
Los papeles póstumos del Club Pickwick, de Charles Dickens

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La buena letra llegó a mí sin apenas yo quererlo. Lo descubrí por casualidad y con sorpresa buceando entre los pocos libros en español de una librería de París. Allí estaba: un librito pequeño, fino, gris, que pasa desapercibido y que, sin embargo, de repente se encontraba entre mis manos. En seguida recordé la ya mencionada semblanza de Leo y la recomendación que nos hacía del escritor. Leer allí mismo las primeras líneas me convencieron del todo. De hecho tanto que esa misma noche tuve que empezarlo.


Nelson Algren no es el primer escritor que tiene el honor de que le dediquen una calle en la ciudad en la que vivió, sin embargo es probable que sea el primero al que la presión popular de los vecinos obliga a que le retiren la distinción porque no sólo no se sienten orgullosos de su vecino sino que se niegan a que se les relacione con él. Podría pensarse que es la culminación lógica de una carrera literaria cuyo primer paso conocido fue el robo de una máquina de escribir que llevo al autor en ciernes a la cárcel, pero no, la explicación probablemente sea más sociológica que literaria, porque desde un punto de vista cultural es incomprensible. Debiera ser un honor para cualquier ciudadano del mundo vivir en una calle que recibiese el nombre del autor de un libro tan magnífico como este paseo por el lado salvaje
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Sin el respeto de la comunidad. Sin nada.


Una sorprendente fábula moderna, sensual y provocadora, capaz de pasar de la ternura a la violencia más extremas.
En Ocean Avenue, la exclusiva calle comercial de Bayhead Harbour, un localidad residencial para gente pudiente, una atractiva joven contempla absorta las carísimas prendas expuestas en un escaparate, todas ellas fuera de su alcance, cuando detrás de ella escucha una voz cálida que le propone: “¿Y si pudieras escoger, si pudieras cumplir tu deseo?”
Que alguien aparezca de repente, como por arte de magia, y se ofrezca a cumplir tus deseos sólo puede ser el comienzo de un cuento de hadas o de una pesadilla. O de ambas cosas al mismo tiempo, si quien lo escribe es Joyce Carol Oates.
Ya desde el principio la historia se complica: Katya, la “hermosa doncella” detenida frente al escaparate, es una chica humilde y con escasas perspectivas de futuro que procede de una familia deshecha, mientras que la voz que acaba de oír a sus espaldas es la de Marcus Kidder, un elegante caballero de New York que veranea en Bayhead Harbour. Tampoco facilita las cosas que, después de que Katya se haya detenido frente a todos los escaparates de Ocean Avenue, el señor Kidder haya decidido abordarla junto a una lencería: parece que las intenciones del caballero, por refinados y amables que sean sus modales, son demasiado evidentes.
Pero lo más inquietante es el contraste entre los luminosos dieciséis años de Katya y los sesenta y siete ?muy bien llevados, eso sí? del señor Kidder. Este hecho, que no parece detener al resuelto señor Kidder, sí es de gran importancia para Katya. No en vano “para los jóvenes no existen grados significativos de viejo, como no existen grados de muerto: o lo estás, o no lo estás; o eres viejo, o no lo eres.”
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– ¿Quién es?
– Un libro pequeño que llegó a tu casa a través del correo de España.
– ¿y cómo te llamas?
– La bailarina
– ¿ Y quién te ha escrito?
– Un autor japonés…
– Nunca he leído nada oriental, ni siquiera Murakami que está de moda.
– Yo no estoy de moda pero prometo conmoverte. Tengo dos personajes melancólicos que no quieren pasar desapercibidos en estas hojas.
– Bueno, podría darte una oportunidad. Sabrás que los libros regalados no se eligen pero deben leerse con el corazón de quien te los ha obsequiado.
– Estoy seguro de que quien me envió hasta tu casa sabe que te conmueven estas historias de desamor mezcladas con tragedia histórica.
– ¿Y tienes además ese condimento que me gusta?
– Si, también soy melancólico y pasional. Mis personajes son un joven japonés y una bella bailarina alemana que se conocen en el momento más desafortunado.


La novela cuenta la historia del coronel Hyacinthe Chabert, que, tras luchar heroicamente en la batalla napoleónica de Eylau, en 1807, es dado oficialmente por muerto y enterrado en una fosa común junto a los demás caídos en combate. Lo que no espera nadie es que el coronel, pese a estar gravemente herido y haber sido pisoteado por ambas legiones, logra recuperar el conocimiento y salir de la fosa de entre la multitud de cadáveres apilados que lo rodean.
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Es que las horas parecen ser eternas cuando es necesario dar organización a un velorio, y sobre de todo, de una persona nada querida por el pueblo. En Macondo fallece un médico, repudiado por la comunidad y recordado solamente por un hombre quien lo ha acogido en su llegada al pueblo, muchos años atrás.
García Marquez es calor, pueblos desérticos, Latinoamérica, leyendas y suspiros. Los libros de este autor transportan a mercados cerca de un puerto, familias que guardan secretos y tradiciones que lindan entre el conquistador y el conquistado. Sus novelas siempre son sufridas (por el calor o el desamor) y siempre sospecho que los finales no son esclarecedores sino sólo un cierre melancólico de algo que debía ser contado.
La hojarasca es Macondo, aunque Macondo no sea este libro. Famoso por otra gran obra del autor, el pueblo juega en este caso un papel secundario, es sólo el escenario de la novela. Al comenzar con los primeros párrafos, el aire caluroso que se describe ya da sensación de agobio, melancolía y sufrimiento.


Un “thriller poético-metafísico” en el que el crimen se resuelve muy pronto y, sin embargo, los misterios permanecen velados después de concluida la lectura.
Cuando leo un libro siempre trato de informarme acerca de la biografía de un autor o de la época o el ambiente en el que vivió y trabajó; en la mayoría de los casos se trata de simple curiosidad pero en otros, como sucede con Jean Giono, puede llegar a ser muy esclarecedor, pues su experiencia vital y los paisajes de su infancia están presentes en cada rincón de sus textos.
Jean Giono nació en Manosque, enla Alta Provenza, en 1895, en el seno de una familia muy humilde, tanto que solo pudieron dejarle en herencia el idealismo soñador y utópico de un padre anarquista y el amor por las cosas sencillas de una madre abnegada y trabajadora.
En 1915 vivió el horror indescriptible de las trincheras de Verdún y, al finalizar el conflicto, se convirtió en un activista de la paz conmovido, como tantos otros contemporáneos, por la traumática experiencia: “Nadie nos consolará de aquella guerra”, afirmaba.
Pronto se hizo evidente que no iba a ser fácil acabar con las guerras y en el 39, a pesar de sus convicciones, se alistó de nuevo, pero fue detenido por su militancia pacifista y desmovilizado. Como no pudo combatir a los alemanes, terminada la guerra le detuvieron de nuevo, esta vez acusado de colaboracionismo con el régimen de Vichy —él, que había arriesgado su vida ayudando a judíos huidos y cuya obra había sido prohibida por los nazis— y fue expulsado del Comité Nacional de Escritores, lo que en la práctica equivalía a la prohibición de publicar.
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La búsqueda en Google de “historia argentina” (así, sin comentarios y ningún signo de más), arroja más de 3 millones de resultados. El poderoso buscador sólo tardó 1,7 segundos para buscar en su extensísima base de datos e identificar el contenido que se adapte a esta disciplina. Ni siquiera un minuto le llevó compilar la información de los ganadores, perdedores, batallas, políticos, leyes, conflictos y alegrías que implica la historia de todo un país.
Lo que Google no pudo hacer es aclarar qué de esa historia argentina es insólita, inédita y diferente. De hecho, todas las opciones que sirvió en bandeja parecen muy solemnes, un poco aburridas y algunas, nada confiables. Es que lo que Google no sabe es que 1,7 segundos son muy pocos para poder identificar qué de la historia de un país es necesariamente interesante para quienes la leerán un siglo después.
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¿Y por qué me pregunto lo que me pregunto? Porque cuando revisamos cada una de las páginas del libro nos encontramos con una serie de relatos, cuentos y mini cuentos individuales que sin embargo entrelazados conforman una novela muy bien escrita, digna de leer, creada para el disfrute y que se lee en dos o tres tardes, gracias a la facilidad de su prosa, a la adicción que provoca y sobre todo a la estructura de misterio y melancolía, que siempre llama a leer más y más.
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Profesora de literatura inglesa y norteamericana en la extensión que la universidad de Maryland tiene en la base de las fuerzas aéreas de Estados Unidos en las cercanías de Venecia, pero dejó la docencia para dedicarse a sus grandes pasiones: la literatura, la ópera y Venecia ¡Quien pudiera! Bueno, en realidad “estamos trabajando en ello”
Me gustan en general estos libros de Donna Leon, quizá porque trascienden el género negro y casi se sitúan en la novela de tipo social, ya que utiliza a Brunnetti para investigaciones con un claro contenido y denuncia de injusticias sociales.
Y sí, me gusta Brunetti, por fin un policía feliz, con familia, amante de su esposa, padre de dos hijos normales, respetado por sus colegas, que vive y trabaja en Venecia, ciudad con un bajísimo índice de criminalidad. Es una buena persona, exquisito y culto, lee a Herodoto y a Dante, algo pesimista quizá, lógico por otra parte teniendo en cuenta su profesión, y amante de la ley y el orden. Nunca va armado. Es un gran observador del devenir de Italia, de sus políticos, y por ello no tiene otro remedio que ser cínico. Es lógico ¿no?
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