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La voz de las espadas, de Joe Abercrombie

la voz de las espadas

Cuando se la voz de las espadastrata de leer no hago ascos a nada. No importa el género literario, siempre y cuando la historia sea buena. Una historia robusta y cargada de personajes memorables para mí lo es todo. Pero debo confesar que desde pequeñito he mantenido un apasionante idilio con la fantasía. Mi nariz tarde o temprano siempre acababa (y aún acaba) metida entre las páginas de libros en los que se describían lugares increíbles habitados por seres que iban más allá de toda imaginación. A medida que crecía, que maduraba (o lo intentaba), me di cuenta de que la realidad que me rodeaba no era de color de rosa, sino que había muchos tonos ocres. Asimismo, de forma gradual, ocurrió con el género fantástico. Los héroes ahora ya no son hombres bondadosos que jamás pierden una batalla. Pierden y mueren. Las princesas no buscan un príncipe azul con el que casarse, sino que libran sus propias batallas. ¡Y qué batallas! Los magos honestos, que visten túnica con runas ininteligibles bordadas en ella, escasean. Y no todos los bárbaros son seres despreciables carentes de compasión. “Lealtad, deber, orgullo, honor; todos esos conceptos están pasados de moda”. No todos los buenos sobreviven. Ni todos los malos mueren. No todos los buenos son tan buenos, ni todos los malos son tan malos. Entre el blanco y el negro existe el gris. Pero hay autores, como Joe Abercrombie, a quienes les gusta el gris oscuro. Muy, pero que muy oscuro.

El libro La voz de las espadas de Joe Abercrombie es una muestra clara (al igual que lo es la saga Canción de hielo y fuego escrita por George R.R. Martin) de que la fantasía se ha vuelto menos pudorosa a la hora de mostrar mundos repletos de personajes de moralidad bastante disoluta. “Lo que cuentan son los jugadores, no las cartas”. Midderland es uno de esos lugares, además de ser el mundo en el que transcurren los hechos narrados en la trilogía de La primera ley. Es un lugar ficticio y legendario, como dictan las normas, pero bastante lóbrego. No, Midderland no es la Tierra Media. No es ese lugar que nos describió Tolkien en donde los héroes habitaban verdes praderas o ciudades blancas y los villanos lugares recónditos, oscuros y pestilentes. Midderland es un anárquico revoltijo de matices en donde los que obran de forma correcta y los que se comportan de forma execrable se confunden, conviviendo en un mundo que se desangra por un sinfín de guerras interminables. Si bien es cierto que la narración no empieza siendo tan tenebrosa la historia vira, a medida que avanza, tomando un cariz más oscuro; haciendo todavía más patente el contraste con esas ciudades que parecen bellas e impolutas, pobladas por ciudadanos que fingen gozar de una ética intachable. Pero en las sucias tripas de tales poblaciones aguardan lugares sórdidos. Allí se llevan a cabo todo tipo de muertes, asesinatos y torturas. Éstas últimas, obra de La Inquisición y, en especial, llevadas a cabo por su inquisidor estrella: San dan Glokta. Antaño fue campeón de esgrima, tras pasar por las cárceles del enemigo se convirtió (a la fuerza) en un cínico tullido. Las mejores frases, y pensamientos, son para este personaje. A mi parecer, y tal vez algunos pongan el grito en el cielo por lo que voy a decir, Golkta no tiene nada que envidiarle a Tyrion Lannister; absolutamente nada. Las escenas en las que Glokta extrae información con sus ingeniosos aunque brutales métodos son narradas con especial crudeza y de forma explícita, así como algunas de las pocas pero frenéticas batallas que se dan a lo largo del libro. “Cada cual sirve al rey a su manera”. Igual de gráficas son las descripciones de los dolores que atormentan el cuerpo de Golkta: son tan detalladas que, para alguien con un poco de hipocondría (como yo, por ejemplo) resultan poco menos que una putada. ¡Qué caprichosa es la mente cuando el que habla es tan preciso! Por si todavía no te había quedado claro, La voz de las espadas no es una novela apta para todos los públicos. Jezal dan Luthar, un niño rico que en vez de llevar a cabo sus tareas de capitán y de entrenar para el certamen de esgrima prefiere pasarse el día jugando a cartas con sus amigos y emborrachándose, y Nuevededos, el bárbaro que empieza a estar harto de la lucha, son los otros dos protagonistas que encabezan una lista de personajes en donde abunda la variedad. Personajes espléndidos, de notable profundidad y con personalidades repletas de luces y sombras.

Joe Abercrombie no solo pone especial mimo en moldear todo tipo de personajes, además urde, de forma lenta, una trama que poco a poco va apoderándose de toda la atención del lector. Su narración es pausada, sin ningún tipo de prisa, es como un jugador de ajedrez preparando el terreno de juego: saca el tablero, coloca las piezas y empieza a mover algunos peones de forma estratégica. Lento pero seguro. Es una táctica tan arriesgada como osada, ya que esa serenidad a la hora de narrar, mal ejecutada, podría llevar al tedio. Nada más lejos de la realidad, pues la táctica da sus frutos y no tardarás mucho en descubrirte devorando páginas sin parar.

Tras leer La voz de las espadas se pone de manifiesto que Midderland no es un lugar idílico para vivir, ni para disfrutar de unas vacaciones, ni siquiera para pasar un fin de semana; aun así necesito volver. “¿Por qué lo hago? ¿Por qué?”. Necesito saber qué pasará con sus habitantes, cómo transcurrirán esas guerras y quién sobrevivirá a éstas. Necesito volver a sufrir, reír, enamorarme, luchar… Ansío volver a Midderland, a pesar de sus peligros, la corta esperanza de vida y las tenebrosas conspiraciones. Para ello, para volver a esas vastas tierras repletas de misterio y magia, no hay mejor forma que continuar con la aventura y embarcarse, sin miramientos y con arrojo, con destino hacia el siguiente volumen de la trilogía.

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Sentimentalismo tóxico, de Theodore Dalrymple

Sentimentalismo tóxico

Sentimentalismo tóxicoVoy a empezar con una confesión: hace días que terminé este libro y no sabía cómo enfocar la reseña. Normalmente acabo uno y al momento me pongo a escribir, con todas las emociones a flor de piel. Pero, en este caso, llevo dándole vueltas varios días y nada, no había manera. Se trata de un ensayo que hace una crítica profunda a la sociedad; sobre todo a la inglesa. Tanta crítica ha hecho que terminara el libro con rabia e impotencia. Muchas sensaciones y sentimientos se agolparon en mi cabeza y, al intentar dejarlas salir, las palabras se me quedaron atascadas, sin vía de escape. Pero ya no podía dejar pasar más el tiempo y tenía que hacer esta reseña sí o sí. Así que, allá vamos.

Tengo que hacer una puntualización antes de meterme en materia: el título original de este libro es How Britain is ruined by its childrens, lo que, traducido al español sería “Cómo Gran Bretaña está arruinada por sus niños”. Este detalle es muy importante, ya que resume a la perfección en qué consiste este libro. Theodore Dalrymple (seudónimo tras el que se esconde el médico inglés Anthony Daniels), abre su obra con las siguientes palabras “Un informe reciente del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia declaraba que entre los veintiún países desarrollados el que peor trataba a los niños era Gran Bretaña”. Con esta afirmación tan contundente, este médico que ha conocido de primera mano las desgracias sucedidas tanto en Europa como en África, abre lo que promete ser un debate muy interesante. ¿Por qué un país tan adelantado como Gran Bretaña no es capaz de proteger uno de sus bienes más preciados? ¿Por qué la violencia contra los niños británicos no ha hecho sino aumentar en los últimos años?

Esta violencia tiene una clara consecuencia: los niños aprenden lo que ven. Si haces que un niño crezca en una esfera de violencia, acabará respondiendo de la misma forma, con crueldad y vehemencia. Theodore Dalrymple nos dice que la mayoría de los padres británicos temen a sus hijos. Pero no solo los padres, también los profesores. Estos confiesan que se sienten coaccionados por sus alumnos y por los padres de estos. Recuerdo que, cuando iba al colegio y un niño sacaba malas notas, el padre normalmente venía corriendo a exigirle al profesor una explicación por esas notas tan bajas. Vi incluso cómo un padre amenazó a uno de los maestros porque su hijo había suspendido un examen y quería que le aprobara. ¿Quizás es sobreprotección? ¿quizás es una manera de compensar el poco tiempo que pasan los padres con los hijos?

De una manera u otra, Theodore Dalrymple culpa al sentimentalismo, al Sentimentalismo tóxico, aquel que hace que perdamos los papeles y que nos dejemos llevar sin pensar en las consecuencias. En su ensayo, analiza también la exaltación pública de las emociones; llega a la conclusión de que si una persona llora en privado, no ha llorado. Tiene que hacerlo en público, para que todo el mundo se sienta conmovido por la situación que está atravesando. Así, dice que el sentimentalismo se convierte en un mal social cuando traspasa la barrera de lo personal, cuando es necesario generar en los demás una reacción a través de nuestros propios sentimientos.

Volviendo al tema de los niños, hoy en día estos poseen todo lo que desean y más. Capricho que tienen, capricho que se les concede. No culpo a los padres, sino a la sociedad. Nos han enseñado que si no tenemos lo que los demás, no podemos ser felices. Y, como padres, si vemos que nuestros hijos sufren por no tener algo determinado, creemos que estamos en la obligación de dárselo. Esta idea se podría unir a la anterior: a la necesidad de demostrar públicamente nuestros sentimientos. No solo le doy a mi hijo todos los caprichos, sino que quiero que la gente lo vea. Es como el refrán: no solo hay que ser la mujer del César, sino aparentarlo. Pero lo cierto es que la obligación es otra bien distinta: no hay que concederles todos esos deseos vacíos, sino enseñar a los niños a amar lo que tienen y a ver el valor de las cosas inmateriales.

Estas son unas cuantas ideas que se me han pasado por la cabeza mientras leía el libro. No quería hacer una reseña de dos mil palabras, pero realmente podría hacer un tratado filosófico que analizara cada uno de los sentimientos que provoca este libro. No sé, quizá algún día lo haga. Entre tanto, os recomiendo su lectura; no solo a los padres que tengan hijos a los que dan algún que otro capricho de más, sino a todas aquellas personas que se pregunten qué estamos haciendo mal en esta sociedad.

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Laura, de Vera Caspary

Laura

LauraMe gusta la novela negra clásica norteamericana. Así, con todas las etiquetas. Cuando cojo algo de Chandler, Hammett, Ross Macdonald, Margaret Millar, Patricia Highsmith, James M. Cain o alguno de sus congéneres sé que me va a gustar, ya está. Y por eso he leído bastante de este tipo de novela. Pero Alianza acaba de demostrarme que me queda mucho, mucho por leer. Y me ha dado una alegría.

Laura es una novela que no tiene nada que envidiarle a El caso Galton o a Extraños en un tren. Tiene todos los elementos básicos de la novela negra de los años cuarenta y cincuenta. Un asesinato, el de Laura Hunt, una atractiva publicista de Nueva York a la que disparan en la cara días antes de su boda. Un detective que se aleja bastante del modelo de perfección, Mark McPherson, un escocés que aprendió a valorar los libros (eso me recuerda al último Phillip Marlowe) tras una larga convalecencia que le dejó con una pierna ortopédica. Y diversos sospechosos: la criada, la tía de la víctima, el prometido, el mejor amigo… Hasta aquí el misterio clásico. Pero Laura, como la mayoría de las novelas de los autores que cito arriba, es mucho más que eso.

Para empezar, por su forma. La novela está dividida en cinco partes y cada una de ellas es narrada en primera persona por un personaje diferente. Así que vemos la realidad desde diversas perspectivas y con muchas de sus contradicciones. Y, además, este recurso le da una fuerza y un ritmo a la novela impresionantes. Solo os diré que la novela me ha durado menos de veinticuatro horas y en parte ha sido gracias ese gran creador de suspense que es el contar la historia desde diversas miradas (¿os acordáis de Perdida?). Porque, en Laura, si tanto el mejor amigo como el prometido, por ejemplo, tienen voz en la historia, ¿eso les descarta como posibles asesinos? ¿Puede una primera persona mentir al lector?

Y no solo la forma llama la atención en esta novela, la historia también es mítica, como se encargó de demostrar Otto Preminger en su adaptación cinematográfica de 1944. Pero antes de explicar este punto, debo confesar una cosa. Me cuesta mucho creerme a la mayoría de los personajes femeninos del american noir. Muchísimo. Cuando leo  las motivaciones, pensamientos o diálogos de la mayoría de mujeres en estas novelas, hago un pacto de ficción con el autor y pienso “este personaje es intragable, pero la novela me gusta, así que sigamos”. Y, exacto, en Laura eso no pasa.

El personaje que da nombre a la novela tiene una solidez y una densidad impresionantes. Y ahí está el punto genial de la historia. Laura es compleja y es humana. No es la pérfida femme fatale ni tampoco una damisela en apuros. Y así lo va descubriendo el detective McPherson mientras lee sus diarios, revisa sus estanterías, sus cajones, su armario, su cocina, facturas y correspondencia en busca de pistas. Hasta que se acaba enamorando de un cadáver sin rostro.

A través de la investigación, McPherson no solo busca al asesino, también quiere comprender a la víctima. Y de este modo Laura se revela en toda su complejidad como novela y como personaje, y desde el otro barrio. Aunque de una manera menos horripilante que la Rebeca de Daphne Du Maurier.

La fuerza del personaje de Laura es, más que sus impresionantes puntos de giro, el punto fuerte de la novela. Una novela que habla del deseo de independencia de una mujer y de sus consecuencias, pero insertada en un género lleno de detectives duros, pistolas, palizas y femmes fatales. Y, para los escépticos, lo hace sin perder un ápice de crudeza e incluso sordidez. ¿Por qué iba a hacerlo?

Por otro lado, el estilo de la novela es directo, ágil y rápido. Como punto diferencial, en Laura se percibe una leve ironía que no he encontrado en sus contemporáneos masculinos. Por no decir que Vera Caspary, su autora, se chota directamente de cierto modelo de detective hard-boiled. Porque el detective McPherson es capaz de reírse de sí mismo y de sus deseos absurdos como “volver a mi antiguo barrio tras ganar el campeonato del mundo con Hedy Lamarr a mi lado, en el asiento de un descapotable de cinco mil dólares”. Pero romper con las reglas del hard-boiled es peligroso y eso Vera Caspary lo sabía. Incluso hace decir a uno de los personajes que no está escribiendo una historia policíaca, sino un romance entre el detective y la víctima. Toda esta sutil crítica al género al que se adscribe la novela, el género negro, seguramente era un arma de defensa de la autora, quien era consciente de las dificultades que tenía una mujer para no ser catalogada como autora de novelas románticas o imitadora de Agatha Christie, independientemente de lo que escribiera.

En definitiva, si os gusta cualquiera de los autores de los que he hablado en el primer párrafo de la reseña, corred a la librería a comprar Laura. Vera Caspary ha sido injustamente tratada por generaciones de lectores y editores y ella y su Laura merecen recuperar el lugar que les corresponde entre los mejores clásicos del género. Así que ya habéis oído, queridos editores, esperamos más traducciones de las novelas de Vera Caspary. ¿Para cuando Bedelia?

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La corrupción en España: Un paseo por el lado oscuro de la democracia y el gobierno

La corrupción en España

La corrupción en EspañaLa corrupción es un tema que nos afecta mucho a los españoles, o al menos eso dice el CIS cada año. Es el segundo problema que más nos preocupa, sólo por detrás del paro, lo que no evita que cada pocos días nos despertemos con un nuevo alcalde que ha sacado dinero de donde no debía, un nuevo concejal al que le han descubierto unas conversaciones poco honestas con un empresario o un nuevo tesorero acusado de haber falseado las cuentas de su partido por encima de sus posibilidades. De hecho, es tal la cantidad de casos que se han destapado en los últimos años en nuestro país que corremos el riesgo de que dejen de escandalizarnos, de asumirlos como un mal insuperable y de que la enfermedad acabe volviéndose crónica e incurable.

Por eso creo que trabajos como La corrupción en España, publicado por Alianza Editorial, son realmente necesarios para poder analizar con perspectiva y objetividad el problema existente, de cara a poder combatirlo con eficacia. Y ésta es precisamente la propuesta de este libro: un análisis pormenorizado de la corrupción en nuestras instituciones, localizando y señalando sus focos principales.  Me han parecido especialmente interesantes las comparativas de nuestra realidad con la de otros países, ya que ayudan a visualizar el tema de forma más global y a descubrir datos reseñables e incluso sorprendentes, como por ejemplo que somos el segundo país que más rechaza la corrupción de toda la Unión Europea y, al mismo tiempo, el segundo en el que sus ciudadanos sienten que más les afecta en su día a día.

Víctor Lapuente ha sido el encargado de coordinar esta obra. Doctor en Ciencias Políticas por la Universidad de Oxford, trabaja en la actualidad como investigador en La Universidad de Gotemburgo en el Instituto de Calidad de Gobierno y es colaborador habitual de medios de comunicación españoles como El País o Eldiario.es. Junto a él han contribuido en la redacción de este libro otros siete autores, todos ellos vinculados al mundo universitario. No debe sorprender, por tanto, el carácter fuertemente pedagógico que rezuman sus páginas. Esta obra está plagada de explicaciones conceptuales, así como de datos y de gráficos en los que se basan los análisis. Es recomendable, por ello, una lectura pausada, que ayude a asimilar la gran cantidad de información y de interpretación que se incluyen en las poco más de doscientas páginas que ocupa este trabajo.

Pero por encima del análisis, lo que para mí da más valor a este trabajo son las soluciones concretas y asumibles que va ofreciendo a lo largo de los capítulos. Si algo nos ha quedado claro con los años en España es que todos los partidos tienen las claves para acabar con las corruptelas del Gobierno mientras están en la oposición, pero que cuando llegan al poder éstas se pierden por el camino. Además, muchas de las soluciones que tanto oímos pregonar a nuestros políticos son grandilocuentes e inconclusas. Frente a ellas, los autores de La corrupción en España ponen los pies sobre el suelo y cuestionan aspectos tan concretos como el modelo de gobierno municipal español o la forma en que se financian los partidos políticos. Y lo que es mejor, se atreven a estipular los plazos en los que sus propuestas podrían hacerse efectivas. Una buena forma de hacer ver que si se quiere, se puede reformar nuestro sistema sin grandes revoluciones.

Los medios de comunicación tampoco quedan al margen del análisis crítico de estos autores. La polarización ideológica existente es vista como una de las razones por las que el periodismo no es efectivo en nuestro país para controlar al poder. Dicho de otra forma, si cada medio destaca sólo los casos de corrupción de los partidos de ideología contraria mientras que relaja su crítica de los de sus afines, la ciudadanía sólo ve la paja en el ojo ajeno y no se produce un rechazo unánime contra los corruptos, por lo que las medidas que se toman a este respecto son tímidas y lentas.

La corrupción en España, en definitiva, nos ofrece un análisis sobrio y razonado de la situación de nuestro país en torno a este problema pero, por encima de todo, se atreve a poner sobre la mesa un listado de soluciones concretas y reivindicables por personas de cualquier ideología y condición, que deberían hacernos reflexionar sobre si de verdad en nuestro país se está haciendo todo lo posible para combatir la mala utilización del dinero de todos.

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Hieronymus Bosch “El Bosco”, de Nils Büttner

el-boscoTítulo: Hieronymus Bosch “El Bosco”
Autor: Nils Büttner
Editorial: Alianza Editorial
Páginas: 205
ISBN: 9788491043690

La primera vez que fui al Museo del Prado, como a cualquier españolito que se precie, me metieron directamente a ver a Velázquez, al que naturalmente adoro, y me parece un pintor maravilloso, lo mejor de lo mejor 😉 Pero por algún motivo me despisté y mientras todo el mundo iba a las salas programadas yo terminé frente a El Jardín de las delicias de “El Boco”; imagino que alguien debió venir a arrancarme de aquel lugar pues de no ser así aún estaría allí congelada en el tiempo, fascinada a mis trece años ante aquella maravilla de la que nadie me había hablado… ¿Qué demonios nos enseñaban en el colegio?

No recuerdo muy bien que pensé frente a aquel cuadro que ya nunca olvidaría, y que naturalmente ha sido el que me ha llevado a regresar en más ocasiones al Prado, y desde luego aquel primer encuentro me llevó a querer saber más y más de este pintor.

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La muerte de Iván Illich, de Lev Tosltói

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Nunca me había parado a pensar en hasta qué punto la edición, en este caso me refiero especialmente a las ilustraciones de Mariano Henestrosa, pueden influir en la percepción que tiene el lector de una historia. Yo ya conocía La muerte de Iván Illich y créanme, pensaba que no existía un factor externo capaz de modular mi opinión de un texto de un autor que me es tan querido como Lev Tolstói, pero esta magnífica edición me ha hecho darme cuenta de que estaba equivocado porque he visto un lado oscuro, que ahora me parece evidente, al que antes daba menos importancia.

La muerte de Iván Illich narra la muerte de Iván Illich, perdónenme la tautología, pero también narra su vida y en la pluma de Tolstói este relato es la expresión de una de sus obsesiones, eso que en su diario llamaba vivir mal, es decir, vivir entregado a las cuestiones materiales por encima de las espirituales, no comportarse con probidad. Y en mi visión tradicional me quedaba no tanto con esa cuestión, que en verdad es la que ocupa más páginas, como con el constraste que se establecía entre el progresivamente decrépito Iván Illich y su joven criado mujik, que afronta incluso las tareas más penosas con sencillez y alegría. Ese es en realidad el mensaje de Tolstói, pero las magnificas ilustraciones de Mariano Henestrosa dan tal fuerza a la descripción de la degeneración física y moral del protagonista que es difícil no sentirse subyugado por ella. Sigue leyendo La muerte de Iván Illich, de Lev Tosltói

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Versiones de nosotros, de Laura Barnett

Versiones de nosotros

Versiones de nosotros

A veces, el acontecimiento más banal puede marcar nuestro destino. Por ejemplo, un perro que se escapa de su dueño, un giro brusco de nuestra bicicleta para no atropellarlo y un oportuno clavo tirado en el camino nos hace caer al suelo y, gracias a ello, conocer el amor de nuestra vida. Puede ser, incluso, que aunque nos hayamos enamorado, las circunstancias nos hagan abandonarlo, arrepintiéndonos el resto de nuestros días por tan estúpida decisión. O, quizá, nuestros extraordinarios reflejos nos libren de pisar el clavo y pasemos de largo, sin percatarnos de la presencia de esa persona y sin imaginarnos si quiera la maravillosa historia de amor que habríamos vivido. Esas tres versiones son las que nos cuenta Laura Barnett en Versiones de nosotros.

Laura Barnett recrea tres posibles futuros o, más bien, tres universos paralelos donde sus protagonistas, Eva y Jim, parecen predestinados a encontrarse, a enamorarse. Alternando capítulos de la versión una, la versión dos y la versión tres, asistimos al encuentro (o desencuentro) de estos jóvenes, allá por el año 1958, y recorremos con ellos las diferentes etapas de sus vidas hasta llegar a la vejez, momento en el que es posible hacer balance de las decisiones tomadas y los errores cometidos, de lo que fue y de lo que pudo ser. Sigue leyendo Versiones de nosotros, de Laura Barnett

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Los etruscos: una breve introducción, de Christopher Smith

Los etruscos

Los etruscosDurante la lectura de todos los libros sobre Roma que leí en los últimos años, había una mención que se repetía sin cesar, y que yo siempre postergaba ampliar; podía leer sobre la fundación de Roma, sobre su etapa monárquica, republicana o imperial, pero siempre, sin excepción, los diversos autores terminaban mencionando de alguna u otra manera a los etruscos, civilización altamente ligada al origen romano. Es lo lindo que tiene bucear por la Historia, que está siempre conectada y que por cada tema que uno lee, surgen muchos otros para investigar en el futuro.

Por eso, cuando supe que Alianza publicaba Los etruscos: una breve introducción, de Christopher Smith, no lo dudé ni un segundo y me dije “llegó el momento”

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Viaje lingüístico por el mundo, de Enrique Bernárdez

viaje-linguistico-por-el-mundoSe suele decir, al menos así reza el refrán, que la curiosidad mató al gato. Al reseñista, sin embargo, la curiosidad le es algo francamente beneficioso porque le permite acercarse a cosas que en condiciones normales probablemente no leería y que tras hacerlo se alegra profundamente de que la curiosidad le haya llevado hasta ellas. Es el caso de Viaje lingüístico por el mundo, una obra subtitulada “iniciación a la tipología de las lenguas” que en principio parece más atractiva para lingüistas, filólogos y en fin, gente experta en el tema. No es mi caso. Sin embargo tengo la teoría de que los libros de divulgación, cuando son buenos, compensan la falta de pericia del lector en el tema a tratar con las ganas de aprender sobre él. Porque es uno de los efectos de la erudición, que incita a conocer aquello de lo que trata. Yo no conocía a Enrique Bernárdez, el autor, y no tenía más credencial a mis inexpertos ojos que su condición de catedrático de la Complutense, que desde luego no es poca cosa, y me alegra decirles que fue todo un acierto. Es evidente que es una obra a la que quien domine la materia le sacará mucho más partido, pero no lo es menos que para los legos en la misma tiene el doble efecto de admirarles por la extensión y diversidad de la materia a tratar y de entretenerles como suele hacerlo una obra narrada con agilidad y cierto sentido del humor y de la elegancia. Sigue leyendo Viaje lingüístico por el mundo, de Enrique Bernárdez

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El ruido y la furia

El ruido y la furia, de William Faulkner

el-ruido-y-la-furiaRecién hablábamos de Matar a un ruiseñor como ejemplo perfecto de clásico de escritura sencilla y directa, a la par que cuidada y bella. Pues bien, el libro que hoy comentamos bien podría considerarse la antítesis estilística de aquél; en verdad, no es fácil encontrar una obra literaria del siglo pasado en la que sea tan complicado entrar y en la que se deba leer tantas páginas antes de empezar a vislumbrar las conexiones, la historia que se está contando y adónde quiere dirigirnos el autor, como El ruido y la furia.

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Las uvas de la ira

Las uvas de la ira, de John Steinbeck

las uvas de la ira 1Título: Las uvas de la ira
Autor: John Steinbeck
Editorial: Alianza Editorial
Páginas: 688

He terminado de leer Las uvas de la ira, un libro con el que en 1940 John Steinbeck ganó el premio Pulizer. Imagino que junto Al este del Edén, fue fundamental para que en 1962 se le otorgara el Premio Nobel de Literatura.

Había visto la película de la que John Ford hizo una adaptación impresionante de esta triste historia de la depresión de los años treinta en EEUU. Ahora que tras la lectura puedo comparar, no creo que ningún director hubiese hecho un mejor trabajo. Tanto en la película como el libro persiste la atemporalidad de la historia y por ello sobrevivirá y quedará, no como un clásico moderno, sino como un CLÁSICO con mayúsculas.De una y otro ya les habló en su día mi compañera Marta en la sección “De cine y literatura”

La novela está ambientada, como les digo, en la Gran Depresión americana. Años durísimos por la sequía, pero también por la codicia de los bancos y de los avaros sinvergüenzas que intentaron hacer caja con la miseria ajena. Desahucios masivos de granjeros despojados de lo indispensable para vivir. Con las tres generaciones de los Joad contemplaremos el triste éxodo de la miseria ¿Les suena este tema?

“Sí, pero el banco no está hecho más que de hombres.
No, estas equivocado, estás muy equivocado. El banco es algo más que hombres. Fíjate que todos los hombres detestan lo que el banco hace, pero aún así el banco lo hace … Es el monstruo. Los hombres lo crearon, pero no lo pueden controlar…”

Leo el ayer y veo el hoy, estoy completamente segura de que podría ser también el futuro, parece que todo cambia pero todo sigue igual… No nos engañemos, nada ha cambiado, otra vez el éxodo de familias, la huída de jóvenes, la usura de los bancos, la despiadada acción de quienes podrían hacer y no hacen…

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La formación de Inglaterra

La formación de Inglaterra

La formación de Inglaterra, de Isaac Asimov

La formación de Inglaterra

Siempre está bueno conocer la historia del lugar en el que uno vive, ya que, como ocurre con casi todo, analizar el origen nos ayuda a comprender el presente y reconocerse en él. Y si además tenemos la suerte de que esa historia nos la cuenten de manera sencilla pero al mismo tiempo interesante, como ocurre con Isaac Asimov en La formación de Inglaterra, entonces no podemos más que sentarnos a viajar al pasado desde la comodidad de nuestro sofá.

En agosto de 2013 fui uno más de las miles y miles de personas que, no divisando el horizonte en las hermosas tierras españolas, decidieron emigrar (por segunda vez, ya que a España llegué desde Argentina) a Gran Bretaña, más específicamente a Inglaterra, donde, decían, el trabajo sobraba; tanto mi mujer como yo, al mes de llegar, ya estábamos trabajando y poco a poco comenzamos a meternos en la cultura local, a caminar sus calles, a (intentar) hablar con sus gentes, a probar sus comidas, en fin, a conocer cómo es que viven y pasan sus días los habitantes de esta isla con tanta historia.

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