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Cuatro cuentos, de Liniers

Cuatro cuentos

Cuatro cuentosYa os he confesado alguna que otra vez mi predilección por Liniers. Lleva años acompañándome con sus tiras y sus personajes y sacándome mil sonrisas con sus historias. ¿Cómo no voy a quererle, eh? Eso de que para conquistar a una persona es muy necesario hacerla reír es totalmente cierto en este caso. A mí Liniers ya me tiene ganada, artísticamente hablando, desde hace mucho con su humor.

El último libro suyo que reseñé aquí fue Cosas que te pasan si estás vivo, publicado por Anagrama. En esta ocasión, Anagrama vuelve a contar con el dibujante argentino para su colección Contraseñas ilustradas con este maravilloso libro titulado Cuatro cuentos.

Sí, la pista es muy clara. En este librito Liniers nos ofrece cuatro cuentos inspirados en cuatro musas: Edward Gorey, Shel Silverstein, Tom Waits y Alfonsina Storni. Casi nada, ¿eh? Con semejantes inspiraciones normal que saliese un libro tan redondo como éste. Eso y la propia imaginación de Liniers, que también vale oro.

El primero de estos cuentos es Abajópolis, un cuento con rimas que nos presenta al señor Sombrero, quien, con el nuevo dinero que ha ganado decide emprender un viaje a Abajópolis. Todo será muy diferente allá abajo, como podéis imaginar. Una historia súper divertida y muy surrealista la que vive señor Sombrero por esos pagos. Muy en la línea de Liniers y su humor absurdo.

El secundo cuento, titulado Los peligros de caerse para arriba, Liniers vuelve a hacer gala de ese humor tan hilarante y extraño. ¿Imagináis lo que debe ser caerse para arriba? Pues no tenéis ni idea, ya os lo digo yo. Y mucho menos se os ocurriría pensar en toparos con Willy Fog en un su globo aerostático. Estas cosas solo pueden ocurrírsele a Liniers.

El tercer cuento es El inquilino y trata de un extraño ser que habita con la familia Manutius sin que estos puedan hacer nada. Pero el inquilino, aunque tiene sus cosas, es un ser agradable. A pesar de sus extrañas costumbres como pasarse la tarde entera leyendo etiquetas de mermelada. Sí, es un inquilino de lo más peculiar. Divertido, como todos esos personajes que salen de la imaginación de Liniers.

El último cuento es mi favorito porque me toca especialmente la patata. Dedicado a Alfonsina Storni, El viaje es un precioso homenaje a la maravillosa poeta. Un cuento lleno de poesía, delicado y tan dulce que dan ganas de perderse dentro de él.

Liniers es magia, ¿lo sabíais? Este tipo tiene un maravilloso don y Cuatro cuentos no es más que otra demostración de las maravillas que puede crear. Ojalá que no pare nunca. Queremos tanto a Liniers.

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Visión binocular, de Edith Pearlman

Visión binocular

Visión binocular

La irrupción de Edith Pearlman en el panorama del cuento estadounidense se asemeja al descubrimiento de una supernova. Recién pasados los ochenta años de edad, y tras varias décadas publicando relatos y ganando decenas de premios, hasta hace cerca de un lustro la presencia de esta escritora era inapreciable, al menos desde la galaxia de los lectores normales. De repente, una reacción en cadena provoca su gran estallido y en unos meses pasa al primer plano del firmamento de tal manera que, en la actualidad, parece que pocos permanecen al margen de su intenso brillo.
Visión binocular es la reunión de treinta y cuatro de sus mejores cuentos, que abarcan lo más importante de su creación. Contemporánea, por ejemplo, de John Updike o Alice Munro, nadie diría que median bastantes años entre algunos de los relatos de Pearlman, porque todos, casi sin excepción, tienen cierto aire de clásico atemporal que hace que el lector se sienta a gusto entre ellos, sin elementos incómodos de otra época ni planteamientos éticos desfasados. Esto explica sin duda que pueda estar de rabiosa actualidad con una obra escrita en gran parte en el siglo pasado, y de entrada es una victoria de la literatura sobre la inmediatez.
La prosa de Pearlman resulta elegante, delicada y meticulosa, rica en matices sin caer en la saturación. En sus relatos, de poco más de diez páginas de media, desarrolla al mismo tiempo la historia y el decorado, que se van complementando hasta formar una única imagen, un retrato compacto y sin fisuras. Una visión binocular, por tanto, algo que en los seres humanos es tan normal que la mayor parte del tiempo no somos conscientes de ello. En general huye de la anécdota, de los cuentos de foto fija, y también de los finales abruptos y vistosos. Algunos de ellos, en un ejercicio notable de elipsis, incluso relatan vidas enteras. Muchos personajes principales bordean las últimas horas de su existencia (en “Reliquia y modelo” o en el magnífico “Independencia”), así que la vejez aparece como tema recurrente, al igual que la familia, la religión o, quizá de manera más sorprendente, la multiculturalidad. Habla mucho Pearlman de los judíos y sus tradiciones, y también de cómo se engarzan con las culturas que los rodean (en ese sentido es un Philip Roth de bolsillo).
De esta manera, muchas de sus historias, independientes entre sí, se localizan en diversos puntos del globo, desde Japón hasta Jerusalén, aunque la mayor parte terminan teniendo alguna relación con Godolphin, un barrio residencial a las afueras de Boston. Su particular granja de hormigas, de donde Edith Pearlman escoge la mayor parte de las familias que retrata.
Hay que reconocer que tanta corrección, el párrafo medido, las palabras justas, pueden pasar factura a la hora de leerla. El hilo que une los relatos de Godolphin contribuye a ligar unos con otros, pero en último término el volumen se hace un poco largo y puede terminar siendo una lectura recurrente, en la que picotear en la sala de espera del médico o mientras esperamos a que nuestras magdalenas suban (o no), más que un libro que invite a zambullirse en él y a no sacar la cabeza hasta haberlo apurado por completo.
En cualquier caso hay que alabar a Anagrama, que publica este Visión binocular, y a Alianza, que ha editado recientemente Miel del desierto, quienes han tenido el telescopio más afilado y han podido vislumbrar a Edith Pearlman desde la tierra del castellano en primer lugar. Si no corre el destino de las supernovas, condenadas a extinguirse poco después de su explosión, una vez localizada en el firmamento podremos contemplarla tranquilamente junto a aquellas otras que ya teníamos cartografiadas.

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84, Charing Cross Road, de Helene Hanff

84 charing cross road

84 charing cross road

Dicen que ver a alguien leyendo un libro que nos gusta es ver un libro recomendándonos a esa persona. Y supongo que todos vosotros, lectores asiduos de Libros y Literatura, habéis sentido alguna vez esa complicidad inmediata que surge entre dos apasionados de los libros, cuando una conversación casual desemboca en un sinfín de recomendaciones literarias.

Algo así le pasó a Helene Hanff, la autora de 84, Charing Cross Road. Allá por el año 1949, Helene Hanff era una escritora pobre y una lectora que sentía predilección por los libros antiguos. Pero en Nueva York no encontraba ediciones que su bolsillo se pudiera permitir y, en las librerías de segunda mano, el estado de los ejemplares dejaba mucho que desear. Así que acabó escribiendo una carta a Marks & Co., una librería londinense especializada en libros agotados, ubicada en el número 84 de Charing Cross Road, de Londres. El solícito servicio de Frank Doel, el empleado que se encargaba de contestar las cartas de Marks & Co., hizo que esa misiva puntual llegara a ser una correspondencia ininterrumpida durante más de veinte años, y el desparpajo de ella la convirtió, sin ninguna duda, en la clienta favorita de todos sus libreros.

84, Charing Cross Road no es ninguna novela, solo una recopilación de las cartas que Helene Hanff se envió con los dependientes de la librería de Londres. Pero es considerado un libro de culto, incluso adaptado al cine y al teatro, porque es una maravilla que ningún lector debería perderse. ¿Cómo no conectar con sus protagonistas? las divertidas pullas de Helene a Frank para poner a prueba su reserva británica; las cartas inesperadas de Cecil Farr, otra de las empleadas de la librería, que quiere saber más sobre esa selecta clienta a distancia; las contestaciones de la mujer de Frank y hasta de la vecina de arriba, que también han cogido cariño a esa neoyorquina que les envía conservas en esos momentos en los que sufren el racionamiento derivado de la Segunda Guerra Mundial… Y es que, como si nada, la solicitud de libros da paso a la vida, a compartir esas pequeñas confidencias y novedades diarias. Y los lectores nos alegramos con cada progreso laboral de Helen Hanff, porque deseamos tanto como ella que por fin pueda viajar para conocer a esos amigos que viven al otro lado del océano.

Esta historia real de pasión por los libros y de amistad que supera las barreras de la distancia y del tiempo es tan sencilla como entrañable, y se gana el corazón de los lectores por derecho propio, sin necesidad de rellenar con ficción ni de recurrir a artificios. Por eso, aunque en estos tiempos sea posible comprar cualquier libro con un solo golpe de clic y saber cómo les va a nuestros amigos casi en directo, a cualquiera de nosotros nos gustaría vivir esas emocionantes esperas de Helene Hanff.

Qué suerte tuvieron estas personas de que su vidas se unieran a pesar de la distancia. Y todo gracias a los libros, capaces de crear las amistades más insólitas e imperecederas.

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El canon occidental, de Harold Bloom

El canon occidental

El canon occidentalSi formaras un grupo de lectura, ¿qué libros propondrías para analizar, debatir y disfrutar? ¿Qué te lleva a elegir esos libros? Debes pensar que de tu criterio dependerá la cantidad de lectores que se unan a tu grupo, además de cuántos otros pondrán en tela de juicio tu listado. Elaborar un catálogo con las que consideras mejores obras literarias parece una tarea muy complicada cuando tienes que escoger entre todo cuanto se ha escrito. Lo normal es limitar la búsqueda por géneros, épocas, movimientos o cualesquiera otros motivos se te ocurran. Harold Bloom, defensor de la estética y el placer por la lectura, retomó en 1994 la idea clásica de la selección de autores y obras necesarias y publicó El canon occidental, un libro no exento de polémica.

Lo provocativo vino dado porque este libro surgió como respuesta a las corrientes literarias que se impusieron desde la década de 1980 en Estados Unidos. La nueva crítica estaba formada por multiculturalistas, poscolonialistas, marxistas y feministas cuyos ideales sociales y políticos entroncaban con el espíritu estético de Harold Bloom. Dadas las circunstancias sociales actuales, con lo que se denomina como la tercera ola del feminismo, que reclama derechos y alzar la posición de la mujer en diversidad de expresiones artísticas, este libro noventero vuelve a imponerse casi como novedad. En parte porque muchas fueron las críticas recibidas desde la escuela de crítica feminista, que le recriminaron la escasez de mujeres en su canon literario. Claro, que también recibió palos por parte de los multiculturalistas, ya que la mayoría de autores canónicos son blancos y anglosajones. De ahí que en las asignaturas de Estudios Literarios la figura de Harold Bloom vaya unida al calificativo de provocador. Esto no debe ensuciar en absoluto sus otros atributos, que son muchísimos, y que lo definen como un auténtico apasionado de la lectura, cuya máxima causa es la de elevar la estética por encima de ideales políticamente correctos.

En su canon, Bloom va a destacar los veintiséis autores que considera imprescindibles en la historia de la literatura. Desde Shakespeare como centro del canon a Proust o Borges, su listado va a recoger también a figuras tan sobresalientes como Dante, Cervantes, Walt Whitman, Emily Dickinson, Virginia Woolf, Tolstói o Dickens, entre otros. De todos ellos valora la individualidad del genio, el haber creado obras que exijan una relectura, que estén alejadas de ideologías sociales o psicológicas, la adoración del arte estético.

El modo de acercarnos a sus obras, con un esmerado estudio y mostrando detalles tan significativos de cada uno de ellos será una continua invitación al goce del verbo. Su peculiar tono entre sarcástico y enfadado, no dejará títere sin cabeza calificando a los nuevos críticos a los que tanto se opone como la Escuela de los Resentidos. La mordaz crítica que efectúa al colectivo feminista acerca del estudio de Orlando, de Virginia Woolf, no tiene desperdicio. En este capítulo, uno de los más interesantes del libro, Bloom va a resaltar la postura estética de Woolf por encima de sus ideales políticos, es más, eleva su genial obra Una habitación propia, no como un catálogo político y reivindicativo del feminismo, sino por su elevada preocupación por la estética. Llega a describir a la escritora como «esteta apocalíptica» que nunca antepone los condicionantes históricos. En palabras de Bloom:

«Sus seguidoras feministas se han confundido de profeta. Ella les habría hecho luchar por sus derechos, pero sin devaluar la estética en su impía alianza con seudomarxistas académicos, filósofos franceses de pega y multiculturalistas».

Lo dicho, tiene pan para todos.

El canon occidental se presenta como un selecto listado de autores que si están ahí lo hacen por su continua lucha con aquellos que les han influenciado. El concepto de Harold Bloom del canon es el de una lucha agonista, una pelea por superar al padre, al creador, lo que se conoce como la ansiedad de la influencia; el autor encuentra su voz tras haberse empapado de las tradiciones que le influencian. La estética es un fenómeno individual que elevará la universalidad de sus creaciones. Tiene una concepción de la creación muy romántica.

Vivimos una vida corta, sostiene que no existe tiempo material para poder leer todo cuanto nos gustaría ni aún dedicándonos por entero a ello, de ahí la necesidad de establecer unos límites de lectura que considera imprescindibles. No elabora su listado de modo prescriptivo, no pretende tampoco enseñar a nadie lo que debe leer. Si no llega alguien a la gran poesía con ese amor, ¿cómo enseñarle la soledad?

Un libro soberbio, que, controversias al margen, resulta de una exquisita lectura. En la conclusión canónica, Harold Bloom lamenta el escaso interés por una lectura en busca del componente estético y se cuestiona sobre la continuidad de los estudios literarios en las universidades. Puedo confirmar que los estudios están muy vivos, muy interesantes y abiertos a nuevos y antiguos enfoques teóricos, y el interés por la lectura no ha decaído por suerte. Yo he conocido la figura de este genial crítico, que es de elevada relevancia en los estudios literarios y, estés de acuerdo o no con algunas de sus posturas, no cabe lugar a poner en duda su excelente labor dedicada por entero a la literatura y su amor y ánimo que inculca por el placer de leer.

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Chesil beach, de Ian McEwan

Chesil beach

Chesil beachSon varias ya las generaciones que no viven su primera experiencia sexual con inocencia, sino con decepción. Hoy en día, teniendo un aparato en el bolsillo del pantalón que te provee de las respuestas a todo lo que puedas plantearte, ya pocas cosas las descubrimos de cero; como mucho, las comparamos con lo que ya habíamos visto, leído o escuchado. Por ese motivo, un relato como el de Chesil beach, en el que dos jóvenes se enfrentan a su primera vez en la década de los años sesenta, sin apenas información previa y con todas las dudas del mundo, causa tanta ternura en su planteamiento. Porque lo que Ian McEwan nos propone, al menos esa ha sido mi percepción durante la lectura, es un recordatorio de nuestra inocencia perdida.

Edward y Florence son novios desde hace años, pero jamás han tenido un contacto íntimo entre ellos o con otra persona. Él esperaba con ansia el día que ya ha llegado: su noche de bodas, el momento en el que pueden intimar sin cometer pecado alguno. Pero pese a tener consigo el visto bueno de Dios ella no parece tener interés alguno por la consumación de su amor; es más, le repugna completamente la idea, pero no sabe cómo evitar una situación de la que ya es realmente difícil escapar. Con el pretexto de la tensa espera al inicio de esta primera relación sexual McEwan va relatando la vida de los dos protagonistas, a partir de lo cual nos permite comprender que sus diferencias van bastante más allá de los mayores o menores deseos sexuales.

McEwan, uno de los mejores narradores de la literatura actual (opinión completamente personal, pero refrendada por muchos lectores), no está a su máximo nivel en ese aspecto en esta novela (otra opinión completamente personal, esta no sé si tan refrendada). A diferencia de otras obras, como en la reciente Cáscara de Nuez, en la que trabaja enormemente el desarrollo de la historia, en este caso es mucho más complicado abstraerse con el relato, dado que la narración, sin apenas diálogos, no acaba de funcionar como conjunto, aunque sí como idea y como partes separadas. De hecho, no deja de ser un relato con una gran cantidad de virtudes. La propia construcción de los personajes, con notables diferencias sociales e incluso intelectuales, es fácilmente asimilable por el lector, ya que todos hemos vivido esas diferencias en nuestras propias carnes. Además, algunos de los pequeños relatos que se insertan a modo de recuerdos de los protagonistas, como el de la madre de Florence, afectada de un daño cerebral y a la que toda su familia se esforzaba por hacer creer que ella seguía realizando las labores del hogar, consiguen visibilizar el nivel de McEwan como escritor.

Chesil beach, publicada por primera vez en 2007, es una novela que, como toda buena relación amorosa que se precie, va a rachas. Cuenta con momentos apasionantes y absorbentes y con otros mucho más monótonos y terrenales. Al fin y al cabo, no cuenta nada que no sepa todo el mundo ya, aunque su lectura hace que te plantees si verdaderamente está ahí la raíz, en el saberlo todo, de tantos fracasos y decepciones que uno acaba cargando sobre su espalda a medida que se enfrenta a la realidad.

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18 libros para leer en 2018

el legado de los espias

Hace pocas horas que despedíamos un 2017 cargado de buenas lecturas. Es tiempo de hacer balance, mirar los últimos doce meses y disfrutar de todo lo bueno leído. Pero también toca mirar al futuro, y las editoriales ya están anunciando sus mejores libros para 2018. El Libros y Literatura hemos hecho una selección de los mejores libros para leer en 2018, o al menos en sus primeros meses de vida.

Grandes autores (Le Carré, Ellroy…) y escritores multipremiados (Atwood, Padura, Ford…); escritores de ayer (Leopardi) y de hoy (Mairal, Knox…); gente de aquí (Somoza, Millás…) y del otro lado del charco (King, Hustvedt…); grandes grupos editoriales y editoriales independientes. Una lista variada que esperemos se amolde a todos los gustos de nuestros lectores.

Aquí empieza nuestra lista de 18 libros para leer en 2018. ¡Disfrutad de ella!

el legado de los espias1. El legado de los espías, de John Le Carré (Planeta. 9 enero)
Peter Guillam, leal colega y discípulo de George Smiley en los servicios secretos británicos –conocidos como El Circo–, disfruta de su jubilación en la finca familiar de la costa meridional de Bretaña, cuando una carta de su antigua organización lo insta a regresar a Londres. ¿El motivo? Su pasado en la Guerra Fría lo reclama. Unas operaciones de inteligencia que habían sido el orgullo del Londres secreto y habían implicado a personajes como Alec Leamas, Jim Prideaux, George Smiley o el propio Peter Guillam están a punto de ser investigadas con criterios perturbadores, por una generación sin memoria de la Guerra Fría ni paciencia para atender a sus justificaciones. Entretejiendo pasado y presente para que ambos cuenten su tensa historia, John le Carré ha urdido una única trama tan ingeniosa y apasionante como la de las dos predecesoras sobre las que se ha basado: El espía que surgió del frío y El topo. El pasado ha venido a cobrarse sus deudas.

Mis rincones oscuros2. Mis rincones oscuros, de James Ellroy (Literatura Random House. 11 enero)
En junio de 1958, James Ellroy tenía diez años cuando recibió la terrible noticia del asesinato de su madre. El cadáver de Geneva Hilliker fue hallado cubierto de hiedra en una cuneta de las afueras de Los Ángeles, estrangulado con una cuerda y unas medias de nylon y con signos evidentes de violación. El caso no se resolvió, pero la brutal muerte marcó para siempre la vida del autor y fue el germen de toda su obra. En 1994, después de publicar el último volumen del «Cuarteto de los Ángeles», Ellroy decidió descubrir la verdad sobre el crimen. Para ello contrató los servicios de un veterano y experimentado «detective» llamado Bill Stoner. A medida que ambos avanzaban en este caso enterrado desde hacía treinta años, Ellroy descubría el misterio que en realidad fue su madre, cuáles fueron sus aspiraciones y por qué decidió salir de un pequeño pueblo de Wisconsin para empezar una nueva vida en Los Ángeles. Mis rincones oscuros relata esta investigación, en una mezcla de crónica negra y memorias confesionales, y se convierte en un libro fascinante que proporciona las claves autobiográficas de sus novelas y, a su vez, en la introducción perfecta a la perturbadora obra de este autor imprescindible de la novela del siglo XX.

La semilla de la bruja3. La semilla de la bruja, de Margaret Atwood (Lumen. 11 enero)
Es un lunes cualquiera de enero de 2013 y Felix pasa el control de seguridad para acceder al centro correccional de Fletcher. Los guardias lo miran con simpatía y benevolencia; para ellos este hombre solo es el señor Duke, un cincuentón que en sus ratos libres se dedica a organizar funciones de teatro con los reclusos. El autor elegido siempre es Shakespeare, y este año el profesor les propone La tempestad. Felix accede sin problemas al recinto de la cárcel, llevando consigo algo muy peligroso pero imposible de detectar a través de un escáner: son las palabras, aún vivas, robustas, sonoras, de una obra donde la venganza viaja a través del tiempo y se instala en el presente. De a poco, ensayo tras ensayo, los chicos de Fletcher, que quizá nunca antes habían oído hablar de Shakespeare, convierten la obra en algo muy personal. Ahí se encuentran con sus fantasmas y con algo de sí mismos que no sabían, pero hay más: Felix, ese profesor terco y a veces aburrido, el día del estreno de la obra también podrá vengarse de quien le arruinó en el pasado.

La transparencia del tiempo4. La transparencia del tiempo, de Leonardo Padura (Tusquets. 16 enero)
A un Mario Conde a punto de cumplir sesenta años, y que se siente más en crisis y más escéptico que de costumbre con su país, le llega de manera inesperada un encargo de un antiguo amigo del instituto, Bobby, que le pide ayuda para recuperar la estatua de una virgen negra que le han robado. Conde descubre que esa pieza es mucho más valiosa de lo que le han dicho, y su amigo tiene que confesarle que proviene de su abuelo español, que, huyendo de la Guerra Civil, la trajo de una ermita del Pirineo catalán. En los bajos fondos de La Habana, Conde da con un sospechoso al que acaban matando. Con el asesinato de otro cómplice, Conde descubre una inesperada trama de galeristas y coleccionistas extranjeros interesados en la talla medieval, y se tropieza inevitablemente con la policía de homicidios de La Habana. Pero, en capítulos intercalados, La transparencia del tiempo también cuenta la epopeya a lo largo de los siglos de la estatua, una virgen negra traída de la última cruzada a una ermita del Pirineo por un tal Antoni Barral, y será otro Antoni Barral quien la salve y se vea obligado a embarcar como polizón rumbo a La Habana.

Recuerdos del primer amor5. Recuerdos del primer amor, de Giacomo Leopardi (Acantilado. 17 enero)
«Heme aquí, pues, enamorado a los diecinueve años […] Pero como necesito dar algún consuelo a mi corazón […] escribo estas líneas para explorar las profundidades del amor y poder recordar con la mayor exactitud cómo irrumpió en mi corazón esta pasión soberana». En diciembre de 1817 Leopardi conoció a Geltrude Cassi Lazzari, prima de su padre, por quien profesó un amor secreto. Ese mismo día empezó la redacción de los dos textos recogidos en este volumen: «Recuerdos del primer amor», publicado por primera vez en 1906, y la «Elegía primera», incluida poco después en los Cantos con el título de «El primer amor». Tanto el diario como el poema del joven Leopardi constituyen dos de los textos más emblemáticos del Romanticismo no sólo por su belleza sino también por su singularísima sensibilidad.

Muerte con pingüino6. Muerte con pingüino, de Andrei Kurkov (Blackie Books. 17 enero)
Viktor es un escritor arruinado: está sin blanca, lo ha dejado su novia, tiene frío. Imaginen si se siente solo que decide adoptar a un pingüino. No sabe que este nuevo compañero de piso, Misha, también está deprimido: suelta suspiros melancólicos cuando chapotea en la bañera de agua helada y se encierra en la habitación como un adolescente. Ahora Viktor no solo está triste, sino que debe consolar a su amigo. Y además alimentarlo. Todo se complica cuando un gran periódico le encarga escribir esquelas de personajes públicos que aún están vivos. Parece una tarea fácil. Pero no lo es: los protagonistas de sus necrológicas empiezan a fallecer en extrañas circunstancias poco después de que escriba sobre ellos. Misha y Viktor se ven atrapados en una trama absurda y violenta. Una novela oscura y luminosa, con humor blanco y negro. Como la vida. Como un pingüino.

La herida7. La herida, de Jorge Fernández Díaz (Destino. 18 enero)
Una monja desaparece dejando un enigmático mensaje, y un colaborador del papa Francisco les encarga a dos agentes de Inteligencia buscarla por cielo y tierra. En paralelo, una operadora política despedida por el gobierno argentino es contratada por el gobernador de un feudo de la Patagonia para mejorar su imagen y evitarle una catástrofe electoral. Con la ayuda de Remil ―un perturbador personaje que trabaja desde las sombras―, ella se vale de todo: espionaje político, compra y amenaza de jueces. Hasta que juntos se topan con un crimen de Estado y una siniestra organización. La herida es un thriller político dentro de una gran novela policial cruzada por cuatro misteriosas historias de amor, que empieza en el Vaticano y viaja a la Patagonia, que se devora con suspenso y que retrata el lado oscuro del poder. Una combinación que solo la pericia del escritor y periodista Jorge Fernández Díaz es capaz de llevar adelante con el pulso y el rigor de una investigación y con un demoledor ritmo cinematográfico.

el origen del mal8. El origen del mal, de José Carlos Somoza (Ediciones B. 18 enero)
«ESTOY MUERTO.» Así comienza el misterioso manuscrito que un conocido escritor recibe de manos de un amigo librero. Son más de doscientas páginas, escritas a máquina y fechadas en 1957. El encargo es muy preciso: debe leerlo en menos de 24 horas. Intrigado, el novelista comienza a leer y se encuentra con una historia de secretos y traiciones contada por Ángel Carvajal, un militar español de la Falange que actuó como espía en el Norte de África. El texto, además, contiene diversas frases que alguien ha subrayado cuidadosamente. Pronto comprenderá por qué era tan urgente que el manuscrito llegara precisamente a sus manos… ¿Puede haber un mensaje oculto relacionado con el tiempo presente? ¿Qué relación existe entre el manuscrito, el librero y el lector? ¿Se puede reescribir la historia?

Entre ellos9. Entre ellos, de Richard Ford (Anagrama. 18 enero)
El libro se compone de dos textos escritos con treinta y cinco años de diferencia. El segundo, dedicado a su madre, ya se había publicado en 1986 de forma autónoma. El primero, centrado en la figura de su padre, es reciente y rigurosamente inédito. ¿Qué historias se nos relatan en este volumen? Las de dos jóvenes de Arkansas, en el corazón de la América profunda: Parker y Edna, que se casan en 1928 y tienen un hijo –el autor– en 1944. La historia de un hombre de carácter bondadoso que se gana la vida como viajante de comercio, pasa mucho tiempo en la carretera, fuera de casa, y muere de un ataque al corazón cuando Ford tiene solo dieciséis años. La historia de una chica con un pasado complicado y un secreto, que quedó viuda a los cuarenta y tuvo que mantener a su hijo… Dos textos bellísimos que evocan la infancia del escritor y las vidas de sus padres, unas vidas que podrían haber sido pasto del olvido como tantas otras, pero que la fuerza de la literatura rescata y convierte en piezas esenciales del universo literario de Richard Ford.

Cuadernos de Kabul10. Cuadernos de Kabul, de Ramon Lobo (Península. 23 enero)
Cuadernos de Kabul nos sumerge en la otra cara de la guerra, la de las pequeñas o grandes historias de las verdaderas víctimas del conflicto: aquellos que casi nunca tienen derecho a protagonizar su propia noticia. Ramón Lobo nos recuerda la lucha anónima de los civiles, el peso de la vida en la retaguardia, el dolor de las personas que tratan de vivir un día más en medio de un enfrentamiento bélico. No como explicación de lo que allí sucede, sino como muestra de una realidad repleta de colores, olores y sabores, de gentes sin derecho a un nombre y a una voz.

Memorial device11. Memorial Device, de David Keenan (Sexto piso. Enero)
Articulada a partir de una alucinógena serie de entrevistas a antiguos miembros de la escena postpunk de la pequeña y desolada localidad escocesa de Airdrie, Memorial Device pretende reconstruir, a partir de los testimonios más delirantes, la corta historia de los legendarios Memorial Device, considerados la mejor banda salida de la ciudad, una banda visionaria, rematadamente underground y maldita, un fulgurante meteoro hacia la nada que parece quintaesenciar a todos los grupos oscuros, abismados y malogrados de aquella época convulsa y febril, empezando por Joy Division. Con esta ficticia indagación documental sobre un grupo igualmente ficticio –que sirve a su vez para presentarnos una heterogénea y extravagante galería de personajes y cartografiar la peculiarísima escena artística y musical del lugar, llena de estrambóticas bandas que hacen de la anormalidad su razón de ser– David Keenan ha escrito una especie de carta de amor deforme y malsano, pero sincero; ha pergeñado un retrato intenso, poético, onírico y conmovedor –y también entrañablemente grotesco– del movimiento postpunk, el movimiento musical más importante desde la psicodelia de los sesenta, como afirmaba el crítico Simon Reynolds. La obra es un homenaje, en última instancia, a la urgencia, la pasión y los sueños de juventud como motores vitales, y a la eterna lucha de cada generación por encontrar su lugar en el mundo; un brindis blasfemo por toda esa recua de adolescentes desorientados cabalgando los caballos desbocados de la música. MEMORIAL DEVICE, la primera y celebrada novela de David Keenan, es un libro visceral, hilarante, profundo y trágico, que capta magníficamente la locura, el sinsentido y las dificultades sociales de esa década mítica que fueron los años ochenta.

Manual de linternas12. Manual de linternas: Incursiones, excursiones y reflexiones científicas, de Marta Magariños (Editora) (Libros y Literatura. Enero)
El objetivo de este Manual de linternas es promover la divulgación científica a través de los libros. La lectura ofrece varias ventajas diferenciales que la hacen particularmente interesante; quizá, la más significativa es que permite la reflexión. La literatura surge de un yo y cuenta con la palabra para conectar con las inquietudes, los aprendizajes y las emociones de otro yo. Es un proceso introspectivo y solitario que, además, permite hacer un paréntesis temporal en el caudal de llegada, dando cabida a la gestación de nuevo conocimiento, a veces, profundamente original. Como dice Antonio Osuna, uno de los autores de este manual, «hay libros que se pueden leer de seguido, pero hay algunos en los que, de vez en cuando, se debe apartar la mirada y dejar que lo que se acaba de leer se asiente».
Manual de linternas pone el foco en libros elegidos libremente por los autores de las reseñas. Hemos tratado de organizarlos en categorías, aunque de una forma un tanto imprecisa, ya que muchos de ellos podrían estar en varias de ellas. Cada categoría se introduce con inspiradoras ilustraciones de María Lamprech, nuestra ilustradora. La mayoría son libros de divulgación científica en el sentido estricto, pero no todos lo son. Algunos tienen más condición de ensayo, otros son memorias o ficción, e incluso hay un cómic. Sin embargo, todos comparten la premisa de transmitir con entusiasmo el conocimiento científico. De modo que este manual no pretende ser en ningún momento una selección de los libros más relevantes de cada campo, pero sí servir como linternas que iluminen nuestras ganas de saber qué hay en la oscuridad de lo desconocido. Esas linternas son cincuenta y un libros con vocación de transmitir y satisfacer el interés por la divulgación científica. Si se quedan con hambre, hemos incluido un listado de libros recomendados por los autores, que deseamos que les resulte de ayuda.

Sirenas13. Sirenas, de Joseph Knox (Reservoir books. 1 febrero)
En los bajos fondos de Manchester, todo tiene un precio. Cuando el detective de policía Aidan Waits es reclutado por una misteriosa rama policial que cumple órdenes de un todopoderoso y millonario miembro del Parlamento británico, sabe que a él también le han puesto precio. La misión es encontrar a Isabelle, la hija del magnate, y para ello tendrá que adentrarse en el oscuro mundo de la noche, donde el dinero y las drogas circulan por clubs sin ley y las jóvenes son tratadas como mercancía. ¿Será capaz de salvar a la chica sin caer en el desenfreno y la corrupción de este nocturno canto de sirena? Joseph Knox es la gran revelación de la novela negra británica y ha sido comparado con Ian Rankin, James Ellroy o Raymond Chandler. Como buen librero, se ha nutrido durante años de los grandes maestros del gé- nero, siendo el responsable de compras de novela negra en Waterstones. Sirenas es su thriller de debut, con el que inicia la saga del detective Aidan Waits. Knox retoma el crime más clásico y hardboiled, en el que hace un guiño a los lectores más alternativos y de culto: cada una de las partes de la novela evoca versos de Joy Division.

Bellas durmientes14. Bellas durmientes, de Stephen & Owen King (Plaza & Janés. 1 febrero)
En esta espectacular colaboración entre padre e hijo, Stephen King y Owen King nos ofrecen la historia más arriesgada de cuantas han contado hasta ahora: ¿qué pasaría si las mujeres abandonaran este mundo? En un futuro tan real y cercano que podría ser hoy, cuando las mujeres se duermen, brota de su cuerpo una especie de capullo que las aísla del exterior. Si las despiertan, las molestan o tocan el capullo que las envuelve, reaccionan con una violencia extrema. Y durante el sueño se evaden a otro mundo. Los hombres, por su parte, quedan abandonados a sus instintos primarios. La misteriosa Evie, sin embargo, es inmune a esta bendición o castigo del trastorno del sueño. ¿Se trata de una anomalía médica que hay que estudiar? O ¿es un demonio al que hay que liquidar?

Los ojos vendados15. Los ojos vendados, de Siri Hustvedt (Seix Barral. 13 febrero)
Iris Vegan, una estudiante de literatura de la Universidad de Columbia, relata sus inquietantes encuentros con personajes neoyorquinos que el azar y la coincidencia han puesto en su camino. La relación de estos singulares momentos, en los que las fuerzas oscuras pueden cambiar el curso de una vida, permite al lector abordar esta obra como la suma de cuatro episodios independientes pero complementarios a la vez.

Cuando sale la reclusa16. Cuando sale la reclusa, de Fred Vargas (Siruela. 14 febrero)
El comisario Jean-Baptiste Adamsberg, tras unas merecidas vacaciones en Islandia, se interesa de inmediato a su regreso a Francia por la muerte de tres ancianos a causa de las picaduras de una Loxosceles rufescens, más conocida como la reclusa: una araña esquiva y venenosa, pero en ningún caso letal. Adamsberg, que parece ser el único intrigado por el extraño suceso, comienza a investigar a espaldas de su equipo, enredándose inadvertidamente en una delicada y compleja trama, llena de elaborados equívocos y profundas conexiones, cuyos hilos se remontan a la Edad Media. Un caso elusivo y contradictorio que se escapa a cada momento de las manos del comisario, haciéndole regresar a la casilla de salida. Solo sus intuiciones, tan preclaras como dolorosas, serán capaces de devolverle la confianza que necesita para salir ileso de la red tendida por la más perfecta tejedora… Cuando sale la reclusa es sin duda la obra más ambiciosa de Fred Vargas, la reina indiscutible de la novela negra europea. En ella se entrecruzan con maestría todos los temas que han convertido la publicación de cada una de sus novelas en un auténtico acontecimiento literario, tanto para la crítica como para los lectores: el medievo, la arqueología, los mitos, el mundo de los animales y, por supuesto, la descripción detallada y poderosa de los oscuros laberintos del alma humana.

Que nadie duerma17. Que nadie duerma, de Juan José Millás (Alfaguara. 15 febrero)
El día en que Lucía pierde su empleo como programadora informática, su vida da un giro definitivo. Como si de un algoritmo se tratara, establece los siguientes principios en los que se basará su existencia futura: será taxista, recorrerá las calles de su ciudad, Madrid, mientras espera la ocasión de volver a encontrarse con el hombre del que se ha enamorado, y todos los momentos importantes tendrán como banda sonora el «Nessum dorma» de Turandot, ópera de la que se siente protagonista. Lo cotidiano y lo extraordinario se entremezclan en esta novela que tiene todas las claves del universo narrativo de Juan José Millás: la ironía, las distintas facetas de la realidad, el desdoblamiento del yo, la soledad y la constatación de una verdad inmutable: el espejo en el que miramos nuestras vidas nos devuelve siempre una perspectiva insólita ante la que solo cabe el más puro de los asombros.

Una noche con Sabrina Love18. Una noche con Sabrina Love, de Pedro Mairal (Libros del Asteroide. 26 marzo)
Todas las noches en Curuguazú, un pueblo de la provincia de Entre Ríos, Daniel Montero celebra un rito: mirar el programa televisivo de Sabrina Love, la porno star más popular del momento. Por eso, cuando gana el sorteo para pasar una noche con ella, siente que ha tocado el cielo con las manos. Sabrina lo espera en un hotel de Buenos Aires. A los diecisiete años, Daniel emprende un viaje que, además de la gran ciudad, le descubrirá mucho más de lo que había imaginado. Una noche con Sabrina Love ganó el premio Clarín en 1998, otorgado por un jurado que integraban Adolfo Bioy Casares, Augusto Roa Bastos y Guillermo Cabrera Infante. Esta vertiginosa novela de iniciación marcó el brillante debut de Pedro Mairal en la escena literaria.

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Tríos, de VV. AA.

Tríos

TríosNo es la primera vez que lo escribo y no va a ser la última: me gustan los relatos. No sé por qué, seguramente no lo sepa porque nunca me lo he preguntado, y la verdad es que tampoco me apetece que sea ahora ese momento. Pero me gustan los relatos y es por eso que no he podido resistirme a leer la antología que acaba de publicar Anagrama recogida y editada por Paola Tinoco y en la que podemos encontrar nombres tan conocidos como Sara Mesa, Juan Villoro o Luisgé Martín. Once son los relatos que componen un libro en el que los autores se dispusieron a crear ante la pregunta de «¿qué es para ti un trío?».

Venga, pregúntatelo tú también. Y si quieres y te animas ponte a escribir un relato. Aquí todos somos escritores. Ánimo.

Claro, como es lógico, hay algunos de los relatos que tratan sobre la idea sexual que nos viene a todos cuando escuchamos la palabra, pero no os creáis, son solo algunos. En Tríos cada uno de estos escritores, todos de habla hispana pero de gran variedad de países, ofrecen su visión del trío a través de lo que mejor hacen: la invención de historias. Y nosotros, que estamos enganchados a la narración de historias como si fuera la mayor droga que ha inventando el hombre, abrimos el libro y nos encontramos por ejemplo a dos niñas enamoradas del mismo monitor de campamento, a una pareja y su bebé en un ambiente VHS, a dos hombres frente a frente hablando de una mujer infiel, a dos mujeres frente a frente hablando de ellas mismas en otro tiempo, a dos ancianos perdidos por el cuerpo joven de una mujer, etc. Once historias en las que el trío es su eje. También hay sexo.

Mientras leía el libro me vino a la cabeza la famosa pintura de la pipa. Sabes de la que hablo, ¿no? Pues creo entender ahora, mientras escribo esto, que esa imagen me vino a la cabeza porque este libro es algo así, una especie de mensaje al lector de que lo que va a leer no es lo que espera y a la vez sí. Esto no es un libro sobre tríos pero sí lo es. ¿Me explico? Ya sé que no.

En definitiva, en Tríos encontrarás once relatos con un prólogo de Paola Tinoco con los que poder recibir una pequeña pincelada de los autores que forman parte de él. A mí me ha servido para descubrir a nuevos autores (a la vez que también para volver a disfrutar de los que ya conocía), destacando por encima de todos, con perdón, el genial descubrimiento de Isabel Mellado. Iba a escribir que eso es lo que tienen las antologías de varios autores, que de repente descubres algo o a alguien y te cambia la vida. Lo iba a escribir pero luego he pensado mejor y me he dicho: «Víctor, eso pasa con todos los libros». ¿A qué sí?

 

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La banda de los niños, de Roberto Saviano

Nadie en su sano juicio envidiaría la vida que lleva Roberto Saviano. Pese a ser todavía joven (38 años), el escritor italiano lleva más de una cuarta parte de su vida escoltado a capa y espada, concretamente desde que publicó Gomorra, un libro a caballo entre la ficción y la investigación periodística en el que explicaba el modus operandi de la Camorra napolitana. Desde entonces, en lugar de acobardarse por las constantes amenazas de muerte que caen sobre él, Saviano no ha dejado de combatir con sus textos al crimen organizado. No obstante, en el caso de La banda de los niños estamos más ante una advertencia de cómo algunos jóvenes italianos están viendo en la mafia una salida a sus aspiraciones de dinero y rápido y poder.

Así, basándose en el caso real de un grupo de chavales del barrio de Forcella (Nápoles) se nos narra la forma en la que unos adolescentes van descubriendo progresivamente el atractivo del crimen organizado y pasan a formar parte de él con una naturalidad aterradora. Y es que los protagonistas no se nos presentan como jóvenes nacidos en la más absoluta pobreza o en familias desestructuradas. En su mayoría son chicos con padres de clase trabajadora que se preocupan por ellos, pero que se ven empujados por sus ambiciones personales y por la presión de grupo a traspasar las líneas de la legalidad y la moralidad.

Nicolás, apodado Marajá, es el gran protagonista, ya que asume desde el primer momento el papel de capo de la nueva banda mafiosa. A sus quince años presenta muchas de las cualidades necesarias para este cometido: es autoritario, violento con los que le ofenden, protector con los suyos, ambicioso a más no poder… No obstante, a pesar del papel predominante de este personaje, Saviano ha construido una novela bastante coral. Durante sus cerca de 400 páginas el escritor nos introduce en el día a día de los Dientecito, Briato, Dragón, Bizcochito… si bien todas sus personalidades quedan muy tapadas por el capo, que asume la voz cantante en todos los pasos que se siguen para profesionalizar a la banda.

Esta construcción desde cero de una estructura criminal resulta verdaderamente interesante, dado que se va dibujando de forma lenta, pero sin pausa, y con la característica añadida de que nos encontramos ante unos jóvenes que no le dan tanto valor a la vida como podrían darle personas con una o dos décadas más de edad. Así, en cortos capítulos se nos van narrando las pesquisas iniciales que va cometiendo el grupo: desde sus primeros tratos con los mafiosos napolitanos a anécdotas más banales de su día a día. Este proceso de criminalización va acompañado de una progresiva pérdida de inocencia que se palpa en las conversaciones y decisiones que les van acompañando. Dentro de este proceso es especialmente pintoresco, pero también muy creíble, como los protagonistas reflejan en sus actitudes todas las influencias que tienen de las series y películas que han visto a lo largo de su vida, así como de videojuegos y vídeos de YouTube. ¿Cómo no va a ser así con una generación que se ha criado frente a la pantalla?

No puedo decir otra cosa salvo que La banda de los niños me ha parecido una novela redonda: una trama consistente, una prosa cuidada pero muy cómoda de leer y un mensaje que cala hasta en los que no estamos acostumbrados a vivir con la sombra de la violencia a nuestras espaldas. En definitiva, un gran trabajo. Y eso, cuando las expectativas son tan altas como las que ya carga consigo el valiente escritor italiano, es decir mucho.

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El truco, de Emanuel Bergmann

el truco

el truco¿Qué es más fácil, hacer reír o hacer llorar?

Es evidente que en temas de humor no todos reaccionamos igual. Algunos podemos encontrar tronchante una situación absurda, una conversación de besugos o una broma escatológica. A otros en cambio les asoma una traviesa sonrisilla cuando alguien da un traspiés, cae escaleras abajo y se parte la crisma o ante un chiste de Carrero Blanco y sus dotes como saltador olímpico. La Audiencia Nacional, por ejemplo, no estaría entre los del segundo grupo.

Lo que nos aflige, lo que provoca ese nudo en la garganta (preludio de lágrimas amargas que tal vez alivien ese gran pesar que sentimos en el pecho) probablemente nos dispone a todos en un único grupo. ¿Quién no lloraría la muerte de una madre o padre que lo ha dado todo por sus hijos? ¿Y la de ese amigo íntimo que estuvo a las duras y a las maduras siempre apoyándote? ¿Y qué me dices de tener la cruda certeza de que jamás volverás a acariciar el suave pelaje de ese perro que estuvo a tu lado más de diez años? ¿Quién no ha llorado alguna vez al encontrarse cara a cara ante el cruel rostro del desamor? La soledad, la incomprensión, la enfermedad, el abandono… ¿una cebolla?

La verdad, no sé si es más fácil hacer reír o hacer llorar pero de lo que sí estoy seguro es que es dificilísimo narrar una historia en la que ambas emociones mantengan cierto equilibrio. El truco de Emanuel Bergmann es una de esas obras.

El truco es la historia de dos personajes. Dos vidas separadas por el tiempo pero unidas por los acontecimientos. Por un lado tenemos a Mosche Goldenhirsch: un anciano desvergonzado y de carácter huraño, con tendencias suicidas, que se pasa la vida en clubes de streptease en busca de compañía que previo pago le hagan sentir menos vacío. Pero Mosche es solo la sombra desvaída de lo que antaño llegó a ser. Anteriormente se le conoció como el gran Zabbatini, el famoso mago mentalista que recorrió la Europa que posteriormente sería ocupada por los nazis. El otro personaje es Max Cohn: un muchacho de diez años que se enfrenta a la cruda realidad de descubrir que sus padres están a punto de separarse. Por una de esas extrañas casualidades de la vida Max descubrirá que existe un conjuro de amor que podría volver a unir a sus padres. El único capaz de realizar dicho conjuro es Zabbatini. Así pues, el muchacho escudriñará cada rincón de su ciudad con tal de encontrar a ese gran mago y mentalista que podría salvar la felicidad de su familia.

En El truco hay magia, esperanza, desencanto y disparatadas aventuras narradas en clave de tragicomedia. Esa tragicomedia que es en sí misma la vida y el acto de vivir; esa valentía de afrontar retos, de aceptar las pérdidas y las derrotas pero también de mantener los pies en el suelo cuando se triunfa. El personaje de Mosche, anciano casi centenario, sabio a su manera y repleto de experiencias (algunas tienen que ver con el amor, otras con la magia y las peores con El Holocausto perpetrado por los nazis) es la representación de aquellos que se sienten desengañados por una vida demasiado larga y tortuosa. Por otro lado, y como contrapartida, Max, todavía puro de corazón, sensible como solo un niño puede serlo y optimista, es el agradable punto de candidez que contrarresta el cinismo de los desencantados que se toman la vida demasiado en serio. Ambos personajes convergerán no sin que antes Emanuel Bergmann nos relate, con una prosa fácil de leer, elegante y embaucadora, como era la vida de cada uno antes de que sus destinos se cruzaran. Con todo, a pesar de que la historia de Max no está mal, está claro que su protagonismo es sobre todo una excusa esencial a la hora de poner en marcha los recuerdos de Mosche: la verdadera historia de esta novela. Una historia que tarda en arrancar pero que cuando lo hace se muestra repleta de momentos divertidos (en ocasiones haciendo uso de humor algo simplón), de situaciones algo absurdas y de un truco de magia, un fantástico e inolvidable truco, que conseguirá que tus ojos llenos de lágrimas susurren tristeza mientras tu sonrisa grita esperanza.

El truco de Emanuel Bergmann publicado por Anagrama aúna con cierta pericia la comedia y el drama, esos dos géneros narrativos que por separado presionan unas teclas determinadas y dispares creando melodías únicas pero que al unirse, como en este libro, componen una sinfonía agridulce; una suerte de broma melancólica que perdura más allá de la última página.

 

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El ministerio de la felicidad suprema, de Arundhati Roy

El ministerio de la felicidad suprema

El ministerio de la felicidad supremaLeí El dios de las pequeñas cosas hace tiempo. Se convirtió en mi libro preferido de aquel año y, aún hoy, lo considero uno de los que más han impactado en mi vida. Desde entonces, he querido leer más historias de Arundhati Roy, adentrarme de nuevo en su expresiva y cálida prosa, pero esta autora india no había escrito ninguna novela más. Por eso, cuando vi su nombre en la portada de El ministerio de la felicidad suprema, recién publicada por Anagrama, me lancé de cabeza. No me hizo falta saber de qué iba. Era el regreso a la narrativa de Arundhati Roy y con eso me bastaba.

Ya en la primera página encontré ese tono mágico que me enamoró en su primera novela. En ella, recrea una fábula de zorros voladores, buitres, murciélagos y gorriones. Sin embargo, de lo que habla, en realidad, es de la sociedad india en permanente conflicto. Pero aún estaba en la primera página y me faltaba mucho para entenderlo. Era solo el hilo inicial que me lanzaba Arundhati Roy para atraparme en su inmenso tapiz.

Al principio, pensé que El ministerio de la felicidad suprema contaba la historia de Anyum, una hijra (una mujer del tercer sexo, mitad mujer, mitad hombre) con acuciantes ganas de amar y ser madre. Pero, de repente, fue Tilo quien se apoderó del relato: una mujer en constante huida de sí misma y de los tres hombres que la amaron. Y yo, que estaba fascinada con el personaje de la adorable Anyum, tardé en acostumbrarme a los nuevos protagonistas, y vagué perdida por decenas de páginas, contemplando desde diferentes prismas la barbarie de la guerra sin fin de Cachemira. Pero, parafraseando a Kafka, la incisiva prosa de Arundhati Roy era como un hacha que rompía el mar helado dentro de mí, y eso me hacía seguir adelante. Se iban sumando personajes y escenas a esta historia de historias y, poco a poco, yo iba encontrando los hilos que unían a unos con otros. Solo al acabar sus más de quinientas páginas logré contemplar la obra en perspectiva y atisbar el sentido de ese tapiz de dolor y esperanza, si es que es posible comprender una ínfima parte de tanto desgarro.

Esta novela no puede entenderse sin conocer el activismo de Arundhati Roy en estos años. Su lucha contra la globalización o las guerras de Afganistán e Irak y su posicionamiento a favor de la independencia de Cachemira y de la abolición de las castas se plasman en las páginas de El ministerio de la felicidad suprema, donde los conflictos de los personajes son una forma más de ilustrar una sociedad hecha añicos. Quizá no sea tan memorable como El dios de las pequeñas cosas, al menos, para mí; pero Arundhati Roy vuelve a demostrar que es una excelente contadora de historias y que es capaz de transformar hasta el suceso más truculento en poesía. Solo por eso, su retorno a la narrativa ya es una gran noticia para la literatura. Espero que no tengamos que esperar otros veinte años para volver a disfrutar de ella.

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Paraíso Alto, de Julio José Ordovás

paraíso alto

paraíso altoHoy quería hacer la reseña de este libro y cuando he llegado al lugar en el que me iba a poner a escribir me he dado cuenta de que me lo había dejado. Podría haberla hecho sin él pero es que en él anoto muchas cosas mientras lo leo que luego me sirven para poder contaros mejor lo que tiene dentro. Pues bien, luego he caído en que se lo podía pedir a alguien que estaba en ese lugar donde me lo había dejado y que venía al lugar en el que me encuentro sin poder escribir. En ese rato he pensado: quizás esta persona, cuando coja el libro para traérmelo se pregunte qué será esto de Paraíso Alto. Me podríais decir algo tan simple como que lo único que tiene que hacer es leer la sinopsis. Pero quizás a esa persona no le gusta leer y claro, hay que reconocerlo, las contraportadas de Anagrama son largas. Entonces se me ha ocurrido que si esa persona llegase – al final ha llegado – y me preguntase qué es Paraíso Alto yo le respondería que es un lugar donde no habita el miedo a la muerte.

No hace mucho tiempo, una de esas personas a las que hay que hacer (relativo) caso porque habla encima de una tarima, me o nos contó que el mayor o principal miedo del humano es el miedo a la muerte; que de ese miedo surgen todos los demás, que el que esté a salvo de ese miedo está a salvo de todo en la vida. A eso me ha recordado este libro. Julio José Ordovás nos presenta un lugar y nos presenta a un hombre que vive y casi que regenta ese lugar. Un lugar solitario, abandonado, cercano a Zaragoza, donde vive este ángel custodio de la muerte y por el que pasa todo aquel que quiere suicidarse. El lugar, como ya he dicho, es Paraíso Alto y de quién es el hombre poco sabemos.

Encabezado por un fragmento de la canción Me gusta cómo hueles de Ilegales, Paraíso Alto es la exposición del paso de varios individuos, cada cual más extraño, que buscan poner punto y final a sus vidas. Pero sin tragedia, con naturalidad. Él los recibe, les da un poco de conversación, los observa y los acompaña en los últimos compases de sus vidas. Aparece una chica que camina con las manos, una MILF que ha sido actriz porno, un flautista que lo enamora, una ex, un camarero, un borracho que busca y no encuentra alcohol, etc. Toda esta procesión de guiños al humor trágico es la defensa a ultranza del humor como algo serio y muy inteligente.

Paraíso Alto es como un bar de carretera por el que pasa todo tipo de personajes y en el que nosotros nos hemos colocado tras la retina del ya pasado de vueltas camarero. Este extraño ángel – ¿o él es Dios? – nunca pregunta por qué a los que llegan para despedirse y no voy a ser yo quien le devuelva la pregunta. Aunque me gustaría saber por qué está allí, por qué ha existido, por qué se ha puesto delante de mí, por qué me ha hecho leerle, por qué quiero saber más de él si sé que no puedo.

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Esto no es América, de Jordi Puntí

esto no es america l

esto no es america lNo tenía ni pajolera idea de quién era Jordi Puntí hasta hace unos días. No importa. Afortunadamente, me gusta entrar en las librerías y leer las contras de los libros que me llaman la atención, y este lo hizo. Esa portada ilustrada con la obra titulada “Acordaos de rezar antes de hacer maldades” ya era un aviso de que el contenido iba a ser atípico, como mínimo. “Esperado regreso de Puntí al cuento” era la frase de la faja que secundó el impulso sin remedio hacia él. Leyendo un poco averiguo que hacía quince años que el tal Puntí no publicaba un volumen de cuentos y que es “uno de sus más dotados cultivadores en activo”. Prometedor, pienso esperanzado. Sigo leyendo y las breves sinopsis de los nueve cuentos de los que se compone el libro me convencen. Ya está. A la saca. Por si tenía poca lectura atrasada, uno más.

Sin embargo, Esto no es América ha sido una revelación. Una lectura más que agradable, que debe hacerse de manera reposada, que es, por otra parte, como deberían leerse la mayoría de libros, aunque no siempre podamos. Pero consejos vendo… yo los he leído con una voracidad desmedida porque no podía frenarme. Imposible. Con eso lo digo todo.

Casi todos, por no decir todos, los relatos tienen en común la soledad del narrador. Da igual que en algunos este se encuentre casado feliz o infelizmente, superando una crisis o sin problemas en el horizonte de su paraíso particular. Lo que leemos son los pensamientos, esperanzas, recuerdos y añoranzas (muchas de estas) de un protagonista que suele estar moviéndose hacia algún sitio y que en su odisea suele cruzarse también con otros solitarios.

“Tarde o temprano todos descubrimos qué papel nos ha tocado interpretar en el teatro de la vida.”

Dice la contra que “si hay un hilo conductor que une estos cuentos es la música”. En mi opinión, aunque la música esté presente, no me ha parecido con la suficiente fuerza como para hablar de hilo conductor. No es el común denominador. En cambio, el movimiento y la soledad, sí. Eso diría yo que definen estos cuentos. Eso y la figura del perdedor en distintos frentes: emocional, profesional, vital…

Pero, a pesar de este protagonismo del perdedor, los cuentos son optimistas y en algunos hay ligeros toques de humor. A ver, no son la alegría de la huerta, pero no son historias sobre gente hundida en la miseria, no van por ahí los tiros. Incluso en uno de los cuentos, el protagonista parece que acaba encontrando una pareja. Y en La madre de mi mejor amigo, un estupendo relato erótico, el protagonista tampoco acaba mal precisamente. Algunos tienen hasta un humor negro que te dejan un poco con el culo torcido, como en el caso del cuento Riñón.

Una cosa que me ha sorprendido ha sido la capacidad de Puntí de empezar una historia por un punto, desviarse hacia otro, de ahí poder hacer otro desvío y finalmente volver al punto inicial para seguir narrando. Así ya tenemos toda la información para poder entender al protagonista de turno de forma hábil y ciertamente entretenida.

En cuanto al estilo, no puedo estar más de acuerdo en que Puntí domina los resortes del cuento. Leerle es un auténtico placer. Escribe que parece fácil hacerlo, pues sus cuentos se dejan leer con una facilidad pasmosa que te arrastra sin darte cuenta y te permite observar las escenas cotidianas de la vida desde un punto de vista que creías tuyo propio.

En definitiva, Esto no es América es un libro que no veo como ningún amante de los cuentos puede dejar pasar. Puntí es todo un cuentista nato, y yo no voy a tener más remedio que acumular sus libros anteriores en la pila de pendientes, ahora que ya sí, lo conozco algo más.

Una lectura sublime y no, ni es América ni falta que hace.

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