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Atravesé las Bardenas, de Eduardo Gil Bera

Atravesé las Bardenas

Atravesé las BardenasCuando alguien como yo, amante de la literatura y de la naturaleza, que vive en el corazón de las Cinco Villas, se encuentra con una fotografía como la que ilustra la portada de este libro, no puede resistirse a quererlo, es imposible. Piensas que, si ya Acantilado te da una seguridad en cuanto a la calidad de la lectura, lo que haya detrás de esa imagen debe ser especial, sobre todo porque una novela narrada en poco más de cien páginas ha de ser una pequeña exquisitez literaria.

Eso al menos pensé yo cuando andaba hacia casa con la sonrisa de quién cree haber encontrado un gran tesoro. Y ya les adelanto que con, Atravesé las Bardenas, no me equivoqué.

Y fue por todo ello, y porque el pueblo en el que vivo es la entrada natural desde Aragón a esas Bardenas que tan bien conozco, por lo que me decidí a seleccionarlo como una de mis lecturas para el día de San Jorge.

Eduardo Gil Bera, del que no tenía noticia anterior, es de Tudela (Navarra). Si miran ustedes en un mapa, verán que entre Tudela y Ejea de los Caballeros solo median las Bardenas: La Bardena Negra y las Bardenas Reales o Bardena Blanca.

Un lugar que desgraciadamente para muchos vecinos de las localidades limítrofes está asociado, no al bello parque natural que deberíamos poder disfrutar todos libremente, sino a ese campo de tiro del Ministerio de defensa al que año tras año solicitamos su desmantelamiento. A pesar de ello, nadie debería dejar de visitar en alguna ocasión toda la zona de Las Bardenas.

Tampoco pasa nada porque yo ahora les meta un poquito de historia y así aquellos que no sepan de qué hablamos al referirnos a “Pueblos de Colonización”, se puedan hacer una idea.

Terminada la Guerra Civil, y a la vista de la devastación producida, se crea el Instituto Nacional de Colonización, un organismo dependiente del Ministerio de Agricultura, y creado por la necesidad de realizar una reforma tanto social como económica de la tierra, con el objetivo de efectuar una transformación del espacio productivo mediante la reorganización, reactivación y producción del sector agrícola con el aumento de tierras de labor y la superficie de riego.

Nacen entonces una serie de pueblos llamados de “colonización” que transformarán muchas zonas de España. Especialmente las Comunidades de Aragón, Andalucía, Castilla, Cataluña, Extremadura, Navarra y parte de la zona Levantina.

El Plan General de Colonización de la Zona de Bardenas se aprobó en 1954, y el autor centra su historia en los inicios del año 1956, fecha muy cercana al 8 de abril de 1959, en que Franco inauguró el pantano de Yesa, el canal de Bardenas y los pueblos de El Bayo, Santa Anastasia y Bardena del Caudillo.

Según el historiador D. Jesús Guallar Pérez, “fue así como esta extensa zona de Bardenas, que une las provincias de Zaragoza y Navarra, se vio sometida a una transformación profunda: nivelaciones, acequias, carreteras y caminos, construcción de poblados y plantación de árboles. Un gran trasiego de hombres y maquinarias… Los trabajos para la puesta en riego aliviaron la situación de penuria de la comarca y un número importante de trabajadores de otros lugares del país se asentaron en Ejea, algunos con sus familias.

La zona de Bardenas había sido dividida por el INC, a efectos de planificación y administración, en dos subzonas: norte y sur.

Bardenas Norte que comprendía seis pueblos nuevos: Figarol, Rada, Gabarderal, El Boyeral y San Isidro del Pinar en la provincia de Navarra, más Camporreal en el término municipal de Sos del Rey Católico, y Bardenas Sur, toda ella en la provincia de Zaragoza, la conformaban nueve poblados: Bardena del Caudillo, Santa Anastasia, El Bayo, Pinsoro, Valareña y Sabinar dentro del término municipal de Ejea; Sancho Abarca y Santa Engracia en el de Tauste, y Alera en el de Sádaba. El número de colonos se pensaba que ascendería a 3.967 pero tan solo se instalaron 1.353 en quince poblados, de los cuales uno, El Boyeral, está abandonado en la actualidad.

Una vez superada esta pequeña lección de historia, les contaré que Atravesé las Bardenas se puede leer perfectamente sin conocerla, pues el autor nos cuenta un relato en el que el señor Yaben, un ingeniero del Instituto Nacional de Colonización, proyecta la construcción de un pueblo en una zona de su propiedad de las Bardenas; lo proyecta teniendo como base de ese futuro pueblo a toda la población reclusa de Tudela, tanto de hombres como de mujeres.

En su narración, dividida en tres partes que a su vez se subdivide en pequeños capítulos, cada una de las partes va precedida de una frase de Heráclito, y no es de extrañar, ya que el libro es de una gran profundidad humana y filosófica, y sobre todo es mucha la simbología que encontramos en ella; pues como bien dice la contraportada, es una alegoría de la realización de los sueños humanos, que reúne en el desierto de Navarra la condición humana en toda su desnudez, y se convertirá en una fábula de tientes bíblicos.

Así nos adentramos en esta historia que nos hará conocer la zona y la vida de Dámaso Torrentera, y les advierto que ni una ni otra nos dejará indiferentes…

“EL AÑO DEL FRÍO

En febrero de 1956 vivía en Mélida un joven llamado Dá¬maso Torrentera. Aquél fue el mes de febrero más frío que nadie recordaba. Por la noche, la temperatura bajaba hasta quince grados bajo cero, y durante el día el sol no llegaba a deshelar los charcos. Torrentera sufría congelación en las manos y no dormía con los demás presos. Tenía permiso para pernoctar en una corraliza más cerca de Mélida e ir al médico.

Llegaba al pueblo caminando por la tierra crujiente por el hielo y se paraba, envuelto en su manta, ante la casa del señor Yaben, que le hablaba desde la ventana.
—¡Entra!
—No…
—¿Has ido al médico?
—No. Ahora voy.
—¿No vas entrar? ¡Entra!

Torrentera negaba con la cabeza, sin contestar.

—Pues anda al médico.

Cada mañana de aquellos días glaciales, se repitió la escena. Torrentera se detenía ante la casa del señor Yaben, que le invitaba, pero el joven preso nunca entró.

Se produjo las lesiones de congelación en las manos durante la extinción del incendio de la fábrica azucarera de Tudela, cuando los presos que trabajaban en la construcción del poblado de colonización de Rada fueron trasladados para luchar contra el fuego. Fue idea de Yaben, siempre empeñado en conseguir beneficios de redención para sus presos.”

Es una historia especial que gustará tanto a aquel que quiera acceder a una narración sencilla, como a aquellos que buscan siempre algo más en la literatura, aquellos que adoran los dobleces, los símbolos, las referencias filosóficas y el trasfondo más humano, en definitiva para los que intentan llegar a la esencia de las cosas y de la vida a través del pensamiento, y recurriendo para ello a la filosofía más tradicional, como la de Heráclito que nos habla de que todo está en movimiento y por ello todo cambia de una forma constante, lo que es en este momento nunca más lo volverá a ser y lo que fue en su momento, nunca más lo será.

Ya ven, aquí he venido yo a descubrir a través de este libro de tintes filosóficos, Atravesé las Bardenas, la historia de la zona en la que vivo, y también a un escritor en el que reconoceremos que ha sido traductor de grandes autores como Séneca, Marco Aurelio, Epiceto y también del inconfundible Joseph Roth, y eso se nota, así que no creo que tarde en volver por aquí para hablarles de alguna de sus otras novelas como aquellas por las que consiguió los Premios Alfonso X el Sabio y el Miguel de Unamuno, o quizá para comentarles la publicada por esta misma editorial en 2015 titulada Esta canalla de literatura, una obra que ya, por ese título, me está interesando… Y mucho.

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El tamaño del mundo

El tamaño del mundo

El tamaño del mundo Para mostrarnos El tamaño del mundo, regresa Ramón Acín, aquel que tan buen sabor de boca me dejó con “Siempre quedará París”, ese narrador de historias de la Historia de su amada tierra. Esas tierras fronterizas que tanto marcan al ser humano, más si son de montaña, y no solo en tiempos inestables, sino a lo largo de toda la vida de sus habitantes.

Regresa con esos dichos y refranes tan aragoneses, con esa forma de narrar tan entreverada de datos geográficos e históricos que sirven de soporte y dan mayor fuerza y credibilidad a la parte más novelada. A través de esta parte de la historia de Aragón nos mostrará El tamaño del mundo.

[“El mundo son los otros” fue el susurro que desde niño excitó el magín de Julián y también el arrullo que con el tiempo acabó por dar total solidez a su vida.

Hubo más susurros y arrullos, como “la vida es un viaje al vacío”, “la verdad se urde con tiempo” o “la memoria, un depósito de cadáveres”, que, junto a otras varias frases de parecida enjundia y que ahora no vienen a cuento, aun habiendo cincelado en buena medida la personalidad de Julián, no enraizaron, ni germinaron en sus entresijos mentales con la misma intensidad. Todas ellas habían surgido de labios de Pedro, el admirado tío paterno de Julián, bien en tertulias de carasol o bien al calor del hogar cuando la holganza del invierno, entre ventiscas y frío, solía brindar en Monte Oscuro ocasión para acarrear en familia nostalgias del pasado …”]

Así inicia el autor el relato de la vida y la historia de Julián. Corre el año 1902, y por este recién estrenado siglo XX avanzaremos con nuestro amigo a través de la historia de Aragón hasta más allá de la Guerra Civil Española. El protagonista crecerá junto a su tío Pedro, superviviente de la Guerra de Cuba.

Es curioso cómo, tanto en los libros de Ramón Acín como en los de otros autores de la zona del Pirineo, siempre está presente el éxodo de la población hacia otros lugares. Como ocurre en este libro, y que tan bien nos explica Acín, es fundamental la historia y derecho de los mayorazgos en las montañas con el fin de preservar las escasas tierras familiares, esto empujaba al resto de los hermanos al servilismo, y para huir de él, muchos optaban bien por el ejército o por lanzarse a la aventurarse de los viajes en busca de oportunidades y mejores condiciones de vida, pero también había un punto de curiosidad por saber qué había más allá del frío, de la nieve y de las altas montañas.

El libro está dividido en cuatro largos capítulos, y una pequeña introducción, a modo de prólogo o Liminar, que nos adentra en ese inicio del siglo. Y a través de las páginas y del paso del tiempo iremos conociendo a todos aquellos que importan en la vida de nuestro protagonista, padres, hermanos, esposa e hijos. Bien trabajados todos aquellos que serán fundamentales para la historia que nos quiere contar. Pero más allá de los personajes está la interesantísima recreación de la época, que nos da una buena idea de cómo se vivía, como se hablaba, y hasta de cómo se sentía.

Es importante saber cómo se forjan los hombres y mujeres de estas tierras montañesas para comprender por qué cada cual actuó de una forma u otra durante la contienda. en El tamaño del mundo notamos que a Ramón Acín le gusta hablarnos de estas historias de la guerra porque de alguna forma él es parte de esa historia que no quiere ni debe quedar silenciada. Hace bien en novelarla y hace bien en contárnosla, porque la que no se cuenta es una parte de la historia que se pierde para siempre, que quedará dormida en la pluma que no la quiso o no la pudo escribir.

Pero además, importa como lo cuenta, porque me ha hecho desempolvar el diccionario, y me he sentido otra vez alumna en una clase en la que deseaba aprender, comprender y aprehender algunas palabras que por haber caído en el desuso o por tener un origen aragonés yo desconocía, quería saber con exactitud su significado, no me valía el contexto, y cuando esto pasa es que el interés por lo que haces y lees es alto.

Un libro que bien pudiera ser de iniciación, pero de esos que precisan del acompañamiento del docente comprometido con la literatura y la historia.

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Un amar ardiente. Poemas a la virreina

Un amar ardienteCreo que hace un par de años, o incluso más, porque hablo de memoria y mi memoria es lo peor que hay en mi cabeza, estaba con unas amigas, la fotógrafa o artista de la cámara “Anvica” (Ana Victoria Campos) y Anabel García Capapey, ya saben, mi cuentoterapeuta de cabecera (y escritora de cuentos infantiles), andábamos hablando de fotografía y literatura; de hecho se presentaba una colección de fotografías que estaban relacionadas cada una con un libro, ese día tocaba hablar de poesía porque se presentaba la imagen que iba asociada a uno de mis poemas.

Y allí estábamos rodeadas de buenas gentes y hermosas imágenes a las que puse voz compartiendo y recitando una parte de mis poemas, y con ellos una parte de mi propia vida. En un momento de conversación con el público una persona me preguntó qué opinaba sobre la poesía de Sor Juana Inés de la Cruz…

¡¡¡MADRE MÍA!!!

A alguien que había escuchado mis poemas le interesaba mi opinión sobre Sor Juana, esto ya me pareció de nota ¡¿Qué publico había en sala además de nuestras familias y amigos?! Fue una sorpresa inmensa, tan inmensa que solo puede decir que la Poeta Mexicana me parecía extraordinaria como mujer y como poeta una referente de intelectualidad e independencia.

Algo sabía yo de la autora, pero he de decir que si me hubiese pedido que recitase algo de ella nada podría haber recitado más allá del inicio de sus famosas Redondillas:

“Hombres necios que acusáis
a la mujer, sin razón,
sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis.

Si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?…”

Ya ven, algo había leído, pero saber, lo que se dice saber, solo esto.

Pasado el tiempo he profundizado más en la vida y en la obra de esta extraordinaria mujer que yo creo que abrazó la religión para que la dejasen poder vivir su vida con mayor libertad. Parece una incongruencia, pero no podemos olvidar que Sor Juana Inés de la Cruz nació a mediados del Siglo XVII y pocas o ninguna posibilidad de libertad había para una mujer que de no ser religiosa terminaría abocada a casarse… Una mujer que se inicio en la escritura a los tres años y que con diez ya había escrito una Loa eucarística no estaba hecha para el matrimonio. No eran tiempos aun para poder disponer de una habitación propia 😉

Y así, por la pura curiosidad, es como llego a este Un amar ardiente de la ya considerada como una de las más importantes figuras de las letras hispanoamericanas. Unos poemas de amor que dedicó a la virreina María Luisa Gonzaga Manrique de Lara y que el también poeta Sergio Téllez-Pon ha reunido en este libro con el que nos sorprende la editorial Flores Raras.

Así pues, “Un amar ardiente. Poemas a la virreina” es el título completo de esta edición que se inicia con un prólogo del Doctor en filología y activista por la erradicación de la homofobia, D. Ramón Martínez, en el que nos habla de la falta de referentes que han tenido siempre las personas no heterosexuales y la necesidad de “traducir” ese mundo ajeno a su propio mundo el colectivo LGTB.

De la mano del Compilador me adentro, ahora sí, ahora sabiendo que voy hacía un mundo desconocido para muchos, al centro de esos amores, al fondo de estos poemas, de su poesía, quizá al fondo de su propia vida.

“Ser mujer, ni estar ausente
no es de amarte impedimento;
pues sabes tú que las almas
distancia ignoran y sexo”

Aquí tienen una pincelada que la editorial nos regala en la contraportada.

Lo bueno que tiene la introducción es que nos mete en momento histórico y en la situación personal que rodea a nuestra autora y poetisa. Nos muestra a la mujer que impresionó a toda la corte y que utilizó su influencia para defender el derecho de las mujeres a acceder a la cultura y al conocimiento.

Nos invita Sergio Tellez a que leer “sin una venda en los ojos, sin prejuicios ni tabús sexuales”, insistiendo en que “las relaciones humanas son lo mismo de apasionadas sin importar el género o la sexualidad de los enamorados”.

“…¡Oh, Lisi, de tu belleza
contempla la copia dura,
mucho más que en la hermosura
parecida a la dureza!…

Lisi es la forma en que sor Juana nombra a la virreina, y así vemos en este otro fragmento como se refiere a ella en relación a un cuadro que le han pintado

Acción, Lisi, fue acertada
al permitir retratarte,
pues ¿quién pudiera mirarte
si no es estando pintada?

¡Oh, Lisi, de tu belleza
contempla la copia dura,
mucho más que la hermosura
parecida a la dureza!
Vive, si que el tiempo ingrato
te desluzca; y goza, igual,
perfección de original
y duración de retrato.

Si tuviese que tomar las palabras de alguien para hablarles de esta poeta, sin duda lo haría con la voz de Octavio Paz:

“Sor Juana sobresale en la expresión del sentimiento amoroso y de sus trances: encuentros, despedidas, celos, llantos, risas, soledad. Poesía no del amor divino, sino del humano y que sólo puede compararse a la de Lope de Vega y a la de Quevedo. No es un torrente como la del primero ni un abismo como la del segundo: es un remanso de agua en la que el enamorado, aun tiempo, se retrata y se anula.”

Nunca podemos dejar de sorprendernos con la poesía, incluso con aquello que pensamos que ya está dicho, siempre puede decirse de otra manera, la poesía que es puro sentimiento envuelta en literatura, siempre depende del poeta del que brota, de su vida y de su momento, y por eso no puede haber dos sentimientos amorosos o desgarrados o fascinados exactamente iguales. Cada poema es único, como cada poeta.

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Una sola palabra, de Joaquín Berges

Una sola palabra

Una sola palabraNada conocía ni había leído de este autor, pero no es de extrañar que siendo de Zaragoza, algún día, alguien me hiciera reparar en él. Y así fue como recibí este libro, en forma de regalo.

Y sin leer la contraportada, ni la biografía de Joaquín Berges, me adentré en busca de Una sola palabra, la historia que ha sido mi compañera durante este inicio de tardes de sol y jardín. Porque así lo he sentido como una compañera que poco a poco me va contando lo suyo y yo escucho, y comprendo, y me entretengo, y me divierto, y pienso… Y así, estas lecturas pasan de ser compañeras a ser casi amigas.

¿Cómo no entregarte a una historia que a todos nos ha pasado alguna vez por la cabeza y aquí encuentras ya escrita y dispuesta para ti?

Perder la memoria, no toda, perder de forma selectiva la memoria, os juro que yo muchas veces he soñado con eso ¿Cómo sería mi nuevo yo? ¿Tendría que redescubrirme a través de lo que los demás reflejan de mí? Es un tema de lo más interesante. Eso le pasa a Celia, la protagonista de esta novela, que es además periodista y escritora, ella y su hija Paula, y su nieta Alba, y su asistenta Rosario, nos acompañarán en su camino de búsqueda.

Una sola palabra, el titulo no podía ser otro, una vez leído el libro uno se da cuenta de que no hay otra opción. ¿Hay algo más bello que ir por la vida buscando palabras? El desastre es perderlas me dirían mis amigos más pesimistas, pero la vida está llena de misterios y hay que andar por ella sabiendo extraer lo mejor de cada momento. Perder las palabras es terrible, intentar encontrarlas hemos de hacerlo un juego apasionante.

Me ha gustado mucho la portada que no dice nada y lo dice todo; dos mujeres hablando, hablando de la vida, de sus cosas, del pasado, de la familia, del amor, de literatura, de viajes, del paso del tiempo, … de lo que importa.

Y me ha gustado que el autor me lleve de viaje, de Madrid a Zaragoza, a Paris, al mar, ¡y a Daroca!, en una de esas comarcas que se van quedando sin gente, pueblos a los que se regresa para enterrar a los muertos. Allí quedarán con sus historias y su pasado, el futuro mira siempre a la ciudad ¡Qué triste! Y nadie piensa contener esta desertización de la tierra que llevará, seguramente, a la desertización de la propia alma humana.

Pero este libro tiene de todo, sus buenos momentos que siempre vienen acompañados de la voz de la infancia, y de la insolencia de la madurez. Las nuevas tecnologías junto al olvido del pasado. Buena jugada la del autor.

Si bien la historia está contada en tercera persona, durante todo el relato sabe el autor ponernos en la piel de la protagonista, pero es importante que el resto de personajes que aparecen sean capaces de enseñarnos lo que ven y al mismo tiempo definirlos, definirse y definirla desde la nueva visión de Celia y desde su nuevo YO.

¿Cómo es la gente que está a nuestro alrededor? ¿Cómo nos ven realmente? ¿Qué dejamos a tras a lo largo de nuestra vida? Quedan personas importantes que en ocasiones regresan a nosotros en forma de recuerdos pero en ocasiones volvemos a reencontrarnos con personas que fueron grandes amigos de infancia o juventud a los que habíamos perdido la pista, sí, porque el mundo es relativo, puede ser enorme y no encontrarte nunca más con alguien o puede ser un pañuelo, como se suele decir, y encontrar a alguien en el lugar más insospechado. Recuerdo a una amiga a la que no veía desde hace años y a la que, casualmente, encontré en la Alhambra de Granda, a casi mil kilómetros de nuestras casas…

Mucho más interesante fue reencontrar a una vieja amiga, de esas con las que has compartido cosas importantes de la vida, pero que esa intensa vida y el trabajo se empeñaron en separar… Y que antes no había redes sociales, y finalmente de tantos cambios de domicilio y de ciudades terminas por perder el teléfono (no móvil) y un poco la memoria… La casualidad nos devolvió la una a la otra porque mi padre encontró una cartera, al parecer robada y después tirada, ¡y resultó ser la de ella! Y nuestro reencuentro fue como aquella vuelta de Fray Luis de León a Salamanca con su “como decíamos ayer…”. Y así hasta hoy, ella con sus cuentos, yo con mis poemas y mis lecturas, y las dos avanzando por la vida a través de la amistad y las palabras, esas palabras que siempre nos han mantenido unidas.

Pero en realidad yo les estaba hablando de Una sola palabra, la palabra que busca Celia, la palabra que Joaquín Berges quiere que encontremos con ella, este autor Zaragozano nacido en 1965 que ya ha trabajado en esto de las palabras con títulos como El Club de los Estrellados, Vive como puedas, Un estado del malestar, La línea invisible del horizonte y Nadie es perfecto, esta última de 2015. Un autor al que no conocía, pero a eso ya he puesto remedio; y me alegra haberlo conocido, y no será lo último de lo que les venga a hablar de él, seguro.

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La voz y el sigilo

La voz y el sigilo

La voz y el sigiloMe llega el nuevo poemario de mi paisano Fernando Gil Villa, ya saben, ese catedrático de la universidad de Salamanca especializado en sociología y que mantiene una fuerte relación con el mundo de la literatura y la poesía, imagino que lo recordarán por las veces que les he acercado a nuestro protagonista.

Para los amantes del Rock, no puedo dejar de decir que es hermano de Mariano Gil, el vocalista de TAKO. Como ven, una familia de poetas… Partos bien aprovechados que diría alguno que otro.

Regresa Fernando Gil con La voz y el sigilo después de algún tiempo de silencio, y regresa con poesía, porque para los largos silencios no hay nada mejor que la poesía, que de ellos suele nacer, aunque también surge, sin duda, de estos tiempos ruidosos y rabiosos en los que vivimos.

De su primera parte, titulada Sigilación de la batalla les regalo

CÓMO FUNDAR

Invierno y ni un té
permite al soldado disfrutar
la locura de la tarde.
Vislumbres
que del río emanan
como agua de pensamiento
rilan y abandonan la ribera
-imposible que rinda el trabajo-,

O era el estar lejos
darse fatal condición
para fundarlo todo
Infundadamente.

Cuando unos regresan a la poesía blanca, casi transparente, cuyo receptor es el gran público, el lector ávido de contenido, otros, como Fernando Gil, dan media vuelta y regresan a la poesía de mediados del siglo XX, aquella metapoesía que nos adentra en un mondo visual y muy sonoro…

De su segunda parte, Voz sigila, les dejo otra gota del torrente poético

ESPACIO DE INTERSECCIÓN

Enaltece el sigilo la voz
y al final la preserva
por medio del vuelo rasante
de mirlo cuyas plumas
ocultan el tatuaje permanente
de la palabra.

No hay blancura comparable
en la suciedad de los cielos;
nada iguala en lo negro
al brillo de la sonora locura.

Enaltece la voz el sigilo.

Nos dice Vicente Vives en el prólogo del poemario que en esta forma de escribir tan libre y al margen, podemos ver al también poeta aragonés Miguel Labordeta (No confundir nunca, nunca jamás con su hermano José Antonio), un tipo de poesía más abierta, más dada a las interpretaciones personales de cada lector…

Abre la tercera y última parte titulada, Proximidad con sigilo, con este pequeño poema tan sugerente

A DEL MAR

El mar se muere
mi negra:

aprendieron los peces
a soñar con nuestro
entierro.

Ya ven como regresa del silencio el poeta, entre La voz y el sigilo, con una extraordinaria selección de palabras sonoras para que el sonido al pronunciarlas lleve al lector a la reflexión, porque el poeta no ha venido a facilitarle las cosas recién iniciado, incluso algunos más leídos tendrán serios problemas si se quiere ir más allá de la palabras …

Esas palabras que son mucho más que sonidos;

dicen.

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Relatos clínicos

Relatos clínicos

Relatos clínicos Al ver qué estaba leyendo estos Relatos clínicos de Sigmun Freud, una amiga me comenta que Freud es suena ya como viejuno, que está pasado de moda… Eso pensé yo, pero no podía resistirme a leer estos casos concretos que un día escribió para dejar constancia de su trabajo, aunque yo creo, como también lo cree el propio Juan José MIllás y así lo manifiesta en su prólogo, que lo hizo sabiendo que eran más que una historias clínicas, y es por ello que no conserva nombres y en algunos ni fechas exactas para no poder ser identificados.

Freud sabía que estos relatos clínicos podían tener un recorrido más largo. Y ese es el que a mí me interesaba. El valor literario.

Y eso es lo que lógicamente piensa mi mente literaria, pero luego está mi otro yo algo más cotilla al que le encanta leer sobre otros, biografías interesantes, expedientes médicos o judiciales, testamentos antiguos … Ya saben, hurgar un poco en las profundidades de los hechos reales.

Y desde luego no me ha quedado otra que estar absolutamente de acuerdo con Millás al decir que estas historias poseen “eficacia narrativa”, me parece una expresión de lo más acertada. Además son historias completas, incluso las más cortas de apenas unas líneas.

Todos sabemos que Freud es el padre del psicoanálisis, muchos sabemos de él por su obra más importante, La interpretación de los sueños, pero no porque hayamos leído este libro donde expone toda la teoría de su especialidad, sino porque a todos nos suena eso de las teorías froidianas sobre la sexualidad, ya saben, eso de que según Sigmund Freud la sexualidad rodea todo lo que somos y está presente desde que nacemos.

Este ejemplar que tengo en mis manos y que he leído con gran delectación, es una cuidada edición que Siruela ha dejado al cuidado de la también psicoanalista Isabel Menéndez, y cuyo resultado les puedo asegurar que no les dejará indiferentes. Es probable que al finalizar la lectura no les parezca tan viejuno, y que incluso ustedes quieran adentrarse en la mente de estas “señoritas” a las que psicoanaliza y trata el Doctor Feud.

Porque esto sí es algo que me ha llamado la atención. En este libro todas las pacientes son mujeres, y la mayoría jóvenes, aunque los temas están agrupados en la parte primera encontramos la dedicada a la sugestión y la hipnosis; en la segunda parte los casos están dedicados a las Obsesiones y fobias, ¡más de uno estará pensando que esta parte me habrá venido de maravilla!, y por último veremos casos sobre paranoia y homosexualidad …

“… Nos vemos así forzados a dar la razón a los poetas que nos describen preferentemente personas que aman sin saberlo, no saben si aman o creen odiar a quien en realdad adoran. Parece como si las noticias que nuestra conciencia recibe de nuestra vida erótica fueran especialmente susceptibles de ser mutiladas o falseadas. … “

Así, con este fragmento pueden ustedes hacerse una idea de su estilo narrativo, aunque les diré que revive con naturalidad los diálogos con las pacientes, así como con los colegas o amigos a los que consulta.

En esta ocasión he seguido el ritmo establecido por Isabel Menéndez, esto es, primero he leído el prólogo de Juan José Millás, para después adentrarme en los casos concretos y terminar con el estupendo cierre o epílogo de Isabel, en el que responde a mi pregunta del porqué todas las psicoanalizadas son siempre mujeres, y en el que descubro la importancia del valor de la mujer, ella apuesta siempre por la lucha para resolver los temas que le inquietan, no dudando en ofrecerse para su curación, pero también para la experimentación y el avance de la ciencia, así que he llegado a pensar que tan importante fue el padre del psicoanálisis como esas primeras mujeres que se dejaron tratar por él.

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Hierofanías

Hierofanías

HierofaníasPor algún motivo Alfredo Rodríguez es un poeta al que regreso cada vez que anuncia un nuevo título, será por ello que de vez en cuando me atrevo a venir para compartir con todos ustedes algunos poemas de este autor navarro ¿Importa que sea navarro o de Valladolid? Yo creo que un poeta puede ser de cualquier parte, pero el lector hará bien en saber de dónde le viene a cada uno su fuerza e inspiración.

  Porque unas veces nace de la familia, de los seres amados, de los desamores o de las situaciones sociales, otras veces nacen de nuestra genética, de nuestras raíces, de nuestra tierra y de su propia trasformación.
I
Empiezas hoy a transformarte en diosa,
giras en el ciclo de nacimiento y de muerte
como una burbuja de aire, una gota de agua
en mi carne de hombre,
adoptas mil distintas experiencias.
Ahora nos toca aprender de ti
tu existencia encarnada.
Vivo en ti una ascensión interminable,
un flujo de energía que baja por mi cuerpo,
profeta enloquecido
llamo Noche a mi amante,
porque tú me devuelves el valor,
verdadera virtud perfeccionada,
como si recita se las palabras del Buda.
 El poeta se abre finalmente a la luz, como bien nos dice su prologuista y amigo Javier Asiáin. Me resulta curioso cómo los poetas según avanzan por la línea de la vida van aclarando sus versos, van dando luz a su poesía.
Eliade utilizó la palabra «hierofanía» para traducir el acto de manifestación de lo sagrado, porque es preciso, y porque se refiere únicamente a aquello que corresponde a lo sagrado que se nos muestra.
Me ha parecido ver en Alfredo una clara evolución más allá de la poesía, la evolución es personal, si bien sus poemas siguen un propio camino al margen del propio autor. Sé que es extraño, pero habrá que entender que es una poesía muy elaborada, poemas que precisan más allá de la inspiración vital o divina, el trabajo del poeta para pulir y dar fluidez a las palabras, a los versos… Y convertirlos en lo que hoy tenemos en nuestras manos, ríos luminosos que parecen descender mansamente.
XIX
Milagro de la regeneración,
eterna juventud, vitalidad del Sol,
la música y plegaria, su Belleza.
Entre la tierra fértil se abre la flor del loto,
los goces de la Vida,
el mar de toda la energía yin,
El mar de toda la energía yang.
    Ya ven, versos que, según nos dice el poeta, “solo quieren reivindicar el carácter sagrado de la Poesía y su significado más alto: el de estar cerca de lo absoluto y lo definitivo…”.
Imprescindible, tanto como el prólogo, será el epílogo del propio autor, donde analiza, como si tras la lectura del poemario asistiesen ustedes a una conferencia con el autor en un club de lectura, el recorrido de sus versos, las fuentes de las que se han nutrido y los mares a los que se dirigen. Esta es una parte que a muchos lectores no especialmente cercanos a la poesía, interesará, aquellos que necesitan una más clara explicación de lo leído más allá de la belleza que las palabras y el sonido les muestran.
XXXVIII
Si el poeta conquista la pureza
conquistará el descanso
y después todas las cosas
ya serán solo una con el Tao.
La fuerza de eliminación del cuerpo
y la luz de luces, la Luz del alma,
conservan su dharma cósmico visible,
el Yo que es anterior al nacimiento.
Al poder trascender sus dualidades
entrará en el silencio,
el deseo de integrarse en el Todo.
Con estos tres poemas, seleccionados por orden cronológico del poemario, creo que vemos esa transición, ese ir hacía donde el poeta ha querido que fluyan sus versos y su propia existencia. La Luz que va viéndose más clara según avanzamos por sus últimos poemas.
La poesía es una de las artes más especiales de entre las bellas artes a las que el hombre tiene acceso, palabras que generan emociones a través de todas sus formas y sonidos, música que vuela y palabras que golpean, susurran, o incluso acarician.
Leer poesía es aspirar a ser más humano y al mismo tiempo más divino.
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El día que se perdió la cordura

El día que se perdió la cordura

El día que se perdió la corduraHay ocasiones que parece que uno está tocado por una varita mágica, como le ha pasado en esta ocasión a Javier Castillo, pero para que pasen las cosas hay que intentarlo una y otra vez. Este autor se autopublicó en Amazon, su novela gustó y se iniciaron montones de descargas, en la actualidad casi cincuenta mil. Supongo que por ese motivo una tarde de febrero Ana, editora de Suma, escribió a nuestro autor y le propuso editarle en papel su novela El día que se perdió la cordura.

Buen olfato en de esta editora, pues aunque yo he leído una segunda edición, me consta que deben llevar cuatro, y no descarto que cuando ustedes lean esta reseña ya lleve seis.

Siguiendo con mis famosas y conocidas casualidades de tipo “Austerianas”, les contaré que este libro ha llegado a mí también de forma casual ya que, en mi casa, por lo general soy yo quien recomiendo libros al resto de la familia, pero en esta ocasión fue mi hija quien me dijo: “¡Atenta a este autor que la está petando con su primera novela en Amazon!”. Miré y vi que casi todo el mundo que la había descargado hablaba de que había llegado al libro por “casualidad” y que no se arrepentían de haberlo comprado. Como ven también mi hija tiene mente de editora 😉

Y así fue que cuando yo quise conocer la historia de este escritor de Fuengirola adquirí ya una segunda edición en papel. Según ha contado él a los medios de comunicación, El día que se perdió la cordura la planificó y escribió durante los 40 minutos diarios que duraba el trayecto del tren de su localidad de residencia a Málaga, ciudad en el que trabaja como consultor de finanzas. “Tardé medio año en planificar la novela y un año en escribirla”, ha manifestado Javier Castillo. Está claro que por su profesión sabe que el tiempo es oro y que todo tiene que estar bien organizado.

Pues bien, este Thriller que hoy les traigo me lo he merendado en dos tardes; el autor ha sabido captar la atención lectora desde el primer capítulo, por cierto, se nota que es un buen lector y sabe que los capítulos cortos y no secuenciales arrastran más allá de la curiosidad, cerca, muy cerca de la adicción.

La historia está narrada en primera y tercera persona, y en tres espacios temporales muy fáciles de seguir para el lector poco habituado a ello, la escritura de Javier Castillo es muy directa, muchos diálogos, frases cortas y un vocabulario muy adecuado para el estilo de lectores que pretende atraer.

“24 de Diciembre de 2013. Boston

Son las doce de la mañana del 24 de diciembre, falta un día para Navidad. Camino por la calle tranquilo, con la mirada perdida y todo parece que va a cámara lenta. Miro hacia arriba y veo cuatro globos de color blanco alzarse alejándose hacia el sol. Mientras ando escucho gritos de mujeres y noto como la gente a lo lejos no para de observarme…”

Así empieza El día que se perdió la cordura, con un hombre al que aun no conocemos que aparece en el centro de Boston, desnudo y sujetando con su mano la cabeza de una mujer.

Pronto el autor nos irá presentando a los diferentes personajes como el Dr. Jenkins, director de un centro psiquiátrico, a Estella Hyden que es agente del FBI o a la familia de Steven y su esposa Kate, con los que nos trasladaremos hasta la localidad de Salt Lake.

Los personajes los deja perfilados pero sin profundizar demasiado en ninguno de ellos, aunque no descarto que este libro tenga una continuación en la mente del autor en la que deberá darle más empaque a aquellos con los que pretenda seguir trabajando. La trama, el encaje de la historia y la forma de cerrarla prevalece sobre los propios personajes.

Ha hecho bien en llevar la historia a EEUU porque aunque siempre he pensado que en España tenemos nuestro Puerto Hurraco particular, hay cosas que solo podemos creerlas cuando pasan en ese lugar en el que puede pasar casi cualquier cosa.

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Palabras en mis manos

Palabras en mis manos .

Palabras en mis manos .Ya llevaba unas cuantas novelas negras para refrescarme la cabeza cuando decidí ponerme con esta obra de la editorial Siruela que parecía novelada pero histórica. La elegí porque el título es una preciosidad, casi parece el inicio de un poema, Palabras en mis manos, y para que no piensen que soy una frívola y que el titulo y la portada es lo único que me llama la atención de los libros (aunque elegir ambas cosas es una de las tareas más complejas del proceso de publicación), tengo que reconocer que en algún lugar había visto que hablaba de Descartes.

Y si se habla de Descartes, no puedo por menos que recordar que un día leí un libro estupendo titulado Hierba Mora, en el que descubrí un trío que nunca he podido olvidar: La Reina Cristina de Suecia, Descartes y Helena. Y desde entonces si de alguna forma veo el nombre de alguno de ellos en un libro hace que me interese, y por poco que sea el fundamento histórico que tenga me entrego a él en cuerpo y alma. Si no está luego a la altura de lo que espero, naturalmente ahí se queda, que a tanto no llega mi interés por ellos.

Pero no ha sido el caso. Me repito al decir que esta editorial tiene la capacidad de sorprenderme una y otra vez, cambiando los registros continuamente sin bajar un ápice la calidad de lo que presenta a sus lectores.

No tenía ni idea de quién era esta mujer que me ha engatusado desde sus primeras palabras ¿Como conocerla si al parecer esta ha sido su primera novela publicada? Me parece increíble que una primera obra pueda tener esta calidad, esta suavidad, este hacerme quedar hasta bien entrada la noche leyendo, este recordar que apurar una copa de vino mientras lees una historia tan bella es un auténtico placer para todos los sentidos.

Guinevere Glasfurd inicia mi aventura lectora con estas palabras:

“Recorrí la habitación a pasitos, trazando un círculo diminuto. Lo que buscaba ya no estaba allí. Su reloj, sus documentos, su tintero de cristal: no quedaba nada, todo había desaparecido. En el pasado había visto aquella habitación vacía y no me había importado, ahora solo magnificaba mi pérdida. No quería una moneda, ni un obsequio, ni un recuerdo. Quería palabras, alguna nota… Mas no hallé ninguna.”

Ya intuyen que el libro me ha parecido una maravilla, y que allí no solo estaba Descartes, también estaba Helena… ¿Será mi Helena? El vino, como la noche, se acaba y el sueño me vencía antes del descubrimiento.

Me quedé dormida en aquel Amsterdam de mitad del Siglo XVII donde Helena Jans, sí, mi Helena, trabaja como doncella para un hombre muy especial ¡Un librero! El señor Sergeant. A su casa Acude para pasar una temporada René Descartes. El resto hay que leerlo, hay que sentirlo… ¡Hay que ver para lo mucho que da la imaginación cuando la historia no es capaz de rellenar todos los huecos! Para eso está la literatura, esta literatura que nos ofrece Palabras en mis manos.

Lo que está claro es que la necesidad de saber nace de la mano de un buen maestro o maestra, de lo que proyectamos sobre los demás, sobre todo de nuestros hijos o de nuestros alumnos, o de nuestros potenciales lectores, cuando lo que queremos es transmitir nuestro amor por la literatura, por las palabras, por lo que de valor tiene ese pequeño poema con palabras exquisitamente seleccionadas para robar una emoción.

Las palabras tiene tanto valor como la vida, es lo que separa a un ser humano del resto de los animales, somos capaces de trasmitir emociones y sabiduría a través de las palabras. La palabra como arte, la vida como un libro que vamos escribiendo hasta llegar al FIN.

Un absoluto acierto el que la narradora inicie la trama casi en su mitad, in media res que dirán aquellos que se hayan acercado alguna vez a un curso de escritura, o incluso que participen en algún Club de lectura.

Está claro que la educación es importante pero no lo es menos la inquietud de algunas personas por saber, por aprender, en este caso lo vemos desde dos puntos de vista distintos, desde dos niveles casi imposibles de sostenerse; Descartes por un lado, Helena por otro… Y juntos el universo. Pero Helena es mujer, Helena es pobre, es casi menos que nada en un mundo diseñado para ellos.

Helena se da cuenta del poder al que se puede llegar con el uso de las palabras, de la importancia del saber en la vida, de ahí su desesperación por aprender, por asegurarse que los pobres aprendan palabras, más allá de la Biblia están los versos, y de los versos brotan las emociones, esas que descubrirá a lo largo de la vida. También Descartes tiene su propia lucha con la sociedad, con él mismo, con su autocensura y sus miedos…

Y así vamos conociendo la historia de uno y otro, y sabemos que Descarte irá a Suecia, y yo sé que hay libros que cuentan que conoció a la Reina Cristina, otra mujer que quería saberlo todo y para ello dejó su corona y se fue al mundo y probablemente conoció a nuestra Helena y ambas escribieron un libro del que algún día tendremos conocimiento.

Algún libro que, como este, nos hable de cómo se vivía en aquella época, de que no era fácil ser mujer, ni campesina, ni reina; un tiempo en el que ser pobre era no ser nada y ser mujer era ser menos que nada. Algo si han cambiado las cosas, pero donde anida la pobreza física o espiritual, allí sigue escondido ese siglo XVII.

Otra vez tengo que decirles que leer puede llegar a ser un gran placer para todos los sentidos. Y terminas de leer algo así y vuelves a tener esa sensación de que quieres más, necesitas más, y miras llover por la ventana y surgen en tu mente las ideas, los recuerdos, y todo ello tiene sentido cuando acuden a mi mente y a mi mano las palabras, esas que darán forma a todo el caos que hay dentro de mí y que gracias a ellas queda ordenado verso tras verso, haciendo de mi vida un lugar más cálido, más grato, más habitable, un lugar en el que los sueños pueden rescatarte de vez en cuando de aquel Siglo XVII.

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La vida negociable

la vida negociable

la vida negociable Regresa, tras el excelente paréntesis que nos ofreció con su anterior, particular y personal libro, El balcón del invierno, el Luis Landero que todos conocemos. Y regresa igual de fresco y natural que cuando nos sorprendió a propios y extraños con aquellos Juegos de la edad tardía o El mágico aprendiz que todos ustedes, seguro, guardan en su memoria lectora.

Esto tiene Luis Landero, que escribiendo sobre cosas y personas grises a los que nadie les daría ni dos minutos en un telediario regional, hace grandes creaciones, es capaz de sacar un relato impresionante navegando por la vida y por el vocabulario, y naturalmente por su capacidad de unir la vulgaridad de los hechos con la brillantez de la narración.

La vida y los sueños … Y los recuerdos reales y los recuerdos soñados.

Landero ganó, en 1989 el Premio de la Crítica y el Premio Nacional de Literatura; en muchas ocasiones tras los premios viene lo que podríamos llamar el reposo del escritor. Él no podía descansar pues llegó a lo más alto con su primera novela, pero una tras otra ha ido creciendo y sorprendiendo al lector amante de la Literatura.

He leído con auténtico placer La vida negociable, porque he de reconocer que disfruto con la buena literatura española que ha bebido de sus propias fuentes y se ha alimentado de sus propias raíces.

¡Qué habilidad la de este autor para acondicionar la tradición a un relato actual!

En uno de los capítulos salté del sillón en el que estaba tan plácidamente para leer en voz alta a mi familia un pequeño cuento que a Hugo le cuenta su padre, un cuento en el que quedan reflejadas las virulentas relaciones entre padres e hijos y en general entre generaciones, unas que vienen y otras que se van… Y les leo esa corta historia entre un abuelo y su nieto, y no nos queda otra que reírnos, pero no con risotadas divertidas, que va, es una risa que se inicia alta pero se va tornando en agria y he de reconocer que al final termina dejándote un regusto bastante amargo.

En esta ocasión será al pequeño Huguito al que acompañaremos en el devenir de su vida, una vida dura, una continua tragicomedia que hace de su vida una montaña rusa. Un ser humano que se crea su propio pozo, al que las circunstancias le arrastran una y otra vez. Huguito se convierte en Hugo pero el esperpento soñador se mantiene en el personaje y en la historia…

La joven Leo, otro personaje a explorar, otro ejemplar humano al que Landero tampoco dará tregua. La relación explosiva entre Leo y Hugo. Dos sobrevivientes.

La relación de Hugo con sus padres es como la relación de Hugo con el mundo. Landero nos hace reír donde debemos llorar, en algún momento ha llegado a conmoverme profundamente. Ese no saber amar ¿Quién se ocupa y preocupa hoy de enseñar a amar? ¿Dónde vemos ese amor …?

Tiene razón Landero, es más fácil hacer una vida negociable en la que todo está mercantilizado, pero en ella jamás se termina de encontrar la paz y el perdón que todos deseamos.

“Señores, amigos, cierren sus periódicos y sus revistas ilustradas, apaguen sus móviles, pónganse cómodos y escuchen con atención lo que voy a contarles. Cuando yo era adolescente, cuando apenas sabía algo del mundo de los mayores, ni tenía clara conciencia del bien y del mal, e ignoraba por tanto de que manera prodigiosa puede llegar uno a convertirse en un momento, quizá sin advertirlo, como en una cara o cruz, en un canalla o un santo, un día mi madre me llevó con ella a un lugar secreto., y yo supe que era secreto porque eso fue lo primero que me dijo en cuanto llegamos allí.
Tú eres capaz de guardar un secreto, ¿no?…”

Y así empieza el autor su obra, como empiezan todos los contadores de buenas historias.
¿De cuantas cosas nos habla Landero en su libro? Literatura, vida, metaliteratura, de los sueños, de la búsqueda de la felicidad, de que la vida se nos va en un mar de sueños y que es posible que los sueños también sean parte de la vida, una parte importante, llegar a la felicidad a través de todo aquello que esté a nuestro alcance.

Y cómo no recordar, tras leer La vida negociable,  aquí y ahora a Calderón que a través del monólogo de Segismundo nos dice aquello de que:

Sueña el rico en su riqueza,
que más cuidados le ofrece;
sueña el pobre que padece
su miseria y su pobreza;
sueña el que a medrar empieza,
sueña el que afana y pretende,
sueña el que agravia y ofende,
y en el mundo, en conclusión,
todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Yo sueño que estoy aquí,
destas prisiones cargado,
y soñé que en otro estado
más lisonjero me vi.
¿Qué es la vida?, un frenesí.
¿Qué es la vida?, una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño:
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

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OFFSHORE

OFFSHORE

OFFSHOREPara los seguidores, como yo, de la serie Kostas Jaritos, siempre es un gustazo reencontrarse tanto con la Familia del Comisario al completo, como con el propio autor, porque de alguna forma es la manera de seguir viendo la evolución que, aunque de forma ficticia y novelada, van siguiendo nuestro queridos amigos griegos. Atenas sigue allí de fondo, como un personaje más para decirnos cómo se vive el día a día en su interior.

OFFSHORE, arranca en el final de la Cuaresma que da inicio a la Semana Santa, y esto le sirve a Petrus Márkaris para adentrarnos en las tradiciones religiosas griegas. Adrianí, la mujer de Kostas será como siempre la encargada de llevarnos por ese terreno, tanto a nivel culinario tradicional como con sus acertadas sentencias y refranes, que ya veremos casi al inicio del libro, y así veremos que Grecia empieza a respirar y la gente escapa de la ciudad en sus recién recuperados vehículos:

“- Ay del holgazán, si encuentra afán, y hay del griego, si tiene el bolsillo lleno –sentenció Adrianí-. En cuanto le sobran unos eurillos, sale corriendo hacía el campo o la playa. Tenemos chalets y segundas residencias para rato.”

A mí me gusta esta serie de libros, me entretienen y me relaja leerlos cuando estoy realmente cansada de otras lecturas más densas o de otros menesteres de la vida. Me gusta porque es un poco como ver la vida a través de los ojos de Kostas que es una persona realista y bastante sensata. Kostas es Comisario de policía, su hija Katerina, es abogada y está casada con Fanis, que es médico, y es por ello que nos muestras una gran gama de situaciones diversas dentro de sus distintos mundos.

Adrianí es un ama de casa tradicional, ve la vida a través de la televisión y a través de su familia, con ella aprenderemos mucho sobre cocina griega, pero es una mujer de su tiempo que también se ha tenido que reinventar para sobrevivir y hacer sobrevivir a su familia. Valora sobremanera el que su hija sea una profesional y no solo una ama de casa como ella, pero al mismo tiempo el mundo se desploma bajo sus pies cada vez que intuye la posibilidad de que Katerina, por motivos profesionales, se aleje de ellos. La vida en Grecia no da muchas oportunidades a la gente joven y ella lo sabe y lo sufre.

Bien sabemos nosotros todo esto, pues nada claro está el futuro profesional de muchos de nuestros hijos, solo hay que ver la tasa de paro juvenil que tenemos en España.

Pero como les decía, Grecia empieza a respirar, el dinero empieza a llegar aunque nadie sabe muy bien ni cómo ni de dónde llega ¿Acaso le importa a alguien saber porque hoy vive mejor que ayer? Ya vimos esta forma de reaccionar ante el asesino del libro anterior “Liquidación final” y ese Recaudador Nacional que consigue mediante la violencia lo que no ha conseguido el gobierno griego, que la gente pague sus impuestos. Y la gente mira para otro lado porque a ellos no les afecta… Como siempre, hasta que le toca a uno mismo.

Con esta nueva historia avanzamos un poco más, de ahí el título del libro, excelentemente elegido.

OFFSHORE es un término que, como casi todos los nuevos que adoptamos, proviene del inglés, y que literalmente significa “en el mar, alejado de la costa”, “ultramar” pero es comúnmente utilizado en diversos ámbitos para indicar el traslado de un recurso o proceso productivo a otro país. En definitiva, lo que nosotros llamaríamos deslocalización. También en el ámbito financiero podemos utilizarla para hablar de paraísos fiscales o relacionarlo incluso con el blanqueo de dinero

¡¡Ay esos billetes de quinientos que nadie sabe donde están…!!

Y a pesar de todo ello, a pesar del dolor de la crisis, de los asesinatos, de los problemas familiares, a pesar de ver lo injusta que es la vida la mayoría de las veces para los que son personas de bien y de justicia, me gusta leer y me relajan estas novelas, que son negras, naturalmente, negras como la noche negra, pero también tienen su aquel de normalidad y de esos buenos momentos que hay que saber disfrutar, esos de los que disfruta la familia Jaritos y que al contarlos en primera persona te hacen partícipe de todo aquello que están viviendo.

Kostas Jaritos seguirá contándonos sus historias porque queda mucho para que Grecia retome la normalidad, y queda mucho también para que Europa se sienta Europea.

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TURISTIA, de Pablo Rodriguez Burón

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turistiaNo suelo leer ciencia ficción ¿Pero es esto que he leído ciencia ficción?

En primer lugar contarles que le hice un hueco a TURISTIA entre mis lecturas porque me llamó la atención que fuese del escritor y antiguo compañero en esta casa, Pablo Rodríguez, más conocido para todos ustedes como Leo Mares (ahora puede ir a ver sus reseñas, y hacerse una idea de cómo escribe).

¿Ya se han convencido de que vale la pena seguir leyendo mi reseña? ¡Pues vamos a ello!

No es el primer libro de este autor vallisoletano, anteriormente ya había publicado entre otros, Los cuentos de Leo Mares y El abrazo de piedra, pero TURISTIA es el primero que yo he leído.

Si no me hubiese gustado el libro ya saben que no estaría aquí perdiendo y haciéndoles perder el tiempo hablándoles de algo que no me ha dicho nada, así que de entrada les diré que me ha gustado, me ha entretenido y me ha hecho reflexionar sobre lo que les decía al principio ¿Es realmente ciencia ficción? Sí, claro que lo es, pero esto nos pasa a muchos no asiduos a este género cuando nos enfrentamos a libros como TURISTIA, es tanta la reflexión a la que nos lleva y tan cercano ese posible futuro, que nos hace preguntarnos una y otra vez lo mismo, cuestionar nuestra forma de vida, nuestros principios… Esto me pasa también cuando leo ese curioso mundo de ficción que creó Rosa Montero.

Veamos, llegó un tiempo en España en que la deuda exterior era increíblemente desmesurada, tanto que el país entero se vende a una Sociedad Corporativa, y se convierte en una especie de parque de atracciones inmenso donde todos tiene la “vida” asegurada, y donde las personas dejan de ser ciudadanos para pasar a ser trabajadores de la misma. Aquella España, ahora TURISTIA, será el punto de destino vacacional de millones de personas de todo el mundo, naturalmente existirá una gran rivalidad entre los distintos destinos o ciudades-turistas, que nos obligará a trabajar duro para ser el punto de destino más solicitado.

Las nuevas tecnologías han avanzado espectacularmente, aunque hay cosas como el baloncesto de alto nivel y el fútbol que nunca cambiarán, porque yo creo que el autor saca ahí sus debilidades particulares 😀

Un lugar que me recuerda al mundo de El show de Truman donde todo se publicita, todo se vende y todo es posible; todo está controlado para el trabajador, pero también para el turista. Pastillas para casi todo, para alienar las vidas de los que se creen felices, vender la libertad a cambio de pan y circo. Un Gran Hermano a los grande, a lo infinito…

Como ya imaginarán, siempre quedan idealistas y rebeldes que no entrarán en este juego, y así han quedado en algunas ciudades personas como el padre de nuestro protagonista, Mario, al que este intentará encontrar tras cinco años de no tener noticias suyas.

TURISTIA, engancha al lector porque nos muestra ese lugar desde muchos puntos de vista, utilizando técnicas literarias variadas para construir en nuestra mente la imagen que nos quiere dar de esa nueva forma de vida y su organización.

Me encanta ver como evoluciona o ha evolucionado en la nueva TURISTIA nuestra capacidad de adaptación a la falta de privacidad, la naturalidad con la que somos capaces de asumir algunas cosas, cosas que pensamos que nunca llegarían ya están aquí, en nuestra vida, en nuestro cada día real. Así que Pablo Rodriguez solo ha tenido que mirar a su alrededor, cerrar los ojos y escribir sobre ese posible futuro.

¿Tienen futuro los rebeldes y los inadaptados? Pues ustedes mismo, pasen, lean y vean…

¿Recuerdan cuando tenían que programar el vídeo de sus padres porque ellos no sabían utilizarlo, o incluso ahora mismo cada vez que se cambian de móvil o sistema operativo? Incluso la gente de mediana edad tenemos algún problema de adaptación, pero cada vez la tecnología es más intuitiva porque interesa que nadie quede fuera de la mercantilización, trabajar es importante, trabajar para gastar… Nos suena a todos.

Definitivamente solo puedo recomendarles que lean este libro, incluso a aquellos que no terminen de gustarles la ciencia ficción, porque ya saben que los buenos lectores, aunque no amantes de este género, siempre caemos rendidos ante una buena historia, historias que tienen profundidad, dobleces, capas. Uno de esos libros que seguro que crearía un buen debate en un club de lectura de adultos, pero ni que decir tiene que entre los jóvenes ha de abrir un debate impresionante sobre el futuro que les espera.

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