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Un lugar a donde ir, de María Oruña

Un lugar a donde ir

Un lugar a donde irEn 2015 María Oruña nos sorprendía a todos con Puerto escondido, una buena novela negra ambientada en Cantabria. La historia nos dejaba dos personajes, Valentina Redondo y Oliver Gordon, que bien merecían una continuación de su historia. Pues bien, esa continuación se llama Un lugar a donde ir y vuelve a transportarnos a esos lugares llenos del verdor de las praderas y el azul del mar.

Han pasado seis meses de los hechos ocurridos en la anterior novela, y Suances vive de nuevo en la calma más absoluta. Valentina y Oliver intentan afianzar su relación con ritmo pausado, ella centrándose en sus investigaciones y él en la gestión turística de Villa Marina. Pero esa calma se rompe la mañana en que una misteriosa joven, vestida con atuendo medieval y una moneda antigua en su mano, aparece sin vida en la Mota de Trespalacios, una rara construcción del medievo a pocos kilómetros de Suances. En ese momento se inicia una frenética investigación que arrojará otros sucesos desagradables que pondrán a prueba la valía de la teniente Redondo y el resto de su equipo.

María Oruña no cuenta la historia de un modo lineal. Ella, al igual que hiciera en Puerto escondido, va mezclando el presente con el pasado, estrechando cada vez más el tiempo que separa ambas historias hasta que se juntan en el tan esperado final. En este caso tenemos la historia presente, en la que se trata de desenmarañar quién y por qué ha aparecido un cadáver en tan extrañas circunstancias. Y junto a esta historia, viajamos unos años más atrás para conocer a un grupo de investigadores, aficionados a la espeleología, que buscan encontrar bajo tierra los secretos más ocultos del planeta. Por su parte, esta vez Oliver representa un papel secundario. Sigue buscando a su hermano Guillermo, desaparecido dos años atrás, recibiendo además una visita inesperada.

Muchos son los puntos fuertes de esta historia. María da un paso más allá tanto en la labor de investigación previa, como en la elaboración de los personajes y el desarrollo de la historia. En la historia de los espeleólogos se ven muchas horas de lecturas y documentación previa, ofreciendo al lector datos de gran interés y lugares tan interesantes como el sótano de las golondrinas, en México, maravillas naturales que gracias a Internet tenemos a un solo clic de distancia. También se observa una mejora en la construcción de los personajes, sobre todo el amplio grupo de trabajo que acompaña a Valentina Redondo. El equipo policial y forense se presenta más cercano y familiar, lo que lleva al lector a identificarse mucho más con la historia. Porque una buena novela negra no se construye solo con un buen investigador; debe tener detrás un equipo fuerte de secundarios que lo arropen, como ocurre con las historias de Fred Vargas, por poner un ejemplo. En cuanto al desarrollo de la historia, es fácil engancharse a ella. La información se va desvelando en pequeñas dosis, manteniendo siempre al lector en tensión, haciendo que finalmente las 500 páginas se queden incluso cortas.

En Puerto escondido la autora ya se postulaba como una escritora a tener en cuenta, cosa que queda refrendada tras esta gran historia. María Oruña sabe muy bien qué quiere contar y cómo tiene que hacerlo. En sus páginas se ve una dedicación exclusiva y una pasión por el noble arte de escribir. Lugares mágicos como Santillana del Mar, Suances o Comillas hacen también de Un lugar a donde ir un canto de amor a Cantabria, que ve en esta autora un reclamo perfecto para su turismo. Porque, querido lector, si todavía no conoces ni Cantabria ni a María Oruña… ¡ya estás tardando! Yo mientras tanto, quedo a la espera de nuevas noticias de la autora. No hay dos sin tres. O eso dice el refrán.

César Malagón @malagonc

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El imperio de los leones, de Sebastià Bennasar

El imperio de los leones

AlEl imperio de los leones empezar con esta lectura pensé que me encontraría ante otra de las cuidadas novelas negras que edita Alrevés. Una novela al uso, en la que un detective/policía/investigador debe resolver el asesinato que misteriosamente ha ocurrido. Pero mis impresiones, una vez más, nada tienen que ver con la realidad. Sebastià Bennasar reconstruye, basándose en la ficción pero con altas dosis de realidad, la historia de la mafia lionesa desde sus inicios en los revueltos años 70 en Francia hasta su asentamiento décadas después en la Costa Brava.

La cronología de El imperio de los leones empieza en 1972. Jean Neige y su banda están considerados uno de los grupos criminales más buscados por la policía francesa. De especializarse en pequeños atracos, rápidos y eficaces, pasan a controlar otros negocios más rentables como el hachís o la prostitución, incluso el floreciente negocio urbanístico que se empezaba a vislumbrar en una España que caminaba lentamente entre el fin del Franquismo y el inicio de la Transición.  La otra parte del relato se sitúa en 2006. Han pasado varias décadas, y el patriarca del clan está en prisión. Su hijo Pascal tiene la difícil misión se asegurar la continuidad de las actividades mafiosas en un momento tan conflictivo.

Así, entrelazando pasado y presente, Bennasar construye un relato casi periodístico y cronológico de la vida y obra del clan Neige. Tras este trabajo se adivinan muchas horas de documentación e investigación para conocer la verdadera historia de la mafia lionesa. El imperio de los leones se ajusta tanto a la historia real que episodios como el asesinato de Raymond Vaccarizi en la cárcel Modelo de Barcelona, que en julio de 1984 agitó la Ciudad Condal, está reproducido con una fidelidad exhaustiva. Las hazañas reales de Edmond Vidal y Raymond Vaccarizi encuentran en Bennasar un aliado perfecto para transformarlo en literatura.

Pero más que por su verosimilitud, esta novela destaca sobre todo por su lenguaje. Es difícil no engancharse a la novela viendo leyendo el inicio. Unas primeras páginas sublimes hacen al lector no querer soltar la novela. Y si no me creen, hagan la prueba. Intenten leer las primeras cinco páginas y díganme si lo que ha escrito Bennasar no es literatura de la buena. Su estilo es durísimo, de los que incomodan al lector, que se revuelve en su asiento mientras los asesinatos, las vísceras y la sangre corren a sus anchas por las páginas. Un estilo negro de los buenos, donde la acción y la violencia dominan perfectamente el ritmo de la historia.

Además, hay pequeños detalles que hacen de este libro algo especial. Dentro de la espiral de violencia y delincuencia en la que viven los protagonistas, subyace el problema que supuso la independencia de Argelia en los años 60. Bajo el término pied-noir (del francés, pies negros) se encuentran los franceses residentes en la colonia africana que se vieron obligados a abandonar el país en 1962 tras la independencia. Qué Jean Neige y su banda sean pied-noir añade a su carácter un matiz especial de resentimiento en sus acciones delictivas.

En resumen, en El imperio de los leones encontramos un estudio pormenorizado de cómo funciona una mafia, desde su líder supremo hasta el último de los rateros a sueldo. Interesante saber su modus operandi no solo en cuanto a delitos de sangre o actividades ilegales, también aspectos tan diversos como la compra de medios de comunicación o las inversiones inmobiliarias. Estamos ante una historia bien estructurada y documentada, con un estilo difícil de olvidar. Otro acierto de esta editorial.

César Malagón @malagonc

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Azul marino, de Rosa Ribas y Sabine Hofmann

Azul Marino

Azul MarinoToda buena historia merece un buen final. Y el final de Ana Martí está escrito en Azul marino. Tras disfrutar con Don de lenguas y El gran frío, la trilogía de novela negra escrita a cuatro manos entre Rosa Ribas y Sabine Hofmann echa el cierre, para disgusto de algunos de sus seguidores, con la historia que hoy vengo a reseñar. Cualquiera que haya leído las dos primeras novelas habrá sucumbido a los encantos (literariamente hablando) de su protagonista, Ana Martí, la joven periodista barcelonesa que tiene que abrirse un hueco a codazos en una sociedad, la de los años 50, que no ve con buenos ojos la independencia que muchas mujeres intentan conseguir en el plano amoroso y/o laboral.

Corre el año 1959 cuando en el puerto de Barcelona permanece anclada la Sexta Flota norteamericana, lo que da tiempo a cientos de marines a conocer la Ciudad Condal, y con ello, sus bajos fondos. En un burdel del Barrio Chino, el Metropolitano, se produce el asesinato de uno de ellos. El inspector Isidro Castro, otro habitual de la trilogía, trata de esclarecer el caso junto a la sus “colegas” estadounidenses, por lo que acude a Ana para que haga las veces de traductora. La periodista, por su parte, sigue compaginando su carrera entre los ecos de sociedad de la revista Mujer Actual y los sórdidos sucesos de El Caso. Para el segundo de ellos tendrá que escribir sobre el suicidio de una trabajadora de un local de costura que acoge a mujeres descarriadas, regentada con orgullo por señoras de la burguesía pertenecientes a una congregación religiosa con unas ideas de la vida y de la mujer que chocan frontalmente con las de nuestra protagonista.

Tras dos novelas de alta calidad, era de esperar que esta tercera siguiera el mismo guion. Y así ha sido, para gozo del lector. Si escribir a cuatro manos tiene sus dificultades, no se nota leyendo las novelas de Rosa Ribas y Sabine Hofmann, cuya compenetración es tal que hace que ni la trama ni los diálogos ni los personajes se resientan por aquello de tener dos “madres” literarias distintas. Todo en esta novela fluye de forma tranquila y decidida, derivando en una brillante resolución del caso. Además, en esta ocasión nos permiten conocer un poco mejor la vida privada del inspector Castro, que verá como las malas compañías de su hijo ponen en peligro su carrera.

Una vez más, el fuerte de estas novelas negras se basa en la cuidada ambientación de la época en la que se desarrollan. Uno lee Azul marino y se convierte en un barcelonés de posguerra paseando por el Barrio Chino o bajando alegremente por la Rambla mientras militares americanos revolucionan al sector femenino de la ciudad. Las autoras tienen un don especial para definir a los personajes, haciendo igual de creíbles los comportamientos de un miembro de la alta burguesía que los de una prostituta o un traficante de baja ralea. El personaje principal también sirve para medir el nivel social y cultural de la época, con la férrea moral franquista siempre presente. Por eso la protagonista lucha contra viento y marea para encontrar reconocimiento dentro de una sociedad en el que la mujer está concebida para otros menesteres.

Con todo esto, confieso que soy de los que echará de menos a Ana Martí; incluso a su prima Beatriz y al inspector. Pero sobre todo a la joven periodista, cuyo personalidad hemos visto crecer en estas tres novelas, pasando de ser una asustadiza muchacha a una mujer decidida, como queda patente en Azul Marino. Por suerte, de Rosa Ribas siempre nos quedará el resto de sus novelas. Quizá no sea mala idea la de conocer los casos de la comisaria Cornelia Weber-Tejedor.

César Malagón @malagonc

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Los últimos. Voces de la Laponia española, de Paco Cerdá

Los últimos. Voces de la Laponia española

Los últimos. Voces de la Laponia españolaExiste en España una realidad de la que muchos, me atrevo a afirmar, no tenemos constancia. Y yo soy el primero que asume esta falta, que no es otra que el desconocimiento de lo que se ha venido a llamar la Serranía Celtibérica. Esta región no reconocida engloba territorio de Guadalajara, Teruel, La Rioja, Burgos, Valencia, Cuenca, Zaragoza, Soria, Segovia y Castellón, con una extensión que dobla la de Bélgica, pero poblada por poco menos de medio millón de valientes (habitantes) en el total de 1355 pueblos que la componen. Esto arroja una densidad de población de 7,4 habitantes por kilómetro cuadrado, dato que comparado con los 5.000 habitantes por kilómetro cuadrado de Madrid o los 15.000 de Barcelona desvela una dura realidad. Esta Laponia del Sur es el lugar más deshabitado de Europa, solo igualado por la verdadera Laponia nórdica, con la que solo comparte el frío reinante, pues mientras que la región septentrional de Europa lleva años instalada en esas cifras, la despoblación de la Serranía Celtibérica crece a pasos agigantados, con casi la mitad de sus pueblos por debajo de 100 habitantes, y eso siendo generosos y respetuosos con los datos del padrón.

Con esta realidad como aliciente, el periodista Paco Cerdá inicia un viaje de 2.500 kilómetros por estas duras tierras para dar voz a sus habitantes y hablar de ese concepto que ya se empieza a acuñar en su seno, el de la ‘demotanasia’, la muerte lenta y silenciosa del modo de vida rural. Cada uno de los diez capítulos está dedicado a una de las provincias de esta Serranía Celtibérica. En todos ellos encontramos una concatenación de números y estadísticas, un frío baremo que refleja el auténtico drama que se vive año a año. Pueblos abandonados, moradores únicos en villas sin corriente eléctrica ni servicios básicos, colegios cerrados ante la falta de niños… esta es la verdadera cara de gran parte del mundo rural, que lejos de acercarse al tópico medieval del locus amoenus se convierte en un infierno, sin saber claramente en qué momento la pasividad gubernamental y el capitalismo voraz dejaron descolgado a estos territorios que en unas décadas pueden crear un agujero negro y vergonzoso en mitad de nuestro país.

Además de números, en Los últimos encontramos testimonios que reflejan lo que es vivir en estas condiciones. Testimonios tan valiosos como Marcos, ese quijote riojano de El Collado que lucha por el resurgimiento de su pueblo junto a otros tres vecinos, que obtienen la luz eléctrica gracias a placas solares. O la conversación mantenida con Moisés, el prior del monasterio burgalés de Santo Domingo de Silos, buscando los causantes (de pensamiento, palabra, obra y omisión) de la situación actual. O el neorruralismo que empieza a instalarse en Maderuelo (Segovia), con unos habitantes de los que seguro se sentiría orgulloso el escritor Henry David Thoreau. O la rocambolesca historia que ha llevado el rico patrimonio de un Grande de España a la pequeña localidad soriana de Bretún. Este es un libro lleno de personajes valientes que tienen en “Los últimos de Filipinas” un espejo en el que mirarse, mientras suenan, recordando viejos tiempos, acordes como el célebre Resistiré que tantos años lleva cantando El Dúo Dinámico.

Sin embargo, el poso que dejan lecturas como esta (o como La España vacía que tanto éxito le está dando a Sergio del Molino) es desolador. La Serranía Celtibérica mira hacia el futuro con gallardía, pero sabiendo que el espejo le devuelve una imagen poco halagüeña que lleva escrita, con frío y nieve, una palabra; la Nada.

Y no viene mal terminar recordando los célebres versos de Antonio Machado, que quitando el componente guerracivilesco que guarda, refleja claramente la situación a la que se ha llegado. “Españolito que vienes/ al mundo, te guarde Dios./ Una de las dos Españas/ ha de helarte el corazón“. Por eso se tiene que conseguir que esa otra España, alejada de los focos urbanos, no termine helándose. Ni helándonos. Porque esa otra España habla de nosotros, de nuestro pasado, nuestras tradiciones y nuestra cultura. De nuestro corazón. Y si ella muere, morimos todos.

La puerta con el número 16, junto a la cual había un bastón apoyado, se cierra. Dentro queda Faustino. Afuera, la nada. Aflige saberlo solo en la larga y oscura noche de Tobillos. Y así mañana. Y al otro. Y al otro. Y ahora mismo. Y así hasta el final de Tobillos.

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Náufragos, de Laura Pérez y Pablo Monforte

naufragos

naufragosSi nos dieran a elegir qué parte de nuestra vida nos gustaría volver a vivir, seguro que la gran mayoría elegiríamos la adolescencia. Esta época de la vida es la más bonita, donde todo se vive de manera intensa, aunque también son unos años complicados de vivir, pues son muchos los errores de juventud que nos acompañan también en la edad adulta. Y suele suceder también, sobre todo en las grandes ciudades, que miles de jóvenes, pese a estar siempre rodeados de gente (en el metro, en la Universidad, con los amigos…), no consiguen sacudirse nunca la sensación de vivir en profunda soledad, ajenos al ritmo de vida frenético que nos vemos obligados a vivir.

Alejandra y Julio son dos jóvenes que bien podrían ser la definición gráfica de lo dicho anteriormente, y son los protagonistas del primer trabajo que la ilustradora Laura Pérez y el guionista Pablo Monforte desarrollan en común, esta novela gráfica titulada Náufragos, con la que consiguieron ganar el IX Premio Internacional de Novela Gráfica Fnac-Salamandra Graphic. Todo empieza en 1981, el frenético Madrid de los años 80 es el escenario donde se conocen los dos protagonistas, inmersos ya en su etapa universitaria. Diez años después volverán a encontrarse, en este caso en la Barcelona previa a los Juegos Olímpicos.

Náufragos es una historia sencilla que habla sobre la dificultad que tenemos en la vida para tomar decisiones. Los autores reflejan en Alejandra y Julio la vida de miles de jóvenes que ven como la madurez y el entorno condicionan en cada momento sus ideas y sus visiones de futuro. Y aunque la historia se desarrolla en la década de los 80 y 90, nadie duda que en pleno Siglo XXI se siguen reproduciendo estas mismas pautas de conducta. Porque los años pasan, pero los jóvenes siguen siendo jóvenes, y el miedo o la incertidumbre por el futuro sigue estando presente.

Pablo Monforte propone una historia llena de reflexiones y momentos íntimos, acompañado también de largos silencios que hablan por sí solos gracias al buen hacer de Laura Pérez. La ilustradora define fuertemente la historia dividiéndola en dos gamas cromáticas. El marrón para el pasado (Madrid, años 80) y el azul para el presente (Barcelona, años 90). Los tonos marrones tornan el pasado de calidez y nostalgia (¿quién no recuerda así su adolescencia?). Sin embargo, el color azul representa a la perfección la frialdad de la época adulta, llena de rigidez, en la que es mucho más difícil salirse de la línea que nos marcan.

Sin dudarlo estamos ante una novela gráfica para recordar, para releer tranquilamente una tarde lluviosa, para encontrar en Alejandra o Julio reflejos de nuestro Yo que creíamos perdidos, y que siempre estuvieron allí. Náufragos está llena de miedos, de dudas y de incertidumbres, pero también de tristes certezas que nos dicen que la vida no se detiene y que el pasado nunca vuelve. Que la adolescencia, la bendita adolescencia, solo se vive una vez. Y como decía el escritor francés Pierre Benoit, “de mis disparates de juventud lo que más pena me da no es el haberlos cometido, sino el no poder volver a cometerlos”.

César Malagón @malagonc

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La caza del carnero salvaje, de Haruki Murakami

La caza del carnero salvaje

La caza del carnero salvajeMuchos conocimos a Murakami leyendo Tokio Blues y/o Kafka en la orilla, sus novelas más famosas. La lectura de una obra del autor nipón lleva a una reducción muy simplista, casi maniquea; o te encanta, o le aborreces. Los que decidieron (decidimos) seguir, tienen la suerte de poder leer casi completa la bibliografía del autor traducida al español, incluidas sus primeras obras, esas que pese a no tener la calidad literaria que atesoran sus “hermanas mayores”, ofrecen ya destellos de lo que sería capaz de producir en años posteriores. En 2015, tras levantar el propio Haruki su veto de publicación, llegaban a España sus dos primeras obras, Escucha la canción del viento y Pinball 1973, dos obras surrealistas pero muy interesantes protagonizadas por jóvenes sin rumbo, perfil usado por el autor repetidas veces. Y en este 2016, Tusquets publica su tercera obra, La caza del carnero salvaje (publicada en 1992 por Anagrama, cuando todavía “Murakami no era Murakami”).

Esta primera novela larga del autor japonés bien podría englobarse en una trilogía con las dos anteriores. Vuelve a estar protagonizada por el joven sin nombre. ¿Por qué sin nombre? El propio personaje lo deja claro en la novela, “supongo que porque no me gustan los nombres. Yo soy yo; y tú eres tú; y nosotros, nosotros; y ellos, ellos. ¿Y para qué más, si con eso basta?”. Actualmente tiene 30 años, una empresa de traducción con poco éxito, un divorcio reciente y una nueva novia (también sin nombre) con poco que resaltar, salvo unas orejas extremadamente atractivas. Su vida anodina da un vuelco tras recibir una carta de su amigo el Rata (el mismo Rata que salía en las novelas anteriores) con una foto de un carnero de ojos azules y una estrella en el lomo dentro de un paisaje montañoso. Al parecer, la publicación de esa foto molestará a una organización secreta, que impondrá al protagonista la misión de encontrar ese carnero, so pena de arruinar laboralmente su ya de por sí bastante decrépita carrera. Mochila al hombro, y acompañado de la mujer de las orejas, el joven sin nombre viajará al norte de Japón, a la isla de Hokkaidō, en busca de un imposible; localizar el dichoso animal y descubrir el por qué de su misterio.

La caza del carnero salvaje comienza lentamente. Tiene ese ritmo pausado de Murakami, que cambia de personaje en personaje entre diálogos intrascendentes que sin embargo no producen hastío. Páginas y páginas sin que pase absolutamente nada, pero siempre deseando saber más. Ese efecto, que unos consideran una virtud, otros lo ven como un defecto. ¿Quién tiene razón? El caso es que de no pasar absolutamente nada, la novela deriva en un pseudothriller bastante interesante, un viaje a dúo por el norte de Japón que es más bien una búsqueda personal de dos viajeros recién llegados a la treintena, una época marcada como punto de inflexión vital, el momento en el que echar un vistazo al pasado o pensar en el futuro puede dejarnos bastante desnortados. En definitiva, dos partes muy diferentes, tanto de temática como de estilo. Un bendito desequilibrio narrativo que descoloca mucho pero gusta más.

Ese crecimiento en la calidad de la trama desemboca en un final excelso. La ambientación y atmósfera creada por Murakami en sus últimos capítulos son literatura de alto nivel y ese surrealismo amateur de sus inicios se profesionaliza con la aparición de personajes como el Hombre Carnero. La caza del carnero salvaje tiene que leerse rápida al principio y lenta al final, saboreando todo lo que el autor quiere contarnos. Así es el mundo de Murakami, lleno de rarezas y fantasías.

En La caza del carnero salvaje estamos ya ante un Murakami maduro y auténtico, aunque siga creyendo que para empezar con el autor no hay mejor novela que Tokio Blues. Muchos han leído este libro tras leer Baila, baila, baila, libro posterior donde vuelve a aparecer el Hombre Carnero (y el Hotel Delfín). Yo haré el viaje contrario. Seguro que será igual de bueno. Cada libro que leo de Murakami me hace estar más convencido de que el bando bueno es el de los defensores del autor nipón. Eso que se pierden los detractores.

César Malagón @malagonc

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New York, New York…, de Javier Reverte

New York, New York

New York, New YorkPese a estar ya en edad de jubilación, Javier Reverte sigue regalándonos su cita anual con la literatura de viajes. Este viajero infatigable sigue con el espíritu joven y las ganas intactas de narrar cada una de sus aventuras. Cierto es que ya no está para grandes viajes por la sabana africana, el Amazonas o el Ártico, pero como buen trotamundos, el escritor madrileño sabe sacarle el jugo a cada país o ciudad que visita.

En esta ocasión llega el turno de conocer, a ritmo de Frank Sinatra, la Capital del Mundo, la ciudad de los rascacielos, la ciudad que nunca duerme… ¡La Gran Manzana! Tras ganar un premio literario en 2010, Javier Reverte decidió darse un capricho, alquilarse con el dinero del premio un estudio en Manhattan y dedicar tres meses de su vida a pasear y contemplar la ciudad, sin más ánimo que escribir e impregnarse del frenético ritmo de vida neoyorquino. Y al igual que hiciera con su libro de viajes por Roma, elige el otoño como estación perfecta para narrar sus experiencias (“Si me dejaran escoger una vida entera para vivirla a lomos de una sola estación, elegiría el otoño sin dudarlo”).

New York, New York… no es un libro típico para los que conocemos la trayectoria de Javier Reverte. No es la narración de un viaje que tiene como objetivo un destino final. Digamos que esta vez Reverte no quiere ser viajero, quiere mimetizarse con la gente y convertirse en un vecino más de la imponente isla de Manhattan. Por eso su libro se convierte en una especie de diario en el que anota sus idas y venidas, sus citas, los bares y museos visitados… y es que Nueva York es tan grande y siempre tiene tanto que ver que da la sensación que uno podría estar años allí sin repetir ningún día el mismo plan.

Escribir un diario y no un relato de viajes tiene sus pros y sus contras. Es cierto que las mejores páginas del autor están escritas en África, y eso ya, a su edad, es muy difícil de superar. La parte más auténtica del autor sale a relucir en las cataratas Victoria, el río Congo o las reservas naturales de Kenia y Tanzania. Pero por otro lado, este diario nos permite conocer el otro lado del autor, su parte más personal. Tres meses en Nueva York dan son suficientes para conocer a una persona y saber sus gustos culinarios, musicales o deportivos. La gran urbe ejerce una influencia positiva en el autor, que se muestra exultante por la experiencia vivida. Cada esquina neoyorquina rezuma vida. Desde el Harlem hasta el puente de Brooklyn, en la isla de Manhattan (y sus alrededores) huele a hot-dog, suenan acordes de jazz y la gente vibra con los Knicks, los Rangers o los púgiles de sus famosas veladas en el Madison Square Garden. Pero Nueva York es tan grande que la literatura también tiene cabida en ella, como era de esperar. Y por eso Reverte, en su repaso histórico por los hechos más importantes de la ciudad también tiene tiempo para hablar de los grandes literatos que vivieron en sus calles o hablaron de ella. Hay hueco en New York, New York… para Whitman, Twain, Poe, Stevenson o Melville, pero también para dos escritores patrios que dejaron impronta en la ciudad, Federico García Lorca y Juan Ramón Jiménez.

Y con esta mezcla de música, deporte, literatura e historia, Javier Reverte nos regala un relato amable, desenfadado y cercano de esta gigantesca ciudad, la ciudad mundial por antonomasia, capaz de encarnar lo mejor y lo peor de los Estados Unidos de América.

“Esta ciudad no ha temido nunca al futuro ni lo teme todavía, porque de alguna manera es futuro.”

César Malagón @malagonc

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Mal trago, de Carlos Bassas del Rey

Mal trago

Mal tragoAcabo de llegar a Ofidia y no conozco a nadie. Me han hablado bien de este lugar y de su creador, Carlos Bassas, así que he decidido dar un paseo por sus calles. Al parecer, hay un gran revuelo montado. En el derribo de un antiguo edificio de una familia pudiente aparece una caja fuerte con el cadáver de un niño dentro. El pequeño, muerto por asfixia, aparece vestido con un traje de comunión, aportando una imagen macabra a un descubrimiento ya de por sí bastante escabroso. Al parecer, el niño, de clase social baja, no presenta rastro de abusos y su padre, roto de dolor, da el dato que hace a la policía ponerse en alerta. Su hijo no desapareció; a su hijo le secuestraron. El encargado del caso será Herodoto Corominas. De él también me habían hablado. Cuentan que en su última aventura (Siempre pagan los mismos), el inspector queda tocado por la muerte de su padre, persona a la que tampoco se sentía especialmente unido. Y mi primer encuentro con él me confirma los rumores. Se ve en Corominas a un hombre hundido, con la pérdida de un padre que se añade al distanciamiento con su hijo y a los problemas que uno de sus mejores amigos, su ex compañero Vázquez, empieza a tener con el bar que regenta.

Me pego al inspector como una lapa para seguir sus progresos en un caso que cada vez empieza a complicarse más, con la aparición de gente muy influyente en la historia y la desaparición de otro niño. Conozco a otros compañeros suyos como Agüero o Marne, y a algún personajillo conocido en Ofidia como Durruti, un periodista con muchas tablas en esto de manejar la información. Se nota que llegar de nuevas a Ofidia ha hecho que me pierda muchas cosas, pero en unas páginas casi todas las dudas están resueltas. Me empieza a gustar este inspector, he de reconocerlo. Este detective peripatético (como él mismo se define) y culto gusta mucho del uso del latinajo, aportando un poco de sabiduría a un cuerpo que no tiene fama de sabio, precisamente. Y aunque el caso sigue interesante, poco a poco me van interesando más los personajes y menos el resultado final. Porque en Ofidia todos parecen estar sufriendo. Todos tienen sus problemas, sus miedos y sus secretos. Y los secretos, tarde o temprano, salen a la luz y ayudan a tomar las mejores decisiones, aunque estas duelan.

La historia se va aclarando, Herodoto ya casi tiene al culpable. Y cada vez estoy más cómodo en este universo creado por Carlos Bassas. No sabría explicar el por qué, pero este Mal Trago me trae un aire a Fred Vargas, para mí la reina de la novela negra. Es cierto que Corominas dista mucho de parecerse al despistado de Adamsberg, pero la forma tan intimista del autor de esculpir a los personajes sí que es un sello compartido con la escritora francesa. Y cuando la comodidad llega a la lectura, uno no tiene ganas de que se acabe la novela. Preferiría que durara más solo por el hecho de poder seguir disfrutando de los personajes y no solamente por mantener la tensión sobre quién será el culpable.

Se acaba mi paseo por Ofidia. Terminado el trabajo, cada mochuelo se va a su olivo. Yo me quedo solo, con ese último mal trago agarrado a mi estómago pero con mucha hambre. Hambre por degustar platos mediterráneos como el tumbet, tan del gusto de Corominas. Y hambre por saber más del inspector y de su creador. Así que me voy de Ofidia buscando un restaurante y con la certeza de saber que volveré por aquí.

César Malagón @malagonc

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Una nueva felicidad, de Curro Cañete

Una nueva felicidad

Una nueva felicidadNunca me han gustado los libros de autoayuda. No me gusta que una persona que no me conoce intente venderme la solución a mis problemas a base de frases prefabricadas y clichés de sobra conocidos. Y aunque no crea en la autoayuda, sí que creo en el poder terapéutico de los libros. Me explico. No creo que un libro de ese género pueda arreglar nuestros males, pero sí que creo que uno puede encontrar la solución a la mayoría de ellos a través de la lectura de determinados libros. Por eso quiero hablaros hoy de Una nueva felicidad, la primera novela de Curro Cañete.

Tuve la suerte de conocer a Curro en el Premio Planeta de este año. Hablándonos de su obra ya nos dijo que era un libro difícil de definir. Y una vez leído, tengo que darle la razón. Explicar qué es Una nueva felicidad no es tarea sencilla. No es una novela al uso, porque aunque hablemos de ficción, cualquier parecido con la realidad no es mera coincidencia, como bien empieza diciendo el autor. No es un libro de autoayuda, aunque su lectura pueda ayudarnos a quitarnos muchos de los miedos que nos cortan las alas diariamente. Tampoco es una historia de amor, aunque historias tan bonitas como la del autor y Chico de Ojos Azules ocupen parte de la trama. Y tampoco es una autobiografía, aunque el autor aproveche para contarnos parte de su vida. Una nueva felicidad es la vida de Curro Cañete, un periodista de éxito que un verano decide aislarse en Lanzarote para escribir su primera novela. Allí descubre de manera fortuita unas poesías escritas por su hermano, muerto diez años atrás. Lo que ocurre en ese verano le hace dar un giro a su vida, dejando atrás todos los miedos e inseguridades que le lastraban y marcándose un nuevo objetivo, buscar la verdadera felicidad, y de paso contarlo en un libro.

“En Playa Blanca descubrí que no me iba a morir. Se cumplió mi deseo. Y precisamente en eso, en el conocimiento de mi no muerte, comenzó mi verdadera vida.”

Hablar de la felicidad es complicado. Quizá todos creamos conocerla, pero muy pocos saben (o pueden) apreciarla en todo su esplendor. Algunos lo reconocerán, y otros probablemente no querrán hacerlo, pero todos tenemos ciertas taras, miedos o defectos que no nos dejan ser realmente felices. Y (casi) todos solemos guardar esas cosas en un cajón, haciéndonos creer que si no lo vemos no nos afecta, cuando sabemos perfectamente que la única forma de derrotar a los miedos es enfrentándonos a ellos. Y no por manida esta frase deja de ser una realidad que nos negamos a afrontar. Todos somos un poco como Curro Cañete; otra cosa es que queramos aceptarlo o no. Y ese es el punto fuerte de Una nueva felicidad, saber que el lector va a encontrar en cualquiera de sus páginas un espejo que refleja sus propias vivencias, o las de sus seres más queridos.

“A esa edad intuí dos cosas que nunca olvidaré: lo que uno desea hacer de corazón no puede ser malo digan lo que digan los demás. Y lo que uno deja de hacer por el miedo al qué dirán es una oportunidad perdida para ser feliz.”

Curro habla en el libro de su infancia, adolescencia y madurez con mucha naturalidad y cercanía, con una narración ágil y rápida que hace de la experiencia lectora un verdadero disfrute. El autor busca la felicidad y se documenta para su libro, y en esa búsqueda conocemos su vida cotidiana, sus amigos y amores, la importancia del Demian de Hermann Hesse en su vida… y sobre todo, nos vemos reflejados en sus vivencias. También conocemos el trabajo periodístico que tuvo que desarrollar para escribir ese libro. Coaches, psicólogos, profesores de yoga y meditación; todos intentan esbozar brevemente qué es la felicidad y cómo se puede conseguir, pero será el propio autor el que tendrá que llegar hasta ella, superando todo obstáculo que se presente.

Volviendo al tema inicial, creo que habiendo libros como Una nueva felicidad no se necesitan libros de autoayuda. Curro Cañete nos regala un canto a la vida, a la libertad y a la valentía. Una historia sencilla sobre los miedos que siempre nos acechan y que no siempre conseguimos vencer. Un libro que desgrana la vida de su autor, pero que refleja historias cotidianas en las que he reconocido a familiares y amigos. Y será a esos familiares y amigos a los que pienso recomendar que lean esta bonita historia. Porque ellos también merecen encontrar la felicidad.

“Consideramos que el cambio es malo porque nos sabe a muerte y a desaparición. Ignoramos que nuestras células cambian siempre y que gracias a ello –al cambio- estamos vivos, permanecemos. El cambio es renovación, una oportunidad. Porque la vida, al fin y al cabo, es siempre un continuo avance hacia delante”

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Woods Lane, de David Verdejo

Woods Lane

Woods LaneSi uno pudiera buscar en un mapa de Tejas el pueblo de Woods Lane, seguro que encontraría un lugar tranquilo, calmado y anclado en el tiempo. Un pequeño lugar en un condado alejado de las grandes urbes del segundo estado más poblado del país. Una parte de la América profunda que de la que tan poco sabemos y en las que casi nunca pasa nada digno de ser contado… hasta que pasa. Y en el Woods Lane ideado por David Verdejo lo que pasa es el asesinato de Dorothy, un hecho que rompe la eterna paz en la que vive el pueblo. Su sobrino Jimmy, un niño grande de cuarenta años con discapacidad mental parece ser el primer sospechoso, aunque los acontecimientos sucedidos tras el asesinato y antiguos secretos familiares que empiezan a aflorar harán dudar a los investigadores, capitaneados por Karen y George, dos policías locales, y un sheriff bastante taciturno.

David Verdejo ofrece una historia bien construida, sin lagunas y con la tensión narrativa idónea para conseguir que el lector no quiera dejar la novela en ningún momento. Woods Lane es una historia cruda y directa. El autor, con un estilo muy académico, no se anda con rodeos y presenta una trama sin artificios, contando en todo momento lo importante, sin dejarse nada en el tintero. Quizá se podría haber explorado más la personalidad de los personajes, dotar de más contenido a la novela conociendo un poco más la vida de las gentes del lugar, pero lo aparecido en sus poco más de cien páginas es más que suficiente para contar una buena historia.

El libro tiene en desde el principio un estilo muy cinematográfico. Uno lee Woods Lane y parece transportarse a cualquiera de las series norteamericanas que se dedican a resolver crímenes en cada episodio. Cada página de la historia parece descrita por un cámara de televisión que va grabando la escena y avanzando hacia la resolución del caso. Eso confiere mucha agilidad al relato, ayudado también por una ambientación lúgubre y tenebrosa que se transmite desde la misma portada y que se confirma en sus páginas interiores. Quizá como aspecto a mejorar, puestos a pedir, se podrían evitar algunas erratas en el texto, erratas atribuibles más a la editorial que al escritor.

Hay que felicitar a David Verdejo por esta primera novela publicada. Woods Lane es un thriller interesante y que proporcionará un par de horas de buena lectura a todo lector que se atreva a descubrir el secreto que encierra ese tranquilo pueblo tejano.

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El carbonero, de Carlos Soto Femenía

el carbonero

el carboneroEl mundo editorial te depara sorpresas cada cierto tiempo. Muchas no son más que campañas de marketing orquestadas por las editoriales, dispuestas a venderte una novela más revistiéndola de algo que luego resulta ser un fraude. De ahí que varios best-sellers de los últimos años tengan más ventas que calidad literaria. Sin embargo, en otras ocasiones, lo que se vende a priori como “Un sorprendente y rotundo descubrimiento literario” termina convirtiendo a esa frase en una gran y sincera verdad. Y eso pasa con una de las últimas novelas de la editorial Destino, El carbonero de Carlos Soto Femenía.

Tenemos en esta historia un noir rural ambientado en Mallorca y cuyos protagonistas, o al menos dos de ellos, desempeñan una profesión ya casi extinta, la de carbonero, oficio por otra parte bastante desconocido, al menos para los urbanitas. La novela la protagoniza Marc, un joven que desempeña este duro oficio junto a su padre en los montes de la Sierra de Tramontana, donde la soledad, la vigilia y el aislamiento forman parte de la vida austera las semanas que dura la quema de la encina. Marc y su padre son el apoyo mutuo que se necesita para subsistir en esas condiciones de vida, y más cuando en un luctuoso suceso ocurrido siete años atrás uno se queda sin madre y el otro sin esposa.

Los dos carboneros están acompañados por sus vecinos Arnau y Aina, hijos de un buhonero que hace de los trapicheos por la isla su modo de vida. Y todo dentro de la propiedad posesión de Joana, una señora a la que un amor pasado la impide desligarse del trabajo de sus vasallos. Con apenas seis personajes, Carlos Soto Femenía construye una historia fuerte, áspera y fría, sin florituras ni regalos al lector. Una historia tan dura como duro es el oficio del carbonero. Una historia donde los silencios cogen más importancia que los diálogos, donde una narración contenida encoge el alma del lector, que ve como la venganza y las deudas que uno contrae a lo largo de su vida son como un mal que nunca se puede llegar a expulsar, aunque uno pretenda con todas sus fuerzas pasar página.

Carlos Soto Femenía venía avalado por las palabras de Lorenzo Silva, y sin duda el apadrinado deja en buen nivel al padrino con esta novela. En El carbonero se nota la dura tarea de documentación sobre los usos y modos de vida del oficio y de los años de posguerra en la isla de Mallorca. Quizá alguno encuentre lento los primeros capítulos, donde se describe con todo detalle cómo se armaba la sitja y como vivían los trabajadores los días que duraba la quema. Pero ese ritmo lento, que no pesado, va in crescendo y evoluciona al ritmo marcado por su protagonista y sus ansias de venganza y nos revela que para hacer una buena novela negra no hace falta revestirla con policías corruptos, detectives huraños o asesinos implacables que no dudan en disparar a las primeras de cambio. No. Para hacer una buena novela negra solo se necesita una buena historia y hurgar en las profundidades del ser humano, allí donde se encuentra lo que somos incapaces de digerir, y donde se cocinan los peores sentimientos. Hasta ese recóndito lugar ha viajado el autor, y gracias a ese viaje uno puede escribir una historia así de buena.

Decía Lorenzo Silva que gracias a esta novela Carlos iba a dejar de ser secreto. Ya nos dijo el autor en la entrevista que tuvimos con él que no estaba muy de acuerdo con ese término. Pero aun así, desconocido o secreto, da igual; lo único claro es que tras leer El carbonero voy a seguir muy de cerca la pista de este escritor.

César Malagón @malagonc

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PDM, de Pierre Paquet y Jesús Alonso Iglesias

PDM

PDMLos libros no siempre son lo que parecen. Utilizan su portada y su sinopsis para sugestionarnos y atraparnos, y cuando empezamos a leerlos, atrapados ya en sus redes, vemos que el interior es mucho más amplio de lo que esperábamos. Y esto es lo que me ha pasado a mí con PDM (Paquet de mierda), que empecé a leer solo por la curiosidad que me causó encontrar una novela gráfica con la autobiografía de un editor, en este caso el suizo Pierre Paquet (fundador de Les editions Paquet), y cuyo interior alberga muchas más (y mejores) historias que no esperaba encontrar.

Siempre he tenido la impresión que el gremio de los editores es bastante hermético, por eso pensé que este libro ayudaría un poco más a conocer su día a día y su trabajo. Y efectivamente, algo del oficio del editor está plasmado en ese trabajo. Vemos a Pierre empezando su andadura editorial en 1995 solo por ayudar a un amigo y vemos también como con los años conoce las mieles (y las hieles) de una profesión bonita y difícil a partes iguales.

Llama la atención la sinceridad con la que afronta el autor su propia vida. Lejos de darse autobombo y presentarse como un ciudadano absolutamente ejemplar, Pierre Paquet se descubre como una persona llena de fracasos, inseguridades y una autoestima más baja de lo deseable. Estamos ante una persona luchadora y soñadora, pero que no pierde ni un segundo en matizar o minimizar ningún detalle de su vida, por sórdido o insignificante que pueda parecer. Hay que reconocer que la presentación de su biografía es algo dispersa, pasando de un punto a otro sin orden cronológico aparente, solo diferenciado por unas viñetas especiales que sirven para separar una historia de otra, y que mucho tienen que ver con la secuencia inicial de la historia, con la secuencia que, una vez terminada la historia, da verdadero sentido a todo el trabajo del autor y el ilustrador.

Y aquí llegamos a la parte más importante del libro. Pese a que este trabajo se vende como la biografía de un editor de cómics, en realidad PDM es una preciosa historia de amor, de esas que te tocan la fibra y consiguen hacer que se te escape alguna que otra lágrima. Y no es una historia de amor entre Pierre Paquet y uno de sus innumerables ligues. No. Es la historia de amor entre Pierre y el fiel amigo que supo estar a su lado día y noche, compartiendo sus éxitos y consolando sus fracasos. Y ese amigo, como no podía ser de otra manera, fue su perro Fiston. Los que tenemos o hemos tenido perro sabemos el lugar tan destacado que estos ocupan en nuestra vida, tanto que en ocasiones anhelamos más su compañía que la que nos proporcionan amigos, amores o familia. Y es por eso que leer esta novela gráfica y no quedar absolutamente enamorado de sus protagonistas es algo bastante difícil.

Paquet de mierda tiene una nota general bastante alta, destacando sobre todo lo espectacular de su arranque y su desenlace. Y aquí el gran mérito reside en el trabajo de Jesús Alonso Iglesias, uno de los ilustradores españoles más destacados de la actualidad. Su dibujo es natural y dota de muchísima expresividad a sus personajes, que consiguen hacer llegar al lector infinidad de mensajes incluso sin la necesidad de que aparezca texto durante varias páginas.

Leí el otro día que un librero se acerco a Pierre Paquet y le dijo que su historia era muy difícil de definir a los clientes que preguntaban por él libro, así que decidió preguntarles a los posibles compradores si tenían perro. Si la respuesta era afirmativa les decía que compraran el libro con los ojos cerrados. Y con permiso del librero anónimo, creo que voy a seguir esa misma táctica. Si tenéis un perro, comprad esta novela gráfica. Es muy difícil, casi imposible, explicar por qué queremos tanto a nuestras mascotas, pero en PDM hacen una aproximación más que aceptable.

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