
Lo que más miedo da de esta novela, en el fondo, no es la hipótesis que plantea. Y eso que es de las que atrapan desde el primer momento: una página web comienza a ofrecer 50.000€ por cada político español imputado que sea asesinado, con la condición de que se grabe el proceso. Esto ocurre después de que la burbuja inmobiliaria haya estallado y de que se hayan empezado a destapar algunas de las grandes tramas de corrupción que han coexistido en el país. Pero de buenas a primeras aquellos dirigentes que habían disfrutado de completa impunidad para arrebatar y despilfarrar el dinero público se ven convertidos en trofeos de alto valor y ello en el seno de una sociedad que se siente engañada y maltratada por su clase política.
Tampoco son los personajes lo que más aterra de Simpiedad.org. Y eso que no pueden ser más mezquinos; entre las creaciones de Bernardo Carrión encontramos corruptos y corruptores, asesinos, mafiosos, adúlteros, pederastas… seres que, en su mayoría, se ven superados por sus propias ambiciones y que no muestran ningún tipo de empatía con nada ni nadie de lo que les rodea. Es una novela muy coral, en la que más de una decena de personajes tienen una importancia capital en el desarrollo de los acontecimientos, en que la rueda de la corrupción gire con la sobriedad con la que lo lleva haciendo décadas en nuestro país. Apenas hay héroes en esta historia; la sociedad que dibuja el escritor y periodista valenciano es del todo menos amable.
El autor sitúa su novela en la Comunidad Valenciana, una región que ostenta la dudosa medalla de ser el cenit de la corrupción en nuestro país. Dentro de este escenario, es muy de valorar el hecho de que Carrión se haya tomado su tiempo para preparar el contexto. De hecho, la verdadera trama no comienza hasta casi el último tercio del libro; y es que una de las cosas a la que parece haber dado más importancia el escritor es a recordar —algo que nunca viene mal en estos tiempos de sobredosis de información— la forma desvergonzada en la que se actuó con el dinero público en nuestro país hasta que éste comenzó a escasear y hubo que empezar a investigar seriamente dónde se encontraban las goteras por el que se escapaba.
En Simpiedad.org hay mariscadas, prostitución de lujo, acciones preferentes, chantajes, enchufes, sobornos, traiciones, arrepentidos, asesinatos… Y lo más turbio, lo más terrorífico, es que nada de esto ha tenido que salir de la imaginación de su escritor. El periodista, en el fondo, se ha limitado a hacer una muy bien elaborada síntesis de todo lo que hemos ido conociendo en los últimos años, a lo cual le ha añadido un ingrediente más, que es el que le da el toque picante al texto: una opción de venganza remunerada. Venganza no solo por los expolios que ha sufrido el erario público por culpa de estos seres amorales, sino también por lo que ello ha conllevado: desahucios, privatización de la educación y de la sanidad, recortes severos en políticas sociales… Una lectura, en definitiva, que juega con la realidad y la ficción y que, en mi opinión, refleja el hartazgo generalizado con los titulares que escuchamos cada mañana al levantarnos. Aunque por suerte (al menos eso creo y espero) la España real no está tan harta como la de Carrión.

Mi relación con Assassination Classroom se ha convertido en un diario de lectura público, porque es la tercera vez que os hablo de él. Suerte habéis tenido de que no comenzara a leerlo desde el primer número… Como no quiero repetirme, os dejo enlazadas mis reseñas de 
Si tienes hijos o sobrinos seguramente estarás hasta el moño de ver los dibujitos animados que ponen en las nuevas cadenas infantiles. Dibujitos, en su mayoría, que pasan de demasiado infantiles a estridentes y raritos. Bob Esponja fue el comienzo de dibujitos psicodélicos. Ahora hay unos cuantos que he de decir que me han sorprendido gratamente. Se llaman Gumball o algo así, y fue junto a otras series tipo Sanjai y Craig, los canallas dibujos de un chaval y su mascota serpiente, los que más me han llamado la atención. Quizá por su irreverente carácter rebelde. Si puedes, ponte un capítulo que trataba sobre los personajes extra en la serie de Gumball, de lo mejorcito que he visto desde los antiguos Simpson, los buenos, los que molaban. Bueno, a lo que iba, desde que tengo sobrino veo muchos dibujitos nuevos en la tele. Y también leo algunas cosas más infantiles. Cosas tan tronchantes y divertidas como Teen Titans Go! 1, la nueva serie de cómics relacionada con los Jóvenes Titanes del Universo DC. También tiene su versión televisiva y mantiene el mismo estilo.
Hoy vengo a hablaros de otro de esos cuentos que son ideales para irse a dormir, como Gracias y buenas noches, del que os hablé hace poco y que pertenece a la misma editorial.
Hey! Ho! Let’s go! ¿Cuántas veces habré berreado esto en los bares? Cientos, miles, millones de veces y no me cansaré nunca de hacerlo. Es un grito de rebeldía, de oposición a lo establecido, de diversión cuando se es joven porque es cuando hay que aprovechar para divertirse. Esa es la meta, no dejar nunca de divertirse. Los Ramones, además de ser el grupo cuyo logo luce en las camisetas más vendidas de las tiendas H&M o el grupo Inditex (lo siento por haber tenido que hacer mención a esto, es muy manido, casi ridículo, pero también es un hecho) fueron una revolución del punk rock neoyorquino, una bomba de oxígeno para la juventud de la época que se juntaba en el bar CBGB para escuchar nuevas bandas con muchas ganas de tocar las narices a unos cuantos y hacernos divertir a los jóvenes. Bueno, a mí, de Móstoles y nacido a mitad de los ochenta todo esto me pilló algo lejos, pero el mensaje y la música de los Ramones me han llegado con la misma intensidad. Y sí, las camisetas también, pero la mía es de las buenas, del rastro madrileño.
¡Scooby-Doo! ¿Dónde estás? Sí, así comenzaban los capítulos de los dibujos animados. Así que rescataré siempre este grito de guerra de Shaggy hacia su perruno compañero Scooby para reseñar la serie de cómics. Si se trata de rescatar detalles del programa de televisión ya lo hizo Sheldon Cooper de The Big Bang Theory y fan incondicional de Scooby en una divertidísima escena en la que, escondido en el asiento trasero del coche de Leonard le sorprende mientras este cantaba una canción de los Black Eyed Peas. En esa escena Sheldon, obligado a tomarse unas vacaciones, se niega a quedarse en casa y quiere asistir de incógnito a la universidad. Surge entre ellos un tronchante diálogo en el que se hace alusión a la serie Scooby-Doo. «Si alguien pregunta algo, di que llevas trampas para langostas», dice Sheldon escondido bajo una manta. «¿Trampas para langostas?» responde Leonard. «Sí. Así es como Vilma y Scooby escondieron a Shaggy en el viejo faro».
Durante la última visita que hice a Roma, ese museo al aire libre que uno no puede dejar de disfrutar, bajé al Foro y visité el Ara de César, el lugar exacto en el que el líder militar y político romano fue incinerado luego de su asesinato en los Idus de Marzo. Estar presente allí, hacía que mi mente se trasladara al instante a las miles de imágenes que series y libros me habían regalado a lo largo de tantos años de lectura sobre ese fabuloso periodo histórico: El complot y la posterior Guerra Civil que marcó el tránsito de la Republica al Imperio en Roma.


Todos hemos leído y visto decenas de historias basadas en la época en la que el régimen nazi ocupó el gobierno alemán y puso fin a la democracia en el país. De hecho, soy de los que piensan que ha habido una sobreexplotación de este periodo, ya que no por el hecho de poner como contexto esta terrible etapa lo que se narra tiene que ser memorable. Sin embargo, la que cuenta El campeón prohibido es una historia tan dura y tan épica que parece mentira que nadie antes se atreviera a pasarla a papel. Tuvo que ser el actor y escritor italiano Dario Fo quien se atreviera a hincarle el diente poco antes de fallecer, con lo que consiguió rescatar la figura de Johann Trollmann, un talentoso e inteligente boxeador de raza gitana cuyo único fallo fue el haber vivido en la época de la barbarie nazi.
Nunca he estado en una fiesta de pijamas ni he hecho una. No sé si es que soy muy poco americana o he tenido una infancia rara. ¿Vosotros sí? Tampoco es algo que eche de menos, pero tiene que ser divertido cuando eres pequeño. De mayores eso de andar en un saco de dormir o usar una cama ajena, como que no es lo más apetecible. (Yo es que a mi cama la quiero mucho).
Empezar una reseña tratando de buscar las palabras es algo extraño, lo sé, pero es que aún estoy tratando de digerir el libro que acabo de leer. No sé muy bien por dónde empezar con Mil mamíferos ciegos, porque todavía no sé bien qué siento sobre él. Es lo que tiene escribir la reseña en caliente, supongo. Quizá debería irme a dar una vuelta, dejar que la lluvia me aclare un poco las ideas. ¿No os encanta el poder liberador de la lluvia? Ese torrente que nos aclara por dentro y por fuera. O quizá debería irme al bosque. Esa sí que sería una buena manera de entender este libro, porque sería un poco adentrarme en él.
Las novelas de