
Me encantan las bibliotecas personales (¡oh, sorpresa!). Me gustan esas librerías caóticas, llenas de libros gastados, de novedades, de clásicos, de poemarios, de cuentos y libros ilustrados. Una librería donde puedas encontrar de todo y a que a la vez sea capaz de reflejar el carácter de su dueño. Creo que si os dejara cotillear mi biblioteca particular podríais saber mucho de mí. Los libros también son el reflejo del alma, queridos.
En mi librería no falta Alicia en el país de las maravillas. Me gusta Alicia desde que tengo uso de razón. Claro que primero empezó a gustarme por aquella genial peli de Disney (no sé cuántas veces puedo haberla visto). Más tarde, cuando ya tenía una edad adecuada, pude disfrutar del libro. Sí, lo disfruté, porque Alicia en el país de las maravillas es una gozada. Se supone que es un libro escrito para un público juvenil, aunque, en mi humilde opinión, creo que para poder captar toda su esencia hay que leerlo ya de adulto. Lo mismo ocurre con El principito. Son libros para niños que sólo los adultos pueden entender plenamente. Creo que debe ser muy difícil escribir un libro que guste a niños y a adultos por igual. Yo no me veo capacitada (bastante tengo con lo mío), pero es algo digno de admiración, ¿no os parece?
Como os decía, Alicia en el país de las maravillas no falta entre mis libros, pero jamás he tenido una edición tan bonita como la que hoy os reseño. Queridos lectores: esta edición es arte, es una joya, es para ponerle un lazo y colgarla en un museo. Lo que hace que esta edición sea tan especial son las ilustraciones de Benjamin Lacombe. Probablemente os suene su nombre. Benjamin Lacombe es un ilustrador francés muy conocido y reconocido porque ha ilustrado muchos y variados libros de una forma espectacular: Nuestra Señora de París, Los amantes mariposa, Maria Antonieta… la lista es larga y tiene pinta de seguir aumentando (Lacombe es un auténtico filón). No soporto a la gente a la que deja de gustarle alguien porque se ha hecho muy famoso. ¿De qué vais, eh? No se puede ser tan Gollum: “mi tesoooroooo”. Si alguien es bueno, es normal que le guste a los demás. Es normal que se haga famoso y que tenga mucho éxito. Que os deje de gustar por eso es de idiotas, siento decirlo. Benjamin Lacombe es bueno, tiene un estilo muy personal que enseguida se reconoce y sus ilustraciones son pequeñas obras de arte. De verdad, a los que os guste Alicia en el país de las maravillas y os guste la ilustración tenéis que tener esta maravilla.
Aparte de las sugerentes ilustraciones de esta edición, el libro cuenta con la novela completa y varios anexos: un prefacio escrito por el propio Benjamin Lacombe, las cartas que Lewis Carroll escribía a Alice Liddell, (nuestra Alicia), y a otras niñas y unas notas sobre la traducción y las biografías de Carroll, Lacombe y Ramón Buckley, el traductor.
Personalmente, he disfrutado mucho con la sección de cartas. Las fotografías de Alice son preciosas, era una niña realmente adorable. También aparece la foto que Carroll tomó de Béatrice Henley y que entregó al primer ilustrador (John Tenniel) para que la tomase como referencia para dibujar a Alicia. La correspondencia entre Carroll y Alice es inquietante, para qué lo vamos a negar. Las cartas que aparecen en esta edición son cartas que él le escribía cuando Alice ya tenía veintitantos años. En una de ellas podemos leer cómo le pide permiso para publicar en edición facsímil el manuscrito original de Las aventuras de Alicia, que conservaba la joven. El caso es que Carroll seguía tomando a Alice porque aquella niña a la que él escribió el famoso cuento. También es extraño leer las cartas que les escribía a las otras niñas. Mucho se ha hablado de este tema. Como realmente no sé nada más allá de estas cartas, prefiero quedarme con la parte bonita: una extravagante amistad que desencadenó en uno de mis libros preferidos y que hoy puedo disfrutar como si de una obra de arte se tratara.

Soy una admiradora incondicional de Julio Cortázar, cualquiera que me conozca un mínimo lo sabe. Antes de hablaros sobre Aplastamiento de las gotas tengo que contaros mi historia de amor, poneos cómodos. Todo comenzó cuando yo tenía diecisiete años y leí 
Si yo fuera ilustradora hubiera hecho un libro como Ilustres conexiones. Aunque no dibujo mal, ese talento se lo llevaron mi madre y mi hermana. Menos mal, porque cualquiera me aguantaría si fuese yo una artista multidisciplinar (¿no os encanta la ligereza con la que se usa ese término hoy en día? El mundo parece estar lleno de Da Vincis).
a deuda pendiente con este libro. Desde hace un año. Algo más de un año ya desde que me lo regaló mi hermano, y el mismo tiempo sin atreverme a hablar de él. Un libro enorme, tanto por peso (unos 4 kg), como por dimensiones (25 cm. x 36 cm.) y número de páginas (517, algunas de ellas desplegables). Lo que se dice un señor tocho. Y además, en una impresión fotográfica muy cuidada, como todo lo que hace Taschen, (I´m in love with Taschen).














Título: Melendi, un alumno más. Sold Out