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Compañías silenciosas, de Laura Purcell

Compañías silenciosas

Compañías silenciosasHay misterios que se te meten hasta los huesos, que se adentran en cada una de las partes de tu cuerpo hasta que experimentas una sensación de miedo que te impide pensar con claridad y reflexionar si lo que estás viviendo es una situación real o imaginaria. Una situación que, a pesar de estar solo está en tu cabeza, sientes como real al abandonarte a tus peores miedos. Esos que siempre han estado en tu interior y con los que temes encontrarte a lo largo de tu vida.

Compañías silenciosas es, sin duda, una de estas historias que apenas quedan en el catálogo de novedades literarias. Desde que leí su sinopsis y tantas buenas opiniones en Goodreads, supe que era una novela que tendría que ser mía. Por eso, cuando recibí por sorpresa el libro de parte de la editorial Del Nuevo Extremo, debo admitir que me alegró bastante el día. Y no me ha decepcionado.

Esta novela está ambientada en la época victoriana, en una mansión tan inquietante y misteriosa como aterradora. Una casa que esconde muchos secretos del pasado y cuyas paredes susurran horrores que los protagonistas ni siquiera pueden imaginar. Hasta que los viven en sus propias carnes y comienzan a darse cuenta de que ni siquiera pueden distinguir lo que es real de lo que no lo es.

Me ha encantado que desde el principio la autora haya creado una atmósfera tan misteriosa y oscura que ayuda a meterse de lleno en la novela y en todo lo que la rodea. Desde el primer capítulo se respira el miedo a través de los personajes protagonistas y el lugar en el que comenzarán a revivir sus peores pesadillas. A pesar de que la protagonista principal no ha llegado a convencerme, es fácil empatizar con ella y su sufrimiento, hasta la resolución final. Aunque no lo parezca, experimenta una evolución muy palpable durante el desarrollo de la historia y se convierte al final en un personaje interesante.

Pero otro de los personajes más importantes de esta novela no se encuentra en el mismo espacio temporal, aunque sí en el mismo escenario: esa mansión que tantos secretos ha guardado a lo largo de más de un siglo. La autora combina el tiempo presente con el pasado para alternar dos historias muy similares, pero vividas por mujeres muy diferentes entre sí. Esto me ha encantado porque creo que juega con el suspense y con el misterio, además de presentarnos dos personas muy distintas que se ven obligadas a vivir el mismo horror. Este ha sido de los elementos que más me han enganchado y que me han mantenido con los pelos de punta hasta el final, unido a la pluma ágil, inspiradora y descriptiva de la autora. Algo que hace que la novela se lea de forma rápida y que te atrape mediante su historia y sus giros argumentales, que me han encantado porque son realmente inesperados, algo que hace cada vez más falta en la literatura juvenil actual.

Este libro me ha hecho pensar en lo mucho que me gustan las historias de terror bien construidas, que te ponen los pelos de punta en cada uno de sus capítulos y que te hacen querer leer más. Compañías silenciosas me ha devuelto ese apetito por la novela de terror que tenía bastante abandonado y que tanto me fascina: esa sensación de leer por la noche y estremecerte con cada ruido, de meterte tanto en la historia hasta el punto de vivir junto a cada uno de los personajes cada una de las horribles situaciones… Esa sensación tan rara de pasar miedo porque quieres, porque sabes que es una historia que no es real pero que podría serlo.

 

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Todo eso que nos une, de Ana Campoy

Todo eso que nos une

Todo eso que nos uneNo es la primera vez que reseño algún libro de Ana Campoy. Hace pocos meses leí La cronopandilla: el túnel de tiempo, un libro muy divertido que ganó el Premio Jaén de Narrativa Juvenil 2017. Esta vez he vuelto a ella con un libro dedicado a jóvenes más mayorcitos (y adultos a los que nos gusta leer este tipo de libros de vez en cuando). Todo lo que nos une es su novela más reciente y la verdad es que Ana ha vuelto a sorprenderme con su frescura y originalidad.

¿Os acordáis de la señorita Rottenmeier? Seguro que sí. Siempre ha sido la niñera repelente y odiosa por excelencia. Normal que a Heidi no le cayera nada bien. Es que, seamos sinceros, daba un poco de  miedito, ¿verdad? Pues la protagonista de esta novela se llama Anne Rottenmeier y tiene un sueño: ser violonchelista. Para ello ha de mudarse a Frankfurt y conseguir dar clases con el mejor profesor para entrar en la escuela. Por casualidades de la vida, Anne acabará siendo niñera de una jovencita llamada Clara Sesemann. ¿Demasiadas casualidades ya? Para Anne todo esto serían señales, porque su mundo está lleno de ellas y Anne se limita a asumirlas y a seguirlas.

Como Anne es un poco cabezota, y puesto que la familia no se lo pone demasiado fácil, intentará de todas las maneras cumplir sus objetivos, pero eso de las señales no siempre funciona. A veces algunas se nos escapan y Anne no podría sospechar en un primer momento cuál sería el principal fin de haber acabado en aquella casa cuidando de Clara.

Mientras tanto, asistimos a la relación que se va entretejiendo entre Anne y Clara. Una relación algo problemática que sin embargo las acabará uniendo para siempre. También conoceremos a Chicocafé, un jovencito que  convertirá en el principal amigo de Anne allí y acabará por compartir con ella una relación bastante especial. Y no podemos olvidar a Adelaida, la niña española de la que Anne, quién sabe si por casualidades o señales de la vida, tendrá que hacerse cargo también.

Como os decía, Ana Campoy siempre resulta original en sus ideas y consigue escribir libros únicos y entretenidos. Todo lo que nos une es uno de esos libros: divertido, original y con un mensaje conmovedor y positivo que todos deberíamos aplicar en nuestro día a día. Un libro que nos hace reflexionar sobre las casualidades y nuestro destino en esta vida. Genial, Ana.

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Videorreseña: Anna, de Niccolò Ammaniti

Para hacer este vídeo, he tirado de la RAE y su descripción de “extravagante”. Y es que esa palabra está muy relacionada con el libro del que vengo a hablaros hoy: Anna, escrito por Niccolò Ammaniti y editado por Anagrama.

Este libro es una distopía en la que la protagonista Anna, ve cómo todas las personas mayores de dieciséis años mueren a causa de un virus devastador. Ella se ha quedado sola con su hermano pequeño y quiere alejarse lo máximo posible de Sicilia, donde ella vive y donde (piensa) se encuentra el virus. Es un relato desgarrador, donde los filtros no están permitidos y donde todo se describe con crudeza y sin miramientos. Por eso, como digo en el vídeo, no es un libro apto para todos los públicos, ya que a los más sensibles les podría resultar un poco desagradable leerlo.

Pero si te va lo extravagante y también un poco lo gore, este es tu libro. A mí me gustó mucho leerlo, aunque he de reconocer que en algún momento lo pasé un poco mal con tanta descripción. Pero eso es lo maravilloso de este libro: el que, a pesar de lo duro que es, no puedes parar de leer en ningún momento.

¡Pero, corre, échale un vistazo al vídeo!

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Raros, torpes y hermosos, de Raúl Jiménez

raros torpes y hermosos

raros torpes y hermososDe entre la maraña de libros que salen al mercado, ya no cada mes o cada semana, sino cada día, es fácil que se nos puedan pasar por alto auténticas joyas de la literatura y más que de cualquier otra de la literatura breve. Sin embargo, algo había en el libro de Raúl Jiménez que llamaba poderosamente la atención. Es cierto que un libro no debe juzgarse por la portada, pero en esta ocasión la portada con la inocente, tierna y única imagen de un conejo mutante con tres ojos, como salido del río cercano a la central nuclear de Springfield, y actitud juguetona, creo que define muy bien el percal de lo que vamos a encontrarnos en el interior. Así pues, editorial, primer objetivo conseguido: no se nos ha escapado.

Lo siguiente es querer saber de qué demonios irá un libro presentado así, aunque se puede intuir. Raros, torpes y hermosos es una colección de cuentos de lo más variopinto y extraño. Cuarenta y cuatro cuentos o relatos de extensión muy corta (los hay incluso de cinco líneas) que empiezan de una manera apacible, cotidiana, a partir de una frase cualquiera, pero de los que no puedes imaginar el giro final, ese que te dejará con el culo torcido. Y eso que, cuando ya llevas leídos unos cuantos y ya vas prevenido, puedes intentar adivinar el desenlace. Pero no. Se quedará en un mero y burdo intento porque el cabrito de Raúl Jiménez sabe lo que estás pensando y te va a coger del moflete y te va a decir “no, no, no, creías que iba a pasar x pero lo que va a pasar no es y, y ni siquiera es z, porque tengo un abecedario nuevo y lo que va a pasar es aa”.

En cuanto a la temática, hay de todo, como en las tiendas de chinos, pero desde el prisma realista en su mayoría. No hay ciencia ficción ni fantasía (salvo en el cuento La taberna). La comprobación de la inmortalidad de un hombre, una casa de huéspedes, una extraña comunidad de vecinos, un pueblo en el que todos son taxistas, celos de un padre hacia su hijo recién nacido, los cuidados de los mayores de la familia, los avatares de un sicario, psicópatas coleccionistas, ricachones enfermizos que no leen telegramas… Todo se narra con una naturalidad increíble, como si lo que nos estuviera contando sucediera a consecuencia de una serie de hechos lógicos, que derivan, a pesar del resultado en un final impensable pero coherente y sorprendente a la vez.

Y como en toda colección de relatos siempre hay algunos que te gustan más que otros, estos son mis favoritos:

El inmortal: en el que un pintor aseguró hace tiempo que no moriría nunca y el narrador le sigue la pista para comprobarlo.

La casa de huéspedes: un misterio desvelado.

Nuestro pueblo: el del pueblo de taxistas en el que… no, de este no cuento más.

El bebé: o los celos enfermizos del padre hacia el bebé con un inesperado desarrollo.

El puré: o de cómo tratar bien al suegro.

La abuela: este da miedito y me voy a permitir copiarlo, ya que incluso viene impreso en la contraportada:

“La abuela había sido maestra. Así que a mamá le pareció lo más adecuado que fuera ella quien nos enseñara a leer. Papá al principio protestó: ¡Pero si está muerta! Luego mamá le mostró la güija y el pobre papá se quedó sin argumentos”

Buenos vecinos: ¿se puede echar de menos no hablar del tiempo con nadie en el ascensor?

Halloween: corto, pero intenso, triste y aterrador también.

La taberna: en dónde un extraño personaje se pregunta el porqué de que el tabernero siga con su mujer.

El llanto: a falta de conversaciones en el ascensor…

Despedida: este es muy bueno. ¿Sabéis realmente si conocéis a todos los integrantes de vuestros grupos de WhatsApp? ¿Seguro? ¿A todos? ¿No se os ha infiltrado nadie?

Primer ejercicio de redacción…: el título es muuuuy largo. Es el último y también es algo más largo, pero es una gozada también. La gerontofilia y sus problemas.

Que conste que quedarme con estos no quiere decir que los demás sean malos. Para nada. Estos son los que más destaco porque por una u otra razón me han llegado o gustado más, pero en líneas generales todos son buenos, todos están muy bien escritos y estructurados, todos consiguen meterte de inmediato en la respectiva historia y provocarte extrañas reacciones y, por supuesto, todos merecen ser leídos e, incluso, releídos.

Rarezas, extravagancias y humor, humor negro, miedo (sí, acostumbrémonos a decir miedo cuando se parece al terror pero no lo es), tiñendo el día a día en sus muchas formas es lo que nos podemos meter en vena con esta excelente y variada colección de cuentos.

Un libro diferente de una recién creada editorial, Sala 28, a la que animo a seguir con proyectos tan frescos y estimulantes como este Raros, torpes y hermosos.

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Réquiem por un sueño, de Hubert Selby Jr.

Réquiem por un sueño

Réquiem por un sueñoBienvenido de vuelta a los quince años. A los pasillos polvorientos de las bibliotecas públicas por el día, a los primeros canutos en el parque las noches de sábado. A las copias desportilladas de El almuerzo desnudo, de Los vagabundos del Dharma, a la extraña traducción del Aullido, al rarísimo Moksha de Huxley, descubierto en los ratos en los que nos negábamos a leer a Miguel Hernández. A las canciones de Nirvana en cintas de 90 mal traducidas sobre cuartillas de papel cuadriculado, a los anuncios del Plan Antidroga. Nunca supiste de qué iba aquello en verdad, eran tus hermanos mayores los que habían corrido delante de los yonquis, los que habían jugado entre las jeringuillas, y algún primo lejano el que se había enganchado con la mierda que se intuía de tarde en tarde en algún paseo por el barrio chino, desmantelado por la fiebre del ladrillo. No estabas allí, casi nadie estaba allí ya porque la mayoría yacían bajo tierra. Pero bueno, casi nadie puede decir que estuviera en el hundimiento del Titanic y a la gente le encanta leer historias sobre ello, ¿no?
Bienvenido al eslabón perdido entre la Generación Beat y la Generación X. Sin querer, o completamente a propósito, has llegado al fondo de la cueva, al meollo del relato, estás en presencia del penúltimo de los malditos escritores auténticos. Hubert Selby Jr. Un adicto, un enfermo crónico desde los veinte años, un despojo de la sociedad que no servía absolutamente para nada y sin embargo tenía talento para una única cosa. Pero vaya talento.
Réquiem por un sueño no es una historia más sobre drogadictos. Es la Biblia del tema contada por el mejor de los apóstoles. Azul casi transparente, bien, aunque se queda un poco corto. El almuerzo desnudo, vale, pero no hay Cristo que lo entienda. Réquiem te abre las puertas al universo de la adicción y te regala una visita guiada de la mano de Harry Goldfarb y su compinche Tyrone C Love. Dos auténticos perdedores en su camino hacia el desastre definitivo, trescientas iluminadas páginas de ansia y autodestrucción. Una patada en los cojones del sueño americano.
Seguramente ya habrás pasado página y estarás leyendo algún ruso muerto o a los modernos más esnob, pero si comienzas Réquiem recordarás que una vez leímos por rebeldía y que en el fondo la literatura siempre, y digo siempre, tendría que acercarnos a las yemas de los dedos aquello que no nos atrevemos ni siquiera a mirar de lejos. Y además tampoco te quedarás tan lejos de lo clásico. El trayecto de Harry y Tyrone en su plan por medrar en el narco y el retrato de las esquinas oscuras de Nueva York no son más que escenas del descenso a los infiernos de Dante; el patético intento de Sara Goldfarb, la madre de Harry, por adelgazar para salir en televisión, una reinterpretación del mito de Sísifo, y la inmolación de la bella Marion recuerda a todas las Ofelias que ha tenido la literatura.
Réquiem por un sueño resulta arrolladora de inicio y parece que va a derivar en una narración sin control. Pero se serena y mantiene una poderosa lógica interna, iluminada (que no cegada) por las escenas en las que casi todos los protagonistas se colocan. Provoca asco y repulsión, pero sobre todo frustración: los cuatro personajes principales no hacen más que tratar de sacar la cabeza del agua y siempre terminan con ella hundida unas cuantas páginas después. Como ocurre con la película de Aranofsky que inspiró una década después, y con su melliza Trainspotting, esta mirada a las profundidades del ser humano de Hubert Selby Jr. se mantiene con el paso de los años hipnótica y atrayente.
Y nunca es tarde para asomarse al abismo si queremos recordar de qué huíamos entonces.

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Tigres de cristal, de Toni Hill

Tigres de cristal

Tigres de cristalSi de algo sabe Toni Hill, el autor que nos ocupa en esta reseña, es de crear historias llenas de intriga, misterio y suspense psicológico. Es de esos autores capaces de crear un universo muy diferenciado, con personajes muy humanos y misteriosos, no tan diferentes a nosotros mismos, que siempre recuerdas después de haberlos leído. Es algo que me ha pasado al leer sus novelas, sobre todo Los amantes de Hiroshima, mi favorita entre las que ha escrito, y lo que me ha ocurrido al leer esta.

Tigres de cristal es una historia ambientada en Cornellá que trata la historia de dos amigos, cuyos acontecimientos vividos en su infancia les acompañan durante toda su vida. También es la historia de un viaje emocional que nos lleva junto a sus personajes a recorrer las vías del perdón, el arrepentimiento y la culpa, entre otras emociones.

Tengo que reconocer que lo que más me ha gustado la novela, además del tema que trata y que os acabo de resumir en este anterior párrafo, es cómo lo relata y cómo nos los traslada a todos sus lectores. Toni Hill tiene una manera muy personal de empatizar con sus personajes y de hacer que sus lectores también lo hagan. Hasta el punto en que sientes que podrías ser ellos, que todo lo que les ocurre podría haberte pasado o te pudiera pasar en un futuro. Tanto lo positivo como lo negativo. Comenzando por esa relación de amistad tan especial entre los dos protagonistas: humana, típica, llena de errores y amor mutuo que, pese a todo, sobrevive con los años.

Y si a esto le unimos una ambientación espectacular y una trama creíble y llena de giros argumentales, se convierte en una novela que merece la pena leer. La forma que tiene el autor de llevarnos a los años 70 y de presentarnos a sus protagonistas, dos niños de familia de clase obrera y todo lo que están obligados a vivir, me ha encantado y me ha enseñado más de aquella época, de la que solo he escuchado pequeños fragmentos de vida. Pero también Tigres de cristal representa esto, un pequeño fragmento de vida que podría pertenecer a una historia real capaz de estremecernos y ponernos los pelos de punta.  En mi caso, lo ha conseguido, tanto para bien como para mal.

Además, uno de los temas tratados en esta obra (no se trata de ningún spoiler, no os asustéis) es el fracaso escolar, y lo diferente que es en nuestros días a cómo era entonces. Si en aquellos años se podían encontrar más casos de agresiones físicas, en la actualidad vemos cómo casi siempre nos encontramos con más casos de daño psicológico y/o moral, cuyas secuelas pueden ser incluso más graves que las físicas. Un tema muy sensible y de actualidad que el autor ha sabido aprovechar muy bien y que trata, sin duda, con respeto y cuidado a lo largo de todo el libro.

No puedo hacer más que recomendaros una novela que no defrauda, que está increíblemente ambientada y que trata temas sensibles de una manera tan humana y empática que parece que estemos leyendo una historia real, que nos podría ocurrir a cualquiera de nosotros el día menos pensado. Toni Hill me ha vuelto a sorprender con una brillante narración, giros argumentales y construcción y evolución de sus personajes principales. Además, me ha encantado la forma que tiene de remontarnos casi 50 años atrás para contarnos esta historia y sentirnos como si viviéramos en aquellos años. Sin duda, una novela entretenida para reflexionar y pensar en qué cosas hemos cambiado y en qué cosas seguimos siendo como entonces.

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El señor Gro y la hija de la viuda Stern, de Javier Ramos

El señor Gro y la hija de la viuda Stern

El señor Gro y la hija de la viuda SternEs una suerte reseñar para Libros y Literatura porque, gracias a ello, leo joyas literarias que, de otra forma, nunca sabría ni que existen. Es el caso de El señor Gro y la hija de la viuda Stern, de Javier Ramos, libro galardonado con el IV Premio Internacional de Narrativa Novelas ejemplares, convocado por la Facultad de Letras de la Universidad de Castilla-La Mancha y la editorial Verbum. Hoy en día, ni siquiera ganar un premio literario asegura a un libro la visibilidad necesaria para llamar la atención de los lectores, así que fue el mismo Javier Ramos quien nos ofreció su obra para que la reseñáramos y, tras echar un vistazo a la sinopsis, decidí leerla.

¿Qué pone en la sinopsis de El señor Gro y la hija de la viuda Stern? No pienso decíroslo. Porque eso lo podéis descubrir vosotros mismos tecleando en Google (si lo hacéis, ya será buena señal, pues habré conseguido despertar vuestra curiosidad). Y porque no es tanto lo que cuenta Javier Ramos en esta historia, sino cómo la cuenta. Los motivos que os daré en esta reseña para que la leáis son otros que nada tienen que ver con el argumento.

Según el jurado que le concedió el premio, la lírica inocencia de esta fábula de setenta y dos páginas recuerda a El principito, y no me parece desacertado, ya que algo de su esencia tiene. Sin embargo, a mí me recordó más a algunas historias de José Saramago, donde una metáfora acaba convertida en una realidad palpable y, a través de ella, refleja el lado más crudo del ser humano, pero también el más hermoso. Y si digo que Saramago es uno de mis autores favoritos, ya imagináis el halago que le estoy haciendo a Javier Ramos con esta apreciación.

Al margen de estas comparaciones, que no dejan de ser fruto de la subjetividad y lecturas previas de cada lector, lo que destaco de El señor Gro y la hija de la viuda Stern, y la principal razón por la que os animo encarecidamente a que la leáis, es la prosa de Javier Ramos, un auténtico deleite para los sentidos. Y no es una forma de hablar ni una exageración. Su capacidad de transmitir y evocar es asombrosa y convierte situaciones crueles y comportamientos desesperados en poesía.

Los dos protagonistas de esta historia, el señor Gro y la hija de la viuda Stern, representan, cada uno a su manera, el vacío de la pérdida. Se aferran a sus recuerdos para evadirse de esa realidad que les duele, porque todo lo que aman se ha esfumado y porque nadie les comprende. Y sentimos su soledad, su desesperanza, pero también su fuerza y valentía. No sé si con esto digo demasiado, ya que no quería desvelar nada del argumento. Pero releo mis palabras y me parecen pueriles, incapaces de plasmar todo lo que me hace sentir la prosa de Javier Ramos. Sin embargo, las dejaré estar, pues por mucho que me explayara, no lo lograría.

Como decía, es una suerte reseñar en Libros y Literatura porque tengo la oportunidad de conocer las novedades editoriales que no siempre están en los escaparates de las librerías. Pero me siento más afortunada aún cuando le descubro a alguien la existencia de obras tan exquisitas como esta de Javier Ramos. Leed El señor Gro y la hija de la viuda Stern, por favor. Y si la disfrutáis tanto como yo, recomendadla. Entre todos, hagámosla visible. Porque la literatura de calidad merece ser conocida.

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Cable y Masacre: Si las miradas matasen, de Fabian Nicieza y Patrick Zircher

cable y masacre si las miradas matasen

cable y masacre si las miradas matasen¡Hola colegas! Mi nombre es Wade Wilson aunque cuando me enfundo mi traje de spandex rojo, ese que abraza mi cuerpo y marca obscenamente mis glúteos, ese que me hace tan sexy, todos me conocen como Deadpool; en los países hispanohablantes, que gozan de unas dotes sobrehumanas, diría que casi mágicas, a la hora de traducir, me llaman Masacre.

Tal vez os estéis preguntando dónde está el chaval flacucho que acostumbra a escribir las reseñas. No os preocupéis, sigue vivo. Tras amordazarlo y atarlo de pies y manos lo he encerrado en el armario. Oigo sus jadeos. ¡Oye chaval, espero que no estés practicando asfixia autoerótica, ya viste como acabó el tío de Kung Fu! Digamos que nuestra disputa se ha ocasionado por tener diferentes puntos de vista sobre cómo se debía proceder con la reseña del cómic en el que comparto protagonismo con el tío del ojo que brilla. Mientras él quería hacer algo similar a Marvels de Kurt Busiek o La Visión de Tom King yo solo quería amordazarlo, meterlo en el armario, buscar un poco de porno en el ordenador y cascármela. Pero oye, esto de contar de qué va el cómic en el que soy el héroe absoluto (bueno, Cable también tiene su cuota de protagonismo como secundario gracioso, ¿o ese soy yo?) tampoco está tan mal.

Nathan y yo tenemos pocas cosas en común pero las que compartimos son tan trascendentales que casi nos convierten en almas gemelas; igualitos que las gemelas Olsen. Por ejemplo: ambos fuimos cocreados por el historietista californiano Rob Liefeld; hecho que resulta la prueba irrefutable de que una sobrexposición al sol puede freírte las neuronas. Después de que tuviéramos unos inicios prometedores nuestra trayectoria empezó a flojear y acabó por desinflarse; situación que un puñado de viagras no iba a solucionar. Por suerte, las mentes pensantes de La Casa de las Ideas no tardaron mucho en encontrar una solución. Esfuerzo que por esta vez no implicó consumir sustancias ilegales. La suma de dos personajes que por separado no gozaban de una gran popularidad tenía que dar como resultado un mínimo de éxito. No hay nada como ser optimista y obviar que la posibilidad de un fracaso al cuadrado existía. Pero ya había precedentes. En los años setenta Power Man y Puño de Hierro: Héroes de alquiler saborearon las mieles del éxito que jamás habían llegado siquiera a olisquear en soledad. Por cierto, en el cómic que hoy nos ocupa, tanto el negrata de Cage como el niño rico afeminado de los ricitos de oro prueban un poco de mi verborrea, esa palabrería ingeniosa que mi boca excreta como si se tratase de una diarrea explosiva e inesperada y que me ha hecho merecedor del mote “El mercenario bocazas”.

Los encargados de tal tarea, y que daría como resultado este Cable & Masacre: Si las miradas matasen que tenéis entre manos y que ha publicado Panini (¿lo de Panini tiene algo que ver con el sándwich de origen italiano?) fueron el guionista Fabian Nicieza y el dibujante Patrick Zircher. Nicieza enseguida captó lo mejor de cada uno de nosotros, lo opuestos que llegábamos a ser, para, como si se tratase de un trabajador del tercer mundo, explotarlo al máximo. La naturaleza arisca de Cable contra mi espontaneidad amigable a la hora de tomarme todo tipo de confianzas. La rectitud ejercida por él contra el impúdico libre albedrío que yo practico. Vamos, lo típico en toda extraña pareja que se precie. Mirad sino a Matthau y Lemon, Bud Spencer y Terence Hill, Riggs y Murtaugh, Ryan Reinolds y Josh Brolin o Epi y Blas.

La única diferencia con los anteriormente mencionados es que ninguno de ellos llegó a convertirse en una deidad tras intentar controlar una bio-arma viral súper chunga que estaba un poquito adulterada, y Cable sí. Así que mientras él, como si fuera una especie de híbrido entre Jesucristo y Terminator, se dedica a predicar e intentar salvar a la humanidad de sí misma, yo, por el contrario, me paso el rato matando por doquier, como si no hubiera un mañana, mientras decido si la causa de Cable me parece lo suficientemente justa y divertida como para apoyarla. Y si esto no os parece suficientemente emocionante añadid viajes en el tiempo, realidades paralelas, infinidad de referencias al universo Marvel o a la cultura pop y un sinfín de apariciones estelares. Spiderman, S.H.I.E.L.D., Capitán América, La Patrulla X o Los Media Docena (con la macizorra de Dominó al frente) son solo algunos de los personajes con los que Cable y yo nos las tendremos que ver, en algunos casos sin haber vaciado la vejiga convenientemente lo que dará como resultado una escena tan salpicada de acción como de orina.

En el apartado gráfico Patrick Zircher ha sabido plasmar en el papel la belleza conceptual que destila cada átomo de mi cuerpo repleto de pústulas sanguinolentas. Con Cable hace un trabajo cojonudo a la hora de ir desarrollando paulatinamente los diferentes diseños que van conformando su personalidad. Del Cable dios, al Cable perverso pasando por el Cable bebé. (¡Oh, qué mono! ¿Me ha llamado papá? Pero qué cojones…). El virtuosismo del dibujante a la hora de representar las innumerables escenas de acción (escenas de acción que pondrán los pezones de Michael Bay tan duros que podrá utilizarlos para cortar vidrio) es tal que, siempre en perfecto equilibrio con la narración, insufla todavía más dinamismo a una historia de por sí muy ágil. Vaya, qué cosa más molona acabo de decir. Por cierto, si al igual que yo creéis que el único making-of interesante es aquel que da como resultado final un bebé estáis de enhorabuena, salvo tres páginas de dibujos inacabados (los gafapasta lo llaman bocetos) Cable & Masacre: Si las miradas matasen son 600 páginas de entretenimiento puro y duro donde grandes dosis de humor y acción se unen a un guion repleto de giros para formar un notable conglomerado de diversión.

¡Eh, el del armario! ¿Todavía sigues vivo? Yo ya he terminado con lo mío. ¿Te apetece una chimichanga?

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Videorreseña: Señores del mundo, de Yolanda Corona

¡Qué ganas tenía de encontrar un libro como este! De verdad que sí. Mira que a mí me gustan los libros de este tipo, en los que la fantasía épica es la protagonista y las guerras y la tensión se sirven en bandeja, pero no sé por qué no abundan demasiado en mi estantería. Así que me alegro muchísimo de que este haya pasado a formar parte de ella y, sobre todo, de poder estar aquí hoy recomendándolo a todo aquel que le guste este tipo de literatura.

En el vídeo de hoy os hablo de Señores del mundo, una novela escrita por Yolanda Corona y editada por Bubok. Es un libro en el que varias tramas se van enredando poco a poco, dándonos personajes muy dispares e historias que se tendrán que entrelazar en algún momento. Encontraremos guerras, profecías, historia, misterio, magia… Es decir, todo lo que un amante del género desearía encontrar.

Pero si te quieres enterar de más, ¡corre! Dale al play y echa un vistazo al vídeo que he hecho para la sección Nuevos autores.

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El Secreto de las Fiestas, de Francisco Casavella

El secreto de las fiestas

El secreto de las fiestasHará cosa de un par de años vi que en una de mis librerías favoritas de Barcelona, la Calders, Anagrama organizaba una especie de fiesta/homenaje/presentación de El día del Watusi, del malogrado a la vez que admirado por tantos Francisco Casavella. Presentaban El día del Watusi recogido en un solo tomo y hacían de maestros de ceremonias de esa tarde/noche figuras de la talla del gran y sempiterno Jorge Herralde – ¡cómo no! -, Miqui Otero – que por entonces creo que acababa de publicar o estaba a punto esa recomendabilísima novela que es Rayos – Kiko Amat – uno de los escritores (y artistas) fetiche de Anagrama – o Carlos Zanón – reconocido autor de novela negra, entre muchas otras cosas -. Recuerdo ver por allí también a Eugènia Broggi – directora y fundadora de l’Altra Editorial y pareja de Kiko Amat – o Silvia Sesé – actual directora de Anagrama -, entre otros. Una W roja – que todavía hoy se puede ver – a modo de grafiti en la pared de la librería en honor al Watusi, mucha cerveza, mucha gente y mucha alegría para recordar a alguien que supo ver Barcelona – y a través de ella el mundo – desde un prisma roto que por el hecho mismo de estar roto daba una visión única, irrepetible e incomparable: Francisco Casavella, autor también, entre otros, del libro del que hablo hoy, El Secreto de las Fiestas

Es importante que quien lea esta reseña, si por algún casual le suena el título de este libro, sepa que ya lo publicó en 1997 Anaya dentro de su colección juvenil. Pero, aquí viene la pregunta: ¿Es el mismo libro? Pues no, primero, porque ningún libro es nunca el mismo y, segundo, porque, tal y como explica el propio Casavella en el epílogo, este es una evolución, es el crecimiento de una novela juvenil que ha pasado a ser adulta. Casavella vio en ella, aparte de las más altas y profundas gotas de su autobiografía, la capacidad como historia de evolucionar a algo más profundo, que es lo que ha acabado siendo este El Secreto de las Fiestas de Anagrama.

Daniel Basanta, también llamado Danielucho o Lucho, es un niño barcelonés sin madre que ve como a los pocos años su padre, músico de orquesta – es decir, ambulante -, decide que su hijo se irá a pasar un verano con sus tías y su abuelo al pueblo – en Galicia -. Ese verano se acaba convirtiendo en años y Daniel crece con la única compañía de un extraño, divertido, raro y entrañable abuelo que le habla por primera vez del Secreto de las Fiestas, de unas tías incapaces de transmitir el amor paternal y de un perro que parece no tener ganas ni de vivir. Aparte de eso, montañas, prados, lluvias y verdes.

Unos años más tarde, cuando parece que la burbuja infantil de un niño que no cabe en el campo va a explotar, aparece su padre y se lo lleva a la ciudad, a Barcelona. Allí será donde Daniel descubrirá realmente quién es Daniel Basanta. Al estilo de un Holden Caulfield barcelonés y ochentero, soltando tacos pero hablándote – a ti, lector – de usted, Daniel se irá amoldando a una ciudad que va mucho más deprisa que él, que le echa por encima el amor, las amistades rotas y falsas, el colegio de verdad – que es una gran mentira – y la vida en general – que no es más que algo así como soportar a un padre bebedor que sabe manejar mejor un instrumento que un hijo -. Todo este huracán de vida que se le vendrá encima a Daniel solo tendrá un amarre: las máquinas de millón. Serán estas las únicas que harán conectar a Daniel con una infancia feliz y real que nunca ha tenido, que le harán ver que existe algo que muchos por los bares y futbolines llaman diversión. Porque Daniel Basanta, aunque en los libros la única película que puedes ver es la que proyectas en tu propia cabeza, nunca aparece en su historia ni riendo ni sonriendo. Daniel Basanta es un niño sin risa.

En cierto momento y gracias, como siempre, a una máquina de millón, conocerá a Chenta, ese primer amor que siempre acaba y nunca termina, que siempre acaba antes, que nunca dura lo suficiente. Cometerá locuras por ella, huirá en busca de lo que tuvieron juntos sin saber que lo que se tiene a esa edad siempre está acabado al despertar. También conocerá a Laura pero, ¿será lo mismo?

Siempre con el Secreto de las Fiestas que le confesó su abuelo por bandera, Daniel Basanta irá desgranando el significado de cada uno de los siete puntos que su abuelo le confió. Los compartirá con otra gente a los que no podrá llamar amigos, los intentará descifrar mientras baila con mucha gente a la conga, los verá realizados en discotecas tras tres o cuatro copas, creerá seguir la estela de su abuelo; y todo volverá a comenzar. Porque el Secreto de las Fiestas, al igual que aquella que se alargó hasta las tantas en la Calders y a la que no me pude quedar, es irresoluble. Si no, ¿qué hacemos volviendo cada fin de semana a buscarlo en alguna de ellas?

El Secreto de las Fiestas quedará oculto para siempre, por muchos Daniel Basantas o Francisco Casavellas que aparezcan. Porque la gracia del Secreto, como la gracia de todo, está en la búsqueda de él, no en el encuentro. Piensa ahora, ¿qué pasaría contigo, qué pasaría con nosotros, si descubriéramos el Secreto de las Fiestas?

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El Hombre Invisible, de H. G. Wells

el hombre invisible

el hombre invisibleNo empecé con buen pie con H. G. Wells. Escogí La guerra de los mundos y creo que me equivoqué, ya que, desde mi punto de vista, es un clásico que ha envejecido mal. Eso no es culpa del libro en sí, claro, sino que en esta ocasión, los progresos tecnológicos del mundo real han superado con creces a los que se presentaban en esa historia, por lo que no conseguí que me impresionara. Más bien, me resultó una batalla un tanto ridícula. Supongo que la habrán actualizado en las versiones cinematográficas que se han hecho, pero como la obra original de H. G. Wells me dejó mal sabor de boca, no lo he comprobado. No obstante, sí le di una segunda oportunidad literaria… Más o menos. Mi nuevo acercamiento fue a través de la versión en formato cómic que Carlos Giménez hizo de La máquina del tiempo. Y me sorprendió gratamente la inventiva de H. G. Wells. Así que he dejado atrás todos mis recelos y he regresado a su obra original. El título escogido ha sido El Hombre Invisible, en la magnífica edición que Libros del Zorro Rojo acaba de publicar, con ilustraciones de Luis Scafati.

Qué duda cabe de que el don de la invisibilidad está muy presente en la literatura y en el cine, pero no debemos olvidar que fue El Hombre Invisible de H. G. Wells, publicado por primera vez en 1897, el primer libro en plasmar este deseo del ser humano. Solo por eso, el autor ya tiene todo mi reconocimiento, pero no es lo único que me sorprende de esta obra.

Está claro que esta novela de H. G. Wells no adolece de lo que yo le echo en cara a La guerra de los mundos, ya que el avance científico que plantea todavía no ha sido alcanzado, si es que es posible algún día. H. G. Wells planteó de forma creíble qué pasaría si alguien pudiera hacerse invisible y actuar con impunidad, aparándose en el total anonimato, y además abordó las consecuencias de la invisibilidad con profundidad, plasmando los pros y los contras de este poder. Ya se sabe que hay que tener cuidado con lo que uno desea, porque lo que en teoría parece maravilloso, en la práctica puede resultar una pesadilla. Pero no solo eso, el protagonista, el científico que se transforma en el Hombre Invisible, también me parece rompedor: comienza siendo un personaje enigmático para acabar convirtiéndose en el villano de la historia. Y es tan odioso que los lectores deseamos que lo atrapen de una vez.

Aunque, bien mirado, ¿quién no se endiosaría con un poder así? ¿Habría alguien capaz de usar la invisibilidad  a favor del bienestar social y no solo en el suyo propio? Porque tenemos que reconocer que, cuando cualquiera de nosotros fantaseamos con esa posibilidad —y todos lo hemos hecho—, no se nos ocurre nada bueno.

Quizá sea una suerte que la ciencia no haya cumplido esta fantasía de H. G. Wells. El debate moral sobre los usos de la ciencia que puso sobre la mesa en El Hombre Invisible sigue abierto y más vivo que nunca, pues la ciencia alcanza metas cada vez más insospechadas. Eso hace que la lectura, y la reflexión, de este clásico sea imprescindible. Si esta historia de ciencia ficción llega a ser una realidad, nos conviene estar preparados.

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Nosotras. Historias de mujeres y algo más, de Rosa Montero

Nosotras

Nosotras He empezado este libro casi al mismo tiempo en que Pedro Sánchez iniciaba la XII Legislatura de la democracia. Y he ido leyendo la vida de estas mujeres mientras iba conociendo el perfil de ese mar de ministras que iba nombrando…

Ni Rosa Montero en sus mejores sueños lo hubiese pensado en aquel 1995 en que publicó estas pequeñas biografías de mujeres, de sus mujeres, como ella dice, porque entiendo que es normal que cuando uno bucea en los abismos de la vida de otros, de otras en este caso, se convierten en algo tuyo, pero también, porque creo que Montero ha ido un poco más allá de la investigación y ha dejado que su alma de novelista arrope a estas mujeres para que lleguen a nosotras, las lectoras, llenas de vida y profundidad.

Ya nos dice la propia autora en su prólogo a esta edición que estamos en un momento importante de la causa antisexista, que el 8 de Marzo de 2018 ha marcado un antes y un después en la historia del feminismo, de la lucha por la igual y sobre todo en la lucha, creo yo, por la visibilidad.

Y es por eso que Nosotras, de Rosa Montero, nos viene ahora como anillo al dedo. Yo había leído en su día aquella primera edición mientras disfrutaba de mi reciente maternidad, así conocí más sobre la vida de Agatha Christie y aquel extraño asunto de su desaparición y posterior amnesia. He recordado la vida de mi querida Zenobia Camprubí, ahora que tanto sé ya sobre ella, y sobre lo que fue y pudo ser. Y cuando se habla de Zenobia no se puede dejar de pensar en María Lejárraga, de la que aun hoy hay que explicar que fue la esposa de Gregorio Martínez Sierra…

En aquel 1995, nos dice ahora Rosa Montero, que aun “había poca movida feminista y se buscaban poco los referentes”, y supongo que sí, que este es un buen momento para reeditar estas biografías tan cuidadas y acompañadas por las ilustraciones de María Herreros que le dan al libro el empaque y la imagen de gran obra que les aseguro que es.

Es posible que ahora me alegre de no saber a quién dejé en su día aquel Nosotras, o si se despistó en algún traslado de los muchos que he hecho en mi vida, pero eso ha sido lo que me ha llevado hasta esta nueva edición… Y ahora no lo lamento en absoluto, estoy encantada. Guardaré el libro y probablemente se lo regale a mi hija como suelo hacer con todos aquellos importantes en mi vida.

Para los que ya leyeron en su día estas biografías les contaré que, además de las ya conocidas de las Hermanas Bronte, Frida Kahlo, Alma Mahler o la curiosísima y terrible historia de Aurora y de su hija Hildegart Rodríguez, en esta edición de Nosotras, Rosa Montero nos ofrece algo más. Como les decía antes están las ilustraciones de todas las grandes protagonistas, y además la autora nos añade un buen puñado de minibiografías de también grandes pero desconocidas mujeres que abarca desde el año 2700 a.C  en que se tiene conocimiento de Merit Ptah, que fuera médica jefa de la corte en el Antiguo Egipto, hasta Asia Ramazan Antar, nacida en 1997 y fallecida en 2016… Y ya ven, muerta con 19 años y con motivos más que suficientes para que cierre este conjunto de pequeñas presentaciones.

Nosotras 2

Lees este libro y piensas casi de forma inmediata la cantidad de mujeres que han sido sobresalientes a pesar de lo difícil que lo han tenido siempre. La mayor parte de ellas que han destacado en el campo de las ciencias han sido autodidactas, ¿se imaginan la evolución que podría haber tenido este mundo en el que vivimos si todas estas mujeres, y tantas otras, hubieran tenido las mismas oportunidades que los hombres? Además todas y cada una de ellas se vieron solas, sin referentes, paralizadas muchas veces ante su propia inteligencia o capacidad. Me viene a la mente de las leídas, Clara Schumann, que a pesar tocar de forma virtuosa el piano y de haber compuesto varias obras que nos han llegado a través de la firma de su esposo, Robert Schumann, ella misma se resistía a creer que fuese normal que una mujer pudiera CREAR, y eso la hacía profundamente infeliz, se sentía extraña, diferente, pero Rosa Montero nos recuerda que en esa misma época ya había otras muchas mujeres creadoras que firmaban sus obras pero que, claro está, no estaban visibilizadas.

 

Y es por ello que hacen falta estos libros en que además de las mujeres que ya todos conocemos aparezcan otras igual de valiosas pero más desconocidas, y sepamos sus nombres y conozcamos sus valías y sus aportaciones a la sociedad. Rosa Montero nos muestra un buen número de ejemplos, y creo que obligación de todas nosotras es conocer, reconocer y aportar.

No sabía muy bien como terminar esta reseña, así que me decanto por lo de aportar, aportar el nombre Nubia Muñoz Calero (Cali 1940), investigadora colombiana gracias a la cual tenemos la vacuna contra el virus del papiloma humano que es el causante del cáncer de cuello de útero. El trabajo de Nubia y su equipo fue utilizado por el Dr. Harald Zur Hausen para llegar a las mismas conclusiones y en el año 2008, fueron ambos nominados al Nobel de Medicina, siéndole otorgado a él que al serle entregado ni tan siquiera hizo referencia al equipo de trabajo de Nubia, polémica en la que ella nunca ha querido entrar. Una estupenda mujer científica que defiende la enseñanza pública de la que ella salió, porque si además de ser mujer eres pobre las posibilidades de desarrollarte se reducen hasta la nada. Una historia, la de esta mujer candidata al Nobel de medicina, que se merecería no formar parte de ninguna biografía de mujeres olvidadas…

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