
¿Por qué tropezaré siempre dos veces con el mismo homo?
No sé exactamente qué fue lo que más me llamó la atención de esta novela, pero creo que fue esta frase de la portada la que me hizo adentrarme entre sus páginas. Y es que se me hizo imposible no sentirme identificada con ella. ¿Cuántas veces hemos tropezado con la misma piedra? Y cuántas veces seguimos tropezando y tropezando sin parar y sin importarnos la caída, porque sabemos perfectamente cuáles serán las consecuencias y las abrazamos sin más. Sin saber cómo nos sentiremos después de haber caído varias veces en un mismo error.
En el caso de este libro, la piedra es un hombre, o mejor dicho, todos los hombres. Que enloquecen a nuestras jóvenes protagonistas, hasta el punto de llegar el odio. Y aunque es algo que a todas nos ocurre en algún momento de nuestra vida, sobre todo en la adolescencia, en este libro se trata de manera especial. Y es que La Terapia de Neka se centra precisamente en ese miedo a caer en las redes del amor. Esas redes en las que nos sentimos indefensos, desprotegidos pero a la vez ilusionados, con ganas de sonreír todo el tiempo. Pero, sobre todo, en las que nos sentimos con un miedo terrible a perder y sufrir. Y eso nos hace hacernos los duros, a dejar de ser tan humanos y parecernos más a cebollas, con capas y más capas que nos impiden mostrar nuestros verdaderos sentimientos.
Pero Nekane nos muestra que todo esto se puede afrontar de distintas formas. O bien podemos hundirnos, y no ver ninguna esperanza al final del camino, o bien tomárnoslo con filosofía y apoyarnos en nuestra familia y nuestras amistades más cercanas. Y esto es lo que hace Neka y lo que más me ha gustado del libro, esa manera de narrar problemas que en nuestra adolescencia se nos hacen un mundo. Y por eso creo que es también interesante leer esta novela cuando tenemos más edad, así podemos echar la vista atrás y encontrarnos con una parte de nosotros mismos que creímos perdida para siempre. Al menos, eso me pasó a mí al leer esta novela.
Y aunque muchas veces no entendía la forma de hablar de las protagonistas y me costó llegar a comprenderlas y empatizar con ellas y las situaciones que viven, sobre todo por el lenguaje que utilizan, es inevitable encariñarse con ellas a medida que vas leyendo lo que les ocurre y cómo lo afrontan. Como ya he mencionado antes, Nekane utiliza inteligentemente el recurso de la diversión en este libro para mostrarnos que cualquier problema se puede enfocar desde múltiples perspectivas y que no hay nada que no se pueda solucionar.
Las apenas 300 páginas con las que cuenta esta novela se me han pasado volando, gracias a su estilo directo, desenfadado, plagado de diálogos ingeniosos y divertidos, y situaciones que no son tan diferentes a las que todos hemos vivido alguna vez en nuestros primeros años de juventud. Esa inocencia que empezaba a perderse sin remedio, esos años en los que comenzábamos a aprender que quizás no todo es tan fácil. Y que los sentimientos nunca se pueden dividir en blanco o negro, que hay mil y un matices y que un desamor no significa un adiós a los hombres. Un hasta nunca al amor.
La Terapia de Neka es una novela que me ha sorprendido bastante, porque cuando comencé a leerlo pensé que iba a ser el típico libro para adolescentes, con amores imposibles, tonterías de instituto y amigas únicamente preocupadas por la ropa y el maquillaje. Pero me encontré con una lectura que se centra mucho en sus personajes y en los sentimientos y emociones que estos experimentan en sus vidas, no solo en lo relativo al amor, sino también problemas familiares, de autoestima, de falta de confianza en sí mismos.
Y que no solo profundiza en eso, sino que es capaz de narrárnoslo de una forma sencilla, natural, como si no fuera una historia de ficción. Y es que las veces que la ficción supera a la realidad son mis favoritas, porque cuando una novela deja de ser lo que es para transmitirte más cosas, para adentrarse dentro de ti mismo y de tus propios miedos, es cuando se convierte en algo más. Algo que quizás merezca la pena.

“Sé lo que creo, pero la gente no quiere que digas lo que piensas, sino que digas lo que ellos piensan. Y no es nada fácil averiguarlo.”
Creo que todos estaremos de acuerdo en que la portada de Habrá valido la pena, de Daniel Morales, es llamativa. Y sí, la novela da lo que promete: hay sexo, bastante, y explícito. La primera parte podría resumirse en que Hannah es una alemana de dieciocho años que viaja a Málaga para iniciarse sexualmente: quiere perder su miedo a la penetración y, de paso, encontrar a su príncipe azul. Ay, qué soñadora es esta Hannah, lectora de Charles Dickens, 
Antes de nada, me gustaría decir algo que hasta leer esta novela no sabía y que quizás tampoco sepa quien esté leyendo esta reseña y así igual podamos congeniar ya de primeras y así restemos presión de algo que no debería tenerla y que es la ignorancia de muchas (muchísimas) cosas: no sabía que Nessun Dorma significa «Que nadie duerma». Ahora sí. Y quién sabe hasta cuándo lo sabré. Este, Que nadie duerma, es el título de la última novela de 
No suelo dudar a la hora de hacer una reseña. Normalmente, mientras estoy leyendo el libro, en mi cabeza ya tengo clarísimo qué quiero poner en la reseña, cómo la voy a empezar, cómo la voy a terminar, a qué cosas le voy a dar importancia y a cuáles no.
Carmen no necesita presentación. El personaje creado por Prosper Mérimée en el siglo XIX se ha convertido en un 
Comienza esta novela con un pequeño hurto, o con un regalo. El del título. Porque el original en inglés destripaba la principal intriga del relato, pero, consciente o inconscientemente, su traducción no se parece en nada. Así que si quieren evitar la curiosidad de saber cómo le fue al Steeple Sinderby Wanderers en su temporada más memorable, no caigan en la tentación de mirar la página de créditos; yo no se lo voy a revelar, para que así puedan seguir leyendo esta reseña sin problemas.
En mi casa siempre ha habido una estantería entera dedicada a las obras de Stephen King. Yo todavía puedo recordar cómo las cogía para mirarlas una a una. Sin apenas saber leer, intentaba descifrar los títulos y ver sus portadas. Hasta que llegó It, desencadenando en mí un miedo que nunca antes había sentido. Tiré el libro de cualquier manera y salí corriendo de la habitación donde los guardábamos. Le pedí a mi madre que escondiera ese libro, para que jamás lo volviera a ver. Ese payaso de la portada visitó mis pesadillas noche tras noche. A día de hoy, tal vez ya por costumbre, es el único libro de mi estantería que está del revés, con el lomo mirando a la pared. Jamás me he atrevido a leerlo.
«¿Es posible que los momentos felices en una época difícil sean más felices aún?». Eso es lo que se pregunta Elisabetta Shapiro, una anciana judía que vive prácticamente recluida en su casa de la infancia, en Viena, en la novela Tiempo de albaricoques, de Beate Teresa Hanika. Como si comiera la 
Cuando pedí este libro tenía una idea bastante clara de lo que me iba a encontrar, que es básicamente lo que he encontrado: el proceso de radicalización de una adolescente francesa que acaba viajando a Siria para hacer la hégira, y sin embargo ver cómo se va desarrollando ante mis ojos, pródigos como son en empatía a base de abonarla con muchas lecturas, ha sido extraordinariamente impactante. Yo os salvaré a todos está narrado con tanta fuerza como sensibilidad y es un relato extraordinario que logra despertar innumerables emociones diferentes gracias a la honestidad y al talento de Émilie Frèche, la autora, que despliega diferentes registros en cada una de las partes de que consta la obra de forma que el lector acaba haciéndose una idea amplia y diría que rigurosa del problema que es el alma de la novela.


La obsesión no es mala per se. De hecho, soy un gran admirador de los obsesos (dicho así suena horrible), de esas personas capaces de fijarse un objetivo y poner en él todo su empeño para alcanzarlo. Hablo desde la pura inconstancia y desde la más absoluta falta de voluntad: siempre he pensado que jamás podría hacerme adicto a ningún tipo de vicio, sea cual sea, precisamente porque acabaría abandonándolo por desidia tarde o temprano; de ahí mi admiración por este tipo de seres, entregados y apasionados. No obstante, como todo en la vida, existen grados. Y una cosa es enamorarse perdidamente de una chica y hacer todo lo posible para que ella se fije en ti y otra, como hace el protagonista de Mírame, es llenar de cámaras su casa y perseguir tanto a ella como a sus familiares allá donde van.