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Las altas montañas de Portugal, de Yann Martel

Las altas montañas de Portugal

Las altas montañas de PortugalPrimero: argumento.

Tomás camina hacia atrás, literalmente de espaldas, por Lisboa. Estamos a finales del año 1904 y tiene en mente una misión: llegar a las Altas Montañas de Portugal para encontrar un crucifijo extraordinario, que le ayudará en su venganza contra ese Dios que le había arrebatado todas las personas a las que quería en menos de una semana. A los que le rodean no les ha explicado bien su objetivo, solo que piensa que allí va a encontrar un tesoro que por fin hará que le reconozcan en el Museo de Arte Antiguo en el que trabaja. Precisamente por su trabajo, ha dado con un diario escrito por el padre Ulises, en el siglo XVII, cura destinado en São Tomé, en el Golfo de Guinea. Ese diario le produce un gran impacto y se siente identificado con los sentimientos de soledad e incomprensión del cura. En él encuentra consuelo y las pistas para encontrar el magnífico crucifijo. Emprende un viaje increíble, largo y doloroso por Portugal en uno de los primeros coches de la historia, que le presta su tío, hombre excéntrico y muy rico.

Así empieza este libro que está dividido en tres grandes partes: “Sin casa”, “A casa” y “En casa”. Tomás es el protagonista en la primera parte. Eusebio, patólogo forense aficionado a las novelas de Agatha Christie, de la segunda en 1938 y Peter, político canadiense, de la tercera en los años 80. Los tres van a tener relación con esa región que llaman Las Altas Montañas de Portugal y los tres tienen que superar pérdidas de seres queridos.

Segundo: sensaciones.

Surrealista, este es el calificativo que me ha estado rondando todo el tiempo por la cabeza mientras leía esta novela. Cuando cerraba el libro, pensaba: ¿cómo voy a explicar esto? Las sensaciones que me ha producido sí os las puedo decir. Me ha encantado, del verbo encantar, o sea, de encantamiento de verdad. De estar pensando en el libro incluso cuando no lo tenías delante, de acostarte dándole vueltas a lo que habías leído ese día, de explicárselo al que tienes al lado, leerle trozos, para que te pueda entender cuando le dices que hay algo mágico que te tiene sorbido el seso, pero que no puedes explicarlo. Me ha divertido mucho, ha habido párrafos que me han hecho reír a carcajadas. Me ha sorprendido y ¡de qué manera!, de dejarme boquiabierta y ojiplática. Me ha emocionado, porque es enternecedora y dulce. Me ha gustado mucho literariamente hablando: rica, preciosa e inteligente, con magníficos diálogos y descripciones.

Tercero: confesiones.

Uno de los motivos por los que elegí leer esta novela fue por el escenario en el que transcurre el libro: Portugal. Son mis vecinos y amigos. La región a la que se refiere, Tuizelo que pertenece a Vinhais, la tengo a tiro de piedra. Compartimos las mismas montañas, clima y paisaje. Es un país que siempre me ha tratado bien, en el que he disfrutado mucho y por el que siento un gran cariño. Ahí no me equivoqué, hay unas descripciones muy acertadas, tanto de lugares como de gentes, con las que estoy totalmente de acuerdo. Yann Martel transmite cariño y admiración por el lugar; también mucho respeto, incluso ha protegido en muchos pasajes la lengua, no han traducido muchas expresiones y frases en portugués, creo que con buen criterio.

Enfrenté el libro como una novela normal, con mucha ilusión porque me gustó La Vida de Pi que es del mismo autor, aunque confieso que solo he visto la película. Error: no es una novela al uso, aunque sí la he disfrutado desde la primera frase. Tuve que caminar con Tomás bastante rato, de espaldas porque estaba enfadado con el mundo y era su manera de protestar. Tuve que pelearme con Tomás por esos caminos ingratos en esa máquina infernal. Disfruté con la autopsia que realizó Eusebio a Rafael, sí, aunque os suene macabro: me gustó una autopsia. La descripción que la senhora María Dores Passos Castro le hace a Eusebio de su casamiento y de su vida matrimonial creo que es de lo más bonitos que he leído en mi vida. Ya llevaba casi dos tercios del libro leídos cuando me empecé a dar cuenta de que lo que tenía entre manos es un gran cuento, una parábola enorme. Me tuve que quitar el raciocinio durante unas horas para disfrutar más y dejarme llevar. Me quité prejuicios, limpié mi mente de presupuestos y las piezas empezaron a encajar. Entonces llegué al final y el Principito me susurró al oído: “tienes que volver a empezar porque has estado viendo el sombrero y lo que tenías que ver era el elefante dentro de la boa”.

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Leñadoras, de Noelle Stevenson y Brooke Allen

leñadoras

leñadorasLas acampadas, el campamento o ir de camping, llamadlo como queráis, evocan en mi mente una incontrolable estampida de recuerdos. Montar tu propia morada de tela intentando no aplastarte un dedo con el martillo. Dormir en el suelo, (sobre piedras, la mayoría de las veces) después de trasnochar. Comer al aire libre, evitando a las hormigas, o cantar bajo las estrellas junto a una hoguera. Pantalones cortos y rodillas repletas de heridas. Las batallas, repelente en mano, contra los mosquitos que, cada noche, intentaban chuparte la sangre. Cada jornada era una aventura. Cada nuevo amanecer despertabas exaltado impaciente por saber qué te depararía el nuevo día. ¿Zorros mágicos de tres ojos? Humm, no creo. ¿Monstruos de río que se asemejan a dragones marinos? A ver, déjame pensar… No lo recuerdo. ¿Gatetes sagrados o Yetis hípsters? Oh no, definitivamente eso no ocurrió en ninguna de mis acampadas. Eso, todos los monstruos, las aventuras extraordinarias y el derroche de amistad adictiva solo les ocurren a un grupo de adolescentes en El campamento para chicas molonas de miss Quinzella Thiskwin Penniquil Thistle Crumpet. Son cinco, son chicas y se hacen llamar: Las Leñadoras.

Leñadoras (Lumberjanes en el original), creado por Noelle Stevenson, Shannon Watters, Grace Ellis y Brooke Allen, es un cómic que altera, para mejor, las monótonas acampadas para adolescentes. Jo, April, Mal, Molly y Ripley son las cinco protagonistas. La jefa sensata. La chica repipi que reparte buenos mamporros. La muchacha dura por fuera pero muy sensible por dentro. La que duda sobre sí misma. Y la chica pequeñita y adorable que está como una cabra y que provoca esas situaciones en las que te descacharrarás de la risa. Ellas cinco, como si fueran aprendices de Indiana Jones o las herederas de Scooby Doo y su tropa, se verán obligadas a resolver misterios mientras un puñado de curiosos monstruos les dan la brasa. Sapristi Cómic se ha encargado de reunir en un solo tomo los primeros ocho capítulos de esta serie juvenil en los que las heroínas deberán resolver un misterio que involucra a zorros, yetis, dioses, ancianas que se convierten en osos y criptogramas de toda clase. Este arco argumental tiene como título: Cuidado con el gatete sagrado. Con todo lo que os he explicado creo que mínimamente os podéis hacer una idea del tipo de cómic que os vais a encontrar. Fresco; sin duda. Alocado; por supuesto. Absurdo; claro, en ocasiones. Pero sobretodo un guion con grandes dosis de humor y amistad.

Este guion tan notable se han encargado de moldearlo Noelle Stevenson y la debutante Grace Ellis. Ambas han dado rienda suelta a todas las locuras que les fluía por la cabeza para transformarlo en historias que se leen del tirón y se disfrutan en cada viñeta. El dibujo, obra de Brooke Allen, de trazo grueso o muy, muy grueso en los momentos de más acción, y con un colorido que emplea toda la paleta de colores imaginables, posee en el diseño de personajes su mayor atractivo. Un diseño que se va asentando con fuerza a medida que pasan los capítulos. Las Supernenas, Steven Universe u Hora de aventuras son algunas de esas series de dibujos animados de guion inverosímil y de personajes de atractiva personalidad que invadirán de forma atropellada tu cabeza al principio, tras abrir Leñadoras y al pasar las primeras páginas. Luego descubrirás que, aunque se asemejan en las formas, el contenido es mucho más personal. Digamos que si Leñadoras fuera una flor gozaría de su propio e inigualable aroma a galletitas de mantequilla, té verde y sudor balsámico, y si fuera un oso llevaría un sombrero con un tocado bien vistoso y unos guantes de boxeo.

Leñadoras también tiene su propio estilo a la hora de estructurar cada capítulo: empieza con una hoja del manual de campo de las leñadoras. Un manual anticuado (décima edición en enero de 1984) que habla sobre cómo conseguir insignias. La insignia de trasnochadora, la de calculadora humana, la de la amistad a tope… una insignia por cada capítulo. El manual explica cuál sería la forma más común para obtener cada uno de esos premios. Pero en el mundo de las leñadoras en ocasiones (bueno, casi siempre) lo común es poco más que el nombre de un raro animal mitológico. Aun así, curiosamente, y de una forma más rebuscada y sobretodo inusual, siempre harán honor al manual y en especial a su esencia. “Por encima de todo, una leñadora aprenderá lo que significa ser amigas.” Porque Leñadoras va de amistad. De estar ahí cuando más se te necesita. De soltar tacos originales que raras veces ofenden. “¡Yippe-ki-yay, hijo de fruta!” De apoyar decisiones; incluso cuando son equivocadas. De enfrentarse a los peligros unidas y de cubrirse las espaldas cuando un puñado de velociraptores misteriosos atacan el campamento. “Una leñadora aprenderá lo que significa trabajar en equipo”. Pero Leñadoras también susurra delicadamente al oído del lector lo que es el amor libre, qué significa amar a quien quieras (sin importar clase, condición, raza y todas esas trabas que algunos interponen) y lo bonito y tierno que puede llegar a ser.

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Mi primer Sony, de Benny Barbash

Mi primer Sony

Mi primer SonyÚltimamente, sin yo buscarlo, he leído varios libros que trataban el judaísmo de algún modo. Ya os hablé de Una virgen imprudente y de Lamentaciones de un prepucio. No es que tengan mucho en común más allá del elemento judío, pero me resulta curioso. Mi primer Sony, el libro del que hoy os hablo, también nos habla sobre una familia de judíos. Y tampoco tiene mucho que ver con los otros. Cada uno tiene un argumento diferente, pero gracias a estas tres lecturas he aprendido bastante sobre el judaísmo, algo en lo que yo estaba bastante pez. No es que sea yo muy religiosa (de hecho soy cero religiosa), pero me gusta aprender y eso es algo que también busco en mis lecturas.

Mi primer Sony me atrajo principalmente por su título y su original y colorista portada. Después leí esto y supe que tenía que leerlo: “Mi familia se está separando. Yo intento meterla en una casete.” No me digáis que no os llama la atención.

Yotam es un niño de diez años, que vive con su madre Alma, su padre Asif, su hermano mayor Shaul y su hermana pequeña Naama. Lo que nos cuenta esta novela no es más que el intrincado mundo de las relaciones familiares, que no es poco. Todo esto narrado por Yotam, o más bien, por su grabadora. En una ocasión, su padre le regaló una grabadora y le dijo que grabase todo y eso es lo que Yotam ha estado haciendo desde entonces. Graba todas las conversaciones, ruidos y silencios y los guarda en su habitación en cintas que él mismo va clasificando.

Los personajes de esta novela y sus peculiares caracteres son el punto fuerte de Mi primer Sony. Yotam es un niño gordito, tímido y bueno que asiste al derrumbe de su núcleo familiar como un espectador y como un reportero (por aquello de la grabadora). Naama, la hermana pequeña, aún es demasiado inconsciente para darse cuenta al cien por cien de lo que corre y Shaul, el hermano mayor, tiene clara su posición: su padre es el máximo traidor y así se lo hará saber.

Benny Barbash, el autor, es el fundador del movimiento pacifista israelí Peace Now y ésta es su novela más conocida. La forma en que se nos presentan los personajes y la trama, así como la prosa de Benny Barbash es realmente interesante. Es cierto que la manera en que el libro está escrito puede echar para atrás a algún lector (¡no, insensatos!). La novela no tiene capítulos y está narrada de manera rápida por Yotam y su grabadora. Hay pocas pausas y toda la trama se desarrolla casi como un diálogo. En ocasiones hay que coger aire para seguir leyendo. Aun así, os prometo que se lee fácilmente, que el autor sabe bien lo que se hace y que esta forma de narrar es una forma de meternos de lleno en la historia de la novela.

Como os decía, los personajes son geniales. El padre, un escritor mujeriego y con un sentido del humor muy particular; la madre, una argentina revolucionaria que cuando se enfada con el irresponsable de su marido suelta tacos en español; los abuelos, tanto paternos, como maternos, unos personajes en ocasiones adorables, en otras exasperantes; los hermanos del padre y las hermanas de la madre, a cada cual más excéntrico y desequilibrado y por supuesto, Yotam y sus dos hermanos, tres niños que asisten a situaciones de lo más extrañas y, en muchas ocasiones, no aptas para menores.

El humor con el que Benny Barbash narra el declive de una familia hace de esta novela una auténtica maravilla. Me he reído bastante mientras leía algunos diálogos imposibles y desquiciados. Pero todo ese humor tan sutil e irónico esconde también mucha dureza y dolor. Ya sabéis que el humor es a veces una forma de enmascarar la desgracia y esta novela también es amarga.

No es extraño que el libro haya sido traducido a diez idiomas ni que haya recibido el Premio ADAI-WIZO (Italia) y el Premio del Público en el Salón del Libro de París. Es una novela que desprende sinceridad, humor y fatalidad a partes iguales y que, a pesar de todo, deba un buen sabor de boca. A mí me ha sorprendido bastante, lectores. Totalmente recomendada.

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El marido, de J.A. Hazeley (NSFW) y J.P. Morris (OMG)

el marido

Segundo de los cuatro tomitos de los Pequeños Clásicos Ilustrados. Esta vez dedicado a esa figura imprescindible en todo matrimonio heterosexual que se precie de serlo: El marido.

Si alguien no conoce ejemplares de marido o es un varón a punto de casarse y quiere saber cuáles son sus características, funciones, derechos y deberes ha de leerse varias veces este libro para cumplir con lo que se espera de él, siempre que aspire a ser un marido de los 60. Avisados estáis.

Para empezar conviene aclarar que un marido funciona con salchichas y cervezas y que una vez alimentado le gusta hacer chapucillas domésticas para luego contar su heroica hazaña y así poder ser venerado como todo un héroe.

Tiene este libro tópicos sobre los maridos que, de ser referidos a la mujer, de seguro le lloverían denuncias de asociaciones feministas, peticiones de boicot a su venta y la prensa y televisión le dedicarían grandes titulares y espacio en sus programaciones. ¡Sería el acabose! ¡El apocalipsis!

Afortunademente, sabemos que es un libro humorístico que no ha de tomarse en serio. Que es ficción y punto. No hay que montar pollos por la ficción, sea la ficción que sea, aunque no nos guste.

¡Ea! Sigamos pues.

Otra cosa que tienen los maridos es memoria. Buena y mala. Buena para recordar resultados deportivos, mala para la lista de la compra, los cumpleaños de los hijos, recordar en qué curso están…

“El marido posee una memoria prodigiosa. Recuerda los resultados de liga, la matrícula de todos los coches que ha tenido y el argumento de la película Dos tontos muy tontos casi de pe a pa.

Sin embargo, es incapaz de recordar la lista de la compra que le ha encargado su mujer. No porque no la haya escuchado, sino porque tiene el cerebro saturado de información.”

Pero bueno, tampoco es cuestión de ir desmigando las gracias del libro. Todos sabemos grosso modo cómo eran los maridos de antes. Lo importante es que este tomo mantiene las mismas características que el de La resaca: unas 60 páginas, reducido tamaño y páginas de la izquierda con texto y las de la derecha con dibujo.

He disfrutado de El marido. No tanto como con La resaca, pero sí bastante. Es un humor irónico, inteligente, sin bastedades ni zafiedad. Un humor que no te hace descojonarte, pero sí sonreír. O bueno, claro, depende de la persona. Tal vez alguien se tire por el suelo de risa, el humor es muy personal.

De cualquier forma este también es un libro que va que ni pintado para regalar, sobre todo en despedidas de solteros, ¡y qué demonios!,  incluso de solteras, sí. Es apropiado para ambos sexos y bien barato. Además, se puede releer tantas veces como se quiera sin miedo porque la sonrisa seguirá apareciendo como la primera vez.

Por último, no quiero ni puedo acabar sin remarcar lo mucho que me gusta la edición en tapita dura. Es una edición que a mí, personalmente, me parece de auténtico lujo.

Entretenido, divertido y bien hecho.

¡Buen trabajo, Debolsillo!

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Don Quijote de Manhattan (Testamento yankee), de Marina Perezagua

Don Quijote de Manhattan

Don Quijote de ManhattanEste año me dio el siroco de leerme El Quijote. No porque este 2016 fuera el 400 aniversario de la muerte de Cervantes ni porque haya habido excesiva publicidad sobre el acontecimiento (que no la habido, en mi opinión, ni en exceso ni casi de ninguna otra manera.  Y es más, puede que si la hubiera habido no lo hubiera leído. Aunque también es verdad que si Cervantes fuera inglés otro gallo cantaría y los orgullosos ingleses no habrían dejado ni un día del calendario sin programar algún acto relacionado con el escritor).

Pero no. No era ese el motivo. Simplemente sucedió que apetecíame. Tiempo ha que quería yo enterarme de las hazañas del hidalgo, pero la reputación y el respeto (inclusive ¿acojone?) a la hora de abordar semejante obra, habiendo leído a gente cosas como que si era un rollo por acá, que si era extenso en demasía por acullá, que si hacía falta otro tomo para aclarar los palabros… y a todo esto añádase que  juntabánseme otras lecturas que acababan siempre por relegar al libro a otro momento más oportuno. Pero tenía que leerlo. Una obra tan importante en la literatura española y mundial merecía que menos que una oportunidad. Y también había opiniones buenas, que es cosa menester que se sepa.

Y al fin llegó el momento. En un bonito tomo conmemorativo, lleno de notas al pie y tomado con calma. Dos capítulos por noche propúseme. Hubo días que fueron más y otros que fueron menos o ninguno, en función del interés de la historia. ¿Veredicto? Me gustó. Hubo capítulos que es cierto que se hacían eternos y un auténtico coñazo. Pero coñazo de los gordos. Afortunadamente fueron los menos. Y afortunadamente también, la segunda parte fue mucho mejor que la primera.

Pues con ese buen sabor de boca al acabar la cervantina lectura me encuentro con Don Quijote de Manhattan. De primeras la portada me hace gracia, con la pareja, Quijote y Sancho, vestidos como C3PO y como ewok, respectivamente, caminando por la calzada de una calle de Nueva York.

¿Y qué tal, dirán vuesas mercedes? Pues bien, también. Marina Perezagua traslada al dúo manchego a Nueva York y dota a los sucesos que nos cuenta de algunos paralelismos con el original cervantino.  Ambos amnésicos, despiertan en 2016 sin saber cómo ni porqué, aunque a veces la melancolía les hace recordar cosas que piensan que no han conocido.  La autora se permite algunas licencias para no trabar la narración como el hecho de que Sancho sepa manejar  (y tenga) una tarjeta de crédito, que ambos entiendan y hablen perfectamente inglés… Vamos, que han sido transplantados de una época a otra de cuatro siglos de diferencia pero se manejan por ella como si tal cosa. Que no tengo nada contra eso, que conste, pero se podía haber sacado algo de chicha cómica de alguna situación.

Si el Don Quijote otiginal enloqueció por hincharse a leer libros de caballerías, en esta ocasión será otro libro de fantasía, La Biblia, la que, como a muchos fanáticos, le coma la cabeza tras encerrarse durante siete días para leerla y la que guiará sus actos desfacedores de entuertos (aunque lo correcto y lo que Cervantes escribió fue tuertos, como bien explica la autora en la parte final, Referencias).

Sus aventuras les harán moverse por la ciudad metiéndose en líos, detenidos por la policía, codeándose con drogadictos, encabezando rescates animales, iniciando y acabando huelgas de hambre por los presos de Utah, debatiendo sobre armas de fuego, sobre racismo, e incluso en el mismo Instituto Cervantes, con un Sancho proponiendo los correctos, a su modo de ver, usos de ciertas palabras de la lengua castellana.

Y todo esto teñido con un tinte religioso, ya que desde muy pronto, desde el principio en realidad, Don Quijote va a creerse un nuevo mesías, va a resucitar, va a ser el creador de América, el multiplicador de donuts y magdalenas y el centro de muchas otras actuaciones con reflejos  en La Biblia.

Por supuesto, no hace falta haber leído ni El Quijote ni La Biblia para comprender y disfrutar de este gran entretenimiento que es Don Quijote de Manhattan.

No obstante, creo que en algunos capítulos se podría haber sacado más partido de algunas situaciones, haberlas hecho más cómicas, y también me parece que el último tercio se vuelve demasiado alegórico.

Pero bueno, quitando eso, repito, es una lectura original y muy entretenida, bien escrita, fácil de leer, con momentos de comicidad (me gustó el nuevo bálsamo de Fierabrás) y muy disfrutable en su conjunto.

Un libro muy trabajado (la autora se ha leído diez veces, puede que a fecha de hoy ya más, el libro del caballero de la Triste Figura) y eso se puede apreciar a medida que se va leyendo.

¡Voto a bríos que lo recomiendo!

 

Vale*.

*Que es como acaba El Quijote y es una fórmula latina de despedida.

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La resaca, de J. A. Hazeley, (NSFW) y J.P. Morris (OMG)

la resaca

la resacaLo reconozco, me he partido el culo con este Pequeño Clásico Ilustrado. Debolsillo se ha sacado de la manga, con acierto, una mini colección de cuatro pequeños volúmenes para “echar una mano a los adultos desorientados por la modernez del mundo”. La esposa, El marido, Mindfulness y La resaca son los cuatro títulos que la componen.

Son libritos de unas 60 páginas y de 17,5 x 12 cm. aproximadamente, un tamaño ideal para llevarlo en cualquier momento encima o leer en el baño. “La letra clara, la elección esmerada de los vocablos, las repeticiones constantes y las imágenes especialmente elegidas para la ocasión, ayudarán al lector a alcanzar límites insospechados de iluminación. O no.”

La página de la izquierda tiene texto y la de la derecha un dibujo ilustrativo, descontextualizado y con la estética de los años ¿60?, y juntos componen un chiste o una gracia. Como ejemplo, el dibujo que sirve de portada tiene un texto del que extraigo la chicha:

Luis ha salido en busca de aire fresco, pero acaba de recordar que hoy el aire fresco le da pánico.

Tal vez el policía pueda ayudarlo.

“¿Te traigo una copa, Luis?, le pregunta el policía.

¿Brillante, eh? Bueno, pues a mí sí me lo parece.

¿Y quién no ha tenido resaca alguna vez? ¿Alguien sabe cómo evitarla? De vez en cuando me topo con artículos sobre cómo conseguirlo, y muchos insisten en no mezclar bebidas… Chorradas. Lo de las mezclas es un mito. Al final lo que realmente cuenta es la cantidad. Lo que pasa es que uno se cansa de beber todo el rato lo mismo y al final cambia de coctel y claro, lo achaca a que ha mezclado sin tener en cuenta las ingentes cantidades que ha hecho pasar por sus tragaderas…

Pero volviendo al tema meramente literario, lo cierto es que los textos mantienen un nivel de ironía sublime durante todo (lo corto que es) el libro, con las típicas situaciones que se dan cuando uno se ha pasado la noche bebiéndose hasta el agua de los floreros y afronta el nuevo día con una resaca del quince. Momentos en los que te prometes no volver a beber, recordarte a ti mismo antes de volver a caer en la bebida, ese dolor y malestar, pero, como Héctor, uno de los muchos personajes de este libro, después de la primera copa, empezamos a recordar lo bien que lo pasamos la última vez que bebimos.

La resaca también nos hace caer en la cuenta, por poner un ejemplo, del bucle continuo y paradójico  del  vicio que afecta a muchos, pues beben para olvidar su trabajo, pero es su trabajo el que les proporciona el dinero para poder beber.

Y así unos cuantos más ejemplos, delirantes unos, acertadísimos otros, descojonantes todos, son los que podemos encontrar en este libro.

Lo malo es lo breve que se es y que se te hace. Lo bueno es la edición tan cuidada, en tapa dura, el precio, y la calidad de los dibujos y texto.

Es un pequeño divertimento que no aspira más que a hacerte pasar un buen rato alejándote de la bebida y, de lo que es peor, de la dolorosa resaca.

Ah, es también un libro ideal para regalar en plan coña. Es de ese tipo de regalos que primero das el gracioso, aunque útil y práctico, y luego el bueno y caro.

Hacedme caso, os sacará de un apuro.

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El indio, de Jón Gnarr

El indio

El indioIslandia es un país curioso. Tiene el tamaño de Corea del Sur y sólo un poco más de población que La Rioja. En 2008, a comienzos de la crisis económica, su gobierno decidió dejar que los principales bancos del país se hundiesen en lugar de rescatarlos y salió victorioso. Y quién no recuerda la espartana actuación de su selección de fútbol en la pasada Eurocopa, en la que tan sólo Francia, la selección anfitriona, pudo frenar a un equipo plagado de jugadores desconocidos para el gran público. Pero si hay un sujeto que confirma que en ese frío territorio son tan raros como cachondos, ese hombre es Jón Gnarr. Alcalde de Reikiavik entre 2010 y 2014, este cómico llegó al poder en la capital islandesa con su ‘Best Party’ (Mejor partido), desde donde hacía promesas como que en invierno no apagaría el sol o que construiría un parque de atracciones Disney en las cercanías de aeropuerto. Durante su etapa de regidor se ganó la simpatía y la admiración de su pueblo, así como de personajes tan populares y heterogéneos como Noam Chomsky o Lady Gaga.

Por suerte o por desgracia, El indio, libro que publica Funambulista en castellano, no cuenta nada de esto. Gnarr ya sacó en su día un libro al respecto de su mandato. Lo que narra en esta ocasión es el origen de todo. Sus orígenes, más bien. Y es que ésta es una autobiografía de las de verdad, de las que empieza desde el mismo instante en que el autor nace, ya que antes de ese día, según cuenta él mismo, no existía nada.

Las historias del pequeño Gnarr son contadas con un tono humorístico, pero eso no evita que en la mayoría de los casos sean verdaderamente trágicas. El cómico no oculta sus orígenes humildes ni las penurias por las que llegó a pasar su familia, tanto a nivel económico como de relación entre sus miembros. Sus primeras vivencias están escritas como si las narrase el niño que por aquel entonces era, un chaval con problemas psicológicos y con una visión del mundo muy particular. Es una especie de pequeño Nicolás (el personaje de René Goscinny, no el de Gran Hermano) aunque más solitario y asocial. Un chico con un fuerte dolor en su interior que va descubriéndose poco a poco a sí mismo, a percibir todo lo que le diferencia de la gente normal y a darle vueltas a su propia existencia. Gnarr es ante todo un inadaptado, un indio en un mundo de caubois.

Algunas anécdotas de su infancia me han recordado a otras mías, como el juego de cambiar las letras de las canciones por palabrotas en clase de música o los ratos a solas creando historias fantásticas con un Action Man. Creo que el mayor logro de Gnarr con este libro ha sido el de ser capaz de retrotraerse a su pasado fielmente, tanto en los hechos ocurridos como en la forma de contarlos.

Lo único negativo: me ha parecido que el libro va de más a menos. Quizás sea porque en las últimas páginas las aventuras y los pensamientos del joven Jon no sorprenden tanto como al principio, pero sí que he notado que se me hacían algo más pesadas. A pesar de ello, el balance general del libro es muy bueno, ya que logra ofrecer un relato ameno y diferente dentro del trillado mundo de las biografías. Y no sé a vosotros, pero a mí, después de conocer la historia de Gnarr, me han dado ganas de que aparezca un personaje así en nuestra vida política. No sé si ayudaría mucho a cambiar la situación económica o a limar asperezas en la cuestión independentista, pero estoy seguro de que nos reiríamos mucho más.

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Tardía fama, de Arthur Schnitzler

Tardía fama

Tardía fama¿Hay más ego que talento en el mundo artístico? ¿La sociedad infravalora a sus artistas? ¿Cómo se dictamina quién tiene talento? Y, sobre todo, ¿qué es ser artista? Todas estas preguntas se plantean en la novela Tardía fama, de Arthur Schnitzler.

Eduard Saxberger es un anciano funcionario con una vida monótona y burguesa. Un día, recibe la inesperada visita de Meier, un joven escritor que le habla de su tertulia literaria Entusiasmo. En ella, todos han leído Andanzas, el poemario que Saxberger escribió hace décadas, y les encantaría que acudiera para poder demostrarle su admiración. Halagado, Saxberger asiste a la tertulia y, desde ese momento, rememora sus tiempos de poeta, cuando todavía no se había dejado vencer por los problemas cotidianos y era capaz de ser diferente, de hacer algo grande. ¿Es demasiado tarde para volver a escribir? ¿Es demasiado tarde para alcanzar la fama que un día le dio la espalda?

Con esta sencilla premisa y en apenas cien páginas, Arthur Schnitzler hace una sátira totalmente actual del mundo literario, pese a que escribió Tardía fama hace casi un siglo. Por ella desfilan escritores, poetas y actores desconocidos que ansían el día en el que les llegue la fama. El escritor casi adolescente al que nadie toma en serio, el que se pasa el día hablando de la escritura aunque nunca la ponga en práctica, el que ha conseguido publicar pero al que nadie ha leído… Todos esperan el reconocimiento de su valía, por parte de Saxberger y del público en general, y se menosprecian entre ellos, porque cada uno se cree único y mejor que el resto.

El arte atrae y quien más quien menos ha hecho sus pinitos. Escribir un cuento, dibujar un cuadro, hacer de actor por un día. Crear produce en nosotros una sensación placentera, muchas veces adictiva. Y cuando, satisfechos de nuestro trabajo, lo mostramos a los demás, esperamos que se asombren con nuestra habilidad y nos digan: «Eres muy bueno. Yo sería incapaz de hacer algo así». Sin embargo, la alegría de crear se frustra si nadie presta atención a nuestras obras, mientras otras, de mucha menos calidad —¡dónde va a parar!— se venden por miles. No sentimos incomprendidos. Son ellos, ese público aborregado, los que no saben qué es el verdadero arte. Pero ¿cuánto resistirá nuestra ilusión a estos envites? ¿Qué más da lo que tengamos que decir si nadie nos va a escuchar?

Tardía fama es una irónica reflexión sobre el arte, un homenaje y una crítica a ese sueño juvenil que se apaga con los años. Las respuestas a qué es ser artista y quién está en potestad de decir quién tiene talento no están en esta novela, incluso diría que plantea más dudas. Mejor así, porque si el arte fuera un mundo de certezas, perdería su esencia, su encanto.

Tras la lectura de esta obra póstuma de Arthur Schnitzler, me quedo con la sensación de que, tanto los que quieren inspirar emociones en los demás a través del arte como los que solo buscan ser aclamados por su talento, necesitan unos ojos que los miren. Tal vez, la vanidad del artista no sea un pecado capital, sino solo su medio de subsistencia. O, al menos, eso es lo que mi ego de escritora me hace creer.

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Tokyo Zombie, de Yusaku Hanakuma

tokyo zombie

tokyo zombieLlevo muchos años aguardando el fin del mundo. Deseando que toda nuestra sociedad termine de una vez por todas, pero de una forma épica y memorable. Tras meditarlo detenidamente, y descartar varias opciones, he llegado a la conclusión de que un apocalipsis zombie daría ese toque de emoción a mi vida; a la de todos nosotros. A esas vidas que últimamente se han estancado en la más soporífera monotonía. El problema es que un mundo repleto de zombies es muy chungo, además de un muermo. O eso es lo que muchos autores de libros y cómics, además de directores de cine, nos han hecho creer. ¡Pero aún hay esperanza!, pues existe un lugar ahí fuera en el que luchar por tu vida y repartir candela de la fina entre los zombies putrefactos no está reñido con mearte encima de la risa. Ve preparando un buen cargamento de pañales porque, créeme, una vez los muertos empiecen a alzarse en Tokyo Zombie los necesitarás.

No mentiría si dijera que un 80% de las viñetas de este manga me hicieron reír. No es un estudio serio y las fuentes son poco fiables pero por el momento os tendréis que conformar. Sí, también es cierto que el concepto del humor es muy subjetivo, y que lo que a uno le hace gracia a otro podría parecerle una ofensa. Y más en esta era de humanos extremadamente susceptibles y sensiblones que reaccionan ante cualquier chiste poniendo el grito en el cielo porque les parece que es políticamente incorrecto. Ergo, sí, es posible que alguien se sienta ofendido leyendo Tokyo Zombie del mangaka Yusaku Hanakuma, ¿y a quién le importa? Tal vez habría que enterrar toda esa susceptibilidad en el Fuji Negro. ¿Qué no sabéis que es el Fuji Negro? Pues en Tokyo Zombie ese lugar es de vital importancia.

El Fuji Negro es el hermano desgarbado y feo del monte Fuji. Es una montaña pestilente y oscura. Un vertedero descontrolado de proporciones titánicas. La gente va allí a enterrar toda la basura de la que se deshace y, en ocasiones, hasta de las personas. No importa si están vivas o muertas. ¿Te quieres deshacer de la pesada de tu madre? Pues al Fuji Negro. “¿Con quién quieres pasar el resto de tu vida? ¿Con esta vieja o conmigo?” La parienta manda. ¿Eres un profesor de educación física que se le va la mano con sus alumnos? En el Fuji Negro hay hectáreas de sobra. “Los estudiantes de hoy en día no aguantan ni media hostia”. Problema resuelto. Fujio Pon y Mitsuo son dos compañeros de trabajo que en sus ratos libres practican jiu-jitsu. Ellos también acabarán visitando el Fuji Negro tras matar “sin querer” (nótense las comillas) a su jefe que les daba demasiado la brasa. El sueño húmedo de cualquier proletario. El Fuji Negro será la zona cero para el principio del fin.

Si crees que la parte más importante de un cómic debe bascular hacia su parte gráfica, este no es tú cómic; ni siquiera si piensas que debe radicar en un perfecto equilibrio entre dibujo y guion. Tokyo Zombie es un manga de estilo heta-huma, que podría definirse como: dibujo cutre pero guion delirantemente asombroso. Y así es, pues el dibujo parece obra de un dibujante que en un accidente de tráfico perdió ambas manos y tras muchas horas de práctica aprendió a hacer su trabajo con los muñones. Unos dibujos simples e irregulares, casi sin detalles, con viñetas repletas de seres desproporcionados y muy cercanos al monigote, pero todos ellos tan cautivadores como entrañables. Es inevitable acabar enamorado de Fujio Pon, el protagonista, de su magnífico y exuberante cabello a lo afro, del perrito, de los gorrinos sonrientes y por supuesto, del calvorotas de Mitsuo.

Pero Yusaku Hanakuma no solo cumple con la primera de las peculiaridades del estilo heta-huma, pues también satisface en lo referente al guion. No en vano se le considera el máxime representante de este peculiar estilo. En Tokyo Zombie no todo es reír a mandíbula batiente (pero casi) sino que también hay cabida para la crítica más corrosiva hacia la estructura de clases y la desigualdad dentro de una misma sociedad. Con ricos que, en pleno apocalipsis, siguen siendo los que cortan el bacalao y pobres que se la juegan para que éstos no tengan que mover un puto dedo para disponer de un sinfín de comodidades. Sorprende además encontrar conceptos que últimamente han tenido mucho éxito en el cómic Los muertos vivientes de Robert Kirkman en la obra de Hanakuma, que fue publicada unos años antes. Si bien es cierto que, a diferencia de la obra de Kirkman, los personajes creados por Yusaku Hanakuma no se montan tantas pajas mentales y filosóficas y van más al grano. “¿Queréis que la liemos gorda?” ¿Quién quiere circular por carreteras secundarias pudiendo ir a todo trapo por la autopista?

En Tokyo Zombie también hay felaciones, violencia (pero de la sana), litros de plasma sanguíneo, tuertos, palabras malsonantes, diálogos irreverentes, calvos, situaciones absurdamente hilarantes, zombies luchadores, decapitaciones, tertulianos coñazo sabelotodo, desmembramientos, una bella y enternecedora historia de amistad y hasta una piara de cerdos con nombre de mujer. Una mezcla explosiva que te abrirá la mente hacia un mundo tan disparatado como legendario, mostrándote además que por el mundo hay gente que está muy, pero que muy mal de la azotea. Y si con esta historia tan eclética y underground no bastara, va la editorial Autsaider Cómics y le coloca, en la portada, una especie de terciopelo al protagonista que en caso de apocalipsis zombie te ayudará a tranquilizarte con su suave tacto. Sí, a partir de ahora dormiré más tranquilo sabiendo que, si finalmente el apocalipsis zombie nos sobreviene, podría ser como el prometedor y divertido guateque que imaginó Yusaku Hanakuma en Tokyo Zombie. Porque lo peor no es que nuestra sociedad se vaya al carajo, sino en cómo vamos a entretenernos mientras eso sucede.

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Cómeme, de Agnès Desarthe

Cómeme

CómemeNo sabía nada de este libro, tampoco conocía a la escritora francesa Agnès  Desarthe. Digamos que el hecho de que este libro haya llegado a mis manos ha sido pura casualidad. Esas cosas raras que tiene el destino de unir a veces libros con lectores como le viene en gana. ¿Arriesgado? Claro que sí, pero como no nos arriesguemos de vez en cuando mal vamos. Así que, si este libro había venido a mí sin yo esperarlo, tenía que leerlo sí o sí. Quién soy yo para jugar con el destino.

Cómeme es un título sugerente. Parece el título de una película porno. Pensé que quizá fuese un libro erótico: “un relato sobre sexo y comida alejado de toda corrección política”. Esto es lo que aparece en la portada. Normal que me hubiese montado yo mi propia película (porno o no) en mi cabeza. Pero, seré sincera: ni tanto sexo, ni tanta incorreción política. Eso sí, comida mucha. La comida ocupa un papel más en esta novela. Creo que he engordado un par de kilos mientras la leía. O quizá los haya perdido en forma de baba, no lo tengo claro. El caso es que la comida es protagonista indiscutible de esta novela.

Myriam es la otra protagonista del libro. Su idea es abrir un restaurante en París sin tener ninguna experiencia en el mundo empresarial y sin tener ni un duro. Eso sí, le sobra la experiencia en los fogones, el amor a los alimentos y también, la cara dura.

El restaurante se llama Mi casa y es el nombre más sincero que podría tener. En el mismo local donde Myriam monta su negocio vive y duerme todos los días en un saco de dormir. Ya os he dicho que no tiene un duro, pero no creáis que le importa demasiado ducharse en el fregadero o tener su ropa en una maleta tras la barra. Ni se queja, ni aspira a más. Simplemente se contenta con vivir.

Por Mi casa, pensado como un negocio atípico donde ni siquiera hay carta, donde pueden comer tanto adultos como niños, donde todo siempre está buenísimo, comienza a desfilar una variopinta clientela. Tan variopinta como la propia Myriam. Vincent, quien regenta una floristería junto a su restaurante, se convierte en amigo, consejero y cliente habitual. También dos estudiantes a las que Myriam les coge cariño y que acuden a comer entre clases y clases a su restaurante por un precio ridículo. Serán ellas quienes envíen a Ben, el mejor camarero, al negocio de Myriam para echarle una mano. Y como Ben es el mejor camarero y Myriam un pequeño desastre, éste acaba siendo quien prácticamente dirija el negocio. Porque realmente lo hace bien y porque a Myriam no le importa. Se deja llevar, como se ha dejado llevar durante toda su vida.

Cuando un personaje está bien elaborado se nota y Agnès Desarthe ha sabido dotar de alma a todos los personajes que se pasean por esta novela. Inevitablemente, se les acaba cogiendo cariño. Y eso que Myriam es rara, una mujer rota por el pasado, una madre incapaz de sentirse como tal. Un pequeño desastre que no encaja demasiado bien en lo convencional. Y entonces descubres que la novela no se llama así porque quiera parecerse al título de una película porno. Cómeme es un guiño a Alicia en el país de las maravillas. ¿Recordáis cuando ha de menguar y crecer para cruzar una puerta, para coger una llave? Bébeme. Cómeme. Son las premisas que encuentra Alicia para poder cambiar su estatura y poder seguir adelante. Eso es lo que le ocurre a Myriam. Ella desearía encontrar esa galleta con la que poder cambiar, esa galleta que le hiciese adaptarse a todas las situaciones que ella es incapaz de digerir por sí sola.

El destino es extraño, no os voy a engañar. Tampoco tengo muy claro que exista, pero sí agradezco haberme topado con esta novela llena de humor, llena de imposibles y de personajes excéntricos. Tal y como me gusta.

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Harley Quinn 2. Apagón, de Amanda Conner y Jimmy Palmiotti

apagon

apagonYa tenemos de vuelta, poco ha tardado, a nuestra chica favorita. La siempre ambigua, (unas veces heroína, la mayoría villana, pero siempre con la percepción de la realidad alterada), nuestra pirada preferida: Harley Quinn, la chica más pálida que la muerte desde que su pastelito la arrojara a un tanque de lejía. Y es que el amor no entiende de convencionalismos y cada cual es romántico como sabe o puede.

En esta ocasión las aventuras de la arlequín buenorra comienzan cuando el recuerdo de su ex la lleva a acabar detenida por la poli, o algo parecido…; la veremos también siguiendo en las competiciones de patinaje extremo en las que todo vale y no hay reglas para que, como en Los inmortales, al final sólo pueda quedar uno; y además, por arte de la magia del cómic formará equipo con la bien dotada y amnésica a la vez, Power Girl, con quien se establecerá un nuevo “dúo dinámico” y se sucederán unos cuantos chascarrillos a cuenta de la diferencia del volumen tetil de ambas.

Ah, y asistiremos también a un breve reencuentro con su pastelito, el Joker, que acabará de la forma en la que solo semejante “relación” puede acabar.

Muchas aventuras e historietas página tras página pero, sin duda lo mejor de todo este segundo tomo, Apagón, es la visita de Harley a la Comic-Con de San Diego para conseguir que algún editor vea sus dibujos y los publique. Es lo más gracioso del cómic. El cómic dentro del cómic. ¡El metacómic! Ver cómo interactúa con mogollón de frikis, con fans disfrazadas de Batman, Superman, Joker y una tropa cosplayizada a lo… ¡Harley Quinn! Molan también las reacciones de Harley al conocer a Paul Dini y Bruce Timm, sus padres y creadores.

Esto es, grosso modo, lo que nos ofrece este tomo.

Si bien en conjunto es un cómic divertido y sin otra intención que la de hacer pasar un buen rato sin mayores pretensiones, cosa que consigue, sí es cierto que el nivel con respecto al anterior, Calor en la ciudad, ha caído algo, no mucho, pero sí lo suficiente como para apreciarlo.

No obstante, sigue siendo un buen cómic que merece la pena continuar leyendo porque está claro que con un personaje como Harley las posibilidades de hacer con él barbaridades que dejarían a Masacre en calzoncillos son infinitas si el personaje continúa en buenas manos como hasta ahora.

Porque en el fondo, lo que a todos gusta de Harley, es su carácter. Su carisma, su forma de pensar y de ver el mundo y que sea a la vez sexy sin caer en lo soez, y cosas como que sea una tarada que hable con un castor disecado, cuyos orígenes, por cierto, conoceremos en este número, y que ese mismo castor se dirija a ella como “pirada”. Eso, sencillamente, es algo que no tiene precio.

Puede que este número no sea el que consiga enamorarte de Harley, ¡pero, hombre, que para eso ya estuvo el anterior!, pero desde luego estarás tan loco/a como ella si no te gusta, porque en general esta serie está pensada para ser un divertimento ligero, sin ser  para nada infantil o cansar cayendo en el chiste fácil.

Por todo esto, Harley Quinn es una de las pocas series que conviene seguir ahora que parece estar siendo tratada con el respeto que merece el personaje.

¡Viva Harley!

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El atlas de las nubes, de David Mitchell

el atlas de las nubes

el atlas de las nubes¿Te has parado a pensar en que todo lo que haces, todas esas acciones que llevas a cabo de forma casi inconsciente, como un acto reflejo, repercuten en la vida de los demás de tal forma que es posible que sean esa minúscula chispa que con el paso de los años pueda llegar a crecer e inflamar conciencias hasta incluso llegar a cambiar el curso de la historia? Unas palabras de ánimo para aquel que su día amaneció gris. Un reproche injustificado. Un inesperado y cálido abrazo. Una sonrisa sincera. Unas palabras que rezuman bilis sin venir a cuento. Tender una mano al necesitado. Una sugerente pieza musical ejecutada con habilidad. Responder con el más flagrante desprecio al que busca refugio. La lectura de un libro inspirador en el momento adecuado. Un acto de amor o un arrebato de odio. “Todo está conectado” ¿Y si nuestra mera existencia solo fuera un insignificante pero valioso grano de arena que forma parte de una duna y esta a su vez es la pequeña porción de un inimaginable y gigantesco desierto? ¿Podría esta reseña, con este preámbulo de tintes New Age, llegar a ser el texto principal de unos panfletos propagandísticos que sembraran la semilla de una revolución? Pésima hipérbole a modo de ejemplo pero, a decir verdad, cosas más raras se han visto.

Y hablando de rarezas: ¿es raro que el Sant Jordi pasado, y sobretodo porque me atrajo la portada (¡oh sí, podéis tildarme de superficial!), me comprara Relojes de Hueso y tras terminarlo me pareciera uno de los mejores libros que he leído en mucho tiempo y por ello decidiera que, por todo los medios, aunque fuera de forma desordenada, tenía que leer todas las obras de aquel autor británico capaz de atrapar al lector con su metamórfica prosa? Debo confesar, querido lector, que con literatura de por medio mi obsesión compulsiva parece hasta beneficiosa; o como dice el refrán: sarna con gusto no pica. Sarnoso perdido. Pero sí que hay algo que me pica, y es la curiosidad de saber si David Mitchell padece algún tipo de desorden de personalidad múltiple. No logro encontrar otra explicación satisfactoria a esa capacidad sobrehumana que le lleva a escribir y a imaginar como si de seis personas diferentes se tratara. Porque El atlas de las nubes, la obra de la que hoy quiero hablarte querido lector, son seis libros diferentes que se entrecruzan. Seis géneros literarios. Seis viajes que te cambian. “No hay viaje que no te cambie un poco”. Seis protagonistas, separados por el tiempo, que descubrirán que sus vidas, que los gestos que llevan a cabo, son consecuencia de lo que previamente hicieron otros y que los suyos propios, y sin que ellos si quiera lleguen a sospecharlo, marcarán de alguna forma transcendental las siguientes generaciones.

¿No es magnífico pues, pagar por un libro y llevarse seis? Una historia de historias. ¡El vademécum de la ficción! No me odiéis por mi emoción algo sobreactuada, pero, y repito por si no ha quedado claro: en estos tiempos de crisis indefinida, ¿no es magnífico pagar por un libro y llevarse seis? Seis existencias que se cruzan sutilmente, pero fácil de percibir cuando llega el momento, a lo largo de eones y que comienzan con las prometedoras aventuras, en formato diario, de un notario a bordo de un navío en el siglo XIX. Seguidamente David Mitchell nos sumerge en la dura, bella y emotivamente desgarradora vida, narrada en epístolas, de un joven compositor arruinado. ¡Música maestro! Este tramo no se lee, se escucha con deleite. De aquí saltaremos a los años setenta y a un electrizante thriller político de ritmo vertiginoso, y antes de que podamos recobrar el aliento estaremos llenando el silencio de carcajadas con la divertida (humor inteligente y corrosivo) parte en la que un editor de libros, de nombre Timothy Cavendish, se las tiene que ver con un puñado de gente bastante indeseable. ¡Pero aún hay más lector! Faltan las dos historias de ciencia ficción: la que habla de un mundo distópico al más puro estilo Un mundo feliz de Aldous Huxley y la que finalmente nos lleva a un lugar post apocalíptico en el que primitivas microsociedades intentan evitar el esclavismo al que otros congéneres les quieren abocar. Y luego salto hacia atrás con tirabuzón y vuelta a empezar.

Y es que David Mitchell (¡qué envidia, qué forma magistral de narrar! No es peloteo, es admiración, ¡carajo!) lleva las seis historias de El atlas de las nubes al punto álgido, al cliffhanger que deja sin aliento, que obliga a roer uñas y que magnifica la curiosidad del lector. Luego, como una montaña rusa que ha ascendido seis cuestas a la vez, se lanza a descenderlas a toda pastilla, haciendo un estudiadísimo cambio de vías en pleno descenso, para saltar así a otra historia y dejarte asombrado y sin aliento. Y todo este recurso narrativo “condensado” en casi 700 páginas sirve para mostrarnos que la tiranía de aquel que ejerce el poder siempre pervivirá. Pero de igual forma lo hacen el amor, el coraje y la amistad, además de la insaciable búsqueda de la verdad y la sed de conocimiento, ascuas imposibles de extinguir que son el germen de las rebeliones que buscan un mundo justo, libre e igualitario.

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