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La Peste Escarlata, de Jack London

La Peste Escarlata

La Peste EscarlataLas novelas de Jack London más memorables como Colmillo Blanco o La llamada de lo salvaje me marcaron de un modo especial por su fidedigno retrato de la vida bullente en la naturaleza y el profundo conocimiento sobre la condición humana. En ellas aprendí cómo puede llegar a ser la naturaleza, de una belleza inmensa que asusta cuando se torna inmisericorde y hostil, y que el hombre, como especie, alberga en su psicología sentimientos duros y degradantes y a su vez nobles y bondadosos. Es el modo de escribir de su autor lo que consigue acercar de esa manera tan fiel la vida y los instintos humanos. Él fue un escritor que vivió diversas experiencias que le ayudarían a crear sus relatos. Tanto de sus años enrolado en un barco pesquero, el tiempo que recorrió Estados Unidos en tren como vagabundo o por su aventura en busca de oro. Jack London es un fascinante retratista de la vida y en La Peste Escarlata vuelve a demostrarlo.

«Se aceleraba el ritmo cardíaco y aumentaba la temperatura corporal. Después aparecía la erupción escarlata, que se extendía como un reguero de pólvora por la cara y por el cuerpo…».

Así comenzaban los síntomas que padecieron los humanos en el año 2013. Sesenta años después, solo queda un superviviente de aquella epidemia, por aquel entonces un joven profesor universitario y ahora convertido en un viejo que intenta transmitir al final de su vida un poco de conocimiento de lo que ocurrió en aquella época. Son estos jóvenes niños nacidos tras la epidemia casi salvajes que desconocen el respeto y los conocimientos aprendidos en el pasado. Han nacido en una época hostil y decadente y como tales se están formando. El anciano intenta contarles lo que una vez existió intentando evitar que la degeneración inherente en esta nueva sociedad vaya a peor y cometa los mismos errores que el hombre ya cometió en su historia.

En la novela se trata por vez primera el género de novela catástrofe que dejaría su huella en autores como Cormac McCarthy en su obra La carretera o George R. Stewart en La tierra permanece. Como ocurre con estos títulos, La Peste Escarlata emplea el desastre de la epidemia como contexto para incidir en la fragilidad de la civilización, en cómo un suceso de tal importancia puede corromper a las futuras generaciones. El poder de Jack London para describir las situaciones que sucedieron durante la epidemia es impresionante. Consigue evocar unas escenas terroríficas y crueles del devastador avance de la peste y sus mortales consecuencias. No le basta con entrar en detalles físicos de la corrupción de los cuerpos, sino que se hace mucho más duro por el realismo con el que lo narra, por la rapidez con la que actúa ese virus y cómo ni tan siquiera les permitió un tiempo para poder encontrar una cura o explicación al devastador virus.

«Al llegar la Muerte Escarlata, el mundo se desmoronó absoluta e irreparablemente. Diez mil años de cultura y civilización se fueron en un abrir y cerrar de ojos, como espuma».

El tiempo presente, en el que el anciano superviviente de aquella tragedia narra los hechos, no es mucho mejor. Es en la forma de tratar al humano incivilizado en la que Jack London me deja con el cuerpo del revés. Tiene unos pasajes en los que los niños salvajes interrumpen el discurso del anciano donde se perciben esas consecuencias del desconocimiento y alejamiento de la vida civilizada. No muestran empatía por lo ocurrido, no lo han vivido.

En esta edición de Libros del zorro rojo acompañan a la novela una serie de ilustraciones del dibujante argentino Luis Scafati que ya trabajó en El gato negro, de Poe, y que le añaden a la historia una visión casi onírica de la muerte. Si la novela ya mencionada de La carretera consiguió hacerme una imagen bastante dura de las consecuencias de una catástrofe, la cual no requiere explicación lógica, ocurre y punto, en La Peste Escarlata sucede lo mismo; una novela corta que leí del tirón por su narración trepidante, su impactante y descriptivo discurso y la visión de una sociedad quebrada. Jack London ha conseguido, una vez más, que disfrute de una lectura impecable. De tantas cosas que realizó en su vida, escribir fue sin duda lo mejor que pudo regalarnos.

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¡Scooby-Doo! Y sus amigos 1, de Sholly Fisch y Dario Brizuela

¡Scooby-Doo! Y sus amigos 1

¡Scooby-Doo! Y sus amigos 1¡Scooby-Doo! ¿Dónde estás? Grita esto entonando la adolescente voz de Shaggy y ponle música surfera —los Beach Boys siempre son un acierto— y de golpe retrocedemos en el tiempo a esas fabulosas tardes cuando pasaban por televisión los episodios de Scooby-Doo. La serie de Hanna-Barbera se estrenó en la televisión americana CBS allá por 1969. Su estética hippie y cortinillas psicodélicas sugieren que surgió fruto del verano del amor. La serie de dibujos animados trataba de las aventuras de un grupo de adolescentes, Fred, Daphne, Vilma, Shaggy y su glotón y asustadizo perro Scooby que, a bordo de su furgoneta hippie, la Máquina del misterio, recorrían diversos lugares desenmascarando misterios relacionados con fantasmas y fenómenos paranormales. La serie fue la leche. No sé muy bien cuándo llegó a España, pero sí recuerdo la de tardes que pasaba mientras comía, justo antes de tener que volver al cole para dar las pesadas y últimas horas de clase, viéndola con mi hermano pequeño. El tono era más bien ingenuo y ligero, pero molaba mogollón. Las ocurrencias que tenían para resolver los misterios eran muy entretenidas y divertidas aunque los desenlaces se resolvían todos del mismo modo; los malos se ocultaban tras un disfraz cuya careta les quitaban al final.

Su éxito fue enorme consiguiendo que al poco tiempo de su estreno en la tele se realizara una serie de cómics basados en las aventuras de la banda del misterio. Y no solo eso, también participaban en ella personajes de otras series americanas que aparecían realizando cameos junto al grupo de Scooby. Entre ellos, no podía ser de otra manera, los héroes por excelencia, el Dúo Dinámico formado por Batman y Robin. Sí, eran los años locos de los setenta, los de la estética y temática más boy scout. Aquellos en los que Batman resolvía los crímenes a plena luz del día y de forma amable, pero no por ello menos interesantes y válidos que los de temática más adulta u oscura, por no decir decadente, de años posteriores. La unión de la banda de Shaggy, Scooby y compañía compartieron un divertido episodio en la serie animada con Batman y Robin para luchar contra el Joker. Ahora, en pleno siglo XXI, surge ¡Scooby Doo! Y sus amigos 1, una nueva serie de cómics de DC que hereda el ingenuo y amable tono de la serie animada de Scooby-Doo junto a los personajes de Gotham. El respeto por los dibujos de la tele es máximo. Es más, es imposible no poner las voces a los personajes, imaginar la canción de cabecera y poner entre medias esas divertidas y añejas cortinillas llenas de psicodelia setentera.

Esto se lo debemos agradecer a Sholly Fisch que escribe las historietas enfocadas al público infantil (también a los adultos que añoran aquella época) y al dibujante argentino Dario Brizuela, que con su trazo limpio y expresivo dota a las viñetas de una simpleza narrativa que evoca al programa de televisión. Creo que este regreso al mundo de Scooby-Doo no podía tener mejor equipo creativo.

En este primer número nos encontramos a la banda del misterio que han sido reclamados para resolver el misterio que existe por los rumores de un peligroso hombre murciélago que atormenta a los ciudadanos. Tratándose de murciélagos, quien mejor para ayudarles que Batman junto a su compañero Robin. Unidos intentarán detener al terrible Manbat, conocido personaje de Gotham. Los tics de la personalidad asustadiza de Shaggy y Scooby, la valentía de Daphne y Fredd y el ingenio de Vilma están fielmente retratados. ¡Scooby-Doo! Y sus amigos 1 es una de las apuestas más interesantes que ha editado ECC para los niños y niñas que quieren adentrarse en el fascinante mundo de los cómics y por un precio muy reducido para este inicio: un euro. Yo he disfrutado mucho de este cómic y será una de las series que sin duda continuaré leyendo.

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Alcatraz 4. Las lentes fragmentadas, de Brandon Sanderson

Alcatraz 4. Las lentes fragmentadas

Alcatraz 4. Las lentes fragmentadasEn la primera entrega de Alcatraz dije que me había enganchado muchísimo la forma tan atractiva y fresca de presentar una novela de aventuras juveniles. En la segunda, destaqué lo bueno que sería añadir esta serie al catálogo de lecturas en los colegios y en la tercera, tras el buen sabor de boca, te reemplacé a esta cuarta aventura. Ahora te debo instar a que llegues hasta la quinta porque ahí, esta vez sí, se va a armar la gorda.

El joven Alcatraz Smedry llega a su penúltima hazaña contra las terribles sectas bibliotecarias. Han pasado seis meses desde que un buen día se encontrara, de golpe, con su abuelo, un viejo la mar de molón y extraño que le conducirá hacia un sinfín de aventuras, a cual más divertida, alucinante y peligrosa. En su haber, Alcatraz, que escribe sus historias a modo de diario novelizado, ha cosechado una lucha contra seres monstruosos creados con papeles, una visita a la recóndita Biblioteca de Alejandría custodiada por ánimas zombis y un enfrentamiento contra los Caballeros de Cristalia, habitantes de la ciudad que le vio nacer y que los bibliotecarios se ocuparon de ocultarle. Tras todas estas aventuras, una villana: la madre que lo parió. Sí, no te asustes, es ella. Siempre ocultando algo, siempre conspirando para conquistar las Tierras Libres en nombre de los Bibliotecarios Malvados. Y si en la entrega anterior estuvieron a punto de conseguirlo derribando uno de los bastiones de esas tierras, en Alcatraz 4. Las lentes fragmentadas volverán a intentarlo en otra de las ciudades libres. Si lo consiguen, toda la información del mundo quedará a disposición suya y manipularán los conocimientos a su antojo.

Esta ciudad se mantiene protegida por una cúpula de cristal irrompible para los bibliotecarios. Para los bibliotecarios, pero no para los robots gigantes de los bibliotecarios. Van a ser ellos los nuevos guerreros contra los que la banda de Alcatraz tendrá que luchar. Y también contra los soldados de los bibliotecarios que, como topos, se han colado bajo tierra para destruir la ciudad y noquear a sus habitantes. En esas peleas, las víctimas caen inconscientes y solo una pócima secreta puede despertarlos. Por supuesto, el secreto está oculto en uno de los archivos mejor custodiados por los bibliotecarios, pero que solo puede ser descifrado por las lentes mágicas que posee Alcatraz. Entre todos los habitantes que caen heridos por los bibliotecarios se encuentran los reyes. Alcatraz hereda el trono temporalmente. La toma de decisiones, que puede tener consecuencias irreparables, vuelve a caer sobre el joven protagonista. Ve con desesperación como todos van cayendo como moscas, no puede evitarlo, esta vez los bibliotecarios están haciendo daño de verdad y están consiguiendo su propósito de tomar la ciudad por la fuerza. Tampoco puede evitar que le hagan daño a alguien tan especial para él; ha caído en la lucha. Tiene que hacer algo para evitar que los malos se salgan con la suya. Son muchos, muy fuertes y no se doblegan. Alcatraz Smedry, quien se presentó en su primera aventura aludiendo a un acontecimiento que le convirtió en héroe nacional, va a hacer aquello por lo que consiguió tal honor. Va a concentrar todo el poder de su talento mágico y se dispondrá a… Tendrás que leerlo.

Alcatraz 4. Las lentes fragmentadas reúne, una vez más, los toques de humor infantil que mostró en las anteriores entregas y que esta vez me han sacado más de una sonrisa e incluso carcajada en alguno de sus capítulos. A diferencia de lo que su autor, Brandon Sanderson, nos tiene acostumbrados, no va a realizar tantos cambios de escenarios. La lucha y las relaciones entre los personajes se van a desarrollar en el mismo lugar; bajo la cúpula de cristal asediada por los robots de los bibliotecarios. Uno de los capítulos que más me ha gustado es en el que todos los personajes hablan al modo de los teatros de Shakespeare. Muy divertido. Y como ocurre con el resto de novelas, su forma fresca de ser contada, amena y aventurera que hace que sea una lectura sencilla para el público iniciado en aventuras juveniles.

Por supuesto, las aventuras de Alcatraz no acaban aquí. Alguien muy especial está inconsciente y necesita el antídoto que contiene la cura. Las instrucciones para obtener esa poción están en el idioma olvidado que solo Alcatraz puede leer con sus lentes y con sus talentos mágicos. Pero como hizo lo que hizo, a ver cómo se las arregla para salir de la siguiente y, puede, que última aventura.

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The Woods 1. La flecha, de James Tynion IV

The Woods. La flecha

The Woods. La flechaEsto debe empezar así: es el comienzo de algo muy grande. Sin más.

Un día de octubre, el Instituto Bay Point de Milwaukee, con todos sus profesores y estudiantes en clase, desaparecieron sin dejar rastro alguno. Cuando quisieron darse cuenta de lo ocurrido se encontraron en un inquietante bosque a incontables años luz de distancia de su lugar de origen. ¿Qué sitio era aquel? ¿Cómo habían llegado? ¿…qué demonios eran esos seres?

En mayo de 2015 llegaron a las librerías españolas los primeros ejemplares de The woods 1. La flecha, una nueva serie que escribía James Tynion IV, alumno aventajado del taller de Scott Snyder. La editorial Medusa Cómics apostó por una de las series más interesantes que se han desarrollado en Estados Unidos y daba así el pistoletazo de salida a su excelente catálogo. Jugársela por una serie que reúne a un buen equipo creativo —Michael Dialynas se encarga de los dibujos y Josan González del coloreado— y desarrolla un elaborado argumento de fantasía oscura, terror e intriga adictiva es asegurarse un premio seguro. Y desde luego lo ha conseguido. Decir que ha comenzado algo muy grande no es descabellado. El propio Snyder, entre otros aclamados artistas del cómic, así lo proclaman.

Este cómic es el primer tomo que recopila los cuatro primeros números de la serie original. Arranca con una primera página a modo de prolepsis temporal de apenas unos minutos que antecede un hecho extraño que va a requerir de bastante información posterior. Pero antes, unos minutos antes de esa primera página, nos hacen conocer a los protagonistas del Instituto Bay Point un día cualquiera de clase: Karen Jacobs, incomprendida y solitaria, Sanami Ota, intrépida y valiente, Calder McCready, divertido y extrovertido, Isaac Andrews, soñador y sensible, Benjamin Stone, callado y tranquilo, Adrian Roth, una luz en el camino. Y una luz será lo que les sorprenda. Una luminiscencia tan abrupta y vibrante que les cegará para despertar en un mundo imposible. Un mundo salvaje y hostil. Han sido trasladados a aquel lugar. ¿Quién les ha llevado allí? ¿Con qué motivo? Y tras las dudas, los extraños seres. Y con ellos, la sangre, la muerte y la lucha por sobrevivir.

Te he nombrado tan solo de pasada a los protagonistas de esta serie porque son los maestros de ceremonia de esta genial historia y hablaré más detenidamente de ellos en las siguientes reseñas de números posteriores. Además, son imprescindibles. Cuando digo imprescindibles, me refiero a que cada uno tiene voluntad y decisiones propias, una acusada personalidad y unos rasgos que les hacen distintivos. Algo que ha conseguido plasmar muy fielmente su guionista. Este es uno de los factores elementales de la serie The Woods. Ellos van a ser los que recorran los misterios que les rodean en ese extraño bosque de un mundo desconocido. Están allí solos, como náufragos o supervivientes de un accidente de avión. El caos, la histeria y el terror se apoderan de ellos. Algo oculto entre la maleza les amenaza y sienten pavor. Un cielo casi onírico les rodea. No tienen comunicación con el exterior y no tienen líder. Tan solo son unos chavales de instituto y unos cuantos profesores que no están preparados para liderar. El efecto postraumático tras un accidente conlleva estas características, solo que esto no ha sido un accidente.

La mitología, los seres de un mundo lejano y las aventuras de un grupo de chicos de secundaria no han hecho más que empezar. He de reconocer que me da cierto reparo y respeto escribir sobre algo que estoy disfrutando tanto. De hecho, no sabía muy bien hacia dónde enfocarlo. Pensaba hacerlo por el modo tradicional de reseñas, es decir, centrarme un poco en el argumento y en el contenido, hacer alguna que otra aportación subjetiva y sacar los pros y contras; o también podía relacionarlo con aquello que más me recordaba mientras lo leía. Claro, que hacer eso, además de condicionar tu lectura, me supone una disyuntiva aún mayor ya que aquello con lo que quiero relacionarlo es lo mejor que me ha pasado en cuanto a entretenimiento y no creo estar en condiciones de hacer una valoración real de cuánto significó eso para mí. The Woods 1. La flecha no es más que el primer tomo de la serie. En los siguientes me va a ser imposible no sacar a la luz aquello con lo que quiero relacionarlo. Te invito a que sigas atento al resto de publicaciones sobre este gigante cómic y lo descubrirás.

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El enigma Murillo, de Andrés González-Barba

El enigma Murillo

El enigma MurilloLlevaba mucho tiempo sin adentrarme en una lectura de corte histórico con un entramado de narraciones truculentas e interesantes. Es el caso de esta novela de sugerente título, El enigma Murillo. En él ya se sugiere un ingrediente que lo hace aún más atractivo: Murillo, es decir, arte. Historia y arte, dos elementos que me llaman mucho la atención a la hora de escoger un libro cuando voy a una librería. Siempre que recurro a este tipo de novelas no puedo evitar recordar muchas otras obras que ahondan en la historia acompañadas de pinceladas artísticas. Sean así los casos de Las aventuras de Alatriste, de Pérez Reverte, El sueño de los faraones, de Nacho Ares, Matar a Leonardo da Vinci, de Christian Gálvez o las novelas de Dan Brown —autor este último con el que comparte la ciudad de Sevilla; uno por emplearla como escenario para el desarrollo de la novela y el escritor americano por ser una de sus favoritas de su etapa de estudiante—. Por lo que puedes comprobar, todas estas referencias son bastantes populares, comerciales hasta decir basta, pero no por ello menos entretenidas y curiosas. A mí dame unos enredos históricos mezclados con obras de arte y me tienes ganado para varias noches de lectura. Esto mismo ha conseguido Andrés González-Barba con la que es su tercera novela adulta según he podido leer en su biografía.

El escenario de esta novela es la ciudad de Sevilla en el año 1810. Las tropas francesas se han hecho con el control de la ciudad del Guadalquivir que se ha rendido sin oponer resistencia. El autor no disimula la crueldad vivida en aquellos oscuros años de guerras entre países vecinos que causaron un dolor irreparable y un tormento para todos los que las padecieron. La negrura inherente en el ser humano sumada a su inquebrantable afán de destrucción revela una historia decadente, atroz y llena de terror en unas fidedignas narraciones con mezcla de ficción. Goya consiguió plasmar fabulosamente en su pintura de Los fusilamientos del 3 de mayo el horror en su máxima expresión, pero aquí no se trata de las pinturas de este genial pintor sino de otro anterior, el sevillano Murillo, el pintor de las Inmaculadas, el hombre que retrataba con tanta dulzura y amabilidad a los niños, casi tanto que, perteneciendo al Barroco, sus pinturas preludiaban el Rococó posterior. Y de Murillo es el cuadro que obsesiona tanto al mariscal Soult, al mando de las tropas francesas a las que insta a buscar sin reparo alguno la ubicación de esa pintura. Una pintura que, además, guarda un gran secreto que será crucial para la consecución de esta horrible batalla. Hará todo lo posible por hacerse con el cuadro así como lo harán aquellos que desean mantener nuestro arte en territorio y bajo dominio español.

Paralelamente al entramado histórico se suceden una serie de sucesos paranormales, hechos que una joven adolescente de profunda sensibilidad percibe y la hacen vivir atormentada. Es la parte que otorga a la novela un carácter gótico con ánimas que en la noche recorren pasillos de palacetes o aparecen entre las brumas del Guadalquivir. Espíritus que también cargan con oscuros secretos que le intentan hacer llegar a la niña.

Un grupo de españoles guerrilleros planean asesinar al mariscal Soult y así liberar a España de la represión francesa sin saber aún que nada saldrá como ellos pensaban, llevando la novela a un final donde se descubrirá el secreto que esconde el cuadro de Murillo.

La narración va ganando a medida que avanza la historia. Lejos queda aún González-Barba de los escritores que mencioné al principio, pero me quedo con su buen trabajo de documentación que no se hace pesado durante la novela. Muchos autores leen tantos libros de historia y se jactan de ello que se olvidan de aquel dicho que citaba: «No pongas la carga delante de la mula», en el caso de El enigma Murillo no ocurre así. También destaco su valor para introducir una temática como la de los encuentros con espíritus que, aunque parece fuera de la historia, en ocasiones representan a los testigos callados y atormentados que dejan las guerras a su paso y consigue darle ese misterio romántico que tan bien hubiera funcionado en el siglo en el que se desarrolla la acción y que a mí me encanta. En definitiva, un entretenido capítulo de nuestra historia más oscura que nos sumerge en el pesar de los que tuvieron que vivirla a través de la ficción.

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Las palabras heridas, de Jordi Sierra i Fabra

Las palabras heridas

Las palabras heridasUna buena historia es aquella en la que todos los elementos que la componen se complementan entre sí con precisión como el engranaje de un reloj. Cada pieza forma parte de un todo en el que si una de ellas erra el conjunto queda inservible. En literatura, el desarrollo del argumento, su discurso narrativo, la elaboración, crecimiento y actos de los personajes, el lenguaje empleado y la estructura de la obra deben estar cohesionadas. Deben ser un útil para que la historia funcione. Jordi Sierra i Fabra ha escrito una de esas novelas. La última de su prolífica trayectoria, Las palabras heridas.

Como lector treintañero puedo decir que me forjé en el mundo de la literatura a través de las novelas juveniles de Sierra i Fabra. Algunas de ellas se me quedaron más grabadas que otras, puede que por el momento justo en el que las leyera o bien porque pudiese sentir cierta afinidad con algunos de sus personajes. Uno de ellos, Ventura, el chico que soñaba con Hendrix o Kurt Cobain en Nunca seremos estrellas del rock todavía sigue vibrando en ese rincón que reservamos en nuestro cerebro (¿o puede que sea en el corazón, refugio para los sentimientos más románticos?). Sea como fuere, Sierra i Fabra tiene en sus novelas una serie de elementos que se enlazan con soltura, con inusitada facilidad, y llenan unas páginas de lectura excelente.

Uno de los libros de cabecera que suelo siempre revisar es La página escrita, un elaborado trabajo autobiográfico sobre su obra y su modo de escribir. La vastedad de su trabajo que incluye novelas, relatos, artículos musicales y acumula unos cuantos premios literarios, parecen casi al alcance de todos en las palabras que desgrana en ese libro. No es un manual de cómo hacerte escritor, es un diario de cómo lo hace él y, si quieres, puedes llegar a hacer tú mismo. En la novela que acontece, Las palabras heridas, se percibe toda esa sencillez que desarrolla, toda su forma de crear una novela. Todo aquello que empieza con un guión bien revisado, una historia corta con un tema atractivo y dejar que las palabras rellenen el guión ya escrito. No es necesaria la limpieza si la historia ha sido bien preconcebida. El resultado, una novela fácil, ligera, agradable y, como ya dije al principio, que funciona con precisión de reloj.

La novela cuenta la dura historia sobre la dictadura que sufre un país de Asia. Un joven soldado de apenas dieciocho años creció con la dictadura instaurada, por tanto, no recuerda cómo era el mundo anterior. Sin embargo, los presos de los que es responsable en la cárcel, sí. Todos ellos están encerrados, son torturados y castigados por sus ideales liberales. Privados de libertad por defender la democracia, por amar la poesía, por negarse al régimen. Uno de los presos, el número 139, fue un antiguo profesor que mantendrá una cercana relación con el joven soldado. En las cartas que les permiten escribir a sus familiares, el soldado se encarga de censurar aquellas frases o palabras que se consideran contrarias al régimen. Cartas dirigidas a la mujer del preso. Cartas de amor. Poesía. Palabras llenas de sentimientos. El joven soldado aprenderá en esas palabras heridas una lección que le hará replantearse todo aquello en lo que le han obligado a creer, todo aquello que le han hecho pensar o sentir. Podrán borrar las palabras, le dirá el preso, pero jamás podrán obviar el ideal. Y en ese ideal el joven soldado encontrará la verdad.

Una historia de carácter moralizante en el que Sierra i Fabra vuelca la importancia de permitir aprender de los maestros, de abrir la mente a diferentes opciones que coexisten en el mundo. Sin duda, una lectura corta que en su sencillez reside una idea muy intensa y veraz. Unas palabras heridas sí, pero que al leerlas sanan.

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La muñeca de nieve y otros cuentos, de Nathaniel Hawthorne

La muñeca de nieve y otros cuentos

La muñeca de nieve y otros cuentosEsta es mi primera incursión en la literatura de Nathaniel Hawthorne. Me alejaré por completo del análisis crítico de alta literatura que se suele esperar de autores de esta talla, al fin y al cabo, es considerado uno de los padres de la literatura de Estados Unidos junto a Whitman o Thoreau. Como iniciado en su obra no tengo referencias de otros trabajos suyos para hacer una comparativa, pero sí puedo resaltar detalles que bien me podrían recordar a los cuentos moralizadores de Oscar Wilde con una belleza descriptiva de Dickens. Y con el permiso de Edgar Allan Poe, porque sabe citar mejor que yo y me viene como anillo al dedo, reproduzco su crítica: «Los relatos de Hawthorne pertenecen a la región más elevada del arte, un arte sometido al genio de un orden sublime».

Menuda nómina de escritores que te acabo de soltar en un solo párrafo. Ya solo con leer alguno de los cuentos o poemas de los mencionados puedes sentir que te has elevado al cielo durante su lectura y, por qué no, durante el largo tiempo que te deleitas con el buen sabor de boca que te dejan. Dicho esto, La muñeca de nieve y otros cuentos, de Hawthorne, sigue desprendiendo un dulce sabor en mi paladar tras haber cerrado el libro y me alegra saber que lo seguirá haciendo durante un largo tiempo más. La editorial Acantilado ha recogido en esta antología las últimas narraciones que el autor publicó en vida. Son una serie de cuentos cortos —hay reunidos hasta quince relatos— donde he podido comprobar la elegante destreza y técnica que tiene para introducirte en atmósferas llenas de misterio, lúgubres y frías, y la ternura y humildad con la que desarrolla a sus personajes. De todos ellos se puede extraer una moraleja que indaga en la psicología del hombre muy bien tratada y estudiada. Cuentos que encierran un halo romántico y se rebelaban a ceder ante el empuje del nuevo movimiento realista que irrumpía a mediados del siglo XIX.

Esa pugna entre corrientes literarias, esa reivindicación por mantener el espíritu romántico en los paisajes y atmósferas idílicas se percibe en el cuento que da nombre a la colección, La muñeca de nieve, en la que el amor y el deseo de dos jóvenes hermanos por imaginar una amiga creada con la nieve que reposa sobre su jardín consigue convertirse en realidad. Una realidad que en los ojos del padre, hombre de pensamiento sensato y pragmático conforme a su tiempo, no concibe. La poderosa imaginación de los soñadores e ingenuos infantes frente a la terquedad de la mente hermética llena solo de útiles materiales.

También, con portentosa carga moral, el cuento de El gran rostro de piedra. La narración trata sobre una leyenda que se cuentan entre los habitantes de un pueblo y en la que se decía que la imagen que aparece esculpida en la roca de la montaña es la del hombre de carne y hueso que un día entrará en el pueblo para traer prosperidad y espiritualidad pura al lugar. Un joven y humilde trabajador pasa su vida esperando a que ese hombre llegue. En el transcurso del tiempo son muchos los hombres de carne y hueso cuyos rostros guardan una gran similitud con el rostro de la roca. Cada uno de ellos trae sus mejores intenciones: uno es solidario y regala su fortuna, otro procura defensa militar para sus vecinos, otro es un poeta que expresa sus más hermosos sentimientos en versos que recita… El joven trabajador niega la evidencia ante todos ellos. Se decepciona al no encontrar al verdadero hombre de la roca. Tan obcecado está en esperar los actos más puros de los demás que no es capaz de ver los que de tan buen grado ha realizado él mismo durante toda su vida.

Y mi favorito, El demonio en el manuscrito, crítica mordaz hacia los editores que niegan la publicación de cuentos a nuevos escritores. La pesadumbre de un escritor que consigue odiar sus propias creaciones hasta el punto de verlas arder. Las considera endemoniadas y, en un arrebato de frustración, desprende una maldición sobre el pueblo al deshacerse de sus manuscritos.

La muñeca de nieve y otros cuentos ha resultado ser una lectura exquisita y un gran descubrimiento de una narrativa sosegada y elegante que me ha seducido. Nathaniel Hawthorne, en cuyo prefacio alude al largo tiempo que tardó en recibir el más leve reconocimiento del público, era el hombre que estaba destinado a ser escritor de ficción y, con el tiempo, tratante de ficción se hizo.

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Weird Detective, de Van Lente, Guiu Vilanova y Mauricio Wallace

Weird Detective

Weird DetectiveHe de hacerlo. He de empezar esta reseña con un grito de guerra, una salve al gran Dios antiguo del horror. He de gritarlo a pleno pulmón (vas a notar el grito por la cantidad de exclamaciones que le voy a poner, máximo, tres, como marca la norma). ¿Preparado? Bueno, espera. Antes, un par de acepciones que describen a la perfección la estética y temática de este gigante cómic que acabo de leer; Weird Detective. Allá van:

Literatura pulp: Término que hace referencia a la encuadernación barata con papel de mala calidad y destinado a un consumo popular de revistas especializadas en narraciones e historietas de ciencia ficción y género negro.

Pastiche: Imitación o plagio que consiste en tomar determinados elementos característicos de la obra de un artista y combinarlos, de forma que den la impresión de ser una creación independiente.

Ahora sí, este cómic lo merece. Todos los hijos de la criatura lo merecen. Ha despertado y no viene solo. ¡¡¡Larga vida a Cthulhu!!!

Ya está, saludado quedas, pulpito «salao». No es para menos porque la obra que ha cosechado Van Lente tiene lo mejor de Los mitos de Cthulhu, esas publicaciones que se suman al extraordinario universo que arrancó H. P. Lovecraft y que indaga en las criaturas y el horror cósmico que aguardan en letargo esperando a ser invocadas. Lo que se presenta en este cómic es un viaje a lo mejor del placer de contar historias. El sugerente título ya nos lleva de sopetón a esas revistas viejas de ciencia ficción y entramados policíacos. Y lo hace bebiendo de los mejores, como no podía ser menos. Muchos clichés y tópicos del género, pero con un marcado estilo personal del autor. Humor negro, sí. Acción a raudales, también. Criaturas que no pueden ser de este mundo, que no falten por supuesto. Y como dictamina el dogma de la novela negra: que la sangre vaya en el primer párrafo. En este caso, en su versión cómic, en la primera viñeta.

Aunque para ser exactos, sangre, lo que se dice sangre, queda poca en el cuerpo de la víctima de esta historieta. Para que te hagas una idea: los titulares de la prensa denominaron a su verdugo como «El asesino del cartón de zumo», por el estado en el que encontraron el cuerpo; absorbido hasta los huesos, solo unos pliegues de piel y pelo como trapos tirados al suelo. A partir de ahí, el detective Sebastian Greene, con la ayuda de su compañera Sana Fayez, debe buscar al culpable de una serie de asesinatos en la que las víctimas corren el mismo y funesto desenlace. Lo que Greene no sabe es que su propia compañera le está investigando por sus extraños comportamientos. Cosas raras que no parecen propias de un ser de este mundo.

El ritmo que coge la historia desde la primera página es vertiginoso. Engancha como pocos libros o cómics he leído últimamente. Es más, hace bien poco tuve el placer de leer El caso de Charles Dexter Ward, una versión en cómic del clásico cuento de Lovecraft —todo gira en torno a él— y la diferencia es bastante notable. Del ritmo lento de la trama y el desarrollo paciente de los personajes de dicho cómic a la vitalidad y acción sin descanso de Weird Detective. Son historias diferentes que se deben narrar de forma diferente. Ambas geniales. En cuanto a dibujos, sobresaliente. Corren a cargo de Guiu Vilanova que plasma con fidelidad la estética de ciencia ficción con técnicas renovadas y los ambientes suburbiales de New York. Ni qué decir acerca de las criaturas creadas. Una gran apuesta, y muy agradecido me siento de ello, por parte de la pequeña editorial Medusa Cómics que empieza a incluir en su catálogo unas cuantas series muy interesantes.

Para terminar, quería cerrar con un tercer elemento de obligada alabanza y que se suma a los ya definidos pulp y pastiche. Es necesario para la perfecta triada de conceptos que aglutina Weird Detective:

Francesco Francavilla: Magnífico ilustrador italiano encargado de la portada del cómic. Cada una de sus ilustraciones, carteles de películas y portadas, que es donde más desempeña su labor, son auténticas obras de arte. El color, la técnica empleada y el estilo tan marcado hacen de él el mejor autor para desarrollar y devolver a la palestra las mejores historias pulp. Aquí solo deja su portada, pero eso es ya motivo de sobra para dejarse seducir.

Han despertado, sí, y tienen hambre, un hambre voraz. ¡Vuelven los mitos de Cthulhu!

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Alcatraz 3. Los Caballeros de Cristalia, de Brandon Sanderson

Alcatraz 3. Los Caballeros de Cristalia

Alcatraz 3. Los Caballeros de Cristalia¿Os habéis preguntado qué pasaría si en medio de alguno de los océanos existiera un continente del que nunca nos han hablado? Pues en Alcatraz 3. Los Caballeros de Cristalia nos mostrarán esa verdad oculta.

Hasta hoy tenemos la idea bien sabida de cómo es el planeta Tierra. Me refiero a cómo lo vemos cuando cogemos el globo terráqueo o un mapamundi y lo observamos de uno a otro extremo. Esto queda ya muy anticuado, casi arcaico y prácticamente en desuso. Malditos, no sabéis lo que os perdéis al girar la pelotita gorda y dejar caer el dedo a ver dónde os tocará viajar. Así elegí el destino donde me casaría en un futuro, pero para guardar la sorpresa —no vaya a ser que mi futura esposa se encuentre entre mis lectoras—, no diré el país que me tocó. En la actualidad hay otros modos de mirar la superficie terrestre a través de esa aplicación tan molona, cara y avanzada que es el Google Earth, pero que todos utilizamos para buscar nuestra calle por si acaso nos han fotografiado en ella.

Sin ampliar tanto la imagen y mostrando una perspectiva general del planeta vemos que el planeta se compone de: el Polo Norte, la fábrica de hielo que está a punto de echar el cierre como no tengamos más ojo con nuestro estilo de vida; en el punto opuesto, por debajo, el Polo Sur, con todos sus pingüinos y sus focas también; entre medias de los polos, los continentes de América del Norte y América del Sur, Groenlandia, que mira que es grande, el Océano Atlántico, todo azulito, con mogollón de atunes y el Titanic sumergido (obviamente, esto no se ve ni con el Google Earth, pero en el cine hemos visto que se hundió por ahí), luego llegamos a África, justo encima nuestro viejo continente europeo y pegado a nosotros se extiende la vastedad del continente asiático, con todos sus chinos y esas cosas tan exóticas; el Océano Índico, la isla gorda de Australia, Nueva Zelanda, el Océano Pacífico, con mogollón de tiburones de carácter poco pacifista y otra vez llegamos al continente americano. Ya está. Por más vueltas que le demos, no hay más que eso. Unos pocos continentes, los grandes océanos y los polos.

Toda esta información es veraz. Lo vemos en los telediarios cuando dan el tiempo, lo vemos en los mapas de los libros de Geografía y nos lo muestra la NASA gracias a los satélites a través de Google. Pero, ¿y si de verdad existe algo entremedias y encima está habitado? ¿Y si todo fuera parte de un plan maestro de una organización que se ha ocupado durante siglos de ocultarnos algo tan relevante? Seguramente diréis que es una estupidez, que ya habéis viajado con la parienta o el pariente en viaje de novios desde España a Cancún en avión y en el trayecto solo habéis visto nubes, y si llega el caso, mar. Agua y más agua. Solo eso. Ya pero, ¿habéis pilotado vosotros ese avión? ¿Habéis decidido vosotros el rumbo que se debía tomar? ¿Y si el piloto de avión y por extensión, todas las aerolíneas, estuvieran metidas en el ajo? Lo mismo ocurre si vais en barco. No me vale con decir que habéis hecho un crucero por las Bahamas y no habéis visto más tierra que la conocida. Puede que algún día, si cogéis un barquito y os liáis de forma libre a navegar por el mar os pase como a (¡¡¡spoiler!!!) Jim Carrey en El show de Truman.

Esa organización es la de los Bibliotecarios Malvados y en la tercera entrega de la serie, Alcatraz 3. Los caballeros de Cristalia, van a viajar a ese continente nuevo. En esta ocasión, el joven y aventurero Alcatraz Smedry regresará al país al que pertenece y del que nunca supo nada porque los bibliotecarios quieren hacerse con el control político de esas tierras. Son las únicas en el mundo que quedan libres de su mandato, es decir, los Reinos Libres. El resto, lo que vemos en el mapamundi, somos las Tierras Silenciadas. Si los bibliotecarios consiguen hacerse con el dominio, todo el planeta estará a merced de esta malvada organización que pretende crear una dictadura manipulando la información a su antojo. Durante la novela, como es habitual, hay derroche de aventuritas, conspiraciones que afectarán a su mejor amiga, Bastille, descendiente de los Caballeros de Cristalia, y notas de humor para el público primerizo en novelas de fantasía juvenil.

Es un elemento que ya se adelantó de pasada en la primera entrega de la serie Alcatraz. La posibilidad de que existieran cosas que desconocemos porque una organización de bibliotecarios, manipuladores de la información, deciden ocultarlas era un ingrediente muy interesante que bien se puede extrapolar a ciertas noticias que escuchamos en los medios de comunicación o en discursos políticos donde nos hacen el truco del mago: te enseño una mano mientras con la otra te hago el lío. Era el principal reclamo para seguir enganchado a esta serie pese estar dirigida a un público muy joven y superar la treintena de edad. También, por supuesto, el poder de Brandon Sanderson de conseguir escenarios tan fantásticos con las bibliotecas como telón de fondo y situaciones irreverentes que nunca dejan de gustarme en sus lecturas. Una novela más que me invita a leer la siguiente y cuarta entrega que ya está preparada y en la que, parece, se desvelarán los verdaderos motivos que impulsan a la madre de Alcatraz a tener tanta mala idea. Os reemplazo hasta la próxima aventura.

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Leñador, de Mike Wilson

Leñador

LeñadorLa llamada de lo salvaje vuelve a susurrarme con esta obra, Leñador, al igual que lo hicieran las novelas de Jack London o de Jon Krakauer con Hacia rutas salvajes. El territorio de Yukón, en Canadá, vuelve a ser el mágico escenario para evadirme de las distracciones y vulgaridades de la civilización. Una habitación rural en un hotel de Cercedilla en Madrid no es Canadá, pero yo, que soy lector de método y me meto en el papel de los personajes, me fui allí a leer este libro. Y fue el libro el que me hizo viajar mucho más lejos. La literatura, siempre la literatura, vuelve a convertirse en el mejor medio de transporte para viajar a lugares lejanos, naturalezas con tanta belleza como hostilidad y que, en mente y espíritu, me permite vivir una de las mejores experiencias. Experiencias sonoras: los vientos del norte, el ulular de las aves nocturnas, los aullidos de los lobos; experiencias olfativas: el olor de la miel recién extraída de los panales, el de las hojas de los pinos, el de la carne en las brasas; también visuales: los paisajes salvajes e inhóspitos de las tierras del norte, los atardeceres tras las montañas. Esas tierras a las que huyó el autor de esta obra, Mike Wilson. Sus motivos tenía para emprender este duro viaje y vivir la mayor aventura de su vida. En palabras de Thoreau, uno de los padres de la literatura estadounidense: «Cada cierto tiempo, el escritor debe recorrer la senda del leñador para beber en una nueva y más tonificante fuente de las musas».

Esa senda fue la que decidió seguir Mike Wilson cuando, en un acto de crisis existencialista, decidió abandonar cuanto tenía y conocía para emprender esta aventura y asentarse en una comunidad de leñadores al noroeste de Canadá. Quizá buscaba un motivo para encontrar sentido a la vida. Quizá tan solo necesitaba volver a sentirse vivo. Vivir es alejarse de las preguntas que se hacen los hombres; vivir es el fortuito encuentro con un oso o un alce en pleno bosque; vivir es seguir el curso del río para pescar allí donde confluye el cambio de corrientes; vivir es aullar por la noche junto a los lobos y por la mañana trabajar duro cortando leña.

Cuando supe de este libro no me lo pensé dos veces. Tras la experiencia de la novela ya citada de Jon Krakauer, esta aventura prometía aportar otra visión de alguien que, lejos de aislarse y buscar la soledad como el protagonista de esa obra, quería adentrarse en una comunidad. Vivir con una comunidad ruda como es la de los leñadores rurales de Yukón. Aprender con ellos, su trabajo, su día a día, su modo de cazar, observar lo cotidiano dentro de ese pequeño grupo en un lugar tan magnífico. Lo que no esperaba es que este libro se convirtiera en un atlas sobre la vida en el bosque. Ahora lo explico mejor.

Yo partía de la base de que se trataba de la experiencia personal de su autor y las aventuras que allí vivió convertidas en novela. Bueno, desencaminado no iba, pero este libro tiene eso y mucho más. Es novela, es una guía de viajes, es un diccionario, es un tratado de naturaleza, es… en fin, son muchas cosas que nunca había leído. Durante todas las páginas encuentras definiciones sobre todo aquello que empleaba en su día a día con los leñadores: desde herramientas de pesca, leña o caza con todas sus piezas y utilidades bien detalladas, a los orígenes de los inuit, antiguos pobladores de Yukón. Emplea en toda su obra los distintos tipos de textos: expositivos, descriptivos, instructivos y narrativos. Estos últimos son más escuetos y preceden o continúan a las explicaciones vertidas sobre un elemento de la naturaleza concreto. Por ejemplo, para narrar la experiencia que vivió de cómo los leñadores navajos le enseñaron a identificar las huellas sobre el terreno y las plantas, dedica unos párrafos a contar los hechos para después hilvanarlos con una explicación etimológica sobre el sistema de rastreo y el tipo de árboles o fauna que se encuentra en esa zona concreta.

Leñador, que no llamaré novela porque no lo es como tal —las etiquetas que puedo ponerle son infinitas—, tiene, también, varias formas de ser leído y comprendido. Se pueden leer solo los párrafos narrativos que desarrollan la acción y seguir, más o menos, el recorrido que experimentó el autor. Ya te digo que vas a seguirlo más bien menos. Puedes solo tomarlo como un atlas de vida salvaje, es la mar de práctico con todas sus descripciones y consejos informativos. O puedes leerlo en su totalidad y vivir, por unas cuantas tardes y tal como hice yo, lo que Mike Wilson vivió durante años en aquella comunidad. Todo comenzó así:

«Hui hasta llegar a los bosques de Yukón. Me recibieron en un campamento de leñadores […]. Eran hombres rudos. Me otorgaron un hacha, filo de acero. Aprendí cosas».

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La casa de los espíritus, de Isabel Allende

La casa de los espíritus

La casa de los espíritusDe tantas razones existentes para invitarte a la lectura, ¿por cuál sueles dejarte seducir? A veces nuestro propio instinto nos hace coger un libro al azar en la librería; otras veces necesitamos que sea la televisión o el cine el que nos indique qué es lo que está de moda o qué libro no deberíamos dejar escapar; un amigo puede ser aún más mejor amigo si su recomendación nos invita a pasar unas tardes de lectura de lo más gratificantes. Todas son válidas y, en el caso de los libros, ninguna deberíamos pasar por alto. Una vez leídas las primeras páginas, o primeros capítulos si fuera necesario, ya nos daremos cuenta de si ha sido o no una buena inversión. Pero, ¿tiempo perdido? Eso nunca. Leer desde la ignorancia a un autor o un género concreto, aunque sean cosas que no nos agraden, no es tiempo perdido. Y cuando la elección de nuestro libro ha sido la correcta, ha sido ese libro que nos ha abierto otra perspectiva y consigue que deseemos penetrar aún más en ese nuevo universo que se nos ofrece, entonces no tendremos más que agradecer enormemente la labor de aquel o aquella que nos abrió ese mágico portal.

La casa de los espíritus, de Isabel Allende fue un auténtico bombazo en su año de publicación allá por 1982. Supuso para su autora un estreno que entró por la puerta grande en la literatura escrita en español. LITERATURA con mayúscula. Eso me parece a mí.

La historia narra los acontecimientos que viven paso a paso la saga familiar de los Trueba desde principios del siglo XX hasta nuestros días. Toda vivencia quedó nítidamente escrita en unos cuadernos por la madre de familia. Tanto su marido, Esteban Trueba, su hija Clara así como la nieta, Alba, relatarán cada uno de los sucesos que el destino extravagante y trágico les puso en su camino. Romances: ¡cómo narra esta escritora los romances en las distintas generaciones! Impecable. Guerras: ¡qué soberbia y sangre fría para mostrar el horror de las revueltas militares! Violencia: el carácter rudo y cruel de Esteban Trueba a la par que la empatía que se siente hacia él en sus últimos años de vejez es la prueba de la calidad literaria de Isabel Allende a la hora de desarrollar personajes. La vida dura en el campo y el retrato costumbrista de una sociedad mermada por la pobreza y el abandono, los poderes paranormales y apariciones fantasmales, todo, absolutamente todo descrito de una forma magistral con un estilo impecable que muestra una visión oscura de la sociedad de Chile de aquellos años de revueltas políticas en una trama generacional muy bien enlazada.

La casa de los espíritus, siendo una gran novela, yo no caí prendado a ella aun conociendo su existencia; aun paseando por las librerías y verla siempre en los escaparates de los autores más vendidos y reconocidos de nuestra lengua; aun cuando alguna amiga me había comentado tímidamente algo sobre la historia. ¿Quieres saber cuáles fueron los elementos que me hicieron coger este libro y devorarlo cada noche? La película y una inquietante impresión que tenía mi hermano sobre el argumento: es como si fuera una de las historias de no terror de Stephen King.

Dos recomendaciones de lo más dispares y que puede choque mucho con el parecer de algunos de los que hayan leído la novela de Allende. Por un lado surgirá esa confrontación famosa entre si es mejor la peli o el libro. Pues qué quieres que te diga, una película con semejante reparto, música y dirección no se queda en absoluto coja. Además, salvo licencias y variaciones propias del cine, creo que capta con total fidelidad y respeto la trama de la novela. Al igual que muchas veces el cine rompe el ritmo narrativo o el drama que el escritor ha conseguido plasmar en su libro, en este caso no sucede así. A veces puede conseguir mejorar ciertos elementos que funcionan mejor en cine que en la novela. A mí, por ejemplo, me gusta más la idea que tratan en la película de repartir el drama, en lugar de en tres generaciones, Clara, Blanca y Alba (madre, hija y nieta respectivamente), tan solo en dos, siendo la madre y la hija quienes sostienen todo el peso dramático de los sucesos históricos. En la novela, en este aspecto, deja al personaje de Blanca en algo menos relevante para la historia.

Y por otro lado queda el elemento paranormal. Aquello que me gusta considerar la parte más «kingniesca». Y es cierto. Elementos muy comunes de las obras de Stephen King como los poderes de telequinesia y telepatía de Clara se muestran aquí en todo su esplendor. Es más, diría que King estaría dispuesto a vender varias de sus obras por las descripciones tan escalofriantes y detalladas que consigue Isabel Allende. La escena en la que el patrón, Esteban Trueba, llega a la habitación donde su madre yace en su lecho de muerte es de lo más terrorífica y sentida. Y lo de la cabeza… bueno, eso te dejo que lo encuentres en el libro si es que he conseguido motivarte a leerlo.

La editorial DeBolsillo vuelve a traer a los principales escaparates y estantes de las librerías esta belleza. Ha creado una nueva edición que estrena portada un tanto psicodélica y en versión para uso escolar con material educativo para su comprensión y estudio. Muy necesario tratándose de una novela que sitúa a la lengua española en un lugar privilegiado dentro de la literatura universal.

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El caso de Charles Dexter Ward, de Lovecraft y Culbard

El caso de Charles Dexter Ward

El caso de Charles Dexter Ward«Se lo volveré a repetir: no evoque nada que no pueda dominar». Si este imperativo lo ubicas en el primer tercio del siglo XX, en una granja de Providence donde un joven con inquietudes por las ciencias oscuras y la nigromancia se dedica a realizar conjuros que escapan a toda comprensión humana, el relato no puede pertenecer a otro que a H. P. Lovecraft. Y de él es este siniestro caso de desaparición dentro de un cuarto cerrado; el clásico enigma policíaco que tanto gustaba a escritores como Gaston Leroux, Arthur Conan Doyle o Edgar Allan Poe.

El caso de Charles Dexter Ward cuenta la historia de un suceso oscuro que se remonta a un pasado muy lejano y que ahora ha despertado. En un manicomio de Providence, Rhode Island, un peligroso paciente internado desaparece de su celda misteriosamente. El último hombre en haber tratado con el paciente es el Dr. Marinus Bickwell y ahora tiene la obligación de contar la verdad que rodeaba a este siniestro hombre. Lo que duda es que el mundo esté preparado para aceptar los hechos de cuanto consiguió investigar acerca del desaparecido Charles Dexter Ward tal y como sucedieron.

Es este uno de los relatos escalofriantes de Lovecraft que se desarrollan con paciencia, desgranando poco a poco el entramado que incluye varios personajes en los que él mismo se veía reflejado en sus lacónicas y existenciales vidas, y a lo largo de diversas generaciones para enredar el asunto. Los elementos que caracterizan los relatos de Lovecraft se manifiestan en la narración a través de conjuros de indescifrables lenguas extraídos de los oscuros libros del Necronomicón para invocar de una larga letanía bestias desterradas. La influencia de Poe en el desarrollo policíaco y la ambientación también están presentes. Todo envuelto en una atmósfera tétrica, en un frío páramo donde los pocos vecinos cercanos escuchan alaridos de ultratumba y extrañas luces procedentes de una de las granjas. Dentro del género de intriga, el relato va dejando pistas a lo largo de sus páginas que hacen que intuyas por dónde pueden ir los tiros. La misión de los médicos del manicomio es descubrir la extraña desaparición de Charles Dexter y será su médico personal quien narre los terribles episodios que investigó sobre él. Hechos que se remontan a sus primeras sesiones en casa de Charles donde le reveló un cruento descubrimiento que afectaba al linaje de su familia; las misteriosas noches que su paciente se aislaba y asustaba a sus padres por extraños rituales que preparaba en soledad; la revelación que padeció en primera persona de eso que tanto aterraba a su paciente.

Como ya me ocurriera con Reanimator, otro gran relato de Lovecraft (sí, este hombre tiene más historias aparte de ese pulpito tan «salao» que es Cthulhu), El caso de Charles Dexter Ward lo he descubierto gracias a esta adaptación en cómic que ha editado Norma. El dibujante Culbard adapta este clásico del terror en cómic con un dibujo que a mí me recuerda mucho a las tiras de periódico. Nada criticable, por supuesto. Creo que ha sido una elección como dibujante excepcional. No es un gran arte estético o excesivamente expresivo pero sí muy efectivo que, a mi parecer, hace más fluida la historia con viñetas muy narrativas que en ningún momento despistan y te sacan del argumento, y con una estructura básica de cómic de 3×3. Un argumento que tiene sus enredos temporales y trucos clásicos de novela de intrigas en la que se intenta mantener el suspense hasta el desenlace final.

He leído bastantes relatos de Lovecraft. El intruso o El grabado en la casa son de mis favoritos por su destreza descriptiva y ambientación que, con el léxico de este escritor, casi puedes sentir palpitar la historia según acaricias las páginas. Es un detalle sensorial que solo puedes descubrir en su apogeo leyendo sus relatos originales. Las adaptaciones, por norma general, te alejan de esos elementos sensoriales por cuestiones de espacio y fluidez narrativa. Para eso emplean los dibujos como útil para el desarrollo. Me he encontrado el caso en este cómic de dar con un leal adaptador de cuentos. Cada viñeta, cada texto que la acompaña y cuando solo el dibujo narra el relato, han conseguido poseerme de tal modo que me sentía dentro de ella, dentro de esa granja donde se sucedían las siniestras evocaciones. Una formidable opción para leer y acercarse al vasto universo lovecraftniano.

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