Publicado el

Una vida en venta, de Yukio Mishima

Una vida en venta

Una vida en ventaSí, es el Mishima que te suena, el mismo de Confesiones de una máscara, del que siempre has oído que fue merecedor del Nobel, el que se hizo un seppuku – más conocido por aquí como harakiri – a los 45 años al presenciar lo que para él era la degeneración de su amado país, Japón. Ese Mishima, el mismo. Pero esta vez con una novela que nunca antes se había publicado en España, una novela que apareció en Japón por entregas – de ahí su velocidad conseguida a base de capítulos cortos y efectistas -, que fue más un divertimento del autor que algo en lo que ponerse seriamente pero que, ahora, de repente, los jóvenes japoneses están leyendo en cantidades tan ingentes que el eco de ese éxito ha llegado hasta las oficinas de Alianza, quien se ha decidido a publicarla bajo el título de Una vida en ventaPodéis hacerme caso, tiene muchas cosas para merecerse ese repentino éxito.

Una vida en venta narra la vida de un joven llamado Hanio Yamada quien, tras intentar suicidarse sin éxito por no sentirse cómodo con su vida de publicitario, decide poner su vida en venta. Tan fácil como poner un anuncio en el que se lee: «Vida en venta. Quien la compre puede utilizarla como le plazca.» A partir de este momento se quita el pestillo de todo un seguido de sucesos que rozan lo absurdo e inexplicable en la vida de un Yamada que tiene poco o nada ya de sentido. Lo que pasará a partir de entonces es que el joven treintañero se verá vendiendo su vida al primero que llame a su puerta, sin importarle el precio que paguen por ella, sin preocuparle que se le asegure que tras esa venta morirá. Él, con los brazos bien abiertos a la muerte, se dará siempre de bruces hacia una vida que no le es recíproca. Él no la quiere, ella a él sí. Será de esta forma como Yamada, poco a poco y sin ser consciente, irá apegándose a su vida y, cuando sienta que de verdad está aferrado a ella – cosa que no tiene por qué ser ni voluntaria ni agradable -, sentirá de verás que puede perderla.

Leyendo esta breve novela de Mishima nos encontramos con todo eso que nos gusta de él, el vaticinio de un autor descontento con el mundo y la vida, personajes que tienen mucho de quien los ha creado y que, tras una máscara de absurdo y surrealistas, esconden taras de todos, heridas universales, lágrimas en continuo movimiento. Una mujer vampira, una joven que lo ama al igual que ama la locura y el LSD, una organización secreta de espías que puede o no existir; todas estas serán situaciones que tanto tú como Yamada deberéis vivir en no más de 300 páginas – muy infladas, por cierto -.

Con un prólogo del traductor Jordi Fibla y un epílogo del crítico literario japonés Suehiro Tanemura, este Una vida en venta es un genial pasatiempo – “engañosamente sencilla”, como puede leerse en uno de esos textos – para todos aquellos amantes – en los que me incluyo – de la risa con regusto sangriento. Esa mueca optimista que haces cuando lees a autores que son muchísimo más listos que tú y que saben convertir lo que para ti son quejas en diálogos o pensamientos divertidos, risibles, jocosos. Autores como Mishima, capaces de vivir lo peor como para llegar a suicidarse y que sean capaces de volcar en textos algo que al otro, al lector, le haga reír son esos autores que merece la pena revivir abriendo y reabriendo sus libros continuamente. Quizás no llegó a la edad en la que le darían el Nobel, pero sí ha llegado a la edad – y para esa no hace falta estar vivo – en la que los jóvenes siguen leyéndolo. En Japón y aquí. Yo por lo menos.

«-¿Por qué esta cansado?

-No es por nada importante, pero en cualquier caso estoy cansado.

-¿No será algo tan mediocre como estar cansado de la vida o cansado de vivir, ¿verdad?

-¿Qué otros motivos puede haber para estar cansado?

Reiko le miró de reojo y se echó a reír.

-Usted mismo lo sabe bien. Está cansado de tratar de morir.»

[product sku= 9788491811244 ]
Publicado el

Pensamientos desde mi cabaña, de Kamo no Chōmei

Pensamientos desde mi cabaña

Pensamientos desde mi cabañaEl planteamiento de este libro no podía ser más atractivo, es una obra fundamental de la literatura clásica japonesa, un ensayo sobre la vida sencilla y la relación con la naturaleza y además prologado por Natsume Soseki y muy bellamente editado por Errata Naturae. Kamo no Chōmei, tras una vida azarosa tanto a nivel personal como social, ya que le toco vivir no pocos desastres cuya narración es sumamente interesante, abandona la capital, la residencia familiar y una relativa comodidad como funcionario de la corte y, llevado por sus convicciones budistas, se retira primero a una casa modesta y después a una cabaña de unos tres metros cuadrados que construye él mismo en el bosque, en el monte Hino.
Cuando supe de la existencia de Pensamientos desde mi cabaña me vino a la cabeza, supongo que es inevitable, Walden, y pensé que debía ser toda una experiencia leer a una suerte de Thoreau japonés. Sin embargo no es parecido, Chōmei no despliega un gran aparato argumental, su filosofía de sencillez la expone en sus textos haciendo gala de la misma en su forma de escribir y en su modo de vida, y logra de alguna forma extraña y elegante construir una obra pequeña y de gran belleza, inspiradora y sugerente. No voy a decir que a uno le entren ganas de escapar a la montaña, montarse una cabaña portátil con ramas y dedicarse a la escritura y la vida contemplativa, pero no puede dejar de admirar la habilidad de los clásicos japoneses para construir, con pocas herramientas, obras tan bellas y reconfortantes.
Natsume Soseki comienza diciendo que la obra de un genio lo contiene todo, y hay que darle la razón, a la vez que hay admirarse ante el hecho de que ese todo quepa en un recipiente tan pequeño. En ciento cuarenta y siete páginas caben los Pensamientos desde mi cabaña, el prólogo de Soseki, un postfacio de Jacqueline Pigeot y un texto sobre el autor, titulado Retiro y Poesía, de Tamamura Kyo. El prólogo, es obligado decirlo, resulta especialmente deslumbrante.
Podría resultar contradictorio envolver una obra cuya razón de ser es la vida sencilla en tanta explicación, en tanto razonamiento, pero no lo es. Ambas cosas son necesarias, se llega a los mismos lugares por distintos caminos y para llegar al destino de Pensamientos desde mi cabaña viene muy bien disponer de un buen mapa. Porque a menudo las referencias nos resultan complicadas y resultaría triste que nos perdiésemos en cuestiones como Tu cabaña se asemeja a la de Jōmyō-koji, pero observas las enseñanzas aun peor que Shūri-Handoku. A las dificultades que en occidente nos plantea a menudo la literatura japonesa se unen en este caso las propias de la condición de monje budista del autor.
No puedo resistirme a lanzarles un cebo, a mostrarles por una rendija la vida de Chōmei en el bosque:

Si una mañana siento la vida fugitiva como la estela blanca que se deja a la popa, me dedico a contemplar los barcos que navegan por Okanoya y trato de escribir a la manera de Mansami. Al atardecer, cuando el viento mueve los árboles de Katsura, y hace sonar sus hojas, me acuerdo del río Jin-yo y pulso la biwa, imitando a Gentotoku. Cuando tengo ánimo, acompaño la melodía del viento con el «Canto de las brisas de otoño», o el murmullo del agua con un pasaje célebre de la «Fuente que mana». No soy un gran artista, pero tampoco toco para deleitar a un auditorio. Toco para mí mismo, para dar sustento a mi corazón.

Esta crónica de la vida de un poeta, escrita cuando el rocío de su vida ya se evaporaba, es una verdadera delicia, su prosa elegante, sus imágenes hermosas y evocadoras y su filosofía de sencillez no son sólo motivo de deleite y reflexión, sino que por un tiempo probablemente demasiado breve sirve también de antídoto a los efectos perniciosos de esta vida nuestra, tan contraria a la que él describe y a menudo tan desquiciada. No parece muy recomendable retirarse hoy día a vivir en una cabaña como la de Chōmei, pero tenemos la ventaja de que podemos construirnos una con sus palabras y retirarnos un ratito a descansar cuando sintamos la vida fugitiva como la estela blanca que se deja a la popa.

Andrés Barrero
contacto@andresbarrero.es
@abarreror

[product sku= 9788416544752 ]
Publicado el

Una arruga en el tiempo (la novela gráfica), de Madeleine L’Engle y Hope Larson

Una arruga en el tiempo

Una arruga en el tiempoUn fin de semana cualquiera del pasado mes de febrero, mi sobrino me dijo que quería ver una película que estaban a punto de estrenar en el cine. Se llamaba Un pliegue en el tiempo. El nombre me pareció de lo más sugerente, y cuando me contó de qué iba, también. Por eso busqué el tráiler, aunque reconozco que este no me atrajo demasiado.

Poco tiempo después, me di cuenta de que esa no había sido la primera vez que había oído hablar de la historia. La tenía apuntada en mi lista de lecturas con el nombre Una arruga en el tiempo, desde que Random Cómics había anunciado en enero que próximamente publicaría su novela gráfica.

Luego me enteré de que Una arruga en el tiempo era en realidad una novela de Madeleine L’Engle publicada por primera vez en 1962, y que había sido el punto de partida de más libros protagonizados por las familias familias Murry y O’keefe. Eso me asustó. No me apetecía meterme en otra saga. Y así fueron pasando las semanas, hasta que por fin tuve en mis manos Una arruga en el tiempo (la novela gráfica), de Hope Larson.

A los que no hayáis visto la adaptación cinematográfica de Disney ni leído la novela original, os pongo en situación: Una arruga en el tiempo cuenta la historia de Meg Murry, una chica «que todo lo hace mal», o, al menos, así se lo hacen sentir sus compañeros de clase. Su padre es un científico que lleva tiempo desaparecido y su hermano Charles Wallace, un niño prodigio. Una noche de tormenta, la señora Qué irá a visitarlos y les hablará de los teseractos: las arrugas del universo que permiten viajar en el espacio y en el tiempo. El tema sobre el que estaba investigando su padre. Así, gracias a las señoras Qué, Quién y Cuál, Meg y su hermano, junto a su nuevo amigo Cal, viajarán a otros planetas para averiguar qué ha sucedido con su padre.

La novela de Madeleine L’Engle se adentraba así en las teorías de física cuántica, pero no solo eso. A través del comportamiento de los habitantes del planeta que visitan los personajes, filosofaba también sobre si los conceptos de sociedad justa, igualitaria y feliz eran posibles o si estaban realmente relacionados. Aspectos la mar de interesantes que, sin embargo, en la adaptación de Hope Larson solo quedan esbozados. No sé si será por las limitaciones que ofrece el formato cómic o porque esta también es la primera entrega de otras muchas que vendrán detrás, pero eso ha hecho que me defraudara un poco.

Aunque Una arruga en el tiempo (la novela gráfica) se desenvuelve correctamente en el trazado de los personajes protagonistas y en la aventura en sí, le falta todo el trasfondo filosófico y metafísico que convirtió a la obra de Madeleine L’Engle en una novela de culto dentro de la ciencia ficción. Me han entrado ganas de leer la novela original, y no descarto echarle un ojo a la película con mi sobrino, que al final se quedó con las ganas. A ver si, imbuyéndome de todas las versiones, consigo satisfacer esas expectativas que llevo alimentando desde hace meses.

[product sku= 9788417247027 ]
Publicado el

Amores contra el tiempo, de Dolores Conquero

Amores contra el tiempo

Amores contra el tiempoA veces tengo la sensación de que mi propia vida no me pertenece, que todo lo que haga o diga va a ser analizado por alguien y va a ser juzgado sin que yo lo pida. En algunas ocasiones dejo de hacer cosas por lo que se pueda llegar a pensar de mí. Os juro que es algo que intento solucionar (ya que sé que no está bien) y que poco a poco me va importando menos. Pero, sinceramente, a veces me sigue pasando.

Y menos mal que he nacido en la época en la que lo he hecho. Porque hoy en día, aunque todavía nos quede un larguísimo camino por recorrer, parece que las mentes de las personas empiezan a ensancharse y a dejar de ser tan cuadriculadas como lo eran antes. Veamos por ejemplo todo el movimiento LGTBI. Que se atreviera alguien hace cincuenta años a decir que era intersexual… imposible. Y como digo, aunque todavía hay mucho trabajo por hacer, parece que los seres humanos estamos empezando a entender que cada uno es como es y que no existe una misma directriz que todos podamos seguir. Sobre todo en el amor.

Porque en el amor todo vale. Uno no elige de quién se enamora. No elige el momento exacto en el que la mente (porque ya no es un tema del corazón) se queda embobada al pensar en esa persona. Ya no hacen falta etiquetas porque ya no tienen sentido. Uno se enamora y ya está. Lo demás, cosas sin importancia.

Pero todavía hoy en día hay un tipo de relación que no, que no termina de encajar en nuestra sociedad: la de una mujer mayor con un chico joven. La situación a la inversa es lo típico, lo que estamos hartos de ver en películas y en nuestro día a día. Se entiende que una mujer joven puede estar con un hombre mayor, pero al revés no. Y yo me pregunto: ¿por qué? Pensé que después de leer el libro escrito por Dolores Conquero (a la que podéis encontrar en Twitter como @noviojoven) hallaría la respuesta a este interrogante, pero la verdad es que no ha sido así.

En Amores contra el tiempo la autora nos relata diferentes historias de mujeres que osaron (sí, osaron) tener una relación con un hombre bastante menor que ellas. Desde Diana de Poitiers hasta Fiona Campbell-Thyssen, pasando por la famosa Gala que conquistó el corazón de Dalí, encontraremos nueve historias de nueve mujeres fascinantes que se saltaron las normas. Todas ellas se enamoraron de hombres más jóvenes y sus relaciones no fueron en absoluto fáciles ya que no estaba bien visto que esto fuera así. Y vamos a fijarnos en que la primera que menciono vivió en el siglo XVI y la última al siglo XX. Lo que significa que, aun existiendo tantos años entre medias, la mentalidad parecía ser exactamente la misma al respecto.

Hay una cosa que quiero destacar especialmente de Amores contra el tiempo y es lo siguiente: cada relato en el que encontramos a las diferentes protagonistas, está perfectamente contextualizado en el tiempo. La autora hace una grandísima labor de investigación para darnos la máxima cantidad de detalles sobre aquella época en concreto. Esta parte es la que de verdad ha hecho que quisiera seguir leyendo, porque vamos a ver, la trama es la misma en todas las historias: mujer mayor con hombre joven, por lo que podemos llegar a caer en el error de pensar “leído uno, leídos todos”. Pero la contextualización y todos los detalles aportados por Dolores Conquero es lo que de verdad hace que este libro merezca la pena.

En mis reseñas ya he dicho en alguna ocasión que yo no soy una gran amante de la historia, porque me aburre y no me llama demasiado la atención. Pero cuando encuentro un libro, como este, que me narra una parte de la historia como si fuera un cuento y que hace que me interese por la misma, pongo en duda esta afirmación que acabo de hacer. Porque si no me gustara la historia… no podría disfrutar en absoluto con un libro así, ¿no creéis? Y ya os aseguro que he disfrutado con él. Así que igual es hora de repasar mis gustos y hacerle un lavado de cara a mi discurso sobre ellos.

Eso sí, una cosa os tengo que decir antes de acabar la reseña, es un libro que no he leído del tirón. Cuando lo empecé y leí el prólogo —de verdad, maravilloso— que hace la autora, pensé que iba a leérmelo de una sentada. Pero no ha sido así, ya que lo he hecho por capítulos, alternando estos con otras lecturas. Y yo creo que lo hice así porque cada capítulo contiene muchísima información sobre la época y los protagonistas, entonces cuando terminaba uno sentía que tenía demasiados detalles en mi cabeza y que me iba a ser difícil ponerme con el siguiente. Así que hice eso: fui alternando las diferentes historias con otros libros que tenía por ahí pendientes. Y así, siguiendo esta metodología, lo he disfrutado muchísimo. No sé si es la mejor manera de leerlo, desde luego, pero esa ha sido la mía y a mí me ha funcionado a la perfección.

Como decía, todavía sigo sin entender por qué este tipo de relaciones no está bien visto en la sociedad. Por qué cuando la Duquesa de Alba se casó con Alfonso Díez todo el mundo se echó las manos a la cabeza y en cambio veíamos algo tremendamente normal el que “Papuchi” apareciera cada día con una jovencita. Que, digo yo, a quién le importa lo que hagan los demás con su vida. Seamos todos felices de la manera en la que queramos serlo e intentemos olvidarnos de todos los convencionalismos. Claro, que es tan fácil decirlo… Bueno, yo ahora mismo estoy tranquila porque en esta reseña (igual que en todas) he dicho exactamente lo que quería decir sin importarme la opinión de nadie. Y eso, ya es un paso ¿no?

[product sku= 9788408182634 ]
Publicado el

Antología, de Osamu Tezuka

Antología

AntologíaEn la excelente exposición sobre Disney. El arte de contar historias que se puede ver estos días en el Caixaforum de Barcelona, he tenido ocasión de volver a ver algunos de esos cortos que tanto me maravillaban de niño, historias que podían ir desde El sastrecillo valiente a Los tres cerditos, y en las que, en un alarde de inagotable creatividad, los gags se sucedían sin dar tregua a los embobados ojos del niño, en este caso yo.

Luego uno crece, y además de la voz grave y el vello en las axilas, nuestras desbocadas hormonas producen un niñato resabido y con afán de envejecer que le hace despreciar lo que hasta ese  momento adoraba. Pues bien, la exposición sobre Disney me hizo volver a apreciar como se merece (se pongan como se pongan nuestros cansinos antiamericanos habituales) la grandeza artística de la factoría Disney, uno de los mayores iconos culturales de nuestro tiempo.

Alguien que se acerque con ínfulas intelectualoides a esta Antología de Osamu Tezuka podría caer en la misma falta que ese adolescente resabido que renegaba de la magia. Abrir al azar este contundente tomo y echar un somero vistazo a las casi mil páginas de vellón que lo componen puede hacer pensar a quien así obre que está ante una larga función de circo con acrobacias, coscorrones y persecuciones alrededor de un árbol, cuando en realidad, como aquellos cortos con un Mickey Mouse todavía sádico, se encuentra ante unas obras que fueron absolutamente revolucionarias en su día, que marcaron el curso que iba a seguir la novela gráfica, y que, a pesar de ello, no  son de interés meramente museístico para el lector actual.

Mirad, sin ir más lejos, las primeras páginas del libro y decidme si conocéis a un autor que sepa imprimir a sus viñetas ese ritmo, esa velocidad, ese dinamismo y ese inconfundible carácter cinematográfico que les daba el maestro Tezuka. En ese sentido, es posible que, estéticamente, La nueva isla del tesoro, sea más avanzada que las siguientes historias, en las que la influencia del cine pesa más que la exploración de un nuevo lenguaje para el cómic. Nos encontramos en esta historia a un Tezuka de, ojo al dato, 19 años que experimenta con el movimiento, el ritmo y las perspectivas, y que, fuertemente influido por la cultura occidental, adapta algunos de nuestros clásicos al manga, un manga al que él solito va a darle la forma con la que hoy conocemos este género.

Tras La nueva isla…, completan esta Antología Lost world (El mundo perdido), Metrópolis y Next world, todas escritas en apenas cinco años, los que van desde 1947 hasta 1952. Estamos, como veis, en plena posguerra, y no deja de pasmarnos ver la vitalidad con la que, en un Japón devastado, Tezuka creaba sin descanso unas obras rebosantes de fantasía, acción y sentido del humor. No faltan, por descontado, las referencias a la terrible tragedia que acaba de asolar el mundo, pero dichas referencias ocupan un segundo plano y están desprovistas por completo de moralina.

Lejos de la sofisticación de sus obras posteriores, dicho sea en el buen sentido de la palabra, en estas obras tempranas del maestro japonés tenemos un mundo poblado por buenos y malos, científicos chalados, agudos detectives, millonarios sin escrúpulos, niños sin miedo, animales parlantes, vida extraterrestre y todo lo que pueda plasmar en un dibujo una imaginación sin freno que ha mamado a chorros de la cultura americana. Y aquí es donde viene a cuento Disney, porque la influencia de la marca del ratón, así como de otras grandes productoras de animación, sobre nuestro idolatrado autor es evidente. Por estas páginas se pasean Mickey Mouse, Betty Boop, Popeye, además de Charlie Chaplin, los Hermanos Marx, Tarzán, los héroes del cine negro y muchísimos más. El propio Tezuka, que se permite de vez en cuando toques postmodernos, como esas referencias que hace un personaje a otro sobre la viñeta que flota sobre ellos, aparece en un cameo final, como si no pudiera estar ausente de ese sentido llamamiento a la paz mundial.

Disfrazada de mero entretenimiento, esta Antología de Osamu Tezuka es mucho más. Quizá el primer capítulo en la historia del manga moderno.

[product sku= 9788491467823 ]
Publicado el

El caso de Alain Lluch, de Mr. Kern

el caso alain lluch

el caso alain lluchHay veces que no sabes cómo encarar una reseña o cómo clasificar un cómic o incluso ambas cosas. Veces en las que acabas de leer algo que exige un reposo mental suficiente como para que puedas contar a todo el mundo la puñetera ida de olla que has terminado de leer, sin embarullarte, sin sufrir esa diarrea mental que aún desordena tu cerebro; para que seas lo obligatoriamente convincente como para inocular a la gente las ganas que tienes de que descubran algo que, por ser excesivamente underground, pueden llegar a perderse.

Y una vez recuperado, la primera cosa que te preguntas es: ¿qué coño se ha metido Mr. Kern para inventarse una historia tan… tan… tan así y tan loca que, para colmo, es su primer cómic? Porque es que la verdad es esa; todo el cómic es una mezcla de personajes famosos y anónimos, una trama imposiblemente real, lleno de mala uva, y un conjunto tan desagradablemente atractivo como lleno de oxímoron doquier.

Esta extraña y gamberra fábula sin moraleja comienza cuando Alain Lluch, responsable de la última cagada publicitaria para las albóndigas de la empresa de carne procesada para animales en la que trabaja, es “degradado” al departamento de carne picada.

Cuando llega a su casa intenta en vano descansar un poco, pero su mujer, Susan Boyle, no hace otra cosa que tocarle las pelotas cantando la de “Es una lata el trabajar”, de Luis Aguilé  y por no aguantarla sale a dar una vuelta. Será entonces, al pedir un kebab, cuando su vida cambie por completo de una manera inimaginable.

Alain Lluch enmendará su error empresarial, se convertirá en el empleado del mes, en la empresa el dinero entrará a raudales y el jefe lo agasajará con el champán más caro del mundo y con putas.”¡Claro que sí, cagondiós!”

A partir de aquí la espiral de la locura se retorcerá más aún y encontraremos caniches morados antropomórficos, supermusculados y con rabazo también. (También musculado y antropomórfico). Zoofilia, los lagartos de “V”, el encantador de perros César Millán, Sigmund Freud, Maradona, anillos gástricos, vómitos y diarreas, vacas superinteligentes, los personajes de la serie de los ochenta Érase una vez el cuerpo humano, peleas, Larry Bird e incluso un homenaje a El planeta de los simios. Ahí queda eso. Un montón de guiños al lector, de cierta edad algunos de ellos, por cierto, que enriquecen, ¡y de qué manera!, la lectura. A ver quién es el guapo que lo supera.

El dibujo es tema aparte. En ocasiones parecen pinturas hiperrealistas, sobre todo los retratos a toda página. Kern pinta bien y pinta bonito, a pesar de que muchas veces lo que pinta no son precisamente escenas renacentistas sino más bien, gores, escatológicas y de ese palo. Eso sí, pintadas con mucho mucho arte y muchos colores bonitos y alegres. El contraste es similar al de contemplar un bello unicornio blanco vomitando y defecando un arcoíris multicolor. O al revés.

Por supuesto, tras esta grotesca historia satírica no es nada difícil encontrar la crítica a la sociedad consumista y capitalista, a las grandes corporaciones en las que todo vale con tal de aumentar beneficios aunque sea a costa de la salud, a la codicia desmedida en la que solo cuentan los resultados… Un retrato de los tiempos que nos ha tocado vivir, vaya, a lo bestia.

La edición es muy curiosa, con unas tapas duras, pero duras de verdad, con las esquinas redondeaditas, y papel del bueno, del que hace ruido al pasar la página. Vamos, que Autsaider no ha escatimado y hasta un póster nos han regalado.

¿Qué más puedo decir? No tengáis miedo, no receléis de mis comentarios sobre lo gore y lo escatológico y acercaos a este cómic porque, palabrita, es un cómic cojonudo que, como mínimo una sonrisa te va a arrancar. Pocas veces te vas a encontrar algo tan irreverente y políticamente incorrecto y, por desgracia, parece que cada vez menos.

Una paja mental de cuidado.

[product sku= 9788494672651 ]
Publicado el

Una caja de galletas, de Josep Salvia

Una caja de galletas

Una caja de galletasDice Josep Salvia en las últimas páginas de este cómic que en todas las casas hay una caja de galletas llena de recuerdos y que antes de que sea demasiado tarde deberíamos preguntar a nuestros abuelos por ellos. Y me es inevitable sonreír con cierta nostalgia, porque sí, en mi casa había una caja de galletas. Estaba repleta de postales, fotos en blanco y negro de personas que no había visto nunca, cartas escritas en braille por mi tío ciego y hasta un retrato roto de Elvis Presley, de cuando mi madre era adolescente. Y yo abría esa caja una y otra vez, y preguntaba a mi abuela. Preguntaba tanto, que creo que soy el miembro más joven de mi familia que aún atesora recuerdos familiares de hace casi un siglo.

Desgraciadamente, yo era muy pequeña entonces y el paso de los años hace estragos en la memoria. Ya he olvidado gran cantidad de detalles y hasta historias completas. Pero ya no está aquella caja de galletas ni tampoco mi abuela para que la atosigue con mis preguntas. Más suerte ha tenido Josep Salvia, pues él ha llegado a tiempo para retratar sus historias familiares en este cómic: Una caja de galletas. Una historia de guerras y dibujos.

El germen de este libro lo encontró Josep Salvia en la caja de metal que su abuelo Clement guardaba en el armario. En ella había una foto en la que el hombre aparecía junto a un grupo de compañeros, todos ellos jovencísimos y vestidos con uniforme. Esa foto despertó su curiosidad y preguntó a todos los familiares que habían vivido en aquella época. Así pudo reconstruir las aventuras y desventuras de su abuelo Clement, chófer de un oficial durante la guerra civil, y su tío abuelo Claudi, encargado de transportar a los milicianos de Durruti. Entre los momentos más impresionantes para mí, destaca que presenciaran la caída de las bombas en la basílica del Pilar, que afortunadamente no explotaron y que todavía se exhiben allí. Y entre medias de estas historias se cuela Manuel Goas, un hombre sanguinario del que poco a poco vamos descubriendo más detalles.

Pero Una caja de galletas no solo se compone de las historias sobre la guerra civil que sus familiares le han contado, sino de las propias vivencias de Josep Salvia al abrirse paso en el mundo del cómic, y hasta de la propia historia de esta obra, que comenzó siendo algo muy diferente hasta que, por diferentes rechazos y desencuentros, acabó reconvertida en lo que ahora es. Lo que me ha hecho recordar Mauss, la célebre novela gráfica de Art Spiegelman, en la que también se entrelazaban los duras experiencias vividas por el padre del autor durante la Segunda Guerra Mundial con el proceso creativo del cómic mismo. Aunque el sentido del humor es un elemento fundamental en Una caja de galletas, a diferencia de la obra de Spiegelman, que tiene un enfoque mucho más desesperanzador.

Como Josep Salvia reconoce, Una caja de galletas. Una historia de guerras y dibujos es un «cómic sobre las aventuras de una familia catalana atrapada entre el fuego cruzado de la guerra y el arte de un dibujante también ávido en esto de esquivar las balas. Aunque sean de editoriales». Así que, al mismo tiempo, la creación de este cómic le ha servido como terapia para digerir los vaivenes de tu trayectoria como ilustrador y como reivindicación de la figura de los abuelos, esos que son «nuestro patrimonio de la identidad». Un cómic por momentos duro, pero sobre todo entrañable, que nos recuerda que no debemos dejar morir esas historias que nos esperan guardadas en el interior de una caja de galletas de metal. Yo, por mi parte, le tomo el testigo a Salvia y haré lo que esté en mi mano para que las historias que me contaba mi abuela no desaparezcan conmigo.

[product sku= 9788494819292 ]
Publicado el

De polvo eres y en polvo te convertirás, de Enrique Herreros

De polvo eres y en polvo te convertirás

De polvo eres y en polvo te convertirásCuando me aventuré a leer De polvo eres y en polvo te convertirás, yo no sabía quién era Enrique Herreros, su autor, más allá de que era un soltero de noventa años que en este libro rememoraba a las cuatro mujeres que habían dejado mayor huella a lo largo de su larga vida. Eso y que había trabajado en el mundillo cinematográfico, codeándose con artistas de la época, como Sara Montiel y Carmen Sevilla, y participando en la promoción de películas oscarizadas como Volver a empezar y Belle Époque. Todo ello me hizo pensar que Enrique Herreros tendría una de esas vidas que merecen ser leídas y allá que fui a averiguarlo.

No se trata de unas memorias al uso, sino más bien de unas memorias selectivas (aunque todas lo son, si lo pensamos). Como bien aclara el subtítulo, son «Cuatro vividas narraciones de Amor». ¿Y quiénes son las afortunadas protagonistas de estas narraciones? Para empezar, su abuela, conocida como doña Blanca de los cojones, de la que, según él, heredó ese carácter de perseguidor de ideas y proyectos, de hombre constante y hasta tocahuevos. El primer capítulo es el que está dedicado a ella, aunque tiene tanto o más protagonismo su abuelo don Abelardo. También hay hueco en estas páginas iniciales para otro tipo de recuerdos de su infancia, como las revueltas que vio en la plaza de enfrente de su casa cuando se proclamó la Segunda República.

A partir de ahí, el resto de narraciones hablan de otro tipo de amor: el pasional. La segunda mujer rememorada es Miiko Taka, la actriz que protagonizó Sayonara junto a Marlon Brando. Con ella vivió uno de esos amores de juventud tan locos como inolvidables. Sin duda, mi narración de Amor favorita de las cuatro que componen este libro. En el tercer capítulo recuerda a la parisina Katherine Elm, con la que estuvo más cerca de comprometerse. Y en último lugar, Charo Palacios, quien, además de dejar huella en su corazón, tuvo mucho que ver en los derroteros profesionales que tomó Enrique Herreros.

Aparte de estas relaciones amorosas, a las que el autor adjudica un puesto de honor en su vida, hace mención a otras. De algunas ni siquiera menciona el nombre, mientras que a otras les dedica también varias páginas, como es el caso de la actriz española Emma Penella. Sin olvidar las repetidas alusiones a Sara Montiel, con la que trabajaron tanto él como su padre, famoso pintor y humorista gráfico. Aunque de ella no habla precisamente maravillas, llegando a definirla como «diva barata».

He echado en falta más detalles sobre su trayectoria profesional, ya que Herreros es, probablemente, uno de los principales conocedores de lo que ha dado de sí la industria cinematográfica de nuestro país en este último siglo. Eso es problema mío, claro, ya que la portada deja bien claro que esto va de narraciones de amor. Sin embargo, lo que sí me parece un gran defecto de esta obra es la descuidada labor de corrección. Será deformación profesional, pero las continuas comas y puntos fuera de lugar y el uso arbitrario de mayúsculas y cursivas me sacaban continuamente de la historia. Una pena, la verdad, ya que el relato de la ajetreada vida de Enrique Herreros bien merecía una edición más cuidada. Espero que para próximas reediciones lo tengan en cuenta.

[product sku= 9788441438569 ]
Publicado el

Una noche con Sabrina Love, de Pedro Mairal

Una noche con Sabrina Love

Una noche con Sabrina LoveEl primer contacto con el sexo ya no es tan inocente como lo era hace diez años e imagino que casi no se parece a lo que era hace veinte. Hoy en día las primeras relaciones no se tienen con una chica o un chico de tu misma edad, sino con actores experimentados, que practican todo tipo de posturas acrobáticas en tu smartphone o tablet. Quizá ese sea el motivo por el que, de acuerdo con estudios universitarios recientes, los millennials (la generación nacida entre 1980 y 1990) lo hacemos menos que nuestros antecesores: porque la curiosidad ya no es tan grande como hace unos años. Y, precisamente por eso, la lectura de Una noche con Sabrina Love, libro que se publicó por primera vez en 1998, es tan interesante: porque nos acerca a los inicios de esta manera, sin duda errónea, de descubrir la sexualidad.

La novela da comienzo poco antes de que Daniel, un chaval de diecisiete años, gane un sorteo organizado por un canal de televisión de pago, en el que el premio es pasar una noche con Sabrina Love, una estrella del cine porno. Él vive en Curuguazú, un pequeño pueblo situado a una gran distancia de Buenos Aires, la ciudad en la que se le cita para que se produzca el encuentro. Pese a que la situación económica de este joven huérfano no le permite hacer un viaje al uso, sus ansias por perder la virginidad (y por hacerlo, además, con la mujer a la que en tantas ocasiones ha visto en la pantalla) le llevan a emprender un trayecto a contrarreloj en barco, camioneta y a pie, en el que acaba encontrando mucho más de lo que esperaba.

Esta novela es una suerte de road movie, una narración intensa en la que, partiendo de una trama sumamente sencilla, el autor consigue enredar al lector, al prometerle un desenlace casi inminente de los acontecimientos. El estilo narrativo de Pedro Mairal, además, se hace muy agradable de leer; las conversaciones fluyen con naturalidad y el transcurso de la historia va inteligentemente de la mano de la evolución del protagonista. Así, si en un principio nos encontramos ante un Daniel con una mente bastante cerrada y obsesionado con la pérdida de su virginidad, el viaje le lleva a cambiar de lleno su manera de ver la vida. Las personas y las situaciones que encuentra a su paso son muy distintas a las que había conocido en su pequeño pueblo y son éstas las que le sirven para cruzar la barrera invisible entre la adolescencia y la adultez, la misma que él solo creía poder superar de otro modo. Además, Mairal sabe transmitir a la perfección la diferencia entre dos ambientes antagónicos, tan fácilmente extrapolables a cualquier país: el pequeño municipio en el que todos se conocen y la gran ciudad, tan llena de oportunidades como de dificultades.

El autor publicó esta novela con apenas 27 años, lo que, como comenta en el prólogo de esta última edición, le supuso un éxito tan notable como inesperado, que acabó traduciéndose en un Premio Clarín y en una adaptación al cine. Logros sin duda merecidos, dado que Una noche con Sabrina Love es una novela que, como le confesó Bioy Casares a Mairal el día en que se le entregó el citado premio, se coge y resulta imposible desprenderse de ella.

[product sku= 9788417007386 ]
Publicado el

Marvels, de Kurt Busiek y Alex Ross

Marvels

MarvelsLa meta de cualquier narración, no importa el género ni el medio, es conseguir que quien se acerque a ella quede totalmente atrapado. Para ello resulta esencial hurgar en ese lugar donde se aloja nuestra capacidad para sentir empatía; esa disposición innata que tenemos para encontrar semejanzas entre algunos de los aspectos de los personajes protagonistas o las situaciones que viven a lo largo de la historia y nuestro propio ser o nuestras propias vivencias.

En los cómics de superhéroes la idea es ponerte en el pellejo de uno de ellos. Así es cómo te sentirías siendo el portador de un martillo capaz de destruir a tus enemigos de un solo golpe. De esta forma treparías por los edificios de la Gran Manzana. Sí, tú que sufres de vértigo. ¿Y qué te parece lanzar hechizos con tan solo pensarlo? Nunca hubieras imaginado que ser una bruja pudiera molar tanto. Pero lo cierto es que no empatizamos con ellos por todo el poder que ostentan, sino porque en muchas ocasiones caen (para volver a levantarse), lloran (como hacemos nosotros), sufren pérdidas irreparables y viven momentos mágicos de máxima felicidad junto a la familia y amigos. Vemos en su lado más humano un reflejo de nosotros mismos.

Ahora bien, ¿qué me decís de ser un simple humano en un mundo repleto de superhéroes? Ser testigo de primera mano de enfrentamientos que pueden destruir media ciudad. ¡Tu ciudad! Ser el pobre tipo al que una llamarada perdida de la Antorcha Humana derrite su coche recién comprado. Quedar atrapado en un monumental atasco porque Los 4 Fantásticos están zurrando a un villano. Un fastidio, ¿verdad? Ver por televisión cómo el Capitán América acaba él solito con un escuadrón de soldados. ¡Sublime! A priori puede ser menos atrayente que estar en el pellejo de un superhéroe pero el concepto de Marvels, donde los humanos corrientes y molientes se llevan el protagonismo, lleva el cómic superheroico a otro nivel de realidad.

En Marvels, el guionista Kurt Busiek nos muestra lo que es el día a día del ciudadano de a pie, ese que vive en una gran urbe e intenta llevar una vida normal. La ciudad en cuestión es Nueva York y la normalidad pasa por convivir con seres especiales que aparecen y desaparecen creando el caos. Phil Sheldon es uno de esos ciudadanos, además de fotoperiodista freelance. Todo el cómic es una crónica contada por este hombre mundano que cámara en mano, y a lo largo de más de treinta años, seguirá las andanzas de Los Prodigios, que es cómo él los acabará llamando. Esto sirve de excusa a Busiek para mostrarnos los hitos más importantes de La Casa de las Ideas. Desde el nacimiento de la primera Antorcha Humana (no confundir con Johnny Storm de Los 4 Fantásticos) hasta la dramática muerte de Gwen Stacy. Pasando por el sentimiento desmesurado de patriotismo que el Capitán América inspiraba en la sociedad hasta ese miedo absurdo hacia el diferente que los mutantes de la Patrulla-X tuvieron que soportar en sus propias carnes. De esta forma el guionista nos muestra lo mejor y lo peor del ser humano: la forma en la que cae en constantes contradicciones por sentirse con el derecho a tratar a los superhéroes como si fueran de su propiedad, pero también ese júbilo, mostrado sobre todo por los jóvenes, por todas y cada una de las proezas con final esperanzador que los superhéroes regalan a la humanidad. Las dos caras de una misma moneda.

Quizá en otro tipo de cómic el dibujo de Alex Ross resulte demasiado ostentoso, pero en uno que intenta ser lo más realista posible resulta apropiado. Sus acuarelas, aguadas y la utilización en ocasiones del aerógrafo se conjugan para mostrarnos una ciudad de Nueva York repleta de vida, con edificios emblemáticos fácilmente reconocibles y calles atestadas de tráfico y transeúntes. Una ciudad que emana vida pero repleta también de claroscuros. En lo referente a dibujar superhéroes, Ross debe ser el único dibujante capaz de poner arrugas en trajes sin que estos parezcan disfraces cutres de carnaval. Y aunque su estilo humaniza sobremanera, y alcanza cotas de realidad nunca vistas en el noveno arte, no resta ni un ápice de espectacularidad a todas esas luchas que se suceden a lo largo de la obra. Y a pesar de ello, las mejores escenas, las de excelsa factura, están reservadas a situaciones más terrenales. Como ese momento dramático en el que una barahúnda de personas enardecidas crean el caos en las calles en busca de mutantes. O esa otra, la más hermosa y conmovedora escena del cómic, en la que una cándida Gwen Stacy se maravilla bajo la llovizna provocada por los vehículos submarinos de Namor y nos hace entender que la belleza está en los ojos del que mira.

En esta nueva edición que nos trae Panini Cómics, y al igual que ocurría con La Visión de Tom King, la mitad es cómic y la otra mitad son extras. Gracias a los extras podremos adentrarnos mucho más en la historia planteada por Busiek y descubrir todas esas referencias a las historias clásicas de las que el guionista se sirvió para crear Marvels. Y, sobre todo, valorar todavía más el gran trabajo de investigación que hay tras el cómic. Entre el cuantioso material extra se encuentra una galería con más de 50 ilustraciones en las que podremos deleitarnos con el soberbio arte de Alex Ross. Los Guardianes de las Galaxia, Capitana Marvel, Daredevil, Spider-Woman, entre muchos otros y en su máximo esplendor, forman parte de este extraordinario compendio de ilustraciones. A destacar esa otra sección (que yo he llamado “cameos”) en la que descubriremos que por entre las páginas de Marvels se pasean personajes como Stan Lee, Clark Kent y Lois Lane, e incluso Buho Nocturno y Espectro de Seda, ambos personajes de Watchmen.

En definitiva, el cómic Marvels es único por su enfoque y extraordinario por su dibujo, además resulta un respetuoso homenaje a todas esas historias y personajes que se convirtieron en los pilares sobre los que hoy se sustenta la editorial Marvel.

[product sku= 9788491673408 ]
Publicado el

En qué pensamos cuando pensamos en fútbol, de Simon Critchley

En qué pensamos cuando pensamos en fútbol

En qué pensamos cuando pensamos en fútbolIgual es un poco exagerado lo que voy a decir, pero tengo la impresión de que hoy en día, en algunos ambientes, queda feo reconocer que a uno le gusta el fútbol. Incluso en conversaciones coloquiales los seguidores de este deporte tenemos que andar a la defensiva, anteponiendo a nuestros comentarios expresiones exculpatorias como “me gusta, pero no soy forofo” o “sé que no me va la vida en ello, pero…”. Y es que es difícil defender desde la razón el interés que los futboleros prestamos a aspectos tan banales como el número de tarjetas amarillas que saca de media un árbitro de la liga portuguesa, el enfado que nos provoca no haber podido fichar al jugador que queríamos en el Comunio o las horas muertas que pasamos delante de un videojuego que nos permite ser los directores deportivos, o directamente, los futbolistas de nuestro equipo favorito.

No obstante, tampoco entiendo el rechazo extremo que provoca en algunos este deporte; como periodista, he conocido a compañeros que directamente repudiaban cualquier pieza, fuese de la calidad que fuese, que se hubiese hecho en torno a un tema deportivo. Son los mismos que creen que el fútbol son solamente 22 millonarios musculados tratando de meter un trozo de plástico hinchado entre tres palos. En el fondo les admiro: hay que ser muy fuerte para mantenerse inmune ante esa bendita enfermedad.

El filósofo inglés Simon Critchley también es consciente de que su pasión por el Liverpool F. C. no proviene de un profundo proceso reflexivo ni le ayuda a construir su soñado teatro de la memoria. Pero eso no le impide buscar (y encontrar) ideas atrayentes en torno al balón y a los seres que lo rodean. Por eso, en En qué pensamos cuando pensamos en fútbol, tras recalcar la escasa importancia real de este juego, Critchley deja los prejuicios a un lado para ofrecer interesantes reflexiones, muy apegadas a su disciplina. Así, en este pequeño libro el autor lanza proclamas tan interesantes como que el fútbol es un deporte con alma socialista, por tratarse de un juego en el que sus partes trabajan para el colectivo y con un objetivo común, pero con un cuerpo profundamente capitalista.

A lo largo de los capítulos, Critchley mezcla la divagación filosófica con sus experiencias personales como aficionado red, así como con numerosos ejemplos de jugadas y eventos del mundo futbolístico, la mayoría muy recientes y conocidas por el gran público (la expulsión de Zidane en la final del Mundial de 2006, el polémico nombramiento de Qatar como país anfitrión de este mismo evento para el invierno de 2022, el teatro de Pepe en la final de la Champions de 2016….).

En sus reflexiones, de no más de tres o cuatro páginas, oxigenadas con fotografías de instantes icónicos de este deporte, el británico hace un esfuerzo divulgativo para acercar sus afirmaciones más complejas al público que, como yo, no tiene unos grandes conocimientos de filosofía. Por ejemplo, dedica bastante espacio a desgranar su idea de que el fútbol es un acto que se mueve entre los mundos de la objetividad y la subjetividad (os prometo que se acaba entendiendo).

Una de las ideas que más se defiende en este libro es la que he comentado al comienzo de esta reseña: la de que un acto que mueve tantas pasiones, sentimientos tan distintos y que trastoca en muchos casos la lógica de nuestros países, lo queramos o no, es mucho más que un deporte. Y, reconociendo, como hace Critchley, que el fútbol no deja de ser un entretenimiento banal, que aporta poco o nada a nivel intelectual y que, en numerosas ocasiones, transmite valores muy poco positivos, el rechazo al mismo no deja de ser algo mucho más necio, ya que significa dar la espalda a una parte de lo que somos.

En qué pensamos cuando pensamos en fútbol, publicado en España por Sexto Piso, contiene muchas frases que merece la pena subrayar, pero me he quedado con una en especial, ya que transmite perfectamente ese vínculo irracional del que tan difícil me resulta escapar: “lo que te mata del fútbol no es la decepción, sino la esperanza constantemente renovada”. Porque, después de otro curso amargo, estoy seguro de que la próxima temporada es en la que la Unión Deportiva Logroñés va a ascender a Segunda División, después de diez años intentándolo. Y voy a ir ahorrando dinero para poder comprar el FIFA para entonces.

[product sku= 9788416677771 ]
Publicado el

Rock ‘n’ roll. El ritmo que cambió el mundo, de Adrian Vogel

Rock n roll El ritmo que cambió el mundo

Rock n roll El ritmo que cambió el mundo

«Todos hablando de hombres ilustres

y de Elvis Presley

nadie habla jamás».

Canción: Presumida (1961), de Teen Tops.

Rescato esta estrofa que ya destaqué en la reseña de Bikinis, fútbol y rock & roll, crónica pop bajo el franquismo sociológico (1950-1977), de Adrian Vogel, que leí el verano pasado, porque le viene al pelo a su nuevo libro: Rock ‘n’ roll. El ritmo que cambió el mundo. Si en su anterior obra ya nos demostró cómo la cultura en general tiene un poder silencioso (y silenciado) para traspasar fronteras, unir a pesar de las diferencias y hacernos ver la vida desde otra perspectiva, en Rock ‘n’ roll. El ritmo que cambió el mundo nos relata cómo este género musical en particular supuso un antes y un después en el mundo, además de en la historia de la música.

La larga trayectoria de Vogel le avala como un experto en rock, rock ‘n’ roll, rock & roll, y en cualquiera de sus variantes. Para comenzar, nos deja claro que la elección de «rock ‘n’ roll» para titular el libro no ha sido al azar, como tampoco son arbitrarias las diferentes escrituras del nombre. A partir de ahí, el autor vuelve a desplegar su sabiduría rocanrolera y su capacidad analítica para abordar el nacimiento del rock desde sus diversas variables. De este modo, logra plasmar de forma clara y amena lo que se coció en aquellos años, tanto de cara al público como en la trastienda.

Rock ‘n’ roll. El ritmo que cambió el mundo se centra sobre todo en las figuras y acontecimientos más significativos de los años 1955 y 1959: el nacimiento de discográficas independientes que cambiaron las reglas del negocio y modificaron las estructuras de poder de la industria; los sobornos conocidos como la payola y relacionados con el crimen organizado, que decidían quién sonaba y quién no; los primeros pasos de artistas como Chuck Berry, Elvis, Jerry Lee Lewis, Little Richard y Bill Haley, pioneros de todo lo que vino después, incluyendo alguna mención a aquellos aspectos personales o escándalos que condicionaron sus carreras musicales; el papel del cine en la construcción del imaginario colectivo en torno al rock (las camisetas blancas, las chupas, los Cadillac, la rebeldía…) y la repercusión de los medios de comunicación para convertir este género musical y todo lo que se movía a su alrededor en cultura de masas.

Adrian Vogel nos hace viajar a esa segunda mitad de los años cincuenta del pasado siglo a través de las canciones más radiadas y las historias que se esconden tras ellas, y nos relata cómo hicieron tambalear la moral de la época y unir a negros y blancos en una pasión común. No es de extrañar que a la política y a los demás poderes establecidos les incomodara ese nuevo ritmo que volvía a todos  locos. O, quizá, tan solo un poco más libres.

Nunca antes se había hecho un libro tan completo sobre esta temática en España y, sin duda, nadie mejor que Adrian Vogel para escribirlo. Rock ‘n’ roll. El ritmo que cambió el mundo es una lectura imprescindible para entender el origen y evolución del rock y la razón por la que, para muchos, se ha convertido en un estilo de vida. Aunque si sois rocanroleros, seguro que esto último no necesitáis que os lo expliquen. Pero para todo lo demás, no os perdáis el libro de Adrian Vogel.

[product sku= 9788416842254 ]