
Yo lo que tengo por Fitzgerald es auténtica devoción. Me rio yo de la devoción a Faulkner. Y si el título de este libro es exagerado, más exagerada me pongo yo. Así es como hay que empezar una reseña, dejando las cosas claras desde el principio. Mostrando mi poca objetividad en el asunto. I’m sorry, Fitzgerald no me deja serlo. No me gusta ser repetitiva, así que a las reseñas me remito: El gran Gatsby, Suave es la noche o La muerte de la mariposa. Creo que después de esto podréis entenderme mejor.
Moriría por ti es una recopilación de cuentos del gran escritor norteamericano. Es imprescindible leer la introducción de Anne Margaret Daniel pues en ella entenderemos que no se trata siquiera de una antología al uso. En este volumen se recogen algunos cuentos que han sido descubiertos recientemente junto a aquellos que fueron descartados, en varias ocasiones, por los editores al no encontrar ese sello de Fitzgerald en ellos. Y es que él no era un gran cuentista. O al menos eso pensaba de sí mismo. De hecho, muchos de sus cuentos los escribió con la urgencia de venderlos (o malvenderlos) para poder obtener dinero para esa vida tan costosa que mantenían Zelda y él. Y cuando Fitzgerald quería cambiar el tono, escribir sobre cosas nuevas, resulta que los editores rechazaban sus cuentos. Querían lo de siempre: ese escritor intenso que habla sobre historias de amor imposibles. Como comprenderéis, esto frustraba mucho a al escritor. Al final, la mayoría de sus cuentos, no eran más que bocetos de personajes, diálogos e historias para sus futuras novelas. Algo que también tiene su mérito.
Lo bueno de todo esto que os acabo de explicar es descubrir esa faceta del Fitzgerald al que estamos menos acostumbrados. Un escritor ingenioso que trataba de alejarse de sus propios cánones. Aunque muchas de las historias sean de carácter autobiográfico, como Ciclón en la tierra muda o Qué hacer, otros cuentos tienen ese toque que se aleja del escritor que conocemos y que le costó el destierro por parte de muchos editores. Al pobre Fitzgerald no le dejaron hacer eso de “renovarse o morir”. Querían más de lo mismo y al final, es lo que en muchas ocasiones obtuvieron.
Eso sí, cada cuento es único. Cada historia recogida en las páginas de Moriría por ti tiene la lucidez, sátira y brillantez tan propias del escritor. Esa calidad literaria que esconden las páginas de El gran Gatsby o Suave es la noche condensada en pequeñas joyas que se leen casi sin darse cuenta.
Como siempre, maravilloso Fitzgerald. Un placer sentirle y leerle.





Para mí Nabokov es uno de los grandes. Su prosa me parece exquisita y creo que es, sin duda, uno de los mejores escritores de todos los tiempos. Os recomiendo mucho que leáis 
Tengamos la casa donde la tengamos, seamos de la manera que seamos, todos vivimos en algún momento en el extrarradio, todos somos alguna vez diferentes. Por eso, ese «Ser diferente y vivir en el extrarradio» que protagoniza en blanco sobre rojo la faja de esta novela es un grito a todo aquel que se crea lector, es decir, tú y yo, ¿no? Primer punto para 
Este es quizás uno de los libros que más aparecen en las listas de los libros que leer antes de morir y de los más controvertidos del último siglo. Y también se encuentra en las listas de todos aquellos amantes de la literatura, que se prometen leerlo al menos una vez en la vida. Y así estaba en la mía… Pero, de lo que me he dado cuenta, es que Lolita no es cualquier lectura que elegir entre los libros pendientes de la estantería. Hay que elegir cuidadosamente el momento en el que la lees, estar preparado mentalmente, y dedicarle el tiempo que merece.
Tengo sentimientos encontrados con Memorias de una osa polar, de Yoko Tawada, así que no sé muy bien cómo empezar esta reseña. Intentaré ir por partes.
Me encantan los sketches de Pantomima Full. En su canal de YouTube, los cómicos Alberto Casado y Rober Bodegas caricaturizan en vídeos de un minuto comportamientos tan típicos como ridículos que vemos (y ejercemos, aunque eso cueste más reconocerlo) en nuestro día a día: el hacerse pasar por un entendido en vinos sin tener apenas idea del tema, el contabilizar hasta el último céntimo cada vez que toca pagar una cuenta entre varios amigos, el obsesionarse con la salud o con el deporte y justificarlo con argumentos completamente vacíos… Y lo cierto es que en estas píldoras de humor los cómicos no se tienen que esforzar demasiado en exagerar sus interpretaciones, ya que los comportamientos reales son de por sí lo suficientemente absurdos.
Cuando comencé a leer Honrarás a tu padre y a tu madre, de 
Una de las cosas que más me gusta en este mundo es escribir. No hay día en el que no escriba. Bien una de estas reseñas, algún que otro artículo o bien, dependiendo de mi grado de inspiración, un trocito de mi novela o un poema. Me gusta escribir porque me puedo desahogar, porque hay días en los que todo lo que se me ha quedado acumulado dentro sale como una cascada por mis manos para convertirse en letras y letras. Que a veces tienen más sentido que otras, dependiendo del número de sentimientos que se alborotan dentro de mí, pero que, al fin y al cabo, son mi mejor vía de escape.
El primer libro que leí de Amélie Nothomb fue Cosmética del enemigo. Lo encontré por casualidad en la casa de un amigo al que había ido a visitar. Yo por aquel entonces, con los dieciocho años recién cumplidos, tenía una lista de libros leídos que se nutría básicamente de novelas negras, fantasía y más novelas negras. Tenía una amiga que siempre me decía que debía variar mis gustos literarios, descubrir cosas nuevas, pero yo no encontraba ni el momento ni el libro que me llevara a esas cosas nuevas que me estaban esperando. Pero unos meses después de esa charla en la que, básicamente, me dijo que era una “conformista literaria”, llegó a mis manos Cosmética del enemigo. Lo empecé con un poco de reticencia y no sabiendo muy bien qué iba a encontrar. Así que, antes de seguir, me metí en Internet para ver qué decía la gente sobre él. Leí una y otra vez estas dos palabras: “obra maestra”. Por lo que me entró un miedo horrible: no sabía si iba a ser capaz de apreciar todo lo que 
La obsesión no es mala per se. De hecho, soy un gran admirador de los obsesos (dicho así suena horrible), de esas personas capaces de fijarse un objetivo y poner en él todo su empeño para alcanzarlo. Hablo desde la pura inconstancia y desde la más absoluta falta de voluntad: siempre he pensado que jamás podría hacerme adicto a ningún tipo de vicio, sea cual sea, precisamente porque acabaría abandonándolo por desidia tarde o temprano; de ahí mi admiración por este tipo de seres, entregados y apasionados. No obstante, como todo en la vida, existen grados. Y una cosa es enamorarse perdidamente de una chica y hacer todo lo posible para que ella se fije en ti y otra, como hace el protagonista de Mírame, es llenar de cámaras su casa y perseguir tanto a ella como a sus familiares allá donde van.