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Las penas del joven Werther, El manga, de Johann Wolfgang von Goethe

Las penas del joven Werther, El manga

Las penas del joven Werther, El mangaEsta vez he hecho el experimento lector al revés. Los  otros dos mangas que he leído de la editorial La otra H fueron La metamorfosis y El gran Gatsby y ambos los había leído previamente y los conocía bastante bien. En esta ocasión he querido leer el manga de Las penas del joven Werther sin haber leído la obra original. ¿El resultado? Os lo cuento a continuación, amigos.

No sé por qué no he leído nunca esta famosa obra de Goethe. Conozco al autor, conozco más o menos su obra, pero nunca me ha dado por ponerme en serio con él. Cuando vi el manga de este libro pensé que sería una buena forma de aproximación a Goethe. O al menos una forma divertida, porque me consta que este escritor alemán un poco espesito sí que es. La culpa no es suya, es del romanticismo. Sí, los románticos eran un poquito densos, para echarles de comer aparte. Pero bueno, Goethe es uno de los principales representantes de la literatura alemana y hay que conocerlo, que no se diga.

Os cuento más sobre Las penas del joven Werther. El protagonista, Werther, es un joven que representa todos los valores del romanticismo. Se trata de un bohemio pintor que no consigue encontrar su lugar en el mundo. Nunca se siente plenamente realizado en ningún lugar ni con la gente que le rodea. Ni siquiera se siente a gusto consigo mismo, lo que le impide alcanzar plenamente su madurez. Por todos estos motivos decide escapar de la sociedad en busca de su lugar y acaba en una aldea llamada Wahlheim. El relato de sus vivencias se narra en forma de cartas a su gran amigo Guillermo, quien conoce bien a Werther y sus inquietudes y pesares. Werther le cuenta a su amigo que una vez estuvo enamorado de una joven que falleció y desde entonces no ha conseguido volver a experimentar aquella sensación tan plena que le recordaba cuál era su lugar en el mundo. En Wahlheim es feliz. La aldea, su naturaleza y sus gentes le encantan y se siente realmente bien allí.

En una de esas cartas a su amigo Guillermo, Werther le cuenta que ha conocido a una joven llamada Carlota, hija de un juez y huérfana de madre, que se dedica a cuidar de sus ocho hermanos como lo hacía su madre. Pero Carlota logra despertar en Werther aquellas sensaciones que parecían haberse perdido para siempre. El joven Werther visitará a menudo a la familia, se ganará la complicidad de los más pequeños y poco a poco consigue convertirse en un miembro más. Todos esos sentimientos que tiene por Carlota no harán más que avivarse cuando Alberto, el prometido de ésta, vuelva a la aldea. Entonces comienza el gran conflicto interno del joven. Sabe que Alberto es bueno para ella, pero no puede contentarse con ello. Como buen romántico, no puede evitar su sino, que él considera que es junto a Carlota. Lo que sucede después es la lucha interna del protagonista por resolver esa situación angustiosa. Y hasta aquí puedo leer. Contaros más sería pasarme de lista, así que os lo dejo para vosotros, lectores.

Como os he dicho no puedo comparar el manga con la obra original porque no la he leído. La adaptación me ha gustado. No es tan caótica como me esperaba y la trama se sigue bastante bien. Conoces la historia de Werther y sus penas y pasas un buen rato leyéndolo y siguiendo sus dibujos. Qué más le voy a pedir a una tarde de jueves.

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Los Zelmenianos, de Moyhe Kulbak

los-zelmenianosNo hace mucho venía a hablarles de un libro titulado Supervivientes, de Java Rosenfarb, un libro escrito precisamente por una sobreviviente del Gueto de Lodz y de los Campos de Auswchwitz. Tengo que reconocer que aun siendo una lectura muy dura, como pudieron ver me gustó mucho; también es cierto que me revolucionó por dentro. Me hizo pensar en cosas que no había recordado desde la lectura de Maus. Es otra forma de ver la historia, ver su resultado en primera persona y por ello de forma muy, muy dolorosa.

Pero todos sabemos que los judíos tienen un buen sentido del humor, peculiar, del que a mí me gusta, porque es un poco saber reírse de uno mismo. Y ese es mi humor, el que yo elegiría para escribir un libro que pienso que podría agradar a los demás … ¿Qué pocas veces utilizamos ya el verbo agradar, ¿verdad?

Como ven, y pese a mi malísima memoria, que una ya va teniendo una edad, y será por ello que empalmo unas lecturas con otras y me ha venido a la cabeza “Los meagrada” que es un álbum escrito por Álvaro Fierro y Gracia Iglesias e ilustrado por Susana Rosique, en ese caso era un libro infantil con el que tengo que decirles que disfruté también mucho…

Pensarán que ya me voy algo de cabeza pero esto es lo que nos pasa a los lectores, que unas cosas nos llevan a otras…, el caso es que en esta ocasión la editorial Xordica me lleva a todo porque la portada del libro me ha encantado, una de esas que no pasa desapercibida a aquellos que vamos siempre mirando de reojo las portadas de los libros, claro que he leído que es del ilustrador Antonio Santos, del que he tenido la suerte de ver varias exposiciones y de la que soy una buena admiradora.

Y si lo que me hizo girar muchas veces la cabeza ante Los Zelmenianos fue precisamente el diseño de la portada, lo que hace que ahora venga a hablarles de él aquí es el impacto que ha producido en mí su interior, una literatura ejemplar, que en este caso me ha resultado maravillosamente agradable para pasar algunos de los días festivos de Navidad, ya saben, hacer las digestiones de estas fechas lleva sus ratos de sillón junto al fuego y una interesante historia ayuda a divertirte y relajarte sin que haya tentación para la siesta… Si, si ya sé que también se puede salir a pasear pero las temperaturas no acompañaban en absoluto.

Si a uno le gustan los libros de humor, las sagas familiares y la literatura yiddish, bien traducida, que nos habla de las tragicómicas desventuras de una familia judía ante la revolución Bolchevique, pues la verdad es que sus 400 páginas no le han de decepcionar.

La traducción directa del yiddish de Rhoda Henelde y Jacob Abecaís es muy actual, fresca y dinámica, con montones de llamadas que no se hacen pesadas, sino todo lo contrario, algunas incluso las podemos obviar pero la mayoría nos llevarán de sorpresa en sorpresa.

Esta obra, que se publicó entre 1929 y 1935, nos va contando la saga de una curiosa familia que iniciamos con el abuelo Reb Zelmele y la abuela Bashe, de los que partirán cuatro estirpes y a través de todos ellos conoceremos como en aquel momento histórico y de grandes transformaciones sociales, intentan seguir con lo suyo, con su forma de vida, constreñidos a las tradiciones y a la voluntad de las decisiones familiares. Pero ahí está el régimen comunista que al final todo lo controla.

Las discrepancias generaciones le sirven al autor para poder hacer crítica de unos y de otros, mejor dicho sátira, que es lo que peor aguantan las dictaduras, y la visión que el autor ya tenía de lo que había a su alrededor culmina en esta maravillosa obra, que junto con sus poemas le costó la vida, pues fue dos años después de su publicación cuando Stalin declara a Moyhe Kulbak traidor a la patria y con 41 años fue ejecutado.

Lo que me maravilla es que una persona en su primera treintena de vida sea capaz de escribir una obra como esta, sé que lo hemos visto en otras ocasiones, pero no puedo dejar de pensar en lo que nos hemos perdido los lectores no dejando que un autor como este crezca hasta donde crecen los grandes, es seguro que la literatura ruso-judía, hubiese alcanzado el nivel de la Gran Literatura judío americana o francesa.

Sinceramente, si tienen unas horas para bien emplearlas, pasen y lean Los Zelmenianos. Y conozcan sus vidas y no se arrepentirán de adentrarse en un pedacito de la historia que de forma muy entretenida nos cuenta Moyhe Kulbak.
P.D.: Me dice un amigo (más bien conocido y del tipo intelectual) que nunca haré una gran reseña si no transcribo un poquito del libro…

…”El tío Zishe no era un hombre de fácil trato, además de todas las enfermedades comunes, adolecía de vanidad y de presunción, y era de suponer que ahora también estaba practicando la presunción. El asunto de la postal de Moscú, había sido una rotunda mentira. Quien siembra mentiras a su alrededor, después se come el hígado por dentro…”

Bueno, pues si hay que hacerlo, se hace, pero solo en algunas ocasiones, y en esta hecho está para que vean que cuando yo les digo que es de lectura fácil aunque sea un autor ruso y escrito en 1929, así es.

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El gran Gatsby, El manga, de F.Scott Fitzgerald

El gran Gatsby, el mangaSoy una fan incondicional de El gran Gatsby. Las líneas finales de esta novela llevan acompañándome casi toda la vida. Todos los años, cuando estreno agenda, lo primero que hago es copiar las siguientes líneas en ella:

“Gatsby creía en la luz verde, el orgiástico futuro que, año tras año, aparece ante nosotros… Nos esquiva, pero no importa; mañana correremos más deprisa, abriremos los brazos, y… un buen día… Y así vamos adelante, botes que reman contra la corriente, incesantemente arrastrados hacia el pasado.”

Una vez escritas en la agenda, ya puede empezar el año. Es algo que llevo haciendo años. Sí, es una manía muy loca, muy TOC, muy de la menda.

¿No habéis fantaseado con iros una temporada a vivir dentro de un libro? Yo me iría a las fiestas locas de Jay Gatsby. Me pondría un precioso vestido años veinte, un largo collar de perlas y muchas plumas y me perdería en el jardín de Gatsby mientras la música jazz suena a lo lejos. No es mal plan, ¿no? Adoro aquellos locos años veinte, su lujo, elegancia y savoir-être. Me gusta para un tiempo, claro. No podría quedarme demasiado por allí porque, inevitablemente, todo ese lujo y suntuosidad esconden algo más oscuro.

Mi deber es hablaros de este libro, aunque también lo es regañaros si no lo habéis leído. Además podría regañaros doblemente si no conocéis la historia porque tenéis varias versiones en película para elegir. A mí  me gustó mucho la que dirigió Baz Luhrmann, ese director tan extremo, en el año 2013 con Leonardo Dicaprio en el papel de Gatsby. En cualquier caso, el libro es mucho mejor. Y si os da pereza el libro… ¡chán, chán! La solución puede ser este manga que hoy os traigo. Pero antes de nada, os pongo en situación.

Jay Gatsby es quizá uno de los personajes más conocidos y misteriosos de la literatura universal. En realidad nadie sabe muy bien quién es ni cómo ha llegado a ser quién es. Nick Carraway es un joven escritor que se muda a Long Island. Allí se reencuentra con su prima Daisy, su marido Tom y Jordan, una joven golfista profesional. Nick tiene por vecino a Gatsby, un excéntrico personaje que celebra lujosas fiestas en su casa casi todas las noches. Sin embargo, aunque Gatsby siempre esté rodeado de gente, ninguna de esas celebridades y personajes son realmente sus amigos. Gatsby esconde un secreto que sólo Nick conocerá. Podríamos decir que Nick se convierte en el único amigo de Gatsby. No seré yo quien desvele el secreto de Gatsby ni todo lo que acontece en la novela. ¡Leed, leed, malditos! Pero sí os diré que esos años locos veinte, llenos de excesos y lujos acabarán escondiendo mucho más: una decadencia inminente y una falta de valores de lo más feo. Sin embargo, F.Scott Fitzgerald lo hace bonito. O al menos el mundo que él recrea mediante una prosa exquisita y llena de nostalgia.

Ahora sí puedo hablaros de El Gran Gatsby, El manga. Hace un tiempo reseñé La metamorfosis, El manga y os hablé de la iniciativa de la editorial La otra H. Adaptar libros clásicos al arte del manga debe ser difícil, pero los resultados, hasta ahora, son bastante interesantes. Claro que leer solo la adaptación al manga no es lo más recomendable, pero me parece una forma muy original de hacer llegar a los jóvenes (y freaks) los grandes clásicos de la literatura universal. Hay algunos libros que admiten mejor la adaptación al manga que otros. En el caso de La metamorfosis me gustó bastante. Con El gran Gatsby me pasa que como soy una gran admiradora, este manga me ha sabido a poco. No es una novela fácil de adaptar y confieso que aunque me la conozco de memoria, a veces me he perdido siguiendo el manga. Aun así, como primer acercamiento a la novela de Fitzgerald me parece muy recomendable. También para fieles seguidores de Gatsby y coleccionistas raretes como la que escribe.

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Filos Mortales, de Joe Abercrombie

filos mortales

filos mortalesHace unos años, antes de que internet nos pusiera al alcance de un clic de ratón la opción de conseguir la música que nos gusta (por no hablar de otras formas de cultura o vicio), solo se podía disfrutar de un buen tema musical mediante la radio; sin poder controlar los temas que escuchabas, como mucho el estilo dependiendo de la frecuencia que escogieras. De esta manera, y tras machacar nuestros oídos, una y otra vez, con esa balada heavy, ese enérgico tema de rock o aquella canción popera, cuando ya eras un adicto a aquella pegadiza melodía, acababas comprándote el cassette o el cd. En mi caso, no era la primera vez que tras escuchar el álbum entero descubría que únicamente me gustaba aquella canción que me había obligado a acercarme a la tienda de música (ay, qué nostalgia) para hacerme con él. La irrefrenable máquina del marketing había funcionado conmigo centenares de veces. Con los libros que son un compendio de relatos acostumbra a pasar lo mismo, sobre todo si éste reúne historias escritas por varios autores. En estos casos te venden nombres: que si el autor súper ventas de libros de fantasía, o aquella autora que escribe adictivos thrillers de investigación, etcétera; una forma tan lícita como necesaria de promocionar y vender un libro, pero que en más de una ocasión resulta una desagradable sorpresa para el pobre lector que, ingenuo, pensaba que todos los relatos estarían a la altura del narrado por el afamado escritor que se anunciaba en portada. ¿Pero qué pasa si en el libro en cuestión todos los relatos pertenecen a ese laureado autor? Bien, para resolver la cuestión planteada no hay mejor forma que ponerse manos a la obra con un libro que cumpla con estas características: en este caso, y yéndonos al género fantástico, Filos Mortales de Joe Abercrombie parece la mejor elección.

Pero antes de entrar en materia, antes de explicaros que estaba deseando leer este libro porque había llegado a mis oídos que en él aparecía un Glokta ágil, seductor y bien parecido, es justo resaltar su envoltorio. La portada de Filos Mortales, editado por Alianza Editorial, es, probablemente, la mejor que un libro haya vestido este año 2016; además de bonita y cautivadora, atesora la más exquisita composición en su fachada principal. Carta de presentación indispensable en cualquier libro. En ella aparece, con todo lujo de detalles y por primera vez, el mapa del Círculo del Mundo (el universo de fantasía creado por Joe Abercrombie). Algunas partes, del mapa mencionado, muestran en su contorno un reluciente dorado que deslumbra al lector, y sobre éste aparecen desperdigados algunos naipes, además de monedas. Ahora seguramente es cuando os viene a la mente ese tan recurrente refrán que dice: no juzgues a un libro por su portada; pedante forma de manifestar que no hay que ser superficial. ¡No lo seáis! Al menos por costumbre. Pero hoy, y ante este libro, la tentación es tan irresistible que es de vital importancia dejarse llevar por los ojos. Venga va, un día es un día. Lo dicho, la mejor y más bella portada de este año.

Pero vamos al grano: ¿qué tiene en su interior Filos Mortales por el que valga la pena asaltar un castillo espada en mano para hacerse con él? Para empezar, y como antes he adelantado, en el relato titulado Un magnífico bastardo nos reencontraremos con Sand Dan Glokta. ¿Cuántas veces nos habremos preguntado, tras leer la trilogía de La primera Ley, cómo era ese cínico inquisidor antes de estar tan lisiado que incluso su esfínter se niega a desempeñar la función para la cual fue creado? En este relato todas las dudas son resueltas. ¿Queríais ver un Glokta guapo, aguerrido y demostrando sus excelentes dotes de espadachín? Pues aquí lo tenéis, y por supuesto no os defraudará. Además este relato sirve de perfecto nexo de unión para enlazar con La voz de las espadas, primer libro de la trilogía gestada por el autor. Y es que Filos Mortales no deja de ser un libro que cuenta aquello que ni en La trilogía de la Primera Ley ni en sus posteriores spin-offs (La Mejor Venganza, Héroes y Tierras Rojas) el autor, por falta de tiempo o porque no le dio la gana, nos contó.

En esta antología, además de este relato, que claramente es el gancho, nos encontramos con otras doce historias que ordenadas cronológicamente nos llevarán a lo largo de la trilogía y más allá de Tierras Rojas. Historias de venganza, de robos y de lucha. De amor, rencor, odio y amistad. Relatos como por ejemplo ¡Libertad! que, al más puro estilo fantasía heroica clásica, narra cómo Nicomo Cosca (perverso soldado de fortuna y traicionero como pocos) se convierte en un héroe de guerra con más honor que un samurái. O ese otro, titulado Trabajos Ridículos, en el que un grupo de bárbaros norteños emprende una incursión para robar un objeto del que no saben ni siquiera como es. O ese otro frenético relato de supervivencia (con una prosa que recuerda al de las famosas novelillas del oeste) en el que conoceremos a Shy South antes de que se convirtiera en el personaje principal en Tierras Rojas. Y como no, qué decir de Creando un Monstruo en el que la visión que teníamos de Logen y Bethod cambiará radicalmente. Pero son sin duda las aventuras protagonizadas por la pareja formada por la ladrona Shev y la bárbara Javre las que brillan con luz propia en la antología. Todas ellas divertidas, repletas de aventuras y con altas dosis de humor. Dos personajes con una química pocas veces vista en la literatura y que dejan con ganas de más.

Así pues, Filos Mortales resulta una antología extraordinaria, no solo para todo aquel que ya haya sobrevivido a algunas de las aventuras acaecidas a lo largo y ancho del Círculo del Mundo, sino también para aquellos que quieran iniciarse en el violento, oscuro y retorcido universo de Joe Abercrombie.

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El gigante enterrado, de Kazuo Ishiguro

El gigante enterrado

El gigante enterradoHan pasado diez años desde que Kazuo Ishiguro escribió Nunca me abandones. Entre medias, un libro de relatos: Nocturnos: cinco historias de música y noche. Atrás quedan, Cuando fuimos huérfanos y Los restos del día, también traducida por Lo que queda del día, y protagonizada en el cine por Anthony Hopkins y Emma Thompson. Ahora el escritor británico de origen japonés regresa a la Inglaterra medieval en su última novela publicada por Anagrama, El gigante enterrado, en una fábula sobre la necesidad del olvido, las heridas y la vida, donde se dan cita ogros, dragones y duendes. También hay una princesa, aunque anciana, el último caballero vivo del rey Arturo (su sobrino Sir Gawain), un guerrero sajón, un chaval maldito y un hechizo, en forma de niebla, que les ha robado a todos los habitantes de la región la memoria.

Con las leyendas de Camelot como telón de fondo, El gigante enterrado tiene algo además de La princesa prometida. A saber: “Esgrima, lucha, torturas, venenos, amor verdadero, venganza, gigantes, cazadores, hombres malos, hombres buenos, dolor, muerte, persecuciones, fugas, mentiras y verdades”. Y un monasterio en las montañas, muy a lo El nombre de la rosa, detrás de cuyos muros se ocultan oscuros rituales.

Atrás quedan, también, la ciencia ficción de Nunca me abandones o la novela detectivesca de Cuando fuimos huérfanos. El género siempre es un pretexto para este autor que ahora construye una fábula de aventuras, entre épica y fantástica, a ratos perturbadora e inquietante, pero también conmovedora, donde subyace el debate, tan en boga en nuestro país, sobre la necesidad o no de la memoria colectiva y de la memoria individual.

Bien es cierto que el escritor, para ello, huye de los arquetipos propios del género. Sus protagonistas, de hecho, son Axl y Beatrice, una pareja entrañable de ancianos, atípicamente vulnerables, que un día deciden abandonar su aldea y emprender la búsqueda de su hijo, quien se encuentra en paradero desconocido. Un viaje iniciático que les conducirá por un terreno oscuro y pantanoso, a ratos resbaladizo, donde por momentos se abona, aún en tiempos de paz, el germen de las guerras, las rivalidades y las traiciones.

En este contexto, Ishiguro investiga, es cierto, sobre la memoria, el pasado y el recuerdo a partir de la reconstrucción de un presente nebuloso, en esencia casi puro, mientras de fondo divaga sobre el paso del tiempo, el perdón, el amor, aquello que algunos etiquetan como el amor verdadero, las heridas profundas, el destino y la muerte.

Traducido al español por Mauricio Bach, la belleza de El gigante enterrado reside en la prosa de Ishiguro. Sus palabras, como en una suerte de hechizo, te sumergen en un mundo maravilloso e hipnótico de criaturas extrañas donde no hay otra opción que avanzar hacia adelante para poder dejarlas atrás. Si es lo que se desea. Una lectura fascinante y hermosa que empieza al ritmo lento de sus dos protagonistas, pero que poco a poco se acelera y nos arrastra hacia una profunda reflexión sobre la vida y el género humano. Es allí donde la fábula deja de ser fábula. Ya sabéis. Y las lecturas esconden otras lecturas.

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Una historia de violencia, de John Wagner y Vince Locke

una historia de violencia¿Qué harías tú, un tipo corriente, si te enfrentaras a una situación extrema? Por ejemplo, que un delincuente te encañonara y en solo unos segundos tuvieras que evitar que tu vida o la de los tuyos terminara. ¿Tendrías los reflejos suficientes para esquivar el disparo? ¿El coraje de proteger a tus seres queridos a costa de tu propia vida? ¿La fuerza necesaria para tumbar al malhechor? ¿O solo serías capaz de llorar pidiendo compasión? De eso trata esta novela gráfica: de qué haría un ser humano normal si de repente estuviera metido en una historia de violencia. ¿Sería víctima o verdugo? ¿Justiciero, quizá? Porque dicen que quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón, así que supongo que quien mata a un asesino, también. ¿O no?

Reconozco que siento un profundo rechazo hacia la violencia en la vida real, pero que es un tema que me atrae mucho en la literatura y en el cine. Como decía, en el mundo real no la justifico nunca, pero llego a comprenderla en determinadas situaciones, sobre todo cuando es una respuesta irracional a un ataque desmedido o puro instinto de supervivencia. En el caso de Una historia de violencia, que inspiró la adaptación cinematográfica dirigida por David Cronenberg en 2005, el protagonista, Tom McKenna, es un ciudadano ejemplar y un apacible padre de dos hijos, que sale airoso de un robo a punta de pistola en su cafetería. Ha quitado de en medio a un par de asesinos, ¿quién va reprochárselo? ¡Es un héroe! Pero como la violencia siempre tiene consecuencias, incluso peores que las que se trataban de evitar, ese acto en defensa propia convertirá su vida y la de su familia en una pesadilla.

En esta novela gráfica, escrita por John Wagner y dibujada por Vince Locke, personas comunes ven cómo, un día cualquiera, sus vidas se desbaratan por estar en el lugar equivocado. Nos podría pasar a cualquiera, y eso es lo mejor, y más aterrador, de este planteamiento. Por eso es fácil empatizar con los personajes, comprenderlos. Una historia de violencia crea una atmósfera opresiva, en la que el peligro acecha a los protagonistas y nadie, ni siquiera la policía, puede acudir en su ayuda. ¿Qué hacer cuando la violencia parece la única salida para volver a vivir en paz? ¿Cómo se defiende una familia normal de un grupo de asesinos sin escrúpulos?

Parece que hay muchos caminos que llevan a la violencia y muy pocos para huir de ella. Por eso me parece un acto tan abominable. No querría verme en la piel de Tom McKenna y su familia, pero, literariamente hablando, me ha parecido una historia muy sugestiva. Si tu vida está en juego, ¿todo vale? Si hacen daño a los tuyos y tú se la devuelves, ¿es venganza o justicia? ¿La violencia, según sobre quién se ejerza y por qué, tiene justificación? La lectura de Una historia de violencia me ha hecho plantearme un sinfín de preguntas, pero sigo sin respuestas. Así que léelo tú también y debatimos: ¿qué harías tú?

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Normal life, de Steve Polls, Sergi Pareja y Fran Vázquez

Normal Life

Normal LifeHay veces que uno se entera de las cosas que han ocurrido en el mundo de la forma más imprevisible. Sin ir más lejos, hasta que escuché el temazo de U2 Sunday, Bloody Sunday (y la busqué traducida, ya que mi inglés, por aquel entonces, no daba ni para optar a Presidente del Gobierno), no fui consciente de que durante casi treinta años se había vivido un conflicto de gran magnitud en Irlanda del Norte, al que la represión sólo sirvió para alimentar y del que se pudo salir gracias a las cesiones de los bandos enfrentados y de la convicción de que la violencia no había sido más que un obstáculo para el entendimiento.

Normal life toca de lleno la época de The Troubles —como también fue conocido el conflicto— en torno a la figura de Manolo, un militar retirado, que, aunque oficialmente ocupa su tiempo como trabajador social en un centro juvenil, fuera de su jornada laboral colabora activamente con la Ulster Volunteer Force, un grupo paramilitar que defiende la unión de Irlanda dentro de Gran Bretaña. Además de ello, el español hace de informante para los servicios de inteligencia británicos, un juego a dos bandas tremendamente peligroso en unos años en los que los atentados y la represión policial son el pan de cada día.

Manolo se nos presenta como un tipo duro, al que los conflictos morales apenas le afectan; como él mismo deja claro en una conversación, se considera un soldado y se limita a ejecutar y a dar órdenes. Su única flaqueza son sus hijos, ya que su relación con su mujer está ya muy debilitada. De hecho, ante la posibilidad de ser descubierto como soplón por sus compañeros de la UVF —algo que planea sobre su cabeza durante toda la historia— el único de sus miedos es el futuro de sus vástagos, así como que ellos no sean testigos de una detención que, presupone, no sería pacífica ni discreta.

Este trabajo es el resultado de la colaboración conjunta de Steve Polls (dibujo), Sergi Pareja (guion) y Fran Vázquez (color). Pese a que no soy un lector asiduo de cómics, durante el tiempo que he pasado con éste he podido apreciar la calidad de las ilustraciones. El dibujo es atractivo y explícito, por lo que en ocasiones apenas requiere de diálogos para hacernos ver lo que ocurre. Predominan los colores oscuros y fríos, que ayudan a reflejar el ambiente en el que nos introducen los autores: un Dunbury violento, industrial, en el que nadie sabe de quién puede fiarse y todos se preguntan cuánto falta para que se produzca el siguiente ataque.

No voy a negar que en algunos momentos de la lectura me ha costado entender el porqué de algunos de los giros de la trama. No en vano, a pesar de los esfuerzos de los autores por facilitar la comprensión del conflicto, se trata un acontecimiento en el que intervinieron fuerzas diversas y, si bien ninguna controversia suele poder reducirse al mero maniqueísmo, en este caso resulta aún más complicado valorar el papel de cada interviniente.

Por último, destacaría el alto ritmo de la trama, ya que en las poco más de cien páginas que ocupa esta obra se recogen situaciones muy diversas: redadas policiales, venta ilegal de armas para sufragar el terrorismo, manifestaciones violentas sofocadas con más violencia, partidos de fútbol en los que la principal motivación es la pelea posterior entre las hinchadas… Sin duda Normal Life me ha resultado un cómic interesante y atrevido, que recoge el siempre peliagudo tema del terrorismo bajo una perspectiva original y nada partidista.

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Loco, de Rainald Goetz

Loco

LocoLa locura es un tema muy complicado de acotar, ya que incluye un número casi infinito de posibles manifestaciones. Todos tenemos nuestro grado de locura, de irracionalidad a la hora de actuar y de gestionar nuestras emociones. ¿A partir de qué punto hay que considerar que alguien está loco? ¿Cuál es el baremo para decidir que una persona no está preparada para convivir en sociedad y que, a pesar de que sólo una parte de sus facultades cognitivas están dañadas, debe ser fuertemente medicado y recluido en un centro psiquiátrico?

Loco, novela que fue publicada por primera vez en 1983 y que supuso el debut novelístico de Rainald Goetz, no busca contestar a estas preguntas, sino que se dedica a ahondar aún más en ellas. El escritor alemán es, ante todo, un provocador: sabe cómo incitar a la reflexión a los lectores a través de frases crudas y directas, de personajes y planteamientos que relativizan y caricaturizan todo, dejando un poso de dudas que, especialmente, incide en cuestionar la legitimidad de los profesionales de la medicina para determinar qué personas deben ser tratadas y con qué métodos.

El protagonista del texto, Raspe, es un médico recién salido de la facultad que al comenzar a trabajar en un hospital psiquiátrico descubre lo alejados que se encuentran sus planteamientos de la realidad que se aplica a los pacientes de ese centro. Pero, más interesante aún que la propia historia del psiquiatra me ha resultado la sucesión de monólogos de pacientes y profesionales de la medicina que se suceden antes y después de que dé comienzo el relato principal. Es en ellos donde el autor emplea mayor originalidad y esmero para presentarnos las reflexiones y obsesiones de quienes tienen que convivir con la locura todos los días de su vida. Muchos de estos textos duran apenas unos párrafos, pero la manera en la que Goetz te introduce en sus mentes hace que algunos sean realmente angustiosos y duros de digerir. Por poner un ejemplo, casi todo el mundo ha conocido a personas a las que, por su edad, es necesario repetirles varias veces las cosas y que, aun así, se les acaban olvidando a los pocos minutos. Esta misma situación tocada por la pluma del escritor alemán tiene como resultado una lectura realmente tortuosa.

Otro interesante debate que abre este libro es la gran diferencia que existe entre la forma en la que los académicos estudian e interpretan la locura y cómo ésta se manifiesta realmente. Esta dicotomía no es exclusiva de este ámbito, ni siquiera del mundo de la medicina; por regla general, la academia, los investigadores, suelen estar bastante alejados de la sociedad a la que estudian, lo que provoca unos desajustes gigantescos entre lo que se presupone que debe ocurrir y lo que verdaderamente ocurre. Los conflictos entre las diferentes corrientes dentro de la psicología en torno a cómo se debe atender a los pacientes —la temible terapia por electrochoque siempre está en el aire— también aparecen con frecuencia y dotan al texto de una mayor riqueza y complejidad.

Extraña, provocadora, inquietante…son solo algunos de los adjetivos que se me vienen a la cabeza para valorar Loco, una novela que en ocasiones resulta críptica y caótica pero que, en mi opinión, consigue acercar un mundo tan hermético como el de la psiquiatría sin imponer una visión concreta, sino que opta por animar a los lectores a reflexionar sobre nuestra propia concepción de aquellos que, como apunta una de las múltiples voces que se suceden en este relato, tienen el alma enferma.

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Harry Potter y la filosofía, de Gregory Bassham y William Irwin

Harry Potter y la filosofía

Harry Potter y la filosofíaDescubrí la filosofía sin querer a los trece años, cuando leí El banquete. Y la verdad es que no lo entendí hasta que en primero de Bachillerato estudié a Platón. Recuerdo mi primera clase de filosofía: yo acababa de mudarme desde Madrid a Cantabria y comencé el curso un trimestre más tarde que los demás. Llegué a la que era mi clase y me senté en el único hueco que había libre. Entonces entró Eugenio, el profesor de Filosofía. Lo primero que me dijo fue que me tenía que poner la escafandra si quería estar en su clase. Imaginaos mi cara. Yo, nueva, en una clase donde solo conocía a un par de personas y con una vergüenza que empezaba a reflejarse en mis mofletes. Eugenio me lo repitió otra vez y me explicó que hoy íbamos a viajar a su planeta, porque él no era humano, pertenecía a otro mundo ubicado en mitad de la galaxia y que estaba hecho de oro. Allí, la filosofía se vivía, se respiraba; por eso tenía que viajar hasta su planeta si quería entender las mentes de los grandes pesadores. Y, para ello, era necesario ponerse una escafandra, porque el viaje sería largo y no quería que hubiera que lamentar pérdidas por falta de oxígeno. Así que yo no pude hacer más que, con toda la vergüenza del mundo, ponerme esa escafandra imaginaria, ajustarla perfectamente y prepararme para el viaje en el que iba a embarcar.

Lo mío con la filosofía fue un amor a primera vista. A medida que iban pasando los autores, mi mente estaba más abierta y la sentía más libre. Podía captar las ideas con mayor facilidad, comprendía cualquier teoría, por insana que fuera. Y cuando llegó Kant… oh Kant. Alucinante. Por eso cuando me enteré de que iban a publicar un libro llamado Harry Potter y la filosofía no pude más que emocionarme. Los que leéis mis reseñas ya sabéis lo que me gusta Harry Potter y si ahora os digo que me encanta la filosofía… entenderéis cuánto me ha hecho disfrutar este libro.

Gregory Bassham y William Irwin releyeron la saga escrita por J. K. Rowling decenas de veces. Cada vez que lo hacían descubrían nuevos matices y nuevos detalles que no habían tenido en cuenta las veces anteriores. Entendieron que todo estaba muy unido y que cada mínima referencia, anécdota o mención era de gran importancia para la historia. Y también se fijaron en que Rowling hablaba de temas que son de gran importancia para la filosofía: el amor, el alma, la muerte, los sueños… Así que decidieron analizar la saga desde un punto de vista filosófico, intentando averiguar, con las teorías de los grandes pensadores, lo que quería decir Rowling en las miles de páginas que escribió.

A mí me llamó especialmente el estudio de Sirius: Sirius Black es el padrino de Harry y es un animago, lo que significa que tiene la capacidad de convertirse en un animal cuando él quiera. En este caso, Sirius se convierte en un gran perro negro. Durante los primeros libros recurre mucho a ese cambio porque es un preso fugado de Azkaban y, por lo tanto, está en búsqueda y captura de máxima urgencia. Así que se convierte en perro para poder estar al lado de Harry sin que nadie sepa su verdadera identidad. Cuando es Sirius, es un humano. Eso está claro. Pero cuando se convierte en perro ¿es un perro con alma humana? ¿Es un humano con alma de perro? ¿Es perro con alma de perro? Un lío, vamos. Algo que quizá al leer la saga ni se te hubiera pasado por la cabeza, pero que Gregory Bassham y William Irwin han intentado resolver en Harry Potter y la filosofía.

Otro de los análisis que me gustó especialmente fue el del amor. Los que hemos leído la saga sabemos que lo que salvó a Harry de morir aquella terrible noche fue el amor de Lily hacia él. Este es un tema muy importante para los filósofos. Pero ya no solo el amor entre parejas (el eros), sino también el que se da entre amigos (la philia) o incluso el amor infinito e incondicional (el agape). Todos estos tipos son analizados meticulosamente, estudiados en sus diferentes vertientes y poniendo como ejemplo las historias que todos conocemos.

Este libro ha sido toda una sorpresa para mí. Me ha devuelto a mis años de instituto, cuando me encantaba adentrarme en las mentes de los filósofos y tratar de entenderles. Y, encima, con la temática de Harry Potter como hilo conductor. Eso sí, si no te has leído la saga de la que hablamos, creo que difícilmente podrás entender este libro, porque se hacen constantes referencias a aquella y se da por hecho que el lector ya se sabe la historia. Pero si es al revés, si te gusta la saga pero no la filosofía, puede ser que esta sea una forma maravillosa de adentrarte en ella. Quizá te pique el gusanillo y acabes leyendo El banquete.

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El libro más peligroso. James Joyce y la batalla por el Ulises, de Kevin

El libro más peligroso

En un día invernal del diciembre londinense, quinientos volúmenes -incautados a lo largo del otoño- fueron trasladados en carretilla por corredores a un oscuro sótano. Allí fueron volcados en varias calderas. Siete años de interminables sufrimientos durante el proceso de escritura, de infatigables meses de revisiones y de multitud de planes para distribuirlos secretamente quedaron carbonizados en segundos. Los libros contenían la primera edición inglesa de la epopeya Ulises del escritor irlandés James Joyce. Ulises, hoy considerado un clásico, y para algunos uno de los mejores libros en lengua inglesa del siglo XX, fue condenado por obsceno, lúbrico y, en general, indecente -e incomprensible-.

Kevin Birmingham, doctor en Historia por la Universidad de Harvard, nos trae El libro más peligroso. James Joyce y la batalla por el Ulises (editorial Es Pop), donde narra los problemas que el autor irlandés padeció primero para escribirlo y, luego, para publicarlo. Y es, además, el resultado de un minucioso y riguroso estudio que implicó la visita de una docena de archivos diferentes, tales como la British Library y The National Archives en Inglaterra o la National Library en Irlanda y varios archivos de diferentes universidades americanas; así como el análisis de cartas personales, revistas y periódicos de la época.

Birmingham ha dado como título El libro más peligroso porque Ulises «no aceptaba una jerarquía entre lo empírico y lo obsceno, entre nuestra vida exterior y la interior…. porque demostraba cómo un libro podía abolir el poder del secretismo. Nos enseñaba que el secretismo es la herramienta de regímenes condenados y que los secretos son, tal como escribió Joyce, “tiranos, dispuestos a ser destrozados”». Y como subtítulo “James Joyce y la batalla por el Ulises” porque eso es lo que fue para su autor, una auténtica batalla.

La epopeya joyceana fue el fruto de los sufrimientos de su autor y de la incomprensión de la época. Joyce escribió su obra en medio de una guerra mundial, con constantes ataques de dolor en los ojos debido a glaucomas, irritis, una docena de operaciones… que poco a poco le hicieron ir perdiendo la visión. Envuelto en problemas económicos -siempre bajo el mecenazgo de alguien-, ya que era incapaz de administrar bien el dinero, aún cuando tenía a su cargo varios hijos, además de la indiferencia de su mujer por su escritura -para él lo peor de todo.

Ulises no es un libro cualquiera y, aunque hoy no nos parezca excepcional, supuso un antes y un después en 1918, tras ver la luz los primeros capítulos en la revista americana The Little Review. El mundo no estaba preparado para una obra así. Ulisesfue revolucionaria porque “contenía todos los pensamientos que un ser humano pudiera llegar a albergar”, es decir, presentaba el modo en el que piensan las personas, con pensamientos caóticos y con escasos signos de puntuación. Igualmente porque, aunque “hoy estamos acostumbrados, pero a principios de siglo era inconcebible, algo exótico, que un día fuera un marco temporal apropiado para toda una novela -y además tan larga como lo es Ulises-”.

Todo lo anterior hacía la obra incomprensible y por eso las autoridades solo se fijaron en los pasajes obscenos y “pornográficos”, ignorando el arte que albergaba, prohibiéndola tras un larguísimo y mediático juicio en 1921 en EEUU -tras ello sería prohibida en el resto de naciones angloparlantes. Representaba lo nuevo frente a todo lo anterior, abrió una brecha seguida por otros, rompió moldes y sin quererlo se convirtió en el estandarte del nuevo movimiento surgido a comienzos de siglo: el modernismo. Además, los escándalos y los sufrimientos/dolencias continuas hicieron de Joyce una “figura heroica y digna de compasión, inaccesible y a la vez profundamente humana”.

Este ensayo histórico-literario no es la biografía de un escritor, sino la biografía de un libro, a través de cuya relato asistimos indisolublemente a la vida del autor. Pero a pesar de tantos problemas, Joyce tuvo la capacidad (y tenacidad) de abstraerse de todo y vivir exclusivamente para su escritura, aislándose cada vez más conforme iba avanzando en la novela. -siempre constante creó una “novela sedimentaria que fue ganando en masa partícula a partícula”. Nadie habría seguido escribiendo solo para provocar. Joyce quería suprimir todas las barreras del arte, escribía para obtener una libertad artística total en forma, estilo y contenido.

Por eso, este volumen es un gran retrato de la Europa de entre guerras, donde el mundo editorial se alejo del pasado y se internó en la modernidad del siglo XX. Por ello, el historiador ha podido desarrolla historias paralelas de los diferentes elementos que de una forma o de otra participaron en Ulises, como ramas de un árbol conectadas al tronco de la epopeya joyceana. Como por ejemplo, leemos la historia de Dublín -donde transcurre la acción de Ulises-, la historia del anarquismo o las sufragistas en Londres, así como algunos datos sobre el régimen censor anglosajón, o Sylvia Beach, la única que se atrevió a publicar la epopeya cuando todo el mundo se había negado, incluida Virginia Woolf. Pero estos elementos no están a un nivel subalterno, sino en el mismo nivel de importancia, consiguiendo encajar perfectamente todas las piezas en una única narración sin interrumpir la lectura.

En cuanto a la edición es inmejorable, espléndida. La alta calidad del papel se combina con unas magníficas fotografías en la mitad del tomo, manifestando una edición pulcra y clara, a la vez que sencilla y bella. Hacía tiempo que no veía una edición tan cuidada y centrada en la importancia de los detalles.

En síntesis, El libro más peligroso. James Joyce y la batalla por el Ulises se erige como un alegato en pos de la libertad de expresión tratando un libro cuya edición, impresión, venta o posesión estuvo penado con multas y con cárcel durante años, y “tu relación con un libro cambia cuando te ves obligado a esconderlo del gobierno”. Ulises creo devoción y repugnancia por partes iguales, al igual que su autor. Esta es su historia.

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Escapar: histora de un rehén, de Guy Delisle

Escapar historia de un rehen

Escapar historia de un rehenGuy Delisle es uno de esos autores a los que injustamente hemos circunscrito a un solo género, merced al gran grabajo que hizo en obras como Shenzen, Crónicas birmanas o Crónicas de Jerusalén, donde puso de manifiesto su talento para unir el formato de la novela gráfica con un tono más periodístico y documental. Antes de que las televisiones occidentales se pudieran adentrar en el misterio comunista que era Corea del Norte, Delisle ya había publicado Pyongyang, una crónica de su experiencia en el hermético país oriental como supervisor de un estudio de animación, que le permitía pintar un fresco tan asombroso como devastador del país.

Pero el autor canadiense no se ha limitado a este terreno, y además de otras obras como Guía del mal padre, en la recientemente editada novela gráfica Escapar: Historia de un rehén (Astiberri), podemos ver como Delisle se adentra en otros terrenos narrativos con buena nota.

En Escapar, Delisle cuenta la historia de Christophe André, cooperante de una ONG médica en Chechenia que fue secuestrado. Corría el año 1997 y tenía la mala suerte de que era su primera misión humanitaria. Su cautiverio iba a durar más de cien días, pero como él mismo dice “ser rehén es peor que estar en la cárcel. En la cárcel sabes por qué estás allí y en qué fecha saldrás. Cuando eres rehén no tienes nada.”

Guy Delisle, que ya había mostrado interés por el trabajo de misiones internacionales en otros trabajos anteriores (está casado con una doctora de Médicos Sin Fronteras), se entrevistó varias veces con André para poder contar su historia. Para ello, opta por un enfoque diferente al de sus obras más conocidas. En esta ocasión, su trazo se hace más realista, a la vez que más esencial: su natural estilo caricaturesco da paso a uno más frugal pero aún así más contudente. Recuerda en su economía de medios, y al trazo sobrio, a un David Mazzucchelli. La elección del color es también muy precisa: tan sólo un azul y un gris marronoso son los tonos elegidos para la historia.

A partir de aquí, el autor construye la historia de un encierro que se convierte básicamente en una lucha contra el tiempo y contra la locura. En ese lapso de ciento once días de reclusión, el espacio deja de tener sentido y el protagonista, al igual que el autor, se ve obligado a bucear en el mundo interior. Delisle opta por un enfoque que hace partícipe al lector de la psicosis que produce el encierro: son más de cuatrocientas páginas en las que, si hay que decir la verdad, apenas pasa nada. El joven cooperante es cambiado de ubicación en un par de ocasiones y nada más. Todo el resto está formado por sus meditaciones, sus pensamientos, sus miedos e inseguridades, sus anhelos, sus deseos y fantasías. Los días pasan lentos y Delisle lo traslada al lector de forma magistral, a base de capítulos cortos que se abren y cierran con una página en blanco. El autor otorga mucha importancia a esos espacios vacíos, a esos ángulos que normalmente no miramos y que ahora son todo lo que tiene para observar el protagonista Pero ese único escenario y ese único protagonista consiguen que el lector pueda entrar muy bien en la historia y que pueda empatizar con el secuestrado. Al final de la obra (la peripecia final, una de las mejores partes del libro) uno cierra el volumen y parece que respira aliviado, feliz de poder haber salido también del cautiverio.

A pesar de retratar una reiteración de días en las que personaje y lector apenas puede llevar la cuenta del tiempo que pasa, la historia de Delisle es muy ágil, y, gracias a su dominio de la narrativa (recordemos que ha trabajado mucho tiempo como animador) el cómic, por muy largo que pueda parecer, se lee de una sentada. Una de los mejores Delisle de los últimos años, una lectura vibrante que lleva al lector a un encierro similar al de su protagonista.

@cisnenegro

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Bárbara, de Osamu Tezuka

Bárbara

BárbaraCada uno imagina el infierno a su manera. Para algunos será un sótano con calderas hirvientes e  instrumentos de tortura manejados por protervos ángeles caídos de tez candente, mientras para otros será un disco rayado de Juan Pardo en sonido cuadrofónico. En cambio, no cabe duda de que, a la hora de imaginar el cielo, todos estamos de acuerdo: el cielo es una biblioteca con las obras completas de Osamu Tezuka. ¿Cómo, que para ti no? Eso es que lo has leído poco. Y mira que la obra de este fénix de los ingenios ilustrados comprende más de 700 mangas para elegir.

En todo caso, es de agradecer, por no decir arrodillarse y besar el suelo, que, con las cinco obras publicadas hasta ahora, la editorial ECC nos acerque un poquitín a esa visión del cielo en la tierra que tenemos los tezukianos. El tezukianismo es una fe de la que me encanta hacer proselitismo y a la que es muy fácil convertirse. No hay más que leer cualquiera de sus grandes obras, sean, por mencionar sólo las pocas que conozco, Adolf, El libro de los insectos humanos, La canción de Apolo, o, para qué ir más lejos, Bárbara.

Así que entremos en materia, aunque para ello tengamos que dar otro pequeño rodeo.

Sería difícil exagerar la influencia que llegó a tener Tezuka no sólo en el manga sino en toda la literatura japonesa, pero me atreveré a daros un pequeño ejemplo: ¿verdad que conocéis a Haruki Murakami, ese escritor de imaginación tan desbordante, capaz de crear historias, personajes e imágenes que parecen sacadas de lo más profundo de nuestro subconsciente? Pues sabed que Murakami no hace nada que no hubiera hecho, muchos años antes, Osamu Tezuka. Por mencionar tan sólo un ejemplo de dicha influencia, pensad en esas chicas enigmáticas, de pasado desconocido, tan pronto ardientes como el fuego como frías cual bisturí, que entran y salen de la vida del narrador como Pedro por su casa, y que pueblan las novelas de Murakami. Pues bien, todas ellas parecen algo más que inspiradas en el personaje que da título a esta obra de Tezuka.

Bárbara, como el susodicho título no indica sino sugiere de manera muy indirecta, nos cuenta el descenso de un artista al infierno de la esterilidad creativa. Yosuke Mikura es un autor de gran éxito e inmenso prestigio a quien los políticos y empresarios más ricos del país ofrecen sus bellas hijas en matrimonio. Mikura, sin embargo, sufre una enfermedad crónica, un trastorno sexual cuya naturaleza nunca nos revela, y que lo mantiene al borde del abismo al que la aparición de Bárbara terminará por lanzarlo.

En Bárbara, como en cualquier otro libro de Tezuka, asistimos al gran milagro que este autor es capaz de obrar, a saber, que alguien con un talento relativamente limitado para el dibujo sea al mismo tiempo capaz de crear viñetas y páginas magistrales que aún hoy, casi cincuenta años después de su publicación, nos siguen sorprendiendo cuando no maravillando. A Tezuka le sirve cualquier momento en la narración, incluso aquéllos donde, a priori, no pasa nada, para introducir una perspectiva insólita, un detalle nunca antes visto, una imagen jamás imaginada y, sobre todo, una impresionante traslación del lenguaje cinematográfico al medio de la novela gráfica. ¿Qué me decís, por ejemplo, de esa mano que, en la página 36, agarra el pomo de la puerta revelándonos el resto del cuerpo en la sombra, que tanto nos recuerda al cine expresionista alemán? ¿Qué de esos ojos en la 186 o esas bocas en la 27, una imagen tan sencilla y tan poderosa? ¿Esa composición de viñetas de la 118, tan orsonwellsiana y que, como veremos una y otra vez, fusiona cine y manga? Y, por terminar lo que podría ser una lista interminable, ¿qué me decís de esos pasos que, en la página 315, persiguen y huyen, una imagen tantas veces vista en el cine y que nadie, hasta Tezuka, supo trasladar a la página?

Las imágenes, sin embargo, por deslumbrantes e innovadoras que sean, no son para Tezuka un fin en sí mismo. Nuestro autor nos cuenta una historia profunda, enigmática y que intuimos eterna. Nos habla de la naturaleza de la creación, de la inspiración, de los demonios que atormentan al artista, o del valor de su obra, entre otras muchas ideas. Es clara la influencia de occidente en lo que respecta al arte, la literatura e incluso la mitología, y, sin embargo, esa misma influencia es cuestionada hacia el final por ese curioso y pequeñito remedo de Andy Warhol.

En definitiva, Bárbara es, como su protagonista, bella, misteriosa, arrolladora, inolvidable y, me atrevería a decir, destructiva: vuestro concepto acerca de lo que es la novela gráfica o, sencillamente, la literatura puede caer hecho pedazos.

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