
Mola mucho, si se hace bien, coger a los personajes de fábulas o cuentos conocidos por todos, o casi todos, y poder reimaginarlos, resituarlos, ampliar sus horizontes, inventarles nuevas historias y darles la oportunidad de ser protagonistas en nuevas historias. Porque solo conocemos aquello que nos han contado de ellos, pero queremos saber qué pasó con ellos antes, o después de aquello por lo que les conocemos. Mola mil darles una vida nueva, que dejen de ser parte de una gran novela coral en la que solo son protas por un breve espacio de tiempo, enseñarles todo lo que pueden hacer, sacarlos de su bucle repetitivo y, tal vez, prestarles un nuevo enfoque. Mola mucho. Mola tanto, que, autobombo, yo mismo lo he hecho en alguna de mis historias y, además, con el protagonista de este Libro Primero de Los malditos, Caín.
Caín, “el inventor del asesinato”, el que está marcado por Dios para que ningún hombre lo mate, lleva los mil seiscientos años transcurridos desde el episodio aquel del Edén, la serpiente y la manzana, vagando sin rumbo de un sitio a otro, inmortal y errante, en busca de una muerte que le libere de su maldición.
Para, para, para… O sea, que,… ¿esto es algo bíblico? Bueno,… sí, pero no. Porque parece mentira que con la de historias basadas o inspiradas en el famoso libro podamos asistir a algo realmente nuevo y original con ese telón de fondo. Pero, ¡eh!, lo tenemos. ¡Y vaya si es nuevo y original! Esto, nenes, es el puñetero Génesis en versión Mad Max. Un western bíblico o, incluso, ¿por qué no?, un noir bíblico y no exagero un pelo.
“Hace tiempo tuve una familia. No nos fue bien”.
Estamos en un mundo posapocalíptico antes del apocalipsis diluviano. Sí, parece un oxímoron, y, de hecho lo es, pero es lo que tenemos. Un mundo salvajísimo lleno de violencia, depravación, crueldad, mutilaciones, violaciones, esclavitud infantil, en el que humanos conviven con animales de todo tipo, incluidos los monstruosos que recuerdan a dinosaurios. Un mundo seco también, en el que la comida escasea y lo primordial es sobrevivir a toda costa. Vamos, el mismísimo puto infierno en La Tierra.
La humanidad se nos presenta como un experimento fallido y el mundo como un lugar lleno de blasfemias (sin ir más lejos el primer bocadillo es un gruñido y el segundo ya es un “¡Me cago en Dios!”), y vocabulario malsonante (cabrón, follamugre, hijo de puta, comechochos,…y otras lindezas de ese palo que no creo que salgan en la Biblia) que se supone es como era antes del diluvio. Y como precisamente el diluvio aparece en el título de este primer tomo, era lógico que tuviéramos que encontrarnos con Noé.
Noé, que se define como salvador de la humanidad, que es leñador en busca de madera para construir su preciada arca, pero que no por ello deja de ser un asesino más, un fanático con un hacha que no vacila en quitar de en medio a quien le estorbe de la manera más sanguinaria si le apetece. Vaya, un Noé totalmente distinto al que conocíamos, que supera con mucho al visto en la cinta de Aronofsky. Todo un cabronazo que tropezará con nuestro protagónico antihéroe y de cuyo encuentro saltarán más que chispas.
A destacar también las pullitas de Caín a Dios y las reflexiones que va soltando de vez en cuando en torno a Él/Ella/Elle/Ello (“si Dios nos creó a su imagen y semejanza y somos capaces de tantas atrocidades, ¿Dios es así?”).
El dibujo logra traspasar al lector la sensación de suciedad, de lugar yermo, de hostilidad y depravación que flota en la historia. La crudeza del mismo puede causar en un primer momento algo parecido al rechazo, pero poco a poco vas acostumbrándote y comprendiendo que es el tipo de dibujo perfecto para la historia que estamos leyendo.
En resumen, un divertimento de principio a fin, una lectura que engancha y que te pide seguir con el segundo tomo (aún en proceso).
Los malditos. Libro Primero: Antes del diluvio gustará a quienes quieran una buena historia y consideren a la Biblia como un mero libro sin mayor trascendencia; que no se escandalicen ni rasguen las vestiduras porque lo que en este cómic se encuentren se aparte de lo que aparece en las Escrituras. A aquellos que busquen lo que he expuesto en el primer párrafo, pero también a aquellos que simplemente busquen un buen entretenimiento. De seguro, todos ellos querrán leer el segundo tomo.
Amén.

Antes de comenzar con esta reseña, tengo que decir que desde que vi la portada de este libro, leí su sinopsis y las increíbles opiniones en Goodreads, ha ido incrementando mi hype por leerlo. Por eso, cuando supe que la editorial Del Nuevo Extremo la iba a traer a España, no podía ocultar mi emoción. Y es que tengo que admitir que soy una apasionada de este tipo de novelas young adult de fantasía, de luchas, traiciones, envidias, celos, amor, amistad… Son tantos los componentes que hacen que me enganche a ellas que casi siempre se convierten en lecturas que no defraudan. Y, en este caso, Reino Dividido, ha sido una de las que no defraudan.
¡Di la palabra mágica!
Hay veces que no sabes cómo encarar una reseña o cómo clasificar un cómic o incluso ambas cosas. Veces en las que acabas de leer algo que exige un reposo mental suficiente como para que puedas contar a todo el mundo la puñetera ida de olla que has terminado de leer, sin embarullarte, sin sufrir esa diarrea mental que aún desordena tu cerebro; para que seas lo obligatoriamente convincente como para inocular a la gente las ganas que tienes de que descubran algo que, por ser excesivamente underground, pueden llegar a perderse.
Os voy a contar uno de mis recuerdos favoritos de mi infancia. Yo tendría unos ocho años y acogimos en nuestra casa a un primo de mi madre durante una temporada que, por problemas que no vienen al caso, necesitaba pasar una temporada en Madrid. Le encantaba leer, se pasaba las horas con un libro entre las manos. Yo podía ver en su cara cómo disfrutaba mientras lo hacía; sin duda, era su vía de escape. Estaba a salvo en otros mundos que no eran el suyo. Cada noche venía a mi habitación a contarme un cuento para que yo me durmiera. Era un cuento muy especial, en el que la fantasía era la grandísima protagonista. Él cogía un libro viejo que teníamos por casa, en cuya primera página había un mapa sobre el cual me contaba la historia. Se la sabía de memoria, no le hacía falta abrir el libro para saber todos y cada uno de los detalles de la trama. Se lo había leído tantas veces que era incapaz de decirme exactamente cuántas habían sido. La historia la protagonizaba un tal Frodo y su misión era destruir un anillo.
Hay historias de 
Hoy vengo a hablaros de La historia oculta. Integral 5, de Jean-Pierre Pécau, lo que quiere decir que ya he leído los cuatro integrales anteriores. Como muchos no habréis leído las reseñas que les dediqué y los que sí lo hayáis hecho seguramente no os acordéis (han pasado seis meses desde la última entrega), veo oportuno dar un repaso rápido a lo que hasta ahora ha dado de sí esta ucronía con toques de fantasía, humor y acción (mucha acción), para que os convenzáis de que pocas historias ofrecen una trama tan ambiciosa y bien hilada como esta.
Ya he demostrado por aquí en varias ocasiones que me llama la atención todo lo que tenga que ver con seres fantásticos (
«Banerjee es el detective más peculiar que existe. Se sumerge en sueños para descubrir los misterios, pero su método tiene una contraprestación: jamás puede exceder los veintiséis minutos».
Ray Bradbury me hubiera caído bien, lo sé. Porque es el autor de 
Lo que me gustan a mí las reinvenciones de los clásicos. Hace poco os hablé de la que 
Si me preguntaran cual es mi pintor favorito no respondería nada. Me quedaría en blanco pensando en pintores y miraría fijamente a los ojos a mi interlocutor hasta que se diera por vencido. ¿Por qué esa manía de tener un pintor, escritor, director de cine, grupo de música, actor, actriz… favorito? Yo tengo muchos favoritos de todos, no puedo quedarme solo con uno. Van Gogh, Klimt, Munch, Warhol, Dalí, Rothko, Tamara de Lempicka… No te puedes quedar con uno como el favorito porque incluso si así lo haces, hoy puede ser uno y mañana o tal vez dentro de seis horas, puede ser otro.