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Cuatro cuentos, de Liniers

Cuatro cuentos

Cuatro cuentosYa os he confesado alguna que otra vez mi predilección por Liniers. Lleva años acompañándome con sus tiras y sus personajes y sacándome mil sonrisas con sus historias. ¿Cómo no voy a quererle, eh? Eso de que para conquistar a una persona es muy necesario hacerla reír es totalmente cierto en este caso. A mí Liniers ya me tiene ganada, artísticamente hablando, desde hace mucho con su humor.

El último libro suyo que reseñé aquí fue Cosas que te pasan si estás vivo, publicado por Anagrama. En esta ocasión, Anagrama vuelve a contar con el dibujante argentino para su colección Contraseñas ilustradas con este maravilloso libro titulado Cuatro cuentos.

Sí, la pista es muy clara. En este librito Liniers nos ofrece cuatro cuentos inspirados en cuatro musas: Edward Gorey, Shel Silverstein, Tom Waits y Alfonsina Storni. Casi nada, ¿eh? Con semejantes inspiraciones normal que saliese un libro tan redondo como éste. Eso y la propia imaginación de Liniers, que también vale oro.

El primero de estos cuentos es Abajópolis, un cuento con rimas que nos presenta al señor Sombrero, quien, con el nuevo dinero que ha ganado decide emprender un viaje a Abajópolis. Todo será muy diferente allá abajo, como podéis imaginar. Una historia súper divertida y muy surrealista la que vive señor Sombrero por esos pagos. Muy en la línea de Liniers y su humor absurdo.

El secundo cuento, titulado Los peligros de caerse para arriba, Liniers vuelve a hacer gala de ese humor tan hilarante y extraño. ¿Imagináis lo que debe ser caerse para arriba? Pues no tenéis ni idea, ya os lo digo yo. Y mucho menos se os ocurriría pensar en toparos con Willy Fog en un su globo aerostático. Estas cosas solo pueden ocurrírsele a Liniers.

El tercer cuento es El inquilino y trata de un extraño ser que habita con la familia Manutius sin que estos puedan hacer nada. Pero el inquilino, aunque tiene sus cosas, es un ser agradable. A pesar de sus extrañas costumbres como pasarse la tarde entera leyendo etiquetas de mermelada. Sí, es un inquilino de lo más peculiar. Divertido, como todos esos personajes que salen de la imaginación de Liniers.

El último cuento es mi favorito porque me toca especialmente la patata. Dedicado a Alfonsina Storni, El viaje es un precioso homenaje a la maravillosa poeta. Un cuento lleno de poesía, delicado y tan dulce que dan ganas de perderse dentro de él.

Liniers es magia, ¿lo sabíais? Este tipo tiene un maravilloso don y Cuatro cuentos no es más que otra demostración de las maravillas que puede crear. Ojalá que no pare nunca. Queremos tanto a Liniers.

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El corazón de Júpiter, de Ledicia Costas

El corazón de Júpiter

El corazón de JúpiterEste libro de la colección infantil y juvenil de Anaya es uno de esos libros que se quedan dentro de ti durante mucho tiempo. De hecho, hace un par de semanas que lo acabé y de vez en cuando todavía me acuerdo de él. Eso es lo que hacen los buenos libros, ¿no? Quedarse dentro de nosotros, acompañarnos durante días y hacernos pensar. Y es que hay algo en él que me ha trastocado, por así decirlo. Supongo que es porque esperaba otra cosa de él. Ya sabéis, las películas que nos montamos a veces cuando leemos un título y vemos su portada. A mí deberían haberme dado ya varios Oscars. El caso es que El corazón de Júpiter ha resultado ser más de lo que esperaba. O al menos me ha hecho pensar más de lo que yo creía. Y eso está genialmente genial.

Isla es una adolescente que cambia de ciudad con sus padres. En su nuevo lugar, Isla tendrá que empezar de cero: nueva casa, nuevo instituto y nuevos amigos. Un rollo. Y más cuando eres un adolescente y tus padres te obligan a mudarte sin que tú puedas opinar nada al respecto. Seguro que a más de uno os suena esa situación.

Dentro de lo que cabe, Isla no lo lleva tan mal. Y eso que no ha empezado con un buen pie. Conocer desde el primer día a Carballo supondrá un punto de inflexión en su nueva vida. Y es que este problemático adolescente y su grupo de amiguitos se dedicarán a hacerle la vida imposible en su nuevo destino. Menos mal que conoce a Mar en el instituto. Una chica encantadora que será su nueva mejor amiga y que estará siempre a su lado para plantar cara a esos idiotas que pretender hacerle daño.

Pero, sobre todo, lo más maravilloso que tiene Isla es su telescopio y el universo. En él pasará las horas evadiéndose de la realidad y de sus problemas. Gracias a esta pasión Isla conocerá a Júpiter, un chico maravilloso que siente la misma fascinación que ella por el universo. La única pega es que Casiopea (así es como Isla se hace llamar en los foros de astronomía) solo conoce a Júpiter por chat. Nunca se han visto ni se han tocado, pero ella sabe que él es su gran amor y que la conexión que existe entre ellos es auténtica.

Por eso júpiter le sirve de consuelo. A pesar de que los otros se empeñen en amargar su nueva vida, Júpiter siempre estará allí, al otro lado de Internet, dispuesto a escucharla y aconsejarla. Isla llega a obsesionarse con él, pues está convencida de que tienen una auténtica conexión y no parará hasta que Júpiter acceda a encontrarse con ella. Pero eso sólo ocurrirá la madrugada del 24 de junio y hasta entonces aún quedan muchas historias por vivir.

Pensé que El corazón de Júpiter iba a ser un libro más light, que no me haría reflexionar tanto. Pero este es un libro de esos que, como os he dicho, se quedan dentro de nosotros y nos hace volver a él. Y es que, aunque el amor y la amistad sean los dos temas principales, también hay en sus páginas otros temas como el acoso, las ilusiones y las relaciones por Internet que llegan más adentro. Desde luego que es un libro que recomendaría a los adolescentes, pues es una buena forma de tratar todos estos temas a través de la literatura. Un libro duro y emotivo que tiene mucho que ofrecernos.

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J+K, de Jhon Pham

J+K

J+KEste libro es arte, lectores. Se mire por donde se mire todo en él es arte. J+K ha resultado ganador del premio internacional Puchi Award, creado por La casa encendida y Fulgencio Pimentel. El objetivo de este premio es reconocer las “propuestas de libro más libres, brillantes y renovadoras, sin renunciar a ningún género, centrándose únicamente en su osadía y su vinculación con los distintos lenguajes del presente”.

Su autor es John Pham, un artista underground vietnamita que es hoy en día bastante conocido en el mundillo. Él mismo publicaba su  propia revista, llamada Epoxy, y Fantagraphics Books publicó su primera serie de cómics titulada Subflife. J+K es su primer libro y la edición no podría ser más perfecta. Una preciosidad que además incluye un montón de detalles como pegatinas y un disco de vinilo de cinco pulgadas. Sin duda, una edición de lujo la que ha publicado la editorial Fulgencio Pimentel para este cómic.

Pero no todo es fachada, ¿eh? No os vayáis a pensar. Abrir las páginas de este libro es todo un viaje sensorial. Y es que este libro casi se disfruta con los cinco sentidos. Con esos colores tan fosforescentes y esos dibujos con un sello tan propio, J+K es también un libro muy divertido. Las protagonistas son dos amigas huérfanas y todo lo que rodea a esta historia está impregnado de esa cultura popular y teenager que hacen tan atractivo a este cómic. El diseño de los personajes es brillante y es realmente fácil conectar con estas dos chicas en sus divertidas aventuras. Sí, con J+K os lo vais a pasar genial. Todas esas referencias culturales de las que os hablaba (videojuegos, cómics, canciones) os van a sacar más de una sonrisa.

Pero detrás de todo este halo tan teenager y de cultura pop hay mucha verdad también en este libro. En él también se habla de la marginación, la emancipación y, sobre todo, de la amistad. Tratados estos temas con una sensibilidad excepcional, como la que destila el propio libro. Todos hemos pasado por ahí. Aquello de buscar trabajo y no encontrar más que empleos mal remunerados, la resaca tras una fiesta que ha servido como excusa para olvidarnos de todos y de todo. Seguro que os suena, ¿verdad?

Para que os hagáis una idea, en la página de la editorial Fulgencio Pimentel podéis ver un vídeo de cómo es J+K. Os recomiendo que lo veáis porque todo lo que yo haya podido decir de este libro se queda corto. Podéis verlo aquí.

No sé qué más tendría que decir para convenceros de que este libro es una auténtica joya. Un cómic de lujo por dentro y por fuera, una aventura para nuestros sentidos que nos hará pensar. Desde luego que J+K es un digno merecedor  del premio Puchi Award y de todos los premios que le den.

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Carta abierta a los animales, de Frédéric Lenoir

Carta abierta a los animales

Carta abierta a los animalesEste libro es una carta preciosa dirigida a los animales, pero también a los que no se creen superiores a ellos. Afortunadamente, yo me encuentro en ese grupo. Siento un amor incondicional por los animales (sí, todos) y no sé quién coño nos creemos que somos a veces para tratarlos tan mal. Supongo que es eso… la mayoría de la gente se piensa que son superiores y eso les da el derecho de hacer con ellos lo que les da la gana.

A esas personas les obligaría a leer este libro. Me encantaría que todos abriésemos más los ojos y entendiésemos mejor la relación que nos une con el resto de especies que habitan en este planeta. Que por cierto, también nos pensamos que es solo nuestro.

Se trata, como dice el autor, de mostrar humanidad. Y la humanidad no es simplemente respetar a los otros seres humanos, sino también a todos los seres vivos. Tan humanos que somos y lo que nos cuesta entender esto, ¿verdad? Será que al final nuestra superioridad moral no nos vale para tanto si no sabemos usarla.

No me extraña que Carta abierta a los animales haya sido todo un éxito de ventas en países como Francia. Su autor, Frédéreric Lenoir, filósofo, sociólogo e historiador de religiones es fundador de la asociación Ensemble pour les animaux y cofundador de SEVE (Savoir être et vivre ensemble). Como veis, una persona totalmente comprometida con el respeto hacia los animales y el saber compartir este planeta con los demás seres que lo habitan en total armonía. Sí, ya sé que parece difícil, pero ojalá más gente fuese consciente de lo necesario que es vivir de esta manera.

Repleto de citas interesantes, Carta abierta a los animales hace un repaso a la historia de cómo el Homo Sapiens se hizo el dueño del mundo y el paso horrible de la domesticación a la explotación de nuestros compañeros. ¿Realmente somos tan distintos? Os sorprenderá saber que no, que a pesar de todas las maravillosas peculiaridades hay mucho que compartimos.

Es cierto que algunos de los pasajes del libro son duros, no os voy a mentir. Si todo el mundo leyera el capítulo en el que el autor habla de los animales que pasan sus días siendo cebados y maltratados para luego convertirse en alimento estoy segura de que el consumo de carne y de alimentos provenientes de animales que han sido criados en dichas condiciones disminuiría significativamente. Ya sé que es difícil. Casi una utopía. Pero ojalá seamos conscientes de todo el maltrato y el daño que nuestros compañeros de planeta están recibiendo por nuestra parte. Desde luego que el homo sapiens es cada vez menos sapiens y más horrible.

Como os decía, este libro debería ser lectura obligatoria. Todos deberíamos leerlo desde pequeños para concienciarnos de la importancia del respeto que le debemos a los animales, nuestros compañeros. Una carta dura, emotiva y sincera que resulta totalmente necesaria.

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Todo comenzó un martes al atardecer, de Iván Portas

Todo comenzó un martes al atardecer

Todo comenzó un martes al atardecerIntento recordar cuál fue el momento en el que empecé a interesarme por las estrellas, pero me resulta imposible. Cuando vivía en Madrid, rodeada de asfalto y contaminación apenas me fijaba en ellas. Sabía que estaban ahí, pero muy pocas veces conseguía verlas. Por eso, cuando llegaba el verano y me iba al pueblo, lo único que deseaba era que cayera la noche para poder mirar por la ventana todas esas maravillosas estrellas. Y yo no entendía por qué entonces sí podía verlas y cuando estaba en Madrid, no. Por eso empecé a pensar que había algo más, que solo se veían las estrellas cuando el día siguiente iba a ser maravilloso. En Madrid esos días casi no existían porque la monotonía y la rutina ya se encargaban de que así fuera. Pero en cambio, la vida en el pueblo era muy diferente. Ahí sí que había días maravillosos. Y no fallaba: cuando había una noche estrellada, eso significaba que al día siguiente podría ir a la playa, o que podría ir al río sin que la lluvia lo arruinara todo, o que incluso podría montar en bici durante horas y horas.

Por eso, la noche de San Lorenzo era mi noche preferida del año. Esa noche de mediados de agosto ya era tradición poner la tienda de campaña en mitad de un prado bien lejos de cualquier farola. Dentro de esa tienda de campaña, cinco niñas pasaban la noche hablando, riendo, comiendo guarrerías y contando historias de terror. Pero, sobre todo, estaban pendientes de las estrellas, esas que pasaban deprisa ante sus ojos como un relámpago. Algunas decían que daba buena suerte pedir deseos cuando una estrella fugaz pasaba. Otras, como yo, disfrutaban de ese breve brillo y pensaban en el día tan increíble que estaba por llegar.

No sé si Andrea, la protagonista de Todo comenzó un martes al atardecer, pensaba lo mismo que yo cuando miraba el firmamento, pero sí que tenía ganas de ver esa lluvia de estrellas que se llevaba anunciando tiempo atrás en la televisión. Cansada de su trabajo, dejó todo para irse una buena temporada a Europa, aunque sus planes se vieron truncados cuando encontró un símbolo extraño en el despacho de su antiguo jefe. Aunque lo tenía todo planeado y realmente quería seguir con ello, no pudo evitar darle vueltas y vueltas al símbolo que había visto, así que decidió contactar con su primo Jose, que poseía un don innato para la tecnología gráfica, lo que le podría resultar de gran ayuda. Entre eso y unos cuantos contactos, consiguen averiguar que ese símbolo es el acrónimo cifrado de un proyecto muy gordo, de algo que, de llevarse a cabo, supondría un gran desastre para toda la humanidad. Y esa lluvia de estrellas, que Andrea espera con tanta ansia como yo esperaba cada año la de San Lorenzo, tiene que ver mucho más de lo que cualquiera de ellos se imagina.

Iván Portas nos trae una novela de acción, donde la protagonista es una mujer fuerte y valiente que tiene que aprender a la fuerza a valerse por sí misma. Andrea es un personaje que llega, que se entrega al lector. Nos muestra sus dudas, sus miedos, sus reticencias. Es sensible, pero también poderosa, como demuestra a lo largo de las páginas de esta obra. Seguida por su instinto y junto con Jose (su primo) y David (un ex soldado de operaciones especiales), demostrará al mundo que es mucho más que una mera ingeniera. Esto me ha gustado especialmente, ya que, aunque recibe ayuda, ella misma es una heroína. Además, su sensibilidad y su instinto son dos armas que le resultarán imprescindibles, pues habrá momentos en los que esas habilidades serán mucho más útiles que cualquier otra.

Y qué decir de David, un personaje que al principio aparece misterioso y del que no sabemos nada, pero que poco a poco se va dejando descubrir y del que es imposible no encariñarse. Me ha recordado un poco a estos súper hombres de película, así como Tom Cruise, que aparecen de la nada para ayudar a un chica en apuros y que aportan nociones de estrategia militar que son esenciales para resolver la trama. Es un personaje que me ha hecho mucha gracia, porque lo mismo coloca bombas por ahí, como te pilota un helicóptero. Un chico comodín que sabe hacer de todo.

Todo comenzó un martes al atardecer tiene un ritmo muy rápido. Desde el principio empiezan a pasar muchas cosas, sin dar casi tiempo al lector a familiarizarse con la historia o los personajes. Eso me ha gustado, porque me ha hecho darme cuenta de la trama a la vez que la propia Andrea lo hacía. Hay veces en las que me parece que los personajes van mucho más avanzados que yo, como que yo voy por detrás de ellos y me doy cuenta tarde de las cosas. Pero en este caso, al no ser una novela que tenga un principio pausado y descriptivo (como suele pasar), todo va tan acelerado que al lector no le queda más remedio que ponerse al día enseguida. Eso ha sido precisamente lo que hizo que me leyera más de la primera mitad del libro del tirón.

Es verdad que he leído poco de este género, pero lo que leo me gusta. Me ha recordado un tanto a Inferno, de Dan Brown, por el estilo de la trama, aunque los métodos que usan sendos protagonistas para resolver la historia nada tienen que ver. Recordemos que Robert Langdon usa sus conocimientos de historia y arte y Andrea, Jose y David optan por un conocimiento más tecnológico. Pero sí, ese ritmo acelerado, las conspiraciones, el ingenio que tienen que tener los protagonistas, los malos que aparecen de la nada y que son más que insistentes, han hecho que en ocasiones me acordara del estilo de Dan Brown. Me estoy planteando leer más de este género, porque realmente he disfrutado muchísimo con el libro.

Iván Portas demuestra que es un gran apasionado del género. Su profesión, ingeniero industrial y su interés por el emprendimiento tecnológico hacen que la historia esté muy bien atada. Nos da un marco perfectamente definido y desarrolla mucho el aspecto tecnológico que impregna toda la novela. Se nota que no cuenta la historia por contar, sino que hay un gran trabajo de documentación detrás que hace que la historia esté perfectamente hilada y que todo tenga sentido.

Yo sigo con mi teoría de que los días que preceden a una noche estrellada son los mejores días que uno se pueda encontrar. Aunque también es cierto que en las noches en las que no hay estrellas, mi plan suele ser acurrucarme en el sofá con un buen libro, como este, esperando a que caiga una tromba de agua. Y, yo me pregunto, ¿hay algo más maravilloso que eso?

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Castaños en Ipeva, de Pedro Ignacio Jiménez

Castaños en Ipeva

Castaños en IpevaHace unos días conocí a un chico por Wallapop, esa página de venta de segunda mano que está tan de moda ahora. Yo andaba buscando un libro de Murakami que no fuera de bolsillo y que no me costara un dineral. Y él lo tenía. Empezamos a hablar y a intercambiar opiniones sobre nuestros escritores y libros favoritos y de ahí pasamos al cine. Yo le recomendé mis películas favoritas (que, por cierto, ya había visto) y él hizo lo mismo conmigo. Gracias a él he descubierto películas increíbles, pero una de las que más me ha gustado es Hacia rutas salvajes. Ya no solamente por lo bien dirigida que está, ni por la increíble fotografía que tiene. Fue la historia del protagonista, Alexander Supertramp, la que hizo que no pudiera apartar mis ojos de la película. Esa aventura que él solo emprende y que le lleva a conocer a tantas personas peculiares que tienen algo que contar, me fascinó.

Y quizás haya sido eso lo que me ha hecho sonreír mientras leía Castaños en Ipeva, la primera novela de Pedro Ignacio Jiménez, el acordarme casi todo el tiempo de Alexander, al que en un par de horas que duraba la película, cogí un tremendo cariño.

Pero esta novela no va de Alexander Supertramp, para nada. El protagonista es Pablo Lima, que al igual que el chico de la película que os comentaba, es todo un superviviente. Siendo muy jovencito una epidemia invade el pueblo en el que vive. Toda la aldea sucumbe ante esa extraña enfermedad siendo Pablo la única persona que consigue resistir a ella. Se queda solo, cuando todavía no tiene ni idea de qué va la vida. Le suena haber escuchado que un tío suyo se fue de la aldea muchos años atrás, así que él decide emprender la marcha para encontrar al único pariente que, en teoría, sigue vivo.

Pablo Lima entonces comenzará una cruzada a través de muchos escenarios diferentes en los que se enfrentará a algo más temeroso que un monstruo: su capacidad para seguir adelante. Lo más bonito de ese viaje, sin duda, es la gente a la que conoce. En cada capítulo encontraremos a personajes diferentes que tendrán muchas cosas que contar a Pablo. Y desde luego, no son personajes al uso, ya que el excentricismo y las rarezas están servidas. En concreto, el capítulo del hombre desnudo (no contaré más) me hizo reír una barbaridad.

Y es que en este libro encontramos de todo un poco. Encontramos el drama de un niño que ve cómo su familia muere ante sus ojos, la risa de conocer a esos personajes hilarantes y extraños, las aventuras de atravesar él solo lugares tan inhóspitos como un desierto o incluso intriga por saber qué será lo próximo que Pablo se encontrará en el camino.

Se podría decir que Pedro Ignacio Jiménez recupera el realismo mágico para acercarnos a las historias de Márquez o Rulfo. Tiene reminiscencias de esos autores en la medida en que nos plantea un escenario que podría ser cotidiano y en el que empiezan a aparecer elementos fantásticos, pero todo con mucha naturalidad. Por ejemplo, lo del hombre desnudo: Pablo se lo encuentra en mitad de la nada y Pedro Ignacio Jiménez tiene la facilidad de describir esa escena como si fuera lo más habitual del  mundo. De eso se trata, de dar al lector cosas asombrosas pero sin pretender que sea así. Eso es lo que más me ha gustado del libro.

Antes de hacer la reseña, me he metido un poco en Internet para leer sobre la vida del escritor y me he topado con una entrevista suya. En ella, el autor gaditano reconoce que empezó el libro por el final, escribiendo los tres últimos capítulos. Y que después, ya teniendo claro el final, comenzó a desarrollar el resto de la historia. También comenta que hizo un gran trabajo de documentación y eso se nota en cuanto lees un par de capítulos que se desarrollan en escenarios diferentes. Si no hubiera hecho esa labor de documentación (que dice, además, le encantó), los escenarios se hubieran vuelto planos y el lector no llegaría a tener esa sensación de ir acompañando a Pablo Lima a través de su odisea.

También leí que le preocupaba mucho el tema de los diálogos, que no quería que sonaran forzados.  Es curioso, porque eso es algo en lo que yo me fijo mucho. Me gusta que los comentarios sean naturales, que parezca de verdad que esa persona está hablando así y que no suene como un cuento infantil en el que los diálogos parecen estudiados de más llegando a resultar artificiales. Pero en el caso de Castaños en Ipeva, os puedo asegurar que esto no sucede. Los diálogos son fluidos y en ningún momento el lector tiene esa sensación de afectación. Son naturales, como el resto de la historia. Quizás eso es lo que ha llevado a esta novela a ganar el premio del I concurso de novela de tucoahliterario.com, no lo sé. Se me ocurren muchas cosas por las que podría haber quedado en primera posición, pero me da a mí que esta es la acertada. Y para muestra, os dejo aquí un fragmento de un trozo de la narración que resume la esencia del libro y que me encantó cuando lo leí:

“Otra vez el camino, una vez más el desierto, el calor, la polvareda, y otra vez la soledad, el silencio y la utopía. Una vez más las hogueras, las dudas, los recuerdos, y de nuevo, la vida en un alambre. Esta vez, de lo único que Pablo Lima estaba seguro, era de que no le pondría nombre a su caballo”.

El único defecto que le he visto es que la novela necesita un repaso de la corrección. He encontrado alguna falta que otra y eso ha hecho que, en algún momento, mi lectura se viera interrumpida. Pero mejorando eso en las siguientes ediciones, estaremos ante una novela redonda.

Y por último, y ya para terminar de analizar todos los puntos que me parecían importantes, tenemos al propio Pablo Lima, un personaje que va creciendo poco a poco delante de los ojos del lector. Sin apenas darnos cuenta, el niño ya no es tan niño. Y el lector le acompaña en silencio a través de sus andanzas y pensando para sí: “ojalá lo consiga”. Exactamente lo mismo que me pasó mientras veía Hacia rutas salvajes. De verdad quería que lo consiguiera, y más después de todas las cosas que tuvo que afrontar para llegar hasta ahí.

Me gustan los libros en los que se me permite implicarme, en los que estoy leyendo y parece que fuera yo la que está en la piel del protagonista. No me gusta ser una mera espectadora, quiero vivirlo. Para eso leo. Y gracias a Pedro Ignacio Jiménez he conocido lugares fantásticos y he vivido una aventura increíble usando solamente un libro como instrumento.

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Family Office: El mundo de la familia y los negocios al desnudo, de Robert Villesdin

Voy a confesar públicamente un secreto: soy una persona con muchísima curiosidad, me encanta saber lo que ocurre a mi alrededor, lo que hacen mis familiares, amigos, vecinos e incluso desconocidos. Algunos dirán que soy un cotilla o incluso una maruja, y probablemente tengan razón. A mí, si me dieran la posibilidad de ver lo que hace cada uno en sus casas, en sus trabajos, me pasaría el día espiándolos.

Pero tampoco me gusta llevar las cosas al extremo (por suerte, tengo una vida propia y disfruto viviéndola sin necesidad de meterme mucho en la de los demás), aunque eso sí, me lo paso genial cuando me llega un libro que me permite sentir esa sensación de voyeurismo, de estar entrando en casas ajenas y ver lo que piensan, hacen, sienten y dicen un grupo de personas.

En este caso he podido meterme de lleno en Family Office. Una familia adinerada, en la que los padres, ya mayores, han creado una fortuna a base de trabajo y esfuerzo, y los tres hijos han crecido en la abundancia y ahora, en su madurez, participan activamente en los negocios familiares, cada uno con sus características personales.

Me he sentido atraído por la historia desde el principio, ya que el libro nos permite adentrarnos en un estilo de vida lleno de opulencia, riqueza, hoteles y restaurantes caros, prostitutas de lujo y ambientes sórdidos en los que se practican actividades sexuales de lo más variadas. La mayor parte del libro está narrada desde el punto de vista de Modesto, el abogado de la familia, que participa de las actividades empresariales y personales, pero que aporta cierta distancia para retratar la escena con mayor nitidez.

Family Office, de Robert Villesdin es casi un documental sobre los nuevos ricos, sus problemas familiares y laborales, sus preocupaciones, su gestión del dinero y de las emociones. Aunque la diferencia psicosocial que puedo tener con los protagonistas del libro es abismal, entiendo que para ellos sus problemas son igual de graves que para mí los míos, aunque la diferencia en la cuenta de gastos sea de muchos ceros.

El libro también profundiza en la situación del país antes y durante la crisis inmobiliaria, y da pinceladas de teoría económica y política que creo que son importantes recordar. Las múltiples voces que hay en el libro aportan puntos de vista distintos, lo que a mí me ha hecho querer a algunos y odiar a otros, aunque esto también va cambiando según pasan las páginas y pese a que me cuesta mucho identificarme con ninguno de ellos: El padre ricachón pero con pocos modales, la madre que, después de haber actuado toda su vida de una manera se arrepiente, el hijo mayor que es un déspota con sus hermanos, que solo piensa en derrochar y vivir la vida gastando; el hijo mediano que ha sufrido mucho y que solo quiere vengarse de todo y de todos, y la hija menor, amante de la vida tranquila, las compras y los placeres carnales.

Sin embargo sí que me ha interesado especialmente conocer a Modesto, en mi opinión el principal protagonista del libro, y su progresión en la historia se me ha hecho divertida. No haré espoilers, pero creo que el abogado de la familia es el único que aprende de las experiencias que va viviendo, y sus movimientos personales y laborales crean un condimento muy apetecible para este libro.

En definitiva, Robert Villesdin ha creado para nosotros un buen libro en el que se entremezclan negocios, placer, viajes, dinero y familia, pero sobre todo, con una trama de negociaciones, alianzas, pactos y traiciones que te mantendrá en cautividad entre sus páginas.

 

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Sant Jordi: la fiesta de la literatura

La literatura es un acto solitario. Los escritores pasan horas y horas escribiendo en una pantalla; solos ellos y sus historias. Unas historias que, tiempo después, los abandonan y se van con los lectores. Y esos lectores, la mayoría de las veces, también las leen a solas. Tal vez, sentados en el sofá, una mañana de domingo; quizá, tumbados en su cama, arañando minutos al sueño una noche de entresemana cualquiera. Incluso cuando leen rodeados de gente —en el metro, en la parada del autobús, en la sala de espera del médico—, están solos, ellos y sus libros.

Visto así, la literatura parece pura introspección: miles de momentos solitarios unidos por unas mismas palabras que a cada cual le cuentan una historia diferente. Un acto comunicativo silencioso, un trasvase de vivencias sin paragón entre personas que ni siquiera se han visto. Es un vínculo maravilloso, pero a veces no es suficiente. ¿Qué escritor no quiere ver la cara de emoción de un lector contándole que ha significado su libro para él? ¿Qué lector no desea agradecer al escritor todo lo que le ha hecho sentir?

 

El Día de Sant Jordi, celebrado en Cataluña desde 1926 y declarado Día Internacional del Libro por la Unesco en 1996, está marcado en rojo en los calendarios de los amantes de las letras. Muchas ferias se celebran en todo el país, llenas de presentaciones, charlas y firmas de libros, pero la Rambla Catalunya y Passeig de Gràcia son el punto de encuentro más emblemático de escritores y lectores, la fiesta grande de la literatura.

El día de Sant Jordi siempre está plagado de anécdotas. Los escritores y lectores por fin están cara a cara, compartiendo impresiones. En la Feria del Libro de 2017, un profesor de Literatura le dijo a Fernando Aramburu que Patria era el mejor libro que había leído en los últimos diez años, y por eso había decidido ponerlo como lectura obligatoria a sus alumnos el próximo curso. El escritor, muy espontáneo, se compadeció de esos adolescentes y le contestó: «Pobrecitos, ¡tan largo!».

 

Sant Jordi firma de libros

 

El tiempo escaso y el público abundante no siempre dan margen a estas conversaciones. Jaume Cabré lamentaba que el contacto con el lector fuera «casi minimalista» y que solo pudiera preguntar el nombre y poco más, pero que valoraba mucho las sonrisas de los lectores al pedirle una firma, pues para él eran como vitaminas. Y es que el mayor trofeo que se puede llevar un lector es una dedicatoria en las hojas de cortesía del libro, esas líneas que sí durarán toda una vida, por más breve que haya sido el encuentro. Enrique Vila-Matas, uno de los más veteranos de la Feria de Sant Jordi, sabe que hay que ir preparado y acude bien provisto de bolígrafos —cinco en la última ocasión— para no dejar sin firma a ninguno de sus lectores.

Aún más desbordados se ven los escritores que han recibido algún galardón a lo largo del año. Por ejemplo, en 2016, Eduardo Mendoza recibió en Premio Cervantes y hasta él se sorprendió de la cantidad de público que aglutinó frente a su parada. Con su habitual sentido del humor, dijo que parecía que la mismísima Marilyn Monroe estuviera repartiendo besos, y pese a que solo firmó durante dos horas, los años de experiencia le hicieron aprovecharlas bien y sus lectores se llevaron hasta cuatro libros firmados, ya fueran comprados ese mismo día o traídos de casa. De igual manera, Dolores Redondo, Premio Planeta 2016, vio aumentar su cola de fieles lectores y describió la Feria del Libro como un «tsunami», una «paliza emocional» de la que se alimentaba durante mucho tiempo. Los lectores estaban emocionados por ver a la escritora de San Sebastián, no obstante, le coreaban que se fuera a escribir. Y es que a un lector le alegra la firma de su escritor favorito, pero mucho más que publique un nuevo libro.

El Sant Jordi de 2018 está a la vuelta de la esquina y seguro que dará pie a muchas más anécdotas entre escritores y lectores. Por un día, abandonarán sus soledades para mirar a los ojos a quienes están al otro lado de ese hilo invisible llamado literatura. Y aunque realmente no se conozcan y quizá nunca vuelvan a encontrarse, una mirada cómplice y unas palabras fugaces serán suficientes para saber que les une algo íntimo e inexplicable. Algo que solo se halla entre las líneas compartidas.

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El harén del Tibidabo, de Andreu Martín

El harén del Tibidabo

El harén del TibidaboEl catálogo de la editorial Alrevés puede presumir de contar con muchos de los mejores escritores de novela negra en español. Y a esta plantilla de “galácticos” se une ahora Andreu Martín, que lleva desde finales de los años 70 cultivando este formato, dentro de su extensa bibliografía. Tantos años de incansable trabajo le han convertido en todo un maestro del noir español, cargo que le otorga tanto la crítica como los propios escritores de dicho género.

El harén del Tibidabo nos traslada a los pies de esta montaña barcelonesa para conocer toda una institución en la Ciudad Condal, un prostíbulo de lujo cuyo origen se remonta a los tiempos del Franquismo. Este templo de lujuria y placer parece tener un ecosistema propio. Sus salas temáticas, sus ritmos de vida entre las trabajadoras y el buen trato hacia el cliente parece formar un engranaje perfecto a los mandos de su peculiar dueño, Mili (Emilio) Santamarta. Mili vive encerrado dentro de su burdel desde el día en que su madre, la anterior dueña, le abandonara a él (y a su empresa) sin razón aparente. Pero diez años después, esa reclusión se rompe tras aparecer muerta su progenitora con dos disparos en la nuca, acto que le valdrá a nuestro protagonista para indagar más en el pasado de su madre, y averiguar el porqué de su terrible muerte.

Cuando uno disfruta o sufre con una de sus lecturas, los motivos pueden ser varios. En este caso, el motivo del disfrute tiene nombre y apellidos: Mili Santamarta. Andreu crea un personaje único, con una personalidad contundente y arrebatadora de la que he quedado fascinado. Cuanto más conoce uno de él, más atrapado se siente. Además, como en las buenas historias, la emoción, la trama, la acción y la intriga van de menos a más. Según se agranda el personaje de Mili, la novela va ganando en calidad, evidenciando el autor una maestría especial en el manejo de este tipo de historias.

Andreu Martín nos lleva dando tumbos junto a Mili por Barcelona buscando restos del pasado de su madre, que se vuelve más turbio cuanto más conocemos del mismo. ¿Ángel o diabla? Es difícil quedarse con uno de los dos perfiles para su hijo, cuya fe inquebrantable en su madre se tambalea. Además, tiene que lidiar también con una banda de proxenetas que quieren comprar el harén, aprovechando los momentos de zozobra de su dueño. Y mientras todo esto pasa, descubrimos una Barcelona oculta, clandestina. Una ciudad plagada de bandas satánicas, de templos de sadomasoquismo y de crueles mafias de explotación sexual. Nada que ver con la tranquila joya mediterránea visitada por millones de turistas.

La figura de Mili no es lo único que reseñar positivamente en la obra. El harén del Tibidabo también destaca por el lenguaje irónico y mordaz utilizado por Andreu. En sus páginas hay mucho humor (negro, como debe ser) y espacio también para la literatura de alto nivel. Y sirva como ejemplo el capítulo 34 de este libro, una obra maestra narrativa digna de admiración.

Satanismo, explotación sexual, sadomasoquismo, sangre, sexo y muertes, muchas muertes. Andreu Martín elige todos los ingredientes necesarios para hacer el noir perfecto. Y el resultado, de la mano de un gran Mili Santamarta, es más que sobresaliente.

César Malagón @malagonc

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Introducción a la psicología en viñetas, de Grady Klein y Danny Oppenheimer

Introducción a la psicología en viñetas

Introducción a la psicología en viñetasSoy socióloga de formación, lectora compulsiva por afición y escritora por vocación. Y esas tres facetas de mi vida tienen algo en común: intentar comprender este mundo en el que vivimos y, sobre todo, la naturaleza humana que, a veces, tanto me desconcierta. Por eso, al ojear el índice de Introducción a la psicología en viñetas, escrito por Danny Oppenheimer y dibujado por Grady Klein, supe que este libro estaba hecho para mí: Primera parte: Entender el mundo; Segunda parte: Entendernos a nosotros mismos; Tercera parte: Entender a los demás.

¿Cómo no iba a leerlo?

¿Quién no querría leerlo?

La dedicatoria de David Oppenheimer ya deja claro el tono de este cómic: «A mis alumnos, que me han enseñado a enseñar psicología». Y es que Introducción a la psicología en viñetas es un acercamiento ameno y directo a la ciencia de la mente, el cerebro y la conducta. Es evidente que también es superficial, con esa extensión y con ese formato no podía ser de otra manera, pero la exposición de ideas es tan ilustrativa que, irremediablemente, nos quedamos con ganas de saber más sobre todos esos experimentos y efectos de los que nos habla.

La psicología es mucho más que traumas infantiles y divanes, tópicos que le hacen flaco favor a esta ciencia. Introducción a la psicología en viñetas nos lo demuestra haciendo un recorrido por algunos de los experimentos más representativos, desde los conocidos perros condicionados de Pávlov hasta otros tan inquietantes como el de la cárcel de Stanford (ya de paso, os recomiendo la película Das Experiment, del director Oliver Hirschbiegel, que ficciona este estudio y es impresionante). Pero no solo eso, este cómic nos hace tomar conciencia de cómo nuestro cerebro nos provoca el efecto de stroop o el efecto Dunning-Kruger, la forma en la que distorsionamos nuestros recuerdos, el porqué nos dejamos llevar por criterios poco razonables a la hora de tomar decisiones, cuánto daño hacemos cada vez que cometemos el error fundamental de atribución o la asombrosa manera en la que los bebés aprenden el lenguaje… ¡por inferencia estadística!

Aunque por curiosidad y por formación ya conocía varios de los conceptos explicados, he descubierto muchos otros que me han dejado con la boca abierta. Resulta sorprendente lo complejo que es nuestro cerebro y lo engañosa que es nuestra percepción de nosotros mismos y de todo lo que nos rodea. Los dibujos de Grady Klein y los ejemplos y explicaciones llenos de humor de Danny Oppenheimer consiguen que sea sencillo interiorizar la multitud de ideas expuestas, pero a la vez nos insisten en que esto es tan solo una muestra y que aún quedan por descubrir muchos más misterios de nuestra mente.

Con Introducción a la psicología en viñetas no he logrado entender el mundo, a mí misma ni a los demás; si acaso, ahora tengo más incógnitas. Pero de lo que no tengo duda es de que he disfrutado con este clarificador acercamiento. Por eso, me uno a los autores, que recomiendan este libro a «cualquiera que sea una persona o que en ocasiones interactúe con alguna». Leed Introducción a la psicología en viñetas si alguna vez os habéis comportado como un psicólogo aficionado, juzgando a alguien o explicando vuestras conductas o las de los demás. Así os daréis cuenta de lo poco que sabéis en realidad y veréis con otros ojos a los verdaderos psicólogos, esos que estudian cada día para comprender mejor nuestra forma de vivir la vida. Porque dejando los tópicos a un lado, Klein y Oppenheimer nos demuestran que los estudios psicológicos rigurosos son necesarios y apasionantes.

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El banquete de los placeres, de Cristal King

El banquete de los placeres

El banquete de los placeresEsta novela, que se subtitula “una novela de la antigua Roma”, se publicita como una obra sobre Apicio y sobre la gastronomía del imperio romano. Lo cierto es que eso era precisamente lo que me llevó a leerla, la vertiente gastronómica de la trama, y debo decir que en ese sentido se queda muy lejos de las expectativas. La figura de Apicio, autor de la obra sobre gastronomía más antigua conocida y personaje excesivo de biografía de un gran potencial literario (lo que se sabe de él), sin duda da para mucho y El banquete de los placeres se centra más en él y en las intrigas de Roma, sin olvidar la vida sentimental de los protagonistas, que en los platos, que sí aparecen pero uno tiene la sensación de que no son más que decorado, y sobre todo en la cocina. Está muy lejos de ser una novela sobre la cocina de Apicio.
Eso no significa que no sea una obra sumamente entretenida y con un buen ritmo, es de hecho una novela histórica comercial al uso que hará las delicias de los partidarios del género, la autora no tiene la culpa de las expectativas que el lector se haga a priori, por eso me creo en la obligación de avisarles. Si se acercan a este libro guiados por su afición a ese género tan en boga o incluso si se sienten atraídos por las costumbres de la antigua Roma, posiblemente disfruten del banquete. Si lo hacen por curiosidad gastronómica o amor a la cocina, posiblemente no.
Y sin embargo hay platos, cada parte se introduce con una receta y no son pocos los que se describen. En este sentido incluso se llega a una conclusión: la cocina del imperio romano en gran medida sería de difícil aceptación hoy día. Comían de todo, lo que incluye cosas que hoy nos resultan incomprensibles como lenguas de flamenco, lirones fritos o vulva hervida de cerda, aunque también hay otras que ciertamente apetece probar. Gran parte de la culpa de lo primero la tienen no solo los ingredientes inauditos para nosotros, sino la omnipresencia del garo, un condimento a base de vísceras de pescado fermentadas, que no suena muy apetecible. Entre lo segundo me ha llamado la atención la veneración por el silfio, una especia procedente de una planta hoy extinta.
La autora se acerca a la figura de Apicio no en primera persona, sino a través de la experiencia de Tracio, un esclavo cocinero que, en la novela, le sirve fielmente durante casi toda su vida, sin embargo la figura del patricio se adueña del Banquete de los placeres gracias a su personalidad compleja, cambiante y extraordinariamente dada a los excesos. En los placeres, en los gastos y también en los defectos. Los personajes son diversos: esclavos, familia, enemigos, y todos ellos logran que la historia se desarrolle de forma coral, con un ritmo y una fluidez notables. Apicio es sin duda el personaje más complejo, los demás son importantes pero poco pródigos en matices.
Hay que decir que resulta muy interesante el escenario, la vida y costumbres en la antigua Roma. La autora ha llevado a cabo un importante esfuerzo de documentación, que expone en parte al final del Banquete de los placeres y el retrato resulta verosímil, aunque en ocasiones ese mérito se ve ensombrecido por la utilización de términos aparentemente anacrónicos para un lector no experto en el tema, como yo mismo. Dudo que los romanos utilizasen el término “gourmand”, por poner un ejemplo, o que se refiriesen a un juego que efectivamente existía con el moderno término “Backgammon”. Sin embargo, insisto, la construcción del escenario es, salvo en contadas excepciones, convincente.
Otra virtud es la comparecencia de bastantes personajes reales, que la autora consigue integrar en su historia con naturalidad, algo que nunca es fácil.
Apicio no sólo fue un gran aficionado a los placeres, también fue inmensamente rico y un terrible derrochador. Su ambición y su crueldad ocasional (según el retrato de Crystal King) le convierten en un personaje literariamente atractivo. El banquete de los placeres es un libro que hará las delicias del público consumidor habitual de este tipo de novelas, tiene muchos aspectos meritorios y aquellos que no lo son tanto tienen más que ver con las expectativas del lector que con deméritos del libro, que no pretende ser otra cosa que lo que es y que en esas coordenadas funciona bien.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Un violín con las venas cortadas, de Carlos Salem

Un violín con las venas cortadas

Un violín con las venas cortadas Una muchacha calva hace equilibrio sobre un pie en el centro del puente de Notre-Dame, con un baúl de madera atado a su cuello.

Cerca de ella, muy cerca, el mejor violinista de todos los tiempos toca su violín sin cuerdas.

Un asesino a sueldo, a punto de quedarse ciego, vigila la escena desde una de las azoteas, mientras los apunta con su arma.

Un veterano policía y su nuevo compañero merodean por la zona.

Los curiosos se van aglutinando cerca del puente de Notre-Damme.

Una joven periodista quiere saber la verdad de esa muchacha calva y de ese virtuoso violinista.

Un presentador de televisión se muere por conseguir la exclusiva.

A un mafioso al que le persigue la buena suerte le preocupa que ese hecho insólito eche por tierra su gran apuesta anual.

El alcalde de París se pregunta cómo recuperar a su mujer.

Los servicios secretos investigan qué demonios pretende la muchacha calva.

Los líderes políticos reunidos en París temen a ese grupo, cada vez mayor, de gente silenciosa y sonriente.

Las redes sociales echan humo.

Y el mundo entero contiene el aliento, porque saben que después de ese día nada volverá a ser igual.

Todos estos personajes y muchos más conforman la bella y divertidísima historia de Un violín con las venas cortadas, de Carlos Salem. Y me ha gustado tanto tanto tanto, que siento que nada de lo que diga podrá hacerle justicia.

¿Sabéis lo que es leer con una sonrisa un libro entero? Pues así he leído yo Un violín con las venas cortadas. Disfruté de cada uno de los personajes, desde los contradictorios, entrañables y enigmáticos hasta los terriblemente superficiales; y, por supuesto, de las situaciones que tal vez parecían exageradas, pero que a mí me resultaban la mar de creíbles. Y es que sucumbí por completo a la poesía y al sentido del humor de Carlos Salem.

Un violín con las venas cortadas es una historia de amor y traición «de esas que, para contarlas bien, hay que contarlas como un cuento». Y eso es lo que hace Carlos Salem, contagiando su pasión por París, por la música y por la vida a todo aquel que se asome a sus páginas.

¿Quién es esa muchacha calva? ¿Por qué ese violinista cortó las cuerdas a su violín veinte años atrás, en ese mismo puente, en esa misma fecha? Esas incógnitas nos arrastran de una página a la siguiente, pero sobre todo lo hace esa dulzura que lo impregna todo y, cómo no, ese toque de ironía que convierte a esta historia en un loca aunque muy lúcida descripción del mundo en que vivimos.

Carlos Salem nos advierte en las primeras páginas que «cualquier similitud entre los hechos narrados y la realidad sería maravillosa», y yo estoy absolutamente de acuerdo. Tras leer esta novela, me encantaría cruzarme con una chica calva haciendo equilibrio en un puente y con un violinista tocando su violín sin cuerdas. Pero no entenderéis por qué hasta que no la leáis vosotros también. Y quizá, cuando lo hagáis, os convirtáis en parte de esa multitud silenciosa que se une a ellos o, incluso, en la muchacha calva. Entonces podremos decir que el mundo es tan grandioso como nos lo muestra Carlos Salem en Un violín con las venas cortadas.

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