
La fiesta de Vargas Llosa, nobel de literatura 2010





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Pero no sólo las imágenes son buenas en el libro: el texto de Anik Le Ray (que ocupa mucho menos espacio) y el relato que trae consigo saben estar a la altura. La que se cuenta aquí es en realidad una historia muy bonita, que logra mostrar de una manera original lo mejor de los libros, la lectura y la amistad, dando alas a su vez a la imaginación de los lectores, ya no tan pequeños.Sigue leyendo Nat y el secreto de Eleonora


Santiago es un viejo pescador. Cubano, pobre y sin suerte, sobre todo eso. Precisamente fue este infortunio el que provocó que alejasen de él a su joven aprendiz. Eran demasiados días los que salían a la mar (en femenino, pues así es como la llaman cuando es querida) y volvían sin un solo pez, algo intolerable para el padre del chico, que lo colocó en otro bote con más suerte y más ganancias. Aún así, el joven, Manolín, le cogió cariño al viejo, a quién respeta profundamente, y le ayuda siempre que puede, aunque no pueda ser en la pesca.
Una mañana como cualquier otra, todavía de noche, Santiago sale a faenar. Sólo consigo mismo, su barca y sus escasos útiles. Todo es como de costumbre, pero ese día, casi sin proponérselo, decide ir un poco más allá y alejarse más de lo habitual de la costa. Es allí donde el pez de sus sueños, el que ha estado esperando toda su vida, el que podría menguar su miseria, ese pez, digo, al fin pica el anzuelo. Pero pescarlo no es fácil: el animal es tozudo, pesado y tan o más grande que la embarcación del pescador. Aún y con eso, el hombre no desiste y lucha por hacerse con él con todas sus fuerzas, haciendo gala de una perseverancia ejemplar.
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El principio de la novela ya deja muy claro de qué va a ir la historia: “Eran jóvenes, instruidos y vírgenes aquella noche, la de su boda, y vivían en un tiempo en que la conversación sobre dificultades sexuales era claramente imposible. Pero nunca es fácil.” ¿Qué os parece la expresión “claramente imposible”? A mí sobre todo me llamó mucho la atención, y me puso en guardia sobre lo que iba a acontecer.


De los pocos títulos que tenían en mi librería escogí El sueño perdido. Su argumento es simple: la princesa acaba de nacer y por eso los reyes reciben numerosos regalos, entre los que se e
ncuentra “el más blandito y más mullidito cojín del reino”. En él encuentra reposo la recién nacida, pero un día el rechoncho gato del castillo lo destroza con sus afiladas uñas y de
sde entonces la princesa no cesa de llorar y llorar. Tanto es así que el rey, desesperado, decide acudir a su más leal caballero y su precioso corcel: les pide ir en busca de lo más suave que puedan encontrar para rellenar el cojín y dar consuelo a la pequeña.
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Es mucho tiempo el que ha pasado desde la última vez que se vieron (prácticamente la mitad de sus vidas) y ni son lo que eran, ni lo que pretendían ser. Es por eso por lo que al principio la mayoría se muestra reacio a cumplir con tan antigua cita, pero tras el titubeo inicial acaban reuniéndose todos en el refugio. Todos menos Andrés, un chico reservado y devoto al que gastaron una broma de muy mal gusto y que acabó provocando la disolución del grupo.
La verdadera trama de la historia empieza la noche de su reencuentro. Es ya de madrugada y los protagonistas charlan animadamente después de la cena. Es entonces cuando la luz se va y cualquier objeto electrónico (móviles, relojes digitales, linternas…) deja de funcionar. Sin embargo, la claridad fuera del refugio es extraordinaria: las estrellas iluminan con más fuerza de la que ninguno de ellos es capaz de recordar. El grupo, las nueve personas (incluyendo las parejas de aquéllos que la tienen), pasan la noche como pueden, entre asustados y divertidos, sin sospechar siquiera, al menos por el momento, que están viviendo el principio del fin, el mismo fin que da título a la obra.


Así es el camino que siguen los protagonistas de esta historia, un hombre y su hijo, de unos diez o doce años, de los pocos supervivientes que quedan en la Tierra. Están en algún punto de Estados Unidos y caminan hacia el sur en busca de calor, si es que aún existe. También tienen la vaga esperanza de encontrar a los que ellos llaman los “buenos”, personas que aún conserven sus principios y que, a diferencia de aquellos con los que se cruzan, no intenten cazarlos y comérselos sin reparos. Gente, en definitiva, con quien compartir sus míseras vidas.
Desde las primeras páginas uno siente tremendo interés por el devenir de estos desdichados, por descubrir cómo se las apañarán en su camino hacia ninguna parte y por saber si, como sospechamos, morirán de hambre o frío en cualquier momento. Pero no sólo eso, la incertidumbre de lo ocurrido años atrás, esa gran catástrofe que los ha puesto en esta situación y que en ningún momento nos es desvelada, también nos invita a leer, buscando y descifrando pistas que nos ayuden a entender. Aunque, en realidad, no hay nada que entender: sólo está la necesidad de que el hombre y su hijo sobrevivan.
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¿Os habéis enamorado alguna vez a primera vista? ¿Y de un libro? Yo sí, de éste. Como me suele pasar con los libros infantiles que compro, lo encontré por casualidad. Lo vi, lo hojeé y no pude evitar comprarlo… ¿Y si luego no lo encontraba en ninguna otra librería? Oportunidades así no se pueden dejar pasar.
El libro cuenta la historia de la joven princesa de un país en el que siempre hace calor. Sus padres, los reyes, celebran una fiesta por su décimo cumpleaños. El festejo se realiza en el Palacio del Sol y familias y criaturas fantásticas llegan de todo el reino para la ocasión. Pero los reyes caen en el error de no invitar al Hada de las Nieves, quien –como en el cuento de la Bella Durmiente- se presenta de todos modos y, enfadada, convierte el corazón de la pequeña en un témpano helado.
Las cosas así, a los reyes no les queda más remedio que construir un palacio de hielo en la montaña más alta para que su hija pueda vivir en él, pues de lo contrario, su corazón se derretiría y moriría. Tanto es el frío que en su nuevo hogar hace que la Princesa de las Nieves tiene que vivir sola. Sin embargo, un día aparece un bonito oso polar, que se queda con ella y hace que sus días sean más divertidos.
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Cuando tenía doce o trece años, mis padres me daban veinte duros para pasar la semana. Ahora no recuerdo cuánto costaba el cine o las chuches de la época, pero a mí me pareció siempre que me asignaban poco dinero. Era 1981 y fue por aquellos días en los que apareció en los quioscos una colección que se llamaba “El club del Misterio”. Era una recopilación de lo mejor de la novela negra de siempre: Dashiell Hammet, Raymond Chandler, Patricia Highsmith, Conan Doyle… Cada libro costaba 95 pesetas y, cada jueves, como un reloj, me compraba uno.
Estas fueron dos constantes que se manifestaron en mi infancia y que se han perpetuado el resto de mi vida: mi atracción por la novela negra y la mala administración de mis ingresos. No falté a la cita ningún jueves durante casi un año, hasta que mi madre se hartó de ver aquellos libritos de colores que invadían sistemáticamente su mueble en el comedor. Se acabó la colección.
Todo esto viene porque acabo de terminar “Aurora boreal”, primera novela de Äsa Larsson, y me ha venido a la memoria aquella serie de libros. Me pregunto si dentro de unos cuantos años alguien la incluirá en un nuevo club del misterio. A lo mejor sí. Por lo menos, si se hace en los países nórdicos.

He aquí un buen libro para conocer todo lo relacionado con la historia de La Isabela y su balneario, cuyos restos aún son visibles asomando del pantano de Buendía, en Guadalajara. Porque con su obra, Teresa Viejo es capaz de mostrarnos sus orígenes y la ilusión de sus fundadores, nos hace sentir la atmósfera de ese paraíso de aguas termales, conocer sus clientes adinerados y trabajadores, saber de los objetivos de sus responsables, el tipo de vida que engendraba cada verano, su evolución en el tiempo, su transformación durante la Guerra Civil en un psiquiátrico oscuro, todo hasta su final. Sin embargo, me temo que la novela no está bien enfocada si lo que pretendía ser era eso, una novela. Al ser La Isabela el tema principal, y no el contexto, el espacio en el que se desarrolla la acción, todo lo demás queda en un segundo plano, soterrado, incluyendo la vida de Amada Montemayor, la protagonista de la historia cuya existencia debiera ser lo más importante.
Es cierto que hay ficción, y mucha; hay montones de personajes que no han visto más luz que la que su autora ha querido otorgarles, vidas detalladas muy interesantes, amores y desamores por doquier, muertes y misterios, fiestas, celebraciones… Todo es muy interesante, incluso te atrapa en su momento. Sin embargo, al no estar ligado realmente a ningún conflicto importante (ése que toda novela que se precie debe tener, sea de la índole que sea), pues como digo todo está enfocado más al balneario, la parte de ficción se desmorona en la manos.
Sigue leyendo La memoria del agua