
Probablemente hoy vaya a hablar del libro que más puedes tardar en leerte de todos los que hay en el mercado. Y no porque sea infumable o tenga cien mil páginas o cuente con infinitos volúmenes, no, lo digo porque a cada página – o ni eso – aparecen una, dos, tres nuevas lecturas que apuntar en esa lista que todos tenemos interminable, inalcanzable, imposible para nuestra capacidad lectora. No somos eternos pero nos da igual. Empezarás este libro, te interesarán todos los libros de los que te hablan, y seguirás apuntando nuevos títulos a tu lista de pendientes. Hoy hablo de Manual de remedios literarios, un libro que ofrece la cura en forma de libro para centenares de dolencias, tanto físicas como espirituales y que llega a las librerías de la mano de Siruela y Círculo de Lectores.
Ella Berthoud y Susan Elderkin, ambas biblioterapeutas, han conseguido crear una lista de lecturas para cualquier mal que se te pueda presentar en la vida. Y digo cualquiera porque hay de todo: resaca, dolor de muelas, crisis económica, cumpleaños, miedo a la vida, no sé, incluso te recomiendan libros por si se te ha quemado la cena. Y todo desde un punto de vista, desde un trato, que ojalá tuviéramos en las consultas de nuestros centros médicos. ¿Alguna vez te has reído con un doctor? Enumerar cada una de las lecturas o cada uno de los males que presentan sería inútil por inalcanzable, pero ya os digo que merecen mucho la pena. Pasan por todo, lecturas para niños, para adolescentes, para adultos que quieren volver a ser niños, para niños que ya quieren ser adultos, para adultos que quieren sentirse como tal, para aquellos que no quieren llegar a ancianos, etc. Desde clásicos hasta novedades que han salido en el último año. Deporte, nutrición, estudios, trabajo, vida social, aficiones, todo tratado a modo de diccionario de la A a la Z y dividido en dolencias, en males.
A todos nos duele algo, eso es inevitable y seguramente a todos los que nos encontramos por aquí nos gusta leer. Pues entonces, ¿qué mejor que unir ese mal que tenemos a un buen libro? Yo te recomiendo que olvides por un rato tu lista de lecturas pendientes y poco a poco vayas masticando este libro. Cógelo, busca lo que concuerde con lo que sientes en ese momento, mira qué libro o libros recomiendan para ello y entrégate a la lectura.
Manual de remedios literarios es sin duda uno de esos libros que puedes tener siempre en tu mesilla de noche, o en tu escritorio, o en el coche, pero siempre a mano, y coger siempre que sientas que necesitas explicación a algo que en ese momento te recorre por dentro. Solemos enamorarnos de un libro cuando nos parece que habla por nuestra boca, cuando notamos que eso mismo que está diciendo es lo que tú dirías si tuvieras el talento de su autor. Pues aquí te lo ponen más fácil. Ya no vas a tener que maquillar tus explicaciones al librero de turno para explicarle que lo que quieres es un libro que te ayude a olvidar a tu ex, ya no tendrás que irte por las ramas para solo querer decir que quieres un libro que te acompañe los domingos de resaca, ya no tendrás que dar mil vueltas por las librerías rezando para que el libro que buscas pero que no sabes ni cuál es ni cómo se titula te encuentre por arte de magia. Ya no, porque ahora tienes un manual que te pregunta qué es lo que te pasa y te pone en bandeja lo que tienes que ir a buscar, lo que te va a curar, lo que te va a salvar. Un libro genial.

Dentro mismo de los Estados Unidos, los Montes Apalaches son un mundo aparte. Se trata de una región remota en la que, al decir de los estereotipos, no viven, aparte de osos y mapaches, más que familias incestuosas y granjeros solitarios que disparan primero y echan un trago de whisky casero después.
Maider tiene diez años. Es una niña alegre y curiosa que vive con sus padres y su hermana mayor, una adolescente insoportable. Como Maider es tan curiosa, siempre está haciéndose preguntas. “¿Quién soy yo?, ¿qué hago aquí?, ¿por qué tengo esta familia?, ¿qué quedará cuando ya no esté?”. Pero claro, a veces es difícil desenredar la madeja del pensamiento y atar bien los cabos, a todos nos ocurre. Nos hacemos preguntas, nos ponemos a pensar y al final, nuestro pensamiento acaba liándose aún más. Imaginad lo difícil que debe ser si encima tienes diez años.


El Multiverso DC empezó a dar sus tímidos pasitos en la Edad de Oro, pero no fue hasta la Edad de Plata cuando realmente emergió como un concepto para dar sentido a la existencia de diferentes versiones de los personajes de la editorial. Entonces el multiverso creció y creció, se expandió tornándose algo complejo y confuso que traería, a partes iguales, quebraderos de cabeza e hitos en la historia del cómic.
Imagino que conocéis a Clara Janés, pero me parece necesario hablaros de ella, no solo porque sea una de las poetas contemporáneas más importantes, sino también por su gran labor en el mundo de la literatura.


Al menos una vez al año suelo sentir esa llamada. Puede surgir de forma involuntaria, por mera inspiración divina, pero por regla general viene provocada por algo concreto, ya sea no llegar a un balón de fútbol en un pase que iba a una velocidad ridícula o comprobar como aquellos pantalones que hace unos meses me quedaban muy holgados se han convertido de buenas a primeras en pitillos. Suele ser a partir de experiencias como estas cuando me fuerzo a coger las deportivas, la camiseta de algodón y la pantaloneta —o pantalón corto, para los no oriundos de La Rioja— y me lanzo a correr, sin mucha mayor planificación que parar cuando ya esté cansado o cuando se ponga muy oscuro el cielo, que luego toca volver.

La cita de la contraportada. La cita tuvo la culpa. Cuando uno no deja de darle vueltas a la cabeza en su buhardilla a altas horas de la noche, con la botella de whisky al lado de un vaso en el que el hielo hace tiempo que ha perdido su dureza resbaladiza y sólida y ha acabado por diluirse con el líquido de la malta; cuando revisa viejas fotos de viejas guerras entre trago y trago y rememora aquel suceso; cuando se convence de que su mujer no volverá a aparecer en su vida pero ha terminado por aceptarlo; cuando aparta la vista de esas fotos y mira la espalda desnuda de la dueña del coño de treinta años que un sesentón como yo acaba de follarse… Ahí. Ese es el momento en el que uno se da cuenta de que su vida se está yendo a la mierda.
Desde siempre me han atraído las historias relacionadas con los viajes en el tiempo, no solo por las aventuras que implican, sino también por la curiosidad de conocer otras culturas y cómo vivían en siglos pasados. Por eso disfruté tanto con la trilogía Rubí, de Kerstin Gier, y sigo disfrutando con la serie de televisión española El Ministerio del Tiempo. Por tanto, cuando leí la sinopsis de este libro, supe en seguida que lo iba a disfrutar.
Desde que tengo memoria, tengo la necesidad de apuntar las frases de películas/canciones/libros que significan algo para mí. Tampoco sé muy bien por qué, porque después esas notas suelen quedarse en el olvido y no son leídas por nadie. Quizá sea porque tengo la necesidad de saber que si, algún día, no me salen las palabras, podré recurrir a esas notas que una yo del pasado apuntó pensando en que la yo del futuro las necesitaría.