Publicado el

Petra chérie, de Attilio Micheluzzi

Petra chérie

Petra chérieLa lectura de Petra chérie nos demuestra un par de cosas: en primer lugar, que la afirmación de que estamos viviendo la edad dorada de la novela gráfica, aparte de ser un topicazo, es tan sólo una verdad a medias. Lo segundo que nos demuestra es que, como sucede con tantas cosas en la vida, cuanto más nos adentramos en este casi inabarcable mundo, más nos percatamos de nuestra no menos inabarcable ignorancia. Y la verdad es que la revelación nos llena de alegría, pues si hasta ahora uno ha vivido la mar de contento sin saber de la existencia ahí afuera obras tan entrañables y al mismo tiempo grandiosas como ésta, ¿cuántas otras joyas no estarán esperando a que editoriales como Ponent Mon se lancen a su rescate?

Para ser justos, quizá es precisamente la edición completa de estas historias uno de los factores que empujan a tantos  decir que la novela gráfica está viviendo su edad dorada. No obstante, estas historias son al cómic lo que las películas de Orson Welles son al cine, o la música de Miles Davis al jazz. Entiéndase, no son simplemente clásicas, sino que, sobre todo, representan un modo de contar historias, de crear personajes, y de dibujar viñetas que murieron con su creador y que, precisamente por ello, son inmortales.

Fue su creador Attilio Micheluzzi (1930-1990), un hombre de esos que ya no se estilan, lo cual poco nos sorprende después de leer esta obra. Nacido en el seno de una familia militar, polifacético, de gustos refinados, elegante, conservador y extraordinariamente culto, Micheluzzi trabajó durante años como arquitecto en Libia. Tras el golpe de estado del inicuo Gadaffi, decidió volver a su país, Italia, donde empezó su camino como historietista. Las historias de Petra chérie se publicaron mensualmente en la revista Alter alter, y quizá debamos a este modo de publicación su carácter conciso y su ágil ritmo. Micheluzzi era capaz de mostrarnos en un par de viñetas toda la complejidad de sus personajes, y tampoco precisaba de largas secuencias para, en cada historia, plantear el conflicto, mostrarnos su desarrollo y sorprendernos con su desenlace. Con Micheluzzi no hay paja: estamos ante un maestro de la economía en el arte de la narración.

Las comparaciones con su compatriota Hugo Pratt son inevitables. Del mismo modo que a nadie se le escapan los puntos en común entre Petra y Corto Maltés, ambos autores parecen tener la sensación de haber nacido en una época que no les correspondía. Al igual que Pratt, Micheluzzi era un gran nostálgico de aquella Europa hoy desaparecida, aquel mundo de fronteras hoy irreconocibles, en el que, fuera cual fuera la cuasa por la que lucharan, todavía existían los héroes. Así, en estas historias, situadas todas durante la Primera Guerra Mundial, con excepción quizá de las últimas, que más precisamente transcurren durante la Revolución y la Guerra Civil rusas, nos encontramos con personajes como Lawrence de Arabia, que nos narra uno de los episodios más tristes de su aventura entre los árabes, o el legendario Barón Rojo, amén de otros secundarios de tanto empaque como Winston Churchill.

Y así, desde Prusia al Daguestán, pasando por París, Venecia, el Bósforo, Israel o Alepo, el trazo fino de MIcheluzzi, su uso exclusivo de blanco y negro con entintadísimos claroscuros, sus composiciones magistrales, su sutil sentido del humor y su verdadero amor por Petra, a quien tan bien reprende con cariño como advierte de los peligros que la acechan, nos brindan una aventura inolvidable a través de la historia, tanto la de la Gran Guerra como la del cómic. Delicia de coleccionistas.

[product sku= 9781912097258 ]
Publicado el

Finn y Sep, El laberinto de los gnomos, de Peter Goes

Finn y Sep, El laberinto de los gnomos

Finn y Sep, El laberinto de los gnomosSi os digo la verdad, cuando decidí leer este libro ni me molesté en leer sobre qué trataba. No lo hice porque sabía que era obra de Peter Goes y con eso me bastaba. Desde que leí su libro La línea del tiempo me convertí en una admiradora incondicional de este señor.

Este ilustrador belga realiza unas ilustraciones que me fascinan. Sus libros son para perderte en ellos y me encanta pasar el rato alucinando con sus enormes y espectaculares ilustraciones. Me quedo embobada como cuando era pequeña. Y precisamente, para los peques es este libro.

Finn y Sep, El laberinto de los gnomos es la última maravilla de Peter Goes editada por Libros del zorro rojo. Y como siempre, merece la pena.

Este libro es un viaje, así que preparad las mochilas y cantimploras que nos vamos de la mano de Finn y su perro Sep a un viaje lleno de situaciones y personajes fantásticos. No me digáis que no os apetece. ¡En marcha!

Y es que cuando unos gnomos entran en tu casa en mitad de la noche y te la dejan echa un caos, lo mínimo que puedes hacer es ir tras ellos, ¿verdad? Y comienza la aventura por bosques llenos de animales fantásticos, laberintos verdes de setos y flores y cuevas donde bichos extraños revolotean. Menos mal que un ratón sabio y un viejo dragón se portarán bien con el pobre de Finn y su perro Sep y les mostrarán el camino hasta el sótano del castillo. Allá que van.

Pero no iba a ser tan fácil, el castillo es un auténtico laberinto repleto de escaleras y pasadizos y así es muy difícil encontrar las llaves. Dragones, toros, conejos, gatos y centinelas tratarán de despistar a Finn en su búsqueda a través del laberinto de torres y almenas, pero parece que por fin han dado con el gran gnomo. No, la verdad es que no va a ser tan fácil. Nuestros amigos irán derechos al mar desde su alfombra voladora y allí, sumergidos en las profundidades trataran de salir de nuevo para dar con el gnomo travieso.

¿Qué si lo encuentran? Bueno, solo os diré que a veces las cosas no son lo que parecen y que los finales que esperamos leer son a veces más impredecibles y mucho más divertidos de lo que pensábamos.

Aparte de la divertida historia de Finn y Sep, El laberinto de los gnomos, el libro es, como os decía, una maravilla en la que perderse. Las ilustraciones de Peter Goes recrean un mundo fantasioso lleno de cosas extraordinarias que sólo su mente podría imaginar. Es un lujo poder adentrarse por un instante en ella, así que no se pierdan este libro.

[product sku= 9788494728419 ]
Publicado el

Al caer la luz, Jay McInerney

Al caer la luz

Al caer la luzCuando comienzo un libro, en un primer vistazo, lo ubico automáticamente en una de entre dos opciones: los libros con una trama envolvente y desenfrenada que te obligan a no cerrarlos hasta el final y los libros que te van engatusando poco a poco por sus personajes y por las ideas que van calando en ti. Los segundos, son libros que no devoras, que lees de una manera más pausada y reflexiva porque necesitas digerirlos con moderación. Los primeros son como una película que ves de una sentada sin despegarte del sofá y los segundos son como una serie que vas disfrutando lentamente a lo largo del tiempo. Al caer la luz, de Jay McInerney, se ubicaría en el segundo grupo.

McInerney nos presenta a un joven matrimonio, Corrine y Russell Calloway, una agente de bolsa y un editor bien situados en el Nueva York de finales de los ochenta, y que a ojos de los demás forman la pareja perfecta. Pero según va avanzando el libro veremos que no es oro todo lo que reluce y que detrás de esa imagen de perfección el matrimonio se va resquebrajando poco a poco, a la vez que lo hace una sociedad que tendrá que enfrentarse a las consecuencias del crash financiero ocurrido el 19 de octubre de 1987 en Wall Street.

El libro está escrito en tercera persona y, aunque ellos dos son los personajes en torno a los que gira la trama, iremos conociendo las frustraciones, los anhelos y, en definitiva, la vida, de su círculo más próximo. Se podría decir que Al caer la luz se trata, de algún modo, de una novela coral ya que a pesar de haber dos protagonistas fundamentales, hay varios personajes, todos ellos perfectamente perfilados por la pluma de Jay McInerney. Sin embargo, la intención del autor va mucho más allá. Ha escrito una novela generacional que representa no sólo una época, sino también una ciudad y un estilo de vida.

Al caer la luz es la primera parte de una trilogía que se publicó por primera vez en 1992 y que desde esa fecha le ha valido a Jay McInerney la comparación con autores de la talla de Scott Fitzgerald o Henry James (dos de los grandes autores estadounidenses con los que, por ende, se compara a todo nuevo autor que triunfa en el país). No soy amiga de las comparaciones, considero que cada libro y cada autor son únicos y diferentes, al igual que cada ser humano lo es, y menos de las comparaciones publicitarias que solo buscan vender más y mejor un libro. No obstante, sí puedo decir que Al caer la luz me ha recordado y transportado a otros libros y películas que representan esa época y ese estilo de vida neoliberal lleno de falsas apariencias, expectativas muy elevadas, consumismo, fiestas, drogas y distintas tentaciones que, en este caso, ponen a prueba el matrimonio de los Calloway. Mientras leía, recordaba películas como Bocados de realidad, fiel reflejo de los jóvenes de la llamada Generación X o Generación MTV; El Lobo de Wall Street, un símil demasiado evidente, pero no por ello menos acertado; y, aunque diferente en la trama principal del protagonista de la película (y el libro), American Psycho. Precisamente, también se compara a McInerney con Bret Easton Ellis, autor de American Psycho, ya que ambos pertenecen a la misma generación de autores que se apodó como “Literary Brat Pack”, y que se refería a un grupo de jóvenes escritores que surgieron en la costa este de Estados Unidos a finales de los años 80 y que eran casi tan o más conocidos por sus andanzas entre la “beautiful people”. Este grupo de autores se ve reflejado en el libro, en la figura de Jeff Pierce, un joven escritor de éxito precoz mal asimilado. que se pierde en una vida de excesos y adicciones.

La reedición de Al caer la luz la ha llevado a cabo la editorial Libros del Asteroide, que desde su fundación, se ha encargado de publicar libros que han cosechado un gran éxito al otro lado del charco en las últimas décadas y que no habían visto la luz antes en nuestro país. Estos libros tienen muchos puntos en común y, por eso, el libro de McInerney me ha recordado también en infinidad de páginas a libros como Tantos días felices, de Laurie Colwin; El libro de Jonah, de Joshua Max Feldman; Qué fue de Sophie Wilder, de Christopher R. Beha; e incluso a Canciones de amor a quemarropa, de Nickolas Butler. Todos ellos son libros con un gran trabajo en el dibujo de sus personajes y que reflejan un estilo de vida determinado y la decadencia de un grupo de personas.

Al caer la luz funciona como obra generacional, pero lo hace aún más, cuando se aleja de esa función tan solemne y sentenciosa, para destripar con brillantez y delicadeza la caída de un matrimonio cegado por sus ansias de fama, dinero y poder. McInerney nos muestra lo que queda, como el propio título del libro dice, al caer la luz y el esplendor de unas apariencias y pretensiones, impuestas por una sociedad corrompida por el brillo de la ciudad que mejor ejemplifica el famoso “sueño americano”.

[product sku= 9788417007218 ]
Publicado el

Ulna en su torreta, 1, de Izu Toru

Ulna en su torreta 1

Ulna en su torreta 1La nieve siempre es muy resultona como escenario de terror. Todavía recuerdo vivamente cómo, de niño, por aquel glorioso 1982, me impresionó aquella copiosamente nevada La cosa, de John Carpenter, una película no del todo apreciada en su momento, pero que ha ganado mucho con el tiempo.

Situar una historia de terror en un paisaje remoto y desolado no sólo nos proporciona imágenes más o menos espectaculares, sino que sirve al autor como metáfora de una lucha de poder a poder entre dos fuerzas elementales: el hombre contra el mal, un mal que, lejos de la civilización, sea en la Antártida, como en la película de Carpenter, sea en el espacio exterior, como en Alien, apenas puede ocultársenos. La metáfora se completa, así, cuando descubrimos que el mal, simbolizado en esos terroríficos bichejos, no se encuentra sino dentro de nosotros mismos.

Los paisajes remotos y desolados, no obstante, van mucho más allá de la belleza visual que nos pueda proporcionar el cine, y de hecho desde ellos resuenan unos ecos literarios de tanta enjundia como El desierto de los tártaros, de Dino Buzzati, o Esperando a los bárbaros, de J.M. Coetzee.

Ulna en su torreta nos lleva a un escenario bastante parecido, el de la isla de Lizl, “una isla de viento y nieve donde casi nunca hacía buen tiempo”. Allí, al borde de un acantilado de espanto se encuentra una base científica reconvertida ahora en pequeña fortaleza, desde la que un regimiento formado casi exclusivamente por mujeres se dedica a combatir a la tribu salvaje de los Thuud. Así, mientras por un lado la fortaleza y la torreta del título penden junto al abismo, por el otro lado encaran un gigantesco trampolín conocido como “las alas de Chilmo”, que utiliza el enemigo para sus “saltos bárbaros”. Si no lográis haceros una idea, pensad simplemente en ese torneo de saltos que todos los días de Año Nuevo nos ayuda a calmar la resaca. Así, pero más bestia. Pues bien, ahí es donde, por decisión personal, fruto de un afán de cobrarse venganza, o, por decirlo de otra manera, de hacer justicia, a ido a parar nuestra heroína Ulna.

No es fácil, a estas alturas del siglo y de los efectos especiales, crear monstruos que cumplan el cometido de todo monstruo que se precie, a saber, dar miedo. Espinas, babas, tentáculos, ojos amarillos y colmillos a tutiplén han dado, posiblemente, todo lo que podían dar de sí. El terror ahora ha de proceder, por supuesto, de algo más cercano a nosotros, más reconocible, más personal. Y así, Ulna en su torreta nos regala unas criaturas nunca antes vistas, y absolutamente espeluznantes en todo su prosaico esplendor. Se trata, ni más ni menos, que de dentaduras. No, no son bichos con dientes feos. Son dentaduras. Monstruosas, repulsivas, escalofriantes y, sobre todo, absolutamente humanas. Y si pensáis que eso a vosotros no os da yuyu, recordad la primera vez que visteis aquello, en un vaso, al lado de la cama de vuestro abuelito.

Este primer volumen de Ulna en su torreta, en definitiva, nos trae una historia interesante y original, un personaje central muy atractivo,  escenas de una violencia difícil de digerir, y una escena final de sexo francamente turbadora. Queremos más.

[product sku= 9788417206512 ]
Publicado el

Luz brillante, de Kaori Ekuni

Tener esa enfermedad tan literaria que en otra época se llamó ser un letraherido es una fuente inagotable de sorpresas. Cuando pedí Luz brillante no había leído la sinopsis, no sabía nada de su autora y si quise leerla fue porque se publicitaba como la Murakami femenina y tengo una amiga muy de Murakami a la que tenía ganas de regalar una recomendación. No sabía que era un libro mítico en Japón, no sabía que tenía más de treinta años (que es una de esas cosas que uno sabe si lo lee, porque es absolutamente intemporal salvo porque en un viaje en coche ponen un casete, que ya no se estila demasiado), pero sobre todo no sabía que me iba a resultar un libro tan absolutamente emocionante, todo un impacto. Me dirán que una historia de un matrimonio entre una mujer alcohólica con cierto desequilibrio emocional del ámbito psiquiátrico y un doctor homosexual tampoco es una historia excesivamente original, pensarán que es simplemente la historia de un matrimonio de conveniencia más para mantener las apariencias en una sociedad conservadora. Si yo ahora les digo que en realidad Luz brillante es una de las más emocionantes, sinceras y honestas historias de amor que recuerdo haber leído en mucho tiempo puede que empiece a cambiar su concepción de la novela. Y si les aseguro que Shoko, la protagonista femenina, con sus problemas, que los tiene, y sus virtudes, es una heroína, una gigante de la literatura por su forma de entender su peculiar relación, por su forma de amar incondicionalmente a alguien por cómo es y no por nada más, espero haber logrado captar su atención.
Los personajes de Luz brillante se proponen abrazar el agua y lo consiguen, y logran un abrazo corpóreo y reconfortante. Logran amarse en el más amplio y puro sentido de la palabra. A ella no le interesa en sexo y a él le interesa pero con su amante, no con ella, pero su relación es, permítanme que se lo diga, ejemplar. Y hasta tal punto conmovedora que a uno le cuesta entender cómo los demás, sus padres, amigos y demás no son capaces de entenderla.
Hasta los títulos de los capítulos, algunos sacados de cuadros como el especialmente hermoso “Tú, que siembras estrellas”, redundan es esa particular sensibilidad que convierte esta novela en una experiencia vital tan emocionante. Las rarezas de ella como su relación con el hombre violeta, un autorretrato de Cézanne o con la planta que les regaló por su boda el amante del marido, son tan entrañables como emotivo. Shoko es uno de esos personajes inolvidables que uno sabe que le van a acompañar mientras la memoria lo haga.
Sospecho que lo pertinente, llegados a este punto, es elogiar el coraje que muestran los personajes por ser capaces de defender una relación contraria a todo lo que es social y familiarmente aceptado, pero no, lo que verdaderamente me parece meritorio es el empeño de estos personajes y de su autora, que declara simplemente haber querido retratar una historia de amor, por luchar por su relación frente a ellos mismos, por asumirla como la hermosa historia que es y olvidar a un mundo cuyo único papel debería ser, en todo caso, compartir su felicidad, que es el privilegio que afortunadamente tenemos los lectores.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

[product sku= 9788494712982 ]
Publicado el

Mujeres de ciencia, de Rachel Ignotofsky

Mujeres de ciencia

Mujeres de cienciaSin duda, este es el mes más Girl power que he tenido en lo que a lecturas se refiere. Y la verdad es que no podría estar más contenta y orgullosa. Esta clase de libros me ponen de muy buen humor. Primero, porque las mujeres son las únicas protagonistas. Segundo, porque todas esas mujeres son un ejemplo de inspiración para nosotras y paras las generaciones que están por llegar. Tercero, porque estos libros son necesarios y todo el mundo debería leerlos. Y por último, pues simplemente porque: We can do it!!!

Me refiero a Valerosas 2 y Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes, dos libros que he leído este mes y que me han encantado. Mujeres de ciencia completa este trío de ases y es otra maravilla que también me ha fascinado.

Editado por Nórdica Cómic y Capitan Swing, el libro del que hoy os hablo es otro de esos esenciales que todos deberíamos leer. Son libros que están principalmente dirigidos a niñas y mujeres, y como bien dice Eileen Pollack: “Ojalá tuviera una hija para poder regalar un ejemplar de este libro. Rachel Ignotofsky proporciona a las mujeres jóvenes el coraje y la confianza necesarios para que sigan los excitantes caminos que estas pioneras recorrieron antes que ellas”. Pero a mí me gusta ir un paso más allá, y creo que son libros que además de inspirar a las niñas sirven de ejemplo también para los niños. Porque el feminismo es cosa de todos, ¿no os parece? Y libros como éste han de servir para dar ejemplo a todas y todos 😉

Mujeres de ciencia, cuenta con las biografías de cincuenta intrépidas pioneras que cambiaron el mundo. Yo ya no sé si es porque yo soy de letras o porque realmente el mundo es así de injusto, pero, sinceramente, de todas las mujeres que aparecen en este libro apenas conocía a cuatro o cinco. Quizá yo sea una cateta, puede ser, pero que mujeres que han hecho tales contribuciones al mundo de la ciencia, mujeres que han ganado premios Nobel o que han descubierto cosas esenciales no sean mundialmente famosas es una auténtica pena e injusticia. Conocía a la matemática Ada Lovelace, a Hipatia, a Marie Curie, a Jane Goodall (siempre quise ser primatóloga) o a Valentina Tereshkova. Pero el resto, amigos, ni idea.

Así que Mujeres de ciencia para mí ha sido todo un descubrimiento. Me encantan los libros con los que aprendo tanto y si además son así de bonitos, con esas geniales ilustraciones de Rachel Ignotofsky y esta edición tan cuidada pues ya pasan a ocupar un lugar importante dentro de mis imprescindibles.

De verdad, merece mucho la pena leer y descubrir sobre  mujeres como Rachel Carson, bióloga marina, conservacionista y escritora que dio a conocer al mundo los ecosistemas oceánicos. O la oncóloga Jane Cooke Wright, quien descubrió nuevas técnicas para la quimio que consiguieron salvar muchas vidas, o la astrónoma y astrofísica Cecilia Payne-Gaposchkin, quien descubrió que el sol está compuesto por de hidrógeno y helio y se convirtió en jefa del departamento de astronomía de Harvard.

Mujeres que sirven de ejemplo y están ahí para recordarnos que todos podemos conseguir lo que queramos si trabajamos por ello. Porque, aunque muchas de ellas no tuvieron las mejores condiciones para aprender, persiguieron sus sueños y hoy en día son mucho más que mujeres de ciencia, son mujeres dignas de admirar. ¡Bravo por ellas!

 

[product sku= 9788416830800 ]
Publicado el

La pequeña forastera 1: Siúil, a Rún, de Nagabe

la pequeña forastera 1

la pequeña forastera 1Yo no soy de las que eligen los libros por su portada. Aunque si habéis leído otras reseñas mías, como Aura o La sombra del Golem, quizá no os lo acabéis de creer. Pero os aseguro que os estoy diciendo la verdad: yo me muevo por el interior y no por el exterior. Donde se ponga una sinopsis atractiva, que se quiten todas las portadas hermosas del mundo.

Me fijé en La pequeña forastera 1: Siúil, a Rún, de Nagabe, por su sinopsis, que me pareció muy sugerente. Hablaba de que hace mucho, mucho tiempo, en un lugar muy lejano, había dos países: el país exterior estaba bajo el control del dios negro, y en él habitaban uno seres anómalos que, con el simple tacto, contagiaban una maldición; mientras que en el país interior, dominado por el dios blanco, vivían los humanos. Unos y otros no se conocían, pues entre ellos había un enorme muro para mantenerlos separados, pero dos de sus habitantes se acabaron encontrando y así se desencadenó la pequeña historia que se cuenta en este cómic. Las palabras «hace mucho, mucho tiempo», «maldición» y «pequeña historia» despertaron mi interés (lo que me motiva a mí una maldición, oye), pero reconozco que el empuje definitivo lo dio, esta vez sí, su portada, con esa niña cándida y ese ser extraño que parecía sacado del mismo averno. Una mezcla de inocencia y oscuridad que me arrastró sin remedio a leer la primera entrega de este cómic que, según se prevé, estará compuesto por cuatro volúmenes. Y pese a que la ilustración de la portada ya lo anunciaba, estaba lejos de imaginar el derroche de ternura que Nagabe ha dejado en esta pequeña gran historia.

La pequeña forastera 1: Siúil, a Rún apenas plantea el punto de partida, lanzando al aire varias preguntas e intrigas que se irán resolviendo en las próximas entregas. Y no se puede decir que abunden los diálogos o los momentos relevantes, quitado del giro final. Sin embargo, sus dos protagonistas, la niña Shiva y el doctor, me han cautivado por completo. La relación entre estos personajes, que ni siquiera pueden tocarse, es tan entrañable que, de inmediato, queremos que permanezcan juntos y que nadie les haga daño, ni siquiera ellos mismos. Pero la amenaza de la maldición siempre está presente y, como anuncian las últimas páginas de esta primera entrega, Shiva cada vez corre más peligro.

No me suelen atraer las sagas de cómics, aunque si habéis leído mis reseñas de Assassination Classroom y La historia oculta, no os creeréis ni una palabra de lo que estoy diciendo. Pero lo cierto es que, precisamente por seguir esos dos que he mencionado, no tenía ganas de meterme en otra historia contada por entregas. A mi impaciencia no le vienen bien tantas esperas. Pero esa sinopsis y esa portada de La pequeña forastera 1: Siúil, a Rún han podido conmigo. Afortunadamente, la segunda entrega saldrá en diciembre, y como solo son cuatro, pronto llegaré al desenlace. Así que no me arrepiento de haber conocido a Shiva y al doctor. Sé que la historia de La pequeña forastera me va a encantar.

[product sku= 9788417176945 ]
Publicado el

La casa de los nombres, de Colm Tóibín

La casa de los nombres

La casa de los nombresNos gusta creernos especiales, que nuestros problemas son más importantes y distintos a los del resto, que nuestras vidas y nosotros mismos somos únicos y que lo que nosotros hemos o estamos pasando nadie más lo ha pasado. Nos creemos que nadie más ha sufrido tanto y lo mismo que nosotros; en definitiva, nos creemos el centro del universo. Pero además de eso, también creemos que hemos evolucionado enormemente desde las épocas pasadas. Sí, hemos evolucionado una barbaridad en muchos puntos, pero si hay algo en lo que no lo hemos hecho es en lo personal. Nuestras circunstancias y nuestra manera de vivir han cambiado: nuestra casa, nuestra ropa, nuestra educación, nuestro ocio… Sin embargo, nuestros problemas y nuestros sentimientos más básicos siguen siendo los mismos que han tenido a lo largo de la historia todos nuestros antepasados. ¿Cómo lo sabemos? Gracias a los libros. Lo que estos demuestran es que las vidas de antaño no nos son tan ajenas como creemos. Y, por eso, más allá de la narración y el estilo, muchas obras antiguas son eternas e inmortales, porque podemos sentirnos identificados con lo que cuentan, que se aplica tanto a aquella época como a la nuestra. Éste es precisamente el caso de La Orestíada de Esquilo, una de las grandes y épicas tragedias griegas. Temas y sentimientos como el odio, la justicia, el amor, la venganza, la ambición, la culpa, la muerte… no tienen fecha de caducidad.

Colm Tóibín, autor de Brooklyn y Nora Webster, actualiza estos temas y esta historia en La casa de los nombres, una nueva interpretación de algunos grandes clásicos griegos como La Orestíada, de Esquilo; Electra, de Sófocles; y Electra, Orestes e Ifigenia en Áulide, de Eurípides. La historia comienza cuando Agamenón, rey de Argos, sacrifica a su hija Ifigenia para que los dioses les honren con vientos favorables para ir a Troya. Años después, cuando el héroe regresa a casa vencedor de la Guerra de Troya junto con su amante, Casandra, es degollado por su mujer Clitemnestra y su también amante, Egisto, como venganza. Pero la sangre derramada no acaba aquí, ya que Clitemnestra será asesinada por su hijo Orestes, a instancias de su otra hija Electra, para vengar el asesinato de su padre.

Me he familiarizado con el olor de la muerte. El olor nauseabundo y dulzón que se coló con el viento en las estancias de este palacio […]. Es mucho lo que se ha esfumado, pero el olor de la muerte permanece. Tal vez haya entrado en mi cuerpo y este lo haya acogido como a un viejo amigo de visita. El olor del miedo y del pánico. El olor está igual que el mismísimo aire; retorna igual que retorna la luz de la mañana. Es mi compañero constante.

Los Átridas son una de las familias más sangrientas y conocidas de la historia de la literatura, que inspiraron otras grandes obras como, por ejemplo, Hamlet. Aunque La casa de los nombres se basa en esta historia y en estos personajes conocidos por todos, se podría decir que se trata de una obra completamente nueva, que Colm Tóibín ha reescrito rellenando los “huecos” con su propia imaginación. Las reversiones de libros antiguos son complicadas ya que partimos de la base de que es prácticamente imposible superar a la original, por eso, suelen ser mejores cuando se meten elementos nuevos que aportan algo a la obra original. Pero sobre todo, y más cuando lo que se reescribe es una obra tan conocida, hay que hacerlo desde la humildad y el respeto, lo que en este caso, Colm Tóibín cumple con creces. Mantiene los personajes, el argumento y la forma, pero le da un aire fresco que la convierte es una obra nueva, aunque con la fuerza y el sentimiento de la antigua.

Lo más complicado era meterse en la piel de Clitemnestra, Orestes y Electra; conseguir explicar sus sentimientos, sus pensamientos y sus motivaciones sin destrozar la visión que todos tenemos de ellos y, he de decir, que el autor irlandés lo consigue. Utilizando la primera persona en el caso de las dos mujeres y la tercera en el caso de Orestes, permanece fiel a sus retratos originales pero dotándolos de una nueva vida rica en detalles. Y es que, estos personajes son complejos, no pueden dividirse en buenos y malos, porque todos son héroes y villanos, todos están cargados de razones para pensar y actuar como lo hacen. Son personajes reales, crudos y oscuros.

Cabe destacar que además de sentimientos tan poderosos como el odio, el amor, la venganza o la culpa, en este libro también tiene un hueco importante la religión, pero no de la manera en la que lo esperamos. Mientras que la superstición y la fe en los dioses es lo que lleva a Agamenón a sacrificar a su propia hija; años después, en el periodo en el que se centra el libro, Clitemnestra, Electra y Orestes han perdido la fe y actúan por sí mismos, por sus propias razones, y no por lo que unos dioses déspotas y sangrientos les requieran.

Entre los dioses no hay nadie que ofrezca ayuda, que supervise mis actos y conozca mis pensamientos. No hay nadie entre ellos a quien pueda recurrir. Vivo sola con la estremecedora certeza solitaria de que el tiempo de los dioses ha pasado. No les rezo.

La casa de los nombres es una reversión profunda, poderosa y poética, con el espíritu de la versión original pero recreada con maestría para que tanto aquellos que aman la versión antigua, como aquellos que no se han atrevido a leerla nunca, puedan disfrutarla. Es una obra que se centra en la familia y su dinámica; en el poder y en las luchas que este conlleva; en la muerte y en el asesinato, y en las motivaciones que llevan a ello y la culpa que le sigue. Pero, sobre todo, el libro que nos trae Colm Tóibín, es una obra de lenta digestión, de esas que se te meten dentro y días después te descubres pensando y reflexionando sobre ellas. Es, en definitiva, un libro que llega destinado a quedarse entre nosotros recorriendo los laberintos de nuestra mente, de igual modo que los fantasmas de los asesinados entre los muros del palacio micénico de los Átridas, vagan cada noche por sus pasillos.

[product sku= 9788426404626 ]
Publicado el

Nada puede asustar a un oso, de Elizabeth Dale y Paula Metcalf

Nada puede asustar a un oso

Nada puede asustar a un osoComo os decía el otro día con la reseña de Algo se nos escapa, estamos en época de anuncios de juguetes y de regalos navideños. Y creo que no hay nada mejor para regalar a un niño que un libro, ¿no os parece?  Yo en esta época me vuelvo loca, porque salen novedades preciosas y las quiero leer y tener todas. Tengo que hacer una buena selección para luego poder regalárselos a mis sobrinos, así que en estos días ando enfrascada como nunca en literatura infantil y juvenil. Y yo, la verdad, encantada.

Hoy vengo con un libro para los más pequeños, los primeros lectores y los amantes de una buena historia antes de irse a dormir. Nada puede asustar a un oso es el cuento ideal para llevarse a la cama y dejar que alguien te lo lea. Porque, precisamente, de eso trata este cuento. Una familia de osos formada por los padres, dos hermanos y un bebé están tranquilamente dormidos en sus camitas cuando de repente comienza la historia. Bebé oso se despierta intranquilo, ¿será un monstruo? ¡Pero cómo va a ser un monstruo! Además, como bien dice papá oso: “nada puede asustar a un oso y menos un monstruo, ¡más quisiera!”. Pero para confirmar que papá oso tiene razón, los cinco emprenderán una aventura por el bosque en busca de ese monstruo que atemoriza al bebé. ¿Lo encontrarán?

Nada puede asustar a un oso es un libro de los de toda la vida. Tierno, divertido y con una familia peculiar que nos llevará a vivir aventuras en mitad de la noche. Las ilustraciones, realizadas por Paula Metcalf son realmente bonitas e imaginativas. Ese tipo de ilustraciones que cuando éramos pequeños nos quedábamos mirando embobados y deseábamos, por un rato, perdernos dentro de ellas. Bueno, son cosas que a mí aún me pasan con algunos libros, la verdad.

Otra cosa que me encanta de Nada puede asustar a un oso es que la historia está contada en verso y es algo que me parece muy original. Transmitir la rima a los peques de esta forma me parece muy interesante y es algo que hacía mucho que no veía en los cuentos infantiles que he leído últimamente.

Nada puede asustar a un oso es una historia para valientes, para niños que no temen a los monstruos y que son capaces de vencer sus miedos nocturnos para plantarles cara. Y si es de la mano de esta familia de osos, mucho mejor. Porque, a ver, ¿acaso hay algo que pueda asustar a un oso? Yo no lo creo, amigos.

[product sku= 9788467594188 ]
Publicado el

Uzumaki, de Junji Ito

Uzumaki

Uzumaki¿Una espiral de amor? ¿Una espiral de diversión? ¿Espiral de fraternidad? ¿De solidaridad? No suena bien, ¿verdad? Lo que normalmente oímos después de la palabra espiral es violencia, horror, muerte, todas esas cosas, en suma, que nos amenizan y alegran la lectura y que tan bien se le dan a Junji Ito.

El ser humano se ha dedicado a garabatear espirales desde tiempo inmemorial, y se han encontrado objetos decorados con esa forma que datan del año 10.000 antes de Cristo. A lo largo de la historia se ha identificado la espiral como símbolo del sol, y dicho símbolo ha tomado formas como el triskel o la esvástica. Más recientemente, la espiral se ha asociado a los viajes psicodélicos, a la hipnosis y a la locura. Todos sabéis interpretar el significado de unos ojos con las pupilas en espiral, ¿verdad? Y, como de la locura al horror hay, como quien dice, un paso, entramos de lleno en territorio Junji Ito.

¿Os habéis preguntado alguna vez por qué el mundo está como está, por qué nos desayunamos todos los días con muerte y destrucción, por qué se cometen las atrocidades que vemos en las noticias? No hagáis caso a sociólogos, psicólogos o expertos en política internacional. La respuesta es muy otra, y para hallarla sólo tenéis que mirar a vuestro alrededor: las espirales. Están encima de nosotros, entre nosotros, dentro mismo de nosotros.

En la ciudad de Kurouzu, empiezan a producirse, como dice el cliché, una serie de extraños acontecimientos. Nos cuenta Kirie, la narradora, cómo el padre de su novio ha dejado de ser él mismo, poseído como está por la obsesión con las espirales. Una vez la obsesión ya lo domina por completo, son las propias espirales las que empiezan a adueñarse del señor, que terminará sus días convertido en una espeluznante rosca.

Si la esfera protege, el ángulo penetra, los fractales colonizan y el hexágono pavimenta, como nos dicen los expertos acerca del papel de las formas en la naturaleza, ¿qué hace la espiral? Si estuviéramos en el reino de lo natural, la respuesta sería muy sencilla: empaquetar. La espiral crece ocupando poco espacio. Pero en el reino de Junji Ito lo natural siempre se queda corto, y por ello vemos que las víctimas de las uzumaki (gracias por el idioma japonés; tanta espiral ya empezaba a cansar), lejos de ser protegidos, son más bien penetrados, colonizados, pavimentados y hasta empaquetados. Y si esto os suena prosaico, os aseguro que las ilustraciones del maestro del horror son escalofriantes.

Uzumaki se inscribe en esa variante del género del terror tan japonesa que nos ha regalado obras como Ringu o Marebito, en las que el horror nace de la obsesión y se perpetúa en ésta, creando así una esp… perdón, una uzumaki de horror como las que mencionábamos al principio. Hay que decir, no obstante, que este clásico del terror japonés, que, como las mencionadas más arriba, fue llevado a las pantallas, está empapado de sentido del humor. Este lector, por ejemplo, no tiene la sensación de que Ito se compadezca especialmente del inhumano destino de la mayoría de sus personajes, sino, más bien, se lleva la impresión de que los sacrifica en aras de este gran desmadre de cuchilladas, cuerpos descoyuntados y escalofriantes metamorfosis. Y ese tono de irreverencia consigo mismo nos queda aún más claro en el divertido epílogo, en el que el autor nos habla del origen de la obra y de su obsesión personal con las uzumaki.

Así que si no sabéis qué relación puede tener el horror con los caracoles, los torbellinos, el agua de la bañera, la cóclea y los cordones umbilicales, con Uzumaki lo pasaréis de miedo mientras lo descubrís.

[product sku= 9788491465843 ]
Publicado el

Hâsib y la reina de las serpientes, de David B.

Hâsib y la reina de las serpientes

Hâsib y la reina de las serpientesNo existe una recopilación de cuentos más famosa y cautivadora que Las mil y una noches. Se cree que fue escrita alrededor del año 850 y que fue ampliándose a lo largo de los siglos siguientes. Y pese a que ha pasado más de un milenio desde entonces, las historias narradas por Sherezade nos resultan tan hipnóticas a los lectores actuales como lo eran para el sultán Shahriar, que se pasaba las noches en vela escuchándolas y olvidaba sus planes homicidas hasta el siguiente atardecer.

Las mil y una noches es un clásico indiscutible de la literatura universal y todos hemos leído algunos de sus cuentos o visto sus adaptaciones cinematográficas. Sin embargo, muchos no hemos leído la obra completa. Para mí, es una cuenta pendiente que sé que saldaré tarde o temprano. Pero no he dejado pasar la oportunidad de descubrir uno de los cuentos menos conocidos, Hâsib y la reina de las serpientes, gracias a la reciente edición que Impedimenta ha hecho de él en formato cómic. El encargado de recrear este cuento oriental ha sido David B., uno de los más importantes historietistas franceses de la actualidad.

Hâsib y la reina de las serpientes cuenta la historia de Hâsib Karim al-Dim, hijo del Sabio Daniel, que es traicionado y abandonado por sus codiciosos compañeros, lo que le lleva a conocer a la reina de las serpientes. En las dieciséis noches que Sherezade le dedica a este cuento (de la noche cuatrocientos ochenta y dos a la cuatrocientos noventa y ocho), no solo presenciamos las aventuras de Hâsib, sino que estas sirven para enmarcar las de otros dos personajes que también se cruzaron en algún momento de sus vidas con la reina de las serpientes. De este modo, sigue la estructura habitual de las narraciones que componen Las mil una noches, donde cada historia lleva a hasta otra antes de conocer el desenlace de la primera.

Olas parlantes, piratas, ogros, enormes arañas, demonios y toda suerte de personajes y seres fantásticos nos llevan de un lado a otro para demostrarnos que las profecías se cumplen, las promesas se rompen, los amores a veces se convierten en tragedia y a la traición muchas veces le sigue la redención. Y al igual que la reina de las serpientes se transforma en una gran víbora que muerde su propia cola, Hâsib y la reina de las serpientes es un pequeño uróboro literario dentro de uno mayor, como lo es Las mil una noches en su conjunto. Las desenfadadas y coloridas ilustraciones de David B. transmiten esa sensación de eterno retorno, donde lo material y lo espiritual se unen en un continuo ciclo de destrucción y creación para darnos, finalmente, una sabia lección de vida. Y es que Hâsib y la reina de las serpientes es una excelente muestra de la riqueza de la cultura oriental del medievo que hay plasmada en Las mil y una noches.

Los cuentos de siempre tienen un encanto atemporal, ya sean contados en voz alta, leídos o adaptados a otros formatos, como el cómic o el cine. Si ya tenía ganas de leer Las mil y una noches, después de disfrutar con Hâsib y la reina de las serpientes, aún tengo más. Aunque tampoco me importaría seguir descubriendo este clásico poco a poco, si es de la mano de historietistas tan cautivadores como David B.

[product sku= 9788416542819 ]
Publicado el

A cada momento seguimos vivos, de Tom Malmquist

a cada momento seguimos vivos

a cada momento seguimos vivos Seleccioné esta novela como lectura única para este inicio de otoño, esa época en que el frío ya se va apoderando de la estación y desaparece el calor y los bellos colores para dejar paso, como así ha sido, al manto blanco que ya veo desde aquí tanto en la cima del Moncayo, como de los picos de los Pirineos. Supongo que para mí hablar de libros nórdicos, en este caso sueco es el autor, es transportarme inmediatamente a los días fríos de invierno, aun cuando no importe que en esta historia pasemos por varias estaciones.

Nada conocía del autor, es lógico, ahora sé que ha sido su primera novela, aunque bien podría haberlo conocido como poeta, ya que parece que es muy reconocido en Suecia. No me ha extrañado en absoluto la enorme repercusión que este libro ha tenido en su país. Verán, la primera noche que me puse a ello me resultó atrapantemente agotador, me sentía completamente agobiada con la lectura, tanto por la forma como por el fondo. Aún así me resistía a dejarlo para el día siguiente. Quizá me hizo recordar el estilo angustioso pero adictivo de Saramago.

A cada momento seguimos vivos es difícil de calificar si no hablamos del duelo, del dolor y de la asunción de la pérdida; es la vida de Tom Malmquist, pero no del escritor, es otro Tom Malmquist, otro que nos mostrará como la vida puede ser tan dura como queramos que sea, como los momentos se pueden juntar o separar en el tiempo y hacernos ver todo el dolor más o menos amontonado o más o menos dosificado.

Es lógico que los suecos estén leyendo esto si realmente es la imagen de su forma de vida y su forma de muerte, es pues también normal que entre los muchos premios que ha recibido esta obra esté el del Jurado del Gran Premio del Consejo Nórdico de Literatura, para nosotros será hipnótico precisamente porque como mediterráneos no comprenderemos algunas de las situaciones.

Otras de las cosas que nos gustará es ver las diferencias entre nuestro sistema sanitario y el sistema sueco; o la familia, la necesidad que al parecer tienen los suecos por abandonar el nido, el valor de la independencia, o la burocracia, jamás habríamos pensado que en un momento tan vitalmente doloroso como el que sufre Tom, un problema con la administración podría ser tan invasivo y tan poco comprensivo con el administrado, o sí, porque para eso nos cuentan lo fríos que son los nórdicos en cuanto a las relaciones personales, así que debería haber supuesto que esas relaciones con las administraciones no serían mucho más calurosas, pero tampoco imaginaba yo que hubiese una burocracia tan brutal. Y a pesar de todo y por encima de todo, está el hombre, el ser humano que ama y siente, el que quiere calor y el que lo ofrece en la medida en la que puede.

La traducción de A cada momento seguimos vivos es de Carmen Montes, la felicito, yo siempre suelo felicitar a los traductores, pero es este caso es imprescindible, leer este libro con esta riqueza léxica y además conservando el indudable ritmo frenético al que nos arrastra el autor, no debió ser fácil, pero el resultado es magnífico, una de esas ocasiones en que lees sin pensar en ningún momento que es una traducción.

Que Tom es poeta, es evidente, que un libro sueco hable de unos versos de Antonio Machado nos tiene que decir sin duda alguna que el autor es un amante de la poesía, pero también que posee el conocimiento de la vida de los poetas, ¡qué bien traído está machado en ese momento, que bien traído está su recuerdo en A cada momento estamos vivos!

Y casi me marcho sin contarles nada de esta historia donde el protagonista es Tom, un joven que pasa por una terrible experiencia que deberá ir asumiendo… Aunque ahora que lo pienso, lo único que deberán saber para adentrarse en esta novela es que si aun le perdura el gusto y la curiosidad por la literatura menos convencional, adéntrese en A cada momento seguimos vivos y deje que la historia le sorprenda.

[product sku= 97884163544291 ]