la muerte de su hijo, Wolfgang Hermann compuso su Despedida que no cesa, una bella y breve historia en la que con un lenguaje que rozaba lo poético, si no era poesía en sí, atravesaba las heridas y lograba recomponerse. Por su parte, Joan Didion tuvo que convivir con la muerte de su marido y de su hija en apenas un espacio temporal de dos años. Su pérdida dio paso a dos de sus libros más famosos, El año del pensamiento mágico y Noches azules, que discurrían entre el ensayo, el diario personal y la literatura.

A medio camino entre ambos, entre lo poético de Hermann y el ensayo de Didion, con toques a veces de memorias, casi crónica periodística como defecto de profesión, Sergio del Molino, autor también de La España vacía, cuenta en La hora violeta, título que por cierto hace referencia a un verso de T. S. Eliot, la muerte de su propio hijo Pablo.

Desde ahí, desde la herida, y solo se me ocurre ese lugar para leer su libro, al menos con el respeto que se merece, cuesta diseccionar su novela. Entrometerse en el dolor ajeno, en algo que está escrito con tanta honestidad, sufrimiento y ternura. Y es que, a lo largo de sus páginas, el escritor madrileño entona una prosa sosegada, como un murmullo, una carta íntima y privada en la que cualquier intromisión, más allá de la de su lectura, podría tornarse de más. O al menos, cuesta pararse a cuestionar su lenguaje, el ritmo, la voz narrativa o los recursos literarios que utiliza. Que los hay. Porque La hora violeta es, además de dolor, literatura.

Escrita bajo el influjo de cierto control, donde la emoción está pero no explota anárquica, la novela de Del Molino tiene la delicadeza propia de quien compone movido por el amor más profundo. De fondo, Pablo, su enfermedad, los hospitales, las mejoras y las recaídas, el personal sanitario, los procedimientos, los viajes, el inmenso desasosiego de unos padres que temen lo que podría venir después. Y todo ello distanciándose del lamento fácil, legítimo, con un lenguaje contenido y literario, a partir del cual el periodista investiga su propio dolor, le pone cerco, lo recompone.

No creo que haya respuesta para tanto, en realidad. Si, en palabras de Wolfgang Hermann, no puede ser, ni si quiera cabe en la mente. Lo que sí hay, probablemente, es necesidad. También hay belleza en La hora violeta porque hay literatura, porque de fondo subyace el infinito amor de un padre a un hijo. La escritura de Sergio del Molino invade las habitaciones de hospitales y recorre los recuerdos con absoluto mimo y elegancia. Su lectura te aprieta fuerte el alma. Encogida. Poco más se puede escribir al respecto. Salvo acompañarle en su pérdida.

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Messigráfica, de Sanjeev Shetty

Messigráfica

MessigráficaEs probable que, estando en una librería, hayas escuchado o incluso dicho alguna vez esa frase de «ya hay libros de todo». Si es así, estoy casi seguro de que al ver de qué trata este libro también lo dirás. Sí, es un libro donde se detallan a fondo todos los números de Messi. ¿Por qué de él? Porque, como defiende el propio autor, es el mejor jugador del mundo. Creo que de eso no hay duda. Yo añadiré algo más y acarreo con las posibles consecuencias: es el mejor de la historia.

En Messigráfica, un libro que se ofrece como la «Historia ilustrada del mejor jugador del mundo», encontramos todo tipo de estadísticas y comparaciones siempre centradas en la figura del argentino. Máximos goleadores de la historia con él como epicentro, máximos goleadores en un año natural, jugadores más veloces, más ligeros, jugadores más influyentes en Messi, zonas más habituales de juego, zonas de mayor influencia, minutos más habituales de gol en cada una de las competiciones, etc. Con esto ya te debes de poder hacer una idea de lo que hay dentro del libro. Pero no todo son números y es que el autor, Sanjeev Shetty, reputado periodista de la BBC, también añade la historia de Messi, habla de su trayectoria y su carrera futbolística siempre dejando un toque personal característico, el de quien tiene la opinión o la certeza de que nunca ha visto un jugador igual. Yo tampoco.

Shetty, a quien podríamos comparar con la figura española de MisterChip, trata también todos los datos en función del momento del jugador. Habla de los periodos de lesiones en relación a esos datos, incluso da sus razones del porqué de ese breve periodo sombrío: el querer jugarlo todo. Y todo ello acompañado de imágenes a todo color. Es cierto que probablemente se te haga raro – a mí también me ha pasado – encontrar una Messigráfica cuando el jugador aún está en activo. Imaginaba incluso que mientras lo leía los goles de Messi ya habrían crecido, igual que las asistencias, los minutos jugados, los kilómetros recorridos, los balones tocados. Pero el libro ya ha salido, es inevitable tenerlo en las librerías y por ello, si te gusta el jugador y, sobre todo, si te gusta la estadística en el fútbol, es una buena idea comprarlo.

Vale, entiendo que el fútbol sea aquello que nos distrae de problemas más gordos, que sea el archifamoso opio del pueblo. Pero dime, ¿y cuando lees una novela no lo haces también para distraerte, para evadirte, para ponerte por un momento en la piel de otro? Eso es el fútbol, una bocanada de aire, un abrazo colectivo que dura un rato, un grito desestresante antes de volver al mundo en el que estamos. Pero, eso sí, sin olvidar que hay que volver. No nos convirtamos en Don Quijotes del fútbol. Cada uno debería ser libre de escoger su distracción porque cada uno necesita tener la suya. Y cuando la encuentras, conseguir sacar de ella lo que te produzca una sensación de belleza, de arte, de pasión, incluso de amor. Eso pasa con el fútbol, y con miles de cosas más. Ahora piensa, ¿cuál es la tuya?

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Ennio Morricone. En busca de aquel sonido. Mi música, mi vida, de Alessandro De Rosa

en busca de aquel sonido

en busca de aquel sonidoMe encantan las bandas sonoras. De siempre. Son como una navaja suiza. Las puedes usar para todo. De pequeño me las ponía de fondo para estudiar y aislar el ruido del exterior y poder concentrarme. En el gimnasio me ayudan dando ese empujoncito en la espalda en los momentos en los que estoy a punto de tirar la toalla. Cuando limpias la casa o cocinas también hacen su labor. Hay una banda sonora para cada momento y cada momento tiene su banda sonora. Y hay bandas sonoras que no son otra cosa sino arte.

Si me hicieran una de esas preguntas chorras del tipo “¿cuál es tu compositor o banda sonora favorita”? no podría quedarme con uno. Me gusta el rompedor Hans Zimmer con sus innovadoras partituras para la trilogía del Batman de Nolan, e Inception (y la de Gladiator, por supuesto, aunque luego se plagie a sí mismo en Piratas del Caribe); el melódico Howard Shore con su excelente trilogía para la saga de Tolkien; las composiciones de Danny Elfman para Tim Burton (indispensable esa Pesadilla antes de Navidad); la alegre Fantastic Mr. Fox de Desplat; Elliot Goldenthal y su preciosa Entrevista con el vampiro; Clint Mansell y la hipnótica creación para The Fountain; Michael Giacchino y sus Increibles y la serie Lost… Por supuesto no se puede dejar de mencionar a John “vaca sagrada” Williams. Pero hay tantos y tantos que sería imposible enumerarlos.

Ahora bien. De entre todos, hay uno que destaca por encima de todos por derecho propio: Ennio Morricone. Todo un talento, un innovador y un gurú. ¿Quién no ha silbado alguna vez alguna de sus canciones de la trilogía del dólar? Seguro que conocéis a alguien que tiene o ha tenido esa musiquilla como tono de llamada. A decir verdad, yo las confundo cuando las oigo. No sé cuál pertenece a El bueno, el feo y el malo, cual es de La muerte tenía un precio y cuál de Por un puñado de dólares (pero mientras leía En busca de aquel sonido, las he localizado y escuchado para poder entender bien de lo que me hablaban en cada momento).

Morricone ha compuesto más de quinientas bandas sonoras, muchísimas de ellas están tan ligadas a la historia del cine y a nuestra cultura popular, que no concebimos esas películas sin su música. ¿Qué sería de Cinema Paradiso, por ejemplo, sin su sonido? ¿O de La misión? Cintas cuya música es inherente a ellas y de una belleza pocas veces conseguida en el terreno audiovisual. No serían las mismas. Incluso, como el propio Morricone dice, las escenas podrían hasta cambiar de significado según la música con la que se acompañaran las imágenes. ¿Recordáis la Amapola de Érase una vez en América? ¿O Los intocables y la escena del carrito cayendo por las escaleras? ¿O Los ocho odiosos y otras cintas (Malditos bastardos, Kill Bill)  en las que Tarantino ha cogido música ya creada por este genio? No serían películas tan grandes como lo son con el añadido de Morricone. Para nada.

Este libro es una biografía construida a base de conversaciones durante más de diez años entre Ennio y el compositor Alessandro De Rosa.

Este fue a una charla de Morricone y llegó cuando estaba a punto de acabar, pudiendo sólo oír la última pregunta:

–¿Qué piensa usted de los nuevos compositores?

–Depende, me mandan muchos cedés a casa, normalmente los escucho unos segundos y luego los tiro a la papelera.

De Rosa consiguió llegar hasta su ídolo para entregarle el cedé que llevaba, aunque al llegar a casa no confiaba que pasara nada más. Al día siguiente Morricone le llamó. Reconocía que tenía grandes dotes y que necesitaba encontrar un buen maestro; él no podía serlo pues no tenía tiempo.

Así empezó la relación entre los dos protagonistas de este libro.

Y en él descubriremos que Morricone primero quería ser médico y luego ajedrecista (una de sus grandes pasiones), pero que al ser su padre “trompista” (así se refiere el propio compositor), se vio obligado a dedicarse a la música:

“…más que de vocación, yo hablaría de adaptabilidad a la exigencia. El amor a mi trabajo fue llegando gradualmente.”

Conoceremos sus inicios como arreglista, sus comienzos en radio y televisión, sus trabajos como “negro” y, finalmente su salto al cine.

¿Cómo prepara Morricone sus composiciones? ¿Ve la película y toma notas o lee el guion, compone y modifica posteriormente? ¿Cómo se ha relacionado con directores de la talla de Bertolucci, Leone, Fellini, Eastwood, De Palma, Tornatore, Tarantino, Almodóvar, Oliver Stone? ¿Con cuál ha jugado más a ajedrez? ¿Qué opina de la música de hoy en día? ¿Qué es para él la música? ¿Cómo debe irrumpir en una determinada escena? ¿Por qué usar un instrumento y no otro? ¿Con qué directores se sentía más a gusto trabajando? ¿Cómo se siente cuando le rechazan algún trabajo o cuando ve que no han incluido alguna de sus creaciones en la película?

Un libro que permite un mayor acercamiento a la figura y pensamientos de este maestro entre maestros y que recomiendo leer con un ordenador cerca para localizar algunas de las canciones de las que se habla.

No puedo negar que en ocasiones la lectura de En busca de aquel sonido. Mi música, mi vida, en muchos momentos es complicada si no tienes, como es mi caso, conocimientos musicales de un nivel mayor que el de mero escuchante o aficionado, pues se dan frases (y la que cito ahora no es de las más complejas) en las que todo me parece chino:

“…enseguida me gustó la idea de un pedal de quinto grado que baja sobre una nota melódicamente “errada”, sobre el cuarto grado de la tonalidad en Mi mayor. Se creaba una disonancia entre el Si de la melodía y el La en bajo que sostenía, precisamente, un acorde en La mayor.”

Y repito, esta no es la frase más técnica.

No obstante, es un gran libro para conocer por dentro al hombre más allá del músico/mito y la carrera desde la nada hasta lo más alto de toda una institución musical que se levanta a las cuatro de la mañana para luchar contra la pereza y seguir trabajando en su amada música.

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