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Putas asesinas, de Roberto Bolaño

Putas asesinas

Putas asesinasRecuerdo leer la contraportada del libro con ese «el mejor Bolaño» entre otras frases de promoción y pensar que era solamente esto, pura promoción de un libro que ya se conoce del autor, que ha sido reeditado por otro sello y que busca volver a venderse. Y me da rabia tener que decirlo – no sé por qué me la da pero me la da – pero es que es cierto, es Bolaño en estado puro. Si en la reseña de El espíritu de la ciencia-ficción dije que se empezaban a ver los rasgos de lo que sería Bolaño poco tiempo en adelante, aquí no puedo más que decir que nos lo encontramos en todo su esplendor, sin olvidar que fue este su último libro de cuentos publicado en vida. En Putas asesinas los dedos de Bolaño siguen riéndose de todos nosotros. Los dedos, él no, él nunca rio.

Cuando leo a Bolaño me es inevitable compararlo con lo que yo veo que es la vida: algo así como una película en la que te han hecho spoiler pero que de todas formas en cada uno de sus giros te sorprende y siempre, siempre, pero siempre, te da la sensación de que oculta algo. Sobre todo esto último. Leer a Bolaño es saber que habrá cosas inalcanzables, para ti, para mí, para todos, cosas inalcanzables que te golpean mientras lees, que te estiran de la camiseta, que te dan pellizcos y que se burlan de ti porque saben, porque están seguras de que nunca llegarás a descifrarlas. Acabas de leer, pasas la página, vas al siguiente relato y ves cómo esas cosas se van quedando en el relato anterior mientras te dan un último adiós burlón. No sé cómo lo hace pero lo consigue en cada uno de sus libros. Y tú te enganchas.

Hablo de relatos, sí, porque es lo que contiene este libro. Putas asesinas son doce relatos con título cogido del séptimo de ellos. Vamos a encontrar putas, claro, probablemente como él las veía al salir de su casa en el Carrer Tallers de Barcelona. Pero este es un punto anecdótico. Porque detrás del hijo que acompaña a su padre de vacaciones, detrás de B, detrás de Arturo Belano, detrás de Buba, detrás de los niños castrados, detrás de las propias putas está ese algo más que es lo que te lleva a seguir leyendo a Bolaño. Te olvidas de que te hace gracia que use iniciales en sus personajes a lo Kafka, te olvidas de que muy probablemente haya mucho de autobiográfico en lo que te está contando, incluso llegaría a decir que te olvidas de ese narrador socarrón que se burla incluso de su propia narración y duda de ella y te hace dudar a ti, y juega contigo. No importa tanto lo que cuenta sino cómo lo cuenta o mejor dicho, cómo cuenta lo que no cuenta.

Coger Putas asesinas es como coger un caleidoscopio y poner el ojo en él: vas viendo toda una heterogeneidad de figuras o incluso, si te pones romántico e ingenioso, de historias pero siempre desde un mismo objeto que es el que tienes entre manos. Iba a decir que cada libro de cuentos de Bolaño es un caleidoscopio distinto que ofrece figuras distintas que convergen siempre en un mismo punto, un punto desconocido, alephiano, imposible. Pero no, hagámoslo más grande: todo libro de Bolaño es un caleidoscopio, da igual que sea de relatos o no. Porque al igual que en sus relatos, en sus novelas Bolaño también sabe cambiar el terreno, sorprenderte, dejarte – como diríamos – en bragas.

Yo siempre recomiendo leer a Bolaño y parece que ahora Alfaguara se pone de mi parte llegando con fuertes pisadas a las librerías, para que lo veas, para que te intereses en su nombre y quizás te digas, ¿pero este no era el que publicaba con Anagrama? Y quizás solo por eso cojas su libro, lo hojees y, de repente, te des cuenta de que tu vida ha cambiado. Bolaño es capaz de eso y de mucho más, pero yo, perdonadme, aún no he sabido descifrar ese “mucho más”. Lo reconozco, soy un simple títere de Roberto Bolaño.

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El arte de escribir, de AA.VV

El arte de escribir

El arte de escribirYo tengo letra de elfo, es un hecho. Mi caligrafía es muy de Rivendel. También me han comentado que se parece a la caligrafía griega (esa que los de humanidades hemos estudiado tan bien).  No sé, orejas puntiagudas no tengo, pero sí es cierto que los trazos de mis letras son entre afilados y oblicuos y que algunas de mis grafías son un tanto personales. Una cosa mu’ rara, qué queréis que os diga. Hay gente a la que le gusta y gente a la que no, pero eso ya me da más igual. Es legible, que es lo que cuenta.

Lo cierto es que hoy en día existe una moda en torno al arte de escribir. Puede que Mr.Wonderful  y su tipografía tengan la culpa. Os guste más o menos, hay que reconocer que ellos han sido pioneros en esto de la tipografía bonita. De hecho, hay un montón de gente que les ha copiado vilmente su sello. Supongo que cuando te copian es porque eres bueno. Lo malo es que ya estamos un poco saturados de ese buenrollismo de lettering, ¿no os pasa?

El arte de escribir es una de las novedades de Ediciones B y su portada es muy Mr. Wonderful. No fue eso lo que me incitó a leer el libro. Siempre me han fascinado las letras bonitas. Me gusta conocer la caligrafía de las personas porque creo que a través de ella podemos descubrir muchas cosas de su personalidad. Nuestra letra dice mucho de nosotros. Y a mí, además de letra de elfo, me gustaría aprender a hacer diferentes tipos de letras y este libro es genial para iniciarse.

¿Qué necesitamos? En primer lugar lápiz y goma, por supuesto. Hay que aprender de los errores. También necesitaremos rotuladores uniformes y rotuladores gráficos. Y, claro, un poco de paciencia y tiempo libre. Este es un libro para tomárselo con calma, para disfrutarlo. La verdad es que relaja muchísimo esto de aprender a usar nuevas tipografías.

El libro está compuesto por una introducción en la que se nos habla sobre las diferencias entre caligrafía, tipografía y lettering y se nos presentan los materiales necesarios y las aplicaciones de la caligrafía hoy en día. Después pasamos a la práctica: como si de un cuadernillo Rubio de caligrafía se tratara, este libro nos presenta diferentes tipos de letra (lineal, gota, oval, masa o pergamino, entre otras) y un espacio para que practiquemos. Encontraremos un mensaje buenrollismo escrito con dicha tipografía para que, una vez la hayamos practicado, podamos copiar. Un “seamos realistas, hagamos lo imposible” o un “la vida es bella” de manual, pero con nuestro propio sello.

Por último, El arte de escribir nos ofrece un montón de consejos y usos para todas las tipografías que hemos aprendido como etiquetas para regalos, invitaciones, marcapáginas o láminas. ¡Es hora de ser creativos!

Voy a ver si salgo de mi zona de conforto élfica y me animo a crear un poco. La idea de los marcapáginas me seduce mucho, creo que empezaré por ahí.

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La noche de tus ojos, de Sandra Andrés Belenguer

La noche de tus ojos

La noche de tus ojosConocí a Sandra Andrés Belenguer gracias a la lectura de Ex libris, un libro que me hechizó por completo hace ya bastantes años. Por ello, cuando supe que iba a sacar una nueva novela y leí su sinopsis, sabía de sobra que la iba a leer en cuanto saliera al mercado. Incluso para aquellos que no conozcan a esta autora y su magnífica pluma, es difícil resistirse a una portada y un título como los de esta. Evocador y misterioso a partes iguales.

La noche de tus ojos comienza en Dublín, con unos asesinatos que parecen seguir el mismo patrón, que traen de cabeza al inspector de policía Gallagher. Pero también comienza con la historia de Aidan y Ciara, dos jóvenes cuyo pasado y presente les unirá y les cambiará por completo.

Una de las cosas que más me han gustado de esta lectura ha sido el misterio que la rodea, uno de los ejes principales de la novela, que también he querido reflejar a mi manera en esta pequeña sinopsis. Misterio en el que ejerce un papel muy importante la ambientación creada por Sandra Andrés Belenguer. La gran cantidad de detalles plasmados y la ambientación de las calles y las afueras de Dublín es impresionante y me trasladó por completo allí, a pesar de no haber estado nunca (aunque me muero por ir, he visto continuamente sus paisajes en la serie Vikings).

Además, esta gran cantidad de detalles también es reflejada por la autora a través de su narración. Una narración, a su vez, fluida y llena de detalles en la que la autora demuestra que es una gran experta utilizando las palabras. Y esto me ha parecido vital en el desarrollo de esta novela, ya que crear cada una de las historias a través de las palabras es muy difícil. Y me refiero a que crear una historia en la que los malos tratos, la nostalgia, el amor y la familia es realmente muy complicado respecto a los sentimientos que quiere generar el autor hacia los lectores.

Es difícil no emocionarse al descubrir las historias de Ciara y de Aidan, tan similares pero lejanas en el tiempo. Sin embargo, es tan fácil empatizar con ellos que te olvidas de que la ira que están sintiendo por todo lo vivido se va a hacer presente en el papel y van a perder, en ocasiones, su identidad. Este aspecto también me ha encantado, puesto que creo que los héroes y los villanos ya han tenido sus miles de historias. Ya ha llegado el momento de crear personajes humanos, con sus matices de grises, con sus errores y sus momentos de debilidad. Porque todos los que aman a alguien y son capaces de dar toda su vida, incluso lo malo, también deberían poder ser héroes. ¿No creéis?

Por esto, creo que, en especial, personajes como Aidan hacen cada vez más falta tanto en los libros juveniles como este como en los libros para adultos. Porque todos necesitamos que nos recuerden alguna vez que merecemos ser perdonados. O quizás no, pero merecemos aunque sea que nos juzguen por quiénes somos en realidad y por lo que hemos vivido.

La noche de tus ojos es una historia de amor, familia y misterio. Pero también es una historia sobre el peso del pasado y la trascendencia de nuestros actos, que no se pueden borrar jamás de nuestras memorias. Es increíble cómo la autora logra crear un vínculo tan estrecho entre los lectores y los protagonistas de esta lectura, hasta el punto de sufrir y amar junto a ellos. Como ya he comentado anteriormente, me ha encantado la forma en la que la autora ha sido capaz de mostrar que en la vida no existe solo el bien y el mal, sino que también nos podemos encontrar distintos tonos de gris.

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Un largo camino a casa, de Saroo Brierley

Un largo camino a casa

Un largo camino a casaPor mucho que protejamos a los niños, es inevitable que tengan algún tipo de miedo. Creo que no conozco a nadie que no tuviera miedo a algo o a alguien cuando era pequeño. Cuando somos grandes también, claro, pero la mayoría somos conscientes y lo vamos llevando, asumiendo o soportando. Los miedos de la infancia nos parecen más irracionales, pero si lo pensamos bien, de eso nada. Por ejemplo, es muy común temer a la oscuridad; no se ve, no sé lo que hay, es un miedo lógico. El miedo a perderse, a quedarse solo, a no volver a ver a tus padres, ese es terrible y también muy común. Mis mellizos me seguían por la casa cuando eran pequeñitos, mi padre se reía y decía que parecía la gallina con los pollitos o la pata con los patitos. Saben que nosotros los alimentamos, les damos cariño y seguridad, el perdernos les produce angustia. Quizá mucha culpa de los miedos de los pequeños la tengamos los mayores, que se los transmitimos, es la paradoja de ese afán de protección, pero otros vienen en el ADN, estoy convencida. Juan sin Miedo es un cuento, hay niños más valientes o atrevidos, pero algún miedo tienen aunque sea pequeño.

Saroo, el autor y protagonista de Un largo camino a casa, tenía 5 años cuando se perdió en la inmensidad de India, un país caótico y superpoblado. Vivía con su madre y sus hermanos en una casita muy humilde, pasando hambre y carencias de todo tipo, pero era un niño alegre, aventurero, responsable y feliz. Una noche insistió en irse con su hermano mayor a lo que fuese que hacía para ganarse la vida en los trenes y las estaciones. Se quedó descansando y esperando en la estación, se durmió y cuando se despertó y se vio solo en el andén, decidió meterse en el tren que tenía delante en ese momento para buscar a su hermano. Estuvo un montón de horas encerrado en aquel vagón, solo, hasta que llegó a Calcuta. ¿Os imagináis el papelón? Con 5 años no había ido nunca a la escuela porque tenía que quedarse en casa cuidando de su hermana pequeña, no sabía expresarse bien, nadie le hacía ni caso y no sabía dónde estaba. Una pesadilla. Saroo nos contará en el libro toda esta aventura. Como sobrevivió a esto, la gente con la que se encontró y la suerte que tuvo, después de todo, ya que cinco meses después de coger aquel tren estaba volando rumbo a Australia, adoptado por una pareja maravillosa.

Si esta parte de la historia os parece increíble, la que viene después, lo es todavía más. Ya adulto, Saroo decide buscar a su familia. Es feliz con su vida pero siente que es su deber encontrar a su madre biológica para explicarle que está bien, que se perdió. Su mamá australiana siempre le ayudó a mantener vivos los recuerdos de su casa en India, así que cuando apareció Google Earth en nuestras vidas, Saroo empezó la búsqueda de su casa en India, poco a poco, con una paciencia infinita y obsesiva. Sus recuerdos estaban algo distorsionados, incluidos los nombres de los sitios, así que no fue nada fácil seguir líneas férreas a lo largo y ancho de un país que se mueve básicamente en tren, intentando identificar la estación de donde salió. Después de muchos meses, da con un sitio que encaja casi en todos sus recuerdos, muy alejado de Calcuta, y decide ir a averiguar si es donde nació y si su familia sigue allí después de 25 años.

Hoy os he contado más del contenido del libro de lo que suelo en las reseñas, pero es que prácticamente sabes lo que pasa desde el principio, el libro es más bien una narración detallada de la aventura, pero no es un misterio. La película basada en las vivencias de este niño se estrenó a finales del año pasado, con Nicole Kidman como la madre australiana y Dev Patel como el Saroo adulto. No la he visto, supongo que será tan emocionante como el libro, porque la historia es increíble, aquí se puede usar lo de que “la realidad supera la ficción”. El libro no tiene una gran calidad literaria, es sencillo y fácil, lo interesante es la aventura que nos cuenta, no cómo lo hace. Leyendo la contraportada, define la historia como un drama. Sí, se debería definir como un dramón, pero me cuesta calificarla así. Saroo lo cuenta como algo terrible que le pasó, pero reconoce que también tuvo mucha suerte, conociendo las condiciones de cientos de miles de niños en su país de origen. La narración no es dramática, es agradecida, vital, llena de esperanza y de mucho amor.

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Las ventanas del cielo, de Gonzalo Giner

las-ventanas-del-cieloLas ventanas del cielo es el primer libro de Gonzalo Giner que leo, lo que en principio debería ser un dato perfectamente irrelevante. Sin embargo me siento en la obligación de puntualizarlo para que puedan poner en su justo lugar lo que les voy a decir, que no viene de un seguidor rendido a la carrera de un escritor de éxito: se trata de un libro profundamente emocionante.
Se trata de un relato histórico que transcurre en diversos escenarios entre 1474 y 1488. Desde el punto de vista de su estructura es muy efectiva, una sucesión de microtramas que van haciendo avanzar la historia con un ritmo tan alto como adictivo y unos personajes atractivos con los que es fácil encariñarse (o por el contrario sentir hacia ellos una gran animadversión). Aunque es cierto que no presentan muchas aristas, son un tanto en blanco y negro, no por ello son menos efectivos. Todo lo cual la convierte en una novela histórica canónica, pero no es nada que a mí, personalmente, me llame la atención como lector. Sin embargo este libro sí me ha gustado mucho y creo obligado exponer cuales de sus virtudes son las que realmente me han llamado la atención, más allá de la especial sensibilidad del autor para ciertos temas recurrentes en él como la relación con los animales (no en vano es veterinario).
Me consta que el autor tiene un gran interés por los temas históricos pero no es su interés sino la exigencia prácticamente académica con la que los afronta la que me seduce. Gonzalo Giner se documenta rigurosamente pero además ha elegido una serie de temas que no conocía o al menos nunca habían despertado mi interés que han resultado ser francamente interesantes. Un tema interesante desarrollado con rigor y pasión es un activo interesantísimo en una novela.
El primero de ellos es el comercio de lana que se estableció entre Castilla y los países bajos en aquella época. Sus dimensiones son francamente apabullantes pero la descripción del proceso que lleva a cabo el autor es apasionante.
El segundo es el de la flota pesquera del País Vasco y su (esta vez hipotética pero expuesta de modo francamente verosímil) llegada al caladero de Terranova antes del propio descubrimiento del continente y que se habría mantenido en aquel entonces en secreto por razones comerciales, fundamentalmente el uso exclusivo de un caladero descomunal de ballenas y bacalao. En este caso no es tanto el aspecto comercial sino el de la dureza de la navegación el que me ha llamado poderosamente la atención.
El tercero es la del negocio de la sal. No sé si su inclusión en la novela tiene una intención diferente de la de incluir un escenario exótico pero en cualquier caso resulta francamente interesante.
Y por último, no en orden de prioridad sino cronológico, la construcción (o el arte) de las vidrieras.
Las ventanas del cielo resulta una novela reconfortante, el autor despliega una gran sensibilidad en su trato de los temas que desarrolla y pese a su nada desdeñable extensión se lee con avidez y entusiasmo. Pero lo que verdaderamente me ha encantado es su capacidad para despertar el interés del lector por temas que antes de leer sobre ellos le resultaban ajenos. Aunque siempre le he encontrado valor artístico a las vidrieras, además del estético, no me habían llamado realmente la atención. Gonzalo Giner logra transmitir su pasión y sobre todo, en todos temas que se trata se desarrolla un gran respeto por quienes los protagonizan. Y no sólo en la novela.
Hay personajes históricos, algunos desconocidos para el gran público pero otros no, e imagino que es un reto para un escritor utilizarlos y hacerlo de modo verosímil. En ese sentido diría que más allá de su fidelidad por la historia, el encaje de la obra en la misma es impecable. Narrativamente hablando.
Finalmente quisiera destacar el aspecto emocional de la obra. Las ventanas del cielo logra transmitir la emoción de quien se asoma al cielo a través de las vidrieras, pero también logra algo probablemente más difícil, asomarse a otra ventanas tan difíciles de abrir o más que estas, las del alma, las de las relaciones entre las personas, las del amor. Al fin y al cabo de lo que se trata es de leer buenas historias y de transmitir emociones, y este libro lo consigue.

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre, de Sergio Galarza

Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre

Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madreNo podéis decirme que el título de este libro no es realmente llamativo y original. Antes de leer siquiera la sinopsis yo ya tenía claro que quería leerlo para descubrir qué tenía que contarme esta novela con un título tan sugerente. ¿Que si me gusta Bob Dylan? Claro, cómo no. Creo que ya he reivindicado y manifestado por aquí que Dylan es un poeta y que para mí, independientemente de que no me gusten demasiado los premios Nobel (o quizá por eso), me parece un galardón totalmente merecido. Sí, Dylan también es poesía. La poesía admite muchas formas, amigos.

Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre es obra del escritor peruano Sergio Galarza. Autor también de La soledad de los aviones o la premiada trilogía Paseador de perros, JFK y La librería quemada, entre otros. Sergio ha colaborado en revistas de prestigio y ha sido incluido en varias antologías. Con su última novela, la que hoy nos ocupa, ha obtenido gran éxito y buenas críticas en países como Perú y Chile.

Me gustan los libros purificadores, los libros que sirven para curarse el alma y ajustar cuentas con uno mismo. Libros en los que el duelo es una fuerza capaz de exorcizarnos. Son libros extremadamente duros, claro, pero siempre encuentro una recompensa en ellos. Será porque el duelo compartido es menos duelo o porque una aprende a curarse leyendo a los demás, como me ocurrió también con El duelo es esa con alas, de Max Porter.

En Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre, el duelo se presenta a través de las memorias del propio autor. El cáncer que mató a su madre, ese que ella misma se empeñó en ocultar hasta que las evidencias se manifestaron ante todos, es el punto de partida de esta novela. Desde ese punto tan doloroso, Sergio reconstruye la biografía de su madre, sus memorias y recuerdos. Doris Puente, una madre al servicio de su familia y de sus hijos. Una madre entregada a su carrera de abogada y a sus pasiones, entre las que también se encontraba escribir. Una relación materno-filial incondicional y entregada, pero también difícil y llena de sobresaltos.

En el último viaje que Doris realiza a Madrid para visitar a su hijo, cuando ya sabe que está enferma y que no le queda mucho tiempo de vida, ambos tratan de reencontrarse después de tanto tiempo separados, no sólo física, sino también emocionalmente. Ella anotará en su agenda sus impresiones y sus vivencias en ese último viaje juntos. Unos apuntes que más tarde Sergio encontrará y que le servirán para reconstruir la historia de su madre y su propia vida. Y entre esas pequeñas anotaciones escritas a mano por su madre, Sergio encuentra copiada la letra de Blowing in the wind, de Bob Dylan y es como mirar a los ojos a su madre, tan conocida y desconocida al mismo tiempo.

Como os decía antes, Una canción de Bob Dylan en la agenda de mi madre es una novela dura y muy emotiva. El retrato íntimo y genuino de una madre auténtica, apasionada e infinita, como son todas las madres.

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Andar en la niebla, de Ricardo de la Fuente

Andar en la niebla

Andar en la nieblaLa pasión de mayor quiere ser ternura. Así comienza Ricardo de la fuente este paseo suyo por la niebla que, como bien dice en otro de sus aforismos, es algo que agudiza la vista. O al menos la escritura. Y debe saber de lo que habla porque este pequeño libro rezuma pasión en cada una de sus letras y es a la vez terriblemente tierno. Y brillante. Y sagaz. Y hermoso. Y reconfortante. Y divertido. Y emocionante. Y sabio. Pero por encima de todo, supongo que al autor no le importará que le cite en esto, certero. Según el conocido aforismo de D. José Bergamín la principal característica de un aforismo es que debe ser certero, por encima de cierto. O tal vez sea un apotegma, en lugar de aforismo, porque coincide con la definición de la RAE en que es breve, sentencioso y feliz, además de ser un recurso, admito que un tanto retorcido, para traer a colación la felicidad, que es una de las principales sensaciones que siente uno tras Andar en la niebla un rato probablemente demasiado escaso.
Seguiré apropiándome de las palabras de Ricardo de la Fuente, básicamente porque son más bellas e inteligentes que las mías, y les diré que Para no saber a dónde vamos, vamos demasiado deprisa. Así que se impone un momento de pausa para que sepamos si no a dónde vamos, sí al menos dónde estamos. Andar en la niebla es un libro de aforismos, y no uno cualquiera sino el ganador del IV premio internacional de aforismo José Bergamín. Podría decirles que descubro el género con este libro porque exceptuando a Ernesto Esteban Etchenique, el aforista inventado por Fontanarrosa, no tenía el gusto de haberme cruzado con ninguno otro. Así que procedería hacer una breve introducción al género, pero créanme, difícilmente podría hacerle justicia. Asistí a una charla del propio autor sobre el tema y me pareció deslumbrante hasta qué punto tanto él como otros practicantes del género son capaces de embellecer las ideas con ideario de cuentista y exigencia estética de poeta. No se trata de hacer proselitismo, menos aun de convencer a nadie, si Las palabras se van con los poetas porque las sacan de su rutina, las ideas se van con los aforistas porque las desnudan, las aman y las embellecen, no necesariamente por ese orden, hasta convertirlas en deslumbrantes. Para una idea, convertirse en aforismo debe ser como para una adolescente ir al baile de graduación.
Mi sensación es que debe ser un género extraordinariamente exigente para el autor, expresar brillantemente una idea en tan pocas palabras implica que necesariamente sean esas las palabras y no otras las que deben vestirla y cualquier modificación, corrección o cambio debe ser terrible. Un relato hiperbreve sin el sostén de una historia, sin más hilo conductor que aquel que el aforista, a modo de hilandera de cuento, se ve obligado a transformar en oro sin más rueca que su talento y su paciencia. Lean el siguiente aforismo y piensen si lo que dice se puede decir mejor: Cómo se las arreglarán los buenos escritores para escribir un libro distinto para cada lector. Diría que no, al menos yo no me atrevería a cambiarle ni una palabra. Y lo que dice de los buenos escritores es extensivo a los buenos aforistas, claro, ellos no hacen propaganda de una idea, no son tendenciosos, al contrario, las cortejan, bailan con ella y hacen que disfrutemos sin la menor necesidad de coincidir.
Aun me atrevería a darle una vuelta de tuerca a esta definición personal y por entregas que estoy haciendo del aforismo: una de sus características es que uno lee muchos de ellos y, además de disfrutar, piensa: “¿cómo puede haber expresado tan bien esto que yo he pensado siempre y no he sido capaz de poner en palabras?” O incluso los más atrevidos lo fagocitarán aun más y dirán: “es verdad, yo siempre lo he dicho”. Naturalmente es mentira, uno ni lo ha pensado nunca ni por supuesto lo ha dicho jamás, pero igual que los buenos escritores escriben un libro diferente para cada lector, los buenos aforistas escriben un aforismo diferente para cada uno de nosotros, tan diferente que de hecho nos parece propio. Eso los diferencia de refranes y demás expresiones de verdades tan absolutas como falsas: el aforista no escribe para convencer, sino para cortejar a las ideas. Tan gratificante es leer a un buen aforista como insufrible debe ser leer a uno malo. Y Ricardo de la Fuente es bueno.
Para no tener malos recuerdos hay que tener buenos olvidos, naturalmente, pero para tener buenos recuerdos hay que tener buenas experiencias (o inventarlas, que viene siendo lo mismo) y una literariamente inmejorable es esta rareza que se cierra con promesa de revisitas, de relecturas con ojos de primera vez. Lean Andar en la niebla, recuérdenla, pero sobre todo siéntanla. Lo verán todo con otros sueños.

Andrés Barrero
@abarreror
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El país donde florece el limonero, de Helena Attlee

El país donde florece el limonero

El país donde florece el limoneroLa historia no es tal y como nos la cuentan en el colegio: listas de reyes, guerras y batallas, equilibrios de poder, inventos que revolucionan el mundo occidental… La historia es mucho, muchísimo más que esa visión única que nos venden en los planes escolares. Es también la manera en la que se come, se duerme, se viste, se habla o se comprende el mundo. Es lo que hicieron, sintieron y pensaron todos los estratos de la sociedad, es cómo se relacionaron, qué consideraron necesario y qué prescindible y también aquello que pasó donde no solemos poner el foco. Es también la vida privada, en la medida que condiciona la vida pública. Y este libro de Helena Attlee habla justamente de todo eso.

El país donde florece el limonero es una carta de amor a Italia y sus cítricos y también una prueba más de que podemos poner el foco en elementos diversos para contar otra versión de la historia. En este caso, Attlee lo pone en los jardines y campos de cítricos del país vecino y, con un estilo ameno y vívido, recorre la historia de sus territorios en los últimos quinientos años.

De su mano, descubrimos la obsesión de los coleccionistas renacentistas por los frutos raros (con dedos, estriados, auténticos monstruos botánicos a nuestros ojos), el gesto (sublime) con el que los recolectores de media Italia le enseñaron a abrir una naranja recién cogida del árbol, la conexión entre el origen de la mafia siciliana y la importación de limones a Inglaterra y Estados Unidos o los decenas de usos de la bergamota. Y todo ello perfectamente encuadrado en la historia cultural y política del país. En esta “historia de Italia y sus cítricos”, como reza el subtítulo, se enlazan arquitectura, arte, comercio, política y vida privada a través de la frágil imagen de un limón. Porque Attlee es capaz de hilvanar las anécdotas hasta convertirlas en grandes bolas de fuego que deciden el futuro de las gentes y los territorios.

El país donde florece el limonero es también un libro de viajes. En las primeras página, la autora narra la primera vez que viajó a Italia. Lo hizo en tren, desde Londres y su primer recuerdo del país, al despertar en el coche cama camino de Florencia, es ver crecer limones junto al andén de la estación. Esa experiencia, cuando todavía era estudiante universitaria en Londres, condiciona el resto de su vida. El año siguiente pasa el curso escolar en Siena, donde florece su pasión por los cítricos. Y, desde entonces, visita las villas, palacios, viveros y jardines del país con regularidad, los ha convertido en su campo de especialización académica y todos los años organiza viajes culturales en los que, con ella como guía, se visitan villas, jardines y viveros en la Toscana, el Véneto, Calabria o Sicilia. Como lectores, viajamos con ella y llegamos a conocer todos esos lugares.

El libro es una delicia pero, además, como siempre, Acantilado nos trae una edición cuidada, una traducción impecable de la mano de María Belmonte, de quien ya he tenido oportunidad de hablar aquí, una cubierta en la que querrías sumergirte y una calidad en el libro como objeto (papel, guardas, tintas, cosido…) que consigue que mis estanterías estén salpicadas de ediciones suyas.

El país donde florece el limonero es un ensayo exquisitamente escrito, editado y traducido que se disfruta página a página. Es un libro en el que Helena Attlee condensa lecturas, viajes, miles de horas de estudio y dedicación y un estilo sutil, plástico, para acercarnos de una manera diferente al país vecino. Y, os aviso, si lo leéis, no podréis evitar moriros de ganas de visitar los lugares de los que habla. ¡Empezad a reservar los billetes!

Laura Gomara @lauraromea

 

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Hotel Iris, de Yoko Ogawa

Hotel Iris

Hotel IrisEl despertar de la sexualidad es algo intrínseco al ser humano. Bueno, en realidad también al resto de los animales, lo que pasa es que no le llamamos despertar, es un instinto básico de supervivencia de la especie. Los humanos con nuestro cerebro pensante le damos más vueltas y le ponemos romanticismo, al menos de cara a la galería, porque la mayoría de las veces es un calentón físico y químico. Además de la alteración física, nuestro pensamiento tiene mucha influencia en nuestras relaciones sexuales. La mitad de nuestra vida sexual está en nuestro cerebro y esta parte es mucho más difícil de entender que el mecanismo físico de la relación. En el cerebro se maquinan las diferentes formas de mantener relaciones sexuales. Por ejemplo: no conozco ningún otro animal que ate a su pareja, pero algunos humanos practican bondage.

No voy a nombrar todas las maneras diferentes de relacionarnos sexualmente, que esto es una reseña de un libro y no un ensayo sobre lo que hacemos en la intimidad (o en público), con nuestras partes íntimas y no tan íntimas, porque se puede utilizar de todo para el fornicio, pero es que el Hotel Iris va por estos derroteros. Se trata del descubrimiento o despertar del deseo carnal de Mari, una chica de diecisiete años, y es un despertar algo turbio, transgresor, que no entiende ni ella misma.

Mari, vive en un pueblo costero, de los de turismo estacional, y ayuda a su madre viuda en el hotelucho familiar que tienen cerca de la playa. Allí conoce a un hombre misterioso que le impresiona por su voz, autoritaria y tajante, pero solo cuando habla con la prostituta que había contratado para pasar un rato en el hotel. Fuera de la habitación el hombre es normal, anodino, educado, callado, simple. Mari se lo vuelve a encontrar y comienzan una relación extraña. El hombre anda por los sesenta años, es traductor de ruso y tiene un pasado oscuro y ambiguo; vive apartado en una isla casi desierta y prácticamente no se relaciona con nadie.

Me ha gustado mucho la forma de contarnos la historia de Yoko Ogawa, algo tristona, nostálgica, de atardecer, del estilo de Murakami en Tokio blues. Hay algo perturbador en un libro escrito de una forma aparentemente tan inocente. Y digo aparente porque de inocente nada, es solo la redacción, bonita, casi poética que utiliza Ogawa la que da esa sensación de pureza, muy acorde con la edad de la protagonista. Pero el tema y el devenir de los acontecimientos no son tan inocentes. La relación que se establece entre la protagonista y el hombre tiene mucha complicación psicológica detrás. El hombre es viudo y la muerte de su mujer nos hace sospechar casi todo el rato. La relación que tiene Mari con su madre es fea, no hay confianza, la madre es autoritaria, interesada y exigente. Esa obsesión con peinar y repeinar el pelo de la chica muy tirante, haciendo daño, no podía traer nada bueno. Mari tiene recuerdos de su padre también algo contradictorios.

Mientras lo leía me venía a la mente Lolita de Nabokov, aunque no sé si solo por la diferencia de edad de los protagonistas, porque Mari no es la típica Lolita y el traductor tampoco es que se parezca mucho a Humbert. Tampoco pude evitar acordarme del profesor Kepesh de novela de Philip Roth El animal moribundo. Estas conexiones que hago son muy personales; a lo mejor cuando lo leáis, me vais a decir que estoy majara, pero mi cabeza funciona de forma extraña, hasta asocio olores y colores a veces con los libros. La forma de escribir no es la misma, por supuesto, y el punto de vista es diferente, Yoko Ogawa es mujer, y la protagonista también y es un libro escrito en primera persona, desde el punto de vista de Mari, no sabemos lo que pasa cuando Mari no lo vive, por eso la narración tiene ese aire inocente.

Muy bonita edición de la Editorial Funambulista que tiene más libros de esta autora publicados, entre otros el famoso y premiado La fórmula preferida del profesor. Apuntad a esta mujer en pendientes si no la habéis leído todavía porque merece la pena.

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Doctor Extraño: El juramento, de Marcos Martín y Brian K. Vaughan

Doctor Extraño: El juramento

Doctor Extraño: El juramento

Hay que decirlo: el Sherlock Holmes de Sir Arthur Conan Doyle es uno de los personajes más carismáticos de la historia de la literatura universal. Su inteligencia e intuición desbordantes hacen que nos enamoremos de él, pese a su soberbia (o quizá incluso esa soberbia sea un factor más que hace que le apreciemos, porque es engreído pero tiene motivos de sobra para serlo). Y por eso se le han hecho numerosos homenajes al mítico personaje, desde utilizar rasgos suyos para otros roles, como House, ese médico gruñón y antisocial que podía diagnosticar cualquier enfermedad por rara que fuera, a resucitar la obra de Doyle una y otra vez, dando vida al propio Sherlock en series y en películas, tanto en la Gran Bretaña como en Estados Unidos.

Uno de esos personajes basados en la obra de Doyle es El Doctor Extraño, superhéroe de la factoría Marvel. Nos encontramos ante un cirujano de notable éxito, que tras haber sufrido un accidente queda con los nervios de las manos destrozados, lo que le impide ejercer su profesión. En su búsqueda por una cura, llega a encontrarse con El Anciano, de quien aprenderá los secretos de la magia hasta convertirse en el Hechicero Supremo de la Tierra.

En este tomo, Doctor Extraño: El juramento, nuestro protagonista conoce a la Enfermera de Noche; el propio Extraño reconoce que ese título parece más el de una protagonista de películas de adultos que de una heroína, lo que le lleva a apodarla como Whatson, cerrando así el círculo al homenaje de la obra de Doyle.

Es curioso que los cómics sean considerados por muchos literatura menor; esta obra tiene una manufactura de lujo, con sus tapas duras, su papel satinado a todo color y su encuadernación de calidad, por un precio de 15€. Todo un logro que hay que reconocerle a Panini Comics. Las ilustraciones del excepcional dibujante español Marcos Martín que acompañan a cada escena nos meten completamente en una historia que está muy bien tejida, con un ritmo intenso y un guion de lujo, obra de Brian K. Vaughan, ganador del Premio Eisner. La historia se me ha hecho muy corta, y la he disfrutado tanto como disfrutaría una buena película en el cine. Este cómic tiene todo lo que se puede pedir a una gran historia de superhéroes: explosiones, monstruos gigantescos, magia, humor, dilemas morales y la constante lucha del bien contra el mal.

El Doctor Extraño es un digno heredero de Sherlock Holmes. Y si bien es la magia lo que les diferencia, veremos que en muchas ocasiones esa magia que podría convertir a Stephen Extraño en un ser todopoderoso (y aburrido), no le sirve para resolver los problemas que se le plantean, y tendrá que tirar de ingenio, ayuda o incluso de la fuerza física para resolver sus problemas. Y siempre aderezado con un sentido del humor agudo y muy refinado. Un gran cómic para conocer a este personaje clásico de la factoría Marvel.

 

 

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El último francotirador, de Kevin Lacz

el ultimo francotirador“Durante aquella experiencia fui escribiendo un pequeño diario. No recuerdo que otros compañeros lo hicieran. Lo hacía por si algún día tenía hijos y quería explicarles lo que pasó. Esa información me ha sido muy útil después. La primera versión del libro parecía escrita por un robot. Mi mujer me sacó de mi zona de confort y me dijo que tenía que acompañar cada hecho preciso con lo que sentía en ese momento. No es fácil hacer esto para nosotros, me ponía en una posición muy vulnerable pero tuve que hacerlo para contar la historia de los compañeros que perdí y lo hice. Ahí están los días más tristes de mi vida. Cada cosa que me pasó en el frente está contada desde un punto de vista emocional”.

Esa es la declaración de intenciones de Kevin Lacz, quien cuenta cómo sobrevivió en el campo de batalla. Cómo la experiencia en la guerra de Irak le convirtió en otra persona y cómo al terminar su experiencia bélica, se le presento la oportunidad para participar en la película “El francotirador” donde aconsejaba al actor Bradley Cooper, su protagonista.

El autor no quiere decir a cuántos enemigos mató él exactamente: “Los suficientes. Más de diez y menos que Chris”, señala en las entrevistas haciendo referencia a su compañero y mentor Chris Kyle (La Leyenda). Varias de esas muertes están narradas de manera exhaustiva en el libro, “neblina rosada” (el efecto al salpicar la sangre) incluida, en un texto que tiende a deshumanizar a los “muyas”, los muyaidines, el enemigo.
Más allá del valor histórico de su testimonio literario, el texto describe el coraje que se le supone a un SEAL estadounidense, extendido a cualquier soldado que participa en una guerra. Pero no es en este punto en el que el libro incide sino en cómo tras enfrentarse a la crudeza de una guerra, hay que recomponerse por dentro para intentar volver a llevar una vida normal.
El último francotirador contiene un texto totalmente ajeno a la política, en el que los autores presentan un libro honesto y directo que se adentra en los procesos conscientes e inconscientes del funcionamiento de la mente de un SEAL, donde se plasma el deseo implacable por la eliminación de los enemigos.

P. ¿Qué le llevó a los SEAL?

R. Quería luchar contra los terroristas. Sabía que no iba a tener un debate político en ellos. Íbamos a emplear nuestra fuerza y los terroristas iban a morir. Sabía que se me exigiría matar y que iba a correr un alto riesgo.

P. ¿Recuerda la frase de Clint Eastwood (ya que estamos) en Sin perdón?: “Cuando matas a un hombre no solo le quitas todo lo que tiene sino lo que podría llegar a tener”. ¿No se lo ha planteado?

R. Mis blancos no se merecían un futuro. Por su brutalidad. Eran los malos, y eso los validaba como blancos. Esa cita a quienes se podría aplicar es a mis camaradas SEAL que murieron. Marc, por ejemplo, al que le entró una bala por la boca, quería ser ministro de la Iglesia.
P. Pero, al seguir a su objetivo por el punto de mira, ¿nunca piensa que ese tipo es en cierto modo otro soldado, posiblemente un padre de familia, y que el mal no es una categoría absoluta?

R. No, nunca pensé en sus familias, realmente. Porque cuando uno has visto de cerca ciertas atrocidades, como las de los terroristas que amarran bombas a mujeres y niños, los hacen caminar hacia zonas pobladas y entonces los hacen explotar; o las de los escuadrones suicidas que decapitan a sus víctimas… Ningún hombre de familia hace eso. Alguien así puede tener hijos, pero no es gente de familia. Y ningún acto humano, como procrear, le redime de sus barbaridades.

Una verdad cruda y sin contemplaciones, que plasma una bibliografía bélica, plagada de dureza, en la que el concepto de camaradería cobra una nueva dimensión.

A mí, personalmente, la figura del francotirador me parece muy interesante. Casi magnética ¿Cómo pasan las horas? En este texto el autor eleva el concepto de camaradería, dejando claro que en momentos de tensión, el humor es un gran aliado:

 “-¿Y ahora aparcarás la bicicleta otros veinte años, doc?-pregunté-. Quizá en tu próximo despliegue yo tendré un hijo en los Equipos y tú, prótesis de caderas. ¡Te veo liquidando muyas a los setenta!
-Te veo puesto en lo del hijo, sí. Pero que muy puesto – dijo el doc, que bajó del camión y asintió con la cabeza, mirándome la entrepierna.
Con la emoción, me había olvidado del reventón de los pantalones y de que iba enseñándolos huevos. La sección entera se echó a reír a carcajadas.
Me rendí y me puse a reír yo también. El viejo se las sabía todas. Pero aún le quedaba repartir el correo.”

Desde su atalaya en forma de torre, esperaba con el ojo derecho puesto en la mirilla de su MK11, un fusil semiautomático de ocho kilos y un calibre de 7.62 milímetros con la calavera de ‘The Punisher’ grabada en la culata. La vida y la muerte era todo lo que veía a través de ese círculo.
Kevin Lacz participó en la batalla por la que él y Chris Kyle serían recordados, la de Ramadi en 2006. El enfrentamiento se ganó, pero a costa de un sufrimiento que queda explicado perfectamente en el libro. En él, los «Castigadores» se enfrentaron a mil dificultades. Algunos no salieron con vida. Eso es este libro. Morir o impartir la muerte. Un libro cargado de peso moral. Una imprescindible descripción de la guerra.

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Más que mascotas, Un desfile de emociones ilustradas, de Raquel Gu

Más que mascotas

Más que mascotasEn mi casa siempre hemos tenido mascotas. Desde las típicas cobayas y canarios hasta animales de compañía más insólitos como un caracol, un ratón canguro del desierto, o un pato. El preferido, sin duda, fue mi primer gato. Lío era un enorme gatazo naranja que llegó a casa cuando yo tenía diez años y me acompañó hasta que tuve 26 años. Dieciséis años de amor gatuno incondicional.

No entiendo a la gente que no le gustan los animales. Los respeto, pero no los entiendo. O esa gente que dice que no quiere tener un perro o un gato porque les daría mucha pena cuando se murieran. Pues claro que da pena. A los animales se les quiere como un miembro más de la familia. Yo siempre me voy a acordar de Lío, pero hay que entender que su vida es más corta que la nuestra, que hay que disfrutar el tiempo que pasamos juntos y que aunque siempre sea menos del que nos gustaría, el vínculo que se establece con nuestras mascotas es eterno. Yo pienso ser la loca de los gatos toda mi vida.

Por otra parte, creo que es esencial que desde pequeños aprendamos a convivir con animales. Es una maravillosa manera de aprender a respetarlos y cuidarlos. Sinceramente, creo que los niños que crecen con mascotas son más felices y, obviamente, serán grandes defensores de los animales toda su vida. Y este es un valor que nos hace todavía muchísima falta, por desgracia.

Os cuento todo esto a propósito del libro del que os quiero hablar: Más que mascotas, un desfile de emociones ilustradas. En él, Raquel Gu, interpreta las principales emociones que los niños experimentan y para cada una de ellas le asigna una original mascota inventada para cada sentimiento. Son ilustraciones realmente curiosas, llenas de colorido e imaginación que encantarán a los peques.

Encontramos muchas emociones, entre ellas la mascota de la ira, Gruspira, una mascota con la que hay que tener mucho cuidado porque es grande y feroz y hay que aprender a controlarla. También está Chiligüenza, esa mascota a la que debemos acudir cuando notemos que nuestra cara se pone colorada. Seguro que ella nos ayudará. O Balma, la mascota más tranquila, blandita y esponjosa a la que todo le malo le importa un comino. Es ideal para estar a su lado por las noches, pues nos ayudará a quedarnos dormidos.

Más que mascotas, un desfile de emociones ilustradas es un libro muy original y que aúna valores esenciales que debemos inculcar en nuestros pequeños: el amor a los animales y las mascotas y el reconocimiento y tratamiento de nuestras propias sensaciones. Es mucho más fácil para los niños aprender a reconocer lo que sienten si han leído sobre esas emociones. Y además, si lo han hecho de una forma tan divertida como nos propone este maravilloso libro, el resultado será un éxito.

A mí me ha parecido un libro divertido y diferente. Estoy segura de que los más pequeños disfrutarán muchísimo con él.

 

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