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Entrevista a Carlos Soto Femenía, autor de El carbonero

Carlos soto femenia

Carlos soto femeniaUna vez más, nos acercamos al céntrico Hotel Iberostar Las Letras, en la Gran Vía madrileña, para entrevistarnos con otro autor. Su nombre es Carlos Soto Femenía, y es probable que el nombre de su tercera novela ya lo hayáis oído: El carbonero, un drama rural y una de las novedades editoriales de Destino para este otoño y cuya reseña pronto podréis verla en el blog.

LyL: Buenas tardes Carlos. El oficio del carbonero es algo totalmente ajeno para la gran mayoría de los lectores. ¿Cuál es tú conocimiento de esta profesión, y qué te lleva a escribir sobre ellos?
C.S.F: Absolutamente ninguna, ha sido casualidad. Yo un día navegaba por internet y vi una fotografía de un hombre mayor, que era hijo de un carbonero de Mallorca. Iba a pasarlo de largo, pero leí a pie de foto que había ejercido el oficio hasta hacia solo 30 años, y eso es lo que me enamoró de la historia. Porque yo reniego un poco de tanta tecnología, y me pareció alucinante que hace treinta años hubiera un hombre perdido en el monte, parecía casi como ciencia ficción. O a lo mejor pensé que me habría gustado estar allí, no lo sé. El encinar, allí en la sierra, es algo maravilloso. Para verlo, desde luego. Y cuando después, encima, averigüé que pasaban allí muchísimo tiempo, ya me vinieron las cuatro imágenes de la belleza del lugar, el silencio, la soledad, el hecho de que apenas pudieran dormir; tenía que ser una especie de alucinación que se prolongaba en el tiempo, y eso es lo que me pareció atractivo. Lo de que fuera un niño, y fuera el hijo del carbonero, eso vino determinado por la noticia, aunque no estoy seguro. También un niño siente más intensamente todo, sobre todo lo que transmite la naturaleza.

LyL: ¿Cuáles han sido, si es que has tenido, las dificultades para documentarte sobre el oficio del carbonero?
C.S.F: El oficio es bastante simple. Me costó más encontrar los procedimientos. Cómo se armaba la sitja, cuánto duraba el proceso, qué riesgos tiene o por qué esa manía de los rotllos. Eso es lo que más me asombró. Me costó más encontrar estos procedimientos, porque había poca información en internet, y la que había parecía calcada. Donde encontré información de verdad, no fue tanto en Mallorca, como en una web de Navarra. En el norte de España este oficio se practicaba mucho, y me recomendaron la película de Tasio, de Armendáriz, la primera del director, que en su día fue un bombazo. La vi hace veinte años y me dijeron que el libro le recordaba a ella. Hace una semana la volví a ver, y sí refleja y son bastante fieles al oficio. Todos sabíamos de la existencia de rotllos todavía en Mallorca y todo el mundo sabía que eso era para quemar, pero a mí jamás en la vida se me había pasado por la cabeza que una persona mantenía aquello, que lo hacía producir. Hasta que vi la foto del hombre en el periódico.

LyL: Uno de los puntos a favor de la novela es el realismo con el que describes el mundo rural. ¿No ha sido difícil recrear el mundo rural en la etapa tan tecnológica que estamos viviendo?
C.S.F: No, lo importante es que yo me lo crea. Y una vez que te has documentado y visto los procesos, yo ya me lo empiezo a creer y la cabeza empieza a funcionar. Ya va solo, eso no se puede parar. Todo parte de una imagen, y a partir de ahí viene lo demás. No digo toda la trama, eso lo voy construyendo a medida que avanzo, pero ya vas viendo el túnel, y es un proceso que no para. A mí me pasa así, y cuando empiezo a creerme algo a veces me cuesta hasta dormir, porque tengo ganas de seguir.

LyL: ¿Quieres decir que eres un escritor que escribe por impulsos, si te llega la inspiración?
C.S.F: Sí. Aunque no puede ser todo al azar. El escritor tiene que llevar un control porque si no se le va de las manos. Pero mis personajes hablan solos, yo no puedo amordazar un personaje. No me sale, incluso me costaría más forzar a un personaje a que haga algo.

LyL: Hablas de personajes y de azar. El carbonero se sustenta en apenas seis personajes con personalidades muy fuertes. Y según va avanzando la historia, el lector encuentra en cada uno de ellos matices para compadecerse pero también para reprobar sus comportamientos. ¿Es todo azar, o lo haces intencionadamente?
C.S.F: Yo creo que eso ha salido así. También ayudan las circunstancias y los factores, porque la dureza de la vida de esta gente (guerra, racionamiento, soledad) es horrorosa. Todo eso genera una reacción en cada uno que te hace más duro, pero cuando estás a solas, te hace también más vulnerable.

LyL: Y luego hay otro personaje, que es la isla de Mallorca, o la Sierra de Tramontana en particular, que hace que los personajes estén más agobiados y con sensación de esclavitud.
C.S.F: La naturaleza es un personaje más, un personaje que transmite toda la intensidad. El que vive de la tierra tiene que entenderla, o al menos esforzarse en hacerlo.

LyL: ¿Pero habría funcionado El carbonero en la península?
C.S.F: Sí, yo creo que sí, habría cambiado el entorno social, porque el tema de los señores y el vasallaje es más propio de Mallorca. Pero sí habría funcionado.

LyL: Lorenzo Silva dice que con esta novela vas a dejar de ser secreto. ¿Eso mismo esperas tú de El carbonero?
C.S.F: Yo es que tampoco era consciente de ser secreto. Eso me lo descubrió Lorenzo (risas). Destino tiene un gran equipo detrás que no tiene parecido con ninguna otra editorial. Si la novela gusta, y tiene difusión posiblemente lo deje de ser, aunque ya te digo que no soy muy consciente de serlo. Aunque a día de hoy, todo lo que no sale por televisión es casi desconocido.

LyL: Mañana participas en Getafe Negro en una mesa redonda llamada “La nueva cosecha negra”. Me gustaría saber cómo ves el futuro de la novela negra española atendiendo a su nueva cosecha, y también tus referentes en el género.
C.S.F: De momento la novela negra está teniendo una buena cosecha, parece que no tiene fin, que se está perpetuando con muchos autores nuevos. No es que haya desaparecido nunca, los géneros son como un oleaje. Ahora toca novela negra, porque en un entorno de crisis, florece la novela negra. En una época más acomodada a lo mejor florece, por ejemplo, el terror, porque todo es tan pacífico que necesitas intensidad, tensión o miedo. Yo no me considero autor de novela negra. El carbonero, simplemente, ha salido así. La novela tiene de negra el componente social, aunque es algo circunstancial, he tenido que hacerla negra porque he tenido que registrar toda una ambientación social. En cuanto a mis referentes, me gusta James Sallis, que tiene un detective en Nueva Orleans, Lew Griffin, que sigue unos cuantos clichés de novela negra pero tiene un valor añadido, es un personaje diferente a los de Connolly o Thilliez, que usan siempre el mismo perfil de detective. Griffin es un detective de barrios bajos, con vida desastrosa, pero contempla la vida a su alrededor y la contempla con la misma paz cuando todo se hunde y cuando todo va bien. No se escuda en principios morales, es un contemplador de la realidad. Está muy bien llevado, lo recomiendo. La primera, El tejedor, me parece muy irregular, pero cuando la lees, algo te dice “¡Voy a por la segunda!”, y la mejor de todas, para mí es El ojo del grillo.

LyL: La última y terminamos. Resuélvame una duda. El personaje de Marc, ¿se mueve solo por venganza o por las deudas generadas?
C.S.F: Por las deudas. Se vuelve esclavo de sí mismo. La venganza podía haber tomado distintos caminos. La idea principal de la novela, más allá de la venganza y la intensidad, es las deudas que él mismo se crea.

Una vez más toca agradecer a la editorial Destino la posibilidad de poder compartir charla con uno de sus autores. Y también agradecer, como no podía ser de otra forma, a Carlos por su tiempo, su dedicación y sus recomendaciones literarias y cinematográficas. James Sallis y Montxo Armendáriz son los deberes pendientes que me llevo tras charlar con el autor. Deberes que pienso hacer en cuanto pueda.

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Diario de un bloguero en el Premio Planeta (IV): Un sueño cumplido

gala-premio-planeta-3El fin de semana temático llega a su fin. Con esta cuarta entrega, escrita ya desde casa, toca decir adiós a dos días mágicos llenos de atenciones, buena literatura, mejores acontecimientos y sobre todo, mucho glamour. Pero bueno, no nos dejemos llevar por el bajón del momento y retomemos el relato donde lo dejé la última vez. Al fin y al cabo, ¡queda lo mejor del fin de semana por contar! España ya tiene una nueva reina literaria (si no lo era ya antes…), la donostiarra Dolores Redondo, que se alzaba con el Premio Planeta 2016 rondando las doce de la noche en una gala de ensueño, algo así como una macroboda con mil invitados en la que todo el mundo está feliz y la gente brinda y charla animadamente. Solo hay una (pequeña) diferencia. En la gala de ayer nadie grita “¡Viva los novios!”. Menos mal.

Pero a lo que íbamos, hablemos de la gran noche. Mientras el grupo de periodistas llegábamos al Palau, el rumor era ya incesante… “Dolores Redondo, será Dolores Redondo”. La rumorología aclaraba el nombre del ganador, no tanto el del finalista. Lo de Marcos Chicot también se oía, aunque no de forma tan clarividente. Una vez dentro, llega el momento del cóctel, en el que políticos (y sus guardaespaldas), periodistas, famosos y algún que otro escritor (menos de los deseados en una gala literaria) compartían vino y canapés mientras esperábamos con ansia el momento para comenzar la cena. Y una vez en la cena, vuelvo a repetirme… ¡qué bien lo hace todo la gente de Planeta! Un menú de altura compuesto de un buen entrante (Ensalada de langostinos, hortalizas y brotes tiernos con vinagreta de cava), un principal de categoría (Corvina y viera soasados, cachelos y jugo de galeras) y un poste absolutamente exquisito (Crujiente de chocolate blanco y negro con coulis de frutos rojos), regados convenientemente con buenos vinos y acompañados en todo momento por conversaciones amenas con mis compañeros de mesa, sobre todo los que tuve más cerca, Alberto (Actualidad Literatura), Anika (Anika entre libros) y Anna (Segre).

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Tras una eliminación paulatina de las diez obras finalistas, cerca de la media noche llegaba el momento cumbre, ese momento que todos llevábamos esperando desde que llegamos a Barcelona. La periodista Lourdes Maldonado hacía oficial algo que ya era un secreto a voces. Marcos Chicot se convertía en finalista del Premio Planeta con la novela El asesinato de Sócrates y Dolores Redondo se alzaba con los más de 600.000 euros del premio gracias a su novela Todo esto te daré, sucediendo como ganadora de tan prestigioso galardón a Alicia Giménez Bartlett, otra de las reinas españolas de la novela negra.gala-premio-planeta-1

Dolores subía al estrado entre el aplauso de la gente, recogiendo el Premio Planeta de manos de Felipe VI visiblemente emocionada. Y es que la escritora va quemando etapas a pasos agigantados. Su famosa trilogía protagonizada por Amaia Salazar cuenta con miles y miles de seguidores dentro y fuera de España; y por si esto fuera poco, en marzo del 2017 podremos ver en el cine la adaptación de El guardián invisible, la primera de su tríptico dedicado al Valle del Baztán. Pero el momento más emotivo de la gala lo protagonizó Marcos Chicot. El talentoso escritor madrileño (que ya estuvo entre los diez finalistas en 2012), con la voz quebrada, dedicó el premio a su hija Lucía, esa niña nacida hace siete años con Síndrome de Down que hizo a su padre replantearse la vida, abandonar su carrera profesional y dedicarse enteramente a la tarea de ser escritor. Sin duda fue el momento de mayor emotividad de la gala, tanto para su protagonista como para todos los que estuvimos allí.

Y una vez hecha la foto de rigor con las autoridades y la posterior rueda de prensa para conocer un poco mejor las dos obras ganadoras, llega el momento de soltar la tensión y emoción acumulada en la fiesta final. Con el gin-tonic en la mano, toca hacerse fotos y brindar por un fin de semana espectacular. La sala está llena de periodistas, así que el rumor y el cotilleo tampoco puede faltar. Y se ve por la sala a esa presentadora de la casa que “tarde o temprano escribirá una novela y ganará el Planeta”, o a ese polémico presentador-escritor que debate amistosamente durante casi una hora con un político mientras sus respectivas acompañantes siguen la conversación con aparente desinterés. Y aunque se hizo de rogar, a mitad de noche nos honra con su presencia la reina de la noche. Y no, no hablo de Letizia Ortiz. Hablo de Dolores Redondo, cuya relajación había aumentado una vez superado el shock inicial pudiendo departir alegremente con su gente más allegada. Eso sí, siempre con la estatuilla del Premio Planeta en la mano.

gala-premio-planeta-4Y llega el momento de dar carpetazo al asunto. Tan rápido como vino se fue el Premio Planeta. Dolores Redondo veía cumplido uno de sus sueños de adolescencia. Y yo no diré que asistir a esta gala fuera también un anhelo de juventud, pero cuando uno estudia periodismo, aunque no lo ejerza de manera profesional, siempre sueña con tener la oportunidad de vivir una experiencia de tal magnitud. Por eso hay que agradecer a Planeta varias cosas. Primera, confiar en LibrosyLiteratura por tercer año como una de las webs literarias más importantes de España. Y segundo, y sobre todo, por tratar a los medios con una amabilidad, atención y dedicación dignas de elogiar. Y vuelvo al símil de las bodas al igual que en el primer párrafo. Invitar a cientos de personas a una boda es sencillo. Pero hacer que todos los invitados se sientan satisfechos es algo complicadísimo; y os lo dice uno que acaba de pasar por vicaría.

Y si hay algún suspicaz en la sala (que siempre los hay), que no intente buscarle tres pies al gato. Con todo esto la editorial no busca asegurarse un año de buenas reseñas por nuestra parte. Aquí siempre seguiremos con nuestra política de publicación. Si un libro nos gusta, lo reseñaremos. Y si un libro no nos gusta, se quedará sin reseñar, aunque sea de Planeta. Ellos nos agradecen nuestro trabajo de una manera única y privilegiada. Y nosotros se lo devolvemos de la mejor manera posible, reseñando cada año cientos de buenos libros y luchando junto a ellos con un objetivo común, defender la literatura y la cultura sobre todas las cosas.

Hasta el año que viene…

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Diario de un bloguero en el Premio Planeta (III): Conociendo Barcelona

planeta3El fin de semana poco a poco se va consumiendo, y no podemos estar más satisfechos con todo el “tinglao” montado por los amigos de Planeta. El viernes terminó con una exquisita cena en un restaurante con vistas 360º a la ciudad de Barcelona, que relucía brillante en una noche de octubre que tenía poco de otoñal.

El sábado, la gala de la noche acapara todas las conversaciones. Y los rumores siguen en boca de todos. Salen más nombres a la palestra. ¿Dolores Redondo? ¿Susana Griso? ¿Jorge Molist? ¿Algún periodista mediático debutando en la literatura como finalista del Premio Planeta? Mientras seguimos disfrutando de las quinielas, unos cuantos periodistas decidimos ir a la excursión programada por la mañana, la visita a la exposición “Renoir entre mujeres” en la fundación Mapfre (por cierto, recomendable visita para todos los que pasen por Barcelona hasta el 8 de enero).

planeta1Y una vez terminada… ¡tiempo libre! Es cierto que a Barcelona y Madrid le separan solo 3 horas de tren, pero ya que estamos aquí, que mejor que hacer un poco de turismo. Y es que con 22 grados y un sol brillante en lo alto, lo mejor es pasear por sus calles y admirar la que sin duda es la ciudad más cosmopolita de España. El Passeig de Gràcia, la Plaça de Catalunya y La Rambla son un hervidero de turistas y barceloneses que aprovechan la hora de la comida para poblar infinidad de terrazas.

Y ya en el hotel todos a prepararse para el gran evento. Los Reyes, el President de la Generalitat y una larga lista de políticos, famosos y famosillos se darán cita en el Palau de Congressos de Catalunya. Y entre todos ellos… ¡nosotros! En menos de cuatro horas ya será oficial el nombre del nuevo Premio Planeta. Eso sí, nosotros intentaremos  desvelarlo antes. ¡Atentos a nuestro twitter!

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Diario de un bloguero en el Premio Planeta (II): Primeras impresiones

premio-planeta-1¡Ya estamos en Barcelona! Entre el madrugón y el constante traqueteo del AVE durante más de dos horas he llegado a Sants bastante amodorrado. Desde la llegada a la Ciudad Condal, el ambiente del Premio Planeta se respira en cada esquina. Y es que… ¡qué bien montado lo tienen todo aquí! Somos cerca de cien los periodistas de toda España los que no ponemos en sus manos deseosos de pasar un fin de semana auténticamente literario. Unos, entre los que me incluyo, venimos por primera vez llenos de ilusión. Otros, los más veteranos, cuentan anécdotas y batallitas de ediciones pasadas.

Y una vez en Barcelona, ¿qué hacemos hasta la cena de gala? El primer acto programado empieza a dar muestra de que todo lo que hace “esta gente” lo hace con un gusto exquisito. El Recinto Modernista de Sant Pau acoge la rueda de prensa que marca el comienzo del fin de semana. José Crehueras, Presidente del Grupo Planeta, secundado en el estrado por todos los miembros del jurado, empieza presumiendo de los números de esta 65º edición, en la que se ha batido el récord de novelas presentadas con 552. El mandamás editorial presume también, con números y estadísticas en la mano, del alza de su empresa y del sector del libro en España. Del primero presume de ser el primer grupo editorial en lengua española y uno de los diez primeros grupos editoriales del mundo (y el único de ellos sin presencia en el mercado estadounidense).

premio-planeta-2Para alabar la mejora del sector editorial la palabra se la ha cedido a Jesús Badenes, Director General del grupo, que ha recalcado el repunte de un 3% que tuvo la venta de libros en 2015, sobre todo en las áreas de ficción y literatura infantil y juvenil, subida que será refrendada, aunque en menor medida, por las cifras del 2016. También ha destacado los ochenta millones de libros que se compran anualmente en España (tocamos a solo dos libros comprados por cada españolito). “Una sociedad que lee es una sociedad mejor”, era el mensaje lanzado por Crehueras. No se puede estar más de acuerdo.

Pero no todo son buenas noticias, pues la lacra de la piratería no podía faltar en el evento. “Es un atentado a la cultura, es un robo”, anunciaba el Presidente con voz amarga, lamentándose por lo laxa que es la Justicia en este ámbito, y lamentándolo sobre todo por todos los actores de la cadena editorial que sufre las pérdidas que genera esta costumbre tan extendida en nuestro país.

En la rueda de prensa también hay momento de comentar la actualidad nacional y literaria. Y, obviamente, Bob Dylan ha sido trending topic en todo momento, como lo lleva siendo desde su polémica concesión del Nobel de Literatura. Los miembros del jurado, siempre desde el respeto máximo a la Academia sueca, reconocen la división de opiniones que ellos mismos mantuvieron mientras surgió el debate momentos antes del acto. Alguno, en tono irónico y socarrón, anunciaba que, tras un premio tan desvirtuado como el Nobel “no nos queda más remedio que liderar el camino”. Y es que estas cosas, o te las tomas con humor, o no merece la pena darle mucha continuidad.

Para terminar, Juan Eslava Galán, miembro del jurado, ha sido el encargado de hacer un pequeño resumen de cada obra finalista, con su habitual forma desenfadada que tanto gusta a sus lectores. En las diez obras destaca sobre todo la mezcla de géneros. La literatura evoluciona y cada vez es menos común el hacer una novela que se ciña a un solo género. Una novela romántica y de costumbres, una intriga policiaca con trazos fantásticos o una novela de acción aventura llena de suspense son alguno de los géneros que optan a ser proclamados como nuevo Premio Planeta. Todos empezamos a tener nuestras preferidas. Y yo me lanzo a la piscina con este nombre, Siete lágrimas rojas, de Blanco Dálmata (pseudónimo). Eslava Galán la define como “un Código da Vinci, pero bien escrita”. ¿Y quién podría ser considerado como el Dan Brown español? A mí me sale Javier Sierra

Y tras la ceremonia llega el momento que muchos esperan, el momento de la comida. En una de las antiguas salas de lo que fuera el bonito hospital modernista está todo preparado. Y empieza entre los periodistas lo que da vidilla al fin de semana, la quiniela. Chismorreos, rumores infundados o verdaderos chivatazos. Todo nombre es una buena excusa para echarse unas risas. En la rueda de prensa ya salen los primeros nombres. Como no solo de escritores vive la literatura (¿eso es bueno o malo?), salen a la palestra periodistas, presentadores… ¡incluso actrices! El año pasado twitter se revolucionó con un rumor. ¿Sería verdad eso de que Cristina Pedroche iba a ganar el premio? Este año la rumorología se disparará hasta las doce de la noche del sábado, momento en que sabremos quién merece (o desmerece) este importante galardón. Mientras tanto, yo voy a prepararme para la espectacular cena que tenemos hoy, a ver si vamos separando el grano de la paja entre tanto rumor. Y que mañana no se me olvide planchar bien la camisa y la americana, que vienen Sus Majestades los Reyes y uno tiene que estar bien “pintón” para tan magnánimo evento.

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Diario de un bloguero en el Premio Planeta (I): ¡Nos vamos!

Premio Planeta

Premio Planeta¡Ha llegado el gran día! Uno de los más esperados por LibrosyLiteratura. Y es que por tercer año consecutivo tenemos el gran privilegio de asistir a la gala de entrega del Premio Planeta que se celebrará mañana en el transcurso de una cena literaria en el Palau de Congressos de Catalunya. Al igual que hicieran en años anteriores mis compañeros Iván Ricarte y Diego Palacios, mi misión no solo consistirá en contaros todo lo que allí pase durante las próximas 48 horas, ya sea a través de la web o de nuestro twitter (@librosylit); también tengo la difícil tarea de conseguir antes que nadie el nombre del ganador y del finalista, primicia que ya conseguimos en 2015 con Alicia Giménez Bartlett y Daniel Sánchez Arévalo, y en 2014 con Jorge Zepeda y Pilar Eyre.

Mientras el AVE nos lleva a muchos de nosotros a Barcelona, es momento de hablar un poco de la edición de este año, la sexagésima quinta, que cuenta con una participación récord en la historia del galardón: 552 novelas presentadas. Con esta cifra se superan por primera vez las 550 novelas recibidas. El Premio Planeta de Novela 2016 está dotado con 601.000 euros para la obra ganadora y 150.250 euros para la finalista, con un Jurado integrado por Alberto Blecua, Fernando Delgado, Juan Eslava Galán, Pere Gimferrer, Carmen Posadas, Rosa Regàs y Emili Rosales. La procedencia de las novelas recibidas es muy diversa. Además de España, destacan América del Sur (93 obras), América del Norte (60), América Central (18) y resto de Europa (12).

El secretario del Jurado ha comunicado la lista de las 10 novelas finalistas de la LXV edición del Premio Planeta de Novela. Los diez títulos y autores (o sus seudónimos) de las obras son:
El marido de la gitanilla, Ñau (seudónimo)
Sol de Tebas, Jim Hawkins (seudónimo)
7 LR (Siete lágrimas rojas), Blanco Dálmata (seudónimo)
Tinta corrida, Mariano Negri
Sardinas coloradas, Luis Escalante Galán
El nacimiento, Óscar García (seudónimo)
Con un par de alas, Hope (seudónimo)
El camino de Santiago, Maestro Mateo (seudónimo)
El reposo de la tierra durante el invierno, María Mercedes Irigaray (seudónimo)
Nada impide, Anxo Novoa (seudónimo)

Este año el fallo del Premio Planeta también se podrá seguir en directo a través de internet en el sitio www.premioplaneta.es a partir de las 23.30 horas. Pero ya saben, si quieren enterarse antes que nadie del nombre del ganador, estén atentos a nuestro twitter… intentaremos un año más dar la campanada.

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Donde los escorpiones, de Lorenzo Silva

donde los escorpiones

donde los escorpionesTiene delito que yo, gran fan de la novela negra española, no haya leído ningún libro de Lorenzo Silva y la famosa serie de sus guardias civiles Bevilacqua y Chamorro. Así que me he propuesto enmendar mi error, y como lector desordenado que soy, he vuelto a empezar por el final. Donde los escorpiones es la novena entrega de la saga, y la primera en la que Rubén Bevilacqua (Vila) y Virginia Chamorro tendrán que resolver un caso fuera del país. El destino elegido no es nada agradable, pues tendrán que esclarecer la misteriosa muerte de un soldado español en la base militar de Herat (Afganistán). El fallecido, con amplia experiencia en otras misiones militares en el extranjero y con fama de conflictivo, aparece degollado con un arma local en un compartimento de tropa sin uso. En un principio, todo apunta a un ataque externo por parte de los trabajadores afganos de la base, pero cuando empiezan a indagar el carácter del fallecido el abanico de posibilidades se multiplica de manera exponencial.

Cualquiera puede pensar que leer este libro sin haber leído las anteriores ocho novelas de la saga puede ser algo complicado, pues siempre son varios temas transversales los que se van tratando en todas las historias. Sin embargo, al igual que pasa con los libros de Fred Vargas, la lectura de esta novela por sí sola, sin conocimiento previo del resto, se puede disfrutar igualmente.

Donde los escorpiones ofrece como valor añadido su exótica (no sé si este es el adjetivo adecuado) ubicación, pues son pocas las novelas actuales que se desarrollan en Afganistán. Para ello Lorenzo Silva ha hecho una gran labor de documentación que plasma con maestría en su historia. El escritor madrileño pudo visitar la base de Herat en verano de 2014 y comprobar sobre el terreno la labor que las tropas españolas llevan a cabo en el país asiático dentro del marco de la ISAF, siglas con las que se reconoce a la intervención de la OTAN allí.

Debo reconocer que el estilo de Lorenzo Silva me ha gustado mucho. Sus dos protagonistas llevan la investigación de forma muy académica, tirando suavemente del hilo hasta conseguir desenredar la madeja. Tanto Bevilacqua como Chamorro (así como los secundarios) me han parecido unos personajes frescos y reales, con comentarios siempre pegados a la actualidad y con el toque de ironía y acidez justo para analizar la situación política y social con algo de humor.

Pero si por algo me gustaría destacar esta novela es por el brillante retrato que construye Lorenzo Silva sobre las misiones militares españolas en el extranjero. Estas misiones solo adquieren carácter noticiable en España cuando se produce, lamentablemente, alguna baja en nuestras filas o en las filas aliadas. Sin embargo, muy poco o nada se sabe de la labor que desarrollan las tropas, y mucho menos aún de su día a día en zonas que, pese a la calma aparente, están declaradas como zonas de guerra. Por eso Donde los escorpiones se presenta como una oportunidad única de saber de primera mano la realidad a la que tiene que enfrentarse todo militar en esa situación. Lorenzo Silva describe cada metro cuadrado de la base de Herat, siempre tan calurosa y llena de polvo en verano. Gracias a él conocemos los horarios, los protocolos, los procedimientos y toda la burocracia interna que ha de respetarse entre diferentes cuerpos y mandos. En definitiva, las ventajas e inconvenientes de trabajar en un paraje así. Con su narración consigue humanizar un territorio que para muchos es lo más parecido al infierno, retratando a la inmensa mayoría del pueblo afgano como víctimas involuntarias cuyo mayor pecado consiste en haber nacido en un lugar que vive décadas en permanente guerra, ya sea entre ellos o con diversos agentes exteriores.

Esta ha sido una novela llena de descubrimientos y que confirma lo que mucha gente lleva años diciéndome; que Lorenzo Silva es un gran escritor de novela negra. Pero no solo eso, pues con Donde los escorpiones he descubierto un autor con una sensibilidad especial para hacer llegar al lector una realidad dura y difícil, pero bonita y humana a la vez.

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10 libros que te harán viajar muy lejos

Ébano

Viajar siempre ha fascinado al hombre desde que el mundo es mundo. Durante siglos, cientos de viajeros han dejado testimonio de sus viajes por escrito, para el disfrute de generaciones posteriores. Y ahora que se empieza a vislumbrar el buen tiempo y el verano, somos nosotros los que nos ponemos en la piel de los grandes viajeros de la Historia y empezamos a preparar nuestros viajes. Los más intrépidos buscan la aventura en paraísos remotos y lejanos, deseosos de dejar atrás la rutina del día a día. Otros, sin embargo, prefieren la cercanía para su cambio de aires, anhelando los bien merecidos paseos por el campo, chapuzones en el mar o noches tranquilas hasta las tantas con la buena compañía de un libro, un buen vino y un puñado de amigos. Para los primeros, desde Libros y Literatura proponemos una lista de diez libros que te harán viajar muy lejos y que, quizá, os inspiren para realizar ese viaje que nunca os atrevisteis a hacer. Porque como dijo Emily Dickinson, “para viajar, no hay mejor nave que un libro”.

ÉbanoÉbano, de Ryszard Kapuscinski. Considerado como uno de los libros de viajes por excelencia, narra la experiencia del autor como corresponsal en África durante más de tres décadas. Kapuscinski quedó fascinado por el continente negro, en el que asistió durante años a infinidad de golpes de Estado, conflictos políticos y guerras, pero donde también encontró unos seres humanos cuya verdadera historia también tenía derecho a ser contada. La labor reporteril del escritor polaco le valió infinidad de reconocimientos y galardones, entre ellos el Premio Príncipe de Asturias de la Comunicación y Humanidades en 2003, dejando para la posteridad obras como Ébano, que debería ser de lectura obligada no solo entre los estudiantes de Periodismo y Comunicación, también para cualquier persona que quiera conocer más a fondo la realidad africana y mundial que se vivió en la segunda mitad del Siglo XX.

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Queremos que vuelvan, de Miguel Ángel Santamarina

Queremos que vuelvan

Queremos que vuelvanEspaña es un país con la sensibilidad siempre a flor de piel. Tanto si se trata de llorar como de reír, aquí siempre somos los primeros en ponernos a la cola. Y si además contamos con un potente altavoz televisivo de por medio, capaz de engrandecer hasta el detalle más nimio, mejor que mejor. Por eso ahora los españoles viven pendientes de Diana Quer, como en su día vivieron pendientes de Miriam, Toñi y Desirée, de Anabel Segura, de la pequeña Mariluz o de Marta del Castillo, entre muchos otros. Los debates matutinos en el bar o en el puesto de trabajo tienen una nueva conversación. Ya no solo se habla de fútbol, también se lanzan hipótesis sobre el paradero de la joven madrileña. Los más sentidos derraman alguna lágrima, deseando no tener que sentirse expuestos nunca al doloroso trámite por el que pasan los padres. Otros, algo más morbosos, alimentan en silencio las ganas de que la investigación destape algún que otro trapo sucio familiar con el que poder lanzar, al grito de “ya me lo olía yo”, las más sibilinas acusaciones. Y para colmo, todo programa televisivo que se precie pone todos sus recursos (técnicos y humanos) para adelantar en primicia cualquier detalle digno de ser contado, ya sea un simple rumor o la declaración más esperada. Y perdónenme esta larga introducción, pero me viene al pelo para presentaros Queremos que vuelvan, la primera novela de Miguel Ángel Santamarina, que retrata muy fielmente la expectación que se genera en España cada vez que afronta un caso tan mediático como es la desaparición de jóvenes en extrañas circunstancias.

En este caso, los desaparecidos son Bruno y Mario, dos adolescentes de Alcorcón sin aparentes problemas, cuyo rastro se pierde el 15 de agosto de 2012. Javier Redondo es un periodista que pone todo su empeño en descubrir el paradero de los chicos y cuya obsesión por el caso le supondrá graves problemas. Las desapariciones pronto se convierten en un caso mediático gracias a Lisandro Meneses, estrella televisiva, cuyos especiales sobre Bruno y Mario sacudirán las conciencias de todos los telespectadores. El avezado presentador, con mucha labia y pocos escrúpulos, irá limpiando sutilmente la superficie del caso, como si de un arqueólogo de tratase, para demostrar a la opinión pública las desavenencias internas entre los familiares e incluso entre los desaparecidos, cuyo perfil angelical dista mucho de ser el real.

En Queremos que vuelvan hay políticos corruptos, banqueros deleznables, policías oscuros, periodistas carroñeros y mafiosos del este de Europa dedicados supuestamente al tráfico de jóvenes. Algo que en otros países podría considerarse literatura fantástica, en España bien puede ser considerada como una novela realista sin que tachen a uno de demente.

Miguel Ángel Santamarina debuta con una historia absorbente, bien contada y estructurada. El autor va proporcionando al lector la información en pequeñas dosis, alternando el presente con los últimos días de Bruno y Mario antes de su desaparición. El punto fuerte de la novela, en mi opinión, está en lo bien que refleja el autor el mundo de la telebasura. No hace falta poner nombres o ejemplos para ilustrar el tema, pero todos sabemos cómo se las apañan en televisión para tocar la fibra del espectador y crear esa tensión dramática que hace que nos quedemos pegados a la pantalla, esperando a que el presentador o colaborador de turno saque más trapos sucios con los que frotarnos las manos o llevárnoslas a la cabeza.

Los que lean esta novela pueden pensar que el autor exagera; que ni las altas esferas son tan oscuras ni la televisión es tan truculenta. Yo creo que no hay exageración, solo las licencias literarias necesarias para que un thriller consiga enganchar al lector. Por eso prefiero pensar que Queremos que vuelvan es una caricatura de la sociedad actual. Quizá ponga demasiado énfasis en algunos rasgos defectuosos, pero no por ello deja de reflejar una realidad que convive con todos nosotros.

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Ful, de Rafa Melero

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fulHablar de novela negra española en la actualidad es hablar de la editorial Alrevés. En su catálogo se encuentran grandes de este género como Alexis Ravelo, Víctor del Árbol o David Llorente, acompañados también por valores al alza como Rafa Melero. Y hoy vengo a hablaros de la nueva novela de este último, Ful. Y no, no es una novela en la que el póquer esté presente. Ful es el apócope de Fulgencio, el protagonista de una peculiar banda de ladrones de Lleida que verá su futuro comprometido tras un gran golpe lleno de complicaciones.

Tras disfrutar el año pasado leyendo La penitencia del Alfil, no dudé hace unas semanas en leerme la nueva historia de Rafa Melero. Si con su segunda novela sorprendía con una trama extremadamente compleja y bien llevada, esta vez también busca innovar ofreciéndonos un punto de vista muy diferente al resto de novelas del género. Mientras que la mayoría de novelas negras se basan en las aventuras y trabajos del investigador de turno, esta vez la trama se centra en la otra cara del crimen, en la de los culpables. Y aquí no se trata de descubrir al asesino (eso lo sabemos desde el primer momento), se trata de entenderlos, de comprender sus comportamientos y de ver si son capaces de salvar el culo, sea o no de forma merecida.

La banda de Ful la completan Jose, Arturo, Jessica y el Pelota, con un misterioso James como ideólogo del gran golpe. Todos provienen de las clases bajas de la sociedad, todos con sus problemas y su pasado atormentado. Y es un mal golpe al intentar atracar a unos traficantes lo que pondrá sus vidas en peligro. El jefe de los traficantes mandará a España a un terminador conocido como El Hielo para intentar “arreglar” el asunto a su manera. También contamos con la rama policial liderada por Pepe el mosso, que intentará solucionarlo todo por la vía legal antes de que haya más derramamiento de sangre.

Lo primero que se le pide a un escritor cuando escribe una novela es que la haga interesante, que atrape al lector desde la primera página hasta el final, algo que parece sencillo pero no es tan fácil de conseguir. Sin embargo, Rafa Melero lo consigue con gran destreza. Tanto su anterior obra como esta tienen la capacidad de dejar al lector pegado al sofá (o al lugar donde lea cada uno), devorando una página tras otra con una historia bien llevada y resuelta, manteniendo siempre el interés del lector. Ful, a base de capítulos cortos e intensos, se convierte en una novela que bien puede ser leída en una o dos tardes, y más ahora en verano que disponemos de mucho tiempo libre.

Al igual que en su anterior novela, otro de sus puntos fuertes es la visión policial que da a la trama. Hay que recordar que el autor es Mosso d’Esquadra desde hace más de veinte años, y toda esa experiencia queda reflejada en sus personajes, tanto en los procedimientos de los mismos como en la jerga policial utilizada.

Ful es una gran historia con confirma a su autor como uno de los valores a seguir en los próximos años. Con solo tres libros publicados, Rafa Melero demuestra que la novela negra española sigue en buena forma, y que todavía se puede sorprender al lector con grandes historias y grandes personajes.

César Malagón @malagonc

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El peso de los muertos, de Víctor del Árbol

El peso de los muertos

El peso de los muertosAcabo de terminar de leer El peso de los muertos y aún estoy tratando de asimilar el final de la historia. Al terminar de leer la última frase de la última página, un escalofrío me ha recorrido la espalda de principio a fin, erizándome la piel y dejándome todavía el corazón encogido, en un puño. Estoy tratando de asimilar esta historia, recolocando en mi cabeza todos los sentimientos que se han agrupado durante la lectura, preparándome para despedirme del libro y volver a guardarlo en mi biblioteca; en un lugar privilegiado de mi biblioteca, desde ahora. Y estoy haciendo algo que no había hecho nunca, empezar a escribir la reseña, sin respetar esas horas o días que hay que dejar entre la finalización de un libro y su reseña, ese tiempo en el que los posos que deja la lectura nos dibujan claramente si leímos una buena historia o no.

Acabo de terminar de leer El peso de los muertos y aún sigo sin creer que esta fuera la primera novela de un autor, consiguiendo en su debut una madurez que muchos otros autores todavía no han encontrado tras muchos años escribiendo y publicando. Diez años después de escribir esta historia, Víctor del Árbol ha conseguido que crítica y público coincidan en los halagos hacia él. Incluso ha conseguido el prestigioso Premio Nadal con La víspera de casi todo, justo los dos (primero y último) únicos libros que he leído del autor, algo que necesariamente tendré que solucionar. Y pienso que El peso de los muertos y La víspera de casi todo tienen lugares e historias comunes, algo así como un sello personal que el autor confiere a sus obras y que, tomando perspectiva de las cosas, lo escrito en el 2006 fue algo enorme, aunque mejor ha sido lo que ha escrito en 2016. Por eso irremediablemente me da por pensar en el 2026 y saco la conclusión que Víctor del Árbol y su literatura no tienen límites.

Acabo de terminar de leer El peso de los muertos y aún sigo digiriendo su narración madura, sus personajes tan definidos y ese misterio suministrado al lector en pequeñas dosis. Sigo fascinado por sus narraciones tan completas y académicas, sus paisajes rurales y urbanos tan especiales y por esos personajes como Lucía o Liviano, tan fuertes pero a su vez tan llenos de miedos y de culpas. Y me encanta la manera que tiene el autor de hablar de la vida y de la muerte como si fueran dos caras de la misma moneda, dos conceptos antagónicos pero con una línea extremadamente fina que los separa. Por eso, cada vez que se lanza la moneda al aire y sale la muerte, ese peso se queda dentro de los vivos, un peso que engorda con los años y que impide continuar a sus protagonistas, por mucho empeño que le pongan. Y sí, está claro que el libro tiene algunos pequeños defectos (el propio autor lo reconoce en al inicio de la novela), pero no estoy aquí para juzgar al Víctor del Árbol actual sino al Víctor del Árbol de hace una década que cumplió su sueño de ser escritor y que dejó una ópera primera de una factura difícil de igualar.

Acabo de terminar de leer El peso de los muertos y aún sigo pensando en su final. Y querría ponerle un adjetivo pero no encuentro el más adecuado, quizá por miedo a que alguien pueda hacerse una idea equivocada del mismo. Prefiero que los lectores de esta reseña lo descubran por sí solos. Yo, mientras tanto, sigo sorprendido por los efectos del libro. Como he dicho antes, es la primera vez que me pongo a escribir nada más terminar de leer. Y también es la primera vez que consigo escribir una reseña completa en solo diez minutos. Increíble.

César Malagón @malagonc

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Once goles y la vida mientras, de Pablo Santiago Chiquero

Once goles y la vida mientras

Once goles y la vida mientrasTodo aquel que se considere futbolero sabe de la importancia y el influjo que este deporte ejerce en su vida. Tanto es así, que muchos medimos nuestra vida no por años, sino por temporadas, como le pasaba a Nick Hornby en Fiebre en las gradas. Y es que el deporte por sí solo tiene la capacidad de convertir un día normal (incluso malo) en un día inolvidable. El fútbol y sus goles han marcado a fuego varios recuerdos imborrables en mí. El 25 de mayo de 1996, los goles de Simeone y Kiko Narváez convirtieron una aburrida reunión familiar en una de las mayores fiestas de mi niñez, celebrando en Neptuno el primer doblete atlético. El 11 de julio de 2010, un viaje relámpago a la playa con los amigos se convirtió en uno de los fines de semana más felices de mi vida, gracias al acierto de Andrés Iniesta.

Estos goles y cientos de ellos más marcan mi vida y la de miles de personas. Y sobre esas personas trata Once goles y la vida mientras; once relatos donde Pablo Santiago Chiquero no pone el foco en las grandes estrellas del balón, sino a los autores secundarios de este gran espectáculo, los que sufren semana a semana en las gradas y los que se dejan la garganta animando al equipo de sus amores ya sea en el campo, el salón de casa o un humilde bar de barrio.

Los once relatos rememoran goles que todos tenemos en la retina, incluso habiéndose marcado años antes de que naciéramos, como la famosa “mano de Dios” de Maradona, el gol de Juan Señor a Malta, el golazo de Zidane en la final de la Liga de Campeones o el ya citado gol de Iniesta en aquella mítica noche veraniega de 2010.

Pablo Santiago Chiquero retrata con brillantez la pasión futbolística en unos relatos rápidos que atrapan y emocionan por igual. Sus personajes no son los grandes héroes de este deporte sino más bien gente anónima. Hombres de negocios, padres e hijos, presos o excombatientes; un grupo de lo más heterogéneo unidos por una misma pasión, el fútbol, y una multitud de sentimientos que surgen justo en el mismo momento en el que el balón traspasa la línea de gol y se aloja, por suerte para algunos y desgracia para otros, en el fondo de las mallas.

Once goles y la vida mientras contiene historias tan bien perfiladas y tan bien narradas que se me hace difícil elegir un solo relato como el mejor. Aun así, haciendo un esfuerzo, creo que me quedo con “Treinta vacas, un gol, noventa años”, donde el gol de Iniesta en Johannesburgo marca para siempre a una familia dividida.

…y Juan no pudo evitar pensar en la rara desarmonía con la que discurren historia y vida privada: mientras todo un país celebraba una victoria sin precedentes, la vida y la muerte, los enamoramientos y las separaciones, las desgracias y los pequeños triunfos personales seguían sucediéndose como si tal cosa…

Esta es la esencia de Once goles y la vida mientras, y es la esencia de todos los sentimientos futboleros que vamos acumulando a lo largo de los años. Sabemos que una vez pitado el final del partido la vida sigue, pero las medallas y las heridas de cada partido las vamos guardando en nuestro interior. Y esto es difícil explicarlo a alguien que no disfruta del fútbol. Pero por suerte hay libros como este de Pablo Santiago Chiquero que consigue hacerlo mucho más fácil.

César Malagón @malagonc

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Señales de humo, de Rafael Reig

Señales de humo

Señales de humoLes haré una confesión. Aunque ahora ando siempre rodeado de libros de todo tipo, en mi época de instituto no me leí ninguna de las lecturas obligatorias que nos mandaba el profesor de literatura. Le pedía a mi madre que me los comprara (hay que apoyar al negocio editorial), pero una vez adquirido no pasaba de la primera página. Y es que con esas edades ponerse a leer a Lope, Valera o Baroja es de las cosas menos estimulantes que le puedes pedir a un adolescente. Pensaba (y pienso) que teniendo libros como El nombre de la rosa o El guardián entre el centeno, darle a un chaval de quince años Pepita Jiménez es una forma algo drástica de obligarle a amar la literatura. También es verdad que el profesor hace mucho, y los métodos con los que yo estudié no eran del todo satisfactorios.

¿Y por qué me he puesto a divagar sobre este tema? Pues porque quizá si mi profesor de literatura hubiera sido como el protagonista de Señales de humo, mi amor por la literatura no hubiera arrancado a los veinte años, sino mucho antes. No hay que olvidar que la forma de acercar el conocimiento a los alumnos es un factor muy importante en el que se debería hacer más hincapié. Y por eso Rafael Reig se propone con este libro acercarnos siete siglos de literatura de una manera divertida, con un estilo que seguro que encandilaría a más de un joven rebelde que acude a las clases de literatura con un hastío deprimente.

Rafael Reig ya publicó hace diez años su libro Manual de literatura para caníbales donde analizaba la literatura actual con rigor científico pero con estilo ameno, analizando las influencias de los últimos siglos. Ahora retoma esa brillante idea con Señales de Humo y su particular profesor, Martín Belinchón (de los Belinchón de toda la vida), una persona con problemas mentales capaz de disociarse y compaginar la docencia en un instituto de Manoteras con viajes al pasado, convirtiéndose en un falseador de obras literarias o en el mismísimo gato de “El Fénix de los Ingenios”.

El didáctico propósito de Reig empieza con las jarchas, primeras manifestaciones literarias en castellano, y termina en 1635, con la muerte de Lope de Vega. Más de 700 años en los que analizar las primeras figuras del panorama literario patrio (y no tan patrio) desde un prisma desenfadado, casi humorístico, sin perder por ello el rigor que se le presupone y exige a la función docente.

No se puede dudar que el escritor asturiano conoce de primera mano la materia tratada en Señales de humo. Con este libro no estamos ante una mera concatenación cronológica de grandes autores y sus méritos, ni mucho menos. Belinchón va saltando de siglo en siglo parándose en sus grandes figuras y haciendo de este libro una lucha a muerte entre dos bandos, dos formas muy distintas de ver y tratar a la literatura. En un bando, tenemos a los seguidores de la enfermedad bautizada por Reig como “el mortífero bacilo del petrarquismo bubónico”, que consiguió adeptos como Garcilaso de la Vega o Juan de Mena. Por el otro, una forma más campechana de entender la literatura, más cercana al pueblo, entre cuyas figuras más importantes están el Arcipreste de Hita, Fernando de Rojas o François Villon.

Entre fragmentos de obras y conversaciones con los personajes, el propio autor va evolucionando su lenguaje. Por las páginas de Señales de Humo se combina el castellano antiguo, el moderno y la jerga juvenil a discreción, de un modo divertido para el lector, que una vez pasado el descoloque inicial, se entrega a la lectura sin reservas.

“Rodrigo, sin embargo, quiere enseñar al público cómo debe comportarse todo un hombre. ¿Qué estaba mirando (cantando)? La vida que dejaba atrás, su matrimonio roto, las perchas sin su ropa en el armario, el lugar vacío donde solía poner sus zapatillas…”

Así, de este modo tan cómico, relata Reig el destierro de Rodrigo Díaz de Vivar a manos de Alfonso VI, hecho histórico con el que se inicia el Cantar de mío Cid. Ya solo por el resumen coloquial que hace el autor de esta obra cumbre de la literatura castellana merece la pena leerse Señales de Humo. Y si a eso le añadimos El libro de buen amor, La Celestina, El Lazarillo o la vida privada y sórdida del engreído Cervantes o el pasional Lope de Vega, hace de este libro un manual que debía ser de lectura obligada en institutos. Porque existe otra forma de hacer la literatura atractiva a los jóvenes, y Rafael Reig lo demuestra con maestría, humor y conocimiento.

César Malagón @malagonc

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