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El arte de escribir, de AA.VV

El arte de escribir

El arte de escribirYo tengo letra de elfo, es un hecho. Mi caligrafía es muy de Rivendel. También me han comentado que se parece a la caligrafía griega (esa que los de humanidades hemos estudiado tan bien).  No sé, orejas puntiagudas no tengo, pero sí es cierto que los trazos de mis letras son entre afilados y oblicuos y que algunas de mis grafías son un tanto personales. Una cosa mu’ rara, qué queréis que os diga. Hay gente a la que le gusta y gente a la que no, pero eso ya me da más igual. Es legible, que es lo que cuenta.

Lo cierto es que hoy en día existe una moda en torno al arte de escribir. Puede que Mr.Wonderful  y su tipografía tengan la culpa. Os guste más o menos, hay que reconocer que ellos han sido pioneros en esto de la tipografía bonita. De hecho, hay un montón de gente que les ha copiado vilmente su sello. Supongo que cuando te copian es porque eres bueno. Lo malo es que ya estamos un poco saturados de ese buenrollismo de lettering, ¿no os pasa?

El arte de escribir es una de las novedades de Ediciones B y su portada es muy Mr. Wonderful. No fue eso lo que me incitó a leer el libro. Siempre me han fascinado las letras bonitas. Me gusta conocer la caligrafía de las personas porque creo que a través de ella podemos descubrir muchas cosas de su personalidad. Nuestra letra dice mucho de nosotros. Y a mí, además de letra de elfo, me gustaría aprender a hacer diferentes tipos de letras y este libro es genial para iniciarse.

¿Qué necesitamos? En primer lugar lápiz y goma, por supuesto. Hay que aprender de los errores. También necesitaremos rotuladores uniformes y rotuladores gráficos. Y, claro, un poco de paciencia y tiempo libre. Este es un libro para tomárselo con calma, para disfrutarlo. La verdad es que relaja muchísimo esto de aprender a usar nuevas tipografías.

El libro está compuesto por una introducción en la que se nos habla sobre las diferencias entre caligrafía, tipografía y lettering y se nos presentan los materiales necesarios y las aplicaciones de la caligrafía hoy en día. Después pasamos a la práctica: como si de un cuadernillo Rubio de caligrafía se tratara, este libro nos presenta diferentes tipos de letra (lineal, gota, oval, masa o pergamino, entre otras) y un espacio para que practiquemos. Encontraremos un mensaje buenrollismo escrito con dicha tipografía para que, una vez la hayamos practicado, podamos copiar. Un “seamos realistas, hagamos lo imposible” o un “la vida es bella” de manual, pero con nuestro propio sello.

Por último, El arte de escribir nos ofrece un montón de consejos y usos para todas las tipografías que hemos aprendido como etiquetas para regalos, invitaciones, marcapáginas o láminas. ¡Es hora de ser creativos!

Voy a ver si salgo de mi zona de conforto élfica y me animo a crear un poco. La idea de los marcapáginas me seduce mucho, creo que empezaré por ahí.

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Un buen día para desaparecer, de Sanz i Vila

Un buen día para desaparecer

Un buen día para desaparecerHoy os traigo otra apuesta de la editorial Lunwerg, especializada en
libros de arte y fotografía. Un buen día para desaparecer es una de las novedades de su atractivo catálogo y sobre este libro vengo a hablaros. El título me gustó, la verdad. Siempre es un buen día para desaparecer. Cuando leí la frase que aparece debajo del título me perdí un poco: “Mi viaje inesperado con el aro tricolor”. ¿Cóoomorrr?, me pregunté a mí misma. ¿Qué carajo es un aro tricolor y cómo se puede viajar con eso? Y como soy muy cotilla, la única manera que tenía de averiguarlo era leyendo el libro.

Vaya por delante que la portada no me gusta nada. Creo que es una de las más feas que Lunwerg ha sacado últimamente. Si el libro tuviera que venderse por la portada no creo que tuviera mucho éxito. ¿Cuestión de gustos? Supongo. Pero de verdad, me parece muy poco acertada. Creo que cualquier otra ilustración del autor hubiese funcionado mejor.

¿Quién es el autor del libro? Pues Sanz i Vila, un alicantino nacido en 1990 y que es bastante conocido entre los artistas de su generación. Licenciado en Bellas Artes, el ilustrador es autor de otros dos libros: Triamor y Los novios de Gael y su trabajo ha sido  exhibido en ferias de arte como Arco y Mulafes. Ha colaborado también para varias marcas de prestigio. La gran peculiaridad de este autor es que siempre dibuja con tres colores: rosa, azul y amarillo. Algo que llama la atención, pero que para él es simplemente su forma de trabajar y de pensar y que le ha permitido crear un sello y un lenguaje propio (muy pop y naif, todo sea dicho).

Estoy segura de que a vosotros también os han entrado unas ganas terribles de desaparecer una temporada, pero claro, no siempre es fácil. Su tuvierais un anillo tricolor eso estaría solucionado. Este libro, una continua mezcla de ficción y realidad, cuenta las aventuras del protagonista cuando un día descubre un extraño aro de piedra que le permite viajar con solo desearlo. Eso sí, el destino lo decide el aro tricolor y tú solo puedes dejarte llevar. Suena bien, ¿no? Creo que necesito uno de esos. No me vendría nada mal poder teletransportarme de esa manera.

Así, el protagonista de este libro viaja con su aro a lugares como las Cuevas de Chauvet, las Pirámides de Guiza o la isla de Pascua y sus increíbles Moáis. Hay un elemento común en todos estos viajes: en ellos la naturaleza, el arte y los animales.

También las dos caras del ser humano aparecen representadas en este libro en dos mujeres que encontrará en sus viajes. Una representa el lado más afable y la otra el más oscuro. Esos dos aspectos que, sin duda, todos tenemos.

Este libro es un viaje y al mismo tiempo es una fábula. Todos esos viajes, todas las vivencias en las que se ve inmerso el protagonista esconden mucho más de lo que podemos ver a simple vista. Hay una suerte de moraleja esperando a cada lector y es tarea nuestra aprender de ella.

Un buen día para desaparecer no es una maravilla de libro, no voy a engañaros. Tampoco se va a convertir en uno de mis preferidos, pero es un libro entretenido para pasar un rato y, por un momento, evadirse. O mejor aún, desaparecer.

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Vinilos, de varios autores

Vinilos

VinilosVinilos no es exactamente un libro, del mismo modo que un tomate no es exactamente una fruta o que Donald Trump no es exactamente un presidente. Es cierto que tiene forma de libro, que está publicado en papel e incluso que tiene algunas palabras (no muchas) escritas sobre sus páginas. Pero su objeto último no es el de narrarnos una historia, sino el de ofrecernos una gran recopilación de portadas de discos, para que seamos nosotros los que tengamos que ponerles la letra y la música.

Se trata de un trabajo muy minimalista, en el que los autores —los franceses Richard Gouard, Christophe Geudin y Grégory Bricout— han tenido muy claro lo que querían ofertar al público. Así, con una simple división en dos apartados, «fotografía» e «ilustración», se exponen ante nosotros un total de 242 portadas —que en muchos casos van acompañados de sus contraportadas, casi por obligación artística— sin que haya un orden aparente. Ni falta que hace.

Hablamos, como digo, de casi doscientas cincuenta portadas, recogidas bajo la atrevida denominación de “las mejores portadas de discos de la historia”. Y aquí se es obligada la pregunta impertinente de todas las listas de este tipo: «¿realmente son las mejores?» No seré yo el que lo afirme o lo desmienta. Por supuesto que me han faltado unas cuantas de mis favoritas en esta recopilación—ejem, Abbey Road, ejem, Is this It?—, pero al mismo tiempo me alegro de no haber visto otras muchas hasta el momento de encontrarlas en las páginas de este libro. Porque yo, que apenas viví la época en la que la primera referencia que uno tenía de un grupo era la portada del disco que se iba a atrever a comprar, he podido experimentar la sensación de sentirme seducido por algunas fotografías e ilustraciones realmente maravillosas, de las que luego he podido descubrir que contenían música de muy diversa calidad (lo siento, Roxy Music, pero soy más de vuestras portadas que de vuestros temas).

Como explicaba al comienzo de la reseña, además del prólogo y de los dos artículos que abren las secciones, los textos son muy escasos en este libro y se limitan a repasar la biografía de algunos de los fotógrafos e ilustradores más importantes de la historia reciente de la música. Y creo que esto es algo que en el fondo hay que celebrar. De todas las épocas y estilos musicales que están recogidos en este trabajo se han hecho fenomenales reportajes y ensayos; Vinilos, en lugar de entrar en esta pugna, deja que sean las propias portadas las que hablen. Y es complicado explicar el placer que se siente al admirar con detenimiento y en buen tamaño y calidad portadas como  la de From the inside, de Alice Cooper o la de Appetite for destruction, de los Guns and Roses.

Por todo ello diría que estamos ante un libro (o no exactamente) que merece la pena disfrutar lentamente, página a página, disco a disco, con paradas imprescindibles en las estaciones de servicio de YouTube o de Spotify para comprobar tranquilamente qué hay detrás de esos envoltorios tan trabajados e impactantes. Vinilos es, por desgracia, un reflejo del pasado de la música, en la que era tan importante trabajar el continente como el contenido. Por eso hay que guardarlo a buen recaudo, porque sus páginas contienen un tesoro al que no debemos renunciar: el de la convivencia del arte estético con el musical.

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Aves y otros animales, con Pablo Picasso

Aves y otros animales

Aves y otros animales¿Sabéis dibujar? A mí no se me da del todo mal. También es que tengo una madre pintora y supongo que algo llevo en los genes. Lo cierto es que en mi casa somos todos un poco artistas. Eso sí, a mí lo que se me da realmente bien es copiar (o imitar, que queda mucho mejor) un dibujo. Imaginación a la hora de dibujar tengo más bien poca. Algún defecto tenía que tener. Pero claro, no siempre se tiene a mano el modelo para copiar. ¿Sabéis cuál es la auténtica prueba de fuego? Cuando un sobrino te pide algo tipo “dibújame un caballo o un tigre”. Esa es la verdadera prueba, amigos. Dibuja tú un caballo y que no se parezca en nada, verás la cara que pone el niño (lo sé por experiencia).

Gracias a la editorial Phaidon, el tema de las aves lo tengo casi resuelto, porque en Aves y otros animales tenemos todas las claves para aprender a dibujar aves tan chulas como flamencos, gallos, pingüinos, pelícanos, pavos reales, avestruces o lechuzas. Y lo mejor de todo, es que aprenderemos de la mano de Pablo Picasso. ¿No es genial?

Este libro de cartón, diseñado para que los niños aprendan a identificar y dibujar animales, contiene un montón de bocetos prácticamente inéditos del magnífico pintor malagueño. Animales diseñados en un solo trazo, animales con fuerza y dibujados de manera muy original (no podía ser de otra forma con Picasso) que los niños identificarán rápidamente. Además, debajo de cada boceto del artista, encontramos un texto que enriquece, explica y aclara algo sobre el animal. Así que, además de una guía para dibujar, también, si le echamos imaginación, este libro puede ser una especie de cuento para nuestros pequeños.

Las páginas de cartón y el tamaño del libro hacen que los niños no tengan ninguna dificultad en manejar el libro ellos solos. Es realmente práctico.

A mí me parece una forma maravillosa para introducir también a los peques en el mundo del arte. Poder explicarles a través de estos dibujos quién fue Pablo Picasso y enseñarle algunos de sus cuadros más famosos para que vayan aprendiendo a conocer y reconocer grandes pintores. En la página final encontramos un texto adaptado para los niños en el que se hace una breve reseña sobre Pablo Picasso que puede servirnos como introducción para hablar más sobre el artista y su obra e introducirles en el maravilloso mundo del arte.

Aves y otros animales entra dentro de una colección de la editorial Phaidon llamada Primeros pasos con grandes Artistas. En ella encontramos a otros magníficos pintores como Henry Matisse o Josef Albers.

Y aunque en el libro aparezcan principalmente aves, también podemos encontrar otros animales como el conejo, el zorro, la ardilla, el camello, el perro o las tortugas.

Ahora sí que no tengo excusa. La próxima vez que un sobrino me pida que le dibuje un animal, me tiene que salir perfecto. Eso sí, si me pide que le dibuje un elefante, le sugeriré: ¿no quieres que te dibuje mejor un avestruz? Y todos contentos.

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Tres cuentos, de Eugenio Carmi y Umberto Eco

Tres cuentos

Tres cuentosCreo que una de las características principales que tiene que tener un escritor para que podamos empezar a tratarle como pope de la literatura es que no nos extrañe ver novedades editoriales con su nombre aun después de muerto. Esto es lo que pasa con Umberto Eco, aunque sinceramente digo que no me extrañaría que siguiera publicando desde ultratumba. Autor de un sinfín de obras, tanto teóricas como novelescas, y entre las que me atrevo a destacar – como fan fatal que soy de ese libro – El péndulo de Foucault, esta vez Umberto Eco llega a las librerías de la mano de DeBolsillo para recuperar tres cuentos escritos por su puño y letra y acompañados por las ilustraciones de un buen amigo suyo, Eugenio Carmi.

En estos Tres cuentos, traducidos por Esther Tusquets y Silvia Querini, se plasma la conciencia de un escritor que también fue, que sobre todo fue, persona. En ellos, los tres de lectura rápida y vocabulario infantil, Eco busca hurgar en la llaga de la tara que marca al ser humano. Si en el primero nos encontramos con un general que almacena bombas atómicas en el sótano para provocar una gran guerra, en el segundo viajamos con tres cosmonautas de tres países distintos que buscan en el universo, sin encontrarla, la reafirmación de que ellos y su sentimiento de patria son únicos, superiores; y en el tercero acabamos siendo la mofa de unos gnomos extraterrestres a los que vamos, por derecho propio, a conquistar. Taras universales.

He hablado de vocabulario infantil, de lectura rápida, pero ya veis que no siguen estas pautas los temas tratados. Umberto Eco y las ilustraciones de Eugenio Carmi que acompañan a cada página del texto buscan mostrar al lector lo engañados que estamos por sentirnos importantes, por sentirnos absurdamente importantes. En el primero de los cuentos, ‘La bomba y el general’, los átomos que componen la bomba atómica acaban representando la coherencia por encima del ser humano, ansioso de destrucción, destrucción externa e, inconscientemente, interna. En el segundo, ‘Los tres cosmonautas’, un americano, un ruso y un chino viajan hasta Marte en naves y trayectos distintos – porque ellos son distintos entre sí – y allí se encuentran, pero las diferencias – o eso creen ellos – son demasiado grandes para entenderse, por eso se odian y tendrá que ser un marciano con antenas y seis brazos quien les haga ver que la diferencia nace – y por consiguiente muere – en la imaginación. Y por último, en ‘Los gnomos de Gnu’, tienen que ser unos gnomos preguntones de un planeta muy lejano quienes muestren de cerca la realidad del planeta Tierra a un conquistador convencido de la superioridad humana con respecto a todo lo encontrable en el exterior. Nada más lejos de la realidad.

Tres cuentos es un libro cargado, en muy pocas páginas, de todo lo necesario para un niño – y para esos niños a los que ya la gente nos llama adultos –, y me vengo a referir a los valores de la fraternidad, de la amistad, la coherencia, la armonía, la felicidad, la verdad y, algo muy importante, el respeto a nuestro planeta, al medioambiente, a nuestro entorno. Porque está claro que si empiezas a cuidar lo que hay fuera acabarás cuidando lo que hay dentro, y lo que hay dentro eres tú. No mires arriba y sientas lástima o incluso te regodees porque los de allá arriba – que los hay – no están viviendo en este maravilloso planeta. Porque el adjetivo “maravilloso” está empezando a perder letras y ellos, los de allí arriba, lo están viendo mejor que nadie. Con Tres cuentos pasará lo que pocas veces ocurre en el género de la ciencia ficción, te pasará que no querrás ser como el protagonista. Debo terminar con la última frase del libro: «¿Por qué no nos ponemos nosotros a hacer lo que harían los gnomos de Gnu?».

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Arte a la carta, de Benjamin Chaud

Arte a la carta

Arte a la cartaAntes de nada, deberíamos preguntarnos algo: ¿qué es el arte? A partir de aquí, seguro que muchos – yo el primero – ya estaríamos totalmente perdidos. Sí, no sabría definir qué es el arte ni tampoco defender por qué hay cosas de lo que se denomina arte que me gustan y otras que no. Me gusta comer y ya que como quiero comer bien, ¿es la gastronomía un arte? Puede que así lo sea y en este caso, por suerte, no tengo que aparecer yo defendiendo algo que no sé defender porque ya están los dibujos de Benjamin Chaud para hacerlo en este Arte a la carta que trae como novedad Libros del Zorro Rojo. 

El ilustrador francés, que podemos ver normalmente en ilustraciones de libros infantiles, se destapa ahora ofreciendo a los amantes de la literatura ilustrada treinta y dos visiones de los más grandes artistas de los últimos tiempos, todos con un denominador común: el plato, la mesa, la comida. Chaud coge el estilo característico de cada uno de los artistas representados y lo lleva a su terreno. Los sienta a una mesa y les da un giro irónico con el que consigue mezclar el arte de estos con la vida cotidiana de todo comensal. Vemos ese arte en forma de hilo tan característico de Louise Bourgeois transformado en una inmensa araña que la artista francesa se encuentra en la sopa, o a Van Gogh contemplando atónito cómo un cocinero japonés convierte su oreja en ‘nigiri’, o a Andy Warhol ante el descubrimiento de que la sopa de tomate es aburrida.

Treinta y dos ilustraciones que sacan el rasgo diferenciador de cada uno de los artistas a los que representan para explotarlo de la forma más gastronómica posible. Cargados todos de humor y color, los dibujos de Benjamin Chaud son un soplo de aire fresco ante lo cargado que está el aire alrededor de figuras tan consagradas como las representadas. Todo en esta vida es risible, nada pesa tanto como pueda parecer. Coger a Dalí y hundirle el reloj en una ‘fondue’ de queso, darle a comer a Frida Kahlo su propio corazón o vacilar a la Venus de Milo con un McMenú para llevar son algunos de los ejemplos de ello.

Sentados a una mesa el tiempo discurre leve e incluso a veces da la sensación de que desaparezca, y con él desaparecen las trabas, las barreras que nos imponemos, los filtros, las máscaras, nosotros. Déjate desaparecer, olvídate de que eres o no eres importante, huye de ti mismo lo más lejos que puedas. ¿No te pasa esto cuando te sumerges en un buen libro? Hazlo con Arte a la carta, es lo que él busca y quiere.

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Todo empieza aquí, de Meera Lee Patel

Todo empieza aquí

Todo empieza aquíDebe ser que ando inmersa en una crisis existencial y todavía no me he dado cuenta. Y es que los libros no sólo valen para conocer los gustos de otra persona, también sirven para conocerse y analizarse a uno mismo. Si rastreo en el buscador todas las reseñas que llevo escritas hasta la fecha no sabría qué decir. Mis lecturas no siguen un patrón de gustos claro. Lo mismo leo un poemario, que un libro de medicina sobre la ansiedad, una buena novela o algún cómic. Yo me voy guiando por mi instinto y la verdad es que me funciona. Ahora, si tuviera que analizarme alguien según mis lecturas no sé bien qué imagen podría formarse de mí.

Decía lo de la crisis existencial porque ya llevo un par de libros de este tipo: libros-diarios que te ayudan a conocerte a ti mismo, como éste Cómo ser valiente, justo, feliz y otras cosas en la vida (o al menos intentarlo) de Aitor Saraiba o Todo empieza aquí, el libro del que hoy os hablo. Bueno, también es verdad que deben estar de moda y aunque yo nunca he sido muy fan de los típicos libros de autoayuda, estas nuevas propuestas me parecen bastante más interesantes. ¿Sobre mi crisis? Será la de los treinta, será de la aprender a madurar o será simplemente que todavía ando conociéndome. Libros como éste son muy útiles para resolver todas estas crisis existenciales.

En Todo empieza aquí, Meraa (¿será mi prima lejana?) nos regala un libro que es mucho más de lo que aparenta ser: se trata de un diario creativo lleno de lecciones y ejercicios para los que tú y solo tú, lector, tienes las respuestas. A través de estos ejercicios y reflexiones podremos llegar a conocernos mejor a nosotros mismos.

Este diario, todo obra de la artista autodidacta y afincada en Brooklyn, Meraa Lee (quien por cierto es guapísima) es visualmente muy bonito y naif. Antes de cada ejercicio encontramos una cita inspiradora de autores y personajes tan conocidos como Virginia Woolf, Juana de Arco, Oscar Wilde, Shakespeare, Ovidio o Harper Lee. A mí me gustan mucho coleccionar citas (aunque a veces mi memoria de pez no me permita recordarlas), y en este diario-libro cada página cuenta con una cita muy acertada y estéticamente muy bonita acompañada por las ilustraciones de Meera.

Ya que Todo empieza aquí trata de allanarnos el difícil camino para poder llegar a conocernos, la autora nos propone una serie de ejercicios bastante útiles para reflexionar algunos aspectos de nosotros mismos que, ya sea por falta de tiempo o incluso por miedo, nunca nos hemos detenido a analizarnos entre tanto caos.

En palabras de la autora:

“Quise escribir un libro brújula. Que ayudara a la gente a encontrarse a sí misma entre la confusión y el caos que rodea, día a día, nuestra vida (…) producir trabajo y contar historias que se basan en nuestros propios pensamientos, corazón y espíritu requiere un tipo de valentía profunda e inquebrantable”.

Algunos de los ejercicios que la autora nos propone son más fáciles que otros, como hacer una lista sobre cinco cosas que inmediatamente te hagan sonreír (aunque yo tuve que pensarlo un rato, no os vayáis a creer -debo ser también prima de Miércoles Adams-), otro ejercicio en el que nos pide que escribamos diez de nuestros grandes sueños que aún no se hayan hecho realidad o que escribamos sobre algo bueno que hayamos hecho por alguien en las últimas veinticuatro horas.

Hay ejercicios más duros, pero más liberadores como pensar en algo que hayamos perdido recientemente y escribir sobre dos lecciones positivas que hayamos aprendido sobre esa experiencia o una lista sobre cosas que nos motivan y otras que nos impidan avanzar y cómo dejarlas atrás.

A mí me resulta un libro muy curioso que todos, en algún momento de nuestra vida, deberíamos sentarnos detenidamente a completar. Creo que aprenderíamos muchas cosas. Yo estoy en ello. Hay algunos ejercicios que me cuestan más que otros, pero forma parte del juego. Además, ¿y lo que se ahorra uno en psicólogos con libros tan bonitos como éste? Podrían recetarlo en las consultas de los médicos en vez de tanto Clonazepam y circo.

 

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Las pescadoras, de Nadia Menotti y Xosé Ballesteros

Las pescadoras

Las pescadorasElegí este libro por su cubierta y por lo que pude ver en su interior. Eso que dicen de que no hay que juzgar a los libros por su portada no siempre funciona, ya os lo digo yo. Hoy en día existen algunas portadas con unos trabajos de ilustración tan maravillosos que te dan ganas de comprar el libro simplemente por eso, ¿no os ha pasado? Que luego nos decepcione el interior o no es otro cantar.

Las pescadoras es uno de esos libros que nada más verlos llaman nuestra atención, pues se trata de un libro totalmente visual. Recomendado para niños a partir de seis años, este libro de la editorial Kalandraka es una pequeña maravilla. Aunque, debido al público al que va dirigido, la historia que en él se narra sea relativamente corta, las fotografías que acompañan a este cuento aportan toda la magia necesaria para dotar de color a la narración. Se trata de una adaptación de un cuento tradicional de la India, que como buen cuento, recoge una bella enseñanza en sus líneas.

Tres mujeres pescadoras salen todos los días a faenar. Una recoge algas, otra marisca y la tercera pesca desde una embarcación. Como todos los días, al acabar su faena, recogen sus capturas y vuelven a casa. Pero, ese día, mientras están de vuelta, se desata una fuerte tormenta. Las pescadoras, asustadas y muy preocupadas, encuentran una casita en el camino y deciden acercarse a ella. La mujer que allí vive, las cobija enseguida y, al ver que la tormenta no amaina, les ofrece uno de sus dormitorios para pasar la noche. La encantadora mujer se dedica a cultivar flores para después venderlas en el mercado, por eso la casa está llena de cientos de flores y de un intenso aroma maravilloso. Pero, las pescadoras no están en absoluto acostumbradas a estas fragancias e, incapaces de pegar ojo, deciden colocar sus cestos y redes como almohada para poder seguir oliendo a lo que ellas están acostumbradas y que tan felices les hace: el olor a mar, a salitre, a algas y peces.

La propuesta gráfica es obra de la argentina Nadia Menotti. Esta diseñadora gráfica ha impartido clases de diseño y comunicación en la UBA. Su trabajo como ilustradora la ha llevado a ser seleccionada para la I Bienal Nacional de Diseño y Urbanismo de la UBA y el Salón de Honor de la Legislatura Porteña. Por Las pescadoras recibió una mención de VII Premio Internacional Compostela de Álbum ilustrado. Lo que nos presenta Nadia Menotti en este libro es una auténtica obra de arte. No se tratan de ilustraciones, sino de un trabajo fotográfico sobre escenografías que ella misma ha creado con delicadas y pequeñas miniaturas realizadas con materiales tan diversos como el cartón, la madera, el alambre y las telas, entre otros. El resultado es una delicia visual que atrae tanto a pequeños como a mayores y que nos transporta a un mundo delicado, sutil y evocador.

En cuanto a la historia, que como os he dicho se basa en un cuento tradicional de la India, nos plantea una serie de preguntas relativas, basadas en nuestras costumbres y convenciones. Algo que solo los adultos podemos plantearnos, porque imagino que los niños aceptarán con total naturalidad la decisión de los pescadoras. Las pescadoras es un libro diferente, tradicional y muy innovador al mismo tiempo que recomiendo para evadirse y perderse en ese maravilloso mundo que Nadia Menotti y Xosé Ballesteros han creado para nosotros.

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Leer, de André Kertész

Leer

LeerTodavía no he conseguido saber si el hecho de encontrarme repetidamente con una misma imagen, situación o escena viene dado por tener en la mente o el subconsciente la voluntad de encontrarme con ello o es, simple y llanamente, el azar quien lo pone allí. No sé por qué es y tampoco sé si quiero saberlo. La cuestión es que muchas veces me encuentro parado, de lejos, mirando a alguien que lee y me veo metiendo la mano en el bolsillo para sacar el teléfono y guardar la estampa en una fotografía. Y lo extraño – de ahí vienen mis dudas – es la cantidad de veces que me encuentro con imágenes de ese tipo en mi día a día. No entiendo por qué entro en la universidad y se me llenan los oídos de voces catedráticas que se quejan de que ya nadie lee y luego salgo de ella y me encuentro siempre con alguien leyendo. O salgo de casa, paseo y veo a gente leer. Luego, cuando miro las fotografías, me pregunto por qué estaban o quién los puso o qué les hizo estar allí.

En una de esas veces en las que me lo preguntaba, llegó a mí – los libros siempre llegan en el momento preciso – el libro Sobre la lectura, de Steve McCurry. En él, decenas de fotografías de gente de alrededor del mundo leyendo me hicieron ver que lo mío no era extraño, me hicieron ver lo que suelen hacer ver los libros: que antes que tú alguien ya ha pensado en eso. Ese libro, impreso en papel fotográfico, de gran tamaño, te hace bañarte en la mirada más inocente que hay: la de una persona en un libro.

Pues bien, de eso han pasado ya varios meses y, como si la Literatura quisiera seguir mandándome tablas de salvación – es lo que mejor hace -, ahora tengo en mis manos Leer, de André Kertész, publicado por Periférica y Errata Naturae. Podría daros diferencias entre uno y otro – la autoría, la editorial, el tamaño del libro, la encuadernación, el tipo de edición, etc. – pero todas serían más formales que de contenido. Porque el contenido es el mismo y no lo es. André Kertész, como hace Steve McCurry, recopila en su obra las fotografías hechas a lo largo de más de cincuenta años (1915-1970) a gente leyendo. Niños en la escuela, en la calle, en la iglesia, solos o en compañía; adultos con prensa, con libros, en terrazas, azoteas, transporte público, casas; ancianos en sus despachos, en bibliotecas o en bancos. En definitiva, libros siendo leídos.

Y que libros tan metaliterarios como este se publiquen me hacen ver que hay más gente como yo, que hay más gente a la que ver a otros leyendo le provoca esa sensación de alegría, de comprensión, de hermandad con el desconocido que siento yo al verles. Tengo que confesar que me tranquiliza. No sé si te pasa a ti, que ahora estás leyendo esta reseña. Pero si es así, no te sientas mal. Y si mis palabras no te sirven – algo que consideraría lógico – y las dudas te corroen, ves corriendo a una librería, coge Leer de André Kertész y ábrelo por la página que tú quieras. ¿Lo has hecho ya? ¿Qué has sentido?

 

 

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Botánica insólita, de José Ramón Alonso y Yolanda González

Botánica insólita

Botánica insólitaYo soy más de letras que de ciencias, mi cabeza ha tendido siempre a entender más las palabras y las frases, que los números y las fórmulas, pero siempre me ha gustado saber cosas, aprender y conocer. La biología aunque sea una ciencia, no trata de números, así que siempre se me ha dado algo mejor que las matemáticas o la física. Yo creo que porque somos biología, nos nutrimos de ella, nos rodea y nos acompaña, es algo tangible y que se ve. Saber de qué estamos hechos, y cómo funcionamos es necesario. Este libro trata sobre la botánica, que es la rama de la biología que estudia las plantas o vegetales a todos los niveles. Yo vivo rodeada de montañas, en el rural, miro por la ventana y veo verde, bueno, hoy veo también amarillo, naranja, rojo y marrón, porque la naturaleza es lo que tiene, cambia de forma y de color, nos regala frutos, flores, colores y asombros, no solo oxígeno. Me siento privilegiada, y todos los días voy a pasear por el bosque, haga frío o calor. Sé que no solo yo valoro esto. También he vivido en ciudad y sé lo que es buscar un jardín, un poco de hierba para pisar y oler, un bosque, aunque sea pequeño, para poder respirar y relajar la vista. Cuando he visitado otros lugares, en mis viajes, casi siempre paseo por los parques y jardines cuando es ciudad y procuro visitar las zonas fuera de las urbes, conocer montañas o bosques. Si vais con niños, los acuarios y los jardines botánicos siempre van a ser una de las excursiones más apreciadas y recordadas. Un día vi a unas mujeres abrazando un árbol en un parque urbano y en ese momento me pareció extraño, pero pensándolo bien ¿por qué no? Ahí hay vida y abrazar la vida es maravilloso.

Cuando mis ojos vieron la preciosa portada de Botánica insólita quedaron prendados y ahora que ya soy algo más mayor y más valiente en mis lecturas, me atreví con un libro sobre botánica. La experiencia ha sido magnífica, enriquecedora y placentera. Me ha emocionado el capítulo dedicado a la hambruna de la patata y la historia del desarrollo de la semilla mejorada del arroz. Me he quedado boquiabierta con la presentación de variedades de plantas raras o peculiares, como la reina de los Andes (puya raimondii), por ejemplo, que florece solo una vez cada 80 o 100 años. O la flor del cadáver (Amorphophallus tituanum) que huele a muerto, y que es así porque los insectos que las ayudan a reproducirse son moscas de la carne, así que para las moscas, estas flores huelen que alimentan. Bueno, ahora sé que no son “unas flores” sino que son inflorescencias, que es una agrupación de muchas flores diminutas. ¿Sabíais que hay unas plantas modificadas genéticamente que podrían considerarse antiterroristas? Hablando de la modificación genética, es algo que ha surgido en varios capítulos. Este tema es algo controvertido porque hay una corriente de pensamiento o una idea bastante incrustada, de que lo que está modificado de esta manera no es bueno, no es natural, no es sano, no es correcto y José Ramón Alonso nos explica aquí que no es así necesariamente. Porque gracias a esas modificaciones y a esos estudios, se ha avanzado positivamente en muchos aspectos: control de plagas, mejora de los cultivos y mejora de productividad, por ejemplo. Por otro lado,ha quedado demostrado también, que la acción del hombre es la más mortífera para la naturaleza, pero este aspecto creo que lo tenemos claro ya todos hace tiempo aunque no hagamos casi nada para remediarlo.

El libro tiene 36 capítulos y en cada uno se habla de algo curioso sobre las plantas, desde las más grandes del planeta hasta las más minúsculas. Son capítulos cortos que van acompañados de unas ilustraciones espectaculares de Yolanda González, artista especializada en ilustrar obras científicas. La edición del libro es preciosa; es un placer pasear las manos por la portada y por sus páginas. No solo es un libro científico, es un libro de arte. Además, al final de cada uno de los capítulos hay un apartado “para leer más” con libros o sitios web recomendados para profundizar en el tema y al final del libro, un glosario. Algún capítulo he tenido que leerlo más detenidamente y despacio, pero, en general, está escrito para que se pueda entender aunque seas profano en la materia. No ha tenido que ser fácil explicar hallazgos científicos de esta magnitud, que llevan muchos años de investigación en pocas palabras y de forma que lo podamos comprender todos. José Ramón Alonso es científico y profesor, pero no solo eso; es un gran divulgador como ya nos demostró en Un esquimal en Nueva York y con otros títulos que acercan la ciencia tanto a los niños como a los adultos. También ha escrito ensayo, poesía y más. Tiene un curriculum muy extenso e interesante, de esos que te preguntas “¿pero cómo ha tenido tiempo?” o “yo de mayor quiero ser como él”.

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La historia del arte, de E.H. Gombrich

La historia del arte
La historia del arteHay varias vías por las que descubrimos un libro. A veces te lo recomienda un amigo; otras, lees una reseña en LyL que te gusta; puede ser que lo presenten en la radio o que incluso algún programa de televisión utilice sus pocos minutos de emisión cultural para hablar de un libro con el que podría ser que conectaras. Y por último, si eres muy lector, es muy frecuente que sean los mismos libros los que te llevan a otros libros.
Llegué a La historia del arte de Gombrich a través del libro Éxito de Trama Editorial. Un libro muy divertido sobre el encuentro de autores y sus manuscritos con las editoriales: errores garrafales cometidos por las editoriales, cartas de rechazo ingeniosas, autores poco críticos que se sienten incomprendidos y proyectos que, con buen olfato por parte del editor, se convierten en libros que venden más de ocho millones de copias. Este último es el caso del libro de Ernst Gombrich: una aproximación muy personal a la historia del arte, nada más y nada menos.
Textos sobre la historia del arte hay muchos, pero este de Gombrich publicado por primera vez en 1950, es el mejor que se ha escrito jamás. ¿Qué lo hace tan especial? Sin ninguna duda el autor, Gombrich, que lo escribe desde una perspectiva llena de sabiduría y de ternura.
En este libro no podemos cometer el error de pasar directamente al capítulo primero saltándonos la introducción y los prefacios a las sucesivas ediciones. Gombrich nos explica sus normas para escribirlo en las primeras páginas. La primera es que el lenguaje no puede ser excesivamente académico para no desencantar al que era su público objetivo: jóvenes que se enfrentaban por primera vez al tema. Eso no significa utilizar su jerga, ni minimizar los objetivos, ni reducir los conceptos que quiere transmitir. Significa que el lenguaje va a ser un instrumento preciso y hermoso que va a servir a su función principal, significa no asustar con cientifismos innecesarios y producir el efecto contrario al deseado, significa analizar las ideas que se pretenden transmitir y presentarlas de una manera sencilla que esté siempre al servicio del conocimiento. Como el mismo Gombrich dice, no es descender hasta los jóvenes, más bien lo contrario, ya que en el fondo ellos son los más difíciles de engañar con el lenguaje opaco que acompaña a la mayoría de las disciplinas. Esta norma no implica simplificar los conceptos o tratarlos superficialmente. Implica ir a lo esencial y no distraer. El resultado de su primera norma es un libro limpio y honesto que interesa a jóvenes y adultos, que cautiva a profesionales y a curiosos. Una ascensión hasta los jóvenes de la que todos nos beneficiamos ya que sus palabras casi 70 años después son sinceras y producto de exprimir lo fundamental.
Sus otras dos reglas tienen que ver con la selección de obras que va a presentar: tienen que ser obras de arte verdaderas y apoyadas por una mayoría. Quiere dejar de lado tanto las obras discutidas o que fueron apoyadas por sus coetáneos pero que no pasaron el cribado del tiempo, como sus preferencias personales. No quiere perder de vista el objetivo: mostrar que el arte es lo mejor de nosotros mismos y que la historia del arte nos ayuda a entenderlo. Necesariamente se van a quedar fuera obras y artistas significativos, pero esta renuncia es esencial para conseguir hacer un tratado inmejorable y que no sea demasiado extenso. Incluso cree que escoger una selección tan exquisita podría hacer aburrido el libro, ya que como él dice, los elogios son más insípidos que la censura (así que mi reseña va a ser aburridísima).
Una presentación que es toda una declaración de intenciones y que impacta por lo poco acostumbrados que estamos a que se hable del arte en términos sencillos y manejables. Te está diciendo que su pasión es contextualizar el arte en su tiempo, sí, pero que su objetivo ahora eres tú, lector. Nada hay más importante que conseguir hacerte fácil y atractivo el camino. Como un buen profesor, conocedor riguroso y enamorado de su campo de estudio, pero comprometido con el estudiante. No para contarle detalles superfluos que se le olvidarán o perderlos en marañas de tecnicismos innecesarios. Su misión es rastrear la verdad y manejarla para que su audiencia perciba su forma.
El fotógrafo Henri Cartier-Bresson dijo del libro: “Ecuación: conocimiento + contemplación; solución: Gombrich”. Mi ecuación incluiría más términos:
Conocimiento + amor + respeto + humildad + objetivo = La historia del arte, de Gombrich. Conocimiento extenso y profundo, amor por el arte, respeto por los artistas y los lectores, humildad para olvidarse de sí mismo y perseguir su objetivo: que los lectores (profanos o no, ojo, este es un libro muy querido también por artistas de todos los campos) podamos darle algo de sentido al arte utilizando el tiempo como guía.
Y es maravilloso que Gombrich sea humano (tan humano) para hacernos entender desde su mirada los vaivenes de artistas y obras a través de la historia, y nos gustaría que en algunos aspectos lo fuera menos, que fuera inmortal para que su estudio nos devolviera su visión sobre el arte que ha aparecido después de su muerte. Señor Gombrich, ¿qué motivaciones diría usted que llevan a Okalpa a pintar esos cuadros llenos de números?, ¿a qué se enfrentan los artistas en las décadas en las que ya no estaba usted para contextualizarlos en la historia y comprender sus objetivos? Que sepa que le echamos de menos.
La función principal de un libro de historia del arte es contextualizar el arte, darle sentido dentro de su particular época, es entender cuáles eran sus motivaciones, con qué herramientas se podía trabajar, qué temáticas eran las más frecuentes, qué problemas técnicos resolvieron y cuáles crearon, con qué obstáculos políticos, sociales, culturales e incluso científicos se encontraban los artistas. Dice Gombrich: “Es tarea del historiador hacer inteligible lo sucedido. Es tarea del crítico criticar lo que sucede.” Y, sin embargo, La historia del arte, no solo describe y nos ayuda a conocer, también nos ayuda a comprender.
Tratar de entender el arte es rodearse de dudas. ¿Es universal? ¿Es asequible para todo el mundo o solo para las élites que viven en él? ¿El artista siempre tiene una intención? ¿Cuál es el papel del observador en la percepción de una obra? ¿Es la técnica necesaria y/o suficiente? ¿Cómo detectar el fraude si es que lo hay? El historiador no es un crítico de arte, pero al recoger lo que ha sucedido, reflexiona sobre estas preguntas en el pasado. “…No podemos olvidar que el arte es cosa muy distinta de la ciencia. Los propósitos del artista, sus recursos técnicos, pueden desarrollarse, evolucionar, pero el arte en sí apenas puede decirse que progrese, en el sentido en que progresa la ciencia. Cada descubrimiento en una dirección crea una nueva dificultad en otra
La edición de lujo, recién publicada, es un libro de otro planeta. Una encuadernación en tela con estuche, una maquetación elegante y sobria, anexos con bibliografía detallada, tablas cronológicas y mapas de los lugares mencionados. 688 páginas y 413 maravillosas ilustraciones (en papel mate eso sí) que, algunas, se han grabado en mi memoria y que conviven codo con codo con otras imágenes impresionantes (por ejemplo, las sinapsis que establecen las neuronas con el músculo en minúsculas larvas de insectos).  Me gustaría creer que lo bello que vemos (oímos, leemos) pasa a formar parte de nuestro catálogo de vida, arraigándose en nuestras conexiones y creando un paisaje interior que nos enriquece. La última cena de Leonardo Da Vinci, el soldado muerto de La batalla de San Romano de Ucello con su fascinación por la perspectiva, la luz en El sueño de Constantino, de Piero de la Francesca, la angustia en el niño agonizante de Pobreza, de Käthe Kollwitz…   Lo bello, el encuentro, la comprensión. Este libro es, en sí mismo, aquello de lo que habla: una obra de arte. No es mi opinión, o no solo, lo dice la historia.
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Montañas: Traspasando los límites, de Stefan Dech, Reinhold Messner y Nils Sparwasser

Montañas, traspasando los límites

Montañas, traspasando los límitesEs difícil describir con palabras un libro en el que una parte, grande, de su belleza se encuentra en las fotografías que en él aparecen: fotos cenitales, fotos de satélites, fotos a pie de montaña, fotos que muestran desde los más pequeños detalles, hasta los panoramas más espectaculares de valles, cordilleras, aristas, picos, collados, caras, pilares o cumbres… Cumbres porque este libro habla de escalada, de alta montaña, de nieve y cuerdas, de sujeciones y esfuerzo. Es un libro, sí, sobre las montañas más altas o más difíciles o más bellas que el hombre ha escalado o ha querido escalar. Y habla, más que de aventuras, de la lucha del alpinista por subirlas, por vencerlas, y de la lucha de las montañas por evitarlo. Y en la lucha aparecen parte de los momentos que hicieron y hacen del alpinismo una epopeya, un marco donde viven las leyendas y los mitos, donde reconoces nombres de personas y pasos entre aristas o paredes, porque son parte de la épica del mundo; de esa que, vencidas la mayoría de las fronteras del mundo, vencido cualquier afán de conquista o de descubrimiento; el ser humano ha visto en la victoria sobre esas grandes paredes una forma de retarse, de buscar límites, de saber si puede combatir, y destacar, en un elemento que no es fácil para él. De forma que se buscan nuevas retos y rutas en las montañas: más difíciles, más duras, más arriesgadas; para poder decir que luché con la montaña, y pude perder o ganar, pero lo hice limpiamente, cara a cara. Este libro es una ayuda para entender la magnitud tanto de las cordilleras y montañas que en él aparecen, como la de su belleza extrema; así como una manera de entender a los hombres y mujeres que en ellas han forjado su vida y su leyenda.

Este libro es parte del proyecto del Centro Aeroespacial Alemán que creó toda una red de análisis de las grandes cordilleras del mundo con fotografías y estudios tridimensionales; primero pensadas para colaborar en el ascenso al K2 de una de la más importantes alpinistas vivas: Gerlinde Kaltenbrunner: y luego extendida a otras cordilleras y otros picos. De los cuales hay un minucioso estudio fotográfico de los pasos, de las laderas, de las vías de ataque a la cumbre; también descubres desiertos helados de los que nacen los techos del mundo, páramos helados donde parece nacer todo lo que busca el hombre en la naturaleza y la batalla contra los límites. Todas esas cosas, toda esa cascada de imágenes y casi sensaciones, es lo que conforma esta detallada cartografía de las cordilleras y las cimas. Por ello, y para ello, nació: “Montañas: Traspasando límites”.

Las montañas que en ella se miran, se examinan, fueron elegidas no solo por su valor alpinista sino por su interés intrínseco; por la importancia de más cosas que lo difícil o no de escalarlas -belleza, religiosa, tradición-, por el que es considerado sin lugar a dudas el más importante alpinista de la historia: Reinhold Messner. De modo que él no busca solo montañas de epopeya, sino que busca sitios que importan, lugares donde nació el alpinismo, lugares que deben aparecer cuando hablas de Montañas. Así que descubrimos:

Ochomiles como :

Everest,

K2,

Nanga Parbat,

Dhaulagiri,

Annapurna

Siete miles de paredes imposibles como:

Maherbrum

Montañas alpinas clásicas como:

Cervino

Mont Blanc

Montañas sagradas como:

Kailash

Nanda Devi

Los más altos de subcontinentes como:

Aconcagua

Denali

Montañas de extraña belleza del Cáucaso como:

Ushba

Todos esas montañas elegidas por Reinhold Messner para “Montañas: Traspasando límites”, lo son por motivos, como he dicho, que para él trascienden el puro interés alpinista, para alcanzar uno superior, sea por su historia o sea por sus belleza o tradición. Cada capítulo en el que se describe de manera sistemática esas montañas, está prologado por un texto del propio Messner en el que descubre la razón por la que ha sido elegida, o la historia o los viejos mitos o tradiciones que la acompañan. Dicho texto enriquece el libro mostrando una mirada casi anexa, casi paralela, al propio texto descriptivo o analítico o puramente fotográfico. Así, también, en cada capitulo hay una historia, contada sobre esa montaña por afamados escaladores que han luchado con ella, y a veces la vencieron y otras no, como: Walter Bonatti, Robert Paragot, Adolf Schultze, Stephen Venables, Sandy Allan, Yannick Graziani, Gerlinde Kaltenbrunner, Tomaz Humar, Pierre Mazeaud, o Rick Allen… No solo son, pues, relatos de victorias, sino que también de derrotas, de desgracias, de primeros intentos, de experiencias vitales…Todas ellas conforman un tejido de sensaciones, de imágenes y de experiencias que, a veces, dolorosamente, otras veces de manera inspiradora, crean el universo de la montaña, del alpinismo, del tipo de vida que cada uno de los que aquí escriben han elegido vivir y  han vivido. La vida y la muerte, la belleza y lo terrible, son partes de la misma moneda que ellos saben que llevan en el bolsillo, porque esa es su opción,  y lo aceptan.

Cada capitulo, por lo tanto, es en parte texto en el que se describe la montaña, o se relata una experiencia allí vivida, y también es el reflejo fotográfico de su situación-desde el satélite, desde el campo base, desde el valle, desde sus laderas- y de la forma de sus paredes, de sus vías, de sus espolones… Todo ello reúne el microcosmos completo que parece describir, siquiera un instante, cómo es el sitio, cómo ha sido tratado, cómo se ha mirado -a través de él, y con él-, conformando un texto con imágenes bellísimo.