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El libro de los libros, de Quint Buchholz

El libro de los libros

El libro de los librosLa verdad es que es un acierto el título de esta nueva publicación de Nórdica Libros. Y es que El libro de los libros es realmente el gran libro de todos los libros. Parece que me estuviera inventando un trabalenguas, pero no. El libro de los libros no es un título para nada pretencioso. ¿Cómo iba a serlo un libro que reúne a cuarenta y seis de los mejores escritores entre sus páginas? Es una auténtica maravilla, palabrita.

Este libro nace de la idea original del editor Michael Krüger. Él fue el encargado de hacer llegar una ilustración diferente de Quint Buccholz a cuarenta y seis de los más geniales escritores actuales. El resultado es este maravilloso libro homenaje a la lectura.

Quint Buccholz es un pintor alemán conocido mundialmente por sus ilustraciones para libros infantiles. En 1998, se les envió a los escritores que aparecen en este libro una ilustración suya para que escribieran textos inspirados en sus ilustraciones. Lo bueno de estas ilustraciones es que son dibujos muy detallistas, que mezclan la realidad con la ficción. En muchas ocasiones, sus dibujos me han recordado a los del pintor René Magritte. Y es que también hay algo de fantasioso y de evasión en sus dibujos. Digo que es bueno porque gracias a estas ilustraciones, los textos que han surgido de cada dibujo han jugado con esa interpretación abierta que Buccholz plantea en ellos. Cada escritor ha interpretado el dibujo asignado de una manera completamente personal y única, dando lugar a relatos y poemas ciertamente originales.

Entre los cuarenta y seis escritores encontramos nueve autores españoles: José Agustín Goytisolo, Javier Marías, Juan Marsé, Carmen Martín Gaite, Gustavo Martín Garzo, Ana María Matute, Eduardo Mendoza, Ana Moix y Javier Tomeo. Casi nada, ¿verdad? Pero además de todos estos escritores patrios tan conocidos, en el libro podemos encontrar otros autores de la talla de Jostein Gaarder, Milan Kundera, HertaMüller, Amos Oz, Orhan Pamuk, Michael Turnier o Antonio Tabucchi. ¿Cómo no iba a ser éste El libro de los libros? Menuda colección de grandes encontramos entre sus páginas.

De los textos nacen relatos y poemas y eso también me ha gustado mucho. Normalmente esta clase de antologías, suelen reunir simplemente textos en prosa, pero encontrarme con los versos que escribieron José Agustín Goytisolo, Michael Krüger, Ernst Jandl o Ana María Moix inspirados en las ilustraciones ha sido una grata sorpresa. Goytisolo es uno de mis poetas preferidos, por cierto. Y suyos son estos versos del libro:

“También -ya sin los libros que dejé-

he pensado como Virginia Woolf

llenar de peso todos mis bolsillos

metiéndome en el agua hacia la nada.

Y voy juntando trozos de adoquines

que encuentro en mis paseos. Pero no me decido

y los devuelvo a la ciudad a sus calles

que forman los momentos de mi ser”.

Me han gustado mucho también los relatos de Jostein Gaarder (autor de, entre otros, El mundo de Sofía); Eduardo Mendoza, Ana María Matute, Amos Oz, Carmen Martín Gaite, Ludwig Harig o Milorard Pavic.

Todos tienen su encanto, todos los textos que componen este libro tienen su particular magia. Estoy segura de que cuando lo leáis encontraréis vuestras historias favoritas, esas que más os han emocionado. Porque este maravilloso libro es un libro para emocionarse y agradecer la existencia de la literatura. Qué haríamos nosotros sin ella, lectores. Qué perdidos estaríamos.

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Anatomías íntimas, de Carlos Sadness

Anatomías íntimas

Anatomías íntimasBueno, ¿qué?, ¿hablamos de la adolescencia? Os noto un poco tensos, tranquilos. ¿Acaso tenéis algo de lo que avergonzaros? Yo tengo una teoría y es que a los adolescentes hay que dejarles ser y hacer dentro de unos límites. Pensaréis que me van a dar un premio Nobel con semejante teoría, pero voy a explicarme. Hay que dejarles ser y hacer en cuanto a gustos y personalidad. Así mejor. Quiero decir, que si tu hijo pasa por una etapa heavy en la que sólo viste de negro o si tu hija se hace emo, es mejor que ellos elijan lo que quieren ser en ese momento tan incierto de sus vidas. Intentar cortarles las alas no va a hacer más que reafirmar sus gustos. La vida da muchas vueltas y esa niña gótica que todos conocíamos es hoy una pija de cuidado. O aquel rapero va ahora con traje y corbata por la vida. Algunos seguirán siendo quienes creían ser (los menos), pero todo este proceso de búsqueda de uno mismo forma parte de la adolescencia y hay que experimentarlo.

Yo he sido casi toda mi vida un poco hippie, pero también tuve una etapa en la que sólo escuchaba hip-hop y vestía con pantalones de hombre híper-mega-anchos. He llevado un pendiente en la lengua, he tenido rastas y me he tatuado siendo menor de edad. Y aquí estoy, amigos. No me arrepiento de nada porque todas esas fases de mi vida han dado lugar a la persona que hoy soy. No me preguntéis quién soy porque no lo sé, en ese sentido soy aún una adolescente.

¿Y qué tiene que ver todo este rollo con el libro del que os voy a hablar? Anatomías íntimas es el nuevo libro de Carlos Sadness, pero para mí Carlos siempre será Shinoflow. Antes de que Carlos Sadness se hiciera tan conocido, subía canciones y maquetas a Internet bajo el pseudónimo de Shinoflow y fue entonces cuando yo le descubrí. No era ya tan adolescente, pero aún estaba en los veintipocos cuando escuchaba sus canciones con mis cascos. Para mí, Carlos Sadnesss siempre ha tenido algo especial. Son sus letras y ese tonillo que tiene al cantar, pero sobre todo las letras. Carlos Sadness es poeta y no tengo ninguna duda al afirmarlo. Las letras de sus canciones era lo que más me atrapaba de su música. Es cierto que hace tiempo que no sigo a Carlos musicalmente hablando, pero sí soy follower en Twitter y más o menos estoy al tanto de lo que va haciendo. Cuando vi que publicaba libro me invadió la nostalgia adolescente, sinceramente.

De Carlos Sadness también sabía que dibujaba realmente bien. Anatomías íntimas es un libro ilustrado, lleno de versos que nacieron, quizás para ser canciones, quizá para ser simplemente palabras al aire. Carlos ha reunido en este libro todas esas palabras que salen de su cabeza y las ha acompañado de sus geniales dibujos. El resultado es un libro verdaderamente original, lleno de fuerza y de sentimientos. Algo así como el mismo Carlos.

Sadness escribe, dibuja y siente bonito y yo soy muy sensible a la belleza, como dice Calamaro. Hay mucha nostalgia en sus palabras y es un romántico empedernido. Pero un romántico bien, de esos que vuelan y hacen volar.

“Apaga las luces del universo,

que voy a empezar a contarte los huesos

y quiero que el cálculo sea imperfecto,

que siempre nos quede un error milimétrico.

Claro que la astronomía de tu anatomía

se basa en unir tus lunares con líneas.

Parece mentira que el sol se ponga

entre tus costillas.”

Me gusta Carlos Sadness, me gusta su sensibilidad artística, tanto como escritor como artista plástico. Este libro es una muestra de su universo. Un universo lleno de magia y versos. Os invito a adentraros en él, seguro que os gustará el viaje.

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Lost in Translation, de Ella Frances Sanders

Lost in translation

Lost in translationTengo varias editoriales fetiche (no diré cuáles, pero si leéis mis reseñas encontraréis una pista). Lo que sí voy  a deciros es que la editorial Libros del Zorro Rojo está entrando en esa lista a pasos agigantados. ¿Por qué? Porque saca libros ilustrados (one point), porque rescata clásicos (two points) y porque publica libros originales y bonitos (three points!). Así que: ¡enhorabuena, Libros del Zorro Rojo!, ¡Moláis!

El libro del que hoy os hablo, Lost in translation, me toca la patata y me trae recuerdos de cuando una era universitaria y asistía a más cafeterías que clases en Granada. A pesar de que la carrera me la saqué en todas esas cafeterías, (¿verdad, querida Carmen?) y que disfruté de más becas Erasmus que un estudiante al uso, al final acabé siendo Licenciada en Traducción e Interpretación. ¿Vosotros os acordáis de los motivos por los que elegisteis vuestra carrera o profesión? A mí siempre se me han dado bien los idiomas. En el instituto hacía una labor social muy grande y altruista dejando que algunos compañeros copiaran mis exámenes de inglés para poder aprobar. Total, a mí no me costaba nada. Aunque ahora que lo pienso debería haber copiado yo sus exámenes de matemáticas, porque eso sí que se me daba mal. El caso es que durante mis años de instituto estudié inglés y francés, y como me interesaban mucho las palabras, los idiomas y las culturas decidí estudiar Traducción e Interpretación. Durante la carrera he estudiado varias lenguas: portugués, catalán, inglés, gallego, francés y hasta tres clases de chino (no era lo mío). Parece que esto sea Linkedin y que esté ofreciendo yo mis servicios (oye, que si alguien quiere contratarme como traductora, aquí estoy), pero en realidad todo este tostón que os he contado es para justificar porque me emocioné cuando supe que la editorial Libros del Zorro Rojo publicaba un libro titulado así.

Lost in translation (no tiene nada que ver con la genial película de Sofía Coppola), es un librito escrito e ilustrado por Ella Frances Sanders. Ya en la portada podemos leer lo que nos vamos a encontrar entre sus páginas: un compendio ilustrado de palabras intraducibles de todas partes del mundo. Comprenderéis ahora que, como traductora, me parece un libro realmente curioso. Siempre me han gustado esas palabras que no tienen traducción, que sólo existen en determinado idioma y que nos cuesta, de algún modo, explicarlas en otras lenguas. Como se dice en la introducción del libro, es fascinante que en un mundo tan conectado e intercomunicado, todavía existan palabras de este tipo. Palabras que hacen que nos perdamos en la traducción tratando de explicarlas. Es realmente curioso, ¿verdad?

Lo bueno de estas palabras intraducibles es que consiguen poner nombre a sentimientos que ni siquiera podemos explicar en nuestra propia lengua. Estoy segura de que cuando las leáis os sentiréis identificados con lo que quieren expresar y alguna vez habéis sentido la necesidad de que esa palabra existiese. Están ahí, esas palabras existen, aunque puede que en idiomas tan desconocidos para nosotros como el finés, el urdu o el yidis.

Voy a deciros mis favoritas. Cuando leáis el libro, seguro que encontráis las vuestras propias.

En Neerlandés existe el adjetivo Gezellig, que sirve para definir algo que es mucho más que íntimo o acogedor, una sensación de calidez muy placentera que connota el tiempo compartido con los seres queridos. Preciosa, ¿eh?

Kilig, es un sustantivo que se usa en Tagalo para definir algo que todos conocemos: esa sensación de tener mariposas revoloteando en nuestro estómago.

En griego, el adjetivo Meraki, significa entregarte con todo tu corazón a algo, como cocinar, y hacerlo desde el alma, con creatividad y pasión.

La palabra Boketto significa en japonés perder la mirada en la lejanía sin pensar en nada en particular. La traducción más parecida es empanarase. Y a la menda le pasa mucho.

El verbo sueco Fika también me encanta: reunirse en torno a un café y algo dulce para darse un respiro de la rutina y charlar durante horas.

Lost in traslation es un libro que recomiendo sobre todo a los curiosos, a los amantes de las palabras y sus significados. Os gustará.

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Prosa del observatorio, de Julio Cortázar

Prosa del observatorio

Prosa del observatorioAl ver que una editorial se lanza con un libro desconocido para muchos de un autor célebre es inevitable pensar en que se está usando su nombre para vender sus libros sin centrarse en la calidad de estos. Probablemente por ese motivo quise leerme este. Como amante de la escritura de Cortázar, quería ver si esto no era una mera herramienta para seguir usándolo como causa de grandes ventas. Si habéis seguido mi camino en la web, seguro que ya os habéis fijado en que muchas veces – la mayoría – me equivoco en mis predicciones. Aquí no iba a ser distinto.

Prosa del observatorio, libro que mezcla la prosa cortazariana con fotografías tomadas por el propio escritor en su visita al observatorio de Jaipur (India), es un reflejo breve – pero extenso en el recuerdo que deja – de todo lo que contiene la escritura del escritor argentino nacido accidentalmente en Bruselas. Como digo, encontramos fotografías en blanco y negro impresas en papel grueso e intercaladas en el texto del observatorio estelar que construyó el sultán Jai Singh en el siglo XVIII para ver lo que Cortázar llama la «interminable lluvia de abejas de medianoche». A partir de ellas, Cortázar da inicio a una cascada de palabras con su sello más característico impreso. Esa prosa poética que a tantos lectores – que luego algunos han sido grandes escritores – enamoró y que sigue enamorando. De las estrellas y su configuración en el cielo para pasar al mundo de las anguilas y su evolución, su cambio de hábitat, su devenir vital. Todo ello cohesionado por la figura central del sultán Jai Singh, ese «hombre que de pie dialoga con los astros» atento al alba, a la «noche pelirroja».

Cortázar entona en este libro un grito que pide huir de la hiperdefinición, de un mundo donde la etiqueta, el número y el dogma es esencial para vivir. Él se dirige a la Dama Ciencia para quejarse, para expresar el desagrado que le produce sentir que nada puede sentirse ya, que todo parece estar estudiado, tratado, encuadrado en una visión cerrada y conclusa. Cortázar busca romper esa solidez de la cosmovisión humana, busca reivindicar la porosidad de la vida, el carácter rizomático del saber, del comprender, del vivir. Sí, Prosa del observatorio es también una queja a la sociedad en la que él se encuentra, es una queja a científicos concretos, al mundo en general; es una oda a la Naturaleza y su configuración azarosa, inaccesible a un entendimiento humano que busca, desde siempre y para siempre, abarcarlo todo.

Pero la queja, como todo en el universo cortazariano, tiene su visión positiva. Y es que para el escritor argentino hay salida, hay esperanza de apertura de brazos y mentalidad ante algo que nos rodea día a día, que es parte imprescindible de nosotros. El entorno, esa diana para el ojo de Cortázar, es un mar en el que bañarse y disfrutar de todo lo que nos ofrece; es, como piensa el escritor si decidimos hundirnos en ese mar de belleza infinita «algo así como un golpe de ala, un descorrerse, un quejido de amor y entonces ya, entonces tal vez, entonces por eso sí».

Si todavía no lo habéis hecho – cosa que envidio porque será una novedad total que yo ya no voy a poder vivir nunca más –, leed a Cortázar, de verdad. Y no es una obligación, es la invitación a la mayor fiesta literaria que no ha habido jamás.

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París secreto: libro antiestrés para colorear, de Zoe de Las Cases

París secreto

París secretoLa primera vez que salí de España tenía once años. Ahí estaba yo, en medio de Barajas, dispuesta a coger un avión dirección París. Estaba realmente angustiada  y me daba pánico pensar que iba a pasar mucho tiempo —o al menos eso me parecía a mí— encerrada en un cacharro de metal que desafiaba todas las leyes de la gravedad. Antes de coger el avión, mi madre no paraba de decirme que me tranquilizara, que el vuelo era muy cortito, que era el medio menos peligroso para viajar y toda esa retahíla que se le dice a alguien que está a punto de no coger un avión por miedo a volar. Al final hice de tripas corazón y me coloqué en el asiento que me habían asignado. Me hice lo más pequeña posible, encogiéndome hasta casi camuflarme con el asiento. Lo pasé muy mal y el encontrar turbulencias justo cuando estaban sirviendo la cena no ayudó demasiado. Pero aguanté, me tragué el miedo y la insípida comida y, cuando quise darme cuenta, ya estaba en París.

París, la ciudad del amor, del glamour y de la vida bohemia. Era noche cerrada cuando llegamos. Cogimos un taxi para que nos llevara al hotel, que estaba muy cerca del Arco del Triunfo y de camino solo pude ver luces y más luces. Puentes adornados con farolas de ensueño, calles adoquinadas iluminadas con bombillas anaranjadas. Cuando pienso en París esa es una de las imágenes que me viene a la mente: luz.

Yo tenía once años por aquél entonces y era la primera vez que cruzaba la frontera. Para mí todo era completamente nuevo. Me sorprendía por cada cosa que veía, por mínima que fuera. Creo recordar que incluso llegue a fotografiar una tienda de souvenirs. Qué bonito es dejarse fascinar tan fácilmente; y tengo que admitir que, a pesar de los años, sigo sorprendiéndome con tanta facilidad por todo.

Otra de las cosas que más me gusta, a parte de viajar, es pintar. Me he dado cuenta recientemente que hace mucho tiempo que no pinto. Antes lo usaba como terapia: cuando llegaba de clase saturada y de mal humor, cogía un pincel, ponía la música a todo volumen, y todos los males y frustraciones se quedaban impresos en el lienzo. Cuando me quería dar cuenta, había pasado toda la tarde pintando y ya no era capaz ni de recordar por qué me sentía frustrada. Como digo, hace mucho que no pinto. No sé si será por falta de tiempo o, simplemente, por pereza. Y eso precisamente fue lo que me animó a hacerme con París secreto, de Zoe de las Cases. Llevo bastantes meses escuchando los beneficios de los libros de colorear para adultos. Cuando empezaron a ponerse de moda tuve la tentación de comprarme uno, pero al final no lo hice. La idea de verme a mí misma coloreando como una niña pequeña se me antojaba absurda y ridícula. Pero al ver que todo el mundo se había unido a esta moda afirmando que es una de las mejores terapias antiestrés que puede existir, decidí olvidar mis prejuicios y probar. Me puse los cascos —con la música al máximo, que es como a mí me gusta— y empecé a colorear. Cuando me quise dar cuenta, habían pasado dos horas y yo no había apartado mi vista de los ensortijados dibujos de París secreto. Ya no pensaba en la Universidad, ni en los trabajos que tenía que entregar, ni que la horrible semana que me esperaba a partir del lunes, ni de que tenía que arreglar un montón de papeles. Solo pensaba en París, en sus calles, en el romanticismo que emana de cada rincón. Solo pensaba en felicidad, en liberación y en tranquilidad. Por unos momentos, solo pensé en luz.

A veces es bueno dejarse llevar, olvidarse de la rutina por un rato, desconectar. Vivimos en un mundo que va cada vez más deprisa, que hace que te muevas a un ritmo frenético y que nos hace desear que los días tuvieran más horas. Invertimos mucho tiempo en el trabajo y en los estudios y nos olvidamos por completo de nosotros mismos. Por eso es bueno de vez en cuando echar el freno, relajarse. Para ello ya no es necesario que vayas a un spa, ni si quiera que vayas al mismísimo París. Basta con coger unos lápices de colores, ponerse cómodo y dejarse llevar.

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Frida Kahlo, una biografía, de María Hesse

Frida Kahlo, una biografíaHay veces que como un libro se meta en la cabeza, me pongo un poco en modo obsesiva non-stop y allá que voy. En cuanto lo tengo entre mis manos tengo que leerlo, sin pausa sin mesura y sin control. Como una auténtica pirada. Afortunadamente, los libros con los que me pasa suelo poder acabarlos en el mismo día. No me ha ocurrido lo mismo con libros tipo Ulises o Guerra y paz. Menos mal, porque sería demasiada locura pretender leerlos de una sentada. No me retéis, ¿eh?

Hace un rato hablaba con mi hermana sobre Frida Kahlo y es que a las dos nos parece que, de algún modo, la figura de esta genial mujer está un poco de moda. ¿No os lo parece? De un tiempo a esta parte he visto todo tipo de merchandising sobre ella: vestidos, camisetas, libretas, cojines…etc. ¿A qué se debe? Francamente, ni idea. No es que se celebre ningún aniversario este año ni nada por el estilo, así que este boom Frida no tiene una explicación, aunque esto no quita para que sea totalmente comprensible: Frida es mucha Frida.

No voy a venir a hacerme a la interesante, pero esta moda reciente me pilla lejos. Yo a Frida Kahlo la quiero desde mi adolescencia. Sí, digo que la quiero porque es para quererla. Recuerdo haber leído una biografía suya cuando tenía unos diecisiete años (lo que no recuerdo es cuál, porque hay muchas biografías de Frida, pero si lo supiera os lo diría). Desde entonces, Frida para mí es esa mujer fuerte, esa pintora y poeta, pura originalidad y sentimiento a la que admiro y entiendo. Frida es fuerte, pero a mí me ablanda el corazón. Podría decir que ella es una de mis debilidades. Frida Kahlo es enorme y el libro del que hoy os hablo está a su altura.

No voy a volver a decir aquello de que me encantan los libros ilustrados porque corro el riesgo de resultar ya pesada (santa paciencia), pero ya os he dado la pista: Frida Kahlo, una biografía no es una biografía al uso. Este libro nace de la admiración de la ilustradora Herman Hesse y el resultado es completamente maravilloso.

Supongo que, más o menos, todos conocéis a Frida. No sólo por esta reciente moda de la que os hablo, sino porque esta mexicana es bastante conocida mundialmente. Sus cejas, o mejor dicho, su ceja, su bigote, sus vestidos y flores son algunas de sus señas de identidad. Sus cuadros, principalmente autorretratos, también son bastante famosos. Seguro que algunos os suenan mucho.

María Hesse nos invita a conocerla a través de sus ilustraciones. Lo que se cuenta en Frida Kalho, una biografía es una mezcla de la vida real y aquella que Frida inventó. Un paseo de la mano de esta ilustradora por una vida fascinante llena de angustia y de dolor, pero también de amor y esperanza. Las ilustraciones de María Hesse que acompañan los textos son preciosas. Son tan naif y tan monas que hacen que este libro pase a ser uno de mis libros ilustrados favoritos. Y ya os he dicho que me gustan muchísimo estos libros (¿Otra vez? ¡Qué tía más pesada!)

La vida de Frida Kahlo no fue todo lo fácil que ella se merecía. Pero claro, ¿quién no se merece una vida fácil? Quizá, sin todas esas contrariedades no hubiésemos conocido a la Frida que hoy conocemos, pero estoy divagando mucho. Frida tuvo una vida complicada, pero ella fue una mujer tremendamente fuerte que nos ha dejado mucho más que su dolor. Ella misma dijo que había sufrido dos grandes accidentes a lo largo de su vida: el que sucedió en 1925 cuando el pasamanos del autobús en el que viajaba atravesó su cuerpo al chocar contra un tranvía y que la dejó durante más de un año en cama con secuelas irreversibles; y el conocer al que fue el gran amor de su vida, el también pintor Diego Rivera. En la vida de Frida, tanto el dolor físico como el dolor psíquico que le provocaba el, permítanme decirlo, sapo-feo-e-infiel de Diego Rivera fueron sus dos mayores constantes.

Una mujer que sufrió, pero que supo disfrutar al máximo su vida. Y aunque durante toda su existencia los dolores la acompañaron, siempre me ha fascinado que en su último cuadro, pintado mientras estaba postrada en la cama, aparezca la inscripción “Viva la vida”. Esa era Frida: pura vida. Y este libro, Frida Kahlo, una biografía, es un homenaje precioso que también rebosa vitalidad ¡Viva Frida!

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Gods I’ve seen, de Abbas

Gods I've seen

Gods I've seenEl viajar es un placer que nos suele suceder. Pero hay viajes y viajes. Y entre los segundos, no hay nada que pueda compararse a la experiencia de la India. Hablo, naturalmente, de viajar, y no de comprar un paquete turístico que nos muestre en 10 días y nueve noches las maravillas de la India de los mogules. Hablo de aterrizar en un país de leyenda, sentirte, desde el primer instante, como si control de tierra te hubiera abandonado a tu suerte en Marte, y preguntarte, con angustia, cuántos días podrás vivir con el oxígeno que te queda. Y cuando decides que de perdidos al Ganges, te pones a explorar un planeta donde constatas que sí, que el viajero puede sobrevivir, si bien en condiciones durísimas, hasta que, meses después, a tu regreso a casa, descubres que el planeta hostil quizá es el tuyo. Eso y más es la India.

Gods I’ve seen (Dioses que he visto) es un impresionante libro de fotografía que, por lo menos de momento, está publicado únicamente en inglés. Como el propio título indica, se centra en la religión, y más concretamente, en el hinduismo. No hay que pensar por ello que nos ofrece una visión parcial o reducida de esa sociedad, ya que, como podrá constatar cualquiera que haya visitado ese inmenso país, la India es religión, hasta el punto de que servidor nunca se ha sentido tan cristiano como allí.

Uno llega a la India y, desde el primer momento, empieza a familiarizarse con los dioses más llamativos y populares del descomunal panteón hindú. Nunca llegaremos a conocer a sus cientos de millones de dioses (sí, habéis leído bien), y nos preguntamos si el más venerado brahman los conocerá, pero la verdad es que, para ir tirando y conocer un poquito mejor este increíble país, nos basta con el astuto Hanuman, el dios mono, el entrañable y ubicuo Ganesh, el dios elefante, así como las deidades más conocidas de Vishnu o Shiva.

Abbas, el fotógrafo franco-iraní autor de este extraordinario viaje fotográfico, nos muestra y nos habla de una India tal y como la que se encuentra el viajero. No espere el lector, pues, encontrar aquí la sempiterna leyenda del Taj Mahal y el triste destino de su arquitecto, ni recrearse la vista con palacios imperiales ni el rosa de Jaipur. Con sus fotografías, en su mayoría en blanco y negro, y sus textos, el autor nos habla de su constante desconcierto, indignación, e incluso asco ante una sociedad que para el visitante occidental es casi imposible, no ya de abarcar, sino de comprender a un nivel elemental. ¿Cómo podemos entender la obsesión por la pureza y el rechazo a la casta de los intocables en un país cuyas calles están cubiertas de excrementos de perro, vaca, cerdo, camello, elefante y, por supuesto, humanos? ¿Cómo explicar que en el río Ganges, sagrado para los hindús, podamos ver a alguien lavarse los dientes a diez metros de un desagüe de alcantarilla?  ¿Cómo hacer entender a unas gentes que parecen desconocer el concepto de privacidad, que nos molesta que metan la cabeza en nuestra mochila cada vez que la abrimos? ¿Cómo explicar a los habitantes de aldeas donde no conocen más entretenimiento que  ver llover, que al extranjero le incomoda tener a cien personas sentadas a su alrededor observando cada uno de sus movimientos? Las preguntas sin respuesta podrían ser tantas como los dioses hindús, pero, en última instancia, Abbas alcanza, en la medida de lo posible, su objetivo: darnos a conocer, y por lo tanto, respetar, y con el tiempo, amar a ese pueblo.

“Agua y viento”, “Fuego y sangre”, “Pandits y Sanayasis”, “Minorías”, “En la carretera” o “La India emergente” son algunos de los títulos de los diferentes capítulos. En ellos nos acercamos a la vida diaria de un pueblo marcado a cada momento del día por la religión. Vemos sus abluciones sagradas, sus festivales, la crueldad de alguno de sus rituales; conocemos al inconfundible personaje del saddhu; nos asombramos y contenemos el aliento al ver esos gigantescos andamios de bambú. Nuestra capacidad de sorpresa tiene un límite, y como le sucede al viajero, esa constante sorna, esa tendencia a indignarse, deprimirse o burlarse se va transformando paulatinamente en curiosidad, interés, respeto y fascinación.

Un indio cosmopolita y bien viajado me dijo un día “hazte a la idea: mi pueblo te hará enfurecer y te volverá loco. Te comprendo. Pero no hagas daño a mi pueblo”. No pierdas la paciencia, venía a decir, con aquél que, como estás haciendo tú, tan sólo quiere conocer al otro. Pues bien, este extraordinario Gods I’ve seen nos ayuda a salvar esa contradicción.

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Sobre la lectura, de Steve McCurry

Sobre la lectura

Sobre la lectura«Las maravillosas fotografías de este libro, realizadas por Steve McCurry en muchos países y a lo largo de varias décadas, son la prueba visual de buena parte de lo que he escrito: la compostura del lector, la mirada luminosa, el concepto de soledad, la posición relajada, la singularidad del esfuerzo, la sensación del descubrimiento y la insinuación de la alegría».

Con estas palabras termina Paul Theroux el prólogo al exquisito libro del que hablo hoy: Sobre la lectura, de Steve McCurry. Paul Theroux, aclamado escritor de novelas y libros de viajes, nos regala una oda a los libros en unas primeras páginas que serán las únicas contenedoras de palabras, porque a partir del prólogo todo son mágicas e inolvidables fotografías. Coloco como uno de los mejores libros que he leído en este año uno que no tiene palabras pero que, de igual forma, cuenta historias. ¿Quién me lo iba a decir? A través de las fotografías tomadas por Steve McCurry, viajamos alrededor del mundo de la mano de lectores. Niños y adultos, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, blancos, negros, pobres, ricos, altos o bajos, e incluso humanos o no humanos. Todo en Sobre la lectura orbita alrededor del libro como objeto generador de mundos. En todas las fotografías veremos una mirada posada en las páginas de un libro.

Como aquella famosa frase que defiende que «una persona leyendo un libro que te gusta es un libro recomendándote a una persona», aquí, todo son recomendaciones de personas, personas de todo el mundo, el mundo en sí nos es recomendado. De esta forma, Steve McCurry consigue que a través de la defensa de la lectura el mundo se una y demuestre la base de humanidad que todos contenemos. Sin importar la raza, el género o la edad, aquí lo importante es comprender que existe un lenguaje que todos hablamos, que todos compartimos y que nos hace uno: el lenguaje de los libros.

¿Qué hay más maravilloso que ver a un niño leyendo? Ver a todo el mundo leyendo. Esculturas, perros, monjes, ancianos, tullidos, turistas, alumnos, escritores, parejas, viajeros, empresarios. En la montaña, en la calle, en el coche, en un parque, en un avión, en el suelo, en voz alta, en grupo, en clase, en el bar, en la montaña,… pero siempre la creación del hilo solitario que une al lector con su libro a través de la mirada. Dicen que no hay nada como perderse en la mirada de otro. Sí lo hay, perderse en la mirada de un libro. Y perderse en este es encontrarse para siempre.

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La línea del tiempo, de Peter Goes

La línea del tiempo

La línea del tiempoMi padre era un apasionado de la lectura y de la historia, así que por mi casa siempre hemos tenido un montón de libros y revistas de esta temática. Le recuerdo siempre con un libro bajo el brazo o sentado en su sillón leyendo alguna novela histórica. De hecho, creo que en los últimos años casi lo único que leía era este género. Sabía mucho al respecto, como podéis imaginar. Alguna que otra vez tuvo que resolverme dudas cuando estaba en el instituto y tenía exámenes de historia. Y es que, a pesar de todo lo que os he dicho, la asignatura de historia nunca ha sido mi fuerte. No sé cuál es el motivo, porque en realidad era una asignatura de esas de empollar y a mí lo de estudiar nunca se me ha dado mal. No voy a echarles la culpa a los profesores, ni siquiera a aquella profesora que tuvimos durante un año y a la que llamábamos “La Pepi” porque repetía muchas veces cuando explicaba la palabra impepinable.

El caso es que como siempre he llevado la asignatura sin pena ni gloria me da mucha rabia no saber ciertas cosas, porque me parece realmente interesante. También me da vergüenza que un día me pare Carlos Sobera por la calle y no pueda yo llevarme los millones porque la pregunta sea sobre historia, para qué os voy a engañar. Así que he intentado en estos años suplir mis carencias estudiantiles con la lectura histórica. Obligándome en ocasiones, lo confieso.

Cuando supe de la publicación de La línea del tiempo me emocioné mucho (soy así de fácil de contentar). Me encantan los libros ilustrados y me encanta aprender sobre historia: este libro está hecho para mí. Vale que la editorial Maeva lo haya publicado en su línea Young y que me pille quizás algo lejos la adolescencia, pero os prometo que el libro es una maravilla que puede gustar tanto a los jovencitos como a los no tan jovencitos. Y es que cuando un libro de este tipo está bien hecho es un disfrute para todas las edades.

Como no podía ser de otra forma, este libro arranca con el Big Bang y llega hasta el año 2015.  Toda nuestra historia concentrada en unas pocas de páginas. Impresionante.

Cada periodo de la historia es una línea del tiempo ilustrada maravillosamente. El ilustrador belga Peter Goes es el autor de las geniales ilustraciones. Me recuerdan a aquellos libros de ¿Dónde está Wally? que podías pasarte horas mirando no sólo para encontrar al dichoso Wally, sino por todos los detalles que había en cada página. No es que se parezcan artísticamente hablando, pero las ilustraciones de Peter Goes tienen tantos detalles que en cada página puedes pasar un buen rato perdiéndote en  los dibujos. (Y si lo acompañas de una taza de café, puedes echar la tarde tranquilamente). Su estilo, sus colores y sus trazos son muy característicos. Creo que después de este libro sabré reconocer una ilustración suya a primera vista.

Como os decía, toda nuestra historia está genialmente concentrada en este libro. Cada periodo cuenta con una breve presentación de la época y lo que sucedió en ella en términos más generales. En las ilustraciones, las verdaderas líneas del tiempo que abarcan casi toda la página, encontramos pequeños textos y apuntes sobre hechos y personajes de ese momento. Explicado así quizá no os hacéis una idea, por eso, si realmente os interesa, tenéis que tener este libro. No os vais a arrepentir, os lo prometo.

Es cierto que no es un libro para aprender historia, al menos para los adultos, porque se supone que son cosas que ya hemos estudiado, que debemos saber o que incluso hemos vivido. Aunque confieso que hay tantas anotaciones en las ilustraciones que hay datos que yo no sabía. Para los jóvenes me parece un libro esencial por su original manera de presentar la historia. Yo voy a regalárselo a mi sobrino que va a cumplir once años y estoy segura de que le gustará y le ayudará a aprender. Para los adultos La línea del tiempo es un libro realmente original e interesante con el que entretenerse y disfrutar.

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La sed, de Paula Bonet

La sed

La sedMe gusta Paula Bonet. Descubrí a esta ilustradora valenciana con su libro Qué hacer cuando en la pantalla aparece the end (Lunwerg, 2014) y desde entonces trato de estar al día con lo que hace. Es fácil: podemos seguir a Paula en Facebook Twitter o Instagram, donde aparte de comprobar lo guapa que es (es un pibón), podemos ver sus ilustraciones, proyectos y noticias. En sus redes sociales descubrí que estaba trabajando en un nuevo libro y supe enseguida que quería leerlo. Antes de nada me gustaría recomendaros también Qué hacer cuando en la pantalla aparece the end. Es un libro precioso, con textos e ilustraciones realmente magníficas. Estoy segura de que os gustará.

La sed es el último libro de esta artista y cuando por fin lo tuve entre mis manos la boca se me hizo agua. ¿Habéis visto qué bonito juego de palabras? Vale, lo dejo. Ya os he comentado en alguna ocasión que hay libros que me gustan tanto y que son tan bonitos que en lugar de guardarlos en las estanterías, los coloco estratégicamente por la casa a modo de exposición. Pues claro que los libros también pueden ser arte. La sed es uno de ellos. Esta edición de Lunwerg es tan perfecta, tiene un empaque y una calidad tan buena que hacen que el propio libro parezca un lienzo. Además, la ilustración elegida para la portada es tan bonita, que va a pasar a ser uno de los nuevos cuadros de mi casa.

¿Sabéis por qué me gusta tanto Paula Bonet? Porque sus libros no son libros ilustrados al uso. No son solo libros en los que se nos muestran sus obras (aunque creo que si fuera así, también me gustarían, porque como artista me parece maravillosa). Sus libros van más allá y es que Paula Bonet es también escritora. Una escritora desgarradora, en ocasiones muy lírica, muy cercana y sensible. ¿Qué hace mal esta chica? Yo no lo sé, pero la combinación de sus propios dibujos con los textos salidos de su imaginación es una mezcla extraordinaria. Me estremece su forma de pintar y también su forma de escribir. No le puedo pedir más a una artista.

La sed, publicado hace tan solo unos días, (lo devoré en una noche) me parece, hasta la fecha, su obra más madura. En ella, la autora entremezcla sus textos con los de mujeres a las que admira: Virgina Woolf, Anne Sexton, Sylvia Plath o Camille Claudel son algunas de ellas. Como para no admirar a estas mujeres, ¿verdad?

Me cuesta explicaros qué es la sed más allá de toda la belleza que produce. En este libro tan íntimo y personal, Paula nos habla de una mujer que se enfrenta a sus propios miedos y a la vida misma desdoblándose en dos personajes, Lupe y Monique. De estas dos personalidades nace Teresa. El libro hay que entenderlo como un conjunto donde la realidad se mezcla con la ficción en lugares como Valencia, Chile o Barcelona donde el temblor sacude a las protagonistas del libro, a todas esas mujeres a las que Paula admira.

Se aprecia en esta obra todos los años de trabajo dedicados por Paula al arte, su gran pasión. En este libro, los dibujos que acompañan a los textos están realizados en varias técnicas: hay ilustraciones, grabados, óleos y aguafuertes. Cada estilo sirve para ilustrar sutilmente a los textos, para llenar esos vacíos que las palabras no siempre pueden explicar.

Como os decía antes, creo que este es su trabajo más maduro, no sólo por sus dibujos sino también por sus textos, que demuestran que Paula Bonet es una artista de corazón, de esas que escasean. Para mí es una delicia cada vez que esta mujer saca un libro. No te acabes nunca, Paula, necesitamos tu arte.

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Ansel Adams: 400 fotografías

400 fotografias

400 fotografias¿Para qué sirve un libro de fotografías?  Aparte de para descubrir nuevos y espectaculares paisajes o disfrutar con los encuadres o ver el paso del tiempo en lugares icónicos o conocidos por ti, o… o todo lo que se nos ocurra (y depende del libro también, claro)…  Aparte de eso, ¿para qué sirve? Básicamente, diría yo, para observar y aprender.

Sí, yo también pienso que hay una parte muy importante de la fotografía que no se puede aprender, que se lleva dentro, que se ha de tener un gusto estético, creativo y compositivo, un ojo, que no lo tiene todo el mundo y que puede o no llegar a educarse, y que mucha gente lo incorpora de serie desde su nacimiento. Pero, la técnica y la teoría también son importantes y mucho.

Ansel Adams fue las dos cosas. Escribió montones de libros y ensayos sobre el octavo arte y desarrolló el sistema de zonas, que es el método que hace que al exponer una imagen la fotografía resultante se asemeje lo más posible a la realidad. Un método muy complejo que no me voy a parar a explicar porque ni es el sitio ni sé explicarlo, pero que, grosso modo, se usa en la fotografía en blanco y negro para diferenciar el blanco del negro, del gris oscuro, del gris claro… y de todas las gamas posibles de gris. (Sí ya nos volvemos —nos vuelven—  locos para distinguir el rosa palo del rosa hueso, imaginad para distinguir unos 10 tipos, o más, de gris…)

“Una fotografía no se toma, se hace” Ansel Adams

Ansel Adams: 400 fotografías es un libro en el que se puede observar la evolución del artista pues reúne 400 imágenes del gran fotógrafo ordenado cronológicamente desde sus inicios en 1916 hasta su muerte en 1968. La selección corre a cargo de Andrea G. Stillman, que fue su ayudante durante 30 años y algo entiende del tema.

El formato es apaisado, de unos 21 x 25 centímetros y consta de unas hojas finales con pensamientos y reflexiones de lo que llevó a Adams a hacer ciertas fotos, la forma en que las hizo o el porqué…

Abundan sobre todo los paisajes, Adams fue algo así como un fotógrafo ecologista, comprometido con el medio ambiente, con resaltar el tesoro paisajístico americano y con la preservación de los espacios naturales. De hecho, es mundialmente conocido por sus fotos del Parque Natural de Yosemite.

Sus fotos tienen en ocasiones un halo irreal que hipnotizan, que no te dejan apartar la mirada y son en sí mismas tan tesoro como aquello que han capturado. Su blanco y negro… ¡es portentoso! No sé si estoy o no sugestionado por saber que Adams desarrolló el sistema de zonas, pero el caso es que creo que nunca he visto, o puede que no me haya fijado con tanto detenimiento con otros autores, tantos tonos de gris que, dicho sea de paso, enriquecen, y de qué manera, las fotos, que se recopilan en este gran libro.

Pero la característica más importante de sus fotos es la gran profundidad de campo que podía conseguir, y el realismo que conllevaba eso. Sí, ya sé  que en el párrafo anterior he mencionado un halo irreal, incluso me atrevo a decir que surrealista, pero yo me entiendo. Es el efecto que produce “tanta realidad” en algunas de sus fotos.

Ansel Adams: 400 fotografías está dividido en cinco apartados que se corresponden con las cinco décadas de la vida fotográfica de este virtuoso:

-Yosemite y Sierra Alta

-El Grupo f/64 y Alfred Stieglitz

-Parques y monumentos nacionales

-Conservación, publicaciones y contratos

-Carmel

Un libro fundamental que no puede faltar en la casa de todo fotógrafo, ya sea aficionado como experto, junto con el ya reseñado Génesis, de Sebastião Salgado.

Un libro para observar y aprender que, como bien dijo, “Una fotografía no se toma, se hace”.

Un auténtico disfrute visual.

Un imprescindible.

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El Principito, Enciclopedia ilustrada, de Christophe Quillien

El Principito, Enciclopedia Ilustrada

El Principito, Enciclopedia IlustradaPuede que El principito sea uno de los personajes más conocidos de la literatura universal. No conozco a nadie que no sepa quién es este pequeño príncipe y aunque no hayan leído el libro (que por una parte ya les vale, son apenas cien páginas) todo el mundo ha oído hablar de él o sabe cómo es. Hay un montón de objetos con la famosa ilustración. Los tipos de merchandising en los que aparece este principito son inescrutables, mis feligreses. Yo misma atesoro varios de ellos: una acuarela, una libreta o un pastillero ideal (que me viene muy bien para mi hipocondría).

Habrá gente a la que no le guste este personaje o que piensen que el libro esté sobrevalorado. ¿Sabéis que os digo? Sois unos adultos muy aburridos. Prefiero los baobabs y las boas que engullen elefantes, dónde va a parar.

Cuando pensaba que ya lo había visto, incluidas películas y dibujos animados, llega la editorial Lunwerg y publica esta enciclopedia y claro, tengo que emocionarme. Creo que es el momento de deciros que si hay alguien en la sala al que no le guste El Principito no sé qué hace leyendo esta reseña. Podéis iros por la puerta de atrás, insulsos que sólo sois capaces de ver sombreros. ¿Alguien más? ¿No? Así me gusta. La Enciclopedia Ilustrada de El Principito es obra de Christophe Quillien y el trabajo que ha hecho Lunwerg es excepcional. He visto enciclopedias más finas que este libro. Tiene empaque, está a todo color y tiene todo tipo de detalles. No le falta de nada, es un libro que podría estar expuesto. De hecho, algunos  de mis libros los coloco estratégicamente por la casa a modo de exposición por lo bonitos que son. Podéis llamarme rarita, venga. Éste acabará expuesto en algún rincón de casa, ya os lo digo yo.

¿Qué contiene esta enciclopedia? Todo lo que un admirador de este libro pueda soñar, palabra de reseñista. En el completísimo índice encontramos todas las sorpresas que contiene. Obviamente, el primer apartado va dedicado a Antoine de Saint-Exupéry, su autor. Desde su infancia, sus primeros escritos y dibujos hasta su vida como aviador, sus amores y su misteriosa muerte. El día 31 de julio de 1944, en una misión de reconocimiento sobre los Alpes, se perdió la pista del avión que pilotaba Saint-Exupéry. Aunque en 1998 un pescador marsellés encontró su brazalete y en 2008 un piloto alemán asegurase que lo abatió en vuelo, su cuerpo nunca ha sido encontrado. Nunca van a faltar teorías locas al respecto, pero es verdad que su desaparición puso un broche final un tanto atípico a la vida de un escritor igualmente atípico.

Otro apartado está dedicado a los orígenes del libro y la repercusión que éste ha tenido: el manuscrito, sus traducciones a miles de idiomas, ediciones e ilustraciones. También hay un apartado dedicado exclusivamente a los personajes del libro: el principito, el zorro, la serpiente, la rosa, el rey o el farolero. No falta ninguno y es genial poder conocer más sobre estos míticos personajes. Realmente interesante. En otra sección se habla sobre las adaptaciones cinematográficas, las series de televisión, los dibujos animados, las obras de teatro e incluso las canciones basadas en el cuento. Todo acompañado por maravillosas fotografías e ilustraciones. Y es que este personaje tan universal tiene hasta su propio parque de atracciones, un hospital en Brasil que lleva su nombre, museos en Japón, Corea del Sur, Marruecos, Canadá y asociaciones y exposiciones por todo el mundo. Hay testimonios sobre el libro, ilustraciones dibujadas por niños, coleccionistas que muestran sus tesoros y muchísimo más. No os voy a contar todo porque, probablemente, a los enamorados de esta historia y de este adorable niño, ya os haya surgido la necesidad de tener en vuestras manos esta preciosa enciclopedia. Es normal, este libro es una auténtica delicia en el que perderse durante horas y jugar de nuevo a ser niños.