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¡Universo!, de Albert Monteys

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uuniversoHoy en día parece que todo está dicho en el género de la ciencia ficción. Los típicos viajes temporales, las naves espaciales, los robots cada vez más minimalistas, los extraterrestres… son algo que parecen de inclusión obligatoria en este campo. Y, sin embargo, desde el Frankenstein de Mary Shelley, por ejemplo, el ser humano sigue inventando y asombrando con una variada gama de tramas y temas en el que esos elementos o no se incluyen o lo hacen de una forma realmente original (1984Los juegos del hambre, Fahrenheit 451, 20.000 leguas de viaje submarino, El cuento de la criada, Hijos de los hombres, Ready player one, 2001,…)

También es cierto que desde hace ya mucho, la mayoría de obras encuadradas en esta categoría destilan un tono tirando a lo catastrófico, lo apocalíptico o terrorífico, sin necesidad de hablar de matanzas o escenas sangrientas, sino de lo desasosegante que parece que será nuestro futuro más inmediato, ese en el que ya se están sentando las bases, y que viene de la mano de la tecnología, como muy bien viene ejemplificando temporada tras temporada la intachable serie Black Mirror.

Astiberri edita ahora en papel un cómic cuya primigenia versión fue desarrollada durante tres años para una plataforma digital y que ha resultado, felizmente y con todo merecimiento, nominada a los Eisner del año pasado. Albert Monteys, tras dieciocho años de experiencia en El Jueves, de la que llegó a ser director, se vio liberado de su deber con el humor semanal y pudo dedicarse a las historias que le apasionan, cuyo fruto ha sido este cómic. Cinco relatos que, aun siendo autoconclusivos y pudiendo leerse de forma independiente, no dejan de tener alguna conexión entre ellos.

¡Universo! da una vuelta de tuerca a los temas de los viajes temporales la cocción en frío, la vida extraterrestre, la robótica, la tecnología y las corporaciones enormes, y lo hace intercalando casi sin darnos cuenta pinceladas de humor para aligerar de alguna forma lo terrible de lo que en el fondo nos está contando y más terrible aún, que ya vemos como algo normalizado.

Cinco historias que darán que pensar, como la primera. Una gran corporación envía a uno de sus empleados atrás en el tiempo, justo antes del Big Bang para sellar cada partícula de materia que se genere con el logo de la empresa y así ser dueña del mundo.  ¿No está pasando esto ya? O como otra en la que lo normal es que las parejas sean biomecánicas (humano y robot) y lo raro es que sean carnales (dos humanos) pero más extraño aún que el sexo entre estos últimos sea “a la antigua”. ¿Y esto? ¿No está sucediendo? ¿No se están vendiendo ya muñecas robóticas sexuales con inteligencia artificial? ¡El futuro es ahora!

En fin, el terror de un probable futuro cotidiano descrito en viñetas con humor, con un grafismo más “realista” que aquel que Monteys solía usar en la revista satírica, con un uso correcto del color y un acertadísimo formato apaisado.

Monteys ha demostrado ser un gran narrador en formato largo, que presta atención a los detalles, que compone tramas sin fisuras y que se ha revelado como un excelente autor de ci fi con algunos argumentos capaz de hacerte estallar la cabeza.

¡Universo! es una colección de relatos que engancha de igual manera que lo hace una buena peli de género. Pero no solo eso. Es un cómic que destila ingenio e imaginación, que desarrolla planteamientos innovadores en temas que parecían ya demasiado sobados y es, sobre todo, un grandísimo entretenimiento que merece relecturas, al igual que hay películas que volvemos a ver por más veces que las hayamos visto y con las que nos encontramos por casualidad al zapear.

Un gran descubrimiento, una joya del noveno arte y de la ci fi y un autor que tiene aún mucho universo que explorar y que contarnos.

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Videorreseña: Origen, de Dan Brown

Si me llegan a decir hace unos años que hoy estaría aquí, haciendo un vídeo y publicándolo en las redes sociales, donde me pondría a hablar lindeces sobre una novela de Dan Brown… no podría creérmelo. Primero, porque con lo vergonzosa que soy, lo de ponerme delante de la cámara no es que sea mi pasión. Y, lo segundo, porque hasta hace muy poco no me importaba ir diciendo por ahí que los libros de Brown eran una mierda.

Y es que hace unos cuantos años yo intenté leer El código Da Vinci y lo tuve que dejar por imposible. No encontré la manera de que la historia me gustara, ni siquiera la redacción. Lo dejé a medias y todos tan contentos. Pero después llegó Inferno, libro que amé de principio a fin y que me hizo replantearme todo lo que opinaba sobre el autor estadounidense hasta la fecha.

Ahora es el turno de Origen, la nueva novela que publicó a finales del año pasado. Ya os adelanto que no ha superado a la anterior entrega donde Robert Langdon es el protagonista (si algún día lo consigue creo que me volveré loca), pero es una continuación más que digna.

Si quieres saber más detalles sobre lo que pienso acerca de este libro, no te pierdas el vídeo que te traigo  hoy.

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El Talib Yàabal, de Adolfo López Reguero

El Talib Yàabal

El Talib YàabalCuando tenía dieciséis años, solo había una cosa que me importara en la vida: viajar. Hasta esa fecha solo había salido de España dos veces, pero necesitaba conocer mundo, fuera como fuera. Mi plan era terminar el bachillerato y conseguir una beca que me permitiera irme lejos a seguir estudiando. Pero para eso todavía faltaban dos años, tiempo que veía inconmensurable… Así que tenía que buscar una forma de poder viajar sin que me costara dinero (ya que no tenía un duro y las cosas en casa no estaban como para que yo me fuera por ahí de turismo). Y la encontré: me iría a trabajar de niñera a Inglaterra durante un verano. ¡Era el plan perfecto! Solo tenía que comprar los billetes de avión —los más baratos— y después me pasaría todo un verano en un país que recorrería de norte a sur gracias al dinero que me iban a pagar por cuidar de un niño.

Os aseguro que en mi cabeza sonaba así, precioso, fácil. Y cuando se lo contaba emocionada a mi madre (la mujer desistió en el intento de que yo cambiara de idea) esta negaba con la cabeza lentamente. Ella tenía una idea de lo que iba a pasar, pero ni siquiera ella llegó a adivinar lo que realmente pasó.

Cuando llegué a Inglaterra me recibió una mujer que parecía muy simpática. Ni veinticuatro horas pasaron antes de que apareciera la primera mentira: no iba a cuidar de un niño, sino de cuatro, ya que había decidido acoger en su casa a tres niños kazajos por unos temas fiscales.

No os voy a contar más de mis peripecias por Inglaterra, pero en resumen, aguanté un mes y salí por patas de allí. El caso es que entablé mucha amistad con esos niños. Con los kazajos intenté comunicarme como podía ya que no tenían ni idea de hablar inglés, pero al final conseguían contarme cosas sobre su país. A mí me dejaban con la boca abierta. Para entendernos cogíamos un ordenador y ellos me iban enseñando cosas tradicionales de su país: las vestimentas, la música, la comida… Fue una experiencia muy enriquecedora.

Así que encontrarme hoy con este libro, El Talib Yàabal ha hecho que me acordara irremediablemente de esos tres chiquillos a los que tanto cariño cogí. Y me ha recordado porque esta novela sucede en su inicio en Kazajistán. La protagonista, Alejandra di Prieto, acude a ese país en busca de lejanía. Necesitaba alejarse de todo y justo le llega una oferta de trabajo para irse a miles de kilómetros de su casa. Lo que ella quería. El problema es que una vez allí se entromete en un asunto que pone en peligro su vida. Solo diré dos palabras al respecto: residuos nucleares. Así que decide huir de Kazajistan. Lo mejor de todo es que en esta huida no estará sola, porque se topará con un exagente del CESID al que, adivinad, todo el mundo conoce como El Talib Yàabal. A partir de ahí la trama irá enredándose e intercalando temas como por ejemplo la trata de blancas, el narcotráfico o incluso el tráfico de armas.

Tengo que decir que he disfrutado mucho con la novela de Adolfo López Reguero. El Talib Yàabal es un libro donde la acción es la principal protagonista. Ya nos encontramos con ella desde un principio y estará ahí presente hasta el final. Si os soy sincera, no suelo leer libros de este tipo, donde la guerra es el marco general y hay acción por todas partes. Pero a pesar de ello, y de no ser ninguna entendida en servicios secretos, conspiraciones y guerras, como decía antes, lo he disfrutado muchísimo.

Me parece que este libro está escrito con mucho cuidado, ya que se nota que el autor no da puntada sin hilo. Esa forma de enredar la madeja (y con ella las tramas) para después llegar al final que le ha dado a la novela, requiere muchísimo trabajo y esfuerzo. Además tengo que decir que está muy bien escrito y que los amantes del género van a alabar el gran trabajo que ha hecho Adolfo López Reguero. Sí es cierto que yo le recomendaría al autor una revisión de la ortografía, puesto que se puede encontrar alguna falta que otra. Me encantaría que para posteriores ediciones (que estoy segura que habrá), estos pequeños errores estuvieran corregidos, ya que entonces tendrá una novela redonda.

Sin darle mucha importancia a lo que acabo de decir, tengo que apuntar que el desarrollo de los personajes me ha gustado mucho. Sobre todo la caracterización del malo malísimo, Petrov. Me he fijado especialmente en él porque es un personaje que por su pertenencia a la KGB tiene que tener un carácter muy marcado y desarrollado. Es una persona cruel, sin compasión, tremendamente fría… Y el autor se dedica con mucho esmero a descubrir esa personalidad poco a poco, cuidándola y mimándola para hacer con ella un personaje perfectamente formado.

Por supuesto, no podía dejar de lado la ambientación. Si al principio de la reseña decía que con dieciséis años me encantaba viajar (y ahora, por supuesto), también disfruto muchísimo leyendo novelas que me transporten a lugares lejanos sin necesidad de moverme del sofá. Con este libro lo he conseguido muy fácilmente y, lo mejor de todo, he visitados lugares a los que no acostumbro ir cuando leo. Me ha parecido genial la ambientación y me he deleitado muchísimo con ella. Sin duda, es una de las cosas que más me han gustado de esta obra.

Aunque tengo que decir una cosa al respecto: en nada se parece el Kazajistán que estos días he estado leyendo al Kazajistán que años atrás me describieron aquellos niños a los que cuidaba en Inglaterra. Dos versiones completamente dispares de un mismo sitio. Lo siento mucho por Adolfo, de verdad, pero si tengo que quedarme con una visión, me quedaré siempre con la que un niño me dé. Así seguramente tendré más posibilidades de ser más feliz.

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La reliquia, de Eça de Queirós

La reliquia

La reliquiaHay libros que siempre recordamos con cariño. Para mí, uno de ellos es El crimen del padre Amaro, la obra con la que descubrí al escritor portugués Eça de Queirós. La leí durante un viaje en tren y la historia enseguida me atrapó. Porque a mí me gusta leer —es evidente, ¿no?—, pero con la mayoría de libros, después de unas decenas de páginas, me apetece hacer otra cosa. Sin embargo, con aquel no podía parar de leer. No quería que el tren llegara aún a su destino. No quería que esa historia llegara a su desenlace. Así que si todavía no habéis leído El crimen del padre Amaro, os lo recomiendo encarecidamente, de verdad. Que su pésima adaptación cinematográfica —solo he visto el tráiler, pero con eso me basta para saberlo— no os haga descartar el libro.

De aquella lectura hará unos tres años y tenía ganas de volver a disfrutar de la prosa de Eça de Queirós. Y me ha surgido la oportunidad con la reciente publicación de La reliquia, de la mano de la editorial Akal, en su colección Clásicos de la Literatura.

La reliquia, publicada por primera vez en 1887, narra una historia diferente a la de El crimen del padre Amaro, pero el trasfondo de ambas es el mismo: una crítica irónica a la obsesión por la religión y a la hipocresía de aquella época. En el caso del libro que nos ocupa, La reliquia, el protagonista es Teodorico Rasposo, que nos cuenta su vida junto a su tía materna, doña Patrocínio das Neves: puritana, beata y adinerada. Aunque Teodorico se esmera en aparentar que es un hombre devoto y casto para seguir disfrutando del peculio de su tiíta, lo cierto es que le pierde la lujuria y el alcohol de las tabernas. Pero para que su futura herencia no peligre, se ve obligado a viajar a Oriente, en busca de una reliquia que provea a su tía de una larga vejez sin enfermedades ni dolores. Ni que decir tiene que eso no será lo único que haga en su travesía y que la colección de reliquias que atesore solo sumará una farsa más a su vida.

La presente edición de La reliquia incluye una extensa introducción que analiza la obra y la trayectoria de Eça de Queirós dentro del contexto literario y social de su siglo. Pero recomiendo leerla al finalizar la lectura por dos motivos. El primero, porque desvela demasiado sobre la trama. Y el segundo, porque el pormenorizado análisis seguro que enriquece la visión que cada uno de nosotros hayamos extraído de la lectura.

A veces, los lectores no nos planteamos nada que vaya más allá de la historia leída, pero, en clásicos como este, las introducciones resultan indispensables para tomar conciencia de lo una determinada obra supuso en el momento en el que fue escrita. En este caso, La reliquia es una muestra de cómo Eça de Queirós se unió al orientalismo que predominaba en la cultura europea del siglo XIX. Al trasladar a su protagonista a ese escenario, recreó un Oriente que contribuyó al imaginario que Europa se formó sobre aquellas tierras. Además, aunque la obra se enmarca en el realismo-naturalismo que predominaba en la literatura del siglo XIX, Eça de Queirós introdujo un capítulo de fantasía, en el que Teodorico viaja en el tiempo para ser testigo de la Pasión de Cristo. Una muestra de cómo el escritor exploró los límites literarios y abrió camino a muchos otros. De ahí que sea uno de los autores referente del siglo XIX.

Si bien La reliquia no me ha cautivado tanto como El crimen del padre Amaro, ha sido un placer leer otra afilada sátira de Eça de Queirós. Pocos han sabido poner en evidencia como él las contradicciones, sombras e hipocresías de su sociedad. Seguro que repetiré.

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Videorreseña: Mil veces hasta siempre, de John Green

Hace tiempo que descubrí a John Green y todas las veces que he empezado un libro suyo he pensado lo mismo: “no puede ser mejor que lo que he leído anteriormente de él”. Y así, una y otra vez, me demuestro a mí misma la capacidad que tengo para equivocarme.

En este vídeo os hablo de su nuevo libro, Mil veces hasta siempre, que disfruté muchísimo de principio a fin. Lo empecé con mucha curiosidad al saber que contenía material autobiográfico del propio autor y eso hizo que me metiera en la historia desde el minuto uno. Descubrir todo lo que descubrí de John Green a través de la protagonista de este libro ha provocado que ya nunca más pueda mirarle con los mismos ojos.

Mil veces hasta siempre me confirma que John Green es uno de mis escritores favoritos, porque consigue escribir historias que para mí son imborrables, porque hace que me salga una sonrisa a pesar de la crudeza de sus historias, porque la franqueza es su arma principal y porque tiene personajes que jamás olvidaré.

Por todo esto he querido que esta novela fuera la protagonista del segundo vídeo del canal para así poder compartir con vosotros todo lo que me hizo sentir cuando la leí.

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La ciudad de la lluvia, de Alfonso del Río

La ciudad de la lluvia

La ciudad de la lluvia

Una de las claves para escribir un gran libro es tener una buena idea. Si luego el escritor sabe plasmarlo con maestría sobre el papel, el éxito, o al menos el reconocimiento, está casi asegurado. Y no me equivoco si digo que el libro que hoy vengo a reseñaros ha sabido cumplir con esas dos premisas. Alfonso del Río nos vende una historia con una buena idea, de eso no hay dudas. Una antigua foto en un aeródromo alemán durante la Segunda Guerra Mundial sale a la luz cuarenta años después. Y lo más inquietante es que todos aquellos que salían en esa fotografía están muriendo en extrañas circunstancias. Esta buena idea se desarrolla de manera increíble por un autor hasta ahora desconocido para el gran público, que consigue hacer de La ciudad de la lluvia un thriller de alta calidad.

Esta historia se compone de tres tramas distintas divididas en dos planos temporales. Por una parte, tenemos el Berlín de 1941, donde un extraño hombre apodado “El extranjero” llega con la intención de negociar con las más altas instancias del Tercer Reich y a su vez comprometer una de las operaciones secretas más importantes de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. Por otro lado, tenemos el Bilbao de 1983. Allí encontramos a Alain Lara, prometedor futbolista de la tierra que regresa al Athletic de Bilbao. El apego que tiene este personaje con su abuelo le hará desconfiar de su extraña desaparición durante las grandes riadas que sufrió la ciudad en el verano de aquel año. A raíz de la aparición de una misteriosa foto, y de la muerte, también extraña, del empresario Ignacio Aberasturi, Alain inicia una investigación en la vida de su abuelo que le llevará a conocer aspectos desconocidos de la vida de este y del entramado empresarial de la ciudad vizcaína. También en 1983, conoceremos, a modo de diario, la vida de David Schaffer, un prometedor abogado que termina siendo un hombre de éxito.

Lo primero que se le pide a un thriller es que enganche al lector y consiga que este no quiera dejar la lectura en ningún momento. La ciudad de la lluvia consigue esto desde las primeras páginas, sumergiendo al lector en una historia inquietante que hace que las más de 600 páginas del libro se queden cortas. La prosa de Alfonso del Río es sobria y fluida; va dosificando convenientemente la emoción para mantener en todo momento la tensión en su punto más álgido. Los tres ejes narrativos tienen el mismo poder en la historia, siendo la fotografía el nexo de unión entre las mismas. Pero si tuviera que elegir una de las historias, quizá la de El Extranjero, en Berlín, es la que más me ha atrapado, aunque es el propio autor el que pone más énfasis en las historias presentes, dejando unos personajes (Alain, María y David) muy bien perfilados, con gran capacidad para conectar con el lector.

Y luego habría que hablar de otro personaje, quizá el más importante de todos. Hablo de la ciudad de Bilbao, esa ciudad de la lluvia que da título a la novela. Una ciudad oscura, de ambiente plomizo y húmedo, con ese sirimiri permanente que supone el escenario perfecto para combinarlo con la tensión de la narración. Una ciudad menos brillante que la que conocemos ahora, pero con el mismo encanto en sus calles y sus gentes.

Una parte del éxito que tiene este libro quiero achacárselo a la temática tan variada que trata. En La ciudad de la lluvia se habla de fútbol y de entramados empresariales, pero también se habla de política, de abogados y de los espías en la Segunda Guerra Mundial. Quizá tocar tantos palos consigue atraer a más público potencial, y más si entre las páginas del libro aparecen “cameos” tan importantes como los de Vicente del Bosque, Iñaki Azkuna o el gran periodista Santiago Segurola.

La editorial Destino ha apostado fuerte por esta novela de Alfonso del Río, y lo hacen conscientes de que presentan al lector un libro que merece muchísimo la pena. En la faja de la novela nombran La ciudad de la lluvia como el thriller del año. No sé si es un poco atrevido ponerle ese título, y más a estas alturas que estamos de año, pero sin duda no van nada desencaminados…

César Malagón @malagonc

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Videorreseña: Vivir bien la vida, de J.K. Rowling

 

J.K. Rowling me enseñó a amar la lectura y ahora me ha enseñado a amar (todavía más)  mi vida.

He estado dándole vueltas a esto. Quería escoger una frase que resumiera a la perfección el libro del que vengo a hablaros, Vivir bien la vida en este nuevo vídeo que podéis encontrar en el canal. Y, sin duda, esa es la mejor frase que se me ha ocurrido; y la verdad es que no podría resumir mejor lo que este libro me ha hecho sentir.

En su interior podemos encontrar un discurso que J.K. Rowling dio años atrás en el que habla de su propia experiencia. Cuenta lo difícil que fue su vida, lo complicado que fue formar parte de su familia, lo duro que fue toparse con un maltratador por el camino, lo inagotable que era que las editoriales rechazaran una y otra vez a su pequeño Harry Potter.

Pero ella resistió. Siguió adelante, teniendo fe en sí misma y sabiendo que iba por el buen camino. Si los demás no lo veían, era culpa de ellos. Así que la tenacidad y la perseverancia empezaron a formar parte de su vida y eso la llevó exactamente al lugar donde está ahora mismo.

Os cuento todas mis impresiones de Vivir bien la vida (que para mí ya es un libro imprescindible de mesilla) en el nuevo vídeo del canal. ¡Allí te espero!

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Thor de Jason Aaron 1: El carnicero de dioses, de Jason Aaron

thor el carnicero

thor el carniceroHay historias de Thor que son malas, las hay que son regulares y otras que son buenas. De las malas, algunas son malas con avaricia y de las regulares, pues eso, ni fu ni fa. Pero, ¡por Asgard bendito!, las que son buenas,  son…¡la hostia de buenas! Y son mucho mejores si Thor va en solitario, sin estar con Los Vengadores ni otros grupos, como es el caso que nos ocupa, y cuando atañen a su vertiente mitológica (aunque esta vez sí, pero no del todo).

En Thor de Jason Aaron 1: El carnicero de dioses vamos a ver tres Thors por el precio de uno,  los tres en diferentes momentos de su vida.

Tendremos al Thor del pasado. Un Thor joven y salvaje, sin su martillo Mjölnir, pues todavía no es digno de él, –aunque con un hacha–, sin poder volar, rodeado de sus fans vikingos, y  disfrutando a tope de los combates, las mujeres y el hidromiel.

También encontraremos al Thor del presente, al Thor famoso por pertenecer al grupo de Los Vengadores (Iron Man aparecerá muy brevemente), un Thor protector y con una vertiente más de héroe que de dios.

Y por último disfrutaremos del Thor del futuro. Rey de un Asgard yermo del que es último habitante, con un aspecto muy semejante al de Odín, tuerto, con barba y con un brazo que parece ser el de… ¿El Destructor? (Supongo que eso será algo que nos será revelado más adelante).

Aaron va alternando la historia mediante estas tres líneas temporales, las cuales a veces se cruzan, y compone un tomo épico impresionante que desde las primeras viñetas logran atraparte y que, en mi opinión, no necesita antecedentes previos para poder ser leído y disfrutado.

¿Pero de qué va este señor cómic? Todo empieza cuando Thor escucha la oración de una niña que pide lluvia para su pueblo para poder sobrevivir, ya que en su planeta hace años que no llueve. Ante el agradecimiento e incredulidad de la niña Thor responde:

“¿Qué clase de Dios sería si no respondiese a las oraciones?”

Más tarde, será Thor el que pregunte a un anciano el porqué de que la niña le rezara a él y no a sus propios dioses, a lo que este le responderá que en ese planeta no tienen dioses, que su madre le hablaba sobre ellos pero que debían de ser cuentos para niños… Intrigado, decide investigar y descubre que los dioses de ese planeta han sido exterminados y que… no son los únicos. Alguien está cargándose a todos los dioses… y Thor, por supuesto, intentará impedírselo.

La parte filosófica-religiosa acerca de la existencia o no de los dioses, del papel que deberían jugar, de su interrelación con sus adoradores… es más que evidente y es una crítica en toda regla más profunda de lo que parece.

En lo tocante al arte no puedo estar más contento. Un dibujo de un nivel altísimo, soberbio e impresionante, a la altura de la grandísima épica de esta historia protagonizada por uno de mis personajes favoritos. Unas viñetas que no se parecen en nada a las que serían las propias de un superhéroe, sino más bien a las que acompañarían a una leyenda medieval ilustrada.

Thor de Jason Aaron 1: El carnicero de dioses es una lectura excelente, cargada de epicidad, muy bien construida, adictiva y con una trama que va de menos a más, con un personaje (o tres) en el que distinguimos la evolución personal y el estrago de los años. Un cómic imprescindible en todos los sentidos, que ningún fan de Thor, de Marvel o de los buenos cómics debe perderse y que planta las semillas, o eso creo intuir,  de algo que cambiará el rumbo del Dios del Trueno hacia su “indignidad”. Un cómic digno de todo un dios nórdico.

¡Por Asgard!

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El submayordomo Minor, de Patrick deWitt

El submayordomo Minor

El submayordomo MinorCada vez veo este un sitio más proclive a mis confesiones lectoras y, teniendo en cuenta que es una ventana hacia un mundo repleto de ojos que no reconozco, probablemente no sea el mejor lugar pero hacerlo. Pero qué más da. Hoy debo confesar que siempre se me ha hecho raro leer novelas narradas en tercera persona, y cada vez tengo más claro que creo que esto me pasa porque tengo miedo a que, en algún momento de la novela, ese narrador que todo lo sabe se equivoque y pase de la cabeza de alguno de sus personajes a la mía. Y empiece entonces a sacarlo todo, a enseñarlo todo, a dejarme sin nada que esconder, que guardar, que reservar. De momento eso no ocurre y voy pasando bien de novela en novela, como me ha sucedido con esta divertida, muy entretenida y muy rara El submayordomo Minor, la última novela de Patrick deWitt, publicada por Anagrama. 

¿Qué decir de ella? En primer lugar y sobre todo, que si te gusta el universo Tim Burton es para ti. Patrick deWitt nos presenta a Lucien Minor, chaval pobre, mentiroso compulsivo, que vive en un pueblo con su madre, quien regenta una taberna, y que decide en cierto momento de su adolescencia marcharse de allí tras recibir una oferta de submayordomo en el misterioso castillo Von Aux. A partir de la recepción de esta oferta, la vida de Lucien, más llamado en la novela Lucy, comenzará a caminar de la mano del acelerado proceso de madurez. Solo y sin mucho equipaje, ni fuera ni dentro, lo que más pesará a Lucy en su partida serán las heridas de un amor no correspondido. Huyendo de eso y de una vida casi marginal, Lucy se encontrará con la posibilidad de ser alguien, de valerse por sí mismo, de tener un puesto, un nombre, una posición. Pero ni se imagina lo que le espera.

Viajará en tren, conocerá de primera mano el universo de los vagones de tercera clase, conectará con ciertas personas que marcarán su vida. Y pensará. Porque esto, su pensamiento, es lo que moverá la acción de la novela y los ojos del lector. Lucy es un joven maltratado por la vida y, como él creerá, por el amor. Así, con la idea de que la vida es una batalla diaria contra la epidemia del amor, Lucy llegará a un nuevo pueblo, coronado por el castillo Von Aux. Dentro de él se encontrará con el lujo derrumbado, con la ruina de algo que ya fue. Allí conocerá al extraño, entrañable y cómico Olderglough, su superior y alguien que mira cada mañana, portando todavía su gorro de dormir, a su pequeño pájaro enjaulado mientras se pregunta por qué este nunca cantó; a Agnes, la fatal pero fiel cocinera del castillo; y al barón, ser decaído, golpeado fuertemente por el virus del amor, que solo aparece de noche, a escondidas, y es capaz de comerse ratas vivas cuando nadie le ve. A estos le acompañarán en el baile de personajes Memel y Mewe, carteristas del pueblo que Lucy conoce en el tren, y Klara. Klara, la clave en todo esto.

Este desfile de caracteres es el que completa la nueva vida de Lucy, quien se encontrará dentro de su pequeña habitación, que hasta hace muy poco fue del anterior submayordomo – desparecido en extrañas y secretas circunstancias -, con un pequeño cachorro a sus pies y la obligación todas las noches de cerrar con llave por dentro su puerta. Y todo comenzará a suceder.

Patrick deWitt consigue, con una gran técnica de capítulos cortos y efectivos cliffhangers – no se nos olvide que también es guionista de cine -, que las casi 400 páginas que componen el libro pasen como si este no llegase a la centena. La partida, la huida, el desplazamiento en una misma vida serán los temas clave en esta historia que trata sobre la superación de la edad, sobre el crecimiento, sobre la madurez, que no es más que entender de qué trata el amor. Lucy creerá saberlo, pero no, y volverá a creer saberlo, pero no. Y volverá. Puede leerse en la contracubierta del libro que El submayordomo Minor es algo así como un «bildungsroman posmoderno», y si supiera lo que esto es lo afirmaría categóricamente. Pero también puede leerse sobre él que es «original». Y lo es. Que es «nada convencional». Y lo es. Que es «delicioso en su singularidad». Y lo es. Que es una novela «ágil, divertida, profunda, emocionante y espléndida». Y lo es. Que es «siempre excelente». De verdad que lo es.

Todos hemos sido alguna vez Lucien Minor.

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Lincoln en el Bardo, de George Saunders

Lincoln en el Bardo

Decir que George Saunders ganó el Man Booker Prize en 2017 con eLincoln en el Bardosta, su primera novela, sería injusto. Lo cierto es que el autor norteamericano ya contaba con la experiencia y la técnica necesaria para hacerse con el galardón. Libros como Diez de diciembre o Pastoralia, lo convirtieron hace algunos años en el rey del relato corto. Su mordacidad y su capacidad para provocar extrañeza desde lo cotidiano, le han valido numerosas menciones y reconocimientos. Sin embargo, ¿qué hay de todo eso aquí? Advierto desde el principio que el salto cualitativo es brutal. Si te gustaron sus relatos, vas disfrutar muchísimo de esta novela. Si nunca has leído a Saunders, esta es una carta de presentación como ninguna otra. Dicho todo esto sólo queda preguntarme ¿es esto en realidad una novela? Desde luego no lo es en el sentido convencional del término, pero con George Saunders nunca lo es.

Estamos en 1861, el primer año de la guerra civil norteamericana. Tras un aluvión de críticas ante la mala gestión llevada a cabo por el presidente Abraham Lincoln, éste se enfrenta a uno de los episodios más oscuro de su vida: la muerte de su hijo Willie, de once años. La noche del entierro Lincoln vuelve al cementerio de Oak Hill, para sacar el cuerpo de su hijo del féretro y sostenerlo por última vez. Es en este episodio nocturno donde se expande toda la novela y la lleva hasta el extremo más posmodernista. Hay una ausencia total de narrador para guiarnos por el libro. Tenemos, a cambio, la perspectiva de todas las vidas en suspensión que pueblan el cementerio para ir narrándonos lo acontecido en esa noche histórica. Entre ellas la de Willie, que en su absoluta ingenuidad se niega a aceptar el hecho irrefutable de estar muerto. Y es de esa negación donde surge el escenario del Bardo, un plano de transición entre la vida y el más allá que tiene sus orígenes en el budismo y que Saunders utiliza para dar rienda suelta a sus personajes y forjar una mitología propia.

A la construcción fantasmagórica del relato, se le suma otra capa. En el transcurso de la historia encontramos un sinfín de citas históricas en las que nos cuentan de primera mano cómo fueron los días en los que la tragedia golpeó a la familia Lincoln. Una ristra de comentarios, algunos verídicos y otros surgidos de la imaginación de Saunders, que consiguen darnos una visión fehaciente de la opinión pública del momento. La anulación del narrador, sumada al coro de voces y a estas notas, no hacen más que aproximarnos a la idea más sólida, que no por ello perfecta, de verdad. Otorgándole a lo sucedido la capacidad poliédrica de contener todos los puntos de vistas, incluso aquellos que mienten, se contradicen o ocultan algo. Todo suma en esa idea de verdad que dista del viejo relato unidireccional e irrevocable.

Lincoln en el bardo es una novela que no podría haber sucedido en otro momento de la historia. Es una hija de su tiempo, del hoy más inmediato. La correlación de testimonios y la forma de interpelarse entre sí, se asemeja sin ningún tipo de pudor a la idea de documental. Y digo documental y no ensayo, ya que las interferencias e interrupciones de los participantes convierten esta historia en un artefacto casi audiovisual. La fuerza de las imágenes, la brevedad de ciertos momentos y la aparente falta de constricciones convierten a la novela en un producto propio de una era digital y líquida. Y George Saunders consigue hacer todo esto sin salirse del formato más analógico que conocemos: un libro.

Hay en toda la obra de Saunders una denuncia hacia la deshumanización. Hacia la pérdida continuada de los rasgos que nos ennoblecen como especie.  En su primera novela consigue evolucionar esta crítica realizando una transición desde la mordacidad hacia la empatía. Saunders realiza el ejercicio de ponerse en el lugar del otro más ambicioso llevado a cabo por la literatura contemporánea. No escatima en recursos para hacernos entender la verdad de los demás. He de decir que aun siendo numerosas, todas son pertinentes. Nos coloca dentro, literalmente, de sus personajes y nos abre los ojos ante un dolor que todos podemos comprender si prestamos la suficiente atención.

La pérdida y la segundas oportunidades. Negar lo evidente por miedo a lo desconocido. Y dejar ir. Lincoln en el Bardo contempla cada una de estas posibilidades para llevarlas a un nuevo estadio. Nos obliga a entender que el tiempo es finito en términos biológicos, pero que juega con otras reglas cuando el reloj se sumerge en nosotros. Saunders nos recuerda que dentro de cada uno hay espacio suficiente para multitudes, fantasmas o para aquellos a los que no pudimos decirles adiós cuando llegó el momento de hacerlo.

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Bajo nuestros pies, de Francisco Javier Olmedo Vázquez

Bajo nuestros pies

Bajo nuestros piesAntes de empezar os voy a decir una cosa: me encanta que los años vayan pasando y que la tecnología progrese. Es verdad, me gusta el avance y todas las facilidades que nos da la tecnología hoy en día. Y no solo en lo referente a poder utilizar un ordenador o un móvil como una herramienta de trabajo más; también por todos los adelantos médicos que esto supone, la alegría de pulsar un botón y tener a un ser querido a unos centímetros de ti, la serenidad que produce saber que tienes tanta información al alcance de tu mano…

Le he estado dando vueltas y creo que yo he nacido en la época adecuada. Me gusta esta generación y me gustan todos estos progresos. Pero me he dado cuenta de que hay una cosa que echo muchísimo de menos y cuyo destino está próximo a desaparecer: las cartas. Aunque soy joven puedo presumir de haber mandado muchísimas cartas. Ahora me río, porque recuerdo obligar a mis amigos del pueblo a escribirme durante el año para que me pusieran al día. Vaya tontería más grande teniendo en cuenta que por entonces usábamos el Messenger. Pero yo lo intentaba. Y llegaba Navidad y me volvía loca escribiendo felicitaciones para todos mis amigos y familiares. Incluso se las mandaba a mis compañeros de clase… ¡a sus casas! Seré una romántica, puede ser. Pero era algo que a mí me encantaba.

Así que cuando empecé a leer Bajo nuestros pies y vi que toda la novela se estructuraba en una serie de cartas, ¡no pude alegrarme más! Claro que está basada en el año 1921 y eso entonces era más factible… El caso es que lo importante aquí es el hecho de que el protagonista de esta historia, John D. Lindgren, va a conocer una historia escalofriante y sobrenatural de la mano de las cartas que su mentor, el profesor Kleinman, escribió un tiempo atrás.

Todo empieza cuando al profesor Kleinman le llega una carta muy misteriosa que contiene una oferta más que jugosa. Él sabe que no debería aceptar, porque eso supondría poner en juego muchas cosas, pero también sabe que es una persona curiosa por naturaleza y que quien le manda esa carta lo sabe. Después de tener la miel en los labios, el profesor no se puede resistir y acepta dicha oferta. A partir de ahí, todo empieza a convertirse en caos y en horror.

Kleinman irá dejando cartas a través de las cuales contará toda la historia y todo lo que le está ocurriendo. Después, esas cartas llegarán a su alumno, quien nos las leerá y nos contará sus impresiones.

Por lo tanto, aquí tenemos dos historias paralelas: la que nos cuentan las propias cartas y también la que nos cuenta la persona que las lee. Es una estructura maravillosa que me recuerda muchísimo a Drácula, por esa forma epistolar. Es un recurso literario que me gusta especialmente, por dos motivos fundamentales: el primero, porque se conoce de primera mano la historia de quien está escribiendo las misivas. Al escribirlas en primera persona, llegamos a conocerle en profundidad y saber la historia real sin que haya un interlocutor o narrador que la distorsione. Y, el segundo (este es el más importante), porque me encanta la angustia que genera en la persona que está leyendo las cartas. Esa angustia se debe básicamente a que el lector sabe que todas esas cosas han pasado en realidad y, lo peor de todo, que no puede hacer nada para cambiarlas. Así que se crea una especie de ambiente agobiante en el que el lector no puede evitar mostrar desasosiego y tristeza por saber que no puede hacer nada por ayudar al que escribe las cartas.

Y en esta historia, en este libro escrito por Francisco Javier Olmedo Vázquez, esa angustia todavía es mayor si cabe porque lo sobrenatural cobra un papel importante en la trama a medida que esta va avanzando. Así que, lo que empieza siendo una historia de misterio que genera curiosidad al lector, se convierte en una novela de terror.

Tengo que decir que a mí me ha divertido muchísimo leer este libro, porque no sabía qué me iba a encontrar cuando pasara a la siguiente página. La historia va dando vueltas y uno ya no sabe qué esperar. Creo que es exactamente lo que le pasa al protagonista, al alumno del que escribe las cartas, que sigue leyéndolas sin saber qué es lo que va a pasar en la siguiente. Me imagino que en su mente se fraguarán cientos de teorías a medida que las hojas van avanzando (exactamente igual que me pasó a mí) y también me imagino su sorpresa al saber la verdadera historia.

Bajo nuestros pies es eso: sorpresa. Francisco Javier Olmedo Vázquez mantiene la tensión durante toda la obra resolviendo el misterio en el momento exacto, generando angustia en el lector. Todo ello acompañado por una forma de escribir muy cuidada y elaborada, notándose las horas invertidas en ella. Eso también me ha gustado, claro. Y, aunque cuando estamos leyendo las cartas no exista un narrador externo que nos hable sobre la personalidad de quien las escribe, a través de su puño y letra podemos conocerle lo suficiente como para empatizar con él. Mediante esas cartas conseguimos saber más cosas del profesor: su personalidad, sus miedos, sus impresiones. Por lo que un narrador externo se convierte en innecesario. Sin duda, un muy buen trabajo el que ha llevado a cabo este escritor.

No sé si él habrá mandado muchas cartas en su vida (espero que sí) pero con este libro ha completado el cupo que todos deberíamos alcanzar a lo largo de nuestras vidas. Yo creo que a mí me queda todavía un buen trecho para llegar hasta él, así que si me disculpáis, voy a cerrar ahora mismo el ordenador, voy a coger un papel y un boli y voy a ver cómo era eso de empezar escribiendo “Querido…”.

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Todo lo que fuimos, de Alberto Villarreal

Todo lo que fuimos

Todo lo que fuimosOjalá todas las historias de amor fueran bonitas y perfectas. Con finales felices e intermedios razonables. Dignas de enmarcar y de contar en una cena con copas de vino caro y sonrisas de los invitados. Con felicidad saliendo de todas las fotos  en una casa ideal que emana amor y cariño por todas las esquinas. Con fidelidad, sinceridad y sin celos. Todo perfecto.

Ojalá.

Pero no.

Las historias de amor no son así.

Las historias de amor no son perfectas. Todas tienen sus más y sus menos. Sus momentos de querer compartir con los demás y los momentos que sería mejor meter en un cajón y olvidar para siempre. Felicidad a ratos y dudas que de vez en cuando llegan para quedarse una buena temporada. Celos, indeseados en la mayoría de los casos, pero celos. Que destrozan y hunden lo bueno de las relaciones. Infidelidades, a veces. Que vuelven a construir muros que tanto costó derribar. Y así, la historia de amor se vuelve enrevesada, a veces farragosa, difícil de explicar y mucho más de entender. Lo que todo parecía fácil y sencillo en un principio, encuentra preguntas sin respuesta debajo de todas las piedras. Caos, derrota, incertidumbre y tristeza. También forman parte, a veces, de las historias de amor.

Alberto Villarreal nos lo narra muy bien en su libro Todo lo que fuimos. Dentro de sus páginas encontramos una historia de amor: la suya. Con los poemas y los relatos cortos como principal hilo conductor, este joven escritor nos cuenta cómo fue para él estar enamorado. Pero como bien os digo, no se trata de una historia bonita, perfecta e idílica, no. Se trata de una relación complicada, con altibajos, con infidelidades, celos, dudas, preguntas y sinrazones.

Mediante estos poemas Alberto se sincera ante el lector, contando todo lo que le pasa por la mente durante la relación con la que fue su pareja. Viajaremos con él en el tiempo y viviremos lo que él vivía en cada momento. Me imagino que Alberto usaba la escritura como vía de escape, intentando descargar de esta forma todo lo que llevaba dentro y que no podía soltar así sin más.

Tengo que decir que esa forma de desahogarse, la que se hace cogiendo un papel y plasmando en él toda la rabia que uno lleva dentro, a veces también la practico. Y está muy bien, porque uno tiene que soltar todo lo que lleva dentro y no guardarse nada para sí. Pero normalmente esta es un arma de doble filo, ya que el ser el papel el confesor, el que todo lo aguanta, suele conllevar que la persona que genera esos sentimientos no se entere de lo que está pasando. Por lo tanto las cosas no se hablan y el nudo se va haciendo cada vez más y más grande. Creo que Todo lo que fuimos es eso: un papel donde confesar y donde guardar todo lo que a uno ya no le cabe dentro.

Las ilustraciones que acompañan los textos me han gustado mucho, llenan de color todas las páginas y crean un ambiente que va muy acorde con lo que el autor quiere transmitir a través de sus palabras. Pero a pesar de ello, de la idea tan brillante y de la maquetación perfecta que tiene este libro, me ha faltado algo. A ratos he conectado con lo que contaba en autor, me he metido en la historia como si yo fuera la protagonista, pero en la mayoría de las ocasiones no ha sido así. Pero estoy segura de que esto se ha debido únicamente a una cuestión circunstancial: si hubiera leído este libro en otro momento, seguramente no me hubiera costado trabajo conectar al cien por cien con la historia. No descarto dejar el libro por aquí preparado para leerlo en otra ocasión en la que mi situación personal me haga entender mejor la historia contada por Alberto Villerreal.

Lo que sí ha conseguido el autor es transmitirme eso que mencionaba al principio, eso de que las historias de amor son de todo menos perfectas. Él se dio cuenta a tiempo y, gracias a eso, a esa imperfección, ha conseguido crear algo como lo que hoy tengo entre mis manos.

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