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Las falsas imágenes, de Josep González Ribera

Las falsas imágenes

Las falsas imágenesMe gusta leer poesía porque siempre encuentro un poquito de verdad en cada verso. Normalmente los autores intentan camuflar su sinceridad con metáforas o historias ocultas y que hacen difícil vislumbrar aquello que de verdad hay que ver.

Cuando leo poesía me siento un poco detective: voy buscando detrás de cada verso, de cada palabra aquello que está escondido y que pide a gritos salir a la superficie. 

Así que esta vez, con Las falsas imágenes, no iba a ser diferente. Su autor me mandó este libro en formato digital hace un par de semanas y al día siguiente ya me lo había terminado. Entonces me escribió diciéndome que también meló haría llegar en papel así que, en vez de hacer la reseña en aquel momento, decidí esperar un poco a que me llegara el físico para volver a leerlo. Y sí, en dos semanas el resultado obtenido es que lo he leído dos veces. Y esto quizás se haya debido a que en un principio me quedé con ganas de más, ya que es un libro muy finito. Y tengo que recalcar que eso para mí no es ningún problema, pero me ha dado la sensación de que este poemario podría ser la antesala de algo. Es como si me hubiera puesto la miel en los labios y eso hubiera hecho que me quedara con ganas de más. 

Pero, por otra parte, el volver a leerlo no se ha debido únicamente a eso, a esas ganas de más, sino que creo que este libro se merece una relectura para desentrañar, como decía al principio, todo lo que oculta.

Las falsas imágenes, escrito por Josep González Ribera es una compilación de poemas que hablan de temas variados. Pero he visto algo en común en casi todos ellos: la identificación de las deidades con la propia naturaleza humana, haciendo referencia en varias ocasiones a Diana cazadora, o a los susurros imperceptibles de los dioses en el viento, por ejemplo. También es un libro que habla de construir muros que deberían estar desarmados, de las luces divinas que atraviesan el Palacio de Cristal, de la poca consideración que tiene el tiempo al pasar tan deprisa. Y también recuerda a tiempo de trovadores, damas y castillos. 

Es una mezcla curiosa, no os voy a engañar y es que hay partes que parecen de una ficción irremediable y otras que te conducen directamente a una realidad palpable. 

No suelo hacer esto de transcribir literalmente frases de un libro, pero cuando lo hago, lo hago por necesidad. Hoy es uno de esos casos y creo que con ello vais a entender mejor lo que decía al principio:

Cuando el poeta / aún no ha hablado / puede, en sus adentros, / degustar la poesía, / jugar todavía con las palabras, / es todavía dueño de su creación. / Cuando el poeta habla, / sin embargo, su poesía / ya no le pertenece, / ya no es dueño / de sus palabras, / ni responde solo / ante sí mismo. / Cuando las palabras / levantan el vuelo, / como pájaros, / cuando la poesía se culmina, / ya no pertenece al poeta, / pertenece al mundo. 

Antes hablaba de sinceridad y para mí ese poema es un claro ejemplo. Y aunque a priori puede parecer que simplemente Josep González Ribera está haciendo una declaración diciendo que una vez que el poeta escribe ese escrito deja de pertenecerle, yo creo que va mucho más allá. ¿Qué pasa si el poeta escribe algo que no debería, que no gusta a todos? ¿Qué pasa si una persona se ve tan reflejada en un poema que llega a obsesionarse con él? ¿Qué pasa si alguien cambia su forma de pensar por haber leído unas determinadas palabras escritas en un papel? ¿Y si estás cambiando una vida? ¿Y si las consecuencias de escribir se te van de las manos? Porque las palabras vuelan cuando se plasman en un papel (o en un procesador de texto, como estoy haciendo yo), se te escapan, dejan de pertenecerte para formar parte de la vida de quien está al otro lado de esas palabras. 

¿Ahora entendéis por qué he tenido que leer este poemario dos veces? Porque Las falsas imágenes ha causado ese efecto en mí: el de ver más allá de las palabras. Que también es posible que este libro me haya pillado en un momento de mi vida en el que necesitaba buscarle tres pies el gato. Puede ser que el autor no quisiera decir más que lo que estaba diciendo, pero no sé, llamadlo intuición, pero yo creo que no es así. Seguramente este efecto se haya derivado de la biografía tan misteriosa que se puede leer en la solapa del libro, en la que el autor dice que los poemas “quizás sean un estudio de mi alma, quizás una confesión en momentos más oscuros o más luminosos, o quizás solo una ficción”.

Desde luego ha sido inevitable querer ver más allá después de leer esa biografía, ¿no creéis? Así que desde aquí os dejo mi consejo si decidís adentraros en estos poemas: no dudéis en volver a leerlo, en dejaros llevar por la curiosidad y por la imaginación que surge al intentar descubrir qué quiere decir el autor. Esa será la única forma en la que de verdad disfrutéis este poemario. 

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The room. Un desastre fílmico convertido en obra de culto, de Guillermo Triguero

The Room

The Room

A comienzos de este siglo, Tommy Wiseau, un inmigrante polaco que ya rondaba la cincuentena logró cumplir su sueño: la película que él había producido, rodado y protagonizado había llegado a los cines estadounidenses (a dos, concretamente). Todo ello tras el desembolso de unos seis millones de dólares de dudosa procedencia. Para su sorpresa, aunque no para la de cualquier ser humano racional, la película apenas atrajo a un puñado de espectadores, de los cuales un buen número no llegaba a aguantar ni media hora sentado en la butaca. Algo lógico, puesto que lo que pretendía ser un drama romántico había quedado relegado a un sindiós, en el que el guion competía con la interpretación de Tommy por ver cuál de los dos era más absurdo e indescifrable.

La casualidad quiso que uno de esos escasos espectadores fuese Michael Rousselet, administrador de una web humorística, el cual, cautivado por la sinrazón a la que había asistido, comenzó a recomendarla a sus amigos. Poco a poco se fue creando una entregada comunidad en torno a la obra, que adoptó costumbres como lanzar cucharas a la pantalla o pasarse balones de fútbol americano durante el visionado. Dentro de este grupo de fieles, que, quince años más tarde, siguen asistiendo a convenciones y defendiendo el valor del producto, se encuentra Guillermo Trigueros, autor de The room. Un desastre fílmico convertido en obra de culto.

El libro aborda todo el proceso de la formación del fenómeno, desde el intenso y caótico rodaje que la originó hasta el lanzamiento de The Disaster Artist, la película basada en un libro homónimo que dio el último empujón para que un trabajo que en otra época no hubiese pasado de un fracaso estrepitoso se haya convertido, con el paso de los años, en toda una obra de culto.

Desde el principio se nota que este texto está escrito por un fan acérrimo de la película, no sólo por el detallismo con el que Trigueros comenta cada uno de los aspectos que la rodea, sino porque, aunque intenta ser objetivo en su crítica, el autor no evita transmitir su pasión por el caos, el desconocimiento y la osadía que llevaron a un personaje tan variopinto como Wiseau a entregarse en cuerpo y alma para sacar adelante un proyecto en el que sólo él creía. Finalmente, su ansia por darse a conocer en el mundillo del séptimo arte acabó cumpliéndose, aunque a costa de ser el artífice de “la peor película de la historia”.

Sin duda merece la pena asomarse a la leyenda que existe tanto en torno a la película como alrededor de Wiseau. Es bastante sencillo: hay cientos dede vídeos en YouTube que recogen los mejores/peores momentos, así como artículos, documentales y libros notables como The room. Un desastre fílmico convertido en obra de culto. Con todo, recomiendo intentar verla de cabo a rabo. No es seguro, pero quizá acabes desarrollando el mismo sentimiento de ternura por este compendio de errores que embriaga desde hace años a sus fans. Y es que, como ocurre en la fábula, a pesar de la risa nerviosa que provoca en un primer momento, todos acabamos sintiendo empatía (y algo de lástima) por ese emperador que se cree vestido con un maravilloso traje a pesar de estar mostrando todas sus vergüenzas. Y lo mágico de The Room es que, al final, uno acaba incluso disfrutando con ellas.

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Raros, radicales y rebeldes, Microbiografías ilustradas, de Carlos Cubeiro

Raros, radicales y rebeldes, Microbiografías ilustradas

Raros, radicales y rebeldes, Microbiografías ilustradasNo sé por qué, pero suele suceder que a las personas que tildan de raros, radicales y rebeldes suelen ser las más interesantes. Supongo que porque todo lo que se sale de lo común, aquello que es diferente e innovador nos produce, en general, tanto miedo que tendemos a señalarlo con adjetivos más bien peyorativos. A veces somos así de tontos, qué le vamos a hacer. Raros, radicales y rebeldes son, sin duda, los mejores adjetivos que podrían usarse para describir a todas las personas que aparecen en este libro y os animo a que os acerquéis a ellos siendo conscientes de todo lo bueno que esos adjetivos aportan. ¿Raros? Claro que sí. ¿Radicales? Por supuesto. ¿Rebeldes? Desde luego. La selección de personajes célebres que aparecen en estas microbiografías tienen todos esos componentes.

Confieso que, en primer lugar, me sentí atraída por la idea de que cada biografía viniera ilustrada por Carlos Cubeiro y que el libro tenga la opción de cortar por la línea de puntos y quedarte con la biografía/ilustración que quieras. Ya me había imaginado que haría una especie de cuadro collage con aquellas que más me interesasen y que lo pondría en alguna pared de casa. Luego mi idea se ha ido desinflando porque soy de ese tipo de personas a las que nos parece una aberración destrozar un libro. Sí, ya sé, con este espíritu nunca formaré parte de uno de esos libros, pero, ¿qué le hago yo? Así que aún estoy con ese debate, ya os diré en qué queda.

Raros, radicales y rebeldes, Microbiografías ilustradas viene con tres opciones de portada. A mí me tocó la de Roberto Bolaño (cosa que me hace muy feliz), pero también hay una con David Bowie y otra con Amy Winehouse. Entre sus páginas no vamos a encontrar grandes biografías. Claro, por eso se llaman “microbiografías”, so lista. Y eso son, pinceladas de las vidas de personas que hicieron lo que quisieron y como quisieron y que por ello más de una vez tuvieron que oír cómo les acusaban de raros, radicales o rebeldes.

Últimamente hay muchos libros así, sobre todo feministas. Libros ilustrados y preciosos como Valerosas, Mujeres de Ciencia o Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes. Temía un poco encontrarme  algo parecido y volver a leer sobre las mismas vidas e historias, pero Raros, radicales y rebeldes, Microbiografías ilustradas me ha sorprendido por su selección de personajes y por la exquisitez con que están escritas estas pequeñas biografías. Originales, concisas y claras. Una auténtica delicia la combinación de las ilustraciones con los textos.

Algunos de los personajes sobre los que podemos leer son: Jacques Brel, Facundo Cabral, Camille Claudel, Jean Genet, Corita Kent, Anaïs Nin, Chicho Sánchez Ferlosio, Erik Satie, Chavela Vargas, George Sand  o Luis Cernuda. Son muchos los raros, radicales y rebeldes que podemos encontrar en su interior y, como veis, también de lo más variados. Para mí ha sido todo un acierto este libro tan original y necesario. No puedo más que recomendároslo e invitaros a disfrutar el conocer un poquito más sobre personas tan imprescindibles y sí, también raras, radicales y rebeldes.

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100 máquinas recreativas que hicieron historia, de VV. AA.

100 máquinas recreativas que hicieron historia

100 máquinas recreativas que hicieron historiaTe voy a confesar algo sobre mi infancia que hará que me mires con otros ojos, sobre todo si naciste entre los años setenta y ochenta. Cuando leas lo que te voy a contar, desearás haber tenido esa suerte de pequeño, aunque fuese solo por un día. Porque yo, querido lector, disponía de la llave que abría las máquinas recreativas y solo tenía que apretar al botoncito que había dentro para jugar todo lo que quisiera. ¿Que cómo la conseguí? Me la daba mi padre, el dueño de unos recreativos.

Eso de jugar sin tener que preocuparse del temido game over era el sueño de cualquier niño y adolescente de mi quinta. Pero tampoco te voy a mentir: aquello no era buffet libre. A mi padre no le gustaba que yo acaparara las máquinas. Al fin y al cabo, aquello era el negocio familiar, y nosotros comíamos porque eran otros niños los que se dejaban la paga ahí. Con decirte que también me racionaba las golosinas que vendía… Solo podía coger una bolsita de tanto en tanto. Pero cuando había menos jaleo, me hacía entrega de esa llave y, aunque me daba un poco de vergüenza ser el centro de atención, me encantaba que los mayores se murieran de envidia al verme abrir la puerta de la máquina, apretar el botón de créditos como si no hubiera mañana y ponerme a jugar. Aquellos chavales de quince años se hubiesen cambiado por mí, una nana de siete u ocho, sin pensárselo. Incluso alguno intentaba camelarme para que le regalara alguna partida, pero yo era consciente de que mi poder conllevaba una gran responsabilidad. Si hubiera sucumbido a la presión, ¡mi padre no me hubiese vuelto a dejar la llave en la vida!

Como comprenderás, mi infancia ha estado marcada por los recreativos, al igual que la de la mayoría de niños de mi generación. Por eso, tenía que leer 100 máquinas recreativas que hicieron historia, el libro que recorre los juegos más relevantes que se crearon entre 1972 y 1999, la época dorada de los salones recreativos. En él, los redactores más emblemáticos de las revistas de videojuegos se retrotraen hasta aquellas tardes en las que se gastaban las vueltas del pan en la última máquina que había llegado a los recreativos de su barrio.

Aunque son muchos los que colaboran en 100 máquinas recreativas que hicieron historia, todos merecen ser mencionados: David Martínez, Alberto Lloret, Marcos García, José Luis Sanz, Bruno Sol, Álvaro Alonso, Lara I. Rodríguez, Alejandro Alcolea, Alejandra Pernías, David Alonso, Santiago Bustamante, Sara Borondo, Ángel Luis Sucasas e Inés Alcolea. Sin olvidar a Pablo Crespo, uno de los fundadores de Game, que firma el prólogo. Estos reporteros hablan de los juegos a los que más se viciaron, que más les impresionaron o que más se le resistieron. A veces explican aspectos técnicos (por ejemplo, la primera vez que se introdujo el scroll horizontal y el vertical o la evolución de la perspectiva 3D) y anécdotas sobre la creación y repercusión de algunos juegos; pero, sobre todo, se centran en cómo vivían esas partidas, por lo que es muy fácil vernos reflejados en ellos.

No hay dos lecturas iguales de 100 máquinas recreativas que hicieron historia porque a cada uno de nosotros nos emociona recordar un juego distinto. Por ejemplo, todos conocemos Pac-Man (acá comecocos), Tetris, Donkey Kong, Super Mario Bros, Bubble Bobble, Pang, Street Fighter II o Mortal Kombat. Incluso los que no se han acercado a una máquina recreativa en su vida han oído hablar de la mayoría de ellos. Pero cuando de verdad nos da un vuelco el corazón es al reencontrarnos con juegos que habíamos borrado de la memoria. A mí me ha pasado con Dragon’s Lair, Toki, Gals Panic, Snow Bros, Three Wonders, Captain Commando, Sunset Riders y Soccer Brawl.

Ha sido ver las imágenes de aquellos juegos y que me entraran unas ganas locas de volver a jugarlos. Y eso que tengo la Play 4 en casa y unos videojuegos con tal calidad de gráficos que parecen películas. Pero, para mí, no hay nada que se equipare al encanto de esos videojuegos pixelados. Si tú eres de mi misma opinión, no te pierdas 100 máquinas recreativas que hicieron historia. Este viaje nostálgico te sacará más de una sonrisa.

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Videorreseña: Con amor, Simon, de Becky Albertalli

¡Cuántas ganas tenía de hablar de este libro! Aunque tengo que decir que el “fenómeno Simon” ya lleva un tiempo proliferando, ha sido ahora (coincidiendo con la reedición por parte de la editorial Puck) cuando yo lo he descubierto y he querido leer el libro.

Trata sobre Simon, un chico que no ha salido del armario y que se está enamorando de un chico con el que chatea a diario. El problema es que no sabe quién es, sabe que va a su instituto y que se hace llamar Blue, nada más. Pero ese no es el único problema, también está el factor Martin, un compañero de clase que descubre todo el pastel y que chantajea a Simon. Si no quiere que se lo cuente a todo el instituto, debe conseguirle una cita con su mejor amiga. Eso es todo. Simon entonces tendrá que pensárselo mucho: ¿ceder al chantaje? ¿plantarle cara? ¿salir de una vez del armario?

Con amor, Simon es una novela muy tierna y divertida que también nos muestra lo dura que es la vida de un chico al que no se le permite ser como realmente es.

Si quieres saber más sobre este libro y mis impresiones sobre él, ¡no te pierdas este vídeo!

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Red Sonja. La balada de la diosa roja, de Roy Thomas, Esteban Maroto y Santi Casas

balada diosa roja

balada diosa rojaAntes de nada debo aclarar que no había leído nada de Red Sonja hasta ahora. Conocía el personaje de vista y sabía que aparecía como “secundaria o compañera o amante”, o algo así,  en algunas de las historias de Conan (que es otro mocete del que tampoco he leído nada, aunque sé que es natural de Cimmeria, que vivió durante la Era Hiboria, que llegó a ser rey y de pequeño vi las dos pelis de Schwarzenegger). Además, esperaba con ganas la, por desgracia aún inexistente, película de Robert Rodríguez que iba a protagonizar Rose McGowan, y me encantan casi todas las portadas de sus cómics que llegan a mí de una u otra forma.

Por eso, porque quería tener la oportunidad de saldar una deuda he podido liquidarla bien liquidada aprovechando el anuncio de Planeta Cómic de la edición directa, en nuestro país antes que en cualquier otro, de una historia de creación propia de la mano de aquellos que, ya hace más de 40 años, crearon la imagen icónica del personaje: Roy Thomas y el español Esteban Maroto, el cual, por cierto, fue quien diseñó su “armadura” de escamas metálicas quedando este ya como su aspecto definitivo.

¿Qué vamos a encontrar en este lujoso cómic de gran formato y papel del bueno? Lo que se espera de un cómic del género que promete ya desde su portada, como no podía ser de otra forma: espada y brujería. Mucha espada y un poquito de brujería. Una historia en dos tiempos que nos cuenta el origen de la diablesa de la espada y su venganza.

Comenzamos en el presente, en el castillo del rey Thallos, que ha masacrado pueblos enteros y se ha hecho con una gran fortuna pero, el rey está triste, ¿qué tendrá el rey? Pues la crisis de los cincuenta va a ser. O de los sesenta. Thallos se da cuenta de que por más riquezas que tenga, llegará un momento en el que no le servirán de nada porque estará muerto, así que lo que ambiciona ahora es saber dónde están las aguas que alimentan la vida. Será entonces cuando un misterioso bardo (no, no es Sonja disfrazada), cante una balada sobre nuestra protagonista, en la que se nos va a contar la violación múltiple a la que fue sometida y cómo después se bañó en esas aguas guiada por la diosa Morrigan, la cual también le dio armas y ansias de venganza.

Lo que sigue tras este flashback no lo voy a reventar, aunque tampoco es muy difícil de imaginar, la verdad.

En cuanto al dibujo, lo primero que hay que decir es que La balada de la diosa roja es tricolor: blanco, negro y rojo. Santi Casas es todo un descubrimiento personal. Me ha gustado mucho su estilo detallado y de una Sonja más madura, robusta y con cicatrices, “más bárbara, salvaje e indomable” como afirma el propio Casas, así como el resto de figurantes. Dibujo ágil, apropiado y muy buena composición de la página. Sé que para muchos será un sacrilegio, pero me ha gustado más su dibujo que el de Maroto, (ojo, muy disfrutable también), el cual se ocupa de contarnos el origen de la guerrera en bikini.

Sea como sea, el hecho de que sean dos dibujantes distintos los que cuenten etapas temporales diferentes del personaje hace que la historia resultante se complemente a la perfección y que se aprecie la evolución, el antes y el después de Sonja.

La balada de la diosa roja es una historia tan bien ambientada que casi pareces oír de fondo la vihuela de ese curioso “trobador” (¡ay, esa “b” traicionera!), con un personaje femenino fuerte, muy sexualizado, independiente, con valores de justicia e igualdad, dentro de una aventura épica y dramática que, si bien puede no ser muy original, atrapa igualmente y sirve de enganche para quienes quieran iniciarse en Red Sonja. (A mí, desde luego, ya me ha enganchado).

Por último, comentar que tras la historia podemos gozar de una extensa galería de bocetos con comentarios de los dos dibujantes.

Lo dicho, un gran cómic ideal para crear afición al género, al personaje y, en general, al mundo del cómic.

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Mashenka, de Vladimir Nabokov

mashenka

mashenkaDespués de mi gran estreno con Vladimir Nabokov, disfrutando de Risa en la oscuridad, no he querido esperar más tiempo para seguir conociendo de primera mano todo lo bueno que este autor dejó escrito y que todavía no había tenido la suerte (o la decencia, según se mire) de leer. Es Mashenka la primera obra del escritor de origen ruso, publicada en Berlín en 1926. Y es en la capital germana donde se desarrolla la acción, pese a que la Madre Rusia estará presente en todo momento en el argumento y sus personajes.

En una humilde pensión berlinesa convive Ganin, nuestro protagonista, con un grupo de exiliados rusos; un viejo poeta, una mujer de exuberantes pechos, dos bailarines homosexuales y un hombre mediocre que, por azares del destino, resulta estar casado con Mashenka, antiguo amor de juventud de Ganin. Sus cuitas diarias y el anhelo por su país se entremezclan en la narración junto a los desvelos de Ganin por recordar su pasado e intentar aclarar su presente, que se ve amenazado por la inminente llegada de la mujer que da título a esta historia.

Tienen las escenas de este libro algo de teatral. Los personajes entran y salen de las habitaciones como si de una dramaturgia se tratara. Al igual que pasaba con Risa en la Oscuridad, Nabokov dota a Mashenka de un fino humor ya desde la primera escena, esa en la que Ganin y Alfiórov se conocen dentro de un ascensor a oscuras. Pero en esta obra se observa, además, un doble ritmo a la hora de narrar, que separa claramente el pasado del presente narrativo. Si hablamos del pasado, la añoranza por la patria perdida hace al autor ser más reflexivo, con descripciones más largas y concienzudas, recordando cómo eran aquellos tiempos en los que el amor por Mashenka cubría toda la vida del joven Ganin. Sin embargo, el presente, el de la pensión, carece de esa lentitud, sostenido por un ritmo más alocado y armonioso.

Obviamente, como opera prima que es, tiene Mashenka algunos fallos de forma, costándole al autor encontrar un buen encadenamiento entre escenas en determinadas ocasiones. Sin embargo, mi descubrimiento de la bibliografía de este autor sigue proporcionándome grandes momentos de lectura. Quizá la clave esté en que Nabokov parece hacer fácil lo difícil. De su prosa sencilla y alegre subyace un autor enorme, de gran ingenio, que incluso decide poner en sus primeras obras parte de sus vivencias personales, esas que no siempre están visibles, pero forman una parte importante de la vida de cualquier escritor.

Debido a la extremada lejanía de Rusia, y debido a que la nostalgia ha sido un constante y loco compañero a lo largo de toda mi vida… no me molesta en absoluto confesar el doloroso sentimentalismo que hay en mi cariño hacia mi primera obra.

Cómo no podía ser de otra manera, y como bien aclara el autor en la introducción, Mashenka tiene mucho de lo vivido por Vladimir Nabokov en sus años adolescentes en Rusia. Y es ese amor por el pasado lo que hace de esta historia un debut literario de altísima calidad.

César Malagón @malagonc

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Al final mueren los dos, de Adam Silvera

Al final mueren los dos

Al final mueren los dos¿Qué harías si te dijeran que vas a morir en las próximas veinticuatro horas?

Así, más o menos, empieza Al final mueren los dos, una novela de Adam Silvera que propone una realidad un tanto futurista en la que existe una institución llamada “Muerte Súbita” y que se encarga de informar a la gente que va a morir de repente. Una llamada, un mensaje y ya sabrás que en las próximas horas vas a morir. Exactamente el cómo y el cuándo no lo vas a saber, ¿pero acaso eso importa ya?

Mateo y Rufus han recibido la llamada el mismo día. A decir verdad, no se conocen de nada. Pero al final coinciden en la aplicación que está tan de moda y que se llama algo así como el último amigo. Ahí se puede encontrar de todo: tanto Fiambres (los que van a morir), como personas que quieren dar apoyo a los que van a fallecer o como los que intentan aprovecharse de la situación (ya se sabe que de esos hay muchos por todas partes). 

Ambos no podrían ser más diferentes y, como era de esperar, su forma de afrontar la muerte venidera también es muy distinta. Mateo no quiere ni salir de su casa (¿para qué?), prefiere quedarse jugando a algún videojuego y a Rufus la llamada fatal le ha pillado pegándole una paliza a un tipo. Pero aun así, se encuentran. Aun así, se apoyan. Aun así, se convierten en lo único que al otro le queda en esta vida. 

Ese es el planteamiento general de esta novela que ya ha batido récords de ventas. Tiene una historia muy original con una trama que engancha. Los personajes van creciendo poco a poco y evolucionando. No les queda otra, pues solo tienen veinticuatro horas de vida para arreglar todo aquello que fastidiaron en su vida o bien hacer todo lo que no se atrevieron a hacer antes. Pero le encuentro un pero muy grande: la edición. He encontrado demasiadas faltas de ortografía y muchos errores de edición, lo que es una pena, porque es un libro genial que, si no fuera por estos errores, sería perfecto. Sinceramente espero que esto se revise a fondo para la siguiente edición (que estoy convencida de que no tardará demasiado en salir) para que así ya no haya una sola pega que ponerle. 

Al final mueren los dos me ha hecho preguntarme qué haría yo en caso de que alguien me llamara ahora mismo y me dijera que me voy a morir en un plazo de veinticuatro horas. No sé con quién lo compartiría o con quién no. No sé si querría salir a la calle o si quedarme en la cama llorando desconsoladamente. Ir a la playa o a andar por el monte. Escribir, terminar la novela con la que llevo tiempo. O tal vez leer, en concreto ese libro que tengo pendiente desde hace tanto que ya aparece hasta en mis pesadillas. Quizás ver esa película que me recomendó mi mejor amigo y que supuestamente me iba a encantar pero que me da tanta pereza ver. Saltar de un puente. O mejor, de un avión. Ir al restaurante más caro de la ciudad y hacer un simpa, o tal vez gastarme todo el dinero que tengo en la cuenta en una ONG. Echar un vistazo a todos los álbumes de fotos  donde aparezca mi familia y amigos o escuchar en modo bucle mi canción favorita. O directamente, encontrar mi canción favorita. 

Esperaba, sinceramente, que al sentarme aquí mi mente se aclarase y me dijese sin dudar qué tendría que hacer si yo me fuese a morir mañana. Pero no. Veo que son demasiadas cosas las que podría hacer, pero ninguna me convence lo suficiente como para decir categóricamente que haría eso hasta que llegara el momento de irme para siempre. Ay, qué decepción, de verdad. Ojalá fuera una persona con las ideas claras, pero ya veis que disto mucho de ser así. 

Definitivamente no sé lo que haría. Pero me ha gustado mucho encontrarme con este libro de Adam Silvera porque por unas horas no he podido quitarme esa pregunta de la cabeza. No creo que sea imprescindible darle una respuesta, no importa saber con exactitud o no lo que harías el día antes de tu muerte (que si lo sabes, mi más sincera enhorabuena), pero sí es imprescindible hacer una pequeña lista de cosas que sí que te gustaría hacer y, ahora que tenemos tiempo (espero), poner todo de nuestra parte para que esta se vaya reduciendo poco a poco. 

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Videorreseña: Juego de tronos, de George R.R. Martin

Ay… ya sé que debo hacer las cosas por partes y que todo en esta vida lleva un orden. Pero qué queréis que os diga… a veces la impaciencia me puede más que la manía de ser cuadriculada y termino haciendo cosas como leer la quinta parte de Canción de hielo y fuego antes que todas las demás. Es lo que tiene terminar de ver la cuarta temporada de la serie y necesitar saber más, así que por eso me compré el quinto libro y lo leí con la intención de saber cómo continuaría la serie (ejem, idiota, ejem).

Y no tenía yo pensado empezar la saga ni mucho menos (total, ya me había visto la serie), pero entonces leí una reseña de Juego de tronos (la primera parte de la saga), escrita por David Tejera Expósito, y después otra de Sergio Sancor y no pude resistirlo más.

En este vídeo, perteneciente a la sección Basándome en reseñas, os hablo de qué vi en esas reseñas que me hizo querer leer este libro.

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El favor de la sirena, de Denis Johnson

El favor de la sirena

El favor de la sirenaLas obras póstumas, en su mayoría, suelen ser incompletas e irregulares. Si la muerte sorprende al autor de repente, lo más seguro es que no haya tenido tiempo para terminar, para corregir, para decantar. Si lo hace después de una larga enfermedad, cobarde eufemismo, resulta probable que haya estado más preocupado por su propia degeneración que por la conclusión de sus últimas líneas.
En ese sentido, El favor de la sirena es una bendita excepción. A Denis Johnson se lo llevó por delante el cáncer de hígado en mayo de 2017; a sus 67 años, dejó tras de sí una obra variada aunque siempre reconocible, marcada por un pasado turbulento de adicciones y caídas que a pesar de ello trasciende la figura del escritor maldito. No era sencillo estar a la altura en el momento final, y sin embargo la impresión que queda al pasar la última página de este libro es que lo consiguió.
Quizá tenga algo que ver en esa impresión que el último relato (“Doppelgänger, poltergeist”) me ha parecido el mejor de los cinco que lo componen, que no es decir poco, y una manera elegante de condensar las bases de su escritura en poco más de cuarenta páginas. En él, el profesor Harrington nos relata su extraña relación con uno de sus alumnos, el talentoso poeta Marcus Ahearn, quien se desliza a lo largo de los años por la pendiente de la locura a la que le lleva su obsesión por exhumar el cadáver de Elvis para poder comprobar que, en realidad, se trataba de su hermano gemelo. Obsesiones, adicciones, situaciones inverosímiles pero no del todo imposibles que Johnson logra empastar de manera creíble con la realidad más cruda; son las entrañas de estos cinco relatos, historias extensas, llenas de personajes memorables y con la suficiente carga narrativa como para quedarse resonando en nuestra cabeza un buen rato después de haberlas terminado. Como también ocurre con el que da nombre a la colección, “El favor de la sirena”, cuando el protagonista recibe la llamada telefónica de una de sus exmujeres, Ginny o Jenny, no entiende bien el nombre, y no es capaz de averiguarlo mientras ella le cuenta que tiene cáncer y va a morir pronto, y lo despide finalmente poco después sin que él termine de saber cuánto tiene que llorar ni a quién. El cuerpo, que nos traiciona, los fantasmas del pasado que vuelven a visitarnos, el amor que sirve como vehículo para interrogarnos por lo que hemos hecho bien, mal o regular.
Denis Johnson es perfectamente consciente de la inminencia de su muerte mientras escribe, mientras culmina este testamento literario, y no por ello se aprecian la urgencia y la desesperación. Quizá porque ya había alcanzado una paz absoluta con respecto a su legado sabiendo que había dejado para la posteridad dos obras monumentales: Hijo de Jesús (publicada en 1992, llevada al cine poco más tarde) y Árbol de humo. Se nota, quizá, en que todos los protagonistas de El favor de la sirena hablan como si sus mejores años hubieran pasado. Lo dice Cass al final de El Starlight de Idaho, “más de una vez me he despertado con un profesional de la medicina diciéndome: “Tendrías que estar muerto”. Es lo que va a poner en mi lápida”, y es la impresión general que transmite el libro al completo. Hay cosas que están muy cerca de no producirse, una canasta que entra fuera del tiempo reglamentario, una carta que llega a su destinatario cuando ya ha cambiado de casa. Será mejor que tengas tus asuntos en orden para cuando llegue esa hora. Mientras lo hace, los que te rodean van cayendo, y es justo que sus vidas también sean narradas como merecen.
Puede que no sea el mejor de los libros de Denis Johnson, pero El favor de la sirena es bueno, mejor que la media. Incluso diría que no es mal modo de empezar a leer a Johnson. Atrévanse, pues, a comenzar por el final. Porque nunca se sabe cuándo llegará el definitivo, y nunca es tarde para echarse un buen libro a la memoria.

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Quien juega con fuego, de Luna Miller

Quien juega con fuego

Quien juega con fuegoNo son pocas las veces que me han dicho que soy una adicta al trabajo. El otro día hablaba con mi jefe y este me decía que tenía que aprender a perder el tiempo. ¡Mi jefe! Y es que, pensándolo bien, sí que debería hacerlo. No sé perder el tiempo. No sé estar tirada en el sofá viendo una serie sin pensar en absolutamente nada. Si decido ver una película pueden darse dos opciones: una, que me pase todo el rato pensando en todas las cosas que tengo que hacer y que no estoy haciendo; o dos, que acabe por levantarme del sofá y me ponga a hacer algo de provecho. Os lo juro, ojalá fuera capaz. Es algo que tengo que remediar con urgencia porque, a veces, vivir dentro de mi propia cabeza es un poco agotador. 

Y entonces llega este libro del que vengo a hablaros hoy, Quien juega con fuego. Y me presenta a una protagonista que es adicta al trabajo. Era cirujana, pero debido a una enfermedad que no le permite controlar demasiado bien su pulso tiene que abandonar la medicina. Y a pesar de que tiene ya edad para jubilarse, la mujer decide hacerse detective privado. A vosotros os puede sonar a locura, pero esta señora me representa al cien por cien. De hecho, me ha recordado a mí, porque mientras me sacaba la carrera aproveché para estudiar un máster y un posgrado y no contenta con ello, también empecé otra carrera. Por si acaso, que nunca se sabe lo que le va a deparar a una la vida. 

El caso es que esta mujer empieza en ese mundillo de los detectives privados en el cual, como era de esperar, pasa el noventa por ciento de su tiempo persiguiendo a hombres infieles. Un día le llega un encargo de parte de una mujer que quiere saber por qué su marido llega a las tantas todas las noches. “Esto apesta a amante”, pensé yo. Pero resulta que cuando Gunvor (que así se llama nuestra prota) se entera de que ese hombre va por los bares buscando a una jovencita de la cual tiene una fotografía… vi claramente que estaba equivocada. Precisamente ahí empieza una historia que bien podría asemejarse a la del ratón y el gato, en la que nunca se sabe quién es el bueno y quién es el malo. 

Esta novela está escrita por Luna Miller, autora sueca, que ya ha escrito previamente alguna que otra novela. Por lo visto, Quien juega con fuego forma parte de una saga en la que Gunvor es la protagonista. Si os soy sincera, he buscado en Internet un poco sobre esta saga y no he podido encontrar si este es el primer libro o si hay alguno previo. Si es así y es una segunda parte, os aseguro que se lee perfectamente sin necesidad de haber leído otro anteriormente. Ya os digo que esto no lo he podido confirmar, así que solo es una hipótesis que quería dejar reflejada por aquí. 

Pero volvamos al libro. Una de las cosas que más me ha gustado de este es la relación que se forja entre Gunvor y dos protagonistas “accesorios”, por llamarlos de alguna forma, que serán un chico y una chica que la acompañarán en la investigación. Y me ha gustado tanto porque los personajes no pueden ser más dispares entre sí pero aun así, consiguen limar sus diferencias y formar una piña, que al final es lo que necesitan si quieren resolver de una vez por todas el misterio. También me ha gustado la historia del hombre al que Gunvor persigue, ya que es lo que da sentido al libro y gracias a ella toda la trama se mantiene en vilo hasta el final. Y, por supuesto, la propia Gunvor, que es un personaje al que al final se le coge mucho cariño. Respecto a ella, os confesaré que cuando leí la sinopsis y vi que la protagonista era una mujer mayor con edad de jubilarse, me la imaginé así como tierna y adorable. Pero Gunvor es una mujer todoterreno, que entrena todos los días duramente y que se ha echado un novio en Las Canarias porque ella lo vale. Vamos, nada que ver con lo que yo me había figurado ¡Bien por Gunvor!

Pero tengo que decir que ha habido una cosa que no me ha gustado nada y que ha hecho que mi lectura se viera ralentizada: la propia edición del libro. He visto muchos fallos, como por ejemplo que algunas palabras se cortaran a mitad y que continuaran en el siguiente renglón, pero con la separación donde no debería estar… Es una pena, porque yo entiendo que se trata de un libro autoeditado, pero hay una serie de puntos que debería cuidarse sí o sí. Al igual que la traducción, que para mi gusto en algunas frases es poco natural, resultando un tanto forzada.

Esas pegas han hecho que tardara en acostumbrarme al propio estilo del libro de Luna Miller más de lo normal. Está claro que cada obra tiene su forma y muchas veces hay que adaptarse a ella para poder disfrutar de la lectura (véanse, por ejemplo, las novelas de Saramago, donde los signos de puntuación son completamente autónomos y van a su bola). Así que solo ha sido cuestión de acostumbrarme a ese estilo y optar por olvidarme de esos fallos para así poder seguir con la historia que estaba tan interesante. 

Y, en fin, os diré que mientras estoy haciendo esta reseña mi cabeza está recordando todas las cosas que tengo que hacer (ya que ve que estoy a punto de terminar esta tarea) y así no dejarme descansar ni un minuto. Pero, ¿sabéis qué? ¡De eso nada! He decidido que después de hablaros de este libro me voy a poner una serie con la que estoy bastante atrasada y voy a perder el tiempo. 

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El bestiario de Axlin, de Laura Gallego

El bestiario de Axlin

El bestiario de AxlinSabía que este momento iba a llegar tarde o temprano. Esperaba que fuera más lo primero que lo segundo, la verdad, porque este momento conlleva el cierre de algo. El decir hasta luego a otro libro más de Laura Gallego. Y eso es algo que siempre me duele un poquito. 

La autora valenciana lleva una racha en la que más o menos escribe un libro al año. Y yo, agradecidísima. Y, aunque sea una buena media, a mí me parece insuficiente. Porque yo no sé qué tienen las historias de Laura, que hacen que siempre quiera más y más. Bueno, sí lo sé: tienen lo que normalmente busco en un libro, que suele ser una historia súper elaborada que haga que mi mente viaje allí irremediablemente. Y que durante el tiempo que dure esa aventura nada más que pueda pensar en ella. Y punto. Eso es lo que me hacen sentir los libros de Laura.

Tengo que decir que ya hacía un par de años que tenía ganas de que volviera al género fantástico que tanto la caracteriza. El año pasado regresó con Cuando me veas y en el anterior publicó Omnia, todo lo que puedas soñar. Este último tenía un cariz más infantil y el otro, a pesar de su ciencia ficción, tenía mucha realidad. Pero este año ha vuelto con El bestiario de Axlin, que recuerda bastante a las obras más fantásticas de la autora, como Memorias de Idhún o El libro de los portales, donde las tramas se desarrollan casi en su totalidad en lugares completamente inventados y que tienen ese aire medieval y místico que tanto me gusta.

Pero hablemos del libro. Vale, lo primero que hay que decir es que es la primera parte de lo que será una trilogía llamada Los guardianes de la ciudadela. Y ya que solo se ha publicado esta parte de la que vengo hoy a hablar, tendremos que esperar, al menos otro año más, para poder continuar la saga. 

La protagonista es Axlin, una chica que vive en un pueblito pequeño que está asediado por los monstruos, igual que el resto de pueblos. En el suyo los más temidos son los dedoslargos, que se llevan a los niños que no llevan el pelo lo suficientemente corto. Pero también hay chupones, galopantes y pelusas. Ha oído que en el resto de pueblos hay monstruos diferentes pero igual de temibles. Le encantaría conocerlos todos, para apuntar todo lo que aprenda sobre ellos en su nuevo libro, ese que le ha regalado un buhonero porque es la única niña de su aldea que sabe escribir. Así que no se lo piensa dos veces cuando encuentra la oportunidad de viajar más allá de su pueblo. A medida que recorre los peligrosos caminos, comprende que los monstruos tienen ganada la partida, todos los pueblos hacen lo imposible por no ser devastados por ellos. Así que cuando conoce a Xein, que vive solo con su madre en un pueblo abandonado, no entiende cómo los monstruos no han terminado ya con ellos. Sabe que ese chico tiene algo especial, pero no entiende qué es. Y ahí empieza una historias de aventuras, donde Axlin tendrá que demostrar que, aunque cojea de una pierna, ella también puede ser una luchadora y puede defenderse con tal de completar ese libro que tanto la obsesiona. 

Así que nada, ya os habréis dado cuenta de que Laura Gallego lo ha vuelto a hacer. A vuelto a escribir la historia que me hubiera encantado escribir a mí. Esa en la que todos los detalles están perfectamente atados. Donde todo está tan bien explicado, que pareciera que el libro es más bien de historia que de narrativa. No os imagináis lo que admiro esa capacidad de Laura de crear un mundo de la nada para después regalárnoslo de esta manera. Y también tengo que decir que está completamente entregada a la segunda parte, porque incluso ha rechazado ir a todas las firmas de libros a las que había sido invitada para poder continuar con la saga y poder sacarla a la luz el año que viene. 

Y sí, este momento ha llegado. El que menos me gusta y que sucede cada vez que leo un libro de Laura Gallego: el de cerrarlo. No sé si decir que para siempre, aunque es lo más probable, ya que no tiendo a releer ningún libro a pesar de que me guste un montón. Así que más bien es un adiós. Y una espera interminable hasta que vuelva a tener en mis manos una de sus historias.