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Las diez mil vidas de Milo, de Michael Poore

las diez mil vidas de Milo

las diez mil vidas de MiloEl inicio de un poema de Charles Chaplin dice así:

«La vida es una obra de teatro que no permite ensayos

Por eso, canta, ríe, baila, llora

y vive intensamente cada momento de tu vida

antes de que el telón baje

y la obra termine sin aplausos».

Pero ¿y si tuviéramos otra oportunidad para hacerlo mejor? ¿Y si a esta vida le siguiera otra, y otra, y otra más, y fuéramos aprendiendo de nuestros errores y nuestros aciertos hasta alcanzar la Perfección? Eso es lo que plantea Michael Poore en su novela Las diez mil vidas de Milo, con un sentido del humor que me ha recordado al gran Terry Pratchett.

Milo es el alma más vieja del mundo. La mayoría de almas alcanzan la ansiada Perfección cuando llevan unas nueve mil vidas, pero él está a punto de llegar a las diez mil y todavía no lo ha conseguido. Milo está preocupado, claro. Solo le quedan cinco oportunidades, y si no lo logra, en vez de atravesar el Umbral del Sol y fundirse con la Ultraalma, será absorbido por la Nada. Y lo malo no es desaparecer en el olvido, después de haber muerto miles de veces, Milo tiene cierta experiencia en eso, el problema es que en la Nada ya no habrá vuelta atrás y nunca más verá a Suzie, su alma gemela.

¿Y quién es Suzie? La Muerte. No es que Milo haya cogido cariño a la muerte por visitarla tan a menudo, sino que esa Muerte, una de tantas que pululan por el mundo para llevar a las almas al otro lado del río de la vida, tiene cuerpo de mujer y la personalidad más afín que Milo ha encontrado a lo largo de sus miles de existencias. Quizá por eso a Milo le guste tanto vivir y morir, porque es la única forma de reencontrarse con ella.

¿Conseguirá Milo alcanzar la Perfección o tendrá un plan mejor?

Las miles de vidas de Milo, vidas del futuro y del pasado, en las que es desde rey hasta insecto, pasando por seguidor de Buda e incluso psicópata, le sirven a Michael Poore para coquetear con el género de ciencia ficción, pero también con el de aventuras y el de terror, sin perder de vista el humor en ningún momento ni la bonita historia de amor que le da sentido a todo. Milo protagoniza tantas vidas anodinas como trascendentales y muere de las formas más heroicas, pero también de las maneras más absurdas. Y de todas esas existencias se lleva una enseñanza, para bien o para mal, al igual que los lectores. Porque Las diez mil vidas de Milo puede parecer una novela desenfadada, pero en realidad es una motivadora reflexión sobre la vida y la muerte.

La filosofía de vida que nos enseña Milo a lo largo de sus diez mil vidas bien podría resumirse en otra frase del genial Charles Chaplin: «Aprende como si fueras a vivir toda la vida y vive como si fueras a morir mañana». Quizá todos tengamos más vidas aguardándonos para hacerlo mejor, o tal vez no. Sea como sea, deberíamos tomar nota de la sabiduría de Milo. Así, aunque solo vivamos una, haremos que merezca la pena.

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La forma del agua, de Guillermo del Toro y Daniel Kraus

La forma del agua

La forma del agua“Al amor. En sus muchas manifestaciones y formas.”

Así comienza esta historia, con esta sincera dedicatoria de los creadores. Y es que este es el principal tema de esta brillante novela, que se manifiesta de formas diversas desde sus primeros capítulos. Porque todos aquellos que conocemos, en especial, la obra de Guillermo del Toro, sabemos que este es uno de los temas que más aborda en sus películas y creaciones. Aunque, de forma más especial que este, sabemos que en sus historias siempre destaca lo diferente al ser humano. Los monstruos que quizás no sean como siempre nos hemos imaginado…

Y así es La forma del agua. Una obra que se aleja demasiado de lo convencional, en todos los sentidos, y se centra en personajes olvidados, marginados por la sociedad, para darles un hueco en el mundo. Tanto Elisa, la protagonista, una joven muda sin apenas amigos, limpiadora y con una vida aparentemente normal, como el resto de los personajes que se van incorporando a lo largo de la trama.

Aunque no me sorprendió, porque me encanta este matiz de Del Toro, que seguramente haya matizado junto a Daniel Kraus, todos aquellos que aparecen en esta novela se sienten fuera de la sociedad y esta novela se ha convertido en todo un homenaje a ellos. Como héroes, pero también como villanos, ya que deben tomar decisiones que afectarán también a personas inocentes. Y me ha gustado mucho que muestre ambas caras, que todos los seres humanos tenemos, pero que no siempre se muestran como deberían. Y esa forma de conectar todos estos aspectos tan humanos con “el monstruo”, ese otro personaje, esa especie de anfibio, que aparece en medio de la novela para trastocar las vidas apacibles de todos ellos. Y cómo se desarrolla una bonita y real historia de amor y amistad que transpasa todas las leyes de lo que es real y lo que no lo es.

Y esto, aunque quizás sea lo más especial de La forma del agua, no es lo único. Me ha encantado la forma de narrar de estos dos brillantes creadores, descriptiva y repleta de detalles, y también de reflejar los aspectos más importantes de la sociedad estadounidense de los años 50 y 60, en los que se ambienta esta original novela. Además, su particular retrato del legendario sueño americano, que cómo no, también aparece aquí, es increíble. Porque nada es imposible para aquellos que creen en ello… Nada.

Esta historia, que ha tenido la increíble suerte de haber logrado un Oscar en la gala de este año, me ha sorprendido por su capacidad de adaptar una necesidad humana universal, que es la necesidad de amar y ser amados, y enfocarla en una relación de amor desinteresada y tremendamente real entre una mujer y un ser ficticio. Ha sido un placer leer esta novela y disfrutarla de principio a fin junto a sus personajes, ni héroes ni villanos, lo mejor es que son una mezcla de ambas cosas. Me ha parecido increíblemente interesante y me ha dejado con la sensación de una lección aprendida: no juzgar a nada ni a nadie por lo que parece, sino dejarse llevar por los sentimientos y las emociones que despiertan los hechos. Pero no solo los hechos empíricos, sino también todo aquello que no podemos ver, pero que sí podemos sentir.

Esta es de esas historias valientes, reales a pesar de ser fantásticas, y originales, pese a tratar un tema que casi todos los libros tratan. La cuestión es la sensibilidad en cómo lo tratan los creadores y todo lo que son capaces de transmitir, tanto en esta novela a través de las palabras, como en la película, a través de la música y las imágenes en movimiento. La forma del agua es ternura e inocencia y tiene las dosis perfectas de realidad y fantasía para atrapar a cualquiera.

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He-Man y Los Masters del Universo: colección de minicómics vol.1, de VV. AA.

he-man y los masters del universo coleccion de minicomics vol 1

he-man y los masters del universo coleccion de minicomics vol 1En la década de los 80 todos los niños querían uno.

Con tan solo esta frase la tarea de adivinar el objeto de deseo podría llevarnos varios años. Así que, es necesario acotar más, allanando el camino hacia la incógnita final. No era un Gremlin ni tampoco un Transformer y, podemos añadir, que el juguete guardaba ciertas similitudes con Conan. La semejanza con el Cimmerio creado por Robert E. Howard es tal vez el indicio definitivo que os haya llevado hasta He-man y los Masters del Universo. Aunque me da a mí que la pista principal ha sido el título de esta reseña.

Hubo una época en la que yo también anhelé poder jugar con un Masters del Universo. Para alcanzar ese fin pacté una alianza con mi hermana que enseguida se puso en marcha con una brutal táctica ofensiva: dar la tabarra a mis padres para que nos compraran uno de esos muñecos de piernas arqueadas y de descomunal pecho de culturista adicto a los anabolizantes. Finalmente unas navidades nuestra batalla culminó en victoria y cada uno recibió su parte del botín. El He-Man que obtuve era una de las figuras de la última hornada, de la serie de animación The new adventures of He-Man. Aquel He-Man era más estilizado, menos cabezón, de músculos menos monstruosos y portaba unos accesorios de corte más futurista. En conjunto resultaba algo menos carismático, pero no dejaba de ser lo que yo tanto había deseado. Casi treinta años después todavía lo conservo.

Aunque ha llovido mucho desde entonces recuerdo vagamente como era el packaging de las figuras (por lo menos el de las más clásicas): la palabra Masters coronando el blíster, en el centro se originaba una explosión rojiza de piedras que eran lanzadas contra el espectador, y, en medio del aluvión de rocas, de forma llamativa, incluso sugerente, la figura. Pero había algo más, una última, gratificante e inesperada sorpresa oculta tras el muñeco y que solo tras haber hecho pedazos el paquete de forma frenética se hacía patente: un minicómic.

He-Man y los Masters del Universo: colección de minicómics vol. 1 recoge los primeros 15 minicómics de los 51 que se llegaron a publicar. Así pues, empezaremos descubriendo los orígenes de He-Man y los compañeros que posteriormente se le unirían, asimismo ocurrirá con su némesis Skeletor y sus lacayos, a través de unas historias que rondan la veintena de páginas. A los primeros de estos cómics no se les puede etiquetar como tal, pues eran más bien cuentos con una única ilustración por página. Con todo, no tardarían mucho en dejar atrás esos cuentos de narración farragosa para dar el salto al, siempre más ágil, mundo de las viñetas.

La estructura de los cómics, de un máximo de cuatro viñetas por página, era siempre la misma: Skeletor intentado hacerse con el control del poder que ostentaba el castillo de GraySkull para dominar el mundo de Eternia. He-Man entrando en acción. Un intercambio de tortas entre el bien y el mal, y, finalmente Skeletor huyendo con el rabo entre las piernas. “¡Maldito seas, He-man! ¡Has vuelto a derrotarme! Pero algún día… ¡Te venceré! ¡Yo, Skeletor, lo juro!” Puede afirmarse, sin duda alguna, que los guiones eran simples como el mecanismo de un chupete, pero, al igual que el accesorio para bebés, sumamente efectivos. Y es que los minicómics no solo funcionaban como una brillante idea de marketing para que compraras las figuras que desarrollaba Mattel, sino que además creaban un contexto que resultaba un brutal fertilizante para la floreciente imaginación de los niños. Tramas que, simple y llanamente, estimulaban a seguir jugando, aunque, como en mi caso, ese juego implicara que los Masters del Universo debían luchar hombro con hombro con las Barbies de mi hermana para detener los pérfidos planes de los malévolos G.I. Joe.

Pero hablemos de la gente que hizo posible las historietas, pues tras estas encontramos a dibujantes de la talla de Alfredo Alcalá o Mark Texeira. El primero sería uno de los que daría forma a La Cosa del pantano de Alan Moore, además de ser un habitual en Marvel dibujando a Conan el Bárbaro; algo que le haría perfecto para dibujar un mundo ambientado en el subgénero fantástico de espada y brujería pero que también gozaba de grandes dosis de ciencia ficción. Por otro lado tenemos a Mark Texeira que, a posteriori, se convertiría en un peso pesado de la industria con títulos como The Punisher: War Journal y diversas aportaciones para Wolverine o Spiderman. El dibujo de Texeira es atractivo aunque irregular: épico en algunas viñetas y simplemente correcto en otras. Alcalá, en cambio, es más hábil a la hora de otorgar detallismo a cada personaje o escenario. En lo referente al color hay que destacar esas tonalidades desvaídas que le da al conjunto ese aire de objeto arqueológico que inflamará la morriña por los años 80 de más de un lector.

A tener en cuenta también los extras que aporta esta edición: prólogo del presidente de Mattel, entrevistas a guionista y dibujantes, detalles sobre el proceso creativo, y anécdotas que, en forma de breves acotaciones a pie de página, servirán para explicarnos por qué el diseño de algunas figuras fue variando o en qué momento los minicómics se inspiraron en la serie de animación producida por Filmation.

He-Man y los Masters del Universo: colección de minicómics vol. 1 publicado por ECC es un libro esencial para todo aquel que creció gritando a los cuatro vientos: Por el poder de Grayskull… ¡Yo tengo el poder!

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La pequeña forastera 2: Siúil, a Rún, de Nagabe

la pequeña forastera siuil a run 2

la pequeña forastera siuil a run 2Hace mucho tiempo, en un lugar muy lejano, había dos países separados por un muro. En un lado estaba el país exterior, bajo el control del dios negro, en el que habitaban unos seres terroríficos que contagiaban una maldición a todo aquel que tocaban. En el otro lado, el país interior, dominado por el dios blanco, donde vivían los humanos.

El doctor era uno de esos seres de apariencia horripilante y Shiva era una niña humana desamparada. Sus caminos no tendrían por qué haberse unido nunca, pero lo hicieron, y así dio comienzo La pequeña forastera 1: Siúil, a Rún, de Nagabe, un manga que me cautivó hace meses.

A diferencia del primer volumen, La pequeña forastera 2: Siúil, a Rún comienza con una escena de acción, y no es la única. Sin embargo, siguen siendo los momentos de convivencia del doctor y Shiva los que hacen que me enamore de esta historia. Las ilustraciones de Nagabe recrean una atmósfera oscura, en la Shiva aparece como único punto de luz. Los sonidos juegan un papel fundamental para que no solo veamos lo que ocurre, sino que lo sintamos. Igual que sentimos el cariño entre los dos personajes protagonistas, que traspasa las páginas. Sentimos la preocupación del doctor al ver que Shiva está en peligro, y la candidez de la niña, capaz de olvidar al instante los momentos más dramáticos, movida por la esperanza de volver junto a su tía.

Lejos de dar respuesta a las preguntas que se abrieron en la primera entrega de este manga, en este surgen otras de la mano de nuevos seres siniestros. Unos y otros se preguntan cómo romper la maldición y Shiva, la pequeña forastera —quizá la única alma pura que queda en ese mundo— es la pieza clave del misterio. ¿Podrá el doctor protegerla hasta el final?

Con La pequeña forastera 2: Siúil, a Rún llegamos al ecuador de esta historia cocinada a fuego lento, y yo me muero de ganas de leer la continuación. Me fascina cómo con unos pocos personajes, escasos diálogos y sin apenas explicaciones de ese enigmático mundo en el que se desarrolla la trama, Nagabe nos atrapa, nos conmueve y nos mantiene a la expectativa. Sin duda, sus excelentes ilustraciones contribuyen a que sucumbamos a su historia y el giro final, de nuevo, nos deja en vilo. La lectura de La pequeña forastera 2: Siúil, a Rún ha sido una delicia y seguro que también lo será la de las dos entregas que aún están por publicarse. ¿Cuánto nos hará esperar ECC para el próximo número? Espero que no mucho.

Sé que muchos lectores no le daréis una oportunidad a La pequeña forastera: Siúil, a Rún porque es un manga y se publica por entregas. Pero si dejáis a un lado esos prejuicios, estoy segura de que no os defraudará. Con su guion, Nagabe nos demuestra que es un buen contador de historias y que, por eso, no necesita recurrir a grandes parafernalias para cautivarnos página tras página. Y, con sus dibujos, nos deja claro que el manga es el formato ideal para crear ciertas atmósferas. Yo ya me he apuntado su nombre para estar al tanto de sus siguientes trabajos. Y es que pocas veces se encuentra una con un artista capaz de tanto con tan poco.

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Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón, de Sekien Toriyama

Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón

Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de JapónCreo que ya he demostrado más de una vez que me fascina la cultura japonesa y que tengo predilección por las publicaciones de la editorial Quaterni, pues recupera obras antiguas para que disfrutemos de la esencia nipona. Hace un tiempo os hablé de El fantasma sin rostro y otras historias de terror, de Lafcadio Hearn y de Kaiki. Cuentos de terror y locura, una selección magnífica de relatos de varios autores, y hoy os traigo Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón, de Sekien Toriyama, el primer bestiario de fantasmas y monstruos japoneses de la historia, traducido por primera vez a una lengua occidental.

Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón se compone de cuatro libros de Sekien Toriyama. El primero es El desfile nocturno de los cien demonios ilustrado, que fue publicado allá por 1776 y clasifica a los seres en tres apartados: «Sombra», «Luz» y «Viento». El segundo volumen es Cien demonios ilustrados del presente y el pasado, que vio la luz en 1779 y se compone de las partes «Lluvia», «Último día» y «Mañana». El tercero es una extensión del anterior y lleva por nombre Suplemento de los cien demonios del presente y el pasado; se publicó en 1780 y se divide en «Nube», «Niebla» y «Lluvia». Y, por último, La bolsa de los cien utensilios aparecidos al azar, de 1789, que consta de los volúmenes «Superior», «En medio» e «Inferior». Además, cada uno de los libros incluye el prólogo y prefacio originales y, en esta segunda edición, la editorial Quaterni ha mejorado la calidad de las ilustraciones, pintadas hace más de dos siglos. Aunque no todas las criaturas que aparecen nacieron de las leyendas ancestrales niponas: algunas fueron importadas de China y Corea e integradas a la cultura japonesa y otros tantas, inventadas por el propio autor.

No me puedo olvidar de la traducción de Isami Romero Hoshimo, que ha sido lo más fiel posible al texto de Sekien Toriyama, pero que encima ha hecho una gran labor añadiendo algunas explicaciones para ayudarnos a comprender el nacimiento y el simbolismo de las decenas de seres que habitan esta enciclopedia tan peculiar.

La tradición nipona crea monstruos y fantasmas —a veces, vengativos y otras, bienhechores— para protegerse o dar respuestas a los fenómenos meteorológicos, a los desastres naturales, a las muertes inesperadas y, en general, a cualesquiera de los miedos humanos que surgen ante lo desconocido o lo socialmente censurado (como, por ejemplo, los burdeles, que tienen gran protagonismo en sus leyendas siniestras). Incluso los objetos cotidianos adquieren poderes paranormales para maldecir o premiar a los hombres. De este modo, al contemplar los grabados del pintor Sekien Toriyama descubrimos qué espíritu es el que nos quita la almohada de la cabeza cuando dormimos, cuál es el responsable de los desprendimientos de rocas o de los ahogamientos, por qué oímos tantos ruidos extraños por las noches o que una criatura puede aparecer en nuestro baño para lamer la suciedad si no somos demasiado aseados.

Es asombrosa la variedad de criaturas que surgen de las leyendas niponas y cómo, hoy en día, siguen inspirando sus mangas, animes, películas y literatura. Después de leer Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón, apetece volver a revisarlas para encontrar las mil referencias. Y es que, cuando uno se adentra en la cultura japonesa, ya nunca la abandona.

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Memorias de una osa polar, de Yoko Tawada

memorias de una osa polar

memorias de una osa polarTengo sentimientos encontrados con Memorias de una osa polar, de Yoko Tawada, así que no sé muy bien cómo empezar esta reseña. Intentaré ir por partes.

¿Cuáles eran mis expectativas? Pues leer la historia de tres generaciones de osos polares: la abuela, que escribe sus memorias; Tosca, la hija, que trabaja en un espectáculo del circo y Knut, el nieto, que es la estrella de un zoo. Este último está inspirado en un oso real, pero supongo que lo que os ha llamado la atención ha sido que una osa polar sea capaz de escribir sus memorias. Eso es porque los tres protagonistas de esta novela tienen raciocinio y sentimientos similares a los humanos, pero sin perder su esencia animal. Y sí, eso es un enfoque interesante, ya que, de este modo, los lectores podemos adentrarnos en la mente de los osos y, a la vez, observar el comportamiento humano desde fuera.

Pero ¿qué me he encontrado al leer Memorias de una osa polar? No una saga familiar, si no tres historias independientes. Los osos protagonistas, aunque son familia, en ningún momento están juntos y la forma de narrar sus vidas es distinta, por lo que he estado desubicada durante toda la lectura. Por un lado, la abuela nos va relatando cómo escribe sus memorias a medida que recuerda pasajes de su infancia y, mientras tanto, acude a congresos con otros humanos, que la tratan con normalidad, aunque en ocasiones no le hagan mucho caso porque es una osa polar.

Después, pasamos a la segunda parte, donde es la cuidadora del circo quien nos habla de sí misma y de Tosca, la osa polar con la que comparte número. En ningún momento se deja claro si las conversaciones entre ellas se dan en la realidad o solo en sueños, y hasta el tramo final la osa no toma la palabra, y lo hace para hablar de su cuidadora, que es también su mejor amiga.

Por último, conocemos a Knut desde que es un recién nacido hasta que pesa más de sesenta kilos, y es él, al principio en tercera persona y luego, en primera, el que relata el entrañable vínculo que establece con su cuidador, al que ve como una madre.

¿Comprendéis mi extrañeza? Con los continuos cambios de perspectiva, el papel ambiguo de los animales y los escasos elementos en común entre los personajes, me empeñaba tanto en encontrarle un sentido al conjunto que no me dejaba llevar por la prosa y el sentido del humor de Yoko Tawada. Y es una lástima, porque como historias independientes me han funcionado, sobre todo la última, con la que es muy fácil empatizar.

Memorias de una osa polar no solo es la historia de tres osos polares, es sobre todo una reflexión continua sobre el arte, la fama, los circos, la identidad, el idioma y los vínculos afectivos. Todo ello contextualizado dentro de los años de la Unión Soviética y la posterior caída del muro de Berlín, lo que da pie a una sátira política y social. Por tanto, contiene un sinfín de elementos atractivos, de frases memorables, de escenas divertidas e incluso emotivas. Y pese a todo ello, no he conectado con la novela. Y me siento culpable, porque creo que Memorias de una osa polar tiene tantas lecturas que soy yo quien no ha sabido captar ni la mitad.

Es la clase de novela a la que hay que volver pasado un tiempo y demorarse en la lectura entre líneas para captar algo nuevo cada vez. Y también es el tipo de historia de la que cada lector interpretará algo totalmente distinto. Esa es la virtud de Memorias de una osa polar y, al mismo tiempo, lo que dificulta su lectura. Así que absteneros si os gusta que os lo dejen todo clarito y atreveros si estáis buscando una novela diferente. No cometáis el error de ir con expectativas como yo, solo dejaos llevar por el ingenio de Yoko Tawada.

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Batman Eterno Integral 2, de Scott Snyder y VV.AA.

be2

be2Muy bien. Pues ya tenemos aquí la conclusión del arco Batman Eterno con este segundo integral, formato tochazo. Si al finalizar el anterior habíamos dejado Gotham reventada por mil sitios distintos y con más frentes abiertos que la II Guerra Mundial aquí vamos a poder ver cómo poco a poco van a ir cerrándose, con hilo y aguja, con precisión quirúrgica, algunos de ellos.

Y no parece nada fácil después de ver cómo acabó el Batman Eterno, integral volumen uno. Recordemos rápidamente, y solo por encima, el estropicio (y no hace falta decir que hay spoilers si no has leído dicho tomo): Alfred prisionero en Arkham; Arkham convertido aún más si cabe en un puto infierno; Silencio suelto a su bola haciendo cosas muy ruidosas; Gordon preso en Blackgate; Selina haciéndose poco a poco con el control de la mafia; los nanovirus siguen en los Narrows;  la policía en manos de un comisario corrupto que organiza una cruzada paresonal para atrapar a Batman a toda costa y, en general, las calles enfrentadas en una guerra de bandas; la batfamilia al completo, y algunos más,  intentando poner orden y otros cuantos elementos más por ahí desperdigados… Un caos absoluto. Lo que dije. ¿¡Quién quiere vivir en Gotham, por Dios!?  ¡¿Quién en su sano juicio…!?

En fin. Parece mentira pero las cosas irán arreglándose… pero solo después de que se fastidien aún mucho, mucho más.

¿Pero, por qué? ¿Quién está tras todo esto? ¿Será capaz el mejor detective del mundo de averiguar quién mueve los hilos? ¿Realmente hay alguien dirigiendo todo, al mando de este enorme cotarro? Si lo hay, es una lumbrera. Todos sabemos que derrotar a Batman es imposible. Batman siempre tiene un plan B, C, D, y así hasta J, aproximadamente. Siempre vencerá si se le da tiempo para estudiar el terreno de juego, para prepararse, siempre está preparado y lleva una estrategia dos o tres pasos por delante de su rival. ¿Siempre?

Sin embargo, Batman se está metiendo una paliza para descubrir el cerebro oculto tras toda esta trama y esto acabará pasándole factura. ¿Cuánto tiempo podrá el murciélago estar al 100%? ¿Cuántas horas sin dormir podrá rendir sin fallar, cuántas sin comer…? ¿No pensaste en estas cosas cuando decidiste enfundarte el traje, eh, Bruce? Si ya es jodido actuar como “civil” de día y justiciero de noche en épocas de relativa calma, ahora ya ni te cuento…

Por si fuera poco, vamos a ver cómo no solo Batman va a tener que luchar contra los malos y el acoso de la policía, sino que Bruce Wayne también va quedarse sin nada. Algo como lo que vimos en The Dark Knight Rises o parecido también a lo que le sucedía a Daredevil en el estupendo y más que recomendable cómic Born Again. Que va a pasar las de Caín, vamos.

Por primera vez veo a un Batman desconcertado, sin rumbo, como una marioneta yendo de un lado a otro, siguiendo el humo, sin saber cuál es el siguiente paso a dar, con la barba de tres días (bueno con barba de tres días ya le hemos visto más veces)…:

“No tengo ni idea de quién está detrás de esto. He juntado todas las piezas de todos los puzles. Todas estas malditas pistas… y ninguna de ellas encaja con las demás. Ninguna en absoluto. La ciudad está en llamas y todo esto no es más que una condenada distracción. Y no sé para qué…”

¡Y lo reconozco!: me ha encantado el conjunto y me ha encantado el final que han dado a la historia. No lo esperaba así, la verdad. Me imaginaba que el maestro del caos que había preparado y coordinado todo este tinglado contra el Caballero Oscuro fuera alguien que se sacaran de la manga, que no supieran cómo acabar la historia y metieran un Deus ex machina, algo que al final hiciera que el conjunto de los dos tomos no fuera tan redondo, pero no. ¡Chapó! Me ha gustado el desenlace y la explicación final. Me ha gustado ver a Batman abatido, cansado, extenuado…, pero no rendido, eso nunca.

El dibujo se mantiene a la altura de la historia. Muchos dibujantes, pero cohesionados que aportan su toque artístico a una de las historias más atractivas del murciélago.

Lo único que desentona, en mi opinión y, teniendo en cuenta que en este segundo tomo su presencia es casi cero, es la parte paranormal. Pero eso ya lo comenté en la otra reseña.

Un guion repleto de tramas, héroes, villanos, y secundarios que no se quedan atrás en sus papeles; con alguna que otra concesión al humor, con un gran nivel constante durante las más de mil páginas que hacen muy disfrutable el conjunto de los dos integrales.

Batman Eterno, integral volumen 2 completa un arco que gustará a todo aquel que sea fan del héroe de Gotham, o a los enemigos de este que quieran verle pasarlas muy putas.

De lo mejor que he leído de Batman últimamente.

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La puerta del bosque, de Melissa Albert

la puerta del bosque

la puerta del bosqueSi alguna vez has deseado que tu vida fuera como un cuento de hadas, eso quiere decir que nunca has leído verdaderos cuentos de hadas. En esas historias abundan las envidias, las traiciones y las venganzas, los abandonos, los raptos y los asesinatos. Incluso, a veces, los verdaderos monstruos son quienes menos esperabas. Nadie está a salvo en los cuentos de hadas; ni siquiera la protagonista, aunque haya nacido princesa; tampoco el verdugo, por mucho tiempo que lleve tramando su crimen. Y si no, échale un ojo a las historias de Angela Carter. Seguro que Melissa Albert, la autora de La puerta del bosque, se las ha leído.

La preciosa ilustración de la portada de La puerta del bosque —repleta de símbolos que iremos reconociendo a lo largo de la trama— nos deja claro que estamos ante una novela de fantasía, aunque no es precisamente del estilo que imaginamos al verla. No viajamos a tiempos lejanos ni a un lugar imaginario, sino a la época actual y a la ciudad de Nueva York. Allí han acabado Alice y su madre, Ella, tras vagar de un sitio a otro, siempre perseguidas por la mala suerte. Alice piensa que la culpable de su vida errática debe de ser su abuela Altea Proserpina, ya que su madre nunca ha querido que la conociera. Altea es la autora de Cuentos desde el Interior, una colección de cuentos de hadas oscuros y retorcidos imposible de encontrar ya en bibliotecas, librerías o internet, y que obsesiona a quienes en su día la leyeron. La excéntrica escritora vive recluida en una finca ilocalizable llamada el Bosque de los Avellanos, y Alice y su madre nunca han recibido noticias de ella, hasta que les llega el anuncio de su muerte. Alice cree que por fin su mala suerte terminará, pero la repentina desaparición de su madre le demostrará que eso solo es el comienzo de nuevos problemas. Y pronto descubrirá que la clave de todo está en Cuentos desde el Interior.

Melissa Albert nos plantea un interesante juego metaliterario, donde los protagonistas de su novela se convierten, a su vez, en personajes de ese mundo ficticio llamado Interior, y de esta forma, reinterpreta los mecanismos habituales de los cuentos de hadas, mostrándonos que siempre hay algo espantosamente real detrás de ellos. Y es que ese mundo de fantasía es duro y horrible, y aunque esté salpicado de una magia hermosa, en él ocurren cosas espantosas. Y lo peor de todo es que no ocurren por un motivo concreto ni las desgracias sufridas tienen moralejas que las mitiguen ni que dejen un poso de justicia. Interior no tiene reglas ni las quiere tener, y ni siquiera a la autora que narra los cuentos que dentro de él acontecen le importa lo que le suceda a sus personajes, y lo describe todo con indiferencia despiadada. ¿Quién querría vivir en semejante cuento de hadas? Por supuesto que Alice no, así que hará todo lo que esté en su mano para cambiar el final de su historia.

Y tú, desde el otro lado, no podrás despegarte de ella. Cuando termines La puerta del bosque no te quedarán ganas de protagonizar un cuento de hadas, porque tal y como Melisa Albert nos demuestra, vistos desde dentro son todavía más oscuros.

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El fin del mundo, de Ismael Orcero Marín

EL FIN DEL MUNDO

EL FIN DEL MUNDODice Ismael Orcero Marín en el epílogo de su primer libro de relatos, El fin del mundo, que estas historias surgieron de momentos reales e inventados y que «el resto es Bradbury, Lovecraft, Moyano, Gardini, Donoso, García Márquez y Quiroga». Y es que los escritores son lo que viven y, sobre todo, lo que leen.

El fin del mundo, de tan solo ochenta páginas, está compuesto por diez relatos, y todos ellos nos dejan con la sensación de que son demasiado cortos. Y no me refiero únicamente a su breve extensión, sino al hecho de que Ismael Orcero Marín siempre logra dar un golpe maestro en la última línea. No hablo de finales inesperados (que también), sino de finales que son nuevos comienzos y que hacen que el lector desee saber qué pasará a partir de ese momento. Solo por esos finales ya merece la pena leerse el primer libro de este ingeniero técnico naval metido a cuentista.

Las premisas son de lo más variadas. En «El banquete», un accidente de coche deja tirados en el desierto, sin agua y sin comida, a cuatro desconocidos que estaban de vacaciones. En «El inquilino», una mujer vuelve al pueblo de su infancia para comenzar en un nuevo trabajo, pero pronto descubre que no es la única que habita en su vivienda. En «La picota», el alcalde, la monja y el médico del pueblo acusan a una joven de haber llevado el mal a la comarca. En «El fin del mundo», unos monos violentos amenazan con destruir el mundo tal y como lo conocen los humanos. En «Mamá robot», un cuarentón se compra un robot de cocina que habla, huele y guisa igual que su fallecida madre. En «El ángel que nos guarda», un cura visita una pedanía de Murcia para estudiar de cerca unos supuestos milagros. En «Tesoro», una niña hereda de su abuela el don de hablar con los muertos, pero intenta llevar una vida normal. En «La caverna», un hombre escribe cartas a su hermana contándole su trabajo en unos túneles, donde, según el folclore de la región, viven unos gnomos a los que es mejor no perturbar. En «Mala hierba», un país es arrasado por una misteriosa enfermedad que provoca agresividad e incluso la muerte. Y en «El pozo», la fiesta de inauguración de una casa no acaba como los invitados esperan.

En estas diez historias confluyen el realismo y el pensamiento mágico, el desencuentro entre generaciones y entre habitantes del pueblo y de la urbe, e incluso alguna parece ciencia ficción, aunque, si se mira de cerca, no es más que una pronóstico bastante atinado de lo que nos espera como sociedad.

Ismael Orcero Marín se maneja bien en el realismo mágico, en el terror y en el humor negro, poniendo un poco de cada según el devenir de cada historia, lo que convierte a El fin del mundo en un libro de relatos bastante equilibrado y disfrutable.

Decía al principio que los escritores son lo que viven y lo que leen. Y en El fin del mundo, Ismael Orcero Marín demuestra que es capaz de ver lo que se esconde en la realidad del día a día, lo que escapa a nuestros sentidos y aviva nuestros miedos. Con los magníficos referentes literarios que enumera en su epílogo, es evidente que ha aprendido de los mejores. Tal vez sea exagerado decir que ha logrado emularlos en su debut, pero lo que sí me atrevo a afirmar es que ha hecho un gran homenaje a sus obras y que tiene capacidades de sobra para seguir aproximándose a su maestría en próximas publicaciones.

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Cuatro cuentos, de Liniers

Cuatro cuentos

Cuatro cuentosYa os he confesado alguna que otra vez mi predilección por Liniers. Lleva años acompañándome con sus tiras y sus personajes y sacándome mil sonrisas con sus historias. ¿Cómo no voy a quererle, eh? Eso de que para conquistar a una persona es muy necesario hacerla reír es totalmente cierto en este caso. A mí Liniers ya me tiene ganada, artísticamente hablando, desde hace mucho con su humor.

El último libro suyo que reseñé aquí fue Cosas que te pasan si estás vivo, publicado por Anagrama. En esta ocasión, Anagrama vuelve a contar con el dibujante argentino para su colección Contraseñas ilustradas con este maravilloso libro titulado Cuatro cuentos.

Sí, la pista es muy clara. En este librito Liniers nos ofrece cuatro cuentos inspirados en cuatro musas: Edward Gorey, Shel Silverstein, Tom Waits y Alfonsina Storni. Casi nada, ¿eh? Con semejantes inspiraciones normal que saliese un libro tan redondo como éste. Eso y la propia imaginación de Liniers, que también vale oro.

El primero de estos cuentos es Abajópolis, un cuento con rimas que nos presenta al señor Sombrero, quien, con el nuevo dinero que ha ganado decide emprender un viaje a Abajópolis. Todo será muy diferente allá abajo, como podéis imaginar. Una historia súper divertida y muy surrealista la que vive señor Sombrero por esos pagos. Muy en la línea de Liniers y su humor absurdo.

El secundo cuento, titulado Los peligros de caerse para arriba, Liniers vuelve a hacer gala de ese humor tan hilarante y extraño. ¿Imagináis lo que debe ser caerse para arriba? Pues no tenéis ni idea, ya os lo digo yo. Y mucho menos se os ocurriría pensar en toparos con Willy Fog en un su globo aerostático. Estas cosas solo pueden ocurrírsele a Liniers.

El tercer cuento es El inquilino y trata de un extraño ser que habita con la familia Manutius sin que estos puedan hacer nada. Pero el inquilino, aunque tiene sus cosas, es un ser agradable. A pesar de sus extrañas costumbres como pasarse la tarde entera leyendo etiquetas de mermelada. Sí, es un inquilino de lo más peculiar. Divertido, como todos esos personajes que salen de la imaginación de Liniers.

El último cuento es mi favorito porque me toca especialmente la patata. Dedicado a Alfonsina Storni, El viaje es un precioso homenaje a la maravillosa poeta. Un cuento lleno de poesía, delicado y tan dulce que dan ganas de perderse dentro de él.

Liniers es magia, ¿lo sabíais? Este tipo tiene un maravilloso don y Cuatro cuentos no es más que otra demostración de las maravillas que puede crear. Ojalá que no pare nunca. Queremos tanto a Liniers.

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Malaz 3: Memorias de Hielo, de Steven Erikson

malaz 3 memorias de hielo

malaz 3 memorias de hieloLa antropología es esa ciencia que pone al ser humano bajo una lupa para estudiarlo de forma completa. No solo analiza su origen a nivel biológico, sino que también investiga minuciosamente su desarrollo como especie. Indagar en la cultura, en la lengua o en las diferentes conductas sociales nos ayuda a entender mejor por qué estamos donde estamos y por qué otras sociedades se quedaron por el camino.

La arqueología, disciplina que está íntimamente ligada con la antropología, es la ciencia que estudia la evolución de nuestras sociedades a través de nuestros restos materiales. Construcciones como castillos medievales, murallas o acueductos y objetos como vasijas, puntas de flecha o monedas sirven para trazar un camino hasta nuestros días y observar todos los cambios que se han dado desde entonces.

Si he empezado hablando de estas dos ciencias especializadas en estudiar las diferentes facetas del ser humano es porque Steven Erikson, autor de la decalogía malazana, tiene formación en ambas, y es en su tercera novela donde más hace uso de ellas. Sabedor quizá de que en Los jardines de la Luna y Las puertas de la Casa de la Muerte el contexto para pillar el hilo de la historia era demasiado vago (todavía duele el esfuerzo, ¿verdad?) se valió de sus conocimientos en antropología y arqueología para, esta vez sí, lanzarnos un fino sedal al cual aferrarnos.

El ejemplo más representativo de ello acaece nada más empezar Memorias de Hielo. ¿Qué sabíamos de los Jaghut? ¿Y de esa raza de cadáveres errantes conocidos como los T’lan Imass? ¿Y de la guerra que mantiene a ambas razas enfrentadas? Once páginas servirán para mostrarnos un inicio; no de un conflicto pero sí de un juramento. Un juramento que se convertirá en una maldición que arrastrarán durante milenios. Una mirada al pasado para entender el presente, mostrándonos así algunas de las facetas más representativas de algunas de las razas que pueblan Malaz. Porque los Rhivi también tienen que contarnos algo al respecto; poco, por el momento, aunque más que los Tiste andii. Incluso los K’chain che’malle, raza ancestral que se creía extinta y que tiene el aspecto de un dinosaurio cruzado con un ninja, gozan de un lugar muy específico en esta historia de 1167 páginas que de nuevo nos trae la editorial Nova.

Pero empecemos por el principio. Y nunca mejor dicho, pues Memorias de Hielo continua justo donde terminó Los jardines de la Luna, poniendo de manifiesto que por el momento vamos a tener que lidiar con dos hilos argumentales que se mueven en paralelo. Así pues, si teníais pensado reencontraros con Violín, Kalam o Felisin, o queríais ser testigos del desarrollo de la rebelión bautizada como El Torbellino, os tocará esperar un poquito. Pero oye, que vuelven los Abrasapuentes, Caladan Brood y Anomander Rake. Y regresan unidos en un solo ejército. La Hueste de Unbrazo luchando hombro con hombro con la de Brood. Ya conocéis el proverbio: el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Pero es evidente que a pesar de luchar juntos por una causa en más de una ocasión saltarán las chispas y se desenvainarán las espadas. Tensión asegurada. ¿Pero quién es ese enemigo que los ha unido? El Domino Painita es un ejército invasor que lo asola todo. Al mando: el Vidente Painita, del que apenas se sabe nada.

Steven Erikson vuelve a mandarnos al campo de batalla de una soberana patada en el culo. Ya tuvimos páginas de sobras con los volúmenes anteriores para aclimatarnos a su vertiginosa forma de narrar. Esa narración que es una alocada montaña rusa de emociones y que nos hace alcanzar el súmmum cuando el autor desarrolla multitudinarias batallas que acontecen a lo largo de muchas páginas. Nada como un buen chute de épica para que fluya la adrenalina. Y mientras tanto los mitos que envuelven el mundo creado por Erikson siguen creciendo. Empezaremos a dilucidar cómo funcionan realmente las sendas por las que transcurre la magia. Se aclararán algunos de los hechos que envuelven a la enigmática figura de Ben el Rápido. Y la sorpresa nos sobrevendrá al conocer qué diablos significa realmente El Sueño de Ascua. Revelaciones que siempre andan rodeadas de esa ligera sospecha que te obliga a cuestionarte sobre si Erikson inventa sobre la marcha o si lo tiene todo planeado al milímetro.

Pero volvamos a las batallas, pues en Memorias de Hielo asistiremos a una de las luchas más cruentas y macabras que jamás se haya narrado. Será en Capustan donde los muertos se convertirán en murallas por las que escalar, alimento para el hambriento o simples objetos sexuales de los que extraer la semilla que da la vida. Truculenta, horripilante, perturbadora. Una batalla narrada sin tapujos de una forma vívida y visceral. Steven Erikson nos brinda las imágenes más despiadadas y sangrientas hasta el momento en esta saga de diez volúmenes.

Pero Memorias de Hielo no solo vive de batallas épicas. De hecho las relaciones entre los personajes son realmente la piedra angular que motivará todos y cada uno de los acontecimientos que ocurren en la novela de fantasía. Relaciones como la de la Rhivi que envejece prematuramente debido a una hija que absorbe su fuerza vital. Una historia de amor, odio y supervivencia. “¿Es que no he de ser nada más que alimento para la vida floreciente de mi hija?”. Amores imposibles que en ocasiones surgen entre diferentes razas o incluso entre dioses y humanos. Y si de sentimientos hablamos no podemos menospreciar el de la tristeza que nos embargará unas páginas antes de finalizar el libro. De nuevo una batalla. De nuevo los Abrasapuentes en primera línea dejándose la piel. “Los primeros en entrar, los últimos en salir”. Y al final esa agridulce sensación de nostalgia que te embarga tras disfrutar de un buen libro.

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De las ciudades vuestras tumbas, de Víctor Conde

de las ciudades

de las ciudadesPero, ¿otra novela de vampiros? ¿Otra más? Pues no, cabronazos, no es otra novela de vampiros. Es otra BUENA novela de vampiros, que no es lo mismo, que ya hay pocas y es algo cada vez más difícil de conseguir en un género en el que todo parece ya trillado, regurgitado y defecado y eso sin hablar de esos otros productos, por llamarlos de alguna forma, en los que se trata a tan ilustre y longeva criatura como a un ser fosforescente románticoñoñesco y sensible solo apto para ser consumido por adolescentes mojabragas. ¡Ea!

He aquí un libro valiente, que respeta la figura del vampiro, que reelabora una mitología centenaria con elementos de cosecha propia pero que toma también prestados elementos de la mitología clásica y pura y los mezcla lo bastante (y lo suficiente) como para contentar con su resultado hasta al más reacio a los cambios en semejante icono de la literatura de terror.

Aunque lo cierto es que terror, terror, lo que se dice terror, pues no hay mucho. Y, a pesar de que en la segunda parte del libro hay algunas escenas muy salvajes (muy gores en realidad), es en la primera parte donde sobrevuela el terror. Un terror que no se ve pero se siente y mucho, como buen terror que es, y que esperas que en cualquier momento salte y te deje en el sitio.

De las ciudades vuestras tumbas (título que, aparte de ser cojonudo, está muy bien escogido –viene de una cita del filme Demons de Darío Agento: ”Nosotros haremos de los cementerios nuestras catedrales, y de las ciudades, vuestras tumbas”– y que cuenta con una portada enmarcable de Alejandro Colucci) nos narra en primera persona la vida de Jarek, un maquinista polaco. Jarek nació en un campo de concentración nazi y pudo escapar de él gracias a su hermano y a la fortuita e involuntaria ayuda del Antiguo, un monstruo, cuya silueta no se envolvía en la noche pues “era la noche”, sediento de sangre del que solo recuerda su sombra y unos ojos blancos y del que, a medida que pasan los años, no sabe si fue real o producto de su imaginación.

Por desgracia, a los dieciocho años Jarek tuvo la horrible confirmación de que aquello de lo que dudaba era cierto. Existía y a partir de entonces va a dedicar todos sus esfuerzos a encontrar a uno de esos seres, una hermosa vampira de la que acaba enamorándose como un idiota, a sabiendas de que si llega a encontrarla puede encontrar también su propio fin.  Una vampira que a su vez huye de algo…

Contaría más. Podría llenar folios y folios sobre este libro, sobre la forma en la que Víctor Conde retrata la doble naturaleza (humana y bestial) del vampiro, sobre la evolución del personaje de Jarek, sobre lo bien que engancha al lector desde la primera página y lo bien que cabalga entre los siglos XX y XXI, de lo ágil del estilo narrativo, de las referencias populares y de…   Pero sería cargarse las inteligentes y bien repartidas sorpresas que este libro depara al lector.

De las ciudades vuestras tumbas es un libro bien urdido, un libro que se lee con gusto y muchas ganas, y que consigue conjugar tradición y modernidad vampíricas, clasicismo e innovación y salir bien parado dando como resultado unos vampiros dignos de ser así llamados. Un libro en el que se nota que se ha invertido tiempo en documentación y que sabe meter de lleno al lector en situación. Un libro de los que merecen colocarse en la estantería junto con otros clásicos del género vampírico por méritos propios.

Ideal para todos los que añoren chupasangres como los de antes.

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