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La vida arrebatada de Friedrich Nietzsche, de Franz Overbeck

La vida arrebatada de Friedrich Nietzsche

La vida arrebatada de Friedrich NietzscheHay ciertos nombres que solo con escucharlos o leerlos – aunque leer debe de ser otra forma de escuchar – nos producen una sensación de grandeza, de respeto, de admiración, aun sin quizás conocerlos. Creo que todos podemos afirmar que uno de estos nombres es Friedrich Nietzsche. Es inevitable, al pensar en el alemán, proyectar la imagen de un pensador inabarcable, inalcanzable, eterno. Por tanto, entenderéis mi sorpresa cuando, nada más comenzar el libro y situarme frente a la introducción de Iván de los Ríos Gutiérrez, leo: «Nietzsche es mentira».

En La vida arrebatada de Friedrich Nietzsche se nos presenta a la persona y no al filósofo, al hombre y no a su teoría, a través de las palabras de uno de sus pocos y más fieles amigos: Franz Overbeck. Es cierto que su pensamiento, sus ideas, han quedado para la posteridad, han sido influencia para tantos otros pensadores venideros y todavía hoy son objeto de trato y estudio de muchos. Sí, lo que escribió quedará para siempre pero, ¿y su vida? Gracias a este libro de Errata Naturae – dentro de la colección La muchacha de dos cabezas – y ya desde esa primera frase del editor y traductor de la obra, se nos intenta demostrar el contraste entre la vida del alemán y sus teorías. Se nos intenta rebajar el ideal que tenemos de él. Se intenta hacer explotar la burbuja de Nietzsche.

Nietzsche fue un ser atormentado desde pequeño. Gobernado por una intensa violencia que proyectaba siempre hacia sí mismo, el filósofo alemán era capaz de cambiar la historia mediante trazos en un papel y a la vez de dejar ojipláticos a sus más allegados con momentos de locura extrema. Muchos conoceréis el final de Nietzsche fruto de su locura, pero no se puede negar que la semilla de esta estuvo siempre dentro de él. Ambiguo, contradictorio, lejano y solitario, Overbeck nos presenta a un Nietzsche desconocido para todos, incluso para aquellos que hayan leído su vida a través de las palabras de Elisabeth Förster-Nietzsche, su hermana pequeña – de la que Overbeck, como veréis si lo leéis, tiene mucho que decir –. Y es que en esta especie de confesión a sí mismo que hace Overbeck en forma de notas, vemos desde fuera la imagen de la hermana del filósofo, siempre viendo al hermano mayor desde la sombra que el pensamiento de este producía, siempre viéndose a sí misma como menor en todos los sentidos. Ella fue la creadora del Archivo Nietzsche y la que hizo que este se vinculase al nazismo, al igual que ella y su apellido.

Overbeck ve en su relación con Nietzsche una relación similar y escondida de maestro alumno – el primero superaba en siete años al segundo -. Desde esta perspectiva y desde una calma que incluso relaja al que lee sus notas, este teólogo alemán es capaz de mostrarnos lo más interno de Nietzsche, desde que compartían casa siendo dos muchachos hasta los últimos encuentros en los que el filósofo ya no podía ni razonar a causa de la locura. La vida arrebatada de Friedrich Nietzsche es un muy interesante ejemplo – y de lectura amena e incluso próxima – de cómo el autor no hace a la persona, de cómo la vida y la obra no suelen ir de la mano, de cómo el ideal es siempre mentira. Nietzsche hay dos: el escritor y la persona. Dependerá de con quien decidáis quedaros el escoger un libro u otro. Si os decantáis por la persona – aunque solo sea por un rato – este es vuestro libro.

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El autoengaño desenmascarado, de Alfred R. Mele

El autoengañodesenmascarado

El autoengañodesenmascarado¿Por qué nos autoengañamos? Si alguna vez te has hecho esta pregunta, si has pensado en qué ha debido pasar en tu mente para padecer tu propio engaño, si intentas conocerte un poco más cada día que pasa, para ti es la filosofía, o en un ámbito más reducido, para ti es este libro.

Alfred R. Mele, filósofo americano autor de diez libros y más de dos cientos artículos, es un experto en lo que se ha etiquetado como filosofía de la mente. Con estos términos se intenta calificar el estudio de todo aquello que transcurre en nuestra mente y que por tanto, nosotros sufrimos. En este caso en concreto, Mele intenta tratar el tema del autoengaño, esclarecer sus causas y sus consecuencias o, como propone el propio título: desenmascararlo. En El autoengaño desenmascarado se nos muestra algo que a veces olvidamos, aunque parezca mentira; y es que somos de vital importancia en el proceso de nuestro propio engaño. Sin ser conscientes de ello, somos nosotros mismos los que antes de hacerlo medimos los costes y los beneficios – para con nosotros mismos – de autoengañarnos. Si queremos creer que nuestra pareja no nos engaña, aunque todo indique que sí y sea algo evidente para todo el mundo, lo creeremos, básicamente porque el coste de creerlo – sufrir – es mucho mayor que el de no hacerlo – seguir igual, hacer oídos sordos –.

De esta forma, e intentando azucarar las partes más técnicas con ejemplos cotidianos, Mele busca abrir la mente humana y plasmarla sobre un papel para que los lectores puedan conocerse más y mejor a sí mismos a través de la lectura. Dicen que vemos en el otro aquello de lo que carecemos, dicen que leer no es más que mirarse en un espejo, pues no hay mejor ejemplo que este libro. Y es que en El autoengaño desenmascarado todos nos vemos reflejados, en gran parte gracias a los casos que Mele pone como ejemplo entre sus teorías. Podemos sentirnos más o menos representados, pero creo que muy pocos – o nadie – podrá decir que no se ve en ninguno de los casos propuestos.

Es posible que en algunos puntos el libro pueda parecer un poco arduo, costoso de leer – para leerlo hay que entrar en él bien dispuesto, exige un lector muy activo –, por eso se agradecen tanto esas planicies en forma de ejemplos en las que descansar de tan duro repecho. Como verá el lector que se decida a entrar en este estudio, El autoengaño desenmascarado es un intento por parte de Mele de glosar, de rebatir, de comentar el trabajo de muchos de sus colegas de profesión que a lo largo de los años han intentado arrojar luz sobre este tema. Dejando puntos inconclusos a conciencia y siempre con la predisposición de comentar su trabajo con cualquier lector poseedor de nuevas ideas, Mele consigue condensar en un libro de poco más de cien páginas un elaborado trabajo acerca del engranaje que moviliza al autoengaño en nuestra mente.

La lectura de El autoengaño desenmascarado es también, aparte de todo lo dicho, un ejercicio – muy sano y a la vez necesario – de autocrítica, de autoestudio, de autoconocimiento. Es una lectura complicada, un manual de filosofía que pide trabajo y esfuerzo por parte del lector, pero que es capaz de entrar dentro de algo que para la mayoría de nosotros nunca se nos hubiera presentado como objeto de estudio. Y si lo hubiera hecho, probablemente nos hubiéramos autoengañado convenciéndonos de que eso no es de nuestra incumbencia, de que no tenemos tiempo para ello, o de que eso no va con nosotros. Ahora todas estas excusas tienen una razón y van de la mano de Cátedra en su colección Teorema Serie Mayor.

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El libro de las brujas, de Katherine Howe

el libro de las brujas

el libro de las brujasBruja. Según la RAE la palabra, en su tercera acepción, significa: persona a la que se le atribuyen poderes mágicos obtenidos del diablo. Yo, quizá por mi tendencia a la imaginación o, simplemente, por mi capacidad de evocación de personajes femeninos en la literatura o el cine, me viene a la mente la bruja mala del oeste de El mago de Oz. Pero no es de eso de lo que vengo a hablar. Acercándonos un poco más a lo que la Real Academia de la Lengua Española nos ofrece, he de decir que siempre he estado intrigado por aquella época en la que las mujeres eran consideradas brujas, eran perseguidas, algunas condenadas a muerte y repudiadas de sus pueblos y familias por creencias que mucho tienen que ver con la cultura unida a la superstición. En esa materia nos mete de lleno El libro de las brujas que, para mí, ha sido uno de los libros más esperados desde que conocí su existencia y que he ido leyendo poco a poco, casi a sorbos, para que no terminara. ¿Sabéis a qué sensación me estoy refiriendo, verdad? Esa misma. La de que un libro te esté gustando tanto que seas incapaz de seguir, pero a la vez no puedas parar, y que al llegar al final pienses que se ha quedado un pequeño vacío que no sabes muy bien cómo llenar. Y es que este libro nos habla de la realidad, de lo que sucedió, y de un tiempo tan oscuro como interesante para entender muchas otras cosas que no parecen estar relacionadas, pero que sí lo están. Pero vamos a ello antes de adelantar acontecimientos.

Aquel que decida entrar en el mundo que nos propone Katherine Howe en El libro de las brujas tiene que tener la mente abierta, olvidarse de las concepciones que ya tenía en un principio, y empezar a leer como si hubiera hecho tabula rasa. Digo esto porque yo creía tener una idea bastante exacta de lo que eran las brujas, o de lo que eran las denominadas brujas en tiempos pasados, pero al ir leyendo fui descubriendo muchas otras cosas no sólo de esta figura arquetípica sino de la sociedad que las conjuraba y quemaba. Porque lo que aquí se nos va a presentar en una contextualización de la época pero también extractos de algunos casos y juicios de brujería más o menos conocidos y que nos permite echar un vistazo no sólo a lo que en aquella época se denominaba brujería, sino también a lo que en una sociedad patriarcal – no hay que olvidar, como ya decía al principio, que muchas de las cosas que sucedieron venían enlazadas con otros conceptos como feminismo y machismo – se daba y que, sin llegar a extremos semejantes pero sí con pequeñas ascuas que aún siguen latentes, se mantiene hasta nuestros días. ¿Sorprendidos por lo que estoy diciendo? Quizás no lo tendríamos que estar tanto cuando vemos ciertas cosas en nuestro día a día.

Tiendo, como creo que hace casi cualquier lector que se precie de serlo, a unir unas lecturas con otras; a comprender la realidad y lo que nos depara a través de algunas lecturas que os explican, por mucho que se trate de épocas pasadas, lo que nos sucede en la actualidad. Y es muy posible que varios de los conceptos que se estudian en este libro no tengan que ver con lo que pasa hoy en día – aspiro a pensar que las cazas de brujas se dejaron de practicar hace mucho tiempo – pero lo que nos explica Katherine Howe va mucho más allá de una simple exposición de casos de brujería en Inglaterra y en las colonias norteamericanas. Por tanto, creo que este libro puede tomarse desde dos perspectivas bastante diferentes – aunque no excluyentes entre sí -. La primera, como un compendio de lo que supuso la culpabilización y la denuncia por brujería en las mujeres de la época o como un estudio que, por detrás, velado por un telón de superstición que enmascara lo que de verdad importa, nos enseña los prejuicios de una época, la concepción de la figura de la mujer, la incapacitación para decidir por sí misma de la mujer y otras muchas cosas que, si esto fuera una clase de teoría feminista o de género, daría para un debate mucho más extenso. Cada lector tiene la posibilidad de verlo desde el prisma que quiera. Yo, si se me permite la opinión, he disfrutado de la lectura de las dos formas. La primera más lúdica, la segunda más aleccionadora.

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El eco de los disparos, de Edurne Portela

el eco de los disparos

el eco de los disparosEs muy posible que, cuando un libro te resulta incómodo – no digo esto como algo negativo – sea porque hace que algo en tu interior resuene con lo que ya has vivido. Uno no sabe, a veces, muy bien cómo explicarlo pero es como si al leer se atragantaran las palabras y tuviera que dejar la lectura por momentos, esperando el momento oportuno para continuar con lo que el autor, sea quien sea, nos ofrece. Más adelante, en el siguiente párrafo, hablaré de por qué El eco de los disparos ha suscitado más de un sentimiento de incomodidad en su lectura, pero baste decir, en un principio, que puede que algunas heridas todavía no estén cicatrizadas y que, como bien explica Edurne Portela, mucho de todo esto proviene del silencio – obligado o no, cada uno debe elegir lo que le convenga – que en una época muchos tuvimos que ver cómo se convertía en evidencia, en una especie de pasividad que constreñía no sólo la garganta sino el pecho, en un intento vano por gritar sin poder hacerlo del todo. Y es que la violencia, porque de eso trata este libro, puede atravesar aquellas paredes que, de hormigón, parecen infranqueables. Quizás no en ese momento, puede que eso se instaure en uno, se convierta en un hecho, mucho más adelante. Esta es una reseña de un libro, eso es cierto. Diría más, de un libro que se convierte en necesario para toda una generación. Pero también es una reseña de un historia personal que nunca se atrevió a ponerse en palabras.

(…) un contexto como el de Euskadi en los años setenta, ochenta o noventa del siglo XX, en el que la mayoría de los jóvenes sentían más repugnancia hacia y tenían más miedo de la policía nacional o la guardia civil que de los terroristas de ETA. Sé, por todos los años que he pasado en el País Vasco, que esto para una persona que no sea de allí sonará extraño. Incluso alguno pensará que es una falta de respeto. Pero no por ello es menos cierto. Ahí, en ese extracto de El eco de los disparos es donde se encuentra parte del quid de la cuestión que yo, vasco de nacimiento, necesitaba leer en un libro – se entiende en un libro serio, documentado, con base psicológica y no en un panfleto sensacionalista ya sea por las dos partes de un mismo conflicto -. Pero de lo que nos habla Edurne Portela no es sólo de una época – que también – sino de cómo la violencia se enraizaba tanto en la sociedad que aquellos que la intuíamos – es curioso cómo yo, que paseaba por las calles de Bilbao todos los días no fui consciente nunca de lo que sucedía – terminábamos por no verla o por tomarla como algo tan neutral como cualquier catástrofe que pudiera suceder. Quiero que se entiendan mis palabras: no justifico la violencia. Creo, además, que para entender lo que yo quiero decir es necesario leer las palabras de la autora que tan bien expresadas están en este libro, tan necesarias, tan llenas de un valor humano y profesional que, como ya dije en la introducción, creo de obligada lectura para aquellos que quieran entender muchas de las cuestiones que en el llamado “conflicto vasco” se impusieron – y aun siguen coleando -.

Soy aficionado al lenguaje. A su uso, a la contaminación que en él se da, a cómo la sociedad lo pervierte y lo utiliza en su propio beneficio. Al final creo que, muchos de los problemas que con de la violencia se han suscitado, han venido radicados precisamente por ese sensacionalismo que con el lenguaje se produjo en aquellos años, con el lenguaje – sea cual sea su formato de expresión – que sigue convirtiéndose en arma arrojadiza y no en pretensión de entendimiento. Es quizás, como lector primero y como vasco después, por lo que hay que agradecer que Edurne Portela haya tenido la valentía de poner en palabras muchas de las cosas que nadie se ha atrevido a poner o que han pasado desapercibidas para muchos. La realidad juega, a veces, malas pasadas y aquello que creíamos cierto, que no entendíamos, a través de la lectura se convierte en el mejor vehículo para entendernos. La violencia es como ese eco de los disparos del título: no nos abandona durante un tiempo y, si nuestra memoria no lo permite, seguirá apareciendo durante generaciones. Las mismas que, después de muchos años, se han quedado estancadas en muchos de los procesos que, como en el extracto que he extraído del libro, no han permitido avanzar en el entendimiento.

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Nicotina, de Gregor Hens

Nicotina

NicotinaAviso: este no es un libro de autoayuda o un manual de cómo dejar de fumar. Lo digo por si a alguien se le ocurre leerlo o regalarlo con la intención de que pueda ayudar en esa difícil tarea. Puede ser inspirador, eso sí, pero si estás metido en el humo, no sé si esto te podría animar a dejarlo, o al revés.

El protagonista, que es el escritor, ha intentado dejar de fumar otras veces, y decidió hacer un estudio profundo, obsesivo, sobre las causas de su adicción al tabaco. Desde antes de nacer, ya estaba rodeado de humo y nicotina, por lo que su destino era fumar, sí o sí. Siempre lo consideraron un niño enfermo, cuando lo que estaba era intoxicado. Nos cuenta como fue creciendo pegado al cigarro y cómo evolucionó su relación con el tabaco a lo largo de su vida. En Nicotina se explican los efectos del tabaco y el tabaquismo, que son demoledores. Pero lo que más le duele o le pesa al escritor es la dependencia a la sustancia. Cómo puede algo externo manejar los hilos de nuestra vida hasta hacernos parecer marionetas. También nos explica el placer que le han proporcionado muchos de esos cigarrillos que se fumó, un placer efímero pero muy intenso. En la actualidad lleva casi un año sin fumar, pero tiene que convencerse todos los días de que está haciendo lo correcto, de que él puede con ello. Anda buscando los halos de humo que dejan otros para consolarse. Le ayuda en la superación de la adicción, el deporte, que practica con asiduidad y que le recuerda que en sus etapas de fumador no podía disfrutar porque no le daban los bronquios para las dos cosas.

Es una reflexión sobre el tabaco y su adicción. Está contado con bastante sentido del humor, es entretenido y tiene ese punto de obsesivo de alguien con el mono: rápido, repetitivo, de darle vueltas a cosas que ya están habladas, analizando, destripando, volviendo a componer. Es fácil de leer, aunque sea un ensayo y tiene alguna fotografía que aligera todavía más la lectura.

Yo he fumado en algunas etapas de mi vida, hace mucho tiempo que no lo hago. Nunca me he considerado muy dependiente del tabaco, pero esa es una idea que tienen todos los fumadores. No lo echo de menos, pero reconozco que tengo asociado con el tabaco buenos momentos de mi juventud. Pero, como al escritor, lo que más me gusta de no fumar, es el que yo he podido con el tabaco, la idea de superación, de que yo manejo la situación, de ser libre para decidir si fumo o no. El tabaquismo te hace esclavo y dependiente y eso es espantoso. Yo me crié pegado a un fumador compulsivo, que afortunadamente pudo superar su adicción. Pero viví durante los primeros años de mi vida oliendo a tabaco. La salita en la que veíamos la tele, tiene como unos doce metros cuadrados y allí estábamos toda la familia apiñada en el sofá metidos en una nube espesa de humo. Se fumaba una cajetilla de Habanos, que eran como los Ducados pero más fuertes, en una sesión de tarde-noche. Y mi hermano y yo allí pegados a la nicotina. Hoy lo pienso y me parece un crimen. Lo que no sé es como no tenemos más secuelas de las que tenemos. Efectivamente, los dos hemos sido fumadores y los dos lo hemos dejado.

Casi todos tenemos dependencia a alguna cosa. Algunas son más llamativas, como la de las drogas, pero hay mucha dependencia a pastillas con receta, que es igual de malo. La del alcohol, que está socialmente aceptada hasta que la cosa se desmadra. Algunos trastornos alimenticios también tienen que ver con adicción. Hay gente que está enganchada al deporte y lo practica obsesivamente, aunque se lesione. Las redes sociales, el estar conectado constantemente, es otra adicción. Otros se enganchan a personas o al sexo y así podría estar durante un buen rato, enumerando adicciones. Algunas son más peligrosas que otras para nuestra salud o nuestra integridad, pero todas tienen ese enganche que a mí, personalmente, es lo que más me molesta: el no poder elegir libremente por culpa de la dependencia.

El libro nos deja un epílogo muy esperanzador, en el que nos habla de lo maleable que es el cerebro y de que cualquier hábito, por arraigado que esté, es modificable. Así que a liberarse, que sí hay remedio y está dentro de uno mismo

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Los tesoros de Bob Dylan, de Brian Southall

los secretos de Bob Dylan

los secretos de Bob DylanEsta año, el Nobel de Literatura, ha llegado causando un gran revuelo; la concesión del máximo galardón y reconocimiento del mundo de la letras a Bob Dylan, ha causado cierta sorpresa en muchos sectores del público en general y de la crítica en particular. Y yo pienso que no es malo que el mundo entero debata sobre literatura, sobre todo de esa parte excelsa de la literatura que es la poesía, y que algunos creían reservada a un puñado de filólogos que escribían por y para ellos y sus colegas, pero ha resultado que también, la poesía está en el viento.

El Jurado le otorga el galardón por “haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense”, y está bien esta aclaración del propio jurado, aunque está claro que a los seguidores de siempre de Bob Dylan, no le hacen falta razones para entender que con sus letras y sus historias cantadas han vibrado y se han emocionado como con el más bello de los poemas de Homero.

Y así, no es de extrañar que la Editorial Libros Cúpula “relance” este impresionante homenaje al hombre que ha sabido fundir poesía y música, y ello es lógico pues de musicalidad hablamos cuando hablamos de poesía, cantautores que elevan sus poemas con ritmos y melodías, poetas que recitan mientras de fondo suena, como antaño, las cuerdas de un laud. La poesía es aquella parte de la literatura capaz de atravesar nuestra piel con delicadeza para llegar al corazón, pero también la que llega al cerebro en forma de martillazo seco. La que está destinada a despertar conciencias…

Para que vean una comparativa les preguntaría ¿Quien ha hecho más por la poesía en España que Joan Manuel Serrat? No solo nos ha acercado a los grandes poetas sino que nos ha cantado sus propios poemas, tal como Dylan, haciendo que incluso pensemos que son temas de poemas populares cuando han sido composiciones propias… ¿Qué más se les puede pedir a estos poetas?

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Muchas veces he comentado que aprendí francés por poder traducir las canciones de George Moustaki, también auténticos poemas, el inglés se lo dejé a Dylan, pero sí, sus poemas si me he preocupado de traducirlos, de comprenderlos, y este libro que ahora tengo entre mis mandos ha sido un paso más allá, un libro para tener, para conocer al hombre en profundidad, un libro para los amantes del autor, y para regalar a aquellos que sí comprenden que la poesía está allá donde haya alguien que te haga sentir cosas con las palabras.

Un regalo familiar para compartir. Los padres, incluso los abuelos disfrutaran de los recuerdos a través de todos los sentidos, la música en el recuerdo, la imagen en el papel y las palabras que nos trasladan al fondo de nosotros mismos. Los hijos podrán ver que la poesía está viva, que es joven cada vez que suena o que se recita, que renace con cada lector, con cada estado de ánimo, con cada actuación.

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Un libro para leer escuchando de fondo sus temas de siempre, para comprender el proceso de un músico y poeta que nació como Robert Zimmerman y que por amor a sus dos pasiones pasó a ser Dylan por el famoso poeta galés Dylan Thomas, y probablemente Bob, como diminutivo de el más grande de sus ídolos Woody Guthrie, por el que abandonó su Minnesota para trasladarse a Nueva Jersey y finalmente a la ciudad de Nueva York.

Un hermoso libro con formato 28 x 24, que nos recuerda un antiguo Lp, ya saben, aquellos vinilos que nos hacen regresar a un tiempo pasado, y que como ellos viene con su funda exterior, y en su interior con todo tipo de detalles, entradas a conciertos, posters, postales de esas que suele haber en los pubs donde hay actuaciones en directo, impresionantes fotografías del poeta y una completa biografía que nos ofrece Brian Southall, y que nos llevará uno a uno por todos los grandes discos y conciertos de Dylan.

En estos días son muchos los que me preguntan ¿Qué me recomiendas de Bob Dylan?, pues esta puede ser mi contestación, darse uno el capricho de tener algo así en la biblioteca, algo que poder disfrutar mientras suenan sus temas de fondo.

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La época de las catedrales (Arte y sociedad, 980-1420), de Georges Duby

La época de las catedrales

La época de las catedrales

Quien piense que la sucesión de acontecimientos de los que se compone la historia, pudiera haber sido provocada por el azar, o por hechos que rompen la lógica del sistema causa-efecto, no tienen más que leer libros como este de Georges Duby para comprender que nada está creado por la casualidad; ver que un comportamiento, una construcción, una razón, una guerra, una decisión real, un acontecimiento dado, siempre tiene una causa última concreta, definida, que, en este ensayo, Duby nos muestra separándola de la multitud de probables y de las erróneas.

Pero más allá de un libro sobre arte, política, religión, sociedad o demografía, es un recorrido por las mentes de las personas que habitaron aquellos tiempos y aquellas tierras (Francia e Italia especialmente). Más allá de que el libro aporte fechas o cite acontecimientos y nombres, en realidad es un análisis de la sucesión de ideas y hechos que hicieron que la Edad Media evolucionara, que aquellos tiempos y comportamientos  fueran como fueron.

Duby habla en sus textos sobre casi toda Europa, desde el norte y centro, hasta el sur español o las islas británicas, pero sobre todo tiene dos centros concretos a estudiar, ambos capitales para el movimiento cultural, económico y de las ideas de la época. Uno será Francia -entendido con la amplitud del imperio carolingio- y el otro la península itálica. En el primero, Francia, describe todo el movimiento político, social, religioso y artístico que apareció desde la Alta Edad Media, en las que el Imperio de Carlomagno, y sus sucesores, se apoyaron en un poder dirigido desde la distancia, en el que los duques y los obispos eran la representación territorial de su autoridad. Todo lo que le ocurre posteriormente se sucede con una lógica aplastante: la caída de la influencia real del Imperio Carolingio -Capetos- provoca en sus ducados la aparición de los feudos, pequeños reinos en manos de nobleza local. Con ellos comenzará la disminución del poder del episcopado en favor de las órdenes monacales, en especial la Orden de Cluny y más tarde la del Cister. A través de ambas nacerán y crecerán el Románico y el Gótico. Entrada la Baja Edad Media, debido al crecimiento económico, el poder volverá a la ciudades, y es en ellas donde se alzarán las catedrales. La expansión demográfica, generada por ese desarrollo, provocará un exceso de población, y con él las hambrunas y la peste que harán retroceder la demografía y la economía. Por ese motivo se eliminará el impulso de crecimiento y se convertirá en un movimiento, como mucho, pausado hasta bien entrado el siglo XVI. En Italia -denominándola así para encuadrarla  geográficamente en la actualidad- la historia estará regida por otros condicionantes: el poder papal, el del Emperador germano y la influencia del imperio Bizantino. Todo esto crea una región muy compartimentada políticamente y en la que la evolución es diferente a la Franca. Por este motivo, generará movimientos sociales, políticos y artísticos, propios, y desembocará en el poder de las ciudades-estado de origen comercial, como Venecia, Pisa o Florencia. Roma será, en cambio, centro de luchas, anhelos, guerras y actividades destinadas a, por un lado, retener o recordar el poder del Imperio Romano, y, por otro lado, defender y expandir el Trono de Pedro y su influencia en el mundo Cristiano.

Todo ese marco político, demográfico o económico, es apenas una parte del camino que recorremos buscando la génesis de las catedrales como expresión no sólo de la espiritualidad de aquel momento y tiempo, sino como enseñas del avance económico, cultural, artístico, científico y religioso de cada época. Ellas eran exaltaciones del poder divino que comenzó en el Románico como una representación del Cristo – del Patoncrátor,- como Juez, como Príncipe que decide en el Fin del Mundo; para pasar en el Gótico a la imagen de Cristo como expresión del maestro que enseña y muestra el camino al mundo, y que lo rige con su sabiduría; y acaba en los siglos finales de la Edad Media, como el Cristo que ha bajado a la tierra, y que se movió junto a sus seguidores por este mundo, y así siguió siendo un Dios humano. No será esta evolución un reflejo inútil y sin importancia de un hecho residual, no. Es el reflejo de la trasformación y el crecimiento del pensamiento no solo religioso, sino también de las propias ideas; de la filosofía, de la ciencia, de las creencias que, incluso deja su legado en la actualidad.

Es imposible describir todo lo que aparece en “La época de las catedrales”, es imposible unir en pocas palabras los términos cruzados, los hechos paralelos, los ejemplos que confluyen, las circunstancias que atañen a cada momento, que en este libro aparecen para crear una autentica y fascinante historia sobre un pueblo que trabajaba y moría en la mismo sitio -y en pocos años-; esa porción mayoritaria de las sociedad que aportaba beneficio y riqueza a la nobleza y a la Iglesia, que la gastaba en lujos, la invertía en arte, liturgia o mecenazgo; o la empleaba en diezmos, limosnas o en gastos suntuarios. Aparecerá una burguesía, de la que pronto se distinguirán y se separarán grandes comerciantes o banqueros prestamistas, al servicio de aquella riqueza nacida de la multitud de campesinos pobres. Dinero que también permitirá el surgimiento de pensadores,  de arquitectos, de escultores, de literatos, de teólogos o de filósofos  ( Tomás de Aquino, Ockam. Scoto..); así como el crecimiento de toda una clase de Caballeros que pululan por la campiña y la vida de aquellos tiempos.

Resulta claro, siguiendo los escritos de Duby, seguir todos los atajos o rodeos que hicieron de la cultura y la religión lo que fueron, y así encontrar las cosas que las unieron, la razón por la que se acompañaron durante siglos, deudoras una de la otra. Resulta hermoso ir viendo la visión que aparece en el libro de las necesidades religiosas que provocaron la aparición de los hechos artísticos, como el de la propias catedrales. Duby muestra el origen inmaterial de alguna de las formas que adoptaron las catedrales, persiguiendo el vano, o las alturas o la luz, en busca no de un resultado arquitectónico o una razón únicamente bella, sino que en la expresión de un significado teológico o litúrgico en las formas y en las edificaciones. Resulta claro, también, descubrir a través de estos escritos, la evolución de la figura de la Virgen como modelo cristiano a seguir, y compararlo con el progreso de la presencia de la mujer en la sociedad de aquella época -en lo cultural, en lo social o en el reflejo de la vida diaria-. Esa trasformación aparece, distinta, en la perdida de poder de la Iglesia -en parte por la aparición de herejías, en parte por el surgimiento de nuevas formas de expresión religiosa, como la de San Francisco, o los mendicantes- que conlleva el florecimiento de nuevas formas sociales, o artísticas alejadas de la religión, o, como mucho, paralelas a ella, puesto que aún habiendo nacido dentro de las representaciones de la Fe, se van desligando para crear temas y estilos profanos, sea en el teatro, la literatura, la pintura o en la escultura.

Todas estas personas, ideas, construcciones, guerras, herejías, basamentos, teologías, libros, esculturas… se van cosiendo entre ellas a través de las letras de Duby, que crea algo similar a un entramado de canales que se unen, se separan, se parasitan, se alimentan, se desaguan, se pierden en la nada, y que al final, la suma de todos esos elementos, crean un río único; resultado inseparable de lo que sucedido en su recorrido. La descripción de ese itinerario, con palabras y hecho exactos, es lo que da valor a este libro.

La época de las catedrales” es un texto para lectores apasionados por la historia, por el arte, la evolución del pensamiento y de la religión de la época medieval . Por lo tanto es un libro para el cual debes de tener conocimientos, aunque sea básicos, de esos temas. Y que no solo profundiza en ellos, sino que lo hace con una discurso ameno, distintivo y docto como pocos.

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Historia mínima de Galicia, de Justo Beramendi

Historia mínima de Galicia

Historia mínima de Galicia«¿Qué entienden por “Galicia”, o por “Francia”, o por “España” quienes escriben su historia y los lectores que se disponen a leerla?». Con esta pregunta, Justo Beramendi inicia su ensayo Historia mínima de Galicia. Para él, la historia es un instrumento político. Con aplicar un tramo temporal concreto, es posible justificar la existencia objetiva de cualquier nación, del poder establecido o, incluso, de un proyecto alternativo. La historia también ha sido instrumentalizada de este modo en la construcción de la identidad gallega, por lo que Beramendi, en esta obra, ofrece un recorrido desde la Prehistoria hasta nuestros días, para mostrar si la visión generalizada se basa en certezas o en distorsiones históricas.

Yo no conozco Galicia, aunque me gustaría. Desde siempre ha sido la parte de España que más me ha atraído, por su folclore, su gastronomía, su acento. Esa es la razón de que me interesara por Historia mínima de Galicia, aun sin saber lo que me iba a encontrar. Y lo que me encontré fue un ensayo sobre la demografía, la economía, la política, la cultura y la estructura social de este territorio; un trabajo minucioso, pese a contar millones de años en menos de trescientas páginas.

Historia mínima de Galicia habla de sus personajes emblemáticos, desde el héroe celta Breogán, el obispo Prisciliano, el maqui Foucellas o su presidente más longevo (en todos los sentidos) Fraga. Analiza las supuestas raíces celtas de Galicia, el porqué de su retroceso técnico e industrial a lo largo de los siglos y los acontecimientos clave para que su reivindicación nacionalista nunca se haya asentado como en Cataluña o País Vasco. Cuenta también los orígenes de los castros, de los pazos y de la peregrinación al sepulcro del apóstol Santiago, que tantos réditos económicos sigue dando. Explica el nacimiento de la lengua gallega y las vicisitudes por las que ha tenido que pasar, y cómo grandes autores del Siglo de Oro —Cervantes, Góngora o Lope de Vega, entre ellos— asentaron el tópico de que Galicia es un sitio inmundo, lleno de estúpidos y bárbaros. No olvida mencionar a los artistas que lograron revalorizar la cultura gallega siglos después, durante el Romanticismo, como es el caso de Rosalía de Castro. Pone de manifiesto la importancia del papel social de las mujeres hasta el siglo VIII y apunta el curioso dato de que las cifras más elevadas de celibato y madres solteras de toda España se dieran en Galicia hasta el siglo XX. También aborda la controvertida cuestión del caciquismo y redes clientelares, que sobreviven al paso de los años y los sistemas políticos, y por qué la emigración es un rasgo intrínseco en la sociedad gallega. Y esto solo es una muestra de los múltiples temas tratados en esta Historia mínima de Galicia.

No puedo decir que sea una lectura recomendable para todo el mundo que esté interesado en la historia o en Galicia, pues habrá a quien se le atragante la sucesión de nombres y cifras, pero mentiría si dijera que su lectura me ha aburrido. Beramendi ha escrito con lenguaje sencillo un ensayo riguroso, con un marcado carácter divulgativo: tanto para llegar al público no especializado como para exponer hechos que no siempre aparecen en las versiones oficiales. Ha tratado de dar un punto de vista ecuánime, pero yo he agradecido especialmente los momentos en los que ha dejado de serlo, porque así he podido ver el lado humano del autor que hay detrás de tanto trabajo.

Tal vez, los lectores con una opinión formada sobre qué es Galicia se sientan incómodos ante esta obra, que pone en tela de juicio algunas de las convicciones más arraigadas. No ha sido mi caso, pues yo he querido conocer Galicia y no confirmar una idea previa. Posiblemente, si me enfrentara a la historia mínima de mi tierra, Valencia, me afectaría de otro modo. Pero, sin ninguna duda, la leería.

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Seis años que cambiaron el mundo

Seis años que cambiaron el mundo

Seis años que cambiaron el mundoLos Seis años que cambiaron el mundo, según Hélène Carrèrre D´Encausse y diría que según cualquiera a quien se le preguntase al respecto, son los comprendidos entre 1985 y 1991 y si en este momento no termina de caer en la cuenta de los motivos de ese cambio gustosamente les indico el subtitulo del libro: la caída del imperio soviético. Mal que bien muchos de los hechos que recoge este magnífico libro son conocidos, otros muchos no o al menos no para el gran público, pero el mérito de Hélène Carrère está no tanto en descubrir secretos (que también porque algunas de las cosas que cuenta las supo por conversaciones directas con los protagonistas o sus colaboradores más cercanos) como en ser capaz de mostrarlos ordenadamente y de forma tal que se obtenga una visión de conjunto al tiempo que se entra en el detalle. Y dirán ustedes que es lógico, que ambas cosas las pretende cualquier ensayo que se precie, pero es que se trata de una cantidad de actores y de hechos relevantes que probablemente sea uno de los mayores retos de la divulgación histórica. Por decirlo de forma gráfica, imaginen que compran un puzle y cuando les llega a casa tiene tres camiones de piezas. Pues la autora lo completa y parece una fotografía. Este libro hace a la vez dos cosas aparentemente contrarias, a saber, lograr transmitir la inabarcabilidad del escenario y abarcarlo, comprenderlo y explicarlo con claridad.

Aunque el objeto del libro es la desintegración de la URSS, narrativamente funciona muy bien como biografía de Gorbachov y Yeltsin, personajes ambos de un gran peso histórico, pero de un peso literario aun mayor. Y Seis años que cambiaron el mundo permite ese ejercicio de empatia inseparable de la literatura que es tratar de comprender a los protagonistas, ponerse en su lugar. Hay en el libre suficientes pinceladas biográficas como para que el lector sea incapaz de meterse en su piel. Y no es una piel cómoda, dudo que haya habido en la historia dirigentes, especialmente Gorbachov, que hayan tenido que hacer frente a más cosas a la vez y de mayor calado que ellos. Además de ilustrar la inusitada relevancia que pueden llegar a tener las relaciones personales no ya en la política sino en la historia. Diría que es algo de lo que deberíamos aprender una o dos cosas en nuestro país.

El inicio del declive (otra cosa de la que sacar alguna lección que otra) de la URSS es probablemente menos complicado de interiorizar que el proceso en sí mismo, las consecuencias de la gerontocracia y, sobre todo, el triunfo de la mediocridad deberían ser bien conocidos, aunque ni lo eran entonces ni están cerca de serlo ahora por lo que se ve. Sin embargo el relato a partir de Gorbachov es apasionante, trepidante porque lo sería incluso si se narrase en tiempo real, y la combinación del interés histórico con la el fluido ritmo narrativo se traducen en una obra de una relevancia más allá de lo habitual.

Si hablo de un plus de relevancia lo digo por su vigencia. Todo el libro pero especialmente la parte centrada en Borís Yeltsin explica la Rusia actual, desde las privatizaciones (y el surgimiento de las oligarquías y las mafias) al Chechenia, desde Afganistán a Crimea. Temas abiertos que no se cierran una vez lo hace el libro y que puede uno seguir con sólo abrir un periódico. También es un buen recordatorio de los peligros de los nacionalismos, y lo es en el que probablemente fuera el escenario con más diversidad étnica de la historia.

Finalmente da pie a ese ejercicio tan entretenido que es la ucronía, porque Hélène Carrère no lo hace pero al lector le resultará imposible preguntarse qué habría pasado si las cosas hubiesen sucedido de otra manera, cómo sería nuestro mundo si los seis años que lo cambiaron lo hubiesen hecho por otro camino o no lo hubieran hecho en absoluto. Les dejo con el entretenimiento, eso sí, les recomiendo que si se ponen a ello lo hagan después de haber leído Seis años que cambiaron el mundo. Lo harán con mucho mayor conocimiento de causa.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es

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Yo soy más de series, de varios autores

Yo soy más de series

Yo soy más de seriesNo sé si a ti también te ha pasado, pero no es una situación nada agradable. Enciendes el ordenador, te metes en Netflix (o en una de esas alternativas inmorales de las que nunca he oído hablar), repasas durante minutos, tal vez horas, toda la oferta de series televisivas, dudas durante aún más tiempo y al final decides apagar el ordenador y ponerte a ver Telecinco. Estás seguro de que lo que están echando en ese momento es peor que un canal que emita Ana y los siete ininterrumpidamente (perdón por la idea), pero al menos no te obliga a decidir entre los centenares de interesantes opciones que tenemos en la llamada Edad de Oro de las series.

Yo soy más de series viene a ocupar el lugar de ese amigo que todos tenemos y que ha visto el último capítulo de todo lo que se ha emitido en televisión desde Verano azul. El libro de Esdrújula Ediciones nos ofrece una selección de 60 series escogidas y analizadas por sendas personas, bajo la coordinación de Fernando Ángel Moreno y Víctor Miguel Gallardo Barragán. Es una selección puramente personal, lo que tiene su parte mala y su parte buena. La mala, es que se echan (mucho) en falta algunas emisiones míticas, como Los Simpson, Black Mirror o Cómo conocí a vuestra madre. Me hubiese encantado leer una reflexión profunda sobre la personalidad de Barney Stinson o acerca de la estupidez supina de Homer Simpson, no voy a negarlo. La parte buena es doble, eso sí: por un lado, se percibe en cada artículo que las series reseñadas de verdad apasionan a los autores. En segundo lugar, el libre albedrío a la hora de escoger me ha permitido descubrir unas cuantas series de las que no tenía ni idea de su existencia, así como apuntarme para ver en el futuro alguna otra con la que seguramente no me hubiera atrevido nunca de no ser por los textos.

Los autores son tan heterogéneos como sus elecciones, y eso se refleja en sus aportaciones a este libro. Nos encontramos así con valoraciones de periodistas, profesores, escritores, investigadores, políticos, poetas o actrices. Por ello, no es de extrañar que sus artículos sobre las series sean de lo más variopinto; los hay breves y extensos, descriptivos y opinativos, sencillos y académicos, divertidos y tediosos…La nota general es la originalidad, que hace que ninguno de los 60 artículos siga la misma estructura. Por poner un par de ejemplos para abrir boca, podremos encontrarnos una descacharrante y surrealista valoración en cómic de la magnífica Utopía o una opinión sobre The Big Bang Theory en la que se cita, entre otros, a la música grunge, a las Olimpiadas de Barcelona o a Nelson Mandela.

Y la pregunta que más de uno se estará haciendo: ¿Hay spoilers? Pues sí, la mayoría inofensivos y necesarios para contextualizar, pero debo confesar que alguno que otro me ha fastidiado un poco, sobre todo los que afectaban a series que todavía no he visto pero que tengo intención de disfrutar. Así que, ávido lector seriéfilo, te hago una recomendación si decides adquirir este libro: lee primero las reseñas de las series que ya hayas visto y deja en standby las que afectan a las que vayas a ver pronto. Y es que, como todo buen consumidor masivo de series sabe, todo se perdona en esta vida excepto un spoiler.

Yo soy más de series tiene dos aportes fundamentales, en mi opinión: reflexión y consejo. Reflexión porque permite que profundicemos y, en varios casos, redescubramos desde una perspectiva distinta algunas de las historias que nos han acompañado durante años (o que todavía lo hacen). Y consejo porque, ante las innumerables opciones que pone cada día ante nosotros Netflix (y esas alternativas de las que, de verdad, jamás he oído hablar), nunca viene mal que alguien nos separe el grano de la paja.

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La España vacía, de Sergio del Molino

La España vacía

La España vacíaPuede que una de las mayores dificultades que presente este magnífico libro sea clasificarlo, algo que afortunadamente es completamente innecesario. Por otro lado tratar de decidir si esta obra es un ensayo o no es una manera estupenda de perder el tiempo en verano, porque es evidente que detrás del texto hay un gran trabajo de investigación, por no hablar del trabajo de campo, sin embargo lo que verdaderamente destaca para el lector, al menos para un lector como yo, es un aspecto mucho más personal: las reflexiones particulares de Sergio del Molino que él mismo se encarga de alejar del ámbito académico para situarlo en el que le es propio, el literario. Concretamente el mayor aporte de La España vacía, al menos en mi particular opinión, es la tesis de que es la literatura la que modela el paisaje y no al contrario, como habitualmente se admite. Sostiene el autor que nuestra percepción del paisaje de la España vacía es heredera de la visión que nos legaron quienes escribieron sobre él, en lugar de que fuera el escenario quien condicionara las obras que configuraron nuestra memoria colectiva. Vemos lo que leímos, el paisaje no es sólo geografía sino que incluye textos, leyendas e historias que otros inventaron o recogieron. Y puede resultar más o menos polémico pero lo cierto es que es una tesis que se demuestra sola porque si uno hace un viaje por el interior peninsular tras leer La España vacía la ve con unos ojos bien diferentes a los de los muchos viajes anteriores.

La mirada de Segio del Molino es muy personal y la seriedad y la solvencia con la que afronta la investigación que sustenta el texto refuerzan el carácter literario de la obra, que se lee, gracias a su excepcional talento narrativo, con la diversión, el interés y la pasión que habitualmente invertimos en la ficción.

La España vacía estudia la España interior, ese país despoblado y yermo cuyo atractivo turístico poco tiene que ver con el sol y la playa, y lo hace desde la mirada de alguien que la conoce en profundidad, pero que mira con rigor y sin más militancia que la que él mismo identifica y evidencia. Es un texto enriquecedor que huye de lugares comunes y de correcciones políticas al uso, una obra necesaria que logra que uno valore su país (o no) por lo que es y no por ensoñaciones identitarias más o menos comúnmente aceptadas. Sergio del Molino hace en La España vacía un deslumbrante ejercicio intelectual al desplegar un universo de referencias culturales muy familiar para lectores de mi generación pero al tiempo interesantes para cualquiera.

Uno se acerca al libro pensando que probablemente sea un estudio demográfico o histórico de una zona geográfica concreta o bien de un manifiesto enamorado de un paisaje y unas gentes poco frecuentadas, pero La España vacía no es nada de eso, es una reflexión personal interesantísima y fantásticamente escrita que nadie debería perderse.

 

Andrés Barrero
@abarreror
contacto@andresbarrero.es

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¿Por qué los astronautas no lloran? de Jorge Alcalde

¿Por qué los astronautas no lloran?

¿Por qué los astronautas no lloran?Dijo alguna vez José Saramago que “la vejez empieza cuando se pierde la curiosidad” y no puedo más que coincidir con esa afirmación. Me pone de muy mal humor ver, por ejemplo, a personas que escriben con errores de ortografía pese a tener a su disposición miles de recursos para evitarlo, todos ellos gratuitos. Muchas veces ese enfado se incrementa cuando me responden “es lo mismo que escriba esa palabra con b o con v, mientras se entienda al leer” Es cuando me quedo pensando en la falta de curiosidad reinante en estas sociedades donde lo que importa es la velocidad y no la calidad. Y menos la curiosidad, total ya todo me lo entregan empaquetado, listo, cortado… ¡No vaya a ser que nos pongamos a pensar!

Por suerte aún existen personas que hacen de la curiosidad una forma de vida y que llegan aquí para que pensemos que no todo está perdido. Jorge Alcade es un periodista y escritor madrileño que ha dedicado su vida a la divulgación científica e histórica. Y en ¿Por qué los astronautas no lloran? cuyo epígrafe es La gran ciencia de las pequeñas cosas, nos acerca de manera simple, clara y concisa miles de preguntas con sus análisis, interpretaciones y respuestas dignas de ser leídas por todos aquellos que aman saber no solo sobre las cosas, sino sobre todo el porqué de las mismas.

A lo largo de 25 apasionantes y divertidos capítulos, el autor va planteando pequeños grandes temas y luego desgrana la información que tiene al respecto, no solo a través de su amplio conocimiento, sino también recordando sus encuentros con diversos científicos del mundo. Así, cuestiones como qué pasa cuando morimos (y más específicamente, cuándo es que estamos realmente muertos), porqué nos empeñamos en jugar a la lotería pese a su inmensa dificultad de ganarla, porqué tenemos los pies fríos o qué nos pasa mientras estamos en coma, se suman a una larga lista de dudas que hasta incluye un capítulo dedicado a ayudar a los padres a responder las simples pero difíciles preguntas planteadas por los niños, como de qué color es un espejo o por qué no nos podemos hacer cosquillas a nosotros mismos.

Pero además de saciar nuestra sed de curiosidad, ¿Por qué los astronautas no lloran? nos va dejando centenares de pequeños datos alucinantes, de esos que uno irá repitiendo por todos lados para hacerse el interesante e incentivar la curiosidad ¿O acaso no es fabuloso conocer que el 80 por ciento de los japoneses son intolerantes a la lactosa (¡sí, el 80%!) o que se calcula que por cada persona viva hay doce muertas?

Recomiendo la lectura de este hermoso libro, pero si mi recomendación no es suficiente, les dejo una duda gigante flotando en el aire, para que no puedan dormir y corran a la librería ¿Por qué no hay dentífricos con sabor a naranja?

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