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Los Buenos, de Hannah Kent

Los Buenos

Los Buenos«¿Cuánto sufrimiento puede aguantar una persona sin que algo se tuerza en su interior?», se pregunta Nóra Leahy, una mujer que en el mismo año ha perdido a su marido y a su hija y se ha quedado a cargo de Micheál, su nieto. El niño, de cuatro años, está famélico; sus extremidades, retorcidas; y ni habla ni anda, solo llora y se golpea.

Desde que Micheál llegó a su casa, en el valle se encadenan las desgracias. Nóra duda que ese niño sea el mismo nieto que conoció tiempo atrás, tan sano y guapo como su hija. ¿Y si es un niño postizo? ¿Y si Los Buenos tienen secuestrado a su nieto y han dejado en su lugar a un duende en forma de niño tullido? Si es así, Nance Roche, la mujer que vive sola en el bosque y que tiene el saber de las hierbas y las hadas, es la única que puede ayudarle a hacer que su verdadero nieto regrese.

A través de la historia de la Nóra Leahy, Nance Roche y Mary Clifford, la adolescente que ayuda a la viuda a cuidar del niño, en Los Buenos, la escritora Hanna Kent ficciona un hecho real ocurrido en un valle de Irlanda en 1826, en el que tres mujeres fueron acusadas de infanticidio. Al igual que hiciera en su primera y exitosa novela, Ritos funerarios, la autora rescata una historia real inquietante y desgrana los acontecimientos que llevaron al trágico desenlace. En el caso de Los Buenos, nos adentra en el folclore mágico de la Irlanda rural del siglo XIX, donde las creencias alrededor de hadas y duendes, que nada tienen de bonitas e infantiles, rigen el día a día de la gente. El trabajo de documentación que Hannah Kent ha hecho en esta novela es digno de elogio, así como su virtuosismo a la hora de ambientar y dosificar la tensión de la historia.

Los Buenos es una novela lenta, oscura y envolvente. Desde el principio presentimos que una nueva desgracia está próxima. Quizá, porque nos dejamos embaucar por las supersticiones paganas de los vecinos del valle, que ven malos augurios en el cambio de aires y en las ubres secas de las vacas. O, tal vez, porque sentimos la desesperación de sus protagonistas, personas incultas que buscan soluciones mágicas a sus problemas mundanos, por absurdas o crueles que estas sean. Y es que, como dice uno de los personajes de la novela, «Hay gente dispuesta a creer cualquier cosa con tal de no ver la verdad». Y eso es lo que hace Nóra Leahy para poder justificar sus malos sentimientos, para agarrarse a una esperanza, a algo que le asegure que todo irá bien de una vez por todas. ¿Cómo culparla? ¿Cómo perdonarla? Esos sentimientos encontrados son los que me ha provocado esta historia de pensamiento mágico y pasiones humanas, y por eso me ha encantado. Una lectura excepcional para comenzar el año, que quizá se cuele entre mis favoritas de 2018. Hannah Kent ha puesto el listón muy alto.

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Idiotizadas, de Raquel Córcoles

idiotizadas

idiotizadasCreo que solo he leído alguna tira de Moderna de Pueblo cuando he ido a la peluquería y he abierto la revista Cuore para hacer tiempo. Aunque el nombre del personaje de Raquel Córcoles, Moderna de Pueblo, me parece genial (dice tanto con tan poco), pensaba que sus historietas explotaban los tópicos de hombres y mujeres, salpicándolos con efectivas referencias a la cultura millennial, en las que toda una generación nos podemos ver reflejados en mayor o menor medida. El título de su primer cómic en solitario, Los capullos no regalan flores, me confirmaba esa imagen, y por eso no me llamaba la atención.

Sin embargo, su nuevo cómic, Idiotizadas, captó mi interés de inmediato, sobre todo por su subtítulo: «Un cuento de empoderhadas». Y la sinopsis de su contraportada me conquistó: «Moderna de Pueblo ha crecido escuchando frases como “Eso no es propio de una señorita”, “Esa es una zorra” o “El día de tu boda será el más feliz de tu vida”. Pero tras mudarse a la ciudad y conocer a Zorricienta (“A las 12 en casa estarás o el zorrón del pueblo serás”), Gordinieves (“En el espejo te mirarás y tu cuerpo siempre odiarás”) y la Sirenita Pescada (“El anzuelo del amor morderás y tu mundo por él dejarás”), va despertando de esas y muchas otras idiotizaciones y emprende un largo camino para desaprender lo que nunca deberían habernos enseñado».

Raquel Córcoles reescribe los cuentos de hadas para convertirlos en cuentos de empoderhadas, a través de las vidas de Moderna de Pueblo y sus amigas. Quizá hubo un tiempo en el que las historietas de este personaje fueron machistas, incluso su autora lo reconoce en su blog, haciendo un repaso a las viñetas que se arrepiente de haber publicado. Pero en Idiotizadas revisa todos esos pensamientos que nos han inculcado desde la infancia (para que reproduzcamos los estereotipos y así cumplamos con las expectativas que la sociedad nos impone) y los desmonta.  Moderna de Pueblo y sus amigas nos dejan claro que las mujeres pueden practicar sexo con quien quieran, como quieran y cuantas veces quieran; el atractivo no se mide por la talla del pantalón; pasar por el altar no nos soluciona la vida y tener hijos es una elección y no una obligación. Cosas que parecen tan evidentes y que, sin embargo, continúan obsesionando a tantas mujeres. Todas estamos o hemos estado idiotizadas y todas tenemos mujeres a nuestro alrededor que lo están y seguirán estándolo. Y por eso es tan fácil que nos veamos reflejadas en este cómic de Moderna de Pueblo, identificándonos con sus protagonistas para bien y para mal, según nuestro nivel de idiotización actual.

No sé si Idiotizadas será autobiográfica, pero lo que está claro es que las anécdotas que retrata tienen mucha verdad. Es un cómic de humor, desenfadado y descarado, pero también una reflexión que todas deberíamos hacer, incluidos los hombres, que no se libran de los hechizos que idiotizan. Pero, por encima de todo, Idiotizadas es un homenaje a las amigas, a esas mujeres que rescatan a otras despertándolas del letargo del que dirán para que vivan su vida como quieran. Porque como bien demuestran Moderna de pueblo, Zorricienta, Gordinieves y la Sirena Pescada, aunque de pequeñas solo nos contaron un final feliz, existen muchos otros. Y todas podemos alcanzarlos si desaprendemos lo que nunca deberíamos haber aprendido.

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Diccionario de mitos, de Carlos García Gual

Diccionario de mitos

Diccionario de mitosMi relación con la mitología es complicada. Desde siempre me han fascinado sus historias llenas de traiciones y dramas familiares y he querido saberme de pe a pa las aventuras y desventuras de dioses y héroes. Pero los libros que he escogido para conseguirlo me han resultado pesados y hasta les he cogido manía. Y es que con solo adentrarme en la descendencia de Zeus ya me mareo.

Pero como soy muy cabezona, cuando vi que Diccionario de mitos, de Carlos García Gual, el mejor clasicista de España, se publicaba en una edición ampliada e ilustrada con motivo de su veinte aniversario, me animé a intentarlo de nuevo con la mitología, a ver si lograba retener algún nombre y sacaba algo en claro.

¿Qué encontré en Diccionario de mitos? Pues más de un centenar de personajes ordenados alfabéticamente, ahí es nada. Carlos García Gual explica sus historias, resaltando los episodios más memorables de cada relato y contextualizándolos dentro de otros. Además, analiza los aspectos más relevantes: su impacto en la cultura o su influencia literaria, sus paralelismos con otras figuras, etcétera. Y todo ello con un estilo ameno y accesible, lejos de la erudición que predomina en otras obras de esta temática.

Pero lo que más llama la atención de Diccionario de mitos es la selección de figuras míticas. Como el autor deja claro desde la portada, donde comparten protagonismo Zeus, el padre de los dioses y los hombres, y Superman, uno de los superhéroes más emblemáticos de DC Comics, en este libro el concepto de «mito» no es rígido ni restringido, sino que en él caben todos aquellos personajes cuyas historias han arraigado en el imaginario colectivo. En sus páginas conviven desde las figuras más populares de la mitología griega (Afrodita, Aquiles, Poseidón, Ulises…), romana (Cupido, Rómulo…) o nórdica (Loki, Odín…), pasando por personajes bíblicos (Adán, Satanás, Job, Moisés…), literarios (Don Quijote, Tarzán, Sherlock Holmes, Frankenstein, Robinson Crusoe, Carmen, Don Juan…) y hasta históricos como Alejandro Magno, pues las leyendas acerca de su persona transcendieron tanto como los logros que cosechó durante su reinado.

Aunque no es un diccionario al uso, cada capítulo fue escrito y se puede leer de forma independiente. La ventaja de que estos relatos aparezcan en orden alfabético es que cada lector puede volver sobre ellos tantas veces como desee, releyendo aquellos mitos que le hayan suscitado más interés. Además, Carlos García Gual hace referencias constantes a autores antiguos y críticos modernos e incluso incluye párrafos de las obras literarias que hicieron célebres a estos personajes o menciona otras que reinventaron sus historias. De este modo, Diccionario de mitos se convierte en una guía perfecta para descubrir y redescubrir personajes míticos y nos marca el camino hacia otras lecturas que ahondan más en ellos.

La única pega que he visto en este libro es que Carlos García Gual habla de estos mitos dando por hecho que los conocemos. Y como ya he confesado, yo tengo grandes lagunas en cuanto a nombres y parentescos. Cuando hablaba de algunas figuras que desconocía por completo, la lectura se me hacía cuesta arriba, pero cuando se adentraba en otras que me son más familiares, sus análisis me parecían la mar de ilustrativos.

Pese a ese pequeño escollo, Diccionario de mitos ha logrado aumentar mi fascinación con estos personajes atemporales, mil veces versionados y reinventados. Quizá siga sin tener claro cuántos hijos tuvo Zeus y mucho menos con quien, pero los pósits que he dejado a lo largo del libro son la prueba de que volveré a consultar a Carlos García Gual para conocerlos mejor.

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Agnes Grey, de Anne Brönte

Agnes Grey

Agnes GreyTres eran las hermanas Brönte: Charlotte, Emily y Anne. Pero en el olimpo de los libros inolvidables solo suelen mencionarse las obras de Charlotte (Jane Eyre) y de Emily (Cumbres borrascosas). Y eso que la pequeña, Anne, fue la primera en publicar un libro: Agnes Grey. Pero esta vez, ser la primera en abrirse paso no le sirvió para ocupar un puesto de honor en la literatura universal.

En el centenario de Emily Brontë (1818-2018), Alianza editorial recupera estas tres obras, las más representativas de las hermanas Brönte, además de El sabor de las penas, de Jude Morgan, donde se relata la aciaga existencia de esta talentosa familia. Y yo, que había sido tan olvidadiza como la historia de la literatura, he aprovechado la ocasión para descubrir a Anne Brönte, la única de las hermanas que me faltaba por leer, tras haber disfrutado muchísimo hace años con las obras emblemáticas de Charlotte y Emily.

Agnes Grey es la protagonista de esta historia y la que da nombre al libro. Hija pequeña de un clérigo del norte de Inglaterra, siempre ha vivido especialmente protegida por su familia. Pero cuando cumple dieciocho años, su padre comienza a sufrir aprietos económicos y ella decide abandonar el hogar para trabajar y ayudar a su familia en lo posible. A lo largo de las páginas de este libro, nos relata en primera persona sus vivencias como institutriz. Y lo hace interpelando a los lectores, a los que les reconoce que les está confesando pensamientos que no se ha atrevido a contar ni al amigo más íntimo.

La primera parte del libro —y, para mí, la mejor— cuenta su experiencia en la casa de la familia Bloomfield. Los niños, mezquinos y odiosos, ponen su paciencia al límite día tras día, al igual que los padres, indolentes y consentidores. Pero Agnes Grey no se amedrenta y emplea prácticas al puro estilo Super Nanny, lo cual me resultó sorprendente. No olvidemos que la obra fue escrita en la primera mitad del siglo XIX. Pero es que Agnes Grey rompe la imagen, o los prejuicios, que tenemos sobre las mujeres de esa época, haciendo un despliegue de reflexiones pedagógicas y feministas propias de la actualidad.

Durante esa primera parte del libro, el personaje de Agnes Grey me cautivó por completo, hasta tal punto que fantaseé con la idea de que no hubiera trama de amor en ningún momento. Pero sí, la hay, y cuando la historia se centra en ese aspecto, durante su estancia en la segunda casa donde ejerce de institutriz, mi interés decayó. Y eso que construye un enamoramiento pausado y realista, con el que es fácil empatizar, pues muestra las inseguridades y emociones propias de esa experiencia. Pero, desde mi punto de vista, ahí es donde pierde la batalla contra las obras de sus hermanas, ya que la historia de amor de Agnes Grey no es tan memorable como la de Jane Eyre y Rochester, ni mucho menos como la de Catherine y Heathcliff.

Pero como no está bien hablar siempre de Anne Brönte comparándola con sus hermanas, olvidad la frase anterior. La comparación me parece injusta sobre todo ahora que he leído a Anne Brönte. La pequeña de las Brönte fue grande por sí sola y hasta se le consideró inapropiada por lanzar ideas revolucionarias, lo que dice muchísimo en su favor. Así que quienes sintais predilección por la narrativa victoriana no deberíais perderosla, como tampoco aquellos que busquéis una vuelta de tuerca en la literatura de aquella época. Sea como sea, Anne Brönte será todo un descubrimiento.

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El Holocausto, de Laurence Rees

el holocausto

el holocaustoPor mucho que leamos sobre el nazismo y la Segunda Guerra Mundial, nos será difícil entender a quienes llevaron a cabo el Holocausto judío. Sin embargo, siguen publicándose libros que tratan de explicarlo, recopilando fechas clave, acontecimientos decisivos, cifras de muertos y testimonios de los supervivientes. Y yo, de vez en cuando, me fijo en alguno de ellos; en aquellos que me parece que aportan una visión distinta, si es que eso aún es posible en un tema tan recurrente y saturado. No me equivoqué con Últimos testigos, de Svetlana Alexiévich, y tampoco lo he hecho con El Holocausto, de Laurence Rees.

¿Qué es lo que hace diferente a El Holocausto? Pues que también da voz a los verdugos, aquellos que fueron capaces de semejante barbarie, que la justificaron, que incluso la disfrutaron. En un intento de condenarlos por sus atroces acciones, la historia apenas ha dado cabida a las declaraciones y opiniones de quienes idearon o llevaron a cabo el exterminio de los judíos. Ni siquiera se han escuchado los testimonios de esos ciudadanos que presenciaron el progresivo avasallamiento de la población judía y miraron a otro lado o, directamente, jalearon para que fuera a más, movidos por los prejuicios religiosos, el miedo a la crisis económica o la pura envidia. Pero Laurence Rees sí ha recogido sus argumentos y sus diarios, por incómodos o crueles que sean. Porque es necesario adentrarnos en las cabezas de los culpables y de los cómplices del Holocausto para tratar de discernir qué ocurrió en aquellos oscuros años.

Laurence Rees recoge «Las voces de las víctimas y de los verdugos», como reza el subtítulo de esta obra, para dotar de carga emocional a su análisis del Holocausto. Recorre el periodo de entreguerras y toda la Segunda Guerra Mundial, desde el origen del odio de Hitler a los judíos y su ascenso al poder, hasta su huida hacia delante en su cruzada antisemita, incluso cuando ya sabía que Alemania iba a ser derrotada en el conflicto bélico. Pero El Holocausto no solo aborda el papel de Hitler y los nazis, sino que hay muchas páginas sobre cómo Bélgica, los Países Bajos, Noruega, Dinamarca o Francia colaboraron en el exterminio, algo que ha quedado silenciado gracias a la sobreexposición de la barbarie del Estado alemán. De igual manera, le dedica capítulos a los discapacitados, gitanos, testigos de Jehová y otros grupos sociales que también fueron perseguidos, torturados y asesinados por los nazis y cuyo sufrimiento pocas veces es mencionado.

El Holocausto es el resultado de los veinticinco años de vida profesional que Laurence Rees ha empleado en crear documentales sobre la Segunda Guerra Mundial y el exterminio de los judíos de Europa. Durante estos años, ha acumulado gran cantidad de testimonios de primera mano, documentos de la época y estudios, y todos estos le han servido para analizar exhaustivamente la historia del Holocausto. Aplaudo la valentía que ha tenido al dar cabida a todas las voces y ahondar en los aspectos más controvertidos. Y admiro su capacidad de conseguir que este libro sea de lectura ágil, a pesar de sus más de quinientas páginas.

El Holocausto demostró hasta dónde podían llegar los seres humanos, capaces de ser víctimas, espectadores o verdugos según las circunstancias. Y los acontecimientos actuales nos vuelven a avisar de lo poco que hemos aprendido de ello, por muchos libros que haya al respecto. Dudo que la obra de Laurence Rees abra los ojos a quienes están cegados por los prejuicios y el racismo, pero al menos espero que su lectura sirva para que el resto del mundo no miremos a otro lado cuando veamos ante nosotros las injusticias que sufren nuestros semejantes por motivo de sexo, raza, ideología o religión. Que no vuelvan a repetirse hechos tan terribles como los relatados en este libro es responsabilidad de todos.

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Niebla en Tánger, de Cristina López Barrio

Niebla en Tánger

Niebla en TángerComencé Niebla en Tánger con tantas ganas como miedo porque mi experiencia con los libros galardonados con el premio Planeta, hasta ahora, ha sido mala. Cuando he leído las obras con las que algunos de mis autores favoritos han ganado este premio, me he decepcionado muchísimo. Hasta tal punto ha sido así que me había prometido a mí misma que nunca volvería a leer ningún premio Planeta.

Pero cuando Libros y Literatura fue el primer medio en desvelar en las redes sociales que Javier Sierra había ganado el premio Planeta 2017 y Cristina López Barrio había quedado finalista, se me iluminó la cara. ¿Cristina López Barrio? ¿No era esa la escritora madrileña que me cautivó hace ya varios años con La casa de los amores imposibles?, pensé. Enseguida la busqué en Google para asegurarme de que no me equivocaba. ¡Sí, era ella!

La casa de los amores imposibles es un libro al que le tengo mucho cariño porque la forma de escribir de Cristina López Barrio y el toque de realismo mágico de aquella historia consiguió tocarme el corazón. Luego publicó El cielo en un infierno cabe, y entre unas cosas y otras, no llegué a leerlo, aunque me apetecía mucho. Después, le perdí la pista, ni siquiera me enteré de cuándo salió Tierra de brumas. Por eso, cuando la gala de los premios Planeta la puso en la primera plana del mundo literario español, supe que ella iba a hacerme romper mi promesa y crucé lo dedos para no llevarme un nuevo chasco.

La última novela de Cristina López Barrio cuenta el vuelco que da la vida de Flora Gascón tras una noche loca con un desconocido llamado Paul Dingle, del que no vuelve a tener noticias. O, para ser más exactos, el vuelco lo provoca la lectura del libro que este hombre tiene en su mesita: Niebla en Tánger, escrito por Bella Nur. Su protagonista es Marina, una tangerina judía sefardí que, en diciembre de 1951, también perdió a su amante, Paul Dingle. La similitud entre ambas historias hace que Flora decida viajar a Tánger, escapando por unos días de su trabajo traduciendo instrucciones de electrodomésticos y de un marido tan amable como aburrido. Así conocerá a la autora, Bella Nur, y a medida que recorra los lugares que se citan en la novela, la frontera entre fantasía y realidad cada vez se difuminará más.

Como no podía ser de otra manera, en esta ficción dentro de otra ficción, la literatura es protagonista. Las referencias son constantes: el Quijote, Penélope, los cuentos tradicionales del Rif y, sobre todo, La decadencia de la mentira, de Oscar Wilde. La historia de Flora Gascón puede verse como un viaje, tanto físico como introspectivo, en el que la protagonista, mientras cree buscar a su enigmático amante, realmente se encuentra a sí misma. Pero Niebla en Tánger es en realidad —o, al menos, así lo veo yo— una reflexión sobre el papel de la literatura, de la fantasía misma, en nuestras vidas.

Axia Kandisha, un cautivador personaje del folclore judío, los huevos de astrogón que conceden deseos y las hechiceras que hablan con los muertos son importantes en la vida de las protagonistas. Y aunque a veces parezca que esas fantasías las conducen al desastre o que solo son un refugio para huir de su realidad, les acaban sirviendo para vivir, para seguir adelante. Por eso, Niebla en Tánger es un regalo de la autora a los lectores de siempre, pues nos vemos reflejados en todo momento en esa sensación.

No diré que Niebla en Tánger me ha gustado más que La casa de los amores imposibles, porque mentiría. Pero ha sido un gusto reencontrarme con Cristina López Barrio, con ese poder evocador que desprenden sus palabras, con esa capacidad que tiene de sumergirnos en su historia para que la hagamos nuestra, como la propia Flora leyendo Niebla en Tánger.

No sé si volveré a romper mi promesa y leeré otros libros galardonados con el premio Planeta, pero de lo que no me cabe ninguna duda es que con Cristina López Barrio repetiré.

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Las cenizas de Ángela, de Frank McCourt

las cenizas de angela

las cenizas de angela¿Quién le iba a decir a Frank McCourt, un profesor jubilado, que su primer libro ganaría el premio Pulitzer, el premio de la Crítica y el de Los Angeles Times? Él solo había relatado su infancia, cumpliendo así con el anhelo de escribir que había postergado toda una vida. ¿Cómo se iba a imaginar que vendería diecisiete millones de libros y que se convertiría en millonario, cuando en sus sueños de niñez solo aspiraba a tener una casa con retrete propio? Pero es que, al escribir sus memorias, también había plasmado las de tantos otros, haciendo de su libro, Las cenizas de Ángela, una biografía universal de la pobreza.

Hace años que quería leer este libro y, gracias a la edición especial que la editorial Maeva ha sacado con motivo del veinte aniversario de su publicación en España, por fin lo he hecho. Reconozco que le tenía ganas porque todo el mundo decía que era uno de los clásicos del siglo XX que había que leer sí o sí; pero, a la vez, me echaba para atrás que fuera un dramón. Nada más lejos de la realidad. Y eso que los hechos que relata son duros, durísimos: los desmanes de su padre, Malachy, que se bebía el poco dinero que tenían, mientras su familia pasaba hambre y sus hijos iban muriendo uno a uno; el sufrimiento de su madre, Ángela, tan piadosa y abnegada que se resignaba al marido que había escogido; el ultracatólico y ultranacionalista Limerick, un pueblo húmedo que enfermaba a sus habitantes; el tifus que casi le cuesta la vida, pero que le hizo descubrir la literatura; su temeroso despertar sexual y sus primeros trabajos de subsistencia, hasta que a los diecinueve años logró volver a América, donde había nacido.

Como el mismo Frank McCourt dice en la primera página, «la infancia desgraciada irlandesa es peor que la infancia desgraciada corriente, y la infancia desgraciada irlandesa católica es peor todavía». Sin embargo, sabe retrotraerse al niño que era entonces y nos cuenta aquella época con la inocencia y el humor de su mirada infantil, dejando fuera sentimentalismos, reclamos de compasión o juicios de valor que provocarían la lágrima fácil. De esta manera, es capaz de sacar una sonrisa al lector, a pesar de estar relatándole acontecimientos trágicos. Y ese tono se agradece, es más, es el que hace grande a este libro, convirtiéndolo en entrañable y atemporal.

Han transcurrido ocho años desde la muerte de Frank McCourt y ni la literatura ni Irlanda se olvidan de la contribución que les hizo. Las cenizas de Ángela sigue vendiéndose tan bien como siempre y en Limerick le han dedicado una ruta que recorre todos los lugares que se citan en el libro. Se publicó hace solo veinte años, pero cualquiera que lea este libro superventas ve que la etiqueta de clásico contemporáneo es más que merecida. Y es que, a veces, la literatura nos da estas sorpresas, y tanto críticos como público se rinden ante la evidencia de una historia escrita con talento y desde el corazón. Tras haber leído su difícil infancia, también me alegra saber que la vida al final fue generosa con Frank McCourt: un hombre que pasó lo peor, pero que acabó dando lo mejor de sí mismo como maestro y escritor.

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¡Vaya figura!, de Cecilia Campironi

Vaya figura

Vaya figura

Cuando leí de qué iba ¡Vaya figura!, me llamó muchísimo la atención: ¿y si conociéramos a las figuras retóricas en persona? En este libro, la ilustradora italiana Cecilia Campironi ha convertido veintinueve figuras retóricas en curiosos personajes para que, al describir su personalidad, comprendamos de forma divertida en qué consisten cada uno de estos recursos del lenguaje. Qué idea tan sencilla y tan genial. ¿Cómo no se le había ocurrido a nadie antes?

Las figuras retóricas están ahí todo el tiempo, en lo que escribimos y en lo que decimos, pero pocas veces somos conscientes de que las empleamos, incluso ignoramos su nombre y su significado. Reconozcamos que si a nosotros nos dicen que nos dejemos de lítotes y cleuasmos, que no saben cómo tomarse nuestros disfemismos o que están hartos de nuestras tautologías, la mayoría no tendremos ni idea de qué nos están hablando. Por eso, aunque ¡Vaya figura! está dirigido al público infantil (a partir de los seis años), me parece un libro necesario para personas de cualquier edad, puesto que pone en valor la riqueza de nuestro lenguaje y nos explica muchos de los recursos que tenemos a nuestro alcance y a los que no les hacemos todo el caso que se merecen.

Los nombres de los personajes son una muestra del humor y de la elocuencia que destila este libro. Conocer al señor Lítote, a mamá Juego de Palabras, a monsieur Galicismo, a tío Disfemismo, a su excelencia doña Énfasis, al dúo Ironía y Sarcasmo, a míster Dissimulatio, a señora Enumeración, al profesor Palíndromo, a la diva Onomatopeya, a su majestad la Metáfora, a princesa Símil, al bebé Neologismo, al mago Oxímoron, al maestro Aliteración, a Mimí Reduplicación, a caballero Tautología, a Chema Zeugma, a vuecencia Anástrofe, a don Cleuasmo, a doña Eufemismo, a maese Clímax, a Nadia Sinécdoque, a Diana Metonimia, a señorita Hipérbole, a comandante Acumulación, a tete Holofrase, a Ña Elipsis y a tata Paráfrasis nos saca una sonrisa, tanto si reconocemos a las diferentes figuras retóricas en estos curiosos personajes o las descubrimos por primera vez. ¡Vaya figura! se convierte así en un libro ilustrativo, divertido y hasta poético, al que se puede volver más de una vez, ya que sus explicaciones y sus atinadas ilustraciones facilitan la tarea de comprender e interiorizar la amplia variedad de figuras retóricas que la lengua pone a nuestra disposición.

Con ¡Vaya figura!, de Cecilia Campironi, la editorial Thule suma otro excelente título a su selección de libros infantiles, y por eso no me cansaré de recomendar su catálogo a grandes y pequeños. Me parece una lectura ideal para compartir entre padres e hijos. ¿Por qué no jugar a encontrar figuras retóricas cada día? Una forma amena de que unos y otros aprendan sin apenas darse cuenta y una manera efectiva de enriquecer el lenguaje que empleamos a diario, pues buena falta nos hace. Porque los adultos deberíamos saber diferenciar las figuras retóricas más allá de la archiconocida metáfora y los niños merecen libros que les ayuden a que su vocabulario vaya más allá de la holofrase.

 

 

 

 

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La pequeña forastera 1: Siúil, a Rún, de Nagabe

la pequeña forastera 1

la pequeña forastera 1Yo no soy de las que eligen los libros por su portada. Aunque si habéis leído otras reseñas mías, como Aura o La sombra del Golem, quizá no os lo acabéis de creer. Pero os aseguro que os estoy diciendo la verdad: yo me muevo por el interior y no por el exterior. Donde se ponga una sinopsis atractiva, que se quiten todas las portadas hermosas del mundo.

Me fijé en La pequeña forastera 1: Siúil, a Rún, de Nagabe, por su sinopsis, que me pareció muy sugerente. Hablaba de que hace mucho, mucho tiempo, en un lugar muy lejano, había dos países: el país exterior estaba bajo el control del dios negro, y en él habitaban uno seres anómalos que, con el simple tacto, contagiaban una maldición; mientras que en el país interior, dominado por el dios blanco, vivían los humanos. Unos y otros no se conocían, pues entre ellos había un enorme muro para mantenerlos separados, pero dos de sus habitantes se acabaron encontrando y así se desencadenó la pequeña historia que se cuenta en este cómic. Las palabras «hace mucho, mucho tiempo», «maldición» y «pequeña historia» despertaron mi interés (lo que me motiva a mí una maldición, oye), pero reconozco que el empuje definitivo lo dio, esta vez sí, su portada, con esa niña cándida y ese ser extraño que parecía sacado del mismo averno. Una mezcla de inocencia y oscuridad que me arrastró sin remedio a leer la primera entrega de este cómic que, según se prevé, estará compuesto por cuatro volúmenes. Y pese a que la ilustración de la portada ya lo anunciaba, estaba lejos de imaginar el derroche de ternura que Nagabe ha dejado en esta pequeña gran historia.

La pequeña forastera 1: Siúil, a Rún apenas plantea el punto de partida, lanzando al aire varias preguntas e intrigas que se irán resolviendo en las próximas entregas. Y no se puede decir que abunden los diálogos o los momentos relevantes, quitado del giro final. Sin embargo, sus dos protagonistas, la niña Shiva y el doctor, me han cautivado por completo. La relación entre estos personajes, que ni siquiera pueden tocarse, es tan entrañable que, de inmediato, queremos que permanezcan juntos y que nadie les haga daño, ni siquiera ellos mismos. Pero la amenaza de la maldición siempre está presente y, como anuncian las últimas páginas de esta primera entrega, Shiva cada vez corre más peligro.

No me suelen atraer las sagas de cómics, aunque si habéis leído mis reseñas de Assassination Classroom y La historia oculta, no os creeréis ni una palabra de lo que estoy diciendo. Pero lo cierto es que, precisamente por seguir esos dos que he mencionado, no tenía ganas de meterme en otra historia contada por entregas. A mi impaciencia no le vienen bien tantas esperas. Pero esa sinopsis y esa portada de La pequeña forastera 1: Siúil, a Rún han podido conmigo. Afortunadamente, la segunda entrega saldrá en diciembre, y como solo son cuatro, pronto llegaré al desenlace. Así que no me arrepiento de haber conocido a Shiva y al doctor. Sé que la historia de La pequeña forastera me va a encantar.

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La radio de piedra, de Juan Herrera

La Radio De Piedra

La Radio De Piedra«Aquel año hizo tanto calor que se derritieron las perchas en los armarios y las aceras se llenaron de banderas y uniformes polvorientos. El aire ardía, y en los templos la saliva de los clérigos se solidificaba y caía como ceniza caliente sobre las cabezas de los feligreses.

Fue un mes de julio tan insoportable que, para entretener a las moscas, alguien organizó una guerra».

Me bastaron estas tres primeras frases de La radio de piedra para caer rendida a los pies de su autor, el veterano guionista, autor teatral y dibujante Juan Herrera. ¡Qué manera de escribir! Y es que a mí me da igual lo que me cuenten si me lo cuentan así de bonito. Pero la historia tampoco me defraudó, en absoluto. Porque La radio de piedra narra con humor, ironía y muchísima ternura, la vivencias de un pueblo castellano durante los primeros meses de la guerra civil española. Pero no es precisamente la guerra la que altera la vida de los habitantes de este pueblo, sino la aparición de la primera radio, creada por uno de los vecinos, el Águila, con «un trozo de piedra de galena y un retal de cobre embobinado». Ese rudimentario aparato y los partes que da el Águila a los que se reúnen ante su casa cada atardecer son los ejes de esta novela coral, en la que aparecen casi un centenar de personajes. Homenajea de este modo a la radio, desde esa que es puramente espectáculo, pasando por la dramática y la solidaria, hasta llegar a la radio poética de Jesús Quintero. Pero también ensalza el poder de la tradición oral, de «esas historias que pasan de boca en boca y se deforman como los zapatos» y que muestran, en definitiva, la esencia misma de la vida.

Es inevitable pensar en el cine de Berlanga al leer La radio de piedra. ¿Cómo no hacerlo con esas conversaciones entre el cura y el alcalde, que preparan al pueblo para la visita del General Franco? ¿O con los baldíos intentos de unos y de otros por controlar la famosa radio del Águila? Juan Herrera retrata la idiosincrasia española de aquellos tiempos en lo que tenían especial protagonismo los imaginativos métodos de supervivencia de los pícaros y el fanatismo e intransigencia de los guardianes de la moral católica, que veían en el sexo el principal enemigo, aun cuando la muerte asolaba cada rincón del país. Y lo hace con personajes esperpénticos y situaciones rocambolescas, que le dan a la obra un toque surrealista e incluso mágico, pero que, sin embargo, están basados en la realidad, como el mismo Juan Herrera reconoce, aunque evite dar nombres.

A mí me encantan las novelas que transcurren en pequeños pueblos y la guerra civil española es un periodo que me conmueve especialmente porque de ella me hablaban mis abuelos; así que, con esos dos elementos, la novela tenía lo necesario para cautivarme. Pero es que la forma en la que está escrita, el tono, el humor, los personajes… Todos los elementos que conforman La radio de piedra me han fascinado. Es una delicia leer la historia de este pueblo que se empeñó en que la guerra pasara de largo, y no dejaré de recomendarla por muchos años que pasen. Ahora solo espero que Juan Herrera le haya cogido gusto a esto de escribir libros y nos deleite con otra obra muy pronto. Miradas como la suya hacen mucha falta en la literatura para conocernos mejor, y reírnos más, de nosotros mismos.

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Hâsib y la reina de las serpientes, de David B.

Hâsib y la reina de las serpientes

Hâsib y la reina de las serpientesNo existe una recopilación de cuentos más famosa y cautivadora que Las mil y una noches. Se cree que fue escrita alrededor del año 850 y que fue ampliándose a lo largo de los siglos siguientes. Y pese a que ha pasado más de un milenio desde entonces, las historias narradas por Sherezade nos resultan tan hipnóticas a los lectores actuales como lo eran para el sultán Shahriar, que se pasaba las noches en vela escuchándolas y olvidaba sus planes homicidas hasta el siguiente atardecer.

Las mil y una noches es un clásico indiscutible de la literatura universal y todos hemos leído algunos de sus cuentos o visto sus adaptaciones cinematográficas. Sin embargo, muchos no hemos leído la obra completa. Para mí, es una cuenta pendiente que sé que saldaré tarde o temprano. Pero no he dejado pasar la oportunidad de descubrir uno de los cuentos menos conocidos, Hâsib y la reina de las serpientes, gracias a la reciente edición que Impedimenta ha hecho de él en formato cómic. El encargado de recrear este cuento oriental ha sido David B., uno de los más importantes historietistas franceses de la actualidad.

Hâsib y la reina de las serpientes cuenta la historia de Hâsib Karim al-Dim, hijo del Sabio Daniel, que es traicionado y abandonado por sus codiciosos compañeros, lo que le lleva a conocer a la reina de las serpientes. En las dieciséis noches que Sherezade le dedica a este cuento (de la noche cuatrocientos ochenta y dos a la cuatrocientos noventa y ocho), no solo presenciamos las aventuras de Hâsib, sino que estas sirven para enmarcar las de otros dos personajes que también se cruzaron en algún momento de sus vidas con la reina de las serpientes. De este modo, sigue la estructura habitual de las narraciones que componen Las mil una noches, donde cada historia lleva a hasta otra antes de conocer el desenlace de la primera.

Olas parlantes, piratas, ogros, enormes arañas, demonios y toda suerte de personajes y seres fantásticos nos llevan de un lado a otro para demostrarnos que las profecías se cumplen, las promesas se rompen, los amores a veces se convierten en tragedia y a la traición muchas veces le sigue la redención. Y al igual que la reina de las serpientes se transforma en una gran víbora que muerde su propia cola, Hâsib y la reina de las serpientes es un pequeño uróboro literario dentro de uno mayor, como lo es Las mil una noches en su conjunto. Las desenfadadas y coloridas ilustraciones de David B. transmiten esa sensación de eterno retorno, donde lo material y lo espiritual se unen en un continuo ciclo de destrucción y creación para darnos, finalmente, una sabia lección de vida. Y es que Hâsib y la reina de las serpientes es una excelente muestra de la riqueza de la cultura oriental del medievo que hay plasmada en Las mil y una noches.

Los cuentos de siempre tienen un encanto atemporal, ya sean contados en voz alta, leídos o adaptados a otros formatos, como el cómic o el cine. Si ya tenía ganas de leer Las mil y una noches, después de disfrutar con Hâsib y la reina de las serpientes, aún tengo más. Aunque tampoco me importaría seguir descubriendo este clásico poco a poco, si es de la mano de historietistas tan cautivadores como David B.

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Cthulhu #18: Sheridan Le Fanu, de VV. AA.

Cthulhu 18

Cthulhu 18Si sois aficionados al cómic de terror y a la ficción oscura, es posible que ya conozcáis la revista Cthulhu de Diábolo Ediciones. En  2017, esta publicación ha cumplido diez años. Diez años dedicados a homenajear a grandes autores del género (Arthur Machen, H. P. Lovecraft, Ray Bradbury…) y a hacer especiales temáticos (fantasmas, zombis, vampiros, humor negro…), gracias a guionistas e ilustradores españoles.

Yo no había reparado en esta revista hasta que vi que su entrega número 18 estaba dedicada a los relatos de Sheridan Le Fanu, el padre del cuento moderno de fantasmas y pionero de la novela de vampiros, al que descubrí gracias al libro Shalken, el pintor, recientemente publicado por Yacaré libros. Eso, unido al nombre de Carles Esquembre, ilustrador que me fascinó con su novela gráfica Lorca. Un Poeta en Nueva York y que participa en este número de la revista, me hicieron interesarme por Cthulhu #18. Y, la verdad, la experiencia ha sido la mar de satisfactoria.

Para empezar, la introducción, firmada por Javier Alcázar, nos acerca la figura de Joseph Sheridan Le Fanu, un hombre que vivió recluido durante años, tras la muerte de su esposa, escribiendo sin parar, lo que le valió el sobrenombre de Príncipe Invisible. Pese a su significativa aportación a la literatura de terror, nunca recibió todo el reconocimiento que merecía, ni en vida ni póstumamente. Sus relatos se han recogido en decenas de antologías, que Alcázar comenta y nos recomienda, pero su prolífica obra no había sido adaptada al cómic hasta ahora, a diferencia de otros autores coetáneos, como Poe, mucho más populares en la actualidad. Así que Cthulthu #18 se encarga de que el noveno arte salde su cuenta pendiente con Sheridan Le Fanu.

Para ello, los artistas Pablo Barbieri, Alfonso Bueno, Alejandro Castroguer, Roberto Corroto, Carles Esquembre, Samuel Guerrero, César Herce, Juan Luis Iglesias, Carlos Lamani, Edu Molina, Mortimer, Manuel Mota, Vicente Navarro, José Oliver, Taco Silveira, Diego Simone, Bartolo Torres, Ricardo Vilbor, Juaco Vizuete y Paco Zarco han reunido sus talentos para adaptar y versionar algunos de los relatos de Sheridan Le Fanu: «El pacto de Sir Dominick», «Éxtasis y agonía», «El gato blanco de Drumgunniol», «Mircalla», «Melancolía», «La sed de los muertos», «La sangre que sube del pozo» y «El perverso capitán walshawe». Además, la revista incluye un relato original, «La primera noche después de la eternidad», con evidentes influencias del autor homenajeado, y una historieta con el propio Le Fanu como protagonista.

Familias caídas en desgracia por hacer peligrosos pactos con señores misteriosos, seres humanos que se transforman en bestias para desatar sus instintos o buscar venganza, seductoras jóvenes que arrastran al vampirismo a otras y la muerte siempre presente, como una condena eterna. Relatos que sentaron las bases de la literatura de terror y que merecen ser recordados y versionados para seguir presentes en la literatura actual.

La revista Cthulthu recibió el premio Imagina Málaga a la mejor edición andaluza en 2009, fue nominada como Mejor Revista en el Salón del Cómic de Barcelona en 2010 y 2011 y obtuvo el XXXV Premio Diario de Avisos a la mejor revista en 2012. Y no me extraña que haya recibido tantos reconocimientos, porque es una gozada releer clásicos del género en formato cómic y ver, en un solo volumen, el fantástico trabajo de numerosos ilustradores y guionistas españoles. Así que, ahora que la he descubierto, estaré pendiente de sus próximos números, para seguir adentrándome en el género de terror y de la ficción oscura de la mano del noveno arte.

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