
Yo tengo letra de elfo, es un hecho. Mi caligrafía es muy de Rivendel. También me han comentado que se parece a la caligrafía griega (esa que los de humanidades hemos estudiado tan bien). No sé, orejas puntiagudas no tengo, pero sí es cierto que los trazos de mis letras son entre afilados y oblicuos y que algunas de mis grafías son un tanto personales. Una cosa mu’ rara, qué queréis que os diga. Hay gente a la que le gusta y gente a la que no, pero eso ya me da más igual. Es legible, que es lo que cuenta.
Lo cierto es que hoy en día existe una moda en torno al arte de escribir. Puede que Mr.Wonderful y su tipografía tengan la culpa. Os guste más o menos, hay que reconocer que ellos han sido pioneros en esto de la tipografía bonita. De hecho, hay un montón de gente que les ha copiado vilmente su sello. Supongo que cuando te copian es porque eres bueno. Lo malo es que ya estamos un poco saturados de ese buenrollismo de lettering, ¿no os pasa?
El arte de escribir es una de las novedades de Ediciones B y su portada es muy Mr. Wonderful. No fue eso lo que me incitó a leer el libro. Siempre me han fascinado las letras bonitas. Me gusta conocer la caligrafía de las personas porque creo que a través de ella podemos descubrir muchas cosas de su personalidad. Nuestra letra dice mucho de nosotros. Y a mí, además de letra de elfo, me gustaría aprender a hacer diferentes tipos de letras y este libro es genial para iniciarse.
¿Qué necesitamos? En primer lugar lápiz y goma, por supuesto. Hay que aprender de los errores. También necesitaremos rotuladores uniformes y rotuladores gráficos. Y, claro, un poco de paciencia y tiempo libre. Este es un libro para tomárselo con calma, para disfrutarlo. La verdad es que relaja muchísimo esto de aprender a usar nuevas tipografías.
El libro está compuesto por una introducción en la que se nos habla sobre las diferencias entre caligrafía, tipografía y lettering y se nos presentan los materiales necesarios y las aplicaciones de la caligrafía hoy en día. Después pasamos a la práctica: como si de un cuadernillo Rubio de caligrafía se tratara, este libro nos presenta diferentes tipos de letra (lineal, gota, oval, masa o pergamino, entre otras) y un espacio para que practiquemos. Encontraremos un mensaje buenrollismo escrito con dicha tipografía para que, una vez la hayamos practicado, podamos copiar. Un “seamos realistas, hagamos lo imposible” o un “la vida es bella” de manual, pero con nuestro propio sello.
Por último, El arte de escribir nos ofrece un montón de consejos y usos para todas las tipografías que hemos aprendido como etiquetas para regalos, invitaciones, marcapáginas o láminas. ¡Es hora de ser creativos!
Voy a ver si salgo de mi zona de conforto élfica y me animo a crear un poco. La idea de los marcapáginas me seduce mucho, creo que empezaré por ahí.

Hoy os traigo otra apuesta de la editorial Lunwerg, especializada en
Vinilos no es exactamente un libro, del mismo modo que un tomate no es exactamente una fruta o que Donald Trump no es exactamente un presidente. Es cierto que tiene forma de libro, que está publicado en papel e incluso que tiene algunas palabras (no muchas) escritas sobre sus páginas. Pero su objeto último no es el de narrarnos una historia, sino el de ofrecernos una gran recopilación de portadas de discos, para que seamos nosotros los que tengamos que ponerles la letra y la música.
¿Sabéis dibujar? A mí no se me da del todo mal. También es que tengo una madre pintora y supongo que algo llevo en los genes. Lo cierto es que en mi casa somos todos un poco artistas. Eso sí, a mí lo que se me da realmente bien es copiar (o imitar, que queda mucho mejor) un dibujo. Imaginación a la hora de dibujar tengo más bien poca. Algún defecto tenía que tener. Pero claro, no siempre se tiene a mano el modelo para copiar. ¿Sabéis cuál es la auténtica prueba de fuego? Cuando un sobrino te pide algo tipo “dibújame un caballo o un tigre”. Esa es la verdadera prueba, amigos. Dibuja tú un caballo y que no se parezca en nada, verás la cara que pone el niño (lo sé por experiencia).
Creo que una de las características principales que tiene que tener un escritor para que podamos empezar a tratarle como pope de la literatura es que no nos extrañe ver novedades editoriales con su nombre aun después de muerto. Esto es lo que pasa con 
Antes de nada, deberíamos preguntarnos algo: ¿qué es el arte? A partir de aquí, seguro que muchos – yo el primero – ya estaríamos totalmente perdidos. Sí, no sabría definir qué es el arte ni tampoco defender por qué hay cosas de lo que se denomina arte que me gustan y otras que no. Me gusta comer y ya que como quiero comer bien, ¿es la gastronomía un arte? Puede que así lo sea y en este caso, por suerte, no tengo que aparecer yo defendiendo algo que no sé defender porque ya están los dibujos de Benjamin Chaud para hacerlo en este Arte a la carta que trae como novedad 
Debe ser que ando inmersa en una crisis existencial y todavía no me he dado cuenta. Y es que los libros no sólo valen para conocer los gustos de otra persona, también sirven para conocerse y analizarse a uno mismo. Si rastreo en el buscador todas las reseñas que llevo escritas hasta la fecha no sabría qué decir. Mis lecturas no siguen un patrón de gustos claro. Lo mismo leo un poemario, que un libro de medicina sobre la ansiedad, una buena novela o algún cómic. Yo me voy guiando por mi instinto y la verdad es que me funciona. Ahora, si tuviera que analizarme alguien según mis lecturas no sé bien qué imagen podría formarse de mí.

Todavía no he conseguido saber si el hecho de encontrarme repetidamente con una misma imagen, situación o escena viene dado por tener en la mente o el subconsciente la voluntad de encontrarme con ello o es, simple y llanamente, el azar quien lo pone allí. No sé por qué es y tampoco sé si quiero saberlo. La cuestión es que muchas veces me encuentro parado, de lejos, mirando a alguien que lee y me veo metiendo la mano en el bolsillo para sacar el teléfono y guardar la estampa en una fotografía. Y lo extraño – de ahí vienen mis dudas – es la cantidad de veces que me encuentro con imágenes de ese tipo en mi día a día. No entiendo por qué entro en la universidad y se me llenan los oídos de voces catedráticas que se quejan de que ya nadie lee y luego salgo de ella y me encuentro siempre con alguien leyendo. O salgo de casa, paseo y veo a gente leer. Luego, cuando miro las fotografías, me pregunto por qué estaban o quién los puso o qué les hizo estar allí.
Yo soy más de letras que de ciencias, mi cabeza ha tendido siempre a entender más las palabras y las frases, que los números y las fórmulas, pero siempre me ha gustado saber cosas, aprender y conocer. La biología aunque sea una ciencia, no trata de números, así que siempre se me ha dado algo mejor que las matemáticas o la física. Yo creo que porque somos biología, nos nutrimos de ella, nos rodea y nos acompaña, es algo tangible y que se ve. Saber de qué estamos hechos, y cómo funcionamos es necesario. Este libro trata sobre la botánica, que es la rama de la biología que estudia las plantas o vegetales a todos los niveles. Yo vivo rodeada de montañas, en el rural, miro por la ventana y veo verde, bueno, hoy veo también amarillo, naranja, rojo y marrón, porque la naturaleza es lo que tiene, cambia de forma y de color, nos regala frutos, flores, colores y asombros, no solo oxígeno. Me siento privilegiada, y todos los días voy a pasear por el bosque, haga frío o calor. Sé que no solo yo valoro esto. También he vivido en ciudad y sé lo que es buscar un jardín, un poco de hierba para pisar y oler, un bosque, aunque sea pequeño, para poder respirar y relajar la vista. Cuando he visitado otros lugares, en mis viajes, casi siempre paseo por los parques y jardines cuando es ciudad y procuro visitar las zonas fuera de las urbes, conocer montañas o bosques. Si vais con niños, los acuarios y los jardines botánicos siempre van a ser una de las excursiones más apreciadas y recordadas. Un día vi a unas mujeres abrazando un árbol en un parque urbano y en ese momento me pareció extraño, pero pensándolo bien ¿por qué no? Ahí hay vida y abrazar la vida es maravilloso.


Es difícil describir con palabras un libro en el que una parte, grande, de su belleza se encuentra en las fotografías que en él aparecen: fotos cenitales, fotos de satélites, fotos a pie de montaña, fotos que muestran desde los más pequeños detalles, hasta los panoramas más espectaculares de valles, cordilleras, aristas, picos, collados, caras, pilares o cumbres… Cumbres porque este libro habla de escalada, de alta montaña, de nieve y cuerdas, de sujeciones y esfuerzo. Es un libro, sí, sobre las montañas más altas o más difíciles o más bellas que el hombre ha escalado o ha querido escalar. Y habla, más que de aventuras, de la lucha del alpinista por subirlas, por vencerlas, y de la lucha de las montañas por evitarlo. Y en la lucha aparecen parte de los momentos que hicieron y hacen del alpinismo una epopeya, un marco donde viven las leyendas y los mitos, donde reconoces nombres de personas y pasos entre aristas o paredes, porque son parte de la épica del mundo; de esa que, vencidas la mayoría de las fronteras del mundo, vencido cualquier afán de conquista o de descubrimiento; el ser humano ha visto en la victoria sobre esas grandes paredes una forma de retarse, de buscar límites, de saber si puede combatir, y destacar, en un elemento que no es fácil para él. De forma que se buscan nuevas retos y rutas en las montañas: más difíciles, más duras, más arriesgadas; para poder decir que luché con la montaña, y pude perder o ganar, pero lo hice limpiamente, cara a cara. Este libro es una ayuda para entender la magnitud tanto de las cordilleras y montañas que en él aparecen, como la de su belleza extrema; así como una manera de entender a los hombres y mujeres que en ellas han forjado su vida y su leyenda.