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Mao: la historia desconocida, de Jung Chang y Jon Halliday

Mao: la historia desconocidaSobre Mao Zedong (1893-1976) se han escrito muchas biografías. Desde que llegó al poder y se convirtió en el máximo dirigente de China, este personaje ha cautivado a gran número de historiadores y periodistas. A lo largo de su vida, Mao se labró una meteórica carrera política para llegar hasta la cima del poder: desde ser un simple estudiante que se abría paso en la China posterior a la caída del Imperio, se adentró en los engranajes de un partido comunista que avanzaba entre mil peligros, consiguió asumir su liderazgo en mitad de las devastadoras guerras que asolaron el país durante los años veinte y treinta, y se convirtió en el máximo dirigente y a la vez algo similar a un auténtico dios viviente. Es por esto que Mao es, sin lugar a dudas, un personaje fascinante a la par que oscuro. No es extraño, por lo tanto, que hayan sido muchos los que hayan intentado estudiar su figura.

Visto por unos como el constructor de la China moderna, y por otros como un tirano que emulaba a los antiguos emperadores, parecía improbable que todavía surgieran nuevos estudios. ¿Qué quedaba ya por escribir? Pero lo cierto es que, coincidiendo con el 40 aniversario de la muerte de Mao, se reedita una obra que ha marcado un antes y un después. La historiadora Jung Chang, y su marido, el profesor Jon Halliday, se propusieron reescribir la historia de Mao, pero desde una perspectiva nueva. Durante más de diez años, se adentraron en los archivos chinos, que recientemente habían sido abiertos a los historiadores (aunque consideraron mejor no revelar el origen de sus fuentes documentales), y realizaron infinidad de entrevistas a personajes que conocieron a Mao en vida, construyendo una nueva biografía que venía a presentar una imagen totalmente innovadora del dictador chino. Sus autores eran conscientes de lo que se traían entre manos, así como del impacto que su libro podía generar, y no fue para menos. Las críticas fueron deslumbrantes, a la par que feroces, por lo que esta obra no ha dejado indiferente a nadie.

En Mao: la historia desconocida, Chang y Halliday analizan la vida de este personaje desde su imagen más íntima, adentrándose en el hombre más que en el líder. Superando viejos tópicos e ideas enquistadas, sus autores nos presentan lo que ellos llaman “la historia desconocida”; un retrato, en esencia, realmente intimista. Mao aparece a nuestros ojos como un joven ambicioso, inseguro e idealista, que poco a poco se adentra en un mundo repleto de ambiciones, peligros y traiciones. Tomando parte en la construcción del Partido Comunista Chino (PCC), Mao empieza a madurar y aprender del terror estalinista, asumiendo el control de un partido perseguido, pero que poco a poco se abre paso en esa China convulsa. Imponiéndose a los grandes desastres que vivió el territorio chino, como la invasión japonesa, o la guerra civil con el otro gran partido, el Kuomintang, Mao ganaba cada vez más influencia y poder, eliminando del camino a todo aquel que pudiera entorpecer sus grandes planes. Pero sus autores no se detienen aquí. De hecho, se centran también en analizar su lado más humano: sus amores, su familia, y su relación con la que fue su esposa, su aliada y a la vez uno de sus mayores quebraderos: madame Mao, la despiadada Jiang Qing.

En sus más de setecientas páginas de relato, Chang y Halliday destruyen el mito de Mao y desmenuzan algunos de sus grandes logros. La Revolución Cultural, que sin duda fue su gran obra, se nos presenta como la Gran Purga, un movimiento personalista organizado por Mao y su esposa para mantener un poder que empezaba a perder, eliminando así a todos aquellos amigos y camaradas de antaño que ahora parecían estar relegándole a un futuro incierto. Del mismo modo, nos adentramos en los momentos más íntimos del dictador, en una historia no oficial a la par que incómoda de un personaje que hoy en día sigue siendo adorado por miles de personas, y cuya imagen y cadáver siguen todavía expuestos en la plaza de Tiananmen, centro de la capital china. Del mismo modo, su estela perdura en la China postmaoista, siempre interesada en mantener el viejo orden tal y como su creador lo dejó establecido. En definitiva, se trata de una biografía imprescindible, durante muchos años descatalogada, que vuelve a las librerías para revivir la historia de una figura fundamental en el siglo XX: un idealista y un oportunista; un líder y un tirano; un dios viviente y un simple hombre…

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Despedida que no cesa, de Wolfgang Hermann

Despedida que no cesa

Despedida que no cesaLejos de lo que nos puedan contar, no existe un orden natural para que algunas cosas sucedan. No hay fechas, ni puntos finales, ni si quiera comas, que marquen el ritmo de los acontecimientos. A veces sucede que es solo una frase que acaba de empezar. Unas palabras que no alcanzan a ser un todo y se interrumpen. Sin complementos ni verbos. No hubo tiempo para la acción. Como un sendero de letras inconcluso e irracional que desemboca irremediablemente en el abismo, casi en el sinsentido, de una página en blanco, y de la que solo queda un sujeto.

En Despedida que no cesa, traducida al español por Richard Gross y publicada ahora por Periférica, Wolfgang Hermann trata de completar esa oración, ese absurdo grotesco y absoluto que supone en su vida la muerte repentina de Fabius, su hijo adolescente, y que lo ocupa todo por completo. Después, lo que queda es el tiempo. “Una vez rota –escribe el autor–, la luz del verano no volvía”. O, más adelante: “Solo la nieve iluminaba los días, pero le quitaba todo el espacio”.

Hermann que, después de este trágico acontecimiento, funde su existencia con la naturaleza y el paso de los meses, se convierte en alguien incorpóreo, un ser sin piel, abandonado, que observa mientras todo lo demás le atraviesa. Su transformación en narrador es casi absoluta. Apenas hay lugar en su texto para la persona ni para su presente. Allí, incluso en el futuro, todo es pasado. Su prosa, aunque trágica, es una letra sosegada y poética, contemplativa, que se desliza delicadamente como el transcurso de unas estaciones a otras, mientras se enreda con los recuerdos de su difunto hijo, su relación con él y el eco de la historia de amor de la que fue fruto. De fondo, resuena la voz de los momentos vividos, el pasado feliz, algún remordimiento, los reproches y los instantes que le pesan.

Sin embargo, su dolor, eclipsado por el paso del tiempo, no es el de la herida abierta, sino más bien el de la cicatriz. Un pesar más difuminado, contenido y encerrado en sí mismo que, aludiendo al título, no cesa por mucho que lo atraviese el tiempo. No en vano, el escritor austríaco tuvo que esperar toda una década antes de poder escribir sobre esa gravedad, tan “hueca por dentro”, que no tiene palabras. En esto, me recuerda un poco a David Vann. Al menos, como Hermann, también el estadounidense necesitó más de diez años para terminar su primera novela, Sukkwan Island. Su escritura era su duelo, el lugar donde volver para poner orden al suicidio de su padre.

Es así como, en cierto modo, los dos escritores investigan a partir de la naturaleza y el entorno que les rodea sobre la muerte, el dolor y el peso de algunas ausencias en la existencia de los demás. Son las dos caras de una misma moneda. Hijo y padre. Pero, probablemente también porque las circunstancias de ambos difieren y así lo piden, mientras Despedida que no cesa es extremadamente lírica y sosegada y centra su mirada en una reflexión real sobre su propia existencia y la de su hijo, Sukkwan Island es una visión violenta y oscura que se abre paso a través del relato ficticio.

Con todo, lo cierto es que el texto de Wolfgang Hermann se aleja de la oscuridad del invierno y abre su cielo gris a la luz del verano, aunque sea pasajera, donde por haber hay espacio hasta para el cantar de los mirlos, mientras busca la manera de recomponerse al dolor. Su lenguaje es el del amor más profundo y respetuoso hacia el hijo perdido. De ahí que exista una belleza desgarradora y una elegancia intencionada entre sus líneas. Hasta la pena y las heridas resultan hermosas gracias a la voz poética de quien escribe. Como si por encima del duelo y la tristeza quedara la necesidad de mantener esa luz, aunque sea la del recuerdo, que, como la nieve, también ocupa todo el espacio.

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La virgen roja, de Bryan y Mary M. Talbot

La virgen roja

La virgen rojaDesde hace algunos años, la novela gráfica ha empezado a salir de la introspección autobiográfica y la ficción más fantasiosa para adentrarse en la vida de los demás y la historia de otros lugares. Ahí están, por ejemplo, las impagables crónicas de Joe Sacco, los reportajes de Emmanuel Guibert, o las biografías de A. Dan y M. Le Roy. La pareja formada por Mary M. Talbot y su marido Bryan han publicado tres biografías consecutivas que han cosechado premios y encendidos elogios, y hoy os traigo la última de ellas.

La virgen roja nos habla de un breve episodio de la historia que pudo cambiar el curso de ésta y que, como tantos, quedó en sueño roto o en pesadilla exorcizada, según a quién preguntéis. Hablamos de la Comuna de París, que, pese a su relevancia y a que sucedió hace apenas siglo y medio, no es una historia muy conocida por estos lares.

Lampedusa acuñó esa frase inmortal de “que todo cambie para que todo siga igual”, y eso es algo que acostumbra suceder con las revoluciones. Así, en Francia se decapitó un rey para que acabara ocupando su lugar un emperador, Napoleón III. En ésas estamos cuando una serie de sucesos en los que, por pereza y desconocimiento, no vamos a entrar, condujo en París a un efectivo vacío de poder del que se aprovecharon los obreros, los antimonárquicos, los anarquistas y las milicias ciudadanas para instaurar la Comuna de París, que anarquistas y comunistas se disputan desde entonces como el primero de sus triunfos. El personaje más carismático de aquella Comuna fue la educadora, poeta y líder social Luoise Michel, conocida como la Virgen Roja.

De manera un tanto desconcertante, Mary Talbot, la guionista, decide abrir y concluir esta excelente novela gráfica con un curioso personaje histórico, Franz Reichelt, un sastre austriaco destinado a un trágico final. La figura de Reichelt, a quien no vemos más que en esos dos momentos, sirve quizá a Talbot para acentuar el valor y la abnegación de Michel. Tanto uno como otra han sido definidos de manera errónea como soñadores, cuando en realidad ambos dieron una patada a los sueños y se lanzaron de lleno a la lucha con la realidad, aun a riesgo de perder la vida. Quiso el destino, injustamente o no, que uno de ellos pasar a la historia como una mera nota a pie de página que dice “loco”, y que la otra, de manera indiscutible, se convirtiera en una leyenda de la lucha en favor de los oprimidos.

Pocas personas son capaces de ser consecuentes con sus ideas y principios hasta el punto de sacrificar su bienestar, su libertad y su ida. Louise Michel, arrestada por incitación a la violencia, entre otros cargos, exigió al tribunal que la juzgó que la condenara a muerte, y lo hizo con unas palabras que han pasado a la historia y que las ilustraciones de Bryan Talbot hacen aún más memorables.

Dado que parece que todo corazón que late por la libertad sólo tiene derecho a un poco de plomo, exijo mi parte. Si me dejáis vivir, no dejaré de clamar venganza…

El tribunal, sin embargo, decidió deportarla a Nueva Caledonia, donde Michel continuó con su lucha al lado de los desfavorecidos.

Con un gran sentido narrativo, una estructura en flashback enmarcada dentro de una conversación que tiene lugar precisamente el día de su funeral, con sus excelentes ilustraciones que hacen uso de apenas cuatro colores, y con unas interesantísimas notas finales, La virgen roja es una gran lección de historia en forma de novela gráfica.

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La triunfante, de Teresa Cremisi

La triunfante

La triunfanteCuando era pequeña le dijeron que mencionara tres animales al azar. Y ella dijo: un delfín, un tigre de bengala y un erizo de mar. El primer animal la representaba a ella. El segundo, era lo que ella querría ser en un futuro. Y el tercero, lo que realmente llegaría a ser.

Esta es la historia de una mujer que cruzó fronteras para poder encontrarse a sí misma. La historia de una niña nacida en Alejandría que tendrá que apañárselas para sobrevivir en un mundo de hombres en el que a las mujeres no se les permite triunfar.

No sé por qué me decidí a leer La triunfante. Quizá fue porque me apetecía alejarme un poco de las novelas de fantasía que tanto me gustan. Tal vez porque cuando veo alguna publicación nueva de Anagrama no puedo evitar dar saltos de alegría. O podría ser porque necesitaba leer una historia donde la mujer saliera vencedora de su propia vida.

Teresa Cremisi ha sido editora durante toda su vida. Por sus manos han pasado obras brillantes que, gracias a ella, se han visto expuestas en las estanterías de las mejores librerías del mundo. Tiene que ser frustrante tener alma de escritor y dedicarte únicamente a editar los textos de otros. Por eso un día Teresa decidió que ya era hora de dar el salto. Y así fue cómo nació La triunfante. Cremisi nos presenta una obra semi-biográfica, que nos deja ver un poquito de su vida, aunque sin abandonar la ficción. Es una novela BELLA. Nunca se me había ocurrido utilizar este calificativo con ningún libro, pero esa es la palabra que se me ha estado viniendo a la mente mientras leía las escasas doscientas hojas que tiene esta obra. Es un libro lleno de belleza, de sensibilidad, de ternura. Y eso es muy difícil de encontrar hoy en día. Tal vez sea porque en esta obra los diálogos brillan por su ausencia y todo nos lo cuenta la protagonista en primera persona, dejando que nos adentremos en sus pensamientos más profundos y viviendo la historia desde el punto de vista más sincero posible. O puede ser también por todos los lugares que recorre la protagonista, todos bellos a su manera. O por la época en la que lo hace —mediados del siglo XX— en la que, después de haber superado una guerra mundial, hasta la flor más mediocre debe ser contemplada con admiración.

Como decía, la protagonista nace en Alejandría. Allí vive con su familia, con la que tiene una relación envidiable. A ella le queda el recuerdo de ir a comer erizos de mar junto a su padre. Pero cuando una gran crisis asola su país, su familia se ve obligada a emigrar a Milán. Cuando llega a Europa, descubre que los hombres de aquí no son tan diferentes a los que la rodeaban cuando vivía en Alejandría. En Milán las mujeres solo tenían la meta de estar hermosas, de lucir a la moda y de ir del brazo de algún hombre aparente. Milán le gustó mucho, le encandiló esa pasión por la belleza, pero lo cierto es que ella quería destacar como escritora, no por ser la mujer de alguien. Ella no quería ataduras, ni hombres a su lado que la constriñan, no quería ser esclava de nadie. No quería dueños. Gracias a las grandes obras de la Literatura universal, descubrió que ella también podía tener voz y voto en este mundo. Podía pensar por sí misma y lo iba a demostrar.

En París alcanzará ese éxito profesional que tanto anhelaba y conocerá el amor. Y se acordará de aquello que le dijeron cuando era pequeña: había sido un delfín, libre, apasionado; su meta de llegar a ser un tigre de bengala no le dejaría apreciar lo bueno de la vida, le llenaría de frustración. Pero algún día aprendería a ser un erizo de mar. A vivir sin complicaciones, disfrutando del placer de existir.

La triunfante es un libro que te deja con un muy buen sabor de boca, que terminas con una sonrisa. Es un libro lleno de optimismo y, como decía antes, que habla sobre la belleza. Nos enseña que la capacidad de superación es algo que siempre está presente, aunque pase desapercibido. Y nos enseña que no hay mayor suerte que la de haber nacido con una mente inquieta y con alma aventurera.

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Frida Kahlo, una biografía, de María Hesse

Frida Kahlo, una biografíaHay veces que como un libro se meta en la cabeza, me pongo un poco en modo obsesiva non-stop y allá que voy. En cuanto lo tengo entre mis manos tengo que leerlo, sin pausa sin mesura y sin control. Como una auténtica pirada. Afortunadamente, los libros con los que me pasa suelo poder acabarlos en el mismo día. No me ha ocurrido lo mismo con libros tipo Ulises o Guerra y paz. Menos mal, porque sería demasiada locura pretender leerlos de una sentada. No me retéis, ¿eh?

Hace un rato hablaba con mi hermana sobre Frida Kahlo y es que a las dos nos parece que, de algún modo, la figura de esta genial mujer está un poco de moda. ¿No os lo parece? De un tiempo a esta parte he visto todo tipo de merchandising sobre ella: vestidos, camisetas, libretas, cojines…etc. ¿A qué se debe? Francamente, ni idea. No es que se celebre ningún aniversario este año ni nada por el estilo, así que este boom Frida no tiene una explicación, aunque esto no quita para que sea totalmente comprensible: Frida es mucha Frida.

No voy a venir a hacerme a la interesante, pero esta moda reciente me pilla lejos. Yo a Frida Kahlo la quiero desde mi adolescencia. Sí, digo que la quiero porque es para quererla. Recuerdo haber leído una biografía suya cuando tenía unos diecisiete años (lo que no recuerdo es cuál, porque hay muchas biografías de Frida, pero si lo supiera os lo diría). Desde entonces, Frida para mí es esa mujer fuerte, esa pintora y poeta, pura originalidad y sentimiento a la que admiro y entiendo. Frida es fuerte, pero a mí me ablanda el corazón. Podría decir que ella es una de mis debilidades. Frida Kahlo es enorme y el libro del que hoy os hablo está a su altura.

No voy a volver a decir aquello de que me encantan los libros ilustrados porque corro el riesgo de resultar ya pesada (santa paciencia), pero ya os he dado la pista: Frida Kahlo, una biografía no es una biografía al uso. Este libro nace de la admiración de la ilustradora Herman Hesse y el resultado es completamente maravilloso.

Supongo que, más o menos, todos conocéis a Frida. No sólo por esta reciente moda de la que os hablo, sino porque esta mexicana es bastante conocida mundialmente. Sus cejas, o mejor dicho, su ceja, su bigote, sus vestidos y flores son algunas de sus señas de identidad. Sus cuadros, principalmente autorretratos, también son bastante famosos. Seguro que algunos os suenan mucho.

María Hesse nos invita a conocerla a través de sus ilustraciones. Lo que se cuenta en Frida Kalho, una biografía es una mezcla de la vida real y aquella que Frida inventó. Un paseo de la mano de esta ilustradora por una vida fascinante llena de angustia y de dolor, pero también de amor y esperanza. Las ilustraciones de María Hesse que acompañan los textos son preciosas. Son tan naif y tan monas que hacen que este libro pase a ser uno de mis libros ilustrados favoritos. Y ya os he dicho que me gustan muchísimo estos libros (¿Otra vez? ¡Qué tía más pesada!)

La vida de Frida Kahlo no fue todo lo fácil que ella se merecía. Pero claro, ¿quién no se merece una vida fácil? Quizá, sin todas esas contrariedades no hubiésemos conocido a la Frida que hoy conocemos, pero estoy divagando mucho. Frida tuvo una vida complicada, pero ella fue una mujer tremendamente fuerte que nos ha dejado mucho más que su dolor. Ella misma dijo que había sufrido dos grandes accidentes a lo largo de su vida: el que sucedió en 1925 cuando el pasamanos del autobús en el que viajaba atravesó su cuerpo al chocar contra un tranvía y que la dejó durante más de un año en cama con secuelas irreversibles; y el conocer al que fue el gran amor de su vida, el también pintor Diego Rivera. En la vida de Frida, tanto el dolor físico como el dolor psíquico que le provocaba el, permítanme decirlo, sapo-feo-e-infiel de Diego Rivera fueron sus dos mayores constantes.

Una mujer que sufrió, pero que supo disfrutar al máximo su vida. Y aunque durante toda su existencia los dolores la acompañaron, siempre me ha fascinado que en su último cuadro, pintado mientras estaba postrada en la cama, aparezca la inscripción “Viva la vida”. Esa era Frida: pura vida. Y este libro, Frida Kahlo, una biografía, es un homenaje precioso que también rebosa vitalidad ¡Viva Frida!

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14. La autobiografía, de Johan Cruyff

14 La autobiografia

14 La autobiografiaEn un momento determinado de 14. La autobiografía, Johan Cruyff escribe que no cree que los futbolistas sean tontos, al contrario de lo que muchos piensan. Una de las cosas que quedan claras con este libro, que se publica medio año después de su muerte, es que él, al menos, no parece que lo fuera. Eso y que no tenía pelos en la lengua.
No sé si el eterno 14 de la selección holandesa tenía pensada esta autobiografía antes de que le diagnosticaran el cáncer de pulmón que acabó con su vida. Pero sí está claro que la escribe o al menos la termina durante esos meses, que van de octubre de 2015 a marzo de 2016, y por ello durante todo el relato la impresión general que tiene el lector es la de estar asistiendo a un resumen vital, al lento descenso del telón de una gran obra por parte del tramoyista. Este aliento, que atraviesa la obra, hace que parezca redonda, completa. Y en cierto modo lo es, porque toca todos los palos Cruyff, desde la paternidad a los negocios, pasando incluso por el nacionalismo y su particular visión del “problema catalán”. Habla mucho de su fundación, de su admiración por el modelo deportivo estadounidense y, un poco menos de lo esperado, de fútbol.
Así que, más acertado en algunas ocasiones que en otras, consigue no quedarse en el recuento anecdótico de su carrera como futbolista o sus logros como entrenador. Y eso que, al contrario que la biografía de Charly Wegelius que ya pasó por aquí hace poco, el retrato que hace Cruyff de sí mismo sí que es el retrato de un ganador: tres veces campeón de Europa de clubes como jugador, una como entrenador, triple vencedor del Balón de Oro… y un largo etcétera. No demuestra mucha modestia durante el texto, todo hay que decirlo, pero tampoco parece condescendiente ni complacido. Admite las derrotas como una parte del juego y se descubre como un defensor del trabajo duro, por encima del talento, como clave del éxito.
Enlaza ahí con el verdadero eje del libro, al que regresa regularmente: su visión del fútbol, lo que se dio en llamar Fútbol Total y que tuvo su momento cumbre en la selección holandesa de la primera mitad de los setenta. Aparte de un capítulo entero dedicado a técnica y táctica, Johann va desgranando desde el minuto uno hasta el descuento sus ideas sobre cómo manejar un club de fútbol, dentro y fuera de la cancha. Por ese lado me parece insuperable. Por supuesto hay manuales especializados más completos, pero, créanme, tengo la impresión de que no se puede superar a Dios hablando de Teología.
Aparte, para los que busquen amarillismo, anécdotas jugosas, el libro también las tiene. Cruyff no se preocupa por quedar bien con todo el mundo y lanza ataques directos tanto a la directiva del Ajax como a la del Barça que contó con él, así como a algunos colegas y rivales. Josep Lluís Núñez por el lado blaugrana y diversos gestores del Ajax, con Marco van Basten entre ellos, se llevan la peor parte. Estos ataques dejan por supuesto algunas dudas, como las derivadas del hecho de que volviera varias veces a aceptar puestos de responsabilidad en ambos clubes después de haber terminado mal con ellos otras tantas. Quizá ese detalle haga torcer el gesto a los más críticos.
Además de ello, los puntillosos echarán de menos un recuento más detallado de sus años como jugador (por ejemplo, los aficionados al Levante verán cómo despacha su temporada allí con apenas diez o quince palabras). Y claro que también los madridistas se sentirán un poco agraviados con algunas frases concretas, y sobre todo con la insinuación de cierto favoritismo por parte de las instituciones en la época tardofranquista.
Sin embargo, después de terminar 14. La autobiografía, si una cosa queda clara es que seguramente a Johan Cruyff las críticas, por válidas que puedan ser, no le habrían alejado ni un centímetro del texto que dejó escrito. Un testamento vital, una obra digna de su legado dentro y fuera de los terrenos de juego.

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Punk Rock Blitzkrierg, de Marky Ramone

Punk Rock Blitzkrieg

Punk Rock BlitzkriegLa batería es uno de esos instrumentos que jamás me he planteado tocar en mi vida. Mi falta de psicomotricidad puede haber influido en mi desidia hacia este instrumento, pero lo cierto es que podría nombrar a centenares de cantantes, guitarristas, trompetistas… ¡incluso bajistas!, pero me costaría horrores acordarme de media docena de baterías. Precisamente por eso, una de las cosas que más me han impresionado de Punk Rock Blitzkrierg, la biografía que Marky Ramone escribió con la colaboración de Rich Herschlag, ha sido la forma en que este ya veterano músico consigue transmitir su pasión por el instrumento al que ha dedicado su vida.

Es una biografía bastante al uso en su estructura, con todo lo bueno y lo malo que ello implica. Es lineal en su desarrollo, que abarca desde la infancia del pequeño Marc Bell en Brooklyn hasta sus últimos años sobre los escenarios, en los que todavía sigue, con su banda Marky Ramone’s Blitzkrieg. El repaso cronológico nos permite conocer sus travesuras de la infancia, las bandas que comienza a escuchar en su adolescencia, sus comienzos con la batería, los primeros grupos en los que toca (entre ellos, los muy recomendables The Voidoids), la forma en la que sustituye a Tommy como batería de los Ramones…

No sé si habrá sido porque ya ninguno de los Ramones originales puede desmentirle sus opiniones y anécdotas, pero Marky no se cortó un pelo en contar las rarezas y excentricidades de sus compañeros de banda. Como no podía ser de otra forma, en sus recuerdos hay mucho de sexo, drogas y (punk) rock aunque, personalmente, la confesión que más me ha sorprendido ha sido saber que los Ramones tenían por norma no colocarse antes de subir a tocar. Quién lo hubiera dicho. Sus recuerdos también ayudan a descubrir el porqué de algunas de las más crípticas canciones del grupo, como de la famosísima Blitzkrieg bob.

Es una biografía extensa y detallada, lo que no puedo negar que me sorprendió bastante, ya que esperaba otra cosa muy diferente. La primera vez que vi la portada y que imaginé lo que sería leer la biografía de uno de los Ramones me esperaba algo más visceral, gamberro, políticamente incorrecto…incluso mal escrito, por qué no decirlo. Pero todo lo contrario; lo que he encontrado en estas líneas ha sido una biografía sin grandes artificios estilísticos, muy correcta en este aspecto, pero que ha volcado todo su interés en el amor y la pasión de Marky por los bombos, los goliats, los crashes y los charles.

Por supuesto, como ya he comentado, esto no evita que en esta biografía se recojan decenas de anécdotas irreverentes y divertidas. También tienen cabida los malos momentos, como la tensa relación entre Johnny y Joe o el periodo de cinco años en el que Marky tuvo que ser expulsado de la banda por su adicción al alcohol. También hay mucha música, desde luego. Estas memorias están plagadas de referencias a los principales artistas y grupos de la época. De hecho, el glosario que incluye el libro ocupa unas veinte páginas, de las que la mayor parte de las referencias son de las bandas y los artistas que se van citando entre recuerdo y recuerdo, lo que deja como resultado un intenso repaso a la música popular desde comienzos de los años 70 hasta casi la actualidad.

Son muchas ya las biografías de músicos que llevo a mis espaldas. Las hay mejor y peor escritas, más y menos sinceras… A mí me gusta dividirlas en dos grandes grupos: las que transmiten pasión por la música y las que se limitan a contar lo vivido. Y en Punk Rock Blitzkrierg tenemos una de las primeras. Y por muy saturado que esté el mundo de la biografía, creo que las de este tipo nunca están de más.

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La historia de mis tetas, de Jennifer Hayden

La historia de mis tetas

La historia de mis tetasMe animé con este libro, primero, por el sugerente título y después, porque leí en algún sitio que para ser un lector maduro, hay que leer libros y formatos de todo tipo, atreverse con estilos que nunca leemos. Esta es una autobiografía gráfica. O sea, es la vida de la autora contada en viñetas. Yo no sé cuándo decidí apartar de mi vida lectora la novela gráfica o cómic, porque mira que he disfrutado con ellos. Yo me leí la Historia Forgesporánea con gran deleite, Asterix y Obelix me gustaban mucho. Me he paseado por la Rue del Percebe 13, me he reído con Mortadelo y Filemón y devoraba cualquier otro tebeo que cayera en mis manos. Adoro a Mafalda. Hasta me leí las Historias Bélicas aquellas, porque las tenía un primo mayor y en mi época había que aprovechar cualquier préstamo si querías saciar la sed de lectura.

La historia de mis tetas, es la historia de la vida de la autora pero dando protagonismo a sus pechos, que marcaron muchos acontecimientos importantes. Desde el capítulo uno en el que está sin tetas, claro: “nací sin tetas, solo los habituales pezones de talla universal. Por eso era feliz, tonta y libre” (este es el comienzo, para que os hagáis una idea del tono). Según Jennifer Hayden es una comedia dramática y creo que no hay mejor definición. Está llena de ironía, sarcasmo y sentido del humor, aunque de lo que estamos tratando, en general, no tiene ni pizca de gracia.

Las mujeres tenemos mucha presión con el tema de nuestras tetas. Cuando somos crías: porque no nos crecen lo rápido que queremos. Cuando las tenemos, nos preocupan su forma, tamaño o posición. Pensamos que las tetas nos definen como mujeres, y bueno, no dejan de ser un signo externo de nuestra femineidad. Nos machacan para que demos a nuestros hijos de mamar. Nos critican cuando lo hacemos en público. Nos ponen pingando cuando enseñamos las tetas, pero son el objeto de los masculinos deseos. Y de repente, cuando has logrado una construcción mental sana de mujer tetudamente estable y feliz, se desmorona todo, porque resulta que nuestras mamas tienen cáncer. ¡Cáncer! Nadie está preparado para eso. Nadie. Hay que vivirlo para saber lo duro que es. Nos podemos poner lacitos rosas, que animan, que te hacen saber que no estás sola, pero es jodido y una putada, y punto.

Pero he disfrutado mucho del libro porque le ha dado al tema un aire optimista, vital y esperanzador. Ha sido muy interesante y divertido ver crecer las tetas de Jennifer y con ellas, la vida de una niña, una adolescente, una joven estudiante, pareja, hija, madre y todos los papeles que nos tocan vivir. Ha pasado situaciones que todas reconocemos y las cuenta con mucho sentido del humor. Es un libro total y completamente sincero. No esconde nada. Nos cuenta las cosas tal como las vivió y sintió, es honesta, incluso cuando nos relata reacciones que tuvo que pueden considerarse como no políticamente correctas, o que desde la distancia no nos parezcan adecuadas. Ya nos enseña sus tetas, ¿qué necesidad tiene de ocultar el resto?

La autora ha realizado todo el trabajo, las ilustraciones y el texto. Se inició como redactora o escritora, pero se dio cuenta de que se expresaba mucho mejor cuando dibujaba lo que quería decir. Y la verdad es que queda muy claro. No usa más que el blanco y el negro, pero los dibujos están llenos de vida igualmente. Son muy clarificadoras y simpáticas las anotaciones fuera de los diálogos. No hablan solo las personas, sino que los objetos cotidianos también nos cuentan cosas. Está llena de guiños y simbolismos que te hacen sentir más cerca de Jennifer. Que no os eche para atrás su extensión, 336 páginas, para ser una novela gráfica yo creo que es bastante, pero tened en cuenta que hay que contar 43 años de una vida y por su formato, se lee muy rápido. Tiene otro libro, Underwire, que creo que solo está en inglés, que recopila las tiras cómicas que publicaba en una webcomic que se llama ACT-I-VATE y en las que ya contaba su vida, por si queréis echar un vistazo a su forma de trabajar. A mí me gusta.

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El amor del revés, de Luisgé Martín

el amor del reves

el amor del revesNo somos normales. Ninguno de nosotros. Afrontamos la vida como podemos, como nos enseñan, con unas cartas que no elegimos y que, si lo hacemos, pueden estar equivocadas. Y en ese ir y venir de ideas, de vivencias, de conocerse y reconocerse, está el dolor de lo vivido, de lo que nos deja agotados, exhaustos, sin aliento. No somos normales, ¿pero para qué queremos serlo? La normalidad está sobrevalorada. Creerse normal, pretender serlo, no es más que una batalla perdida de antemano, un error de cálculo, un defecto en nuestra sociedad. Oigo la palabra “normal” y no puedo evitar dibujar una sonrisa ingenua, como de niño pequeño, porque aquel que pronuncia esa palabra crea en ella. Porque al final la normalidad no deja de ser sólo un concepto que se aleja de lo que realmente queremos ser. No seres únicos e irrepetibles, sino imperfectos y con dudas. Porque si de algo trata El amor del revés es de las dudas, de la existencia interrogándose, del dolor de esa incertidumbre – bien sea aprendida bien vivenciada de improviso – que deja a un chico sin entender por qué le gustan los hombres, a un hombre que no consigue hallar la respuesta de qué ha hecho él para merecer esos sentimientos, de unos sentimientos que vuelven a ser tan actuales. Porque no hay que olvidar, nunca, bajo ninguna circunstancia, que ser homosexual en este país era visto poco menos que como una aberración. Y en el fondo, en ese fondo del vaso donde Luisgé Martín parece ahogarse en ocasiones, es donde se encuentra el grito que desde hace tiempo nadie ha dado y por fin se convierte en realidad.

No suelo centrarme en un libro que trate sobre las memorias de alguien. No suelo porque siempre he pensado que hay algo de falso en lo que estoy leyendo. Como si el autor no fuera honesto, como si le faltara la libertad suficiente para arriesgarse y contar las cosas tal y como son. Por eso, intrigado por el nuevo libro de Luisgé Martín, decidí leerlo con cierta perspectiva. No pude hacerlo. Desde la primera página uno se ve envuelto en un viaje empático por el dolor y encuentra escenarios que le resultan conocidos. Quizás tenga que ver con el hecho de que yo también sea homosexual; con que yo, en otra época distinta, pero muy cercana al mismo tiempo, me interrogara sobre las mismas cuestiones y observara a mi alrededor como el mundo cambiaba pero no veía cambios sobre lo que éramos o dejábamos de ser; o quizás es simplemente porque El amor del revés es tan sincero que en ocasiones duele, que por momentos te desgarra la garganta y lo único que deseas hacer sea gritar aunque no puedas porque lo que has leído te ha dejado mudo, sin poder reaccionar. Este es un libro sobre la homosexualidad, eso es cierto, pero no es menos cierto que lo que aquí se cuenta es una historia necesaria y una especie de puñetazo en la mesa para las conciencias de los que se presuponen con la autoridad suficiente como para criticarnos a todos y vilipendiarnos como si no fuéramos más que, en palabras del propio autor, una cucaracha convertida en hombre.

No tiendo a hablar de mi vida personal en las reseñas, y mucho menos a abrirme al público sobre lo que me gusta o me deja de gustar. Pero El amor del revés ha abierto una puerta que había permanecido cerrada durante demasiado tiempo. No sé las razones por las que Luisgé Martín ha escrito este libro. No sé si es un ajuste de cuentas interno, una manera de quedarse tranquilo con lo pasado para poder vivir con más liviandad el presente, pero lo que sí sé es que todo aquel que crea que las voces están para poner en evidencia aquello que no suele contarse, deben leer este libro. Porque no es una obra al uso, porque es innegable que observar cómo el dolor, la pasión, el amor, el sexo, la ingenuidad, la inocencia, y un sin fin más de conceptos se interrelacionan construyendo toda una vida, pero también toda una época en la que un país, una sociedad, un colectivo, tuvo que enfrentarse a todo y, prácticamente, a todos para llegar a lo que hoy tenemos en nuestras calles. Una voz, aunque ya lo he dicho, necesaria para todos los que no creen en los estereotipos sobre normalidad. ¿Normal? ¿Qué es ser normal en los tiempos que corren? Si alguien lo adivina que me lo hagan saber. Yo, de momento, volveré a sumergirme en el dolor por llegar a ser uno mismo sin tener que pedir cuentas a nadie.

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El indio, de Jón Gnarr

El indio

El indioIslandia es un país curioso. Tiene el tamaño de Corea del Sur y sólo un poco más de población que La Rioja. En 2008, a comienzos de la crisis económica, su gobierno decidió dejar que los principales bancos del país se hundiesen en lugar de rescatarlos y salió victorioso. Y quién no recuerda la espartana actuación de su selección de fútbol en la pasada Eurocopa, en la que tan sólo Francia, la selección anfitriona, pudo frenar a un equipo plagado de jugadores desconocidos para el gran público. Pero si hay un sujeto que confirma que en ese frío territorio son tan raros como cachondos, ese hombre es Jón Gnarr. Alcalde de Reikiavik entre 2010 y 2014, este cómico llegó al poder en la capital islandesa con su ‘Best Party’ (Mejor partido), desde donde hacía promesas como que en invierno no apagaría el sol o que construiría un parque de atracciones Disney en las cercanías de aeropuerto. Durante su etapa de regidor se ganó la simpatía y la admiración de su pueblo, así como de personajes tan populares y heterogéneos como Noam Chomsky o Lady Gaga.

Por suerte o por desgracia, El indio, libro que publica Funambulista en castellano, no cuenta nada de esto. Gnarr ya sacó en su día un libro al respecto de su mandato. Lo que narra en esta ocasión es el origen de todo. Sus orígenes, más bien. Y es que ésta es una autobiografía de las de verdad, de las que empieza desde el mismo instante en que el autor nace, ya que antes de ese día, según cuenta él mismo, no existía nada.

Las historias del pequeño Gnarr son contadas con un tono humorístico, pero eso no evita que en la mayoría de los casos sean verdaderamente trágicas. El cómico no oculta sus orígenes humildes ni las penurias por las que llegó a pasar su familia, tanto a nivel económico como de relación entre sus miembros. Sus primeras vivencias están escritas como si las narrase el niño que por aquel entonces era, un chaval con problemas psicológicos y con una visión del mundo muy particular. Es una especie de pequeño Nicolás (el personaje de René Goscinny, no el de Gran Hermano) aunque más solitario y asocial. Un chico con un fuerte dolor en su interior que va descubriéndose poco a poco a sí mismo, a percibir todo lo que le diferencia de la gente normal y a darle vueltas a su propia existencia. Gnarr es ante todo un inadaptado, un indio en un mundo de caubois.

Algunas anécdotas de su infancia me han recordado a otras mías, como el juego de cambiar las letras de las canciones por palabrotas en clase de música o los ratos a solas creando historias fantásticas con un Action Man. Creo que el mayor logro de Gnarr con este libro ha sido el de ser capaz de retrotraerse a su pasado fielmente, tanto en los hechos ocurridos como en la forma de contarlos.

Lo único negativo: me ha parecido que el libro va de más a menos. Quizás sea porque en las últimas páginas las aventuras y los pensamientos del joven Jon no sorprenden tanto como al principio, pero sí que he notado que se me hacían algo más pesadas. A pesar de ello, el balance general del libro es muy bueno, ya que logra ofrecer un relato ameno y diferente dentro del trillado mundo de las biografías. Y no sé a vosotros, pero a mí, después de conocer la historia de Gnarr, me han dado ganas de que aparezca un personaje así en nuestra vida política. No sé si ayudaría mucho a cambiar la situación económica o a limar asperezas en la cuestión independentista, pero estoy seguro de que nos reiríamos mucho más.

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PDM, de Pierre Paquet y Jesús Alonso Iglesias

PDM

PDMLos libros no siempre son lo que parecen. Utilizan su portada y su sinopsis para sugestionarnos y atraparnos, y cuando empezamos a leerlos, atrapados ya en sus redes, vemos que el interior es mucho más amplio de lo que esperábamos. Y esto es lo que me ha pasado a mí con PDM (Paquet de mierda), que empecé a leer solo por la curiosidad que me causó encontrar una novela gráfica con la autobiografía de un editor, en este caso el suizo Pierre Paquet (fundador de Les editions Paquet), y cuyo interior alberga muchas más (y mejores) historias que no esperaba encontrar.

Siempre he tenido la impresión que el gremio de los editores es bastante hermético, por eso pensé que este libro ayudaría un poco más a conocer su día a día y su trabajo. Y efectivamente, algo del oficio del editor está plasmado en ese trabajo. Vemos a Pierre empezando su andadura editorial en 1995 solo por ayudar a un amigo y vemos también como con los años conoce las mieles (y las hieles) de una profesión bonita y difícil a partes iguales.

Llama la atención la sinceridad con la que afronta el autor su propia vida. Lejos de darse autobombo y presentarse como un ciudadano absolutamente ejemplar, Pierre Paquet se descubre como una persona llena de fracasos, inseguridades y una autoestima más baja de lo deseable. Estamos ante una persona luchadora y soñadora, pero que no pierde ni un segundo en matizar o minimizar ningún detalle de su vida, por sórdido o insignificante que pueda parecer. Hay que reconocer que la presentación de su biografía es algo dispersa, pasando de un punto a otro sin orden cronológico aparente, solo diferenciado por unas viñetas especiales que sirven para separar una historia de otra, y que mucho tienen que ver con la secuencia inicial de la historia, con la secuencia que, una vez terminada la historia, da verdadero sentido a todo el trabajo del autor y el ilustrador.

Y aquí llegamos a la parte más importante del libro. Pese a que este trabajo se vende como la biografía de un editor de cómics, en realidad PDM es una preciosa historia de amor, de esas que te tocan la fibra y consiguen hacer que se te escape alguna que otra lágrima. Y no es una historia de amor entre Pierre Paquet y uno de sus innumerables ligues. No. Es la historia de amor entre Pierre y el fiel amigo que supo estar a su lado día y noche, compartiendo sus éxitos y consolando sus fracasos. Y ese amigo, como no podía ser de otra manera, fue su perro Fiston. Los que tenemos o hemos tenido perro sabemos el lugar tan destacado que estos ocupan en nuestra vida, tanto que en ocasiones anhelamos más su compañía que la que nos proporcionan amigos, amores o familia. Y es por eso que leer esta novela gráfica y no quedar absolutamente enamorado de sus protagonistas es algo bastante difícil.

Paquet de mierda tiene una nota general bastante alta, destacando sobre todo lo espectacular de su arranque y su desenlace. Y aquí el gran mérito reside en el trabajo de Jesús Alonso Iglesias, uno de los ilustradores españoles más destacados de la actualidad. Su dibujo es natural y dota de muchísima expresividad a sus personajes, que consiguen hacer llegar al lector infinidad de mensajes incluso sin la necesidad de que aparezca texto durante varias páginas.

Leí el otro día que un librero se acerco a Pierre Paquet y le dijo que su historia era muy difícil de definir a los clientes que preguntaban por él libro, así que decidió preguntarles a los posibles compradores si tenían perro. Si la respuesta era afirmativa les decía que compraran el libro con los ojos cerrados. Y con permiso del librero anónimo, creo que voy a seguir esa misma táctica. Si tenéis un perro, comprad esta novela gráfica. Es muy difícil, casi imposible, explicar por qué queremos tanto a nuestras mascotas, pero en PDM hacen una aproximación más que aceptable.

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Galería de asesinos sin alma: la estirpe de Caín, de José Manuel Frías

Galería de asesinos sin alma: la estirpe de Caín

Galería de asesinos sin alma: la estirpe de CaínHay veces en las que siento que tengo diferentes “mini yos” dentro de mi cabeza. Cuando veo un libro determinado, una de esas pequeñas individuas despierta de su letargo y empieza a dar saltos gritando: “ese, ese, quiero que leas ese”. El modo de pedir depende de la personita en cuestión. Las hay que son amables y me lo piden por favor, a la vez que me muestran una imagen de mí misma tirada en un sofá leyendo y rodeada de chocolate (qué feliz se puede ser con tan poco). O bien las hay tajantes y severas, que me dicen: “lo tienes que leer y punto”. Cuando me topé con Galerías de asesinos sin alma: la estirpe de Caín fue mi yo criminalista y morbosa la que se colocó delante de todas las demás, abriéndose a empujones, y me dijo que no se iba a mover hasta que lo leyera. Se puso seria y me dio hasta miedo. Así que no era negociable. Lo tenía que leer.

Y esa es la pequeña historia de cómo he llegado hasta aquí. Pero antes de empezar, tengo que hacer una advertencia: no vengo a hablar de un libro bonito o entrañable. Tampoco de historias idílicas y fabulosas. Ni de misterio. Y mucho menos de chico conoce a chica. Vengo a hablar de sangre, de vísceras, de muerte. De finales horribles y mentes enfermas. De sádicos, caníbales, parricidas, violadores, viudas negras. De lo mejor de cada casa, vaya. Todos estos componen la estirpe de Caín, el virus de nuestra sociedad, las historias para no dormir.

Leyéndolas, no podía parar de pensar en el mérito de su escritor, José Manuel Frías, periodista malagueño que se ha dedicado a reunir los horrores más sangrientos de todos los tiempos en un solo libro. No me quiero ni imaginar lo difícil que tuvo que ser documentarse sobre todos estos individuos. Ya he contado en alguna ocasión que estudio la carrera de Criminología, por lo que estoy ya un poco hecha a estas historias. Pero lo cierto es que hay alguna que me ha resultado escabrosa de más. Hay una, en particular, que habla del Vampiro de Brooklyn. Yo no conocía a este personaje y creo que ha sido la historia que más me ha revuelto el estómago. Tanto, que tuve que parar un rato y ponerme a hacer otras cosas para no pensar en los crímenes tan horribles que cometió.

Y, la pregunta es ¿por qué leer Galería de asesinos sin alma: la estirpe de Caín si solo me voy a topar con historias de esta calaña? Está claro que no es apto para estómagos sensibles y que hay que ser consciente de lo que uno se va a encontrar. Son historias duras y repulsivas, pero como comenté en la reseña de La ciencia en la sombra, el ser humano es curioso por naturaleza. Además de morboso. Nos gustaría saber qué se le pasa por la cabeza a una persona para cometer este tipo de delitos. Qué falla cuando un hombre se come a otro. Qué motivación tiene un padre que encierra a su hija en un sótano durante décadas. Qué es lo que lleva a que una mujer mande asesinar a su marido. O, sin movernos de España, cuán enferma tiene que estar la mente de un padre para quemar vivos a sus dos hijos pequeños.

Son preguntas que queremos respondernos para intentar entender el porqué. Hay explicaciones de todo tipo, excusas en las que el asesino se refugia para no tener remordimientos de conciencia aunque, sinceramente, no sé hasta qué punto ese placebo puede ser efectivo. Cada uno tiene su motivación, como decía. Mismamente, el Vampiro de Brooklyn que antes mencionaba, encontraba morboso hasta el ser ejecutado. Son mentes viciadas, podridas, que por un motivo u otro, sienten placer al cometer atrocidades.

No creo que jamás llegue a entender el porqué de esta crueldad. En la carrera de Derecho te enseñan que da igual qué motivación tenía el cliente cuando cometió el delito. Lo hizo. Punto. Y ahora te las apañas para defenderle como puedas. Pero sí entiendo por qué hay que leer este libro. Quizá para conocer algunos de los mayores errores de la historia. O quizá, si os gusta la filosofía, también pueda servir para corroborar o no la teoría del hombre bueno. Por mi parte, a mí me ha servido para calmar a mi yo curiosa por un tiempo y para que se quede calmadita en su rincón durante una buena temporada.

 

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