
Sobre Mao Zedong (1893-1976) se han escrito muchas biografías. Desde que llegó al poder y se convirtió en el máximo dirigente de China, este personaje ha cautivado a gran número de historiadores y periodistas. A lo largo de su vida, Mao se labró una meteórica carrera política para llegar hasta la cima del poder: desde ser un simple estudiante que se abría paso en la China posterior a la caída del Imperio, se adentró en los engranajes de un partido comunista que avanzaba entre mil peligros, consiguió asumir su liderazgo en mitad de las devastadoras guerras que asolaron el país durante los años veinte y treinta, y se convirtió en el máximo dirigente y a la vez algo similar a un auténtico dios viviente. Es por esto que Mao es, sin lugar a dudas, un personaje fascinante a la par que oscuro. No es extraño, por lo tanto, que hayan sido muchos los que hayan intentado estudiar su figura.
Visto por unos como el constructor de la China moderna, y por otros como un tirano que emulaba a los antiguos emperadores, parecía improbable que todavía surgieran nuevos estudios. ¿Qué quedaba ya por escribir? Pero lo cierto es que, coincidiendo con el 40 aniversario de la muerte de Mao, se reedita una obra que ha marcado un antes y un después. La historiadora Jung Chang, y su marido, el profesor Jon Halliday, se propusieron reescribir la historia de Mao, pero desde una perspectiva nueva. Durante más de diez años, se adentraron en los archivos chinos, que recientemente habían sido abiertos a los historiadores (aunque consideraron mejor no revelar el origen de sus fuentes documentales), y realizaron infinidad de entrevistas a personajes que conocieron a Mao en vida, construyendo una nueva biografía que venía a presentar una imagen totalmente innovadora del dictador chino. Sus autores eran conscientes de lo que se traían entre manos, así como del impacto que su libro podía generar, y no fue para menos. Las críticas fueron deslumbrantes, a la par que feroces, por lo que esta obra no ha dejado indiferente a nadie.
En Mao: la historia desconocida, Chang y Halliday analizan la vida de este personaje desde su imagen más íntima, adentrándose en el hombre más que en el líder. Superando viejos tópicos e ideas enquistadas, sus autores nos presentan lo que ellos llaman “la historia desconocida”; un retrato, en esencia, realmente intimista. Mao aparece a nuestros ojos como un joven ambicioso, inseguro e idealista, que poco a poco se adentra en un mundo repleto de ambiciones, peligros y traiciones. Tomando parte en la construcción del Partido Comunista Chino (PCC), Mao empieza a madurar y aprender del terror estalinista, asumiendo el control de un partido perseguido, pero que poco a poco se abre paso en esa China convulsa. Imponiéndose a los grandes desastres que vivió el territorio chino, como la invasión japonesa, o la guerra civil con el otro gran partido, el Kuomintang, Mao ganaba cada vez más influencia y poder, eliminando del camino a todo aquel que pudiera entorpecer sus grandes planes. Pero sus autores no se detienen aquí. De hecho, se centran también en analizar su lado más humano: sus amores, su familia, y su relación con la que fue su esposa, su aliada y a la vez uno de sus mayores quebraderos: madame Mao, la despiadada Jiang Qing.
En sus más de setecientas páginas de relato, Chang y Halliday destruyen el mito de Mao y desmenuzan algunos de sus grandes logros. La Revolución Cultural, que sin duda fue su gran obra, se nos presenta como la Gran Purga, un movimiento personalista organizado por Mao y su esposa para mantener un poder que empezaba a perder, eliminando así a todos aquellos amigos y camaradas de antaño que ahora parecían estar relegándole a un futuro incierto. Del mismo modo, nos adentramos en los momentos más íntimos del dictador, en una historia no oficial a la par que incómoda de un personaje que hoy en día sigue siendo adorado por miles de personas, y cuya imagen y cadáver siguen todavía expuestos en la plaza de Tiananmen, centro de la capital china. Del mismo modo, su estela perdura en la China postmaoista, siempre interesada en mantener el viejo orden tal y como su creador lo dejó establecido. En definitiva, se trata de una biografía imprescindible, durante muchos años descatalogada, que vuelve a las librerías para revivir la historia de una figura fundamental en el siglo XX: un idealista y un oportunista; un líder y un tirano; un dios viviente y un simple hombre…

Lejos de lo que nos puedan contar, no existe un orden natural para que algunas cosas sucedan. No hay fechas, ni puntos finales, ni si quiera comas, que marquen el ritmo de los acontecimientos. A veces sucede que es solo una frase que acaba de empezar. Unas palabras que no alcanzan a ser un todo y se interrumpen. Sin complementos ni verbos. No hubo tiempo para la acción. Como un sendero de letras inconcluso e irracional que desemboca irremediablemente en el abismo, casi en el sinsentido, de una página en blanco, y de la que solo queda un sujeto.
Desde hace algunos años, la novela gráfica ha empezado a salir de la introspección autobiográfica y la ficción más fantasiosa para adentrarse en la vida de los demás y la historia de otros lugares. Ahí están, por ejemplo, las impagables crónicas de 
Cuando era pequeña le dijeron que mencionara tres animales al azar. Y ella dijo: un delfín, un tigre de bengala y un erizo de mar. El primer animal la representaba a ella. El segundo, era lo que ella querría ser en un futuro. Y el tercero, lo que realmente llegaría a ser.
Hay veces que como un libro se meta en la cabeza, me pongo un poco en modo obsesiva non-stop y allá que voy. En cuanto lo tengo entre mis manos tengo que leerlo, sin pausa sin mesura y sin control. Como una auténtica pirada. Afortunadamente, los libros con los que me pasa suelo poder acabarlos en el mismo día. No me ha ocurrido lo mismo con libros tipo Ulises o 
En un momento determinado de 14. La autobiografía, Johan Cruyff escribe que no cree que los futbolistas sean tontos, al contrario de lo que muchos piensan. Una de las cosas que quedan claras con este libro, que se publica medio año después de su muerte, es que él, al menos, no parece que lo fuera. Eso y que no tenía pelos en la lengua.
La batería es uno de esos instrumentos que jamás me he planteado tocar en mi vida. Mi falta de psicomotricidad puede haber influido en mi desidia hacia este instrumento, pero lo cierto es que podría nombrar a centenares de cantantes, guitarristas, trompetistas… ¡incluso bajistas!, pero me costaría horrores acordarme de media docena de baterías. Precisamente por eso, una de las cosas que más me han impresionado de Punk Rock Blitzkrierg, la biografía que Marky Ramone escribió con la colaboración de Rich Herschlag, ha sido la forma en que este ya veterano músico consigue transmitir su pasión por el instrumento al que ha dedicado su vida.
Me animé con este libro, primero, por el sugerente título y después, porque leí en algún sitio que para ser un lector maduro, hay que leer libros y formatos de todo tipo, atreverse con estilos que nunca leemos. Esta es una autobiografía gráfica. O sea, es la vida de la autora contada en viñetas. Yo no sé cuándo decidí apartar de mi vida lectora la 
No somos normales. Ninguno de nosotros. Afrontamos la vida como podemos, como nos enseñan, con unas cartas que no elegimos y que, si lo hacemos, pueden estar equivocadas. Y en ese ir y venir de ideas, de vivencias, de conocerse y reconocerse, está el dolor de lo vivido, de lo que nos deja agotados, exhaustos, sin aliento. No somos normales, ¿pero para qué queremos serlo? La normalidad está sobrevalorada. Creerse normal, pretender serlo, no es más que una batalla perdida de antemano, un error de cálculo, un defecto en nuestra sociedad. Oigo la palabra “normal” y no puedo evitar dibujar una sonrisa ingenua, como de niño pequeño, porque aquel que pronuncia esa palabra crea en ella. Porque al final la normalidad no deja de ser sólo un concepto que se aleja de lo que realmente queremos ser. No seres únicos e irrepetibles, sino imperfectos y con dudas. Porque si de algo trata El amor del revés es de las dudas, de la existencia interrogándose, del dolor de esa incertidumbre – bien sea aprendida bien vivenciada de improviso – que deja a un chico sin entender por qué le gustan los hombres, a un hombre que no consigue hallar la respuesta de qué ha hecho él para merecer esos sentimientos, de unos sentimientos que vuelven a ser tan actuales. Porque no hay que olvidar, nunca, bajo ninguna circunstancia, que ser homosexual en este país era visto poco menos que como una aberración. Y en el fondo, en ese fondo del vaso donde Luisgé Martín parece ahogarse en ocasiones, es donde se encuentra el grito que desde hace tiempo nadie ha dado y por fin se convierte en realidad.
Islandia es un país curioso. Tiene el tamaño de Corea del Sur y sólo un poco más de población que La Rioja. En 2008, a comienzos de la crisis económica, su gobierno decidió dejar que los principales bancos del país se hundiesen en lugar de rescatarlos y salió victorioso. Y quién no recuerda la espartana actuación de su selección de fútbol en la pasada Eurocopa, en la que tan sólo Francia, la selección anfitriona, pudo frenar a un equipo plagado de jugadores desconocidos para el gran público. Pero si hay un sujeto que confirma que en ese frío territorio son tan raros como cachondos, ese hombre es Jón Gnarr. Alcalde de Reikiavik entre 2010 y 2014, este cómico llegó al poder en la capital islandesa con su ‘Best Party’ (Mejor partido), desde donde hacía promesas como que en invierno no apagaría el sol o que construiría un parque de atracciones Disney en las cercanías de aeropuerto. Durante su etapa de regidor se ganó la simpatía y la admiración de su pueblo, así como de personajes tan populares y heterogéneos como Noam Chomsky o Lady Gaga.


Hay veces en las que siento que tengo diferentes “mini yos” dentro de mi cabeza. Cuando veo un libro determinado, una de esas pequeñas individuas despierta de su letargo y empieza a dar saltos gritando: “ese, ese, quiero que leas ese”. El modo de pedir depende de la personita en cuestión. Las hay que son amables y me lo piden por favor, a la vez que me muestran una imagen de mí misma tirada en un sofá leyendo y rodeada de chocolate (qué feliz se puede ser con tan poco). O bien las hay tajantes y severas, que me dicen: “lo tienes que leer y punto”. Cuando me topé con Galerías de asesinos sin alma: la estirpe de Caín fue mi yo criminalista y morbosa la que se colocó delante de todas las demás, abriéndose a empujones, y me dijo que no se iba a mover hasta que lo leyera. Se puso seria y me dio hasta miedo. Así que no era negociable. Lo tenía que leer.