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New York, New York…, de Javier Reverte

New York, New York

New York, New YorkPese a estar ya en edad de jubilación, Javier Reverte sigue regalándonos su cita anual con la literatura de viajes. Este viajero infatigable sigue con el espíritu joven y las ganas intactas de narrar cada una de sus aventuras. Cierto es que ya no está para grandes viajes por la sabana africana, el Amazonas o el Ártico, pero como buen trotamundos, el escritor madrileño sabe sacarle el jugo a cada país o ciudad que visita.

En esta ocasión llega el turno de conocer, a ritmo de Frank Sinatra, la Capital del Mundo, la ciudad de los rascacielos, la ciudad que nunca duerme… ¡La Gran Manzana! Tras ganar un premio literario en 2010, Javier Reverte decidió darse un capricho, alquilarse con el dinero del premio un estudio en Manhattan y dedicar tres meses de su vida a pasear y contemplar la ciudad, sin más ánimo que escribir e impregnarse del frenético ritmo de vida neoyorquino. Y al igual que hiciera con su libro de viajes por Roma, elige el otoño como estación perfecta para narrar sus experiencias (“Si me dejaran escoger una vida entera para vivirla a lomos de una sola estación, elegiría el otoño sin dudarlo”).

New York, New York… no es un libro típico para los que conocemos la trayectoria de Javier Reverte. No es la narración de un viaje que tiene como objetivo un destino final. Digamos que esta vez Reverte no quiere ser viajero, quiere mimetizarse con la gente y convertirse en un vecino más de la imponente isla de Manhattan. Por eso su libro se convierte en una especie de diario en el que anota sus idas y venidas, sus citas, los bares y museos visitados… y es que Nueva York es tan grande y siempre tiene tanto que ver que da la sensación que uno podría estar años allí sin repetir ningún día el mismo plan.

Escribir un diario y no un relato de viajes tiene sus pros y sus contras. Es cierto que las mejores páginas del autor están escritas en África, y eso ya, a su edad, es muy difícil de superar. La parte más auténtica del autor sale a relucir en las cataratas Victoria, el río Congo o las reservas naturales de Kenia y Tanzania. Pero por otro lado, este diario nos permite conocer el otro lado del autor, su parte más personal. Tres meses en Nueva York dan son suficientes para conocer a una persona y saber sus gustos culinarios, musicales o deportivos. La gran urbe ejerce una influencia positiva en el autor, que se muestra exultante por la experiencia vivida. Cada esquina neoyorquina rezuma vida. Desde el Harlem hasta el puente de Brooklyn, en la isla de Manhattan (y sus alrededores) huele a hot-dog, suenan acordes de jazz y la gente vibra con los Knicks, los Rangers o los púgiles de sus famosas veladas en el Madison Square Garden. Pero Nueva York es tan grande que la literatura también tiene cabida en ella, como era de esperar. Y por eso Reverte, en su repaso histórico por los hechos más importantes de la ciudad también tiene tiempo para hablar de los grandes literatos que vivieron en sus calles o hablaron de ella. Hay hueco en New York, New York… para Whitman, Twain, Poe, Stevenson o Melville, pero también para dos escritores patrios que dejaron impronta en la ciudad, Federico García Lorca y Juan Ramón Jiménez.

Y con esta mezcla de música, deporte, literatura e historia, Javier Reverte nos regala un relato amable, desenfadado y cercano de esta gigantesca ciudad, la ciudad mundial por antonomasia, capaz de encarnar lo mejor y lo peor de los Estados Unidos de América.

“Esta ciudad no ha temido nunca al futuro ni lo teme todavía, porque de alguna manera es futuro.”

César Malagón @malagonc

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El gran imaginador, de Juan Jacinto Muñoz Rengel

el gran imaginador

el gran imaginadorQuien haya leído las anteriores obras de Juan Jacinto Muñoz Rengel, como El asesino hipocondríaco,  habrá visto que este autor malagueño busca la novedad en la escritura y le gusta romper los encorsetamientos de los géneros literarios.

Quien haya acudido a alguna de sus presentaciones o charlas habrá comprobado que es un apasionado de la ficción, en su vertiente creadora pero también en la lectora, y posee un significativo bagaje cultural, por lo que sus referencias a otros autores son habituales y muy instructivas.

Quien se aventure a leer su nueva novela, El gran imaginador, encontrará esa novedad, rotura de etiquetas y referencias literarias habituales en él, y disfrutará de su historia más ambiciosa (hasta el momento) y de un protagonista que tiene los elementos necesarios para pasar a la posteridad. Porque Nikolaos Popoulos, el imaginador, el soñador anacrónico, el fabulador interior, el salvador del mundo, nacido en Grecia, la tierra de la tragedia, los dioses prodigiosos, los héroes legendarios y los monstruos imperecederos, es el personaje que todo escritor quisiera crear… o ser, pues tiene el talento de inventar desde la nada, recordar todo lo visto y lo nunca visto y adelantarse siglos a sus contemporáneos.

No voy a adentrarme en detalles sobre la trama, ya que la grandeza de esta obra es su capacidad de sorprender al lector. Solo decir que podría considerarse una novela iniciática a grandes rasgos, una amena novela de aventuras por el Occidente y Oriente del siglo XVI, una puntual inmersión en los géneros de terror y ciencia ficción, una trama con fuertes anclajes históricos, una narración con un maravilloso toque de realismo mágico y un despliegue absoluto de fantasía, todo ello aderezado con el humor característico de Muñoz Rengel. El subtítulo de la obra, La fabulosa historia del viajero de los cien nombres, aporta el resto de información necesaria.

El gran imaginador es un libro que solo un gran lector podría escribir. Está plagado de guiños a otras obras, desde clásicos como Homero a contemporáneos como Oliver Sacks o G. R. R. Martin, aunque las referencias más evidentes y continuas son a Cervantes y El Quijote. Muñoz Rengel plantea así un juego metaliterario para los lectores más avezados, sin olvidarse de los lectores ocasionales, que encontrarán igualmente una historia llena de acción.

Pero El gran imaginador es, sobre todo, una obra que solo un gran escritor podría crear. La invención de un personaje de la magnitud de Popoulos y el manejo de una compleja estructura, que ensambla sin aristas ficción y hechos históricos, demuestran la capacidad de un autor que ha alcanzado su madurez narrativa y el excepcional trabajo de documentación que ha llevado a cabo. No sorprende que Muñoz Rengel haya invertido catorce años en gestar este libro.

Los amantes de la lectura empatizarán con Popoulos, pues les hará revivir la emoción infantil con la que se descubre la literatura y el cataclismo interior que provocan ciertos libros. Pero aún más lo harán los escritores, que comparten con él ese desbordamiento de las ideas, esas ganas de publicar, ese deseo de escribir el libro para el que han sido creados.

Popoulos dice, en un momento dado de la novela,  que no se puede sentir otra cosa que admiración por los autores de los libros que encierran vidas y mundos enteros, que nos transportan y embriagan y que nos hacen vivir un tiempo regalado. Y estoy completamente de acuerdo con él. Por eso, quiero mostrar en estas últimas líneas mi admiración, como lectora y escritora, hacia Muñoz Rengel, por si en el resto de la reseña no ha quedado evidenciado. Quien lea El gran imaginador, creo, coincidirá conmigo.

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El libro de Mr. Wonderfuck, de Pedro Ample

El libro de Mr. Wonderfuck

El libro de Mr. WonderfuckTodavía es un poco pronto para que haya una posición común en torno al tema y más en un mundo en el que todo es tan intenso como fugaz, pero confío en que dentro de unos años habrá unanimidad acerca del daño que Paulo Coelho ha hecho a la humanidad. Está claro que antes de que él y su Alquimista se posasen sobre las manos de todo hijo de vecino ya existía un importante número de orgullosos defensores del ejército del buenrrollismo y del ‘serás lo que quieras ser’, pero él fue el artífice de que mucha gente, en apariencia cabal, se llegase a creer que era posible hacer desaparecer todos sus males simplemente a base de estirar la sonrisa hasta límites dañinos para la salud y de que sus tazas, agendas y estuches dijeran por ellos lo convencidos que estaban de que podían convertir el mundo en un lugar maravilloso.

Por eso muchos recibimos con especial entusiasmo la creación de Mr. Wonderfuck, una página de Facebook que utilizó las mismas armas que sus enemigos, los dibujos simplones y coloridos, para contraatacar con mensajes corrosivos e incluso dolorosos para el orgullo, pero mucho más reales. El libro de Mr. Wonderfuck, publicado por Plaza & Janés, es una recopilación de buena parte de estas ilustraciones; ordenadas en ocho capítulos, cada uno bajo un título más motivador que el anterior, constituyen en su conjunto un auténtico manual de antiayuda.

El desprecio de Pedro Ample, director creativo de profesión, por los mensajes vacíos y atontadores que pueblan las redes sociales desde casi sus orígenes se palpa en cada uno de sus dibujos. Fue eso lo que le llevó a comienzos de 2013 a dibujar la icónica caca rosa de la marca en una servilleta y publicarla en Facebook bajo el texto «2013 va a ser una gran mierda». Y es que la escatología es uno de los platos fuertes del humor que podemos encontrar en sus páginas, así como los juegos de palabras efectistas y, sobre todo, la facilidad para poner al descubierto esa cutrez tan inherente al ser humano que tantos otros tratan de ocultar bajo filtros de Instagram y fragmentos de novelas de Federico Moccia.

A la hora de recomendar este libro se abre un interesante debate que llevo manteniendo desde hace bastante tiempo, tanto interna como socialmente, en torno a la forma en la que uno se enfrenta al día a día. Hay gente que de verdad necesita que algo o alguien, desde su novio a la canción más empalagosa de Alex Ubago, esté a su lado en los malos momentos, que le apoye y que no le deje caer en una nueva sobredosis de Häagen-Dazs. Otros, entre los cuales me incluyo, preferimos enfrentarnos a los problemas cuando vienen, no tanto por valentía como por ir haciendo callo para que las siguientes veces el golpe sea menos doloroso. Si estas entre los últimos estoy seguro de que vas a disfrutar con las decenas de situaciones cotidianas que Ample ha recogido con toda la mala baba del mundo. Si, en cambio, eres más de los primeros, estate tranquilo: el universo está conspirando para ayudarte a conseguir un cerebro pronto.

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Las uvis de la ira, de Enfermera Saturada

las uvis de la ira

las uvis de la iraPrimero fue La vida es suero y después llegó El tiempo entre suturas. Yo no sé a vosotros, pero a mí con esos títulos ya me tienen ganada. Por eso, cuando he visto que se publicaba Las uvis de la ira no he podido resistirme a conocer las aventuras de Enfermera Saturada.

¿Y quién es Enfermera Saturada? Pues Satu, una gallega treintañera que trabaja como eventual en el sistema sanitario público, a la que también conocen como «la mujer de la bolsa de empleo» y que, de tanto saltar de oposición en oposición y de planta en planta, ha desarrollado personalidad múltiple y muchísimo sentido del humor. Aunque, en realidad, es el álter ego de Héctor Castiñeira, un enfermero que se ha servido de este personaje de ficción para narrar su día a día en el hospital y sus reflexiones sobre la precariedad de su situación y de su ámbito laboral, así como sus pensamientos sobre la vida misma. Comenzó autopublicando La vida es suero en 2013, que llegó a ser el libro más vendido de aquellas navidades, para un año después fichar por Plaza & Janés. Las uvis de la ira es su tercer libro, y es evidente que habrá muchos más. Enfermera Saturada tiene algo especial que conecta con la gente, sean del gremio sanitario o no, porque es real, como esa amiga que te cuenta sus avatares diarios, riéndose por no llorar.

Porque ¿quién no tiene un familiar o un amigo que trabaja (o intenta trabajar) en el ámbito sanitario? Yo tengo algunas amigas y conocidos enfermeros y, al leer las anécdotas de Enfermera Saturada, ha sido irremediable que los tuviera presentes todo el tiempo, recordando las historias que me han contado, algunas totalmente surrealistas que no desentonarían en absoluto en estos libros. Y es que los hospitales son microuniversos que dan muchísimo de sí.

Las uvis de la ira es un libro de humor, El club de la comedia edición sanitaria, que a simple vista parecen anécdotas bien hilvanadas sobre pacientes, supervisoras, compañeras, médicos y monitores que se rebelan, con las que es fácil conectar y echarse unas risas, pero que a la vez son una reflexión y crítica sobre el estado actual de la sanidad pública española, las condiciones laborales (igualmente malas) de los profesionales de enfermería que emigran a otros países o la menoscabada atención primaria.

Es evidente que si se pertenece al gremio sanitario se disfruta más de la lectura, porque mientras a mí los chistes sobre amoxicilina y el ácido clavulánico me dejan con cara de lela, a mis amigas enfermeras les provocan carcajadas. Pero, incluso así, recomiendo los libros de Enfermera Saturada a cualquier persona que quiera pasar un buen rato, ya que además le servirán para descubrir la complicada situación de este gremio y para aprender cosas, como que ese palito de madera con el que el pediatra nos miraba la garganta se llama depresor de lengua (hay que ver qué nombre tan complicado para algo tan sencillo).

Héctor Castiñeira nos demuestra que la mejor forma de afrontar el dolor es con una sonrisa. Y como me temo que vamos a necesitar una buena dosis de sonrisas para hacer frente a la sanidad de los próximos años, os animo a leer Las uvis de la ira. Quizá así, la próxima vez que tengáis que visitar un hospital, entendáis por qué hay tanta enfermera saturada.

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Yo fui a EGB 4, de Javier Ikaz y Jorge Díaz

Yo fui a EGB 4

Yo fui a EGB 4Soy nostálgica desde siempre. Me encanta rememorar los viejos tiempos, guardar cosas de mi infancia, visionar de nuevo series y películas de los ochenta y noventa. Hace unos años, allá por 2013, descubrí el blog Yo fui a EGB y, como no podía ser de otra manera, me encantaron sus secciones: ¿Qué fue de…?, canciones de dibujos animados, juguetes ochenteros… Al poco tiempo, aprovechando el exitazo del sitio web, sus creadores publicaron el primer libro recopilatorio, que los reyes magos, que me conocen muy bien, me regalaron por Navidad.

Hoy, año 2016, tengo en mis manos Yo fui a EGB 4. Es evidente que la nostalgia está de moda. Las editoriales se han dado cuenta —o la han fomentado— y cada vez hay más libros que rememoran nuestros recuerdos. Pero creo que los principales responsables de esta moda son Javier Ikaz y Jorge Díaz, que no esperaban que su pequeño blog acabara siendo un fenómeno de internet y editorial.

Sí, soy una nostálgica, pero aun así, no he leído Yo fui a EGB 2 ni Yo fui a EGB 3 (aunque me gustaría). Al leer el cuarto volumen, inconscientemente lo he comparado con el primero, el original, que me pareció más variado y que tocó las principales teclas de mi nostalgia. Me pasé una semana atosigando a mis familiares y amigos con los recuerdos de juegos y costumbres escolares, programas y objetos ya desaparecidos, en los que no había pensado en los últimos veinte años y que Ikaz y Díaz habían rescatado del olvido con sus fotos y comentarios.

Yo fui a EGB 4 me ha gustado, aunque rememora varios temas que, por no formar parte de mi infancia en concreto, me han removido mucho menos. Y es que esta clase de libros no son una lectura sino una experiencia, por lo que el volumen que conmigo ha conectado menos puede ser el más evocador para otra persona. Pero, aun así, he sonreído página tras página: con el vocabulario ochentero, ese tan pasado de moda (y que yo uso de vez en cuando); con esas locuras que ahora nos resultan inimaginables por innecesarias, como alisarse el pelo con la plancha de la ropa (y sí, yo lo hice); con esa concha como jabonero o esa elíptica como perchero (objetos que perduran en casa de mis padres); con ese listado de precios en pesetas (¡ay! ¡cómo ha subido la vida!); con esas frases de carpeta que yo dediqué a todas mis amigas (menuda colección tenía) y esas cartas olorosas que conservo en algún cajón (y aún huelen, lo juro).

Yo fui a EGB 4 no solo nos hace recordar, sino que nos reta a demostrar nuestra memoria y la «secuelas» que nos han quedado de aquellos locos años, contestando a pequeños test. Y sí, por si no había quedado claro todavía, he constatado que a mí me quedan muchísimas. Además, como hay cosas que nunca deben caer en el olvido, también recopila recetas de los tradicionales postres de las abuelas y nos regala un parchís de Parchís, es decir, las fichas roja, verde, azul y amarilla son los integrantes del mítico grupo, sin olvidarse del dado, por supuesto.

Así que sí, lo reconozco: estoy encantada con que los chicos de Yo fui a EGB saquen uno, cuatro o veinte libros. Porque para mí es una gozada evocar los recuerdos y reírme de la niña que fui. Seguramente esta moda acabe pasando, pero para mí ya no hay solución: me hago mayor y la nostalgia se agrava con los años.

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Lo último que verán tus ojos, de Isabel San Sebastián

Lo último que verán tus ojos

Lo último que verán tus ojosLa Segunda Guerra Mundial ha dado para un montón de libros, películas, novelas gráficas y un largo etcétera. Supongo que el que ya existieran las cámaras y el cine, ha ayudado a que “viéramos” la guerra desde más cerca. Los que sobrevivieron pudieron además, contar sus vivencias al que las quisiera oír gracias a este mundo globalizado y conectado. Diferentes puntos de vista, claro, aunque siempre prima el norteamericano, por esto de que ellos tienen la industria cinematográfica más potente y porque acogieron a muchos de los que huyeron de una Europa devastada.

Isabel San Sebastián se viene a sumar con esta novela a las muchas que tratan este tema. Me animé a leerlo porque me pareció atractivo el argumento y porque me encanta la obra del Greco, que os preguntaréis qué pinta aquí el Greco, pues pinta, pinta. Os cuento: Carolina Valdés es una especialista en arte, que está en Nueva York para certificar la autenticidad de un paisaje del Greco desconocido hasta ahora, que ha aparecido misteriosamente en 2015 y que van a subastar por una millonada. Conoce a Philip Smith, un taxista de la Gran Manzana, que asegura que ese cuadro había pertenecido a su familia y había sido robado por los nazis. Se embarcan en una investigación muy emocionante, que les lleva a Budapest, donde Philip averiguará muchas cosas de su familia judía, de cómo su abuelo fue una de las víctimas del Holocausto. Rememoraremos con ellos los horrores de la guerra, la masacre, la injusticia, pero también recordaremos a gente buena, como el diplomático español Ángel Sanz Briz, que salvó a millares de judíos y a otros, que como él, se jugaron la vida por los demás, sin recibir nada a cambio. Siguiendo las pistas, llegarán a Madrid y Philip va a ir descubriendo muchos otros secretos de su familia, algunos muy dolorosos. En medio de todo esto surge el romance, of course. Era imposible que entre dos personajes tan contrapuestos y tan atractivos, no acabaran saltando chispas.

Todo esto contiene Lo último que verán tus ojos: lecciones de historia, de villanos, de héroes, de arte, de amor y de odio. Es muy entretenida, emocionante, rápida, incluso los pasajes en los que se cuentan los datos más estrictamente históricos, que podrían ser densos, no lo son; se hacen amenos y se cuentan de forma muy ligera. Quizá he echado de menos un trabajo un poco más profundo de los personajes, que me han parecido bastante previsibles, pero es por ponerle un pero.

Me gustan mucho este tipo de novelas históricas, de estas que meten dentro de la Historia, otra inventada. He disfrutado mucho de las novelas de Julia Navarro y de Ken Follet, aunque esta que hoy nos ocupa tiene de diferente que la trama no está en el momento histórico del que trata, sino en el actual y se cuentan cosas del pasado. Es un mirar atrás, no un vivir la historia. En algunos momentos me ha venido a la cabeza La frontera dormida de José Luis Galar, por la temática del expolio nazi, la investigación de una especialista en arte y la ambigua relación que tuvo España con las víctimas y los verdugos de esa guerra. Pero no solo nos cuenta sobre la Segunda Guerra Mundial y la posguerra, sino que también nos da una lección de arte sobre el Greco y sobre la época en la que vivió en España; sobre los sefardíes españoles de antaño o sobre la actual comunidad ultraortodoxa del barrio del Williamsburg en Brooklyn, por ejemplo. Ahí es nada, en poco menos de 400 páginas aprendes un montón y a mí me encanta que me enseñen, así que he disfrutado mucho.

No había leído nada de Isabel San Sebastián y, aunque sé que tiene una dilatada trayectoria periodística, tampoco la conozco mucho en ese campo; no soy asidua espectadora de los programas en los que ha trabajado, así que he ido bastante a ciegas a su encuentro (iba a decir virgen, pero suena fatal y no sería verdad) y me ha gustado su forma de escribir, de explicar las cosas. Parece una mujer con un marcado carácter, decidida y que no se amedrenta con facilidad. Tendría que preguntárselo, pero yo veo algo de ella en Carolina, la protagonista de la novela.

Me encanta la dedicatoria del libro: “A todos los que no se resignan, ni se venden ni se callan ni se rinden”, me parece precioso.

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Quien pierde paga, de Stephen King

Quien pierde paga

Quien pierde pagaHay un concepto dentro de los diferentes géneros literarios que me fascina. La metaliteratura. Detrás de este rimbombante nombre, no hay más misterio que libros que hablan de literatura. Libros que hablan de libros. Del arte de escribir, del proceso de lectura o , como nos dice Stephen King, “para los lectores, tomar conciencia de que son lectores es uno de los descubrimientos más electrizantes de la vida: de que son capaces no solo de leer, sino además de enamorarse de la lectura. Perdidamente. Con delirio”. Es “Quien pierde paga” la primera novela, desde Misery, en la que Stephen King vuelve a escribir sobre un lector obsesionado con un escritor. Y lo hace de manera prolija y eficiente. Eso es “Quien pierde paga”, un viaje a la psicología del lector.

“Unos leen para aprender, otros para olvidar.
Y devoran el libro o el libro los devora a ellos.
He aquí el plan de un lector maníaco.”

Para aquellos que no conozcáis la trilogía Bill Hodges, decir que la primera entrega de esta serie fue Mr. Mercedes. Aquella fue la primera incursión de Stephen King en la novela policíaca. Aquel libro nos preparó el camino para lo que nos encontraremos en este volumen. Una historia autoconclusiva pero que se conduce por unos cauces narrativos generales mucho más amplios. Ariel Bosi, lector argentino experto en King que ya se ha leído la trilogía entera, confesó que “Quien pierde paga” es el que más le ha gustado de los tres, y que “End of watch” (el tercero) será el más controvertido. Entiendo que se refiere a que continúa con el final de “Quien pierde paga”, un final al estilo King, que a mi, personalmente, me ha encantado.

«Despierta, genio».

Así comienza la novela. El genio en cuestión es John Rothstein, un autor de culto (deduzco que postmodernista, amén del guiño a Roth), creador del personaje de Jimmy Gold. Morris Bellamy es un apasionado lector que, sin embargo, no está nada contento. Cree que Rothstein ha traicionado a Gold y eso es algo que no puede soportar. Morris decide hacer una visita a Rothstein en su casa para preguntar a por qué terminó su obra de esa manera pero las cosas, como en cualquier novela de King, acaban por torcerse.

Años después un chico llamado Pete Saubers, sin saberlo, se cruzará en el camino de nuestro peculiar lector y será al joven Pete y a su familia a quienes habrán de salvar Bill Hodges, Holly Gibney y Jerome Robinson del vengativo y trastornado Morris cuando salga de la cárcel después de treinta y cinco años a la sombra.

Hay que señalar que Morris Bellamy es uno de los seres más extraños de cuantos ha creado Stephen King. Un personaje inteligente con quien sentirse identificado pero repulsivo al mismo tiempo. Alguien con quien tienes tantas cosas en común que asusta. Un personaje maligno y trastornado que recuerda en ocasiones, no solo a Annie Wilkies de “Misery” sino también a Henry Bowers de “It”.

Si hay algo que destacar es la calidad con la que están construidos los personajes adolescentes en la obra. Cuando Stephen King comenzó a escribir Carrie, su primera novela, tiró a la papelera las siete primeras páginas. El autor de Maine sostenía que no iba a ser capaz de entrar en la mente de unas jóvenes de instituto. Menos mal que su mujer sacó las páginas del cubo de la basura… Nada tiene que ver esta anécdota con la capacidad actual de King de ponerse en la piel de unos adolescentes. Son precisamente éstos los que destacan por encima del resto. Personajes que, tanto los comunes con Mr. Mercedes como Pete Saubers, protagonista de “Quien pierde paga”, llevan el peso de toda la trama.

Hay un detalle en la novela es que Stephen King que no podemos dejar pasar. El libro retrata la vida de un lector cuya obsesión por un escritor lo lleva demasiado lejos. Esa es la manera que tiene King de dejarnos su mensaje: “Quien pierde paga” es un libro que trata sobre cómo la literatura puede moldear una vida de alguien para bien o para mal. De cuan profunda puede ser la obsesión de un lector por un libro hasta el punto de no saber dónde la realidad linda con la ficción.

Creo que, a estas alturas, sobra hacer apología de Stephen King. Si has llegado hasta aquí es porque te gusta King. Si has llegado hasta aquí es porque te vas a leer el libro. No ayudará a convencerte decir que Stephen King es uno de los mejores escritores de la literatura contemporánea y que yo leo absolutamente todo lo que escribe. Ni decirte que “Quien pierde paga” me reafirma en lo que pienso. Así que ya sabes, deja de leerme a mí y abre el maldito libro.

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Solo esta noche, de Simona Ahrnstedt

Solo esta noche

Solo esta nocheAunque la situación actual de la mujer trabajadora no es ni comparable a la que existía hace unos treinta años, las mujeres todavía tenemos que luchar para demostrar que valemos lo mismo que los hombres. Podemos trabajar, podemos conducir, mantener económicamente a la familia, viajar o pedir comida en un restaurante sin necesidad de que un hombre interceda por nosotras. Pero todavía hay mucho trabajo por hacer. En España, más o menos el veinticinco por ciento de los puestos directivos son ostentados por mujeres. Todavía cobramos menos que los hombres, por hacer el mismo trabajo. Y todavía se tienen prejuicios en cuanto a nuestro físico a la hora de seleccionarnos para un puesto laboral.

Sinceramente, no tengo ni idea de si esto pasa igual en Suecia o no, que es donde vive nuestra protagonista, Natalia de la Grip. Una chica nacida en una familia pudiente que tiene una de las empresas más importantes de toda Suecia. Natalia tiene que lidiar con una familia que piensa que las mujeres están mejor en casa cocinando y cuidando de los niños. Aun así, ella quiere demostrar que puede ser un as de las finanzas y que puede llevar ella solita una empresa. Pero todo cambia radicalmente cuando se cruza en su camino David Hammar, el mayor rival de su padre en el mundo bursátil. Sin que Natalia pueda hacer nada por remediarlo y, contra todo pronóstico, se enamora perdidamente de él. Su vida, su orgullo, sus ambiciones y sus metas se verán sacudidos por ese hombre que la mira como si no existiera ninguna otra mujer en el mundo.

Solo esta noche sigue la tónica de esta reseña: empieza con una gran crítica a la sociedad al relatar todas las dificultades que tiene Natalia para demostrar que vale más que sus hermanos varones. Y poco a poco va transformándose en una historia de amor en la que tendrá que enfrentarse a su familia y luchar por sus deseos.

He escuchado muchas veces eso de que las mujeres no necesitan un hombre a su lado para poder tener éxito. Y conozco a unas cuantas que piensan que es un requisito indispensable el estar sola para poder crecer profesionalmente, que una no puede desarrollarse si hay un hombre cerca que la oprima. Simona Ahrnstedt analiza esta situación tomando como protagonista a una de estas mujeres. ¿Qué le pasará cuando el amor de su vida se le ponga delante? ¿Seguirá pensando que debe estar sola para poder alcanzar sus metas? ¿Comprenderá que ese resultado solo depende de sus ganas de conseguirlo?

Soy muy consciente de que el camino que tiene que recorrer un hombre para alcanzar sus metas profesionales tiene menos obstáculos que los que se podría encontrar una mujer. Sin ir más lejos, ellos no necesitan cogerse bajas por embarazo; no necesitan permisos para ir a amamantar a sus bebés. También es importante el matiz de que los baremos con los que se mide el éxito son típicamente masculinos, como la agresividad  o la autoridad; mientras que los valores que caracterizan a las mujeres, como la negociación o la eficacia, en un mundo de hombres sigue siendo un signo de debilidad. Todo esto hablando a grandes rasgos y sin generalizar, por supuesto. Pero poco a poco las mujeres estamos demostrando que valemos lo mismo que los hombres. Sin importar que estemos solas o con uno a nuestro lado. Precisamente por eso, creo que Natalia se enamora de David. David, aunque ahora es uno de los millonarios más influyentes de Suecia, lo ha conseguido todo gracias a él mismo. Nacido en una familia humilde, abrazó las becas que le dieron la oportunidad de poder llegar donde está hoy. Le enseña a Natalia que los prejuicios deben quedarse en los años cincuenta. Que hoy, todo vale. Que da igual que seas mujer, hombre, flaco, gordo, negro o blanco: si te propones triunfar y trabajas duro, podrás conseguirlo.

Es curioso, porque había leído muchas novelas suecas, pero absolutamente todas eran novelas negras. Jamás había leído una historia romántica de un autor escandinavo. Pero está claro que los suecos y, en este caso, las mujeres suecas, también saben qué es el amor. Cosa que me alivia bastante, ya que empezaba a preocuparme por tanto afán por los crímenes. Así que, nada mejor que dejarse llevar por Simona Ahrnstedt a un paraje frío como el hielo y ver cómo se va derritiendo poco a poco gracias a Natalia y David.

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Historia de un canalla, de Julia Navarro

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Título: Historia de un canalla

Autora: Julia Navarro

Editorial: Plaza & Janes Editores
Páginas: 864
ISBN: 9788401016950

He leído todo lo que Julia Navarro ha publicado, todo, sin excepción. Desde aquel primer libro titulado La Hermandad de la Sábana Blanca, en el que asomaba ya una escritora bastante formada que se movía bien en el terreno de la novela histórica con buenas dosis de intriga, pasando por su segundo y tercer libro, La biblia de barro y La sangre de los inocentes; pero indiscutiblemente se ganó al público y a la crítica, ya casi sin fisuras, en Dime quien soy, libro con el que aparecen ya los incondicionales de la autora. Gustándome ese libro, y disfrutando de él, sabía que aún habría algo de Julia que estaba por llegar. Y llegó, con Dispara yo ya estoy muerto. Me interesó la historia y funcionó en los planos de novela histórica en los que tan bien se mueve pero sobre todo descubrimos a una Julia Navarro mucho más literaria.

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Madre in Spain, de Señorita Puri

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Ser madre nunca es fácil. Serlo en España es algo así como si de repente fuéramos una mezcla entre Indiana Jones y McGyver y tuviéramos que hacer frente a una misión para salvar a la humanidad. Salvarla, en todo caso, de las cacas y los gritos, pero salvarla al fin y al cabo. Y sí, es muy posible que ahora estéis pensando que qué narices hace un chico, un hombre, un tío, hablando de lo que es ser madre en este país, pero la verdad es que por varias razones uno ha tenido siempre diferentes relaciones que tienen que ver con la maternidad. Algo se me habrá pegado, digo yo. Y quizá por eso me detuve a leer Madre in Spain. Por eso y porque yo sigo a Señorita Puri como uno de esos admiradores que se ríen con las barbaridades que suelta por la boca – o por los dedos, en Twitter – y porque sus dos libros anteriores me hicieron reír y olvidarme por un instante lo que estaba viviendo. No hay nada mejor que tomarse las cosas con humor, con esa clase de humor que hace que nada importe demasiado o que, si lo hace, al menos nos provoque una sonrisa de “yo he estado ahí, sé de lo que hablas”. Ser madre en España es como abrir una puerta y darte con ella en la cara: al principio duele, pero luego todo sigue su curso y sólo te queda un pequeño morado para recordártelo.

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La habitación olvidada

La habitación olvidada, de Lincoln Child

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Dentro del panorama actual de Best-Sellers, parece que en los últimos años ha habido una especie de invasión subrepticia de novela negra. No sólo me refiero a la novela sueca, no os penséis. Vienen desde todos los sitios. Hay francotiradores en cada edificio. Cuando menos te lo esperas… ¡Bang! Novela negra nueva en la librería.

Pero ojo, que no me parece mal. Me encanta la novela negra. Aunque la sueca, en particular, no mucho. Pero me encanta el género. Bueno, a lo que iba. El caso es que parece que se ha desplazado a un género como el del suspense. Éste es mi preferido. El thriller. El que te obliga a pasar a la siguiente página. Ese que cuando se te están cayendo los párpados de sueño a las dos de la mañana piensas: un capítulo más. Y por eso cuando entre la pléyade de páginas manchadas de sangre (sueca) de los catálogos de novedades, aparece uno de los míos, me lanzo a él cual ave rapaz. Suspense. Misterio. Sangre sí, pero la necesaria. Ni mucha ni poca. Sigue leyendo La habitación olvidada

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Mientras escribo

Mientras escribo, de Stephen King

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Recuerdo las estanterías de casa de mis padres salpicadas de libros de Stephen King. Estaban por todas partes. Un montón de libros del escritor de Maine en edición de bolsillo. Una edición con fondo negro llamada “Los JET de Plaza & Janés” de la que recuerdo títulos que leí de crío como eran “Cujo”, “El Resplandor”, “El misterio de Salem’s Lot”, “Tommyknockers”, “Apocalipsis”, “Carrie”… y mi idolatrada “It”. Creo que con aquella colección Stephen King comenzó a perfilar mi gusto literario, al que más tarde acabaría de dar forma J.R.R. Tolkien.

“Mientras escribo” no es una novela de terror. O sí. En algún sentido nos presenta varios de los fantasmas que acechan la mente del autor y cómo le afectan en su proceso de creación. Pero no es una novela, sino un ensayo. Este libro es una “rara avis” dentro de la obra de Stephen King. De hecho,  ahora que han pasado más de quince años desde su publicación, empieza a considerarse como una suerte de libro de culto. Se recomienda en talleres de escritura y en universidades y, aunque es un libro para escritores que están iniciando o para fans del autor, los párrafos vuelan delante de tus ojos. Sigue leyendo Mientras escribo