Publicado el

Atravesé las Bardenas, de Eduardo Gil Bera

Atravesé las Bardenas

Atravesé las BardenasCuando alguien como yo, amante de la literatura y de la naturaleza, que vive en el corazón de las Cinco Villas, se encuentra con una fotografía como la que ilustra la portada de este libro, no puede resistirse a quererlo, es imposible. Piensas que, si ya Acantilado te da una seguridad en cuanto a la calidad de la lectura, lo que haya detrás de esa imagen debe ser especial, sobre todo porque una novela narrada en poco más de cien páginas ha de ser una pequeña exquisitez literaria.

Eso al menos pensé yo cuando andaba hacia casa con la sonrisa de quién cree haber encontrado un gran tesoro. Y ya les adelanto que con, Atravesé las Bardenas, no me equivoqué.

Y fue por todo ello, y porque el pueblo en el que vivo es la entrada natural desde Aragón a esas Bardenas que tan bien conozco, por lo que me decidí a seleccionarlo como una de mis lecturas para el día de San Jorge.

Eduardo Gil Bera, del que no tenía noticia anterior, es de Tudela (Navarra). Si miran ustedes en un mapa, verán que entre Tudela y Ejea de los Caballeros solo median las Bardenas: La Bardena Negra y las Bardenas Reales o Bardena Blanca.

Un lugar que desgraciadamente para muchos vecinos de las localidades limítrofes está asociado, no al bello parque natural que deberíamos poder disfrutar todos libremente, sino a ese campo de tiro del Ministerio de defensa al que año tras año solicitamos su desmantelamiento. A pesar de ello, nadie debería dejar de visitar en alguna ocasión toda la zona de Las Bardenas.

Tampoco pasa nada porque yo ahora les meta un poquito de historia y así aquellos que no sepan de qué hablamos al referirnos a “Pueblos de Colonización”, se puedan hacer una idea.

Terminada la Guerra Civil, y a la vista de la devastación producida, se crea el Instituto Nacional de Colonización, un organismo dependiente del Ministerio de Agricultura, y creado por la necesidad de realizar una reforma tanto social como económica de la tierra, con el objetivo de efectuar una transformación del espacio productivo mediante la reorganización, reactivación y producción del sector agrícola con el aumento de tierras de labor y la superficie de riego.

Nacen entonces una serie de pueblos llamados de “colonización” que transformarán muchas zonas de España. Especialmente las Comunidades de Aragón, Andalucía, Castilla, Cataluña, Extremadura, Navarra y parte de la zona Levantina.

El Plan General de Colonización de la Zona de Bardenas se aprobó en 1954, y el autor centra su historia en los inicios del año 1956, fecha muy cercana al 8 de abril de 1959, en que Franco inauguró el pantano de Yesa, el canal de Bardenas y los pueblos de El Bayo, Santa Anastasia y Bardena del Caudillo.

Según el historiador D. Jesús Guallar Pérez, “fue así como esta extensa zona de Bardenas, que une las provincias de Zaragoza y Navarra, se vio sometida a una transformación profunda: nivelaciones, acequias, carreteras y caminos, construcción de poblados y plantación de árboles. Un gran trasiego de hombres y maquinarias… Los trabajos para la puesta en riego aliviaron la situación de penuria de la comarca y un número importante de trabajadores de otros lugares del país se asentaron en Ejea, algunos con sus familias.

La zona de Bardenas había sido dividida por el INC, a efectos de planificación y administración, en dos subzonas: norte y sur.

Bardenas Norte que comprendía seis pueblos nuevos: Figarol, Rada, Gabarderal, El Boyeral y San Isidro del Pinar en la provincia de Navarra, más Camporreal en el término municipal de Sos del Rey Católico, y Bardenas Sur, toda ella en la provincia de Zaragoza, la conformaban nueve poblados: Bardena del Caudillo, Santa Anastasia, El Bayo, Pinsoro, Valareña y Sabinar dentro del término municipal de Ejea; Sancho Abarca y Santa Engracia en el de Tauste, y Alera en el de Sádaba. El número de colonos se pensaba que ascendería a 3.967 pero tan solo se instalaron 1.353 en quince poblados, de los cuales uno, El Boyeral, está abandonado en la actualidad.

Una vez superada esta pequeña lección de historia, les contaré que Atravesé las Bardenas se puede leer perfectamente sin conocerla, pues el autor nos cuenta un relato en el que el señor Yaben, un ingeniero del Instituto Nacional de Colonización, proyecta la construcción de un pueblo en una zona de su propiedad de las Bardenas; lo proyecta teniendo como base de ese futuro pueblo a toda la población reclusa de Tudela, tanto de hombres como de mujeres.

En su narración, dividida en tres partes que a su vez se subdivide en pequeños capítulos, cada una de las partes va precedida de una frase de Heráclito, y no es de extrañar, ya que el libro es de una gran profundidad humana y filosófica, y sobre todo es mucha la simbología que encontramos en ella; pues como bien dice la contraportada, es una alegoría de la realización de los sueños humanos, que reúne en el desierto de Navarra la condición humana en toda su desnudez, y se convertirá en una fábula de tientes bíblicos.

Así nos adentramos en esta historia que nos hará conocer la zona y la vida de Dámaso Torrentera, y les advierto que ni una ni otra nos dejará indiferentes…

“EL AÑO DEL FRÍO

En febrero de 1956 vivía en Mélida un joven llamado Dá¬maso Torrentera. Aquél fue el mes de febrero más frío que nadie recordaba. Por la noche, la temperatura bajaba hasta quince grados bajo cero, y durante el día el sol no llegaba a deshelar los charcos. Torrentera sufría congelación en las manos y no dormía con los demás presos. Tenía permiso para pernoctar en una corraliza más cerca de Mélida e ir al médico.

Llegaba al pueblo caminando por la tierra crujiente por el hielo y se paraba, envuelto en su manta, ante la casa del señor Yaben, que le hablaba desde la ventana.
—¡Entra!
—No…
—¿Has ido al médico?
—No. Ahora voy.
—¿No vas entrar? ¡Entra!

Torrentera negaba con la cabeza, sin contestar.

—Pues anda al médico.

Cada mañana de aquellos días glaciales, se repitió la escena. Torrentera se detenía ante la casa del señor Yaben, que le invitaba, pero el joven preso nunca entró.

Se produjo las lesiones de congelación en las manos durante la extinción del incendio de la fábrica azucarera de Tudela, cuando los presos que trabajaban en la construcción del poblado de colonización de Rada fueron trasladados para luchar contra el fuego. Fue idea de Yaben, siempre empeñado en conseguir beneficios de redención para sus presos.”

Es una historia especial que gustará tanto a aquel que quiera acceder a una narración sencilla, como a aquellos que buscan siempre algo más en la literatura, aquellos que adoran los dobleces, los símbolos, las referencias filosóficas y el trasfondo más humano, en definitiva para los que intentan llegar a la esencia de las cosas y de la vida a través del pensamiento, y recurriendo para ello a la filosofía más tradicional, como la de Heráclito que nos habla de que todo está en movimiento y por ello todo cambia de una forma constante, lo que es en este momento nunca más lo volverá a ser y lo que fue en su momento, nunca más lo será.

Ya ven, aquí he venido yo a descubrir a través de este libro de tintes filosóficos, Atravesé las Bardenas, la historia de la zona en la que vivo, y también a un escritor en el que reconoceremos que ha sido traductor de grandes autores como Séneca, Marco Aurelio, Epiceto y también del inconfundible Joseph Roth, y eso se nota, así que no creo que tarde en volver por aquí para hablarles de alguna de sus otras novelas como aquellas por las que consiguió los Premios Alfonso X el Sabio y el Miguel de Unamuno, o quizá para comentarles la publicada por esta misma editorial en 2015 titulada Esta canalla de literatura, una obra que ya, por ese título, me está interesando… Y mucho.

[product sku= 9788416748419 ]
Publicado el

Ayako 2, de Osamu Tezuka

Ayako 2

Ayako 2Un autor de cabecera es, según el diccionario, aquél por el que se manifiesta preferencia y que se lee con frecuencia. El  origen de la expresión se encuentra en la cabecera de la cama, que es donde algunos, supongo, ponen sus libros favoritos o, sencillamente, aquéllos más conducentes a tener un sueño dulce y reparador. Dado que mis autores favoritos provocan sueños más bien tormentosos, nunca los coloco a la cabecera de la cama. Por ello, voy a cometer la osadía de enmendar la plana a esos señores tan serios que escriben diccionarios, y corregir su definición de autor de cabecera.

Autor de cabecera: dícese de aquél cuyo estilo nos gusta tanto que nos da igual la historia que nos esté contando.

De acuerdo, la redacción podría estar mejor, pero no me negaréis que mi definición se ajusta mucho más a la realidad. Así, entre mis autores de cabecera se encuentran, por ejemplo, escritores como Bolaño o Faulkner, cuyos respectivos estilos me maravillan, escriban lo que escriban, y de quienes hace años que no leo nada.

Otro de estos autores de cabecera es, desde luego, el maestro Osamu Tezuka, quien, incluso en sus obras más flojas, es capaz de deslumbrarnos con sus insólitas perspectivas, su inagotable creatividad, su sentido cinematográfico y sus personajes siempre apasionados al borde del abismo. Pero cuando, además, a su inimitable estilo se une lo que ya describí en Ayako 1 como un majestuoso melodrama, los fans del manga, esa religión que se extiende por el mundo a pasos acelerados, no cabemos en nosotros de gozo.

La fiesta, es decir, el drama terrible, la tragedia familiar, los asesinatos y las venganzas a troche y moche, continúan en este Ayako 2, en el que nuestra trágica y perturbada heroína crece y se enfrenta con escasas armas a la terrible vida que la espera.

El trabajo gráfico de Tezuka es, una vez más, sensacional, y uno puede pasarse las horas bobas rastreando las influencias estilísticas. Servidor ve, en esa viñeta inferior de la página 67, un toque de Orson Welles; en esa casa de la 105, un remoto eco de Hitchcock; en esa extraordinaria secuencia de la página 111 a la 122, la teatralidad de los primeros años del cine; en la 182, inspiración para Taniguchi, y en la 190, para Joe Sacco. por mencionar tan sólo unas pocas  referencias de las muchísimas que podrán encontrar los conocedores del cine y de la novela gráfica.

Por si todo ello fuera poco, este Ayako 2 viene con propina. En efecto, el melodrama concluye, de manera soberbia, por supuesto, hacia la mitad del volumen, y nos encontramos entonces con tres historias cortas que, con excesiva e injustificada modestia, el autor, en el epílogo, describe como “salvables”, y que a servidor le han parecido excelentes.

La primera de ellas, “Melodía de acero”, con un comienzo brutal e irresistible, nos presenta una historia de gángsters que deriva en un híbrido entre la novela paranormal, la ciencia ficción y el thriller. A continuación tenemos “La silueta blanca”, que, pese a su brevedad y a su apariencia de mero entretenimiento, es una pequeña joya que nos da una idea del genio de Tezuka. Muchos autores hubieran alargado esta bella y divertida historia hasta darle la dimension de una novela o un largometraje. No así Tezuka, que era capaz de parir cinco ideas parecidas antes del desayuno. Por último, “Revolución”, la última de las tres historias de propina, es una lograda tragedia con metempsicosis por enmedio.

Híbrido de estilos y géneros, pasión, violencia, sentido del humor, villanos que reciben su merecido, y héroes a los que les pierde el sentido de venganza. Ayako es Tezuka en estado puro.

Publicado el

Hierofanías

Hierofanías

HierofaníasPor algún motivo Alfredo Rodríguez es un poeta al que regreso cada vez que anuncia un nuevo título, será por ello que de vez en cuando me atrevo a venir para compartir con todos ustedes algunos poemas de este autor navarro ¿Importa que sea navarro o de Valladolid? Yo creo que un poeta puede ser de cualquier parte, pero el lector hará bien en saber de dónde le viene a cada uno su fuerza e inspiración.

  Porque unas veces nace de la familia, de los seres amados, de los desamores o de las situaciones sociales, otras veces nacen de nuestra genética, de nuestras raíces, de nuestra tierra y de su propia trasformación.
I
Empiezas hoy a transformarte en diosa,
giras en el ciclo de nacimiento y de muerte
como una burbuja de aire, una gota de agua
en mi carne de hombre,
adoptas mil distintas experiencias.
Ahora nos toca aprender de ti
tu existencia encarnada.
Vivo en ti una ascensión interminable,
un flujo de energía que baja por mi cuerpo,
profeta enloquecido
llamo Noche a mi amante,
porque tú me devuelves el valor,
verdadera virtud perfeccionada,
como si recita se las palabras del Buda.
 El poeta se abre finalmente a la luz, como bien nos dice su prologuista y amigo Javier Asiáin. Me resulta curioso cómo los poetas según avanzan por la línea de la vida van aclarando sus versos, van dando luz a su poesía.
Eliade utilizó la palabra «hierofanía» para traducir el acto de manifestación de lo sagrado, porque es preciso, y porque se refiere únicamente a aquello que corresponde a lo sagrado que se nos muestra.
Me ha parecido ver en Alfredo una clara evolución más allá de la poesía, la evolución es personal, si bien sus poemas siguen un propio camino al margen del propio autor. Sé que es extraño, pero habrá que entender que es una poesía muy elaborada, poemas que precisan más allá de la inspiración vital o divina, el trabajo del poeta para pulir y dar fluidez a las palabras, a los versos… Y convertirlos en lo que hoy tenemos en nuestras manos, ríos luminosos que parecen descender mansamente.
XIX
Milagro de la regeneración,
eterna juventud, vitalidad del Sol,
la música y plegaria, su Belleza.
Entre la tierra fértil se abre la flor del loto,
los goces de la Vida,
el mar de toda la energía yin,
El mar de toda la energía yang.
    Ya ven, versos que, según nos dice el poeta, “solo quieren reivindicar el carácter sagrado de la Poesía y su significado más alto: el de estar cerca de lo absoluto y lo definitivo…”.
Imprescindible, tanto como el prólogo, será el epílogo del propio autor, donde analiza, como si tras la lectura del poemario asistiesen ustedes a una conferencia con el autor en un club de lectura, el recorrido de sus versos, las fuentes de las que se han nutrido y los mares a los que se dirigen. Esta es una parte que a muchos lectores no especialmente cercanos a la poesía, interesará, aquellos que necesitan una más clara explicación de lo leído más allá de la belleza que las palabras y el sonido les muestran.
XXXVIII
Si el poeta conquista la pureza
conquistará el descanso
y después todas las cosas
ya serán solo una con el Tao.
La fuerza de eliminación del cuerpo
y la luz de luces, la Luz del alma,
conservan su dharma cósmico visible,
el Yo que es anterior al nacimiento.
Al poder trascender sus dualidades
entrará en el silencio,
el deseo de integrarse en el Todo.
Con estos tres poemas, seleccionados por orden cronológico del poemario, creo que vemos esa transición, ese ir hacía donde el poeta ha querido que fluyan sus versos y su propia existencia. La Luz que va viéndose más clara según avanzamos por sus últimos poemas.
La poesía es una de las artes más especiales de entre las bellas artes a las que el hombre tiene acceso, palabras que generan emociones a través de todas sus formas y sonidos, música que vuela y palabras que golpean, susurran, o incluso acarician.
Leer poesía es aspirar a ser más humano y al mismo tiempo más divino.
Publicado el

Poncho fue, de Sole Otero

Poncho fue

Poncho fueTodos hemos oído alguna vez aquello de que el amor es ciego, una frase que a los feos siempre nos ha llenado de fe y esperanza. Y además es cierta. Decidme, si no, cómo se explica que una mujer tan hermosa como la mía se fijara en un tipo con mi careto, si no es por mi despampanante belleza interior.

Pero si esa frasecita en cuestión es cierta, no lo es menos aquella otra de que el amor nos ciega. Y eso ya no es tan bueno.

A Lu, la protagonista de esta excelente novela gráfica titulada Poncho fue, el amor tarda un suspiro en cegarla. Por desgracia, una vez nos han tapado los ojos con esa venda de la obnubilación, cuesta sangre, sudor y muchas lágrimas quitársela y volver a ver la realidad. La realidad empieza a desvancecerse en el momento en que aparece alguien que nos convence de que estamos hechos el uno para el otro y que, por tanto, a partir de ahora nada ni nadie nos va a separar. Yo sin ti soy media persona, y tú sin mí, todavía menos, porque eres, además, débil, histérica e incapaz de valerte por ti misma.

Ciega como se ha quedado, Lu no se da cuenta de algo que el lector percibe enseguida, a saber, que el Santi que la deslumbra es un fantasmón y un manipulador. La historia comienza con una discusión inesperada y absurda, que no parece más que una crisis pasajera en una relación hasta entonces idílica. Sin embargo, una serie de flashbacks nos muestran el inicio de la relación y el modo en que ésta fue degradándose poco a poco, emponzoñada por el egoísmo y el maltrato psicológico al que Santi somete a Lu.

El uso de los colores así como el estilo naif de la autora pueden darnos, pues, una primera impresión equivocada de esta gran e impresionante novela. Poncho fue es mucho más que una simple historia de maltrato. Basándose en una experiencia personal, Sole Otero nos ofrece en esta novela dos extraordinarios retratos psicológicos en los que no escatima críticas a sí misma ni hace excesivo hincapié en el carácter venenoso de Santi. Tan sutiles y verosímiles son los dos personajes que, de manera inquietante, es difícil en más de un momento no reconocerse a sí mismo en los rasgos de uno u otra. Así de cerca estamos todos del maltrato.

Santi no es un monstruo. De hecho, apenas puede decirse que sea violento. Santi, eterno aspirante a escritor que aún no ha conseguido acabar su primera novela, es, ante todo, una persona tremendamente infantil que, eso sí, tiene la habilidad de saber encontrar y explotar el punto débil de Lu: el sentimiento de culpa. Los halagos y las promesas nos pueden cegar tanto como el amor. Cuando alguien nos dice que no hay nadie como nosotros y que somos lo mejor que ha pasado en su vida, no resulta fácil rechazar tales halagos. Antes al contrario, bien pronto nos rendimos a ellos, y desde ese momento tenemos la obligación de demostrar que estamos a la altura del infinito amor que el otro nos profesa. Cuando no lo logremos, el peso de la culpa será imposible de sobrellevar, y de ahí al abismo del autodesprecio no hay más que un paso.

En definitiva, una gran y sorprendente novela gráfica, una demostración de cómo convertir la tragedia en arte, y un libro que deberían leer todos esos amantes apasionadísimos que aseguran, sin asomo de vergüenza, que harían cualquier cosa por amor.

[product sku= 9788416400607 ]
Publicado el

La niña de sus ojos, de Bryan y Mary M. Talbot

La niña de sus ojos

La niña de sus ojosSucede que un buen día, en algún momento de nuestra paternidad, descubrimos a nuestro padre agazapado en nuestro interior. Puede que lo encontremos en una palabra que decimos y que hacía treinta años que no oíamos, en un gesto que hacemos, en el modo de reñir a nuestros hijos o en los hábitos caseros que cultivamos. Quizá nos demos cuenta de ello en seguida, o quizá tenga que ser nuestra madre quien nos lo señale: “tu padre también siempre se sentaba así”. Pero esas palabras, que a la mayoría nos llenan de orgullo y emoción, nos revelan asimismo la triste condición del hijo, a saber, que sólo empezamos a conocer de verdad a nuestro padre cuando ya no está.

Algo parecido le sucede a Mary M. Talbot, que en el funeral de su padre, abrumada por el aluvión de testimonios de personas que lo conocieron y apreciaron, constata un hecho ante el cual un hijo no sabe muy bien cómo reaccionar:

Parece que mi padre era encantador en todas partes. Pero muy rara vez en casa.

Y esa doble faceta de la personalidad de su padre es tan sólo uno de los muchos paralelismos que la autora británica descubre entre su vida y la de Lucia Joyce, hija de James Joyce, y que nos narra de manera amena y magistral en La niña de sus ojos.

Parece ser que al autor de Ulises, uno de los grandes de la literatura universal de todos los tiempos, la paternidad no se le daba tan bien como retratar al joven artista adolescente, trasladar a Odiseo a Dublín, o crear palabras nuevas a partir de lenguas diferentes. Ésa fue una de las técnicas que empleó en su última obra, en la que empleó varios años de su vida que dieron como fruto Finnegan’s Wake, una novela prácticamente ilegible que a lo largo de los años ha hecho las delicias de apenas un puñado de eruditos. Entre ellos, James A. Atherton, el padre de la autora, reconocido experto en la opus magnum del irlandés.

Tanto Mary M. Talbot como Lucia Joyce, pues, crecieron a la sombra de un padre cuyo mayor deleite consistía en encerrarse con sus libros, sus diccionarios y su máquina de escribir. Pero Lucia tuvo además la mala fortuna de ser la hija de un genio, de alguien que vivía por y para (y el resto de preposiciones) su obra. Ser la hija de alguien admirado por todo el mundo podría parecer envidiable, pero cuando tú misma tienes serias inquietudes artísticas, el peso de la obra y la figura de tu padre puede resultar imposible de soportar.

Así, la autora entrelaza la narración de su infancia y adolescencia con la de Lucia Joyce, y lo hace con tanta destreza que pasamos de la una a la otra con la misma naturalidad con que pasamos la página. A ello se une el arte de su marido, el ilustrador Bryan Talbot, quien hace un trabajo espectacular, con el tipo de viñeta precisa para cada momento, desde el caos del ambiente familiar de las primeras páginas, hasta la monótona espera y la brutal escena del parto, pasando por el estilo periodístico con el que retrata los años de los Joyce en París. La propia Mary, incapaz, acertadamente, de retocar el trabajo artístico de su marido, opta, en un toque posmodernista, por insertar comentarios sobre un par de anacronismos en los que incurre su marido.

A la autora le tocó vivir esa pequeña tragedia, que mencionamos más arriba, de empezar a conocer a su padre el día en que éste murió.  Lucia Joyce, por su parte, conoció demasiado bien al suyo, el genio que contribuyó a hacer de su vida un auténtico infierno. Moviéndonos entre la Inglaterra que va de la posguerra a los años hippies y, por otro lado, el París de Josephine Baker, Samuel Beckett, Sylvia Beach y el modernismo, esta extraordinaria La niña de sus ojos nos narra ambas vidas en una historia que es, como cualquier obra del propio Joyce, emotiva, cruel y divertida.

[product sku= 9788478339938 ]
Publicado el

El carterista, de Kazuo Koike y Goseki Kojima

El carterista

El carteristaEn buena hora se me ocurrió meterme en el mundo manga, pues resulta que no es tal mundo, sino una galaxia, y lo que se presentaba como un viajecito a un género diferente lleva así camino de convertirse en un exilio definitivo. Parece que he caído en un agujero negro, el del manga, y nadie va a poder sacarme de allí. Y la verdad es que ECC, con la publicación de clásicos del género como este El carterista, no está precisamente colaborando para mi regreso a la tierra, a ese mundo en el que había otros libros, otras novelas, otras historias, y el manga no era más que una estrella lejana en el cielo.

Os escribo, pues, desde mi agujero negro, donde estoy en compañía de Ankuro, un joven, diestro y misterioso carterista que carga con el juramento que se hizo a raíz de una terrible tragedia que le acaeció siendo niño. Estamos en Edo, que por si, al igual que yo, no lo sabíais, era el nombre que tuvo hasta 1868 la megalópolis que hoy conocemos como Tokio. La historia que va a suceder transcurre a mediados del siglo XIX, en una sociedad que estaba constituida por cuatro grandes clases: los samurái, los campesinos, los artesanos y los mercaderes… Un momento, ¿he dicho cuatro? Me temo que he olvidado un grupo social de extraordinaria relevancia para esta historia: los carteristas.

El carterista se abre con una gran escena, en la que un iracundo samurái acusa a una bella mujer de haberle robado la cartera. La mujer niega las acusaciones y reta al samurái: si ella demuestra su inocencia, él se postrará en el suelo para disculparse. Lo que sucede a continuación puede sugerir que nos vamos a encontrar con una típica historia de golfo encuentra a golfa, que tan bien nos ha contado el cine con películas como Los timadores. Sin embargo, no van por ahí los tiros, y la novela empieza a sorprendernos por sus inesperados giros, por el retrato que hace de la vida y costumbres sexuales de los edoítas, por su brutal violencia, por el exquisito modo en que se organizaba el mundo del hampa, y, sobre todo, por el retrato psicológico del protagonista principal.

Ankuro, al que todos llaman An, se revela bien pronto como un personaje carismático y oscuro, capaz de hacer enloquecer a las mujeres y de salir bien parado, gracias a sus argucias, de las crueles y refinadas trampas que le tienden los jefes de la banda de carteristas de turno. A An le gusta jugar. Confiado en su destreza e inteligencia, renuncia a las victorias fáciles y da a su contrincante la oportunidad de vencerle, como un cowboy que acepta enfrentarse con un revólver y un solo cartucho a un forajido con dos cargadores llenos. La comparación con los cowboys no es baladí, pues esta gran novela puede recordar al lector al legendario western Centauros del desierto. Al igual que John Wayne, An es un hombre sediento de justicia y con una misión, y nada, ni el amor de una mujer, ni una banda de carteristas, ni una colección de consoladores (sí, como lo oís) de todas las formas y colores lo va a desviar de su camino…

…¿o quizá sí? Para averiguarlo habrá que esperar al segundo volumen de este gran manga de violencia, sexo, venganza y algún que otro samurái.

[product sku= 9788416998128 ]
Publicado el

Ayako 1, de Osamu Tezuka

Ayako 1

Ayako 1Osamu Tezuka no fue sólo el padre del manga, sino además un artista que se exigía tanto a sí mismo que fue capaz de crear más de setecientas obras sin repetirse. De acuerdo, admito que me falta conocimiento de causa para hacer esa afirmación (setecientas son muchas cientas que leer), pero lo cierto es que, a diferencia de lo que me sucede con tantos otros autores, sean o no mangakas, con Ozuma todavía no conozco el dejà vu. La biografía, la novela histórica, el thriller político, la fantasía, la ciencia ficción; nuestro admirado artista era capaz de saltar de un género a otro como quien pasa del segundo al postre, dejando patidifusos a comensales y lectores con el saco sin fondo de donde extraía la inventiva de sus argumentos y, sobre todo, la prodigiosa creatividad de sus viñetas.

Tezuka debió de vivir en un universo paralelo, donde los días tenían 36 horas. No se puede explicar de otra forma que, aparte de su creación, tuviera tiempo para asimilar, como reflejan sus obras, tan vastos conocimientos literarios y cinematográficos. La obra que hoy os traigo, Ayako 1, es un gran ejemplo de esta incorporación de referentes que da como resultado una obra fascinante, original y, al mismo tiempo, anclada en las tradiciones occidental y japonesa.

Ayako 1 es un majestuoso melodrama, donde se mezcla una historia de espionaje situada en la posguerra con la desintegración definitiva de una sociedad feudal japonesa que, ante el poder de las autoridades norteamericanas y, por otra parte, el reprimido avance de las fuerzas de izquierdas, da sus últimos coletazos.

Nos encontramos en 1949. Jiro Tenge, prisionero de guerra liberado, regresa a su país con un ignominioso secreto que consigue ocultar en la cuenca vacía de su ojo tuerto. Ingenuo de él, no sabe que, al lado de los esqueletos del armario familiar, su terrible traición no pasaría por ser más que un desliz. La familia que lo recibe tiene un nuevo miembro, Ayako, que pasa por ser su hermana, pero sin ser hija de su madre…

Los Tenge representan lo que queda del Japón medieval, una sociedad rural que vive según tradiciones centenarias inaceptables en una sociedad obligada, por los tiempos y los yanquis, a modernizarse. Esta familia, que podría estar sacada de una película de Kenji Mizoguchi, es gobernada con mano de hierro por el despótico padre, un tirano que sólo tiene ojos para Ayako. Pero la llegada de Jiro, el hijo al que los hombres de la casa preferían añorar que volver a ver, va a dar la puntilla a ese mundo, y el pato lo pagará Ayako, con un castigo espeluznante que la marcará de por vida.

Como decía más arriba, Osamu Tezuka  fue un creador absolutamente omnívoro, que lo mismo te planta un referente a un clásico latino como a una película norteamericana de serie B. Así, en las páginas de esta novela, nos vienen a la mente personajes y motivos de la novela victoriana, como por ejemplo el misterioso benefactor de Grandes esperanzas ; de la rusa, con referencia explícita del propio autor a Los hermanos Karamázov; de la novela sureña faulkneriana, con esas familias más podridas que un queso en un vertedero; de los cuentos folclóricos, como “Barbazul”; del cine japonés, como el ya mencionado Mizoguchi, leyenda aquí casi desconocida, o Douglas Sirk, el director de aquellos melodramones de pasión entre cañonazos que, allá por la década de los cincuenta, entusiasmaban a a nuestros abuelos. Y si, con tantos nombres, estáis pensando que servidor es un pedante insufrible, sabed que tenéis razón. Sin embargo, por suerte, Tezuka no podría estar más lejos de la pedantería. Sirva como ejemplo este Ayako 1, que, como tantas obras suyas, combina de manera magistral la novela gráfica y el arte del cine en varios de sus géneros, y donde el maestro nos cuenta una historia apasionante, trágica y violenta en la que, al modo tarantiniano, la alta cultura y la cultura popular se tutean con descaro.

Continuará.

Publicado el

Fuga en la Modelo, de Miguel Gallardo y Juanito Mediavilla

Fuga en la Modelo

Fuga en la ModeloLos que ya tenemos una edad recordamos muy bien, y con inveterada nostalgia, la época dorada de los quinquis. Comprendía ésta los últimos años de la década de los 70, en la que tantas cosas cambiaron, y principios de los 80, cuando por primera vez nos pusimos a hacer cola para comprar el pasaje a la modernidad. Eran los años de la sirla y el caballo, cuando los relojes se llamaban peluco, la basca apoquinaba para pillar cien duros de costo, el primo de nuestro colega era un lejía que se bajaba al moro cada mes para subir cargado de mandanga, y nuestra vida cultural se reflejaba en fanzines.

Hoy parece increíble, pero hubo una época en que nombres como el Vaquilla o el Torete (¿qué tendrán los bóvidos?) eran tan populares como los de los futbolistas, quienes, por su parte, no eran los finos estilistas de hoy en día, sino muleros que gastaban recio bigote. Gracias a aquellos quinquis legendarios, que en el fondo no eran más que unos pobres mangutas de medio pelo, tuvimos el privilegio de vivir en directo, con la emoción de una final de la champions, atracos, secuestros y motines, entre otras infames gestas de aquellos mataos que, por buscarle un tanto de heroicidad al asunto, digamos que se rebelaban contra un destino que los hacinaba en megabloques del extrarradio.

Servidor, naturalmente, siempre fue muy modosito. Nunca aprendí a liar un mai, prefería la horchata a la birra, no me llevaba el loro a la playa, y mi Simca 1200 jamás rebasó el límite de velocidad. Pero en aquella sucia, decadente y añorada Barcelona, en la que había más chorizos que hoy turistas, y más diversión en  el Drugstore o en Zeleste que hoy en todo el barrio de Gracia y el Borne juntos, era imposible, incluso para un tierno y apocado mozalbete, escapar por completo de la perniciosa influencia de los quinquis del barrio. Y parte de esa influencia tan nociva venía, naturalmente, de Makoki y de cómics como Fuga en la Modelo, que marcó un verdadero hito en las lecturas porreras y que, al igual que haría pocos años más tarde el inolvidable Ivà, recogió, reivindicó y hasta dignificó el lenguaje callejero, una jerga ingeniosa y vulgar que toda una generación (excepto los putos pijos) adoptaron con entusiasmo.

Makoki siempre me dio algo de yuyu (fijaos si era tierno, yo). Esa jeta de mala hostia, esas dos kas tan amenazantes, esos cables que le salen de la cabeza, esos colegas tan colgaos que siempre lo acompañaban, esas calles entonces solitarias, mugrientas y algo sórdidas (¡ay, Barcelona quinqui, cuánto te añoro! Si hubieras visto en qué te ibas a convertir, habrías acabado tú también en el frenopático) que conducían a la mítica Librería Makoki, en la plaza del Pi, y claro está, esas viñetas caóticas, atiborradas de detalles, ese trazo descarado, heredero castizo de Robert Crumb, ese humor bestia tan cercano al de la serie británica The Young Ones, y sobre todo, esas historias de camellos, yonquis, picoletos y maderos me hacían sentir vivo, joven, rebelde y muy, pero que muy decadente.

Fuga en la Modelo es un clásico del cómic underground hispano, que durante un tiempo fue, junto con la música (eran los años de Kortatu y La Polla Records, entre otros), la única vía de escape para la rabia y las ganas de juerga de una generación que andaba perdida entre la nueva libertad y el statu quo de siempre. No debe buscar en sus páginas el lector sutilezas argumentales ni profundos retratos psicológicos. Lo que se va a encontrar es una historia demencial, salvaje, delirante, violenta, guarra y muy divertida. Una obra que refleja, como pocas, un pedazo de nuestra historia que alguien se dio demasiada prisa en esconder bajo la alfombra.

[product sku= 9788416400577 ]
Publicado el

TURISTIA, de Pablo Rodriguez Burón

turistia

turistiaNo suelo leer ciencia ficción ¿Pero es esto que he leído ciencia ficción?

En primer lugar contarles que le hice un hueco a TURISTIA entre mis lecturas porque me llamó la atención que fuese del escritor y antiguo compañero en esta casa, Pablo Rodríguez, más conocido para todos ustedes como Leo Mares (ahora puede ir a ver sus reseñas, y hacerse una idea de cómo escribe).

¿Ya se han convencido de que vale la pena seguir leyendo mi reseña? ¡Pues vamos a ello!

No es el primer libro de este autor vallisoletano, anteriormente ya había publicado entre otros, Los cuentos de Leo Mares y El abrazo de piedra, pero TURISTIA es el primero que yo he leído.

Si no me hubiese gustado el libro ya saben que no estaría aquí perdiendo y haciéndoles perder el tiempo hablándoles de algo que no me ha dicho nada, así que de entrada les diré que me ha gustado, me ha entretenido y me ha hecho reflexionar sobre lo que les decía al principio ¿Es realmente ciencia ficción? Sí, claro que lo es, pero esto nos pasa a muchos no asiduos a este género cuando nos enfrentamos a libros como TURISTIA, es tanta la reflexión a la que nos lleva y tan cercano ese posible futuro, que nos hace preguntarnos una y otra vez lo mismo, cuestionar nuestra forma de vida, nuestros principios… Esto me pasa también cuando leo ese curioso mundo de ficción que creó Rosa Montero.

Veamos, llegó un tiempo en España en que la deuda exterior era increíblemente desmesurada, tanto que el país entero se vende a una Sociedad Corporativa, y se convierte en una especie de parque de atracciones inmenso donde todos tiene la “vida” asegurada, y donde las personas dejan de ser ciudadanos para pasar a ser trabajadores de la misma. Aquella España, ahora TURISTIA, será el punto de destino vacacional de millones de personas de todo el mundo, naturalmente existirá una gran rivalidad entre los distintos destinos o ciudades-turistas, que nos obligará a trabajar duro para ser el punto de destino más solicitado.

Las nuevas tecnologías han avanzado espectacularmente, aunque hay cosas como el baloncesto de alto nivel y el fútbol que nunca cambiarán, porque yo creo que el autor saca ahí sus debilidades particulares 😀

Un lugar que me recuerda al mundo de El show de Truman donde todo se publicita, todo se vende y todo es posible; todo está controlado para el trabajador, pero también para el turista. Pastillas para casi todo, para alienar las vidas de los que se creen felices, vender la libertad a cambio de pan y circo. Un Gran Hermano a los grande, a lo infinito…

Como ya imaginarán, siempre quedan idealistas y rebeldes que no entrarán en este juego, y así han quedado en algunas ciudades personas como el padre de nuestro protagonista, Mario, al que este intentará encontrar tras cinco años de no tener noticias suyas.

TURISTIA, engancha al lector porque nos muestra ese lugar desde muchos puntos de vista, utilizando técnicas literarias variadas para construir en nuestra mente la imagen que nos quiere dar de esa nueva forma de vida y su organización.

Me encanta ver como evoluciona o ha evolucionado en la nueva TURISTIA nuestra capacidad de adaptación a la falta de privacidad, la naturalidad con la que somos capaces de asumir algunas cosas, cosas que pensamos que nunca llegarían ya están aquí, en nuestra vida, en nuestro cada día real. Así que Pablo Rodriguez solo ha tenido que mirar a su alrededor, cerrar los ojos y escribir sobre ese posible futuro.

¿Tienen futuro los rebeldes y los inadaptados? Pues ustedes mismo, pasen, lean y vean…

¿Recuerdan cuando tenían que programar el vídeo de sus padres porque ellos no sabían utilizarlo, o incluso ahora mismo cada vez que se cambian de móvil o sistema operativo? Incluso la gente de mediana edad tenemos algún problema de adaptación, pero cada vez la tecnología es más intuitiva porque interesa que nadie quede fuera de la mercantilización, trabajar es importante, trabajar para gastar… Nos suena a todos.

Definitivamente solo puedo recomendarles que lean este libro, incluso a aquellos que no terminen de gustarles la ciencia ficción, porque ya saben que los buenos lectores, aunque no amantes de este género, siempre caemos rendidos ante una buena historia, historias que tienen profundidad, dobleces, capas. Uno de esos libros que seguro que crearía un buen debate en un club de lectura de adultos, pero ni que decir tiene que entre los jóvenes ha de abrir un debate impresionante sobre el futuro que les espera.

[product sku= 9788494636622 ]
Publicado el

Ciudad de Yotsuya, barrio de Hanazono, de Kan Takahama

Ciudad-de-Yotsuya-Barrio-de-HanazonoPor razones geográficas, históricas, lingüísticas y, me atrevería a decir, étnicas, las culturas asiáticas son un mundo al que, benditas tecnología y globalización, el lector o el espectador occidental puede asomarse con cada vez más facilidad, pero que difícilmente podrá llegar a conocer en profundidad. Pensemos en Japón, sin ir más lejos (lo cual sería difícil). Podemos leer a Murakami y pensar que el país del sol naciente está lleno de gatos parlanchines y pozos. Podemos ver las películas de Takeshi Kitano e imaginar un mundo de lirismo y yakuzas. Leer a Kawabata y deducir que el día gira en torno a la ceremonia del té, ver el cine de Ozu y pensar que las calles de Tokio son puntos de fuga. Todos ellos, como artistas que son, nos proporcionan un punto de vista personal de su sociedad, pero, a diferencia de lo que ocurre con otras culturas más cercanas, la variedad no nos proporciona una visión general. Y aquí entra en acción el manga, que, en mi humilde, refleja, quizá de manera más pronunciada que las otras artes, la inmensa riqueza cultural de ese país desconocido. Y por eso nos gusta tanto el manga: porque nunca deja de sorprendernos.

La última sorpresa llega de la mano de Kan Takahama, una mangaka que nos habla de un periodo en la historia del Japón del que, sospecho, los propios japoneses no conocen mucho. Los lectores habituales de literatura japonesa estaréis familiarizados con esas curiosas eras, que tan importantes parecen ser y que tan poco nos dicen a nosotros. Estamos en el año X de la era Tal, nos informan, y servidor, por lo menos, se queda igual. Pues bien, Ciudad de Yutsuya, barrio de Hanazono está situada a caballo entre la era Taisho (1912-1926) y la Showa (1926-1989), y, por primera vez en mi vida, descubro las implicaciones que tiene situar la historia en una era u otra. De manera extremadamente simplificada, podemos decir que la era Taisho se caracterizó por la libertad y la democracia, mientras que la Showa, en sus primeros años, trajo el nacionalismo y sus habituales corolarios, el militarismo y el fascismo.

Estamos en Tokio, donde hace algún tiempo que vive nuestro héroe, Ishin, un chico de provincias que aspira a ser escritor, y que de momento tiene que ganarse la vida escribiendo relatos eróticos. De buenas a primeras nos encontramos con Ishin y su editor, Aoki, metidos de lleno en la vida golfa de tabernas y burdeles, a la búsqueda de inspiración para sus relatos. Sorprende el contenido erótico de esta parte inicial de la novela, con sexo muy explícito y diálogos que lo son todavía más. Sin embargo, lo que se perfila inicialmente como una historia para leer con una sola mano poco a poco se va convirtiendo, en primer lugar, en una original, triste y conmovedora historia de amor casi imposible entre Ishin y Aki, mestiza medio española de turbio pasado, y, en segundo lugar en el interesantísimo retrato de una breve época en la historia de Japón. Dicen que dura poco la alegría en casa del pobre. Del mismo modo, podríamos añadir que dura poco la concupiscencia en el Japón del Showa,  máxime cuando el país se militariza y al peligro externo se suma en el interior la amenaza comunista. Es entonces cuando Ishin, cuyo trabajo como dibujante erótico le ha costado el repudio de su familia, debe decidir a quién se debe: a su familia, a Aki o a su país.

A tenor del modo en que la autora, en su imprescindible epílogo, hace hincapié en la veracidad de algunos de los datos históricos que aparecen en la historia, cabe suponer que también al japonés de 2017 le costará reconocer su país en aquella sociedad efímeramente libertina y descarada de hace un siglo, donde, por ejemplo, en las fiestas del pueblo los costaleros levantan un pene gigante que, a modo de ariete, hacen embestir y penetrar una descomunal vagina. Todo sea por la cosecha. Pero antes de ese epílogo, tenemos el brillante e inesperado desenlace de esta estupenda Ciudad de Yotsuya, barrio de Hanazono, donde  un viaje en el tiempo nos revela el motivo personal que llevó a la autora a embarcarse en esta historia tan bonita.

[product sku= 9781910856802 ]
Publicado el

Mr. Nobody 3, de Gou Tanabe

Mr. Nobody 3

Mr. Nobody 3La buena literatura siempre nos remite a las cuestiones eternas que ocupan al ser humano, que, por orden alfabético inverso, son: quiénes somos, de dónde venimos y a dónde vamos. Naturalmente, la buena literatura no es tan estúpida ni presuntuosa como para proponerse hallar una respuesta satisfactoria a dichas cuestiones. La buena literatura (y disculpad la repetición, hoy se ha despertado el político mitinero que anida en mí) sabe muy bien que su misión fundamental es responder a las grandes cuestiones universales con más preguntas. Matar la certeza, cultivar la duda y, de paso, entretenernos, ¿no es eso lo que esperamos de un libro?

Mr. Nobody 3 y el resto de la trilogía es buena literatura, y por eso nos confunde tan bien y nos deja con tantas dudas. ¿Dónde radica nuestra identidad? ¿Somos acaso lo que recordamos? ¿Es nuestra memoria, además, la base de nuestro origen? ¿Qué da valor humano de pleno derecho a nuestra vida? Y atendiendo a esas cuestiones, ¿qué nos depara un futuro en el que la tecnología se desarrolla a un ritmo exponencial mientras el marco ético y moral que encuadra nuestra sociedad se arrastra con una cadena a los pies?

La lectura de esta obra puede plantearnos, si le dejamos, preguntas como esas. Pero si nuestra ración mensual de solemnidad y metafísica ya está colmada con el recibo de la luz, podemos simplemente dejarnos llevar por el thriller. Mr. Nobody 3 profundiza en el lado más político del género que, ya en el segundo volumen, se imponía sobre el aspecto psicológico. En ese sentido, si bien el término ciencia-ficción le vendrá a la mente a más de un lector, lo cierto es que, desde otro punto de vista, cuesta imaginar nada más verosímil. Así, descubrimos que lo que se perfilaba como un avance científico ocultaba en realidad oscuras motivaciones políticas. Y lo que, a su vez, parece un conflicto de intereses políticos no es sino una gran guerra de intereses comerciales. En otras palabras, si miramos el triste mundo que nos ha tocado vivir, veremos que estamos ante una novela de un realismo casi costumbrista. Eso, claro está, si he entendido bien la obra, porque hay que insistir en que estamos ante una historia bastante compleja que puede llegar a confundir al lector más pintado.

Parte de esa confusión barra complejidad se debe, como ya he señalado al hablar de los volúmenes anteriores, no tanto al argumento (que también es un rato complejo) como al estilo de Tanabe. El ritmo veloz que imprime a los acontecimientos, la irrupción de los ruidos con caracteres japoneses en medio de las viñetas, los constantes cambios de punto de vista, la focalización de detalles aparentemente nimios, los cambios de escenario, los flashbacks constantes, la enorme cantidad de personajes, el parecido físico entre algunos de ellos, y la velocidad con la que resuelve algunas escenas llevan al lector a pasar las páginas de manera acelerada, cuando lo que la historia requiere es una lectura detenida y atenta. ¿Sabéis cuando veis una película muy complicada y luego tenéis que volver a verla, botón de pause mediante, para empezar a entenderla? Pues eso.

En definitiva, si queréis disfrutar de una buena historia y una novela muy cinematográfica, zampaos -si es posible, de una sentada- los tres volúmenes de Mr. Nobody. Y luego la comentamos juntos.

[product sku= 9788416945580 ]
Publicado el

La casa dorada de Samarcanda, de Hugo Pratt

La casa dorada de Samarcanda

La casa dorada de SamarcandaLa muerte de un grande del arte suele recibirse con grandes lamentaciones sobre la gran pérdida que ello representa y bla bla bla. Pero la muerte de un grande grandísimo nos ofrece un cruel consuelo: el de saber que podemos morirnos tranquilos sabiendo que tras nosotros no se publicará una nueva obra. Así de consolado me hubiera sentido yo, por lo menos, si en 1995, año del fallecimiento del grande grandísimo Hugo Pratt, este nombre hubiera significado algo para mí.

La obra de Hugo Pratt, que servidor descubrió tarde, pero todavía a tiempo, está a caballo entre el tebeo de Hergé y la novela gráfica de Eisner o Spiegelman. Cuando las historias de Tintín dejan de satisfacernos, y nos convertimos en un joven rebelde, hastiado y desencantado, en un romántico al que le tira el cinismo, o en un cínico de melena despeinada al sol del atardecer, podemos acercarnos a una taberna del puerto. Allí, con un poco de suerte, quizá podamos dar un día con el capitán de barco Corto Maltés, uno de los últimos grandes aventureros del siglo XX y una de las mayores creaciones del cómic de todos los tiempos. No creo exagerar si digo que su primera aparición, crucificado en medio del mar, en La balada del mar salado, es una de las imágenes icónicas de la historia de la novela gráfica.

 Allá donde haya guerra y una posibilidad (cuanto más remota, mejor) de hacerse con una fortuna, va nuestro héroe, de carácter apátrida y descreído, pero al mismo tiempo, de gran dignidad y reprimido idealismo. A este respecto, mencionemos, sin ir más lejos, la encendida defensa que hace de los armenios frente al genocidio turco en la obra que hoy nos ocupa, La casa dorada de Samarcanda.

Corto Maltés se encuentra en Rodas, donde, siguiendo unas oscuras referencias literarias, las memorias del barón Corvo, espera encontrar un manuscrito que le ayude a encontrar el legendario tesoro del Ciro el Grande que Alejandro Magno enterró en algún lugar remoto del Asia Central. Estamos en 1921, y en Asia todavía se perciben con enorme virulencia las sacudidas provocadas por esos terremotos que fueron la Guerra Mundial y la Revolución Rusa. Ingleses, italianos, turcos, rusos y armenios, entre otros, pululan fusil en ristre por un territorio donde se libraba una partida más del Gran Juego, como llamó Rudyard Kipling a la disputa que, desde hacía décadas, enfrentaba a rusos y británicos por controlar el Turquestán y Afganistán. Entra en juego también Enver Pachá, el general turco, antiguo aliado de los bolcheviques, que ahora se enfrenta a ellos al frente de un ejército panasiático musulmán. Un escenario bien calentito, como veis, en el que no puede faltar Rasputín, el odioso y entrañable asesino que siempre acompaña a nuestro héroe y que sirve de contrapunto a su nobleza.

Aparte del carisma de sus personajes y la creatividad y calidad artística de sus páginas, la obra de Hugo Pratt se caracteriza sobre todo, como podéis ver, por la exhaustiva investigación histórica que el autor llevaba a cabo antes de emprender una nueva obra. Leer una obra de Corto Maltés no es sólo sumergirse en una inolvidable aventura de sábado por la tarde en la tele (hablo de  sábados de los de antes, por supuesto), sino también asistir a una clase magistral de historia, literatura y hasta etnología.

Cualquier reedición de la obra de Hugo Pratt es motivo de celebración. Cuando, además, la editorial Norma acompaña esta edición de La casa dorada de Samarcanda con un extraordinario y divagador prólogo y unas preciosas fotos de Estambul, la celebración se convierte en una auténtica fiesta para el lector.

[product sku= 9788467924459 ]