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Sakura: Diccionario de cultura japonesa, de varios autores

sakura diccionario de cultura japones

Años 9sakura diccionario de cultura japones0. El manga hacía ya un tiempo que venía dando de qué hablar en España, pero fue durante esa década cuando aterrizaron, como una invasión alienígena bien orquestada, las versiones animadas de todos aquellos cómics japoneses que los otakus habíamos consumido con la voracidad de un toxicómano que llevaba semanas con el mono. Fue entonces cuando mostró todo su potencial. Violencia desenfrenada que en ocasiones traspasaba la frontera del gore, erotismo o sexo explícito, cyberpunk, fantasía, amor y compañerismo, pero sobretodo grandísimas historias. Y allí estaba yo, en el corazón de aquella vorágine, un adolescente cualquiera, que se ahogaba en el furor de sus propias hormonas, encantado de que por fin alguien dejara de tratarnos como a mojigatos. Esa fue mi primera toma de contacto con el, por aquel entonces bastante desconocido, país nipón.

Tras imbuirme de forma pormenorizada de la cultura japonesa a través del manga y el anime era de esperar que quisiera más. A los videojuegos estaba tan acostumbrado que ni siquiera me di cuenta de que también formaban parte de forma sustancial e intrínseca de la cultura del país asiático. Luego llegarían nombres ligados a la literatura como Natsume Soseki, Haruki Murakami o Natsuo Kirino. Maestros del cine como Hayao Miyazaki, Akira Kurosawa o Takeshi Kitano. La cocina japonesa fue introduciéndose poco a poco; donde antes había un restaurante chino ahora servían sushi, makis, sashimi o gyozas. Añádase un poco de wasabi a la salsa de soja, sumérjase por la parte del pescado y a la boca. Madres que habían sufrido los berrinches de sus hijos ante la perspectiva de comer pescado alucinaban al comprobar como éstos ahora lo engullían de forma gustosa. ¡Y crudo!

Más, más, más; yo necesitaba más Japón.

El Salón del Manga de Barcelona, reuniendo lo mejor de la cultura japonesa sería ese oasis que muchos estábamos esperando. El siguiente y lógico paso era tantear el idioma. A través del típico diccionario, o con algún programa online, incluso intentando escribir algo. Las tablas de hiragana y katakana me provocaron dolor de cabeza. Tras un chute de ibuprofeno miré los kanji y ni siquiera me atreví con ellos. Lo hacía mal. Si tenía que aprender, ante todo debía ser una experiencia divertida. Entonces, como agua de mayo, apareció Sakura: diccionario de cultura japonesa. ¿Qué mejor forma de profundizar en la cultura de un país que a través de su idioma?

Tras Sakura: diccionario de cultura japonesa no solo encontramos a la editorial Satori, especializada tanto en la cultura de Japón como en su literatura, sino que también hay cuatro colosos de la filología, en el manejo de idiomas y en el malabarismo de letras, así como de las tres escrituras diferentes que componen el idioma japonés. Sus nombres son: James Flath, Ana Orenga, Carlos Rubio y Hiroto Ueda.

Sakura no es un diccionario bilingüe; no encontraréis palabras comunes que tienen su equivalente en español. En Sakura las palabras, en su mayoría, son conceptos, profesiones, tradiciones, momentos de la historia, pensamientos filosóficos o gastronomía; todos ellos tan únicos, tan exclusivos del país nipón, que la traducción al español que hallaréis es en realidad una explicación bastante detallada. En algunas ocasiones acompañada de una imagen que facilitará la comprensión del lector. Porque el idioma japonés es capaz de definir con una sola palabra el suicidio cometido por dos amantes que se arrojan a un río atados por la cintura para que en la próxima reencarnación vuelvan a estar juntos, o la extraña profesión en la que unos funcionarios empujan a la gente en el metro para que las puertas del tren puedan cerrarse. ¡Ahí es nada!

Pero si lo que llama más la atención de este diccionario es su inédito y original enfoque, está en la forma de estructurar la entrada léxica gran parte de su atractiva magia. Y es que la palabra a diseccionar, siempre escrita en romaji para facilitarnos la lectura y pronunciación, también se nos muestra en hiragana, katakana o kanji (dependiendo del caso); información que sería algo escasa si no fuera porque ésta se amplía al mostrar a qué género pertenece, el grupo temático en el que ha sido ubicada (bebidas, armas, botánica, etnografía, religión, música y así hasta 43 grupos diferentes), seguido de la definición en español y (¡oh grata sorpresa!) también en inglés, consiguiendo así que el diccionario sea por ello mucho más internacional y absolutamente completo.

En este punto, y quizás como conclusión, debería hablar sobre qué expresiones me han llamado más la atención, a pesar de que muchas y debido a ser un yonki de la cultura japonesa ya me sonaban, o sobre qué grupo temático mi hambre cultural ha quedado más saciada. Pero si he de ser sincero no puedo elegir. Sería injusto quedarme con el folclore, por todos esos yokais terroríficos o amigables que rondan por estas páginas y no hablar de la indumentaria típica que se vestía durante el shogunato Edo; o dejar de lado la gastronomía, que sea dicho de paso es mucho más variada de lo que nos pensamos. Inaceptable sería también hablar de todas esas palabras, de significado escabroso, que hablan de las diferentes formas de suicidio a las que un japonés es capaz de abocarse, dejando de lado toda esa filosofía zen que estimula a vivir de forma sutil pero plenamente. Creo que sin más os invito a leer las más de 3000 definiciones que se aúnan en este libro. Solo de esa forma descubriréis que Sakura: diccionario de cultura japonesa no es un diccionario al uso, tampoco aprenderéis un idioma con él, pero es la forma más divertida (tan simple como eso) y acertada de acercarse a la cultura de un Japón que a día de hoy se muestra menos desconocido pero todavía muy misterioso.

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Terapia amorosa, de Daniel Glattauer

Terapia amorosa

Terapia amorosaMi crisis lectora en cuanto a lo que el género romántico se refiere excluye a muy pocos libros en cuanto a lo que el sistema editorial español ofrece actualmente y en estos últimos años. Terapia amorosa ha sido, en este principio de 2017, uno de ellos. Pero, ¿qué tiene de especial que no tengan los demás? Mientras que la mayoría de los libros románticos ofrecen a sus lectores una historia que narra el comienzo o el final de una relación amorosa, este va mucho más allá.

Aunque podemos deducirlo por el título, esta novela se centra en la crisis de una pareja adulta y con dos hijos que decide tratar de resolver sus problemas gracias a la ayuda de un psicólogo. A través de una larga y tormentosa sesión terapéutica descubriremos si ésta es capaz o no de resolver todos sus conflictos y comenzar un nuevo camino que les ayude a mejorar su relación.

A pesar de que ya conocía la pluma de Daniel Glattauer gracias a la lectura de Contra el viento del norte, no me animé (mal hecho por mi parte) a leer más libros suyos hasta este. Y, como en su primer libro, me ha vuelto a sorprender por el realismo, la originalidad y la cercanía de sus historias y de cada uno de sus personajes. En este caso, aunque lo que más me llamó la atención fue el procedimiento terapéutico que se sigue en una crisis de pareja, me enganchó por completo por las situaciones divertidas que se encuentran en el mismo y la facilidad de lectura (no llega a las 200 páginas y está escrito en forma de guión de teatro), entre otras cosas.

La forma que tiene el autor de transmitir los caracteres de los personajes, tan distintos como complementarios, así como la falta de entendimiento de la pareja, formada por Valentin y Joana, hace que la novela te enganche desde el principio, que te sientas identificado con los personajes y que estos y su historia te llegue al corazón. Y no solo ellos, sino también el psicólogo. Su implicación, paciencia y profesionalidad en todo el proceso me han hecho conocer el esfuerzo y trabajo de una profesión que no conozco tanto como me gustaría. Aunque se encuentra en cada uno de los ejercicios que les propone con reproches y discusiones continuas entre la pareja, no deja de intentar crear un acercamiento entre ellos. Esto provoca más de una situación divertida y más de un comentario ingenioso por parte de cada uno de los personajes, sobre todo por parte del psicólogo, que muchas veces debe alzar la voz para que estos le oigan y se fijen en lo que está diciendo por encima de sus discusiones.

Por todo ello, Terapia amorosa me ha resultado una lectura divertida, fresca y rápida que me ha permitido la oportunidad de reflexionar sobre el amor y sus roturas, esos pequeños recovecos que a veces se crean entre dos personas y que les impiden comprenderse mutuamente. Valentin y Joana, los dos protagonistas, me han conquistado por la empatía que generan con el lector y sus personalidades fuertes y el psicólogo me ha impresionado por su entrega, su sinceridad y su capacidad de escucha.

Además, el libro se lee en una sentada y, en tan solo ciento sesenta páginas, el escritor es capaz de hacernos sentir todos estos sentimientos. En definitiva, Terapia amorosa es una gran lectura para todos los públicos, sin importar el sexo o la edad (recomendado a partir de 18 años), con la que he tenido el placer de comenzar el año en lo que a cuestiones literarias nos referimos.

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Patas de perro, de Carlos Droguett

Patas de perro

Patas de perroTe has tenido que sentir extraño alguna vez, aunque sea simplemente porque te gusta leer y porque no entiendes que los demás te miren raro cuando escoges quedarte leyendo antes que dar un trago de cerveza en compañía. Sí, hay tiempo para todo pero, ¿a que si te dieran a elegir te quedarías con leer? Pues ese sentirte extraño, que tú ves como algo normal – yo también, no te preocupes – a veces te golpea fuerte y te saca de la cama y te lleva a fiestas a las que realmente no quieres ir; pero otras veces te acaricia, te abre un libro y te acompaña con aventuras durante horas y horas. ¿Sí o no?

Vale, ha quedado claro que los raros, que los extraños, somos los lectores. Pero ahora imagina que el sentirte extraño viene producido porque en vez de piernas humanas has nacido con piernas o patas de perro. Eso le pasa a Bobi y eso es lo que nos cuenta Carlos en Patas de perro. Bajo el mismo nombre del autor, este Carlos narra su historia de convivencia con Bobi, un niño a quien acogió tras ver en sus ojos la tristeza de ese fuerte golpe de la extrañeza que comentábamos antes. Bobi no es capaz de sentirse ni perro ni humano en su propia casa, siempre desplazado, siempre desatendido, junto a su familia pero solo. Aparece Carlos para llevárselo con él e intentar darle un amor y un calor nunca visto ni por uno ni por otro.

De esa convivencia surge Patas de perro, la narración de la vida desde unos ojos externos de un niño con parecido de perro o un perro con parecido de niño. Nunca he sabido decidir si es mejor un humano que un perro y por eso no sé si lo que nos cuenta aquí Droguett es la historia de un niño perro o de un perro niño. Lo que sí sé es que a través de unas construcciones sintácticas extensísimas que parecen la expansión de un rizoma y con una cascada incontrolable de adjetivos, el chileno consigue hipnotizarte hasta el punto de verte a ti mismo subrayando el libro sin control. Como si uniera paréntesis mentales con diálogos y con la propia narración, este continuo que es Patas de perro – y que desde Malpaso venden como la mejor novela chilena de todos los tiempos – pega muy fuerte, se enfrenta a lo que pensamos que es humanidad para arrancarle la careta y mostrarnos que nada de eso es verdad.

Carlos Droguett nos lleva en este libro al universo de la alteridad, al peligro que es sentirse diferente, al imán social que es la igualdad, a la miseria como resultado si te sientes extranjero en tu tierra. A Bobi no le dejan vivir por ser distinto y tiene que huir. Bobi siempre huye, incluso de sí mismo. Bobi es «una trampa de la naturaleza». Y Patas de perro, tal y como nos dice en cierto pasaje Carlos, no es más que «la lenta destrucción de un ser que vivía extrañado de vivir y más extrañado todavía de que no se le dejara vivir».

Tú no lo sabes pero cuando te apartas del mundo, cuando posas tu vista en un libro y te olvidas de lo que hay a tu alrededor, cuando apagas la luz a lo externo, cuando viajas a través de la tinta; sin notarlo, sin darte cuenta, y siempre – te lo aseguro -, tus piernas se convierten en patas de perro. Todos somos Bobi porque todos somos otro.

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Propaganda. Historia del proselitismo en la galaxia, de Pablo Hidalgo.

propagandaLa verdad es que no estamos tan lejos. No hace falta irse a una galaxia muy, muy lejana. Más o menos en todos los lugares ocurre lo mismo. La historia se repite. Los medios de comunicación afectan a las prácticas culturales y estos reproducen comportamientos sociales que crean y difunden nuevos valores que acaban por instalarse en la sociedad de la que emergen. Es una práctica muy estudiada. El ciudadano se convierte en consumidor, una categoría de ser que no necesita pensar para dejarse llevar por el marketing.
Por consiguiente, es urgente y necesario intervenir desde una perspectiva educacional en estas peligrosas configuraciones, para hacer al sujeto consciente de estas modas y técnicas que lo expropian de su saber y de su capacidad de pensar.

Pero claro, siempre hay alguien por encima. Hay cosas contra las que es imposible luchar. Y una de ellas es el poder del Imperio Galáctico.

“La propaganda es el reflejo de la vida en una galaxia muy, muy lejana. Ya sea el cartel de un destructor estelar sobrevolando un planeta para mostrar la dominación imperial, un grafiti en una pared que lanza un mensaje de esperanza en nombre dela Rebelión o un mural que muestra una hilera de soldados de asalto para promover la unidad en la Primera Orden. Este arte, como instrumento de conflicto, que infunde miedo o enciende el idealismo mediante la persuasión, captura las cambiantes tendencias políticas y el sentir del pueblo en toda la galaxia”

El Imperio es maestro en alfabetizar el lenguaje visual desde el inicio de los tiempos. Una herramienta indispensable para trasmitir los mensajes provenientes de su instrumento político utilizando los medios de comunicación y el arte a su antojo. Domina la morfología, la sintaxis, y la semántica de cada idioma y cultura de la galaxia para sacar el máximo rendimiento a los mensajes explícitos y subyacentes con los que bombardea a diario los medios.

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Intuitivamente podríamos pensar que cuando existen ciudadanos mínimamente formados pedirán tener algún tipo de representación; un pueblo con un mínimo de inquietud querrá participar de las decisiones políticas, al menos a nivel planetario. Que un Consejo Imperial, en nombre de algún deformado emperador, coloque a gobernadores en tu sistema se vuelve cada vez más intolerable. Esa es la clave de la propagación.

La historia de Star Wars no es una historia de guerra. Es una historia de dominación social. De sumisión y rebeldía. De cambio y resistencia a modificar la manera de pensar de la gente. Y en este caso, la propaganda es una herramienta clave. Pablo Hidalgo (uno de los mayores expertos mundiales en el universo creado por George Lucas) ha recopilado en este maravilloso ejemplar editado por Timummas un extenso catálogo de la cartelería propagandística utilizada en Star Wars. Abarca desde los albores de la saga (allá por La amenaza fantasma) hasta los días actuales (El despertar de la fuerza) presentándonos a los autores de los carteles y contándonos de manera pormenorizada la historia de cada uno de ellos consiguiendo así que entendamos cual es la motivación de cada uno de ellos.
Es inevitable y obligado asociar la religión con Star Wars. Incluso en “la fuerza” hay una referencia al taoísmo, religión que enseña que hay algo que está inmanente en todo lo que existe.

propaganda 3La naturaleza contra la máquina. Obi Wan y Luke contra Darth Vader, un hombre que es más máquina que humano, con un ejército imperial, y que usa la tecnología para crear caos a su alrededor.
El imperio representa el fascismo, eso se puede ver en su forma de actuar, obedecer e incluso vestir. También se puede ver en los colores rojo y negro que predominan en las salas de mando de la Estrella de la Muerte. Todo esto es parte de la Propaganda Imperial. En el otro lado la resistencia que sueña con restaurar la república. Dos bandos.

Al final, todo se resume en lo de siempre. Elegir. Tomar partido. En Propaganda, un libro de coleccionista en una edición que es una maravilla visual y que incluye diez carteles para enmarcar, Pablo Hidalgo nos da el material para que podamos tomar partido por un bando o por otro.

La verdad es que no estamos tan lejos. No hace falta irse a una galaxia muy, muy lejana. Más o menos en todos los lugares ocurre lo mismo. La historia se repite, ¿no? Dicen que para que la historia no se repita, hay que leer. Efectivamente. Hay que leer este libro.

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El libro y la hermandad, de Iris Murdoch

El libro y la hermandad

El libro y la hermandadLos seres humanos somos curiosos. Desde que nacemos hasta que morimos experimentamos una gran amalgama de sentimientos que vienen dados por las circunstancias en las que vivimos, pero al final, vengamos de donde vengamos, seamos como seamos y pertenezcamos a la época que pertenezcamos, todos terminamos pasando antes o después por experiencias si no iguales, sí parecidas. Esto es algo que se ve muy bien cuando de fiesta trabas “amistad” con desconocidos y termináis contándoos vuestra vida… o en la literatura. Es increíble como en libros escritos con siglos de diferencia, puedes encontrar puntos y temas en común. Siempre se dice –y es verdad–, que los conflictos morales a los que se enfrentaban los personajes de las obras de Shakespeare (por poner un ejemplo) son conflictos a los que hoy en día, en pleno siglo XXI, también nos enfrentamos. Temas como el amor, la amistad, la vida, la muerte… o sentimientos como los celos, el miedo, la nostalgia… conciernen a personas de todas las épocas y regiones del mundo. Es curioso cómo, a pesar de todas las barreras que nos ponemos: estatus, raza, genero o cultura, todos nos volvemos iguales ante los obstáculos de la vida. Uno de esos temas que nos unen e igualan es la madurez y las expectativas incumplidas al llegar a la mediana edad. Cuando somos pequeños y tenemos toda las decisiones por tomar y toda una vida que vivir, nos imaginamos una existencia de película y creamos miles de planes y expectativas, sin embargo, tarde o temprano tenemos que bajar de las nubes y caer en el mundo real. El golpe puede ser más o menos fuerte, pero todos de algún modo nos enfrentamos a él. De esto trata El libro y la hermandad, de la escritora y filósofa irlandesa, Iris Murdoch.

Era como si un vacío vasto y blanco se abriera ante él, no de un blanco apagado y sucio como el del Muro de Berlín, sino un espacio radiante y vivo, como una nube blanca, húmeda y cálida. Se preguntó qué estaría haciendo al cabo de un año. ¿Se hallaba realmente tan próximo su futuro nuevo y diferente?

El libro y la hermandad comienza cuando un grupo de amigos se reúnen una noche de verano en una fiesta de antiguos alumnos en Oxford, enfrentándose así a los recuerdos y a los sentimientos que los unos despiertan en los otros. La mayoría siguen siendo amigos y mantienen la relación, pero también hay nuevos miembros agregados y luego está él –la oveja negra, el innombrable–, Crimond; el único personaje que no tiene voz en esta novela y cuya presencia, sin embargo, planea durante toda la historia debido a un proyecto común: un libro sobre el marxismo que Crimond lleva años intentado escribir con la financiación de los otros. Esa fiesta será el punto de inflexión que les hará plantearse sus vidas. Les llevará a hacer balance sobre qué esperaban del futuro, qué han conseguido y qué no, qué tienen y qué les falta, qué les une y qué les separa; y, al fin y al cabo, sacudirá un poco (o un mucho) el mundo de todos ellos.

Iris Murdoch es una de las mejores escritoras del siglo pasado y, sin embargo, casi una desconocida en nuestro país. Poco a poco, Impedimenta está reeditando sus obras logrando unas ediciones que son una delicia tanto por sus traducciones como por su diseño, pero que, sobre todo, merecen la pena ser leídas por la maestría de su autora. Esta es la primera obra que tengo el placer de leer de Iris Murdoch y creo que he empezado bien porque es su novela más extensa y coral. Se publicó por primera vez en 1987, época en la que alcanzó su madurez literaria, consecuencia de lo cuál, salió este libro, uno de los últimos que escribió antes de comenzar a padecer los devastadores efectos del Alzheimer. A raíz de su lectura –y aún a falta de seguir indagando en la genialidad de esta mujer–, quiero destacar la complejidad y la diversidad de Murdoch. El libro y la hermandad es un melodrama que ahonda en las relaciones de sus personajes, pero su narración no tiene nada de banal, ya que la autora se permite el lujo de escribir páginas y páginas con detalles que a priori pueden parecer superfluos, pero que no hacen más que mostrarnos de verdad a los protagonistas, a los que dota de tal realismo y profundidad, que ‘leerlos’ es como ponerse frente a un espejo. Son también dignos de admirar sus ágiles diálogos, de tal calado, que cada vez que cierras el libro por un rato, no puedes evitar reflexionar sobre lo que acabas de leer. Y es que estos diálogos son también el reflejo de la gran sabiduría de esta mujer, que dejaba entrever en cada uno de ellos sus propias reflexiones sobre la vida, la muerte, las relaciones, la filosofía y la política.

Dices que las personas serán marionetas y que la tecnología gobernará, pero, tanto si te consideras marxista como si no, ¡tienes que luchar para evitar que esa sociedad exista, no para que lo haga! Hablas de repensarlo todo, pero ¿bajo qué óptica? Debemos ser pragmáticos y tener esperanza, no entregarnos a la desesperación. No podemos prever el futuro. Es nuestro deber proteger al individuo.

En El libro y la hermandad vemos también la influencia de los grandes autores que marcaron a Murdoch. El inicio de la novela, con esa reunión de antiguos alumnos, recuerda sobremanera a El sueño de una noche de verano, de Shakespeare, uno de sus autores predilectos; Crimond, por su parte, recuerda también de algún modo al Gran Gatsby de Fitzgerald; y el estilo y la forma de esta novela nos lleva a pensar en los grandes autores del siglo XIX, como sus amados Dickens y Tolstói.

En resumidas cuentas, gracias a El libro y la hermandad, puedo decir que Iris Murdoch es de esas escritoras que disfrutas enormemente porque te pierdes en sus historias y en sus personajes; que es de esas escritoras que te deleitan poco a poco con libros escritos sin prisa, libros escritos para saborearlos y recrearte en ellos; y, sobre todo, que es una escritora de esas que te da hasta rabia de lo bien que escriben, ya que mientras lees sus libros (o mientras te sientas delante del ordenador para escribir una reseña sobre uno de ellos) eres consciente de que jamás escribirás como ella, con esa facilidad que tiene para el detalle y para entremezclar lo banal y lo intelectual, el humor y el drama; con esa facilidad que tiene para escribir novelas que son pozos de sabiduría que tratan sobre todos los temas importantes que ocupan nuestras vidas.

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Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo, de Benjamin Alire Sáenz

Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo

Aristóteles y Dante descubren los secretos del universoDespués de todas las buenas críticas que había leído y lo atraída que estaba por sus sinopsis, tenía unas expectativas muy altas cuando empecé a leer esta novela. Ahora sé que estas expectativas se han cumplido y con creces. Este libro es tan especial que merece ser leído porque que te marca por completo para siempre.

La novela comienza presentándonos a Aristóteles (Ari), un adolescente poco corriente que ni tiene amigos ni le gusta hacer las típicas cosas que les gusta hacer a los chicos de su edad. Además, no tiene aficiones ni metas y está continuamente replanteándose su vida. Hasta que conoce a Dante, un simpático chico muy diferente a él. Adora estar al aire libre, pintar y disfrutar de la vida. A pesar de sus diferencias, empiezan a entablar una amistad que les cambia por completo.

Esta amistad entre ambos es quizás lo más especial del libro, pues empieza a surgir de forma muy natural y se manifiesta con hechos, más que con palabras, a lo largo de todo el libro. Nos enseña que no importan nuestras diferencias sino la lealtad y lo que logremos aportar al otro.

Benjamin Alire Sáenz nos transmite en Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo estos valores a la perfección, gracias a estos dos personajes tan especiales. De Ari me ha encantado su espíritu de sacrificio, su curiosidad, su divertida ironía y la relación con sus padres, tan tierna como sufrida. De Dante he admirado su sinceridad y su capacidad para disfrutar de cada segundo de la vida, a pesar de los problemas del día a día.

Con ambos he reído, llorado y sufrido en cada una de las páginas. Además, me ha encantado el hecho de que no son los típicos personajes de novela juvenil a los que estamos acostumbrados: valientes, fuertes y que se comportan como unos héroes todo el tiempo. No. Son personas reales, con problemas de la vida real. Personas que son como tú y como yo y que deben afrontarse, como lo hemos hecho todos, a las dificultades de la transición entre la vida adolescente y la adulta.

En cuanto a sus familias, aunque se supone que tienen un papel secundario en la novela, están presentes en todo momento y apoyan a sus hijos en todas sus decisiones. El padre de Ari es el que más me ha gustado porque, a pesar de haber sufrido una experiencia traumática, hace todo lo posible por conectar y comprender a su hijo. Es el vivo ejemplo de que a veces no se necesitan palabras para expresar lo que sentimos. Los ojos son casi siempre el espejo del alma.

La novela tiene un ritmo ágil en general, que hace que sus 350 páginas se lean prácticamente de una sentada. A pesar de que yo elegí la versión en inglés, el vocabulario y la gramática son facilísimos y no tienen ninguna complicación. Por esto y por todos los detalles que he enumerado anteriormente, no tengo ninguna duda de que es una de las novelas que releeré porque en una segunda lectura estoy segura que disfrutaré aún más. Es una novela que recuerda a la adolescencia y todos los conocimientos que se adquieren en esa etapa de la vida.

Recomiendo sin duda Aristóteles y Dante descubren los secretos del universo por ser una de las grandes joyas que he tenido la oportunidad de descubrir dentro de la literatura juvenil. Por tratar temas profundos como el amor, la familia, la amistad, la búsqueda de quiénes somos, de quiénes queremos ser y de nuestro lugar en el mundo, de forma tan exquisita y cercana que hace que te enamores totalmente de la historia. Por tratar de que, en definitiva, todos encontremos los secretos de nuestro propio universo.

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Estudios del malestar, de José Luis Pardo

Estudios del malestar

Estudios del malestarCreo que fue en el programa ‘El Objetivo’ donde Iñaki Gabilondo dijo una de esas frases que nos dan la razón a los que le consideramos como el mejor intérprete de la actualidad española: «Vivimos entre bostezos tiempos apasionantes», sentenció el periodista. Me parece un resumen perfecto de cómo nos estamos enfrentando a la época más entretenida a nivel informativo que muchos hemos presenciado en toda nuestra vida. El problema, seguramente, es que además de no enterarnos de buena parte de lo que ocurre a nuestro alrededor es que no sabemos valorarlo en frío, ya que en la sociedad de desenfundar el móvil y disparar un tuit lo más rápido posible, la documentación y la profundización sosegada en los temas han acabado desplazadas a un plano marginal, casi reservado para los académicos.

José Luis Pardo, catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, es un habitual en el arte de recoger las inquietudes contemporáneas hacernos ver que casi nada es tan nuevo como parece, ya que mucho de lo que ahora ocurre no es sino una actualización de lo que aconteció décadas e incluso siglos atrás. En el caso de Estudios del malestar, libro que fue galardonado con el premio Anagrama de ensayo 2016, Pardo centra su reflexión en el fuerte desencanto que se vive en el mundo desarrollado desde el estallido de la última gran crisis económica y en cómo algunos intentan aprovecharlo políticamente.

Una de las cosas que más he apreciado de este ensayo es que, a pesar de que trata ideas y conceptos realmente complejos, el autor trata de hacer atractiva la lectura por medio de la inclusión de comparaciones y metáforas, de algunos toques de humor o de ejemplos de la historia española reciente. Podría decir que Pardo juega con la filosofía, combinando reflexiones trascendentales con otras mucho más mundanas, que toman como referencia eslóganes publicitarios o anécdotas divertidas para hacer más fácil al lector la digestión de sus ideas. Aun así, no diría que es un libro asequible para todo tipo de lectores ya que, al menos por mi parte, ha requerido de esfuerzo y de búsquedas en Google para comprender algunas de las referencias e ideas —y, con todo, creo que me ha quedado una buena parte por comprender—.

Hay otros asuntos, eso sí, en los que, aun sin que el autor haga referencia directa a los protagonistas, es fácil deducir a quienes señala con sus palabras. Por ejemplo, en lo relativo al populismo; buena parte de las advertencias y consideraciones que pone el filósofo sobre la mesa aluden a Podemos, un partido que en sus poco más de tres años de vida ha levantado numerosas ampollas en la clase política tradicional, si bien no ha conseguido todavía su propósito de tomar el cielo, ni por asalto, ni por consenso. Sin compartir completamente su visión sobre el fenómeno del populismo —que, a grandes rasgos, se puede resumir en que es la forma en la que los antiguos comunistas han conseguido disfrazar y hacer su mensaje más atractivo para el pueblo— el repaso que hace, tanto a nivel filosófico como político, en torno a cómo ha ido evolucionando el pensamiento desde mediados de siglo pasado hasta la actualidad me ha resultado brillante y enriquecedor. Al fin y al cabo, lo más positivo para forjar un juicio propio es escuchar los razonamientos de muchos otros, especialmente si son tan trabajados como el de Pardo.

Si en una novela lo principal que busco es que haya un buen narrador detrás que consiga mantenerme atento hasta la última línea, en este tipo de ensayos mi principal motivación es que sean capaces de hacerme pensar y creo que, independientemente de las ideas que defienda cada uno, Estudios del malestar es un texto muy interesante para todos aquellos que quieran tener unas cuantas horas de reflexión sosegada en torno a por qué se están produciendo cambios tan importantes e imprevisibles a nivel mundial.

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Boy, Snow, Bird, de Helen Oyeyemi

Boy, Snow, Bird

Boy, Snow, BirdCuando me dispongo a escribir una reseña, la primera pregunta a la que siempre me enfrento es ¿de qué trata este libro? Jamás he leído nada que admita una única respuesta a esta pregunta. En más de una ocasión he tenido que claudicar mis investigaciones con eso de que todas las respuestas anteriores son correctas. Y me siento un poco defraudado, como si no estuviese haciendo bien mi trabajo. Como si al fiscal del distrito se le estuviese escapando algo entre el número infinito de documentos que ha recolectado. Algo de esta confusión multirespuesta me ha embargado con la última obra de Oyeyemi. No llega a las 300 páginas y la cantidad de asuntos que trata se merece mucho más que una reseña. Yo le dedicaría una entrada en el club de lectura de Oprah. O la haría lectura obligatoria en institutos y sociedades secretas. Siento algo de fascinación por esta maravillosa novela. Es demasiado lo que me ha ofrecido para las pocas palabras de elogio que puedo yo escribir desde aquí. Sin embargo me limitaré a asumir mi papel y dejar las revoluciones literarias para otro momento. Helen Oyeyemi ha entrado en la madurez absoluta con esta novela de iniciación a tres bandas que convoca a unos personajes femeninos con la fuerza de los clásicos y con la absoluta vigencia del telediario que pudiste haber visto ayer mientras cenabas.

Boy, Snow, Bird gira en torno a tres mujeres relacionadas de un modo u otro, buscando todas ellas su lugar en un mundo que no parece del todo dispuesto a satisfacerlas. Empezamos con Boy, que huye de un hogar y de una vida que la menosprecia para llegar a Flax Hills, donde puede rehacer sus maltrechos pasos hasta convertirse en la esposa de Arturo Whitman y madrastra de Snow. La llegada de Bird, hija biológica de Boy pondrá patas arribas el hogar de los Whitman al traer consigo una revelación ante la que nadie puede apartar la mirada. El elenco de personajes secundarios que acompaña a estas tres mujeres les insufla más vida si cabe, tejiéndose en torno a este trío una red dramática de venganzas y redenciones con un final absolutamente inesperado y evocador. La capacidad de Oyeyemi para insuflar de vida las calles y las casas de su pequeño pueblo americano es digna de mención. Muchas de las historias secundarias se solucionan y otras, no; ya que, como en la vida misma, uno nunca sabe qué sucede detrás de cada puerta. Detrás de cada persona.

El estilo de la escritora inglesa de origen nigeriano me ha cautivado. No recuerdo haber leído un primer capítulo tan magnético y envolvente en mucho tiempo. No sé si podemos hablar de realismo mágico o fábula posmoderna. Incluso diría que esa capacidad de mezclar feminismo y cuentos de hadas bebe de las fuentes de Angela Carter y La Cámara Sangrienta.  Pero lo cierto es que los primeros compases de Boy te hacen entrar en su mundo y asumes como válido los preceptos con los que el personaje carga. Que esto suceda en las primeras quince páginas de novela no hace más que confirmar que estamos ante una narradora experta en su oficio. Capaz de reformular los arquetipos clásicos de los cuentos en personajes redondos que respiran, se contradicen y crecen en el transcurso de la novela.

¿Tienen vigencia los cuentos de hadas? ¿Siguen vivas las historias que nos contaron de pequeños? Todos conocemos dichas historias. Son lugares comunes, lugares de tránsito. Sin embargo, muchas de las moralejas de estos relatos infantiles ya no tienen cabida. Oyeyemi parte de esta falta de interés para otorgarle a dichas fábulas la capacidad de volver a brillar hablando de aquello que hoy nos interesa. Recoge el testigo y reformula las narraciones que nos han visto crecer. Sin perder el tono, sin dejar de lado los giros de guión, nos habla de racismo, de maternidades truncadas, de belleza y de mujeres que se enfrentan a sus opresores. Exigid a alguien que os lea Boy, Snow, Bird antes de ir a dormir porque sus personajes se asientan directamente en el origen de nuestra capacidad de asombro. En ese lugar donde iban a parar todas esas historias que nos hacían comprender cómo funcionaba el mundo.

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Trazado, de Andrew DeGraff

Trazado

TrazadoLo que me gusta de los mapas es que uno siempre se enfrenta a ellos con la idea de buscar algo. Un río, una equis roja, un poblado o a nosotros mismos. No sé bien cómo funciona el truco. Pero la cartografía y el rastreo siempre me han parecido tan inseparables como la navegación y la astronomía. Cuando estoy ante un mapa siento la imperiosa necesidad de no dejarlo de lado hasta que descubro algo que le otorgue un valor extra al trozo de terreno que representa. Por eso, saber de la existencia de este atlas literario que Impedimenta trajo a finales del año pasado ha sacado al investigador que hay en mí. Cada una de las piezas gráficas me ha devuelto la fe en mi capacidad de ver más allá de lo obvio. Si además tenemos en cuenta que estos mapas representan el recorrido físico y psicológico de obras indispensables de la literatura, el reto gana interés por momentos. Lectores y cartógrafos encuentran en Trazado un objeto de deseo atractivo y único por el mero hecho de dar las coordenadas ideales de unos personajes y unas historias que nos han acompañado desde siempre.

Andrew DeGraff es un diseñador amante de los mapas que un día decide llevar a cabo un proyecto ambicioso y absolutamente necesario. Diseñar un compendio de infografías de carácter didáctico sobre obras universales de la literatura. Desde La Odisea hasta Esperando a Godot, pasando por Borges, Shirley Jackson o Flannery O’Connor. Como puede deducirse de esta ecléctica selección, el reto está servido y DeGraff consigue salir airoso de situaciones absolutamente imposibles de plasmar en términos cartográficos como en el caso de la obra de Beckett. Cada mapa viene acompañado de un texto introductorio que nos explica no sólo el por qué de la obra elegida, sino la reelaboración de dicha pieza en términos visuales y cómo la conjunción de ambos materiales otorga un nuevo nivel de significación al clásico en cuestión. El viaje enriquece y muestra nuevos parajes al sacarnos del recorrido meramente textual que ya conocíamos de la obra.

Ya es casi un cliché decir eso de que algunos libros te llevan a lugares en los que nunca has estado. Pero en el caso de Trazado, dicho afirmación no sólo es cierta, sino también pertinente. Y es que de las 26 piezas que componen esta maravilla, unas cuantas eran totalmente desconocidas por mí. En primer lugar quiero disculparme por mi humilde bagaje literario. Y en segundo lugar quiero decir eso de ¡Bendita ignorancia! porque que tu primera toma de contacto con una de las obras fundacionales de la literatura universal sea un mapa de este señor es como recibir la mejor primera impresión que un lector puede tener de cualquier obra de ficción. No exagero. No pretendo inflar expectativas. Quizá a ti, que lees esto, no te afecten las cosas diseñadas para enamorar al ojo y a la cabeza. Yo, que no soy inmune a un libro bien diseñado, no puedo más que aplaudir ante un objeto tan bien acabado como éste.

¿Conoces esa sensación de mirar un mapa del mundo y sufrir vértigo y excitación al ser consciente de todos los lugares que aún te faltan por visitar? Ese mismo subidón que uno sufre al entrar por primera vez en una biblioteca nueva, ya sea pública o privada, y ver todas esas historias que no conocías y que están ahí, esperando agazapadas a que les des una oportunidad. La anticipación y las posibilidades. Imagina meter ambas experiencias en un mismo momento. Imagina que descubrir lugares y libros sean una misma cosa. En el mismo acto el viajero y el lector reclaman tu interés y deciden encenderte. Pues este fenómeno sobrenatural y maravilloso es un hecho gracias a Andrew DeGraff y a la editorial Impedimenta. Buen viaje, lector.

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Preventorio de Guadarrama. La voz de la memoria, de Consuelo García del Cid Guerra y Chus Gil

Preventorio de Guadarrama

Preventorio de GuadarramaAquellos de ustedes que estén familiarizados con la obra de Consuelo García del Cid no se sorprenderán ante esta nueva obra. Preventorio de Guadarrama abunda en uno de los aspectos que ya trató en sus obras anteriores, Ruega por nosotras y Las desterradas hijas de Eva: el inaceptable trato dispensado a muchas niñas en los preventorios antituberculosos del franquismo (y hasta fechas sorprendentemente posteriores) resultado de la aplicación de principios ideológicos a lo que debiera haber sido una labor asistencial. En condiciones normales les diría que en lugar de eso fue una labor de adoctrinamiento pero eso sería faltar a la verdad, porque la realidad es que se trató sencillamente de centros temporales de reclusión en los que las niñas eran sometidas a todo tipo de humillaciones. Y muchas llegaban a ellas voluntariamente (entendiendo como voluntad la de las familias) porque se tenían por lugares de reposo, incluso por remansos de paz, pero una parte importante, mayoritaria si se atiende a los testimonios de este libro, fueron víctimas de unos malos tratos injustificables no ya con nuestros parámetros éticos de entrado el siglo XXI, sino incluso con los de entonces.
Las autoras, víctimas a su vez, tienen la grandeza de reconocer que no todas las niñas que pasaron por allí vivieron una experiencia parecida (de hecho de las identificaba por colores y vivían en pabellones diferentes, lo que sospecho que no era casual), pero yo me atrevo a decir que resulta completamente indiferente que se obligara a comer el vómito como método para combatir la desnutrición o se quemara con cerillas como método para combatir la incontinencia urinaria al 90, 70, 50 o 10% de las niñas o incluso a una sola. No es la cantidad la que merece un reproche sin paliativos, sino el hecho.
Pero Consuelo García del Cid y Chus Gil no se limitan en Preventorio de Guadarrama a exponer el catálogo de vejaciones que sufrieron las niñas ni a recopilar los testimonios de muchas de ellas (que no sólo incluyen malos tratos físicos y psicológicos sino que llegan al abuso sexual en algún caso). Tampoco se limitan a reflexionar sobre las secuelas psicológicas que muchas de ellas arrastran de por vida. Hacen algo más, algo muy inteligente si se me permite: un relato del camino que siguieron para hacer conocida su historia, para aparecer en los medios y combatir las trabas y la hipocresía a las que se tuvieron que enfrentar. Y resulta sumamente interesante porque ilustra a la perfección la cortedad de miras de muchos de los que nos gobiernan, porque demuestra que aún hay gente que considera aceptable tapar cualquier hecho, por atroz que sea, en aras del supuesto “buen nombre” de un pueblo o sus habitantes como si hubiese algo más positivo para la imagen pública de un población que la transparencia y la gestión desde parámetros éticos. Este libro no es sólo una denuncia del pasado, es una lección para el presente.
Obviamente no es un relato aséptico ni imparcial, las autoras toman partido como sin duda lo tomarán los lectores, pero no por ello deja de ser un relato documentado y riguroso que trata de iluminar una de las páginas más oscuras, por no decir desconocidas, de nuestra historia reciente.
Permítanme una última reflexión. Tuve la fortuna, por no decir el honor, de asistir a un episodio que se relata en Preventorio de Guadarrama, la presentación de la anterior obra de Consuelo García del Cid en la Casa del Libro de la calle Fuencarral, en Madrid, a la que asistieron muchas de las mujeres, niñas en la época de los preventorios y patronatos de la mujer y víctimas aun hoy en día (entonces de las vejaciones que padecieron y hoy del silencio y la incomprensión), que constituyen el grupo de quienes ellas mismas se llaman sisters, y fui testigo directo de la emoción y del dolor que las unían y créanme, no sólo me considero un privilegiado por haber podido asistir a una reunión tan conmovedora como admirable, sino que puedo dar fe de que allí había algo más que todo lo antedicho: había verdad y había ganas de reconocimiento. Eran generosas, no pedían más justicia ni más reparación que la moral, que el hecho de ver reconocido aquello por lo que pasaron. No quieren abrir arcas ni rejas, quieren abrir archivos. Yo no sé a ustedes pero a mí no me parece pedir tanto.

 

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

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Preparación para la próxima vida, de Atticus Lish

Preparación para la próxima vida

Preparación para la próxima vidaLlevo tiempo sabiendo de la existencia de esta novela. Desde su publicación en 2014 cuando empezó a ganar premios hasta finalmente decidieron traducirla al castellano. He seguido todas las reseñas de los grandes medios y todas las pequeñas radiografías llevadas a cabo por el ciudadano medio. No, no creo que llegase a obsesionarme con la novela, pero sí sentí que, de algún modo, me vería arrastrado hacia ella. Ahora, una vez leída, entiendo que “arrastrado” es el término que mejor define mi experiencia. Y es que Atticus Lish ha ganado premios y renombre por desenterrar cadáveres en un día de lluvia. Esta es la historia de amor con más barro que recuerdo. Y decir que es una historia de amor es andar muy cerca de un desfiladero terminológico. Quería acercarme tanto a esta novela que no pude esquivar lo que recibí a cambio. No recuerdo una novela tan dura desde aquel festival de violencia que fue Meridiano de Sangre. Bienvenido al fin de la esperanza y a la reinvención del amor. Bienvenido a Preparación para la próxima vida.

Ambientada en un Nueva York post 11S, la historia nos cuenta el encuentro fortuito y desolado de dos criaturas que se necesitan a pesar de ser antagónicas. Skinner, un veterano de la guerra de Irak incapaz de hacer un alto al fuego dentro de su cabeza; y Zou Lei, una inmigrante ilegal de origen chino y musulmán. Una suerte de Romeo y Julieta desvaídos y carentes de magia, que luchan por creer en algo incluso cuando la realidad no para de pisotearlos. El ambiente turbio de los bajos fondos neoyorquinos se encarga de poblar la novela de personajes crueles y buscavidas, cuyo único lema vital que aún les acompaña es el sálvese quién pueda. Olvídate de ese Nueva York chic. Olvídate de zapaterías de lujo y restaurantes en la parte alta de los rascacielos. Nuestros personajes van a la deriva entre Foot Lockers y McDonalds de horarios nocturnos. El oportunismo y la necesidad de un cambio les hará reflexionar sobre cuánto tiempo les queda antes de que llegue algo y les arrebate lo poco que aún pueden considerar como propio.

El estilo de Atticus Lish es duro y demoledor. La novela puede jactarse de dejar sin aire a más de uno. La dureza del relato está aderezada con escenas de batallas militares en las que poco queda de algo que pueda llamarse humano. El ambiente bélico, así como el abuso en cárceles norteamericanas a inmigrantes sin papeles son el colofón a una historia basada en el dolor como medio para despertar la empatía. Diálogos directos y escenas callejeras dan el último pulido a una historia incapaz de dejar a alguien impasible. Porque Zou Lei y Skinner confunden durante muchos pasajes el amor y la necesidad de otro humano. Tantas veces, que incluso uno acaba creyendo que puede que la versión errónea de dichos conceptos sea la que posee el lector y no los personajes. Así de bueno es aquello que se arrastra entre las páginas de Preparación para la próxima vida.

Hemos tardado dos años en traer esta historia hasta nuestras fronteras. He esperado con verdadera devoción para poder tenerla en esta más que correcta edición que ha elaborado Sexto Piso. Y ahora tengo miedo. Esperar algo, una nueva oportunidad, un historia de amor como las de antes, un futuro mejor. Esperar es otorgarle a la paciencia el peso de nuestra toma de decisiones. Esperar es aguantar a que él se cure o a que ella no tenga que esconderse cada vez que se cruza con un policía. Lo terrible de esperar, como uno aprende desde la primera página de esta pieza absoluta de dolorosa autenticidad, es que a veces aquello que llega preguntando por nosotros dista mucho de aquello que creíamos que vendría. No te pierdas esta novela. Pero no esperes leer la historia que creías que iba a ser.

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La invención de la naturaleza. El nuevo mundo de Alexander von Humboldt, de Andrea Wulf

La invención de la naturaleza

La invención de la naturaleza¿Inventó Humboldt la naturaleza? La respuesta es sencilla: no. Incluso se podría ampliar: no, obviamente. ¿Es entonces inapropiado el título de esta obra? La respuesta es igualmente sencilla: no. El título es no sólo pertinente sino brillante porque Alexander von Humboldt inventó nuestra forma de mirar a la naturaleza, y sólo por eso ya deberíamos estarle agradecidos. Esa gratitud bien podría ser motivo suficiente para leer este libro, pero si no lo fuera, aquí va otro: es apasionante. Si el acercamiento a su figura en lo que se refiere al mundo científico difícilmente podría ser más interesante, el relato de su vida que también es La invención de la naturaleza, supone una novela de aventuras tan entretenida como emocionante. Sin embargo poco queda hoy en nuestro imaginario colectivo de la figura de quien fue calificado en su tiempo y sin ditirambos como el hombre más importante del mundo, pero el catálogo de lo que de sus ideas pervive en nosotros es interminable. Y resulta interesante una reflexión al respecto de Andrea Wulf, la autora, en el sentido de que además de por las circunstancias históricas obvias poco propicias para la imagen de un alemán, su memoria murió de éxito, logró que sus ideas arraigaran hasta tal punto en las nuestras que nos resultan naturales, innatas y por tanto nos cuesta reconocerles una paternidad más allá de nuestra propia conciencia.
La invención de la naturaleza es un relato dinámico, ágil pero tremendamente documentado y exhaustivo. El trabajo de Andrea Wulf es, en ambos sentidos, admirable. Un relato de divulgación con parámetros científicos de exigencia académica que se puede leer como un relato de aventuras de Emilio Salgari, si se desea, es una rareza francamente destacable.
Humboldt es además uno de los últimos científicos con vocación de entenderlo todo, con ánimo, energías y voluntad de abarcar cuantas disciplinas excitaran su curiosidad, que fueron básicamente todas. Y de realizar aportaciones valiosas en prácticamente todas ellas. Hoy día una figura así es irrepetible en parte porque la ciencia ha avanzado por un camino de especialización que hace imposible esa vocación renacentista y cuanto más en profundidad se conozcan las cosas más imposible será recorrer un camino diferente del de la hiperespecialización. Pero en parte también por una concepción diferente de la ciencia, por una mirada romántica que la convertía en una aventura y por una preocupación no sólo ética y científica, sino también estética, que hoy se ha perdido prácticamente del todo. Humboldt se preocupaba del lenguaje, de la dimensión poética de la forma en que expresaba sus teorías, y basta acercarse a cualquier ensayo científico de hoy día para comprobar que eso ya no ocurre. Y es probable que se deba también a la especialización y la profundización técnica en el conocimiento y que por tanto sea inevitable, pero a mí al menos es algo que me entristece.
El hecho de que La invención de la naturaleza presente a Humboldt como el gigante que fue y el que debería seguir siendo, no significa que Andrea Wulf haya escrito un panegírico. Su objetividad no se pierde cuando enfrenta las contradicciones o los aspectos negativos del personaje pero eso, si me lo permiten, lo agiganta aun más. Gigante, sí, pero humano.
La nómina de personajes en los que influyó o con los que tuvo trato, que vienen a ser la misma cosa, es francamente apabullante. Cualquiera de los grandes científicos que uno ha conocido como padres de sus disciplinas en la historia de la ciencia moderna que se estudia del instituto en adelante se reconoció influido por Humboldt, pero además otros personajes como Pushkin, Thomas Jefferson, Thoreau o Simón Bolivar, por ejemplo (la relación sería larga, créanme) se declararon deudores de su pensamiento.
Resulta imposible leer hoy día La invención de la naturaleza sin un asomo de incredulidad, un personaje tan inabarcable es hoy día inconcebible, pero créanme, ese asombro les vendrá muy bien a la hora de perderse con él por las selvas de Latinoamérica, Australia o Rusia, les pondrá en situación porque probablemente al principio a sus contemporáneos les ocurriera lo mismo. Sólo les piso una cosa: cuando cierren el libro déjense puestos esos ojos de asombro y miren al mundo en general y a la naturaleza en particular con ellos. Sospecho que si se lograra eso aunque se olvide nuevamente la figura de Humboldt, él se daría por satisfecho.

 

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

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