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Un final para Benjamin Walter, de Álex Chico

Un final para Benjamin Walter

Un final para Benjamin WalterLa tierra tira, ¿no os pasa? Sin ser yo nada patriota ni tener mis raíces demasiado ancladas en ninguna parte, es cierto que, de algún modo, una se siente de aquí. Y cuando digo aquí me refiero a Extremadura. Por algo he pasado la mayor parte de mi vida en esta preciosa tierra y por algo tengo un montón de sentimientos encontrados para con ella. Es normal. En las relaciones largas pasan estas cosas: uno pasa del amor al odio sin apenas darse cuenta. Pero también es cierto que en ese odio hay cariño. ¿Vosotros me entendéis? Porque creo que ya me estoy yendo por las ramas, discúlpenme.

Os cuento todo esto porque Álex Chico es extremeño como yo y supongo que él sabrá entenderme. Aunque él es de Plasencia y yo de Cáceres, no tenemos el gusto de conocernos. Ya os he dicho en alguna que otra ocasión que, como escritora, soy un poco outsider y que no me va mucho el prodigarme por presentaciones y encuentros literarios, así que puede que esa sea la causa de que nunca hayamos coincidido personalmente, aunque me consta que en papel sí. (Bendita poesía).

Resumiendo, que como la tierra tira, también tiran la lecturas de mis compañeros, así que por eso me decanté por leer Un final para Benjamin Walter, para leer la voz de mi paisano que, aunque exiliado, sigue siendo de aquí.

No podría haber elegido una peor introducción para este libro, pero así soy yo. Un libro que está a medio camino entre el ensayo y la novela y que habla del exilio. Y yo aquí intentando hablar de raíces, ¿qué os parece? Pero bueno, en el fondo todo exilio es una prolongación de nuestras raíces, un saberse ajeno a dos tierras, pero al mismo tiempo saber que formas parte del pasado, presente y futuro de ambas.

Algo así es lo que le debió ocurrir a Benjamin Walter, quien en 1940, abandonó Francia por un paso clandestino en los Pirineos. Su objetivo era atravesar España y seguir hasta América, dejando atrás todo lo horrible que estaba ocurriendo en Europa en aquella época. Pero no todos los exiliados lo logran. Benjamin Walter morirá en Portbou, un pueblo fronterizo. Álex Chico se pregunta qué pudo ocurrirle en esas últimas horas de su vida y para ello viaja hasta Portbou, para enfrentarse cara a cara con el pasado y el presente de un pueblo que tiene mucho que contar.

Todas esas indagaciones conducen al autor a tratar de tirar de un hilo que pertenece a una maraña bastante más compleja de lo que cabría esperar. Y así, tirando y tirando, entre silencios y lugares abandonados, entre personajes presentes y ya desaparecidos, entre lugares que algún día supieron demasiado y que hoy permanecen mudos, el autor nos sumerge en este viaje de reflexión y supervivencia.

Un viaje difícil, porque enfrentarse al pasado siempre lo es, pero hermoso, porque Álex Chico, poeta, sabe cómo manejar las palabras en Un final para Benjamin Walter, para envolvernos y transportarnos con él hasta Portbou. Yo me he dejado llevar y, aunque a veces la nostalgia me haya invadido, también ha sido reconfortante sentir las palabras de Álex Chico como un abrazo.

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Insultario, de Ángel Mª Fernández y José Antonio Ruiz Gracia

insultario

insultarioYa lo cantaba Marlo Brando en ese éxito chanante convertido con justicia en un clásico y en múltiples versiones de tonos de llamada para el móvil. No podemos permitir que determinados insultos desaparezcan de la calle, de nuestras vidas…: “Mequetrefe, payasa, botarate, tontaca, gilipipas… No, no, no. ¡Hay que decir hijo de puta, niños, hijo de puta! ¡Hay que decirlo más! ¡Siempre hijo de puta! Por su sonoridad, por ser el alfa y el omega de la vulgaridad. Gilipollas es más coloquial y cabronazo no está nada mal, pero hijo de puta es un concepto mucho más global. Para saludar, cuando te devuelven el cambio mal y para faltar”.

Y es que insultar es fácil y todo el mundo puede hacerlo, pero si hablamos de insultar bien, con clase, con ingenio la cosa cambia bastante. Pero, ¿realmente hace falta insultar bien? Según la cita de Sánchez Ferlosio con la que se abre Insultario sí, ya que el insulto es una forma de la diplomacia que puede resolver por la palabra lo que podría llevar a guerras. Y además, conviene recordar que el insulto debe cultivarse con el mismo cuidado con el que se trabajan las enemistades.

Insultar bien o mal, lo cierto es que todos lo hemos hecho, lo hacemos y seguiremos haciéndolo bien verbalmente, bien pensando y guardando para nosotros en nuestra cabeza, sin dejar que salga a la luz por evitar males mayores, aquello que tan bien quedaría en los oídos del destinatario de turno.

Pues lo que tenemos aquí es una colección bastante abultada, a pesar del reducido tamaño del libro, aunque en un formato preciosista, de ultrajes y vituperios varios que podríamos usar en nuestro día a día con aquellos seres que lo merezcan.

Y como lo mejor en estos casos es poner ejemplos, ahí van unos pocos:

Eres una persona encantadora, pero te fallan dos cosas: el cuerpo y la personalidad.

No aguanto un minuto calentando la leche en el microondas y te voy a aguantar a ti, subnormal. Anda, tira, bébete dos chupitos más y di adiós a tu dignidad.

No obstante, no todo son insultos y ya. Hay también una larga serie de amorosos deseos al prójimo:

Te daría de hostias de dos en dos hasta que fueran impares

Felicitarte la Navidad no, pero una corona de espinas sí te ponía

No digo que sea precisamente hoy, pero en cuanto puedas vete a la mierda.

Ojalá te salga un pene en la uña

Ojalá te levantes a las cinco a coger olivas, trabajes sin descanso hasta las once y cuando abras el almuerzo sea tofu.

A ver cuándo quedamos para que me surja algo de última hora y no poder ir.

 

También alguna cita bíblica que no llegó a nosotros hasta hoy y que se han podido recuperar:

–Entonces Jesús, viendo como soltaban a Barrabás, dijo: “Me vais a comer la polla, hijos de puta. Apúntame eso, Lucas” (Lucas, “Borradores”).

 

Y algunas cuantas afirmaciones filosóficas:

Una cosa te digo, se puede tener razón y ser gilipollas a la vez.

Es lo que tiene la droga, empiezas a coger la bicicleta para ir a pillar y te metes en el mundo del ciclismo.

 

Como decía, todo esto no es más que una muestra breve de lo que podemos encontrar en esta suerte de “manual de autodefensa ante las ofensas cotidianas”. Porque ya está bien de tragar. Que ningún improperio que se nos haga quede sin respuesta y mejor si nuestra respuesta es de esas en las que quien nos ha ofendido tiene que pensar dos veces lo que le decimos.

Insultario es un libro que debería permanecer en nuestra mesilla como un libro de consulta en el que marcar los insultos que más nos hayan gustado, para acudir a ellos cuando los necesitemos y hacerlos nuestros poco a poco, con el uso y el día a día. Su lectura nos sacará más de una sonrisa y estaremos deseando tener la oportunidad de que nos insulten para contraatacar con lo aprendido.

Pepitas de calabaza ha editado un libro ameno, revisable y divertido, con una edición cuidada en todos sus detalles e ilustrado por Carmelo Bayo.

Se rumorea que lo próximo de estos dos autores riojanos, uno albañil y otro no, será un “Piropario”. Habrá que estar al tanto.

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El hombre negro, de Colombine

El hombre negro

El hombre negroEs difícil, al menos para mí, pensar en el papel de la mujer en España a principios del siglo XX. Meternos por un momento en sus cabezas, para saber lo que tenían que sentir cuando les enseñaban desde su niñez que su único objetivo en la vida sería casarse. Vivir únicamente para cuidar a su marido y hacerle feliz, sin poder trabajar ni realizarse profesionalmente. Pero me pregunto si ellas mismas se preguntaban acerca de su propia felicidad. Me imagino que sí, ¿pero creéis que lo expresaban abiertamente? ¿Pensáis que la sociedad les permitía opinar por sí mismas y elegir quiénes querían ser?

Aunque hoy en día esto nos parezca algo impensable, es algo que les ocurría a nuestras abuelas, bisabuelas y tatarabuelas. Todo nuestro árbol genealógico está compuesto por mujeres valientes que sufrieron esta enorme falta de libertad y privación de derechos individuales. Y aunque algunas le plantaron cara a esta situación, otras fueron felices en sus matrimonios y otras apartadas de la sociedad por su soltería, tener hijos fuera del matrimonio, apoyar causas sufragistas…

Carmen de Burgos (“Colombine”, “Perico el de los Palotes”, “Marianela”…), la autora de este libro, fue una de estas mujeres valientes que luchó por la libertad de la mujer en la época y que supo plasmar sus ideas en sus libros y relatos, escritos bajo pseudónimos, y se convirtió en la primera mujer reconocida como periodista profesional de España. Esta historia ya de por sí me resultó realmente inspiradora, pero cuando leí el libro me interesó aún más su punto de vista.

El hombre negro trata la historia de Elvira y su infeliz matrimonio con Bernardo, un hombre sin escrúpulos que manipula a todos aquellos que se encuentran a su alrededor para su propio beneficio. Pero más allá de la historia de ambos, el libro se centra en lo que pasa por la mente de esta mujer, inocentemente casada con una persona a la que no conocía y engañada para vivir una vida que no es la que desearía. ¿Y cómo se siente realmente?

Me ha encantado la forma que tiene la autora de narrar los sentimientos de Elvira, que trata de esconder por miedo a represalias: soledad, enfado, confusión, dolor, tristeza, desamor, pérdida de inocencia y de ilusión… Cómo empatiza realmente con ella y hace al lector meterse en su cabeza para no solo descubrir realmente al hombre negro, su machismo, su astucia y su hipocresía, sino para desvelar cómo vivían muchas mujeres en aquella época. Cómo eran cientos de matrimonios de la burguesía durante aquellos años, con la mujer de esclava del hombre y de sus deseos. Pero cómo somos capaces de verlo ahora y cómo no lo veían en aquel entonces… O cómo no se atrevieron a hacer nada, excepto Carmen de Burgos, entre otras. Y esto es lo que realmente debemos valorar ahora, esa valentía capaz de expresar a través de una historia la suya propia y la de decenas de mujeres a su alrededor.

Este pequeño libro de apenas 100 páginas, excelentemente escrito y narrado, ha supuesto una gran lectura de este 2018. Además, leerla en esta edición pequeña, bien cuidada y repleta de detalladas ilustraciones en blanco y negro de Uve Books ha sido todo un acierto y un descubrimiento. Sin duda, volveré a leer estos clásicos desconocidos. Y si puedo, más novelas de esta autora, pues su vida no me puede parecer más interesante y es necesario que actitudes como la suya nos influyan día a día en nuestra vida, para continuar luchando por la igualdad plena entre hombres y mujeres.

 

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El verano de los náufragos, de Sergi Carballo Losada

El verano de los náufragos

El verano de los náufragosTengo muchos recuerdos de mi infancia. Quizás demasiados. Recuerdo detalles, conversaciones, incluso olores de algún momento que me marcó. Pero lo que más retengo en mi memoria son las sensaciones. Una de las más bonitas era llegar a mi pueblo, en Cantabria, cada uno de agosto. Después de haber pasado todo el año en Madrid y un mes en Castellón con mi abuela paterna, llegaba mi mes favorito del año.

Recuerdo perfectamente la sensación de ir en el coche, un Kadett gris que perteneció a mi abuelo, atravesando la sofocante M-30. Mi madre y yo con el coche hasta arriba de maletas y unas ganas terribles de olvidarnos de la gran ciudad por unos días. Mi sensación favorita llegaba cuando pasábamos Burgos. La temperatura bajaba drásticamente y sacar el brazo por la ventanilla era una autentica gozada. Llegábamos al pueblo agotadas y muertas de frío, pues en las altas montañas de Cantabria es raro superar los 16 grados en agosto. Así que mi abuela nos esperaba con grandes chaquetas que ya habían adquirido el calificativo de “ropa del pueblo”, lo que significaba que la podías manchar o romper y no pasaba absolutamente nada.

Pasaba todo el verano con mis amigos. Compartíamos las noches, las verbenas, las confidencias, los primeros besos, las primeras borracheras inocentes. Por el día montábamos en bici hasta quedar exhaustos. Nos bañábamos en las frías aguas del río, en las que solo durábamos un par de minutos, para después tumbarnos al sol y jugar a las cartas durante toda la tarde.

Pero llegaba septiembre. Y, como solía decir mi abuelo, al que echo de menos cada día, cada mochuelo se iba a su olivo. El momento de separarnos había llegado. Unos se quedaban en Cantabria, otros se iban a Bilbao, a Salamanca, a Madrid. Volvíamos al hogar y a la realidad de empezar las clases de nuevo. Más morenos y con más anécdotas en los bolsillos y sabiendo sin querer darnos cuenta que esa amistad algún día llegaría a su fin.

Cuando empecé a leer El verano de los náufragos todos estos recuerdos vinieron a mi cabeza de golpe. No pude evitar sentirme triste, porque ahora, después de tantos años, solo mantengo el contacto con un par de aquellas personas por las que habría dado incluso mi vida cuando tenía quince años.

Javi, el protagonista de este libro escrito por Sergi Carballo Losada, también se dio cuenta de esto. Quizás más tarde de lo que debería. Pero no le culpo. Su vida, aunque podía pasar por la de un adolescente más, estuvo llena de drama. Primero vino la muerte de Edurne, una de las chicas que formaban parte de la cuadrilla. La grava en una curva y una motocicleta serían las culpables de que su vida se truncara para siempre. Aceptar la muerte de una persona tan joven es algo muy difícil de asumir y, para Javi, fue el desencadenante que hizo que su vida no fuera todo lo fácil que debería ser la vida de un chico de quince años. Vivió demasiado en muy poco tiempo, teniendo que lidiar con gente que no le convenía y que podrían haber hecho de él un desperdicio de persona. Y luego estaban sus propios problemas, que no eran pocos. Enamoradizo como el que más, no podía evitar encapricharse de las chicas que él creía perfectas. Chicas que estaban lejos de su alcance y que preferían salir con los gallos del gallinero, en vez de con el chico que adora la filosofía y se pasa horas leyendo encerrado en su habitación.

El verano de los náufragos es una historia sincera, que retrata a Javi de la manera más humana posible. Después de leer unas cuantas hojas, invade al lector la sensación de que Javi te está contando la historia únicamente a ti, como si fueras un viejo amigo al que tiene que poner al día. Sientes pena por él; también alegría en algunos momentos, por supuesto. Tienes la necesidad de decirle: “Javi, así no, te estás equivocando”, como bien le decía su sabia abuela cuando veía que se estaba saliendo del camino. Es imposible no leer la historia sin sumergirte en ella y sin formar parte de esa cuadrilla que se formaba en Galicia cada verano, cuando el pueblo se llenaba de gente de fuera para pasar allí los meses de vacaciones. Y es imposible no identificarse con la desolación que sentía Javi cada vez que tenía que volver a Barcelona (su Madrid particular) para darse cuenta de que los veranos al final son como un sueño, en el que pasan muchísimas cosas y que parecen no pertenecer a este mundo.

Sergi Carballo Losada nos trae una novela que hay que leer despacio, disfrutándola. Hay momentos en los que no puedes parar de leer porque necesitas saber qué habrá pasado con un personaje determinado. Y hay otros momentos en los que la historia es más pausada, donde el autor se explaya contándote alguna historia de los muchos personajes que aparecen en el libro y que no esperabas encontrarte. Porque aunque Javi es el protagonista, conoceremos muy a fondo a todos los personajes que de una manera u otra convirtieron al joven barcelonés en el hombre que es hoy en día. Conoceremos a Edurne, a su hermano Josetxu, a Antonio, Claudia, Diana, Laura… muchos chicos y chicas que formaron parte de la vida de Javi y que de un modo u otro consiguieron cambiarla.

Me ha gustado especialmente que durante todo el libro el autor fuera dejando miguitas de pan, de manera que nos iba adelantando cosas de las historias de los personajes, pero sin revelar nada. Así, a medida que van pasando las páginas, el autor retoma alguna de esas historias que vivimos unas páginas atrás para desvelar lo que no hizo en su momento. Me ha gustado mucho y me ha parecido increíblemente difícil, porque seguir esta tónica a la hora de narrar una historia podría haber supuesto que el autor se despistase y dejara sin contar alguna de las crónicas o que lo que contara en un momento posterior no encajara con lo que dijo en un principio. Y ya os aseguro que Sergi Carballo Losada, aun siendo esta la primera novela que publica, no ha caído en ese error.

La verdad, me hubiera encantado leer este libro en verano. Hace años que dejé el ruido de Madrid para venir a vivir al pueblo, ese que tantas alegrías me dio cuando era más pequeña. Ahora puedo disfrutar todo el año de los interminables paseos por el monte, sintiéndome libre, como no me sentía en la capital. Leer este libro debajo del cerezo que planté hace unos años hubiera sido una experiencia mágica. Una experiencia de esas que jamás se olvidan, como no he olvidado lo que era bañarse en el pilón o comer pipas en el portal de la Iglesia durante una tarde entera.

Yo nunca pido demasiado a los libros. Solo pido una cosa: que me trasmitan algo. Que cuando termine un libro, cuando lo cierre, sienta que no he perdido el tiempo. Que haya sido capaz de hacerme entrar en la historia y sentir algo, lo que sea. No pido que el sentimiento sea bonito, sino que sea de verdad. Y tengo que decirlo, El verano de los náufragos lo ha conseguido.

Ver en mylibreto: El Verano de los Náufragos

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La última pintura de Sara de Vos, de Dominic Smith

La última pintura de Sara de Vos

La última pintura de Sara de VosLeonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Van Gogh, Rembrandt, Monet, Picasso… Los nombres propios de la Historia del Arte se escriben en género masculino. Si le preguntamos a cualquier persona de a pie el nombre de alguna pintora famosa, lo más probable es que no sepa decir ninguno. Y es que, parece que las mujeres empezaron a pintar hace dos días. ¿Antes? Su papel se limitaba al de musas o modelos en las obras de los grandes pintores masculinos que todos conocemos. Las mujeres no empiezan a formar parte y ser reconocidas de manera oficial en el mundo del arte hasta el siglo XIX, en el que algunos autores como Monet o Manet, las aceptan como pupilas en sus talleres de arte, y empiezan a sonar nombres como el de Berthe Morisot. Anteriormente, las autoras dependían del beneplácito de los hombres para darse a conocer y su única opción era ser hijas o esposas de un pintor o un académico. No obstante, aún hoy, las mujeres siguen siendo las grandes ausentes de los libros de texto de la Historia del Arte y, si salen, es en un capítulo que agrupa los nombres más importantes, pero no figuran como nombres propios al igual que los hombres en los capítulos dedicados a cada siglo o movimiento artístico.

La mayoría de los cuadros pintados por mujeres permanecen en el anonimato y los que están firmados por ellas son considerados de menor categoría que los firmados por los hombres. Esta realidad se pone de manifiesto en la “La última pintura de Sara de Vos”, de Dominic Smith. El autor australiano nos introduce en el papel que ha jugado la mujer en el mundo del arte mediante la figura ficticia de Sara de Vos, una pintora holandesa ubicada en Ámsterdam en el siglo XVII, y que, como muchas pintoras reales que sí existieron, estaba limitada por su género a pintar los temas que se consideraban adecuados para una mujer: retratos, interiores y, especialmente, bodegones; ya que no podían practicar dibujo al natural (con un modelo desnudo) ni pintar paisajes al aire libre.

“La última pintura de Sara de Vos” se mueve en tres planos cronológicos: Ámsterdam, 1631, Sara de Vos, es la primera mujer admitida en la Guilda de San Lucas y, a pesar de las restricciones temáticas, tras un trágico suceso en su vida, pinta la imagen de una niña en un bosque nevado; Nueva York, 1957, la única obra que ha sobrevivido de Sara de Vos, “En el linde de un bosque”, cuelga de la pared del cuarto de Marty de Groot, un prestigioso y adinerado abogado de Manhattan, que no sospecha que Ellie Shipley, una joven estudiante de arte, ha sido contratada para realizar una falsificación de dicho cuadro; Sidney, 2000, la joven estudiante es ahora una reconocida historiadora y comisaria de arte en su país de origen, que ve peligrar la vida profesional que tanto esfuerzo le ha costado forjar, cuando descubre que los dos cuadros de Sara de Vos, el original y la falsificación que ella pintó en su juventud, viajan hacia Australia para formar parte de la exposición dedicada a las pintoras del Siglo de Oro holandés que está organizando.

Dominic Smith, por lo tanto, profundiza también en el rol desempeñado por la mujer en una sociedad que no le permite desarrollarse más allá del ámbito doméstico. Se ve el cambio producido durante el tiempo: su casi total anulación en el siglo XVII, las dificultades que aún padece en los años 50, y la gran evolución sufrida en pos de la igualdad en el año 2000. Utilizando el cuadro pintado por Sara de Vos como eje para entrecruzar los tres planos temporales que narra, el autor, también aborda el impacto que el arte, un determinado cuadro, puede tener en la vida de varias personas de tiempos y lugares diferentes. Pero no sólo nos narra a la perfección como funciona el mundo del arte a través de un gran y preciso trabajo de documentación, sino que aborda temas tan dispares como la superación de la perdida de un hijo o la imposibilidad de traer uno al mundo, el ocaso de un matrimonio y la emoción de un nuevo amor, la aceptación de la vejez y de la muerte, las luces y sombras que todo ser humano posee y, especialmente, la ética profesional y personal. Como dice el propio autor, el libro habla de la falsificación física, pero también de la moral, ¿cuál es más nociva?

Detrás de “La última pintura de Sara de Vos” también hay un gran trabajo en el desarrollo de los personajes. A pesar de los continuos saltos en el tiempo y de protagonista que se producen en cada capítulo, Dominic, profundiza magistralmente en el alma de cada uno de los personajes. Y aunque, al principio, pueda parecer que lo hace más en el caso de Ellie y de Marty, ya que aparecen en más capítulos y los conocemos en dos fechas distintas; cabe destacar el retrato que hace de Sara de Vos, que también está perfectamente perfilada debido tanto a sus propios capítulos, como a su obra y a lo que los otros personajes hablan de ella siglos después.

Otro de los puntos remarcables de la novela, es la manera en la que el escritor nos presenta las desigualdades sociales, a través de los diferentes estilos de vida de los personajes. La más absoluta ruina y pobreza, representada en la vida de Sara de Vos y su marido en el siglo XVII, o en la vida de Ellie Shipley en los años 50, una joven estudiante que se ve obligada a realizar trabajos ilegales para mantenerse y para abrirse un hueco en su profesión; se contraponen a la riqueza y la comodidad de la vida de Marty de Groot, en la que abundan las fiestas en su casa de Manhattan, llena de preciadas obras de arte, con lo más granado de la sociedad neoyorkina.

Aunque en el libro se trate este amplio abanico de temas, Dominic Smith, lo hace de un modo tan natural y cohesionado, que en vez de resultar una mezcolanza difícil de digerir, que en determinados momentos nos podría incluso llegar a sacar del libro, es todo lo lo contrario. Todo rema y viaja en una misma dirección para presentarnos una historia armoniosa, franca y conmovedora que lees casi sin darte cuenta, gracias a una prosa muy visual, detallada y preciosista, que en su pluma parece fácil, pero que no lo es en absoluto.

Cada capítulo, cada escena que nos narra, parece un cuadro gracias al detalle con que el autor lo describe. Y es que, “La última pintura de Sara de Vos”, es como un cuadro pintado con una vasta combinación de trazos de distintos grosores y materiales, que si te acercas demasiado eres capaz de distinguir, pero que al alejarte y abarcar de un único vistazo, te permite advertir una pieza armoniosa, completa y perfecta.

Al igual que los árboles, los cuadros han respirado el aire que los rodeaba y ahora exhalan parte de los átomos y las moléculas de sus anteriores propietarios.

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Mindhunter, de John Douglas y Mark Olshaker

Mindhunter

MindhunterHace unos días recibí un correo a través de Change.org de Juan Carlos Quer, padre de una joven que fue asesinada hace poco más de un año. En él me pedía mi firma para que no se derogase la prisión permanente revisable. Sentí no poder apoyarle con esta causa, pero esta pena me ha parecido muy peligrosa desde un principio, ya que abre un precedente en nuestro país para negar la posibilidad de reinserción. Sin embargo, hay casos en los que, por la crueldad e inhumanidad con la que están ejecutados, resulta muy difícil creer que el ser que está detrás de ellos es recuperable. Y después de leer Mindhunter, uno pierde la esperanza más aún.

John Douglas es un antiguo agente del FBI que se especializó en la década de los años 70 en la elaboración de perfiles criminales. Para tratar de entender mejor la mente de los asesinos en serie y poder predecir sus comportamientos, tomó la decisión de entrevistar, junto a su compañero Robert Ressler, a decenas de criminales ya encarcelados, de la talla de Charles Manson o David Berkowitz. En este libro, a partir del cual se ha confeccionado la serie homónima de Netflix, Douglas narra su experiencia en torno a estos seres, la cual va siempre apoyada en una opinión muy tajante: no merecen vivir. Al menos, no entre nosotros.

Nadie debería llevarse a equívoco: a diferencia de la popular serie televisiva esto no es una historia cerrada; más bien es un cúmulo de ellas, sin un orden cronológico claro, que tratan de acercarnos al modus operandi de los seres más repulsivos del planeta. No obstante, este libro no está libre de méritos; todo lo contrario: además de lo atrayente que resulta el tema en sí, el autor te introduce de lleno en sus relatos, con un lenguaje muy directo y unas descripciones que, en ocasiones, llegan a ser demasiado gráficas. Douglas es también simpático e irónico en sus narraciones. La suya es una de esas biografías que se disfrutan de principio a fin simplemente por la manera en la que están contadas, sin que importe demasiado si el personaje del que tratan resulta por sí mismo de interés. Pero es que, además, en este caso es así.

A través de la encomiable tarea que emprendió, entrevistando a algunos de los peores asesinos en serie de las cárceles estadounidenses, Douglas fue aprendiendo a pensar como ellos y a aplicarlo con éxito a posteriori para combatir a los que estaban fuera de las rejas. Es a partir de la narración de estas entrevistas cuando comienza la parte más interesante del libro. Sorprende, por ejemplo, el buen trato que entabló con algunos asesinos y sus percepciones sobre ellos. «Muchos son bastante encantadores, superficiales y hablan bien», explica en estas páginas.

A medida que expone su forma de hacer deducciones sobre la personalidad del asesino uno se da cuenta de que su oficio es muy parecido al del escritor, solo que algo más complejo, dado que a Douglas siempre le dan un final cerrado para que elabore en torno a él una historia verosímil. Y que estos finales nunca son felices, claro.

A pesar de tratarse de un libro sumamente recomendable, lo que más me ha chirriado, como ya he explicado, es su mensaje de fondo. Defensor a ultranza de la pena de muerte, el autor utiliza los casos más enfermizos como baluartes para subrayar que existen seres que jamás van a curarse y que una vez que son atrapados no deben volver a salir de la cárcel; al menos no vivos. Y debo decir que, por desgracia para mí y mis principios, esta lectura me ha hecho replantearme unas ideas que creía firmes. Y aunque es cierto que no ha logrado que abandone mi defensa de la reinserción, en casos tan extremos como los que se narran en Mindhunter cuesta mucho creer que esta sea posible.

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El jinete pálido, de Laura Spinney

el jinete palido

el jinete palidoSi alguien nos preguntara cuál fue el mayor desastre del siglo XX, la mayoría pensaríamos en la Segunda Guerra Mundial, por el número de muertes, o en el Holocausto, por la saña de los nazis contra los judíos. A prácticamente nadie se le ocurriría responder la gripe española. Y, sin embargo, esta enfermedad, en apenas dos años, infectó a una de cada tres personas del planeta y seguramente mató a más seres humanos que las dos guerras mundiales juntas. ¿Por qué, entonces, apenas se la nombra en los libros de Historia? ¿Por qué no sabemos casi nada de ella? Esta y otras muchas cuestiones son las que aborda la escritora y periodista Laura Spinney en El jinete pálido.

En este magnífico ensayo, Laura Spinney hace acopio de toda la información disponible hasta el momento sobre la gripe española, que asoló el mundo hace ahora cien años. En las últimas tres décadas, historiadores, sociólogos y virólogos han empezado a prestar atención a aquella pandemia que quedó olvidada por las dos guerras mundiales que convulsionaron el mundo, y Spinney se ha servido de ese acercamiento multidisciplinar para escribir una especie de biografía de la gripe, aunque en realidad es una historia humana con esa enfermedad como hilo conductor, ya que el brote de 1918 estuvo protagonizado por millones de seres humanos anónimos: los que murieron y acabaron enterrados en fosas comunes; los que sobrevivieron, pero ya nunca volvieron a ser los mismos.

De forma amena pero rigurosa, enlaza acontecimientos históricos y tragedias personales para contarnos cómo surgió, cómo se propagó y cómo remitió. Se remonta hasta sus posibles orígenes, un par de milenios atrás, para luego abordar el brote de 1918 y las consecuencias sociales, sanitarias, políticas y culturales que derivaron de él y transformaron a la humanidad. Impresiona leer la estrecha relación que la denominada gripe española tuvo con el devenir de la Primera Guerra Mundial y, quizá, con el origen de la segunda; y su papel en la independencia de la India o en el apartheid de Sudáfrica. Pero no solo trajo desgracias, ya que, gracias a ella, la sociedad se concienció de la necesidad de sanidad universal y de practicar deporte, así como contribuyó a establecer la virología como disciplina, a promover las primeras vacunas contra la gripe, a constituir la Organización Mundial de la Salud y a que Fleming descubriera la penicilina.

El trabajo de documentación y narrativo que Laura Spinney ha llevado a cabo en El jinete pálido es admirable. Cada uno de los capítulos es como una revelación: la falta de medios y hasta de conocimientos de los médicos en aquella época, en la que aún se hacía uso de «pócimas, extractos de plantas y tratamientos no probados»; la paradoja de que la ayuda al prójimo, en esas circunstancias, supusiera la condena de uno mismo y hasta de toda su comunidad; los curiosos ritos que se pusieron en práctica, en un vano intento de acabar con el contagio… El jinete pálido nos demuestra como la epidemia de la mal llamada gripe española fue un punto de inflexión en la humanidad y que sin ella no sería posible entender el mundo en el que ahora vivimos. Y, sobre todo, pone sobre la mesa la importancia de que todos accedamos a datos veraces para conocer las causas y consecuencias de aquel desastre. Solo así, si algún día vuelve a repetirse una pandemia de estas características, estaremos preparados para combatirla.

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Las madres negras, de Patricia Esteban Erlés

las madres negras

las madres negrasConectar con un libro desde la primera página es una experiencia que pocas veces se da. Y a mí me ha pasado con Las madres negras, de Patricia Esteban Erlés. Y no hablo de que desde la primera línea me cautivara la forma de escribir de la autora ni de que no pudiera despegarme del libro. Eso, aunque tampoco me pasa con todas las novelas, me ocurre más a menudo. La conexión de la que hablo es mucho más profunda, y es que al leer las primeras páginas de Las madres negras, sentí que esa misma historia la podía haber escrito yo: Patricia Esteban Erlés había plasmado cada una de mis obsesiones literarias. Esas que me atraen como lectora, esas que me someten como escritora: la fantasía para abordar la realidad más cruda, el choque entre creencia y conocimiento, la mirada de la infancia… y la muerte, siempre rondando.

En Las madres negras, Patricia Esteban Erlés nos adentra en Santa Vela, una mansión laberíntica reconvertida en orfanato que nos cuenta su propia historia. Entre su muros malvive un grupo de huérfanas: Mida, la hija de la bruja, que grita que Dios no existe, que Él mismo se lo ha dicho; Moira, la niña que se muere a veces; las siamesas Lavinilea, que no saben dónde empieza una y acaba la otra; Pola, la de los cabellos verdes y belleza vegetal… Y tantas otras niñas, que han sido despojadas de su verdadero nombre y de sus melenas por mandato de la hermana Priscia, para ser ataviadas con vestidos grises que las convierten a todas en una sola. Y, por supuesto, Dios, que también habita en Santa Vela y que habla de sí mismo en tercera. Un Dios que, aburrido, pasa el tiempo jugando con las internas como si fueran sus títeres, hasta que se enamora de una de ellas y su deseo lo vuelve aún más despiadado.

Esta novela ha sido galardonada con el IV Premio Dos Passos a la Primera Novela, pero salta a la vista que esta no es la primera incursión literaria de Patricia Esteban Erlés. Semejante maestría con las palabras la ha alcanzado tras muchos años centrada en los cuentos, los cuales también han sido premiados en numerosas ocasiones. Y ese pasado como cuentista se nota en los capítulos de Las madres negras, ya que cada uno parece un cuento independiente, que se disfruta por sí solo, aunque esté fuertemente imbricado con los demás para formar un todo, tan poético como descorazonador.

Imagino que cualquier lector no tendrá una conexión tan personal como la mía con este libro; hasta yo dudo que vuelva a tener una experiencia así con otra obra en el futuro. Pero apuesto a que quienes abran esta novela sucumbirán sin remedio a su atmósfera gótica, tan bien lograda que traspasa las páginas. Y leerán Las madres negras con el corazón oprimido, conmovidos por la belleza de la prosa de Patricia Esteban Erlés y por lo descarnado de su historia. Porque no es necesario compartir sus obsesiones literarias para apreciar el talento prodigioso de esta autora.

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Refugio, de Terry Tempest Williams

Refugio

RefugioSi comenzase la reseña haciéndoles un esbozo del contenido del libro probablemente no le haría justicia, incluso es posible que les resultase una idea un tanto macabra. Así que antes de hacerlo les transmitiré mis sensaciones con Refugio, que le hacen más. Es un libro profundamente conmovedor, sincero, desgarrador y valiente. Se trata de un diario, el que escribe la autora en un momento de su vida en que siente que su mundo se desmorona y lo siente porque efectivamente es así. Su vida familiar sufre serios reveses en forma de enfermedad: su madre, sus abuelas y seis de sus tías se han sometido a mastectomías y siete de ellas han fallecido por el cáncer. Constituyen lo que ella llama el clan de las mujeres con un solo pecho. Pero el diario se centra fundamentalmente en la enfermedad de su madre, o por ser preciso se centra en su madre, que es mucho más que su enfermedad. Y debo decir que si el libro es tan deslumbrante como es se debe a que se trata de una mujer sencillamente extraordinaria, al igual que su abuela.
Pero su otra vida, la profesional, que es mucho más que eso, también se ve amenazada por la subida del nivel de Gran Lago Salado que amenaza con arrasar el refugio para aves que para la autora, naturalista y divulgadora, es una especie de segundo hogar.
Cada entrada del diario está encabezada por una cifra, la de la altura de las aguas, que es una forma brillantísima de cuantificar la angustia que se desarrolla en paralelo en su casa y en el refugio. Cada centímetro que sube el agua puede ser el último, el que termine con su paraíso particular de la misma forma que el horizonte de la vida de su madre también tiene un final próximo.
Les he dicho que la madre de la autora de Refugio fue una mujer excepcional y realmente lo pienso. Su forma de afrontar la enfermedad es verdaderamente impresionante, una mujer capaz de decirles a su marido y a sus hijos “debéis dejarme vivir para que pueda morirme” o que al final le confiesa a su hija “no sé cómo morirme” es una persona que asume la muerte como parte de la vida, con naturalidad. Y además es capaz de asimilar su enfermedad y vivirla como una experiencia si no afortunada al menos sí enriquecedora. Es terriblemente emotivo leer la lección de vida de esta gran mujer.
Pero para hacerse una idea justa de cómo vive la familia esta experiencia, debería decirlo en plural, hay que señalar que son mormones y que por su propia cultura viven la familia de una forma muy intensa. Yo prácticamente no conocía nada de esta religión y el retrato, muy libre, que hace la autora de la misma, de sus tradiciones y su vida, es francamente interesante.
Y Utah, el desierto y el Gran Lago Salado, paisajes tan surrealistas que es imposible leer este libro sin buscar frecuentemente imágenes para confirmar las impresiones que el libro transmite aun desde la certeza de saber que es imposible mirarlo con los mismos ojos que quienes viven allí y cuya relación con su entorno sobrepasa con creces la del visitante. Ella ama su paisaje, sobre todo adora a las aves pero en general siente una comunión con la naturaleza que se asoma a cada página. Un lugar del que un militar se refirió como “un buen sitio para tirar cuchillas de afeitar usadas” y que uno aprende a admirar a través de los ojos de la autora. Otro concepto sorprendente de este hombre es el de “segmentos de población de utilidad relativa”, pero me temo que entrar a comentar ese tema sería demasiado extenso para una reseña.
Se aprende mucho y muy interesante con este libro. Los mecanismos hídricos del gran lago, los naturales y los artificiales con los que se trata de domesticarlo (alguno de ellos especialmente delirante), sobre un entorno natural extremo que guarda su belleza para quien la sabe ver, que es quien la sabe vivir, pero que una vez la muestra es un espectáculo. Se aprende sobre aves, sobre mormones y sobre la sociedad de Estados Unidos. Pero por encima de todo se viven muchas emociones acompañando a estas mujeres valientes que gracias a Refugio han pasado por esta vida dejando un testimonio y una huella que les rinde un mucho más que merecido homenaje. Reivindicar al clan de las mujeres de un solo pecho, que es mucho más amplio que el de las mujeres de la familia Tempest, es una causa noble porque lo cierto es que no siempre han gozado del apoyo ni del reconocimiento del que disfrutan ahora.
Les he dicho que Refugio era una obra muy valiente, sin duda lo han entendido porque hablar de la propia intimidad familiar y los sentimientos con la honradez con la que lo hace Terry Tempest Williams requiere de mucho valor. Pero me refiero también a otra cosa. Al final del libro la experiencia personal se torna en denuncia, en la de las pruebas nucleares que se llevaban a cabo en el desierto, junto a ellas, y su relación con la elevada tasa de cáncer de estas mujeres de Utah. Yo soy de Huelva, la comparación con Utah es aparentemente extemporánea sin embargo junto a la ciudad hay unas balsas de fosfoyesos, radiactivas, que ocupan una extensión mayor que el área metropolitana, de tal suerte que es la provincia con mayor tasa de cáncer de España. Oficialmente una cosa no está relacionada con la otra y por cada estudio que lo demuestra aparece uno que prueba lo contrario. Al leer las páginas que la autora le dedica a este tema no he podido evitar compartir su indignación y su impotencia. Su caso es diferente, en un juicio se dio por demostrada la relación entre las pruebas nucleares y la enfermedad de las denunciantes y se marcó una indemnización. Sin embargo instancias judiciales superiores anularon el fallo basándose en un precepto legal según el cual el gobierno era inimputable si lo que hace no es ilegal. Y se ve que a alguien se le olvidó proponer una ley en la que se dijera literalmente que está prohibido exponer a tu población a experimentos radiactivos sin su consentimiento.
Permítanme que acabe con unas palabras de la autora, no son del propio diario, sino que son una reflexión final que me parece tan interesante que no me resisto a compartirla con ustedes:

En la cultura mormona se respeta la autoridad, se venera la obediencia y no el pensamiento independiente. […] Durante muchos años he hecho justo eso: escuchar, observar y formar en silencio mis propias opiniones, en una cultura que raras veces se hace preguntas porque ya tiene todas las respuestas. Pero también he visto a las mujeres de mi familia morir, una por una, muertes ordinarias y heroicas. Nos hemos sentado en salas de espera, esperando recibir una buena noticia, pero oyendo siempre la mala. Yo las he cuidado, he aseado sus cuerpos llenos de cicatrices, y he guardado sus secretos. He visto a mujeres guapísimas quedarse calvas a medida que les inyectaban ciclofosfamida, cisplatino y doxorrubicina en las venas. Les he puesto la mano en la frente mientras vomitaban una bilis verde y negra y les he administrado morfina cuando los dolores se volvían inhumanos. Al final, he sido testigo de su último y apacible aliento, me he transformado en comadrona del renacimiento de sus almas.
El precio de la obediencia se ha vuelto demasiado alto.[…]Tolerando una obediencia ciega en nombre del patriotismo o la religión acabaremos firmando nuestra sentencia de muerte.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Alguien habló de nosotros, de Irene Vallejo

Alguien hablo de nosotros

Alguien hablo de nosotrosEn general suelo decir que no me gustan los relatos breves, aunque después he de reconocer que muchos de los que he leído me han gustado tanto que los he traído hasta aquí. Lo mismo me suele pasar con las recopilaciones de artículos periodísticos, posiblemente porque por lo general suelen recoger cosas de demasiada actualidad y no envejecen tan bien como debieran.

Mi querida amiga Esther Orera, que además de SER una excelente periodista y sobre todo, para lo que aquí nos importa, una gran lectora que conoce bastante bien mis gustos, me recomendó este libro de Irene Vallejo, y yo que soy muy bien mandada, allá que fui.

Y ya ven, aquí estoy, y vengo rauda y veloz a que decirles que si bien había leído algunos de estos artículos en su día en Heraldo de Aragón, no podía suponer que hoy, ahora, siguiesen siendo tan actuales, y sobre todo que me hayan sido tan útiles.

Una de las cosas que más agradezco cuando me acerco a determinadas lecturas es que, además de estar bien escritas, me emocionen o me cuenten algo de provecho, y ha resultado que Irene Vallejo a lo largo de los 149 artículos de Alguien habló de nosotros, ha logrado un tres en uno; y además la portada es de lo más extraordinaria para ilustrar lo que dentro del libro encontramos. 149 columnas de una página como máximo de extensión cada una, escritas con gusto y de forma reflexiva.

Cuando alguien escribe en un periódico una columna debe tener algo interesante que contar, y eso es lo que hace Irene Vallejo, nos cuenta, no habla de lo que ella sabe, nos trae el ayer de las viejas Roma y Grecia hasta estos tiempos, no se nos ha de escapar que estudió Filología Clásica obteniendo el Doctorado Europeo por las universidades de Zaragoza y Florencia. Y así, entre un contar y un no contar, entre un querer y un no querer, vamos conociendo pequeñas historias de la autora al tiempo que nos irá introduciendo en las vidas de personajes como el poeta Horacio, al que nos acerca para iniciar el libro pues con el viene a hablarnos de lo difíciles que son siempre los comienzos….

Así empieza, pero muchos serán los temas de los que Irene Vallejo nos irá hablando, de las prisas que nos impone el mundo actual, de las veces que la satisfacción que encontramos en lo nuestro se esfuma al saber que ya hay otros que nos aventajan, de ese libro exquisito titulado Las mil y una noches que según nos contará ayuda a curar el odio, de cómo preparar a los niños para la vida a través de una obra de Terencio escrita el Siglo II a. C…

Quiero dejarles una de sus columnas completa, y había pensado que qué mejor que la titulada “Filosofía” para volver al debate de si debería haber más horas de filosofía en el sistema educativo actual, o la titulada “De buena tinta” pues vendría muy bien aquí hablar sobre la importancia de la lectura, y aprovecharía para hablarles de Séneca que opinaba que los libros se nos ofrecen con las manos abiertas y nunca nos dejan irnos con ellas vacías…

Pero llego al final de la reseña y no termino de decidirme y releo “Idilio muerto” en la que nos habla del valor que hace falta para aceptar que una relación ha terminado: el desamor no se atreve a decir su nombre… Y es que esta es la escusa perfecta en la que nos introduce a Homero y su famosa Odisea… Finalmente les voy a dejar esta que versa sobre el populismo, que nunca está de más saber hacia donde no debemos caminar 😉

Populismo

En los últimos años hemos incorporado en la palabra populismo al vocabulario político. en general se utiliza para desacreditar el adversario, acusándole de tácticas manipuladoras: liderazgo carismático, retórica agresiva política- espectáculo y el sueño de promesas irrealizables punto y aparte su origen remonta al populus de Roma. En la convulsa República surgieron líderes partidarios del pueblo -entre ellos los Gracos o Julio César- que, dando poder a las asambleas y magistraturas de la plebe, pretendían aprobar reformas destinadas a un reparto más justo de la tierra, el alivio de las deudas y mejores condiciones de vida para los más pobres. Sus violentos contrincantes fueron los optimates, el grupo más conservador de la aristocracia, que quería mantener a la plebe como simple espectadora de la política. Los optimates acusaban al bando popular de forjar una alianza interesada con el pueblo para ascender al poder. El sufragio universal de nuestros días ha dado la razón a quienes luchaban por ampliar la participación política. Sin embargo, la nerviosa democracia actual, con sus líderes y asesores obsesionados por la presencia mediática, los eslóganes y los vaivenes de las encuestas, alimenta esa dimensión oportunista. Los candidatos en campaña se empeñan en decir lo que la gente quiere oír: los métodos demagógicos, y no las ideas, provocan la impopularidad del populismo.

Tengo que darle las gracias a Esther, y desde luego a ustedes les recomiendo la lectura de este libro que siempre les será actual y útil, y además, Alguien habló de nosotros les resultará interesante y entretenido a todos, y si yo fuera o fuese profesor de secundaria no dudaría en seleccionar algunos artículos para leerlos y comentarlos con los chavales. Artículos que nos hacen reflexionar sobre el presente despertando en nosotros la curiosidad de mirar hacía el pasado antes de correr hacia el futuro.

 

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50 discursos que cambiaron el mundo, de Andrew Burnet

50 discursos que cambiaron el mundo

50 discursos que cambiaron el mundoHace unos días fui a ver la exposición sobre Austwitch que se ha instalado temporalmente en Madrid. Salí, como casi todos los que la visitan, profundamente tocado de la sala de exposiciones unas cuantas horas más tarde. Posiblemente sea una de las experiencias que más me han impresionado en meses y, sin embargo, no se debió a los objetos que se exponían en el recinto; fueron los testimonios de aquellos que sobrevivieron al exterminio nazi, escritos sobre las paredes y expuestos en vídeos a lo largo del recinto, los que me pusieron la piel de gallina. Porque no hay una forma más pura y potente de conocer la historia que a través de la boca de los que la protagonizaron. Y esto, a otro nivel, es lo que ofrece 50 discursos que cambiaron el mundo: un acercamiento a momentos clave de la historia por medio de las palabras de sus principales protagonistas.

Escogidos y diseccionados por el periodista Andrew Burnet, los discursos de personalidades de la importancia de Einstein, Ghandi, Sadam Hussein o Barack Obama ayudan a comprender mucho mejor tanto sus propias individualidades como los cambios sociales y políticos que propiciaron con su actividad. Además, los textos van acompañados de notas a pie de página en las que se dan explicaciones precisas y enriquecedoras. Tanto estas como los párrafos que introducen los discursos ayudan a situarse en el contexto en el que estos fueron pronunciados. Estos apoyos resultan especialmente útiles en el caso de las lecturas acerca de algunas personalidades que no son tan conocidas para el gran público, como Dag Hammarskjold (2º Secretario General de la ONU) o Betty Friedan (pensadora clave en el movimiento feminista).

Uno de los principales mensajes que transmite este libro es que las grandes ideas son imperecederas; así, la mayor parte de los textos, como el de la sufragista inglesa Emmeline Pankhurst, tienen un fondo muy aplicable a la actualidad. Es más, si uno presta atención a las declaraciones de los políticos contemporáneos podrá comprobar que gran parte de las propuestas y opiniones que estos manifiestan ya han sido desarrolladas en centenares de ocasiones —y, por regla general, de forma mucho más brillante y elocuente—.

Y es que en este libro también se destilan los atributos dialécticos de los oradores, tan variados y diferentes como ellos mismos. Así, mientras que Ghandi se nos muestra como un ser dotado de una retórica sencilla y didáctica, en la que basa su persuasión para, por ejemplo, explicar a su pueblo la estrategia de la no colaboración con los británicos, Hitler o Mussolini apelan a la emoción y a sentimientos como la unidad o la integridad para lograr un apoyo masivo a decisiones que, de otra manera, serían mucho más difíciles de digerir. Es por ello que la lectura de estos textos puede ser de mucha utilidad para aquellas personas que tengan que emplear la oratoria en su día a día, ya que prácticamente de todos ellos se pueden sacar recursos para mejorar en este ámbito. No obstante, también hay otros casos, como el «puedo prometer y prometo» de Adolfo Suárez, en los que las piezas parecen haber sido escogidas más por su valor histórico que por su calidad o complejidad.

El orden cronológico en el que se colocan los textos también resulta beneficioso, ya que permite hacer un recorrido por la historia reciente a través de estos. Esto resulta interesante, sobre todo, en episodios prolongados y con protagonistas múltiples; así, en el caso de la II Guerra Mundial se nos ofrece la posibilidad de seguir el desarrollo del conflicto a través de las palabras de Chamberlain, Churchill, Stalin o Goebbles, lo que sin duda resulta provechoso para alcanzar un conocimiento más global del mismo.

50 discursos que cambiaron el mundo supone, en definitiva, una recopilación valiosa y bien analizada, y uno se da cuenta de la verdadera importancia de estos discursos cuando, incluso puestos sobre papel y sin que haya ningún gran orador recitándolos, consiguen provocar fuertes reacciones en quien los lee.

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Sobre Patines, de Victoria Jamieson

Sobre Patines

Sobre Patines¿Quién no recuerda haber experimentado mil y un sentimientos a la vez en los primeros años de nuestra adolescencia? ¿Encerrarnos en nosotros mismos por el más mínimo fracaso en el colegio o en nuestras actividades extraescolares? ¿Enfadarnos con nuestro mejor amigo o amiga por la cosa más insignificante? Y cómo, en aquellos momentos, nos parecía el fin del mundo y nos ahogábamos en lágrimas encerrados en nuestros cuartos, pensando que jamás se solucionaría. No puedo evitar sonreír ante la inocencia de aquellos años, porque me encantaría revivirlos para experimentar todo por primera vez. Y creo que no soy la única.

No es nada fácil reflejar todos estos sentimientos y meterse en la cabeza de una niña de doce años. Sin embargo, Victoria Jamieson lo hace de forma brillante en solo unas 250 páginas, que se leen en un suspiro (en mi caso, en una sola noche) y que te sacan más de una sonrisa. Porque Sobre Patines es una novela gráfica que explora con humor la etapa adolescente y todos los altibajos y cambios que todos experimentamos cuando la vivimos. Y tanto Astrid, la protagonista, como Nicole, Rachel o Zoey representan a muchos adolescentes reales y a sus problemas cotidianos.

Personalmente, me sentí muy identificada con Astrid desde el principio. Su miedo a ser rechazada por ser diferente a los demás, a no conseguir lo que se propone ni lograr sus sueños, su gran torpeza en multitud de ocasiones y su incapacidad de afrontarse a los miedos e inseguridades con los que se encuentra en su día a día… Es algo que todos hemos experimentado alguna vez en esa dulce, aunque también muy difícil, etapa de nuestras vidas. Una etapa en la que tantos sentimientos se mezclaban y no sabíamos qué hacer con todos ellos. Cómo seguir adelante después de todas las patadas y desilusiones que nos da la vida. Aunque eso es algo que también nos ocurre cuando somos adultos, ¿no? ¿Acaso cambian tanto nuestros miedos? ¿O es que simplemente aprendemos a manejarlos? Esto es algo en lo que este libro me ha hecho reflexionar.

Además, Sobre Patines nos cuenta esta bonita historia mediante el humor y consigue sacar al lector más de una sonrisa en cada uno de los capítulos, debido a la ironía de Astrid y su forma de reírse consigo misma. Y creo que esto es algo que todos deberíamos hacer alguna vez, reírnos más de nosotros mismos y no tomarnos todo tan en serio. Por eso creo que esta novela me ha parecido tan especial.

Y otro tema interesante y esencial que se trata aquí es el deporte y todo lo positivo que puede aportar a una persona en todas las facetas y edades de su vida. El patinaje hace a Astrid una persona feliz, capaz de superar sus miedos con esfuerzo y pasión, y le ayuda a entender que nadie te regala nada en esta vida. Que hace falta trabajar para conseguir lo que queremos. Y esto le hace evolucionar en su camino hacia la madurez y es una chica totalmente distinta la que conocemos al comenzar la lectura que la que nos encontramos cuando la acabamos.

La lectura de Sobre patines ha sido toda una vuelta a mis doce años, que recomiendo a cualquier persona, sin importar la edad que tenga. No solo es increíblemente tierna y divertida, sino que es una novela gráfica con ilustraciones preciosas, coloridas, positivas y llenas de detalles. Una novela que no me extraña que haya sido premiada, ya que ha sido creada con una sensibilidad y una madurez que no pasa desapercibida y que sin duda regalaría a mis hijos, si los tuviera.

Aprender de nuestros errores, levantarnos cuando nos caemos, creer en la importancia del trabajo en equipo y en la inutilidad de ganar por ganar o agradar a otros. Es algo que debemos recordarnos siempre y que no me ha venido nada mal recordar en este libro. Porque así es la vida y es algo que todos debemos comenzar a aprender en nuestros primeros años de adolescencia.

 

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