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La casa del lago, de Thomas Harding

LA CASA DEL LAGONo es normal que yo empiece una reseña hablando del autor, pero en este caso, y teniendo en cuanta que este libro del que les estoy hablando es un ensayo, creo que es lo más justo.

Thomas Harding es un escritor británico nacido en 1968, estudió antropología y ciencias políticas, trabajó en televisión y parece que el mundo del periodismo le atrapó, supongo que por esa curiosidad que hay en él y que es trasversal en todo lo que le rodea. No es de extrañar que sus inquietudes le llevasen a la literatura periodística de investigación.

También les digo ya, adelantándome a lo que luego les pueda contar, o no, que el libro es muy ameno, no sea que lo dicho hasta aquí les pudiera hacer pensar en otra cosa, que es lo que se suele pensar cuando se empieza a hablar de un ensayo, que muchos son duros de leer pero eso es solo por la falta de habilidad del autor, y solo esos, casi de forma exclusiva, pudieran resultar no atrayentes para el lector de ficción. Ya les repito que no es el caso y que está divinamente narrado.

Dicho lo anterior les puedo contar, porque así lo cuenta él en el libro, que es descendiente de judíos alemanes que como ya imaginarán, porque él está en este mundo, sobrevivieron al Holocausto. Mejor dicho, lo vieron venir y tuvieron la posibilidad, no solo económica, que también, sino sociopolítica de poder dejar Alemania y marchar a vivir casi toda la familia a Inglaterra.

Antes de hablarles de La casa del lago, tengo que adelantarles, y otra vez por si no lo hago más tarde, que no deberían dejar de leer, después o antes de éste, otro de sus libros titulado Hanss y Roudolf. El Judío Alemán y la caza del Kommandant de Auschwitz, que esta misma editorial publicó al inicio de 2014. Un libro que fue galardonado, en Estados Unidos sobre todo, con un gran número de premios. Todos, desde mi punto de vista de humilde lectora, muy merecidos.

La casa del lago, es su historia familiar, la historia de su propia saga familiar, la de la casa de su familia, una casa de recreo o fin de semana y vacaciones en la que llegó a vivir su abuela, de hecho el autor viajó con ella en 1993 hasta la propia casa que un día debió abandonar. Pero la historia de la casa de los Alexander junto al lago, como todos ustedes podrán comprobar, se convierte ante nuestros ojos, casi sin darnos cuenta, en la historia de Europa de una gran parte del Siglo XX.

Los terrenos junto al lago eran de un noble, los Alexander, una familia judía adinerada adquieren una parcela en la que construyen su casa con un camino que lleva hasta el lago, cuando debieron salir de Alemania, se instaló en ella un famoso compositor, que si bien en un principio parece algo escrupuloso con los nazis, termina como todos, mirando hacia donde más le conviene… Y así se sucederán una familia tras otra, hasta que nuestro autor la encuentra años después en un estado deplorable y se interesa por toda la historia que ahora nos cuenta.

Bien documentada, y salpicada de fotografías en las que podemos ver, no solo la casa sino a muchos de sus habitantes, la historia se nos hace cercana y real. No está novelada pero es tan cuidadosa su forma de narrar que casi lo parece.

La casa existe ahora restaurada gracias a la insistencia de esta familia… Como Alemania, también restaurada, ya sin muro, un muro que por cierto pasó muy cerca de la casa. Alemania quiere y debe recordar… Como todos, todos debemos mirar, ver lo que se nos viene, reconocer que los muros no solucionan los problemas del mundo, ni los de un país, ni los de una casa. Lo importante es la gente, las personas, la vida.

Y recordar la historia una y otra vez es imprescindible, dejar legados que nos recuerden que el ser humano debe controlar su espíritu egoísta, y los miedos que “los otros” nos pueden producir… LEER y LEER y VIAJAR y VIAJAR, y todo con los ojos y el corazón bien abiertos.

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La palabra mágica, de Augusto Monterroso

La palabra mágica

La palabra mágica«Vivir es común y corriente y monótono. Todos pensamos y sentimos lo mismo: solo la forma de contarlo diferencia a los buenos escritores de los malos.»

La importancia de la mirada, el saber de los contrarios con los que está compuesta la realidad, la comodidad – o la poca incomodidad – en terrenos adversos es lo que hacen a alguien escritor. Me da miedo decir que un escritor es bueno y que otro es malo porque me da miedo pensar que algún día pueda diferenciar esas cosas. Yo lo único que consigo ver es si un escritor me gusta o no. ¿Eso significa que sea bueno el que me gusta y malo el que no lo haga? Yo no me atrevo a decir eso. Pero sí me atrevo a decir que acabo de descubrir a Augusto Monterroso y me atrevo a decir que me gusta.

En La palabra mágica, compendio de breves artículos multitema que la Editorial Navona vuelve a traer a las librerías dentro de su colección ‘Los ineludibles’, el escritor hondureño y nacionalizado guatemalteco ofrece una amplia – pero reducida en forma – visión de las cosas. Digo las cosas y me gustaría no tener que hacerlo pero no puedo acotar más. Estamos leyendo cómo un libro se hace famoso o cómo es el trabajo del traductor y pasamos de repente a conocer la trágica vida de Horacio Quiroga. Todo separado brevemente, dividido, algo así como lo que algunos han llamado fragmentarismo ontológico. Pero hay algo en común en estos veinte ensayos: por un lado, que Monterroso siempre está presente, como si quisiera controlar que nunca nos perderemos en ningún laberinto de ficción porque él, como Ariadna, está al otro lado manteniendo el hilo de lo real; y por otro, que todo parte de una vida, sea la del propio autor o la de otro.

Conoceremos datos curiosos de la vida de Shakespeare, Borges, Ernesto Cardenal o Góngora; su opinión con respecto al género de la autobiografía o viviremos su “encuentro” con Kafka. Y todo ello bañado de una ironía que a cada libro que leemos se erige más como la mejor vía de escape a la tragedia de la vida. Reírse, reírse de la Historia en mayúsculas, de los estigmas sociales, de las convenciones, de lo impuesto, creído y defendido siempre. Reírse de los otros partiendo de uno mismo, reírse de la vida porque se sabe que esto es lo que hace ella con nosotros. Reírse de aquellos que se lanzan a escribir en libros sus vidas íntegras cuando, por supuesto, estas todavía no han terminado; reírse de que se tradujera a La importancia de llamarse Ernesto lo que debería haber sido La importancia de ser honrado (The Importance of Being Earnest); reírse de todo para convertirlo en nada y desde ese punto empezar a disfrutarlo.

Sé que hay mucha gente, y no sé por qué, que desprecia el refranero popular cuando este nos ha dado cosas tan grandes como por ejemplo Sancho Panza. Dicen que quien bien te quiere te hará llorar. ¿Y si se refieren a la risa? ¿Y si La palabra mágica fuera la que provoca la risa? Descubrid a Monterroso, nunca es tarde para hacerlo. Os lo dice alguien que se equivocó – como tantas otras veces – pensando lo contrario.

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Espiritualidad para el siglo XXI, de Luis Racionero

Espiritualidad para el siglo XXI

Espiritualidad para el siglo XXICuando leo la palabra “filosofía” la digo de una forma diferente a la que, por mi idioma y acento la debería decir. Es difícil de explicar por escrito, deberíais oírme. Para mí, la filosofía es La FI-lo-so-fÍa, así, casi silabeando, marcando las íes. Esto se debe a que mi profesor de filosofía en el bachillerato era de Chile. Tenía un hablar pausado, tranquilo, paciente y sereno. Era un hombre todo bondad, así que le tengo cariño a la materia. En aquella época, se estudiaba durante 3 años la asignatura y aunque con 16 o 17 años, a lo mejor no se está muy preparado para entender muchas cosas, creo que no deberíamos dejar que los jóvenes de hoy se la perdieran. Aquello igual no era lo ideal porque la filosofía que se nos mostraba era solo la occidental, bastante racional y de una forma algo aburrida, pero por lo menos nos enseñaban algo. Algunos nos interesamos a partir de ahí por informarnos sobre otras filosofías o formas de pensamiento. Si nadie te muestra el camino, es difícil dar con él. Además, tuve la suerte de que el mismo profesor me dio ética, y ahí sí, se salió de la programación establecida y hablamos del amor y la amistad, por ejemplo, desde un punto de vista filosófico. Me sigo acordando de lo que disfruté leyendo las cartas de Rainer María Rilke a su amigo poeta.

En Espiritualidad para el siglo XXI, Luis Racionero pone patas arriba muchas de nuestras concepciones sobre la vida y la muerte. Para empezar aclara lo siguiente: “vaya por delante un aviso para ahorrar tiempo y esfuerzo: la filosofía occidental, excepto la ética, no sirve para nada, es una pérdida de tiempo, sólo utilizable como cultura general.” Así que si a alguien esto le parece una barbaridad, pues que deje de leer ya, porque ese es el camino durante todo el ensayo. El libro está dividido en cuatro capítulos: “el miedo a la muerte, el arte de morir, otra mente no racional y subir al espíritu”. Leída la afirmación anterior y la explicación en el primer capítulo sobre cómo tuvo experiencias trascendentes con LSD, me quedé algo pasmada, pero lo cierto es que se entiende perfectamente, y el punto de vista que nos muestra a mí me ha gustado y convencido. Tiene una forma directa y fresca de explicar las cosas, hasta algo irreverente en ciertos puntos, pero clarificadora.

Argumenta la razón del miedo a la muerte y nos explica la manera de superarlo. Después nos desmonta la idea del racionalismo como única e irrefutable forma de pensar del ser humano. Intentamos controlar y organizar todo y esto es un error. “La filosofía es más que la lógica, no es información y combinación de palabras sino que es transformación de los procesos de la mente”. Luis Racionero nos recomienda crecer espiritualmente, no buscar la verdad, sino una experiencia psicológica, un estado de ánimo, llegar a sentir energía, vitalidad, placer, gozo o serenidad. Deberíamos trascender el pensamiento, superar el pensar y dejar paso al sentir o actuar para llegar al autoconocimiento. Nos recomienda el yoga, la meditación, la mística o el zen. Nos argumenta que es más eficiente, mejor, o más satisfactorio, observar las ideas o filosofías orientales.  La conciencia mística no depende de las creencias religiosas sino que es universal y tiene más de conocimiento intuitivo o de sentimiento que de raciocinio. “La espiritualidad consiste en estar receptivo a la existencia del espíritu y no negarlo porque no se ve ni se toca”. Poner en palabras la experiencia mística es muy difícil y nos pone como ejemplo a San Juan de la Cruz y sus poemas.

Tengo la sensación de que llegar a estos niveles de profundidad mística es muy difícil para el común de los mortales. También creo que nos deberían enseñar a sentir, a parar, a meditar, a respirar, desde que somos pequeños, porque nos harían un gran favor. Vivimos en una sociedad que corre y hace ruido, todo el tiempo, que no se para a escuchar su mente y su cuerpo. ¿Os habéis parado a no pensar, a dejar la mente en blanco alguna vez, aunque sea por unos segundos? Es de lo más difícil que hay y sería de lo más sano poder hacer un reset. A veces agradecería tener un botón de esos en mi cabeza, como los de los ordenadores o los teléfonos, que los pulsas durante 10 segundos cuando se bloquean y reinicia todo. Apagar y encender arregla más de la mitad de los problemas en un aparato o chisme digital, eléctrico e incluso analógico; con nuestras mentes sería un descanso más sano que usar, por ejemplo, las drogas o el alcohol para intentar borrar o embotar lo que nos preocupa. Que no se trata de eso, se trata de sentir y sentirse bien, no con resaca.

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Ética de los medios de comunicación, de María Javiera Aguirre Romero

Ética de los medios de comunicación

Ética de los medios de comunicaciónOcurrió un incidente curioso mientras estaba leyendo este libro y creo que no está de más comentarlo. Seguro que muchos todavía os acordaréis (si es que para cuando se publique esta reseña el individuo al que voy a nombrar no ha preparado un show aún más bochornoso bochornoso): Juan Torres, catedrático de Economía, acudió al programa televisivo La Sexta Noche para presentar su último libro. Ante las acusaciones y las interrupciones continuadas de Eduardo Inda, periodista y desde hace no mucho tiempo propietario de un diario digital, el economista tuvo que abandonar el plató, ante la sorpresa del presentador, que no entendía por qué no se quería someter a ese juego. Minutos antes Inda había puesto en duda el testimonio del padre de uno de los militares fallecidos en el accidente del Yak-42, había banalizado sobre las responsabilidades de la Guerra Civil y había menospreciado a un compañero de profesión en repetidas ocasiones llamándole Copérnico cada vez que éste le interpelaba por la forma en la que sus reporteros hacían su trabajo. Y todo ello en menos de tres horas. ¿Cómo no va a estar en duda la legitimidad del periodismo cuando se permiten prácticas como estas semana tras semana? Sobre ello precisamente, sobre el papel de los medios, habla Ética de los medios de comunicación, el ensayo de la doctora en Filosofía y periodista chilena María Javiera Aguirre.

Es un libro que me ha hecho regresar mentalmente a mis todavía no muy lejanos años de universidad, ya que la gran mayoría de los pensadores que la autora chilena toma como referencia para construir su texto son muy habituales en las aulas de periodismo. Eso sí, he agradecido poder leer las aportaciones de autores como Castells, Habermas o Tocqueville sin tener que memorizarlas a toda prisa y con litros de café de por medio. Estoy seguro de que por eso he podido no solo comprender mejor sus ideas, sino también interiorizarlas. Y hasta disfrutarlas, por qué no decirlo.

Lo que sí que hay que dejar claro es que esta obra está muy enfocada a personas si no vinculadas, sí al menos enormemente interesadas en la profesión. Es un texto con una fuerte carga teórica, en el que la autora se esfuerza en destacar las diferencias entre las premisas con las que nació la prensa y los intereses que la mueven hoy en día. Romero busca remediar los vicios en los que ésta ha caído aplicando reformas éticas a tres niveles: el periodista individual, la empresa periodística y el sector profesional. Las propuestas de la autora no pueden catalogarse como milagrosas ni excesivamente originales, pero tampoco lo pretenden; de hecho, el valor de este ensayo, en mi opinión, se encuentra en comprobar cómo adoptando una serie de medidas coherentes —como puede ser la aprobación del Estatuto del Periodista Profesional, que tantos años lleva parada y que dotaría de base legal a la profesión— se podría avanzar en la recuperación de un oficio que ha sufrido crisis de todo tipo en los últimos años, pero que sin duda debe priorizar en reconquistar el prestigio perdido ante la opinión pública.

Ética de los medios de comunicación, en definitiva, es un ensayo bien estructurado y que recoge con sencillez y precisión los aspectos más importantes para entender cómo ha llegado el periodismo a la situación en la que se encuentra, cuáles fueron los pilares en los que fundamentó su papel y qué pasos hay que dar para que esta bella profesión pueda recuperar su sitio. Y episodios como el que he narrado al comienzo de este texto me dejan claro que la necesidad de tomar medidas es realmente alta.

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Biblia, Corán, Tanaj. Tres lecturas sobre un mismo Dios, de Roberto Blatt

Biblia Corán Tanaj

Biblia Corán Tanaj«Un ensayo intemporal pero de lectura urgente para hoy», pone en la contraportada de Biblia, Corán, Tanaj. Tres lecturas sobre un mismo Dios, de Roberto Blatt. No puedo estar más de acuerdo. Sin duda, este es un libro necesario en los tiempos que corren, pero no creo que sea apto para todos los públicos, porque es una lectura densa a la que no todo el mundo está dispuesto a dedicar su tiempo, pese al gran valor que puede aportar tanto personal como socialmente.

Según su autor, está dirigido a personas cultas, curiosas y no especialistas. ¿Cumplo yo estos requisitos? Los de curiosa y no especialista, sí. Por eso, no conocía la mayoría de los datos y acontecimientos a los que alude, pero me han resultado muy ilustrativos e interesantes. Biblia, Corán, Tanaj no solo habla del surgimiento y evolución del cristianismo, el islam y el judaísmo, sino que se adentra también en aspectos lingüísticos, históricos, políticos y sociológicos relacionados con ellas. Así que, si no era culta al comenzar la lectura, lo soy un poquito más al terminarla.

Roberto Blatt considera Biblia, Corán, Tanaj como su autobiografía intelectual, ya que el estudio sobre las religiones, y en concreto, las tres mencionadas, ha ocupado toda su vida. Sus reflexiones sobre un tema tan controvertido como es el religioso se sustentan en la gran labor de documentación que ha llevado a cabo durante años, y el resultado es un discurso claro y bien hilado que facilita la comprensión a los inexpertos como yo, pero que también puede suscitar el interés de especialistas, ya que el análisis de Blatt es riguroso.

En este libro se expone cómo los caminos del judaísmo, el cristianismo y el islam se han ido entrecruzando, coincidiendo y chocando hasta nuestros días, y cómo sus alternativas siguen dirigiendo el devenir histórico de Occidente. Las religiones son un pilar básico de cualquier civilización, incluso de las hoy consideradas laicas, y Blatt demuestra que es imprescindible conocer sus enfoques y crisis para entender un poquito mejor los actuales conflictos.

A día de hoy, ¿quién diría que cristianismo, islam y judaísmo tienen una fuente común, como es el Tanaj (Antiguo Testamento)? ¿O que las tres corrientes no surgieron para enfrentarse, sino que cada una se consideró la actualización de la inmediatamente precedente? ¿Cómo sería nuestra ordenación del tiempo y nuestra concepción del ser humano si nunca hubieran existido estas religiones? ¿Cómo logró el cristianismo, una religión sin historia, pueblo ni territorio, dominar la civilización mediterránea? ¿Cuándo comenzó el estigma del pueblo judío, que perdura a través de los años? ¿Qué ha desencadenado el radicalismo islámico que tiene en jaque al mundo? Muchas de estas cuestiones, pese a tener su origen siglos e incluso milenios atrás, están vigentes, por lo que reflexionar sobre ellas puede dar las respuestas a los grandes desafíos globales a los que nos enfrentamos hoy como sociedad, además de liberarnos de más de un prejuicio como individuos.

Como bien anuncia su contraportada, Biblia, Corán, Tanaj. Tres lecturas sobre un mismo Dios es un ensayo de lectura urgente, porque el conocimiento siempre será la mejor arma contra la intolerancia. Desgraciadamente, dudo que quienes más necesitan leerlo hagan el esfuerzo.

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Estudios del malestar, de José Luis Pardo

Estudios del malestar

Estudios del malestarCreo que fue en el programa ‘El Objetivo’ donde Iñaki Gabilondo dijo una de esas frases que nos dan la razón a los que le consideramos como el mejor intérprete de la actualidad española: «Vivimos entre bostezos tiempos apasionantes», sentenció el periodista. Me parece un resumen perfecto de cómo nos estamos enfrentando a la época más entretenida a nivel informativo que muchos hemos presenciado en toda nuestra vida. El problema, seguramente, es que además de no enterarnos de buena parte de lo que ocurre a nuestro alrededor es que no sabemos valorarlo en frío, ya que en la sociedad de desenfundar el móvil y disparar un tuit lo más rápido posible, la documentación y la profundización sosegada en los temas han acabado desplazadas a un plano marginal, casi reservado para los académicos.

José Luis Pardo, catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid, es un habitual en el arte de recoger las inquietudes contemporáneas hacernos ver que casi nada es tan nuevo como parece, ya que mucho de lo que ahora ocurre no es sino una actualización de lo que aconteció décadas e incluso siglos atrás. En el caso de Estudios del malestar, libro que fue galardonado con el premio Anagrama de ensayo 2016, Pardo centra su reflexión en el fuerte desencanto que se vive en el mundo desarrollado desde el estallido de la última gran crisis económica y en cómo algunos intentan aprovecharlo políticamente.

Una de las cosas que más he apreciado de este ensayo es que, a pesar de que trata ideas y conceptos realmente complejos, el autor trata de hacer atractiva la lectura por medio de la inclusión de comparaciones y metáforas, de algunos toques de humor o de ejemplos de la historia española reciente. Podría decir que Pardo juega con la filosofía, combinando reflexiones trascendentales con otras mucho más mundanas, que toman como referencia eslóganes publicitarios o anécdotas divertidas para hacer más fácil al lector la digestión de sus ideas. Aun así, no diría que es un libro asequible para todo tipo de lectores ya que, al menos por mi parte, ha requerido de esfuerzo y de búsquedas en Google para comprender algunas de las referencias e ideas —y, con todo, creo que me ha quedado una buena parte por comprender—.

Hay otros asuntos, eso sí, en los que, aun sin que el autor haga referencia directa a los protagonistas, es fácil deducir a quienes señala con sus palabras. Por ejemplo, en lo relativo al populismo; buena parte de las advertencias y consideraciones que pone el filósofo sobre la mesa aluden a Podemos, un partido que en sus poco más de tres años de vida ha levantado numerosas ampollas en la clase política tradicional, si bien no ha conseguido todavía su propósito de tomar el cielo, ni por asalto, ni por consenso. Sin compartir completamente su visión sobre el fenómeno del populismo —que, a grandes rasgos, se puede resumir en que es la forma en la que los antiguos comunistas han conseguido disfrazar y hacer su mensaje más atractivo para el pueblo— el repaso que hace, tanto a nivel filosófico como político, en torno a cómo ha ido evolucionando el pensamiento desde mediados de siglo pasado hasta la actualidad me ha resultado brillante y enriquecedor. Al fin y al cabo, lo más positivo para forjar un juicio propio es escuchar los razonamientos de muchos otros, especialmente si son tan trabajados como el de Pardo.

Si en una novela lo principal que busco es que haya un buen narrador detrás que consiga mantenerme atento hasta la última línea, en este tipo de ensayos mi principal motivación es que sean capaces de hacerme pensar y creo que, independientemente de las ideas que defienda cada uno, Estudios del malestar es un texto muy interesante para todos aquellos que quieran tener unas cuantas horas de reflexión sosegada en torno a por qué se están produciendo cambios tan importantes e imprevisibles a nivel mundial.

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Preventorio de Guadarrama. La voz de la memoria, de Consuelo García del Cid Guerra y Chus Gil

Preventorio de Guadarrama

Preventorio de GuadarramaAquellos de ustedes que estén familiarizados con la obra de Consuelo García del Cid no se sorprenderán ante esta nueva obra. Preventorio de Guadarrama abunda en uno de los aspectos que ya trató en sus obras anteriores, Ruega por nosotras y Las desterradas hijas de Eva: el inaceptable trato dispensado a muchas niñas en los preventorios antituberculosos del franquismo (y hasta fechas sorprendentemente posteriores) resultado de la aplicación de principios ideológicos a lo que debiera haber sido una labor asistencial. En condiciones normales les diría que en lugar de eso fue una labor de adoctrinamiento pero eso sería faltar a la verdad, porque la realidad es que se trató sencillamente de centros temporales de reclusión en los que las niñas eran sometidas a todo tipo de humillaciones. Y muchas llegaban a ellas voluntariamente (entendiendo como voluntad la de las familias) porque se tenían por lugares de reposo, incluso por remansos de paz, pero una parte importante, mayoritaria si se atiende a los testimonios de este libro, fueron víctimas de unos malos tratos injustificables no ya con nuestros parámetros éticos de entrado el siglo XXI, sino incluso con los de entonces.
Las autoras, víctimas a su vez, tienen la grandeza de reconocer que no todas las niñas que pasaron por allí vivieron una experiencia parecida (de hecho de las identificaba por colores y vivían en pabellones diferentes, lo que sospecho que no era casual), pero yo me atrevo a decir que resulta completamente indiferente que se obligara a comer el vómito como método para combatir la desnutrición o se quemara con cerillas como método para combatir la incontinencia urinaria al 90, 70, 50 o 10% de las niñas o incluso a una sola. No es la cantidad la que merece un reproche sin paliativos, sino el hecho.
Pero Consuelo García del Cid y Chus Gil no se limitan en Preventorio de Guadarrama a exponer el catálogo de vejaciones que sufrieron las niñas ni a recopilar los testimonios de muchas de ellas (que no sólo incluyen malos tratos físicos y psicológicos sino que llegan al abuso sexual en algún caso). Tampoco se limitan a reflexionar sobre las secuelas psicológicas que muchas de ellas arrastran de por vida. Hacen algo más, algo muy inteligente si se me permite: un relato del camino que siguieron para hacer conocida su historia, para aparecer en los medios y combatir las trabas y la hipocresía a las que se tuvieron que enfrentar. Y resulta sumamente interesante porque ilustra a la perfección la cortedad de miras de muchos de los que nos gobiernan, porque demuestra que aún hay gente que considera aceptable tapar cualquier hecho, por atroz que sea, en aras del supuesto “buen nombre” de un pueblo o sus habitantes como si hubiese algo más positivo para la imagen pública de un población que la transparencia y la gestión desde parámetros éticos. Este libro no es sólo una denuncia del pasado, es una lección para el presente.
Obviamente no es un relato aséptico ni imparcial, las autoras toman partido como sin duda lo tomarán los lectores, pero no por ello deja de ser un relato documentado y riguroso que trata de iluminar una de las páginas más oscuras, por no decir desconocidas, de nuestra historia reciente.
Permítanme una última reflexión. Tuve la fortuna, por no decir el honor, de asistir a un episodio que se relata en Preventorio de Guadarrama, la presentación de la anterior obra de Consuelo García del Cid en la Casa del Libro de la calle Fuencarral, en Madrid, a la que asistieron muchas de las mujeres, niñas en la época de los preventorios y patronatos de la mujer y víctimas aun hoy en día (entonces de las vejaciones que padecieron y hoy del silencio y la incomprensión), que constituyen el grupo de quienes ellas mismas se llaman sisters, y fui testigo directo de la emoción y del dolor que las unían y créanme, no sólo me considero un privilegiado por haber podido asistir a una reunión tan conmovedora como admirable, sino que puedo dar fe de que allí había algo más que todo lo antedicho: había verdad y había ganas de reconocimiento. Eran generosas, no pedían más justicia ni más reparación que la moral, que el hecho de ver reconocido aquello por lo que pasaron. No quieren abrir arcas ni rejas, quieren abrir archivos. Yo no sé a ustedes pero a mí no me parece pedir tanto.

 

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

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Harry Potter y la filosofía, de Gregory Bassham y William Irwin

Harry Potter y la filosofía

Harry Potter y la filosofíaDescubrí la filosofía sin querer a los trece años, cuando leí El banquete. Y la verdad es que no lo entendí hasta que en primero de Bachillerato estudié a Platón. Recuerdo mi primera clase de filosofía: yo acababa de mudarme desde Madrid a Cantabria y comencé el curso un trimestre más tarde que los demás. Llegué a la que era mi clase y me senté en el único hueco que había libre. Entonces entró Eugenio, el profesor de Filosofía. Lo primero que me dijo fue que me tenía que poner la escafandra si quería estar en su clase. Imaginaos mi cara. Yo, nueva, en una clase donde solo conocía a un par de personas y con una vergüenza que empezaba a reflejarse en mis mofletes. Eugenio me lo repitió otra vez y me explicó que hoy íbamos a viajar a su planeta, porque él no era humano, pertenecía a otro mundo ubicado en mitad de la galaxia y que estaba hecho de oro. Allí, la filosofía se vivía, se respiraba; por eso tenía que viajar hasta su planeta si quería entender las mentes de los grandes pesadores. Y, para ello, era necesario ponerse una escafandra, porque el viaje sería largo y no quería que hubiera que lamentar pérdidas por falta de oxígeno. Así que yo no pude hacer más que, con toda la vergüenza del mundo, ponerme esa escafandra imaginaria, ajustarla perfectamente y prepararme para el viaje en el que iba a embarcar.

Lo mío con la filosofía fue un amor a primera vista. A medida que iban pasando los autores, mi mente estaba más abierta y la sentía más libre. Podía captar las ideas con mayor facilidad, comprendía cualquier teoría, por insana que fuera. Y cuando llegó Kant… oh Kant. Alucinante. Por eso cuando me enteré de que iban a publicar un libro llamado Harry Potter y la filosofía no pude más que emocionarme. Los que leéis mis reseñas ya sabéis lo que me gusta Harry Potter y si ahora os digo que me encanta la filosofía… entenderéis cuánto me ha hecho disfrutar este libro.

Gregory Bassham y William Irwin releyeron la saga escrita por J. K. Rowling decenas de veces. Cada vez que lo hacían descubrían nuevos matices y nuevos detalles que no habían tenido en cuenta las veces anteriores. Entendieron que todo estaba muy unido y que cada mínima referencia, anécdota o mención era de gran importancia para la historia. Y también se fijaron en que Rowling hablaba de temas que son de gran importancia para la filosofía: el amor, el alma, la muerte, los sueños… Así que decidieron analizar la saga desde un punto de vista filosófico, intentando averiguar, con las teorías de los grandes pensadores, lo que quería decir Rowling en las miles de páginas que escribió.

A mí me llamó especialmente el estudio de Sirius: Sirius Black es el padrino de Harry y es un animago, lo que significa que tiene la capacidad de convertirse en un animal cuando él quiera. En este caso, Sirius se convierte en un gran perro negro. Durante los primeros libros recurre mucho a ese cambio porque es un preso fugado de Azkaban y, por lo tanto, está en búsqueda y captura de máxima urgencia. Así que se convierte en perro para poder estar al lado de Harry sin que nadie sepa su verdadera identidad. Cuando es Sirius, es un humano. Eso está claro. Pero cuando se convierte en perro ¿es un perro con alma humana? ¿Es un humano con alma de perro? ¿Es perro con alma de perro? Un lío, vamos. Algo que quizá al leer la saga ni se te hubiera pasado por la cabeza, pero que Gregory Bassham y William Irwin han intentado resolver en Harry Potter y la filosofía.

Otro de los análisis que me gustó especialmente fue el del amor. Los que hemos leído la saga sabemos que lo que salvó a Harry de morir aquella terrible noche fue el amor de Lily hacia él. Este es un tema muy importante para los filósofos. Pero ya no solo el amor entre parejas (el eros), sino también el que se da entre amigos (la philia) o incluso el amor infinito e incondicional (el agape). Todos estos tipos son analizados meticulosamente, estudiados en sus diferentes vertientes y poniendo como ejemplo las historias que todos conocemos.

Este libro ha sido toda una sorpresa para mí. Me ha devuelto a mis años de instituto, cuando me encantaba adentrarme en las mentes de los filósofos y tratar de entenderles. Y, encima, con la temática de Harry Potter como hilo conductor. Eso sí, si no te has leído la saga de la que hablamos, creo que difícilmente podrás entender este libro, porque se hacen constantes referencias a aquella y se da por hecho que el lector ya se sabe la historia. Pero si es al revés, si te gusta la saga pero no la filosofía, puede ser que esta sea una forma maravillosa de adentrarte en ella. Quizá te pique el gusanillo y acabes leyendo El banquete.

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El libro más peligroso. James Joyce y la batalla por el Ulises, de Kevin

El libro más peligroso

En un día invernal del diciembre londinense, quinientos volúmenes -incautados a lo largo del otoño- fueron trasladados en carretilla por corredores a un oscuro sótano. Allí fueron volcados en varias calderas. Siete años de interminables sufrimientos durante el proceso de escritura, de infatigables meses de revisiones y de multitud de planes para distribuirlos secretamente quedaron carbonizados en segundos. Los libros contenían la primera edición inglesa de la epopeya Ulises del escritor irlandés James Joyce. Ulises, hoy considerado un clásico, y para algunos uno de los mejores libros en lengua inglesa del siglo XX, fue condenado por obsceno, lúbrico y, en general, indecente -e incomprensible-.

Kevin Birmingham, doctor en Historia por la Universidad de Harvard, nos trae El libro más peligroso. James Joyce y la batalla por el Ulises (editorial Es Pop), donde narra los problemas que el autor irlandés padeció primero para escribirlo y, luego, para publicarlo. Y es, además, el resultado de un minucioso y riguroso estudio que implicó la visita de una docena de archivos diferentes, tales como la British Library y The National Archives en Inglaterra o la National Library en Irlanda y varios archivos de diferentes universidades americanas; así como el análisis de cartas personales, revistas y periódicos de la época.

Birmingham ha dado como título El libro más peligroso porque Ulises «no aceptaba una jerarquía entre lo empírico y lo obsceno, entre nuestra vida exterior y la interior…. porque demostraba cómo un libro podía abolir el poder del secretismo. Nos enseñaba que el secretismo es la herramienta de regímenes condenados y que los secretos son, tal como escribió Joyce, “tiranos, dispuestos a ser destrozados”». Y como subtítulo “James Joyce y la batalla por el Ulises” porque eso es lo que fue para su autor, una auténtica batalla.

La epopeya joyceana fue el fruto de los sufrimientos de su autor y de la incomprensión de la época. Joyce escribió su obra en medio de una guerra mundial, con constantes ataques de dolor en los ojos debido a glaucomas, irritis, una docena de operaciones… que poco a poco le hicieron ir perdiendo la visión. Envuelto en problemas económicos -siempre bajo el mecenazgo de alguien-, ya que era incapaz de administrar bien el dinero, aún cuando tenía a su cargo varios hijos, además de la indiferencia de su mujer por su escritura -para él lo peor de todo.

Ulises no es un libro cualquiera y, aunque hoy no nos parezca excepcional, supuso un antes y un después en 1918, tras ver la luz los primeros capítulos en la revista americana The Little Review. El mundo no estaba preparado para una obra así. Ulisesfue revolucionaria porque “contenía todos los pensamientos que un ser humano pudiera llegar a albergar”, es decir, presentaba el modo en el que piensan las personas, con pensamientos caóticos y con escasos signos de puntuación. Igualmente porque, aunque “hoy estamos acostumbrados, pero a principios de siglo era inconcebible, algo exótico, que un día fuera un marco temporal apropiado para toda una novela -y además tan larga como lo es Ulises-”.

Todo lo anterior hacía la obra incomprensible y por eso las autoridades solo se fijaron en los pasajes obscenos y “pornográficos”, ignorando el arte que albergaba, prohibiéndola tras un larguísimo y mediático juicio en 1921 en EEUU -tras ello sería prohibida en el resto de naciones angloparlantes. Representaba lo nuevo frente a todo lo anterior, abrió una brecha seguida por otros, rompió moldes y sin quererlo se convirtió en el estandarte del nuevo movimiento surgido a comienzos de siglo: el modernismo. Además, los escándalos y los sufrimientos/dolencias continuas hicieron de Joyce una “figura heroica y digna de compasión, inaccesible y a la vez profundamente humana”.

Este ensayo histórico-literario no es la biografía de un escritor, sino la biografía de un libro, a través de cuya relato asistimos indisolublemente a la vida del autor. Pero a pesar de tantos problemas, Joyce tuvo la capacidad (y tenacidad) de abstraerse de todo y vivir exclusivamente para su escritura, aislándose cada vez más conforme iba avanzando en la novela. -siempre constante creó una “novela sedimentaria que fue ganando en masa partícula a partícula”. Nadie habría seguido escribiendo solo para provocar. Joyce quería suprimir todas las barreras del arte, escribía para obtener una libertad artística total en forma, estilo y contenido.

Por eso, este volumen es un gran retrato de la Europa de entre guerras, donde el mundo editorial se alejo del pasado y se internó en la modernidad del siglo XX. Por ello, el historiador ha podido desarrolla historias paralelas de los diferentes elementos que de una forma o de otra participaron en Ulises, como ramas de un árbol conectadas al tronco de la epopeya joyceana. Como por ejemplo, leemos la historia de Dublín -donde transcurre la acción de Ulises-, la historia del anarquismo o las sufragistas en Londres, así como algunos datos sobre el régimen censor anglosajón, o Sylvia Beach, la única que se atrevió a publicar la epopeya cuando todo el mundo se había negado, incluida Virginia Woolf. Pero estos elementos no están a un nivel subalterno, sino en el mismo nivel de importancia, consiguiendo encajar perfectamente todas las piezas en una única narración sin interrumpir la lectura.

En cuanto a la edición es inmejorable, espléndida. La alta calidad del papel se combina con unas magníficas fotografías en la mitad del tomo, manifestando una edición pulcra y clara, a la vez que sencilla y bella. Hacía tiempo que no veía una edición tan cuidada y centrada en la importancia de los detalles.

En síntesis, El libro más peligroso. James Joyce y la batalla por el Ulises se erige como un alegato en pos de la libertad de expresión tratando un libro cuya edición, impresión, venta o posesión estuvo penado con multas y con cárcel durante años, y “tu relación con un libro cambia cuando te ves obligado a esconderlo del gobierno”. Ulises creo devoción y repugnancia por partes iguales, al igual que su autor. Esta es su historia.

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Hacia rutas salvajes, de Jon Krakauer

Hacia rutas salvajes

Hacia rutas salvajes«No eches raíces, no te establezcas. Cambia a menudo de lugar, lleva una vida nómada… No necesitas tener a alguien contigo para traer una nueva luz a tu vida. Está ahí fuera, sencillamente».

¿Algo que discutir a semejante declaración de independencia? Estas fueron las palabras que Chris McCandless, de veinticuatro años, le dedicó en una carta a un amigo que conoció en su viaje en soledad por las montañas de Alaska. Su propia odisea que le llevaría a encontrarse consigo mismo en un entorno salvaje y natural. El viaje que emprendió cansado de convencionalismos, normas y obligaciones; cansado de la falta de pureza en el alma de las personas, de pensamientos vacíos y adoctrinados por parte de una sociedad movida por el egoísmo, la desconfianza y los bienes materiales; un viaje que supondría la mayor aventura a la que el hombre pueda enfrentarse: la conexión directa y genuina con la naturaleza. Una aventura, por desgracia, que acabó con su vida.

La llamada de lo salvaje, la llamada del corazón helado de las tierras salvajes del Norte, en palabras de Jack London, fue lo que despertó un sentimiento tan fuerte y veraz en Chris que no tenía otra cosa en mente que llevar a cabo su aventura. Una aventura que quedó grabada en pequeños retazos sobre una guía de frutos silvestres a modo de diario, en fotografías reveladas de su propia cámara y en testimonios de personas que se cruzaron en el camino de un chico de Virginia que recorrió un largo viaje desde su tierra natal hasta la vastedad de los bosques de Alaska. Del trabajo de recopilación de información sobre su odisea se encargó el periodista Jon Krakauer. Todo cuanto sucedió viene reflejado en este libro, Hacia rutas salvajes.

Con motivo del 20º aniversario de la primera edición de este libro, la editorial Ediciones B lanza al mercado español en tapa dura una nueva edición de la historia que cuenta la aventura en la que se adentró Chris McCandless. Una historia que inspiraría a Sean Penn para dirigir una película premiada con un Oscar y acompañada de una sensacional banda sonora compuesta por Eddie Vedder.

En septiembre de 1992, cuatro cazadores de Alaska encontraron dentro de un autobús abandonado en mitad del bosque el cuerpo sin vida de un joven. La noticia se extendió por todo el país y supuso un cúmulo de especulaciones sobre los motivos que llevaron a un chico de veinticuatro años a adentrarse en las tierras salvajes del norte sin apenas provisiones y sin haber avisado a nadie. El periodista Jon Krakauer decidió realizar una ardua investigación sobre el caso. Para ello se valió de los restos que hallaron alrededor del cuerpo del joven: libros y anotaciones al margen en cada uno de ellos, fotografías y testimonios de personas que aseguraron haber conocido al chico. Comenzaba así la aventura del autor de este libro. Un viaje que desandaría los pasos que dio Chris McCandless desde que fue encontrado muerto hasta que decidió emprender su viaje.

Ha sido, sin duda, una gran lectura. Una lectura necesaria. Por su belleza en cada una de sus páginas con gran riqueza de detalles sobre los paisajes y el entorno; por su enorme trabajo de documentación y la estructura elegida para relatar los hechos; por el cuidado y respeto con el que ha tratado su autor tanto la vida de Chris McCandless como a cada uno de los testigos de esta gran aventura. Un libro que es a la vez una guía de viajes, una trepidante historia de aventuras y un documental narrado con la más absoluta veracidad. Y también, pese al trágico desenlace de la historia, un manifiesto y ensalzamiento a la libertad de pensamiento, a la independencia y al amor y encuentro con uno mismo en consonancia con la naturaleza.

La vida de Chris, o más bien, su largo y duro viaje, supuso una luz de guía para muchos otros soñadores que anhelaban enriquecerse a través de lo que la vida, en su estado más natural, podía ofrecerles. Personas perdidas en un mundo egoísta al que creen ya no pertenecen. Personas que huyen del desengaño o la súbita pérdida del sentido de su existencia. Todos vieron en Chris, al igual que él mismo vio en las lecturas de Jack London o Thoreau, un camino por el que transitar sin miedo y sin mirar atrás. Una larga aventura para espíritus soñadores que a veces tropiezan con su propia fantasía:

«Alaska ejerce una atracción magnética sobre los soñadores e inadaptados que creen que los enormes espacios inmaculados de la Última Frontera llenarán el vacío de su existencia. Sin embargo, la naturaleza es un lugar despiadado, al que le traen sin cuidado las esperanzas y anhelos de los viajeros».

Hacia rutas salvajes me ha resultado impactante. En cuanto a contenido y narrativa no tiene ni un párrafo que le sobre. Las aportaciones de cada uno de los testigos que formaron parte del viaje de Chris, entre ellos su propia familia, como los recortes anotados de los libros que sirvieron de inspiración y compañía en las duras noches en pleno bosque al joven soñador, han dejado una fuerte impronta en mí. No tengo el espíritu aventurero de este chico, pero algo ha despertado en mí al saber sobre su vida y su modo de sentirla. Ojalá consiga hacer lo mismo contigo. Al fin y al cabo, puede que algunos estemos esperando la llamada de lo salvaje.

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Pensar y no caer, de Ramón Andrés

Pensar y no caer

Pensar y no caer«Pensar y no caer significa pensar y no cejar, perseverar en la pregunta, no consolidarse, no quedarse ahí, no abonar lo estático, no poner el oído a la tonalidad de la complacencia, no darse por concluido, porque nunca se llega a ser». Esta es la definición que da el propio Ramón Andrés al título de su obra. Si no fuera por ella, que se encuentra casi al final del libro, me hubiera sido inevitable pensar y convencerme de que una condición intrínseca de pensar es caer. Como aquella caída que entonaba el poeta José Ángel Valente que era una ascensión a lo hondo, no puedo concebir el ejercicio del pensar sin suponerlo una caída a nuestro pozo interior, a esos interiores ahumados de los que hablaba Galdós. 

Ramón Andrés interpreta la caída, sin embargo, como detención del pensamiento, no como avance hacia abajo; como parada. Probablemente es por ello que el pensador navarro busque a través de su estilo familiar a la vez que erudito e hiperreferencial enganchar a un lector que el propio escritor sabe que quiere pensar con él. Vamos a pensar con él, por él, e incluso hay veces que parece que haya conseguido que pensemos para él. Pensar y no caer está hecho de ensayos y, ¿cuál es el objetivo principal de un ensayo si no es hacer pensar tanto a escritor como a lector?

En efecto, Pensar y no caer (Acantilado) son diez ensayos en los que cada uno prende su mecha a partir de una obra artística – ya sea un poema, una partitura o una película -. Andrés pone tal obra junto al título de cada ensayo y a partir de ahí se explaya. Como el primer empujón a un niño que quiere aprender a montar en bicicleta, esa pieza artística que el autor escoge es el destello, el estallido, la primera inercia de un texto que vendrá. Y que viene.

Ramón Andrés empieza hablándonos del pan y de la historia del hambre hasta nuestros días con sentencias cargadas de crítica social; sigue con el cuerpo y con la función terapéutica que se le ha querido dar en ciertos momentos y en ciertos ámbitos de la historia y de la sociedad al arte; pasa por la narración del momento en que Dostoievski lloró al leer a Hegel por sentirse extranjero en cualquier tierra, por verse parte de lo que en su día María Zambrano llamó el “no lugar”; vemos al ser humano animalizándose a lo largo de la historia; recorremos la caída de Europa mientras suena «la música de un derribo»; se nos muestra el ansia de individualismo en un mundo circense donde la diferencia también es una forma de igualdad; llegamos al mejor ensayo para cualquier amante de la lectura y escritura – si estas pueden separarse – con un recorrido por la historia de estas y los porqués de nuestro atracción a ellas; transitamos por la calumnia; también por la muerte; y acabamos con un paseo al lado de la trágica vida de Nietszche de la mano de la película El caballo de Turín, de Béla Tarr.

No sé si por mí, por el momento de las primeras páginas o por el libro mismo, debo reconocer que el inicio – aunque el primer ensayo es conmovedor – se me hizo cuesta arriba. Pero seguí avanzando y acabé encontrándome con ese séptimo ensayo que me hizo ver algo así como que el camino recorrido con la lectura de este libro era parecido al del pensamiento: pequeños destellos en un mundo de oscuridad. Uno de esos destellos es el ensayo del que hablo – «La escritura, la Tierra» -, una de esas partes de libros – seguro que os ha pasado alguna vez – que dan la sensación de estar hechas de espejos en vez de hechas de papel. Te reflejas en ellas como si hubieran arrancado una parte sensible de ti y la hubieran colocado en un libro al alcance de todo el mundo. Leer es muchas veces compartir tu intimidad, aunque lo que leas no lleve tu firma. Y ese es el secreto de Ramón Andrés – que ni él sabe -: haber robado una parte de alguien que a partir de ahora va a ser un nuevo seguidor suyo. Yo.

El libro avanza, quedan tres ensayos, y nos va a hablar de la calumnia primero, de la muerte después y de la nada al final. Sobre todo hay que leer ese final. ¿Mejor forma de acabar? Imposible.

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Nueva York / Babilonia, los años de la edad maldita, de Luis Antonio de Villena

Nueva York / Babilonia, los años de la edad maldita

Nueva York / Babilonia, los años de la edad malditaTodos somos un poco cotillas. La prueba está en la clase de programas que triunfan hoy en día. Pero claro, hay una diferencia muy grande en querer saber qué ha comido la Pantoja y querer saber más sobre aquellas personas que vivieron o pasaron por Nueva York durante las tres décadas de máximo esplendor y libertades. Me interesa mucho más aprender sobre Lou Reed, Truman Capote, Andy Warhol o Patti Smith, la verdad. Sus vidas son más interesantes que la de la Pantoja (y eso que la de esta tipa da ya para una peli de sobremesa). Si queréis dar una paseo por el lado salvaje de la vida, olvidando necedades, éste es vuestro libro.

Durante los años sesenta, setenta y ochenta, Nueva York fue la ciudad donde la palabra libertad alcanzó su máximo esplendor. Londres, Berlín y sobre todo París habían sido ciudades donde comenzó a fraguarse esta liberación, pero es en la ciudad de Nueva York donde se reúne lo más granado de la época, donde las transgresiones, las vanguardias y el sexo libre campan a sus anchas. En Nueva York/Babilonia, los años de la edad maldita, el escritor, y sobre todo poeta, Luis Antonio de Villena realiza un viaje por aquellos años de la mano de las personas y personajes que vivieron plenamente esas décadas malditas.

A algunos de los personajes que aparecen en las líneas de este libro ya los conocía e incluso admiraba, al resto los he ido descubriendo gracias al gran trabajo de Luis Antonio de Villena. No se trata solo de un libro de ensayo, aunque así lo hayan catalogado. Creo que la dedicación que el autor pone a lo largo de este libro hace de él una gran publicación en la que el escritor se entrega en cuerpo y alma a sus anécdotas, personajes y vivencias. Tanto es así, que en ocasiones Luis Antonio de Villena nos narra sus propias experiencias personales con personajes como Lou Reed o William S. Burroughs.

El libro arranca con el mítico Andy Warhol, a quien se le llama “El papa del pop y demás modernidades”. Lo cierto es que Warhol fue un gurú en su época. Aparte de sus propias excentricidades (que no eran pocas), el pintor logró reunir a su alrededor a todo un séquito de personajes de lo más variopinto: eran la factoría Warhol. La hermosa Nico (la misma que cantó con la Velvet Underground), Joe Dallesandro o Morrisey fueron algunos Warholianos menores de los que también se habla en este libro.

Cantantes como Lou Reed, Patti Smith, David Bowie, Mick Jagger, Sid Vicious o John Lennon son algunos de los personajes que también vivieron la época dorada de esta Nueva York/Babilonia. Cada uno más raro y excéntrico que el anterior. Todos ellos entregados por completo al desenfreno, al vicio y al libertinaje. Quizá la única excepción sea David Bowie, quien supo separar certeramente su vida pública de su vida privada y quien, a pesar de la época de excesos, fue uno de los pocos que consiguió librarse de adiciones.

En Nueva York/Babilonia, los años de la edad maldita, también aparecen retratados numerosos escritores, entre los que destacan aquellos transgresores que pertenecieron a la generación Beat. Así, encontramos anécdotas sobre Allen Ginsberg, William S. Burroughs, Paul Bowles o Truman Capote. Todavía más excéntricos si cabe estos escritores que la pandilla de músicos que he citado unas líneas más arriba.

Fueron épocas de excesos, de descubrimiento y libertinaje. Unas décadas en las que el sexo era totalmente libre y las drogas y sus efectos aún estaban por descubrir. Y hubo muchos personajes que las descubrieron y sufrieron de lleno sus consecuencias quedando enganchados de por vida a éstas, algunos con mejor suerte que otros. Muchos de ellos murieron realmente jóvenes, como Sid Vicious, otros han pasado por fuertes tratamientos de desintoxicación, como Lou Reed. El caso es que este exceso de drogas ha pasado factura a muchos de los personajes que vivieron estas épocas. Bueno, a todos menos a Mick Jagger, que no sabemos qué pacto habrá hecho para haberse metido en el cuerpo todo lo que se ha metido y seguir sobreviviéndose de esta forma.

Algo parecido ocurrió con el sexo. Aquellos ambientes tan libertinos, tan Sodoma y Gomorra, también pasaron factura con la epidemia del sida y todas las muertes que trajo consigo.

Una época que no se volverá a repetir, de ahí su autenticidad. Unos años que merecen la pena ser conocidos y recordados. Las décadas de máximo esplendor donde se dieron cita algunos de los más brillantes personajes de nuestra historia.

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