
La habitación, de Emma Donoghue





Hace pocos días os recomendaba “Ojos de Agua”, primera novela de un Domingo Villar, que se ha ganado a pulso su sitio dentro del panorama nacional, en lo que a novela negra se refiere. Tras disfrutar con el primer título de la serie del inspector Leo Caldas, hoy traigo a Libros y Literatura el segundo episodio, “La playa de los ahogados”.
En esta ocasión, un marinero aparece muerto en una playa cercana a Vigo, en la parroquia de Panxon, arrastrado por el mar. Todo hace indicar que se trata de un suicidio o de la vida de otro marinero muerto mientras faenaba en su barca, pero los fantasmas de un pasado turbio en el pueblo obligan a Leo Caldas a investigar un suceso que esconde muchos cabos sueltos. Para ello contará una vez más con la inestimable ayuda de su compañero de fatigas, el agente Estévez, que sigue sin amoldarse a la peculiar idiosincrasia del pueblo gallego, cuya ambigüedad no ayuda a la resolución del caso.
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Todos coincidían en calificar a este libro como raro.
Rose Edelstein está a punto de cumplir nueve años, y prueba a escondidas un pedazo de pastel que su madre ha cocinado para la ocasión. Ella espera disfrutar del sabor del limón mezclado con el azúcar, pero de repente su boca se llena de soledad y tristeza. Sin que nadie sepa cómo ni por qué, la niña descubre que puede adivinar los sentimientos de quien cocina, y desde entonces comer será su arma secreta para conocer mejor a los demás.
Sigue leyendo La insólita amargura del pastel de limón


Una crónica del hundimiento de un mundo ya en franca desintegración es lo que escribió Yuri Andrujovich con esta Moscoviada que constituye una despedida de una época, el retrato de la decadencia de una sociedad que a duras penas puede disimular la amargura. Describe el autor de modo original, hiperbólico y en ocasiones grotesco el fin de la era soviética, ese ambiguo momento en el que la esperanza de libertad se comienza a intuir pero el día a día sigue girando en torno al gris, y todo ello desde la perspectiva de un autor ucraniano y la problemática de las nacionalidades, de la diferencia en el reino de la homogeneidad.


En mi última reseña os hablaba de Jerónimo Tristante como referente en lo que a novela negra y policiaca nacional se refiere. El autor que hoy os presento, y que muchos ya han conocido y disfrutado, se ha ganado también a pulso su reconocimiento, gracias a sus dos primeras novelas que han sido un éxito tanto de crítica como de ventas.
Domingo Villar nos presenta al que será su inspector, Leo Caldas, en una serie de novela negra muy prometedora, que lleva el sello “Made in Galicia”. Leo Caldas es un inspector muy serio, retraído y solitario, y que tiene fama entre sus vecinos por su participación en un programa de la radio viguesa, localidad donde ejerce su trabajo. Junto a él trabaja su ayudante Rafael Estévez, un policía de origen aragonés, cuya forma de ser no termina de encajar con la especial forma de afrontar la vida que tienen los gallegos.
En esta primera novela de Domingo Villar, Leo Caldas tiene que resolver un escabroso y misterioso asesinato producido en una torre de apartamentos cercano a Vigo. Acompañado por su singular ayudante, el inspector irá poco a poco atando cabos en pos de una resolución satisfactoria del caso, conociendo a su vez aspectos de la vida personal del inspector que nos ayudan a empatizar con él.
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Antes que nada hay que decir en su favor que esta novela tiene un objetivo claro y lo cumple con creces: entretener. Es un thriller absorbente, de los que no dan respiro, con el atractivo añadido del concurso de personajes reales, especialmente Charles Dickens, y de una trama que gira en torno a la búsqueda del manuscrito de la última e inconclusa obra del genial autor, aunque no sólo.La obra es esclava de su género, esto es, sacrifica la profundidad psicológica de los personajes y la complejidad estilística en pro de la fluidez, el ritmo y la trama, y el resultado es un libro muy fácil de leer, de ritmo trepidante y con una sabia administración de los sucesos para mantener la atención sin altibajos desde el principio hasta el final. También es cierto que esa esclavitud conlleva, al depender prácticamente en exclusiva la tensión narrativa de la trama y ser esta compleja, que sea el escritor quien se vea obligado a plantearla toda ella para no dejar cabos sueltos, con lo que no queda mucho espacio para el trabajo del lector, quien no tiene más trabajo que esperar a que se resuelvan los misterios por sí solos, pero, repito, eso es una herramienta encaminada a la consecución de un fin, y ese fin, la evasión, el entretenimiento, se logra sobradamente.


Cuando Dora conoció a Juan trataba de huir de un futuro que ya estaba escrito para ella, él llenó su vida de magia y durante dos años dejó de ser una simple cajera para convertirse en una sirena enamorada del pescador de sueños. Pero la fantasía no duró eternamente, Juan desapareció sin dejar rastro y Dora tuvo que reinventarse a sí misma, renacer de las cenizas y enfrentarse a la realidad.
Leyendo el texto de la contratapa cualquiera podría pensar que nos encontramos ante una simple novela de amor, (yo mismo lo pensaba antes de empezar a leerla) sin embargo, La sirena de Famara es mucho más que eso, y bien podría llamarse Nada es lo que parece (sobre todo por el sorprendente final) ¡O incluso ser promocionada como una historia triste y hasta de misterio! Entonces tal vez resulte que sí, que al final estamos ante una historia de amor, si tenemos en cuenta que ese fenómeno inexplicable y maravilloso se compone de todo lo bueno y lo malo que puede vivir y sufrir un corazón; no por algo el autor aclara en su página de internet: Si nunca te has enamorado, no leas La sirena de Famara, no la entenderás.
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Querida Jacqueline:Me pides que te cuente la reunión del club de lectura en la que hablamos de este libro que acabas de terminar y que tan buena impresión te ha causado. No me extraña en absoluto.
Como es habitual empezamos hablando un poco del autor: Wilkie Collins nació un 8 de Enero en el Londres de 1824, su padre era un reconocido pintor por lo que durante una temporada, y coincidiendo con la infancia de Wilkie, toda la familia residió una temporada en Italia. A los 17 años inició su vida laboral trabajando para una importante firma del comercio del té.
Durante esos años parece que fue tremendamente infeliz y pudo ser el dolor y esa infelicidad lo que despertase su creatividad literaria. Dejó ese trabajo que tanto le disgustaba y se matriculó en Derecho pero la suerte estaba echada en su vida y ya solo se dedicaría a la literatura.
El padre de Collins falleció en 1847, así que nuestro autor aprovechó para publicar uno de sus primeros libros, Memorias sobre la vida de William Collins (1848). También le tentó la pintura y de hecho, en la Exposición de verano de la Royal Academy, en 1849, expuso uno de sus cuadros. Bueno, también es cierto que sabemos que es más fácil moverse bien en los ambientes en que papá o mamá dejaron un buen recuerdo, en cualquier caso sería con la publicación de su novela “Antonina o la caída de Roma”, en 1850, con la que inició ya, y de forma continuada su vida y carrera como escritor.
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En la contraportada de este libro se dice, citando a Edward Seidensticker, que “Tanizaki es a las mujeres japonesas lo que Nabokov a las mariposas”, comentario que me sorprendió porque si bien es cierto que Vladimir Nabokov era un reputado o lepidopterólogo, lo que cabe imaginar que haría con ellas, como es costumbre, debía ser básicamente capturarlas y clavarlas con alfileres en el soporte en el que mantuviera su colección de breves bellezas muertas, como dice la canción. Y me pareció una cita no del todo afortunada para promocionar el libro porque a las mentes mínimamente inquietas bien podía evocarles más una suerte de sadismo que un conocimiento profundo del alma femenina.

Arte es en apariencia una obra muy simple. Apenas aparecen tres personajes amigos de la infancia y un cuadro que, para más sorpresa, es totalmente blanco. También sus diálogos, libres de florituras, son claros, concisos y prácticamente imprescindibles para el mensaje que Reza quiere transmitir. Un mensaje que, sin embargo, dista mucho de ser sencillo. Más al contrario, nos habla de la complejidad y particularidad de la condición humana, de hasta qué punto es contradictoria y absurda. Y lo hace explicándonos, en clave de humor, cómo reaccionan los dos amigos de Sergio cuando éste les dice que ha comprado la supuesta obra de arte blanca por un precio exorbitante.


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Daniel Estulin ya se había hecho mundialmente famoso con su primer libro, La verdadera historia del Club Bilderberg, del que se vendieron tres millones y medio de ejemplares en ochenta y un países de los cinco continentes. Con la publicación de Conspiración Octopus, su primera novela, saltó al mundo de los thrillers, y ahora con El instituto Tavistock vuelve al terreno del periodismo de investigación.
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