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Rick y Morty: Volumen 1, de Zac Gorman, CJ Cannon y Ryan Hill

Rick y Morty

Rick y Morty

Para poder explicarte cómo es este cómic de Rick y Morty, la primera pregunta que te tendría que hacer es: ¿conoces la serie? Si has visto la serie, sabes qué te vas a encontrar en estas páginas, y puedo decirte que el cómic sirve para quitarse el mono de las aventuras de Rick Sánchez y Morty mientras esperas a que salga la siguiente temporada. El tono es un poco distinto al de los capítulos emitidos en TV, algo más suave (menos tacos, menos violencia), pero explora otros aspectos de las historias de los personajes del universo Rick y Morty, complementando a la serie, dándonos una ración de dosis de las que vamos tan escasos (yo llevo meses esperando la tercera temporada).

Si no conoces Rick y Morty, lo primero que te aconsejo es que la veas. La productora tiene los capítulos en abierto en su propia web (al menos mientras escribo esto), y seguro que hay a tu alcance otras formas de ver la serie. Los capítulos son cortos, de unos 22 minutos, con una animación desenfadada y muy colorista. Los protagonistas son Rick Sánchez, un científico loco al estilo de Doc, de Regreso al Futuro, pero mucho más deslenguado, egoísta y genial a la hora de crear cualquier artefacto que le permita salirse con la suya, sea lo que sea, y por otro lado su nieto Morty, un chaval de 14 años con las inquietudes propias de cualquier adolescente americano del montón, simple, que se preocupa por su familia y por los demás como cualquiera, pero que puede parecer una persona de grandes sentimientos si lo comparas con la codicia y el egoísmo habituales de su abuelo.

Las tramas son bastante absurdas, llenas de humor ácido y mucha violencia, verbal y física. La serie y el cómic tienen un tono que no gustará a mucha gente, pero si te va este estilo, es de lo mejor que hay. La prepotencia de Rick y su inteligencia sobrenatural sirven de hilo conductor de muchas de las historias, aunque a veces se pone tierno y no puede evitar sentir predilección por su nieto, Morty. Su hija, Beth, cirujana de caballos, y Jerry, el fracasado publicista que está casado con ella, le dan a la serie el toque ácido con un matrimonio que se mantiene unido por los pelos, con sus disputas y diferencias cuando el amor ya se ha terminado.  Summer es la típica adolescente que no sabe lo que quiere, con una mala relación con su hermano Morty y que también se ve involucrada en muchas de las aventuras con su abuelo. Y Morty, que a pesar de su su escasa inteligencia (o precisamente gracias a eso) resuelve en multitud de ocasiones los embrollos en los que Rick envuelve a todos los que tienen a su alrededor.

Una serie y un cómic para los que buscan un humor poco mainstream y que quieren ir más allá de lo de siempre.

 

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El mejor de los pecados, de Mario Benedetti

El mejor de los pecados

El mejor de los pecadosMe eduqué en un colegio en el que cada mañana al entrar el primer profesor a clase teníamos que levantarnos de las sillas y rezar un ‘padrenuestro’, con las posteriores cruces marcadas con los dedos en pecho, frente y boca. Probablemente, lo cansino de ese ritual, que nunca entendía, hizo que no me interesara mucho de ahí en adelante la religión, o por lo menos en el sentido en que nos la ofrecían allí. Hoy hablo de un libro que se titula El mejor de los pecados sin tener mucha idea de qué es un pecado. Pero me he dado cuenta de que no he necesitado saberlo para disfrutar de su lectura, con lo cual hablaré de él y lo podréis leer y lo podréis disfrutar sin tener que sostener la pesada carga de la cruz.

Lumen trae como novedad diez relatos de Mario Benedetti ilustrados por Sonia Pulido, a quien he echado de menos en la portada – sí, están sus dibujos, pero no su nombre –. En este libro, que nada más abrirlo ya vemos que todo está impregnado de camas, se nos muestran casos extraordinarios – o no – del amor en situaciones o vidas amorosos cotidianas. Me explico: nos podemos encontrar con una mujer que engaña a su marido ciego delante de él con el hermano de este pensando que el primero no se da cuenta; o viviremos asfixiados en un pueblo anclado a la tradición del qué dirán de la mano de un hombre que siempre se ha sentido estafado y que por una vez quiere ser él el estafador, cometiendo el delito en el terreno del amor; o disfrutar de relatos que son todo diálogos en los que alguien se abalanza hacia otro desconocido para confesarle su deseo; o podemos ver el amor desde la más profunda y total pérdida. Y así hasta contar diez.

El mejor de los pecados es una forma más, y nueva, de seguir disfrutando de Benedetti, de su prosa poética, de esas sentencias que cuela entre frases como si fueran dardos al lector, de su talento por abrir en canal a personajes y mostrar su corazón; y todo acompañado por las ilustraciones de Sonia Pulido, que siempre aparecen al inicio del relato y que sirven como resumen o premonición de lo que va a suceder en el texto.

El mejor de los pecados es un libro bien cuidado, que huele de maravilla y que incluso tiene ese tacto especial que solo ofrecen los buenos libros ilustrados. Hay relatos de mayor y de menor extensión, hay algunos que hablan de pérdidas y otros de encuentros, unos de pasión y otros de aburrimiento, unos de entusiasmo y otros de melancolía; pero todos de amor. Un amor que puede ser favor o culpa, cara o cruz, victoria o soledad. Que el amor nos pille confesados.

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Antitauromaquia, de Manuel Vicent y El Roto

antitauromaquia

antitauromaquia“En esencia el arte de matar consiste en convertir en veinte minutos a uno de los animales más bellos de la creación en un picadillo tártaro ante un público alborozado.”

Este libro es, como se puede deducir por el título, un alegato antitaurino en toda regla. Pero  no solo antitaurino; se extiende más allá: es una denuncia de esa extraña costumbre española con la que muchos españoles se divierten, oséase: maltratando, torturando, matando, o las tres combinadas, a cualquier pobre animal para festejar cualquier puto evento en honor a tal o cual santo o virgen de cualquier remoto pueblo a lo largo de toda la geografía española. Y, pueblos, hay muchos… Una denuncia que, a estas alturas de la civilización, no debería hacer falta, pero como este sigue siendo un país anacrónico de ranciedad, postureo, caciquismo, adoradores de tallas e imágenes, telebasura, señoritos y flamencos anclados en una tradición arcaica y sangrienta se hace más que necesario.

Un libro elaborado sobre textos publicados en El País durante veinte años. Un libro contra el maltrato generalizado, injusto e histórico al toro, simplemente por el hecho de ser toro, por ser una tradición, (como en su día lo fue el quemar herejes), que tiene más valor aún por venir de alguien que en tiempos fue aficionado a la mal llamada fiesta (pues de fiesta tiene poco ya que incluso los aficionados se aburren) y el cual más tarde comprendió que no podía apoyar más semejante barbarie. En palabras del autor:

“Cuando uno nace y se desarrolla en ese ambiente taurino, acaba por creer lo más natural del mundo pegar bastonazos a unas vacas esmirriadas, llenas de mataduras, que ya venían apaleadas de otras fiestas… Cuando uno vuelve al lugar de aquellos juegos que le hicieron tan feliz y contempla a otros niños embruteciéndose con el mismo juego, de pronto, a uno se le abren los ojos y se le presenta con toda nitidez la crueldad humana.”

Antitauromaquia no da cabida a muchos de los pobres, falsos y peregrinos argumentos de los taurinos para defender las corridas, (ni falta que hace, pues se rebaten solos) aunque a mí sí me hubiera gustado que se hubiera mencionado lo siguiente:

-La tan cacareada vida “regalada” que los taurinos afirman que tienen los toros: según ellos, durante los cuatro o cinco años que viven antes de morir (en realidad menos del 5% llegan a los cuatro años), lo hacen a cuerpo de rey y solo al final de su vida, durante 15 minutos pueden sufrir un poquito. El destete se produce a los cuatro meses, y, para que no sigan mamando untan con pez ardiente los pezones de las madres para que estas impidan a sus hijos mamar. No habla de las marcas a fuego en vivo y las mutilaciones en las orejas. Ni que se les impide el contacto con las vacas. Ni que en el 80% de las autopsias hechas a toros lidiados se encuentran pruebas de sufrir enfermedades como tuberculosis, tumores, hepatitis…

-Tampoco habla de que el toro es un herbívoro y que, por lo tanto, su condición natural es la de huir, no atacar. Ataca cuando es enfurecido, o como reacción a torturas. No dice que 24 horas antes de ser toreado se le encierra a oscuras para que, al soltarlo, la luz y gritos de los cabrones que asisten al ruedo lo aterren y trate de huir saltando las barreras. ¡Huir, no atacar!, repito, aunque la sensación que da es la contraria. Además, los cuernos se le recortan en vivo, le cuelgan sacos de arena en el cuello durante horas, le golpean con sacos de arena en testículos y riñones, le inducen diarrea y le abrasan los intestinos al poner sulfatos y laxantes en el agua y comida para llegar débil. Se le untan con grasa y vaselina los ojos para dificultar la visión y en las patas una sustancia que le provoca ardor y mantenerse quieto. Además, le introducen bolas de algodón en las fosas nasales para obstaculizar su respiración. ¡Eso es querer al toro, y lo demás son tonterías, claro que sí! ¡Eso dicen los muy sádicos; que quieren al toro! ¿Realmente piensan eso? Muchos taurinos, incomprensiblemente, tienen animales de compañía. ¿De verdad pueden pensar eso? ¿Cómo pueden decir que aman a un animal y torturarle o ser cómplice asistiendo a la tortura gratuita de ese animal? Más bien creo que les avergüenza reconocer que tienen en su interior un componente sádico muy elevado.

Pero Vicent no habla de esto porque no es lo que pretende. Su misión es otra, en mi opinión: hacer ver lo incrustada que está en este país la lidia del toro, a pesar de que a día de hoy, más del 73% de la población no apoya las corridas, y sin embargo ahí siguen, pagándose con el dinero de nuestros impuestos y con millones de euros desviados de subvenciones europeas que podrían ser invertidos en fines mucho más necesarios.

El libro trata sobre todo de la historia española, de la división de los españoles en toros o toreros, de lo que gusta aparentar (aunque sea para rebajarse e igualarse a la chusma), de la matanza que comenzó en 1936; ridiculiza, y con razón, toda la parafernalia y teatro que gira alrededor de este mundo de sangre y hace hincapié en no ver por ningún lado ni el “arte” ni la “maestría” que muchos dicen ver en el toreo. Carga contra políticos de derechas y contra los de izquierdas que, ya en 1917 prometían eliminar las corridas, pero luego se dejan ver en los palcos. Desmonta taurochorradas evidentes como la de que Goya defendía la tauromaquia porque hizo grabados sobre ella (por esa misma razón se podría afirmar que le gustaban las guerras y los fusilamientos…), pone a bajar de un burro a ese borracho crédulo que era Hemingway, y trae a colación el tema de Cataluña y su posicionamiento en contra y muchos otros aspectos.

Con Antitauromaquia se aprende mucho de cómo ha sido y, por desgracia, sigue siendo España. Abundan las curiosidades. Por ejemplo, los petos de los caballos. Fue Primo de Rivera quien impuso el peto de los caballos en las corridas. Hasta entonces era normal acabar la corrida con dos o tres caballos muertos con las tripas fuera mientras el torero seguía a lo suyo. ¡Pues hubo manifestaciones y reyertas diarias con navajas durante algún tiempo!  (Aunque cabe decir que en realidad el peto no les protege, simplemente lo simula, pero solo sirve para ocultar las heridas y que el público no vea las vísceras. Alguna vez se han llegado a introducir los intestinos de nuevo y se han cosido las tripas para que aguanten. También a muchos caballos, para evitar relinchos de espanto y dolor, se les amputan las cuerdas vocales).

Pero Vicent no se limita a llamar tauromaquia al maltrato al toro. También habla de la divertida “fiesta” de tirar a una cabra desde un campanario, de arrancar el cuello de unos gansos colgados en una cuerda, de atravesar a un gato con siete espadas, de atar una lata al rabo de un perro y correrlo a palos, de las novilladas (en las que unos aturdidos, jóvenes –tan jóvenes que por edad podrían equipararse a bebés humanos– animales son torturados y humillados de manera atroz simplemente porque unos imbéciles se divierten así…)

Está claro que este país se merece los políticos que tiene al intentar por todos los medios mantener agonizante una barbarie que más pronto que tarde está abocada a su desaparición a pesar de sus desesperados intentos (bajada del IVA, declaración de BIN,…) de sacarla a flote.

Esta obra es una merecida crítica a la estupidez, brutalidad y crueldad que este país tolera en pleno siglo XXI. Son 84 textos cortos que cualquier antitaurino, animalista, o, en general, cualquier persona mentalmente sana, debería leer.

Antitauromaquia se completa con acertadas ilustraciones intercaladas de El Roto, fiel a su estilo sutil, de pocas pero afiladas palabras, que sientan igual que una espada clavándose en lo más hondo del corazón.

“La única emoción de la lidia consiste en sorprender dentro de uno mismo el deseo inconfesable, nunca reconocido, de que suceda la tragedia en el ruedo para poder contarla. ¿Abandonaría la plaza un buen aficionado si tuviera la certeza de que iba a morir el toro. En la corrida todo lo que no es muerte es tedio. ¿A qué buen taurino no le hubiera gustado estar en la plaza de Linares cuando el toro mató a Manolete?

Unas páginas cargadas de trágica verdad, crítica, denuncia y empatía, que no deberían hacer falta escribirse, pero que visto el panorama, se hace vital y necesario. Porque, a la larga, uno se acostumbra a todo y se desensibiliza con la exposición repetida de cualquier imagen, por cruel que parezca la primera vez. Este no es un libro duro, aunque tiene partes que lo son, pero sí es un libro que cuenta verdades como puños. Ojalá sirva para aportar un granito de arena para acabar de una vez con esa salvajada que identifica a este triste país. Hace mucho que va siendo hora.

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Matar al heredero, de Carlos Laredo

Matar al herederoMatar al heredero no es sólo una novela policíaca, ni siquiera es sólo una magnífica novela policíaca, es una magnífica novela policíaca del cabo Holmes, que viene siendo un género en si mismo y que a fuerza de mantenerse fiel a sus virtudes, conforme avanza la serie (y vamos por la quinta entrega) la relación con el lector se refuerza hasta la frontera misma de la devoción. A los seguidores de Holmes la aparición del libro es argumento suficiente para correr a leerlo, a quienes no lo conozcan les diré que desarrolla una investigación de un asesinato que es muy nuestra ya que el protagonista es un cabo de la guardia civil de un pueblo de la Costa de la Muerte, pero también porque el compromiso de Carlos Laredo con la literatura va siempre más allá de su caso y retrata brillantemente diversos aspectos de la sociedad en la que éste se desarrolla. Si en otras entregas se ha tratado de la droga o el poder del dinero, en Matar al heredero llama poderosamente la atención la relación entre amos y criados en los pazos y por extensión las relaciones de sumisión aparentemente de otra época que de un modo u otro perviven en la nuestra y que son terriblemente poderosas como motivo literario. Porque puede que hoy día determinados límites de esta relación sean desde luego más psicológicos que reales, más sociales que legales, pero eso no los convierte en inexistentes ni les resta fuerza.
El caso en sí presenta una característica diferencial fundamental, en el arranque del libro, si bien no se puede decir que se haya rendido, vemos a Holmes a punto de aceptar que es un caso irresoluble. Y si lo es para él hay que convenir en que lo es en términos absolutos. Afortunadamente uno es lo que es por sí mismo más lo que le suman sus relaciones y Holmes no sería quien es si su amigo César Santos, su contraparte, el detective pijo madrileño (en palabras del guardia civil) que le complementa y que a su manera representa todo lo que él no es. Cinco libros después su peculiar relación sigue funcionando igual de bien que en la primera entrega, o tal vez mejor porque es de esas parejas de tres, entendiendo al lector como el tercero, que aparentan una estabilidad a prueba de bombas. Hay que añadir el filón informativo que Holmes no acaba de aceptar y que se personaliza en Lolita, su mujer, y Marimar, el impagable personaje de inefable relación con César Santos: el de los rumores, las cosas que se cuentan en conversaciones de mesa de camilla que le son más accesibles a quienes más alejados están del aspecto formal de la investigación. Esas cosas que “todo el mundo sabe” y que efectivamente sabe todo el mundo salvo quien necesita saberlas para avanzar en el caso.
Pero no se rinde, claro, y la investigación nos adentra en un mundo que cambia de formas con el tiempo pero que mantiene su esencia relativamente inalterada, la relación de los poderosos con sus subordinados, los roles tradicionales de ciertos núcleos no sé si decir rurales pero que en cualquier caso son un mundo dentro de otro y parecen funcionar a otro ritmo, en otro tiempo. Avanza poco a poco, vamos conociendo datos con la prisa de la impaciencia pero la pausa del narrador que se sabe talentoso para dosificar los hechos y controlar el ritmo y aun así no quiere hacer trampas, ni soluciones de último minuto o argumentos ex machina. El compromiso con la realidad de Carlos Laredo no se limita a la construcción de los personajes, los escenarios o la sociedad, sino que se hace extensivo a la trama y a los procedimientos y los tiempos de la investigación criminal y la justicia, en este caso de la guardia civil. No se trata sólo de averiguar qué ha pasado sino de si se va a poder demostrar y cómo.
Hay sin embargo un cierto desencanto, o esa sensación tengo. No puedo abundar en ello para no desvelar más de la cuenta pero diría que Matar al heredero suscita una reflexión sobre la culpabilidad y el papel de eso que se ha dado en llamar autor intelectual de los crímenes. Si en ocasiones hay diferencias más o menos sutiles entre la justicia de las leyes y la de los hombres, hay un aspecto interesante a ese respecto: la frustración de los investigadores ante el paso más que saben que no pueden dar, la borrosa definición del éxito en una investigación policial.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Vicios del servicio, de César Blasco

vicios del servicio

vicios del servicioHace mucho tiempo, allá por el 2011, leí una novela de un autor que pocos conocían, Cesar Blasco, yo lo descubrí gracias a las redes sociales, al boca a boca como dicen unos, o boca oreja como dicen otros, aunque como estamos hablando de libros lo suyo sería decir “ojo a oreja”. “Penurias exquisitas”, fue un libro que recomendé mucho y que divirtió a casi todos los que lo leyeron. Un libro con una feroz crítica social en clave de humor.

Y hace muy poco descubrí que César Blasco regresaba con otro libro y desde ese momento ya quise saber cómo había sido la evolución de este autor.

También tengo que decir que la portada no me ha convencido nada, de hecho, de no saber que era un libro de este autor estoy absolutamente segura que jamás hubiese entrado en mis estanterías, porque no habría reparado en el, o directamente lo habría rechazado. Ahora, después de haberlo leído, sigo sin comprender el porqué de esta portada en relación con lo leído.

“Consol examinaba con gesto experto el retrete en los servicios de la celda que ocupaba junto a media docena de detenidas en las instalaciones de la comisaría de la Policía Autonómica de Les Corts. Había sido arrestada durante los disturbios que siguieron a la disolución por los Mossos d´Escuadra de una concentración no autorizada entre el Palau de la Generalitat en contra de los recortes sociales previstos en los presupuestos del Gobierno Autonómico para el 2012…”

Pues así empieza “VICIOS del servicio”, la nueva novela de César Blasco, contándonos que Consol, la mujer de Pere Gil i Puyuelo, un empresario catalán (o catalanizado) ha terminado detenida tras su participación en una manifestación. Y si bien su marido es un empresario que aprovecha todos los resquicios legales para ahorrarse todo el gasto posible en sus trabajadores, además de relacionarse “como se debe” para obtener contratos con la Administración autonómica, su curiosa esposa, una obsesiva de la higiene, se dedica a involucrarse en diversas actividades en algunas “oeneges”. La familia del empresario se completa con Paloma, la hija ultraconsentida del matrimonio, una joven acostumbrada a no hacer nada que mantiene una relación con un “perroflauta” (esto dicho desde mi más absoluto respeto) llamado Sócrates. También, y desde hace muy poco convive con ellos el padre de Pere, Miguel, un agricultor aragonés, que creará diversas situaciones interesantes en la novela.

Por otro lado, y no menos interesante, está la plantilla de la empresa, que está compuesta en su integridad por personas por las que el empresario obtiene pingües beneficios tanto fiscales como por parte de la SS.SS. Si leen los agradecimientos de la solapa del libro, verán que la corrupción es la gran protagonista, ya que nos encontramos ante un empresario que tiene, y sobre todo ha tenido en el pasado, negocios turbios con políticos corruptos.

Estamos en tiempos de crisis, la empresa tiene, como muchas pequeñas empresas familiares, multitud de problemas económicos, y todos deben arrimar el hombro; y cuando todos tienen que “poner” en lugar de “llevarse”, aparecen los problemas.

Humor negro y sátira por partes iguales; el egoísmo humano, ese que va más allá de la picaresca tan característica en nuestro país… Y en otros también, no vayamos a pensar que somos los únicos que queremos ganar mucho y pagar pocos impuestos.

Tengo que reconocer que en ocasiones no he sabido si reírme o sonrojarme, es lo que pasa cuando se está al límite del humor, esa delgada línea que separa el humor del horror.

Los personajes son todos absurdamente reconocibles, quiero decir que son, llevados al límite, representantes de nuestra sociedad, gente que se relaciona con nosotros todos los días, incluso alguno podemos ser nosotros mismos. Los capítulos en los que aparecen Remedios y Climet, dos de los trabajadores, me han recordado al teatro de lo absurdo de Eugene Ionesco aunque mucho más cercano a nosotros como el de nuestro gran Maura.

“VICIOS del servicio” es una novela que gustará a muchos de los que se acercaron a aquellas viejas pero tan actuales “Penurias exquisitas”, porque si uno de los objetivos del autor era conseguir con este libro horrorizar al lector hasta el punto de dudar entre la risotada y la vergüenza probablemente lo ha conseguido. Lo que no dudo yo y desde luego me creo, es que, como el propio autor nos dice, las editoriales convencionales hayan descartado este libro, pues su contenido, tan políticamente incorrecto, no solo no encaja con ellas, sino que podría ponerlas en apuros con muchos de sus lectores.

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Memorias de África, de Isak Dinesen

Memorias de África

Memorias de ÁfricaLlevo delante del ordenador más de una hora. Pensé que me resultaría muy fácil escribir esta reseña. Pero no. Llevo más de sesenta minutos mirando la barrita intermitente del procesador de textos. Como si estuviera esperando a que mis dedos comenzaran a deslizarse por el teclado y escribieran algo con sentido. Llevo más de un mes pensando en esta reseña, a pesar de que no fue sino hasta ayer que terminé el libro. Desde que empezara el año pasado, he escrito unas cuantas reseñas ya, pero esta es especial. Esta tiene que ser perfecta. En esta me tengo que dejar el alma.

El otro día me preguntaron que si en mis reseñas decía la verdad o si usaba mi imaginación para hilar algunas de las historias de los libros. Os puedo decir que, más o menos, el noventa por ciento de lo que escribo es totalmente cierto. Todas las reseñas las baso en mis experiencias personales, aunque a veces la imaginación que surge al estar delante de un papel en blanco hace que experimente con otras técnicas. Pero hoy os vengo a contar la verdad. Pura y llanamente.

La semana pasada volví de un viaje inolvidable. Pasé unos días en Kenia, viviendo experiencias que ni siquiera podría haber soñado. Con la ocasión del viaje, decidí leer Memorias de África. Era el momento, ya que tampoco había visto la película. Mi intención era leerlo antes del viaje, pero por unos motivos u otros, no pude. Así que lo leí en España, al regreso, con los sentimientos todavía a flor de piel. Y es la mejor decisión que podría haber tomado.

Isak Dinensen es el seudónimo tras el que se esconde la baronesa Karen Blixen —Meryl Streep en la adaptación cinematográfica—. En el libro nos cuenta la aventura que vivió al buscar su futuro en África, una tierra lejana y desconocida que aportaba tantas oportunidades como desgracias. Allí, todo lo vivido y aprendido en Dinamarca de poco serviría para sobrevivir entre las costumbres de las tribus de Kenia. Tendría que aprender a adaptarse y a entender aquella maravillosa tierra que tanto le prometía.

Después de una semana en España, todavía cierro los ojos y puedo ver la sabana de Masai Mara, con Serengeti como lejano horizonte. Puedo sentir la lluvia densa y tropical que limpió el cielo de una Kenia que rezaba por ver el agua de nuevo. Puedo oír los cánticos de bienvenida que los masáis nos regalaron cuando nos acogieron en su poblado durante unas horas. Puedo revivir el miedo que sentí al atravesar en barca el lago Naivasha, donde viven decenas de hipopótamos. Puedo ver de nuevo la puesta de sol a través de las acacias y la inmensidad infinita del territorio Kikuyu.

Y lo mejor de todo es que al leer Memorias de África volví a experimentar todas esas sensaciones de nuevo. Karen Blixen es una magnífica narradora, que parece tener una facilidad enorme para ponernos en su piel y enseñarnos a través de su pluma lo que sus ojos veían. Mujer blanca y cazadora en un territorio de hombres negros, supo agradecer todo lo que Kenia le dio. Luego aparecería Denys Finch-Hatton —ya sabéis, Robert Redford—, un cazador profesional, que sería un pilar imprescindible en la historia de Karen.

No sé si es el libro ideal para aquellas personas que estén buscando una historia de amor como las de antes. Aquí, la protagonista, es la ambientación. Karen nos describe Kenia con profundidad, tanto que es capaz de transportarnos allí. Hace un trabajo que bien podría ser considerado de investigación, mediante el que nos hace cómplices de la vida en la tribu. Nos explica con asombrosa exactitud las diferencias entre la tribu Kikuyu y la Masai. También entre las tribus del norte, las de Somalia. Tribus tan cercanas y a la vez tan distintas. Religión, costumbres, aprendizaje, cultura… todo diferente.

Si no conoces Kenia, es una oportunidad maravillosa para dejarte cautivar por sus paisajes de la mano de Karen. Si has tenido la suerte de pisar sus tierras y descubrir sus sabanas, leer este trocito de literatura contemporánea te ayudará a revivir todas aquellas sensaciones que seguro se quedaron grabadas en tu piel. Yo todavía necesito bajar de la nube. Asumir dónde he estado, qué he visto y qué he hecho. Aunque en mi mapa ya he puesto una banderita en este país tan increíble, todavía no he asimilado el hecho de que yo haya estado allí. Me imagino que, cuando viajas a un sitio tan mágico, al final parece que todo ha sido un sueño. No sé si he cumplido mi objetivo de dejarme el alma en esta reseña, pero os aseguro que la he escrito con los pelos de punta, reviviendo cada segundo que respiré en aquella lejana tierra y teniendo la esperanza de que, si esto ha sido un sueño, todos los que vengan sean así.

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Wonder Woman: La verdadera amazona, de Jill Thompson

Wonder Woman: La verdadera amazona

Wonder Woman: La verdadera amazona

Reconozco que no soy lector habitual de cómics de superhéroes; es un género literario que me atrae, pero pocas veces me atrevo, bien porque siento que me va a faltar conocer algo de la historia previa, o porque creo que no voy a poder seguir el resto de la colección y me voy a perder todo lo que ocurra después del tomo que he conseguido. Pero he tenido la suerte de que mi pareja se haya comprado este Wonder Woman: la verdadera amazona, y conociéndome como me conoce, cuando lo ha terminado entre lágrimas me ha dicho que debía leerlo sin preocuparme, porque era una historia preciosa y autoconclusiva.

Jamás entenderé el desprestigio que tienen los cómics, considerados por muchos un género menor de la literatura, cuando hay piezas como Wonder Woman: La verdadera amazona, de Jill Thompson que son verdaderas obras de arte. Cuenta la historia de las amazonas utilizando las raíces de la mitología griega, para enlazar con la historia personal de Diana, quien más tarde se convertiría en Wonder Woman, contada muy al estilo de una tragedia griega. Dura menos que novela, pero se disfruta de una forma mucho más intensa, gozando la narración acompañada por cada dibujo.

Tengo que decir que he disfrutado una barbaridad este libro. No sé si rompo algún estereotipo, pero llamarlo “cómic” no me parece del todo apropiado; es una edición de lujo, con tapa dura, de esas que da gusto tener entre tus manos. El dibujo es fantástico, de esos que te hace quedarte dos minutos mirando una viñeta solo para disfrutar del trazo de las líneas, del color, de la expresividad de los rostros, del movimiento… La belleza salvaje y demoledora de las amazonas, los pintorescos paisajes, los grotescos enemigos que tendrán que derrotar… Cada imagen es como un cuadro precioso, como una historia en sí mismo. Encumbramos a narradores por el arte de contar historias con palabras, pero Jill Thompson nos cuenta una gran parte de la historia con imágenes, reforzadas con las palabras justas para formar una historia digna de los más grandes novelistas.

He leído Wonder Woman, la verdadera amazona con las emociones a flor de piel y el corazón dándome brincos a cada poco. Si miráis la portada, veréis la pesadumbre en los ojos de Diana. Y es una emoción que transmite perfectamente esta obra. Es un libro que vibra en las manos, probablemente por toda la energía que contiene y la pasión que transmite. Para un no-iniciado como yo en las tramas de uno de los personajes no tan conocidos de DC como Batman o Superman, este ha sido un descubrimiento del que sin duda quiero más, y si hay más cómics por ahí con tanta calidad en el dibujo y en el guion, quiero descubrirlos todos.

 

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Las defensas, de Gabi Martínez

las defensas

las defensasHay vidas que dan para un libro, y es una lástima que sus protagonistas no suelan pedirle a un escritor que se lo escriban para que podamos conocerlas. Sin embargo, Domingo Escudero sí lo hizo. Un día de Sant Jordi, se acercó a Gabi Martínez y le ofreció su historia, la de un neurólogo que se había vuelto loco durante una etapa de su vida. Igual que hubiera sido apasionante para sí mismo tratar como médico su propia enfermedad, pues era un caso excepcional y ni siquiera se conocía todavía el tipo de trastorno estaba padeciendo, también lo fue para Gabi Martínez desde el punto de vista literario y aceptó el reto de novelarlo.

Así surgió Las defensas, una historia narrada en primera persona por Camilo Escobedo, un neurólogo que rememora su vida desde el psiquiátrico para dilucidar cómo ha acabado allí. A través de su relato, recorre no solo los últimos treinta años de su vida (su matrimonio y paternidad por inercia, su obsesión por la neurología y especialmente por las enfermedades autoinmunes, su acoso laboral…), sino también los acontecimientos que han marcado España, en general, y Cataluña, en particular, desde la Transición hasta hoy.

La deriva de Camilo Escobedo es extrema y, aun así, la mayoría de los lectores se verán reflejados en muchos de los episodios que protagoniza. La historia retratada en Las defensas cuestiona la forma de vivir de nuestra sociedad, en la que la presión del entorno determina cómo debemos ser y a qué debemos aspirar, tanto en el ámbito personal como en el laboral, aunque ello suponga altas cotas de estrés y de frustración que van mermando nuestra salud física y mental. Y, además, pone en el punto de mira el sistema sanitario desde varios frentes. Por un lado, denuncia el corporativismo y los abusos de poder. Y, por otro, aboga por un nuevo enfoque de las enfermedades neurológicas, que tenga en cuenta que es posible curarlas y que «se puede llegar a los sentimientos leyendo el lenguaje del cuerpo».

Pese a lo que pueda parecer, no es suficiente contar una historia real y contextualizarla en un entorno que todos conocemos para que sea verosímil. Por eso Gabi Martínez ha ficcionado los hechos para crear una novela creíble, sin aclarar cuánto de lo que relata ha sucedido de verdad y cuánto es fruto de su imaginación. Y es que, como dijo Juan Rulfo, la literatura es una mentira que dice la verdad. Las defensas en un buen ejemplo de ello: la ficción de Gabi Martínez no se ciñe a los hechos tal y como sucedieron, pero hace que el lector se tope con esa realidad que tiene ante sus ojos y que no siempre se atreve a enfrentar. Ni siquiera a su protagonista de carne y hueso le han importado esas licencias, pues la novela inspirada en su vida ha transmitido esa verdad que quería reflejar.

Hay vidas que dan para un libro, como la de Domingo Escudero, pero en manos de un escritor como Gabi Martínez, además se convierten en buena literatura; esa que nos hace ver más allá de una vivencia particular para descubrirnos a nosotros mismos.

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Másters del multiverso, de Sergi Escolano

másters del multiverso

másters del multiversoEl humor ya no es lo que era. Ahora existen ciertos límites. Fronteras, custodiadas por seres que nacieron ofendidos, que no se pueden traspasar. Y si lo haces debe ser en petit comité; en la intimidad de lugares clandestinos. Como ese grupo de whatsapp que todos tenemos, en el que el libre albedrío campa a sus anchas y en el cual, normalmente, salen a colación temas que de hacerse públicos te convertirían en el enemigo público número uno del estado (si no contamos al Gran Wyoming) por haber ido demasiado lejos, y que posiblemente, y más importante, harían sonrojar a tu pobre abuela.

Así pues, cuidado, que nadie se percate de que cuentas chistes de humor negro antes de que el cadáver se haya enfriado. Ojo con reírte de mi tendencia política. A la iglesia y a mis creencias, ¡ni tocarlas! ¿Y a las demás? A las demás sí. ¿Puedo hacer chistes sobre tu suegra? Sí. ¡Pero si está muerta! No importa, con las suegras no hay veto. Y si al final decides hacer partícipe de tus chistes al resto de mortales, que sepas que tal vez debas pagar un peaje. Unos cuantos chistes de 140 caracteres pueden conseguir que des con tus huesos en la cárcel. (Y luego nos quejamos de los peajes en Cataluña). Que levante la mano el que todavía espera que los magistrados de la Audiencia Nacional salgan con sendas narices de payaso, presionándoselas como si se estuvieran palpando el escroto en busca de un tumor, para anunciar: “¿Cómo están ustedes? Era todo una broma amiguitos”. En ocasiones, sobre todo cuando ocurren este tipo de hechos anacrónicos con el humor como principal diana (subterfugio de motivos más oscuros y represivos) me pregunto si no estaré viviendo en una realidad paralela. Una en la que el humor, antaño usado para arrancar sonrisas, se esté convirtiendo en un arma necesaria que esgrimir contra la solemnidad, la caspa, el puritanismo y la corrección congénita. Si esto es así, Másters del multiverso de Sergi Escolano es un (tomad nota trío de las Azores) arma de destrucción masiva.

En Másters del multiverso, publicada por la editorial Pez de plata, acompañaremos a Boni en sus aventuras por diferentes universos paralelos. Boni no es más que un chaval normal, algo friki, pringado y pagafantas que bebe los vientos por Carla, una choni que está enamorada del matón del barrio. Un buen día Boni descubre a un tipo clavado a él que dice ser un viajero interdimensional. Boni se unirá a ese extraño viajero para eliminar a Hades, el villano de turno que planea destruir todo el multiverso. Para evitarlo deberá trasladarse a diferentes realidades, a cual más estrafalaria. Con este pretexto Sergi Escolano nos embarca en una novela de ciencia ficción con grandes dosis de humor. Irreverente como en la serie de animación Rick y Morty. En ocasiones absurdo al más puro estilo Monty Python. En otras, y valiéndose de esas otras realidades, repleto de sátira; un humor patrio que en ciertas ocasiones puede recordar al de Pablo Tusset o a las tiras cómicas de la revista El Jueves. Y aunque el humor es el principal aliciente de la novela, cabe destacar que el autor, licenciado en física teórica, explica con soltura, y en un lenguaje muy ameno, qué es eso de las realidades divergentes, que no paralelas. Además, y a lo largo de la novela, realiza un bello homenaje a la literatura, en particular a autores como Borges, Ray Bradbury, Orwell o Philip K. Dick.

Es incuestionable que el punto más fuerte de la novela es su humor satírico; humor que en ocasiones alcanza niveles corrosivos comparables con la sangre de un Alien. Y es que Sergi Escolano lanza dardos, a dos manos, con destino a todo lo que en nuestro país huele a naftalina, y acierta, con buena puntería, transformando en brotes de hilaridad y en carcajadas sonoras tristes acontecimientos de nuestra historia u organizaciones (¿mafiosas?) a las cuales nos hemos acostumbrado, peligrosamente, a que rijan nuestras vidas. Políticos, telebasura, religión católica (aquí es cuando alguien dice: seguro que con el Islam no se atreve), sexo, runners (Escolano echándole huevos) y estupidez a nivel global; todo ello se convierte, mediante la afilada escritura de Escolano, en algo susceptible de convertirse en un sketch humorístico. Es por ello que en Másters del multiverso encontrareis lugares en los que la industria de la televisión controla el estado, convirtiendo a la población en amebas babeantes de tanto ver programas del corazón y escuchar reggaetón. En otra realidad paralela (perdón, divergente) descubriremos que los nazis ganaron la guerra (todo buen libro tiene nazis) y que tanto Hitler como Franco, convertidos en dos vejestorios mitad hombres mitad máquinas, gobiernan medio mundo. Así hasta cinco lugares en los que los acontecimientos que conocemos ocurrieron de forma distinta.

Másters del multiverso se lee prácticamente de un tirón, y a pesar de que la novela tiene ciertos altibajos, chistes con menos gracia y un clímax del cual se podría haber esperado algo más épico, absurdo o menos predecible, engancha desde la página uno. Esto es debido, sobre todo, a esa facilidad que el autor (muy ducho como guionista) tiene con los diálogos. De hecho, en más de una ocasión da la sensación de estar leyendo el guion de un programa de humor en el que se van entrelazando diferentes sketches. Esa sensación se acrecienta cuando Sergi Escolano nos regala, una vez traspasamos el final de la aventura, escenas eliminadas y tomas falsas que dan el remate final a un libro extravagante, mordaz y divertido que hará las delicias de todo aquel que goce de un sentido del humor en plena forma.

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Derecho Natural, de Ignacio Martínez de Pisón

Derecho Natural

Derecho NaturalSi hay una nueva novela de Martínez de Pisón, ya me interesa. Así son las cosas, porque hoy por hoy es uno de los narradores a los que más me gusta leer. Es posible que la historia que cuenta guste más o menos, pero de lo que no hay duda es de la calidad de lo que vamos a leer.

Ya les adelanto que en general también las historias me gustan, me entretienen, y en muchos casos, como ha sido este, me han resultado mucho más interesante de lo que en un principio esperaba.

Es decir, si esperaba mucho, he obtenido más.

Con esta frase empieza el libro: “Mi padre no siempre se pareció a Demis Roussos”. Así de sencillo y así de fácil ha sido que este autor cree en mí esta necesidad de conocer más sobre lo que sigue a esas nueve palabras.

Derecho Natural ha recibido el Premio Nacional de Narrativa, y, sinceramente, no me extraña en absoluto; lo merece, y eso que yo no soy ni de premios ni de lisonjas, pero si alguna novela le ha salido redonda absolutamente, yo diría que es ésta.

Una historia que nos cuenta Ángel en primera persona, un relato familiar que llega al lector, porque es un buen retrato de la época de la que nos habla, la Barcelona de los años setenta y el Madrid de los Ochenta. Lugares que pueden ser representativos de lo que ocurrió en casi todas las capitales de provincia de este país. En definitiva, una España reconocible por todos nosotros.

Pero en Martínez de Pisón siempre hay algo más, ese algo más son sus personajes, tan ciertos y honestos que el lector se los cree, yo me los creo; no los hay carentes de personalidad ni desdibujados, todos están en su papel, todos forman parte de la historia que transmite, de la historia que forma parte de la Historia para que todo encaje.

Yo estudié unos años Derecho, aprobé, y no con mala nota, Derecho Natural, era una asignatura que me gustaba, no era fácil pero sí interesante. Hoy ya no se llama así, pero el Derecho Natural como la Filosofía del Derecho son asignaturas como hechas para mí, porque de no haber iniciado esa carrera seguro que me hubiese gustado hacer Filosofía, esa que dicen que ya no sirve para nada pero que todos los estudiantes de medicina, biotecnologías y diversas ramas de la ciencia buscan para organizar su propia mente y su propia alma.

Pero estábamos hablando de Derecho Natural, del Derecho Natural que nos trae Martínez de Pisón, de esas historias familiares que son al mismo tiempo historias para mostrarnos la España de un tiempo concreto, además del comportamiento humano en las situaciones normales o anormales de la vida.

A mí, esta forma de relatar del autor, me recuerda a los grandes autores de aquellas sagas familiares rusas que todos tenemos en la mente, pero también se me dibujan en su escritura hombres como Pio Baroja o Sender y en ello coincido plenamente con el crítico y también autor, Antón Castro, aunque para mí, también anda presente por sus palabras mi querido Delibes, y es por ello que para algunos es un autor catalogado como clásico, incluso hay quien opina que es un autor que no arriesga.

En mi humilde opinión les diré que Pisón consigue sus objetivos sobradamente. Su forma de escribir crea lectores, fusiona cercanía y calidad, y en esta ocasión nos lleva a una transición en la que veremos ese tiempo del nacimiento de la democracia desde su parte más humana, la transformación de las personas, que al final es lo que lleva a los cambios sociales.

Cambio físicos y mentales que nos irán mostrando cada uno de los personajes sin que apenas nos demos cuenta de lo que están describiendo; la vida en tránsito, la mujer en tránsito, la sociedad en tránsito, la familia en tránsito, y cada uno de los personajes reinventándose como buenamente puede.

Cuando estas cosas se cuentan en primera persona suelen atar al autor a un ritmo dado, pero Pisón sabe moverse por el tiempo y el espacio sin que el lector aprecie el efecto, haciendo fácil lo que para otros autores es imposible, de hecho en algunos suena tan poco natural que puede parecer moderno o arriesgado, cuando lo que realmente hay es falta de pericia literaria.

Una historia que me ha conmovido, divertido, entretenido, me ha hecho recordar el gusto por leer sin que haya una traducción de por medio, me ha hecho reflexionar sobre el buen trabajo que desarrollan estos autores que dejan por escrito las huellas de nuestro pasado, pero poniendo al ser humano en primer plano, hablando de aquellas cosas que parece imposible poder pasar del plano particular al general… Y eso es lo que pasa con el Derecho Natural, con ese derecho no escrito, el que brota de nuestra propia especie, de nuestra básica condición humana.

Como ven, en esta ocasión no me ando por las ramas y les digo que lean a Martínez Pisón e intenten descubrir si hay algo más allá de las palabras, pero si no quieren ustedes hacer ese trabajo lector, léanlo y sencillamente disfruten.

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El retorno del Buda, de Gaito Gazdánov

El retorno del Buda
El retorno del Buda

No creo arriesgar mucho si les digo que Gaito Gazdánov es uno de los pocos autores de los que se puede decir que es genuinamente original. No lo digo porque la temática sea especialmente sorprendente, El retorno del Buda es la historia de alguien injustamente acusado de un crimen que se ve en la necesidad de demostrar su inocencia, sino porque su tono, su manera de contarlo, es de esos tan personales que si hubiera que definirlo mediante su comparación con algún otro autor más conocido la tarea sería francamente complicada.
Tal vez podría justificar mi afirmación en el hecho de que el protagonista sufre con cierta frecuencia una suerte de crisis en las que vive en una realidad paralela sin estar especialmente seguro de en cual de ambos lados se encuentra o en que esa otra existencia es en cierto modo surrealista. También podría hacerlo diciéndoles que la víctima es a su vez un buen amigo del protagonista al que conoció como un pordiosero y que en su segundo encuentro era un millonario. Pero créanme que no es tanto una cuestión de fondo como de estilo, Gaito Gazdánov tiene una forma de narrar adelantada a su tiempo (nació en 1903 y murió en 1971) e incluso al nuestro y tiene un don para mantener intrigado al lector en todo momento. Quiero decir que en un relato al uso a uno le intriga qué es lo que va a suceder, mientras que en El retorno del Buda lo que le inquieta es lo que está sucediendo.
Debo decir que en pocas páginas el autor construye a sus personajes brillantemente, con una sorprendente profundidad teniendo en cuenta, además, que están tan alejados de los tópicos como lo están la trama o el estilo narrativo del autor. Y son muchos los personajes llamativos, y no menos las situaciones sorprendentes que afrontan siempre desde su particularidad.
El propio protagonista es un tipo peculiar, especialmente en su forma de expresarse y en la de razonar, siempre desde una altura intelectual poco acostumbrada y con un compromiso con la racionalidad que raya en ocasiones en una frialdad sobrehumana (tal vez no sea “sobre-” sino “para-” o vaya usted a saber, en cualquier caso humana no parece).
El escenario principal, y me refiero de los reales, es París, algo que ya es un activo en sí mismo literariamente hablando. El París del exilio ruso, o de los exilios porque el acomodado y el miserable parecen mundos opuestos, aunque íntimamente relacionados.
El retorno del Buda es uno de esos libros con los que se establece una relación que va más allá de la que el lector suele mantener con sus lecturas, su originalidad y la extraña relación del protagonista con la realidad, de algún modo contagiosa, convierten su lectura en una experiencia vital extrañamente gratificante.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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El juego de Ender, de Orson Scott Card

El juego de Ender

El juego de EnderTengo que reconocer que hay unos pocos libros que releo asiduamente. A veces necesito leer algo que sepa exactamente qué efecto va a causar en mí, qué tipo de reflexiones me va a generar y que su lectura va a valer el tiempo que le voy a dedicar. Y uno de los libros que más veces he leído en mi vida es El juego de Ender, así que comprenderéis que me haya alegrado muchísimo cuando he podido comprar la nueva edición en tapa dura que ha sacado Ediciones B, para dar descanso a mi vieja y manoseada edición de bolsillo.

Quizá os sorprenda que me guste releer libros. Hay mucha gente que no lo hace nunca, por principio. Pero quizá sea porque no han dado con el libro adecuado. Hay libros que agradecen o que incluso necesitan más de una lectura. La primera lectura de El juego de Ender tiene muchas recompensas, es vibrante, emocionante, sorprende con sus planteamientos y lanza multitud de ideas y debates al lector. La trama ubica a la humanidad en una situación inquietante, la de tener que prepararse contra una tercera invasión alienígena, pero centra toda su atención en la escuela de batalla en la que se forma a los cadetes espaciales que lucharán contra el enemigo y en el alto mando militar. Pero también agradece una segunda lectura, en la que fijarse en los detalles de personalidad de Ender, nuestro protagonista, y de los que le rodean. ¿Es malo el Coronel que pone a Ender contra las cuerdas, obligándole a dar todo de sí mismo? ¿Tienen motivos los enemigos de Ender para odiarle? ¿Qué les ha llevado a ser así? ¿Son los insectores una raza despiada? ¿Somos nosotros peores que ellos? Oh, sí, una segunda lectura puede refrescar un debate intelectual propio muy interesante y fructífero, aunque se sitúe en un futuro hipotético, muy del gusto de los amantes de la ciencia ficción dura y los libros bélicos.

¿Entonces nos encontramos ante un simple libro de ciencia ficción o de literatura bélica? Hay libros que trascienden completamente el género al que pertenecen, y pasan a convertirse en clásicos de la literatura universal. Decir que El juego de Ender es un libro de estos géneros literarios sería ser muy reduccionista. Por supuesto que lo es, pero también es mucho más. Es una joya que analiza a la perfección muchas facetas de la mente humana, como el instinto de supervivencia individual y como especie, los lazos interpersonales, el amor y el odio que sentimos hacia las personas brillantes que nos rodean…

Es un libro con el que muchos nos podemos sentir identificados. Ender no tiene una vida fácil, desde el inicio tiene que competir con otros niños, que le odian cada vez que hace algo bien, se burlan de él a cada oportunidad que tienen, e intentan eliminarlo como sea por el mero hecho de no integrarse con el resto del grupo. Ender tiene que ganar El Juego como sea, y no solo tiene que ser el mejor, sino que tiene que superar obstáculos a los que ningún otro niño de su edad tiene que enfrentarse. ¿Cómo reaccionar a situaciones así?

Reconozco que me emociona enormemente este libro. La trama me parece genial, y supongo que el hecho de que sea uno de los pocos libros que se siguen reeditando constantemente, después de 30 años de su primera publicación, dice mucho de él. Me sigue haciendo reír y llorar, me hace deleitarme con muchas de sus páginas, detenerme a pensar qué haría yo si estuviera en la situación de Ender o de los otros personajes que pasan por la historia. El juego de Ender es uno de esos libros que hay que leer, tanto por la historia como por el crecimiento personal que se obtiene al responder a los dilemas que nos plantea.

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