
Primero: argumento.
Tomás camina hacia atrás, literalmente de espaldas, por Lisboa. Estamos a finales del año 1904 y tiene en mente una misión: llegar a las Altas Montañas de Portugal para encontrar un crucifijo extraordinario, que le ayudará en su venganza contra ese Dios que le había arrebatado todas las personas a las que quería en menos de una semana. A los que le rodean no les ha explicado bien su objetivo, solo que piensa que allí va a encontrar un tesoro que por fin hará que le reconozcan en el Museo de Arte Antiguo en el que trabaja. Precisamente por su trabajo, ha dado con un diario escrito por el padre Ulises, en el siglo XVII, cura destinado en São Tomé, en el Golfo de Guinea. Ese diario le produce un gran impacto y se siente identificado con los sentimientos de soledad e incomprensión del cura. En él encuentra consuelo y las pistas para encontrar el magnífico crucifijo. Emprende un viaje increíble, largo y doloroso por Portugal en uno de los primeros coches de la historia, que le presta su tío, hombre excéntrico y muy rico.
Así empieza este libro que está dividido en tres grandes partes: “Sin casa”, “A casa” y “En casa”. Tomás es el protagonista en la primera parte. Eusebio, patólogo forense aficionado a las novelas de Agatha Christie, de la segunda en 1938 y Peter, político canadiense, de la tercera en los años 80. Los tres van a tener relación con esa región que llaman Las Altas Montañas de Portugal y los tres tienen que superar pérdidas de seres queridos.
Segundo: sensaciones.
Surrealista, este es el calificativo que me ha estado rondando todo el tiempo por la cabeza mientras leía esta novela. Cuando cerraba el libro, pensaba: ¿cómo voy a explicar esto? Las sensaciones que me ha producido sí os las puedo decir. Me ha encantado, del verbo encantar, o sea, de encantamiento de verdad. De estar pensando en el libro incluso cuando no lo tenías delante, de acostarte dándole vueltas a lo que habías leído ese día, de explicárselo al que tienes al lado, leerle trozos, para que te pueda entender cuando le dices que hay algo mágico que te tiene sorbido el seso, pero que no puedes explicarlo. Me ha divertido mucho, ha habido párrafos que me han hecho reír a carcajadas. Me ha sorprendido y ¡de qué manera!, de dejarme boquiabierta y ojiplática. Me ha emocionado, porque es enternecedora y dulce. Me ha gustado mucho literariamente hablando: rica, preciosa e inteligente, con magníficos diálogos y descripciones.
Tercero: confesiones.
Uno de los motivos por los que elegí leer esta novela fue por el escenario en el que transcurre el libro: Portugal. Son mis vecinos y amigos. La región a la que se refiere, Tuizelo que pertenece a Vinhais, la tengo a tiro de piedra. Compartimos las mismas montañas, clima y paisaje. Es un país que siempre me ha tratado bien, en el que he disfrutado mucho y por el que siento un gran cariño. Ahí no me equivoqué, hay unas descripciones muy acertadas, tanto de lugares como de gentes, con las que estoy totalmente de acuerdo. Yann Martel transmite cariño y admiración por el lugar; también mucho respeto, incluso ha protegido en muchos pasajes la lengua, no han traducido muchas expresiones y frases en portugués, creo que con buen criterio.
Enfrenté el libro como una novela normal, con mucha ilusión porque me gustó La Vida de Pi que es del mismo autor, aunque confieso que solo he visto la película. Error: no es una novela al uso, aunque sí la he disfrutado desde la primera frase. Tuve que caminar con Tomás bastante rato, de espaldas porque estaba enfadado con el mundo y era su manera de protestar. Tuve que pelearme con Tomás por esos caminos ingratos en esa máquina infernal. Disfruté con la autopsia que realizó Eusebio a Rafael, sí, aunque os suene macabro: me gustó una autopsia. La descripción que la senhora María Dores Passos Castro le hace a Eusebio de su casamiento y de su vida matrimonial creo que es de lo más bonitos que he leído en mi vida. Ya llevaba casi dos tercios del libro leídos cuando me empecé a dar cuenta de que lo que tenía entre manos es un gran cuento, una parábola enorme. Me tuve que quitar el raciocinio durante unas horas para disfrutar más y dejarme llevar. Me quité prejuicios, limpié mi mente de presupuestos y las piezas empezaron a encajar. Entonces llegué al final y el Principito me susurró al oído: “tienes que volver a empezar porque has estado viendo el sombrero y lo que tenías que ver era el elefante dentro de la boa”.

Las acampadas, el campamento o ir de camping, llamadlo como queráis, evocan en mi mente una incontrolable estampida de recuerdos. Montar tu propia morada de tela intentando no aplastarte un dedo con el martillo. Dormir en el suelo, (sobre piedras, la mayoría de las veces) después de trasnochar. Comer al aire libre, evitando a las hormigas, o cantar bajo las estrellas junto a una hoguera. Pantalones cortos y rodillas repletas de heridas. Las batallas, repelente en mano, contra los mosquitos que, cada noche, intentaban chuparte la sangre. Cada jornada era una aventura. Cada nuevo amanecer despertabas exaltado impaciente por saber qué te depararía el nuevo día. ¿Zorros mágicos de tres ojos? Humm, no creo. ¿Monstruos de río que se asemejan a dragones marinos? A ver, déjame pensar… No lo recuerdo. ¿Gatetes sagrados o Yetis hípsters? Oh no, definitivamente eso no ocurrió en ninguna de mis acampadas. Eso, todos los monstruos, las aventuras extraordinarias y el derroche de amistad adictiva solo les ocurren a un grupo de adolescentes en El campamento para chicas molonas de miss Quinzella Thiskwin Penniquil Thistle Crumpet. Son cinco, son chicas y se hacen llamar: Las Leñadoras.
Últimamente, sin yo buscarlo, he leído varios libros que trataban el judaísmo de algún modo. Ya os hablé de 

Este año me dio el siroco de leerme 
Lo reconozco, me he partido el culo con este Pequeño Clásico Ilustrado. 
Islandia es un país curioso. Tiene el tamaño de Corea del Sur y sólo un poco más de población que La Rioja. En 2008, a comienzos de la crisis económica, su gobierno decidió dejar que los principales bancos del país se hundiesen en lugar de rescatarlos y salió victorioso. Y quién no recuerda la espartana actuación de su selección de fútbol en la pasada Eurocopa, en la que tan sólo Francia, la selección anfitriona, pudo frenar a un equipo plagado de jugadores desconocidos para el gran público. Pero si hay un sujeto que confirma que en ese frío territorio son tan raros como cachondos, ese hombre es Jón Gnarr. Alcalde de Reikiavik entre 2010 y 2014, este cómico llegó al poder en la capital islandesa con su ‘Best Party’ (Mejor partido), desde donde hacía promesas como que en invierno no apagaría el sol o que construiría un parque de atracciones Disney en las cercanías de aeropuerto. Durante su etapa de regidor se ganó la simpatía y la admiración de su pueblo, así como de personajes tan populares y heterogéneos como Noam Chomsky o Lady Gaga.


Llevo muchos años aguardando el fin del mundo. Deseando que toda nuestra sociedad termine de una vez por todas, pero de una forma épica y memorable. Tras meditarlo detenidamente, y descartar varias opciones, he llegado a la conclusión de que un apocalipsis zombie daría ese toque de emoción a mi vida; a la de todos nosotros. A esas vidas que últimamente se han estancado en la más soporífera monotonía. El problema es que un mundo repleto de zombies es muy chungo, además de un muermo. O eso es lo que muchos autores de libros y cómics, además de directores de cine, nos han hecho creer. ¡Pero aún hay esperanza!, pues existe un lugar ahí fuera en el que luchar por tu vida y repartir candela de la fina entre los zombies putrefactos no está reñido con mearte encima de la risa. Ve preparando un buen cargamento de pañales porque, créeme, una vez los muertos empiecen a alzarse en Tokyo Zombie los necesitarás.


Ya tenemos de vuelta, poco ha tardado, a nuestra chica favorita. La siempre ambigua, (unas veces heroína, la mayoría villana, pero siempre con la percepción de la realidad alterada), nuestra pirada preferida: Harley Quinn, la chica más pálida que la muerte desde que su pastelito la arrojara a un tanque de lejía. Y es que el amor no entiende de convencionalismos y cada cual es romántico como sabe o puede.
¿Te has parado a pensar en que todo lo que haces, todas esas acciones que llevas a cabo de forma casi inconsciente, como un acto reflejo, repercuten en la vida de los demás de tal forma que es posible que sean esa minúscula chispa que con el paso de los años pueda llegar a crecer e inflamar conciencias hasta incluso llegar a cambiar el curso de la historia? Unas palabras de ánimo para aquel que su día amaneció gris. Un reproche injustificado. Un inesperado y cálido abrazo. Una sonrisa sincera. Unas palabras que rezuman bilis sin venir a cuento. Tender una mano al necesitado. Una sugerente pieza musical ejecutada con habilidad. Responder con el más flagrante desprecio al que busca refugio. La lectura de un libro inspirador en el momento adecuado. Un acto de amor o un arrebato de odio. “Todo está conectado” ¿Y si nuestra mera existencia solo fuera un insignificante pero valioso grano de arena que forma parte de una duna y esta a su vez es la pequeña porción de un inimaginable y gigantesco desierto? ¿Podría esta reseña, con este preámbulo de tintes New Age, llegar a ser el texto principal de unos panfletos propagandísticos que sembraran la semilla de una revolución? Pésima hipérbole a modo de ejemplo pero, a decir verdad, cosas más raras se han visto.