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Idiocracia, de Ramón de España

Idiocracia

IdiocraciaNunca te fíes de Filmaffinity cuando te apetezca ver una película de humor. Este consejo no os salvará la vida, pero puede que os permita descubrir más de una gran película de un género en el que más de uno sólo se atreve a puntuar del siete para abajo. Si me hubiese fiado de la valoración media que los usuarios de esta página le daban a Idiocracia, seguramente nunca la hubiese visto. Pero su argumento, sencillo y directo, hizo que me animase a ver por primera vez la que hoy es una de mis películas favoritas. Y su coincidencia en el título —de ninguna manera casual— fue lo que hizo que me atreviera a leer este ensayo de Ramón de España.

Si la película americana es una distopía que profetiza que dentro de quinientos años el mundo se habrá vuelto un lugar poblado de estúpidos y en el que reine el caos, el autor barcelonés parte de una premisa mucho más cercana y empírica: que en los últimos treinta años el proceso de idiotización que ha sufrido la sociedad española ha sido mayúsculo.

A partir de esa hipótesis, Ramón de España hace un repaso de la historia más reciente del país, desde la transición hasta la actualidad, en el que no deja títere con cabeza. Más que un ensayo, este libro constituye un desahogo monumental, en el que el autor parece haber obviado cualquier filtro de lo políticamente correcto en favor de soltar todo el rencor que había ido guardando en su interior a causa, fundamentalmente, de cómo se ha construido España ya con un sistema democrático de por medio.

De España es especialmente crítico y agresivo con el independentismo catalán, al que ya dedicó dos libros en su día, bajo los títulos de El manicomio catalán y El derecho a delirar —creo que no es necesario explicar su posición ante este fenómeno—. Pero lo cierto es que fustiga a granel, sin importarle demasiado las ideas o los orígenes de cada uno. Bien es cierto que muestra algo más de manga ancha con la derecha, aunque argumenta que es porque de ésta nunca ha esperado nada, motivo por el cuál vacía su cargador de mala frente a los partidos y las personalidades considerados progresistas.

No es un trabajo excesivamente intelectual ni lo pretende; el lenguaje bascula entre lo coloquial y lo vulgar y la mayoría de las ideas que se exponen ya están bastante trilladas, sobre todo si eres una persona interesada en la actualidad política nacional. Eso no evita que muchas de esas reflexiones sean muy dignas de tener en cuenta; destacaría su oposición al exceso de corrección al que se ha llevado en los últimos años al lenguaje, así como la defensa a ultranza que hace de la cultura. Pero para mí, sin duda, la mayor de las virtudes de Idiocracia es la forma en que su autor consigue que, independientemente de tu posición con respecto a sus opiniones, desees seguir leyéndolas. Las comparaciones son odiosas, pero me ha ocurrido algo parecido, salvando las distancias, a lo que me pasa con Jiménez Losantos: no me gusta lo que dice, pero no puedo evitar que me apasione cómo lo dice.

Da igual cuales sean tus ideas políticas, religiosas, morales o sexuales: es casi seguro que Ramón de España se ha metido contigo en su último libro. Eso sí, también es muy probable que disfrutes leyendo la forma en la que carga contra todo bicho viviente en sus páginas, aparentemente con el propósito de advertir hacia donde cree que se dirige nuestra sociedad. Y si el futuro se parece al de la película, sólo espero que no me pase como al protagonista y que no me congelen para verlo.

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Palabralogía, de Virgilio Ortega

Palabralogía

PalabralogíaCuando niños, hablamos cotidianamente en nuestra lengua natal y ni siquiera nos ponemos a pensar en por qué, una detrás de la otra, vamos escogiendo determinadas palabras entre todas las que existen para usar; tampoco nos preocupamos por preguntarnos porqué “libro” se dice “libro” y no, por ejemplo, “elefante” ya que nos parece totalmente lógico que se diga de esa manera y no de otra. Cuando empezamos a crecer, comenzamos a entender que todas las historias se escriben con palabras, pero todas las palabras también tienen sus propias historias. De eso se trata Palabrología, un apasionante viaje por el origen de las palabras.

La etimología, disciplina filológica que estudia el origen de las palabras y la evolución de su forma y significado, es el alma de este libro y el autor nos propone conocer la historia de las palabras vivas que resistieron el paso del tiempo y llegaron a nosotros (aunque muchas deformadas) para permitirnos comunicarnos fluidamente. Ante esto, la estructura del libro, resulta clave. Es que Virgilio Ortega, licenciado en filosofía y letras, nos propone un viaje imaginario por distintas épocas y lugares históricos para, de manera amena y clara, sumergirnos en la vida cotidiana y a través de ella ir conociendo el origen de cientos de palabras.

Así, tras un capítulo introductorio y general en el que conoceremos el origen de los nombres de los días, meses o estaciones del año, viajaremos a Egipto, Atenas, Los Juegos Olímpicos, Roma, Salamanca y Upsala, diversas épocas y lugares que son claves para que hoy hablemos español de la forma que lo hacemos y con las palabras que utilizamos. El lector, además del origen de las palabras, podrá así conocer historia pura y dura ya que al mismo tiempo que noveladamente asistimos al Coliseo romano, el autor, que cual Marty McFly va saltando de año en año, nos va aclarando el significado de cada palabra en cada época. ¿Vemos un Gladiador? Pues te recuerda que su nombre deriva de Gladius, la “espada corta” de los luchadores romanos ¿viajamos a un anfiteatro griego? Entonces aprenderemos que Anfiteatro significa “teatro por ambos lados” y que “Anfi” también se usa en palabras tales como Anfibio (dos vidas) o Ánfora (dos asas)

Y así una y otra vez: historia y etimología a raudales para las mentes más curiosas.

Particularmente, por momentos el libro se me ha hecho un poco mareante, ya que leer un solo párrafo puede contener entre paréntesis, decenas de explicaciones etimológicas, haciendo que la lectura sea un parar y seguir constante, pero tal vez eso me ha ocurrido por no haber seguido el consejo que el autor da al principio del libro, que consiste en determinar previamente la forma en que se ha de leer Palabralogía. El autor propone que los amantes de la historia, lean todo el libro sin detenerse en los paréntesis, mientras que los amantes de la etimología solo lean los paréntesis. Como tercera opción el autor asegura que el libro puede leerse de corrido y al completo, pero aclara que puede resultar pesado y recomienda leerlo capítulo a capítulo, dejando espacio entre ellos para el descanso de la mente; lo que el autor se olvidó de tener en cuenta es que cuando un curioso como yo empieza a leer un libro para curiosos como éste, resulta imposible parar. La conclusión es que Palabralogía, en mi caso, requiere de una relectura, tras haber sido devorado apasionadamente.

Si eres un enamorado de la etimología y la historia, este libro te encantará; además, una vez leído y colocado en la biblioteca personal, quedará allí como referencia siempre que queramos quitarnos alguna duda sobre el origen de alguna palabra.

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Una breve historia de casi todo, de Bill Bryson

Una breve historia de casi todo

Una breve historia de casi todoLeer libros de divulgación, a esta altura de mi vida, me parece el mejor camino para aprender; si bien sospecho por qué en los centros educativos del mundo se sigue con los mismos sistemas caducos, no puedo evitar sentir enfado al imaginar lo bien que les vendría a tantos millones de chicos tener la posibilidad de acercarse a este tipo de libros que, de forma amena y clara, enseñan tanto y tan bien. El mundo sería mejor si empezáramos creciendo así.

Tras haber disfrutado mucho de En casa, una breve historia de la vida privada, me puse a buscar qué otros libros tenía editados en español Bill Bryson, su autor. Y fue cuando me enteré de la existencia de Una breve historia de casi todo. La espera del cartero se hizo eterna, pero una vez recibido el paquete, todo lo que siguió fue leer. Y aprender. Y sorprenderme.

Una breve historia de casi todo consigue resumir en apenas 500 páginas las ideas fundamentales de varios temas diversos pero claves en la historia de todo lo que somos, tales como la física, la química y la geología; lo hace, como en el anterior libro, de una manera divertida, clara, atractiva y llena de ejemplos que nos dejarán con la boca abierta más de una vez.

Este libro es un no parar de datos sorprendentes de esos que todo curioso no podrá evitar marcar y repetir luego a todo aquél con el que se encuentre. Una vez terminado el libro, a uno le entran ganas de releer las decenas de páginas subrayadas para asombrarse una vez más. Ya desde la introducción del libro, el autor te atrapa con frases tales como “si tú mismo te fueses deshaciendo con unas pinzas, átomo a átomo, lo que producirías sería un montón de fino polvo atómico, nada del cual habría estado nunca vivo”

La sensación que se fue apoderando de mí, página tras página, fue la de confirmar la increíble suma de casualidades que tuvieron que darse a lo largo de millones de años para que hoy estemos aquí, yo escribiendo y los visitantes de esta página, leyendo. Que habitemos sólo en una de las 14.000 vías lácteas existentes y que desde el origen de todo tras el Big Bang se hayan ido acumulando las medidas exactas de los diversos materiales necesarios para crear vida, resulta cuando menos fabuloso y al mismo tiempo sobrecogedor. Que dependamos del equilibro de varios elementos y que la alteración mínima de alguno de ellos derive en el fin de la vida y que sin embargo todo siga igual para que sigamos estando aquí, genera escalofríos.

A lo largo de 30 capítulos, Bill Bryson irá desarrollando diversos temas que van desde la construcción del sistema solar, los debates sobre el tamaño de la tierra o la definición y función de los átomos, pasando por la constitución del interior de la tierra y los mares y los cielos, para llegar finalmente a la evolución de las especies y las luchas descarnadas entre los científicos de todos los tiempos para que sus ideas, al principio descartadas, finalmente se conviertan en teorías dominantes.

Al igual que En casa, El autor se toma su tiempo para contar sus historias y va mechando datos impactantes (cuando dos bolas de billar chocan entre sí, en realidad no chocan… lo que sucedes es que los campos de las dos bolas que están cargados negativamente se repelen entre sí) con detalladas biografías de los diversos científicos que hicieron del mundo de hoy algo más comprensible. Ocurre entonces, como con cada libro de divulgación interesante, que el libro entre tus manos resulta ser el puntapié inicial para acercarse a otros a través de los cuales profundizar en temas específicos. Bendito problema.

Recomiendo encarecidamente la lectura de este fabuloso y curioso libro: hay mucho que aprender allí afuera.

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El teatro de la memoria, de Simon Critchley

El teatro de la memoria

El teatro de la memoriaCon este libro me la jugué mucho, no voy a negarlo. Sabía de antemano que iba a suponer un reto. No soy demasiado aficionado a las lecturas fáciles —sólo hay que revisar mi historial reciente para comprobarlo— pero en esta ocasión era consciente de que me lanzaba a un territorio que apenas había explorado desde aquellos locos años de bachillerato, no tan lejanos por otra parte. Filosofía era una de mis asignaturas preferidas; quizás no a la hora de estudiarla, pues claramente era mucho más sencillo memorizar los cabos de España o las fases de la I Guerra Mundial que el método cartesiano, pero descubrir nuevas formas de reflexionar acerca del sentido de la vida y de las grandes preguntas que sobrevuelan nuestra existencia me pareció tan revolucionario como necesario. Tanto es así que no pude evitar decepcionarme al conocer la noticia de que una de las últimas reformas educativas en nuestro país buscaba reducir su importancia en las aulas. Una forma, tan sutil como perversa, de reducir las libertades de los estudiantes, al no incentivarles a descubrir a los grandes pensadores de la historia.

El teatro de la memoria, pues, ha supuesto mi reencuentro con la filosofía y este ha tenido su parte agradable y su parte dramática. Empezando por lo malo, esta lectura me hizo sentir, desde casi el primer momento, que me venía grande; ironías de la vida, dado su pequeño tamaño. Y es que uno no puede evitar sentirse sobrepasado y hasta, por qué no decirlo, ignorante, frente a un libro como este. No en vano, las referencias a autores y trabajos filosóficos son constantes. Lo positivo es que Simon Critchley demuestra ser un gran divulgador, al utilizar un lenguaje sumamente sencillo y una trama atrayente para conseguir que no desistas a las primeras de cambio.

El argumento, que más bien es un contexto sobre el que el filósofo británico posa su reflexión, es bastante curioso. El protagonista —que no es otro que el propio autor— recibe una serie de cajas con diversos documentos, todos ellos de tipo filosófico, que habían pertenecido a Michel Haar, un filósofo francés fallecido unos días antes. Entre los documentos Critchley encuentra un ensayo que le llama poderosamente la atención y que habla sobre el arte de la memoria y sobre la recurrente voluntad a lo largo de la historia, por parte de numerosos pensadores, de construir un edificio capaz de contener todo el pensamiento humano. Esta idea, junto a otro importante hallazgo que encuentra en una de las cajas, le llevan a obsesionarse profundamente, hasta el punto de decidir dedicar el resto de su vida a la construcción del teatro de la memoria.

Como ya he comentado, pese a que el lenguaje y la narración es asequible, no ocurre así con la mayor parte de las ideas y reflexiones que uno se encuentra cada pocas líneas. No recuerdo ningún libro —al menos no de esta extensión— que me haya obligado a hacer tantos recesos y a tener que releer tantas veces. Aún así, creo que el autor construye un híbrido eficaz, a caballo entre el ensayo filosófico y la novela (con más de lo primero que de lo segundo, eso sí) que es capaz de enganchar incluso a los que nos cuesta recordar de qué iba aquello de “el mito de la caverna”.

¿Qué he sacado en claro de El teatro de la memoria? Mentiría si dijera que mucho, aunque me aventuraré a lanzar una hipótesis. Para mí, el propósito de Critchley con este proyecto es el de jugar a elaborar su propio teatro de la memoria, un inventario de su propia vida, sus recuerdos, sus conocimientos y sus motivaciones para que éstas queden a salvo para cuando él ya no esté. Y es que qué es un libro sino un teatro de la memoria.

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¿Quién domina el mundo?, de Noam Chomsky

¿Quién domina el mundo?

¿Quién domina el mundo?Desde que el pasado nueve de noviembre amanecimos con la noticia de que Donald Trump iba a convertirse en el cuadragésimo quinto Presidente de los Estados Unidos de América hay una pregunta que flota en el aire: ¿de verdad va a ser capaz de cumplir las promesas que ha ido haciendo durante la campaña? Solo el tiempo lo dirá, pero lo que está claro es que la gran repercusión que ha tenido esta noticia a nivel internacional no es baladí; al fin y al cabo, Estados Unidos es, desde hace décadas, el país que controla la mayor parte de las cosas que ocurren en el mundo, muchas de ellas a miles de kilómetros de su territorio. Y por si alguien tiene todavía dudas del papel que ha jugado y que sigue jugando el imperio yanqui en el tablero global, Noam Chomsky nos refresca la memoria en ¿Quién domina el mundo?, su último trabajo.

Son muchas las ideas que el pensador nacido en Pensilvania pone sobre el papel, todas ellas realmente interesantes para ayudarnos a contextualizar el momento en el que vivimos a aquellos que aún no peinamos canas. Chomsky toma en primer lugar la temperatura al mundo actual para, posteriormente, buscar el origen de sus males. Y la conclusión a la que llega es que el papel de los distintos gobiernos estadounidenses ha sido fundamental para cimentar y agravar algunos de los conflictos económicos, políticos y sociales que se han ido sucediendo a lo largo de la historia y que han desembocado en las actuales amenazas a nuestro futuro. «No queda mucho tiempo», advierte, tras lo cual da comienzo a la narración de algunas de las peores decisiones que ha tomado su país desde que consiguió la independencia de Gran Bretaña.

Es un trabajo fuertemente documentado, lo que queda demostrado con las casi 50 páginas de referencias bibliográficas que se incluyen al final del libro. Chomsky aporta su opinión, como hace en todos sus escritos, pero ésta siempre viene refrendada por estudios e investigaciones que, además de dar verosimilitud a sus postulados, son muy interesantes para ampliar la información sobre los datos que va aportando el autor. Y es que, a pesar de mi fuerte interés por la política internacional, tengo que confesar que varias de las referencias que se hacen durante el ensayo a personajes y acontecimientos del pasado he tenido que buscarlas para poder comprender mejor el texto.

Otro rasgo que queda muy presente en este libro es la dureza con la que Chomsky saca a relucir algunos de los episodios más oscuros de la política norteamericana; desde el intento de invasión de Bahía de Cochinos a la colaboración en el golpe de Estado militar en Chile de 1973 pasando por su apoyo a Israel en el desigual conflicto que mantiene con Palestina o las más recientes torturas a presos en Irak. Y destaca además una de las ideas que muchos llevamos apoyando desde hace mucho tiempo, y es la de que todos estos actos viles no son sentidos como tales por la clase política norteamericana, que considera realmente que su país está legitimado para imponer su idea del bien común en cualquier parte del planeta.

En ¿Quién domina el mundo? Noam Chomsky nos narra la auténtica American Horror Story; una excursión por las cloacas de la política estadounidense que ayuda a hacernos comprender, en un mundo con un rumbo cada vez más incierto, de qué posos vienen estos lodos.

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Panóptico, de Hans Magnus Enzensberger

Panóptico

PanópticoAlgún día confesaré que leo los libros de Malpaso solo por el olor de sus páginas. Pero no hoy. Hoy quiero hablaros de veinte ensayos recogidos en forma de libro todos con la misma firma, la del aclamado intelectual alemán Hans Magnus Enzensberger.

Cuando nos sueltan la palabra filosofía, o pensamiento, tendemos a sentir en nuestro interior una sacudida que nos echa para atrás, que nos frunce el ceño, que cierra las puertas a nuestra voluntad de comunicación. ¿No es así? Tiene una nube sobre sí la filosofía de dificultad, de pesadez, de cansancio si se dispone uno a leerla. Pues bien, tras estas afirmaciones que espero que no molesten a muchos, se nos planeta la siguiente pregunta: ¿es posible una filosofía clara, de fácil lectura, en la que el pensador no parezca estar a años luz de nosotros? Sí, claro que es posible. Eso mismo tenemos en los archifamosos Ensayos de Montaigne igual que en el libro del que hablo hoy: Panóptico. En él, Enzensberger coge temas cotidianos – la economía, la jubilación, la fotografía o el sexo – y los plantea. No hay mucho más que decir. Recuerdo que hace unos años leí Esto no es un diario de Zygmunt Bauman y tuve la misma sensación que al abrir estos días el libro de Enzensberger, algo que puede resumirse en una frase que aparece al inicio del libro, en el primer párrafo: «textos pequeños sobre temas gigantes».

Reconozco que me gusta leer filosofía y que a veces entiendo que esta parezca engorrosa, pero porque el pensamiento en sí mismo lo es. Y por ese motivo encuentro tan excepcional que existan pensadores capaces de sintetizar sus planteamientos en ensayos – como en este libro – que no superan las diez páginas. Enzensberger consigue aquí plasmarnos, de una manera extremadamente personal e irónica, sus reflexiones acerca de todo lo que le – y nos – rodea. ¿Por qué nos extrañamos cuando el autobús llega tarde pero no cuando llega puntual? ¿Qué es lo normal y por qué lo es? ¿Qué realidad vemos en una fotografía que en principio mimetiza lo que refleja? ¿Por qué ser atleta en la antigua Grecia estaba mal visto y serlo ahora es motivo de admiración? ¿Por qué nos obsesionamos con limpiar la suciedad si esta llega de forma natural, como si tuviera esencialmente que llegarnos? ¿Por qué somos los únicos animales que limpiamos nuestro entorno? ¿Por qué nos sentimos distintos y superiores cuando compramos un producto que lleva la etiqueta de “exclusivo”? ¿Es necesario el sexo?

Estos son algunos de los temas que plantea el intelectual alemán en su Panóptico – palabra a la cual le atribuye el significado del gabinete de curiosidades y horrores que inauguró en 1935 el artista alemán Karl Valentin -. Como digo, temas en formato ensayo que todos podríamos tener como conversación con cualquier amigo algún día sentados en un bar y teniendo como barrera entre uno y otro unas cuantas cervezas. Enzensberger se sienta a la mesa, pide unas cuantas copas, espera a que lleguen, nos mira y comienza a hablar. Enzensberger es aquí nuestro amigo y en el rótulo del bar se puede leer el nombre Malpaso. Esa es la magia de los libros. Para acabar, quizás estéis pensando que todo lo que he expuesto como temas son preguntas. Pero, ¿no es generar preguntas el objetivo de todo tema filosófico?

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Sangre y pertenencia, de Michael Ignatieff

Sangre y pertenencia

Sangre y pertenenciaSería muy fácil hacer un análisis del título. Podríamos empezar con ese concepto tan apasionado e irracional como es “la sangre”, que es ese sitio donde los nacionalistas lo llevan todo: sus sentimientos, su historia, su cultura, su lengua, su cepillo de dientes y un par de mudas. Luego continuaríamos con el otro concepto, el de la pertenencia, igual  de apasionado e irracional, pero con el valor añadido de su infantilismo. “Esto es mío”. “Tú no eres de aquí”. Podríamos pasar después a analizar la acertadísima portada, pero entonces quizá no nos quedaría sitio para hablar del contenido del libro, que es brillante de principio a fin.

Sangre y pertenencia tiene también un jugoso subtítulo que, no tardamos en descubrir, es marcada y quizá involuntariamente irónico: “Viajes al nuevo nacionalismo”. La palabra clave aquí es, desde luego, “nuevo”. Nadie quiere saber nada del viejo nacionalismo, responsable de algunos de los momentos estelares del siglo XX y, por ello, desde hace tiempo completamente desacreditado. Nada que ver con el nuevo nacionalismo, parece sugerir ese subtítulo. Hasta que Ignatieff, apenas iniciado el libro, tranquiliza a este lector:

Con una ingenua ligereza, asumimos que el mundo dejaba atrás el nacionalismo irrevocablemente, el tribalismo, los límites provincianos de las identidades marcadas por nuestros pasaportes, de camino a una cultura global de mercado que iba a ser nuestro nuevo hogar. Visto ahora, silbábamos en la oscuridad. Lo que estaba reprimido ha vuelto, y su nombre es nacionalismo.

En este libro, que el autor escribió en 1993 a la par que se rodaba la serie documental de la BBC del mismo título, Ignatieff se propuso estudiar seis ejemplos de nacionalismo sobre los que apuntaban, a la sazón, los focos del mundo entero: Serbia y Croacia, tras la desintegración de Yugoslavia; Alemania, tras la reunificación; Ucrania, tras su independencia; Quebec, donde el independentismo llevaba décadas en constante aumento; Kurdistán, un pueblo dividido entre cinco países; e Irlanda del Norte, que ostentaba el triste récord de ser la democracia con más asesinatos politicos de todo el mundo.

Llegado este momento, hay que dejar que las ideas de Ignatieff se abran paso ante la interesada lectura de servidor, que, por si no lo habíais sospechado, tiene cosas más importantes que hacer que ser nacionalista: peinarme, hurgarme la nariz y asar castañas. Quiero decir con ello que sería injusto pensar que el autor se propuso escribir un libro contra el nacionalismo. Michael Ignatieff es un periodista y académico demasiado prestigioso como para dejarse llevar por prejuicios tan injustos como los míos.

Una de las premisas centrales de la obra es la que distingue entre el nacionalismo étnico, el de la sangre y el terruño, y el nacionalismo cívico, al cual se adscribe el mismo Ignatieff, hijo de ruso, canadiense de nacimiento, que ha vivido en varios países y está casado con una húngara. El nacionalismo cívico, según Ignatieff, mantiene que “la nación debe estar formada por todos aquellos que suscriben el credo político de la nación, independientemente de su raza, color, fe, género, lengua o etnia. (…) Se llama cívico porque considera a la nación como una comunidad de ciudadanos iguales, poseedores de derechos” [y es] “necesariamente democrático ya que la soberanía reside en todo el pueblo”. Palabras tan sensatas que todos intentan apropiárselas. Los nacionalistas étnicos más que nadie.

Es un gran acierto, pues, por parte del autor, definirse ideológicamente desde el primer momento y, a la luz de esa autodefinición, analizar seis casos de nacionalismo radicalmente diferentes unos de otros. Tanto es así que el libro sorprende, entre otras cosas, por su variedad. El acercamiento de Ignatieff a cada uno de los seis casos es diferente del anterior. En el caso de Serbia y Croacia, por ejemplo, da especial relevancia a la historia, mientras que en Alemania se centra en una interesante cuestión que nos plantea de esta forma:

Coja una nación y divídala en dos estados independientes. Asegúrese de que estos dos estados encarnen filosofías y formas de organización social opuestas. (…) Coloque un muro entre ambos estados e impida, tanto como sea posible, cualquier comunicación entre ellos. Transcurridos cuarenta y cinco años, retire el muro. Haga saber a la población que el experimento ha concluido y que en adelante son, de nuevo, una única nación.

¿Seguirían siendo una sola nación?

En todos estos viajes asistimos a escenas emocionantes, como cuando en Ucrania el autor viaja al pueblo donde vivió su abuelo y habla con personas que lo conocieron; escuchamos diferentes versiones de la situación de cada país, nos deleitamos con la claridad con que Ignatieff expone sus ideas y, sobre todo, aprendemos a entender (entender simplemente es casi imposible, ¿no?) el mundo actual, desde el Brexit hasta esos viejísimos populismos con nueva envoltura. Una lectura iluminadora y apasionante.

El futuro no es prisionero del pasado. Sólo los nacionalistas creen eso.

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Los excesos del género, de Geneviève Fraisse

Los excesos del género

Los excesos del géneroHoy os hablo de un libro de ensayo no demasiado largo, pero de gran alcance en nuestra historia de la filosofía y de la teoría feminista. Se trata de Los excesos del género, concepto, imagen y desnudez, escrito por la francesa Geneviève Fraisse. Esta autora es una historiadora y filósofa pionera en el campo de los estudios de género. Ha sido también delegada interministerial por los derechos de las mujeres y diputada al Parlamento Europeo como miembro independiente de la izquierda unitaria europea. Una mujer que ha dedicado toda su vida a los estudios filosóficos en el ámbito del género y del feminismo y que ha escrito más de una decena de libros y ensayos. Una mujer realmente interesante.

Los excesos del género ha sido publicado por la editorial Cátedra dentro de su colección de libros de filosofía y de teoría feminista. El título de este ensayo nos desvela, en cierto modo, sobre qué trata el libro. La introducción, escrita por Isabel Morant, es ciertamente esclarecedora. En ella, Isabel nos introduce el concepto que Geneviève Fraisse nos expone en su libro, así como las principales ideas relacionadas con su teoría.

¿De qué trata este libro?, ¿Qué intenta explicar la autora en él? Este ensayo trata, principalmente, sobre la polémica que suscitan las palabras sexo y género, además de una crítica a los estereotipos y a la desnudez en la política. Geneviéve defiende la sexuación del mundo en el ejercicio del pensamiento. Es decir, la autora cree que una nueva mirada sobre el mundo puede permitir el reconocimiento, y la representación, de que los sexos hacen la historia, y que la historia es sexuada. Debemos aceptar, pues, que el género no anula el sexo, aunque esta última palabra adquiera en el lenguaje y en la vida académica una descalificación y una reducción a lo sexual. Sin embargo, la palabra sexo es excesiva en amplios conceptos y por ello la autora cree que persistirá en el lenguaje. De ahí la importancia en utilizar la palabra sexo en el léxico de la investigación, pues sexo es mucho más que la sexualidad.

Es curioso que el creador de la palabra feminismo fuera un médico que en el siglo XIX la utilizó para calificar a un joven cuyo desarrollo, femenino, se había detenido. El lenguaje político, en cambio, pasó a utilizar el término para designar a la mujer que lucha por sus derechos de virago. Cien años más tarde, será el leguaje médico el que formalice el término género para referirse a los seres que no encajan en la clasificación mujer y hombre: los intersexuales y transexuales.

Se estudia también en el siguiente ensayo la imagen del cuerpo desnudo como lenguaje de la emancipación y es que el cuerpo puede ser portador de un lenguaje político. Por ejemplo, el grupo de activistas feministas Femen usa sus cuerpos desnudos, escribiendo sobre ellos mensajes sexuales, políticos e incluso guerreros. El cuerpo es aquí un lenguaje y ya que puede usarse para el lenguaje político, la autora opina que debe ser considerado con más detenimiento. Mujer-desvelamiento-verdad, una ecuación que establece un vínculo entre la verdad asociada a la desnudez de un cuerpo femenino y la verdad social y política oculta.

El feminismo es en sí mismo excesivo por dos motivos: habla de las sexualidades  y combate las desigualdades. Dos grandes tabúes a los que este movimiento se enfrenta.

Los excesos del género es un libro para aprender, para conocer nuestra historia y comportamiento, para esclarecer el debate entre las palabras sexo y género. Iba a decir una tontería. Pensaba escribir que quizá no sea un libro para todos los públicos, por aquello de que se trata de un ensayo filosófico bastante específico. Pero realmente es una gilipollez. Si hay alguien que no sea capaz de leer este libro, es porque realmente no está interesado en este tema. Y eso es una pena. Así que, ya sea ensayo, filosofía o debate, tanto el tema que trata el libro como las reflexiones de la autora son totalmente recomendables.

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El universo en tu mano, Christophe Galfard

El universo en tu mano

El universo en tu manoTenéis que leer este libro. Siento ser tan vehemente pero, si sentís un mínimo interés por el mundo que os rodea, tenéis que leerlo. Si sois de letras, tenéis que leerlo. Si sois de ciencias, también tenéis que leerlo. Si todavía tenéis un poquito de respeto por el niño que fuisteis y que se preguntaba por qué brillaban las estrellas, tenéis que leerlo, regalarlo, prestarlo y comprárselo a vuestros hijos, sobrinos o cualquier adolescente que tengáis a mano.

Hasta aquí la recomendación apasionada. Ahora me preguntaréis, ¿pero por qué tenemos que leer el dichoso libro?

No es una pregunta difícil. Tenéis que leer El universo en tu mano porque da respuestas. Porque te hace viajar con la mente hasta lugares a los que la tecnología humana no puede llegar. Porque es una cruzada científica contra las falsas verdades sobre el universo y la física que llevamos siglos repitiéndonos (¿os han dicho alguna vez eso de que “todas las estrellas que vemos están muertas”? Pues no es así). Porque ves, realmente ves, con los ojos de la imaginación, estrellas, planetas y agujeros negros. Porque te ríes un montón. Porque aprendes todo lo que no fueron capaces de enseñarte en el instituto y sin tener que empollar páginas y páginas de texto que no comprendes. Y, el argumento definitivo, porque surfeas sobre un asteroide.

En los agradecimientos de El universo en tu mano, Christophe Galfard, físico teórico, discípulo de Stephen Hawking y autor de este libro, dice que le propuso a su editora lo siguiente: escribir un ensayo que contara de manera divulgativa todo lo que sabemos del universo desde el Big Bang hasta hoy. Y, sorprendentemente, ella no le dijo que estaba loco, sino: adelante.

Y fue una suerte. Por que el objetivo del ensayo es colosal. Pero Galfard lo cumple holgadamente. Te coge de la mano y te lleva a galaxias lejanas, le da la vuelta a la idea que tenías sobre la gravedad, te explica la teoría de la relatividad comparando el sol con una pelota pesada sobre una lámina jabonosa, convierte planetas en canicas y agujeros negros en ensaladeras girando a toda velocidad, te pasea con jarrones horteras por el espacio, salta contigo al interior de un protón y vuela por los aires tu concepción del tiempo y el espacio. Y, lo más importante, hace que parezca todo muy fácil.

Otro argumento a favor del El universo en tu mano es que es precioso (la cubierta, el papel, el diseño de interior) y está muy bien trabajado (la traducción, la edición, la maqueta…). Solo puedo agradecer a los editores de Blackie Books que hagan tan bien su trabajo. Instrumental fue uno de los mejores libros que leí en 2015 y El universo en tu mano ha entrado con honores en la lista de 2016.

Pero no todo es bueno. He leído por ahí, creo que en prensa, que El universo en tu mano se lee como una novela. Aquí he de decir que exageran. Es cierto que es un libro ameno y que Galfard se las ingenia para contarnos todo lo que se sabe sobre el universo usando solo una ecuación (E=mc2). También es cierto que usa ejemplos desternillantes (ya lo habéis visto) y que te arranca muchas sonrisas (en un momento llega a decir que todos somos, literalmente, polvo de estrellas, que no es una exageración poética). Pero no es una novela y, por muy apasionante que sea la historia del universo, no es un thriller. Es un ensayo en el que se explican conceptos complejos y hay que dedicarle atención y tiempo. A mí eso me encanta, pero habrá gente que prefiera leer otras cosas.

El universo en tu mano no es el libro que coges cuando estás medio dormido a las dos de la mañana para leer un par de páginas antes de caer rendido con la luz de la mesita encendida. Si hacéis eso, seguramente lo dejaréis. Mi consejo es que cojáis el libro un domingo por la mañana, con la casa en silencio, una taza caliente entre las manos y un par o tres de horas por delante. Así, a grandes sorbos, disfrutareis del ensayo, viajaréis con Galfard a lugares en los que nunca podréis poner los pies y os iréis a la cama sabiendo algo nuevo.

Por último, quería decir algo a todos los profesores de instituto que estén leyendo esta reseña. Usad este libro en clase. Este es el mejor libro de texto que se podría haber escrito para las asignaturas de Física y Ciencias de la naturaleza. Echadle un ojo, regaládselo a vuestros compañeros. Galfard contagia su pasión por la ciencia en este texto. Dejad que se la contagie a vuestros alumnos. No hoy, ni mañana, ni en un año, pero os lo agradecerán.

Laura Gomara @lauraromea

 

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Relatar lo ocurrido como invención, de Manuel García-Carpintero

Relatar lo ocurrido como invención

Relatar lo ocurrido como invenciónA mí me pasa, y pienso que a muchos de los que leáis esto también. Es leer El Quijote o Alicia en el País de las Maravillas o incluso ver un capítulo de Los Simpson, por poner algún ejemplo, y darte cuenta de que detrás de la primera capa de ficción hay una verdad importante – o más de una – que se queda en forma de poso en tu mente como el rastro de color rojizo que deja en los labios un vino viejo. Pero, ¿cuántas veces nos preguntamos acerca de esa verdad que emana de la ficción? Pocas, seguro. Pero para eso están los libros, para hacernos pensar en cosas en las que sin ellos no lo haríamos, en hacernos ver cosas que sin ellos serían imposibles de ver. Este es uno, y nos hace pensar, y mucho, en la ficción y todo lo que la rodea: Relatar lo ocurrido como invención, de Manuel García-Carpintero, publicado por Cátedra en su colección Teorema.

Al igual que el último libro que reseñé de esta misma colección – El autoengaño desenmascarado, de Alfred R. Mele – aquí el autor busca comprometerse con su materia de estudio sin dejar de lado el uso de referencias y el aporte de teorías ajenas. Como comentaba, aquí se trata pura y profundamente el tema de la ficción. ¿Qué es lo que nos hace saber, dentro de nuestra mente, que Cide Hamete Benengeli no es el verdadero autor de El Qujote? ¿Cómo llegamos a diferenciar la verdad de la mentira dentro de la ficción? Temas como estos son los que busca explicar a los lectores García-Carpintero siempre intentando suavizar la teoría filosófica o lingüística con ejemplos sacados de obras tanto contemporáneas como clásicas. Con un recorrido previo por las teorías del lenguaje que se centran en los actos de habla – Grice, Austin, Williamson, etc. –, seguido por la relación entre estos y el discurso de la ficción, para ya adentrarse de lleno en el mundo ficticio; Relatar lo ocurrido como invención es el manual con el que dar el primer paso a la reflexión acerca de la ficción: de su verdad, su mentira, sus mecanismos de creación, sus facetas dentro de la narración, etc. Solemos asumir que nuestra mente sabrá caminar inconscientemente por la ficción y que será ella la que de forma involuntaria por nuestra parte nos avise de los peligros que tiene lo que estamos leyendo. O que gracias a ella caminaremos seguros sabiendo que lo que tenemos delante no es creíble, o sí, o que no puede ser verdadero o que sí. Pero asumir esto puede ser peligroso.

Hay veces incluso en que la ficción narra algo que no es ficticio, o que lo que no es ficción narra hechos ficticios. Dilemas como estos son algunas de las propuestas de un libro que intenta indagar más allá de lo que habitualmente se indaga, y esa es una de las gracias o de las claves de la filosofía. Y es que no debemos olvidar que este libro se presenta como «Una introducción a la filosofía de la ficción contemporánea». Muchos escritores han hablado de la vida “real” como metáfora, como la idea de otro, como un doble o incluso se ha dicho de ella que es una hipérbole de la nada. Es inevitable que todo esto nos genere incertidumbre para con la realidad, que nos haga dudar acerca de lo que leemos e incluso de lo que vemos; pero ¿qué gracia tendría si no fuera así? ¿Qué gracia tiene leer si la lectura no provoca que nos despeinemos?

Si te gusta pensar, si crees que siempre hay más por conocer que conocido, si dudas hasta de ti mismo, para ti son las preguntas, para ti es la filosofía y para ti son libros como este: Relatar lo ocurrido como invención, de Manuel García-Carpintero.

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Desaprender, de Marie Luise Knott

Desaprender

Desaprender«Pocas veces nos hacemos una idea de cuánta libertad se requiere para expresar de la mejor manera posible el más pequeño pensamiento propio». Estas palabras de Walter Benjamin, que aparecen en las primeras páginas del libro, son la desgarradora verdad de la historia de Hannah Arendt. Hace poco leí que cuando te expulsan de tu tierra – o mejor, tu Tierra – tienes tres caminos posibles de reacción: pensar que el lugar nuevo en el que estás te acogerá, pensar que algún día volverás a tu tierra, o darte cuenta de que ya no eres de ningún lugar y de que nunca podrás volver a serlo. Es a partir de esta tercera vía de la que han nacido grandes pensadores, y dentro de este grupo late con fuerza – todavía hoy y gracias a continuadores como Marie Luise Knott – Hannah Arendt, la teórica a la que nunca le gustó que le llamasen filósofa.

Hannah Arendt decidió pensar en un mal momento. Judía y viviendo en Alemania, todo discurso que salía de sus labios o sus dedos era visto como transgresor, violento e incluso delictivo. Tuvo que exiliarse a Estados Unidos y fue allí donde vivió la transformación. No solemos pararnos a pensar en la mezcla que se produce en nosotros – en nuestra habla, nuestra escritura, nuestro pensamiento, nuestro ser – cuando salimos de nuestro lugar y nos instalamos en uno nuevo. Arendt tuvo que lidiar la batalla de la traducción, que ella misma se hacía de sus obras en alemán; para darse cuenta del gran cambio que una obra traducida padece, aunque la haya traducido el mismo autor que la original – si lo original existe –. En esas «expediciones del pensamiento» se encontraba Arendt inmersa en un no lugar como era su nueva residencia en otro país.

Estas aventuras mentales que la teórica alemana plasmaba en el papel, han sido ahora absorbidas por Marie Luise Knott – especialista en Arendt – y resumidas en este Desaprender que publica Herder Editorial. Dividido en cuatro grandes bloques – Reír, Traducir, Olvidar el perdón y Dramatizar –, Desaprender nos muestra el pensamiento a pasos de una de las más grandes intelectuales del siglo XX. La risa y la ironía: «En el momento de la risa el hombre y lo humano mismo pueden ser lo más fuerte en tiempos de oscuridad». El darse cuenta de que esa doble visión que sufrió al tener que convivir con sus propias traducciones, esa distancia, era de igual forma en la vida misma, todo traducciones de un original inalcanzable: «El traductor se hace portavoz de la otra voz, que él hace perceptible a través del abismo del espacio y del tiempo». La importancia del olvido de un perdón que ha marcado a los que serán, para siempre y para todos, los perdonados: «Perdonar, compadecerse y reconciliarse no revocan nada, sino que continúan la acción iniciada (…) Perdonar es una acción y no una reacción». Y por último, la necesidad de dramatizar el mundo, de convertir el mundo en un escenario: «Por lo general suponemos que la máscara oculta el auténtico sí mismo; en Arendt la máscara es la forma en la que el sí mismo puede manifestarse».

Termina el libro con un apéndice – Diferencias transatlánticas – en el que se nos muestra la gran diferencia entre mismos fragmentos escritos por la autora en inglés o en alemán: la diferencia en la expresión del lenguaje, en el uso de vocabulario, en la extensión, etc. Hannah Arendt, en definitiva y como podréis ver si os adentráis en este impactante libro, lo pensó todo en un momento en que pensar era ser empujado a una zona en la que todo estaba de nuevo por construir. Tengo muchísimos fragmentos del libro subrayados, no sé si de las cosas que no he entendido bien y que necesitan otra lectura o de las cosas que más me han gustado. Lo que tengo claro es que si hubiera tenido que subrayar lo que me ha marcado de Desaprender, ahora mismo todo el libro tendría una gran raya gris bajo sus palabras. Bienvenidos al pensamiento, un lugar del que no se puede salir.

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Todos deberíamos ser feministas, de Chimamanda Ngozi Adichie

Todos deberíamos ser feministas

Todos deberíamos ser feministasA finales de 2015, el editor sueco de Chimamanda Ngozi Adichie, junto con varias asociaciones como el Sweden’s Women Lobby, decidió distribuir copias gratuitas de Todos deberíamos ser feministas a los adolescentes del país. La iniciativa saltó a las páginas del diario The Guardian y en cuestión de horas el libro estaba siendo comentado en medio mundo. El hecho suscitó, cómo no, muchas adhesiones y algunas críticas, pero en todo caso consiguió una difusión de esta obra como no hubiera podido conseguir la mejor campaña de promoción.
El texto en sí, para ser estrictos, no es un libro, o no se gestó como tal. Se trata de la adaptación de una charla TED que, con el mismo título, había hecho Chimamanda anteriormente. Está en YouTube, es perfectamente accesible de manera gratuita y no ocupa espacio ni coge polvo en casa. En ese sentido me ha parecido bastante acertada la manera de llevar a cabo la edición, al menos la española (desconozco el resto): un librito muy pequeño, un precio reducido (menos de cinco euros), un tratamiento del texto bastante limpio, sin grandes prólogos, epílogos, justificaciones ni análisis para engordar el volumen injustificadamente.
Puedo decir de entrada que me ha parecido que vale la pena tenerlo, ya no digo solamente leerlo.
Más allá del contundente título, Chimamanda esboza un “abc” del feminismo desde una perspectiva positiva. Esto es, lo define y lo defiende como algo que tiene entidad por sí mismo, y no mediante el enfrentamiento con lo que “no es” o con aquello que supuestamente odia. En sus propias palabras, Todos deberíamos ser feministas retrata la voz de una “feminista feliz africana que no odia a los hombres”.
Una vez establecida esa premisa, el contenido transita principalmente por caminos trillados, por conceptos básicos del feminismo, en su mayor parte a través de experiencias personales de la propia autora. Las diferencias en la educación, diferencias en el trato social y en la consideración dentro de la familia y otros fundamentos de la discriminación hacia las mujeres. Algo que se pone muy de manifiesto es cómo Chimamanda incide en que muchos de esos comportamientos son algo más exagerado en África de lo que pensamos o de lo que experimentamos en nuestra pequeña parte del mundo. Por lo demás, con una lectura superficial el libro puede dar la impresión de no contar nada nuevo.
Y sin embargo esa aparente simpleza no hace que pierda valor, al contrario. A veces es necesario volver a las raíces para aprender de nuevo lo más complicado. Resulta algo frecuente en todos los ámbitos: cuanto más se profundiza en el conocimiento, más se pierde de vista la perspectiva global y más lejos quedan los principios, con el riesgo de acabar perdiendo la base. Si algo consigue Todos deberíamos ser feministas es hacer que el lector recuerde cuatro o cinco elementos fundamentales, en casi todos los casos bastante obvios, pero también bastante descuidados incluso por aquellos que se interesan por el tema y que participan activamente de él. Por eso, este libro de Chimamanda Ngozi Adichie, o cualquiera que se le parezca, tendría que estar no solo en manos de cada adolescente sino en todas las casas.
Vale la pena tenerlo, repito. Habrá mejores textos introductorios al feminismo, más completos, supongo. Lo desconozco porque no he leído el resto. Pues bien, merece tener cerca alguno de ellos, este por ejemplo. Y pensar que hay que leerlo dentro de diez, de veinte y de treinta años. Si hoy, y entonces, no podemos decir que todos los comportamientos que se recogen en el libro están superados, habrá que seguir insistiendo.