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Los malvados se alzarán, de Danielle Paige

Los malvados se alzarán

Los malvados se alzaránEsta crítica incluye spoilers del libro anterior.

Tras finalizar la primera parte de esta saga de Danielle Paige, un oscuro y trepidante retelling del conocido libro El Mago de Oz, me moría de ganas por empezar con su segunda parte y descubrir qué aventuras le deparaban a todos y cada uno de los personajes. Gracias a la editorial Roca, que los está traduciendo al español con rapidez, he podido continuar esta historia que, por ahora, me está sorprendiendo bastante.

Dorothy debe morir terminó con una Amy Gumm, protagonista de esta historia, muy segura de sí misma y de la acción que debía realizar: matar a Dorothy y conseguir que el mundo de Oz y sus habitantes volvieran a vivir en paz. A pesar de ello, los lectores pudimos comprobar con tristeza que no lo consiguió y que, por ello, esta segunda parte nos iba a deparar aún más aventuras que la primera. Junto a Ozma, la antigua reina de Oz, Amy deberá volver a intentar asesinar a la malvada Dorothy y a su ejército, que cuenta con el famoso león y el vivaz espantapájaros de la historia original, entre otros.

Si ya el primer libro me enganchó desde la primera a la última página, Los malvados se alzarán lo ha vuelto a hacer y lo ha superado con creces. Las aventuras que acontecen a sus personajes comienzan desde la primera página y Amy me ha seguido sorprendiendo por su valentía, tenacidad e implicación con la causa. A pesar de que se encuentra con cada vez menos apoyos para luchar contra “los malvados” y que se ve obligada a confiar en personas de las que no está totalmente segura, la evolución de este personaje es palpable a lo largo de las páginas de este libro. No solo tendrá que enfrentarse a estos problemas en Oz y su Ciudad Esmeralda, sino que también deberá solventar algunos problemas con otros personajes y los que se encuentra dentro de sí misma.

Me ha encantado una vez más la originalidad de la historia y el hincapié que hace esta autora, Danielle Paige, en retratar esa delgada línea que existe entre el bien y el mal a través de la mayoría de sus personajes. No hay ni buenos ni malos (frase que podría recordaros a los populares personajes de la saga Canción de hielo y fuego), sino que muchos de ellos nos sorprenden al dejarse llevar por el poder y sus propios intereses. Por ello, esta es una de las razones que han hecho que el libro me enganchara tanto.

Otra de ellas es su rápido ritmo, como ya os he comentado anteriormente, que logra que el lector se enganche desde las primeras páginas. Y una de las más importantes su ambientación, ya que en esta novela conocemos más sobre el nuevo universo de Oz: nuevos personajes, criaturas y escenarios donde la magia y la oscuridad son las protagonistas.

Los malvados se alzarán es una segunda parte de saga que mejora incluso la primera, cuyos personajes me han sorprendido desde el principio y cuya ambientación mágica y oscura me ha encantado por su originalidad. Esta autora demuestra, una vez más, su capacidad para crear un magnífico retelling de El Mago de Oz, muy diferente a la historia original y que estoy segura podrá enganchar a todos los fans de esta primera. Y, si aún no la habéis leído, os animo a embarcaros este 2017 junto a Dorothy y Totó en el increíble viaje a través del camino de baldosas amarillas para descubrir el espectacular mundo de Oz y las aventuras que les aguardan.

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Tantas Mudas, de Mireia Calafell

Tantas mudas

Tantas mudasQueridos amigos, nada había leído de Mierilla Calafell, porque al parecer ella solo escribe en catalán y aun cuando sé que podría leerla, cosa que naturalmente he probado en estos días, no este poemario titulado Tantas Mudas, también me he dado cuenta que al hacerlo me falta algo; leer en catalán puede ser todo lo fácil que uno quiera cuando conoce el idioma, pero al leer, incluso mentalmente, no es lo mismo entonar la musicalidad que precisa, seguramente la de ella misma, no la mía que en catalán deja mucho que desear. Porque hablar de política en la intimidad nunca será lo mismo que leer poemas por muy en la intimidad que lo intentes, necesito de alguien que me dé los acordes para poder afinar la música de la lectura, y que los versos me transmitan lo que le pido al poema para que me provoque esos sentimientos que de forma natural han de surgir de él.

Así que leí el poemario que tenía traducido por Flavia Company, y los dos primeros poemas me dejaron fascinada; vean, aquí les dejo ese segundo que aun me ronda por la piel:

Literatura

No te ha besado y se ha ido con prisa,
Y ha llegado a casa, y ha encendido el ordenador,
Y ha escrito no te he besado, no te he besado la boca
Y ahora que hago yo de este quererte en los labios.

Hace literatura. Solo literatura.

Tras algún que otro poema seleccionado al azar, y esta vez sí, aunque saben que casi nunca lo hago, leer con sumo cuidado eso que algunos llaman “Prologo” y que la traductora ha llamado Metamorfosis, la devoro, porque quiero comprender; y entendiendo y disfrutando de esta introducción decido ponerme en contacto con la propia traductora para hacerle una pregunta que seguro que muchos de ustedes han pensado.

Si es casi seguro que esta autora conoce el castellano ¿Porqué no se traduce ella misma?

Flavia ha sido muy elegante en sus contestaciones, se nota que aprecia a la autora, y me habla de que no es lo mismo conocer una lengua que crear con ella.

Y yo lo he sentido por la autora… Porque todo el mundo sabe que me fijo mucho en los traductores en la literatura en particular, pero la traducción e interpretación en poesía, que yo misma he hecho en alguna contadísima ocasión y de la mano de una amiga, tiene, desde mi punto de vista, un precio, deja de ser el poema que nació para convertirse en otro poema, porque un poema no es una novela en la que puedes traducir conservando, no sólo la historia, sino también su trasfondo. No dudo que Flavia ha sido respetuosa con su traducción, es lo que tiene no solo saber escribir poesía en varios idiomas, sino saber sentirlos, y es por eso por lo que la felicité al terminar la conversación…

Me gustan los poemas cortos, los poemas que en nada dicen todo:

Todavía

Todo sobra en este verso
si no te regresa a casa.
Tan cierto, ya lo ves: todavía
Escribir es esperarte.

Esto es lo que queda en quien espera todo de cuatro versos. Cuatro versos que forman un poema, un poema que es una historia, que es la vida, porque la literatura ¿Es algo distinto de la vida?

Me gusta lo que he sentido con estas lecturas, me ha gustado ver que ha sido capaz de transmitirme emociones especiales, y ese debe ser el trabajo del poeta, de la poeta o poetisa, de la dona, sin acento, que dóna no solo lo que la literatura le dóna, sino lo que la vida le da como dona… Palabras con las que juega en su poema final.

De hecho aquí les dejo ese último poema que a la vista de unas pequeñas indicaciones que da la misma traductora ustedes mismos pueden, seguro, comprender.

Diacrític

dona dóna dona dóna
dona dóna dona dóna
dona dóna dona dóna
dona dóna dona dóna
dona dóna dona dóna

que violent és un accent
cuan no fa prou diferencia

Un excelente trabajo de esta Barcelonesa nacida en 1980, y que ya ha publicado en un buen puñado de países. Unos versos que nos hablan de la vida, del amor, del desamor… Y de la literatura, de su necesidad absoluta y de la pequeña necesidad de las palabras, de un pequeño grupo de frases que ni han de forzarse en ser poemas…

Y por si piensan que una reseña no puede acabar nunca en estos puntos suspensivos que tanto me gustan, acabaré diciéndoles que merece la pena leer poesía, y sé que así ya me permiten poner un punto final.

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El libro de los solares, de Alejandro Galochino

El libro de los solares

El libro de los solaresAntes que nada tal vez deba advertirles que El libro de los solares no es una obra al uso de las que pueblan hoy día las librerías, y no lo es porque como idea general es mejor, es decir, no es una obra de entretenimiento escrita por diversión o trabajo, sino una obra sincera, desgarrada y escrita, probablemente, por necesidad. Puede uno leerla como quiera, naturalmente, está bellamente escrita y es francamente entretenida, pero sinceramente creo que el esfuerzo de Alejandro Galochino por hacer literatura de verdad merece algo más que un lector atento, merece la emoción de las grandes citas, merece los ojos de descubrir, merece ser leído con sentimiento, a corazón abierto. Si se hace así probablemente descubrirá cómo las palabras que pueblan El libro de los solares tienen la mágica virtud de transformarse en imágenes, en magdalena, por qué no, y transportarle a uno a sus propias experiencias, a su infancia y a su aturdida juventud. No importa que las vivencias de lector y protagonista coincidan, eso es lo que hace grande la literatura, es el sentimiento que hay detrás lo que logra que uno saboree los langostinos de la cena de nochevieja de una casa con vistas a solares de Zaragoza y a la vez recuerde las cenas de su propia infancia aunque estuvieran en otro lugar y se degustaran otros manjares.
No es fácil describir la temática de esta obra, puestos a imaginar aventuro que Alejandro Galochino se propuso, conscientemente o no, regar sus raíces y hacerlo con palabras, que no hay abono mejor, porque de todas las facetas que adornan El libro de los solares, además de lo antedicho, puede que la mirada con la que el protagonista mira a sus mayores, una mirada inteligente y exhaustiva, sí, pero plena de respeto y cariño, sea uno de sus principales atractivos. Y esa mirada retrospectiva no es sólo una búsqueda de su propia identidad, también es una reivindicación de una existencia más sencilla, más apegada a las tradiciones y la naturaleza. El protagonista es un caminante perseverante y cuidadoso, y así, como pasea, es como recuerda, con memoria trashumante. Igual que guarda las colillas de los cigarros en los bolsillos para no alterar un entorno natural al que se llega con veneración humboldtiana, cuida cada palabra, cada detalle para transmitirnos los escenarios pasado y las vidas que los poblaron.
No busquen frases cortas ni lugares comunes, no busquen ideas sin riesgo ni sentimientos impostados. Es una obra tan natural como las verduras de la huerta que le da al protagonista su tía Paquita o los ternascos de su tío Ángel. Una obra que nace de la tierra, cultivada con sabiduría.
El libro de los solares es diverso en escenarios (Zaragoza, Ansó y París) y en tiempos, aunque mi preferido es el de la infancia de un niño que entre la ventana de la televisión y la de la casa prefiere la segunda. El lenguaje es muy cuidado, da la sensación que cada una de las frases ha sido peleada como la decisiva, y está plagado de imágenes hermosas como esa de que el sonido del tenedor al batir huevos es la banda sonora con la que envejecieron nuestras madres. Diría, si tuviera que definirlo y se supone que debo hacerlo ya que esto es una reseña, que no es sólo una búsqueda personal, es la crónica de una generación de una parte de la población que tuvo que aprender a convivir con una fractura entre su vida y sus raíces, gente aparentemente feliz y plena que sin embargo tuvo que dedicar una parte importante de sus recursos psicológicos a luchar contra la desubicación. Gente con raíces de campo obligadas a brotar en una vida urbana. Mientras lo leía no podía quitarme de la cabeza un libro que leí este verano, La España vacía (de Sergio del Molino, paisano del autor) con el que probablemente tenga poco que ver pero que sin embargo me parece que lo que uno explica desde el ensayo, lo ilustra el otro desde la ficción.
No quisiera finalizar sin destacar una virtud más: la maestría de Alejandro Galochino en el uso de los localismos y de las voces de los personajes. Los maños son muy maños, pues, y en los franceses se nota su condición en la voz, pero permítanme que califique de deliciosos los pasajes en que los personajes de Ansó se expresan en su lengua propia (que ya sé que habrá quien me repruebe el término y proponga “dialecto” en su lugar pero desde que leí a un lingüista que un dialecto es una lengua sin ejército desarrollé cierta aversión al término). En este sentido El libro de los solares va más allá del respeto y el cariño por la tradición que cité anteriormente, en lo que al ansotano se refiere, al menos para los legos en la materia es todo un tesoro y no porque mantenga viva una lengua a la que no le supongo excesivos hablantes, sino porque nos la descubre con toda su belleza, que es enorme.
En definitiva nos encontramos ante un libro-acontecimiento, ante una experiencia literaria de las que cambian vidas, y no sólo la del autor, porque tiene la capacidad impagable de reconciliar a las personas con su pasado, con sus raíces, aunque no se haya parado a pensar en ello. No se trata solo de conocer y reconocer las vidas sencillas y extraordinariamente esforzadas a las que debemos las nuestras, sino de sentirnos orgullosos de ellas para así asumir esta época nuestra tan diferente de aquella en la que los solares que eran el reducto de libertad de la infancia y hoy se convierten en centros comerciales, los que tienen suerte y no acaban por ser abandonados monumentos a la futilidad del modelo de la crisis. Nunca puede uno asegurar qué busca una autor, pero afortunadamente puede felicitarse por lo que encuentra que no es sólo una gran novela, sino también el ansiolítico más hermoso que recuerde haber leído en mucho tiempo.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

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Cuarentón, de Joe Ollmann

Cuarentón

CuarentónAntes de que todos supiéramos inglés, en España se traducían los títulos de las películas. Los traductores se lo pasaban pipa compitiendo por ver quién se alejaba más del original o, sencillamente, quién era capaz de desvirtuarlo por completo.  Existen incontables ejemplos de ello, pero hoy me basta con citar sólo uno. ¿Os acordáis de aquella gran comedia de Billy Wilder, que inmortalizó la imagen de Marilyn Monroe sobre la salida de ventilación del metro? En español se tituló La tentación vive arriba, porque el personaje de Marilyn vivía encima del señor que se la mira en la famosa foto, y porque además ella era una chica muy tentadora. Todo muy sutil, como veis. Pues bien, en inglés el título era The seven-year itch, que hace referencia a ese picorcillo que, a decir de algunos psicólogos, les entra a los miembros de una pareja tras siete años de relación y que los lleva a tontear fuera de ella.

En lo que a mí respecta, llevo bastante más de siete años casado, y, si alguna vez he sentido ese picorcillo, ya ni me acuerdo. Pero es que tampoco he pasado por esa temida etapa en la que se nos viene encima, como un alud, toda nuestra insignificancia, nuestra flacidez, nuestra alopecia, nuestros cartuchos mojados y nuestras frustraciones. Me refiero, naturalmente, a la crisis de los cuarenta.

No puede decirse lo mismo de John, el amargado protagonista de esta estupenda y cruelmente divertida Cuarentón, de Joe Ollmann. John, casado con una mujer mucho más joven que él, padre, con su primera mujer, de dos hijas mayores de edad y, con la segunda, de un bebé, y encargado oficial de limpiar la mierda de los gatos que sus hijas dejaron al emanciparse, está hasta los mismísimos. Pero a diferencia de otras historias sobre víctimas de esta crisis, las causas de la amargura de John hay que buscarlas dentro de él mismo, y no en quienes le rodean. Su caso, pues, se parece más al de Sherman, el vecino de Marilyn, que al de Lester, de American beauty. Su matrimonio es feliz, como el mismo John reconoce, y su mujer es tan comprensiva con él que probablemente le perdonaría… pero no revelemos demasiado.

La otra parte de la historia es la que nos cuenta las desventuras de Sherri, una aspirante a rockera a quien la industria musical no le permite más que dedicarse a las canciones infantiles. A través de las canciones de Sherri, que encandilan al bebé de nuestro héroe, John conoce y se encapricha de la cantante hasta la obsesión. Y empieza entonces la operación Sherri, a la que John se lanza con esa sensación en el estómago que sólo un cuarentón puede tener: estoy a punto de cometer una locura, soy consciente de ello y me lanzo sin paracaídas.

El personaje de Sherri es una gran creación que introduce en la novela el elemento redentor. Sherri emana bondad y comprensión, y a veces su sola presencia basta para ayudar a quienes la rodean, que, por supuesto, no dudan en aprovecharse de ella. La aparición de Sherri en la vida de John promete sacarlo de esa rutina de pañales y oficina, que lo tiene encerrado en esas nueve viñetas tan regulares y constantes como las barras de una celda.

Las vidas de John y Sherri continúan cada una por su lado, una, cuesta abajo, otra, atascada, hasta que al final se produce el encuentro. Naturalmente, no os voy a contar qué sucede a continuación, pero, comparando el comportamiento de John en ese momento con el de servidor hace treinta años, se me ocurre que quizá el cuarentonismo no sea una cuestión de edad, sino una característica personal más.

En definitiva, grandes perdedores en una gran novela, divertida y amarga, que algunos leerán con la sonrisa congelada.

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Un mundo asombroso, de James Brown y Richard Platt

Un mundo asombroso

Un mundo asombrosoPasamos de ser niños para convertirnos en adultos cuando dejamos de hacernos preguntas, cuando dejamos de lado la curiosidad. O eso dicen. De ser así, es muy triste, ¿no os parece? Yo, como todavía no sé si he madurado, sigo haciéndome muchas preguntas. Me inquieta mucho el mundo de la ciencia, quizá porque siempre he sido una mujer de letras. Así que mi falta de conocimientos científicos la suplo tragándome documentales y admirando muy fuerte al señor Carl Sagan. Me gusta aprender y leer sobre temas que desconozco por completo, aunque no siempre lo entienda. Mi mente no es muy científica, ya os he dicho. En cualquier caso no pienso perder nunca la curiosidad, en ese sentido quiero seguir siendo una niña toda la vida. Y quiero invitaros, queridos lectores, a hacer lo mismo. Hacerse preguntas es la mejor forma de aprender.

Tengo un sobrino de once años en el que pensé inmediatamente cuando vi este libro. Es un niño bastante atípico al que sólo le interesa la robótica y el mundo de los Legos. Pasa completamente del fútbol y demás chorradas y eso, como tía, me parece genial. Además, siempre ha sido un niño especialmente curioso, un niño capaz de preguntarte por el universo mientras va al cole por las mañanas. Claro, a mí me encantaría tener todas las respuestas del mundo, pero me temo que nunca seré Carl Sagan, así que libros como Un mundo asombroso son una genial respuesta para niños curiosos con ganas de aprender. También es un libro para adultos, no os vayáis a pensar. Dejémoslo en que es un libro para gente inquieta que siempre tiene ganas de aprender.

James Brown (el cantante no, ¿eh?) y Richard Platt son los autores de este libro publicado por la editorial Maeva en su colección Young. Hace poco os hablé de otro libro de la misma editorial que también me gustó mucho y que tuve que regalar al sobrino en cuestión: La línea del tiempo. Un paseo por la historia a través de líneas del tiempo con geniales ilustraciones. Una maravilla.

Un mundo asombroso es un libro igual de interesante con el que aprender mucho. Se trata de un libro muy didáctico en el que aparecen un montón de datos realmente interesantes que encantarán a las mentes más curiosas. En él aprendemos cómo funciona el ojo humano, los números romanos, las formas que hay de hacer un nudo, la clasificación de las nubes o la disposición de una orquesta. Como os decía, datos realmente curiosos. Datos que en ocasiones ni los adultos conocemos.

Yo he aprendido bastante leyéndolo y curioseando sus páginas. Sobre todo en las partes más científicas del libro (que son muchas). Me ha gustado mucho leer y aprender sobre la estructura del átomo, el número áureo o la tabla periódica de los elementos. La mezcla de ilustraciones y textos hacen que este libro sea muy visual y que atraiga irremediablemente nuestra atención.

Me parece un libro genial para regalar a niños inquietos y curiosos. Además, es un libro que gustará también a los padres, un libro que podrán compartir y leer juntos y eso es una auténtica maravilla, amigos. Tan importante es no dejar nunca de hacerse preguntas como compartir nuestras inquietudes y lecturas con nuestros enanos.

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Bravura, de Emmanuel Carrère

Bravura

BravuraLa sinopsis de esta novela –una de esas sinopsis eternas de Anagrama– nos informa de que un morceau de bravoure es una expresión francesa que “designa aquel fragmento de una obra en la que el creador despliega todo su virtuosismo”. No se me ocurre un título más adecuado para esta novela. Bravura es un juego literario y un ejercicio formal de Emmanuel Carrère en el que nos sorprende con una charada espectacular, pirotécnica y muy bien documentada.

Escrita en 1984, Bravura es la primera novela del autor y, si esta es una primera obra, me he quedado con ganas de saber cómo escribirá este hombre hoy (vosotros podéis comprobarlo aquí) porque Bravura es ya una novela madura, y al mismo tiempo experimental, de la que, como escritor, se puede aprender mucho.

Porque Bravura no es una novela, sino varias, integradas en un juego de cajas chinas. En ella encontramos ciencia ficción, romance, misterio y mucha novela gótica. Es impresionante como Carrère juega con los géneros para crear su particular Frankenstein, porque la novela, además de serlo, va de eso, de Frankenstein.

Comienza con Polidori, el médico inglés y secretario de Lord Byron que escribió El vampiro. Polidori, con apenas veinticinco años pero consumido por su frustración, miedos e inseguridades, vive en la indigencia en el Londres de la Regencia. Adicto al opio, el médico fluctúa entre la paranoia y la rabia y le echa la culpa de su suerte a Mary Shelley y, en menor grado, a Lord Byron. Después de acompañar los enloquecidos pensamientos de Polidori al menos setenta páginas, el lector pasa a la mente del capitán Walton, personaje por partida triple (es el capitán que cuenta la historia de Frankenstein en la novela de Mary Shelley, un personaje de Polidori y también cobra vida propia en la novela de Carrère), a la de Ann, una escritora de novela rosa que se encuentra metida de lleno en una historia de ciencia ficción, o, finalmente, a la de la mismísima Mary Shelley.

A lo largo de la novela Carrère analiza, recrea y reescribe desde diversos ángulos la historia de Frankestein pero también la de su creación, aquel verano de 1816 en la villa Diodati en el que Lord Byron retó a Percy Shelley, Mary Wollstonecraft Shelley y Polidori a escribir un relato de fantasmas. Tanto Percy como Lord Byron, ambos poetas, abandonaron pronto el proyecto. Pero no fue así en el caso de Polidori, que escribió el cuento de El vampiro del que hablábamos al principio, ni Mary Shelley quien, con diecinueve años en aquel momento, moldeó al inolvidable Frankestein.

No podía ser de otra manera, Bravura ha sido una lectura extraña. Es un libro de inicio lento, del que cuesta pillar el ritmo porque no sabes por dónde va a salir, pero las últimas ciento cincuenta páginas se leen de un tirón. Una vez has entrado en su juego, Carrère te arrastra hasta los límites de la novela. Y además hay que tener en cuenta que escribe muy bien, tan bien que a veces da hasta rabia.

Bravura es una novela torrencial, a veces densa, sin apenas diálogos, que cambia radicalmente de estilo a medida que articula las diversas historias que la conforman. Si en la primera parte, en la que estamos en la cabeza de un Polidori, pensamos que vamos a acabar contagiados de su locura y ansiedad, en la parte en la que seguimos a Ann, la novela es mucho más ágil, rápida y fresca. Bravura está muy bien trabada, pero al mismo tiempo, sus partes están tan diferenciadas que tienes la sensación de estar leyendo libros distintos. Su autor juega con la metaliteratura, inserta textos dentro de textos, mezcla datos históricos con invenciones descabelladas y te lo hace pasar realmente bien. No os diré cómo acaba, pero Carrère es capaz de cerrar el círculo y desentrañar el magnífico laberinto que ha creado y, cómo no, con virtuosismo.

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Jóvenes poetas rebeldes, de Matthew Quick

Jóvenes poetas rebeldes

Jóvenes poetas rebeldesHay libros que marcan un antes y un después. Historias que se quedan revoloteando en tu cabeza sin ninguna intención de salir durante lo que prometen ser muchos años. Hay libros que llegan a obsesionar. Y hay obras que consiguen cambiar la vida de una persona.

Eso es exactamente lo que le pasó a Nanette O’Hare cuando leyó La parca de chicle. Un libro escrito unas cuantas décadas antes de que ella naciera y que escondía detrás de sus páginas más que una historia ficticia. No se sabe si fue capricho del destino, pero resultó que el escritor de este libro que tan obsesionada tenía a Nanette vivía a poca distancia de ella. Poco a poco, nació entre ellos dos una preciosa amistad, pero con una única condición: no se podría hablar jamás de La parca del chicle. Digamos que la obsesión de Nanette por este libro se debía a que el autor había dejado un final abierto, no ponía fin a ninguna de las historias que había comenzado en su narración. Cuando la chica leyó por primera vez la obra (la primera de cientos de veces que vendrían posteriormente), se indignó profundamente. Volvió a sumergirse en la lectura para ver si es que se le había escapado algún detalle fundamental que servía para dilucidar el final, pero fue absolutamente en vano. Y, a pesar de haber conocido a la única persona que le podía dar esa solución, vio cómo el tema sobre el que giraba su vida de adolescente fue vetado sin poder hacer nada al respecto.

Pero digamos que el escritor sabe lo que es tener diecisiete años y sabe hasta qué punto puede obsesionarse alguien de esa edad. Así que pone a Nanette en contacto con Alex, un chico que escribe poesía, con el que se carteaba muy a menudo y que estaba igual de obcecado con La parca del chicle. que nuestra protagonista. A partir de ese momento, Nanette y Alex emprenderán una aventura que girará en torno al gran misterio que es el final del famoso libro, haciendo que incluso ellos mismos lleguen a confundir sus identidades con los protagonistas de la historia.

Matthew Quick nos presenta una crónica entretenida, novedosa y llena de sentimientos. Jóvenes poetas rebeldes es ese tipo de obra que te engancha por su sencillez y te conmueve por su profundidad. Me recuerda un poco a las historias de John Green, que tratan de mostrarnos lo difícil que es ser adolescente en un mundo en el que hay que seguir unas pautas y unos patrones para poder encajar con la sociedad. Los protagonistas son chicos raros, diferentes. Imaginaos a un chico y una chica que se hacen amigos porque están enganchados a la misma novela; novela que se publicó hace más de cinco décadas y que fue descatalogada con la misma prisa con la que fue editada. Nanette descubre que tiene voz y voto en esta sociedad, y también en su casa. Que si algo no le gusta o no le hace sentir bien, puede alzar la voz para renunciar a ello. Que, al final, el que se queda a tu lado, tiene que hacerlo porque quiere y que el que no te hace bien es mejor que se aleje como si fuera una hoja arrastrada por el viento.

Jóvenes poetas rebeldes es un libro que me ha rozado un poquito el corazón. Nanette es un personaje al que enseguida coges cariño y llega un momento de la historia en la que deseas decirle: “¡Nanette, tú eres única. Persigue tu sueño y no dejes que los demás te aplasten!”

Y no importa que las historias no tengan final, eso es lo bonito de la vida. Aunque eso signifique que te pases horas pensando en cómo podría haber sido el cuento si las cosas hubieran ido por  un camino diferente. No os voy a decir si Nanette descubrió o no el final de La parca de chicle pero lo que sí os digo es que, después de todo lo que aprendió a lo largo de la historia, el final, es lo de menos.

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Galveias, de José Luis Peixoto

Galveias

GalveiasPortugal es un país que me encanta. He vivido allí durante un año y he visitado en muchas ocasiones sus ciudades y pueblos. Me gustan sus gentes, su lengua, su cultura, su gastronomía y esa decadencia tan visible en ciudades como Oporto o Lisboa. Es un país que me produce una nostalgia enorme, pero una nostalgia sumamente positiva. Como un fado, Portugal me envuelve y yo solo puedo dejarme llevar. Además, siendo extremeña, cruzar la frontera es realmente fácil y rápido. ¿Veis? Ahora me han entrado muchas ganas de perderme en uno de sus encantadores pueblos, pasear por sus calles y tomar café en cualquiera de sus cafeterías (por cierto, el café portugués es uno de los mejores del mundo).

Cuando viví allí con una beca Erasmus estuve en Braga, una ciudad que está en el norte del país, cerda de Oporto. Braga no es una ciudad muy grande y donde yo vivía, a las afueras, aquello parecía aún más una aldea con sus quintas, sus calles empinadas, fuentes y típicos aldeanos. Así que algo sé de ese Portugal más rural. En Galveias, José Luis Peixoto (1974) sitúa la historia en su pueblo natal (el mismo que da nombre a la novela). No sé si conocéis a este autor, pero es uno de los más importantes escritores portugueses de la actualidad. (¡Hay vida más allá de Saramago!) Hace poco os hablamos de su novela Dentro del secreto.

El libro, publicado por Literatura Random House, recrea la vida rural en Galveias, en el norte del Alentejo (muy cerca de Extremadura). Pero la narración de la cotidiana vida de este pueblo arranca con un suceso: una noche de enero de 1984, una serie de explosiones y movimientos sacuden la tierra de Galveias. Los vecinos, desconcertados, no saben bien qué ha ocurrido ni de dónde viene ese olor a azufre. Seguirán días de lluvia torrencial y desde esa noche, esa presencia inquietante trastocará y acompañará la vida de los vecinos. Este será el punto de partida para conocer a los habitantes de Galveias, privada y públicamente. Esta novela es un retrato de vida y de la realidad rural que se desarrolla en los pueblos portugueses (bastante parecido a lo que ocurre en nuestro país).

Así, conocemos a personajes como Isabella, la brasileña que regenta la panadería y que también es la dueña del burdel, los hermanos Cordato (que llevan cincuenta años sin hablarse), Miau, el tonto del pueblo, la familia Cabeça o el cartero Joaquim, quien conoce todos los secretos. Todo un elenco de personajes de lo más variopinto, bien definidos y caracterizados y que representan la vida cotidiana de Galveias reflejando la sociedad rural portuguesa en la que creció este autor.

Peixoto es un escritor duro y cuando digo duro quiero decir tremendamente genuino y real. No adorna su narrativa: la presenta fría, seria y en ocasiones hiriente, así como la vida misma.

En este universo cerrado que es Galveias, cada capítulo cuenta una acción diferente, sin un aparente vínculo con la anterior. Un entramado de capítulos que va tejiendo la vida diaria del pueblo y sus personajes.

Lo cierto es que es una novela bastante real que esconde mucho simbolismo entre sus páginas y un cierto sentido poético. Ese suceso inicial que os he contado y que es el punto de partida de la novela representa algo así como un mensaje divino: es el vínculo de unión entre el universo y Galveias.

Una novela cruel y dura que esconde mucho más entre sus líneas y cuyos personajes, genialmente desarrollados, representan una realidad rural que a veces se nos escapa.

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Un año de dulces, de Alma Obregón

Un año de dulces

Un año de dulcesLa experiencia de estar embarazada es diferente dependiendo de la mujer de la que estemos hablando y de las condiciones del propio embarazo. Alma Obregón, a pesar de tener muchas náuseas y sufrir la pesadez de cuerpo que conlleva portar otra vida dentro, decidió adentrarse en un proyecto sintiendo el apoyo que Bruno le estaba dando desde lo más profundo de su cuerpo. Ese proyecto fue Un año de dulces. La bilbaína vio así recompensado su esfuerzo y un tiempo después, además de ser mamá, era la autora de un libro de recetas de postres que es todo un boom en el mercado.

La verdad es que a mí me encanta el dulce, sobre todo el chocolate. Pero hace unos años me diagnosticaron celiaquía, por lo que la ingesta de postres se vio reducida al mínimo. Pero ahí tengo a mi tía, que le encanta la repostería, y que de vez en cuando me sorprende con una tarta o con unas magdalenas sin gluten. Es una maravilla. Yo decidí leer este libro por ella. Ella está todo el día buscando nuevas recetas de postres (no solo sin gluten) y la verdad es que si pudiera enviaros un trocito de las tartas que hace a través de esta reseña, se os caería la baba.

Yo he intentado hacer postres desde que tengo uso de razón. Todo el mundo dice que, aunque se te dé mal la cocina en general, un bizcocho (aunque sea el famoso “1-2-3”) le sale a todo el mundo. Bueno, yo debo de ser la excepción. El único postre que me sale bien (incluso sin gluten) son las crêpes. Pero no me saques de ahí, porque puede ser todo un desastre. Recuerdo que tuve una época en la que me dio por hacer rosquillas; llegaba el domingo, me aburría y me dedicaba a ensuciar cacharros y la cocina en general. A ver… comestibles, eran. Pero tampoco nada del otro mundo. En cambio, a mi tía le das un poco de harina, leche, unos huevos y un limón y te hace una obra maestra. Así que cuando estaba leyendo las recetas de Alma Obregón (porque, vale, no sabré cocinar, pero al menos la teoría la intento aprender) no paraba de pensar en Carla, mi tía. Y, especialmente, cuando vi la receta del rollito de chocolate de Navidad. Tengo que decir que en todas y cada una de las fiestas que se dan en esta época, mi tía se marca un postre de diez. En Navidad hizo mousse de limón y en Noche Vieja, una tarta de tres pisos de chocolate con naranja. Yo, claro está, me paso la comida entera pensando en esos postres y se me olvida el jamón, los langostinos e incluso el cochinillo. También hace tartas personalizadas. Yo ya estoy planeando la mía, ya que mi graduación está a punto de caramelo. Pero cada vez que hablamos del tema se echa las manos a la cabeza, porque todavía no sabe cómo va a conseguir hacer una tarta que tenga la temática de Harry Potter, que incluya búhos y libros y en la que aparezca Jack Skeleton. Va a ser la mejor tarta del mundo.

Volviendo al libro, este se divide en cuatro partes, referente cada una de ellas a una estación del año, de manera que los postres que vamos viendo son los que se podrían hacer con las frutas de temporada de cada época y los que más pegan según las fechas. Hay recetas muy clásicas, como el roscón de Reyes, pero también incluye postres de esos que están tan de moda últimamente, como los macarons. Muchas de las recetas vienen con fotos del paso a paso y tanto los textos como las fotos que los acompañan, están hechas por Alma Obregón.

Un año de dulces es la cima de la montaña que esta repostera ha ido escalando poco a poco. Y todo empezó cuando se fue a vivir a Alemania, donde las tardes frías de invierno le hicieron buscarse un nuevo hobby que le permitiera no tener que salir de casa. Ese fue el comienzo de una larga carrera profesional. Y, si estos postres de verdad están tan buenos como parece (estoy segurísima de que sí), creo que Bruno muy pronto dejará los biberones para pedir con ansia un cupcake.

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Dando la lata…¡de atún!, de María Villalón

dando la lata

dando la lataEs realmente asombrosa la cantidad de cosas que pueden hacerse en la cocina. Y eso sin imaginación, siguiendo tan solo las recetas tradicionales, conque si le echamos cabeza a la cosa la cantidad se eleva exponencialmente. Y lo mismo ocurre con los libros de cocina. De todo y para todos: la cocina del Quijote, cocina indie, fabada a muerte, cocina varonil, recetas vegetarianas, cocina fácil, saludable, en veinte minutos, postres, sopas, las recetas de mi madre, gastronomía molecular, para thermomix, cupcakes, de este chef, del otro, del de la moto… y así miles y miles de títulos que esperan ser aprovechados en nuestros fogones. ¡Uno se pierde entre tantos fuegos, copón!

Por eso me alegró encontrar sin querer este libro. Por qué… ¿quién no almacena latas de atún como si ante un apocalipsis zombi ese fuera el soporte vital necesario para la supervivencia humana? ¿Quién no ha empezado a “cocinar” cuando sus padres se iban de casa unos días o cuando eras tú el universitario que estudiaba fuera, unos espaguetis con atún? La pizza llegaba a cansar, pero el atún no. El atún era un ingrediente fetiche como Carmen Maura o Victoria Abril lo fueron para Almodóvar.

Así que sí, me confieso “latunero”, que es como etiqueta María Villalón a los amantes de las latas de atún. Y no me importa confesarlo. A pesar del alto contenido de mercurio en el atún que dicen que tiene, lo como con bastante frecuencia porque es sabroso, barato y viene con abrefácil. Pero hasta dar con Dando la lata… ¡de atún!, lo único que hacía era la típica banderilla con cebolla y aceituna, o la tortilla francesa, o la ensalada con atún, o la pasta o algún bocata con jamón de york, lechuga y cualquier cosa que le fuera bien.  Ah, y los melocotones en almíbar rellenos de atún, mayonesa y chaca que, aunque salen en el libro, ya los conocía y los preparo para ocasiones especiales.

Y ahora… ¡ahora toooodo un mundo, tooodo un universo de conjugaciones alimentarias fáciles de hacer, económicas y sabrosas –por definición, todo lo que lleva atún es sabroso– se abre ante mí! ¡Sí, lo sé! ¡Tengo el poder y lo usaré para dominar el mundo, pero no hay miedo; para eso he nacido!

En fin, dejando a un lado el cercano futuro, algunos de los platos más curiosos de este muy curioso libro son las tortillas y los desayunos. Porque ojo, también se puede desayunar con atún y prueba de ello son los huevos revueltos con atún y aguacate o los bagels con atún y queso fundido entre muchos más (en concreto siete desayunos, uno para cada día).

El libro tiene ocho capítulos repartidos entre (los ya mencionados desayunos), entrantes y dips, cereales y legumbres, arroces y pastas, patatas y huevos, masas y hojaldres y ensaladas y verduras.

A día de hoy solo he podido hacer los mini vol-au-vent con queso y cebolla caramelizada que estaban de vicio y son, como todas las recetas de Dando la lata… ¡de atún! muy fáciles de hacer. No obstante, tengo ya bien separadas con papelitos para hacer próximamente: el Vikxie sándwich (tiene que ser curioso el meter patatas fritas de bolsa machacadas en un sándwich y quiero comprobarlo), la tortilla de arroz, los espaguetis con mermelada de tomate (¡oh, sí, esta quiero probarla cuanto antes!; la mezcla de lo dulce y lo salado, como en el caso de los melocotones en almíbar rellenos de atún, mayonesa y chaca, siempre triunfan), la lasaña de surimi, las rodajas de patata con queso de cabra gratinado, las patatas al microondas con atún y queso… Pfff, no sigo porque me he dado cuenta de que tengo bastantes páginas marcadas.

Reconozco que hay un par de recetas que vaya, no creo que alcancen la categoría de receta porque son de lo más simple (poner atún sobre pan cracker o sobre queso curado…), pero en definitiva es un libro al que voy a sacar mucho, pero que mucho provecho.

No hay ninguna, pero es que ni la más mínima complicación, para hacer cualquiera de las recetas, así que si no las haces es o por vagancia o porque tal vez alguna combinación de ingredientes no acaba de hacerte gracia.

Todas están bien explicadas y tienen fotos a gran tamaño para que compares la chapuza que haces con lo bonito que debería quedarte cuando el plato está ya listo para hacer la foto para el libro.

Un libro que puede sacarte de algún apuro, pero que también puedes usar para hacer algunas comidas o cenas de diario, o para dejar boquiabiertos a los amigos en esas cenas en las que siempre se lleva lo mismo.

Original y salvavidas a la vez.

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El gran libro de los artefactos de Harry Potter, de Jody Revenson

El gran libro de los artefactos de Harry Potter

El gran libro de los artefactos de Harry PotterSon muchas las cosas que me fascinan de J. K. Rowling pero una de las que más me ha sorprendido siempre es la habilidad que tiene de conectar todos y cada uno de los detalles de sus historias. Hace tiempo vi la película titulada Más allá de las palabras que contaba los inicios de esta escritora. A mí me impresionó ver lo duros que fueron sus inicios. Realmente Harry Potter estuvo siempre dentro de su cabeza y en un momento dado de su vida, empezó a verlo por todas partes. Como si fuera una señal que le estaba dando a entender que tenía que plasmar en papel todas aquellas ideas. En esa película se ve cómo ella va en un tren muy parecido al Expreso de Hogwarst y aparece una anciana con un carrito de café. Al instante, la anciana se convierte en una bruja con un gran sombrero y dentro del carrito empiezan a surgir ranas de chocolate y todo tipo de dulces que bien podrían haber salido de Honeydukes. En otra escena, se ve cómo ella va al banco a pedir un crédito y el señor de la ventanilla —nada amable y que se niega a ayudarla— se convierte en un duende gruñón, como aquellos que se encargaban de cuidar los tesoros ocultos en Gringotts.

Absolutamente todo lo que cuenta en sus libros tiene una explicación, todo tiene una razón de ser. Y eso a mí, que he intentado más de una vez crear una historia más o menos larga, me parece admirable; ya que es muy sencillo que las historias (y más concretamente los detalles) se pierdan por el camino y no se le den la importancia que merecen. Podemos encontrar detalles en el primer libro que están directamente relacionados con el quinto. Y esa es la tónica que sostiene durante los siete libros de la saga. Yo la he leído dos veces y estoy segura de que cuando la vuelva a releer (tarde o temprano acabaré haciéndolo) encontraré más detalles que había pasado por alto.

Así que no es de extrañar que Jody Revenson haya optado por crear una serie de enciclopedias que desgranen al mínimo esta maravillosa saga. Con la obra que nos ocupa, El gran libro de los artefactos de Harry Potter, van cuatro, ya que anteriormente publicó las enciclopedias referentes a los personajes, a los lugares y a las criaturas. Lo primero que impresiona es su tamaño, ya que más o menos es tan grande como un folio. Y, lo segundo, es la calidad del papel con el que está hecho. Las fotografías y los dibujos, a todo color, tienen un brillo y un tacto que enamorará a cualquier amante de los libros. Y, por supuesto, a cualquier seguidor incondicional de la saga.

El gran libro de los artefactos de Harry Potter reúne en sus doscientas páginas todos los cachivaches, objetos e inventos que salen en la saga original. Y, como no podía ser de otra manera, el primer objeto del que nos habla es, ni más ni menos, la carta de acceso a Hogwarst con la que todos hemos soñado alguna vez. Yo la estoy esperando desde que cumplí los once años. Quizá algún día llegue. También habla del giratiempo, por supuesto, explicando su funcionamiento con el más mínimo detalle. También hay un hueco para las varitas e incluso para las escobas. Y así, recorre todos y cada uno de los objetos que nos son tan familiares, dando a conocer sus orígenes, el material con el que están hechos y multitud de datos que cualquier friki de Harry Potter debería saber. ¡Es que incluso nos habla de la publicidad que aparece en El Quisquilloso! Lo que os decía, hasta el más mínimo detalle.

No puedo terminar esta reseña sin mencionar que, al final del libro, hay un pequeño sobre cuyo contenido no voy a desvelar. Yo no lo sabía hasta que lo vi, así que imaginaos qué sorpresa me llevé. Estoy más que contenta de que esta saga no se deje en el olvido y que sigan saliendo libros como este, que me hagan viajar de nuevo a Hogwarst, el sitio que fue un hogar para mí cuando más lo necesité.

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Julia desaparece, de Catherine Egan

Julia desaparece

Julia desapareceCuando decidí leer Julia desaparece me pasó algo que no suele sucederme cuando escojo un libro. Normalmente, leo el pequeño resumen que viene en la parte de atrás y me hago una idea de lo que me puedo esperar de su interior. En este caso, yo había entendido que el libro era una especie de thriller en el que Julia tendría que resolver un misterio. Además tampoco había oído hablar de este ejemplar con anterioridad y como tampoco es muy conocido, no pude buscar referencias en otros blogs de literatura. Así que digamos que mis expectativas no eran demasiado altas. Pero cuando comencé a leer, me dije a mí misma: “¡ya te vale!”. Y es que este libro es mucho más de lo que yo me creía. Para empezar por alguna parte, la historia se nos presenta en una época pasada, donde las brujas convivían entre los ciudadanos y donde eran perseguidas hasta terminar en una hoguera. En este ambiente tan medieval, una serie de muertes empieza a acontecer y Julia comienza a tener sospechas. Y os preguntaréis, ¿quién es Julia? Pues bien, es una espía. Ni más, ni menos. Y es una espía que tiene una ventaja enorme y es que puede desaparecer sin dejar rastro. Así cualquiera, ¿no? Pero la verdad es que tener ese don en una ciudad donde las brujas son perseguidas y asesinadas públicamente no es el trabajo ideal que cualquier jovencita desearía tener.

Toda esta mezcla de asesinatos, misterio y magia hicieron que las hojas pasaran sin que me diera ni cuenta. La primera noche lo dejé cuando ya llevaba más de cien páginas leídas. Y no paré por voluntad propia, tuve que hacerlo porque al día siguiente tenía que ir a trabajar y yo creo que mis compañeros empiezan a sospechar que algo raro pasa conmigo, porque siempre aparezco con unas ojeras que ni un oso panda. Pero la verdad es que al día siguiente, en el trabajo, fue como si no estuviera. Durante toda la mañana estuve pensando en Julia y en los asesinatos que la empezaban a rodear sin remedio. Y yo no paraba de decirme a mí misma: “Ana, esta vez no has acertado con tu primera impresión, ¡es que ni te has acercado lo más mínimo!”.

Volvamos un poco a la historia. Julia vive en una gran mansión cuya propietaria es la Señora Och. En esa mansión viven diversos personajes que parecen esconder a cada cual un secreto más grande y más oscuro. Julia sabe lo que es pasar hambre, sabe lo que es quedarse sola y sabe qué es lo que se siente cuando se ve morir a una madre. Todo eso le llevó a tener que buscarse la vida y la forma más eficaz para ganar dinero fácil, dado su don, era robar y convertirse en espía. Así que dentro de la casa de la Señora Och Julia se transforma en Ella para poder investigar qué hay dentro de esa habitación a la que jamás la dejan entrar. Y lo que ella no sabe es que se está acercando a algo muy peligroso y que se está arrimando mucho a un fuego que, tarde o tempran,o acabará por quemarla.

A medida que van pasando las páginas, el misterio parece crecer y crecer. Es una historia que va en constante ascenso y cuya protagonista hace que te adentres de lleno en la historia. Catherine Egan crea un mundo en el que perfectamente podría haber habitado Jack el Destripador o incluso Grenouille. Tiene ese toque romántico de los siglos pasados que tanto me gusta. Todo está conectado y ese halo de misterio y oscuridad que todo lo envuelve hacen que te sumerjas cada vez más en la lectura.

Sin duda, Julia desaparece es uno de los mejores ejemplares de literatura juvenil que he leído recientemente. Y ya es decir, porque últimamente parece que son los que más me llaman la atención. O quizá fuera el momento en el que lo he leído, ya que estaba ávida de una historia que me enganchara de principio a fin y que tuviera como hilo conductor una serie de asesinatos misteriosos. Lo único que se me ocurre decir para terminar esta reseña es que, si te pasa lo mismo que a mí, cuando empieces a leer este libro Julia no desaparecerá de tu mente durante una buena temporada.

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