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Garfield on line, de Jim Davis

garfield on line

garfield on lineNo sé si el término está generalizado o no, pero en mi círculo de amigos del blog Libros y Literatura tenemos identificado un grupo de autores a los que llamamos “clásicos modernos” entre los que, por poner algunos ejemplos, estarían Simone de Beauvoir, Daniel Defoe, Virginia Woolf, Lewis Carroll… Grandes autores de este siglo o el anterior, que tratan los temas existenciales y que pese a ser coetáneos nuestros, han dejado una huella que permanecerá a lo largo de los siglos. Pues bien, yo hoy quiero sumar a este grupo de grandes autores de nuestro tiempo a Jim Davis.

Quizá no reconozcan al autor por su nombre, pero si les hablo de Garfield, seguro que se les enciende la bombilla. Su tira cómica es la de mayor difusión en todo el mundo, con 220 millones de lectores y publicada en más de 2.500 periódicos; pero es que además tiene un montón de libros que han sido best sellers mundiales, series de televisión, películas y merchandising. En sus casi 40 años de historia, Garfield se ha hecho un nombre que ya quisieran para sí muchas de las novelas de la más alta literatura.

Yo no tengo muy claro de dónde viene el gran tirón de Garfield (si lo supiera, dibujaría mis propias tiras cómicas con la fórmula del éxito y me haría multimillonario y famoso) pero me imagino que algo tiene que ver con que Garfield tiene mucho de nosotros. Pero no con el “yo” con el que nos sentimos a gusto y con el que nos vendemos a los demás. No. Garfield es esa parte que está debajo de la primera capa de pintura brillante con la que nos mostramos a aquellos que pretendemos deslumbrar con nuestro encanto. Garfield es nuestras manías y odios, todo aquello que solo mostramos en la intimidad del hogar, cuando nadie nos mira. Garfield es la pereza de levantarte de la cama, las ganas de comerte un trozo de tarta, de zamparte ese plato delicioso hasta que la barriga tenga forma de bola de billar. Garfield representa ese amor que sentimos hacia los que nos rodean, pero que nos irritan constantemente y a los que nos gustaría darles alguna patada de vez en cuando, arañarles los tobillos y morderles en el culo. Garfield es ese egoísmo sano que todos sentimos alguna vez, esas ganas de soltar a un amigo una puyita malintencionada que nos va a hacer reír aunque sea a costa de un poco de su sufrimiento. Puede que hasta con ánimo de ayudarle. Puede.

Pero Garfield no sale siempre ganando, y muchas veces sus propias jugarretas se vuelven en su contra. Y aquí es cuando nos reímos de nosotros mismos, o simplemente disfrutamos con el “se lo merece por malvado”. Pero Garfield también tiene su corazoncito, ama a Jon y a Oddie a la manera en la que muchos amamos a los nuestros, estando ahí cuando nos necesitan, y puteándolos un poquito cuando no.

Reconozco que estas tiras de Garfield on line no son distintas a cualquier otra recopilación de tiras de nuestro gato sarcástico y sus amigos. Son reconfortantes porque uno sabe lo que va a encontrar, y no defraudan. Y aún así siguen resultando divertidas, con un humor bastante sencillo y blanco, apto para todos los públicos. Garfield on line es un rincón seguro en el mundillo de los cómics, uno de esos libros que vale la pena tener para hojear de vez en cuando y echarte unas risas, aunque no sepas muy bien si te estás riendo de los personajes o de ti mismo.

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Lamentaciones de un prepucio, de Shalom Auslander

Lamentaciones de un prepucio

Lamentaciones de un prepucio¿No os ponen muy nerviosos esa clase de personas que usa constantemente frases del tipo “como yo siempre digo”? A mí sí. Me parece muy arriesgado sentar cátedra de esa forma. Es darse demasiada importancia. En fin, centrémonos en el libro que nos atañe.

Como yo siempre digo, la religión me parece uno de los peores inventos de la historia. Creyentes del mundo, a mí no me miréis, yo no tengo la culpa de que todas y cada una de vuestras religiones hayan resultado ser un auténtico fracaso. ¿O me vais a decir que todas esas muertes y guerras por motivos religiosos tienen alguna justificación? Venga ya, yo también prefiero declararme atea por la gracia de Dios. En realidad deberíamos haber seguido adorando al sol, a la lluvia y cosas de ese tipo. Aunque visto lo imbécil que el ser humano también ha resultado ser ya habríamos encontrado los motivos para matarnos los unos a los otros. “Sol mío. Tú tinieblas” y al carajo otro australopithecus. No sé cómo no nos hemos extinguido ya.

Después de esta introducción tan melodramática, os daré una razón por la que no nos hemos extinguido: la literatura. ¿Queréis otra? Esta novela: Lamentaciones de un prepucio. Menos mal que seguimos aquí para poder quejarnos.

Blackie Books, (hola, creo que me estoy convirtiendo en vuestra reseñista oficial), edita esta novela escrita por Shalom Auslander. El título es demasiado sugerente, no os voy a engañar y sí, sólo por eso ya quería leerlo. ¿De que tendrá que quejarse un prepucio? Ay, si los prepucios hablasen. Ay, si todos esos prepucios circuncidados pudiesen escribir habrían escrito esta novela. (Intentemos borrar esa imagen, por favor).

Shalom, el autor, proviene de una familia judía ultraortodoxa y este libro es el relato de sus memorias, que giran en torno a la religión y su máximo representante: Dios. ¿Por qué esta obsesión del autor con Dios? Es fácil. Si te has criado en el seno de una familia y un entorno tan sumamente religioso es normal que al final acabes hasta las narices, por decirlo delicadamente. ¿Qué niño puede entender que existe un Dios que exige y prohíbe tanto?, ¿Cómo va a entender un niño que si te portas mal, que si no sigues las leyes de su doctrina, ese Dios te castigará? Da miedo, qué queréis que os diga. Y eso le ocurre a nuestro protagonista, que acaba viviendo completamente atormentado por ese Dios.

Lamentaciones de un prepucio son pues las memorias de Shalom, un joven judío que no entiende del todo su religión y que cuestiona sus tradiciones una y otra vez, pero que no puede simplemente pasar de ella. Dios es cruel. Su Dios está siempre ahí para juzgarlo, para que no se aleje demasiado del redil.

La lucha del protagonista con Dios es una batalla grotesca e hilarante. Shalom incumple casi todo lo que está en su mano: se atiborra de comida no kosher a escondidas, colecciona revistas pornográficas, roba, miente, fuma… Lo normal en un adolescente. Solo que su religión no le permite ser un adolescente más. Evidentemente, luego viene la culpa y los pactos y diálogos imposibles con Dios. Y te tienes que reír, porque el ingenio y la ironía son la base de este libro.

Hasta el propio joven decide marcharse a Israel para ver si es capaz de reconducirse dentro de su doctrina y la familia, aterrorizada ya por el rumbo que estaba tomando su hijo, se pone realmente contenta.

No os diré si realmente dios es tan cruel. Ni siquiera os diré si este Dios sigue atormentando al autor. Tendréis que juzgarlo y adivinarlo vosotros mismos. Lo que si os diré es que esta novela es realmente divertida, que aunque el autor parezca estar en ocasiones como una cabra, tiene todos los motivos para estarlo. Un libro que, aparte de entretener y divertir, nos hace reflexionar. Y buena falta nos hace.

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El azar y viceversa, de Felipe Benítez Reyes

El azar y viceversa

El azar y viceversa¿Se pueden domar las palabras?, ¿podemos hacerlas pasar por un aro de fuego a nuestro antojo?, ¿podemos domesticarlas y recompensarlas a base de libros? Creo que Felipe Benítez Reyes puede. Creo que si existieran los encantadores de palabras, Felipe haría sonar su flauta y ellas bailarían dócilmente a su son. Contentas, distraídas, firmes, posándose una a una en las líneas de sus libros, así como han ido posándose en El azar y viceversa, su última novela. Creo firmemente que Felipe Benítez Reyes es un domador de palabras, si no, no encuentro otra forma de explicar la calidad y la magia de su prosa. Menudo regalo para los sentidos es leer a este autor. De verdad. En tanto que lectora me dejo llevar por el baile de sus letras, a ritmo de jazz, a ritmo de vals, a veces también a ritmo de rock. Y no vean cómo disfruto el baile. En tanto que aprendiz de domadora de palabras, siento una gran admiración, unas ganas locas de unirme a su circo de palabras y que me cuente los secretos para domar palabras. Ah, pero los secretos, secretos son. Será mejor así.

De Felipe Benítez Reyes siempre me han gustado sus poemas. Creo que es uno de los mejores poetas actuales. Había leído algún que otro relato corto, pero nunca una novela. Y aquí me tenéis, rendida ante sus encantos y encantamientos. Pura magia.

El azar y viceversa es más que eso, claro. Más allá del placer que supone leer su prosa, nos encontramos con una historia que conmueve, entretiene y divierte a partes iguales. El protagonista, Antonio Jesús Escribano Rangel, es él  y es, al mismo tiempo, todas las personas en que se convierte. Un continuo inaugurarse. Y es que como dice el autor en el libro: “Es posible que ahí esté la clave de todo, o de casi todo: la existencia como una sucesión de piruetas aleatorias en el vacío”. Y nuestro protagonista se pasa la novela dando piruetas, de aquí para allá, de identidad en identidad, del ser al impostar.

Nuestro protagonista, el inicial Antonio, un pelirrojo algo desgraciado, es alguien que no ha tenido mucha suerte desde sus orígenes en Rota. Un padre que fallece demasiado temprano, una madre algo ida y un fantasma-Fantomas que hace las veces de su padre. Algo de lo que querer escapar, sin duda. Y a veces alcanza con la punta de los dedos la gloria, como cuando trabajar en la base militar o con el Tunecino, y a veces se le escapa todo de golpe como cuando tiene que rendir cuentas ante su falso padre o alguna que otra mujer. Y es en éstas que nuestro protagonista conoce la amistad, los primeros amores, las primeras rebeldías y comienza a ser quién no es. Rányer, nuestro ex Antonio, pone rumbo a Cádiz con su amigo Fiti. Y pronto, él mismo, se convertirá en el propio Fiti. Comienza un desfile de identidades: Padilla, Jesús, Toni y un peregrinaje de conveniencia: Rota, Cádiz, Sevilla, Jerez de la Frontera. Y comprenderán al leer la novela que todos estos cambios y todo este peregrinar tiene un sentido y un propósito, que no seré yo quien les desvele.

He leído sobre la novela que se trata de un libro de picaresca. El más reciente Lazarillo, podríamos decir. Y estoy de acuerdo con esta opinión. Nuestro protagonista no es nadie sin sus “santos patrones” que va encontrándose con el devenir de la vida. A ellos les debe poco menos que la existencia y toda esa galería de personajes de ficciones con los que va lastrando. Piénsenlo, no es fácil ser uno mismo en esas condiciones.

Lo curioso del asunto, es que Antonio, no deja nunca de ser él. Ese Antoñito que añora a su padre y que procura no olvidar sus enseñanzas, ese Antoñito que quiere a su madre, que sueña con su Rota natal. Pero cuando la vida no es fácil y has entendido que tu forma de vida se asemeja a la de un parásito, no puedes más que dejarte llevar. Y así va dejándose ir nuestro Antonio, nuestro Rányer, nuestro Fiti, Nuestro Padilla, nuestro Cabeza, nuestro Toni. Y lo más curioso es que, a pesar de pasarse la novela siendo quién no es, se le coge cariño a este narrador en primera persona. Porque en el fondo, sigue siendo él y a pesar de todas las desventuras, el fondo es noble.

En palabras del autor: “Cualquier vida es la historia mal contada de alguien que da tumbos en un laberinto trazado por un demente, sin saber que el demente es él. Cualquier existencia es un acertijo sin solución posible, pues la solución del acertijo es el acertijo mismo.”

Y ahora piensen, ¿de verdad cree que conocen la respuesta de su existencia? Ni nuestro protagonista ni Felipe Benítez Reyes la conocen. No vayan a pasarse de listos.

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Harley Quinn 1. Calor en la ciudad, de Amanda Conner y Jimmy Palmiotti

calor en la ciudad

calor en la ciudad

¡Sí, sí, sí! Esta Harley sí que merece la pena. ¡Esta sí! Hay que tener mucha suerte con los cómics de esta payasa (y en realidad con todos en general) porque si en tu primer acercamiento eliges bien caerás rendido a sus pies, querrás leer más de ella, pasarás a formar parte de su club de admiradores (que no sé si es muy grande pero que seguro que, con lo que se vislumbra de ella en el tráiler de Escuadrón suicida, crecerá considerablemente), y se hará hueco en tu galería de personajes favoritos.

Harley me gusta desde hace mucho y me gusta mucho más cuando cae en manos de buenos guionistas como ocurre en el cómic de hoy. Es sexy, graciosa, inteligente, carismática y sobre todo está como una cabra. ¿Puede ser como la versión femenina y sin factor de curación de Masacre? Tal vez, aunque yo no diría tanto. Si me dieran a elegir entre ellos dos lo tendría difícil, pero ganaría Harley. Tiene algo más, no sé…

A lo que iba. Decía que “¡sí, sí, si, esta Harley merece la pena! “porque, comparado con el decepcionante “Preludios y chistes malos” que hace poco salió al mercado dentro de la colección de novelas gráficas de DC, este primer tomo es una maravilla. Y no he leído ningún cómic de Escuadrón suicida, ni siquiera opiniones, pero si quieres engancharte a un buen personaje femenino (¿hay pocos personajes femeninos, no? Y menos aún con serie propia. ¿O solo me lo parece a mí?) hay que leer Mad Love, su primera aparición y, sin falta, este Calor en la ciudad pero ya. De cabeza.

(Mmmm… haciendo memoria, en Sirenas de Gotham, la verdad, no recuerdo que Harley brillara especialmente, así que… si  tenéis más recomendaciones, ¡no dudéis en sugerirlas!)

En Calor en la ciudad el comienzo es brillante. Harley en un almacén de esos que usan los yanquis como si fuera un trastero, medio tumbada comiendo pizzas y chupachups y hablando con un castor disecado que la acompañará a todas partes, (¿qué ha sido de sus hienas?) preguntándose si no molaría tener su propio cómic…

“¿Verdad que molaría tener mi propio cómic? Los inadaptados sociales harían cola para recibir mi último número…”

Este primer arco es una sucesión de dibujantes, cada uno con su estilo, que Harley va desechando, y eso que son buenos (Panosian, Simonson, Jim Lee, ¡el propio Bruce Timm!, ¡Adam Hughes!, Darwyn Cooke…) hasta dar con uno, Chad Hardin, que le gusta y que la editorial puede permitirse.

Si no conocías a este personaje con estas primeras páginas ya te has enamorado, y si lo conocías te habrá ganado un poco más.

El arranque es muy bueno, repito, pero es que el nivel se mantiene, y eso es lo chungo, porque su humor ácido, sus paridas y salidas de madre no llegan a cansar a pesar de estar repartidas por todo el cómic y tampoco cae en el humor sin gracia. Es humor inteligente, humor del bueno y frases memorables:

“Mami tiene que sacarle a alguien los sesos a golpes”

Lo que nos cuentan en este número básicamente son dos tramas: por un lado Harley hereda un edificio de un antiguo paciente suyo de Arkham. El ático será para ella y se convertirá en la casera de sus vecinos y de los bajos comerciales. Pero sus inquilinos no son lo que se dice ni ricos ni normales y Harley tendrá que buscarse dos curros: psicóloga de una residencia de ancianos y miembro de un equipo de patinaje en el que dos equipos luchan y donde lo que prima son las hostias y que tu equipo gane a base de ellas.

En la segunda trama, que transcurre simultáneamente, tendrá que librarse de asesinos que periódicamente intentan cargársela porque alguien ha puesto precio a su cabeza. ¿Pero quién querría cargarse a semejante monada?

Resumiendo, por si no ha quedado claro:

Muy muy buen cómic. Muy muy divertido, entretenido y salvaje. Acción, humor…El dibujo bueno, aunque mejorable, y el guión perfecto. Pero sobre todo, lo que hace bueno a este cómic es la protagonista, su forma de ser, su carisma, su locura y su todo. Es la polla.

Esta es la serie que se merece Harley, la que te conquistará y te dejará un buen sabor de boca. Al menos eso parece por su comienzo.

Bien por Conner y Palmiotti. ¡Que siga la fiesta!

PD: ¿Y la portada? ¿Qué me decís de la portada? ¡Para enmarcar!

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Un libro largo de cuentos cortos, de Etgar Keret

Un libro largo de cuentos cortos

Un libro largo de cuentos cortos

Es un día de agobiante calor y te encuentras caminando por una larga carretera donde ni siquiera a lo lejos se ve una sombra, no hay ni un árbol, ni tampoco un cobijo que te pueda proteger de las primeras gotas que empiezan a caer de la tormenta. Te acurrucas en el arcén como te enseñaron de pequeño que debes hacer durante una tormenta en el campo. Las primeras gotas, suaves, mojan tu cabeza y tu espalda, parecen calentarte más que refrescarte, hasta que el aguacero se posa encima tuyo, y el golpeteo de las gotas te empapa, te refresca, te invade por cada parte de tu cuerpo; y ya te sientes aliviado, así que te tumbas, brazos en cruz, y disfrutas de las gotas que ves caer sobre tus ojos, sentir sobre tu pecho y saltar sobre tus piernas. Algunas son grandes, otras diminutas, otras explotan, otras parecen color tierra, otras son ásperas, algunas te hacen reír, las últimas, al entrar en tus ojos, te hacen llorar. Así te sientes con “Un libro pequeño de cuentos cortos”, como el que recibe esa densa capa de gotas, convertidas en cuentos que a veces son diminutos, a veces largos como lágrimas en la mejilla, y otras veces explosivos como gordas gotas de chaparrón de verano; por ello esas narraciones parecen primero mojarte y luego te empapan, te revientan en los ojos y en en la mente, y te entran por los oídos hasta que el cerebro flota en un liquido amniótico lleno de historias, caídas, suicidios, fantasías, guerras, peleas, viajes, soledades, amores queridos u olvidados, rencores, humor negro, lugares fantasmales, sitios inusuales, paraísos artificiales, situaciones tan improbables como la lluvia en el desierto, tan normales como una inundación de lagrimas; todos esas cosas juntas alimentan tu imaginación, provocan a tu intelecto, lo retan como esas nubes al desierto, imaginándolo lleno de verde, al menos por unos días, por toda esa lluvia que cae y está por caer.

Un libro largo de cuentos cortos” son los cuentos completos, hasta ahora, de Etgar Keret, lo componen: “La chica sobre la nevera y otros relatos”, “Pizzería Kamikaze y ortos relatos”, “Un Hombre sin cabeza y otros relatos” y “De repente llaman a la puerta”. Como en toda recopilación de este tamaño hay cuentos muy diversos que pueden gustarte más o menos, sin embargo lo que me importa cuando leo un libro de relatos es, y la imagen que inicia la reseña no es trivial, lo que me dejan las historias, lo que me moja -lo que me bautiza-, lo que me cuentan; hasta dónde me llegan sus personajes, sus pensamientos, su manera de contar y, sobre todo, qué color, qué olor, qué matiz, qué fervor, qué rabia tiene la voz que me está hablando desde sus páginas; me gusta saber cómo gritan sus truenos, cómo alumbran sus relámpagos. Y esa voz de Etgar Keret es directa, limpia, fácil, irónica, cruel, sagaz, dubitativa y, a la vez, sabia; por ello es lo suficientemente atractiva y brillante como para merecer seguir sus cauces; esos que él recorre como judío israelí que habla de su realidad: desde lo que le rodea social y físicamente, hasta lo que no lo envuelve porque no existe. Hay dos mundos en estos cuentos -hay muchos, pero creo que se resumen en dos-: está lo que probablemente existe y está lo que nunca existirá. El primero es el mundo recreado en los paisajes que en los que vive o que ha visitado, y el segundo son los sitios imaginarios, los universos paralelos que nacen del ingenio de Keret, y que están más cercanos al simbolismo, y rellenos de mordacidad, que a un puro ejercicio literario imaginativo. Y estas son unas de las cosas que más resaltan -según mi opinión- en el libro: relatos sobre personajes reales puestos por la vida en una situación y un lugar sorprendente, y tan astutamente irreal que parece lo contrario: verídico como un cuento de Perrault que, cuando eras muy pequeño, te hacía querer mirar con suspicacia los dientes de tu abuela embozada en la cama.

Los protagonistas de Keret casi siempre están en acción con el aire en la nuca o con los pensamientos en circulación; como el antiguo pueblo judío parece que nunca están en reposo. Pero, en contraste con ese aire enorme que parece mover el cabello de los protagonistas, los temas, lo que explica, lo que parece no mover las pesadas botas llenas de las tierras que pisan sus hombres y mujeres, son cosas pequeñas, partículas de polvo en movimiento, retazos de ideas o de pasión o de tristeza que brotan de los sentimientos de los hombres, mujeres o niños de los que se habla. Que sean importantes o insignificantes para que el que los lea, es igual, son importantes para ese instante, para esa relación, para ese paso por el mundo, para esa especie de gota que todo contiene que te ha golpeado la coronilla. Así, parecen historias minúsculas pero que realmente son las que mueven la vida: son miradas perdidas, fotos que no debían estar allí, regalos que no llegaron, amores que no consiguieron seguir adelante, soldados que se pierden en la guerra, muertos que no volverán, viajes perdidos, ángeles de la guarda muy terrenales, un hombre que conducía con los ojos cerrados, suicidios poco probables, niños que buscaban huevos de dinosaurio, una pareja que se conoció demasiado tarde, una hucha de cerdito muy querida, un niño demasiado educado, el hombre que paraba la vida para hacer el amor, diosas griegas venidas a menos… Palabras mínimas, pensamientos casi esquivos, ideas pequeñas como perlas, que juntas van creando una avenida, una borrasca, de oportunidades para la sorpresa y, muchas veces, la ironía.

Hablar sobre una libro de cuentos es difícil, y más sobre estos que son muchos y cortos; sin embargo hoy me ha resultado fácil, porque no hay nada de lo que cuenta Keret que me sea ajeno. A pesar de que todos sus personajes son judíos, distantes en cultura y en la vida, con edades que no comparto, con modos de vida que no he vivido; a pesar de ello, los entiendo porque al final habla sobre vivir y morir, sobre reír y llorar, sobre amar, odiar, cantar, ganar, perder, resbalarse, lamentarse, saltar, suicidarse, patalear, vengarse…Sobre lo básico de los minutos de existencia compartida con esas vidas lejanas; tan parecidas a las tuyas, que al final parece que nada cambia excepto paisajes y nombres. Y lo hace con una mirada suspicaz e irónica que parece no darse por vencida, no dejarse llevar por delante por la riada, pero, eso sí, se deja mojar aunque sea con las risas o las lágrimas de sus semejantes.

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Un taxi a la felicidad, de Baptiste Beaulieu

Un taxi a la felicidad

Un taxi a la felicidadHe leído Un taxi a la felicidad porque si alguien te propone algo así ¿cómo lo vas a rechazar? Me podéis llamar inocente o ilusa, os dejo. Quizá sea porque soy optimista por naturaleza y siempre pienso que hay cosas buenas por descubrir. ¿Por qué no puede haber un taxi que lleva a la felicidad? Luego reflexionas y piensas que a la felicidad solo te puedes llevar tú mismo. No está fuera, sino dentro de ti. Alcanzar la felicidad es algo utópico, puedes lograr momentos felices, pero a lo que podemos aspirar como algo muy bueno, es a una vida sin infelicidad, que ya es la leche. Y ya me he puesto trascendente y no era lo que quería.

Vamos a ver, ¿cómo os explico este libro? Es una especie de libro de autoayuda novelado. Un cuento con moraleja. Trata de un médico triste y decepcionado con la vida, que decide suicidarse. El día elegido necesita coger un taxi porque quiere dejar arreglados unos papeles. Delante de su casa hay uno parado conducido por una señora mayor y estrambótica que le pide que no lleve a cabo su terrible plan hoy, que le regale a ella unos días, que quiere ayudarle. Quedan en que esperará una semana; el médico no sabe muy bien la razón, pero decide pasar esa semana con esa extraña mujer que le desconcierta y asusta.

Un taxi a la felicidad es una cuenta atrás, de verdad, quiero decir que el libro empieza en la página 263 y va hacia atrás, dividido en pequeños capítulos que nos dejan algo para recapacitar. La pintoresca mujer, Sarah, intenta demostrar que la vida merece la pena vivirla y lucha contra el reloj, mejor dicho, los relojes, porque lleva dos para recordar que el tiempo pasa. La anciana es como aire limpio y fresco, es burbujeante, irritante, con una inocencia y simplicidad engañosas, ya que hay siempre una gran profundidad en lo que dice y hace. El doctor pasará los siguientes siete días de un electroshock mental y físico a otro.

El libro no tiene lugar físico, es una ciudad cualquiera, en invierno. A veces dudas de que lo que está pasando sea real o alucinaciones de un deprimido suicida. Sarah se parece a los fantasmas de las navidades pasadas, presentes y futuras del cuento de Dickens o a un Pepito Grillo sarcástico y tierno. Alguien que no puede existir de tan excéntrico y clarividente. Para muestra un botón:

“-La solución contra el racismo es el oso panda – sentenció-. Imagínese a los hombres transformados en pandas… Todos seríamos gordos, negros, blancos y asiáticos. No hay réplica que valga a eso.”

Todo este humor, ternura e ironía para, en el fondo, relatarnos un drama; para enfrentar el final del túnel sin pena. O con pena, porque estar triste y echar de menos no es malo, porque lo que perdimos nos hizo felices, eso forma también parte de la vida. Como lo es dar la bienvenida a lo nuevo, dar las gracias todos los días por poder amanecer y seguir vivo, por y para ti mismo. Lo que hagas después y con los demás ya lo pensarás después. Procura que sea bueno y constructivo, para poder acostarte más feliz todavía y poder dar las gracias otra vez. Pasan tantas maravillas todos los días alrededor de nuestras vidas sin apenas apreciarlas, sin que lo valoremos, que no cuestan dinero: que te sonrían con sinceridad, tener a quien abrazar, acostarte en la hierba, poder beber cuando tienes sed… Os recomiendo el ejercicio de apuntar todos los días tres cosas de este tipo en una hoja. Con el tiempo y sin darte casi cuenta empiezas a fijarte en esos pequeños detalles estupendos de la vida, a focalizarte en lo positivo en vez de lo negativo. Me estoy yendo a lo transcendente y serio otra vez. Así he estado durante toda la lectura del libro: sonrisa fácil, pensamiento profundo.

Baptiste Beaulieu es médico. Empezó en esto de escribir con un blog en el que narra anécdotas de hospital, con retranca y sensibilidad a partes iguales, que tiene mucho éxito. Un taxi a la felicidad es su segunda novela y destila ese humor e ironía que le ha hecho tan famoso para empaquetarnos con lacito cosas más serias.

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Misión: eliminar al Mesías, de Maiquel Da Costa

Misión: Eliminar al Nuevo Mesías

Misión: Eliminar al Nuevo MesíasHacer humor es muy complicado. Es fácil emocionar a la gente –todos solemos soltar alguna lagrimilla ante los mismos temas o sucesos–, pero a cada uno nos hacen gracia cosas distintas. Hay gente más proclive al humor, con la risa más fácil, y gente a la que le cuesta mucho más entrar al trapo. Y si en televisión o cine es complicado, en la literatura es una tarea mastodóntica. El primer libro de Maiquel Da Costa, Misión: eliminar al Mesías, es un buen ejemplo de que, aunque no es tarea fácil, se puede lograr.

Maiquel nos cuenta la historia de un demonio del escalafón bajo del Infierno, Lucio, al que se le encarga deshacerse del nuevo Mesías que se encuentra en Madrid, dentro de su jurisdicción, que es la Península. El Mesías resultará ser una mujer llamada Eva, bajista de un grupo de deathcore, tatuadora profesional y aficionada al krav magá y a las catanas. Éste es uno de los puntos fuertes de esta lectura, la gran imaginación que derrocha el autor al fusionar fantasía y humor negro. Se trata de un humor ácido, punzante y políticamente incorrecto. De esos que escuecen, especialmente, porque su diana es la religión católica con todos sus componentes: Dios, El Cielo, El Infierno, demonios, ángeles, El Mesías… y varios personajes históricos como Hitler, Stalin, Sadam Husein, Enrique VIII, Kim Jong-il o la condesa Elizabeth Báthory. Todos son carne de cañón en esta historia que no deja títere con cabeza y a la que, por tanto, hay que acercarse sin susceptibilidades.

Como decía, la receta para hacer humor es ardua, pero hay una serie de tips que ayudan bastante. Personalmente, creo que uno de ellos es que el libro tiene que ser muy visual. Tenemos que ser capaces de reproducir en nuestra mente de manera clara la escena que el autor nos está describiendo. Para facilitarlo, un buen método es usar sitios y personajes famosos (como los que hemos nombrado antes). Tirar de referencias populares siempre funciona ya que ayuda a la identificación y porque, evidentemente, es más fácil atrapar a los lectores si la broma es sobre algo que conocen. En este caso, Misión: eliminar al Mesías, está lleno de referencias culturales y cinematográficas que nos acercan a los personajes y a la historia que se encuentran entre sus páginas. La historia está, además, ambientada en Madrid, una de las ciudades más visitadas de nuestro país, lo que ayuda aún más a esa identificación de la que hablamos, y que resulta muy fácil en este libro gracias a la maña de Maiquel a la hora de describir la capital y mover a los personajes por ella.

Misión: eliminar al Mesías es un rara avis. Es un primer libro diferente y original, de esos que suelen abrirse un hueco en nuestras librerías gracias a editoriales pequeñas que quieren hacer y publicar cosas nuevas y no tan vistas. Ediciones Librando Mundos le ha dado una gran oportunidad y es de agradecer porque es un libro muy disfrutable, sobre todo, ahora en verano. No obstante, me ha sorprendido que, aunque el libro está muy bien narrado, tiene ciertas erratas e incorrecciones ortográficas y gramaticales, que deslucen un resultado que podría haber sido de diez. A pesar de ello, recomiendo fervientemente esta historia para todos aquellos que busquen un libro original, divertido y trivial con el que desconectar durante unas horas. Para todos aquellos que disfrutan con libros como Buenos presagios, de Neil Gaiman y Terry Pratchett; o con películas como El Día de la Bestia o Little Nicky, es una lectura obligada.

@EvaLColmenero

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El mundo de la tarántula, de Pablo Carbonell

El mundo de la tarántula

El mundo de la tarántula

Pablo Carbonell me cae bien. Me cae tan bien que no me importaría tomarme unas cañas con él, quedarme encerrada en un ascensor a su lado o hacer un viaje de ocho horas seguidas en el mismo coche. Sé que no me iba a aburrir, porque tiene cuerda para rato. También sé que sabría estar callado (nada de esos momentos incómodos que nombran en Pulp Fiction). Me gusta la gente que también sabe cuándo callarse. Y para escribir una autobiografía hay que callarse un tiempo y hacer un ejercicio de introspección bestial. Carbonell lo ha hecho y el resultado es El mundo de la tarántula, publicado por la siempre necesaria Blackie Books.

¿Por qué me cae bien Pablo Carbonell? Porque, amigos, sin el humor estaríamos perdidos y Pablo tiene un humor tan maravillosamente fino que he llorado de la risa con él. Pablo es muy rápido y directo, y en ocasiones algo socarrón, claves del humor que me gusta. Pero además, Pablo es tierno (me dan ganas de estrujarle los mofletes), Pablo te mira desde esos ojos claros y sigues viendo en él a ese niño que aún no ha dejado atrás (¡no lo dejes nunca, Pablo!).

Recuerdo ver a Pablo Carbonell en la televisión desde muy pequeña. En Caiga quién caiga, me moría de risa con él. Recuerdo cantar a voces Mi agüita amarilla de enana, así que básicamente Pablo es un personaje con el que he crecido. ¿Me cae mejor Pablo después de haber leído su autobiografía? Indudablemente. Aún le tengo más cariño. Sería idiota si después leer todo lo que Carbonell, desde sus entrañas, cuenta en este libro no me hubiese removido algo por dentro.

Esto no quiere decir que este libro sea sólo para los seguidores de Carbonell. Es lo chulo de los autobiografías, que te enseñan a conocer a las personas de primera mano. Así que si este libro te inspira algún tipo de interés, adelante. Ya te digo que te no te va a defraudar en ningún momento.

El mundo de la tarántula se lee rápido y fácilmente, y esto es mérito de Pablo Carbonell, claro. En tres tardes lo había leído, un poco por el enganche que me estaba suponiendo y un poco por esa prosa amena de la que os hablaba. Y en esas tres tardes he reído, me he emocionado, he vuelto a reír a carcajadas, me he sorprendido, he aprendido y he llorado. No es poca cosa, ¿eh?

Como no podría tratarse de otra forma, el libro arranca con la infancia de Pablo en su querido Cádiz y su más tarde impuesta Huelva. Su familia, católica familia, sus hermanos, los juegos con sus amigos y, cómo no, los primeros amores. Épocas de descubrir, de probar y de tentar a la suerte. Y vaya que si Pablo ha tentado a la suerte, sobre todo si hablamos de su adolescencia y posteriores años.

Imprescindible la figura de Pedro Reyes en su memoria, pues fue con él con quién comenzó en ese mundo de la tarántula. Desde sus actuaciones por las calles hasta sus primeros bolos más o menos serios. Pedro ha sido un hermano para Pablo y se nota en el cariño con el que aparece representado en este libro.

¿Por qué aquello de que Pablo ha tentado mucho a la suerte? Já. Porque no se corta, y como no se corta ni tiene pelos en la lengua desfilan por sus memorias toda clase de experimentos con drogas, todo tipo de relaciones sexuales, aventuras y desventuras de un Carbonell que ha hecho con su vida lo que le ha dado la gana. Olé tú, Pablo.

Y entre tanto el amor, la amistad, los personajes más variopintos (ya se sabe, la farándula…), los primeros trabajos, los proyectos serios, las ganas de estar sobre un escenario, los Toreros Muertos, las giras, los encontronazos, el cine, la paternidad y un Pablo niño atrapado en el cuerpo de un Pablo ya maduro.

¿No habéis visto Atún y Chocolate? No sé a qué esperáis. Es Pablo Carbonell en toda su esencia. ¿Aún no habéis leído El mundo de la tarántula? Pues tampoco sé qué estáis haciendo con vuestras vidas. Pablito se deja querer, ya lo veréis.

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El dios asesinado en el servicio de caballeros, de Sergio S. Morán

el dios asesinado en el servicio de caballeros

el dios asesinado en el servicio de caballeros

Seguro que la has visto.

Te encontrabas en la cumbre del Aneto y cuando ibas a coronar el pico viste el resplandor. Circulabas a la máxima velocidad permitida por la M-40 y vislumbraste el seductor destello. Realizabas esquí acuático arrastrado por la lancha que posee tu amigo, bordeando la costa de Mallorca, y unas vigorosas partículas de luz se cruzaron en tu camino.

Claro que la has visto.

Y entonces sigues esa luz. No importa en qué lugar remoto te encuentres, la sigues, como si fueras una curiosa polilla que ha quedado hechizada por una vieja bombilla de 40 vatios. Seas de donde seas, vengas de donde vengas, el destino siempre es el mismo: una librería. Y entonces, tras ponerte unas gafas de sol para evitar daños irreversibles en las retinas, compruebas que la fuente de luz resulta ser un libro: El dios asesinado en el servicio de caballeros de Sergio S. Morán. Su portada, en la cual los diseñadores no han escatimado con los colores fucsia y amarillo pollo, logra que todos los demás libros que comparten emplazamiento junto a él sean tétricos, de colores desvaídos y con un aire tan melancólico que parecen invitarte a vivir en un desdichado invierno perpetuo.

Pero no solo de colores chispeantes vive este libro. En la parte inferior de la portada hay una figura: oscura, pequeña, resoluta y con un arma humeante. Bien, acabas de conocer a la protagonista de la novela, Verónica Guerra alias Parabellum, de oficio: detective de lo paranormal. Ella bien podría haber sido el fruto de una noche loca entre Sherlock Holmes y Anita Blake; o entre Flanagan y Buffy Cazavampiros; o entre John Constantine y Jessica Fletcher. Vale, borrad esa última pareja de vuestra mente si nos queréis gastaros vuestro sueldo en visitas al psicólogo.
Detective de lo paranormal o no, para que el negocio funcione, necesita clientes. “Los vampiros necesitan sangre, los dioses que los adoren… ¡Yo necesito comer! Y en el duro mundo de los mortales para eso se necesita dinero” Por suerte para ella éstos nunca le faltan; y quienes hacen uso de los servicios que presta Parabellum acostumbran a tener, como mínimo, dos puntos en común. El primero: viven en Barcelona o alrededores (ya que es la zona de acción de la detective). El segundo: han visto cosas o seres que pensaban que solo formaban parte de leyendas, y que únicamente algunos programas de televisión, expertos en el mundo del misterio, lo desconocido y otros enseres de cocina, trataban con fingida seriedad.

“No hay que dejar de sorprenderse nunca, mi querida Verónica. Si no, el mundo sería muy aburrido” afirma en un momento de la historia uno de sus clientes. Y eso es lo que es El dios asesinado en el servicio de caballeros: una agradable (y por supuesto nada aburrida) sorpresa; además de ser la opera prima de Sergio S. Morán, y la primera aventura en la que seguiremos a la experimentada detective. En esta ocasión Parabellum se enfrentará a un caso de asesinato que pondrá patas arriba las ya tirantes relaciones entre las deidades griegas y nórdicas, además de intentar aclarar el misterio de un fantasma enamoradizo y evitando, asimismo, por todos los medios, que su novio descubra a qué se dedica realmente. Así pues, mientras discurre la aventura y se desmadeja el caso, asistiremos a un variopinto desfile de seres mágicos tales como: minotauros, fantasmas, vampiros, dioses griegos y nórdicos y hasta algún que otro deus ex machina bien camuflado de resolución narrativa; oh gran salvador de eventos peliagudos. Todo este batiburrillo, y tras haber pasado por la coctelera del autor que agita con brío mezclando géneros como humor, novela negra y fantasía, dan como resultado un libro tan divertido como desvergonzado. El cual, sea dicho de paso, no solo goza de una protagonista dura y subversiva que se hace querer, sino que también posee algunos secundarios de lujo, como Killian: el ser feérico irlandés que regenta el pub Rainbow’s Arse. Un Clurichaun (que viene a ser el primo lejano y borracho de un Leprechaun) que posee un nutrido repertorio de palabras malsonantes que reparte entre sus parroquianos a la misma velocidad que sirve las cervezas. Un granuja de corta estatura que se valdría el solo para tirar adelante la trama completa de la obra; aunque fuera a patadas.

El dios asesinado en el servicio de caballeros no solo se mueve a ritmo de novela negra que se ríe de los propios clichés del género tras previamente hacerles un corte de mangas, sino que también se desplaza por un submundo repleto de acción a raudales. Ríete tú de Michael Bay y sus explosiones de chichinabo.

Ese ritmo frenético transcurre por una siniestra Ciudad Condal, de la cual se muestra menos de lo deseado desaprovechando escenarios emblemáticos y los cuales espero, y si Sergio S. Morán se anima con más aventuras de la detective, nos descubra en próximas entregas además de revelar más sobre los inicios de Parabellum, que en esta novela ofrece apenas unas pocas, e interesantísimas, migajas.

El dios asesinado en el servicio de caballeros es un libro perfecto para disfrutar este verano haciendo esquí acuático en Mallorca; el próximo invierno tras alcanzar la cima del Aneto; o en la otra vida, en el profundo y gélido inframundo, mientras mantienes a raya a todos esos demonios, que pretenden azotarte por haber sido un humano muy malo, usando como arma la mágica luz que irradia la portada.

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Mammasutra, de Cristina Torrón

Mammasutra

MammasutraNo soy padre. Pongo esto por delante porque hay quien, susceptible como los hay, me podrá decir que a qué vengo yo a hablar de un libro sobre la maternidad, o sobre la idea de ser madre, o sobre todo lo que tenga que ver con tener un niño. No, no soy padre. Creo que tampoco quiero serlo, o al menos no en un futuro próximo. Pero no estoy aquí para hablar de mí sino de Mammasutra. Uno, el que suscribe, se ha encontrado en su camino últimamente con más de una publicación que tocaba este tema y casi todas con el mismo tono como norma: con el humor pegado a la suela de los zapatos. ¡Bien! ¡Por fin vamos aprendiendo! Hace unos años – y no hace tanto, me temo – hablar de la maternidad con humor era, poco más o menos, que cometer sacrilegio contra un tema que había sido sacralizado hasta el extremo. Y no es que yo no crea que la maternidad es algo maravilloso, no es nada de eso. Pero lo que sí opino es que, hablar de ello, tratar el tema con naturalidad, con la gracia de quien sabe hacernos reír, pues oye, a mí me vale y me satisface. No he entendido nunca esa visión rancia de que la maternidad hay que tratarla desde la seriedad como si al no hacerlo estuviéramos faltando al respeto a alguien. ¡Así que bienvenida sea Cristina Torrón! ¡Bienvenida y bienhallada al mundo de este lector que se lo ha pasado pipa con tu libro y que ahora lo recomienda! ¡Hablemos de maternidad, de lo que supone, pero hagámoslo con una sonrisa! Yo os cuento el por qué, la autora pone todo el mérito.

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Joyce y las gallinas, de Anna Ballbona

Joyce y las gallinas

Joyce y las gallinasLas gallinas pueden volar. Su vuelo es corto y tiene un aire torpe, errático, siempre con pinta de terminar mal, como el recorrido en bicicleta de un borracho o de alguien que no ha montado en una larga temporada. Sin embargo, aunque a veces nos cueste darnos cuenta, las gallinas logran elevarse del suelo y permanecer suspendidas por sus propios medios durante bastante más tiempo (relativamente) que los humanos. Cosa que tiene bastante mérito, no me lo negarán.

Aunque a veces nos cueste darnos cuenta, ahí está la clave. Algo así me ha pasado con este Joyce y las gallinas, el debut en la novela de Anna Ballbona, que publica Anagrama. He ido observando con escepticismo los saltitos de Dora, la protagonista, sus intentos sucesivos por coger vuelo durante la primera mitad de la novela, y solamente en el tramo final he sido capaz de ver más allá de estos cortos despegues, de apreciar que detrás de la serie de anécdotas que en principio conforman la obra hay un esfuerzo narrativo apreciable. Sigue leyendo Joyce y las gallinas, de Anna Ballbona

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El hombre de los dados, de Luke Rhinehart

El hombre de los dados

El hombre de los dadosSatírica, brillante, polémica, ácida, escandalosa, caótica, irónica, irreverente. Son solo algunos de los adjetivos que me surgen para clasificar una novela como El hombre de los dados, escrita por George Cockcroft bajo el pseudónimo de Luke Rhinehart, que a su vez hace de protagonista de la historia, contada como si de una autobiografía se tratase. Un libro que ahora rescata Malpaso y que cuenta con grandes detractores, pero también con defensores a ultranza. Solo un libro tan bipolar se puede colar en dos exclusivas listas de libros tan diferentes entre sí. Por un lado, tiene el privilegio de ser uno de los 50 libros más influyentes de los últimos 50 años (según la BBC) y el deshonor de ser uno de los 10 libros que no hay que leer antes de morir (según The Times).

La historia, aunque complicada, tiene un inicio sencillo. Luke es un psiquiatra aburrido de su vida monótona y académica, hasta que un día, tras un encuentro fortuito con un dado tirado en el suelo, decide convertirse en un hombre aleatorio cuyo destino quede regido siempre por lo que dicten las tiradas de los dados. Qué mejor experimento para un psiquiatra que experimentar con uno mismo. Despojado de personalidad, el “hombre del dado” se convierte en un ser dirigido siempre por la tiranía del dado, un ser aleatorio capaz de adoptar miles de personajes y de realizar diversidad de actos deleznables sin el menor atisbo de culpa en su comportamiento. Con la frase No mi voluntad, dado, más hágase la tuya repetida como un mantra, Luke decide ir más allá e introducir en esta religión de las seis caras a muy diversos personajes, chalados en su mayoría, que empiezan a venerarle como si de un Dios se tratase.

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