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La semilla de la bruja, de Margaret Atwood

La semilla de la bruja

La semilla de la brujaLeer el nombre de Margaret Atwood nos lleva irremediablemente a pensar en El cuento de la criada, ¿verdad? Reconozco que me entraron ganas de leerlo después de ver la magnífica reseña que mi compañera Laura Gomara le dedicó y de oír tantos elogios de la serie de la HBO inspirada en él; pero todavía no lo he hecho y, finalmente, ha sido La semilla de la bruja, la última novela de Margaret Atwood, mi primer acercamiento a esta autora. Y casi que mejor, porque me parece que nada tienen que ver un libro con el otro y, así, he disfrutado de esta lectura sin estar comparándola inconscientemente con la novela de la que todo el mundo habla.

Como digo, que la autora de La semilla de la bruja fuese Margaret Atwood llamó mi atención, pero lo que realmente me hizo leerlo fue que lo definieran como una reinvención de La tempestad, de William Shakespeare. La mayoría de las obras del célebre escritor inglés me fascinan, y aunque esta en concreto no la he leído, La semilla de la bruja me pareció una forma distinta de adentrarme en ella.

Pero ¿qué nos cuenta Margaret Atwood en La semilla de la bruja? Pues la historia de Felix, un extravagante director de teatro que, de repente, pierde a su esposa y a su hija pequeña. Toni, su compañero de trabajo, aprovecha su delicada situación personal para desbancarlo. Y Felix acaba siendo un hombre solitario que se hace llamar señor Duke, habla con su difunta hija y, en sus ratos libres, organiza funciones de teatro de Shakespeare con los reclusos de una cárcel, esperando pacientemente el momento de vengarse de Toni y de todos aquellos que contribuyeron a arruinar su carrera. Y ese ansiado desquite llegará cuando por fin los reúna a todos dentro de la cárcel, como público exclusivo de La tempestad, la obra que nunca le dejaron dirigir.

Así, Margaret Atwood nos lleva de la vida del teatro al teatro de la vida. Felix trama una obra dentro de otra obra y, mientras tanto, los presos y él desgranan las múltiples lecturas de La tempestad, reinventándola y hasta continuándola. El resultado es una historia de venganza cocinada a fuego lento, una sátira del mundo del teatro y de la política y una aproximación a la obra de Shakespeare que deja patente su atemporalidad. Y además de todo eso, La semilla de la bruja es una forma diferente de retratar el periodo de duelo tras la pérdida de un ser querido y una eficaz reivindicación del papel que la literatura y el teatro juegan dentro de las cárceles.

Me encanta cuando un libro me recomienda otro libro y, sin duda, La semilla de la bruja es una excelente recomendación de La tempestad, en particular, y de toda la obra de Shakespeare, en general. Así que me toca sumar un libro más a mi interminable lista de lecturas pendientes. Ahí, junto a El cuento de la criada, que sube varios peldaños en el orden de prioritarios. Y es que, ahora que he disfrutado de la afilada prosa de Margaret Atwood, quiero repetir.

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Assassination Classroom 20: Hora de la graduación, de Yusei Matsui

assassination classroom 20

assassination classroom 20Penúltima página de mi diario de lectura del manga Assassination Classroom.

Se acabó. Assassination Classroom 20: Hora de la graduación pone fin a esta historia. O casi.

Pero para quienes acaben de enterarse de la existencia de este manga y se hayan perdido mis cinco reseñas anteriores, resumiré la trama en unas pocas líneas: Korosensei es un monstruo que ha destruido la Luna y que amenaza con destruir la Tierra en el plazo de un año, a no ser que uno de los alumnos de la clase de 3º-E de la escuela secundaria Kunugigaoka acabe con él antes de la graduación. El gobierno promete recompensar con diez mil millones de yenes a quien lo consiga. Lo curioso del caso es que el profesor encargado de enseñarles las mejores técnicas de asesinato es el propio Korosensei, ¡y se lo toma muy en serio!

Visto así, podría parecer una historia de violencia gratuita, puro pasatiempo, pero no me cansaré de decir que Assassination Classroom es mucho más que eso. Para empezar, es una continua contradicción: el protagonista es un monstruo con un poder de destrucción sin igual; pero, a la vez, es divertido y entrañable. Y en sus clases enseña a asesinar; sin embargo, lo que los alumnos aprenden  en realidad es a reflexionar sobre el valor de la vida, a confiar en su potencial y, en definitiva, a madurar.

Ya he hablado largo y tendido sobre este manga, postrándome a los pies de Yusei Matsui en las mejores entregas y quejándome de los episodios de relleno. Pero Assassination Classroom 20: Hora de la graduación es el punto final y es el momento de evaluar si seguir este manga ha merecido la pena. Como bien dice Yusei Matsui en la solapa de este último número: «El éxito o el fracaso de la historia que es Assassination Classroom dependería de cómo dibujara ese (este) capítulo». Por eso yo temía que llegara esta entrega y por eso ahora respiro aliviada. Sí, Yusei Matsui lo ha conseguido: ha escrito un digno desenlace a esta historia. Hay mucha acción, pero también mucho sentimiento y reflexiones para el recuerdo, sobre todo ensalzando el trascendente papel que los buenos profesores juegan en la vida de sus alumnos.

Queda Assassination Classroom 21, sin embargo, ese volumen será, más bien, un epílogo donde se cerrarán algunos cabos sueltos y se incluirán algunos extras. Por supuesto, lo leeré, para reencontrarme una vez más con los personajes de esta historia, aunque ya no será lo mismo.

Todavía me sorprende haberme enganchado así a este manga, a pesar de llegar a él cuando la historia ya estaba muy avanzada. Y me asombra aún más el haber cogido tanto cariño a su excéntrico protagonista. Los que no hayáis leído nunca este manga no me comprenderéis, claro, pero seguro que los que conozcáis a Korosensei, sí. Por eso, esta reseña ha sido un nuevo intento de convencer a los escépticos para que le den una oportunidad a este manga. Si aún no lo he conseguido, no desaprovecharé mi última oportunidad: os espero en la página final de mi diario de lectura de Assassination Classroom.

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Voyeurs, de Gabrielle Bell

Voyeurs

VoyeursAntes de que existieran los friquis, los geeks, los nerds y todos esos términos de nuevo cuño que tan políglotas y modelnos nos hacen sentir, a los tipos como yo nos llamaban, sencillamente, bichos raros. Y mira que servidor lo era. De modo parecido a lo que le sucede a Gabrielle Bell, era capaz de provocar en aquéllos que me rodeaban sentimientos de irritación, compasión, confusión, miedo y muy moderada admiración (los bichos raros solemos ser un pelín más inteligentes que el común de los mortales, modestia aparte).

Una de las características de los bichos raros es que combinamos nuestra sociopatía con un incontenible anhelo de ser queridos. Así, mientras nada hace sentir segura a Gabrielle más que cuatro sólidas paredes, al mismo tiempo nuestra amiga se pasa las horas esperando en vano el tono de una notificación en sus cuentas sociales. Otro de nuestros rasgos es un completo desinterés por la vida privada de los demás, tan absortos como estamos con nuestras pajas mentales. En la primera escena de esta novela, vemos a Gabrielle buscando a todos los que hace un minuto estaban con ella celebrando una fiesta en un piso. Los encuentra en la azotea, mirando a la ventana del edificio de enfrente, donde una pareja se refocila en la cama. Acompañados de refrescos y patatas fritas, y con una actitud más analítica que excitada, comentan la jugada, mientras Gabrielle se queda con una cara de decir “¿de verdad soy yo la rara?”.

No resulta fácil decir de qué trata Voyeurs, si por “tratar de algo” queremos decir que un libro tiene un planteamiento, nudo y desenlace. La respuesta más evidente y sencilla es que en esta novela gráfica Bell nos narra su vida a lo largo de cuatro años, desde 2007 a 2010. Bien. Ahora, si tuviéramos que hablarle a alguien de nuestra vida en los últimos años, la inmensa mayoría de la gente se quedaría en viajes, novios, amigos, trabajo, quizá un par de bodas y algún funeral. Pero a los bichos raros, aparte de todas esas cosas, que también, se nos quedan en la memoria recuerdos y momentos mucho más importantes: una charla con nuestro gato, unas palabras que no dijimos pero que desarrollamos hasta convertirlas en nuestra mejor perorata, escenas que vivieron otros y de las que nos apropiamos con todo derecho, una pelea, una mirada, un puñado de fantasías y muchos temores. Todo lo cual, no me preguntéis por qué, nos conduce al convencimiento de que si somos bichos raros es precisamente porque somos incapaces de adaptarnos a la vida en una sociedad donde la mayoría son bichos mucho más raros que nosotros.

La composición de las viñetas, seis en cada página, sin primeros planos y con frecuencia cargados de detalles, es casi invariable a lo largo de la obra, y contribuye a acentuar esa sensación que atraviesa el libro: “esto es lo que hay, tan raro y tan habitual”. Parece como si estuviéramos delante de un formulario en blanco, que es la vida, y nos limitáramos a rellenarlo (aunque las páginas finales nos deparan una sorpresa). También el modo en que fue concebido inicialmente, como episodios sueltos publicados en su página web, hace que la historia parezca carecer de continuidad, de nuevo como las diferentes secciones de la declaración de la renta. Ya no vivimos la vida, parece decirnos Bell; la vida es simplemente una cosa que dejamos que nos suceda.

La grandeza de Voyeurs radica, por una parte, en esa disección personal y certera de una sociedad tan complaciente con su propio y anodino absurdo, y por otra, en ese ejercicio de ecce friqui que hace la autora, mostrándonos sin tapujos algunas de sus propias miserias, y haciéndolo, en todo momento con divertida resignación, esa resignación que, con los años y las canas, quizá se vuelva orgullosa reivindicación. Como alguien que yo me sé.

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El destino de la corona, de Evelyn Skye

El destino de la corona

El destino de la corona¡Cuidado, esta reseña contiene spoilers de El Juego de la Corona!

“No nos define lo que podemos hacer, sino lo que hacemos.”

Tras el final de El Juego de la Corona, no podía esperar a saber lo que ocurriría en la segunda y última parte de esta bilogía de Evelyn Skye. Si de la primera parte me sorprendieron sus personajes, su ambientación, la maravillosa narración de toda la magia que la rodea y el desarrollo de la trama, con sus giros argumentales y sus sorpresas; en esta segunda parte, los sentimientos que me provocaron estos y otros elementos se multiplicó por mil. Y es que El destino de la corona mejora considerablemente respecto a su predecesora.

En primer lugar, la acción que desde el principio se marca en esta nueva novela es muy distinta a la de la primera parte. Desde el principio, vemos cómo se avecinan dos peligrosas batallas: una mágica, que enfrenta a Nikolái y a Vika, el amor contra el desamor, y otra real, que enfrenta a las fuerzas revolucionarias decembristas contra Pasha, el futuro zar. Y esto, entre otras cosas, hizo que la novela se me hiciera demasiado corta pese a sus casi 500 páginas. Y es que El destino de la corona es de esos libros que saboreas por todos sus ingredientes desde el principio y hasta el final, sin ningún capítulo innecesario o de relleno.

Además, la acción y el ritmo de esta novela no se conseguirían sin un elemento que me ha encantado de esta segunda parte. La oscuridad se cierne sobre uno de nuestros protagonistas hasta el punto de desencadenar más de un problema para las personas que más le quieren y para el futuro de toda Rusia. Gracias a este factor sorpresa, Skye nos habla sobre el peso de la ambición y las ansias de poder. En cómo desembocan los acontecimientos cuando los seres humanos nos dejamos llevar por la venganza, el desamor y los celos. Y hago hincapié en estos dos últimos sentimientos, ya que son protagonistas en esta nueva novela y que me han llevado a sentir y sufrir de verdad junto a sus personajes. Y esto es lo que diferencia a las novelas que te llegan al corazón de las que no lo hacen: la empatía que sientes hacia los personajes, sus sentimientos, sus vivencias y las decisiones que toman a lo largo de la historia.

Sin embargo, la autora no solo nos habla de esto en este desenlace de bilogía. También trata una cuestión de gran importancia para todos nosotros: qué es lo que nos define y quiénes queremos ser. Nikolái, Pasha y Vika pasan por esta fase, como lo hemos hecho todos en algún momento de nuestras vidas, y se enfrentan a ello con más o menos valentía, pero con determinación. Y nosotros, como lectores, lo vivimos junto a ellos. Y a mí, al menos, me llenó de nostalgia y me hizo pensar en cómo nuestros actos y nuestros errores nos hacen aprender y definen lo que realmente somos.

Y si a todo esto le sumas la brillante mezcla que hace la autora entre realidad y ficción, gracias a la espectacular ambientación que crea, basada en parte en acontecimientos históricos y escenarios reales, y en parte en lugares imaginarios rodeados de una magia inesperada, es todo un placer de leer para los amantes de la fantasía como yo. Siempre dejando claro que la magia tiene un precio y que no todos pueden pagarlo… (Magic always comes with a price!)

Algo que me encantó desde el principio de estas dos novelas es la sensación que me dejaron después de leerlas. El pensamiento de que, a veces, “todo es posible”. Al menos, sí lo es en este increíble universo creado por Evelyn Skye. La magia que se respira mientras lees sus páginas y te sumerges en una Rusia zarista en la que existen los magos y en la que tienen lugar peligrosas, pero a su vez, maravillosas batallas en realidades alternativas. Pero también en sitios reales, como el Palacio de Invierno, las calles llenas de nieve en San Petersburgo… Y ahí es cuando se dispara tu imaginación. “Imagina y se hará realidad. No hay límites”, afirma uno de los protagonistas de este libro. ¿Acaso puede haber algo mejor? Aunque sea únicamente mientras te sumerjes en una lectura especial para ti…

 

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El concilio de los árboles, de Pierre Boisserie y Nicolas Bara

El concilio de los árboles

El concilio de los árbolesHay títulos que tienen un atractivo especial y, para mí, El concilio de los árboles es uno de ellos. Solo con verlo (y la ilustración de la portada también ayudó, no lo niego), tuve que leer la sinopsis de esta novela gráfica de Pierre Boisserie y Nicolas Bara, a ver si el contenido parecía tan sugerente como el título insinuaba: «Perdido en mitad de un oscuro bosque, un viejo hospital infantil es, desde hace días, el escenario de fenómenos extraños. Todas las noches, a las doce en punto, sus jóvenes pacientes entran en trance, como poseídos por una fuerza exterior, y comienzan a bailar una extraña danza en los tejados del edificio. Enviados por el Ministerio Público de Asuntos Privados, Casimir Dupré y Artémis D ‘Harcourt, dos agentes especializados en asuntos paranormales, tendrán que llevar a cabo la investigación con el fin de comprender las razones de estos inquietantes acontecimientos. Unos sucesos cuyo origen parece ligado al inmenso bosque en el que, varios siglos atrás, aconteció una horrible tragedia…».

¿Oscuro bosque? ¿Viejo hospital infantil? ¿Pacientes en trance? ¿Horrible tragedia? ¡Vaya! Este libro tenía los elementos que suelen llamar mi atención. Así que allá que fui a leer esta novela gráfica de estética gótica, ambientada en el siglo XIX. ¿Y qué me encontré? Pues a una pareja protagonista carismática, personajes que no son lo que parecen, mucho humor, giros imprevistos, buenas ilustraciones y ese halo oscuro que lo cubre todo. Vamos, que me lo leí de una sentada y lo disfruté muchísimo.

Tanto me gustó que me supo mal que fuera tan corto. El concilio de los árboles tiene tan solo sesenta y cuatro páginas, y aunque en esa corta extensión a sus autores les da tiempo a despertar nuestro interés por el misterioso fenómeno paranormal y a mostrar de forma efectiva las personalidades de los protagonistas, la resolución de todas las incógnitas es demasiado precipitada. Estos dos investigadores deben ser los mejores en lo suyo, porque es asombrosa la velocidad con la que llegan al intríngulis del asunto, sin necesidad de dar rodeos. Pero como me fue tan fácil sumergirme en la atmósfera gótica creada por Pierre Boisserie y Nicolas Bara y conectar con los personajes, enseguida les perdoné que hubieran resuelto todo con extremada sencillez y solo me quedó la pena de que la aventura fuera tan breve.

No tengo ni idea de si los autores tienen previstos nuevos misterios para el tándem formado por Casimir Dupré y Artémis D ‘Harcourt, aunque, desde mi punto de vista, el final de El concilio de los árboles deja abierta esa posibilidad, cosa que me alegra. Tal vez estén esperando ver la aceptación del público antes de arriesgarse a iniciar una serie, no sé. Así que no le deis demasiada importancia a lo que he dicho sobre la rápida resolución del misterio, fallo que podrían subsanar en las siguientes entregas, y leed El concilio de los árboles, por dios, que Boisserie y Bara sepan que merece la pena continuar. Hacedlo por mí, aunque sea, que quiero vivir junto a estos dos agentes especializados en asuntos paranormales más aventuras.

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Detrás de sus ojos, de Sarah Pinborough

Detrás de sus ojos

Detrás de sus ojosSecretos, secretos, secretos. La gente está llena a rebosar de secretos si te fijas bien

Hace unos días, la polifacética y todopoderosa, Oprah Winfrey, daba un discurso histórico delante de algunas de las personas más famosas de Hollywood en la la 75 edición de los Globos de Oro al recoger el premio Cecil B. de Mille. El discurso era un poderoso alegato contra el acoso y el racismo que mantuvo a miles de personas pegadas al asiento. En él, también hablaba sobre la fuerza y la importancia de la verdad: “de lo que estoy segura es de que decir la verdad es la herramienta más poderosa que todos tenemos”. La verdad, la mentira y lo que se encuentra entre ellas, los secretos, son armas poderosísimas que mueven nuestras vidas, e incluso, el mundo.

Cuando le confiesas un secreto a alguien, al principio te sientes genial, pero después se convierte en una carga, en un nudo en el estómago, porque sabes que has encerrado algo que no podrás volver a encerrar y que ahora otra persona es dueña de tu futuro. Por eso siempre he odiado los secretos: es imposible guardarlos.

Si digo que a los seres humanos nos atraen los secretos no estoy descubriendo América. Es un hecho. Nos encanta el morbo de lo desconocido, de lo oculto. Todos llevamos un pequeño Sherlock Holmes dentro que no puede resistirse ante un buen misterio. Cuando sabemos que alguien oculta algo, instantáneamente queremos descubrirlo y la realidad es que todos guardamos uno o varios secretos, ya sean más o menos candentes, por lo que el misterio nos rodea miremos a donde miremos. Detrás de sus ojos, de Sarah Pinborough, es una buena muestra de ellos. La novela nos presenta a Louise, una madre divorciada que trabaja como secretaria en una clínica dental y que tiene una vida social casi nula. Una noche conoce a David en un bar y ambos se sienten irremediablemente atraídos, sin embargo, la cosa no va demasiado lejos ya que él se echa atrás en el último momento. Al día siguiente, Louise conoce a su nuevo jefe y no es otro que David que va acompañado de su bella mujer, Adele. Hasta aquí podría tratarse de una historia romántica de enredos más, pero una mañana Louise y Adele chocan en plena calle y comienzan una extraña amistad. A partir de ese momento, Louise se ira adentrando en terrenos pantanosos a medida que va intimando con el matrimonio y descubriendo sus más oscuros secretos.

Sarah Pinborough, nos introduce en una historia que atrapa de la primera a la última página y que, como las matrioshkas rusas, encierra un secreto dentro de otro que iremos descubriendo a través de la voz de las dos mujeres, Louise y Adele, y en dos momentos temporales, pasado y presente. Las dos protagonistas están tan logradas y sus voces tan diferenciadas, que llega un momento en el que podríamos saber cuando habla cada una aunque el libro no nos los especificara al empezar cada capítulo. Además, ambas son unos personajes tan complejos, carismáticos e interesantes, con sus luces y sus sombras, que se hace difícil tomar partido por ninguna de las dos.

Desde el momento en el que abrimos el libro nos vemos atrapados en una telarañara tan adictiva que somos incapaces de cerrarlo hasta saber cómo acaba todo. Pinborough, lo consigue mediante una prosa ágil y sugerente que hace que el suspense se palpe a lo largo de todo la historia, a la vez que la sensación de inquietud e incomodidad que nos provoca el conocimiento de que algo malo va a pasar, va in crescendo.

Detrás de sus ojos navega entre varios géneros cogiendo características de todos ellos: de las novelas de misterio, las de terror, y las de fantasía y ciencia ficción. Sin embargo, a pesar de que pueda parecer algo complicado y confuso, la autora sale más que airosa de esta mezcla y consigue una obra perfectamente construida en la que cada palabra está milimétricamente pensada para llegar a un final de infarto que difícilmente nadie se espera y en el que absolutamente todo encaja. Así bien, sólo me queda quitarme el sombrero ante Sarah Pinborough por haber conseguido un libro tremendamente placentero, minucioso y redondo. ¡Chapó!

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Piruetas, de Tillie Walden

Piruetas

PiruetasLa gran literatura, esa que a algunos les llega al alma y a otros a las entrañas, no se nutre del qué, sino del cómo. Una historia universal narrada de forma anodina se queda en historia anodina. Del mismo modo, una historia personal, íntima, y aparentemente intransferible, si es narrada con talento y sensibilidad, tiene todos los números para convertirse en una historia universal. Eso es lo que hace que este lector se haya emocionado con Piruetas. Porque en esta historia de los tempranos años de adolescencia de una niña lesbiana que se levanta a las 4 de la mañana para ir a clases de patinaje se ha reconocido perfectamente este padre, heterosexual de cabello cada vez menos negro, cuyos conocimientos del patinaje artístico se limitan a saber que está prohibido caerse.

Tillie, autora y protagonista de esta novela que no es tal (¿habría quizá que acuñar el término “autobiografía gráfica”?), se encuentra en ese periodo de la vida que sólo pueden añorar ancianos desmemoriados, a saber, los últimos años de nuestra infancia y los primeros de esa prolongada tortura llamada adolescencia. Si ya es difícil, a esa edad, afrontar los cambios de nuestro cuerpo, aceptar con amargo alivio que hemos dejado de ser monos,  o escribir la carta a los reyes, no cuesta imaginar lo dura que debió de ser esa etapa para Tillie Walden, una niña de carácter introvertido y que ya a los cinco años supo que no era como las demás niñas. La vida de Tillie, que se mueve entre la escuela, su mejor amiga, y el patinaje, que practica desde los cinco años, empezará a dar un vuelco lento pero inexorable el día en que su madre le anuncia que dejan la costa este y se van a vivir a Texas. A partir de ese momento, y a lo largo de casi 400 páginas, asistimos al largo y doloroso proceso de formación personal y artística de Tillie, proceso por el que, en mayor o menor medida, hemos de pasar todos, por lo menos esos adolescentes retraídos que, como Tillie, odiábamos conocer gente nueva porque, entre otras cosas, nunca sabíamos qué decir.

En Texas se encuentra Tillie con una pista de patinaje más fea y menos acogedora que la que la vio crecer en Nueva Jersey, con una disciplina deportiva diferente, con unos nombres de figuras que ella desconoce, y, sobre todo, con el acoso escolar. Por otra parte, en casa todo sigue igual. Su madre parece siempre medio ausente y Tillie se siente mucho más próxima a su padre. Ninguno de los dos, sin embargo, se molesta jamás en ir a verla competir. Todo ello, naturalmente, acentúa esa asfixiante sensación de soledad que puede producir la adolescencia, hasta que, quizá como triste mecanismo de defensa, Tillie descubre que donde se encuentra más a gusto es en la impersonal soledad de esas habitaciones de hotel a donde la llevan las competiciones. Al mismo tiempo, el patinaje deja de ser, si es que algún día lo fue, un placer, y nuestra amiga, por suerte para los amantes de la novela gráfica, empieza a buscar otras formas de expresión artística

Cuenta la autora en las interesantes notas finales que, inicialmente, Piruetas iba a ser un libro sobre el patinaje. Poco a poco, sin embargo, otros motivos, recuerdos, momentos y fantasmas de su pasado fueron adueñándose de la historia y el patinaje quedó como metáfora. Cada capítulo nos remite a una figura artística, pero lo que nos encontramos en ellos es un fragmento más de esa catarsis en que se convirtió la adolescencia de Walden. A veces es difícil encontrar sentido a algunos de esos recuerdos que marcan nuestra vida, como le sucede a Tillie con el accidente de coche que se produce a pocos milímetros de donde se encuentra, sentada en la hierba en mitad de la noche esperando que la recoja su madre. En otras ocasiones, el recuerdo es sumamente doloroso, como esa escena en que su tutor intenta abusar de ella. Y uno se sorprende una vez más del enorme talento de esta autora de apenas 22 años, que, con un trazo sencillo y un extraordinario uso del color (puede parecer una tontería, pero el empleo del amarillo, puntuando los momentos de calor, esperanza o fugaz felicidad, es impresionante), ha sabido plasmar unas emociones, recuerdos y sentimientos que sólo antes de la lectura podrían parecernos ajenos.

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Los Buenos, de Hannah Kent

Los Buenos

Los Buenos«¿Cuánto sufrimiento puede aguantar una persona sin que algo se tuerza en su interior?», se pregunta Nóra Leahy, una mujer que en el mismo año ha perdido a su marido y a su hija y se ha quedado a cargo de Micheál, su nieto. El niño, de cuatro años, está famélico; sus extremidades, retorcidas; y ni habla ni anda, solo llora y se golpea.

Desde que Micheál llegó a su casa, en el valle se encadenan las desgracias. Nóra duda que ese niño sea el mismo nieto que conoció tiempo atrás, tan sano y guapo como su hija. ¿Y si es un niño postizo? ¿Y si Los Buenos tienen secuestrado a su nieto y han dejado en su lugar a un duende en forma de niño tullido? Si es así, Nance Roche, la mujer que vive sola en el bosque y que tiene el saber de las hierbas y las hadas, es la única que puede ayudarle a hacer que su verdadero nieto regrese.

A través de la historia de la Nóra Leahy, Nance Roche y Mary Clifford, la adolescente que ayuda a la viuda a cuidar del niño, en Los Buenos, la escritora Hanna Kent ficciona un hecho real ocurrido en un valle de Irlanda en 1826, en el que tres mujeres fueron acusadas de infanticidio. Al igual que hiciera en su primera y exitosa novela, Ritos funerarios, la autora rescata una historia real inquietante y desgrana los acontecimientos que llevaron al trágico desenlace. En el caso de Los Buenos, nos adentra en el folclore mágico de la Irlanda rural del siglo XIX, donde las creencias alrededor de hadas y duendes, que nada tienen de bonitas e infantiles, rigen el día a día de la gente. El trabajo de documentación que Hannah Kent ha hecho en esta novela es digno de elogio, así como su virtuosismo a la hora de ambientar y dosificar la tensión de la historia.

Los Buenos es una novela lenta, oscura y envolvente. Desde el principio presentimos que una nueva desgracia está próxima. Quizá, porque nos dejamos embaucar por las supersticiones paganas de los vecinos del valle, que ven malos augurios en el cambio de aires y en las ubres secas de las vacas. O, tal vez, porque sentimos la desesperación de sus protagonistas, personas incultas que buscan soluciones mágicas a sus problemas mundanos, por absurdas o crueles que estas sean. Y es que, como dice uno de los personajes de la novela, «Hay gente dispuesta a creer cualquier cosa con tal de no ver la verdad». Y eso es lo que hace Nóra Leahy para poder justificar sus malos sentimientos, para agarrarse a una esperanza, a algo que le asegure que todo irá bien de una vez por todas. ¿Cómo culparla? ¿Cómo perdonarla? Esos sentimientos encontrados son los que me ha provocado esta historia de pensamiento mágico y pasiones humanas, y por eso me ha encantado. Una lectura excepcional para comenzar el año, que quizá se cuele entre mis favoritas de 2018. Hannah Kent ha puesto el listón muy alto.

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El club del divorcio, vol. 1, de Kazuo Kamimura

El club del divorcio vol. 1

El club del divorcio vol. 1No sé si coincidiréis conmigo en que la palabra divorcio en un título, sea éste tanto el de un libro como el de una película, le confiere a la obra cierto tono de comedia de enredo. Si no me creéis, echad un vistazo a algunas de las infumables españoladas que inundaban nuestras pantallas a principios de los 80 y veréis que divorcio, humor chusco y destape iban siempre cogiditos de la mano. Me disculpará, allá en el cielo, Kazuo Kamimura, por comenzar la reseña de esta gran novela gráfica con la mención de semejantes bodrios, pero he pensado que las tribulaciones de Yuko y el Club del divorcio que regenta no están del todo exentas, a diferencia de aquel cine patrio, de cierto sentido del humor amargo, resignado y sutil, que es lo único que nos puede ayudar a sobrellevar lo que, con frecuencia, es un episodio duro e incluso trágico para quien lo vive.

Ya en sus primeras páginas, El club del divorcio nos muestra tres de sus rasgos fundamentales. Nos enfrenta, de buenas a primeras, con el machismo de la sociedad japonesa, un aspecto en el que, desde luego, no nos conviene hacer hincapié, pues en todas partes cuecen habas (y creo que España, por los años en que se publicó esta obra, no tenía mucho de qué presumir). El club en cuestión es un bar de copas en el que van a recalar mujeres divorciadas que intentan apañárselas para sobrevivir, en este caso, como mujeres de compañía. Sin embargo, también desde el primer momento nos damos cuenta de que, lejos de apocadas víctimas, estamos ante unas mujeres fuertes, que no se resignan a dejarse llevar por el destino sino que luchan por hacerse con las riendas.

El tercer aspecto que queda patente desde el primer momento es el impresionante sentido de la composición y la perspectiva de Kamimura. Qué me decís, si no, de esa primera presentación del club, en las páginas 6 y 7, donde aparecen, como quien no quiere la cosa, todos los personajes y elementos relevantes del primer capítulo. O ese contraluz de 215-217. O esas perspectivas de la página 54 o la 303. Y así, una página tras otra el arte del autor nos deslumbra por su originalidad, su eficacia narrativa o, simplemente, su belleza. No hay duda de que Kamimura. como cualquier mangaka que se precie, aprendió lo suyo del maestro Tezuka, pero también se recogen aquí las influencias de genios del cine como Ozu, Welles o Eisenstein.

Nos habla Kamimura en esta novela de la vida de un grupo de almas abandonadas y solitarias que, como he señalado más arriba, intentan rebelarse contra la sociedad, la familia o el destino, en una lucha siempre desigual y que nunca acaba de hundirlos de manera definitiva. Puntúan la obra una serie de oportunos datos estadísticos que, al tiempo que nos ayudan a entender ciertos aspectos de la trama, vierten luz sobre la situación de la mujer en la sociedad japonesa. Entre esos datos tenemos, por ejemplo, el índice de suicidios, con sus métodos y causas, entre las mujeres de compañía; las cifras de bodas y divorcios en el año 1974 (año de publicación de la obra), la experiencia sexual de las mujeres de 20 años, o la intención de las mujeres divorciadas de volver a casarse. Y así, poco a poco, viñeta a viñeta, con episodios cerrados que, al mismo tiempo, se hilvanan perfectamente uno con otro, se va levantando ante nuestros ojos la impresionante personalidad de Yuko, cuyo retrato psicológico, presentado con exquisita sensibilidad, nos muestra a una mujer a la que nunca llegamos a conocer en toda su complejidad, y que, grandeza del autor, nos da la sensación de que va descubriéndose a sí misma junto al lector.

En el debe de esta edición, mi obligación mencionar algunos errores de traducción, en particular catalanismos como “habían billares”, “explicar” una historia, o una madre que “padece” por su hijo. Asimismo, pese a la abundancia de notas a pie de página, el lector se queda perplejo ante ese inexplicable “¡hurra!” de la página 176. Pero nada puede empañar la inmensa calidad de este El club del divorcio, una obra monumental, a la altura de los mejores retratos de una dama que nos ha brindado la literatura. Esperando con expectación el segundo volumen.

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Alias Grace, de Margaret Atwood

Alias Grace

Alias GraceDecir que este 2017 ha sido el año de Margaret Atwood no es pecar de exagerado. El éxito de la serie de televisión The Handmaid’s Tale ha traspasado la pantalla y ha llenado de éxitos también a su libro homónimo, que se ha visto beneficiado y ya es uno de los libros del año (incluso Amazon lo cataloga como el ebook más vendido y leído del año). La autora canadiense, a sus 78 años, ha sido la gran favorita al Premio Nobel de Literatura que finalmente recayó en Kazuo Ishiguro. Reconocimientos aparte, de lo que no hay duda es que el talento de Margaret, apreciado y venerado en el mundo anglosajón, ha desembarcado fuerte en nuestro país, pues pese a ser galardonada en 2008 con el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, pocos lectores (yo el primero) éramos conscientes de la magnitud de su literatura.

Ese tirón literario y televisivo se ha reforzado en los últimos meses con otra nueva adaptación televisiva de una de las novelas de Margaret, Alias Grace, cuyo estreno en Netflix coincide con la publicación en papel por parte de Salamandra, momento que he aprovechado para leer por fin algo de la escritora canadiense. Pese a compartir temáticamente el mundo de las sirvientas, en esta ocasión no estamos ante una distopía, como sí ocurre con El cuento de la criada. Alias Grace está basada en la vida de Grace Marks, una de las figuras femeninas más importantes del Siglo XIX en Canadá. Con 16 años, Grace se hace famosa al ser declarada cómplice del asesinato de su señor, Thomas Kinnear, y del ama de llaves (y amante de este) Nancy Montgomery. La sociedad de la época se divide entre los que ven en la criada un alma cándida sin maldad y los que creen que alberga el mismísimo diablo en sus entrañas. Gracias a una exhaustiva documentación y con publicaciones de la época, Margaret Atwood, escribe este viaje a la mente de una (supuesta) asesina para descubrir los motivos que la llevaron a la locura. Para eso se vale del personaje del doctor Simon Jordan, que años después de los asesinatos visita diariamente a Grace para que le cuente la historia de su vida y poder con ello desvelar la pregunta eterna que acompaña a la presa. ¿Habita la maldad dentro de Grace, o es cierto que las lagunas que tiene en su mente el día de los asesinatos la convierten en inocente?

No estamos ante un libro que engancha de primeras, ni es fácil de leer, pero sí que estamos ante un libro que enamora una vez que te sumerges en la historia. Alias Grace es un libro de ritmo lento. Una narración pausada y tranquila, la mejor manera para dejarse envolver con la prosa de Margaret, hecha para ser degustada con calma. La autora va contando poco, y lo hace de forma serena y constante, metiendo a uno en una historia contada a dos voces, la de Grace Marks y la del doctor Simon Jordan. En la novela encontramos una crítica furibunda al papel de la mujer en la época. Grace arremete contra el machismo imperante en una sociedad donde cualquier mujer lo tenía difícil, y más aún una mera criada que todavía no asomaba por la veintena. También cobra especial importancia en el relato la obsesión, como la que sufre el doctor Jordan al ir descubriendo que la verdad no tiene un único camino, y que llegar a ella puede ser tortuoso.

Mientras la ¿cándida? Grace va tejiendo parsimoniosamente su quilt, el rompecabezas que forma la novela Alias Grace empieza a coger forma. El lector no sabe si Grace cuenta la verdad o su verdad, y ese pequeño detalle es el que aprovecha Margaret Atwood para demostrar su enorme capacidad de componer una gran historia. Quizá el lector mientras disfruta de Alias Grace empiece también a obsesionarse. Puede que piense que Grace es inocente, víctima de una cruel sociedad machista. O por el contrario crea que la pose angelical de Marks no es más que eso, una simple pose. Y mientras nuestra mente se debate entre la inocencia y la culpabilidad, Atwood nos va regalando 528 páginas de alta literatura. La escritora canadiense solo es culpable de coger una historia pasada y plasmarla en el papel. El lector deberá ser el que saque sus propias conclusiones.

César Malagón @malagonc

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Agnes Grey, de Anne Brönte

Agnes Grey

Agnes GreyTres eran las hermanas Brönte: Charlotte, Emily y Anne. Pero en el olimpo de los libros inolvidables solo suelen mencionarse las obras de Charlotte (Jane Eyre) y de Emily (Cumbres borrascosas). Y eso que la pequeña, Anne, fue la primera en publicar un libro: Agnes Grey. Pero esta vez, ser la primera en abrirse paso no le sirvió para ocupar un puesto de honor en la literatura universal.

En el centenario de Emily Brontë (1818-2018), Alianza editorial recupera estas tres obras, las más representativas de las hermanas Brönte, además de El sabor de las penas, de Jude Morgan, donde se relata la aciaga existencia de esta talentosa familia. Y yo, que había sido tan olvidadiza como la historia de la literatura, he aprovechado la ocasión para descubrir a Anne Brönte, la única de las hermanas que me faltaba por leer, tras haber disfrutado muchísimo hace años con las obras emblemáticas de Charlotte y Emily.

Agnes Grey es la protagonista de esta historia y la que da nombre al libro. Hija pequeña de un clérigo del norte de Inglaterra, siempre ha vivido especialmente protegida por su familia. Pero cuando cumple dieciocho años, su padre comienza a sufrir aprietos económicos y ella decide abandonar el hogar para trabajar y ayudar a su familia en lo posible. A lo largo de las páginas de este libro, nos relata en primera persona sus vivencias como institutriz. Y lo hace interpelando a los lectores, a los que les reconoce que les está confesando pensamientos que no se ha atrevido a contar ni al amigo más íntimo.

La primera parte del libro —y, para mí, la mejor— cuenta su experiencia en la casa de la familia Bloomfield. Los niños, mezquinos y odiosos, ponen su paciencia al límite día tras día, al igual que los padres, indolentes y consentidores. Pero Agnes Grey no se amedrenta y emplea prácticas al puro estilo Super Nanny, lo cual me resultó sorprendente. No olvidemos que la obra fue escrita en la primera mitad del siglo XIX. Pero es que Agnes Grey rompe la imagen, o los prejuicios, que tenemos sobre las mujeres de esa época, haciendo un despliegue de reflexiones pedagógicas y feministas propias de la actualidad.

Durante esa primera parte del libro, el personaje de Agnes Grey me cautivó por completo, hasta tal punto que fantaseé con la idea de que no hubiera trama de amor en ningún momento. Pero sí, la hay, y cuando la historia se centra en ese aspecto, durante su estancia en la segunda casa donde ejerce de institutriz, mi interés decayó. Y eso que construye un enamoramiento pausado y realista, con el que es fácil empatizar, pues muestra las inseguridades y emociones propias de esa experiencia. Pero, desde mi punto de vista, ahí es donde pierde la batalla contra las obras de sus hermanas, ya que la historia de amor de Agnes Grey no es tan memorable como la de Jane Eyre y Rochester, ni mucho menos como la de Catherine y Heathcliff.

Pero como no está bien hablar siempre de Anne Brönte comparándola con sus hermanas, olvidad la frase anterior. La comparación me parece injusta sobre todo ahora que he leído a Anne Brönte. La pequeña de las Brönte fue grande por sí sola y hasta se le consideró inapropiada por lanzar ideas revolucionarias, lo que dice muchísimo en su favor. Así que quienes sintais predilección por la narrativa victoriana no deberíais perderosla, como tampoco aquellos que busquéis una vuelta de tuerca en la literatura de aquella época. Sea como sea, Anne Brönte será todo un descubrimiento.

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Vida, de Marc Martin

Vida

VidaSi os digo la verdad, cogí este libro con la intención de regalárselo a algún sobrino. (Sí, soy la tía pesada que está todo el día dándoles libros). Pero al final he decidido quedármelo yo porque, aunque sea para lectores infantiles, este libro es precioso y me cuesta desprenderme de él. Así que se queda conmigo, ocupando un buen lugar en mi estantería. Además, así lo pueden ver cuando vengan de visita a mi casa. (¿Cuela o no?)

Voy a contaros por qué este libro es una maravilla, por supuesto.

En primer lugar las ilustraciones de Marc Martin. El libro es una pequeña joya porque está repleto de diminutas ilustraciones de este gran artista y es una auténtica gozada perderse en ellas. De verdad, hacedme caso, sólo por las ilustraciones Vida ya merece la pena.

Pero hay más, claro. Este álbum ilustrado es un viaje por este insólito mundo. Así, este libro que es “un libro para todos y sobre todo” nos propone un viaje por el mundo para descubrir lo que hace único a cada lugar. Repleto de observaciones, datos y hechos curiosos, Vida es el libro perfecto para los jóvenes trotamundos y los lectores curiosos.

Así que, ahora que ya sabéis de qué va esta maravilla de libro, os invito a dar una vuelta conmigo por esos lugares que nos propone Marc Martin.

Por ejemplo, ¿qué os parece Nueva York? Pues deberíais saber que en esta ciudad hay al menos dos millones de ratas, doscientas sesenta y cuatro mil tapas de alcantarillas o trece mil taxis. En la ciudad que nunca duerme también hay mucho café y carritos de comida para picar por la calle. Y sí, muchos rascacielos. Aproximadamente unos dos cientos cincuenta.

¿Y si viajamos a El Cairo? La mayor ciudad de África y Oriente Medio es ideal para los amantes de los gatos, pues se encuentran en cualquier rincón de la ciudad. También hay mucho tráfico y taxis de todos colores. Y por supuesto, comida riquísima y bazares repletos de objetos de oro, plata y latón.

Vamos ahora a un lugar más exótico: las Islas Galápagos. En este archipiélago formado por diecinueve islas viven criaturas singulares como los leones marinos los albatros ondulados o las salemas. Todos ellos los encontraréis perfectamente ilustrados.

En Vida podréis descubrir más datos curiosos sobre la Antártida, Alice Springs, Hong Kong, Tokio,     Ulán Bator, Nueva Delhi, Moscú, París, Reikiavik, el bosque pluvial del Amazonas, Rio de Janeiro o Ciudad del Cabo.

No me digáis que no os apetece viajar por todos estos sitios y aprender un montón de información divertida sobre ellos.

Me gusta tanto Vida que aparte de quedármelo para mí, estoy deseando que Marc Martin se anime y haga otro libro como éste con otros insólitos lugares del mundo. Qué libro más perfecto para perderse en él, de verdad.

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