
Tengo muchas dudas sobre cómo empezar esta reseña. Quiero hablar del libro pero a la vez no quiero hacerlo. A ver si me explico… Creo que lo mejor va a ser que vaya ordenando mis ideas a medida que avanzo en la reseña, así que disculpadme si doy algún rodeo que otro.
Tengo ante mí un libro escrito por Antonio Flórez Lage. Se llama Seis héroes reales y su portada, como podéis ver en la foto, es un fondo negro con unos cuantos pájaros blancos volando en diferentes direcciones. Y entre todos esos pájaros blancos hay seis que vuelan hacia el mismo destino y que son de color rojo. Esto es importante.
Ahora, pasemos a la sinopsis. Únicamente dice: “Cuando estás harto de todo y ya no tienes nada que perder… Cuando la vida se empeña en conducirte por cañadas oscuras… Cuando te atormenta un pasado repleto de cuentas pendientes… Cuando la ira supera a la piedad…”. Y ya está, ahí se queda. Con estas pistas yo intenté descifrar de qué iba el libro antes de abrirlo. Me imagine que iba a ser algo así como una historia de superación, pero la verdad es que no tenía ni idea de por dónde iban a ir los tiros. Y ya os aseguro que, aunque le hubiera dado muchas vueltas, no hubiera sido capaz de adivinar lo que me iba a encontrar en el interior de esta novela.
Y el problema es que quiero hablar de ese interior (de verdad que me muero por hablaros de él) pero a la vez no, porque no quiero destripar nada de la historia… ¿Cómo hacer una reseña sin hablar del libro? Difícil, ¿verdad?
Así que os voy a ir contando cosas aleatorias sobre él que igual para vosotros no tienen el menor sentido, ya que no lo habéis leído, pero espero animaros a hacerlo. Y cuando lo hagáis pensaréis “tenía razón”. Y si no, tiempo al tiempo.
Veamos… este libro está dividido cuatro partes. El muy antes, el antes, el durante y el después de algo que no os voy a decir qué es. Es un hecho que va a cambiar la vida de los seis protagonistas radicalmente y es algo que jamás pensaron que les podría llegar a ocurrir. Entonces tenemos cuatro secciones y cada una de ellas (bueno, hablando con propiedad serían las tres primeras) están divididas a su vez en seis capítulos, cada uno de ellos protagonizado por una persona distinta. Entre los personajes encontramos, por ejemplo, a un taxista que está harto de su mujer, a una madre cuyo hijo padece una enfermedad muy grave o un hombre que acaba de tener un gravísimo accidente de coche.
Y os diré que esta estructura me ha recordado un poco a una tela de araña. La araña (Antonio Flórez Lage) va tejiendo poco a poco con su hilo, historia a historia y momento a momento. Empieza desde los extremos y va uniendo los hilos a medida que se acerca al centro de la tela de araña. Ese centro es el destino al que nos llevan sus palabras y que le da sentido a todo lo que hemos leído anteriormente. De verdad, espero estar explicándome, pero es que esto es muy complicado.
Hablemos ahora de la narración. El autor utiliza un lenguaje muy claro y directo, condensa las historias en muy pocas páginas y no se desvía del camino en absoluto. En cada capítulo va al grano, cuenta lo que tiene que contar y continúa con el siguiente, sin dar rodeos. Eso es algo que siempre me gusta, porque si se hace bien, siguiendo el ritmo que hay que seguir y sin caer en el pecado de contar por encima las cosas, hace que el libro gane muchísimos puntos en cuanto a mis gustos personales. Así que para mí la narración de este libro es perfecta y eso es lo que ha hecho (aparte de la intriga por saber qué pasaba al final) que me adentrara en la historia con muchísima más facilidad y que me lo leyera casi del tirón.
Siempre suelo hablar de los personajes en las reseñas, porque me gusta estudiar qué tipo de evolución tienen en las novelas. Aquí veremos que el desarrollo de los mismos va a trompicones, precisamente por eso que os contaba antes del “muy antes, antes, durante y después”. Entre cada acto pasan diferentes medidas de tiempo, por lo que la evolución debe ser forzada. En ese tiempo que pasa entre fase y fase los personajes cambian muchísimo, pero nosotros no lo vemos de una forma gradual, sino que nos toparemos con ello de sopetón. Y este es un recurso muy difícil de usar, porque si se usa mal se puede caer en el error de hacer una evolución demasiado inverosímil. Pero para mi gusto, el autor sabe manejarla perfectamente y hace que sus personajes crezcan en la medida que lo tienen que hacer.
Y a ver… qué más os podría contar. O más bien, qué otra pieza podría daros para que el puzle tuviera más sentido en vuestras cabezas… ¡ah sí, el tema principal! Aunque no pueda hablar directamente de él, solo diré que es un tema que está muy al día, que vemos desgraciadamente muy a menudo en los telediarios y que está lleno de héroes y villanos.
Y con eso tendríais que entender el título de este libro… Seis héroes reales. Seis personas que se van a enfrentar a algo que jamás habrían imaginado y que hará que sus vidas no se parezcan en nada a como eran cuando empezó la novela.
Ay… he hecho una reseña como si estuviera dejando miguitas de pan por el camino para que alguien las recoja detrás de mí. Pero es que, en serio, no quiero desvelar nada más porque creo que fastidiaría todo el libro. Así que, antes de que se me escape algo que no se me tiene que escapar, voy a concluir aquí la reseña diciendo que me alegra muchísimo haberme encontrado con este libro por el camino.

No me gustan esas colecciones que parecen exclusivamente orientadas a las mujeres, pero qué queréis que os diga, fue leer Comida sana para chicas con prisas y sentirme identificada. Y sí, sucumbí. Pero no me arrepiento en absoluto, porque 

Hola, mi nombre es Esther y soy introvertida. Y no creáis que me es fácil reconocerlo. Mi introversión es, posiblemente, el origen de la mayoría de los problemas de he tenido en mi vida. Que si soy sosa, que si rarita, que si parezco tonta y débil o, por el contrario, que de qué voy, mirando por encima del hombro a los demás como si fuera superior a ellos… Cada cual ha interpretado mis comportamientos y me ha tratado en consecuencia, por lo que integrarme en el colegio, en el instituto (uf, el instituto) y hasta en algún trabajo no ha sido sencillo. Si un introvertido entra nuevo en un entorno lleno de extrovertidos puede llegar a pasarlo mal, muy mal, porque la introversión es una gran desconocida y, lo que es peor, está muy mal vista. Por eso, leer El éxito de los introvertidos, de Sylvia Löhken, ha sido como encontrar un oasis en el desierto, ¡ya era hora de cruzarme con un libro así!
Si te pregunto quién es Carlos Toledo, es posible que no tengas ni idea. Pero si te digo T_Diary puede que sí. Sobre todo si te mueves a menudo por Instagram y eres uno de sus sesenta y nueve mil seguidores.


Ay, la 
Desde luego, esto no es una biografía. Ni siquiera sé si esto es una reseña. Puede incluso que Magritte no fuese un pintor y que solo fuera un ilusionista. Puede que yo no sea quien creo ser. Vaya lío, lectores. Ha sido acabar de leer este cómic y no saber muy bien distinguir la realidad de la ficción. Es un poco lo que hacía Magritte con nuestras mentes. Esas son el tipo de cosas que hacen los genios, volvernos un poquito locos, llevarnos a su terreno y aquí estoy, que ya no sé si estoy dentro del cómic, si es domingo o si acaso soy yo Magritte.

Hacía ya un tiempo que no leía nada de literatura infantil y notaba que ya me estaba volviendo más seria, más adulta. Menos mal que gracias a Algar tengo una remesa de libros para peques que voy a devorar estos días y a ponerme un poco al día con mi lado más infantil. Es muy necesario, de verdad. A mí al menos me sienta de maravilla desconectar de otro tipo de libros y divertirme un poco con los libros para los más pequeños.
sé con certeza es que en mi cabeza hay gatos. Hay un gran hueco para ellos desde que, a los diez años, tuve mi primera mascota felina. Ahora dos gatos, Teo y Flanelle, ocupan ese espacio en mi cabeza (por no hablar de los sofás y camas de la casa). Ellos y, en general, todos los gatetes del mundo, porque los que somos adoradores de felinos no podemos evitar quererlos a todos ellos. ¿La loca vieja de los gatos? Sí, probablemente algún día acabe así. De momento lo tengo controlado, pero no puedo evitar emocionarme cuando veo libros gatunos.
Dice