
Mi primera lectura de historias de Joe Hill, aunque sean adaptadas, y ya me han hecho flipar.
La famosa y antigua serie de televisión que en España llegó a llamarse Historias del Más Allá se basaba en una serie de narraciones terroríficas divididas en episodios donde se exploraba lo imposible. Grandes dosis de terror cósmico u onírico que hacían temblar al espectador. En su historial quedan episodios escritos por George Romero, Clive Barker o Stephen King. En un intento por parte de las cadenas de televisión por recuperar el espíritu de aquella serie se le solicitó a Joe Hill realizar algunos episodios. Fabuloso escritor como es no dudó en aceptar y entregar su mejor producción para aquellos capítulos. Diversas circunstancias hicieron que finalmente no se pudieran llevar a cabo y esas historias quedaron inéditas guardadas en un cajón, palpitantes, esperando que llegara el momento de salir al exterior y aterrorizar a todo aquel que se cruzara con ellas. De haber sido otro autor, quizás uno con bastante menos talento, aquellas historias podrían haberse podrido en aquel cajón, pero los episodios los escribió Joe Hill, reconocimientos o creatividad innata heredada de su padre, Stephen King, aparte.
En esta ocasión, el autor Michael Benedetto ha adaptado al cómic los guiones escritos por Joe Hill. Tales from the darkside, episodios que estaban dirigidos a ser representados en aquella serie televisiva y que ahora podemos disfrutar en español gracias a la edición publicada por Panini en formato cómic. De las ilustraciones se encarga Gabriel Rodríguez, quien ya trabajó en la enorme obra Locke & Key. Poco más podría añadir al impecable trabajo de este dibujante que consigue en cada viñeta dotar de la máxima expresión posible a la historia con un trazado muy marcado en los contornos y un dinamismo muy realista de las escenas.
El tomo reúne tres episodios que guardan una relación entre ellos y los hace coexistir. El primero, llamado «Sonámbulo», juega con un extraño suceso propio de una pesadilla; tras un terrible y espantoso accidente en el que se ve envuelto el protagonista, todo aquel que le mira comienza a sufrir de narcolepsia. La historia te conduce hacia un final trágico propio de las obras de Shakespeare. El segundo es el más extraño de todos. Se llama «La caja negra» y tiene un desarrollo más largo que divide en dos partes. De nuevo une aspectos cotidianos con aquellos fenómenos que escapan a nuestra comprensión. Deja un final abierto que no es más que la idea de este universo paralelo en el que Joe Hill basa sus historias, el lado oscuro lo hace llamar. Una historia muy interesante que funcionaría muy bien dentro de algún relato corto. Ejemplo de unión de aspectos propios de la vida corriente en un barrio americano y de una chica que escucha una canción de rock en la radio de su coche mientras cede la atención al móvil en lugar de a la conducción con hechos fuera de lo normal sirve de antecedente para el tercer episodio, «Se abre una ventana», más terrorífico y siniestro, con unas viñetas llenas de acción e inquietantes personajes, dos de ellos sacados casi de una obra de Stephen King. Yo creo que son las sonrisas y la ropa, como sacados de los años cincuenta. Muy «kingniesco», sí, todo queda en casa.
¿Qué es lo que más me gusta de Tales from the darkside? La inventiva de sus narraciones, con situaciones originales y extrañas que se cuentan de un modo ameno, dinámico y que, siendo adaptaciones y no los textos originales de Joe Hill, haya conseguido convencerme para adentrarme en sus distintas obras. Una muy recomendable lectura si te gustan las historias de terror y de mundos procedentes del Más Allá que han encontrado el modo de entrar en nuestro mundo y no con buenas intenciones.

Si por algo es conocido Graham Moore es por su guion de The Imitation Game (Descifrando Enigma), biopic de Alan Turing por el que se llevó un Oscar. Quizá precisamente como homenaje al cine y a sus traducciones sui generis de los títulos, su segunda novela nos llega ahora en castellano como La luz de la noche, cinco palabras bastante lejos de las originales The Last Days of Night.
Seguramente todos conocemos la historia de Guernica. O, mejor dicho, no la historia de la ciudad, sino la historia de su destrucción lo que conocemos. Oír Guernica es hacer una rápida asociación mental con muerte y destrucción. Eso y el cuadro de Picasso.



Como en una partida de cartas, he desecho y rehecho esta reseña varias veces. He barajado y he vuelto a repartir cada una de sus palabras. He buscado la mejor mano, el mejor comienzo, que me asegure un buen final. Y he jugado. También he perdido. Porque yo siempre he sido más de perder que de ganar en realidad. Que es lo que me gusta a mí. A fin de cuentas, hay quien de 


El plus que tiene leer, viviendo en Europa, es que las historias que uno disfruta y aprende, luego pueden ser visitadas. 27 años viviendo en Argentina y leyendo tanto, hicieron que acumulara cientos de lugares a mi lista de destinos a conocer in situ y así pude disfrutar de Roma y su Foro, donde imaginé las idas y vueltas de la política en plena calle, o su imponente Coliseo, en el que no fue difícil volver a ver a los gladiadores dejándose la vida en la arena; así, también, pude caminar por Sevilla y estar a escasos metros del sitio en el que alguna vez estuvo detenido el hombre que escribió El Quijote, o ver la Torre Eiffel sin dejar de pensar que en ese mismo lugar en el que me sacaba fotos con mis padres, alguna vez estuvo un Hitler sonriente posando para las cámaras tras invadir la capital francesa; y por supuesto, en medio de una emoción profunda, caminé por el campo de concentración de Auschwitz, en Polonia, en medio de una nevada, sin dejar de comprender el dolor de aquellas pobres víctimas del holocausto. Y así, podría mencionar muchos otros lugares. Es que leer es un vicio sano que, en lugar de enfermar la mente y el cuerpo, lo abre en pos de nuevas experiencias y gracias a los vuelos low cost uno no puede menos que seguir leyendo y viajando. Mi próximo viaje, sin lugar a dudas, me llevará a conocer las antiguas tierras del mítico y real Rey Arturo.
Fin.
Cualquier libro en el que figure el nombre de 
Recuerdo como si fuera ayer el día que comencé a leer 
Hace cinco años tuve el privilegio de reseñar la que fue la primera novela de Esther Ginés, 
Hay libros que a medida que avanzas en ellos te van haciendo olvidar cómo se utiliza el lenguaje. Al principio no parece un problema serio. Una estructura sintáctica por allí, una perífrasis verbal por allá. Nada preocupante. Sin embargo, la cosa empeora gradualmente hasta darte cuenta del abismo que separa el habla que reside en tu boca y el habla que reside en la página. Eso me ha pasado con el libro del que quiero hablar hoy. Y es que la novela con la que Han Kang saltó a la fama internacional ha reconfigurado la idea de lo sutil que dormía en mi cabeza. Ha llevado la expresión escrita a un nuevo nivel, reduciendo el fuego cruzado de la revolución a sus elementos más básicos. En esta novela, hay un choque directo y radical contra el sistema, pero este enfrentamiento sucede a un nivel tan profundo que nunca llega a verbalizarse. Sin embargo, son estas raíces las que hacen crecer la gran transgresión que tiene lugar. En la superficie sólo vemos a una mujer que ha decidido dejar de comer carne. Pero es tal la fuerza de las palabras en manos de la autora, que desde la primera página he dudado si pertenecemos a la misma especie. Si su idea de lenguaje y mi idea de lenguaje comparten unos orígenes humanos comunes. La vegetariana es la gran revelación literaria del año y su gran mérito es hacerte tragar tus propias palabras sobre las ideas preconcebidas que puedes tener en torno a una novela.